Pedro I de Rusia

Biografia de Isabel I de Rusia Emperatriz

Biografia de la Emperatriz Isabel I de Rusia

ISABEL I DE RUSIA (1709-1762): En Rusia, el siglo XVIII es la época del gobierno de las emperatrices. Sin alcanzar la fama histórica de Catalina la Grande, Isabel ejerció una obra quizá más positiva.

Heredera del carácter y de los gustos de su padre, el zar Pedro I, gobernó, sin embargo, de modo morigerado, poniendo fin a una era de deportaciones y asesinatos de Estado.

Isabel I de rusia biografia

Nacida un 18 de diciembre de 1709, hija segunda de Pedro el Grande (1672-1725) y Catalina I (1684-1727). Fue una mujer muy coqueta, la joven Isabel desarrolló una acusada querencia por el cuidado de su físico y por la elección de sus vestidos.

Durante su reinado la nobleza rusa fué adquiriendo las ventajas sociales por las que luchaba desde la muerte de Pedro I.

Isabel reforzó los privilegios señoriales de la aristocracia respecto a los siervos de la gleba; la orientó hacia el gobierno local y la emancipó del servicio en la administración y en el ejército.

De este modo se constituyó el molde político que había de imperar en Rusia hasta la revolución de 1917: una monarquía autocrática apoyada en una nobleza cortesana totalmente afecta a los intereses del trono.

Nacida el 18 de diciembre de 1709 en Kolomenskoye, cerca de Moscú, de Pedro el Grande y Marta Skavronskaya, Isabel creció libremente, con una educación muy rudimentaria.

Era bella y atractiva, bastante ingeniosa y dotada de una profunda intuición para conocer a los hombres. Su padre murió en 1725 y su madre en 1727.

De modo que, habiendo marchado su hermana Ana al ducado de Holstein, quedó prácticamente dueña de sí misma a los dieciocho años.

Durante el breve gobierno de Catalina I fué tratada con cierto respeto. Pero al perder Menchíkov la influencia palatina en tiempos de Pedro II (1727-1730) y adquirirla la familia de los Dolgorukis, adversaria del gran zar y de sus reformas, Isabel tuvo que sufrir muchas humillaciones.

Halló cierta compensación en los amores de su vida privada, no ceñida precisamente a una moral en exceso rígida.

En esta época fueron sus amantes Alejo Chubin, sargento de la Guardia Semenovsky, y el joven cosaco Alejo Razumovsky. Durante el reinado de su prima Ana, antigua duquesa de Curlandia, y de su favorito Biron (1730-1740), Isabel procuró pasar inadvertida, al objeto de evitar verse envuelta en una de las sangrientas represiones del régimen de la bironovchina.

Pero más tarde, al asumir Ana Leopoldovna la regencia de Iván VI (1740-1741) se halló amenazada directamente. Instigada por el embajador francés La Chétardie y apoyada por la nobleza, que deseaba eliminar a los extranjeros del gobierno, dio un golpe de Estado en la noche del 6 al 7 de diciembre de 1741, auxiliada por los regimientos de la Guardia.

El golpe tuvo éxito, de modo que a los treinta y dos años de edad Isabel empuñaba el cetro de su padre.

Rigió los destinos de Rusia durante veintidós años. Ya hemos indicado sus orientaciones en política interior; en cuanto a las relaciones internacionales, fue ardiente partidaria de Austria y enemiga de Prusia, a pesar de que su elevación al trono era debida al grupo de amigos de Francia y Prusia.

Dio plena confianza el canciller Bestuzev-Ryumin, sagaz diplomático y hombre de Estado fértil en recursos de toda clase, al que mantuvo en el poder a pesar de las intrigas de sus adversarios, muchos de los cuales eran amigos íntimos de la zarina.

Eestuzev logró establecer la influencia de Rusia en Suecia, Polonia y Turquía y aislar diplomáticamente a Federico II de Prusia.

En 1755, completando el edificio de su política, estipuló con Inglaterra el convenio de San Petersburgo, el cual motivó, directamente, la firma del convenio de Westminster entre el gobierno inglés y Federico II en enero de 1756.

Rusia compensó la pérdida de la alianza británica estrechando sus lazos con Austria y anudándolos con Francia.

Estas combinaciones diplomáticas fueron el precedente obligado de la guerra de los Siete Años, en la que Rusia lanzó el peso de sus ejércitos contra Federico II.

En 1759 el éxito de la batalla de Kunersdorf estuvo a punto de precipitar el derrumbamiento del ejército prusiano.

La emperatriz Isabel, enemiga acérrima de Federico II, mantuvo la guerra a pesar de las vacilaciones del gobierno de Luis XV de Francia, y quizás hubiera logrado su objetivo supremo si la muerte no la hubiese sorprendido en su corte de San Petersburgo el 5 de enero de 1762.

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Lucha Por La Sucesión de Lenin Stalin y Trotsky Historia

Historia de la Lucha Por La Sucesión de Lenín Stalin y Trotsky

Durante la enfermedad de Lenin se planteó, entre los dirigentes soviéticos, el problema de su sucesión, de forma que los resultados de la Revolución de octubre perdurasen en el país e influyesen eficazmente sobre los movimientos comunistas de los demás países. Lenin no llegó a ver realizados sus principales propósitos.

El partido bolchevique y el gobierno soviético tenían que resolver un sinfín de problemas nacionales, económicos y sociales dentro de la Unión Soviética, que los ideólogos revolucionarios habían trazado con poca precisión y seguridad, basándose en la doctrina marxista y la programación confusa de Lenin.

Pero mientras unos de los dirigentes bolcheviques se consideraban los sucesores naturales del ídolo de la Revolución (por ejemplo, Trotski) o confiaban en que Lenin se restablecería de sus dolencias, otros preparaban tenaz y pacientemente el terreno para hacerse cargo de todo el poder en el partido y en el estado, sin fijarse demasiado en la ortodoxia ideológica y convirtiendo conscientemente la táctica de esta larga, silenciosa y resistente lucha por el omnímodo poder, en un firme y cruel sistema político-social. La figura más destacada de este grupo de revolucionarios profesionales fue el georgiano José Stalin, secretario general del partido bolchevique.

Luego de la muerte de Lenín, en mayo de 1924, se reunió el Comité Central, y Stalin tenía una gran problema, pues podía perderlo todo, si se hacía público el «testamento» de Lenin. Se salvó por las intervenciones de Zinoviev y de Kamenev, que propusieron su continuación como secretario general. Temía mucho al brillante y popular Trotsky, que, según ellos pensaban, les eclipsaría fácilmente, mientras que nada podían temer de un Stalin gris, premioso, teórico mediocre, que les estaría agradecido por su gesto.

Lider de la Revolucion Rusa

Lenin, el líder revolucionario ruso comenzaba en 1922 a mostrar un fuerte declinamiento, y fue precisamente ese año que sufrió su primer infarto.

La polémica llegó a las filas del partido, acompañada de oscuras y sutiles intrigas. Sin embargo, más allá de la oposición de dos hombres que se detestaban, iban precisándose dos concepciones de conjunto. Stalin empezaba a formular sus ideas sobre «el socialismo en un solo país». Realista, pesimista, se daba buena cuenta que no podía contar con la subversión revolucionaria mundial (por otra parte, la URSS había normalizado sus relaciones con muchos países después de Rapallo, y había sido reconocida por Inglaterra, Francia e Italia).

stalin y su lucha por el poder politico

Stalin (1879-1953), político soviético de origen georgiano, moldeó los rasgos que caracterizaron al régimen de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS).

Además, aunque Rusia estaba atrasada, y la masa campesina hundida en la ignorancia y en la pobreza, y el despreciado mujik  tenía que aprenderlo todo, el partido comunista gozaba de la ventaja de estar en el poder y disponía de un país con enormes recursos en materias primas.

Así, pues, la URSS podía construir el socialismo. Los adversarios de esta teoría objetaban que ei socialismo no podría imponerse contra el capitalismo, si no vencía a éste en eficacia, en productividad, en riqueza. Pero esto era imposible con el «material ruso», y el socialismo resultaría desacreditado, ofreciendo un aspecto de pobreza, de penuria, de desorden.

Por eso Stalin interpuso entre la URSS y el mundo exterior una formidable pantalla que filtraba la realidad soviética, ocultando las taras y las miserias,  de igual modo que persuadía a! pueblo ruso, aislado del extranjero, de que el  mundo  capitalista,   sobre  todo  después de la crisis de 1929, se hundía en la anarquía, en la pobreza y en la feroz explotación de los obreros.

trostky rusia lucha con stalin

Trotski fue el segundo en autoridad politica al lado de Lenín, durante la revolución bolchevique que tuvo lugar en Rusia en 1917, y más tarde desempeñó importantes cargos en el nuevo gobierno del soviético. Cuando Lenin quedó incapacitado por una apoplejía, Trotski perdió el liderazgo del gobierno ante Stalin y tuvo que exiliarse. Fue asesinado en México por agentes de Stalin en 1940.

La posición de Stalin tenía la ventaja de ser realista, de apelar al orgullo nacional de los rusos, de ser más accesible a las masas por sus objetivos concretos que las posiciones de Trotsky sobre la «revolución permanente», que sólo podría realizar  el  socialismo  conquistando  a la Europa occidental y sus considerables posibilidades  económicas.

Hábilmente,  Stalin trataba   a   Trotsky   de   «aventurero».

En 1925, indujo a su adversario a que dimitiese del cargo de Comisario de la Guerra, para dedicarse a los Negocios Extranjeros. Mientras tanto, la «troika» se había disgregado, porque Zinoviev y Kamenev habían descubierto el verdadero poder de Stalin y se habían adherido a las tesis de Trotsky. Stalin encontró nuevos aliados en Bujarin, Rykov y Tomski, que creían posible la construcción del socialismo; situó en el «buró» político a amigos  seguros, como Molotov, Kalinin y Vorochilov. Los problemas económicos se imponían: ritmo de la industrialización, actitud respecto a los campesinos, mucho más inclinados  a las explotaciones individuales que a las fórmulas colectivas.

En   1926, Zinoviev y Kamenev, vencidos por Stalin y sus partidarios en el XIV Congreso, se unieron decididamente a Trotsky. A Stalin le convenía resaltar sus antiguas oposiciones  recíprocas.  Dueño del «aparato», ya era el más fuerte, y se decidió a atacar, amenazando a sus adversarios con la expulsión, eliminando a Trotsky del «buró» político  y destituyendo  a Zinoviev de  su importante cargo de presidente del Komintern.

Por   aquel   tiempo,   Chang-Kai-Chek mataba  a los  comunistas  chinos  que, por consejo de Stalin, se habían aliado con el Kuomintang, y la lucha se desencadenó: la oposición trató de organizar manifestaciones y desfiles, y publicó violentos manifiestos. Pero no tenían más que tropas débiles y desorganizadas.

La oposición fue expulsada en masa del partido, enteramente centralizado por Stalin, y Trotsky fue deportado. Desde 1927 a 1929, no hubo más que expulsiones, capitulaciones, retractaciones de los jefes de la oposición que, desamparados, renegaban de sus ideas, para seguir, a pesar de todo, dentro del partido, que era su único ideal.

En 1929, Trotsky fue desterrado. Stalin, libre ya de la oposición de izquierda, empezó a volverse contra la derecha de Bujarin y sus amigos, hostiles a los proyectos del Secretario General sobre la colectivización de las tierras y la industrialización a ultranza. Con una astucia y una paciencia extraordinarias, Stalin supo jugar con unos contra otros. «Nos estrangulará», confiaba Bujarin a Kamenev; solía decir que Stalin era un «Genghis Khan que había leído a Marx». Stalin no olvidó tales acusaciones, como no olvidaría ningún nom-
bre de los que habían militado, incluso por poco tiempo, en la oposición contra él.

EL GRAN CAMBIO
Dueño absoluto, Stalin lanzó a la URSS, a partir de 1929, con una determinación y una violencia increíbles, hacia un doble objetivo: industrialización radical y colectivización de la tierra. Los vestigios de la NEP fueron totalmente liquidados. El plan quinquenal (Piatilekta) supuso enormes inversiones en las grandes obras industriales (entre ellas, la presa de Dnieprostoi, los gigantescos «combinados» metalúrgicos de los Urales, las fábricas de tractores, la extracción de la hulla, etc.).

Había que triplicar la producción de hierro fundido, cuadruplicar la de acero y la de carbón, electrificar a toda costa. Se contrató, a precio de oro, a especialistas extranjeros, porque faltaban los mandos. Las industrias de bienes de consumo se vieron descuidadas, y los salarios seguían siendo bajos (aunque muy jerarquizados, para estimular la cuali-ficación de los obreros). Lo esencial se reservó para las inversiones de la industria pesada. Al mismo tiempo, se apelaba al honor, a la emulación, al entusiasmo revolucionario de los Udarniks.

A pesar de los sufrimientos y de las injusticias (los dirigentes del partido tenían almacenes especiales, donde encontraban todo lo que faltaba a los rusos), un orgullo nacionalista sostuvo al país. Para industrializar a aquel ritmo, hacían falta millones de nuevos obreros. ¿De dónde sacarlos, si no del campo? Pero, ¿cómo se sustituían? Mediante máquinas y ejércitos de tractores, inaccesibles al campesino autónomo. Stalin decidió entonces liquidar la explotación privada y hacer entrar a los mujiks en granjas colectivas, los koljoses; unas granjas del Estado, los sovjoses, servirían de modelos y de pilotos.

Recurrió a los campesinos pobres o sin tierras, contra los propietarios medios y ricos, los kulaks. ¿Qué les importaban sus miserables pedazos de tierra, cuando se les prometían ricas tierras comunes, tractores y el beneficio de grandes cosechas? La desgracia era que no habían más que de 5 a 7 millones de campesinos pobres que trabajaban aún con el arado de madera, contra 15-18 millones de agricultores medios que preferían una independencia, incluso mediocre, al trabajo  colectivo, y 2 millones de kulaks.

Para apoyar a la minoría de voluntarios contra la masa campesina refractaria, hubo que recurrir al ejército, a los «destacamentos de choque», muchas veces recibidos con bieldos y con fusiles. La «liquidación de los kulaks como clase» tuvo efectos desastrosos, así como el encuadramiento forzoso de los campesinos en los koljoses. Los rebeldes fueron deportados a Siberia. Antes de incorporarse a los koljoses, los campesinos mataban parte de su ganado para venderlo o para comerlo y no entregarlo a la comunidad. Así se perdió cerca del 50 por 100 del ganado.

La producción sufrió un descenso brutal; los tractores se estropearon en seguida y se enmohecían en los campos. Las deportaciones y el hambre hicieron millones de víctimas. En 1930, Stalin tuvo que publicar un artículo, «El vértigo del éxito», condenando los excesos que él, sin embargo, había ordenado, y el movimiento se detuvo; los miembros de los koljoses recobraron el derecho de poseer en propiedad un pequeño lote de tierras y un poco de ganado.

Hasta nuestros días, la agricultura soviética se resintió de aquel período trágico, y la experiencia ha demostrado que no se puede obtener del campesino no propietario el mismo cuidado ni el mismo amor al trabajo del que dispone libremente de la tierra. Un discurso de 1931 revela claramente lo que Stalin pretendía y hasta qué punto aquel jefe comunista era el heredero de las tradiciones nacionales de Iván el Terrible y de Pedro el Grande. Se advertirán también las constantes repeticiones, propias de su estilo:

«Nosotros no queremos ser vencidos. No, no lo queremos. En la historia de la Vieja Rusia, es su retraso el que la ha perdido siempre.Fue vencida por los Khans mongoles, fue vencida por los beys turcos, fue vencida por los señores suecos, fue vencida por los «pans» polaco-lituanos, fue vencida por los capitalistas anglo-franceses, fue vencida por los barones japoneses, fue vencida por todos, a causa de su retraso.

Por su retraso militar, por su retraso cultural, por su retraso político, por su retraso industrial, por su retraso agrícola. Fue vencida, porque era beneficioso vencerla y porque eso no suponía riesgos. Recordad las palabras del poeta, antes de la revolución: «Tú eres pobre y eres rica, eres poderosa y eres débil, Madre Rusia». Tenemos cincuenta o cien años de retraso respecto a los países avanzados Te nemos que cubrir ese retraso. en diez años Si no lo hacemos, seremos aplastados.»

Fuente Consultada: HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo XII Editorial CODEX S.A. La Revolución Rusa

Nueva Política Económica en Rusia La Formación de URSS (NEP)

FORMACIÓN DE UNIÓN DE PAÍSES SOCIALISTAS (URSS)
LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA DE LENÍN

ANTECEDENTES: Luego de la Revolución Rusa, una de las primeras decisiones de los soviets fue retirarse de la Primera Guerra Mundial, en 1918. Rusia firmó con las potencias centrales de Europa el tratado de Paz de Brest-Litovsky para dedicar todos sus esfuerzos a la transformación revolucionaria del país, como fue la transformación del Partido Bolchevique en Partido Comunista.

La industria pasó a ser controlada por los soviets, los bancos se nacionalizaron y se suprimieron los latifundios. El nuevo gobierno se enfrentó a los partidarios del antiguo régimen durante una guerra civil de tres años. Por otro lado, la nacionalización de todos los medios de producción provocaron una crisis económica que llevó a Lenin a tomar conciencia de que la revolución llevaba un ritmo rápido y decidió detener su proceso con la Nueva Política Económica (NEP). En la que se respeten ciertas formas de propiedad.

En Guerra Civil, de varios años de duración, los bolcheviques habían vencido, pero la nueva Rusia comenzaba mal: desde 1918 a 1920, siete millones de hombres habían sido víctimas del hambre, de las epidemias y de la guerra civil. Además, las esperanzas de Lenin de que la revolución se extendería en el exterior resultaron vanas. Lenin era un internacionalista y creía firmemente que, después de la gigantesca matanza de la guerra mundial, los obreros de Occidente se lanzarían también a la revolución comunista.

