Precursores Humanistas

Biografia de Boccaccio Giovanni Escritor Humanista

Biografia de Boccaccio Giovanni Escritor Humanista

Giovanni (Juan) Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313. Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos.

Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

De la elevación alegórica del DanteAlighieri a la gracia burlona del Boccaccio va lo que la obra del primero tiene de divina y la del segundo de humana.

Su Decamerón es una comedia de nuevo género, en que viven los hombres de la época con el realismo, a veces brutal, de un Juan de Meung.

Porque Boccaccio es el poeta de la burguesía italiana y encarna en sus composiciones el espíritu realista, observador, liberal, placentero y desenfadado de esos seres que, surgidos de la nada, habían conquistado una posición social en las ciudades italianas del Trescientos.

Biografia de Boccaccio Giovanni
Giovanni Boccaccio fue un escritor y humanista italiano. Es uno de los padres, junto con Dante y Petrarca, de la literatura en italiano. Compuso también varias obras en latín. Es recordado sobre todo como autor del Decamerón.
Fecha de nacimiento: 16 de junio de 1313, Certaldo, Italia
Fallecimiento: 21 de diciembre de 1375, Certaldo, Italia
Obras notables: chimbon

Toda su vida responde de su obra literaria. Su padre, Boccaccino de Chellino, había abandonado su pueblo natal, Certaldo, para establecerse en Florencia y dedicarse a las actividades comerciales. Era hombre muy emprendedor, que iba de feria en feria para aumentar su negocio.

Hallándose ocasionalmente en París sedujo a una francesa, llamada Juana. De estos amores nació en 1313 el que luego había de ser una de las grandes figuras de la literatura italiana. El niño y la madre fueron abandonados por el mercader florentino.

Pero al cabo de algunos años, Boccaccino, que mientras tanto habíase desposado en Florencia, llamó a su vera al muchacho, huérfano ya de su madre.

Desde sus primeros años Boccaccio demostró una fuerte vocación para la poesía, lo que contrariaba los deseos de su padre. Este quería hacer de él un banquero y un buen mercader. Para orientarle por este camino, le llevó a Nápoles (1328), en cuya ciudad tenía una sucursal, muy relacionada con la corte de Roberto de Anjou.

En la bella ciudad del Sur, Giovanni aplicóse al estudio del comercio y del derecho canónico, sin lograr otra cosa que perder el tiempo y obstaculizar su carrera de poeta.

Sin embargo, en Nápoles empezó a leer a Virgilio, Ovidio y Estacio y a ponerse en contacto con el gusto clásico; también por aquella época frecuentó las casas de varios profesores y poetas, lo que le afirmó en sus deseos de dedicarse a las actividades literarias.

Sus primeras composiciones poéticas fueron dedicadas a cantar, en sonetos y canciones, las bellezas de la noble María de Aquino, su primer amor (1336-1339), que él inmortalizó con el nombre de Fiammetta.

En diciembre de 1340 regresó a Florencia reclamado por su padre. Contaba entonces veintisiete años. Era apuesto y delicioso galán.

Su vida transcurría apartada del comercio. Leía a Virgilio, se inspiraba en el paisaje florentino, escribía novelas autobiográficas (Fiammetta), églogas simbólicas (el Ninfale d’Ameto), alegorías morales (la Amorosa visione) y pastorales amorosos (el Ninfale fiesolano).

Hacia 1345 conocía ya la gloria y el respeto de sus conciudadanos. Cinco años más tarde podía realizar su sueño de entrevistarse con el Petrarca, hacia cuya persona sentía una verdadera veneración.

De 1350 arranca la amistad entre los dos literatos, la cual debía resultar en extremo beneficiosa para Boccaccio, mucho más joven. Al mismo tiempo, debía sellar con caracteres indelebles gran parte de su vida.

En 1348 se desató en Florencia el terrible azote de la peste negra. Hallábase entonces ausente Boccaccio de la ciudad, a la que regresó al siguiente año, al enterarse de la muerte de su padre. En este momento inicia la redacción del Decamerón, que terminará en 1353.

En sus páginas Boccaccio retrata las costumbres de la sociedad que le rodea con la visión certera a que aludíamos, con una prosa magistral y un talento de narrador que pocas veces ha sido superado.

A partir de 1354 la vida de Boccaccio, que ha logrado su madurez intelectual, se encauza por otras sendas. Después del incidente del Corbaccio, escrito en un momento de mal humor y venganza pasional, nuestro poeta se siente agarrotado por el miedo a la muerte.

Quiere abandonarlo todo, aficiones, vanidad y orgullo mundano. Pero Petrarca le disuade de este proyecto, forjado en un momento de perturbación espiritual (1362), y le aconseja que se dedique al estudio del pasado.

Desde entonces Boccaccio, captado por el humanismo, sólo redacta en latín y pretende descifrar el misterio del pensamiento, la historia, la religión y el arte del mundo pagano.

Así compone églogas al estilo virgiliano (Buco-licum carmen), tratados mitológicos (De genealogiis áeorum), biografías de hombres y personas ilustres, tratados de Geografía, etc. Pero la erudición y sus cordiales relaciones con Petrarca, que vive en Venecia, no le dan qué vivir.

La angustia de la pobreza le retiene desde 1364 en Certaldo, donde residirá el resto de su vida con breves escapadas a Ñapóles (1370) y Venecia (1367) y frecuentes visitas a Florencia.

En 1373 el municipio le encarga comentar (leer) la Divina Comedia en el templo de San Esteban de Badia. En esta tan agradable y honrosa tarea le sorprende la muerte, precedida por la amargura de la noticia de la defunción de su entrañable Petrarca.

Se extinguió en Certaldo el 31 de diciembre de 1375, legando una obra inmortal.

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Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino Resumen

Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino

FEDERICO DE MONTEFELTRO, DUQUE DE URBINO (1422-1482)
Otro condottiero del Cuatrocientos italiano. Su personalidad militar fue muy relevante, aunque no de la talla de Francisco Sforza.

Distinguido por su prudencia, su bravura y su rara pericia en la toma de fortalezas, fue hombre de rara lealtad, lo que le granjeó no pocos partidarios. Pero Federico de Montefeltro destaca mucho más que como guerrero, como gran príncipe del Renacimiento.

Tenía una cultura vastísima, dominaba el latín, la historia, la filosofía y las humanidades.

Montefeltro Federico
Federico da Montefeltro, fue uno de los más exitosos condottieri del Renacimiento italiano, y Duque de Urbino desde 1444 hasta su muerte.
Fecha de nacimiento: 7 de junio de 1422, Castello di Petroia, Italia
Fallecimiento: 10 de septiembre de 1482, Ferrara, Italia
Cónyuge: Battista Sforza (m. 1460–1472), Gentile Brancaleoni (m. 1437–1457)
Hijos: Guidobaldo de Montefeltro, Giovanna Felicita Feltria della Rovere, Agnese di Montefeltro

En su corte de Urbino reunió a los humanistas y artistas de más fama en su tiempo. Favoreció la arquitectura y las bellas artes. Bajo sus auspicios, Urbino fue dotada de la biblioteca más copiosa de Occidente.

Guerrero y humanista, Federico fue también un político hábil, pues logró ampliar los dominios recibidos a la muerte de su hermanastro Oddantonio, conde de Montefeltro y de Urbino (1444).

Había nacido en Gub-bio (1452), y era hijo ilegítimo de Guido Antonio’ de Montefeltro. En sus primeros hechos de armas luchó contra el Piccinino (1437), aunque luego protegiera su retirada ante Segismundo Malatesta en 1443.

De este hecho deriva la rivalidad entre el señor de Rímini y el que, al año siguiente, lo fue de Urbino. Excomulgado en 1445 por intervenir en la cesión de Pesaro a Alejandro Sforza, fue exculpado en 1450 por Nicolás V; pero esto no le valió la simpatía de Segismundo Malatesta, cuya animosidad se había descentrado a raíz de aquella cesión.

Las guerras entre los dos condottieri fueron, desde entonces, ininterrumpidas. Federico puso su espada al servicio de los enemigos de Segismundo, y en las campañas de 1462 y 1483 asestó el golpe de muerte a la potencialidad del Malatesta.

Pero a la muerte de éste, Federico defendió la causa de su sucesor Roberto, pues no quería que el papa se hiciera demasiado poderoso en la Romana.

La victoria alcanzada sobre el ejército pontificio en Mulazzano (1469) permitió que los Malatestas conservaran Rímini bajo los auspicios de Federico de Montefeltro. En 1474 éste fue creado duque de Urbino por Sixto IV.

En sus últimos años luchó contra Florencia (1479). Murió en Ferrara el 10 de septiembre de 1482 cuando iba a guerrear contra el Papado y Venecia por cuestiones de límites.

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Biografia Andrea del Verrocchio Pintor Renacentista

Biografia Andrea del Verrochio

Cuando nadie se juzgaba capaz de recoger la herencia del sublime Donatello, Florencia proporcionó un nuevo escultor digno de medirse, por sus obras, con las de su precursor y maestro.

Se llamó éste Andrés Cione, más conocido con el nombre de Verrocchio, que adoptó de su primer iniciador en el arte, el orfebre Julián Verrocchi.

Andrea Verrochio
Andrea del Verrocchio, nacido Andrea di Michele di Francesco de Cioni, conocido simplemente como Verrocchio fue un pintor, escultor y orfebre cuatrocentista italiano.
Fecha de nacimiento: 1435, Florencia, Italia
Fallecimiento: 10 de octubre de 1488, Venecia, Italia
Nombre en italiano: Andrea del Verrocchio
Obras notables: Bautismo de Cristo; Tobías y el ángel (Verrocchio); Monumento a Bartolomeo Colleoni; David
Conocido por: Pintura, Escultura

Siguiendo las huellas del Donatello, e incluso repitiendo sus tipos, Verrocchio logró una plasmación renacentista mucho más completa, elegante y humana, Puede afirmarse que en él rematan las cualidades de un siglo de escultura florentina, dejando preparado el terreno para los portentosos atrevimientos de Miguel Ángel Buonarroti.

Andrés del Verrocchio, nacido en Florencia en 1435, aprendió la orfebrería del mencionado Julián, la escultura de Donatello y la pintura del Pesellino y del Baldovinetti. Pero aunque destacó en estas tres actividades, su vocación principal fué la de escultor.

Como orfebre enriqueció la mesa, los salones y los vestidos de los Médicis; pero nada se ha conservado de su producción, excepto las numerosas copias y réplicas que suscitó en sus imitadores y discípulos.

Al servicio de los Médicis, construyó para ellos obras de canalización y juegos de agua, proyectó el sepulcro subterráneo de Cosme el Viejo en el templo de San Lorenzo (1464), y en la misma iglesia elevó el monumento funerario de Pedro y Juan de Médicis, una de las grandes realizaciones del arte ornamental (1472).

También esculpió para Lorenzo el Magnífico varios bustos y algunas estatuas bellísimas, y en 1476 fundió el David, viril, atrevido y audaz como un joven soñador de su época.

Después de dirigir la ejecución del grupo de Cristo con Santo Tomás (1478), Andrés se desplazó a Venecia para dar cima al encargo de fundir una estatua ecuestre para el condottiero Bartolomé «Colleoni.

En esta obra superó al Gattamelatta de Donatello por la arrogancia en la expresión y la virilidad del conjunto.

Trabajó durante cuatro años en la fundición de la escultura, y murió en Venecia en 1488 agotado por las vigilias y las preocupaciones de esta obra.
Amable y abierto para sus discípulos, nunca les regateó oportunidades para triunfar.

No era pintor nato, pero conocía a fondo los secretos de la técnica. Así pudo legarles excelentes conocimientos pictóricos, sin mermar la personalidad artística de los jóvenes que se reunían en su taller.

A todos les enseñó su seguridad, su firmeza, su precisión y su exactitud en el dibujo. Cuando le encargaban una obra cualquiera, dejaba que sus discípulos la realizaran según su propia concepción artística.

Gracias a esta liberalidad, de su taller salieron grandes nombres del arte italiano: Leonardo da Vinci, el Perugino, Lorenzo di Credi…

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Biografia de Diana Poitiers

Biografia de Diana Poitiers

DIANA DE POITIERS (1499-1566)
La serie de las grandes favoritas de los monarcas franceses se inicia con Diana de Poitiers, cuya intervención en los sucesos políticos del reinado de Enrique II pone de relieve la historia y aumenta la leyenda.

Diana Poitiers
Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois y de Étampes, fue una importante figura aristocrática de la Francia del siglo XVI, además de ser la más notable amante del rey Enrique II de Francia.
Fecha de nacimiento: 9 de enero de 1500, Saint-Vallier, Francia
Fallecimiento: 25 de abril de 1566, Anet, Francia
Descendencia: Françoise de Brézé, duquesa de Bouillon; Louise de Brézé, duquesa de Aumale
Hijos: Françoise de Brézé, Louise of Brézé
Padres: Jean de Poitiers, Seigneur de Saint Vallier, Jeanne de Batarnay

Diana era una mujer de belleza majestuosa, de inteligencia despierta y gustos refinados. Era hija de Juan de Poitiers, señor de Saint Vallier y descendiente de una antigua familia del Delfinado.

Nacida el 3 de septiembre de 1499, recibió una educación esmerada, al estilo de la dada en las cortes renacentistas italianas. En 1515 fué entregada en matrimonio1 a Luis de Brezé, gran senescal de Normandía y personaje influyente en la corte de Francisco I.

Este murió en’1533, y la viuda, que entonces contaba 34 años, causó profunda impresión en el Delfín de Francia, Enrique, veinte años más joven que ella, hasta el extremo de que su amor permaneció inquebrantable durante el resto de su vida.

Desde 1547, al ascender al trono Enrique II, Diana fue la verdadera reina de Francia, relegando a segundó lugar a Catalina de Médicis. Intervino en los asuntos de Estado y su palabra influyó en la política internacional.

Recibió el título de duquesa de Valentinois y obtuvo grandes prebendas para sus amigos y allegados.

Después de la muerte de su regio amante en 1559, se retiró al castillo de Anet, que se había hecho construir por el arquitecto Filiberto de Orme. Aquí murió el 22 de abril de 1566.

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Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas Politicas

Biografía de Nicolás Maquiavelo
Perfil del Príncipe – Ideas Políticas

RESUMEN BIOGRÁFICO INTRODUCTORIO:
Maquiavelo, Nicolás:
Escritor y político italiano, nacido en Florencia en 1469 Después de recibir una sólida formación humanística, en 1498 fue nombrado se cretario de la República florentina.

A pesar de los difíciles momentos por lo que atravesaba toda Italia, sirvió como embajador al rey francés Luis XII, al emperador Maximiliano y a César Borgia del que se hizo su hombre de confianza.

Al ser desposeído de su cargo de secrela rio, se retiró con su esposa e hijos a Albergaccio para alejarse de la política, hasta que en 1520 accedió a escribir la historia de Florencia.

Biografia de Maquiavelo Nicolas Estadista Politico

Al rebelarse esla ciudad en 1527 y constituirse nuevamen te en república, Maquiavelo fue obligado a abandonar su cargo de inspector de las fortificaciones, por no tratar a los Médicis con la dureza que se le exigía.

Según parece, los acontecimientos que siguieron le causaron graves trastornos mentales, que terminaron con su vida ese misino año.

Maquiavelo defendió en todo momento que la política nada tenía que ver con la religión, pero además contemplaba al Estado como un vehículo de poder a disposición del gobernante, más que como un mecanismo encaminado a servir al pueblo.

En su principal obra,  El Príncipe, queda bien reflejada esta concepción amoral del Estado, así como en su Discorsi sopra la prima deca de Tito Livio.

Falleció en 1527.

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA

La Italia del Renacimiento, en el aspecto político, había sido forjada por los condottieri y hombres de acción. Fueron ellos los que por vez primera implantaron las fórmulas de la monarquía autoritaria y desplazaron los principios que habían servido de base a la monarquía moderada, justa y generosa de los buenos príncipes del Medievo.

Este proceso histórico tuvo su teorizador en el campo de la especulación política: Nicolás Maquiavelo, uno de los nombres básicos en la evolución de las ideas políticas de todos los tiempos.

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas PoliticasPor su formación humanista y su educación diplomática, por sus concepciones generales y el contacto directo con la complicada política italiana de principios del Quinientos, Maquiavelo era el autor predestinado para dibujar con rasgos indelebles el hombre político.

El Renacimiento, nacido de las tiranías italianas de les siglos XIV y XV del tipo clásico del príncipe de la antigüedad.

De sus obras se desprenden las cualidades que ha de reunir el nuevo soberano: la virtud, o sea la energía desarrollada para lograr el imperio (poder aun prescindiendo de las reglas de la moral; la fortuna, entendida en el sentido clásico de suerte, y la necesidad, a la que se han de doblegar todos los interese; opuestos.

El maquiavelismo es, pues, una doctrina política positivista, por la que los grandes principios éticos han de someterse a las exigencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista.

El príncipe sólo ha de tener en cuenta el interés supremo del Estado, que es el suyo propio, y el de la opinión que le secunda en sus empresas.

Sin embargo, para abarcar por completo el pensamiento político de Maquiavelo es necesario tener presente que en sus obras trazaba el esbozo ideal del príncipe que había de librar Italia de la dominación extranjera que se cernía sobre ella, ya francesa, ya española

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BIOGARFIA DE NICOLAS MAQUIAVELO

(Florencia, 3 de mayo de 1469 –  25 de junio de 1527)
Humanista y político italiano del Renacimiento. Se le considera el fundador ideológico del Estado moderno y se le ha llamado, no sin razón, el primer clásico moderno en asuntos militares.

Maquiavelo es un pensador, pero sin un sistema filosófico concreto, un humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota, sin principios éticos y oportunista.

Si Tomás Moro es un idealista, Maquiavelo está en el extremo opuesto. No se distinguió ni por su amor ni por su respeto a sus semejantes. Procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado frente al objetivo de afianzar el poder del déspota.

