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Explicacion de la Globalización Características y Causas Resumen

Resumen: Explicación de la Globalización
Características y Causas

LA GLOBALIZACIÓN: Hacia fines del siglo XX, y en estos primeros años del siglo XXI, los avances de la ciencia y de la tecnología, sobre todo referidos a los medios de comunicación y transporte, permitieron que  las relaciones entre los diferentes lugares del mundo se hicieran más cercanas.  Este proceso de vinculación intercontinental, se conoce como globalización o mundialización, y en él se internacionaliza la economía, la información y la cultura.

Por otro lado el desmoronamiento del régimen político, económico y social vigente en la Unión Soviética y los demás países del bloque socialista real, a fines de la década de los ochenta y principios de los noventa, coincidió con la consolidación de este proceso global que había comenzado a gestarse en los años setenta.

Si bien no existe una definición única y precisa sobre este fenómeno, se puede decir, «que todo lo que sucede en algún lugar del mundo tiene consecuencias en los acontecimientos [que se producen] en muchos lugares del mundo«. En otras palabras, los procesos económicos, sociales, políticos, culturales, etc., cada vez alcanzan mayor interconexión, traspasando las fronteras nacionales con creciente facilidad, por lo que pierden su importancia las distancias temporales y geográficas.

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 Centros y periferias

CAUSAS: Luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido por el dominio de dos potencias hegemónicas: Los Estados Unidos y la Unión Soviética.  Alrededor de las mismas, los demás países del planeta se fueron «alineando», situación que dio lugar a la formación de dos bloques, el bloque occidental o capitalista, liderado por los Estados Unidos y el bloque oriental o socialista, liderado por la Unión Soviética.  Las tensiones entre estos bloques, originaron la Guerra Fría.

Pero, tras la caída de la Unión Soviética y la disolución del bloque socialista, los Estados Unidos se convirtieron en la única superpotencia mundial, sin que nadie pudiese disputarle su liderazgo.  Económicamente, el mundo se organizó alrededor de los grandes centros del capitalismo, que son los Estados Unidos, Japón y Europa Occidental, en los que se toman las decisiones que marcan el rumbo de la economía y la política mundiales.

El comercio se expandió y se hizo mundial.  En la actualidad no circulan solo mercaderías, sino también capitales, seguros, licencias, patentes, productos culturales y artísticos, servicios bancarios, etc.  Los medios de comunicación ofrecen una información «al instante» de todo lo que pasa en cada lugar del planeta, lo que permite conocer las necesidades de cualquier región y, por ende, producir para ese mercado, por lejano que se encuentre, utilizando, según la conveniencia, materias primas de un país y mano de obra de otro.  Este proceso se ve facilitado por el desarrollo de los transportes, ya que los fletes se tornaron más seguros, más rápidos y más baratos.

Las empresas multinacionales ubican sus fábricas en cualquier lugar, teniendo siempre como objetivo la obtención de la mayor cantidad posible de ganancias.  El accionar de las mismas está más allá de cualquier localismo, pues al crearse nuevos lazos o relaciones comerciales basadas en movimientos de dinero, de tecnología o de personas, es muy difícil establecer con precisión de que nacionalidad son las empresas y los productos que éstas fabrican.

La interdependencia comercial, no significa de ninguna manera que todos los pueblos del planeta estén en una situación de igualdad, sino que por el contrario, los países centrales ejercen un dominio económico, financiero, científico y cultural sobre los demás.  Se constituyen así, zonas centrales de gran desarrollo industrial y condiciones de vida adecuadas, contrapuestas a regiones periféricas o subdesarrolladas, con gran atraso económico.

El tercer mundo

Se llamó así, por analogía con el Tercer Estado antes de la Revolución Francesa, al conjunto de países de Asia, Africa y América Latina, que intentaron, a partir de la segunda mitad del siglo XX, salir del dominio que sobre ellos ejercía otro país más poderoso, ya fuese socialista o capitalista.  Actualmente, esta expresión designa a los, países subdesarrollados en general, en los que vive el 75% de la población mundial pero, como muchos países pobres se encuentran en el Hemisferio Sur, y la mayor parte de los países ricos están en el Hemisferio Norte, el problema se plantea en la existencia de un mundo bipolar: norte desarrollado – sur subdesarrollado.

Si bien existen diferencias importantes en cuanto a los niveles de desarrollo de los países del Tercer Mundo, podemos decir que las características principales de los países subdesarrollados son su dependencia económica (también llamada neocolonialismo), de los grandes centros capitalistas mundiales; la coexistencia de un sector industrial dinámico, generalmente controlado por capitales extranjeros, junto con un sector artesanol y agrícola en el que predomina una economía tradicional; además de una desigual distribución de la renta.

De esta manera, la mayoría de la población vive en la pobreza, mientras que un pequeño grupo privilegiado vive en la excesiva riqueza, y los sectores medios, son escasos o inexistentes.  Las necesidades alimentarías no están suficientemente satisfechas, como tampoco esta garantizado el acceso a la salud, a una vivienda digna, a la educación, al trabajo, a la participación política ya la paz.Esta separación entre las zonas ricas y pobres del mundo, es en la actualidad, una importante causa de conflictos, ya que los intent alízado para reducir la brecha no han dado

La aldea global

El escritor canadiense Marshall McLuhan, llamó «aldea global», al fenómeno de interrelación de los habitantes del planeta, por la cual, la población mundial forma una sola comunidad.  Todas las novedades, incluidos los valores, las ideas y los adelantos científicos y culturales, trascienden las fronteras a través de los medios de comunicación, los libros, la música y el cine.  El turismo intercontinental está en auge y el inglés se convirtió en un idioma casi universal.

El fin de la guerra fría terminó con la perspectiva de una tercera guerra mundial de carácter atómico, pero esto no significó que el mundo estuviese libre de guerras en los años venideros.  El tráfico de armas se hizo cada vez más común y permitió que pequeños grupos de rebeldes de diferentes ideologías, pudiesen crear problemas en cualquier parte del mundo, como por ejemplo el IRA, en Irlanda del Norte, o la ETA, en el País Vasco.  Los presupuestos para controlar el accionar de estos grupos aumentaron en los últimos años del siglo XX.

El fracaso del comunismo soviético, tampoco significó que los países debían entrar en un «laissez- faire» total, dejando aspectos fundamentales de las sociedades librados al juego del mercado.  El desempleo ocasionado por la expansión de la tecnología y por el desplazamiento de industrias que cambian de lugar en busca de mano de obra más barata, y la implementación de planes sociales que reduzcan las consecuencias de esta economía globalizada, solo podrán resolverse mediante la adopción de medidas políticas adecuadas.

Para complementar las economías en las diferentes regiones del mundo, se han formado grandes bloques económicos que tienen como objetivo la eliminación de impuestos o barreras aduaneras, aumentar la competitividad de las empresas, y sumar mercados internacionales en forma conjunta.  A veces, estos bloques regionales se proponen también una mayor integración de las sociedades y la cultura de los diferentes pueblos que los componen.

Estos bloques regionales pueden organizarse como una unión aduanera, en la cual se eliminan todos los impuestos aduaneros entre los diversos países miembros; un mercado común, que tiene las características de una unión aduanera pero incluye, además, el intercambio de todos los factores de producción (salarios, rentas, beneficios, intereses); o una unión económica, en la cual, a las características del mercado común se agregan la toma de decisiones en forma conjunta, con respecto a políticas fiscales, monetarias y socioeconómicas.

Los principales bloques económicos en la actualidad son la Unión Europea, (UE), formada por Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Alemania, Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España, Portugal, Austria, Finlandia y Suecia.  Este bloque no tiene sólo intereses económicos, sino también culturales, sociales, sanitarios, científicos y ambientales que beneficien a toda la región.  Lo conforman casi 400 millones de personas y tiene una moneda (Euro), que aspira a ser la única de uso legal para todos los países de esta Unión.

En América del Norte, los Estados Unidos, Canadá y México, organizaron el Acuerdo de Libre Comercio deNorteamérica (NAFTA), en el cual, los países que lo integran se propusieron liberar poco a poco, a partir de 1992, y en un lapso de 15 años, el comercio entre estos tres países.

En América Latina, existen más de cuarenta organismos, de los cuales los más importantes son: el Mercado Común Centroamericano (MCCA), laComunidad del Caribe (CARICOM), el Pacto Andino, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), éste último configurado en el año 1991, a través del Tratado de Asunción, por los países de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los cuales se uniría en 1996 Chile.  Tiene como objetivo, lograr la libre circulación de bienes y servicios, coordinar las políticas comerciales, las actividades agrícolas, económicas y científicas, para lograr mejores condiciones de vida de los habitantes de la región

 El debilitamiento del Estado-Nación

Esta institución, en los últimos años del siglo XX, fue perdiendo poder, entre otras causas porque grandes estados se desintegraron formando estados más pequeños, o porque transfirieron parte de su poder a los organismos supranacionales de la región, poniéndose de manifiesto su incapacidad para lograr imponer la ley y conservar el orden público.

Sin embargo, su papel es más necesario que nunca en estos años de la globalización, pues su función especifica en el gobierno de los diferentes países , aun no ha sido reemplazada por nadie.

La desregulación del Estado

La desregulación del Estado implantada durante la década de 1990, es decir, su paulatina retirada de la actividad productiva y de la intervención en los mercados, es funcional a la creciente unificación de las relaciones económicas y financieras de todo el planeta.

Esto es así por cuanto la reducción creciente del peso del Estado en las decisiones del mercado posibilita que los flujos de mercancías y de recursos financieros se muevan cada vez con mayor libertad. A la vez, la privatización de los servicios públicos se orienta en la misma dirección que las otras transformaciones.

El Estado más pequeño y menos comprometido con las acciones relacionadas con los sectores sociales de bajos ingresos requiere -al menos en teoría- ingresos menores. Esta situación repercute en la estructura tributaria, ya que debido a la necesidad de bajar costos y tornar competitiva la actividad productiva, esta estructura está en condiciones de revertirse, de modo tal que la presión impositiva sobre las empresas se reduzca.

¿Acaso la globalización y la liberación de los mercados condenan a los estados nacionales a ser desplazados definitivamente del papel que desempeñaban como reguladores del ciclo económico, de modo que no perturben y gasten cada vez menos? ¿Hay algún espacio posible de acción para quienes diseñan políticas nacionales desde el Estado o estamos condenados, por la globalización, a renunciar de modo irreversible a tales políticas?

Globalización y derechos humanos

Sin duda, el hecho de que el Estado se haya desprendido de algunas de sus funciones se puede vincular a los requisitos y prácticas de la globalización. La globalizadón parecería ofrecer más desventajas que ventajas a los habitantes de los Estados menos favorecidos en el reparto de la riqueza, pero en la actualidad aparece una nueva dimensión por explorar: los derechos humanos.

El carácter universal de ciertos derechos inherentes a la dignidad del ser humano —derechos que no se le pueden negar a nadie por motivos de religión, etnia, nacionalidad, sexo o cualquier otra condición— como el de residir en la tierra de sus padres sin sufrir persecución ni discriminación alguna, el de vivir con dignidad donde se encuentre, el de elegir libremente su vida, sus creencias —respetando la libertad del prójimo— el de acceder sin obstáculos al saber, a la salud, a una vida digna y honorable es la base del reclamo de algunas instituciones internacionales y organismos no gubernamentales, que exigen su respeto, por encima de las divisiones estatales.

Pero este reclamo choca con los derechos de los Estados que arguyen que no solo ejercen poder sobre una determinada comunidad y un determinado territorio, sino que también deben defenderse de la intervención de los agentes externos. Así, la defensa en escala internacional de los derechos humanos puede ser considerada —por algunos gobiernos— como una intervención no autorizada en los asuntos internos del Estado.

La ciudad global

La globalización de la economía determinó el surgimiento de nuevos tipos de ciudades: las ciudades globales, que conforman los centros de comando de la nueva economía global. Allí se concentran las sedes de los principales bancos y los principales mercados financieros, así como los centros de producción de servicios avanzados en escala mundial.

Las tres ciudades globales típicas son Nueva York, Londres y Tokio. Otros centros importantes de servicios financieros y empresariales en escala internacional son Hong Kong, Osaka, Frankfurt, Zurich, París, Los Ángeles, San Francisco, Amsterdam y Milán.

Otras ciudades, sin ser «ciudades globales» propiamente dichas son importantes en escala regional, a medida que surgen «mercados emergentes» en distintos países del mundo; por ejemplo, Madrid, Sao Paulo, Buenos Aires, México, Taipei, Moscú y Budapest.

El hecho de convertirse en un centro de la economía global ha implicado fuertes transformaciones en las ciudades que se han convertido en sedes de estos procesos. En general, estas ciudades han experimentado una fuerte suba de los valores de los terrenos y de los edificios. Además, han requerido cuantiosas inversiones, tanto públicas como privadas, para adaptarse a las exigencias de estas nuevas funciones. Infraestructura de transporte (aeropuertos, autopistas, ferrocarriles urbanos); telecomunicaciones; edificios de oficinas «inteligentes», hoteles cinco estrellas, centros de convenciones, centros culturales, centros comerciales, etc., son algunos de los elementos que forman parte de estas adaptaciones que expresan la conexión con la economía global.

Globalización y consumo

Hasta hace algunos años, muchos de los bienes destinados al consumo se producían en el propio país, había aduanas estrictas y barreras arancelarias que cada uno de los países imponían para priorizar las producciones nacionales por sobre los bienes importados.

A partir de la consolidación de la economía globalizada, las formas de consumo se han difundido por el mundo y resulta habitual que determinados objetos o costumbres que estaban asociadas a determinadas áreas del mundo, hoy se manifiesten en países muy distintos de aquellos en los cuales tuvieron origen: las casas de comidas rápidas (fastfood) o el consumo de bebidas gaseosas constituyen dos ejemplos de costumbres culinarias estadounidenses actualmente extendidas a todo el mundo.

Sin embargo, especialmente en los países más pobres, gran parte de la población queda fuera de este circuito y solo accede al mensaje publicitario de espacios y productos elaborados para las personas que pueden adquirirlos en el mercado. El nivel de ingreso, que es desigual entre diferentes sectores de la población, se interpone entre el deseo y el consumo real.

Dentro de la globalización de los mercados, las hamburguesas y las bebidas colas lleva la delantera. Niños y adolescentes son sus principales consumidores. No hay duda que para los adolescentes de entre 10 y 16 años la hamburguesa ejerce un mágico poder de seducción. A veces los padres también la eligen.

La hamburguesa nació a orillas del estuario del río Elba, en Hamburgo, Alemania. Se la encontraba en todos los bares de Hamburgo con el nombre de Frikadelle. Pero su fama comenzó cerca de otro río, el Mississippi, en la ciudad de St. Louis, en los Estados Unidos. Ahí la llevaron unos comerciantes alemanes, a una exposición mundial, en 1904, a los que se les ocurrió darle una forma más aplanada que su original alemán y colocarla entre dos mitades de pan.

Rápidamente los americanos del norte se convirtieron en adictos a estos panecillos rellenos a los que llamaron con el nombre de los comerciantes que los llevaron. Había nacido la hamburguer, es decir, la hamburguesa y sus variedades. Si en el medio del pan se le pone jamón ahumado o panceta se llama Bacon-burguer; con queso, Cheeseburger; con lomo, Beefburguer, con salchichitas de Frankfurt, Franfburguer.

En 1955 se creó en Los Angeles el primer «limpio y rapidísimo» restaurante de hamburguesas, acompañadas de papas fritas en bolsitas y una bebida cola. El éxito hizo que en los próximos años se crearan cadenas de estos restaurantes a lo largo y ancho de muchos países del mundo, todos con características semejantes: muy limpios y donde se puede comer muy rápido este menú que siempre tiene el mismo esquema: la hamburguesa, las papas fritas y la bebida «cola».

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

¿De Que Nacionalidad Es El Pontiac?: «En estas redes mundiales, los productos son combinaciones internacionales. Lo que se intercambia entre las naciones es con menos frecuencia el producto terminado que la especialización para resolver los problemas (investigación, diseño del producto, fabricación), para identificarlos (marketing, publicidad, encuestas al consumidor), y para coordinar los servicios (financiamiento, búsqueda, contrataciones), así como ciertos servicios y componentes de rutina, todo lo cual se combina para crear valor.

Por ejemplo, cuando un norteamericano compra un Pontiac Le Mans a General Motors, inconscientemente está realizando una transacción internacional. De los 10.000 dólares que paga a General Motors, cerca de 3.000 van a Corea del Sur, donde se efectuaron los trabajos de rutina y las operaciones de montaje; 1.750 dólares van a Japón por la fabricación de los componentes de vanguardia (motores, eje de dirección e instrumentos electrónicos); 750 dólares a Alemania por el diseño y el proyecto del prototipo; 400 dólares a Taiwan, Singapur y Japón por los pequeños componentes; 250 dólares a Gran Bretaña por los servicios de marketing y publicidad; y cerca de 4.000 dólares pasan a los intermediarios estratégicos de Detroit, a los abogados y banqueros de Nueva York, a los ‘lobbistas’ de Washington, a las aseguradoras de todo el país, y a los accionistas de General Motors -la mayoría de los cuales son norteamericanos, aunque hay un número creciente de extranjeros-.»

ROBERT REICH.
El trabajo de las naciones. Hacia el capitalismo del siglo XXI.
Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1993.

PROBLEMAS:

Las tendencias a la globalización están dejando también al descubierto nuevos problemas.

■ En lo cultural la universalización uni-ficadora. tiene el peligro de hacer perder la identidad, la personalidad de individuos y pueblos. Esto lleva a la sensación de «pérdida de lugar en el mundo» y, para contrarrestarla, está resurgiendo en muchos casos la tendencia contraria: un nacionalismo agresivo y un renacimiento del racismo que está desatando conflictos de un alto grado de violencia.

■ En lo social, la idea de que el mercado por sí sólo puede regular la vida de una sociedad ha debilitado o ha hecho desaparecer el rol que cumplía el Estado en los servicios sociales, en la educación, en la salud y en la protección de los más necesitados. Amplios sectores están quedando desguarnecidos y marginados, como consecuencia de la aplicación de estas políticas globaliza-doras en América latina.

■ En lo político, la consecuencia es la de un creciente descreimiento del papel de las instituciones públicas para resolver los asuntos públicos, lo que puede debilitar las recientemente recuperadas democracias latinoamericanas.

El dilema del futuro próximo pasa alrededor del papel que deberá cumplir en esta etapa el Estado, su relación con el mercado y el conjunto de los problemas sociales y culturales. De no resolverse, las consecuencias de la pobreza, la violencia, la exclusión social, el racismo, crearán un marco apropiado para nuevos autoritarismos y pérdida de las libertades.

Fuente Consultada:
Economía Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

Guerra Estado Unidos-Irán: La Invasion en la Administracion Bush

Estado Unidos-Irán: La Invasion en la Administracion Bush

Cuando la Política Fracasa
Estados Unidos está descubriendo nuevamente los límites del poder militar. En Irak mantiene un control aéreo absoluto, pero no deja de perder terreno. Su mera presencia incita a la violencia. Aunque el presidente George W Bush cree que ha protegido a los estadounidenses “llevando la guerra al enemigo”, más de 1.700 estadounidenses han muerto en el conflicto con Irak, que también ha provocado atentados terroristas contra los aliados de EE.UU., como las terribles explosiones de Londres.

 Naturalmente, el error del gobierno de Bush es descuidar la política en sus cálculos bélicos, o seguir ciegamente el dicho de que la guerra es la política por otros medios. De hecho, la mayoría de las guerras son un fracaso de la política, un fracaso de la imaginación política.

Con su fariseísmo y su falta de conocimientos históricos o culturales, Bush y sus asesores creyeron que invadir Irak sería fácil, que el ejército de Saddam Hussein se desmoronaría, y que Estados Unidos sería recibido como un libertador. No comprendieron que Irak ha sido durante mucho tiempo un país ocupado y manipulado desde el exterior.

En consecuencia, es lógico que a los iraquíes la ocupación les parezca tan sólo un episodio más de explotación extranjera. En general, se entiende que el petróleo, no el terrorismo, fue el motivo inicial de la guerra; una guerra planeada por los principales asesores de Bush durante la década de 1990 y posibilitada por su acceso al poder en 2001. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 proporcionaron la luz verde, no la motivación básica.

Los iraquíes se percatan de todo esto. No ven la negativa de Bush a establecer una fecha tope para la retirada de las tropas como un signo de resolución, sino como una declaración de la intención estadounidense de permanecer en Irak, establecer un régimen títere, controlar el petróleo del país e instalar bases militares permanentes.

Pero no va a funcionar. Hay, sencillamente, demasiadas fuerzas políticas reales sobre el terreno en Irak como para que Estados Unidos pueda manejarlas, y estas fuerzas exigen cada vez más un calendario para la retirada estadounidense, al igual que hacen legiones de iraquíes en las manifestaciones públicas y en las oraciones en las mezquitas. Sólo la política, y no las armas, puede calmar la situación. Vietnam es un verdadero precedente.

El número de muertos y heridos vietnamitas fue quizá veinte veces superior al de estadounidenses, pero aun así Estados Unidos no consiguió someter al adversario al que se enfrentaba. Podía bombardear ciudades de Vietnam hasta convertirlas en escombros, como puede hacer en Irak, pero esto no resuelve nada, se cobra enormes cantidades de vidas inocentes y confirma la opinión de que los estadounidenses son ocupantes.

Todo esto tiene también un aspecto económico. La doctrina de política exterior estadounidense establece que la seguridad nacional del país descansa sobre tres pilares: defensa, diplomacia y desarrollo. La ayuda económica a los países pobres es crucial, porque la pobreza proporciona el combustible para la violencia, el conflicto e incluso el terrorismo. Pero la diplomacia y el desarrollo ocupan el segundo y el tercer lugar tras los planteamientos defensivos —y más precisamente militares— en el gasto estadounidense en política exterior.

Si Estados Unidos se basara en la política y no en la guerra, entendería que el aumento del gasto en desarrollo, y un enfoque comercial en Asia, Africa y Medio Oriente, en lugar del actual método militar, serían más útiles para los intereses estadounidenses. Lo que sacó a Muammar Kaddafi de su aislamiento no fue el bombardeo de Libia sino la diplomacia pacífica. El mismo método habría sido mucho menos costoso y más prometedor con respecto a Saddam Hussein.

El ejército puede proteger a Estados Unidos de un ataque militar convencional, pero no puede protegerlo de la política. Para eso, los estadounidenses tienen que ser más listos e invertir en desarrollo pacífico en lugar de construir bases militares en territorios que durante mucho tiempo han sido objeto de abusos.


LA DECADENCIA DEL IMPERIO AMERICANO EL TITÁN TAMBALEANTE

Por TIMOTHY GARTON ASH
*Historiados británico, profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford

Si quieren saber cómo era Londres en 1905, vean cómo está Washington en 2005. Gravitas imperial y tremendamente convencido de su importancia. Esa sensación de ser el centro del mundo y necesitar saber lo que ocurre en todos los rincones porque es posible que le pidan —o, al menos, que se sienta llamado— a intervenir. La hiperpotencia. El perro más fiero. Y, sin embargo, royendo bajo la superficie, el miedo persistente a que la supremacía mundial que posee no esté, ni mucho menos, tan segura como le gustaría. Como dijo en 1902 el ministro británico de las Colonias, Joseph Chamberlain:

“El titán cansado se tambalea bajo la esfera desmesurada de su destino”.

 george bushAhora, Estados Unidos es ese titán cansado. En el caso británico, la angustia nació de un conflicto inesperadamente prolongado, sangriento y costoso, la guerra de los boers —en la que un pequeño grupo de rebeldes extranjeros desafió al ejército más poderoso que había visto el mundo—, la preocupación por el creciente poder económico de Alemania y Estados Unidos y una combinación de agotamiento imperial y problemas socioeconómicos en casa. En el caso de Estados Unidos, la angustia es resultado de un conflicto inesperadamente prolongado, sangriento y costoso: la guerra de Irak, en la que un pequeño grupo de rebeldes extranjeros desafía al ejército más poderoso que ha visto el mundo; la preocupación por el creciente poder económico de China e India, y una combinación de agotamiento imperial y problemas socioeconómicos en casa.

Irak es la guerra de los boers de Estados Unidos. Recordemos que, cuando Gran Bretaña declaró el fin de las grandes operaciones de combate, en el verano de 1900, los boers emprendieron una campaña guerrillera que mantuvo en vilo a los soldados británicos durante dos años más. Si estos consiguieron vencer fue sólo gracias a una actitud despiadada que —me alegra decir— un país democrático, escrupuloso y esencialmente anticolonialista como Estados Unidos parece incapaz de tener. Al final, Londres contaba con 450.000 soldados británicos y coloniales en la zona (frente a los 150.000 soldados estadounidenses en Irak) que encerraron aproximadamente a la cuarta parte de la población boer en campos de concentración, donde muchos murieron.

En un reciente sondeo de CNN/Gallup, el 54% de los entrevistados pensaba que fue un error enviar tropas estadounidenses a Irak, y el 57% decía que la guerra de Irak ha hecho que Estados Unidos esté menos a salvo del terrorismo. El campamento de los que protestan ante el rancho del presidente Bush en Crawford, surgido alrededor de la madre de un soldado muerto en Irak, es un símbolo del sufrimiento. La CNN emitió un documental, realizado a partir de fuentes de primera categoría, que explicaba con detalle que las informaciones sobre las armas de destrucción masiva de Saddam se tergiversaron, manipularon y adornaron, y que estaban, como el título del programa, completamente vocadas. Para los lectores británicos europeos no es ninguna novedad, pero en Estados Unidos no se han difundido tanto datos. En otro sondeo, el número de la consideraban sincero al presidente pero por primera vez, inferior al 50%. Esta serna vuelto a tratar de obtener más apoyo p administración y para la guerra, pero fi rece que lo esté logrando.

EL COSTO DE LA GUERRA. Una reciente de The New York Times calculó los costo posible y verosímil de la guerra de largo plazo: más de un billón de dólares que los políticos iraquíes hayan llegado consenso sobre el proyecto de Constitución hay que ser muy optimistas para pensar que vaya a servir para que Irak se convierta en república federal democrática, pacífica y estable. Irán está adquiriendo discretamente cada vez más poder en la zona chiita del sur de Irak. En Washington se cuenta un chiste: se; la guerra, y ganaron los iraníes.

Mientras tanto, los precios del Petróleo —más de 60 dólares el barril— hacen que surtidores estadounidenses, la gasolina normal sin plomo cueste casi tres dólares el galón. Si se mantienen los altos precios de la energía se pondrán en peligro no sólo una economía todavía llena de fuerza, sino todo un estilo de vida, simbolizado por el Hummer en  sus versiones  civil y militar. Además de la inestabilidad  en Oriente Próximo, la causa principal de que  suban los precios del petróleo es constante demanda  de energía de los nuevos gigantes económicos de Asia. Los chinos van por mundo firmando calladamente grandes contratos de suministro de petróleo con todos países productores que encuentran, sin tener en cuenta si son políticamente rechazables, como en el caso de Sudán e Irán. Una empresa china intentó comprar una gran compañía energética de California, pero eso fue demasiado. Los políticos estadounidenses impidieron el trato.

China e India son para Estados Unidos lo que Alemania y Estados Unidos eran para Gran Bretaña hace cien años. China es en estos momentos la segunda economía consumidora de energía del mundo, después de Estados Unidos. Además posee la segunda reserva de divisas extranjeras, después de Japón y por delante de Taiwán, Corea del Sur e India. En esta lista, Estados Unidos está en noveno lugar, detrás de Singapur y justo delante de Malasia. Según algunos economistas, el índice de ahorro neto real —teniendo en cuenta toda la deuda y el gasto público— de Estados Unidos es cero. Nada. Es un país que no ahorra; es un país que gasta.

Todo esto no quiere decir que Estados Unidos vaya a derrumbarse mañana. Ni mucho menos. Al fin y al cabo, el imperio británico duró 40 años más después de 1905. Es más, alcanzó su máxima dimensión después de 1918, antes de que firmara su sentencia de muerte al invertir su sangre y su dinero en derrotar a Adolf Hitler (hay otras maneras peores de morir). Ahora es de imaginar que el imperio informal de Estados Unidos, su red de bases militares y semi protectorados, va a seguir creciendo. Estados Unidos, como la Gran Bretaña eduardiana, posee todavía tremendos recursos económicos, tecnológicos y militares, atractivo cultural y, cosa importante, el deseo de seguir en la cima. Como proclamaba una cancioncilla en una revista musical inglesa de la época:

Tenemos intención de seguir siendo el perro más fiero. Guau, guau.

Sí, señor, tenemos intención de seguir siendo el perro más fiero.

Hoy no hace falta buscar mucho para oír ese estribillo en Washington. La estrategia de seguridad nacional del gobierno de Bush no oculta su objetivo de conservar la supremacía militar. Ahora bien, no se sabe si el siglo americano, que comenzó en 1945, durará hasta 2045, 2035 o sólo 2025; pero su final se vislumbra ya en el horizonte. Si resulta que ustedes son de los que, de forma instintiva, consideran que eso es motivo para alegrarse, párense un momento a pensar y tengan en cuenta dos cosas: la primera, que las oscilaciones de poder entre las grandes potencias en ascenso y en decadencia han ido tradicionalmente acompañadas de guerras terribles, y, segunda, que el próximo perro más fiero puede ser mucho peor.

Así pues, no es momento para alegrarse del mal ajeno. Es hora de una solidaridad fundamental. Algunas personas con visión de futuro en Washington están empezando a formular una estrategia a largo plazo para tratar de crear un orden internacional que proteja los intereses de las democracias liberales incluso después de que entre en declive la hiperpotencia estadounidense, y para intentar que las nuevas potencias, como China e India, se comprometan a mantener dicho orden. Eso es lo que tiene que hacer el titán cansado de hoy, y todos debemos ayudarle.

Por Jeffrey S. Sachs (*)Catedrátjco de la Universidad de Columbia. Project Syndicate

Crecimiento economico de Asia:China,Japon,India, un cambio global

Crecimiento económico de Asia: Cambio global

costa de país occidentalLa transferencia de poder de Occidente a Oriente se está realizando a un ritmo acelerado y el contexto en que tienen lugar los retos internacionales pronto cambiará notablemente, así como los retos mismos. Muchos en Occidente ya son conscientes de la creciente fortaleza de Asia. Sin embargo, el hecho de que sean conscientes no quiere decir que estén preparados. Y ahí está el peligro: que los países occidentales repitan sus errores del pasado.

Los cambios más importantes de poder entre estados, por no mencionar las regiones, ocurren con poca frecuencia y muy rara vez de manera pacífica. A principios del siglo XX, el orden imperial y los estados en ciernes de Alemania y Japón no lograron ajustarse entre sí. El conflicto así generado devastó grandes partes del planeta.

Hoy la transformación del sistema internacional será aún mayor y requerirá que se asimilen tradiciones políticas y culturales marcadamente diferentes. Esta vez son los superpoblados estados asiáticos los que buscan desempeñar un papel más destacado. Como Japón y Alemania en aquel entonces, estas potencias emergentes son nacionalistas, buscan reparaciones de los agravios del pasado y quieren exigir una buena posición en el panorama mundial.

El creciente poder económico de Asia se está convirtiendo en mayor poder político y militar, lo que incrementa el peligro potencial de conflictos. En la región, los puntos de mayor riesgo de hostilidades —Taiwán, la península de Corea y la Cachemira dividida— han desafiado cualquier solución pacífica. Cualquiera de ellos podría detonar una guerra de gran escala que haría parecer a las actuales confrontaciones de medio Oriente meras operaciones policíacas. En breve, lo que está en juego en Asia es de enormes proporciones y exigirá de Occidente toda su capacidad de adaptación.

mapa

Hoy, China es la potencia en ascenso más obvia. Pero no está sola: India y otros estados asiáticos ostentan tasas de crecimiento que podrían  aventajar a lasa de los países occidentales mas importantes en las décadas por venir.

La economía de China crece a más de 9% al año, la de India, a 80 o, y los “tigres” del Sudeste Asiático se han recuperado de la crisis financiera de 1997 y han reanudado su marcha hacia adelante. Se espera que la economía china duplique la de Alemania para 2010 y dé alcance a la de Japón, hoy día la segunda más grande del mundo, para 2020. Si India sostiene un crecimiento de 60 o durante 50 años, como lo creen posible algunos analistas financieros, igualará o superará a la de China en ese lapso.

No obstante, es probable que el extraordinario ascenso económico de China continúe durante varias décadas; es decir, si puede salir airosa de los tremendos trastornos causados por el rápido crecimiento, como son la migración interna de las áreas rurales a las urbanas, los elevados niveles de desempleo, la enorme deuda bancaria y la corrupción imperante. En estos momentos, China está enfrentando una prueba crucial en su transición hacia la economía de mercado. Experimenta alzas inflacionarias, burbujas en la propiedad inmobiliaria e insuficientes recursos básicos como petróleo, agua, electricidad y acero.

Beijing está restringiendo la oferta de dinero y los préstamos bancarios grandes, a la vez que  continúa esforzándose por  limpiar a fondo el frágil sector bancario. También acaba de elevar el valor de su moneda, fijada al dólar, para abatir el costo de las importaciones. Si esos intentos de enfriar la economía de China —que es mucho mayor y más descentralizada de lo que era hace 10 años, cuando se mantuvo sobrecalentada— no funcionan, la economía podría derrumbarse.

Aunque fuera temporal, una quiebra tan enorme tendría consecuencias terribles. Hoy China es un actor tan importante en la economía global que su salud está inextricablemente ligada a la del sistema en general. China se ha convertido en el motor que impulsa la recuperación de otras economías asiáticas de los reveses de la década de 1990. Por ejemplo, Japón se ha vuelto el mayor beneficiario del crecimiento económico chino, y sus principales indicadores económicos entre ellos el gasto del consumidor, han mejorado en consecuencia.

Las últimas cifras oficiales indican que el PIB real de Japón se elevó a una tasa anual de 6,4% en el último trimestre de 2003, el crecimiento más alto de cualquier trimestre desde 1990. Gracias a China, Japón puede estar saliendo por fin de una década de malestar económico. Pero esa tendencia podría no persistir si China cae en la bancarrota.

India también adquiere mucha importancia en la pantalla del radar. A pesar del vacilante progreso de sus reformas económicas, India se ha lanzado en una firme trayectoria ascendente, impulsada por sus grandes éxitos en software y las industrias de servicios a empresas, que apoyan a corporaciones en Estados Unidos y otras economías avanzadas. La regulación sigue siendo ineficaz, pero un cuarto de siglo de reformas parciales ha permitido que surja un dinámico sector privado. El éxito económico también está empezando a cambiar las actitudes de fondo: después de 50 años, muchos indios están abandonando por fin su papel de víctimas de la era colonial.

Otros estados del Sudeste Asiático están integrando firmemente sus economías en una red más amplia mediante tratados comerciales y de inversión. Sin embargo, a diferencia del pasado, China (y no Japón ni Estados Unidos) es el eje del fenómeno.

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Los miembros de la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), por fin, están considerando seriamente una unión monetaria. El resultado podría ser un enorme bloque comercial, que representaría buena parte del crecimiento económico de Asia… y del mundo.

LAS PRESIONES DEL ÉXITO.

Apenas empieza el ascenso de Asia, y si las grandes potencias regionales se mantienen estables y mejoran sus políticas, el rápido crecimiento podría continuar durante décadas. Un sólido éxito, no obstante, viene inevitablemente acompañado de varios problemas.

El primero y principal de ellos será las relaciones entre los países más importantes de la región. Por ejemplo, Japón y China nunca han sido poderosos al mismo tiempo: por siglos, China fue fuerte mientras Japón estaba empobrecido; durante la mayor parte de los últimos 200 años Japón fue poderoso y China débil. Que los dos sean poderosos en la misma era será un desafío sin precedentes. Por su parte, India y China no han resuelto su disputa fronteriza que lleva ya 42 años y mantiene la desconfianza entre ellas. ¿Es posible que hoy coexistan estas tres potencias, o chocarán entre sí por el control de la región, el acceso a las fuentes energéticas, la seguridad de las rutas marítimas y la soberanía en las islas del sur del Mar de China?

Cada uno de los aspirantes asiáticos está implicado en explosivos conflictos territoriales, y cada cual tiene variables presiones internas: trastornos demográficos, rígidos sistemas políticos, luchas étnicas, frágiles instituciones financieras y corrupción generalizada. Como en el pasado, las crisis internas podrían provocar confrontaciones internacionales.

Taiwán es el ejemplo más peligroso de este riesgo. Han pasado ya más de 30 años desde que Estados Unidos combinó el reconocimiento de una China con la petición de una solución pacífica de la cuestión de Taiwán. Aunque los lazos económicos NT sociales entre la isla y el continente han crecido desde entonces, las relaciones políticas se han deteriorado. Taiwán, con su actual presidente, parece pretender poco a poco la independencia absoluta, mientras la China continental sigue buscando su aislamiento y amenazándola con desplegar 500 misiles a lo largo del Estrecho de Taiwán.

Estados Unidos, actuando de acuerdo con su compromiso con la seguridad de Taiwán, ha proporcionado a la isla equipo militar cada vez más sofisticado. A pesar de las advertencias estadounidenses a cada lado, si Taiwán traspasa la línea entre la autonomía provisional y la independencia o si China se torna más impaciente, la región podría estallar.

La región de Cachemira sigue dividida entre una India y un Pakistán dotados de armas nucleares. Desde 1989, el conflicto ha costado unas 40.000 vidas, muchas de ellas en choques en la Línea de Control que separa a los dos beligerantes. Recientemente, India y Pakistán han suavizado su retórica belicista entre una y otra, pero ningún lado parece dispuesto a un arreglo aceptable para ambos. Las inestabilidades económicas o políticas en Pakistán podrían fácilmente volver a detonar el conflicto.

Corea del Norte es otro de los puntos de mayor riesgo. Varias rondas de conversaciones recientes de seis partes, auspiciadas por China, no han logrado persuadir a Kim Jong Ii de que desmantele su programa de armas nucleares a cambio de garantías de seguridad y ayuda a la decrépita economía de Corea del Norte. Más bien, las pláticas han traído recriminaciones: hacia Estados Unidos, por ofrecer demasiado poco; hacia Corea del Norte, por seguir siendo intransigente, y hacia China, por aplicar una presión insuficiente a su vecino dependiente.

Pruebas sacadas a la luz recientemente indican que los esfuerzos nucleares de Corea del Norte están más avanzados de lo que antes se creía. Como advirtió el vicepresidente Dick Cheney a los dirigentes de China en su visita de abril, el tiempo puede estar acabándose para llegar a una solución negociada de la crisis.

EL CAMBIO DE PRIORIDADES.

Por más de un siglo, Estados Unidos ofreció estabilidad en el Pacífico mediante su presencia militar, sus alianzas con Japón y Corea del Sur y su compromiso con la promoción del progreso económico. En efecto, en sus primeros días, el gobierno de Bush subrayó su intención de fortalecer esos lazos tradicionales y de tratar a China más como un competidor estratégico que como un socio para el futuro. Sin embargo, los acontecimientos recientes (entre ellos los ataques del 11 de septiembre de 2001) han modificado el énfasis de la política exterior estadounidense. Hoy se espera mucho menos de Corea del Sur que en el pasado, gracias en parte a los nuevos dirigentes de Seúl, que representan una generación más

joven de coreanos afines a China y mal predispuestos a Estados Unidos y que no temen al Norte.

Entre tanto, Japón, de cara a una China en ascenso, una Corea del Norte con armas nucleares y una creciente tensión con Taiwán se siente inseguro. Por ello se ha comprometido a desarrollar un sistema de defensa de misiles con ayuda estadounidense y estudia flexibilizar sus limitaciones constitucionales sobre el desarrollo y despliegue de sus fuerzas armadas.

Esas medidas han inquietado a los vecinos de Japón, que podrían sentirse aún más incómodos si Japón pierde la fe en su garantía de seguridad brindada por Estados Unidos y optara por construir en su lugar su propia disuasión nuclear. Peor sería, desde la perspectiva estadounidense, que China y Japón buscaran una alianza estratégica entre ellos en lugar de tener relaciones paralelas con Estados Unidos. Para adelantarse a ello, Washington debe evitar, en todos sus manejos con China y las dos Coreas, sembrar algún género de dudas en Japón acerca de sus obligaciones en la región.

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Sin embargo Japón, dados sus actuales problemas económicos y demográficos, no puede ser el centro de ningún arreglo de poder en Asia. Más bien, ese papel será desempeñado por China y, a la larga tal vez, por India. Por ello, las relaciones con estos dos gigantes en crecimiento son esenciales para el futuro, y el compromiso debe ser la orden del ella, aun cuando algunos funcionarios de Bush sigan convencidos de que Estados Unidos y China acabarán siendo rivales. Para ellos, la realidad estratégica es incompatible con los intereses vitales.

En términos militares, Estados Unidos está protegiendo su posición con la más amplia realineación de su poder en medio siglo. Parte de esta realineación es la apertura de un segundo frente en Asia. Estados Unidos ya no está emplazado en varias grandes bases de apoyo en el Pacífico frente al continente asiático; en la actualidad ha realizado movimientos importantes hacia el corazón mismo

de Asia, al construir una red de bases más pequeñas, ubicadas en los más remotos rincones de Asia Central. La justificación manifiesta de estas bases es la guerra contra el terrorismo. Pero hay analistas chinos que sospechan que la intención verdadera de estas nuevas posiciones estadounidenses, sobre todo a partir de la reciente intensificación de cooperación militar de Washington con India, es la suave contención de China.

Por su parte China está modernizando sus fuerzas armadas, tanto para mejorar su capacidad de ganar un conflicto sobre Taiwán como para disuadir la agresión estadounidense.

Ahora la doctrina militar china se enfoca en contrarrestar las capacidades de alta tecnología de Estados Unidos: redes de información, aeronaves “invisibles”, misiles crucero y bombas dirigidas de precisión.

Los estadounidenses suspicaces han interpretado el aumento de los presupuestos militares chinos como signos de la intención de Beijing de reducir la presencia estadounidense en Asía del Este. Por eso Washington está ansioso por usar a India, que está dispuesta a acrecentar su poder económico y militar, como contrapeso de China y como fuerte defensor de la democracia por propio derecho. India, para encarnar estos papeles, necesita acelerar el ritmo de sus reformas económicas y evitar el nacionalismo hindú asociado al Partido Bharatiya Janata (PBJ), que sufrió una sorprendente derrota en las recientes elecciones parlamentarias. Funcionarios del triunfante Partido del Congreso se comprometieron a continuar con sus reformas económicas y, al mismo tiempo, a resolver las necesidades de los pobres del campo que a través del voto los llevaron de nuevo al poder. Envalentonados por la victoria, los voceros del Partido del Congreso dijeron que defenderían el incremento de la tasa de crecimiento anual de India a 1 O0/o, a partir de su actual ocho por ciento.

A menos que el Congreso siga con su secular tradición de gobernar, reducirá cualquier utilidad que India pudiera obtener de la campaña estadounidense de contrarrestar la influencia de los fundamentalistas islámicos radicales. A la fecha, la ideología religiosa que se opone a todo gobierno secular ha generado sólo un moderado arrastre entre las grandes poblaciones musulmanas de India y los estados circundantes de Asia Central y del Sudeste. Por ejemplo, a los partidos políticos fundamentalistas islámicos les fue mal en las elecciones parlamentarias de invierno y primavera en Malasia e Indonesia. Sin embargo, por otras vías los radicales islámicos se vuelven una seria amenaza para la región. Allá, los gobiernos débiles y la corrupción generalizada ofrecen un campo fértil para las operaciones clandestinas: entrenamiento reclutamiento y equipamiento de terroristas. Según los indicios, hay allá redes no bien definidas de distintos grupos terroristas del Sudeste Asiático que se ayudan entre sí con financiamiento y operaciones.

Encuestas recientes de opinión pública indican que la oposición a Estados Unidos entre los fundamentalistas islámicos radicales está creciendo, en gran parte debido a sus actividades en Irak y al respaldo estadounidense al gobierno de Sharon en Israel. Aún queda por determinar el impacto completo de los ultrajes a los que fueron sometidos los prisioneros iraquíes. Pero ya es patente la profunda ira de las comunidades musulmanas de todo el mundo por la percepción de desdén a los intereses palestinos del gobierno de Bush.

Una solución del conflicto palestino-israeli no acabaría con el terrorismo, y los mismos musulmanes deben encabezar la batalla ideológica dentro del islam. Pero Estados Unidos podría fortalecer la participación de los moderados del mundo islámico con una combinación de cambios de politicas y diplomacia pública eficaces. Estados Unidos debe hacer más que establecer estaciones de radio y televisión para difundir perspectivas alternativas

de las intenciones estadounidenses en Medio Oriente. Debe volver a reaprovisionar sus disminuidos recursos de diplomacia pública a fin de reclutar más expertos en idiomas, reabrir bibliotecas extranjeras y centros culturales, y patrocinar programas de intercambio. Dado el gran número de musulmanes tradicionalmente tolerantes de Asia, Estados Unidos debe ayudar con vigor a la creación de alternativas que sean atractivas frente al islamismo radical.

NECESIDAD DE CAMBIOS. Para adaptarse al gran cambio de poder que hoy se da con tanta rapidez en Asia, Estados Unidos requiere una vigorosa preparación de parte de su Poder Ejecutivo y del Congreso. El compromiso establecido por el gobierno de Bush con China representa una mejora respecto de su postura inicial, y el cambio se ha reflejado en los esfuerzos de Washington por colaborar

con Beijing en el combate contra el terrorismo y en las negociaciones con Corea del Norte. El cambio también se ha reflejado en la renuencia a resolver diferencias comerciales y monetarias con la imposición de obligaciones. Sin embargo, de otras maneras, Washington todavía tiene que cambiar su enfoque.

Para avanzar, Estados Unidos debe ofrecer el liderazgo para forjar los arreglos de seguridad regional, siguiendo las líneas del acuerdo pendiente entre Estados Unidos y Singapur para expandir la cooperación en la lucha contra el terrorismo y la proliferación

debe ser el adalid de las economías abiertas, o correrá el riesgo de quedar fuera de los pactos comerciales futuros. Estados Unidos también debe evitar crear la profecía propia de la rivalidad estratégica con China. De hedos Unidos debe estar preparado para tal cambio en el curso de los acontecimientos. Pero ello no es inevitable; la cooperación todavía puede producir avances históricos.

En el plano internacional, las potencias asiáticas en ascenso deben tener más representación en instituciones de mayor peso, empezando por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este importante organismo deberá reflejar la configuración emergente del poder global, y no sólo los vencer dores de la Segunda Guerra Mundial.

Puede decirse lo mismo de otros organismos internacionales de gran calado. Un reciente estudio de la Brookings Institution señaló: “Existe una asimetría fundamental entre la realidad global de hoy y los mecanismos existentes de la gobernabilidad global, siendo el G-7/8 —el exclusivo club de países industrializados que representan primordialmente a la civilización occidental— la principal expresión de este anacronismo La credibilidad y eficacia de los organismos internacionales depende de tales cambios; sólo entonces podrán contribuir en grado significativo a la paz entre las naciones.

Aunque lejos de ser del todo segura, la reestructuración de las instituciones para reflejar la distribución de poder ofrece más esperanza que permitir que se diluyan en la inaplicabilidad y vuelvan a la irrestricta e impredecible política del equilibrio de poder ya la competencia económica sin orden ni concierto.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional
Por James F. Hoge JR
Director de Foreign Affairs

Biografia de Washington George Primer Presidente de Estados Unidos

Biografía de Washington George
Primer Presidente de Estados Unidos

En 1758, un oficial virginiano logra una victoria decisiva en la guerra que opone Gran Bretaña a Francia en territorio americano. Abandona después el ejército colonial, pero casi veinte años más tarde, es nombrado comandante en jefe del ejército rebelde que lucha por la independencia de las coionias inglesas en Norteamérica.

Washington George, estadista y militar (Wakefield, Virginia 1732-Mount , Virginia 1799). Rico hacendado de opiniones moderadas, fue oficial de la guerra contra los franceses.

En 1758, como comandante de las tropas de obtuvo en Fort Duquesne una resonante victoria que le dio gran popularidad.

Tras la guerra se retiró a sus posesiones, que mejoró con un provechoso matrimonio.

En 1774-75 tomó parte en los congresos de Filadelfia como representante de Virginia.

En 1775 fue nombrado comandante del ejército independentista. Tras unas victorias iniciales (Boston, Trenton, Princeton) y una serie de derrotas, abogó por una alianza con Francia.

En 1781 venció al desgastado ejército británico, conquistó Virginia y obtuvo la capitulación de Yorktown, que supuso el final de la guerra.

Se retiró entonces a sus fincas e intentó desentenderse de la política, pero ante el desorden de la situación, en 1787 aceptó el cargo de delegado en la convención de Filadelfia.

Biografia de Geroge Washington

El héroe de la independencia de las colonias británicas en América del Norte y padre del nuevo Estado que éstas constituyeron al obtenerla, es una de las figuras más sólidas de la Historia. Sin poseer gran genio militar o intelectual, Jorge Washington aportó al nacimiento de los Estados Unidos sus recias condiciones de propietario campesino, su disciplinada educación de geómetra, la responsabilidad de su condición militar y una imperturbable confianza en los destinos trazados a su pueblo por la Providencia.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

El militar y político George Washington consiguió la indepencia de las colonias inglesas en Norteamérica.

Nacido en Virginia en 1732, firmó junto con otros patriotas en 1776 la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América, que declaraba estados libres y soberanos a las colonias.

Años atrás, había sido un brillante oficial del ejército británico, al que abandonó en 1758 para ocuparse de sus propiedades y dedicarse a la política.

Primeras experiencias
• Nació el 22 de febrero de 1732, en Bridges Creek (Virginia, actual Estados Unidos).

• A los once años, luego de morir su padre, fue educado por su hermanastro Lawrence, en Mount Vernon (hoy, EE.UU.).

• En 1753 lo nombraron ayudante en uno de los distritos militares de Virginia.

• Tres años más tarde fue elegido para comandar el regimiento de Virginia, zona cuyas fronteras mantuvo a salvo cuando se declaró la guerra entre Francia y Gran Bretaña.

• En 1758 se retiró del Ejército.

• Al año siguiente se casó y se dedicó a las actividades de su hacienda en Mount Vernon.

• Entre 1774 y 1775 apoyó a la causa independentista, en calidad de delegado por Virginia en los Congresos Continentales de Filadelfia (actual Estados Unidos).

• A finales de 1775, el Congreso lo designó como Comandante en Jefe del Ejército Continental.

• Hasta 1782 lideró varias batallas que permitieron la victoria de la; colonias frente a Gran Bretaña.

• Al año siguiente entregó su cargo y regresó a Mount Vernon para dedicarse a su plantación.

• En 1787 presidió la Convención que redactó la Constitución.

• Un año después fue elegido presidente de los Estados Unidos.

• En 1792 fue reelegido para esa función.

• Cinco años más tarde dejó el cargo y se retiró a Mount Vernon.

• Murió el 14 de diciembre de 1799.

George Washington demostró ser un hábil gobernante que hizo de la naciente república una nación poderosa.

Como primer presidente de los Estados Unidos, gobernó con un estilo federalista, mantuvo la paz a toda costa y dejó un sistema eficiente de gobierno y una economía en crecimiento.

En 1790, el Distrito de Columbia (DC), que está rodeado por los estados de Maryland y Virginia, fue designado como la sede de la capital de la nación y recibió el nombre de Washington en honor del primer presidente.

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BIOGRAFIA COMPLETA

LA VIDA DE JORGE WASHINGTON: Su vida comenzó un 22 de febrero de 1732, a orillas del Potomac, en la localidad de Bridge’s Creek, antiguo condado de Westmoreland, estado de Virginia.

Perteneció a una antigua y distinguida familia inglesa establecida en las colonias desde 1657.

Su padre, Agustín Washington, era un rico e influyente colono dedicado por entero a sus plantaciones.

Su madre, María Boll, segunda esposa de Agustín, era hija de una también respetable familia virginiana.

Al poco de nacer George, su familia se trasladó a las orillas del Rappahannok.

La temprana muerte del padre, cuando George contaba once años, dejó a éste y a sus nueve hermanos en una situación cómoda e independiente desde el punto de vista económico.

george washintongSus estudios no pasaron en aquella época de lo que habitualmente se enseñaba en las escuelas rústicas del condado, dado que jamás mostró interés por las letras o la filosofía, apartándose en todo momento de las cuestiones no relacionadas directamente con la práctica cotidiana.

Ya a los catorce años mostró los primeros síntomas de su vocación militar al solicitar entrar como aspirante en la marina inglesa, debiendo sin embargo abandonar dicho intento por el desagrado con que su madre vio el proyecto.

Así pues, dado que su condición no era la de primogénito y que la parte de su herencia no era excesiva, se vio obligado a decidirse por una carrera.

Completó sus estudios de geometría, aplicándolos al estudio y medición del territorio occidental de la colonia y de las llanuras que existen al otro lado de los montes Apalaches, territorios de inmensa vegetación e inexplorados.

Durante tres años, de los dieciséis a los diecinueve, erró por los bosques acampando al raso, alimentándose como los indios y estudiando sus costumbres.

Jorge Washington quedó huérfano de padre en 1743. Agustín legó a su hijo la propiedad de Rappahannock, en la que éste había pasado gran narte de su niñez. Al ocurrir el fallecimiento de su padre, Jorge fue confiado a la tutela de uno de sus hermanastros, Lorenzo, con el que vivió en su finca de Monte Vernon. En este lugar empezó a estudiar geometría con mucho aprovechamiento.

Su carrera militar comenzó por fin a los diecinueve años, durante el período de las permanentes rivalidades entre Francia e Inglaterra por el control de la totalidad del continente americano.

Para defender Virginia de las correrías de los indios y de los avances franceses, se dividió la colonia en diversos distritos militares.

El joven Washington, merced al renombre que ya había adquirido como explorador, fue nombrado comandante de distrito, dedicándose con verdadero entusiasmo a su nueva tarea e instruyéndose en la lectura de numerosos textos sobre táctica militar.

En el año 1752 ingresó en la milicia colonial como ayudante general. Amenazada Virginia por los franceses, tuvo el mando de seis compañías destinadas a la vigilancia del valle del Ohio y participó, con suerte diversa, en las acciones bélicas de la Guerra de los Siete Años, que repercutían del Viejo Mundo.

Siempre en primera fila, valiente sin alardes, con la serenidad de los fuertes, Washington fue ganándose la admiración de sus soldados, a quienes imponía rígida disciplina, de la que él mismo no pretendía escapar.

Poco a poco, su fama trascendió; era el hombre cuya acción medida y justa se apoyaba en la más profunda honradez, y cuyo consejo se buscaba, tanto en los asuntos públicos como en los privados.

george washington

George Washington en sus tierras de Mount Vernon. Administraba la propiedad con la intención de dedicarle más tiempo, pero sus compatriotas vendrían muchas veces a sacarlo de su retiro.

Acompañó a las islas Barbados a su hermano enfermo y, muerto éste, se dedicó durante veinte años a la administración de sus fincas. En 1759 contrajo matrimonio con Marta Dandridge, joven y hermosa viuda que llevó a la sociedad conyugal cuantiosos bienes.

Se dedicó a la atención de sus fincas en las que no faltaban esclavos, como los había en todo el sur, rico en plantaciones; pero es fama que los de Monte Vernon vieron suavizados su triste cautiverio por un trato menos riguroso inspirado en sentimientos humanitarios.

Hasta 1765 Washington figuró muy poco en la vida política de la colonia, a pesar de tener reservado un escaño en la Cámara de los Burgueses de Virginia. Pero desde esta fecha, con motivo de la protesta contra el Acta del Timbre, George se afilió al partido whig colonial, opuesto al tory metropolitano. Poco a poco se afirmaron en él las ideas de independencia, nacidas no por credos ideológicos, sino por la experiencia práctica de las circunstancias de la economía y de la política colonial.

LAS CAMPAÑAS MILITARES
Los acontecimientos se precipitaron: el 4 de julio de 1776 el Congreso aprobó la declaración de la independencia de los Estados Unidos.

El general inglés Howe derrotó a los americanos, en 1776, pero Washington triunfó en Trenton (1776) y en Princeton (1777).

Cuando la situación se hacía crítica, por la caída de Filadelfia, el general patriota Gates obtuvo el triunfo de Saratoga (1777).

Muchos voluntarios franceses llegaron para unirse a los patriotas. Yorktown, en poder inglés, se rindió por la acción combinada de Washington y el conde Rochambeau.

La victoria había llegado y el tratado de paz de Versalles de 1783 reconoció la independencia de los Estados Unidos. Washington volvió al trabajo de sus campos y a la paz hogareña.

WASHINGTON, PRESIDENTE
De allí vino a sacarlo el rumor de la crisis política; mas él declaró que lo que se necesitaba no era el crédito de un hombre, sino un gobierno que asegurase la vida y la libertad.

En 1787 se reunió en Filadelfia la Convención que había de constituir ese gobierno. Washington la presidió, y votada la Constitución fue elegido presidente e investido en abril de 1789.

Elegido por segunda vez, cumplió su período pero no aceptó una tercera elección. Al dejar la vida pública, dirigió al pueblo una carta donde se manifiesta su buen sentido y profundo patriotismo.

La elección de George Washington como presidente de los Estados Unidos en 1789 fue celebrada con escenas de júbilo en toda la confederación. Ha sido el único presidente de ese país designado unánimemente por el colegio electoral

LOS ÚLTIMOS AÑOS
Una vez más retornó a Monte Vernon. Había dedicado cuarenta y cinco años de su vida a su patria, como soldado y estadista, y volvía a la vieja finca, cargado de honores.

En la mañana del 12 de diciembre de 1799 salió, como todos los días, a recorrer a caballo sus tierras.

La lluvia y la nieve no le hicieron acortar el paseo, y al volver experimentó los primeros síntomas de un mal que había de producirle la muerte dos días después. Sobrellevó su enfermedad con la entereza que mantuvo en toda su vida.
En su testamento ordenó que a la muerte de su esposa se diera la libertad a todos sus esclavos.

Sus funerales fueron sencillos, como lo pidió. Nada más digno de quien, como él, entendió el cumplimiento de su labor como un deber ciudadano.

Mereció ampliamente lo que de él se ha dicho: «El primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el corazón de sus conciudadanos».

Padre fundador de los Estados Unidos de América
Tras su muerte, ocurrida en diciembre de 1799, Washington fue objeto de un verdadero culto nacional, que alcanzó la estatura de héroe.

Sin embargo, el más ilustre de los padres fundadores de la democracia norteamericana tal vez no fue un presidente tan excepcional como lo exalta la leyenda.

En todo caso, entre los demás padres fundadores –Madison, Hamilton, Franklin, Jefferson-, era ciertamente el menos brillante en términos intelectuales, el menos imaginativo y el más conservador en el plano social.

Además, su legado en la política exterior norteamericana no encama la mejor parte de su acción: recomendó no intervenir en los asuntos europeos, anticipando el aislacionismo que teorizaría la «doctrina de Monroe» en 1823.

En realidad, su fama póstuma se debió a la manera en que supo representar los valores norteamericanos, mediante una combinación de simplicidad y patriotismo, valentía y rigor aristocrático.

Al negarse a ser un político profesional, quiso estar por encima poder para retirarse a sus dominios.

Verdadero Cincinato del Nuevo Mundo -aquel general romano que tras la victoria regresó a su granja-, no era miembro de una casta militar sino un soldado ciudadano.

Patriota convencido, antepuso por sobre todo la unidad del pueblo norteamericano y la grandeza de su democracia, dejando el Mensaje de despedida a la nación: «La Constitución […] es religiosamente obligatoria para todos.

La verdadera idea del poder y derecho del pueblo de establecer su propio gobierno presupone la obligación de cada individuo de obedecer al gobierno establecido».

Muchos gestos simbólicos de la democracia norteamericana son herencia de Washington, como el juramento del presidente estadounidense sobre la Biblia o la regla no escrita de un máximo de dos mandatos, que perduró hasta F. D. Roosevelt.

Washington fue un verdadero símbolo, cuyo nombre designa tanto un estado de la costa oeste, como la capital federal del país, además de una cantidad innumerable de bulevares y monumentos. Su rostro está grabado en la piedra del monte Rushmore, al lado de los de Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt.

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BREVE AMPLIACIÓN SOBRE SUS ULTIMOS AÑOS: Tras cumplirse el tiempo constitucional del segundo mandato presidencial, Washington se negó a aceptar la tercera presidencia de la república, dado que quería pasar los últimos años de su vida en familia, retirándose a Mount-Vernon en marzo de 1797.

John Adams fue elegido sucesor suyo y Jefferson vicepresidente.

Las negociaciones de Adams con el Directorio se hicieron imposibles, al negarse éste a discutir con el partido federal o republicano.

La inquietud cundió en América pareciendo inminente el peligro de guerra.

El 29 de marzo el Congreso votó una ley autorizando al presidente a armar un ejército de diez mil hombres en caso de necesidad. Adams inmediatamente propuso a Washington que fuera general en jefe del ejército.

Washington, dispuesto a retirarse definitivamente, se negó a aceptarlo al principio. Sin embargo, y tras muchas presiones, aceptó de nuevo.

Washington era partidario de pasar a la ofensiva atacando Luisiana y Florida con el fin de impedir que Francia se asentase allí.

Tomar la ofensiva contra Francia y España, tal era el punto de vista de Washington. Sin embargo, Adams, enemigo de la violencia, envió de nuevo a los delegados a parlamentar con el Directorio, en el momento en que se producía el golpe de estado del 30 de Prairial.

Washington se mostró desconfiado y sorprendido ante los hechos y así lo demuestra en párrafos escritos en sendas cartas a Hamilton y al ministro de la guerra:

«La medida en sí misma me ha sorprendido. Desde hace algún tiempo sigo intranquilo los asuntos políticos de los Estados Unidos. Me parece que caminan a grandes pasos hacia una crisis.»

Sin embargo, poco tiempo de vida le quedaba a Washington para poder comprobarlo: el 12 de diciembre de 1799, después de cinco horas de paseo bajo la lluvia llegó a su casa completamente calado.

Al día siguiente se negó a cuidarse el resfriado. Por la noche, sintiéndose enfermo se negó a llamar al médico por temor a que su mujer se enfriase.

El mal hizo rápidos progresos y nada pudieron hacer los médicos. Murió el 14 de diciembre. Su. mujer, allí presente, exclamó: «Todo ha concluido, no tardaré en seguirle, ya no tengo más pruebas que sufrir.»

El 13 de diciembre el Congreso decretó la erección de un monumento de mármol en su memoria, que todos los ciudadanos llevaran luto durante un mes y que se «consagrase públicamente un día de recogimiento y de oración en todos los Estados Unidos de América».

En Francia, y pese al estado de hostilidad existente, el primer cónsul decretó que él ejército francés llevase luto en honor de Washington: «Orden del día para la Guardia de los Cónsules y para las tropas de la República: Washington ha muerto.

Este gran hombre se batió contra la tiranía y consolidó la libertad de su patria. Su memoria será siempre grata al pueblo francés como a todos los hombres libres de ambos mundos, y especialmente a los soldados franceses, los cuales, como aquél y los soldados americanos se baten por la igualdad y la libertad.

En consecuencia, el Primer Cónsul ordena que, durante diez días, ostenten crespones negros todas las banderas y gallardetes de la República. París 18 de Pluvioso, año VIII.»

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VIII CODEX
Wikipedia
Hicieron Historia Tomo I Larousse
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo IV