Por otra parte, muchos bolcheviques creían  que Rusia estaba demasiado débil, demasiado atrasada, insuficientemente industrializada y cultivada para realizar el socialismo de una manera decisiva y que éste no triunfaría, si no se imponía en Occidente. Según las teorías marxistas, eran, en efecto, los países occidentales, con su proletariado numeroso, concentrado, bien organizado y rico en tradiciones, los que darían la señal de la revolución contra un capitalismo llegado a su «última fase».

Lenin en Rusia, crea la nueva politica economica

Lenin había exhortado a los socialistas de izquierda del mundo entero a que rompiesen con la vieja social-democracia reformista, denunciada a causa de su «traición» nacionalista y belicista de 1914, y en muchos países europeos —Francia, Alemania, Italia— había partidos comunistas en vías de formación o constituidos ya.

En marzo de 1919, se había creado la III Internacional Comunista (o Komintern), centro director revolucionario que debía educar, orientar y ayudar a los nuevos partidos comunistas (incluso financieramente), decidir la estrategia y la táctica de la revolución mundial. (Con eso justificaban los gobiernos su intervención en la guerra civil contra los bolcheviques, que proclamaban su intención de destruir el mundo burgués).

En 1918, se creyó en Moscú que el contagio revolucionario se extendía. Trotsky declaraba: «O la revolución rusa origina un movimiento revolucionario en Europa, o las potencias europeas aplastarán a la revolución rusa». El movimiento espartaquista en Alemania, la revolución húngara de Bela Kun, las formidables huelgas en Inglaterra, en Francia y en Italia septentrional parecían, en efecto, confirmar las esperanzas de Lenin, pero no tardó en producirse el reflujo.

El «Capitalismo en descomposición» estaba mucho más fuerte de lo que se pensaba: el espartaquismo fue aplastado en Berlín, la dictadura de Bela Kun no duró más de cinco meses, y las huelgas en Occidente no prosperaron. Por el contrario, fue Rusia la que sufrió la más terrible crisis: oposición de los campesinos, pérdida de las cosechas, hambre y tifus en 1921, «el año negro», y disminución del 70% de la producción industrial.

La población moría por millones o se veía reducida a un estado esquelético, y bandas de muchachos abandonados saqueaban y mataban para no morir. América envió socorros, y el explorador Nansen hizo colectas en toda Europa, con la bendición del Papa. Y estalló la crisis política: los marinos de Kronstadt, la base naval de Petrogrado, que habían sido la punta de lanza de la revolución y de la guerra civil, decepcionados por la inactividad y «olvidados» por el gobierno, que se había trasladado a Moscú, y en contacto con el sufrido campesino, se sublevaron, en febrero de 1921: «¡Vivan los soviets, mueran los bolcheviques!».

Anarquistas y antiguos guardias blancos se unieron a ellos. Sobrevino el desastre: las tropas rojas leales, dirigidas por Tujachevsky, y los delegados del X Congreso del partido comunista aplastaron a los héroes de la revolución, después de atravesar el Golfo de Finlandia helado: los jefes de la revuelta fueron pasados por las armas. Lenin se dio cuenta de que el paso inmediato al socialismo era un error, y decidió’ dar marcha atrás, proclamando una nueva política económica (NEP).

LA NEP Y LA REORGANIZACIÓN
Se suprimieron las requisas agrícolas, sustituidas por un impuesto en especie, se restableció la libertad de comercio, y los campesinos pudieron vender sus artículos en los mercados. El derecho de herencia fue restablecido también. Las pequeñas empresas industriales fueron desnacionalizadas y reaparecieron los artesanos.

El Estado conservó, ciertamente, la industria pesada, el monopolio del comercio exterior y la dirección general de la economía, pero se recurrió al capitalismo extranjero, por medio de sociedades mixtas en las que el Estado Soviético se reservaba el 50 96 del capital. Se admitieron también especialistas extranjeros, los spets, ingenieros u obreros altamente cualificados.

Los resultados fueron favorables: los campesinos se dedicaron de nuevo a sus trabajos, en los mercados reaparecieron los productos, se estabilizó el nuevo rublo y la industria volvió a ponerse en marcha, aunque sus productos seguían siendo caros. Los nepmans y los kulaks ganaban dinero y lo gastaban con ostentación, y el desorden y la miseria subsistían, pero el país salía lentamente del infierno y volvía a vivir. Al mismo tiempo, el Estado se había reorganizado.

En 1922, Rusia, que, con la pérdida de Finlandia, de los Estados Bálticos y de la Besarabia, se había quedado reducida a 130 millones de habitantes, se rigió por una nueva organización territorial: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), basada en cuatro grandes Repúblicas, que eran la República Federativa de Rusia (las nueve décimas partes del país, incluyendo Siberia), Rusia Blanca en el Oeste, Ucrania al Sur, y Transcaucasia (Azerbayán, Armenia y Georgia, incorporada a la Unión, después de haber constituido, durante poco tiempo, una república independiente).

La unión quedaba abierta y podía ampliarse: a ella se unieron después las repúblicas del Turkestán musulmán, formadas por las poblaciones kazakas, turkmenas, uzbecas, tagikas y kirghises, todas parientes de los turcos. Por último, hubo también numerosos territorios autónomos, correspondientes a diferentes grupos étnicos (carelios, moldavos, alemanes del Volga, etc. Y hubo, incluso, un estado judío, el Birobiyán).

Al año siguiente se elaboró la Constitución de la URSS: un Soviet de la Unión elegido delegaba sus poderes en un Comité ejecutivo central, Tsik, dividido en dos cámaras: Soviet Federal y Soviet de las Nacionalidades. En los intervalos de unas sesiones a otras, un praesidium ejercía el poder y designaba el órgano ejecutivo permanente, el Consejo de los Comisarios del Pueblo. En realidad, no había más que un jefe: el partido comunista. Tenía en su poder todos los resortes, no había oposición, designaba los candidatos oficiales y las votaciones se hacían por el sistema de levantar la mano.

EL PARTIDO COMUNISTA-STALIN, SECRETARIO GENERAL
El Estado era el partido: todos los organismos administrativos y judiciales estaban controlados por sus células, y todas las decisiones importantes eran adoptadas por los dirigentes del partido. La poderosa personalidad de Lenin dominaba a hombres de tendencias y temperamentos muy diferentes, como Trotsky, Stalin, Rykov, Zinoviev, Kamenev, etc.

Si la NEP devolvió una cierta libertad a la economía, la sublevación de Kronstadt tuvo una influencia decisiva en los trabajos del X Congreso: no sólo fueron oficialmente suprimidos los partidos de la oposición (mencheviques y socialistas revolucionarios), sino que se prohibió la oposición organizada en el seno del partido, cuando antes había estado’ admitida, del misrtro modo que se admiten diversas tendencias en los partidos democráticos.

En el Congreso se había manifestado la Oposición Obrera de Alejandra Kolontai, que quería dar el poder a los sindicatos y condenaba ya la dictadura del partido, el centralismo burocrático. Por el contrario, Trotsky defendía la integración de los sindicatos en el Estado que representaba el interés general, comprendido  el  de  los  obreros,  y  Lenin, que recelaba del anarcosindicalismo, se unió a los centralizadores autoritarios. Al votar contra el derecho a la oposición, Trotsky preparaba su propia derrota.

En vida de Lenin, se mantenía un cierto equilibrio, así como una cierta libertad de crítica y de opinión, pero, ante las dificultades, el partido tendía a endurecerse, a imponer una lisciplina de hierro, en nombre de la sagrada causa. En abril de 1922, Stalin fue nombrado secretario general del Comité Central.

José Vissarionovich Dyugachvili (ver Biografía) era un georgiano, nacido en Gori, en 1879. Hijo de un zapatero remendón, que se había convertido en obrero de una fábrica, y de una campesina cuyos padres habían sido siervos, se quedó huérfano muy pronto. Gracias a los sacrificios de su madre y a una beca, el niño, voluntarioso, tenaz, inteligente, fue enviado al seminario ortodoxo de Tiflis.

Adolescente aún, simpatizó con las ideas revolucionarias marxistas y se unió a los círculos socialistas clandestinos. Expulsado reí seminario, se convirtió, a partir de 1901, en un «permanente», en un «ilegal», en un propagandista del movimiento, tomando el seudónimo de Stalin, «el hombre ce acero», así como Lenin era «el hombre de Lena». Organizó huelgas, células, im-rreuras clandestinas.

Detenido en 1902, fue deportado a Siberia, se evadió y reunió su actividad militante; conoció a Lenin en 1905, y participó en el Congreso del partido socialdemócrata en Estocolmo. Desde 1907 a 1910, trabajó en Bakú.

Detenido y deportado de nuevo, llegó a ser, después de su liberación, miembro del Comité Central y editó el primer número de «Pravda». Desde 1913 a 1917, estuvo desterrado en Siberia, hasta que la revolución de febrero abrió las prisiones y los penales. – Durante la revolución de octubre, su actividad fue menos importante que la de Lenin y la de Trotsky.