A los veintinueve años de edad recibió el cargo de secretario de la segunda cancillería de la República, después, fue recibiendo otros cargos administrativos y diplomáticos. Su primer escrito fue «Discurso hecho al magistrado de los Diez sobre el asunto de Pisa», al que siguieron más discursos, tratados y libros de política.

Sus pensamientos inaguran la política moderna Para  muchos políticos su libro es un libro clave
Para otros el libro ha sido tenido como un libro «del demonio»El infortunio empañó la vida pública de Maquiavelo

Viajó mucho por toda Europa; primeramente, estuvo seis meses en la Corte de Francia, donde, al mismo tiempo de representar a su país, pudo observar las instituciones y estructuras de la monarquía absoluta.

A su vuelta, contrajo matrimonio en 1501 con Marietta Corsini. Del matrimonio nacerán cuatro hijos varones y dos hembras. Poco después marchó a Roma con motivo del nombramiento de Julio II como Papa.

Nuevo viaje a Francia por motivos diplomáticos y, después, se recorrerá Italia. En seguida se mostró como un gran teórico de la guerra; en 1506, escribe «Descenale Primo», sobre la decadencia militar de su país.

En 1507, viaja a Suiza y Alemania, donde podrá estudiar los pormenores de las tácticas y armamentos de los ejércitos (el ejército suizo era entonces el mejor de Europa).

Más tarde recibirá una misión en la Liga de Cambrai, por lo que escribirá «Descenale secondo». Después, vuelve a Francia, cuando esta entra en conflicto con el Papa.

Cuando en 1512 regresan los Médicis a Florencia concluye la República. Maquiavelo es cesado y encarcelado y hasta tiene que sufrir tortura. Al salir de la prisión se retira a una línea, desde donde escribe sus mejores obras.

En 1527, año convulso para los territorios italianos, en el que las tropas de Carlos V saquean Roma, los Médicis huyen de Florencia y los sustituye un gobierno del partido aristocrático.

Maquiavelo no fue considerado lo bastante hostil a los Médicis para seguir ocupando el cargo. Enfermo de pena, según se dice, por el giro de los acontecimientos, murió el 21 de junio de ese año,  poco después de que se restaurara de nuevo la República.

Todo el sistema político de Maquiavelo está expuesto en estas tres obras: «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» (1519), «El arte de la guerra» (1519) y «El Príncipe» (1513). La primera es la expresión más fiel y exacta de sus ideas y opiniones sobre la organización de los Estados y en ella está la sustancia de las otras dos; tomando como modelo la república romana, quiere resucitar su organización con el poder consular, el del Senado y el del pueblo para que, respectivamente, se vigilen e impidan extralimitaciones de ningún tipo.

En «El arte de la guerra» pone de manifiesto sus deseos de una milicia nacional en Italia y cómo debe de ser armada y organizarse para expulsar del país a franceses, alemanes y españoles.

«El Príncipe» enseña cómo se forma una monarquía nueva y absoluta para lograr con ella la unidad e independencia de la patria, y nos expone las ideas del autor acerca de las excepcionales aptitudes intelectuales y políticas que debe de tener el príncipe que gobierne. Esta figura ideal debe de servir por todos los medios a su Estado sin reparar en la forma en que lo haga; surge así la «Razón de Estado», en la que el fin justifica los medios.

Maquiavelo ve la política como un juego de caracteres y personalidades; el buen diplomático debe usar, si es necesario, la hipocresía como arma política, su única moral debe de ser la moral del éxito. A la religión la enfoca como un arma de dominación; su príncipe debe de profesar la religión, aunque no creer en ella, la debe usar para «sujetar» a su pueblo.

El Príncipe es una clara expresión de pensamiento político; toda consideración moral o religiosa queda aparte; lo que «debería ser» cede ante lo que «es», ante la consideración de la realidad tal cual es, sin preocupaciones de reforma, «porque hay tanto trecho de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien renuncie a lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende más bien lo que le arruinará que lo que le preservará».

La única voz que se oye es la del interés del estado, representado en la persona del príncipe, con lo que las normas teóricas encuentran ejemplarización en algunas figuras de grandes príncipes como César Borgia o Fernando II el Católico, del que, por ejemplo, dice: «No predica más que paz y buena fe, siendo muy enemigo de ambas; pero si hubiese observado una y otra, hubiera perdido en muchas ocasiones la reputación o el Estado».

Maquiavelo no crea nada nuevo en política; como él mismo dice, se atiene únicamente a la «verdad efectiva de las cosas», a lo que la observación de la realidad que le circunda y la historia de los grandes hombres le han enseñado. El único valor teórico de Maquiavelo es su realismo político, el escándalo que suscitan sus juicios sobre la naturaleza humana; es el hombre que ha afirmado tajantemente la incompatibilidad entre política y moral.

Vemos paradójicamente a un personaje que es al mismo tiempo republicano y defensor de una monarquía absoluta, pero no olvidemos que luchó toda su vida por la unidad italiana y entiende que para esta difícil empresa el soberano necesita de una suma de poder que sólo cabe en un monarca absoluto. Su obra hay que verla, pues, bajo el contexto histórico de la Italia de la época.

Perfil de un Príncipe:

«Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete, pues la grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido».

Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él:
* Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado.
* El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y «moverse según soplan los vientos».
* Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
* Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Sus ideas han sido duramente discutidas, su figura es polémica y se le ha hecho pasar, exageradamente, por enemigo de la moral, de la religión y de la justicia.

Maquiavelo supone que es mejor ser tenido por avaro que por liberal y tener luego que gravar a los súbditos con impuestos; mejor ser cruel a tiempo que inútilmente piadoso; mejor ser temido y respetado, que amado y no suficientemente respetado; «los hombres tienen menos reparos en ofender al que se hace amar que al que se hace temer, porque el amor se conserva por el solo vínculo de la obligación, la cual, debido a la perversidad humana, rompe toda ocasión de interés personal; pero el temor se conserva por miedo al castigo, que no te abandona jamás».

Llegan así los preceptos del famoso capítulo XVIII, el más discutido y criticado: el príncipe ha de saber ser zorro y león a un mismo tiempo y no debe cumplir la palabra dada «cuando tal cumplimiento puede redundar en su perjuicio y no existen ya las razones que se la hicieron empeñar»; ha de parecer «piadoso, fiel, humano, íntegro, religioso», pero debe también saber no serlo; en conclusión, predica la necesidad de «no apartarse del bien mientras sea posible, pero saber entrar en el mal cuando sea necesario», y esto porque en las acciones de los hombres se «considera sólo su fin.

Procure, por lo tanto, el príncipe vencer los obstáculos y conservar el estado, porque sus medios se tendrán siempre por hermosos y merecerá la alabanza general». Más adelante, el carácter teórico general se ejemplifica con el estudio de la situación italiana del momento, mediante el examen de las causas por las cuales los príncipes italianos han perdido sus estados, seguido de un análisis de la fortuna y de si la energía y capacidad del hombre pueden o no resistir a ella.

Comparando la fortuna con un impetuoso río, dice: «Ejerce su poder donde no existe precaución para resistirla, dirigiendo su violencia hacia el lugar en que sabe que no hay espigones, diques ni reparos que la contengan». Y la conclusión, que en Italia le será posible a un príncipe prudente y «virtuoso», es decir, capaz, crear un nuevo y fuerte estado que pueda proteger a Italia contra la invasión de los «bárbaros». El tratado, que hasta aquí había sido frío, lúcido e implacable, se cierra con un grito apasionado, los versos de Petrarca: «Virtud contra Furor / Tomará las armas; y el combate será breve, / Que el antiguo valor / No ha muerto aún en los itálicos corazones». 

Biografia de Erasmo de Rotterdam Filosofo Humanista Obras

Biografía del Humanista Erasmo de Rotterdam – Filósofo –

RESUMEN BIOGRAFICO: Erasmo, de Rotterdam (Rotterdam 1469-Basilea 1536). Humanista holandés de expresión latina. Viajó durante toda su vida y residió con cierta regularidad en París, en varias ciudades de Inglaterra y en Bolonia, donde obtuvo el año de 1506 el grado de Doctor en Artes.

En 1508 se encontraba en Venecia, en casa de Aldo Manucio, donde hizo la edición completa de Los Adagios. De nuevo fue a Inglaterra y a París, donde en 1511 publicó el Elogio de la locura.

Nombrado Profesor de Teología en Cambridge, publicó en 1515 su Institución del Príncipe cristiano y, en 1516, la primera versión griega del Nuevo Testamento acompañado de una versión latina.

Los Coloquios aparecieron en 1518. En 1521, cuando nacía el Protestantismo, fijó su residencia en Basilea. Celebró algún encuentro con Lutero, que se mostró hostil a su deseo de polemizar.

Sus concepciones políticas estaban basadas sobre la paz y la búsqueda del bien común. Para él, el ideal residía en el humanismo cristiano y en la tolerancia. Sus ideas tuvieron una gran repercusión en la Europa renacentista.

erasmo de rotterdam

Erasmo de Róterdam​, también conocido en español como Erasmo de Rotterdam, fue un humanista, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés.
Fecha de nacimiento: 28 de octubre de 1466, Róterdam, Países Bajos
Fallecimiento: 12 de julio de 1536, Basilea, Suiza
Nombre completo: Desiderius Erasmus Roterodamus
Orden religiosa: Orden de Canónigos Regulares de San Agustín
Ocupación: sacerdote, filósofo, filólogo, teólogo, escritor, religioso, profesor

Rotterdam es, actualmente, el primer puerto comercial del mundo. En esa ciudad de Holanda, que ya era importante a mediados del siglo XV, nació en 1467 (o puede, también, que en 1469)- Desiderio Erasmo, el célebre filósofo, educador y erudito, considerado como figura máxima del Humanismo.

Sus obras fueron muchas, destacándose, entre ellas, los «Adagios» o apotegmas, los diálogos que llamó «Coloquios» y el famoso «Elogio de la locura», su trabajo más importante, escrito en 1510.

La influencia de Erasmo en toda Europa, resultó trascendental. Su espíritu enciclopédico -prototípico del humanista- lo llevó a abordar los temas más disímiles, sin abandonar la orientación clásica. Lo hizo con talento y autoridad y convirtió ei idealismo, puramente ético, en base de su filosofía.

Biografía del Humanista Erasmo de Rotterdam(Imagen Izq.: Rotterdam, 28 de octubre de 1467 – Basilea, 12 de julio de 1536)

BIOGRAFÍA: Filósofo y teólogo flamenco. Hijo natural, a la muerte del padre fue desprovisto de su pequeña herencia por sus tutores. Su infancia fue trabajosa.

La primera juventud la pasó en Gonda, donde estudió en las escuelas latinas de Derenter y Hortegensboch. Ingresó en el monasterio agustino de Stein en 1487, donde se inició en la «devotio moderna».

En el mismo monasterio fue ordenado sacerdote en 1492, pero pidió dispensa de las obligaciones de las órdenes recibidas e incluso del hábito. Hombre de espíritu independiente, rechazó toda oferta o cargo que le impidiera mantener su independencia.

Tenía nueve años de edad, cuando cantaba en el coro de la catedral de Utrecht. Siguió sus estudios primarios en la escuela de Gouda, pero, al quedar huérfano -a los catorce años– fue enviado, con un hermano, a la comunidad de frailes que actuaba en Bois-le-Duc.

Desde allí se trasladó al monasterio de Stein y luego (a los veintidós años) al colegio de Deventer, sometido a una disciplina ascética. Los estudios clásicos y la enseñanza de la Biblia San Agustín y San Jerónimo, por un lado; Cicerón y Aristóteles, por otro ocuparon, totalmente, su atención.

En 1487 pronunció sus votos en el convento de Emaús, pero, al comprobar -más tarde- que su vocación no era ésa, obtuvo del papa Julio II, la necesaria «dispensa».

Entre 1493 y 1516 viajó por diversos países. Estuvo al servicio del obispo de Cambrais; estudió en la Universidad de París; fue a Inglaterra, donde tuvo la suerte de conocer a John Colet y a Thomas Moro.

De Inglaterra se dirigió a Italia, donde obtuvo el grado de maestro y doctor en teología por la Universidad de Turín. Pero Erasmo fue, sobre todo, un gran humanista.

Ante lo que él consideró corrupción de la lengua de Cicerón propugnó volver a las auténticas fuentes del latín, resucitando a los clásicos. En Venecia, conoció a Aldo Manucio, uno de sus editores.

vida de erasmo de rotterdam

En 1496 se adjudicó una beca para proseguir estudios en París. Como no lograba cobrar el modesto estipendio prometido, decidió tomar algunos alumnos, para poder aumentar sus magros ingresos, que le resultaban insuficientes para vivir. Al mismo tiempo, profundizó sus estudios de griego y cultivó la amistad del general de los padres trinitarios, Roberto Gaguin, experto en Filología. En la capital de Francia, por igual que en Orléans, Lovaina, Rotterdam y Bruselas, ejerció la enseñanza, hasta que fue nombrado por Carlos I, de España, consejero real. Tuvo, en 1506, la oportunidad de hacer un viaje a Italia como preceptor de los hijos del médico del rey de Inglaterra. En Turín, se graduó como doctor en Teología.

En 1508, apareció la edición completa de sus «Adagios», colección de sentencias griegas y latinas, que, junto con el «Manual del soldado cristiano» (1503), le dieron a conocer en toda Europa.

Esta última obra contenía ya las principales prácticas e ideales de la reforma protestante. En 1509, durante uno de sus viajes a Inglaterra, escribió la más famosa de sus obras: «Elogio de la locura» («Stultitiae laus») publicada en París en 1511.

Se valió de la sátira y del sarcasmo para poner al desnudo la decadencia moral del mundo de su tiempo, y, especialmente, de la Iglesia. Condenó las indulgencias y toda la práctica de devoción formal tan decisivamente como lo hizo, más tarde, Lutero.

Contra las obras meritorias, la religiosidad formalista y las reglas monásticas está, según Erasmo, la verdadera religiosidad, que es fe y caridad, conforme a las enseñanzas de los Evangelios.

Todos los temas de la polémica protestante contra la Iglesia se comentaron ya en la obra de Erasmo. Cuando se desencadenó la Reforma, Lutero se dirigió a Erasmo, que había sido precursor de ella, pidiéndole apoyo, pero Erasmo se negó a dárselo. No quiso ligarse a ningún partido, y menos a cualquier movimiento que pudiese alterar el orden. Con el fin de mantenerse neutral rechazó la oferta del capelo cardenalicio que le ofrecía el papa Pablo II en 1535. En Cambridge impartió clases, hasta 1517, como profesor de Teología. De 1517 a 1521 enseñó en Lovaina. La lucha religiosa le obligó a abandonar esta ciudad y a instalarse en Friburgo.

Otras obras importantes de Erasmo fueron; los «Colloquia familiaria», «Prefacios al Nuevo Testamento» y los escritos pedagógicos, de los que hay que destacar «Derationestudii» (1511), que es el programa del humanismo alemán.

La influencia de Erasmo en el panorama de la cultura occidental ha sido profunda pero indirecta. Su rasgo característico es el de haber contribuido al desarrollo del pensamiento independiente en tiempos polémicos.

A tal punto que sus no escasas facultades críticas terminaron generando reacciones conceptuales de católicos y protestantes. Irritó a éstos el hecho de que Erasmo refutara la tesis luterana que negaba el libre albedrío, por entender que éste constituye una de las características inherentes al alma humana.

Por cierto que, desde entonces, Lutero lo consideró siempre con tenaces reservas. No mayor fortuna tuvo con ciertos niveles directivos de la Curia romana y, en España, la Junta de Valladolid iba a pronunciarse en contra del erasmismo cuando la peste de 1527 la obligó a suspender sus sesiones.

La forma de encarar la educación moral, como vinculada a un lúcido estado de conciencia, convierte a Erasmo en precursor de algunos movimientos espirituales modernos. Y su vasta trayectoria literaria lo sitúa en medio de la querella que suscita, cíclicamente, la confrontación entre dogma y pensamiento.

PARA SABER MAS…
ERASMO DE ROTTERDAM:LA CORRIENTE CRÍTICA
Fuera de Italia, el más grande intelectual de los nuevos tiempos, y merecedor del sobrenombre de «Príncipe del Humanismo», es Erasmo.

Desiderio Erasmo había nacido en Rotterdam en 1467, de los amores culpables de un sacerdote. Desde muy joven viaja por toda Europa. Estudia en París, Oxford, Turín, Lovaina y Bruselas. Vive largo tiempo en Basilea y Friburgo.

Trabajando como preceptor privado, preparó para sus alumnos unos opúsculos pedagógicos que con el tiempo se convertirían en importantes libros de texto de la cultura europea. En Italia fue discípulo de Lorenzo Valla.

Viajó también a Inglaterra y estudió la lengua griega. En Venecia trabajó con Aldo Manuccio en una recopilación de proverbios antiguos. En Inglaterra, huésped del humanista Tomás Moro, escribió su obra más importante, el Elogio de la locura, de línea reformista, que es una crítica de la sociedad de la época, incluyendo a la Iglesia.

La vida de Erasmo es un ejemplo del cosmopolitismo tan característico de los literatos y artistas del Renacimiento. El latín es su idioma, y es el único que maneja con gran elegancia y maestría.

Una parte considerable de su obra se deriva del Humanismo erudito. En 1500, los «Proverbios» abren la serie de sus escritos propiamente literarios. En 1508, el «Elogio de la locura» —el único texto ilustre de toda la literatura latina del Renacimiento— es una vigorosa sátira de las prácticas eclesiásticas y de los abusos de la Iglesia, así como de las supersticiones populares.

En 1516, preparó una edición griega del Nuevo Testamento que causó escándalo, a pesar de ciertas deficiencias de traducción, pues se pronunciaba por una teología fundada únicamente sobre el Evangelio.  

Posteriormente realizó diversas ediciones de textos clásicos religiosos. En 1524 se alejó de las posturas de Lutero. Refugiado en Friburgo durante algunos años, escribió allí sus Coloquios, en los que la polémica antmedieval y antimonástica adquirió una excelente forma literaria.

En 1526, se vendieron en París veinticinco mil ejemplares de los «Coloquios familiares». Sus cartas, de las que se conocen alrededor de dos mil quinientas, nos dan la medida de su importancia en el movimiento humanista europeo.

Erasmo aporta al Humanismo una nueva actitud espiritual, diferente a esa sensibilidad humana propiamente italiana: el libre examen. Una aguda crítica se va a ejercer en todos los terrenos sobre las ideas recibidas.

El pensamiento va a liberarse, definitivamente, de los marcos medievales. Cristiano creyente, poco tentado por la herejía, no deseó la Reforma, cuyos excesos deploró, pero le proporcionó los medios para triunfar por su pintura de la corrupción de la Iglesia, y su actitud crítica con respecto a las Escrituras.

Esta emancipación deliberada del espíritu humano, eclipsada, por un momento, por los movimientos de reforma, será el aspecto dominante de la nueva cultura.

En esta cultura las ciencias han ocupado un lugar importante al lado de las disciplinas literarias, artísticas y filosóficas.

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LA EDUCACIÓN PEDAGOGICA SEGÚN DESIDERIO ERASMO (1467-1536)

Es el más discutido representante del humanismo. Nacido en Rotterdam, se educó con los Hermanos de la Vida Común, comunidad religiosa a la que luego perteneció.

Enfermizo de cuerpo y débil de fuerzas, poco inclinado a la disciplina conventual, con permiso del Papa abandonó los hábitos para llevar una vida errante y solitaria.

Perfeccionó sus estudios clásicos en París, pasó a Oxford donde se relacionó con un grupo de eruditos, entre otros con santo Tomás Moro; estuvo en Roma, donde, a pesar de sus crueles sátiras contra la vida de los eclesiásticos, fue protegido por el papa León X.

La corte romana lo perdonaba todo porque el humanismo de Erasmo hacía olvidar sus intemperancias.

Su fe en la cultura, su sentido crítico, su mente abierta y su ironía, lo destacan de la mentalidad medieval todavía reinante. Aunque nunca abandonó el catolicismo y se enfrentó con Lutero, su crítica mordaz, agresiva y despiadada preparó el camino para la rebeldía protestante. Su influencia en España fue notable.

Publicó numerosísimas obras, en gran parte de polémica, tanto contra la escolástica, como contra los humanistas imitadores serviles de Cicerón. Para favorecer la difusión del humanismo cristiano realizó distintas ediciones de textos bíblicos de los Santos Padres, de autores clásicos de la antigüedad y gramáticas latinas y griegas. Compuso textos pedagógicos, como: La educación liberal de los niños; Acerca del método de los estudios, verdadero tratado de didáctica, y los Coloquios familiares, un ameno libro de lectura.

Erasmo, como teórico de la educación carece de originalidad. Constantemente se inspira en Quintiliano y en los autores de su época; sin embargo, fue uno de los grandes pedagogos del humanismo.

Su aspiración consistió en unir la literatura antigua con el valor moral del cristianismo. Realizó su gran tarea por medio de la filología, restituyendo en su pureza idiomática original los textos bíblicos y clásicos que juzgaba fundamentales para la comprensión, conducta y goce de la vida.

Para Erasmo, el humanismo descansa esencialmente en la posesión de las lenguas antiguas y en la frecuentación de las literaturas griega y latina. El latín medieval, sostiene, debe ser sustituido por el latín literario, que es un incomparable instrumento de cultura. Este propósito alcanzó realización: el latín, que era todavía a su manera una lengua viva e iba degenerando, pasó por la influencia erasmiana a ser fijado, purificado, inmovilizado y, al pasar a la enseñanza se configuró como una lengua, muerta.

La cultura filológica profundizada es el medio de tener acceso al verdadero humanismo, donde lo. mejor de la tradición antigua se une con la esencia del cristianismo. El humanismo clásico, mediante los mejores autores antiguos, y el humanismo cristiano, mediante la Biblia y los escritos de los Padres, no deben estar separados uno de otro, sino que, por el contrario, si se los une en una sabiduría ética y religiosa, su adquisición constituye la más elevada educación.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

El Humanismo Filosofia e Ideas del Humanismo Características

El Humanismo: Características
Filosofía e Ideas del Humanismo

Durante el período comprendido entre 1350 y 1550, en Italia nació una nueva tendencia espiritual, que se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas: el humanismo. Este nuevo movimiento ideológico se extendió a los demás países europeos, pero con más de un siglo de retraso (de 1450 a 1600).

Los intelectuales italianos revelaron a Europa la experiencia histórica de sus antepasados y de la civilización greco-romana. El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana. Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional.

Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

En sintesis podemos decir que el Humanismo comienza siendo en el Renacimiento, una aproximación al hombre y una postura de rechazo al teocentrismo medieval. En el Renacimiento vemos como se descubre al hombre en todas sus dimensiones: su anatomía desde el punto de vista científico y al cuerpo humano como interés estético. El Humanismo del Renacimiento debe ser visto comoun interés primordial por el hombre y todos su quehaceres.

EL HUMANISNO: La primera característica del humanismo es que el individuo tendió a liberarse de la dogmática, del ideal religioso de la Edad Media. En segundo lugar, se manifestó un retorno a la literatura clásica griega y romana. Los antiguos textos ya no se consideraron «paganos» y, por lo tanto, «prohibidos», sino que se inició su estudio desde el punto de vista filológico, histórico y estético. Por último, su tercera característica fue el florecimiento de una especie de culto al individuo. El hombre adquiere conciencia de su valor, de su propio «yo». 

Los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre cabal, libre y progresista.

Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo. Se crearon, con  tal objeto, nuevas escuelas en que se desterraban el trivium y el cuadrivium, bases de la enseñanza medieval, y se remplazaban por el estudio de los idiomas y las letras clásicas.

Se consideraban estas disciplinas como medios para obtener el desarrollo completo—físico y espiritual, estético y religioso—del hombre y liberarlo de los prejuicios de la época medieval. Así fue como nacieron los primeros programas de esa etapa de la educación que hoy se llama secundaria o humanista. Pero la atención hacia los objetivos fue disminuyendo y la enseñanza de los idiomas clásicos se convirtió en preponderante y exclusiva. La Ratio Studiorum de los jesuitas acentuó la tendencia.

En el siglo XIX el mayor desarrollo de la técnica y las ciencias disputó a las humanidades su capacidad de formar íntegramente al hombre. En Alemania se fundaron institutos de segunda enseñanza en que el griego y el latín se remplazaron por asignaturas científicas, * y en la mayor parte de los países occidentales se realizaron transacciones semejantes entre los estudios clásicos y los modernos.

La «educación nueva» del siglo XX restó importancia a la disputa entre clásicos y modernos al introducir el concepto de que son las manifestaciones de la vida en su totalidad y en todas sus fases las que pueden formar en su pluralidad infinita al ser humano.

De aquí la amplitud considerable que actualmente han alcanzado las «humanidades» modernas.

El humanismo se caracteriza, sobre todo, por la importancia que concede a la libertad y dignidad del individuo. Al mismo tiempo nace un nuevo interés por la Antigüedad clásica y se inicia la liberación de la influencia religiosa de la Edad Media. Erasmo, de Rotterdam, es el príncipe de los humanistas. La imprenta favoreció de modo eficaz la difusión del pensamiento humanista, que no tardó en consagrar el progreso del arte y el pensamiento en  Occidente.

Mirar hacia el pasado para comprender el present:

Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos XV y XVI, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.

Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotografía se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y el Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“…Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.»

El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

LA IMPRENTA: El humanismo está estrechamente vinculado al invento de la imprenta. Ya desde principios del siglo xv se buscaba el medio de multiplicar los manuscritos de un modo más rápido.

El invento de los tipos movibles permitió que se realizara este proyecto. Este nuevo descubrimiento fue hecho simultáneamente por varios técnicos. Pero el primero en instalar un taller (en Maguncia, en 1450) fue Juan Gutenberg. Poco tiempo después se imprimió la primera Biblia. Al mismo tiempo, los impresores reemplazaron el pergamino, demasiado caro, por papel. Esto también favoreció la difusión de los textos. El arte de la imprenta se extendió rápidamente.

imprenta y humanismo

Gracias a este invento que, sin duda, es uno de los más importantes de la historia, el pensamiento humanista se difundió entre la población selecta. A pesar de que gozó del favor de los soberanos, nunca llegó a las clases inferiores de la sociedad. Los primeros impresores fueron, a menudo, sabios y escritores. Entre los más famosos citaremos a los Aldos, en Venecia; Froben, amigo de Erasmo, en Suiza; R. Estienne, en París; Elzevir en Leyden y Plantin en Amberes.

PARA SABER MAS SOBRE EL HUMANISMO….

Petrarca, el gran poeta italiano (1304-1374), y Boccaccio, autor del Decamerón (1313-1375), ya personificaban esta tendencia que no tardaría en propagarse, con distinta fortuna, por toda Europa occidental.

El humanismo se desarrolló en primer lugar en Florencia. Pretendía formar al hombre y perfeccionarlo, y para ello se inspiró en el ideal de la Antigüedad, el humanitas, es decir, lo humano en general. La invasión del imperio bizantino por los turcos y la caída de Constantinopla en 1453 fueron causa de que muchos sabios y literatos marchasen a Italia. Gracias a ellos se estableció un contacto más íntimo con el pensamiento y la literatura de la Grecia antigua. En Florencia se fundó una academia platónica según el modelo del filósofo griego Platón, apoyada por el cardenal Bessarión, famoso helenista.

Marcelo Ficino, uno de los principales conocedores florentinos de Platón, y Pico de la Mirándola, autor de un tratado sobre la dignidad humana, fueron miembros de esta academia.

En su obra, Pico de la Mirándola ensalza el libre albedrío. El individuo es libre de escoger el bien o el mal. El hombre consciente de su dignidad se sitúa en el centro de la historia, en cuyo curso influye por sus actos. He aquí un concepto puramente individualista que rompe con el colectivismo o sentido comunitario de la Edad Media. Junto a estos famosos humanistas italianos debemos citar también a Leonardo Bruni, traductor de Platón y Aristóteles, y a un crítico de historia, Lorenzo Valla.

En Italia, el humanismo fue un movimiento exclusivamente filológico y literario que se dedicó al estudio de la Antigüedad. Al norte de los Alpes, además de la literatura griega y romana, se estudiaron los textos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

Los principales representantes del humanismo fueron J. Reuchlin en Alemania, J. Lefévre d’Etaples en Francia y el filósofo, psicólogo y educador Juan Luis Vives (1492-1540) en España, en cuyos escritos, como dice Julián Marías, anticipó lo que había de ser buena parte del pensamiento europeo de los siglos XVI y XVII.

De Inglaterra citaremos a Johan Colet, que en sus escritos denunció los abusos cometidos por la Iglesia, y especialmente a Tomás Moro (1478-1535). En su Utopía, Moro describe una sociedad humana ideal para poder atacar mejor a las situaciones políticas de su tiempo.

Pero es indudable que el príncipe de los humanistas fue Didier Erasmo, de Rotterdam (1461-1536). Renombrado filólogo, se dedicó, sobre todo, al estudio de los textos sagrados. Condenaba la escolástica y defendía la libertad cristiana. En su Elogio de la locura dio libre curso a su espíritu de la burla. Satiriza los conceptos supersticiosos, la ciencia imaginaria de los teólogos, la política del papa y el espíritu mundano que había invadido a la Iglesia. Su obra alcanzó enorme éxito, lo que demuestra que el espíritu humanista no fue atributo exclusivo de unos cuantos filósofos y escritores. Aún hoy se cita frecuentemente como una obra maestra sin igual.

A partir de este momento, se formaron círculos muy amplios en los que se empezó a estudiar, traducir y comentar a los autores antiguos y la Biblia. La atención se centró en el latín, el griego y también el hebreo. Para fomentar el estudio de estas lenguas, en 1516 se fundó el «Colegio de las tres lenguas», no en la Sorbona, que se negó a aceptar la nueva ciencia, sino en la universidad de Lovaina.

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