proceres

Breve Biografía de Guillermo Brown Sitio a Montevideo Procer Argentino

Biografía de Guillermo Brown – Prócer Argentino

BROWN GUILLERMO: Guillermo Brown nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777. Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio del Brasil, a las luchas; civiles del período de Rosas. Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño. Quedé huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.

Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante. 

Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias. Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año. Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada «Industria» para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.

El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la goleta Juliet. Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.

Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento. Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debiose en gran parte al asedio marítimo.

El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento. Tuvo prisionero a borde del Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina. Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida. Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.

Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades.

Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 11 de junio de 1826. Al ario siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal. Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.

Este hecho marca en la vida psíquica del marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo. En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal.

A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jadel Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.

El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano. En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi.

En 1843 Rosas encargó al Almirante Brown que estableciera el bloqueo del puerto de Montevideo, al iniciarse el siíio terrestre de esta plaza por el ejército del general Oribe. Brown izó su insignia en el «BELGRANO», (capitán Thorne) constituyendo el resto de su escuadra: el «25 DE MAYO», el «SAN MARTIN» y el «9 DE JULIO».

El bloqueo de Montevideo por mar empezó a comienzos de febrero de 1843, pero la intervención del comodoro inglés Purvis aflojó completamente la influencia de aquél, desconociéndolo y prácticamente imposibilitándolo en toda forma. Grandes sinsabores cosió a Brown este bloqueo y después de numerosos inconvenientes por la intromisión británica, el Almirante regresó a Buenos Aires, el 16 de mayo.

El 29 y 30 de este mes prestó eficaz auxilio a numerosas embarcaciones arrojadas sobre la costa del puerto por el violento temporal que se desencadenó en estos días. El 19 de junio volvió a zarpar para Montevideo, aunque no en son de escuad’a bloqueadora. El 6 de septiembre Brown recibía en aquellas aguas orden del ministro Arana de extender el bloqueo de víveres hasta el puerto de Maldonado, y finalmente, a comienzos de octubre se restablece con todo rigor desde el último punto hasta Montevideo.

En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar. En 1845, se vió forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.

Con intermitencias producidas por la intervención de las marina anglo-francesa, el almirante Brown prosiguió ejerciendo el bloqueo frente a Montevideo y Maldonado hasta el 2 7 de junio de 1844, en que llegó a Buenos Aires a bordo del «BELGRANO» y se desembarcó después de una ausencia de más de un año, pues no había regresado desde su partida el 1 9 de junio del año anterior.

El coronel Toll fue su relevo en el mando de la escuadra, frente a Montevideo. No obstante esto, el año sigu’ente volvió Brown a tener bajo su mando las fuerzas bloqueadoras de Montevideo, pues había continuado al mando de la marina rosista. El 31 de julio de 1845, ante la presión de las escuadras anglo – francesa, se vio obligado a regresar a Buenos Aires y entregar antes de llegar a este puerto (no lejos de Montevideo), el «SAN MARTIN», «25 DE MAYO» y la «9 DE JULIO» después de haber recibido el buque insignia de Brown un impacto a la altura de la cámara del Almirante.

En los 3 barcos izaron el pabellón extranjero. A Brown y demás oficiales de nacionalidad británica, les obligaron a firmar un compromiso de que no volverían a intervenir más en aquella contienda Brown llegó a Buenos Aires el día 7 de agosto de 1845. Fue su último acto de vida marítima.

A mediados de 1847 estuvo en la plaza sitiada de Montevideo, en viaje de paseo a Inglaterra. En aquella plaza «fue perfectamente recibido», según expresa De María, y permaneció varios días. Había salido de Buenos Aires el 23 de julio de aquel año. Regresó de Irlanda al poco tiempo.

En 1853 fue miembro de la «Junta de Marina» cuyo objeto principal era reformar la armada del Estado de Buenos Aires. En 1854, se embarcó para los Estados Unidos a fin de acompañar los restos del general Alvear. los que fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta, el 26 de julio de aquel año.
El 3 de marzo de 1857 falleció en esta capital.

Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857. 

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre «No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

Brown era casado con doña Isabel Chitty, natural de Inglaterra, y los hijos del matrimonio fueron: Guillermo, Juan Benito, Eduardo, Martina, Rosa y Natividad Brown. Al Almirante le sobrevivió su esposa. El cadáver de Brown permaneció diez años en el sepulcro del general Paz, hasta que su familia le erigió el mausoleo donde reposa .

El hermano del Almirante, MIGUEL BROWN, llegó a Buenos Aires tiempo después de su hermano Guillermo. Por un convenio que celebró este último el 1º de septiembre de 1815 con el Gobierno de las Provincia Unidas, Miguel Brown fue nombrado comandante de la fragata «HERCULES» cuando se resolvió que Guillermo quedase en Buenos Aires.

El cuñado del almirante Brown, Watel Dawes Chitty, fue designado para mandar la «TRINIDAD1». Pero como se ha dicho en la biografía del Almirante, este último zarpó a cargo de los dos buques, contrariando las órdenes del Gobierno, el 15 de septiembre del mismo año. Al día siguiente el último envió una nota a Brown invitándolo a regresar a lo que no dio cumplimiento, y continuó su viaje relatado más arriba.

Hemos visto la actuación de Miguel Brown en la empresa contra Guayaquil. Este último realizó todo el crucero por el Pacífico y de regreso a las aguas del Atlántico Sur, llegó hasta Río Grande (Brasil), donde fue desembarcado por hallarse atacado de fiebre, y la falta de médico a bordo no le permitía proseguir la expedición con su hermano. Regresó a Inglaterra una vez curado.

En abril de 1828, Miguel Brown volvió al Río de la Plata, precisamente cuando aún su hermano ejercía las funciones de gobernador delegado del general Lavalle que se hallaba en campaña.

PARA SABER MAS…
LAS PRIMERAS FUERZAS NAVALES ARGENTINAS

Al triunfar la revolución de Mayo e instalarse el gobierno provisional, la situación naval apareció como claramente desfavorable: los leales a. España conservaron en su poder la plaza rival de Montevideo y disponían allí de una. considerable flotilla integrada por unas treinta naves de mediano y pequeño porte que hostigaron a la ciudad de Buenos Aires e incursionaron por los ríos litorales en los primeros meses de la guerra por la Independencia.

El gobierno revolucionario, por su parte, contaba con pequeñas embarcaciones de escaso valor real. Entre fines de 1810 y principios de 1811 se trató de subsanar esa situación encomendando la tarea al vocal de la Junta Grande Francisco de Gurruchaga (ex combatiente en Trafalgar bajo el mando de Cisneros). Acondicionó embarcaciones precarias y recurrió principalmente a marinos de origen extranjero, y así logró armar una pequeña escuadrilla: la goleta «Invencible», el bergantín «25 de Mayo» y la balandra «Americana». Los comandaba el maltes Juan B. Azopardo y entre sus jefes se hallaba el francés Hipólito Bouchard. En conjunto sumaban 200 tripulantes y 33 piezas de artillería. Pero fueron derrotados por una fuerza española más potente en San Nicolás (marzo de 1811).

Mejor suerte le correspondió a la fuerza naval organizada en 1814 con destino al segundo sitio de Montevideo: conducida por el irlandés Guillermo Brown, la flamante marina argentina logró el dominio del estuario y batió exitosamente a los realistas en el combate de El Buceo (14 al 17 de mayo de 1814). En su parte al gobierno, Brown -tras reseñar los accidentes de la lucha y las bajas causadas al enemigo- afirmó; «Creo que de este modo las armas de la Patria han alcanzado completa victoria sobre una fuerza muy superior…». Esa «completa victoria» hizo así posible la captura de Montevideo, que fue estimada por José de San Martín como la mayor victoria obtenida hasta entonces por las armas emancipadoras. El factor naval fue también decisivo en la posterior expedición libertadora de San Martín al Perú.

La guerra de corso, recurso habitual en la época, fue también empleada contra la navegación realista. Las acciones más destacadas en este sentido fueron obra de los ya citados Brown y Bouchard. Este último, al mando de la fragata «La Argentina», realizó un viaje en torno del globo hostilizando el tráfico enemigo en el Pacífico. El gobierno concedió también patentes de corsario a marinos extranjeros que llevaron la guerra a España bajo pabellón celeste y blanco, sin haber tocado siquiera el puerto de Buenos Aires (fue el caso de los norteamericanos que operaron, por ejemplo, desde Baltimore).

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

FRENTE A JOSÉ GARIBALDI: El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del Río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi «Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente» es la orden que Brown le imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.

Producida la caida del régimen que encabezaba Rosas, muchos marinos fueron eliminados del escalafón activo de la Armada, pero no el Comandante de la Escuadra de la Confederación. Por el contrario, el Ministro de Guerra y Marina le cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando: «El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que VE. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera».

Retirado en su quinta de Barracas fue visitado por Grenfell que había sido su adversario en la guerra contra el Brasil Al manifestarle aquél cuan ingratas eran las Repúblicas con sus buenos servidores, contestó el anciano Almirante: «Señor Grenfell no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos: considero supérfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis píes de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores».

El 3 de marzo de 1857 fallece el Almirante Brown y el gobierno decretó honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial «simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra patria desde la época de la independencia».

El General Mitre en ocasión de despedir los despojos mortales, dijo de Brown: «Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota»

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

Cronología de Manuel Belgrano Principales Hechos de su Vida

Cronología Vida de Manuel Belgrano

NACIMIENTO: El 3 de junio de 1770 nació en Buenos Aires el cuarto hijo del matrimonio formado por Domingo Belgrano y María Josefa González, que sería bautizado como Manuel Joaquín del Corazón de Jesús. Los numerosos hermanos del futuro prócer ocuparon diversas posiciones dentro de la milicia, el clero o la administración pública, entre ellos Carlos José (n. 1761), José Gregorio (n, 1762), Domingo Estanislao (n. 1768), Francisco (n. 1771) y Joaquín (n. 1773).

PRIMEROS ESTUDIOS
Luego de realizar sus inicios en el convento de Santo Domingo, Belgrano ingresa en el Colegio de San Carlos, de su ciudad natal, donde se instruye en lógica, física, filosofía, literatura y latín. Allí obtiene el título de licenciado en filosofía, En 1786, el joven Manuel, es enviado a España junto a su hermano Francisco, para que, bajo la tutela del esposo de su hermana Josefa, José Calderón de la Barca, reciba instrucción sobre comercio.

manuel belgrano biografia

SUS IDEAS
Durante su permanencia en España, Belgrano tomó contacto con los escritos de los filósofos franceses más importantes de la época como Rousseau, Montesquieu y Diderot, que desarrollaron en él las ideas de libertad que lo convertirían en un ferviente defensor de la causa revolucionaria.

Otra influencia, tal vez más importante que la primera, fue la de los economistas liberales, a través de los que asimilaría los conocimientos de la época sobre economía política y social. El mismo nombra a Adam Smith, Quesnay (de quién tradujo una de sus obras) y los italianos Genovesi y Galíani, como inspiradores de su pensamiento.

EN ESPAÑA
Llegado a España, Belgrano abandona el interés por el comercio y se vuelca a la carrera de derecho. En Octubre de 1786 se matricula en la Universidad de Salamanca para cursar dichos estudios. Allí obtendrá, en 1789, el título de Bachiller en Leyes y en 1793 el de Abogado.

Sumamente interesado en ampliar sus conocimientos, se dedica también al estudio de las lenguas vivas y la economía política siendo, además, un infatigable lector.

Luego de sus estudios, Belgrano solicitó un puesto en la función pública, a desempeñar en su tierra natal. Aún antes de haber recibido su título ya había mostrado interés por dedicarse a la administración, al solicitar, sin éxito, el cargo de Alguacil Mayor en la Aduana de Buenos Aires, en 1792.

Por fin, en diciembre de 1793, es nombrado por el Rey Secretario del Consulado que comenzaría a funcionar al año siguiente en el Río de la Plata. Esto motiva el pronto regreso de Belgrano a tierras americanas.

NUEVAMENTE EN EL NORTE
La derrota de Sipe-Sipe había dejado en estado de total desorden, tanto al ejército como a las provincias del Norte, Esto llevó al nuevo director, Pueyrredón, a pensar en Belgrano para resolver la situación, Belgrano se trasladó entonces a Tucumán y como primera medida1 acantonó sus fuerzas en la ciudad.

Más tarde, viendo que carecía de los recursos necesarios para sostener cualquier acción ofensiva, puso todo su empeño en colaborar con Martín Quemes en su lucha por impedir la invasión española. Pese a la pobre situación en que se encontraban las fuerzas nacionales, su valor bastó para impedir que los ejércitos realistas al mando del general Pezuela pudiesen conquistar el Norte.

SOBRE LA MUERTE DE MANUEL BELGRANO:
11 de setiembre de 1819.
Manuel Belgrano abandona el comando del ejército del norte, aquejado por una cirrosis hepática que, en pocos meses más, terminará con su vida. Su llegada a Buenos Aires se produce a fines de marzo de 1820, en momentos en que la ciudad vive un clima de conmoción provocado por la derrota de las fuerzas porterías a manos de los caudillos federales.

Belgrano recibe, después de solicitarla, alguna ayuda pecuniaria del gobierno. Pero esos pocos pesos, pagados a cuenta de los muchos que le adeudan las autoridades en concepto de sueldos atrasados, no bastan para mitigar la extrema pobreza en que transcurren los últimos días del procer. Su muerte se produce, finalmente, a las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820, en momentos en que arrecia la crisis política en la Capital.

Después de realizada la autopsia, su cadáver, cumpliendo con su última voluntad, es amortajado con el hábito de los dominicos, y trasladado desde la vieja casa paterna donde tiene lugar el deceso (estaba ubicada en la actual avenida Belgrano N° 430 de la Capital Federal), a la Iglesia de Santo Domingo, en cuyo atrio recibe sepultura. Sólo una simple lápida de mármol, con la leyenda «Aquí yace el general Belgrano», marca la tumba del hombre que dedicó lo mejor de su vida y sus esfuerzos a la causa de la emancipación.

Pocas personas asisten al sepelio, y sólo un diario, El Despertador Teofilantrópico, que dirige el padre Castañeda, da cinco días más tarde la noticia de su desaparición. Pero al año siguiente, cuando se ha restablecido la paz en Buenos Aires, se rinden a Belgrano los primeros homenajes.

Así relata el periódico Argos, los solemnes funerales que, en su memoria, fueron realizados en la Catedral el domingo 29 de julio de 1821: «Al rayar el día hizo la primera señal un cañonazo en le Fortaleza, y luego continuó repitiéndose cada cuarto de hora hasta las cuatro y media de la tarde que terminaron las exequias, habiendo principiado éstas a las diez y media de la mañana, con la asistencia de las cruces de todas las parroquias y las comunidades religiosas. Pronunció la oración fúnebre el señor Dr. D. José Valentín Gómez… Asistió el señor Gobernador de la provincia, y todo el cuerpo de oficiales del ejército con el luto militar dispuesto para la guarnición.

Los agentes de Chile, Estados Unidos y Portugal, los Tribunales, Jefes de oficinas, y demás empleados públicos —se formaron, el estado mayor a caballo—, el regimiento primero de línea, el de cazadores que hizo honores, la legión patricia, la legión del orden, una compañía de húsares, la escolta correspondiente del capitán general, la artillería montada que disparó con 4 piezas otros tantos tiros al entrar el cuerpo al templo, y 15 al darle sepultura. Todas las casas de trato permanecieron cerradas por todo el tiempo que duraron las exequias, y se dio orden  para  que  se  suspendiese   la   exhibición   teatral del día…»

El 4 de setiembre de 1902 una comisión designada por el Gobierno nacional, presidido entonces por el general Julio A. Roca, procedió a exhumar los restos de Belgrano para trasladarlos a la urna que sería depositada en el monumento que, en su homenaje, había sido levantado por suscripción popular en el mismo atrio de Santo Domingo (este monumento fue inaugurado en octubre de ese mismo año). Levantada la lápida en presencia del escribano mayor del Gobierno Enrique Garrido, se retiraron los huesos del prócer y fueron colocados en una bandeja de plata.

También se encontraron algunos dientes, dos de los cuales fueron tomados, respectivamente, por el ministro del Interior, doctor Joaquín V. González, y el ministro de Guerra, coronel Pablo Ricchieri. Este insólito proceder provocó la categórica condena de los principales diarlos de Buenos Aires.

El incidente concluyó con la devolución de los dientes del procer, y el envío, por parte del prior de Santo Domingo, de dos cartas al diario La Prensa, donde señalaba que había recibido las reliquias así como también la correspondiente justificación de parte de los dos ministros. Joaquín González señaló que Nevó el diente del general Belgrano «para mostrarlo a sus amigos», y el coronel Ricchieri manifestó que retiró el suyo «para presentarlo al señor general D. Bartolomé Mitre».

EL CREADOR DE LA BANDERA ARGENTINA

bandera argentinaBelgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. (Imagen: Bandera Argentina en 1818)

Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios.

Fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepción”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.” Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.

Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. (Fuente Consultada: La Gazeta Federal)

CRONOLOGÍA CREACIÓN DE LA BANDERA:

13 de febrero de 1812: Manuel Belgrano propuso al Gobierno la creación de una «escarapela nacional», en vista de que los cuerpos del Ejército usaban distintivos diversos.

18 de febrero de 1812: El Triunvirato aprobó el uso de la escarapela blanca y celeste, decretando: «Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste…»

27 de febrero de 1812: Entusiasmado con la aprobación de la escarapela, M. Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores, enarbolándola por primera vez en Rosario, a orillas del río Paraná. Allí, en las baterías «Libertad» e «Independencia» la hizo jurar a sus soldados. Luego, mandó una carta al Gobierno comunicando el hecho. Este mismo día, el Triunvirato le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui.

3 de marzo de 1812: El Triunvirato contestó la carta de Belgrano, ordenándole que disimulara y ocultara la nueva bandera y que, en su lugar, pusiese la que se usaba entonces en la Capital. La orden se debió a la preocupación por la política con el exterior. Pero, cuando la orden salía de Buenos Aires, M. Belgrano ya marchaba hacia el norte y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del Gobierno a la nueva bandera.

25 de mayo de 1812: Al frente del Ejército del Norte, el entonces General en jefe M. Belgrano movilizó sus tropas hacia Humahuaca. En San Salvador de Jujuy, enarboló al ejército de su mando la bandera en los balcones del Ayuntamiento, en vez del estandarte real de costumbre que presidía las festividades públicas. Allí, la bandera argentina fue bendecida por primera vez.

27 de junio de 1812: El Triunvirato ordenó nuevamente a M. Belgrano que guardara la bandera y le recriminó su desobediencia.

18 de julio de 1812: El General contestó que así lo haría, diciendo a los soldados que se guardaría la enseña para el día de una gran victoria.

Audio: Reportaje a La Bandera

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE BELGRANO

Tras haber conducido a sus fuerzas hasta la provincia de Córdoba, Belgrano cae gravemente enfermo. A pesar de las recomendaciones de sus médicos, decide permanecer junto a sus hombres, hasta que varios meses después, habiendo empeorado su estado, pide ser relevado. De inmediato viaja a Tucumán, pero a pocos días de su llegada, se produjo la sublevación del 11 de noviembre de 1819, encabezada por Araoz.

La pésima actitud de los sublevados hacia Belgrano, a quien tuvieron bajo arresto, y aún quisieron engrillar, se vio en parte mitigada por la intercesión del Congreso en su favor. No obstante esto, le fue negada toda ayuda para viajar a Buenos Aires, y sólo pudo emprender la marcha gracias a los auxilios de su amigo José Balbín,

En febrero de 1820 Belgrano emprende la marcha hacia Buenos Aires, acompañado por su médico, el Dr. Redhead, su capellán el padre Villegas y sus ayudantas, Gerónimo Helguera y Emilio Salvigni, Tras un largo y penoso viaje, arriba a la capital a fines de marzo, instalándose en un principio en San Isidro, para luego mudarse a la casa donde había nacido. Su situación económica, sumamente precaria lo obliga a solicitar al gobierno un auxilio monetario. El estado del erario público no permitió cubrir la suma solicitada por Belgrano, a quien por otra parte, se le adeudaban sueldos por 17,000 pesos.

Diariamente recibía las visitas de sus amigos, entre ellos el doctor Juan Sullivan, Gregorio de Lamadrid y José Balbín. Finalmente, el 20 de junio de 1820, a las siete de la mañana, fallece de hidropesía. Junto q él se encontraba su hermano, Domingo Estanislao, que lo había asistido durante toda su estancia en Buenos Aires. Sus últimas palabras «¡Ay, patria mía!«, dejan claro cuál fue su mayor interés y preocupación hasta los momentos finales.

UNA TRISTE ANÉCDOTA EN EL SIGLO XX

El libro «Historias Inesperadas de la Historia Argentina» del historiador Daniel Balmaceda, nos cuenta que el 4 de septiembre de 1902, se iba a exhumar el cuerpo del Gral. Belgrano para trasladarlo a la Iglesia de Santo Domingo. Para ello se había formado una comisión de festejos dirigida por Gabriel Souto, y entre los representantes del oficialismo en tal singular acto, estaba el Ministro de Guerra, Pablo Richieri y el Ministro del Interior Joaquín V. González.

El familiar directo del general fue Carlos Vega Belgrano, nieto del creador de la bandera, y era hijo de la hija que tuvo con la joven Dolores Helguero, cuando estaba a cargo del ejército en Tucumán.

El acto , a pesar de algunas desprolijidades, resultó muy sensible y emotivo, terminando a las 16 horas, pero cuando todo parecía terminar, en realidad esto recién comenzaba, porque al otro día los diarios de la ciudad hablaban del robo de los diente del general, y Balmaceda lo cuenta así:

«La indignación iba desde la falta de respeto de los ministros, quienes no se quitaron las galeras en el momento en que pasaba la bandeja de plata con el kilo y medio de esqueleto, hasta la supuesta desidia del escribano, quien no hizo constar una enumeración precisa de cada hueso; menos, de los dientes profanados.

Sin dejar de pasar el detalle de que la bóveda fue abierta por dos empleados laicos de la iglesia —uno menor de edad—, cuando hubiera habido una larga cola de militares que habrían querido tener el honor de realizar la histórica apertura. Pero por supuesto, el detonante de la furia periodística fue el reparto de dientes.

La Prensa clamó: «¡Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación!». La nota de Caras y Caretas se complementaba con una ilustración en la que se veía a Belgrano emergiendo de la tumba y gritándole a los ministros: «¿Hasta los dientes me llevan?».»

Lógicamente, mientras el oficialismo trataba de minimizar el hecho, por otro lado fue un verdadero escándalo nacional y los autores (ambos Ministros) no tuvieron otra que inventar distintas excusas para disculparse de semejante acto de ingratitud y salvajismo.

El nieto del prócer también alzó la voz. Desde las páginas de su diario, en un principio la emprendió contra La Prensa. Al día siguiente, reacomodó su discurso y dijo que se arrepentía de no haber impedido la exhumación.

El 20 de junio de 1903 el presidente Roca inauguró el mausoleo. El cofre con los restos y los dientes se encuentra hace más de cien años en su interior.

 

LA CREACIÓN DE LA BANDERA:

Reportaje a Nuestra Bandera

(Navegar en esta aplicación multimedia sobre Manuel Belgrano)

Pensamiento Educativo de Belgrano Educacion de la Mujeres Ideas

Pensamiento Educativo de Belgrano

El gobierno de Buenos Aires, a raíz del triunfo de Salta, dispuso que al jefe de los ejércitos patriotas, general Manuel Belgrano, se lo premiaría con un sable con virola de oro, en el que podría leerse “La Asamblea Constituyente, al benemérito general Belgrano”.

Además se le otorgarían cuarenta mil pesos como recompensa. Siendo vocal del primer gobierno patrio ya el generoso don Manuel había renunciado en 1810 a su sueldo de tres mil pesos, y cuando se lo nombró jefe del Regimiento de Patricios también cedió la mitad de su recompensa pecuniaria.

Al anoticiarse de la decisión de la Asamblea don Manuel envió desde Jujuy una correspondencia a Buenos Aires en la que expresaba su decisión de:
“Destinar los cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras, en las que se enseñe a leer, escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rija, en cuatro ciudades, a saber, Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, que carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado y aun ni arbitrios para realizarlos.”

Pero no se limitó don Manuel a desprenderse de una suma entonces importante para que los niños pobres de esas comarcas recibieran educación gratuita, generosidad que su patria mal retribuiría al cabo de los años condenándolo a morir en la más absoluta pobreza y sin atender a sus reclamos por sueldos impagos, sino que también redactó un “Reglamento” para el funcionamiento de dichos establecimientos educativos.

Los artículos de dicho reglamento son poderosamente reveladores de la lúcida concepción que Belgrano tenía de lo educativo y de su importancia en la sociedad. Es así que en el artículo 1º privilegia la buena retribución al maestro estableciendo que se destinen quinientos pesos anuales para cada escuela, de los que cuatrocientos serán para su pago y los cien restantes para papel, pluma, tinta, libros y catecismo para los niños de padres pobres que no tengan como costearlo”.

Para evitar el “dedazo” o “acomodo” imponía el sistema del concurso u oposición: “Se admitirán los memoriales de los opositores con los documentos que califiquen su idoneidad y costumbres, oirá acerca de ellos el síndico procurador, y cumplido el término de la convocación, que nunca será menor de veinticinco días, nombrará dos sujetos de los más capaces e instruidos del pueblo, para que ante ellos, el vicario eclesiástico y el procurador de la ciudad, se verifique la oposición públicamente en el día señalado”.

Dicho concurso, como lo indica el artículo 40, debía abrirse cada tres años, para garantizar que el maestro fuera el más capacitado para ejercer tan delicada tarea. No era ajeno a la voluntad de don Manuel el estímulo a los jóvenes que así lo merecieran: “Se les dará asiento de preferencia, algún premio, distinción de honor, procediéndose en esto con justicia” (artículo 60). Tres artículos, el 7º el 8º y el 9º, están dedicados a la formación espiritual de los niños y jóvenes.

Belgrano era católico confeso y practicante: años más tarde, al ser relevado del mando del Ejército del Norte por su amigo el general San Martín, le escribirá, en camino hacia Buenos Aires para ser juzgado por sus derrotas enVilcapugio y Ayohúma: “Acuérdese V. de que es un general cristiano, apostólico romano, cele V. de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte respeto de cuanto diga a nuestra Santa Religión.”

Prudente en penitencias y castigos, en épocas propensas a los mismos, siempre obsesionado por la justicia, Belgrano propone que “si hubiese algún joven de tan mala índole o de costumbres tan corrompidas que se manifieste incorregible, podrá ser despedido secretamente de la escuela con la intervención del alcalde de primer voto, el regidor más antiguo y el vicario de la ciudad, quienes se reunirán a deliberar en vista de lo que previa y privadamente les informe el preceptor”.

Insiste en que a los alumnos “por ningún motivo se les expondrá a la vergüenza pública” (artículo 15º). Tendrá también maravillosas expresiones hacia el maestro, de sorprendente actualidad: “Procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la verdad y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión y al lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americano que la de extranjero” (artículo 18).

En seguida, en el artículo 19, nos seguirá asombrando: “Tendrá gran cuidado en que todos se presenten con aseo en su persona y vestido, pero  no permitirá que nadie use lujo aunque sus padres puedan y quieran costearlo. Quizás lo más remarcable del “Reglamento” de don Manuel Belgrano es la jerarquía que confiere a la tarea del educador.

Tanto es así que en el artículo 8 no duda en indicar ejemplarmente: “En las celebraciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política y otras  de celebridad, se le dará asiento al maestro en cuerpo del Cabildo, reputándosele por un Padre de la Patria.

Aunque circunstancias lo obligaron al fragor de las batallas para hacernos libres, nuestro prócer coincidía con lo que Epicteto había afirmado siglos antes: Sólo las personas que han recibido educación son verdaderamente libres”

EDUCACIÓN A LAS MUJERES: Hemos dicho que uno de los objetos de la política es formar las buenas costumbres en el Estado; y en efecto, son esencialísimas para la felicidad moral y física de una nación.

(…) Pero ¿cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad? ¡Qué pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido! Mas, por desgracia, el seco que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia.

(…) Todos estamos convencidos de estas verdades. Ellas nos son sumamente dolorosas a pesar de lo mucho que suple a esta terrible falta el talento privilegiado que distingue a nuestro bello sexo y que tanto más es acreedora a la admiración cuando rnás privado se halla de medios de ilustrarse.

La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y a presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?

¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden?

Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie; y es tiempo ya de que se arbitren los medios de desviar un tan grave daño si se quiere que las buenas costumbres sean generales y uniformes.

Nuestros lectores tal vez se fastidiarán con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua, y que aquéllos, para ser sólidos y permanentes, es preciso que se compongan de las virtudes morales y sociales que sólo pueden imprimirse bien presentando a la juventud buenos ejemplos, iluminados con la antorcha sagrada de nuestra religión.

(…) Ciudadanos, por nacimiento o elección, de toda la España Americana, fijad vuestra vista y considerad la terrible falta en que estamos de buenas costumbres; muy pronto os arrebatará vuestro espíritu generoso a remediarlas. Discurrid, proponed arbitrios a nuestro gobierno que, como sean asequibles, los adoptará inmediatamente, pues que estas ideas son suyas y no se separan un instante solo de su atención, como del interés universal.

Manuel Belgrano
JOSÉ CARLOS CHIARAMONTE,
CIUDADES, PROVINCIAS, ESTADOS
ORÍGENES DE LA NACIÓN ARGENTINA
.

Historia de la Bandera ArgentinaBelgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. (Image: Bandera Argentina en 1818)

Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios. fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepción”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.” Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.

Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. (Fuente Amiga Consultada: La Gazeta Federal)

Fuente Consultada: Héroes Malditos de Pacho O´Donnell

Biografía de Manuel Belgrano Cronologia de su Vida y Obra

Biografía de Manuel Belgrano
Cronologia de su Vida y Obra

Si bien los textos escolares lo recuerdan como el Creador de la Bandera Nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Manuel Belgrano (1770-1820) le cabe también una fundamental tarea en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.

NACIMIENTO: El 3 de junio de 1770 nació en Buenos Aires el cuarto hijo del matrimonio formado por Domingo Belgrano y María Josefa González, que sería bautizado como Manuel Joaquín del Corazón de Jesús.

Los numerosos hermanos del futuro prócer ocuparon diversas posiciones dentro de la milicia, el clero o la administración pública, entre ellos Carlos José (n. 1761), José Gregorio (n, 1762), Domingo Estanislao (n. 1768), Francisco (n. 1771) y Joaquín (n. 1773).

manuel belgrano

Criado en el seno de una acomodada familia porteña, la del comerciante italiano Domingo Belgrano y Pérez (o Peri) y la criolla María Josefa González Casero, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor formación que podía encontrarse en la colonia en el último cuarto del siglo XVIII, aprendiendo junto con las primeras letras «la gramática latina, filosofía y algo de teología».

PRIMEROS ESTUDIOS
Luego de realizar sus inicios en el convento de Santo Domingo, Belgrano ingresa en el Colegio de San Carlos, de su ciudad natal, donde se instruye en lógica, física, filosofía, literatura y latín. Allí obtiene el título de licenciado en filosofía.

En 1786, el joven Manuel, es enviado a España junto a su hermano Francisco, para que, bajo la tutela del esposo de su hermana Josefa, José Calderón de la Barca, reciba instrucción sobre comercio.

En España, estudió leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado, finalmente, en la cancillería de Valladolid.

Por esa época, se perfila ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de las leyes.

En su Autobiografía, dirá:

«Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como en el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público». Estando él en España, ocurre la Revolución Francesa y el joven argentino se ve envuelto por las ideas iluministas que se desprenden de la gesta francesa: «Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le había concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente.»

En 1793 fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción.

En este rol, Belgrano desarrollará una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio.

Pero también se encuentra Belgrano en Buenos Aires con la más profunda desorganización en todas las materias que interesaban a su función, algo que lo perturbará seriamente: «Mi ánimo se abatió –dirá- y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común.»

Manuel BelgranoOrienta entonces su prédica a dotar al Virreinato de instituciones educativas (propone la creación de una escuela de matemáticas, y otras de diseño y de comercio), pero chocará con la desidia de las autoridades virreinales.

No obstante, por su iniciativa nace en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionará poco después con la recién creada Escuela de Náutica.

En el Reglamento, que redacta, Belgrano le da derechos igualitarios de educación a los indios (tanto como a criollos y españoles) y ordena cuatro vacantes para huérfanos, mostrando así las altas consideraciones sociales que se gestaron en Europa.

En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela: «…sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; sabéis que ya tenéis de quién echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseña tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal de vuestro celo patrio.»

Publica también la obra Principios de la ciencia económica-política, y se encarga de difundir en Buenos Aires los trabajos acerca del liberalismo económico de Adam Smith. Además se dedica con mucha atención al periodismo colaborando con el Telégrafo Mercantil (entre 1801 y 1802).

En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas. El acontecimiento despertó todo el celo patriótico del joven abogado, quién encontró en la tarea de promover la independencia su más alto cometido.

Sin haber vestido nunca un uniforme, ni haber recibido instrucción, se hizo militar. Para sus lamentos, porque halló ejércitos acobardados, sin orden ni disciplina, mal armados y peor acostumbrados.

Y entre los intelectuales criollos, encontró malos patriotas, que no sabían si subordinar el país al rey de España (entonces ocupada por Napoleón) o al de Inglaterra.

Sin embargo, los sucesos europeos alentaron la revolución y Belgrano protagonizará el movimiento independentista.

Más tarde, recordará los sucesos de mayo de 1810 con estas palabras: «Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaban el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento.»

De inmediato, se lo convoca para dirigir una campaña militar al Paraguay, a fin de propagar la revolución.

Y a pesar de su escasa experiencia militar, se las arregla para instituir la subordinación y el orden en las tropas, haciendo del respeto por la población civil la máxima premisa de la expedición.

Ya todos reconocen en él las virtudes comunes a muchos patriotas, como la honestidad, la probidad y la austeridad, combinadas con una particular moderación, que para muchos era signo de debilidad de carácter.

Por más, su voz, marcadamente aflautada, y su poca firmeza en los ademanes y gestos, lo hicieron aparecer como impropio de la milicia.

Estas percepciones ayudaran, por ejemplo, a que sea reemplazado del mando del Ejército del Norte, que debió a entregar a San Martín en 1814, luego de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma.

Para entonces, con una suerte desigual, Belgrano había comandado el ejército durante un año, demostrando su vocación patriótica de la manera más cruda, y grandes cualidades como jefe.

Ya había sucedido también el episodio de creación de la Bandera nacional, jurada por primera vez a orillas del río Paraná, en Rosario, en febrero de 1812.

A comienzos de 1815, Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas.

Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones.

También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente. (sigue abajo de la icografia)

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

manuel belgrano biografia

SUS IDEAS: Durante su permanencia en España, Belgrano tomó contacto con los escritos de los filósofos franceses más importantes de la época como Rousseau, Montesquieu y Diderot, que desarrollaron en él las ideas de libertad que lo convertirían en un ferviente defensor de la causa revolucionaria.

Otra influencia, tal vez más importante que la primera, fue la de los economistas liberales, a través de los que asimilaría los conocimientos de la época sobre economía política y social. El mismo nombra a Adam Smith, Quesnay (de quién tradujo una de sus obras) y los italianos Genovesi y Galíani, como inspiradores de su pensamiento.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia.

Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: «Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.».

No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal.

Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral.

Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía) que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia (si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su única hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse).

Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico. En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810.

Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE BELGRANO: Tras haber conducido a sus fuerzas hasta la provincia de Córdoba, Belgrano cae gravemente enfermo.

A pesar de las recomendaciones de sus médicos, decide permanecer junto a sus hombres, hasta que varios meses después, habiendo empeorado su estado, pide ser relevado.

De inmediato viaja a Tucumán, pero a pocos días de su llegada, se produjo la sublevación del 11 de noviembre de 1819, encabezada por Araoz.

La pésima actitud de los sublevados hacia Belgrano, a quien tuvieron bajo arresto, y aún quisieron engrillar, se vio en parte mitigada por la intercesión del Congreso en su favor. No obstante esto, le fue negada toda ayuda para viajar a Buenos Aires, y sólo pudo emprender la marcha gracias a los auxilios de su amigo José Balbín.

En febrero de 1820 Belgrano emprende la marcha hacia Buenos Aires, acompañado por su médico, el Dr. Redhead, su capellán el padre Villegas y sus ayudantas, Gerónimo Helguera y Emilio Salvigni, Tras un largo y penoso viaje, arriba a la capital a fines de marzo, instalándose en un principio en San Isidro, para luego mudarse a la casa donde había nacido. Su situación económica, sumamente precaria lo obliga a solicitar al gobierno un auxilio monetario.El estado del erario público no permitió cubrir la suma solicitada por Belgrano, a quien por otra parte, se le adeudaban sueldos por 17,000 pesos.

Diariamente recibía las visitas de sus amigos, entre ellos el doctor Juan Sullivan, Gregorio de Lamadrid y José Balbín.

Finalmente, el 20 de junio de 1820, a las siete de la mañana, fallece de hidropesía.

Junto a él se encontraba su hermano, Domingo Estanislao, que lo había asistido durante toda su estancia en Buenos Aires.

Sus últimas palabras «¡Ay, patria mía!«, dejan claro cuál fue su mayor interés y preocupación hasta os momentos finales.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Belgrano en Tucumán en 1818
El coronel Tomás de Iriarte fue hospedado en Tucumán a principios de 1818 por el general Manuel Belgrano.

La casa del benemérito patriota estaba ubicada inmediata a la ciudadela de la ciudad, donde estaba acuartelado el ejército. Iríarte relató en sus famosas Memorias su amistad con el general: «Belgrano en su trato era muy fino. Me trazó el cuadro deplorable de la República y conocí que su alma estaba devorada de dolor al ver que la causa de la Patria no contase con hombres de principios inclinados al orden.

Me confió que su autoridad para con el jefe de vanguardia, Guemes, era puramente nominal, pues este hacía, sin su anuencia, cuando se le antojaba, y él tenía que contemporizar disimulando su disgusto en obsequio de la causa pública.

El capellán del ejército, el padre Villegas, porteño, me informó de la escasez de recursos del general, que solamente contaba con trescientos pesos mensuales para sus gastos y edecanes, los que participaban de una mesa bien frugal.

El ejército contaba con dos mil quinientos hombres de todas las armas que maniobraban regularmente, reinando entre ellos la más severa disciplina. El equipo era pobre, pero bien tenido. Se dejaba ver el aseo y un sistema regular de economía. En la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple.

El general me obsequió con una en la que hizo grabar mi nombre. La vida de Belgrano en el campamento era muy activa y vigilante. Una parte del día la destinaba al descanso; la otra, al estudio. Por la noche no dormía.

Montaba a caballo acompañado de un ordenanza, recorría los cuarteles y patrullaba la ciudad para ver si encontraba soldados vagando. Yo lo acompañé algunas veces en estas excursiones nocturnas.

El rigor con los jefes y oficiales era extremo. Se lo observé y me contestó: «Amigo Iriarte, yo conozco bien a nuestros paisanos y sin este rigor, que me repugna, no se podría hacer buenos soldados de ellos. Es preciso que pase mucho tiempo para que el punto de honor será el móvil de sus acciones. Las masas están muy atrasadas en nuestro país, río tenemos costumbres «.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

BELGRANO MILITAR: Jean Adam Graaner, oficial sueco agente de su país en la Argentina, conoció a Manuel Belgrano y en un informe a su gobierno dice: «El general Belgrano, hijo de italiano, doctor en leyes, ex secretario de la Tesorería de Buenos Aires (el Consulado), hombre de talento y energía, muy adicto al nuevo sistema americano, fue designado comandante en jefe del Ejército y se desempeñó bien en esa tarea.

Mantuvo una disciplina hasta entonces desconocida y venció en las batallas de Tucumán y Salta al general español Trístán. Entró nuevamente en el (Alto) Perú y en una falta atribuible a su inexperiencia fue derrotado en Vilcapugio.

Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el mando de las tropas, se encontró que cada oficial mantenía una o varías mujeres en el campamento y que el equipaje de un oficial subalterno ocupaba a menudo de 30 ó 36 mulas (se refiere a cuando Belgrano volvió a asumir la jefatura del ejército luego del fracaso de la tercera campaña)

Él lo cambió todo: cantidad de oficiales han ido dados de baja, las mujeres y las muías de equipaje han desaparecido de la escena: las comedias, los bailes y los juegos de azar han sido desterrados».

El general José de San Martín, en carta dirigida el 12 de marzo de 1816 al Congreso de Tucumán expresó:

«En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur».

El entonces coronel Tomás de Marte conoció a Belgrano en Tucumán a principios de 1816 y escribió en sus Memorias:

«El general Belgrano era un hombre ilustrado. Sus conocimientos militares no eran extensos, pero estaba adornado de virtudes cívicas en grado eminente. Su desprendimiento era ejemplar: la probidad personificada… abrazó con calor la carrera de las armas. Sus costumbres cambiaron, haciendo una repentina transición de la molida a la austeridad de un soldado».

Audio: Reportaje a La Bandera

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

PARA SABER MAS…

IDEOLOGÍA DE MANUEL BELGRANO: Belgrano, como economista, luchó por imponer su idea de que los esfuerzos de la ciencia, el trabajo técnico, la organización y las escuelas, preparan a los ciudadanos para construir un gran país.

Llamó la atención hacia la agricultura como verdadero destino del hombre de esta tierra, dando forma técnica a los métodos de plantación, siembra y cosecha. Clamó por la erradicación de la miseria, el ocio y la desocupación, bregando por la organización de una industria estable y técnicamente eficaz. Como civilista, aconsejó evitar la desunión de los argentinos. Se adelantó al concepto de que las tierras son de quienes las trabajan.

Habló y actuó como un filósofo y como un sociólogo, dando siempre el ejemplo de cuanto aconsejaba, como cuando donó a las arcas exhaustas del Estado su magro sueldo, «lamentando que él fuera tan mezquino». Fomentó la creación de caminos, puentes, viviendas dignas, canales fluviales de navegación y puertos; abogó por el cooperativismo; estimuló la creación de gremios para que los trabajadores y el Estado en forma conjunta evitaran arbitrariedades. Aconsejó la construcción de astilleros para que de ellos salieran las embarcaciones que ampliaran el comercio de la nación; estimuló la creación de bancos; fundó pueblos y planificó otros, como Curuzú Cuatiá y Mandisoví.

Instituyó premios para los estudiantes, como estímulo á sus trabajos, e interesó al gobierno para que creara otros para la producción, las ciencias y las artes. Se preocupó por el afirmado de las calles, la higiene, la salud y la adecuada alimentación de la población. Defendió apasionadamente el derecho de los indios a ser tratados como hermanos, dándoseles educación y protección.

Desde el punto de vista religioso, Belgrano fue un devoto cristiano.

La primera mención de la institución del seguro en nuestro país fue hecha por Belgrano, en una Memoria presentada en 1796 al Real Consulado de Buenos Aires, del que era entonces secretario. El documento dice: «Otro de los medios de proteger al comercio es establecer una compañía de seguros, tanto para el comercio marítimo como para el terrestre; sus utilidades son bien conocidas, tanto a los asegurados, y debería empeñarse en semejante compañía al principio todos aquellos hombres pudientes de esta capital y demás ciudades del Virreinato, a fin de que desde sus principios tuviese grandes fondos, dispensándole a este cuerpo toda su protección posible».

Aunque el Consulado no recogió la iniciativa, a fines de ése año se constituyó la primera compañía de seguros en el territorio nacional, que se llamó La Confianza y operó únicamente durante cinco años.

Las Memorias Póstumas de José M, Paz (1790 – 1854) constituyen uno de los testimonios más notables sobre las primeras décadas de la historia nacional. Abarcan desde el comienzo de las guerras por la Independencia (Paz se sumó muy joven, en 1811, al ejército del Norte), las luchas civiles posteriores y la época de Rosas, cuando el autor se desempeñó como destacado jefe unitario.

De esas páginas se seleccionaron estos breves párrafos: «…El general Belgrano, sin embargo de su mucha aplicación, no tenía, como el mismo lo dice, grandes conocimientos militares, pero poseía un juicio recto, una honradez a toda prueba, un patriotismo el más puro y desinteresado, el más exquisito amor al orden, un entusiasmo decidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido.

Mas a estas cualidades eminentes, reunía cierta ligereza de carácter para juzgar a los hombres con quienes trataba, que le produjo equivocaciones muy notables […] Las primeras impresiones tenían en él una influencia poderosa

[…] Tenía también más facilidad de la que era conveniente para expresarse con respecto a un oficial en punto a valor y [..,] lo hemos visto muchas veces herir la susceptibilidad de un hombre delicado con poco motivo. Si a esto se agrega la falibilidad de sus juicios […] se verá el peligro que había de cometer una injusticia…»!…].

Amores de Manuel Belgrano

Puede Conocer Mucho Mas Sobre Manuel Belgrano

Curiosidad Sobre La Sexualidad de Manuel Belgrano