Presidencias Históricas

La Guerra del Paraguay Causas y Consecuencias La Triple Alianza

La Guerra del Paraguay
Causas y Consecuencias – La Triple Alianza

Entre los años 1860 y 1870 la cuenca del Plata fue escenario de una cruel guerra entre los países ribereños de sus grandes ríos. Argentina, Brasil y Uruguay por un lado y Paraguay por el otro. Protagonizaron un largo y sangriento conflicto que dejó como saldo un Paraguay papel secundario. Nefasta contienda, cuyos hechos enlutan la historia de cuatro países americanos a la que condujeron circunstancia políticas, rivalidades territoriales que superaron toda consideración humanitaria.

Dice Ricardo de Titto, en su libro Los hechos Que Cambiaron La Historia Argentina en el Siglo XIX, «Sea por vergüenza histórica o por un ocultamiento deliberado, esta página [la guerra de la Triple Alianza] que enluta la memoria argentina y la deja en terrible deuda con un país hermano, es para muchos una gran incógnita. Se puede argumentar que la historia siempre es un recorte seleccionado de hechos, pero resulta sospechoso que uno de tal dimensión como la «guerra de la Triple Alianza» haya merecido sólo menciones refractarias y parciales durante décadas de historiografía oficial. Desde hace unos años el tema empieza a ocupar el lugar que merece. Las causas que provocaron la guerra, y sus trágicas consecuencias, que todavía hoy -ciento cuarenta años después- resienten la vida del Paraguay, sirven para echar luz sobre las sombras en que se pretendió ocultar la más sanguinaria de las luchas en las que participó nuestro país.»

ANTECEDENTES:EL EJEMPLO PARAGUAYO Y SU AISLAMIENTO:

«Una trilogía gobierna el Paraguay durante más de cinco décadas. Iniciada por el ‘supremo» José Gaspar Rodríguez de Francia, la continúa su sobrino Carlos Antonio López, quien abdica, de hecho, en su hijo Francisco Solano López, una suerte de «príncipe heredero» de la dictadura, que asume el 16 de octubre de 1862. La dinastía logra que el país goce de estabilidad y una cierta prosperidad. Mantiene una relación de equilibrio con sus vecinos más poderosos, el Imperio del Brasil y la Argentina, y tiene una economía primaria basada en la explotación del tabaco, la yerba y la madera, que satisface sus necesidades. La propiedad agraria está en manos de grandes latifundistas y se completa con múltiples chacras de pequeñas dimensiones que incorporan la explotación del algodón, un nuevo «oro blanco».

El gobierno fomenta la educación y consigue un alto índice de alfabetización. Por la Constitución de 1844 se obliga a invertir en la enseñanza de medicina y arte y a contratar maestros extranjeros. En 1862 las escuelas primarias tienen casi 25.000 alumnos. Como resultado de esa política «autosuficiente», el país se mantiene en un relativo aislamiento.

En 1856 se inaugura el ferrocarril primera vía férrea de Sudamérica, que une a Asunción y Paraguarí. Si bien los rieles son importados, los coches son enteramente construidos en el país. El mismo año es botado el primer barco de vapor con casco de acero construido en América , el Yporá. También instala el telégrafo, promueve la fabricación de papel y tejidos y establece la primera fundición de hierro de hispanoamérica en Ybycuí: alimentado con leña, el alto horno puede fundir una tonelada de metal por día. Para desarrollar la agricultura se fomentan las «Estancias de la Patria», por medio de las cuales el Estado, propietaria de la tierra, otorga parcelas en arriendo a los campesinos.

Su posición geográfica, sin embargo, hace depender al Paraguay de los ríos navegables que lo llevan al océano. Y estas vías son propiedad de los países vecinos, cerrarle al Paraguay el tráfico fluvial es lo mismo que decretar su muerte. El Brasil y la Argentina tienen otra causa suplementaria para celar de su vecino: mientras la nación. guaraní ha crecido sin endeudarse, ellos están comprometidos en una abultada deuda externa con la banca británica desde la época de la guerra que los enfrentó, hace casi cuarenta años.
Todo confluye contra López: su pretendida autonomía política que se da de bruces con su ubicación geográfica; el incipiente desarrollo económico paraguayo no quiere aceptar tutorías extranjeras. Demasiados intereses se suman en su contra.

CAUSAS: Desde 1810 Paraguay sometido a una dictadura paternalista vivió aislado de la política rioplatense. Gaspar Rodríguez de Francia dirigió los destinos de aquel estado mediterráneo al que la fuerte rivalidad comercial con Buenos Aires instó a emanciparse de los gobiernos porteños. En 1840 falleció Francia y tras un breve intermedio, el poder quedó en manos de Carlos Antonio López quien de hecho se convirtió en gobernante absoluto. En 1862 falleció y su hijo Francisco Solano mediante una ficción constitucional heredó el poder.

La situación geográfica de Paraguay condenó este país a un callejón sin salida. Su puerta al mar, es decir, el libre acceso a las rutas comerciales de ultramar dependía de los ríos argentinos. La actitud prudente de Gaspar Francia que evitó mezclarse en los problemas de las regiones vecinas, fue alterada por los López sobre todo por el segundo de ellos.

El problema de los ríos se sumo a cuestiones de límites entre Argentina y Paraguay (Misiones y Chaco) y entre este país y el Brasil (en el Mato Grosso) heredadas de las imprecisas demarcaciones virreinales. La navegación del Vio Paraguay (comunicación natural con la última región citada) era, al mismo tiempo. una cuestión de vital importancia para Brasil, y ello ocasioné diversos conflictos.»

HACIA LA CATÁSTROFE. En 1863 la lucha entre blancos y colorados, en Uruguay, sirvió de excusa para la intervención de Brasil en ese pequeño estado. En realidad, fue la presión de los hacendados riograndenses, fuertemente interesados en los campos fronterizos, lo que impulsó la actitud del Imperio. La República Argentina dirigida entonces por Mitre, permaneció neutral, en tanto las fuerzas brasileñas atacaban al país hermano con apoyo de las fuerzas coloradas de Venancio Flores.

Los blancos acudieron ante Paraguay en procura de ayuda y el dictador López vio la oportunidad de intervenir en favor de lo que él llamaba el equilibrio en el Plata. Su intimación a Brasil para que cesara la intervención en Uruguay no fue aceptada iniciándose entonces las hostilidades.

LA POSICIÓN ARGENTINA. Brasil era el rival tradicional de Buenos Aires en el Plata. En la cuestión oriental el gobierno de Mitre (simpatizante, por otra parte. de los colorados) había permanecido al margen esto es permitiendo la intervención del Imperio, una vez que éste garantizó la integridad territorial de Uruguay.

Al estallar la lucha entre Brasil y Paraguay, este último país solicitó de la República Argentina autorización para trasladar sus ejércitos a través de su territorio, cosa que le fue negada. Para nuestro gobierno, una actitud favorable a Paraguay podía significar un serio peligro: las ambiciones de Solano López de lograr una salida al mar para su patria afectaban la seguridad del litoral, donde la política paraguaya contaba con adeptos entre los enemigos del gobierno mitrista.

La negativa de Buenos Aires lanzó a Paraguay ya en guerra con Brasil, al conflicto con las otras dos naciones involucradas, pues en Uruguay el apoyo imperial dio la victoria a los colorados y Venancio Flores, llegado al poder con ese triunfo se apresuró a aliarse con Argentina y Brasil.

LA GUERRA : López inició las acciones contra Brasil capturando al vapor de esa bandera Marqués de Olinda. el 11 de noviembre de 1864; en febrero de 1865 declaró la guerra a la República Argentina, aunque este hecho fue conocido por Buenos Aires mucho más tarde. Para ese entonces los blancos uruguayos habían sido vencidos.

LA OFENSIVA PARAGUAYA. López erró sus cálculos desde el principio. Aguardando tal vez un pronunciamiento favorable de los federales argentinos sobre todo del litoral, inició sus operaciones hacia el norte, invadiendo exitosamente el territorio brasileño de Mato Grosso. Este triunfo no fue decisivo; en cambio, dio tiempo a la derrota de los blancos uruguayos evitando toda posible coordinación de esfuerzos con los paraguayos. A mediados de abril las tropas paraguayas invadieron la provincia argentina de Corrientes, avanzando a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay.

LA TRIPLE ALIANZA. El 1 de mayo de 1865 Rufino de Elizalde (ministro argentino de Relaciones Exteriores), Octaviano de Almeida Rosa y Carlos de Castro (representantes de Brasil y Uruguay. respectivamente) signaron el llamado Tratado de la Triple Alianza. Se puntualizaba allí que la guerra seria dirigida contra el gobierno y no contra el pueblo paraguayo simple participante en los hechos, y que se respetaría la integridad del Paraguay. Sin embargo, el tratado establecía ventajas territoriales para los estados firmantes.

Paraguay, fruto de la política armamentista de los López, contaba con un poderoso ejército, parcialmente dotado de armas modernas arsenales y manufacturas de guerra. Podía poner en armas 6000 hombres y contaba con varios vapores de guerra y otros adaptados al efecto en parte tripulados por marinos ingleses.

LAS OPERACIONES EN EL LITORAL (1865).

El avance paraguayo sobre la Mesopotamia sufrió un rudo contraste ante la marina imperial en el sangriento combate naval del Riachuelo (11 de abril de 1865) donde, pese al valor de los paraguayos su escuadrilla quedó fuera de combate y los ríos en poder del enemigo.

El 17 de setiembre de 1865 una parte de las fuerzas paraguayas al mando de Estigarribia se rindió en Uruguayana —localidad brasileña que habían ocupado— a los aliados encabezados por Mitre (jefe terrestre de los ejércitos de la Triple Alianza). Cerca de 30.000 hombres había empeñado López en esta ofensiva y tras la derrota citada debió ordenar su repliegue.

LAS LUCHAS EN TERRITORIO PARAGUAYO.
Desde 1866. Paraguay, librado a sus solos recursos, cortada toda comunicación con el exterior, se limitó a una desesperada acción defensiva que sólo prolongaron el coraje de sus soldados y la ceguera y el despotismo de López, confiado en su eficaz sistema de fortificaciones.

La ofensiva aliada al suelo paraguayo (las tropas argentinas sumaban ya 25.000 hombres) fue seguida por tremendos encuentros, generalmente desfavorables a Paraguay. Se sucedieron así Estero Bellaco (2 de mayo de 1866), Tuyuti (24 de mayo de 1866), Boquerón y El Sauce (16 y 18 de junio). Señalamos, como dato curioso, el empleo que las fuerzas de la Triple Alianza hicieron, en alguna oportunidad, de globos cautivos

Una entrevista entre Mitre y López celebrada en Yataiti-Corá, no produjo ningún resultado favorable, ya que el mandatario argentino no quiso negociar al margen del Brasil (cosa que Brasil hizo luego) y la guerra siguió su curso.

CURUPAYTÍ. El 22 de setiembre de 1866 un asalto frontal contra las trincheras paraguayas que guarecían aquella fortaleza terminó en un desastre. El bombardeo naval de la escuadra brasileña, al mando del almirante Tamandaré no hizo mella en los atrincheramientos del ene migo, y las tropas terrestres dirigidas por Mitre sufrieron un duro revés: solo el ejército argentino perdió más de 5000 hombres entre ellos Dominguito Sarmiento. La se prolongó entonces al tiempo que los opositores al mitrismo y el sentimiento de las provincias contrario a la guerra creaban una caótica situación en el interior del país.

EL FIN DE LA CONTIENDA. Pese a Curupayti la derrota paraguaya era cuestión de tiempo. Los ejércitos enfrentados se debatieron en nuevos y sangrientos encuentros (Piquisirí, ltá Ibaté) y el 5 de enero de 1869 (Sarmiento ya gobernaba en Buenos Aires) las fuerzas de la Triple Alianza entraban en Asunción.

López, entretanto, y dispuesto firmemente a no rendirse, había comenzado una retirada hacia el norte (a Cerro Cora), seguido por una escasa y desnutrida tropa de 2.000 hombres y 20 piezas de artillería y el resto de un pueblo, abnegado y enfermo, afectado por el hambre y la disentería que dejaba a su paso los cadáveres de los paraguayos que no podían continuar. Este peregrinaje se prolongó hasta el 1 de marzo de 1870, día en que el mariscal López, al mando tan sólo de un grupo de 400 hombres, fue atacado por una columna brasileña al mando del general Cámara y muerto de un sablazo en el vientre a orillas del arroyo Aquidabán.

La guerra del Paraguay, que constituyó un verdadero genocidio, había terminado definitivamente. Alrededor de 700.000 paraguayos sucumbieron en ella, quedando solamente 150.000 mujeres, hambrientas y enfermas, y unos 1.500 hombres que eran ancianos, niños y mutilados de guerra. El país hermano había sido trágicamente exterminado. Sobre él pendía una tremenda deuda económica, y las epidemias de cólera y fiebre amarilla seguían causando estragos. Es el momento en que Brasil reclamó para sí sus derechos sobre los territorios en conflicto.

Pero nuestro país se ciñó a un nuevo principio proclamado por el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Sarmiento, Mariano Várela, en su mensaje del día 27 de diciembre de 1869: «La victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por sí, límites suyos los que el tratado señaló».

Esta declaración tuvo por objetivo denunciar la actitud de Brasil, que se atribuía una extensa región no reclamada antes de la guerra como propia. Los recelos imperiales reaccionaron inmediatamente ante la declaración del ministro Várela, y esta situación estuvo a punto de terminar en una ruptura de relaciones entre los gobiernos de Buenos Aires y Río de Janeiro. Por este motivo fue enviado a Brasil por el presidente Sarmiento, en misión diplomática, Bartolomé Mitre, por considerar aquél que éste era el hombre indicado para componer la peligrosa situación.

Solano López continuó con su deshecho ejército una acción sin esperanzas hasta
caer muerto ante una partida brasileña en marzo de 1870.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA. Paraguay quedó literalmente arrasado; la mayoría de su población útil había caído en el combate. Las pérdidas humanas sufridas por sus enemigos fueron también considerables; las secuelas de la guerra se dejaron sentir por largo tiempo en la República Argentina.

El conflicto no terminó con el cese del fuego. Los problemas pendientes fueron resueltos por la diplomacia. El Imperio impuso a los vencidos los limites que a él le convenían; la República Argentina negoció largamente los territorios en conflicto, tras haberse iniciado la paz con la generosa doctrina de Varela, ministro de Relaciones Exteriores de Sarmiento: la victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por si límites que el tratado señaló.

Los resultados obtenidos por unos y otros no justificaron el conflicto. La única moraleja a extraer, si cabe sacarlas de los hechos históricos, sólo demuestra lo inútil y costoso de las guerras entre pueblos hermanos.

«La guerra contra el Paraguay dejó otras consecuencias sociales y demográficas. En 1871 b fiebre amarilla asoló Buenos Aires, el 15 % de la población murió a causa de la infección v hasta los miembros de la Comisión de Higiene se contagiaron. El virus, aparentemente, te propagó en los campamentos militares.

¿Fue la epidemia una suerte de venganza póstuma? No se trata, desde ya, de maldiciones históricas pero sí de reafirmar que las guerras nunca terminan con la última batalla. En los años posteriores se produjo, además, un masivo éxodo de correntinos hacia un Paraguay habitado sólo por niños, ancianos, muchachas solteras y viudas.

El entrecruzamiento de sangres y apellidos permitió, con el tiempo, cerrar algunas heridas del pasado cruento. De todos modos, el Paraguay nunca se repondrá completamente del mazazo que en 1865 le dieron sus actuales socios del Mercosur. Es, de lejos, el país más pobre de los cuatro. «Muero con mi patria», se dice que pronunció López al morir, y tal vez sea una de sus frases más acertadas.»

PARA EL ANÁLISIS: ¿Por que la guerra?, «Se han tejido tantas explicaciones que van desde la defensa del honor nacional hasta la presión de Inglaterra sobre la Argentina para que participara y abrir así el Paraguay al comercio internacional. Todas tienen algo de creíble, pero también sus vacíos. Por eso, la participación argentina en la guerra sigue sin una explicación definitiva y convincente».

¿Por qué se desata la guerra?, ¿por qué es tan furiosa?, ¿a quién convenía el conflicto? Estos interrogantes, en este caso, todavía admiten un abanico de respuestas. Los historiadores Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde sostienen que Inglaterra fue el real patrocinante de una guerra de conquista:

«La guerra parecía un hecho irracional, pero es que el mundo vivía la transformación de la exportación de mercaderías en exportación de capitales, y América del Sur era la víctima propicia de esa transformación, profundamente ‘racional’ para los intereses británicos. […] Algodón, libre navegación, empréstitos, límites, ganancias comerciales, destrucción industrial, poder político, ambición y temor, significaron la guerra de la ‘doble alianza’ entre el capital financiero y las oligarquías locales. Drama de personajes americanos, con un protagonista y autor oculto: Inglaterra, puesta en evidencia, a través de los pocos rastros dejados en su letal paso.»

León Pomer en El Paraguay, víctima del libre cambio sostiene:

«La guerra del Paraguay significó para el país guaraní su ingreso al mercado mundial organizado por las potencias centrales. Caro fue el precio que pagó. El Paraguay perdió el ejercicio autónomo de su voluntad nacional y en consecuencia, se vio impulsado a abandonar un camino de desarrollo absolutamente singular, propio e independiente.»

Y se pregunta entonces ¿qué era el Paraguay antes de 1865 para que tres gobiernos hicieran la guerra unidos, «pagados por una sola bolsa indisimuladamente británica»?.

Más allá de cuál fuera el nivel de las fuerzas productivas paraguayas -si en verdad estaban desarrollándose a toda marcha o era sólo un espejismo de la dictadura—, la guerra responde, sin duda al fenómeno de la expansión comercial que domina la etapa histórica como un prolegómeno del imperialismo moderno, y la masacre beneficia en el mediano plazo la expansión de los intereses económicos de las burguesías porteña, brasileña. Sin embargo, en lo inmediato, dificultó el desarrollo de una Argentina recién unificada y la embargó en una costosa deuda externa que pagaron las generaciones futuras»

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA
El Bicentenario Fasc.N°4 Período 1870-1889 Nota del Historiador Alejandro Fernández

Juan Bautista Gilí, segundo presidente constitucional del Paraguay en la posguerra, debe convivir con la ocupación militar de los vencedores. Los diplomáticos brasileños, más que los argentinos, son los árbitros de la política: a ellos recurren las facciones políticas, todas ellas tributarias del pensamiento liberal, que han surgido después de la gran derrota. Los paraguayos antilopistas que vivieron la guerra desde el exilio o en la Legión Paraguaya que luchó junto a la Triple Alianza están ahora en el poder.

No obstante, han admitido en sus filas a antiguos colaboradores de Solano López, como el general Bernardino Caballero. Los aliados, Brasil y la Argentina, han enterrado su alianza y están seriamente enfrentados, con grave peligro de llegar al enfrentamiento armado. Las pretensiones territoriales brasileñas ya fueron reconocidas por el tratado Cotegipe-Loizaga, de 1872. Una maniobra de la cancillería imperial se adelantó a asegurarse su parte en el botín: una región muy rica en yerbatales.

La Argentina de Mitre pretende el entero Chaco. Ahora, en 1876, se llega a un acuerdo entre Bernardo de Irigoyen, canciller argentino, y Facundo Machain, por el lado paraguayo. El Chaco es dividido en tres partes. Se le reconoce al Paraguay lo que queda al norte del río Verde; el sur del Pilcomayo es adjudicado a la Argentina, y la región intermedia entre ambos ríos es sometida al arbitraje del presidente Rutherford Hayes de los Estados Unidos.

Todo hace suponer que Hayes se inclinará a favor de los derechos paraguayos, ya suficientemente despojados por los ex aliados de la Triple Alianza. El Estado paraguayo, mayor poseedor de tierras de nuestro país, luego de haber dilapidado ignominiosamente los empréstitos de 1871 y 1872 «generosamente» concedidos por la banca inglesa, está vendiendo a precio vil la tierra pública para hacerse de fondos. Familias de agricultores sobrevivientes de la gran catástrofe son desalojados de glebas que ocupaban desde hacía varias generaciones.

Se hacen subastas en las capitales extranjeras, y así capitalistas argentinos se transforman en grandes terratenientes. Una grave consecuencia es la brutal explotación a que comienza a ser sometido el «mensú» Del festival dilapidatorio participan políticos oficialistas, que de pronto se convierten en grandes propietarios territoriales. Las bases igualitarias de la sociedad paraguaya han sido quebradas. Estamos entrando en la civilización.

CRÓNICA II , Nota de la Historiadora Nidia Areces «Durante la guerra se dieron acontecimientos decisivos, muchos de ellos imposibles de olvidar por los actos de heroísmo que se registraron: el combate de Riachuelo, la rendición de Uruguayana, las batallas de Estero Bellaco, Tuyutí, Sauce, Boquerón, Curupaytí, las campañas de Humaitá y de Pikysyry, la batalla de Lomas Valentinas, la ocupación y pillaje de Asunción, la batalla de Piribebuy y la campaña de la Cordillera.

El mariscal López continúo resistiendo a pesar de la ocupación de Asunción, y en la etapa final del conflicto logró agrupar un ejército de doce mil almas en su mayoría de viejos y niños. El Imperio, frente a esta reacción, decidió continuar la guerra sin cuartel mientras que argentinos y uruguayos consideraron que ocupada la capital, la guerra había finalizado. Marcharon de regreso a sus países dejando en Paraguay unos pocos regimientos. Ha sido una guerra impopular sobre todo en el interior de la República Argentina.

Se dieron varios focos de protesta y rebelión contra el gobierno de Buenos Aires. Muchas voces también se escucharon en contra de ella. El jurista argentino Juan Bautista Alberdi se erigió en Europa como campeón de la causa paraguaya. Los países americanos con costa en el Pacífico reclamaron insistentemente por el cese de las hostilidades protestando por los términos del Tratado.

En esta guerra todo el pueblo paraguayo se movilizó y se mostró cohesionado frente al conflicto, a pesar de algunas disidencias que se dieron en el seno mismo del gobierno y que en estas horas de derrota han buscado acomodarse a la nueva situación.»

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina Kapelusz
Los hechos Que Cambiaron La Historia Argentina en el Siglo XIX, Ricardo J. de Titto

Pintores Epoca de Rosas Jovenes Romanticos Obra Artistica e Influencia

Pintores Época de Rosas – Influencia Pintores Extranjeros

Los jóvenes románticos: La llamada generación romántica estaba formada por jóvenes educados según el modelo europeo del siglo XVIII.

El romanticismo argentino tenía también elementos, liberales. Esteban Echeverría, Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (p.), Marco Avellaneda, Vicente Fidel López, Pío Tedín, Antonio Aberastain, y muchos otros, endiosaron el pasado desde mayo de 1810 hasta los tiempos cercanos.

Quisieron que toda la realidad, a la que conocían mejor que los viejos unitarios, aunque menos que los federales prácticos, se ajustase a esquemas rígidos y preconcebidos.

En 1837, uno de esos jóvenes románticos, Esteban Echeverría, creó el Salón Literario‘, círculo que comenzó a nuclear a oposición a Rosas.

El 1838, el mismo Echeverría fundaría una sociedad secreta, dé carácter netamente político, llamada La Joven Argentina, conocida tradicionalmente como Asociación de Mayo.

Una comisión integrada por Echeverría, Alberdi y Juan María Gutiérrez redactó la doctrina de la Asociación; de este trabajo surgió más tarde el Dogma Socialista de Echeverría. La vigilancia de Rosas obligó a los miembros de esta sociedad a emigrar, en especial a Montevideo, donde siguieron conspirando contra el gobierno de Rosas.

Pintores de la época de Rosas (ampliar este tema)

El pintor argentino más importante de esa época fue Carlos Morel (1813-1894), quien nació en Buenos Aires y fue discípulo de Guth y Caccianiga.

Morel ocupa un lugar destacado en la historia del arte nacional por sus escenas de costumbres, litografiadas con el título de Usos y costumbres del Río de la Plata de 1844 y 1845. Condiscípulo de Morel fue Fernando García del Molino (1813-1899), nacido en Chile pero residente en Buenos Aires desde los seis años de edad.

Este realizó, en distintas épocas, varios retratos de Juan Manuel de Rosas, quien le dispensó protección.

García del Molino fue uno de los pocos artistas que tuvo entrada franca en la residencia de Palermo. Dejó una notable galería de retratos de personajes de la época de la Federación.

Otros pintores destacados fueron Eustaquio Carrandi (18181-878), Juan L. Camaña (1817-1877), Benjamín Franklin Rawson (1849-1871), Ignacio Báz (1814-1887), Bernabé Demaría. (18241910), y Gaspar Palacio (1828-1892).

Entre los artistas extranjeros que llegaron a las Provincias Unidas durante la primera mitad del siglo XIX, y pintaron escenas de costumbres, tipos autóctonos y personajes de la época, se destacan el francés Raimundo Moivoisin (1790-1870) y Juan Mauricio Rugendas (1802-1858), de origen alemán. Moivoisin residió en Buenos Aires hasta 1842 y luego siguió viaje rumbo a Chile.

Rugendas fue el pintor romántico más importante que trabajara en el país y en América. Arribó a Buenos Aires en 1845 y permaneció diez meses en la ciudad, pintando retratos y escenas de costumbres que figuran entre las obras más logradas de los artistas viajeros.

cuadro sobre romanticismo argentino

AMPLIACION DEL TEMA

PINTORES NATIVOS MAS DESTACADOS
FERNANDO GARCÍA DEL MOLINO (1813-1899). — Cronológicamente el primero de los pintores argentinos , fue García del Molino un pintor esencialmente miniaturista, careciendo de valor sus óleos por haberle faltado los medios materiales de aprendizaje y de museos, debiendo formarse bajo la dirección de los maestros venidos de Europa.

Adquirió nociones de dibujo en la Universidad guiado por don Pablo Caccianiga; luego, hacia 1830, empezó a practicar miniatura bajo la sabia dirección de Jean P. Goulu, teniendo Ocasión de admirar las primeras aguadas y litografías de Pellegrini.

Comenzó pintando en miniatura a su profesor de filosofía Doctor Diego Alcorta y de varios personajes importantes de la época.

Huésped asiduo de Palermo. nos dejó numerosos retratos de Rosas, desde el realizado en 1832, que lo representa ceñido con su uniforme de comandante, al de intimidad (1845), ya en plena edad madura, vistiendo un cómodo traje casero, y al de su vejez (1873?), en su dura condición de proscrito, aguda interpretación de alguna prueba fotográfica llegada a Buenos Aires.

Entre los demás personajes objeto de su pincel debemos citar la imagen de Facundo Quiroga, el «caudillo de la feroz hermosura», como lo llama Mitre; el de Doña Encarnación Ezcurra de Rosas, digna émula de su esposo; el expresivo estudio al lápiz del General don Félix Aldao, conocido por «El fraile Aldao», y el retrato al óleo del coronel don Joaquín Hidalgo, conservado en el Museo Histórico Nacional.

Dedicó su vida a la docencia artística, contando entre sus discípulos a Franklin Rawson. Falleció en Buenos Aires en 1899.

CARLOS MOREL (1813-1894). —Este pintor y litógrafo argentino nació en Quilmes, de padres españoles; compañero de García del Molino, tuvo también por maestros a Gouth y, en la Universidad, a Caccianiga.

El ejemplo de Pellegrini con sus «Recuerdos pintorescos y fisionómicos del Río de la Plata» orientó su vocación artística por lo vernáculo; fruto de ello fue su álbum litográfico, que tituló Usos y costumbres del Río de la Plata, que integra una serie de escenas campestres, entre las cuales se destacan: Una hora antes de partir (el mate), escena patriarcal de costumbres criollas; La media caña, otro episodio de viaje análogo; Peones troperos, un rincón del Mercado de Carretas, en que ocho figuras se espacian en torno al fogón, centro del cuadro.

Tampoco el retrato tenía secretos para él, como lo atestigua la efigie viril de Don Vicente López y Planes, ejecutada a lápiz.

Al óleo pintó Carga de caballería del ejército federal, Episodio de la época de Rosas y El Comisario fiscal en el Mercado de frutos, en que todos los actores, vestidos de rojo, dan a la escena un cierto resplandor diabólico.

Toda su producción normal apenas si excede una década: a los treinta y dos años la demencia lo aniquiló para el arte. Su vida se extinguió a los 81 años, en 1894, totalmente ignorado.

PRILIDIANO PAZ PUEYRREDON (1823-1870). —Este artista de las tres P, firma del autor, hijo del ilustre procer general don Juan Martín, elegido Director Supremo por el Congreso de Tucumán, nació en Buenos Aires en 1823.

De sus estudios preparatorios adquiridos aquí, es bien poco lo que sabemos, pero nada nos impide suponer que vio dibujar y pintar a Gouth y Pellegrini.

Durante su estada en París, donde reside con sus padres de 1845 al 47, con un viaje intermedio a España en 1846, estudia para ingeniero en la Escuela Central de París, sin descuidar por ello su vocación de pintor junto a grandes artistas, sobre todo, de Juan A. Ingres, que lo forma en la perfección del dibujo y la pureza de las líneas.

Vuelto de Europa, actúa como ingeniero, pero sus inclinaciones por el arte, respaldadas por su posición económica, le encaminan por el sendero de su verdadera vocación.

Comienza a producir temprano: a los veinticinco años pinta el retrato de su padre y a los veintiocho el de Manuelita Rosas y Ezcurra, dos obras de alta calidad. Igualmente dedica su pincel a otros héroes y patricios: Belgrano (copia), Rivadavia (copia), Alvear, Vieytes, Azcuénaga, Juan M. Gutiérrez (litografía), el prelado Ensebio Agüera, don Juan B. Peña, y a algunas damas de la aristocracia: doña Cecilia Robles de Peralta Ramos, doña Josefa Sáenz Valiente, doña Elvira Lavalleja de Calzadilla , etc.; en un animado boceto nos dejó el Asesinato del doctor Manuel V. Maza.

Nuestras costumbres y paisajes le inspiran obras verídicas y sinceras: Recorriendo la estancia, Un alto en el camino, San Isidro, Lavanderas en el bajo de Belgrano, Un domingo en los suburbios del pueblo de San Isidro, Un patio porteño y, sobre todo, Paisano desmontado, que con los pintados por Monvoisin en 1841 y por Palliére en 1860, salvan del olvido la figura legendaria del gaucho argentino.

Al final de su vida volvió a su profesión de ingeniero, planeó el puente Alsina sobre el Riachuelo y diseñó planos de varias residencias. Falleció en Buenos Aires en 1870.

BENJAMÍN FRANKLIN RAWSON (1819-1871). — Hijo de un médico norteamericano, nació en San Juan hacia 1819, haciendo los primeros estudios en su ciudad natal, donde estudia pintura con Amadeo Gras.

Pronto el precoz artista pinta un discreto retrato de su hermano Guillermo. La época de Rosas no le es favorable, y en 1840 emigra a Chile, donde junto a Monvoisin se perfecciona en el arte de componer cuadros históricos y la miniatura.

En 1845 pinta el retrato de Sarmiento, y diez años más tarde lo incluye en una composición épicodramática: Salvamento operado en la Cordillera por el joven Sarmiento. Su gratitud le hace colocar a Sarmiento como tomando parte activa en el salvamento, cuando en realidad sólo estuvo presente en espíritu.

La guerra del Paraguay le inspiran algunos episodios patéticos: La despedida del recluta y el Regreso del guardia nacional, ambos de 1865.

También son frutos de su temperamento dramático La huida del malón, El asesinato del doctor Maza y El mendigo.

Pero donde mejor acertó el artista con el carácter de sus modelos fue en los retratos. Además de los ya citados, agregaremos los de Doña Tránsito de Oro (hermana del obispo de ese nombre), Don Eustoquio Díaz Vélez, Doña Jacinta Ángulo de Rojo y Doña Paz Sarmiento de Laspiur.

Franklin Rawson falleció en Buenos Aires en 1871, víctima de la fiebre amarilla.

OTROS PINTORES DESTACADOS. Terminamos la lista de pintores argénticas señalando al dibujante Carlos Léxica que realizó acuarelas, siendo la única obra que conocemos de La Tropa de carretas en la Plaza Monserrat, cuadro de afanada muche dumbre y cuyo confuso hacinamiento de troperos y peones nos recuerda el óleode Morel «El comisario del fisco en el Mercado de Carretas».

Marcelino San Arroman, nacido en Montevideo, pero que residió en Bueno:? Aires hasta su fallecimiento, nos dejó excelentes retratos, entre otros, el de Don José María Roxas y Patrón, ministro de Hacienda del Gobernados Rosas.

PINTORES EXTRANJEROS DE ESA ÉPOCA:

CARLOS ENRIQUE PELLEGRINI (1800-1875). — Carlos E. Pellegrini nació en Saboya y estudió en la Escuela Central de París, donde a poco de recibirse de ingeniero fue contratado por Sarratea a nombre de Rivadavia para proyectar y dirigir en nuestro país la construcción de varias obras públicas.

Llegó a Buenos Aires en una hora política desfavorable e incierta (Revolución del 1′ de diciembre de 1828 y fusilamiento de Dorrego), lo cual impidió que fuesen utilizados sus servicios desde un primer momento.

Para ocupar sus ratos de ocio se dedicó a dibujos arquitectónicos a la aguada, animados de transeúntes, salvando así del olvido histórico el Cabildo, la vieja Pirámide de Mayo y el Arco de la Recova.

Traza luego interiores de iglesias y más tarde el bullicio de la calle, que van despertando su atención de artista, hasta que ya relacionado socialmente frecuenta salones, donde damas elegantes lo deciden a realizar sus primeros retratos, que alcanzan un éxito clamoroso y que transforman al ingeniero inicial, contratado para canalizar aguas corrientes, en un retratista profesional.

Sus primeros trabajos de este género los realiza a lápiz, que realza con lavados al agua-tinta, especialmente aplicados al vestido; dando un paso más adelante, colorea estos dibujos a la acuarela por medio de tintas lisas que transparentan el sombreado del lápiz común; luego ejecuta a punta de pincel, según Táctica de los miniaturistas, y, finalmente, llega a apoderarse de la técnica del pintor de aguadas, procedimiento en que obtiene sus mejores resultados.