Era metódico, paciente, prudente, más hombre de acción y organización que teórico; escribía con un estilo denso, estudiado, lleno de repeticiones, con palabras y giros de la lengua litúrgica aprendida en el seminario. Un ensayo sobre el problema nacional visto a. través del marxismo le valió el nombramiento de Comisario de las Nacionalidades. Lenin apreciaba su calma, su serenidad, su ardor en el trabajo.

Se distinguió en Tsaritsin, durante la guerra civil, donde ya, con su amigo Vorochilov, un incidente le enfrentó con Trotsky. En 1919, fue nombrado Comisario de inspección obrera y campesina, encargado del control del aparato administrativo. Su nombramiento de secretario general, tres años después, le situaba en una posición de privilegio y le daba vara alta en la «máquina» del partido, al nivel de los dirigentes del «buró» político: Lenin, Trotsky, Kamenev Bujarin, el teórico, Zinoviev y Tomsky, jefe de los sindicatos.

Ver: La Muerte de Lenín

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo 12 La Gran Aventura del Hombre Editorial CODEX

Biografía de Plejanov Teórico Marxista

PLEJANOV: MAESTRO INTELECTUAL DE LENÍN

Plejánov Gueorgui Valentínovich  (1856-1918), pensador y político ruso, principal teórico del marxismo en su país antes de la Revolución Rusa y uno de los primeros ideólogos del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) que, dirigido por Lenin, conduciría aquélla.

Nació el 11 de diciembre de 1856 en la actual Griazi en el seno de una familia de la nobleza. En 1875, mientras estudiaba en San Petersburgo, se unió al movimiento revolucionario de los narodniks , a quienes posteriormente criticó, especialmente por sus actividades terroristas.

Plejanov intelectual marxista

Una nueva ideología revolucionaria penetra en Rusia. Es el momento en que Jorge Plejanov, otro de los jóvenes aristócratas llegados al populismo, se aparta del movimiento terrorista de la «Voluntad del Pueblo». Emigra a Suiza, en 1880, llevando consigo a otros populistas, como Vera Zasulich, Pablo Axelrod, León Deutsch, para estudiar allí el marxismo occidental y encontrar nuevas bases para una acción revolucionaria en Rusia.

En 1872, se había publicado una traducción rusa de «El Capital», de Marx, obra en que la censura imperial no veía peligro alguno, pues «pocos leerán este libro en Rusia, y muchos menos aún lo comprenderán». Pero la influencia de la filosofía alemana se enfrentará con el socialismo utópico francés, y no tardará en sustituirlo.

En Ginebra, Jorge Plejanov funda el primer movimiento marxista ruso, el grupo de la «Liberación del Trabajo», que él mismo dirigirá durante veinte años, sin que nadie discuta jamás su superioridad intelectual, ni su calidad de jefe. «Delgado, esbelto, ceñido en un impecable redingote, llamaba la atención por la extraordinaria viveza de su mirada, bajo unas espesas cejas… Todo en él —actitud, pronunciación, voz, modales— revelaba una suprema distinción», según la descripción de Lunacharski. Su influencia fue muy grande.

Los marxistas rusos «del interior» se trasladaron a Ginebra. «Plejanov educó, él solo, a toda una generación de marxistas rusos», dirá después Lenin, que le consideró, durante mucho tiempo, su maestro, y que desarrolló su pensamiento hasta 1900. Trotski escribió: «Toda la actividad de Plejanov tendía a preparar la revolución por medio de las ideas. Fue el propagandista y el polemista del marxismo, pero no el político revolucionario del proletariado». Este será el papel desempeñado por Lenin, que deshancará así a Plejanov.

Lenín, ideologo de la Revolución Rusa

Su constante alejamiento de Rusia presagiaba ya esta superación. Plejanov inicia y extiende la primera gran división del movimiento revolucionario ruso. En reacción contra los populistas que, por el simple hecho de que no había clase obrera de tipo occidental en Rusia, sino obreros campesinos, estaban persuadidos de que Rusia evitaría la fase capitalista e industrial prerrevolucionaria, y daban especial importancia al papel del campesinado en una perspectiva de socialismo agrario—, Plejanov no veía otra posibilidad de revolución que la de la clase obrera, hacia un socialismo industrial: «En Rusia, la libertad política será conquistada por la clase obrera, o no será conquistada en absoluto».

Estas dos actitudes desembocan en el «Partido Social Demócrata», de inspiración marxista, y en el «Partido Social Revolucionario», forma más elaborada del populismo. Los grupos revolucionarios disidentes se unirían a uno o a otro de estos dos partidos. Carlos Marx murió en 1883, sin haber llegado a conocer la sorprendente evolución de las teorías de Plejanov.

Plejanov, falleció en el exilio, en Finlandia, el 30 de mayo de 1918.

 

La crueldad de Pedro I el Grande de Rusia Zares de Rusia Antigua

La Crueldad de Pedro I el Grande de Rusia

LA FAMILIA DE PEDRO I
Catalina, la zarina improvisada

En 1712, Pedro se casó de nuevo oficialmente con Catalina, su amante desde hacía varios años, y más tarde su esposa en secreto.

Circulan por lo menos ocho hipótesis acerca del nacimiento de la nueva zarina, y la mayoría de historiadores la suponen hija de un u otro oficial del ejército sueco, aunque, en realidad, Catalina en hija de un comerciante lituano establecido en Dorpart.

La zarina nació hacia el año 1683 y tenía, en consecuencia, once años meno, que su esposo.

En 1702 contrajo matrimonio con un caballero sueco llamado Kruse; poco después, Marienburg, la ciudad de Livonia donde residía, fue conquistada por los rusos, y Catalina conducida al cautiverio; algún tiempo más tarde, el general Meo Chicov la hizo su amante y la instaló en su casa, y en este lugar fue donde tuvo su primer encuentro con el zar Pedro en 1704, que s enamoró de ella en el acto.

Antes de efectuar su matrimonio Pedro y Catalina tuvieron dos hijas, Ana e Isabel. Desde todos los puntos de vista, Catalina era la mujer que con venia aun hombre de carácter como Pedro el Grande; se interesa ha por todas las empresas de su esposo, compartía la alegría de sus victorias y la tristeza de sus fracasos, y a menudo Catalina acompañaba al zar en sus viajes.

Durante las inevitables separaciones entre ambos, el soberano no cesaba de recordar a su mujer, como lo manifiestan sus numerosas cartas, remitidas desde los más diversos lugares y que demuestran la agotadora existencia que llevaba con todo, Pedro encontraba siempre tiempo para escribir a Katinka, da amada de su corazón, y de soñar en el día feliz en volverían a estar de nuevo juntos. «Sin ti -le decía en ellas- no gozo de alegría verdadera en la vida; todo es soledad y tristeza». A pesar de sus aventuras extraconyugales, el zar volvía siempre a su Katerinuchka.

El zarevich Alejo

Pedro tenía un hijo de su primer matrimonio, Alejo, que contaba sólo ocho años cuando fue separado por la fuerza de su madre Eudoxia, que en tan temprana edad le había inspirado ya odio hacia su padre.

Cuando Alejo supo la manera como se trataba a su madre en el convento juró vengarla cuando fuera mayor. El delicado príncipe Alejo era en todo la antítesis de su activo e infatigable padre.

Cuando creyó llegado el momento oportuno, Pedro se esforzó en formarle y educarle para que desempeñara su papel de colaborador y de futuro soberano, pero estos contactos más estrechos entres ambos sólo sirvieron para aumentar el temor y el odio del zarevich hacia su padre.

Como Pedro golpeara con frecuencia a su hijo, para estimularle a la obediencia, las relaciones entre ellos empeoraron de tal forma que Alejo decidió huir al extranjero, y entonces, su padre le hizo espiar por uno de sus más astutos colaboradores, Pedro Tolstoi.

Tolstoi encontró al fin huellas de su presa -como él decía- en los alrededores de Nápoles, en una de las posesiones del emperador, que era cuñado de Alejo. Logró persuadir al príncipe convenciéndole para que regresara a casa, esgrimiendo ante él amenazas y promesas.

Tolstoi decía que el zar había jurado concederle «un perdón completo y su amor paterno» tal juramento, que según él fue hecho en nombre de Dios, no impidió al zar, una vez que regresó Alejo al redil, negarle sus derechos de sucesión al trono. Hizo luego comparecer al zarevich ante un tribunal, le sometió varias veces a tortura y el infeliz Alejo fue por último condenado a muerte.

El príncipe falleció antes del cumplimiento (le la sentencia, de resultas de tan terrible martirio, ala vez moral y físico. Se dice que Alejo expiró a golpes de látigo, el 26 de junio de 1718, dos días antes de celebrarse las ceremonias conmemorativas de la victoria de Poltava. Los funerales del desgraciado zarevich tuvieron efecto durante la noche y en la mayor sencillez: el zar y toda la corte seguían al cortejo, llevando sendos cirios en la mano, y Pedro tenía su rostro anegado en lágrimas.

Dramas familiares El proceso de Alejo le facilitó a Pedro el pretexto para entablar su último combate contra los partidarios de la Rusia tradicionalista, y como en 1699, con ocasión de su ajuste de cuentas con los strelzi, también esta vez aterrorizó a sus adversarios con torturas y ejecuciones atroces.

Los partidarios de Alejo, desde los más destacados a los más insignificantes, murieron entre espantosos suplicios y el propio confesor del zarevich se contó en el número de estas víctimas. Eudoxia-sufrió también las consecuencias del odio y de la venganza de su antiguo esposo. Pedro la acusó de mantener contactos secretos con Alejo, con la finalidad de fomentar una sublevación contra el zar, y éste la interrogó personalmente, golpeándola, arrastrándola por los cabellos y amenazándola de muerte.

La dejó al fin con vida, pero la hizo trasladar a otro convento, en una región completamente aislada, cerca del lago Ladoga, sometiendo a la infeliz a la más rigurosa vigilancia. Se procedió también a interrogar a algunas monjas del convento, y con objeto de arrancarles las confesiones requeridas se las torturó de tal manera que murieron en el transcurso del interrogatorio.

La muerte de Pedro el Grande no significó la libertad para Eudoxia, ya que la desdichada ex zarina fue encerrada en la fortaleza de Schlüsselburg, en un calabozo infestado de ratas. Catalina se vengaba de este modo de la primera mujer de su esposo. Cuando Catalina murió a su vez y un nieto de Eudoxia fue proclamado zar con el nombre de Pedro II, la infeliz pudo por fin ver que se abrían para ella las puertas de su prisión; ya anciana, ocupó de nuevo un puesto de honor en la corte. Este consuelo llegaba demasiado tarde; la vida no ofrecía ningún atractivo a la anciana emperatriz, que emprendió Otra vez el camino del convento.

La crueldad de Pedro hacia su primogénito Alejo se explica en érto modo por el hecho de que Catalina le había dado un hijo varón, en 1715. El zar depositó todo el afecto que negó a Alejo en el nuevo sucesor, el ‘pequeño marinero Pedro’, como gustaba llamar al hijo de Catalina. En 1718, éste fue proclamado heredero del trono, suplantando así al hijo de Alejo, que sólo contaba unas pocas semanas más de edad y que también se llamaba Pedro. El pequeño zarevich era enfermizo de naturaleza y no vivía sino gracias a los medicamentos que le administraban, pero Pedro depositaba en él todas sus esperanzas para el futuro.

El golpe que recibió fue, por lo tanto, durísimo cuando al año siguiente, 1719, Petenka falleció después de breve enfermedad. En el colmo de la desesperación, Pedro el Grande se encerró, al parecer, en su gabinete de trabajo durante los tres días siguientes a la muerte de su hijo, sin acordarse de comer ni beber, y ni siquiera Catalina fue admitida a su presencia.

Muere Pedro el Grande

El vigor físico y mental de Pedro el Grande parecía inagotable. Era capaz de estar bebiendo toda una noche y ponerse inmediatamente a trabajar al día siguiente sin la menor señal aparente de fatiga. Pedro era uno de los hombres que queman su vida llevando una existencia agotadora.

Además, había contraído una enfermedad venérea que descuidó al principio y que le acarreo graves consecuencias. A pesar de sus terribles dolores, y confiando excesivamente en su vigor natural, no quiso consultar a tiempo al médico y continuó su régimen de vida, de esfuerzo incesante. Un día de noviembre, durante una tempestad y con el agua helada, el zar quiso participar a toda costa en el salvamento de unos náufragos, y contrajo una enfermedad, quizá congestión, que los médicos se vieron impotentes de curar.

Pedro falleció en enero de 1725, entre atroces sufrimientos. Sólo contaba cincuenta y tres años cuando murió, pero sus grandes reformas nacionales pesaron decisivamente en la historia del mundo, puesto que las dos grandes mitades de Europa, la occidental y la oriental, lograron al fin su aproximación política, después de separación tan prolongada. El pueblo ruso consiguió que aquel lejano mundo eslavo participase cada vez más en la vida común europea.

Rusia entraba de lleno en la historia universal. Pedro aportó a su tarea reformadora tanto empeño, vigor optimismo y energía que, aun teniendo en cuenta sus numerosos defectos, suscitan la admiración del observador y confieren a su gigantesca silueta histórica una aureola de eterna juventud. El zar supo ahuyentar de su alma toda clase de prejuicios; poco secundado por un pueblo aislado de los demás, satisfecho de su rutinaria situación y terriblemente patriotero, Pedro supo convertir al ruso en ciudadano del mundo.

Con todo, era preferible no haber llamado «Grande» a un hombre de instintos tan primarios e irrefrenables: el epíteto de «Pedro el Gigante» acaso le conviniera más. Violentó a los seres humanos, a la naturaleza, a las cosas, al tiempo y realizó el progreso a fuerza de despotismo. Las leyendas y los cantos populares rusos le convirtieron en el último gran héroe que se asentó en el trono imperial.

Biografia de Cristina de Suecia Resumen de Su Vida Historia Gobierno

Resumen Biografía de Cristina de Suecia
Fue expresamente educada y preparada para reinar y llegó a poseer una refinada cultura, pero en su vida se sucedieron altibajos, contradicciones y excentricidades que le valieron la antipatía de muchos sectores influyentes europeos y, a veces, de su propio pueblo que tanto la amó en un principio. Se la recuerda como entusiasta patrona de las artes, que dejó testimonios inolvidables de su exquisita sensibilidad.

Totalmente distinta a las mujeres de su mismo origen social, en pleno siglo XVII, Cristina de Suecia se opuso al papel tradicionalmente adjudicado al sexo femenino y buscó la forma de sortear las obligaciones impuestas por un título nobiliario y una apariencia física que no la favorecía en absoluto. Lo busco y lo consiguió.

Porque no fueron los caprichos ni las contradicciones los que definieron a la hija y sucesora de Gustavo II Adolfo y María Leonor de Brandeburgo, sino su voluntad de romper con las convenciones que asfixiaban a las mujeres.

Los astrólogos le habían prometido a Gustavo Adolfo un hijo varón, pero el advenimiento de esta niña hirsuta y de piel oscura, echaron por tierra los vaticinios. El 8 de diciembre de 1626 nació Cristina en Estocolmo; según se decía, su padre era inteligente y su madre una mujer medianamente capaz de asumir el papel de reina.

Cuando Gustavo Adolfo muere en la batalla de Lützen, Cristina tiene seis años pero su vida futura ya está resuelta: su madre poco tendría que ver con la educación de la niña, ya que el fallecido rey había dispuesto que el Estado y un Consejo de Regencia velaran por la formación de la pequeña.

El canciller Oxenstiern llevó con mano segura los estudios de Cristina, que recibió una educación donde no faltaron el latín, las matemáticas ni la cosmografía. Desde muy niña dominó ocho idiomas, mostró una personalidad firme y una gran capacidad para establecer diálogos vivaces, en los que mezclaba pasajes enteros de la Biblia con el catecismo luterano. En la adolescencia su figura era tan poco femenina que incluso Cristina prefirió la ropa masculina. Esto, unido a sus ojos profundamente azules, su rostro picado de viruela, su andar desenfadado y la vehemencia que mostraba durante sus cóleras, le daba una personalidad excepcional.

A partir de 1644 se dedicó al gobierno con la misma pasión con que antes profundizaba el latín o el sánscrito. Una de sus máximas —que horrorizaba a los nobles- sostenía que «el talento lo es todo; el nacimiento nada. Hay labriegos que nacen príncipes y príncipes que nacen labriegos. Si en el pueblo hay canallas, también los hay entre los príncipes».

En 1645 declaró que su país buscaba la paz externa y terminó la guerra con Dinamarca, ganando varias provincias para Suecia, de acuerdo al tratado de Bromsebroe. Por entonces ya era conocida como la más diestra soberana del Norte: protegía el comercio y la educación, en una época en que el analfabetismo cundía aún entre los ministros del reino.

Cristina se negó a casarse pues consideraba que la sujeción al hombre que entrañaba el matrimonio, aunque fuera en interés del estado, era degradante para una mujer.

Así, en 1649, a los 23 años, comunicó a la Dieta su deseo de permanecer soltera y logró el reconocimiento de su primo Carlos Gustavo como presunto heredero. En 1650, luego de hacerse coronar reina con gran pompa, despreció a sus antiguos ministros y se rodeó de favoritos de la talla de Tote, Lagardie, el coronel Schilippebanck, el médico francés Bourdelot, el ministro de España en Estocolmo, Pimentel, Steinberg y otros.

El palacio real era un mar de intrigas frecuentado por una corte integrada por los hombres más notables de Suecia, Alemania, Holanda y otros países. Pese a ello, Cristina se dedicó menos a la política que al amor y los estudios. Dormía tres horas diarias, comía apenas y se peinaba una vez por semana. Tanto los sabios como los amantes costaban muchísimo dinero y no sabía a quiénes preferir. Poseía magníficas colecciones y una biblioteca sin igual en Europa, comprada en base a la hacienda sueca, que padecía extremas penurias. El pueblo, que en un comienzo la apoyó, pasó del cariño a la estupefacción, luego al disgusto y finalmente al descontento.

Las tensiones derivadas de esa situación acabaron por enfermarla pero la receta del francés Bourdelot -descanso-resultó peor que la enfermedad. En efecto, abandona los estudios y la política para organizar costosas orgías que todos critican pero nadie detiene. Suecia entera está convencida de la locura de la reina. Los sabios no perciben sus sueldos y Cristina, para impedir el desastre, empeña su vajilla de plata.

Cuando el escándalo ensombrece Suecia, Cristina empaqueta sus libros, sus colecciones y sus objetos de arte y el 11 de febrero de 1654 reúne a la Dieta; en medio de la sorpresa de todos abdica en favor de Carlos Gustavo. Tenía 28 años. Pese a las críticas de que había sido objeto, cuando parte de Suecia la congoja popular es enorme. Junto con ella viajaba un equipaje compuesto por libros, muebles, colecciones, las joyas de la corona, vajilla de oro y plata y cuanto había en el palacio.

Al llegar a la frontera de Noruega la cruza de un salto y en lugar de embarcarse en la flota preparada al efecto, lo hace en un buque mercante. Desembarca en Dinamarca, monta a caballo varonilmente y se dispone a recorrer Europa dilapidando la renta que su pueblo le había asignado. Independiente de toda autoridad, con derecho a ejercer justicia sobre su comitiva, se siente más poderosa que nunca, ya que incluso se le asigna la propiedad de varias provincias e islas suecas.

En Bruselas nadie olvida su altivez y desenfado: hasta es capaz de hacerle muecas a quienes la miran. Se cambia de traje en el coche con la rapidez de una modelo y al anochecer, sola y vestida de hombre, recorre tabernas y sitios nocturnos de vida alegre. Ya ha abjurado del protestantismo y en Roma se organiza una ceremonia magnífica para festejar su conversión.

En 1656 Cristina se considera a sí misma el primer personaje de la cristiandad y se establece en Roma con sus bibliotecas y colecciones, protegida por los Papas.

Pero sus bienes están sensiblemente menguados por los gastos sin sentido. Suecia le ha disminuido sus rentas y los acreedores la asedian. El Papa le asegura una buena pensión, pero Cristina la halla exigua. Entonces empeña sus alhajas y viaja a Francia, donde el cardenal Mazarino la recibe con grandes honores. Fastidiada por la curiosidad que despierta, una noche se sienta en un teatro con la pierna sobre el brazo de la butaca.

La situación hace crisis cuando ordena ejecutar a un ex favorito suyo que le había formulado reproches en una carta. El trágico episodio indigna a sus anfitriones y Mazarino, harto de sus extravagancias, le da dinero para que parta a Italia.

Poco después Cristina se pone en contra de Suecia y con 20 000 hombres que le facilita el emperador de Alemania, intenta apoderarse de la Pomerania sueca. El Papa interviene entonces y le asigna una renta importante y un administrador, que pronto se convierte en su amante. En 1660, a la muerte de Carlos Gustavo, Cristina se presenta sorpresivamente en Suecia y reclama que se la nombre soberana. El gobierno, por toda respuesta, la obliga a salir del reino. Tampoco prospera su candidatura como reina de Polonia, pese a la recomendación del Papa. Desdeñada también por los gobiernos de Viena y Francia, se radica definitivamente en Roma. Funda una academia y continúa enriqueciendo sus colecciones, relacionándose con personajes de las letras y las artes y ayudándolos.

En 1688 sufre un ataque de erisipela y, convencida de que su muerte es inminente, se preocupa por organizar fastuosas ceremonias fúnebres. Fallece el 19 de abril de 1689, no sin antes nombrar a Azzolini, el administrador que el Papa le había enviado años atrás, su heredero universal. Sus colecciones y bibliotecas valían millones.

Orgullo, franqueza, contradicciones, caracterizaron el carácter de Cristina, junto con la esplendidez. Conoció admirablemente el mundo y el corazón humano y los despreció a ambos por igual. Su vida fue novelesca pero con grandes toques de positivo realismo: fundó en 1650 el primer diario sueco y su apoyo a las artes influyó en toda la cultura europea de la época.

El primer teatro de ópera en Roma se abrió gracias a su interés. Su enorme colección de libros y manuscritos se conserva en la biblioteca del Vaticano y su tumba, en la Basílica de San Pedro, Roma, habla de la importancia que tuvo en su siglo la figura de Cristina.

El filósofo Descartes, el gran arquitecto y escultor Bernini, los músicos Alessandro Scarlatti (su maestro de coro) y Arcángelo Corelli (que dirigía su orquesta) la consideraron amiga y protectora. Ambicionó mucho y logró bastante: no es poco mérito.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Resumen De la Vida de Cleopatra Reina de Egipto (301)

Cleopatra Reina de Egipto

Resumen Biografía de Cleopatra
Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado. No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.cleopatra

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado.

Ello es tanto más notable si se piensa que los vencidos rara vez tienen oportunidad de contar su versión de cómo sucedieron las cosas, y por eso la imagen conocida hasta hace poco de la reina de Egipto se hallaba fuertemente influida por los prejuicios y las pasiones de sus enemigos victoriosos.

Cleopatra VII, hija de Ptolomeo XIII, nació en 69 a. C. y era descendiente de un antiguo linaje de monarcas de origen helénico, lo cual no obstaba para que su pueblo la saludase con los mismos epítetos con que había honrado a los faraones de la época de las pirámides «hija del Sol» y «encarnación de Isis», entre otros.

En los muros de los templos se grababa su imagen ataviada con insignias iguales a las que habían llevado los antiguos faraones: la doble corona del Alto y del Bajo Egipto, los cuernos y las plumas de Amón y la serpiente real sobre la frente.

Y sin embargo la historia tiende a recordarla como una empedernida seductora, una Circe alejandrina, que enredó en. sus dulces lazos a hombres como Julio César y Marco Antonio y los perdió.

RAZÓN DE AMOR Y RAZÓN DE ESTADO
La realidad no es, desde luego, tan simple como esta fábula erudita pretende hacerlo creer.

En primer lugar, ni César ni Antonio eran precisamente inexpertos en lides amorosas: por el contrario, ambos eran, cada uno a su manera, consumados amadores tan conocidos en Roma por sus conquistas femeninas como por sus hazañas militares.

César, especialmente, adúltero recalcitrante, era apodado «el marido de todas las mujeres».

Era realmente difícil sustraerse al encanto de la personalidad de César, a la gracia displicente y aristocrática de sus maneras, a su seguridad y aplomo imperturbables de hombre de mundo.

Por su parte, Antonio atraía poderosamente por su carácter jovial, franco, generoso, su trato familiar y abierto, y por su estatuaria belleza varonil.

Entre cada uno de ellos y Cleopatra se desarrolló el clásico juego del intento de seducción recíproca, pero en ningún caso las razones subyacentes fueron puramente eróticas.

Los tres protagonistas eran por sobre todo personalidades políticas, en los tres poderosas razones de Estado se agregaban a la atracción física, y cada uno perseguía en la relación sus propios objetivos.

Los móviles de Cleopatra no podían ser más claros, y a ellos respondió a lo largo de su vida con una tenacidad que asombra y una habilidad que suscita admiración.

Presintiendo que el apogeo de Roma marcaba la hora final del reinado de los Ptolomeos sobre Egipto -el último Estado independiente en las costas del Mediterráneo-, apoyó a quienes propiciaban el fin de la República romana y aspiraban a establecer el Imperio.

En efecto, bajo la República, Egipto hubiera sido conquistado y reducido a provincia, con un pretor al frente, más temprano que tarde.

En cambio, si obtenían la supremacía quienes, como César, consideraban que «la República no es ya más que una palabra» y proyectaban hacer de Roma una monarquía, Cleopatra podía especular esperanzadamente con el juego de las alianzas matrimoniales y las dinastías, cuyos hilos manejaba con maestría.

En realidad, sus planes no se limitaban a mantener la autonomía egipcia. Aspiraba a instalar en Roma una dinastía de estirpe tolemaica y solo la derrota sufrida en Actio frustró definitivamente sus ambiciones.

UNA GRIEGA EN EGIPTO
Podría creerse que, por tratarse de una reina de Egipto, Cleopatra fuese de ascendencia semítica o camita. Empero, por sus venas corría la más pura sangre griega, que se remontaba hasta Ptolomeo I Soter, ex lugarteniente de Alejandro Magno y fundador de la dinastía, a través de una larga cadena de matrimonios reales entre hermanos, según la costumbre egipcia.

Por otra parte, su residencia estaba en Alejandría, una de las ciudades más hermosas y brillantes de la Antigüedad.

La mayor parte de su vida transcurrió en el lujosísimo palacio que desde el promontorio de Loquias se reflejaba en las aguas del Mediterráneo, frente al colosal faro de 180 metros de alto, todo de mármol blanco -una de las siete maravillas del mundo antiguo- y junto a la famosa biblioteca que fue durante siglos el centro del saber más importante de Occidente. De allí salió en el año 45 a. C. el astrónomo Sosígenes, contratado por César -a sugerencia de la reina- para establecer el calendario juliano, base del que se utiliza todavía hoy en día.

