Pensamiento de Sarmiento Para La Organización Nacional

Fundacion de la Sociedad Cientifica Argentina Objetivos y Trabajos Iniciales

Fundacion de la Sociedad Cientifica Argentina Objetivos y Trabajos

Sociedad Científica Argentina. Estanislao S. Zeballos (1854-1923), uno de los hombres que más ha contribuido al desarrollo de nuestra cultura en sus distintas manifestaciones, junto con un grupo de egresados y alumnos de ciencias exactas, tuvo la iniciativa de constituir una «Academia científica» que tendiera a despertar en la juventud la afición por los estudios profundos y a interesar al público en los adelantos que proporciona la ciencia.

Zeballo  Estanilao
Zeballo Estanilao: Las inquietudes de un grupo de estudiantes del Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, patrocinado por su profesor, Emilio Rosetti, originaron una reunión el 28 de julio de 1872, donde se echaron las bases de una corporación científica cuyos estatutos, redactados por el doctor Estanislao Zeballos.

De ese propósito surgió, en la asamblea efectuada en el salón del Colegio Nacional de Buenos Aires, el 28 de julio de 1872, la creación de la Sociedad Científica Argentina.

Objetivos perseguidos por esta institución científica, de carácter privado, fueron:

Fomentar el estudio de las ciencias matemáticas, físicas y naturales, con sus aplicaciones a las artes, a la industria y a las necesidades de la vida social, y reunir a los ingenieros argentinos y extranjeros, a los estudiantes de ciencias exactas y a las personas de ilustración científica, con el propósito de estudiar las publicaciones, inventos o mejoras científicas, especialmente los que tuvieran una aplicación práctica en la República Argentina.

Si bien en estas bases se advierte una tendencia preponderante hacia las ciencias exactas, en la práctica las ciencias físico-matemáticas fueron poco tratadas, alcanzando, por el contrario, las ciencias naturales una mayor amplitud. Rigió esta institución como primer presidente el ingeniero Luis A. Huergo.

Los hombres que la fundaron y los que los siguieron, hicieron de la Sociedad un centro organizador de investigaciones y una alta tribuna de divulgación científica.

Como centro de investigaciones, auspició, en 1875, un concurso de trabajos acerca de las aplicaciones de la ciencia a la industria nacional, expediciones a la Patagonia y a la laguna Ibera y estudios sobre nuestras fuentes de riqueza.

Como tribuna científica reunió a sus asociados en «conversaciones» para debatir cuestiones de interés científico, participó y organizó congresos científicos y estableció una biblioteca.

A partir de 1876 publicó los Anales de la Sociedad Científica Argentina.

La fundación de la Sociedad Científica, que a través de sus setenta y nueve años de existencia se ha mantenido fiel a sus objetivos exclusivamente científicos, señala una fecha y un acontecimiento importantes en la historia de nuestra cultura.

Casi desde sus comienzos, en 1876, se dio como órgano oficial los «Anales de la Sociedad Científica Argentina», continuando los «Anales Científicos Argentinos». Las actividades científicas de la Sociedad fueron numerosas y algunas importantes:

En 1874 inició la formación de una magnífica Biblioteca, hoy día una de las más valiosas del país.

En 1875 creó un Museo, cuyo primer director fue Francisco P. Moreno.

En 1875 y 1877 patrocinó dos expediciones científicas a la Patagonia, llevadas a cabo, respectivamente, por Francisco P. Moreno y por Ramón Lista.

Con motivo de sus bodas de plata la Sociedad organizó en Buenos Aires, el año 1898, un Congreso Científico Latino-Americano, que dio origen a los actuales Congresos Científicos Panamericanos.

En 1899 establece el «horizonte altimétrico» del Río de la Plata, o sea el nivel más bajo de sus aguas, que permite establecer las «cotas» o alturas.

En adhesión a los festejos del centenario de la Revolución de Mayo propició en 1910 un Congreso Científico Internacional, sin duda el más memorable de los fastos celebrados en América latina.

De acuerdo con sus objetivos, la Sociedad promovió también ciclos de conferencias, participó en congresos científicos panamericanos y con sus trabajos presentados contribuyó al buen concepto del país en la rama de la ciencia.

Fuente Consultada:
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra
Historia de la Cultura Argentina Parte II de Francisco Arriola Editorial Stella

Organizacion Economica del Virreinato del Rio de la Plata

Organizacion Económica del Virreinato del Río de la Plata Consulado y Aduana

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA: Para resolver las cuestiones económicas se crearon organismos metro­politanos (Casa de Contratación) y locales (Consulados y Aduanas).

El Consulado: Fue creado por una Real Cédula de 1794. Estaba compuesto por un prior, dos cónsules, nueve conciliarlos, un síndico, un secretario, un contador y un tesorero. Además de tribunal judicial en pleitos mercantiles (en tal carácter se establecieron desde la Edad Media los consulados en Europa), tenía el carácter de junta de protección y fomento del comercio.

Para el cargo de secretario del Consulado fue designado Manuel Belgrano, que había regresado de España y que a la sazón tenía veinticuatro anos de edad, desempeñándolo durante doce años. Conocía la obra de los principales economistas de la época entre ellos, Adam Smith, Turgot, Quesnay, etc.

El Consulado estuvo integrado solamente por comerciantes, hasta que en 1797 se estableció que esta institución debía estar formada por igual número de comerciantes y hacendados, para que teniendo intereses opuestos, de sus discusiones surgiesen las medidas más equilibradas. Los comerciantes eran españoles y por lo tanto monopolistas. en cambio los hacen. dados, nativos, propendían al libre cambio.

Uno de los primeros asuntos de que se ocupó el Consulado fue el pleito que se seguía desde años atrás entre los monopolistas y los trafi­cantes de negros.

Cuando se permitió el tráfico de negros en Buenos Aires, con la franquicia, para los buques extranjeros que los introdujesen, de poder llevar libremente de regreso frutos del país, los monopolistas se alarmaron ya que veían en ellos grandes competidores. Como los cueros eran los productos de exportación más valiosos, sostuvieron que no eran frutos del país, lo que fue aceptado por gran mayoría en el Consulado.

En momentos en que se trataba esta cuestión, se supo que una fragata negrera inglesa había arribado a Montevideo y que de retorno llevaría parte de su cargamento en cueros. El Consulado dictaminó entonces que se realizaran las diligencias necesarias, para que no se permitiese cargar cueros y que se echasen a tierra los ya cargados por considerar que ellos no eran frutos del país.

También esta junta decidió pedir al rey que dejara sin efecto el permiso sobre comercio intercolonial, oyéndose en esta oportunidad a don Francisco Antonio Escalada, quien se hizo eco de las ideas de Belgrano, manifestando los resultados desastrosos que en la economía del Virreinato tendrían estas medidas.

En 1798, como España se encontraba en guerra con Inglaterra, lo que hacía que el virreinato del Río de la Plata estuviese incomunicado, el virrey Olaguer Feliú pasó al estudio del Consulado un expediente redactado por el Cabildo, en el que se pedía la libre extracción de frutos e Importación de géneros en embarcaciones neutrales.

En esta cuestión se había expedido favorablemente el administrador de la Aduana don Ángel Izquierdo. El Consulado también aceptó esta medida, que resultó ineficaz, porque se estipulaba que los buques neutrales debían retornar a España, lo que era imposible porque estaba en guerra; por otra parte dicho comercio resultaba sumamente limitado.

Si el Consulado se opuso a todo lo que significase libertad de comercio exterior, en cambio se preocupó de la agricultura, de la industria y fomento del comercio interno. En este sentido Belgrano realizó una amplia, y como era deber del secretario redactar una Memoria propuso en ellas fomentar el comercio, estableciendo una Escuela Comercio, una de Seguros Marítimos y otra de Náutica cuya apertura tuvo honda repercusión científica en nuestro país.

Aconsejo también se abriesen escuelas en todos los barrios de la ciudad y villas del campo, y la creación de una Escuela Práctica de Agricultura para los labradores. En las Memorias sucesivas trató de las utilidades del cultivo del lino y del cáñamo, abogó por el establecimiento de premios como estimulo al trabajo, de la manera de propender a la reunión de comerciantes y hacendados, de la situación de inferioridad de la mujer y los medios de mejorarla, etc. El Consulado funcionó hasta 1862.

La Aduana — En 1778 se fundó la Aduana de Buenos Aires, imprescindible desde la apertura del puerto. No fue solamente un tribunal de justicia sino un verdadero consejo económico, que ejerció una influencia decisiva en el virrey en cuestiones comerciales y financieras, siendo a la vez oficina de recaudación de los derechos aduaneros.

En 1796, siendo administrador Ángel Izquierdo, pidió que se permi­tiese el comercio con barcos neutrales, cuestión a la que nos referimos en el párrafo correspondiente al Consulado.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada