Pintores de la Época

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor Renacentista

Biografia de Paolo Caliari «El Verones» Pintor Renacentista

Paolo Caliari, El Veronés: Nació en Verona en 1528 y murió en Venecia en 1588. Se le considera, al par que uno de los más grandes artistas italianos, el más arbitrario y paradójico de sus pintores.

Siguiendo las prestigiosas huellas dejadas por Giorgione y Tiziano, los pintores venecianos del siglo XVI ofrecieron una imagen poética y suntuosa de su ciudad, en este caso nos referimos a Paolo Caliari.

Hijo de un escultor, estuvo iniciado en este arte en su infancia, pero siendo su verdadera afición la pintura, a ella se dedicó, siendo sus maestros su tío Badile y Juan Carotto.

Aprendió el dibujo copiando estampas de Alberto Durero y Lucas de Leide. Muy joven aún, empezó a adquirir fama y a recibir encargos, y así pudo abrirse camino y llegar a Venecia a la edad de veinticinco años, precedido ya de renombre.

Con tal bagaje de referencias, y dotado de precocidad, pasó a Venecia, donde en 1553 realizó pinturas en el Palacio Ducal, en colaboración con Poncliino, un maestro mediocre.

El ambiente veneciano determinó en él rápidos avances en el color y la composición y en el afinamiento de su natural elegancia, bajo los estímulos del Tintoretto y, después, del arte de Tiziano.

Sus frescos en la iglesia de San Sebastián (1555) demuestran cómo había ya evolucionado su estilo, en el retrato y sobre todo en las grandes composiciones narrativas bíblicas, hasta llegar a su etapa más personal (alrededor de 1570), en la que produjo sus más famosas obras, como el Banquete en casa de Levt (hacia 1573), pintura que le enfrentó a la Inquisición y en la que aparece retratado.

De pocos años después (1582) es la obra de reducidas dimensiones que aquí se reproduce.

Corresponde a un momento en que el pintor prefería iluminar sus cuadros con una serena luz de media tarde, que favorecía la suprema elegancia de los indumentos femeninos, en correspondencia con la opulencia de los ambientes naturales en que situaba sus asuntos.

Por todas estas conquistas que supo agregar a su estilo y por su elegante naturalidad, El Veronés merece ser considerado como la ultima gran figura del esplendoroso período de madurez renacentista en la escuela pictórica de Venecia.

Formado en su patria bajo el maestro Antonio Badile, perteneciente a una familia de artistas que seguían una tradición artesanal, Paolo Caliari destacó pronto en Verona entre el grupo de jóvenes que seguían las directrices del «manierismo».

Biografia de Paolo Caliari El Verones Pintor
De una pomposidad elegante y de una desbordadora alegría, la pintura de Paolo figura en una de las tres cimas de la pintura veneciana, que correlativamente presiden las figuras de Bellini, Tiziano y la suya.
El se halla en el momento en que la Serenísima camina hacia el irremediable hundimiento del siglo XVII.
Por esta causa, su pintura sensual, brillante y gloriosa, pero sin nervio íntimo, es expresiva de este lento perecer de una sociedad en medio del perfume embriagador de las flores y de los vapores enloquecedores de las orgías.

Fue arbitrario y fantástico en la representación de los personajes que figuraban en sus lienzos, pero de una gran personalidad y robusto temperamento.

Interpretó la vida en sus más bellos aspectos y, precisamente, mirando a esta finalidad, no se cuidó de la exactitud histórica, incurriendo en anacronismos con tal de hacer su obra agradable.

El arte barroco del Veronés ofrece un ancho campo a la admiración. Los críticos le han tildado muchas veces de superficial, porque no hallaban en él, como en el Tintoretto, pongamos por caso, las torturas de un alma en busca de sus mayores incógnitas.

Sin embargo, su superficialidad radica en el hecho de que no quiere expresarnos nada intelectual, sino tan sólo el modo de embellecer y transfigurar la vida, en una pintura franca, comprensiva y abierta a todos los públicos.

