Primera Invasión

Historia de Lima Capital del Virreinato del Perú

HISTORIA CIUDAD DE LIMA: CAPITAL DEL VIRREINATO

La zona en que se fundó Lima se hallaba habitada por indios dedicados a las tareas agrícolas y a la alfarería.

Así lo han evidenciado los incontables es descubrimientos arqueológicos realizados en la región, incluso en la actualidad, y hasta en la zona urbana de la magnífica y moderna capital peruana.

Fernando Pizarro, hermano del conquistador, al describir la región señaló que los árbolesque bordeaban los caminos «vivían del riego», provisto, sin duda, por las obras de irrigación existentes en tiempos del imperio incaico.

Ver: Historia del Virreinato de Perú

Los habitantes primitivos de la región parecen haber recibido la influencia de las culturas andina, proto-chimú y proto-Nazca, e, incluso, hasta de la de Tiahuanaco.

El sello de la raza aimará ha quedado en el nombre del puerto limeño: Callao.

Lima es la castellanización de Rímac, nombre del río que baña la región, y también participio pasivo del verbo quechua «rimay», hablar.

También significa «hablador», y, aplicado a un río. equivale poéticamente a «parlero» o «murmuzior», aludiendo al ruido de su corriente, rumorosa y cantarína.

LA CIUDAD DE LOS REYES

Francisco PizarroEn el año 1533 hicieron irrupción en la zona del Rímac las tropas españolas al mando de Pizarro.

Los hombres de cutis blanco y largas barbas, y el destello de sus armaduras y de sus espadas aterrorizaron a los indios, casi tanto como los extraños animales, arrogantes e inquietos, en que montaban.

Cuando se fueron, con ellos se iba el tesoro de Pachacámac, presunto rescate de Atahualpa.

Muerto el último jefe del Tahuantinsuyu, Francisco Pizarro hizo áel Cuzco, la ciudad sagrada de los incas, la cabeza de los «Reinos y Provincias del Perú».

Pero buscó un lugar de fácil defensa, cercano al mar, equidistante del Cuzco y del lago sagrado de Titicaca, y de Cajamarca y San Miguel de Piura, para capital nueva del reino, a la que alejaba así de los centros tradicionales incaicos.

Y allá se fueron tres caballeros a explorar la comarca.

Se decidieron a favor del «asiento del cacique de Lima», pródigo en buena agua y tierra fértil.

El 18 de enero de 1535 quedó fundada la Ciudad de los Reyes. Y ese nombre llevaría hasta la Independencia.

EL ESCUDO DE LIMA
El 7 de diciembre de 1537, el emperador Carlos V dió armas a la ciudad: «escudo en campo azul con tres coronas de oro de Reyes puestas en triángulo, y encima de ellas una estrella de oro… por orla unas letras de oro que digan Hoc Signum Veré Regum Est (este signo es realmente de reyes)… y por timbre y divisa do águilas negras con coronado oro de Reyes, que se miren la ana a la otra, y abracen una I y una K, que son las primeras letras de Nuestros nombres, y encima de esas letras una estrella».

EL NOMBRE
Algunos historiadores dicen que el nombre de Ciudad de los Beyes es un homenaje a los de España, cuyas iniciales luce el escudo.

Otros afirman que, por haberse elegido en fecha 6 de enero el sitio de la ciudad, el nombre recuerda a los tres Reyes Magos.

Suyas podrían ser las tres coronas reales, y la estrella, la de Belén. Esta versión es la que más crédito ha merecido a los numerosos historiadores peruanos que han examinado el asunto.

LA CIUDAD COLONIAL
Tenia nueve calles longitudinales y trece transversales, que encerraban ciento diecisiete manzanas. Los edificios españoles eran de adobe «y con poca majestad y primor en las portadas, aunque mi grandes y capaces«, según diría el padre Cobo.

El 26 de junio 1541 moría, asesinado en Lima, Francisco Pizarro, y las luch civiles que continuaron no permitieron mayor adelanto a la ciudad.

No obstante eso, un testigo de vista del siglo XVI habla elogiosamente de Lima, con su gran plaza, sus calles anchas, sus buen casas y las huertas y jardines que se regaban con el agua de diversas y antiguas acequias.

Plano de la Ciudad de Lima en 1748

Pero en realidad todos los primores arquitectónicos se concentraron en las iglesias y conventos, de tan primordial importancia para los fines evangelizadores que, entre otros, guiaron a España en su conquista.

Mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas levantaron templos y claustros, y distribuyeron las horas de su vida entre la enseñanza de la verdad de Cristo y la de oficios, artes y trabajos, para atraer al indio a la cultura de Occidente.

Conventos había como el de San Francisco que abarcaban varias manzanas.

El obispado de los Reyes fue declarado metropolitar en 1545; una Real Cédula creó, el 12 de mayo de 1551, la Universidad, después conocida como la de San Marcos.

En 1543 el Perú se transformó en Virreinato, y en el mismo año hubo una Real Audiencia en Lima.

Los primeros poetas del Perú son nombrados por Cervantes «La Galatea» (1585).

La actividad intelectual se manifestó tambien en algunas obras de teatro y en publicaciones de la primera imprenta (1584), que dió un notable impulso a la cultura.

LOS SANTOS
En el siglo XVI Lima asistió, enternecida y asombrada, al milagro presente en sus calles. En 1586 nació Isabel Flores y Oliva a quien un día las manos de santo Toribio de Mogrovejo administraron el sacramento de la Confirmación.

Y al pronunciar la fórmula ritual mudó el nombre de Isabel por el de Rosa.

Rosa mística de Lima y de América fue la primera flor de santida en nuestro continente.

Rosa Mística

Por allí pasó también la sandalia andariega de Francisco Solano que sembró la fe de Cristo al conjuro de las notas de su violín. Y el mulato fray Martín de Porres, servidor de su convento, enfer mero de los pobres, humilde hermanito del «Poverello» de Asís.

LA RIQUEZA DE LIMA
El sistema comercial de monopolio, que España implantó en «Nuevo Mundo», favoreció especialmente a los españoles de Lima la que vino a ser depósito y mercado de toda la América del Sur.

Las flotas que venían desde España desembarcaban sus productos, primero en Nombre de Dios, y, desde 1597, en Portobelo.

Realizada allí una feria, las mercaderías se embarcaban hacia El Callao, y desde allí se las distribuía por toda la América meridional española.

Lima se adornaba con joyas de Europa, sedas de la China y frutos de la tierra cálida de Nueva España.

La ciudad era rica, no sólo por lo que venía de allende el mar, sino porque las minas de Potosí parecían inagotables.

La plata brillaba, en ocasiones solemnes, hasta en el pavimento de las calles por las que debía pasar algún virrey.

El siglo XVII encuentra a la Ciudad de los Reyes transformada: puentes de piedra sustituyendo a los de madera, iglesias más ricas y casas suntuosas con balcones labrados y amplios, tanto que alguien los llamó «calles sobre los aires».

Los edificios se adornaban con azulejos. Las carrozas estaban guarnecidas de seda y oro y los trajes no desentonaban en medio de ese despliegue de lujo de los señores de las minas y de los funcionarios.

Los templos y los monasterios se multiplicaban, y sus altas torres eran como una plegaria que elevaban al cielo los limeños, algo caídos en el pecado de orgullo, por el fervor de sus santos.

La población llegó en el siglo XVII a unos 60.000 habitantes, con cinco o seis mil vecinos españoles, aumentados a unos 25.000 por los viajeros.

Había alrededor de 30.000 negros esclavos y 5.000 indios, no obstante la intensa mestización existente.

LAS FIESTAS LIMEÑAS
Las fiestas de la ciudad sobre el Rímac fueron famosas en Indias. Todo era ocasión para desfiles, procesiones, comedias, corridas de toros, disparos de cohetes, repique de campanas, fuegos artificiales.

Cuentan viejas crónicas que los limeños sabían preparar «llantos» solemnes por la muerte de un monarca, y festejaban ruidosamente el nacimiento de los príncipes.

No huoo fiesta más rumbosa que la que celebró el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV.

El festejo duró cinco meses.

DOS MOTIVOS DE TEMOR
La fiesta se vio interrumpida por un temblor el mismo día, 27 de noviembre de 1630, en que los plateros realizaban su homenaje.

Los terremotos se sucedieron muchas veces. Destruyeron casas y crearon una tradición: la del Señor de los Milagros.

Era una efigie de Cristo en la cruz, pintada por la mano humilde de un negro angola.

En el terremoto del 18 de octubre de 1655 todo a su alrededor se derrumbó y la pintura quedó incólume. En otros terremotos se repitió el milagro.

Los limeños rezan fervorosamente al Señor de los Milagros y lo acompañan en procesión todos los años.

El Señor de Los Milagros

Otro motivo de temor para los habitantes de la Ciudad de los Reyes eran los piratas. Si se ha dicho que Buenos Aires colonial tenía su mejor defensa contra ellos en su pobreza, ¿qué podía defender a la fastuosa Lima y a otras ciudades del Virreinato del Perú, cuyas riquezas tentaban a los bandidos del mar.

Se fortificaron los puertos, se cercaron de gruesos muros las ciudades se adiestró a los hombres en el manejo de los cañones, pero aun así los piratas —no tan románticos ni generosos come ha tratado de pintarlos la literatura de sus países de origen, enemigos de España—, asolaron muchas veces las costas del Perú en memorables ataques de verdaderas flotas.

LA CIUDAD DE LOS REYES EN EL SIGLO XVIII
En el año 1700 se estimaba en Lima una población de 37.00 habitantes, sin contar las clases populares. Sus palacios eran cada vez más suntuosos.

El de Torre-Tagle es uno de ellos.(imagen abajo)

Los Borbones, con su política de mayor liberalidad económica favorecieron al resto de las tierras de América y quitaron al Parí uno de los factores de su enriquecimiento.

El Virreinato del Rio de la Plata se separó y se llevó consigo la riqueza de las minas más valiosas, situadas en tierras del Alto Perú.

El 28 de octubre de 1746 un terrible terremoto destruyó a Lima El virrey don José Manso de Velasco la reedificó. Ha sido llamado el «segundo fundador».

LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA
Los libros de los filósofos franceses del siglo XVIII llegaron mucha dificultad a las manos limeñas.

El «Mercurio Peruano» hizo la siembra de las nuevas ideas. Pero aun así, en 1810, Lima fue el último reducto de los españoles en América.

A principio de julio de 1821 entró en la ciudad el general don José de San Martín, quien el 28 del mismo mes proclamó la independencia de Perú y enarboló por primera vez la bandera peruana.

LA CIUDAD MODERNA
Poco a poco la ciudad fue perdiendo su aspecto colonial Las calles se pavimentaron, las aceras se hicieron de losas, el alumbrado de gas se encendió por primera vez en 1855. Tuvo telégrafo y ferrocarril, nuevos paseos y edificios públicos de gran belleza.

El siglo XX la ve, con una población de más de un millar de habitantes, culta y pujante.

Moderna y tradicional a la vez, bordean sus calles asfaltadas edificios de varios pisos, magníficos cines y departamentos comerciales, pero la tradición habla en los templos churriguerescos, en la vieja Plaza Mayor, en los palacios y los monasterios, en la fiesta brava de los toros, en la grarra ligera de las limeñas.

Lima es vieja y es nueva, y mira feliz hacia el futuro, porque ama y respeta su ayer, encarnado en las piedras que, un día. manos indias y españolas levantaron sobre la margen izquierda del Rimac como avanzada hispana en el Nuevo Mundo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – La Ciudad de Lima: Ciudad de Reyes –

El Virrey Santiago de Liniers en el Rio de la Plata

El Virrey Santiago de Liniers en el Río de la Plata

El virrey Santiago de Liniers en el Rio de la PlataVIRREINATO DE LINIERS:

La caída de Sobremonte, ocurrida después de la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807, hizo recaer en Liniers el mando militar de todo el Virreinato, conservando la Audiencia el poder político. Por entonces se designó en España, en reemplazo de Sobremonte, a Pascual Ruiz Huidobro.

La prisión de éste (al ser capturada Montevideo por Auchmuty) hizo que se depositara el mando en Liniers, siendo este último confirmado como virrey interino por las autoridades metropolitanas el 3 de diciembre de 1807.

El marino francés pareció, de este modo, alcanzar la cumbre de su carrera política, pero en verdad también iniciaba el camino hacia su trágico fin. Pese a su indudable popularidad entre los criollos, Liniers guardaba, por encima de todo, lealtad a la Corona hispana.

Sin embargo, los peninsulares residentes en Buenos Aires no confiaban en él: a causa de su origen francés, la agresión napoleónica de 1808 hizo aparecer como dudosas sus actitudes. Las vacilaciones del gobernante afirmaron esta inquietud y el virreinato de Liniers se caracterizó por su inestabilidad.

Luego de las Invasiones Inglesas, Liniers se convirtió en una de las figuras políticas más gravitantes gracias al prestigio militar ganado en las batallas contra Beresford y Whitelocke. Tenía a su favor una gran adhesión popular y desde mediados de 1807 se desempeñó como virrey interino.

Hacia él se acercaron tanto los criollos más radicales como los españoles conservadores, sabedores de que este francés, monárquico convencido, profesaba una inquebrantable lealtad hacia la Corona. Entre los grupos antagónicos empezaron a gestarse una serie de sordas pujas políticas, insertadas dentro de un marco internacional cada vez más complicado y cambiante.

El fracaso de las dos invasiones convenció al gobierno británico de cambiar de estrategia: en lugar de intentar apoderarse de las colonias sudamericanas se dedicó a favorecer su independencia y luego dominarlo económicamente con su poderío industrial.

MISIÓN SASSENAY: El marqués de Sassenay arribó en agosto de 1808 al Plata, comisionado por el emperador francés para lograr el reconocimiento de José I como rey de España. Liniers no aceptó esta tratativa y despachó al enviado de regreso. Sin embargo, su actitud no reforzó su posición ante los españoles.

MOVIMIENTO JUNTISTA. INTRIGAS LUSITANAS. 

Las vacilaciones del virrey para proclamar la jura de Fernando VII (provocadas por las contradictorias noticias llegadas de la península) motivaron que Montevideo se separara de su mando, integrándose allí una Junta, al estilo de las que funcionaban en España, encabezada por Francisco Javier de Elío.

El arribo a Río de Janeiro de la corte portuguesa, traslado efectuado bajo la protección de la escuadra inglesa, y sus tentativas de extender su dominio al Plata, fue un nuevo factor de inquietud. La princesa Carlota Joaquina (hija de Carlos IV). esposa del regente portugués Juan VI, aspiraba a ser reconocida como soberana en el virreinato de Buenos Aires .

1ro. DE ENERO DE 1809. El movimiento juntista tuvo su eco en Buenos Aires. El 1ro. de enero de 1809 se produjo un intento de motín, apoyado por el Cabildo y las tropas de origen hispano, cuya meta era reemplazar a Liniers por una Junta similar a las surgidas en España.

Algunos partidarios de la emancipación, entre ellos Mariano Moreno, adhirieron en un primer instante al movimiento, viendo en él la posibilidad de un paso hacia la independencia. El carácter realista de la intentona hizo que Moreno se apartara de ella una vez iniciada.

Las milicias porteñas permanecieron fieles a la autoridad legal (Liniers); por ello el golpe fue desbaratado. Martín de Álzaga, jefe de la asonada, y varios de sus partidarios, fueron desterrados a Patagones. De allí los rescató Elio. 

Tal era el confuso panorama político que presentaban estas regiones. en momentos en que la Junta Central de Sevilla designó el 11 de febrero de 1809 nuevo virrey a Baltasar Hidalgo de Cisneros.

SOBRE LAS SOSPECHAS DE LA AUTORIDAD DE LINIERS:
Liniers: el cuestionamiento de la autoridad virreinal (1807-1809)

Don Santiago de Liniers, gobernaba el Río de la Plata en tiempos en que la crisis del Imperio Hispano se profundizó. Su autoridad se debilitó; los grupos de presión, integrados por personas con intereses comunes, se movilizaron para influir en las decisiones de gobierno o producir cambios favorables.

Los comerciantes ligados a los intereses peninsulares, cuestionaron el origen francés del virrey y se opusieron a las medidas que permitían el comercio con los ingleses. Dirigidos por Martín de Alzaga, tuvieron en el Cabildo su principal centro de poder.

Francisco Javier de Elio, gobernador de Montevideo, mediante un cabildo abierto, organizó una Junta de Gobierno independiente de la autoridad virreinal, que gobernó la Banda Oriental.

Los criollos buscaban alternativas para lograr una mayor participación en los asuntos de gobierno, en su mayoría apoyaban al virrey, especialmente Saavedra con el Regimiento de Patricios.

Esta situación se agravó al arribar a Buenos Aires, Claude Bernard, Marqués de Sassenay, enviado de Napoleón con la misión de hacer reconocer a José I. Liniers lo recibió junto con la Audiencia y el Cabildo, rechazó su propuesta, pero no se ordenó su detención. Las sospechas sobre la fidelidad del virrey se acrecentaron y sus enemigos acentuaron la crítica. Buenos Aires juró fidelidad a Fernando VII; Montevideo ya lo había hecho. La crisis de autoridad se profundizó.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter.

Primer Gobierno Patrio Hombres:Influencia Ideas de la Ilustracion

Perfil de los Integrantes de la Primera Junta de Gobierno de 1810

Antecedentes Semana MayoSemana de Mayo – Asamblea de 1813 – Focos Revolucionarios

LOS HOMBRES DE MAYO DE 1810
INTEGRANTES DEL PRIMER GOBIERNO PATRIO

Dos fueron las principales líneas de pensamiento que se enfrentaron en el Cabildo abierto del 22 de mayo.

Una fue liderada por el obispo Lúe, representante de los grupos que defendían la necesidad de continuar reconociendo a las autoridades españolas en América y de mantener la fidelidad al rey Fernando, aún prisionero.

Otra fue la postura encabezada por Juan José Castelli, quien afirmaba: «No habiendo Rey, las autoridades españolas no representan a nadie y el pueblo tiene el derecho de decidir qué hará».