Son numerosos los retratos al lápiz y a la aguada, y las escenas de costumbres evocadoras de la época, que después repitió en dibujos litografiados, y tal vez dibujó algunos expresamente para la piedra litográfica, como la Escena del baile, que tiene lugar en el salón de Escalada, la más bella de todas.

De las prensas de su «Litografía del Arte» salieron unas veinte láminas que formaron el álbum rotulado Recuerdos del Rio de la Plata.

La Obra del retratista se transparenta en los retratos del Canónigo Seguróla , dibujado a lápiz y tinta china con absoluta maestría; el de Don Manuel Masculino, vastago del famoso fabricante de peinetones de carey; el de Don Juan M. de Agüero, que impresiona por su fina espiritualidad; el de Doña Pilar Spano de Guido, de suave belleza, y el de Doña Juana Rodríguez de Carranza, ejecutado con gracia y delicadeza.

Después de varios años de asidua labor, y coincidiendo con la introducción de la daguerrotipia en Buenos Aires, que permitió la fijación de las imágenes en una placa metálica sensible, Pellegrini abandonó casi por completo su arte pictórico y se retiró a trabajos del campo, fundando en 1853 la «Revista del Plata», dedicada a temas agropecuarios.

Más tarde fue elegido miembro del Consejo de Instrucción Pública. Murió en Buenos Aires en 1875.

LORENZO FIORINI. — Pintor italiano, llegado a Buenos Aires en 1829, donde formó su hogar. Escrutador psicológico de sus modelos, sus imágenes transparentan el alma al concentrarse en el problema fisiológico, sin dejarse distraer por los otros elementos: trajes, adornos, etc.

Como expresa el crítico José L. Pagano: «Tuvo el don de hacer olvidar la materia de sus retratos. Va al carácter por el sesgo peculiar de la forma.»

Esta cualidad del artista se pone bien de manifiesto en el retrato del Doctor Mariano Somellera, óleo de entonación baja, donde el hábito negro del prelado se esiuma en el tono oscuro del fondo que destaca el rostro, velado con un cierto aire de seria meditación.

Pintura igualmente sobria es el retrato maternal de Doña Dolores Posadas de Meyer, en la que junto al rostro melancólico de la madre resalta la agraciada figura del niño.

En el período político agitado que le tocó actuar a este artista italiano logró la máxima aceptación en el mundo social de su tiempo, pintando lo más granado de la sociedad porteña: damas de distinción, doncellas, guerreros, políticos, prelados, etc.

Débese notar que sus retratos de mujeres, por lo general, son superiores a los de hombres. El ambiente militar quedó resumido con la efigie del General Marcos G. Balcarce.

En sus veinticuatro años de creciente éxito logró también formar algunos discípulos, entre los que se destacaron Gaspar Palacio y otros. Murió asesinado en 1855.

RAYMOND AUGUSTO MONVOISIN (1790-1870). —Nació este artista en Burdeos e hizo sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. Contando ya cincuenta años, dificultades políticas le obligaron a expatriarse, llegando a Buenos Aires en 1841, época la más aciaga de la dictadura rosista.

Malgrado la poca simpatía que despertaban en Rosas los ciudadanos de esta nacionalidad, su talento artístico conquistó la intimidad de Palermo, donde pintó al gobernante en poncho de abrigo, en vista a otro gran retrato ecuestre proyectado con uniforme de brigadier general. Este retrato, según referencias de los que conocieron a Rosas; es el más parecido a su persona.

En la brevísima estada de Monvoisin en Buenos Aires realizar tres grandes cuadros que resultaron otros tantos aciertos: Gaucho federal, Soldado de Rosas y Porteñas en la Iglesia,  los dos primeros realizados en tamaño natural, el segundo, además, sobre un cuero de potro por falta de tela adecuada. Estos cuadros constituyen dos documentos históricos sobre la indumentaria del noble gaucho argentino.

La tercera de estas obras es, sin duda, la obra capital del artista francés en Buenos Aires y posiblemente de su total producción.

Ejecutó además durante su brevísima permanencia en el país, otros excelentes retratos, debiéndose citar los de dos señoras de la familia Llavallol, una Cabeza de mujer y dos agraciadas Orientales tendidas en divanes.

Después de su salida apremiante de Buenos Aires, Monvoisin se radicó, a partir de 1842, en Chile, donde ejecutó una serie de retratos, algunos de primer orden.

Realizó en Valparaíso una gran exposición de sus obras; fundó en Santiago una Escuela de Pintura y una Academia de Bellas Artes, actividades que desarrolló igualmente años más tarde en Perú, tornando a Francia en 1857, después de dieciséis años de permanencia en América del Sur. Falleció en Boulogne-sur-Seine en 1870.

Fuente Consultada:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz
Historia de la Cultura Argentina de Francisco Arriola Editorial Stella

La Sociedad Popular Restauradora La Mazorca Divisa Punzó

La Sociedad Popular Restauradora «La Mazorca»
Uso de la Divisa Punzó

La Sociedad Popular Restauradora: Esta institución fue creada a fines de 1833 por los partidarios de Rosas con el objeto de canalizar la acción política de los “federales netos”. Conocida popularmente con el nombre de Mazorca, habría de convertirse en un grupo de choque con efectos cada vez más intimidatorios contra los opositores Los mazorqueros —cuya acción se prolongó a lo largo del segundo gobierno de Rosas— no vacilaron en recurrir a la violencia para conseguir sus objetivos intimidatorios y suprimir la oposición.

A medida que pasaban los años, y sobre todo durante el segundo gobierno de Rosas, se endureció la política contra la oposición pero, en términos más generales, también se reforzó un rígido control sobre las costumbres y los hábitos de la sociedad. La Sociedad Popular Restauradora —grupo político formado a instancias de Encarnación Ezcurra— y su grupo de choque “la Mazorca» asolaban las calles porteñas.

La Mazorca no sólo eliminaba físicamente al enemigo, sino que lo hacía de manera pública, generalmente en las plazas, para dar ejemplo al resto de la sociedad. Paralelamente, se exigía a la población que demostrara su adhesión al régimen pública y activamente: por ejemplo, se hizo obligatorio el uso de una cinta colorada (la  ) sobre la ropa. Esto, junto al culto público a la figura del gobernador, buscaba hacer efectiva la participación política de la población, siempre y cuando fuera en apoyo de Rosas.

Viamonte, impotente frente al giro de los acontecimientos, presentó su renuncia. En esos momentos Rosas terminaba brillantemente su campaña contra los indios y la ciudad lo recibía consagrándolo “héroe del desierto”. Era el hombre señalado para ocupar el puesto vacante.

La Legislatura insistió en su nombramiento cuatro veces, sin que éste aceptara. Ante sus reiteradas negativas surgieron los nombres de Tomás y Nicolás Anchorena, Juan Nepomuceno Terrero y Ángel Pacheco, todos incondicionales de don Juan Manuel, pero ninguno aceptó el puesto. Por último, la Sala de Representantes, sin haber encontrado un candidato, resolvió designar como gobernar.

Rosas y la Iglesia: Rosas contó con el apoyo de la Iglesia y  fue proclamado defensor de la religión católica. Permitió el regreso de los jesuitas a Buenos Aires y dio un fuerte impulso a la educación religiosa.

Como tantos otros aspectos de la vida cotidiana, también la religión se politizó Una amenaza para el gobernador fue el escándalo que se originó cuando la hija de una importante familia patricia porteña, Camila O’Gorman, se enamoré del sacerdote Ladislao Gutiérrez y huyeron juntos. Su posición defensora de la fe católica condujo a Rosas a buscar a los fugitivos para, luego, fusilarlos en 1848. (foto de Camila)

Símbolos de la Confederación: El régimen rosista fue particularmente afecto al uso de una profusa simbología que exaltaba al federalismo en general y al Restaurador en particular. No sólo se hizo absolutamente obligatorio el uso de la cintilla punzó (no exhibirla podía ser castigado con la muerte) sino fue la imagen de Rosas ocupó un Fugar de privilegio incluso en los altares. 

Por lo general, esta simbología era sumamente agresiva y, al tiempo que celebraba el carácter sagrado de la Confederación, amenazaba de muerte a los “salvajes unitarios”. El color característico de la Confederación fue, justamente, el rojo punzó, color que se puso de moda aun para las vestimentas usadas en las celebraciones privadas. En cambio, el celeste, color de los unitarios, prácticamente fue dejado en desuso.

MAZORCA: Fue el nombre popular que recibió el instrumento político y fuerza de choque que respondía enteramente a las órdenes de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, y que éste utilizó para afirmar su autoridad y mantenerse dictatorialmente en el poder. El término «mazorca» hacía alusión a la espiga de maíz, sugiriendo la defensa de los indígenas y criollos y de sus intereses. Pero en realidad nació, en 1833, con el nombre de Sociedad Popular Restauradora, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce con el principal objetivo de que el poder pasara nuevamente a las manos de Rosas, quien en esos momentos se hallaba ausente por encontrase al frente de una expedición al sur del a provincia de Bs. As. Surgió ante las discrepancias producidas en el mismo seno de los federales, que se habían dividido en cismáticos y apostólicos (véase) y sus principales promotores fueron doña Encarnación Ezcurra (esposa de Rosas), algunos militares resistas, como Prudencio Rosas y Celestino Vidal) y futuros mazorqueros como Ciríaco Cuitiño.

El primer presidente de la Sociedad Popular Restauradora fue el coronel Pedro Burgos y su primer vicepresidente Julián Salomón. Este grupo de choque propició que Rosas volviera al poder en 1835 ostentando la suma del poder público (véase), hecho que lo convirtió en dictador y que duró hasta su caída, luego de la batalla de Caseros (véase) del 3 de febrero de 1852.

Múltiples y sanguinarios hechos de violencia fueron llevados a cabo por la Mazorca bajo el lema de: «¡Mueran los salvajes unitarios!. Este lema dio origen a una ola de violencia incontrolable y desorbitada en laque toda clase de asesinatos, ejecuciones, secuestros, torturas y destrucción estuvo permitida, o al menos tolerada, por las autoridades para sostener el régimen.

A la caída de Rosas la Mazorca quedó abolida y sus dirigentes fueron enjuiciados y muchos de ellos ejecutados. Entre esos dirigentes pueden nombrarse a Fermín Suárez, Ciríaco Cuitiño, Torcuato Gánale, Leandro Além (padrededon Leandro Alem, fundador de la Unión Cívica, véase), Antonio Reyes, Manuel Troncoso, Silverio Badía., Estanislao Porto y Manuel Gervasio López.

Fuente Consultada:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE – La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz.

Quienes fueron los Padres de San Martin? Sus Hermanos Familia Infancia

¿Quienes fueron los Padres de San Martín?

(…) En el antiguo reino de León nacieron los padres del Libertador.

Padres de San MartínCervatos de la Cueza es una pequeña y humilde villa tendida sobre la margen izquierda del arroyo de la Cueza. Fue el lugar de nacimiento de Juan de San Martín, hijo de Andrés de San Martín e Isidora Gómez, el 3 febrero de 1728.

El hogar donde naciera Juan de San Martín era morada de humildes labradores. Al amparo de sus mayores, fortaleció su noble espíritu de cristiano y cuando cumplió dieciocho años, dijo adiós a sus buenos padres ufano por ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las banderas que  se trasladaban de uno a otro confín del mundo.

Inició su aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de África, donde realizó cuatro campañas militares. El 31 de octubre de 1755 alcanzó las jinetas de sargento y, seis años más tarde, las de sargento primero.

Cuando después de guerrear en tierras de las morerías regresó a la metrópoli, siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en la fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y sobria Extremadura y en la alegre Andalucía Era Juan de San Martín un soldado fogueado y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se le destinó para continuar sus servicios en el Río de la Plata.

Cuando desembarcó en el Riachuelo, ejercía las funciones de gobernador Pedro de Cevallos. Cevallos le confió el adiestramiento e instrucción del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles hasta que, en mayo de 1765, lo destinó al bloqueo de la Colonia del Sacramento en esa zona hasta julio de 1766, en que se le confió la comandancia del partido de las Vacas y Víboras, en actual República Oriental del Uruguay.

Al mismo tiempo que Juan de San Martín ejercía las funciones de administrador, no dejó inactivas sus funciones militares, cooperando de acuerdo con órdenes de sus superiores en el bloqueo establecido permanentemente por España a la Colonia del Sacramento.

Varios hechos trascendentales ocurrieron en la vida de nuestro personaje durante su actuación en el Uruguay. Su casamiento con Gregoria Matorras y el nacimiento de sus tres hijos mayores.

Gregoria Matorras, madre de San Martín nuestro Libertador, había nacido en jurisdicción de la provincia de Falencia, en la villa denominada Paredes de Nava. Fue ella el sexto y último vástago del primer matrimonio de Domingo Matorras con María del Ser.

Vino al mundo el 12 de marzo de 1738 y fue bautizada en la parroquia de Santa Eulalia al cumplir diez días. La madre del Libertador quedó huérfana de madre a la edad de seis años.

Viajó al Río de la Plata con su primo Jerónimo Matorras, ilustre personaje que as-piraba a colonizar la región chaqueña.

Gregoria Matorras contrajo enlace con el teniente Juan de San Martín, que fue representado en esa ceremonia por su compañero de armas, capitán de dragones Juan Francisco Somalo.

Los nuevos esposos se reunieron Gregoria Mator en Buenos Aires el día 12 de octubre de ese año, trasladándose poco después a Calera de las Vacas. Allí formaron su hogar y en ese lugar nacieron tres de sus hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo, el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.

Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de diciembre de 1774 teniente de gobernador del departamento de Yapeyú, haciéndose cargo de sus nuevas funciones «desde principios de abril de 1775».

Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas en tierras y ganados, que fundó la acción fervorosa y ejemplar de los padres de la Compañía de Jesús.

Su instalación se efectuó el 4 de febrero de 1627, junto al arroyo llamado Yapeyú por los indígenas, bautizándose con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú.

Con el correr de los años, Yapeyú se convirtió en uno de los pueblos más ricos de las misiones. Poseía estancias en ambas bandas del río Uruguay. El pueblo quedó casi de San Martín si abandonado después de la expulsión de los misiones de la Compañía de Jesús.

Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José Francisco, que vio la luz el 25 de febrero de 1778.

Fuente: JOSÉ A. TORRE REVELLO, EN JOSÉ DE SAN MARTÍN. LIBERTADOR DE AMÉRICA.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem Reforma de la Constitución 1994 Santa Fe

Pacto de Olivos:Alfonsín-Menem
Reforma de la Constitución en 1994

En 1993, en el marco de una fuerte crisis económica y social, Menem reflotó la propuesta de modificar la Constitución Nacional con el objetivo de permitir la reelección del presidente. Para alcanzar este objetivo, necesitaba lograr un acuerdo con el líder radical Alfonsín, quien finalmente accedió a negociar con el gobierno. El llamado «Pacto de Olivos», suscripto entre los jefes del PJ y la UCR, allanó el camino para reformar la Constitución.

Luego de tres meses de deliberaciones, el 22 de agosto de 1994, la Asamblea Constituyente sancionó la nueva Constitución y Menem quedó habilitado para presentarse como candidato a la reelección. El 14 de mayo de 1995, Menem se impuso en los comicios presidenciales y asumió el poder por un período de cuatro años, de acuerdo con el criterio que se había establecido en el Pacto de Olivos de acortar en dos años el mandato del presidente.

EL PACTO DE OLIVOS: el acuerdo fue cerrado el 14 de diciembre de 1993, después del Pacto de Olivos, el Congreso aprobó rápidamente la ley declarativa de la necesidad de la reforma, con el voto favorable de los legisladores justicialistas y radicales, se convocaron elecciones generales para designar a 305 constituyentes, y comenzó la labor de la Convención reunida inauguralmente en la ciudad de Paraná, que deliberó durante tres meses en la dudad de Santa Fe, sede histórica de las principales convenciones constituyentes argentinas desde 1853.

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: A fines de 1993, el gobierno y el principal partido de la oposición acordaron la reforma de la Constitución Nacional. En abril de 1994 se eligieron diputados constituyentes que, entre mayo y agosto, reformaron el texto constitucional.

Pacto de Olivos Alfonsin Menem El principal objetivo perseguido y alcanzado por el gobierno era la habilitación de la posibilidad de la reelección presidencial. La reforma establece que el Presidente y el Vicepresidente de la Nación duran en el cargo cuatro años y que podrán ser reelegidos por un solo período consecutivo.

El radicalismo, por su parte, buscó y consiguió incorporar a la Constitución un conjunto de disposiciones que habían formado parte del proyecto de reforma constitucional elaborado durante el gobierno de Alfonsín: atenuación del presidencialismo, garantías de independencia del Poder Judicial, incorporación de mecanismos de democracia semidirecta y afirmación de los derechos sociales, agregando cláusulas referidas a la protección del medio ambiente y de los derechos de los consumidores y los usuarios de los servicios públicos.

Se han incorporado a la Constitución los tratados firmados por nuestro país con organismos internacionales o con otros países, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y la Convención de Eliminación de las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La Constitución y el pacto Menem-Alfonsín
«Se suele argüir […] para denostarla, que esta reforma se origina en un pacto -originariamente secreto- de dos caudillos políticos. Y que el mismo supuso la aceptación de; uno de ellos, Alfonsín, de la pretensión del presidente Menem de posibilitar su reelección a cambio de la introducción de un bloque de reformas que aquél considera convenientes para garantizar la democracia y asegurar los derechos y el bienestar ciudadanos. Y que la única motivación real de Menem ha sido alcanzar esa perspectiva de continuidad y de ahí su escaso interés acerca de las otras propuestas. Es verdad. Hubiera sido más elegante posponer la autorización de una reelección inmediata para el futuro. Pero ese acuerdo de líderes fue ratificado por el Congreso Nacional y por la reelección popular, de tai manera que adquirió absoluta legitimidad. Se aduce igualmente que el pacto estuvo motivado por el temor de Alfonsín de enfrentar una nueva derrota en el plebiscito convocado para el 21 de noviembre de 1993. Sin negar esa presunción, que es correcta, Alfonsín sostiene que su gesto tendió a evitar una frustración constitucional que, aunque legítima por la suma de sufragios, podía tener los mismos problemas que la de 1949, al realizarse con la ausencia y la falta de participación de los partidos opositores. Se estaba-agregaba-en cambio, ante la posibilidad de introducir en la ley fundamental garantías y procedimientos que la modernizaran y que había procurado llevar adelante sin éxito -como antes se ha visto- en el lapso 1983-1989. Y en rigor de verdad, si se comparan esas propuestas, explicadas anteriormente, con la reforma obtenida, se advertirá su notoria continuidad de propósitos. Que esos cambios mejoren o no la gobernabilidad que se pretende es otra cuestión que se verá en su momento.»
EMILIO F. MIGNONE. Constitución de la Nación Argentina, 1994, Manual de la Reforma. Buenos Aires, Ruy Díaz, 1994

LECTURA COMPLEMENTARIA:
La reforma de 1994

Luego del llamado «Pacto de Olivos», suscrito el 13 de diciembre de 1993 por el Presidente de la Nación y del Consejo Nacional Justicialista, doctor Carlos Menem, y el Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y ex Presidente de la Nación, doctor Raúl R. Alfonsín, el Congreso aprobó, el 29 de diciembre de 1993, la ley 24.309, que declaró la necesidad de reformar la Constitución. El contenido de la ley seguía lo acordado por los dos partidos y establecía los puntos de la constitución que deberían reformarse.

El núcleo de coincidencias básicas contenía modificaciones al sistema de organización de los poderes previsto en la Constitución de 1853. Debía ser aprobado en su totalidad y sin que la Convención Constituyente pudiera modificarlo; caso contrario, se produciría la nulidad de la reforma. Algunos de los cambios que se propusieron fueron los siguientes: la creación del cargo de jefe de gabinete del Poder Ejecutivo; la reducción del mandato del presidente y del vicepresidente a cuatro años, con la posibilidad de reelección inmediata por un sólo período; la elección directa y a doble vuelta del presidente y del vicepresidente; la elección directa de los senadores, reduciendo su mandato a seis años y aumentando su número a tres por provincia.

Los temas habilitados para su tratamiento en la Convención Constituyente eran, entre otros, el fortalecimiento del régimen federal; el establecimiento del Defensor del Pueblo; normas de preservación del medio ambiente; normas destinadas a garantizar la defensa de la competencia y la protección de los consumidores y usuarios de servicios públicos; la incorporación a la constitución del hábeas corpus y del amparo.

Tanto los temas contenidos en el núcleo de coincidencias básicas como los que fueron habilitados para su tratamiento fueron el resultado de largas negociaciones entre los partidos firmantes del acuerdo, y debatidas, en mayor o menor medida, por los restantes partidos y los distintos sectores de la sociedad. La ley estableció también las normas que regirían la convocatoria, la reunión y el funcionamiento de la Convención.

El 10 de abril de 1994 se realizaron las elecciones de los convencionales constituyentes. Los partidos firmantes del «pacto de Olivos» obtuvieron el 57,58% de los votos emitidos (37,68% el justicialismo, 19,90% el radicalismo). Otros partidos, como el Frente Grande (12,50%) y el Movimiento por la Dignidad Nacional -MODÍN- (9,10%), no eran contrarios a la reforma de la constitución, pero estaban en desacuerdo con los límites que radicales y justicialistas habían impuesto a la Convención. Esto significa que la reforma de la Constitución contó con el respaldo de cerca del 80% de los votos emitidos.

El 25 de mayo de 1994, con 305 convencionales de 17 bloques partidarios, la Convención Constituyente inició sus sesiones en las ciudades de Santa Fe y Paraná.

El 1.° de agosto fue aprobado, por 177 votos a favor, el núcleo de coincidencias básicas. El 22 de agosto, la Convención aprobó el texto definitivo de la constitución reformada, que entró en vigencia el 24 de agosto de 1994, día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.

Ese mismo día, la nueva Constitución Nacional fue jurada por los convencionales constituyentes, los presidentes de las cámaras legislativas, el Presidente de la Nación y el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La reforma comprendió los temas incluidos en el núcleo de coincidencias básicas y los que se habilitaron para su tratamiento en la Convención Constituyente.

Ver: Garantías Constitucionales

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PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El acuerdo político celebrado entre ambos dirigentes no estuvo exento de obstáculos y complicaciones, principalmente para el radicalismo. Por un lado, el acuerdo original contenía las renuncias de tres miembros de la Corte Suprema reclamadas por la UCR, las que debían producirse antes de la reunión de la convención del partido radical, el 4 de diciembre del pasado año. Ante el incumplimiento del compromiso adquirido por Menem, el radicalismo amenazó con romper el acuerdo si los magistrados no renunciaban antes del 3 de diciembre.

Finalmente, el anuncio de los alejamientos solicitados le permitió a Raúl Alfonsín obtener el respaldo necesario en la convención de su partido. Por el otro, el Pacto de Olivos dio lugar a una crisis profunda en el interior del radicalismo que puede llegar hasta la ruptura. El líder radical y presidente del partido ha actuado con severidad en este proceso para imponer disciplina en sus filas.

Hasta ahora se han intervenido algunos distritos rebeldes cuyas conducciones se negaban a aceptar el pacto sellado por Alfonsín, y algunos dirigentes, como Jesús Rodríguez, centraron sus campañas para constituyentes criticando al socio del acuerdo. En los comicios de convencionales, el radicalismo quedó como tercera fuerza en Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires.

A simple vista, ambos firmantes del acuerdo salieron beneficiados. A Raúl Alfonsín le permitió ocupar el centro de la escena política, que había perdido con la salida anticipada de su Gobierno. En su discurso de defensa del pacto alegó que con estas reformas se modificará el carácter extremo del sistema presidencialista argentino. A la vez,
la mieiicion ue aíioiisiii iue detener la ofensiva del gobierno nacional por imponer de manera unilateral, a través de un plebiscito cuyo triunfo se daba por descontado, los temas de la reforma que no incluían atenuaciones al presidencialismo. A Carlos Menem, porque se le facilita el camino de la reelección presidencial.

Un pacto de cúpulas sustrajo la posibilidad de extender y profundizar un debate colectivo, imprescindible cuando se trata de reformar el diseño institucional de una nación. Es difícil sacar conclusiones sobre la puesta en práctica de una reforma que acaba de aprobarse. Sólo quedan interrogantes. La renovación de las instituciones siempre genera incertidumbres que solo puden ser resueltas desde la claridad de las prácticas constitucionales, desde la Constitución realmente aplicada.

Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Hugo Quiroga, politógolo y periodista.

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas Contra La Liga Unitaria

El Pacto Federal de Juan Manuel de Rosas

El Pacto Federal de 1831 y las disidencias entre los caudillos federales

El primer objetivo del Pacto Federal que, en enero de 1831, firmaron las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes —esta última adhirió más tarde—, fue responder a la Liga Unitaria que había organizado el general Paz desde Córdoba en agosto de 1830. Por el artículo tercero constituían una alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión de cualquiera de las demás provincias integrantes de la República. Pero después de la captura de Paz, la Liga Unitaria nunca se consolidó y, para las provincias federales del Litoral, en los años siguientes la amenaza de un enemigo interior fue más potencial que real.

El Pacto Federal de 1831 era también un primer paso hacia la organización constitucional del país. En su artículo quince establecía el funcionamiento, en la provincia de Santa Fe, de una Comisión Representativa de los Gobiernos de las Provincias Litorales de la República Argentina, compuesta por un diputado de cada una de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y, más tarde, Corrientes.

Entre otras atribuciones esta Comisión debía invitar a todas las demás Provincias de la República cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales, y a que por medio de un Congreso General federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales y el pago de la deuda de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias.”

Sin embargo, Rosas, López y Quiroga —nuevamente jefe regional del interior— no tenían las mismas intenciones sobre la efectiva convocatoria -al Congreso General. Rosas no era partidario de la realización del Congreso y, muy frecuentemente, el diputado por Buenos Aires estuvo en minoría en las discusiones y votaciones de la Comisión Representativa.

El gobernador porteño presionó a López para que abandonara el proyecto de constituir jurídiramente al país. La convocatoria fue reemplazada por una imprecisa invitación a todas las provincias a adherirse al Pacto Federal y cumplir con sus objetivos.

Finalmente, la Comisión Representativa se disolvió a mediados de 1832 cuando Quiroga reveló a Rosas que los diputados por Corrientes y por Córdoba hacían propaganda antiporteña con el objetivo de unir a los gobernadores del Litoral y del interior contra Buenos Aires. Estos representantes sostenían la necesidad de cambiar el régimen de libre comercio que arruinaba las economías provinciales por otro de mayor protección a la producción local. Este fue el último intento de organizar un Estado centralizado para la República Argentina, mientras Rosas mantuvo el poder.

Pero el compromiso de reunión de un Congreso General para dictar una Constitución federal quedó pendiente. Así lo reconoció el Acuerdo de San Nicolás que en mayo de 1852, después de la caída de Rosas, firmaron los gobernadores. Entre otros fines, el acuerdo reconocía al Pacto Federal el carácter de ley fundamental de la República, disponía “observarlo religiosamente” y se proponía “cumplir lo dispuesto en el Pacto Federal sobre la reunión de un Congreso General federativo”.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

Organizacion Economica del Virreinato del Rio de la Plata

Organizacion Económica del Virreinato del Río de la Plata Consulado y Aduana

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA: Para resolver las cuestiones económicas se crearon organismos metro­politanos (Casa de Contratación) y locales (Consulados y Aduanas).

El Consulado: Fue creado por una Real Cédula de 1794. Estaba compuesto por un prior, dos cónsules, nueve conciliarlos, un síndico, un secretario, un contador y un tesorero. Además de tribunal judicial en pleitos mercantiles (en tal carácter se establecieron desde la Edad Media los consulados en Europa), tenía el carácter de junta de protección y fomento del comercio.

Para el cargo de secretario del Consulado fue designado Manuel Belgrano, que había regresado de España y que a la sazón tenía veinticuatro anos de edad, desempeñándolo durante doce años. Conocía la obra de los principales economistas de la época entre ellos, Adam Smith, Turgot, Quesnay, etc.

El Consulado estuvo integrado solamente por comerciantes, hasta que en 1797 se estableció que esta institución debía estar formada por igual número de comerciantes y hacendados, para que teniendo intereses opuestos, de sus discusiones surgiesen las medidas más equilibradas. Los comerciantes eran españoles y por lo tanto monopolistas. en cambio los hacen. dados, nativos, propendían al libre cambio.

Uno de los primeros asuntos de que se ocupó el Consulado fue el pleito que se seguía desde años atrás entre los monopolistas y los trafi­cantes de negros.

Cuando se permitió el tráfico de negros en Buenos Aires, con la franquicia, para los buques extranjeros que los introdujesen, de poder llevar libremente de regreso frutos del país, los monopolistas se alarmaron ya que veían en ellos grandes competidores. Como los cueros eran los productos de exportación más valiosos, sostuvieron que no eran frutos del país, lo que fue aceptado por gran mayoría en el Consulado.

En momentos en que se trataba esta cuestión, se supo que una fragata negrera inglesa había arribado a Montevideo y que de retorno llevaría parte de su cargamento en cueros. El Consulado dictaminó entonces que se realizaran las diligencias necesarias, para que no se permitiese cargar cueros y que se echasen a tierra los ya cargados por considerar que ellos no eran frutos del país.

También esta junta decidió pedir al rey que dejara sin efecto el permiso sobre comercio intercolonial, oyéndose en esta oportunidad a don Francisco Antonio Escalada, quien se hizo eco de las ideas de Belgrano, manifestando los resultados desastrosos que en la economía del Virreinato tendrían estas medidas.

En 1798, como España se encontraba en guerra con Inglaterra, lo que hacía que el virreinato del Río de la Plata estuviese incomunicado, el virrey Olaguer Feliú pasó al estudio del Consulado un expediente redactado por el Cabildo, en el que se pedía la libre extracción de frutos e Importación de géneros en embarcaciones neutrales.

En esta cuestión se había expedido favorablemente el administrador de la Aduana don Ángel Izquierdo. El Consulado también aceptó esta medida, que resultó ineficaz, porque se estipulaba que los buques neutrales debían retornar a España, lo que era imposible porque estaba en guerra; por otra parte dicho comercio resultaba sumamente limitado.

Si el Consulado se opuso a todo lo que significase libertad de comercio exterior, en cambio se preocupó de la agricultura, de la industria y fomento del comercio interno. En este sentido Belgrano realizó una amplia, y como era deber del secretario redactar una Memoria propuso en ellas fomentar el comercio, estableciendo una Escuela Comercio, una de Seguros Marítimos y otra de Náutica cuya apertura tuvo honda repercusión científica en nuestro país.

Aconsejo también se abriesen escuelas en todos los barrios de la ciudad y villas del campo, y la creación de una Escuela Práctica de Agricultura para los labradores. En las Memorias sucesivas trató de las utilidades del cultivo del lino y del cáñamo, abogó por el establecimiento de premios como estimulo al trabajo, de la manera de propender a la reunión de comerciantes y hacendados, de la situación de inferioridad de la mujer y los medios de mejorarla, etc. El Consulado funcionó hasta 1862.

La Aduana — En 1778 se fundó la Aduana de Buenos Aires, imprescindible desde la apertura del puerto. No fue solamente un tribunal de justicia sino un verdadero consejo económico, que ejerció una influencia decisiva en el virrey en cuestiones comerciales y financieras, siendo a la vez oficina de recaudación de los derechos aduaneros.

En 1796, siendo administrador Ángel Izquierdo, pidió que se permi­tiese el comercio con barcos neutrales, cuestión a la que nos referimos en el párrafo correspondiente al Consulado.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Quienes Fueron los Caudillos Provinciales Biografia Batallas Vida

BIOGRAFIAS DE LOS CAUDILLOS PROVINCIALES

El caudillaje, o liderazgo, es un hecho común y repetido en la historia política de los pueblos. Con frecuencia los pueblos, más que en las instituciones, ven sus sentimientos, sus ideas, sus ideales encarnados en un jefe que sobresale por sus cualidades personales. A él le prestan espontáneamente adhesión, obediencia y apoyo.

A él confían la realización de sus ideales y la defensa de sus intereses.

Este fenómeno es más frecuente cuando los países están desorganizados, o en organización, y todavía no se han creado las instituciones capaces de encauzar orgánicamente su vida.

En la época de la organización también en nuestro país floreció el caudillismo. Rosas en Buenos Aires, Artigas en la Banda Oriental, López en Santa Fe; Quiroga y Peñaloza en La Rioja; Bustos en Córdoba, Ibarra en Santiago del Estero, Araóz en Tucumán, Güemes en Salta, son exponentes del caudillismo entre nosotros.

Eran hombres de excepcionales condiciones personales, a quienes el pueblo reconocía como jefes y seguía con lealtad. En ellos confiaba y a ellos daba su apoyo.

Nuestros caudillos eran también jefes militares. La mayor parte de ellos carecían de disciplina académica y sus ejércitos improvisados formaron las «montoneras».

El sentimiento tradicional, y la defensa de las libertades locales tuvieron en ellos fuerte sostén. Por ellos pudo lograrse el sistema federal.

Al negarse a aceptar instituciones que no respondían al ser nacional los caudillos contribuyeron a nuestra organización.

No eran ni bárbaros, ni ignorantes, ni retrógrados como se los ha presentado con frecuencia. Pero no tenían el refinamiento de las clases cultas, aunque provenían generalmente de familias patricias.

Son muy dispares los juicios emitidos sobre nuestros caudillos. La importancia de la función que les cupo en nuestra formación nacional cada día es más reconocida.

LOS CAUDILLOS DE ARGENTINA

En la mayoría de los estudios sobre el fenómeno del caudillismo en Hispanoamérica durante el siglo XIX predomina la idea de un jefe local conduciendo a las masas rurales, en una lucha contra el gobierno y las élites urbanas. A esta idea se asocia otra, según la cual los caudillos impedían el establecimiento de poderes legales e instituciones republicanas, tal como lo expuso Domingo Faustino Sarmiento en el Facundo.

Otra de las características fundamentales que los historiadores han señalado como distintiva del caudillismo, era la utilización sistemática de la fuerza para dirimir las disputas públicas o de interés personal. El caudillo aparecía, entonces, como un jefe de guerra, de tropas que no eran profesionales sino que estaban compuestas por grupos armados, organizados sobre la base de un sistema informal de obediencia que se sostenía por relaciones de tipo patrón-peón o protector-protegido.

Los caudillos eran líderes que se habían destacado en los campos de batalla durante las guerras de independencia, y que sumaron a su prestigio en las regiones en las cuales habitaban, enormes extensiones de tierras y una creciente autoridad política.

La historiografía argentina se ocupó, particularmente, de los caudillos de la primera mitad del siglo XIX, porque el tema se relaciona estrechamente con el surgimiento del federalismo. Las interpretaciones del fenómeno del caudillismo fueron diferentes para los historiadores liberales y para los revisionistas*. No obstante, ambas líneas tenían una preocupación común, fruto de una lectura histórica, que ponía el acento en los proyectos de organización nacional.

Según algunos historiadores, los caudillos eran los representantes de las fuerzas «anárquicas» e «inorgánicas» de las provincias; según otros, los caudillos sostenían proyectos de organización constitucional de carácter federal.

Los estados autónomos provinciales es el punto de partida para una organización político-estatal, sobre la única unidad socio-política existente en el período: la ciudad-provincia. El conjunto de normas fiscales, legislativas y políticas que las provincias se otorgaron, luego de que fracasara el intento de constituir un estado rioplatense, testimonian los esfuerzos de las élites provinciales por consolidar –más allá de la voluntad de los caudillos– estados autónomos.

En la mayoría de los casos, los caudillos identificaban sus intereses materiales con los de su localidad o región, e intentaban influir en la forma de organizar a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tales fueron los casos de Juan Bustos en Córdoba, Estanislao López en Santa Fe, Facundo Quiroga en La Rioja, o Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires.

En este sentido, todo el proceso, que se inició en 1810, estuvo marcado por la coexistencia de las tendencias contrapuestas de consolidación de soberanías independientes y de formación de una nación.

Los montoneros y «anarquistas» de 1820

El comerciante inglés John Parish Robertson residió en el Río de La Plata entre 1806 y 1830. Escribió interesantes notas, recuerdos de su estada, en sus famosas Cartas de Sudamérica. De ellas extraemos estos párrafos: «Las fuerzas armadas del interior, indisciplinadas, heterogéneas y semisalvajes, en guerra con la capital y que se levantaban de tanto en tanto, eran conocidas bajo el nombre de montoneras o sea gentuza armada. Se trataba de bandas sin orden en su manera de hacer la guerra, que producían en los porteños mucho terror. Sin embargo, cuando estas tropas montoneras terminaron con buen éxito su campaña y entraron en la capital a principios de 1820, se comportaron con gran moderación. Yo residía por entonces en una linda casa de campo situada en un paraje solitario y conocida bajo el nombre de Paddock, perteneciente al inglés mister Staples. Muy a menudo atravesaba el camino a altas horas de la noche y nunca fui molestado».

En Buenos Aires los montoneros eran llamados también anarquistas por la supuesta anarquía que representaba desobedecer al gobierno central. La Gaceta de Buenos Aires del 15 de diciembre de 1819 expresa con el título de ¿Quiénes son los anarquistas?, su opinión: «¿Por qué pelean los anarquistas? ¿Quiénes son ellos? Se les atribuye la pretensión de establecer la federación y ¿hay alguno entre sus jefes que sepa ni siquiera pronunciar correctamente aquella voz?

Hasta ahora nohemos oído explicar razonablemente a los pretendidos federalistas cuáles son los alcances de su sistema… Los federalistas quieren no solo que Buenos Aires no sea capital, sino que divida con ellos el armamento, los derechos de aduana y demás rentas generales. En una palabra, que se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias, corrigiendo a la naturaleza que nos ha dado un puerto y unos campos, un clima y otras circunstancias que la han hecho físicamente superior a otros pueblos… El perezoso quiere tener iguales riquezas que el hombre industrioso, el que no sabe leer optar a los mismos empleos que los que se han formado estudiando…».

Por supuesto, un par de meses después, con la derrota del régimen directoral, ya no todos opinarían así.

Fuente: Historia Argentina de Santillana – Luchilo-Romano-Paz.

Fusilamiento y muerte de Dorrego a cargo de Lavalle Golpe Unitario

Fusilamiento y Muerte de Dorrego

El fracaso de la tentativa unitaria para organizar el país abrió un nuevo paréntesis en la vida nacional. La lucha de partidos e intereses, sangrienta a veces, caracterizo el panorama nacional por más de veinte años. Unitarios y federales fueron las divisas enfrentadas en esa lucha pero tras esa dualidad se ocultaron tantos matices que se hace muy difícil dividir la lucha entre dos bandos.

Para muchos historiadores modernos el enfrentamiento real es el protagonizado por los intereses de las provincias y los de la capital-puerto. Juan Manuel de Rosas es la expresión más acabada de esa confusión: su proclamado federalismo estará fuertemente influido por la defensa de los intereses locales. De cualquier manera. en torno a él se centra la lucha política en los años que van desde la tentativa unitaria de recuperar el poder (1828) hasta la batalla de Caseros

EL GOLPE UNITARIO

En 1828, desaparecido el poder central gobernaba en Buenos Aires Manuel Dorrego destacado jefe del federalismo local. Su política lo llevó a enfrentarse con los unitarios, quienes aprovecharon para sus fines el descontento reinante en el ejército.

Revolución del 1ro. DE DICIEMBRE DE 1828. La Logia Unitaria preparó un levantamiento revolucionario. Para este objeto buscó el apoyo de las tropas que regresaban de la Banda Oriental. Para dirigir la acción comprometieron al general Lavalle. (imagen)

En la madrugada del 1 de diciembre las tropas de Lavalle y del coronel Olavarria ocuparon la plaza de la Victoria.

Dorrego abandonado por las pocas fuerzas adictas dejó la fortaleza y se dirigió a la campaña en procura del apoyo de Rosas. Un grupo de doscientas personas reunidas en la capilla de San Roque proclamo a Lavalle gobernador provisional por aclamación quedando disuelta la Junta de Representantes.

MUERTE DE DORREGO. Dorrego por tanto se reunió en Cañuelas con Juan Manuel de Rosas para organizar la reacción desde la campana. Lavalle, enterado de los acontecimientos y con el fin de no dar tiempo a que se concretara la resistencia, delegó el mando político en Guillermo Brown y salió en busca de Dorrego. (imagen)

El 9 de diciembre las milicias de Dorrego fueron derrotadas en Navarro por los veteranos que mandaba Lavalle, Dorrego logró reunirse con Rosas, quien le propuso eludir un nuevo combate y buscar el apoyo del interior. Aquél no aceptó y traicionado por algunos oficiales fue entregado a Lavalle 10 de diciembre Rosas logró retirarse a Santa Fe

En relación con la suerte de Dorrego se produjo entonces una dramática lucha, mientras la facción unitaria, encabezada por Varela y Del Carril, incitaba a Lavalle a ejecutarlo como medio para terminar con la oposición federal, otros como Brown y los diplomáticos extranjeros acreditados en Buenos Aires, intercedían por su vida.

El 13 de diciembre de 1828 Lavalle ordenó el fusilamiento del derrocado gobernador adtimiendo toda la responsabilidad por tan trágica medida.

Este hecho, que constituyó un grave error político y humano, provocó la reacción del interior: la Convención reunida en Santa Fe designó a Estanislao López comandante de las fuerzas que debían sofocar el pronunciamiento unitario.

Rosas —para quien la muerte de Dorrego significó alcanzar la jefatura de un partido al que se había unido haciamuy poco tiempo— se incorporó al ejército de López.

LLEGADA DE PAZ. En enero de 1829 el resto de las fuerzas que habían combatido contra el Imperio arribó a Buenos Aires al mando de José Maria Paz, este se sumó a los unitarios y planeó con Lavalle las próximas operaciones. Trazaron así un amplio plan de campaña: mientras el general Paz se dirigía sobre su provincia natal (Córdoba) para combatir a Bustos, Lavalle avanzaría con otra columna sobre Santa Fe. dejando algunas fuerzas de caballería para dominar las montoneras que Rosas habla dejado actuando en la campaña de Buenos Aires.

DERROTA DE LAVALLE. La muerte de Rauch—encargado de esta última acción—, vencido por las montoneras, trastornó estos planes. Lavalle debió retroceder, viéndose perseguido por López y Rosas, quienes lo batieron en Puente de Márquez (abril de 1829). El jefe unitario quedó sitiado en la capital.

López pronto retornó a Santa Fe. Dos factores provocaron esa actitud: el fracaso de las nego­ciaciones con Lavalle —quien prefirió pactar con Rosas– la acción de Paz en el interior.

PAZ EN CÓRDOBA: José María Paz fue un estratega de gran talen­to. Honesto e inteligente, militó en el partido unitario, pero no dejó de señalar las fallas de sus correligionarios, al tiempo que su origen provinciano lo inclinaba hacia una política moderada.

El 27 de abril de 1829. en la hacienda de San Roque, derrotó al gobernador Bustos. su antiguo jefe en 1820,para ser proclamado a continuación gobernador de Córdoba. A partir de allí Paz fue la mayor preocupación para los caudillos federales: su éxito, su prestigio militar y su talento político le aseguraron una posición cada vezmás sólida en el interior.

Exhumación de los restos de Dorrego: El 14 de diciembre de 1829, un año después del fusilamiento, fueron exhumados los restos de Manuel Dorrego, en Navarro, por orden de Rosas. El encargado de realizar tan penosa tarea fue el doctor Cosme Francisco Argerich. En presencia del camarista designado por el gobierno, doctor Miguel Villegas, se comenzó a cavar la fosa a las doce y media de la mañana.

Pronto aparecieron las botas del pie izquierdo y derecho; después las piernas con los pantalones de paño mezcla oscuro, el cuello cubierto con una corbata de seda negra y un pañuelo de seda amarillo con el que le fueron vendados los ojos al tiempo de su ejecución.

La chaqueta de tela de lana escocesa cubría el pecho y el brazo derecho. Se sacó el cadáver de la fosa y se limpió. El cráneo estaba deshecho y sus huesos divididos en fragmentos muy considerables. En el pecho del lado izquierdo existe la entrada de una bala sin salida por la espalda. Las manos las tenía cerradas.

Sumergí todo el cadáver en una solución de sublimado corrosivo, donde permaneció hasta las diez de la mañana. Después los restos fueron expuestos al sol un rato y barnizados con aceite de trementina y finalmente colocados en una urna, después de bien perfumado, en presencia del camarista y muchos vecinos».

ALGO MAS SOBRE DORREGO:

El coronel Manuel Dbrrego contrajo enlace en 1815 con doña Angela Baudrix, ceremonia que se realizó en San Isidro. Esta última había nacido en Buenos Aires, el 2 de agosto de 1 795 y de su matrimonio con el mártir de Navarro tuvo dos hijas: Isabel, nacida el 5 de junio de 1816 y que sobrevivió largos años a sus progenitores; e Inés que vino a! mundo 5 años después.

Hasta 1845, después de la infausta muerte de su esposó, la viuda de Dorrego vivió a la sombra de su cuñada, doña Dominga Dorrego de Miró, y cansada de solicitar una pensin, se vio precisada a tomar la aguja para con ella ganarse el sustento; tarea en la que la ayudaron sus amantes hijas: cosían para la ropería de D. Simón Pereira, proveedor del ejército, y aparte del sustento, aquella digna viuda tenía que pagar un alquiler de 60 pesos por una de las casitas llamadas de la Catedral (calle San Martín).