Una pintura para exaltar la pura alegría de vivir, que se reconoce en la armonía de la composición y en el brillar de los colores, con entonaciones que el Veronés hizo únicas.

Tanto fué así, que jamás tuvo preocupaciones arqueológicas; cualquier tema bíblico fue motivo para desparramar sus luces de festín, enmarcadas por el formidable aparato de sus estructuras arquitectónicas.

Nacido en el seno de una familia artesana, pues su padre Gabriel era escuadrador de piedras, Paolo demostró muy pronto sus aptitudes artísticas, que se desarrollaron y afirmaron en el taller de dos pintores de segunda fila, Antonio Badile y Domingo Brasasorci.

Su pintura fue un reflejo de su carácter señorial, jovial y bondadoso, aunque entero y digno.

Su producción fue profusa, pues aunque usaba un convencionalismo bien notorio en sus composiciones, éstas gustaban, sin embargo, mucho, por su armonía y genialidad en la ejecución.

Entre sus muchas obras se cuentan las Bodas de Cana, de considerables dimensiones y en las que figuran ciento treinta y dos personajes, la Comida en casa de Simón, la Comida en casa del leproso y la Comida en casa del fariseo.

Establecido definitivamente en Venecia, la vida del Veronés es la vida de sus obras sucesivas.

De 1563 es la más famosa de sus cenas, La cena en casa de Leví, en la que brilló como nunca su capacidad escenográfica. También fueron notables, por lo que se sabe, los frescos de los palacios de Venecia, que luego destruyeron las emanaciones de los canales; de lo que debían ser, nos dan una muestra los frescos que pintó en Fanzolo, en Thiena, en Maser, en las villas de Tierra Firme.

Los encargos de la Serenísima llovieron sobre su persona. Después del incendio de 1576 pintó numerosas telas para el palacio ducal, junto con otros artistas, como el Tintoretto y Palma el Joven.

En este aspecto, lo más notable de su producción son las pinturas de la Sala del Consejo Mayor.

Siempre intentando mejorar su arte, ávido de las innovaciones, aunque firme y seguro en su personalidad creadora, el Veronés continuó trabajando en Venecia hasta su muerte, acaecida en esa ciudad el 9 de abril de 1588.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena a casa de Leví es una pintura de gran formato del pintor Paolo Caliari llamado Veronese de 1573, ubicada en la galería de la Academia de Venecia.

El proceso contra Veronese. Para la Inquisición, esta interpretación de la Ultima Cena apareció como demasiado libre y provocadora.

Con el fin de excusar sus libertades iconográficas (el pintor colocó en primer piano soldados alemanes, perros, enanos y un bufón sosteniendo un loro), Veronese dio esta célebre respuesta:

«Nosotros los pintores gozamos de las mismas licencias que los poetas y los locos. (…) recibí el encargo de decorar el cuadro según mi propio gusto. Como es grande, me pareció que podía contener numerosos personajes».

El problema se resolvió mediante un compromiso: al final del proceso, el artista debió cambiar el título del cuadro por La cena en casa de Levi.

Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Las bodas de Caná es una de las pinturas más famosas de la producción total del pintor italiano Paolo Veronese, conocido por Veronés
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Cena en casa de Simón
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La conversión de María Magdalena es una pintura al óleo, una obra temprana del artista renacentista italiano con sede en Venecia
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
La familia de Darío antes de Alejandro es una pintura al óleo sobre lienzo de 1565-1570 .
Biografia de Paolo Caliari El Verones Obra del Pintor Renacentista
Venus y Marte es una pintura renacentista italiana de Paolo Veronese.

VENECIA DE LA ÉPOCA: A comienzos del siglo XVI, Venecia se encontraba rodeada de amenazas.

En 1508, Julio II consiguió alinear contra la ciudad a los reyes de Francia, España y Hungría, a los duques de Saboya, a la temible familia de los Habsburgo y a numerosas ciudades italianas, entre ellas, Florencia y Ferrara. También en el mar, Venecia vio su hegemonía disputada por turcos, españoles y portugueses.

A pesar de todo, la ciudad nunca fue tan rica, ni sus instituciones tan sólidas, ni su civilización tan resplandeciente.

A lo largo del siglo, la Serenísima tuvo un fuerte crecimiento industrial, volvió a adueñarse de sus tierras agrícolas y gozó de un extraordinario desarrollo artístico.

Los encargos del Estado, de la Iglesia y de las scuolai se multiplicaron y permitieron a muchos artistas, alejados del foco artístico romano, inventar nuevas soluciones pictóricas.

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura Bibilioetac Basica Salvat
Enciclopedia Electrónica ENCARTA de Microsoft
Historia Visual del Arte de Editorial Larousse

La Sociedad en la Epoca de Rosas La Cultura y Actividades

La Sociedad en la Época de Rosas
El Ambiente Cultural:

El ambiente social  y cultural: La sociedad conservó las características del período hispánico. A los jefes militares y a los altos funcionarios resistas, así como también a los hacendados, comerciantes, sacerdotes, profesionales y las demás personas sometidas con mayor o menor sinceridad al régimen se los llamaba «gente decente». (Vermas abajo: La Sociedad Rosista)

Se mantuvieron los tradicionales bailes, tertulias y saraos, en los cuales descollaba Manuelita, la hija de Rosas, la cual con su gentileza y generosidad atenuó más de una vez la severidad de su padre.

La muerte de la esposa de Rosas, doña Encarnación, en octubre de 1838, motivó largas manifestaciones de pesar; la Mazorca llevó luto durante dos años, el mismo lapso que el gobernador.

Los adictos de Rosas eran reclutados entre la clase humilde, cuyas quejas y pedidos atendía con diligencia, ya fuera en persona o por intermedio de sus parientes.

Casi todos los plateros, tornilleros y herreros tenían sus talleres en el barrio de la Concepción.

La «clase decente» organizaba por turno fiestas parroquiales en honor de Rosas, y el retrato de éste era paseado por las calles con gran escolta de honor.

Los negros, admiradores fanáticos de Rosas, ocupaban en su mayor parte la parroquia de Montserrat, conocida como «barrio del tambor, del mondongo y de la fidelidad».

Los indios eran objeto de atenciones cuando concurrían a la cuidad para trocar cueros, piedras, plumas de avestruz y otros elementos por aguardiente, tabaco, adornos y telas de vistosos colores; el gobierno les hacía llegar, por intermedio de los pulperos de la campaña, ropa, azúcar, sal y reses, para lo cual invertía anualmente la apreciable suma de dos millones de pesos, aproximadamente.

En 1830 fue clausurado el Colegio de Ciencias Morales, «por no corresponder sus ventajas a las erogaciones causadas»; en su lugar funcionó años más tarde el Colegio Republicano Federal, de carácter privado, cuyo director fue el jesuíta Majesté.

En 1838 se suprimió del presupuesto la partida destinada a la Universidad, la cual en adelante se sostuvo con recursos propios.

También se suprimieron en el mismo año, los sueldos de los maestros de la ciudad y de la campaña; en el decreto se aducía como causa la grave situación de las finanzas, afectadas por el bloqueo francés.

La Casa de Expósitos y el Asilo de Huérfanos quedaron a cargo de la beneficencia privada.

Tanto la entrada de libros como su publicación fueron sometidos a la censura. Sin embargo, el Colegio de Montserrat y la Universidad de Córdoba, en la misma época, siguieron en funciones alcanzando gran esplendor.

Además, Francisco Javier Muñiz realizó trabajos importantes sobre fósiles y enfermedades infecciosas y el escritor italiano Pedro de Ángelis, traído a nuestro país por Rivadavia, ordenó y publicó diversos documentos históricos.

El número de periódicos, que en 1833 alcanzaba a cuarenta y tres, en 1842 bajó a sólo tres: La Gaceta Mercantil, Diario de la Tarde y British Packet, este último escrito en inglés.

En las letras floreció la poesía tendenciosa, anónima en gran parte, escrita para ensalzar a Rosas, su mujer y su hija, así como a los principales jefes y a la Federación.

IMAGENES DE LA ÉPOCA

cultura epoca de rosas

La Sociedad en la Epoca de Rosas

cultura rosista

La Sociedad Rosista

cultura rosista

La Vida de Salón en la Época de Rosas

LA SOCIEDAD ROSISTA

Uniformación de la sociedad.  La ascensión de Rosas al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en 1829, hizo pensar en la iniciación de un período de orden y de conciliación, porque al asumir el poder había prometido el imperio de la ley, de la paz y de la tranquilidad.

«El camino de la ley se ha abierto —-anunció el 8 de diciembre—; los representantes de la provincia me han nombrado gobernador y capitán general: procuraré serlo sin olvidar un solo momento que son hombres los que voy a presidir, que la provincia tiene leyes, y que algún día debo descender. No se recuerde el tiempo funesto que ya pasó, sino para reproducir los juramentos de ser fieles a las instituciones patrias, y de que no vuelva a sentirse entre nosotros el soplo maléfico de la discordia. La salud de la provincia es mi única aspiración, y el bien, el reposo y la seguridad de todos mi principal desvelo».

Sin embargo, las promesas pronto fueron olvidadas y su gobierno fue preparando su perpetuación en el poder, por medio del halago de los instintos de la plebe, el fomento del odio contra sus adversarios políticos y la utilización del terror. Y al asumir el gobierno por segunda vez, en 1835, no vaciló en proclamar el programa de la tiranía, que cumpliría implacablemente.

Tal programa de permanencia en el poder tuvo dos puntos de apoyo: el endiosamiento de Rosas, a quien se le rindió un culto idólatra que tuvo su exteriorización en las «fiestas parroquiales», y la uniformación que impuso al pueblo.

Para lograr la más completa uniformidad de la sociedad, Rosas se preocupó por intensificar el control del gobierno sobre las actividades educacionales, comenzando por imponer la unificación ideológica de los educadores.

En la escuela elemental se exigió, para ser designado maestro, adjuntar una nota especificando las cualidades del candidato respecto a su adhesión a la causa federal y un certificado comprobatorio de que satisfacía las condiciones exigidas.

En la Universidad no cabía tal exigencia; por eso se adoptó el procedimiento más rápido de destituir a todos los profesores que no tuvieran la calidad de federales probados.

Segundo paso tendiente a la uniformación, fué la imposición del distintivo punzó —divisa que «llevan al pecho los amigos del orden y restauradores de las leyes»— para todos los empleados públicos.

Y continuando tal política, se prohibió la expedición de los títulos de abogado y doctor si los candidatos no acreditaban ser «notoriamente adictos a la causa nacional de la federación» y se determinó que al egresar de la Universidad debían prestar juramento de ser constantemente adictos y fieles a la santa causa federal y sostenerla y defenderla en todo tiempo y circunstancia.

LA EDUCACIÓN

Pocas líneas bastan para referir la acción educadora impulsada durante la tiranía de Rosas. En el orden de la enseñanza primaria, sucesivos reajustes del presupuesto escolar determinaron que se fueran clausurando escuelas y que las pocas que pudieron seguir funcionando llevaran una existencia lamentable.

Esta situación se agravó en virtud de la disposición gubernativa, del 28 de abril de 1838, que borró del presupuesto los sueldos de los educadores y condenó a vegetar en la ignorancia a todos aquellos niños cuyos padres no pudieran contribuir al sostenimiento de la escuela.

En el orden de la educación superior, la Universidad entró en un período de decadencia. «Nada se crea, nada se intenta crear durante este período —han escrito Norberto Pinero y Eduardo L. Bidau—, y hasta el anhelo, la aspiración a lo mejor, que en la época precedente condujo a mediciende, desciende siempre, a tal punto que en algunos momen-das tan diversas, desaparece enteramente.

La Universidad  existe poco menos que como una expresión, como un nombre; tan pobre es su enseñanza y tan escasos sus recursos».

Y sintetizando la política universitaria de Rosas, los autores de la «Historia de la Universidad de Buenos Aires» dicen: «Destituciones, represiones humillantes, supresiones inconducentes, cambios sin importancia alguna en el régimen administrativo y en la enseñanza, o cuya bondad no fué aquilatada en la práctica, formalidades vejatorias, el retiro de toda protección oficial: he ahí el cuadro sintético de la Universidad durante este período, desde el punto de vista de la acción gubernativa».

No es de extrañar, pues, que vencida la tiranía, los hombres que reorganizaron la Nación tuvieran que comenzar por restituir las instituciones educativas al estado en que se encontraban antes de que Rosas asumiera el poder.

LAS CIENCIAS NATURALES

Estudios científicos de Francisco J. Muñiz. — En el dominio de las ciencias naturales, y en particular en el terreno paleontológico, fue donde adquirió sus contornos más nítidos la figura de Francisco Javier Muñiz (1795-1871), ilustre médico, destacado profesor universitario y primer hombre de ciencia — verdaderamente digno de este nombre — que contó la República Argentina.

Precedió a su época en medio siglo, al decir de Ameghino, y en el campo científico su personalidad fue la única que se destacó del fondo de las mediocridades de su tiempo, a pesar de que careció de estímulos, tuvo que luchar frecuentemente con la incomprensión del medio y —como lo confesara— debió formarse «sin maestros; sin tener con quien consultar mil dudas; falto de libros, y aun de los medios de tenerlos», librados a los exclusivos recursos de su capacidad.

Ver: Historia de su Vida y Trabajos Científicos

EL TEATRO

Las actividades teatrales durante la época de Rosas revelan en forma inequívoca el predominio de la plebe, masa anónima que impone el auge de los circos, saínetes, pantomimas y, finalmente, de los dramas románticos.

La ascensión de Rosas al poder —1829— coincide con la instalación de los primeros circos importantes, comenzando por el de José Chearini que, después de actuar en el Parque Argentino, pasó al escenario del Coliseo. En 1834 el circo ya está estabilizado como espectáculo.

Y cuando Rosas asume el poder por segunda vez, su primera visita oficial la realiza al «Circo Olímpico», que varios años antes había instalado la Compañía Laforest-Smith. El favor que el público prestaba a estos espectáculos se evidencia en el hecho de que llegaron a funcionar al mismo tiempo dos y tres empresas.
El auge de los espectáculos circenses repercutió en el teatro, pues pasaron a la escena y se asentaron en ella las principales atracciones de los circos: atletas, prestidigitadores, excéntricos, ilusionistas, etc.

Una razón fundamental explica que el circo se convirtiera en la diversión favorita del público: los espectáculos primitivos que brindaba, a los cuales, como a todo lo que tenía carácter plebeyo, apoyó en todo momento la tiranía.

Por eso, señalando el relajamiento que sufrieron las actividades teatrales con la entronización de la dictadura, se ha señalado que la historia de los espectáculos públicos en la época de Rosas no es más que la historia de los circos.

Los saínetes, piezas breves representadas con objeto de provocar hilaridad por medio del ridículo, completaron los programas teatrales en la época de Rosas. Pero, junto al saínete de origen español, fueron surgiendo sainetes criollos que, haciendo concesiones al mal gusto, cayeron a menudo en lo inmoral y lo procaz. Otros sainetes fueron utilizados con fines exclusivamente políticos, como el titulado «Entierro del loco traidor, salvaje unitario Urquiza».

En abril de 1830 se presentó en el Coliseo —el teatro preferido por la masa federal— un nuevo género de espectáculo —el baile-pantomima— que, aunque constituyó de inmediato un éxito popular, implicó desde el punto de vista del arte dramático una regresión.

El relajamiento del teatro, revelado por la popularidad de que gozaron los nuevos espectáculos, se agravó con la penetración de la política en las actividades teatrales.

Esta penetración asumió varias formas: la iniciación de los espectáculos con loas al gobierno; la representación de obras teatrales adaptadas con el fin de demostrar adhesión al gobierno (tal, por ejemplo, «El buen gobernador o el defensor de las leyes»), y la organización de continuas funciones extraordinarias en honor de Rosas.

Por estos medios el teatro se convirtió en un lugar de diversión exclusivamente federal, en el cual tenía inmediata resonancia todo hecho vinculado con el gobierno.

«En él — dice Raúl H. Castagnino— se festejan cada uno de los episodios favorables de la guerra civil, de las guerras de Oribe y Pacheco con Lavalle y Lamadrid, los aniversarios del advenimiento al poder, el 5 de octubre, fecha clásica del federalismo; hasta se celebra, el 3 de noviembre de 1841, la muerte de Lavalle».

Fué natural, en consecuencia, que el pronunciamiento de Urquiza contra la dictadura diera ocasión a que el teatro, por medio de obras adaptadas al caso, se hiciera eco de la agitación del partido rosista.

A la representación de la obra «Juan sin Pena», a la que se agregó el subtítulo «El fin de todo traidor», se refiere Adolfo Saldías, en su «Historia de la Confederación Argentina», con las siguientes palabras: «El actor Jiménez, un criollo mestizo, desempeñaba el protagonista que debía ser ahorcado. Fuese casual, o lo que es más posible, intencional, Jiménez tenía esa noche grande semejanza con el general Urquiza.

El público notó el parecido, y preparado ya por canciones, himnos y proclamas guerreras, prorrumpió en aclamaciones de «¡que lo ahorquen al loco!, ¡que lo ahorquen!» Algunos jóvenes elegantes de los que después han figurado en la política argentina, treparon al proscenio.

La soga tentadora estaba ahí; y entonces parecía que ya no quedaba nada más que verificar en la inofensiva persona del artista un realismo contra el cual éste protestaba, gritándoles con ademanes descompuestos que él era Jiménez y ni por pienso quería ser Urquiza».

LA OPERA

Representaciones líricas. Las representaciones de óperas completas que comenzaron a efectuarse en Buenos Aires en 1825, se interrumpieron tres años más tarde por disolución de la compañía dirigida por Pablo Rosquellas.

Sin embargo, como los integrantes del conjunto permanecieron en la ciudad, pronto comenzaron a organizarse intermedios de canto, que se intercalaban en las representaciones dramáticas, en base a fragmentos de óperas.

Desde 1832 no se efectuaron más representaciones líricas. Dos causas incidieron en la desaparición de la ópera: la falta de buenos cantantes y el bajo precio de las localidades, que no permitía el sostenimiento de una compañía lírica.

Una circunstancia casual, derivada de la presencia del violinista italiano Agustín Robbio, permitió resolver la dificultad financiera. Robbio, pese a los precios exhorbitantes que fijó para su concierto, obtuvo un éxito tan extraordinario que hubo de repetirlo, pues muchas personas no habían podido conseguir localidades.

El favor dispensado por el público decidió al empresario Antonio Pestalardo a organizar una temporada lírica, aprovechando la venida al país de la cantante Nina Barbieri.

En octubre de 1848 se presentó la compañía con el estreno de «Lucía de Lamermoor», de Donizetti.

El éxito rotundo, que señaló el resurgimiento de la ópera italiana, se reveló en las siete representaciones consecutivas de la misma obra y la renovación del cartel con la presentación de «El furioso» y «L’elixir d’amore», también de Donizetti, y «El barbero de Sevilla».

La nueva temporada de 1849 desarrollada también en el Teatro de la Victoria, que era el preferido por la sociedad federal, brindó varias novedades: la incorporación a la compañía de Carolina Berea, que pronto se convirtió en el ídolo de los espectadores; la presentación de un coro más organizado y la confección de decorados y vestimentas adecuadas.

En cuanto al repertorio, es de señalar los estrenos de las óperas «Norma», de Bellini, y «Ernani», de Verdi.

En la temporada siguiente se dieron a conocer nuevas obras, entre otras «Linda de Chamounix», ‘Beatrice di Tendi», «La sonámbula», «I due foscari», «Nabucodonosor», «I puritani’, etc. También se presentaron nuevos intérpretes líricos: el tenor Mugnal, el bajo Ramonde, la soprano Teresa Questa, el tenor Miguel Liguori, y en 1851 Ida Edelvira.

Hasta 1852 se brindaron regularmente representaciones de óperas y, en general, a través de buenas interpretaciones. Esto trajo como consecuencia un resurgimiento de la institución teatral, pues la ópera italiana atrajo al público selecto que se había alejado desde que el teatro había sido invadido por el populacho.

Ver: La Pintura en la Epoca Rosista

Importancia de la Pintura en el estudio de la Historia Investigacion

Importancia de la Pintura en el estudio de la Historia

Las imágenes son recursos valiosos para los historiadores. El análisis de estos materiales -más allá de su valor para la historia del arte- puede servir para conocer cómo la gente se veía y deseaba ser vista, cómo eran sus viviendas, su vestimenta o sus lugares de trabajo, cómo se mostraban en la cotidianeidad o en la vida oficial. Puede servir también para descubrir, en cada época, qué personas, situaciones y acontecimientos se consideraban dignos de ser reproducidos y, de esta manera, puestos a salvo del olvido. Las imágenes que les presentamos a continuación muestran cómo se divertían los distintos sectores de la sociedad porteña en la época de Rosas.

Minuet. Acuarela de Carlos E. Pellegrini, 1831. Pellegrini, un ingeniero saboyano, fue contratado por Rivadavia para realizar trabajos hidráulicos en el país. Cuando llegó al Río de la Plata, en 1828, la situación política había cambiado y se quedó sin trabajo. Comenzó entonces a retratar, con gran éxito, a los personajes de la sociedad porteña. También pintó y dibujó el paisaje de la ciudad de Buenos Aires y de su campaña, y escenas de la vida cotidiana de sus habitantes.

Candombe. Óleo de Martín L. Boneo. Boneo era un pintor argentino, que nació en 1829, año en que Rosas comenzaba su primer período de gobierno. Sus trabajos más importantes son, por lo tanto, posteriores a la caída de Rosas. Entre ellos, es muy conocido su Candombe, en homenaje al Restaurador, pintura que es producto de los recuerdos de su infancia. Boneo se destacó, fundamentalmente, por su labor docente al frente de la Escuela de Dibujo y Pintura, fundada en 1873.

Peinetones en el teatro. Litografía de César H. Bacle, 1834. Bacle era un ginebrino que instaló un taller litográfico en Buenos Aires. Los primeros trabajos fueron retratos e imágenes de carácter político. Luego de 1830, se dedicó también a publicar litografías sobre las costumbres del país. De éstas, las más conocidas integran el álbum Trages y costumbres de la Provincia de Buenos-Aires (sic). En una de sus series, ridiculiza el uso de grandes peinetones, moda impuesta por su fabricante, Mateo Masculino.

Payada en la pulpería. Óleo de Carlos Morel. Morel fue uno de los primeros pintores argentinos egresados de la escuela de dibujo de la Universidad de Buenos Aires. Hasta ese momento, los trabajos más importantes eran realizados por artistas extranjeros que se radicaban en el país, Morel se interesaba por reflejar escenas populares y personajes característicos de la época de Rosas -vendedores ambulantes, gauchos, indios, soldados federales, etcétera-.