Al no lograrse un acuerdo que contara con el apoyo de todos los participantes, se pasó a votar ambas propuestas y el resultado fue ampliamente favorable a la posición de Castelli.

La cuestión siguiente fue resolver quién reemplazaría al virrey. Las negociaciones entre diferentes grupos llevaron a la decisión de conformar una Junta de Gobierno, tal como había ocurrido en España y en otras ciudades del continente americano, hasta tanto se resolviera la situación por la que atravesaba el rey Fernando VII.

Una fuerte discusión se generó cuando los miembros del Cabildo debieron decidir quiénes la integrarían.

En un principio, los españoles consiguieron que se formara con Cisneros como presidente, otros dos españoles peninsulares, Castelli y Saavedra, jefe de las milicias.

Los revolucionarios, disconformes con lo decidido, presionaron para que renunciaran y se convocara a un nuevo Cabildo abierto para el 25 de mayo.

Ese día se formó una nueva Junta que envió a todas las provincias que integraban el virreinato del Río de la Plata una invitación para que, una vez elegidos sus propios representantes, se incorporaran a ella, formándose de este modo la denominada Junta Grande.

INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN EN LOS REVOLUCIONARIOS:

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración.

Una de las principales obras escritas por los pensadores ilustrados, «El contrato social«, del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno.

En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno.

Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.

No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

LA SOBERANÍA POPULAR REEMPLAZA A LA SOBERANÍA DE LA CORONA:

España fue siempre un país con vocación de libertad, de profundo espíritu democrático.

A precio de la libertad individual, defensa de los privilegios y derechos locales, respeto a las leyes, son principios constantes en la historia española.

Sus teólogos, sus filósofos políticos, sus juristas, son los creadores del derecho de gente, del derecho internacional, de la limitación del poder real, del principio de soberanía popular, propio de las ideas de la ilustración francesa, y que en ellos se han nutrido y se nutren los modernos movimientos en pro de la democracia y de la libertad política.

La lealtad con que los españoles obedecieron a sus reyes nunca fue servilismo, ni permitió el atropello de sus derechos personales.

El absolutismo o centralismo que quisieron imponer algunos monarcas se estrelló contra la inquebrantable voluntad de libertad del pueblo español.

En España la base de la soberanía estuvo siempre en el pueblo, quien mediante un «pacto» o «contrato» había confiado su ejercicio a la Corona.

El movimiento libertador de Mayo de 1810 se da en perfecta continuidad y acuerdo con la doctrina y la concepción españolas del poder.

Vamos a resumir la concepción del poder en Francisco Suárez, teólogo, filósofo y jurista español, en que se nutrían los políticos españoles, y que fue, asimismo, fundamento de la posición adoptada por los patriotas.

Las obras de Suárez fueron escritas para refutar a Jacobo I de Inglaterra y demás defensores del poder absoluto o del «derecho divino de los reyes».

1. Para que exista sociedad es necesario el poder político que la ordene y dirija. No hay sociedad sin autoridad. De la naturaleza humana surge la necesidad del poder. Por eso decimos que «el poder viene de Dios, autor de la naturaleza».

2. Nadie tiene por naturaleza derecho al ejercicio del poder. Los hombres somos esencialmente iguales. El poder pertenece a la comunidad. Dios ha transferido a ella su propio poder.

3. El poder viene de Dios. Pero no es Dios quien designa los gobernantes, ni quien les confiere el poder. Los gobernantes son designados por la comunidad y de ella reciben su poder.

4. Todo poder es por naturaleza limitado. Está sujeto al derecho natural, al orden jurídico y al bien común. Los mandatos injustos de los gobernantes son carentes de valor; el uso arbitrario del poder puede ser resistido. En último término, en defensa de la libertad y del bien común, Suárez justifica el tiranicidio.

5. El pueblo confiere el poder al monarca mediante un «pacto» o «contrato». Este pacto o contrato no es retractable unilateralmente. Mientras el monarca cumpla su función no le es lícito al pueblo cambiar de voluntad y designar otros gobernantes. El poder ha sido enajenado.

6. Sólo cuando el monarca se ha convertido en déspota o tirano, y no cumple con el compromiso contraído en el «pacto», el pueblo tiene derecho a deponerlo y, reasumiendo su poder soberano, designar otros gobernantes.

Sobre estos principios de la ilustración se apoya la posición y argumentación de los patriotas.

No acusan al rey de tiranía o despotismo, sino sostienen que estando cautivo en Francia el trono está vacante y por lo tanto, la soberanía ha vuelto al pueblo.

Los gobiernos y Juntas constituidos en España carecen de delegación real, no representan el poder del monarca.

Han surgido por voluntad de las provincias peninsulares.

América no ha concurrido a su erección y en consecuencia, carecen de poder legítimo sobre estas regiones.

En tal situación el pueblo del Virreinato ha reasumido su poder soberano.

No está sujeto a autoridad peninsular de ninguna naturaleza y es al mismo pueblo a quien le corresponde determinar su destino y designar a los gobernantes.

Es este el contenido del discurso de Castelli en la reunión del 22 de mayo: «El gobierno soberano de España ha caducado… se ha producido la reversión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires».

La fundamentaeión del voto de Saavedra, al cual adhirieron la mayor parte de los patriotas, contiene la misma posición.

En él sostiene que dadas las circunstancias debe substituirse la autoridad del virrey; que hasta que se forme la Junta integrada por los pueblos del virreinato que debe ejercer el poder, éste sea reasumido por el Cabildo, el cual nombrará un gobierno provisorio en la forma y modo que estime conveniente.

Y agrega textualmente: «y no quede duda de que el pueblo es el que confiere autoridad o mando».

No son distintos los principios substentados por los españoles, a excepción de los del obispo Lué que provocaron indignación entre los mismos españoles.

Los españoles sostienen que habiendo cesado la autoridad del Rey correspondía enviar diputados a las Cortes convocadas en Cádiz que decidirían la actitud a tomar por todo el Reino de España e Indias.

El fiscal Villota argumentó que en el Cabildo sólo estaba representado el pueblo de Buenos Aires, el cual no tenía derecho para resolver un asunto que concernía a toda la monarquía hispánica; que la cuestión debía ser resuelta «por toda la representación nacional».

A su vez, los miembros del Cabildo, aceptando que la autoridad del virrey había caducado y el pueblo reasumido su soberanía insistieron en mantener a Cisneros al frente de! gobierno como presidente de la Junta.

Los alentaba el evitar confusiones y anarquía. Pero según el Cabildo la autoridad que ejercería Cisneros no provenía de delegación real, sino de delegación popular conferida a través de su nombramiento por el mismo Cabildo.

Los Miembros de la Primera Junta de Gobierno

Los nueve integrantes de la Junta Provisional de Gobierno que asumió el 25 de mayo de 1810 pertenecían al llamado grupo patriota. ¿Quiénes eran y a qué se dedicaban?.

Cornelio Saavedra, el presidente, era un próspero comerciante nacido en el Alto Perú, quien, debido a los sucesos de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, había asumido la comandancia del cuerpo de milicias más importante de la ciudad de Buenos Aires, el de Patricios.

Los secretarios, Juan José Paso y Mariano Moreno, eran prestigiosos abogados porteños.

Entre los vocales encontramos a Manuel Belgrano, abogado recibido en España, quien durante años llevó adelante una pacífica batalla por un nuevo ordenamiento económico desde el Consulado (del cual fue secretario), y por medio de publicaciones periodísticas.

Entre los vocales figuraban; también los comerciantes catalanes Juan Larrea y Domingo Matheu, quienes apoyaban abiertamente al grupo patriota, quizá porque no participaban activamente del monopolio comercial español.

El clero tampoco faltó entre los integrantes de la Junta: el sacerdote Manuel Alberti, quien apoyaba desde los orígenes el movimiento revolucionario, había asumido como vocal el 25 de mayo.

¿Quiénes eran los otros dos vocales? Miguel de Azcuénaga, jefe de uno de los cuerpos de milicias de la ciudad, y en cuya casa se habían reunido varias veces los conspiradores patriotas; y Juan José Castelli, abogado y vocero del grupo durante la jornada del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en el que se votó la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Como hecho curioso, cabe mencionar que muchos de los más activos revolucionarios de 1810 eran italianos y descendientes de italianos radicados en Buenos Aires.

La carta enviada el 23 de junio de 1810 por José María Salazar (comandante del Apostadero Naval de Montevideo), al depuesto virrey Cisneros, expresa.¿»(…) los perturbadores son casi todos del cuerpo de Patricios, que es el que ha hecho la Revolución, pues los demás solo han suscripto a ella (…) siendo de notar que la mayor parte de los revoltosos son hijos de italianos (…)». Entre estos»»revoltosos» figuraban Belgrano, Castelli, Alberti, Antonio Luis Beruti, Carlos José Guezzi, Francisco Agustini (jefe del cuerpo de artillería de la Unión), Martín Grandoli (alcalde y síndico procurador del Cabildo), Esteban de Lúca, Miguel de Lúca, Domingo Espora, José Boqui, Fernando Abramo, Santiago Antonini, Eustaquio Gianini, Pedro Pablo Sanguinetti (gobernador de las Malvinas), César Balbiani.

PERFIL DE LOS INTEGRANTES DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO

integrante primera junta de gobierno de 1810

Cornelio Saavedra: Nació en Potosí en 1759. Su padre era porteño y su madre oriunda de Potosí.

Estudió en el colegio de San Carlos. Terminados sus estudios secundarios se dedicó a tareas ganaderas.

Ocupó desde 1797 diversos cargos en el Cabildo de Buenos Aires. Abrazó luego la carrera de las armas y se distinguió en las Invasiones Inglesas.

Cuando se creó el Regimiento de Patricios sus compañeros de armas lo eligieron como jefe.

De hecho quedó constituido como jefe de las milicias criollas.

En la Revolución de Mayo tuvo actuación preponderante y a él encomendaron los patriotas la conducción del movimiento.

Como Jefe del Regimiento de Patricios su autoridad era indiscutida.

Elegido Presidente de la Primera Junta, permaneció al frente de la misma hasta agosto de 1811 en que partió para el norte a reorganizar el ejército.

Al establecerse el Primer Triunvirato fue excluido del gobierno y confinado a San Juan.

Volvió a sus actividades rurales y no quiso intervenir posteriormente en política. Sólo cuando la guerra con el Brasil ofreció al gobierno sus servicios, a pesar de su edad.

Murió en Buenos Aires en 1829.

Mariano Moreno: Jurisconsulto, periodista y escritor, su participación en los sucesos de Mayo le granjeó títulos como “el hombre de Mayo” o “el alma de la revolución”.

Nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. En 1799 ingresa en la Universidad de Chuquisaca.

Imbuido de las ideas de la Ilustración, se gradúa como licenciado en leyes en 1802 con una tesis sobre la sublevación de Túpac Amaru, en la que condena las prácticas españolas de exigir servicios personales los indios.

A principios de 1810 el partido patriota se decide a tomar el poder en Buenos Airee

El 22 de mayo Moreno apoya la deposición del virrey y el establecimiento de una junta elegida por el Cabildo Abierto en representación del pueblo. En el nuevo gobierno Moreno es secretario de Gobierno y Guerra.

En julio de 1810 redacta el Plan de operaciones, destinado a definir la estrategia política de la revolución y crea La Gazeta de Buenos Ayres, periódico que difunde la acción de gobierno.

En la disputa con Saavedra, Moreno se radicaliza: en diciembre decreta que únicamente los criollos podrán desempeñar funciones públicas y propone que sean abolidas las honras ceremoniales acordadas al presidente de la Junta.

A fines de 1810 para incorporarse a la Junta, renuncia a su cargo y acepta una misión diplomática a Río de Janeiro y Londres, a donde parte a principios de 1811.

Acompañado de su hermano Manuel y Tomás Guido en calidad de secretarios, durante el viaje a Londres Moreno muere en alta mar, el 4 de marzo.

Juan José Castelli: Nació en Buenos Aires en 1764. Su padre era médico, de nacionalidad veneciana. Su madre, porteña.

Realizó en Córdoba estudios eclesiásticos sin recibir órdenes sagradas.

Luego estudió derecho en Chuquisaca y se estableció como abogado en Buenos Aires.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo defendió con ardor y lucimiento las posiciones de los patriotas, dándoles su fundamentación jurídica.

Como vocal de la Junta fue abierto partidario de Moreno.

Fue uno de los responsables de la deportación de Cisneros y de los miembros de la Audiencia.

Se hizo cargo del ejército del norte y dio cumplimiento a la orden de fusilar a Liniers.

Era violento. En el Alto Perú fusiló a los gobernadores españoles.

Sus actitudes antirreligiosas y su incapacidad para mantener la disciplina de las tropas que cometían desmanes le mereció la enemistad de las poblaciones. A su vuelta a Buenos Aires fue sometido a proceso en 1811. Falleció al año siguiente.

Manuel Belgrano: Nació en Buenos Aires en 1770. Su padre era comerciante, oriundo de Italia; su madre, porteña.

Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en Salamanca y Valladolid donde recibió el título de abogado.

En 1739 fue Secretario del Consulado, cargo que desempeñaba cuando las invasiones inglesas.

Como tal, se negó a prestar juramento a las autoridades inglesas. Durante la segunda invasión luchó personalmente como sargento.

Formó parte de la Primera Junta. Fue enviado como jefe de la expedición al Paraguay y del ejército del Norte.

Es el creador de nuestra bandera. Vencedor en Tucumán y Salta supo conservar íntegro su ánimo en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

Fue enviado a Europa en misión diplomática y volvió en 1816. Falleció en 1820.

Es sin duda una de las figuras más puras de nuestra historia. Sus méritos y sus valores personales son unánimemente admitidos por todos los sectores.

Miguel de Azcuénaga: Nació en Buenos Aires en 1754. Sus padres eran españoles.
De niño fue enviado a España donde permaneció diez años. Estudió en Málaga y Sevilla. De regreso en Buenos Aires entró en el cuerpo de artilleros.

Ocupó cargos en el Cabildo.

Fue regidor, alférez real y síndico procurador. En 1796 fue nombrado comandante de las milicias provinciales.Elegido vocal de la Primera Junta, debió renunciar cuando Rivadavia disolvió la asamblea el 6 de abril de 1811 y fue desterrado a Mendoza.

Vuelto a Buenos Aires en enero de 1812 fue designado gobernador intendente.

En 1818 fue jefe del estado mayor y diputado al Congreso General Constituyente.

En 1829, cuando se confió el gobierno a Viamonte, ejerció la vicepresidencia del Senado. Falleció en Olivos en 1833. Era entonces diputado provincial.

Manuel Alberti: Nació en Buenos Aires en 1763. Sus padres eran porteños.Estudió en el Colegio de San Carlos y en la Universidad de Córdoba. Fue ordenado sacerdote.

En 1808 fue nombrado cura de San Benito de Palermo.

Tuvo gran influencia sobre el clero criollo, a quien de hecho representó en el nuevo gobierno.

Se negó a subscribir la condena de Liniers y demás compañeros.Falleció en 1811. Dejó fama de hombre bueno y caritativo.

Este sacerdote y patriota vinculado al movimiento revolucionario nació en la Ciudad de Buenos Aires un 28 de mayo de 1763. Se recibió de Doctor en Teología en la Universidad de Córdoba.

Participó activamente de las jornadas de mayo de 1810: junto a 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del Virrey Cisneros durante el Cabildo Abierto del día 22

Juan José Paso: Nació en Buenos Aires en 1758. Estudió en Córdoba y Chuquisaca. Fue profesor en el Colegio de San Carlos.

Fue fiscal de la Hacienda Real y abogado de la Audiencia. En 1802 dejó Lima para regresar a Buenos Aires y fue nombrado fiscal de la Audiencia en 1803 y diputado del Consulado en 1806.

Tuvo activa participación en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, siendo elegido, una vez constituida la Primera Junta, secretario de dicho cuerpo junto a Mariano Moreno.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo refutó la argumentación de Villota.Fue miembro del primer y segundo triunviratos.

También fue diputado al Congreso de Tucumán.Fue el principal redactor de las constituciones de 1819 y 1826.

Aunque de ideas monárquicas y centralistas fue uno de los primeros entre nosotros en defender el sufragio universal.

Falleció en Buenos Aires en 1833.

Juan Larrea: De nacionalidad española, llegó a Buenos Aires desde Cataluña a principios del 1800 para establecerse como comerciante.

Durante las invasiones inglesas de 1806 fue designado capitán de un cuerpo de voluntarios catalanes y luego se unió al Partido Republicano – dirigido por Martín de Alzaga – para derrocar al Virrey Sobremonte en 1807.

Sin descuidar su trabajo mercantil, Larrea siguió participando en actividades políticas y fue elegido vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio de 1810.

Durante la sublevación del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado de su cargo y se exilió en San Juan.

Regresó a Buenos Aires dos años después, cuando se instituyó el Segundo Triunvirato, para convertirse en uno de los miembros más participativos de la Asamblea Constituyente de 1813.

Fue el responsable de la creación de la Escuadra Naval en 1814, que bajo el mando de Guillermo Brown obligó a los realistas a salir de las aguas del Río de la Plata. Su último cargo público fue el de Cónsul Argentino en Francia.

De vuelta en Buenos Aires, y abocado al comercio, se suicidó en 1847 por no haber podido levantar un pagaré.

DOCTRINA DE LA REVOLUCIÓN
Los fundamentos revolucionarios

La doctrina de la Revolución de Mayo se deduce de los reglamentos, circulares, decretos y disposiciones emanados de la Junta Provisional Gubernativa.

En ella se destacó por sus iniciativas y reformas el Dr. Mariano Moreno, tanto en su cargo de secretario como también al frente de los asuntos de gobierno y guerra.

En la Universidad de Charcas leyó Moreno trabajos de los filósofos políticos y economistas europeos del siglo XVIII, particularmente de Rousseau, cuyo Contrato Social prologó e hizo publicar en Buenos Aires en una edición castellana.

Inspirado en los ideales de la Revolución Francesa, Moreno sostuvo los principios de libertad e igualdad ante la ley, como también aplicar en política la doctrina de la voluntad general, es decir, de la soberanía del pueblo.

Los patriotas americanos —partidarios aparentes de Fernando VIl— bregaban por aplicar la doctrina jurídica de la Legislación de Indias, que vinculaba el Nuevo Mundo a la Corona y no a la Nación española.

De acuerdo con este principio, sostenían que, prisionero el rey, la soberanía recaía en los pueblos «que tenían derecho a darse su propio gobierno».

Moreno escribió al respecto: «La disolución de la Junta Central de Sevilla restituyó a los pueblos la plenitud de los poderes, que nadie sino ellos mismos podían ejercer desde que el cautiverio del Rey dejó acéfalo el reino y sueltos los vínculos que lo constituían centro y cabeza de! cuerpo social: La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey». (La Gazeta del 13 de noviembre de 1810.)

Sobre fundamentos de gobierno republicano se inspiró la fórmula política revolucionaria adoptada por los hombres de Mayo, la cual prolongaría su influencia hasta la generación constituyente.

Principios proclamados por la revolución

a) La soberanía popular.

En el Cabildo abierto del 22 de. mayo, Castelli y Saavedra sostuvieron los derechos del pueblo para ejercer su soberanía e instalar un gobierno propio.

El elemento popular se hizo presente el día 25 en la sala de acuerdos del Cabildo, y dio a conocer la nómina de los ciudadanos que integrarían la Primera Junta.

El reglamento del 28 de mayo facultaba al pueblo —art. 10?— para comunicarse de palabra o por escrito con cualquiera de los vocales de la Junta.

b) El principio representativo y federalista.

El ejercicio del poder por los representantes del pueblo, no sólo de Buenos Aires sino también de las provincias, es un anticipo del sistema representativo y federalista vigente en la Constitución actual.

El artículo 10º del Reglamento del 25 de Mayo convocaba a los cabildos del interior a fin de que eligieran representantes ante un congreso a reunirse posteriormente en Buenos Aires.

c) La división de poderes y periodicidad de los mandatos.

De acuerdo con los artículos 6° y 7° del Reglamento del 25 de Mayo, la Junta tendría atribuciones ejecutivas pero no judiciales, pues las últimas estarían a cargo de la Audiencia.

En el citado Reglamento figuran claras disposiciones referentes a la responsabilidad de los miembros de la Junta en el ejercicio de su cargo; así, el artículo 5? deja constancia de que los integrantes del gobierno podrían ser depuestos en caso de que faltasen a sus deberes.

La Junta hizo público su carácter de «provisoria», es decir, que sus integrantes gobernarían por un lapso limitado, hasta que un congreso reunido en Buenos Aires estableciera las autoridades más convenientes (art. 10°).

d) La publicidad de los actos de gobierno.

Fue otro de los principios republicanos llevados a la práctica por la Junta; según disposiciones del artículo 8° del Reglamento, todos los meses debía publicarse el estado de le Real Hacienda.

Ante la necesidad de difundir entre el pueblo los principios e ideales de la Revolución, el nuevo gobierno —por obra de Moreno— fundó un periódico semanal titulado Gazeta de Buenos Aires.

En el tercer número, de! 21 de junio, fue publicado un artículo de Moreno sobre la libertad de expresión, el que dice en uno de sus pasajes: «si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia, y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa dé los pueblos».

Fuente Consulatada: HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

El Virrey Cisnero en el Rio de la Plata-Política de Gobierno y Economia

El Virrey Cisnero en el Rio de la Plata-Política de Gobierno y Economia

Último virrey que ejerció el poder en el virreinato del Río de la Plata. Nació en Cartagena, España, y murió en la misma ciudad.

En 1770 se inició en la marina de guerra y durante veinticinco años participó en diversas acciones al mando de renombrados jefes. Se distinguió en la batalla de virrey cisneroTrafalgar, en la que el almirante inglés Nelson derrotó a las naves francesas.

Al producirse la invasión napoleónica en España se opuso a la misma.

La Junta Central de Sevilla, que gobernaba en nombre de Fernando VII, le confió diversas misiones y, en 1809, lo nombró virrey del Río de la Plata. Sucedió a Santiago de Liniers, héroe de la Reconquista.

El 19 de julio de ese año recibió el mando en la Banda Oriental, adonde los oidores de la Audiencia, miembros d Cabildo y otras autoridades habían ido en su busca, diez días después entró en Buenos Aires.

Durante su gobierno, Mariano Moreno presentó la famosa «Representación de los Hacendados», en la que se pedía el libre comercio.

La noticia de la caída dela Junta Central de Sevilla precipitó los acontecimientos.

Cisneros dio una proclama el 18 de mayo de 1810, en la que trataba de calmar los ánimos,

Pero fue en vano, pues ios patriotas vieron la oportunidad de elegir un gobierno propio.

Cisneros debió autorizar la realización del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. En él se efectuó una votación y por mayoría se pidió su renuncia,sin embargo, el Cabildo lo eligió presidente de la Junta nombrada el 24 de mayo.

Al día siguiente, y ante el clamor popular, Cisneros debió renunciar y se eligió la Primera Junta de Gobierno Patrio, presidida por Cornelio Saavedra.

Un mes más tarde fue embarcado rumbo a las islas Canarias.

De allí pasó a la Península, donde ocupó diversos cargos hasta su muerte.

VIRREINATO DE CISNEROS

El 13 de julio Cisneros recibió en Colonia las diputaciones del Cabildo, Real Audiencia, Tribunales de Cuentas y otros cuerpos antes quienes prestó juramento tomando posesión del mando.

Vicente Nieto pasó a Buenos Aires asumiendo interinamente el mando político y militar del Virreinato, relevando así a Liniers.

¿Por qué no llegó directamente el nuevo virrey a la capital? La confusa situación antes descripta hacia temer que su arribo fuese resistido.

Como hemos visto, el plan de la emancipación estaba en marcha. ya fuera bajo la forma de protectorado inglés o con la candidatura de Carlota.

En julio de 1809 se realizaron reuniones secretas en Buenos Aires que preparaban el golpe destinado a evitar la entrada de Cisneros .

MOVIMIENTO DE CHUQUISACA. En Chuquisaca (Charcas, hoy Sucre) se cumplía el mismo fenómeno de descomposición política e institucional que cundía por todo el Virreinato.

Desde 1808 se anunciaba un choque entre las distintas autoridades de la región, y la llegada de José Manuel de Goyeneche comisionado de la Junta de Sevilla. precipitó los acontecimientos.

Era portador de pliegos del Brasil en los que se ofrecía el protectorado del príncipe regente y de Carlota.

Los patriotas explotaron estas noticias en contra de la autoridad real.

El presidente de la Audiencia ordenó el 25 de mayo de 1809 la prisión de los doctores Manuel y Jaime Zudáñez que iniciaron la agitación. pero el pueblo no quiso tolerar este golpe de autoridad.

Los revolucionarios, entre ellos Bernardo Monteagudo, estaban en contacto con los patriotas de Buenos Aires.

Los rebeldes confiaron el gobierno civil al oidor decano de la Real Audiencia y el militar al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales.

LA PAZ. En la Intendencia de La Paz el movimiento estaba preparado para el 30 de marzo. Habían llegado noticias del golpe bonaerense del 1º. de enero de 1809 y de que se constituirían juntas independientes, pero su fracaso aplazó el intento altoperuano.

El 16 de julio Pedro Domingo Murillo se hacía cargo de la comandancia de la plaza y Juan Pedro Indaburu de la Intendencia.

Habiendo renunciado el gobernador y el obispo, el Cabildo asumió el mando constituyéndose después la Junta con carácter consultivo.

El 22 de julio quedó aprobado el “plan de gobierno” donde en 10 artículos se reglamenta el funcionamiento de la “Junta representativa y tuitiva de los derechos del pueblo”.

El 27 ésta lanzó una proclama donde se anunciaba que “ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de libertad de estas desgraciadas colonias”.

José Manuel Goyeneche, que se encontraba en el Cuzco, fue encargado por el virrey del Perú, Abascal, de terminar con la revolución de La Paz.

Los jefes insurrectos fueron ahorcados y sus cuerpos exhibidos para escarmiento. Cisneros, inmediatamente, equipó una columna de 1000 hombres que marchó sobre Chuquisaca a las órdenes de Nieto.

El 21 de diciembre de 1809 ocupaba la ciudad; los revolucionarios se rindieron sin combatir. Los vencedores se manifestaron más indulgentes que las fuerzas provenientes del Perú.

ACCIÓN DE GOBIERNO DE CISNEROS. El 2 de agosto suprimió el impuesto de contribución al comercio: el trato debía hacerse a través de Comerciantes mayoristas hispanos, se prohibía la introducción de ciertos productos (vinos. por ejemplo) que pudieran competir con los peninsulares. etc.

Pese a todo significó una brecha en el sistema monopolista y un anticipo de los cambios que Buenos Aires necesitaba y que mas adelante se impusieron por la fuerza.

Hizo levantar un censo de extranjeros de la capital que no prestaran servicio militar para su expulsión. Se estableció que había más de 400 sin contar los franceses.

La presencia de Liniers molestaba su gestión de gobierno; de acuerdo con la Audiencia, Cisneros lo obligó a que saliera para Mendoza.

La Junta Central había concedido a Liniers, por su acción en las Invasiones, el titulo de conde y pensión anual sobre la hacienda del Virreinato.

El ex virrey tomó la denominación de conde de Buenos Aires.

Elio había sido nombrado inspector general de armas, lo que ocasionó la protesta de los cuerpos armados. Ante ese hecho el virrey reasumió en su persona este cargo. Amnistió a los complotados del 1 de enero de 1809, pero se estipulo que fueron los sostenedores de Liniers los que habían estado dentro de la ley.

DECRETO DEL 6 DE NOVIEMBRE DE 1809. A esta política de contemporización respondió el decreto del 6 de noviembre abriendo el puerto de Buenos Aires, mediante permisos a buques extranjeros neutrales o amigos.

Este decreto surgió tras un largo proceso a raíz del pedido de comerciantes ingleses para desembarcar sus mercaderías en la capital.

Las distintas autoridades locales dieron su parecer y en el expediente abierto con tal motivo se incluyó una Representación de hacendados y labradores presentada por Mariano Moreno, cuyas ideas respondían a las corrientes liberales que influyeron posteriormente en los gobiernos revolucionarios.

Para algunos investigadores modernos los principios de Belgrano gravitaron poderosamente en la redacción de este escrito, en el que se señalaban los beneficios del comercio con el exterior.

La situación internacional, los apuros económicos y el descontento local provocaron, finalmente, el decreto citado este no cubría todas las aspiraciones de los partidarios del libre comercio el trato debía hacerse a través de Comerciantes mayoristas hispanos, se prohibía la introducción de ciertos productos (vinos, por ejemplo) que pudieran competir con los peninsulares. etc.

Pese a todo significó una brecha en el sistema monopolista y un anticipo de los cambios que Buenos Aires necesitaba y que. mas adelante se impusieron por la fuerza.

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Proclama del Virrey Cisnero – Caída del Gobierno de España Fernando VII

Virrey Cisnero

PROCLAMA DEL VIRREY BALTASAR HIDALGO DE CISNERO
«A LOS LEALES Y GENEROSOS PUEBLOS DEL VIRREINATO DE BS.AS.»

Estas son las noticias últimamente conducidas por una fragata mercante inglesa, que habiendo salido de Gibraltar, arribó a Montevideo e! 13 del corriente.

Ellas son demasiado desagradables al filia amor que profesáis a la Madre Patria, por quien habéis hecho tan generosos sacrificos […] Es mi obligación manifestaros el peligroso estado de la Metrópoli, de toda la Monarquía, para que instruidos de los sucesos redobléis los estímulos más vivos de vuestra lealtad […]

Encargado por la Autoridad Suprema de conservar intactos y tranquilos estos dominios, en el desgraciado caso de una total pérdida de la Península y falta del Supremo Gobierno, no tomará esta superioridad determinación alguna que no sea previamente acordada entre las representaciones de esta Capital y las de sus Provincias dependientes, hasta tanto que de acuerdo con los demás virreinatos se establece una representación de la soberanía del Señor Don Fernando VII […]”

(Proclama de Baltasar Hidalgo de Cisneros del 18de mayo de 1810)