En un marco deslumbrante como el de Alejandría, de clima tan agradable, Cleopatra nunca experimentó muchos deseos de conocer sus posesiones más tórridas, que se extendían hacia el sur.

De hecho, fue a instancias de César cómo en lujosas embarcaciones remontaron ambos el Nilo hasta la Primera Catarata, en el año 47 a. C.

Poco había de común entre ella, nacida y criada en la refinada atmósfera helenística de Alejandría, y esos humildes subditos de piel oscura y raza diferente que trabajaban con paciencia y resignación la franja fértil entre el río y el desierto, bajo un calor abrasador, como habían hecho y seguirían haciéndolo durante milenios.

Cleopatra tenía piel blanca, como sus antepasados macedónicos, y una cabeza corta de nariz aguileña y prominente subrayaba su estirpe balcánica. La boca, de exquisito dibujo, y sus grandes ojos bajo cejas bien delineadas completaban una fisonomía cuyo interés y encanto eran acaso mayores, en rigor, que su belleza.

EL PODER Y LA GRACIA
El magnetismo de la reina de Egipto no residía tanto en su hermosura como en la gracia espontánea y seductora de su trato, y sobre todo en su voz, dulce, cautivante y persuasiva.

Mujer inteligente y talentosa, era rápida para la respuesta aguda y para el diálogo jocoso.

A diferencia de sus antecesores en el trono, que no hablaban más que el griego, ella podía entenderse, sin necesidad de intérpretes, no solo con sus subditos egipcios, sino con los visitantes y mensajeros etíopes, hebreos, árabes, sirios, medos y partos.

La seriedad y la pasión, con que se entregaba a los asuntos de gobierno no le impedían mostrarse en otros momentos alegre, amiga de las bromas y juguetona como una muchacha. Con Antonio –de parecido temperamento– gustaba de pasear de noche por la ciudad, disfrazados ambos, golpeando las puertas de las casas y escondiéndose cuando los dueños o los criados salían a ver qué ocurría.

No obstante, la historia la hizo a su vez víctima de una terrible jugarreta. Su objetivo de mantener a Egipto como reino independiente, aunque fuese como satélite de una monarquía imperial romana, se cumplió, pero ninguno de sus descendientes ocupó el trono.

Fue Octavio Augusto, su rival implacable, desprovisto tanto del genio militar de César como de los instintos generosos de Antonio, quien ciñó finalmente la corona del milenario reino del Nilo y la transmitió a sus sucesores. Todos los emperadores romanos fueron aclamados, en efecto, «reyes de Egipto».

Cleopatra no quiso presenciar esa humillación: el 29 de agosto del año 30 a. C. se hizo morder por un áspid para morir «con la majestad que convenía -como se dijo ante su cadáver aún tibio- a la descendiente de tantos reyes», y también por el significado que esa muerte podía tener frente a los ojos de sus subditos, puesto que una antigua creencia sostenía que la serpiente era el ministro de Amón-Ra, es decir, el dios – sol de la religión egipcia.

Su imagen característica, que la historia recogiera es la que ofreció aquel día del año 48 ante los ojos atónitos de César, cuando la vio salir riendo de un rollo de mantas dentro del cual había atravesado las líneas del ejército de su hermano Ptolomeo, que competía con ella por la corona, para presentarse al futuro dueño del mundo.

Culminó ese acto de osadía y alta política, como tantos otros de su vida, con el gesto pícaro y la expresión risueña de una colegiala. En esa mezcla de tenaz ambición y juvenil frescura residió la verdadera seducción de Cleopatra.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Amores Trágicos Marco Antonio y Cleopatra

Amores Trágicos: Cleopatra y Antonio

Cleopatra gobernó con su padre durante un corto período de tiempo, hasta que éste murió en el año 51 a.C. Para conservar el poder, y siguiendo la tradición familiar, se casó con su hermano Ptolomeo XIV (de 12 años).

Los ptolomeos no podían casarse con alguien de rango inferior, y es por ello por lo que se unían entre hermanos.

amor tragico de cleopatra y antonioCon tan sólo 18 años, Cleopatra quería reinar sola, pues consideraba que su hermano era demasiado joven para gobernar Egipto.

Aunque se encontraba con el problema de que muchos funcionarios y nobles apoyaban a su hermano. Además, el general Pompeyo, poderoso aliado de su padre, planeaba anexionar Egipto al Imperio Romano.

Tendría que superar muchos obstáculos.

Desde niña estudió muchísimo (literatura, aritmética y geometría, astronomía, medicina) y aprendió varios idiomas, como el egipcio (su familia sólo hablaba griego), lo que le sirvió de mucho a la hora de gobernar Egipto. Para ello, intentó ganarse el favor de los cortesanos poderosos.

Rindió culto a los dioses egipcios proclamándose “hija del dios sol”, y entregó generosos regalos a los templos más importantes, ganándose el apoyo de los sacerdotes.

Asimismo se interesó por la política internacional, sobre todo para evitar conflictos con Roma, y por la economía, facilitando las exportaciones necesarias para el bienestar de su país.

En el año 40 a. de C., con la ayuda de Julio César, destituyó a su hermano-esposo, con quien compartía el trono.

Los matrimonios entre hermanos en el Antiguo Egipto eran costumbre en las castas reales pues procuraban mantener el poder encerrado en los clanes familiares.  Cleopatra, luego de quedar como exclusiva soberana, se convirtió en la amante de Julio César.

Lo siguió a Roma y tuvo un hijo con él: Cesáreo.  Después de que julio César fuera asesinado en el 44 a. de C., Cleopatra huyó de Roma.

Ganó entonces los afectos de Marco Antonio y con él regresó triunfante a Egipto en el 42 a. de C. En el 36 se casaron.

Esto enfureció a Octavio,(pues Antonio había rechazado a su hermana) que entonces regía los destinos de Roma y decidió destruirlos.

En el año 31 una flota conjunta de Antonio y Cleopatra fue totalmente aplastada por las fuerzas de Octavio.

La pareja huyó a Alejandría, donde Antonio se mató y Cleopatra se hizo morder por un áspid, una serpiente venenosa de Egipto de cuello extensible.  Una vez más el destino trágico de los amantes famosos.

Se cuentan cientos de historias sobre Cleopatra como aquella en la que durante una fastuosa cena que ofrecía a Marco Antonio, éste se expresó asombrado de la maravillosa presentación.

Cleopatra, decidida a impresionarlo aún más, tomó una perla y la disolvió en una copa de vino, lo que incremento el desconcierto del conquistador ahora conquistado.

El país quedó bajo el gobierno de Roma, lo que supuso el fin de la civilización egipcia. Octavio se proclamó nuevo faraón y ordenó la destrucción de muchos monumentos egipcios y documentos oficiales.

Alejandría continuó siendo un gran centro cultural y comercial, pero la prosperidad de Egipto fue decayendo.

Blaise Pascal (1623-1662), el científico y filósofo francés, escribió en su obra Pensées, que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado, con alusión a que su belleza y encanto no hubiesen sido los mismos frente a julio César y Marco Antonio.

PARA SABER MAS…

Marco Antonio (Roma, 82 a. C. – Alejandría, 30 a. C.)

Nació en el seno de una de las familias más ilustres –la gens Antonia- su madre estaba emparentada con Julio César, quien siempre sintió especial cariño por él.

Su carrera militar comienza en la campaña de Palestina y Egipto – 58 a 56 a.C. – como oficial de caballería.

Acompaña a César en la conquista de la Galia, donde es uno los generales de confianza.

Al iniciarse la guerra civil entre César y Pompeyo Magno, aquél le nombra su comandante en Italia. Tras la victoria, ocupa diversos cargos políticos. El fatídico año 44 a.C. él y su protector son nombrados cónsules.

Era fuerte, jovial, apuesto, mujeriego y bebedor.

En la batalla, arrojado en extremo; amaba a la tropa y los legionarios lo adoraban.

Cuentan que César no tenía en gran estima sus dotes de estratega, mas contaba entre sus generales más distinguidos por su valentía, don de mando y fidelidad, que resistió todas las pruebas

Estaba presente en el Senado en el momento que César accede por última vez.

La primera maniobra de los conjurados consiste en distraerlo, apartándolo de la víctima, seguros de que acudiría en su defensa.

¿Influyo en su posterior trayectoria no haber podido ayudar a su protector? No hemos encontrado testimonio histórico en cualquier sentido.

El romance con mas detalles!

Las relaciones transcurrieron durante trece años, desde el año 42 hasta el 30 a.C. en que se suicida Antonio.

Aceptan, sin exageración, el calificativo de tempestuosas, alternando largos periodos de total entrega con otros de separación física.

Ambos enamorados nunca abandonaron del todo sus respectivas responsabilidades políticas.

En este sentido, la situación era muy desigual; el romano contaba con un poderoso ejército, pero, además de mantener la hegemonía en Oriente, tenia que atender al flanco interior; por el contrario, la egipcia, sin huestes que poder enfrentar a las legiones de uno u otro triunviro, para mantener su corona solo tenia las armas de la astucia y seducción personal.

Estando Marco Antonio en Tarso, importante ciudad de Cilicia, en Asia Menor, convocó a Cleopatra para un encuentro personal.

Ella, que ya no contaba con validos en Roma, para deslumbrar al nuevo poder, preparó le reunión con todo lujo de detalles: arribó a la cita en un majestuoso barco escoltado por una solemne flotilla ataviada con todo lujo.

El extraordinario atractivo de la reina impresionó a Antonio quien, ganado por su personalidad y encanto, le concedió algunas de sus peticiones: parece que entre ellas eliminar a su propia hermana Arsinoe.

Ambos eran conscientes de que su alianza podía ser de mutuo beneficio: Cleopatra deseaba hacer de Alejandría una nueva Roma y Marco Antonio necesitaba contar con Egipto para controlar el Imperio Romano.

Se despidieron concertando una nueva entrevista

La cita tuvo lugar en el invierno del año 41 a.C. El romano pasó toda la estación olvidando sus responsabilidades, malgastando el tiempo en todo tipo de derroches y ociosidades.

Mientras, en Roma, Octavio sentaba las bases para la inminente pugna contra Marco Antonio, desacreditándolo ante el Senado y acusándolo de dedicarse a pasar los días de bacanal en bacanal con su «furcia «egipcia.

monedas romanasEn la primavera del año 40 a.C. y muy a su pesar, Antonio hubo de abandonar Alejandría y embarcarse hacia Tiro, desde donde sofocó una nueva revuelta parta.

Luego marchó a Éfeso y desde allí a Atenas, donde se encontró con su esposa Fulvia, dispuesta a no perdonar su abandono y entrega a Cleopatra. Reunidas naves y tropas, Marco Antonio fue a Italia para enfrentarse contra Octavio.

Mas, en lugar de combatir, los rivales optan por negociar, consolidando las zonas de influencia del triunvirato en vigor legal.

Aprovechando que Antonio había enviudado de Fulvia, el acuerdo es sellado mediante el matrimonio con Octavia, la hermana de su rival. Por aquel entonces -otoño del 40 a.C.- Cleopatra daba a luz los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene, hijos de su compañero romano.

Los tres años siguientes, suministran escasa información sobre Cleopatra, con supuesto enfado por la boda de Marco Antonio.

Éste, atiende en Roma sus obligaciones: prepara una campaña para rechazar a los partos y reorganiza algunos territorios como Judea. En el año 36 a.C. parte a la guerra de Oriente, que en los primeros combates se muestra desfavorable a las legiones.

No es de extrañar que, desalentado, decide reposar en compañía de Cleopatra, con la que se reúne en Antioquia, pasan luego a Alejandría donde se casan.

La derrota, seguida del aparente abandono del teatro de operaciones; la boda pública, en realidad bigamia pues ya estaba casado con una romana; el cambio de aspecto y costumbres, cada vez más orientales, son pretextos que aprovecha con éxito Octavio para ahondar el descrédito de su rival.

Nace un tercer hijo y Cleopatra es acusada de embrujar a Antonio, quien termina siendo declarado “enemigo de la República”

Mientras, la situación en la frontera parta sigue deteriorándose.

En el 34 a.C., se hace imprescindible una nueva intervención militar; esta vez la fortuna sonríe a Marco Antonio, quien, en lugar de ir a explotarla a Roma, retorna a los brazos de Cleopatra, quien organiza en su honor un ostentoso simulacro del “triunfo” (desfile de entrada en Roma del general vencedor, que era aclamado por el pueblo) romano.

La pareja continúa su fastuosa vida oriental, ajenos al entorno, cada vez más hostil.

Un dicho popular afirma “el diablo, cuando quiere perder a alguien, primero lo envanece”.

Esta es la única explicación a que, con su demostrada sabiduría y experiencia, cometiesen el error que Roma jamás ¡jamás! podía tolerar: reparten el territorio bajo su control entre Cleopatra, Cesarión – el hijo de César- y los hijos que había tenido con Cleopatra, entre ellos, Ptolomeo Filadelfo, de tan sólo 2 años.

La guerra es inevitable, una guerra “a la romana”, esto es: total sometimiento del enemigo, cuando no, su exterminio.

mapa de roma antiguaTras algunas escaramuzas, el ejército combinado de Cleopatra y Antonio es bloqueado en Actium (Grecia). Para romper el cerco, deciden plantear una batalla naval, que se adivina decisiva.

El 2 de Septiembre del 31 a.C. tiene lugar el enfrentamiento de la flota combinada, mandada por el propio Antonio y con la presencia de Cleopatra, contra la romana comandada por el prestigioso almirante Agripa.

En pleno fragor del combate, por razones aún no aclaradas, Cleopatra ordena a los 60 barcos de la flota egipcia que sigan a su bajel abandonando la lucha.

Al ver esta maniobra, Antonio, desentendiéndose de la batalla, ordena a su trirreme dar alcance a la reina fugitiva.

La derrota fue total, perdiendo más de la mitad de las naves y la defección de gran parte de las legiones acuarteladas en tierra. Cuentan las crónicas que el general pasó “tres días, sentado en la proa, sin moverse y con la cabeza entre los brazos”.

Cleopatra puso rumbo a Alejandría. Ante el temor de que sus súbditos reaccionasen a la derrota de manera negativa, la reina no dudó en engalanar las naves al arribar al puerto, convirtiendo así el estrepitoso fracaso en una fingida victoria.

Por su parte, Marco Antonio, marcho a Cirenaica, donde había dejado tropas acantonadas, con las que pretendía hacer frente a la previsible ofensiva final de su rival, pero le retiraron su fidelidad, pasando de bando en masa. Abandonado, regresa a Alejandría, donde se sume en una profunda depresión.

Octavio, tras superar una resistencia testimonial, entraron en la ciudad en agosto del año 30 a.C. Marco Antonio, aislado, recibe la falsa noticia de la muerte de Cleopatra; desesperado, se clavó su propia espada. No murió de inmediato, sus sirvientes le trasladaron al mausoleo donde ella se había encerrado. Allí expira, en los brazos de su amada.

Aunque algunos de sus ex-generales solicitaron de Octavio el honor de enterrarlo, Cleopatra recibió del vencedor esta última distinción.

Epílogo

Tras sepultar a Antonio, Cleopatra decide morir. Las heridas que se hizo en el pecho, llorando ante el cuerpo del amante moribundo, se habían infectado.

La fiebre y la privación voluntara de alimentos la estaban consumiendo. Octavio – quien no podía consentir que la reina muriera, tenía que desfilar en su “triunfo”- la amenazó con la muerte de sus hijos si persistía en su actitud, Cleopatra cedió y volvió a alimentarse.

Octavio quiso asegurarse del cambio de actitud y la visitó en persona.

La entrevista ha inspirado la leyenda más conocida sobre la reina del Nilo; intenta repetir la maniobra que tanto éxito había tenido en el pasado: seducir a Octavio. Pero el victorioso general no se dejó impresionar por la reina, al parecer concentra su rechazo en la nariz, demasiado grande a su gusto:

Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”

Vuelta al mausoleo, los espías le informan que marcharía, junto a sus hijos, hacia Roma dentro de tres días.

Era el fin, negándose a la humillación de caminar prisionera en el “triunfo” de Octavio, elige la única salida posible: Se hizo bañar, maquillar y vestir como reina por sus dos fieles servidoras, Iras y Carmión.

A continuación envió una carta a Octavio en la que pedía que su cuerpo fuese sepultado junto al de Antonio.

Cuando Octavio abrió la carta, sospechó que la reina iba a quitarse la vida. Con urgencia, envió emisarios para evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Los esbirros abrieron las puertas y…

Vieron ya a Cleopatra muerta en un lecho de oro, regiamente adornada. De las dos siervas, la que se llamaba Iras, estaba muerta a sus pies, y Carmión, ya vacilante y torpe, le estaba poniendo bien la diadema que tenía en la cabeza. Díjole uno con enfado: «Bellamente, Carmión», y ella respondió: «Bellísimamente, y como convenía a quien era de tantos reyes descendientes», y sin hablar más palabras, cayó también muerta junto al lecho. (Plutarco)

Encontraron dos tenues punzadas en un brazo de la fallecida reina, lo que hizo pensar que se había dejado morder por un áspid.

Alguien dijo que un campesino había traído una cesta llena de higos en la que se ocultaba el reptil.

Era el 12 de agosto del año 30 a. de C. La reina había vivido 39 intensos años.

Octavio continúa la cruel eliminación de los hijos “romanos” de sus antecesores, que podrían ser obstáculos en su camino: El primogénito de Marco Antonio y Fulvia ya había sido asesinado en Alejandría, le sigue Cesarión, quien podría pretenderse heredero de Julio César.

Otros hijos de Cleopatra, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo por el momento corrieron mejor suerte: fueron enviados a Roma bajo el cuidado de Octavia, aunque mas adelante desaparecieron en circunstancias misteriosas. Se dijo que fueron asesinados por Herodes.

La única sobreviviente fue Cleopatra Selene a quien casaron con Juba II de Mauritania.

José Andrés Martínez

Collado Villalba, verano 2005