En el año de referencia, Rosas le envió un emisario diciéndole que deseaba poseer las charreteras, la banda de gobernador y una rica espada que había obsequiado a Dorrego su amigo, el general Miguel de Azcuénaga.

La viuda del ex-gobernador de la provincia de Buenos Aires no vaciló ,en enviar lo que se solicitaba y poco más tarde, aprovechando la oportunidad, reiteró al Dictador sus súplicas para que se le concediese una pensión: Rosas le asignó el 21 de octubre de 1847, 100 pesos mensuales; cantidad que fuE más que duplicada por el general Urquiza después de Caseros.

El 3 de octubre de 1860 el gobernador Mitre le acordó la mitad del sueldo de coronel. Habiendo fallecido doña Angela Baudrix de Dorrego, en el cuartel 1º del partido de 25 de Mayo, el 6 de abril de 1872; el 3 de agosto del mismo año, el Presidente Sarmiento dio traspaso de la mencionada pensión a su hija Isabel, que la disfrutó por muchos años aún.

El coronel Dorrego tuvo un establecimiento de campo en el fortín de Areco, en el cual pasó largas temporadas cuando estuvo apartado de la vida pública.

Fuente Consultada: Historia Argentina y La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz

La Campaña al Desierto de Juan Manuel de Rosas Lucha Contra el Indio

La Campaña al Desierto de Juan Manuel de Rosas

La lucha contra el indio: un desgaste permanente e infructuoso: El problema de las fronteras — provocado por la amenaza continua de los malones— requirió, desde 1820, la organización de una adecuada defensa militar. Durante el gobierno de Martín Rodríguez se llevaron a cabo, aunque sin éxito aparente, tres campañas contra los salvajes.

La “industria” del malón fue apañada, en muchas ocasiones, por funcionarios de la campaña bonaerense, ya que el producto de los robos se vendía en Chile y los intermediarios obtenían considerables ganancias. Por esta razón y por la secuela de horrores que el malón llevaba consigo, la lucha punitiva contra el indio se prolongó sin descanso. El gobierno se vio obligado a tomar medidas que implicaron una verdadera guerra. Sin embargo, la amenaza de las líneas de frontera no provino sólo del salvaje sino, también, de bandidos —como los hermanos Pincheira — cuyas partidas formadas por indios chilenos y blancos renegados, sembraban la desolación en las provincias de Cuyo.

Las expediciones llevadas a cabo para proteger a los pobladores y a la hacienda de este doble asalto duraron mucho tiempo y contaron con el apoyo de Rosas. Durante su gobierno, éste celebró tratados de paz y alianza con algunas tribus cercanas a la frontera y proyectó — con una metódica preparación — un vasto plan de campaña cuyo objetivo fue la expulsión al Sur del río Colorado de los indios no sometidos. Esta empresa reeditaba la ya prevista, en 1766, por el primer virrey D. Pedro de Cevallos.

El plan de consolidación de la frontera, largamente meditado por Rosas, fue puesto en práctica durante el gobierno de Balcarce, cuando el ex-gobernador de Buenos Aires solicitó ante la Legislatura, y obtuvo, un empréstito de un millón y medio de pesos para emprender la campaña al desierto. Sin embargo, la expedición no contó con el apoyo del Estado que desconoció lo concedido. Fue costeada con la suma de recursos particulares.

La expedición al desierto: Rosas “héroe del desierto”:

Rosas acordó con Chile la realización de la campaña, pues el plan expedicionario no había dejado nada librado al azar. El general Bulnes comandaría la División derecha. Su misión era batir a los indios y arrojarlos al Este de la cordillera de los Andes. A última hora, por razones de política interna, Chile no pudo afrontar la parte que le correspondía en la campaña y ella quedó librada a las armas argentinas.

El plan contaba, asimismo, con el auxilio del caudillo Juan Facundo Quiroga a quien el gobierno de Buenos Aires reconoció como “comandante en jefe de las operaciones del Sur”. Quiroga, sin embargo, renunció al poco tiempo aduciendo desconocer “esa guerra contra los indios”. Así, el plan primitivo debió ser modificado y el ejército de campaña dividido en tres columnas de diferente magnitud y composición.

En marzo de 1833 las columnas se pusieron en marcha. Poco tiempo después de iniciadas las operaciones, la división de Aldao quedó detenida por el mal estado de la caballada y no alcanzó el fin propuesto. La de Ruiz Huidobro, aun cuando obtuvo el triunfo de Las Acollaradas (Sur de San Luis, 16 de rnarzo de 1833) sobre el cacique Yanquetruz, no pudo continuar la campaña pues Córdoba no suministró los recursos necesarios.

La división de Rosas fue la única que obtuvo el objetivo deseados Su comandante, conocedor de la idiosincrasia del indio, desconocía sin embargo et medio en donde iba a operar; por lo tanto, suplió la falta de información con mapas, baqueanos, estudios del terreno y observaciones astronómicas. Estas medidas previas le permitieron organizar ventajosamente sus fuerzas, integradas por 2.000 soldados y 600 indios amigos

La columna partió de San Miguel del Monte el 22 de marzo de 1833 rumbo al Sur. Estableció su cuartel general en Médano Redondo, sobre las márgenes del río Colorado. Desde allí, Rosas destacó varias divisiones que se internaron profundamente en territorio indio. Después de sostener muchos combates con los salvajes, ocuparon la isla de Choele-Choel, llegaron a la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, remontaron el río Colorado hasta sus nacientes y reconocieron el cañadón de Valcheta.

En el teatro de operaciones se presentó ante Rosas el filósofo y naturalista inglés Charles Darwin, quien recorría el desierto pampeano. Dejó su testimonio sobre el campamento de laColumna Izquierda en su Diario de Viaje de un Naturalista alrededor del Mundo en el navío deS.M. Beagle.

La campaña finalizó a principios de 1834 por orden del gobierno de Buenos Aires, y Rosas licenció sus tropas en Napostá, cerca de Bahía Blanca.

La expedición fue, en sí, “una interesantísima preparación militar”; su ejecución cumplió conuna parte de los objetivos previstos, especialmente en el aspecto político, geográfico y económico. El objetivo militar no se cumplió en su totalidad , por cuanto el plan de actuar con las columnas combinadas fracasó al iniciarse la campaña. No obstante, alejó la hostilidad de los indios y la mantuvo inactiva durante veinte años.

CONCLUSIONES:

• Se afianzó la soberanía nacional en un extenso territorio.

• Aumentó el prestigio político de Rosas.

• Decayó el ascendiente de sus adversarios.

• Se firmaron pactos con algunas tribus.

• Se detuvieron los malones por espacio de 20 anos.

• Se extendió la frontera.

• Se rescataron 2000 cautivos.

• Se causaron 6000 bajas a los indios.

• Se ganaron cerca de 3000 leguas cuadradas de tierra.

• Se recogieron múltiples informaciones científicas.

FIN DE LA CAMPAÑA AL DESIERTO:
PROCLAMA DE NAPOSTÁ: El 25 de marzo de 1834, un año después de iniciar su campaña desde San Miguel del Monte, Rosas licenció a sus tropas y dio lectura a la siguiente proclama desde las márgenes del arroyo Napostá:

iSoldados de la Patria! Hace doce meses que perdisteis de vista vuestros hogares para internaros por las yermas y vastas pampas del Sud. Habéis operado activamente, sin cesar, todo el invierno y terminado los trabajos de la campaña de un año ,…] Vuestras lanzas han despoblado de fieras el desierto, han castigado los crímenes y vengado los agravios de dos siglos.

Las bellas regiones que se extienden hasta la cordillera de los Andes y las costas que se desenvuelven hasta el afamado Magallanes, quedan abiertas para nuestros hijos. Habéis excedido las esperanzas de la Patria, pero entretanto ella ha estado envuelta en desgracias por la furia sañosa de la anarquía. ¡Cuál sería hoy vuestrodolor, si cuando divisáis ya en el horizonte los árboles queridos que marcan el asilo doméstico, alcanzaseis a ver las funestas humaredas de la guerra fratricida! Pero la Divina Providencia nos ha liberado de tamaños desastres. Su mano poderosamente protectora sacó del seno mismo de las discordias un gobierno paternal, a quien habéis rendido el solemne homenaje de vuestra obediencia y reconocimiento.

Compañeros Juro aquí, delante del Eterno, que grabaremos siempre en nuestros pechos la lección que se ha dignado darnos tantas veces, de que sólo la sumisión perfecta a las leyes y la subordinación respetuosa a las autoridades, que por El nos gobiernan, pueden asegurarnos la paz, libertad y justicia a nuestra tierra. ¡Compatriotas! Os gloriáis con el título de restauradores de las leyes. Aceptad el honroso empeño de ser sus firmes columnas y constantes defensores. ¡Adiós! Vuestro general, que ha tenido siempre sobrado valor para llenar en esta parte sus deberes, sin temor a los peligros ni a las ferocidad de los tiranos, no lo tiene para despedirse de vosotros»

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz y
Enciclopedia del Estudiante Historia Argentina

La Aduana en el Gobierno de Rosas Ley Aduanera Proteccion Industria

La Aduana en el Gobierno de Rosas – Ley Aduanera Protección Industria

La economía y la ley de aduanas de 1836:

rosas gobernador de buenos aires 1836

Mientras Buenos Aires gozaba de una prosperidad relativa, el resto del país estaba estancado. Las causas eran varias: Pedro Ferré, de Corrientes, y los representantes de otras provincias había reclamado a Buenos Aires por el librecambismo, que anulaba a las industrias locales.

Para que disminuyeran ésas protestas, Rosas dictó, el 18 de diciembre de 1835, la Ley de Aduanas, que entraría en vigor al año siguiente.

Con ella se proponía proteger los productos e industrias de las provincias, aunque no las libraba de modo alguno de la hegemonía de Buenos Aires.

Gravaba con altos derechos y hasta prohibía introducir en Buenos Aires artículos del exterior que compitiesen con los del país, pero sólo el puerto de Buenos Aires estaba habilitado para manejar el comercio exterior y, así, obligaba a las provincias a entrar en la línea económica porteña. Lo que se prohibía en Buenos Aires era prohibido en todo el país.

El país marchaba hacia una gran crisis; el cierre de los ríos Paraná y Uruguay a la navegación extranjera obligaba a enviar todos los productos a Buenos Aires, único lugar, además, donde se podían adquirir mercaderías del exterior. Por otra parte, durante as guerras civiles que tuvieron por escenario el Litoral y el interior entre 1839 y 1841, las tropas faenaron gran cantidad de ganado, arrasaron campos y destruyeron

talleres, en parte como consecuencia de las operaciones militares y en parte como castigo a las sublevaciones. Sin embargo, en Buenos Aires la ganadería seguía progresando.

El ganado hasta entonces pacía libremente, ante la imposibilidad de limitar los campos debido a su gran extensión; pero merced a la iniciativa de Richard Newton, quien en 1844 tendió el primer alambrado y ensayó un nuevo sistema de marcas y señales, desapareció la hacienda sin dueño y se consolidó la propiedad de la tierra.

Las principales industrias derivadas del ganado eran la saladeril y los cueros vacunos; también fue incrementada la caza del ñandú y la nutria. El saladero, establecimiento donde la carne era salada para su conservación y exportación, representó durante muchos años la principal industria exportadora del país; sus mercados eran aquellos países que aún conservaban una forma de producción esclavista (como el Brasil y Cuba), pues la calidad de la carne salada era pésima.

Fuente Consultada: Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz