Proceso a Juana de Arco

Biografia de Aristoteles Pensamiento aristotelico Filosofia Medieval

Biografía de Aristóteles El Pensamiento Aristotélico

La influencia del último de los grandes filósofos griegos, Aristóteles, en la cultura occidental europea fue inmensa y aún perdura.

Durante más de 2.000 años, el enorme prestigio de su obra sirvió pera instruir a generaciones de filósofos y científicos.

La trascendencia de Aristóteles se basó en su aguda observación de la naturaleza y su capacidad para sistematizar el pensamiento de su época, convirtiéndolo en el fundador de la ciencia occidental.

(Estagira, 384 – Calcis, 322, a. C.) Filósofo griego. Junto con Platón, el más importante de la Antigüedad y, posiblemente, el de mayor influencia en la posteridad.

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Su padre, Nicómaco, fue médico personal del rey de Macedonia, Amnitas II, y por ello su situación social y económica fue siempre estable.

Al morir Nicómaco, Aristóteles fue adoptado por Próxenos de Atarnes, bajo cuya tutoría vivió, hasta que en el 367 a. C. marchó a Atenas e ingresó en la Academia. Allí, su primer maestro fue Isócrates y después Platón.

Aristóteles siguió las enseñanzas de la Academia hasta el año 347, en que murió Platón y le sucedió como director de la institución su sobrino Espeusipo.

Entonces, y en compañía de Teofrasto, regresó junto a Próxenos, su tutor, a Atarnea, Asia Menor.

Con Jenócrates, alumno de la Academia, que años más tarde llegaría a ser su director, gozó en Aso de la protección y ayuda de Hermias, antiguo condiscípulo suyo que había llegado al poder en Atarnea, como tirano.

Es posible que, para entonces, el estagirita ya hubiera escrito Eudemos y Protreptikós.

Hermias murió crucificado tras haber conspirado contra los persas, aliado con Filipo II de Macedonia. Aristóteles contrajo matrimonio con Pitiade, la sobrina e hija adoptiva del soberano muerto.

El filósofo viajó a Mitilene (en la isla de Lesbos), donde se estableció e inició con Teofrasto investigaciones sobre Biología.

En el 342 fue llamado por Filipo para encargarse de la formación y educación de su hijo Alejandro.

Aristóteles se trasladó a Pella a tal efecto, aprovechando la ocasión que se le brindaba para publicar la Ilíada y conseguir la reconstrucción de las murallas de Estagira.

La influencia que ejerció el filósofo sobre Alejandro fue de la máxima importancia. A ella se deberá, entre otras causas, el fenómeno del helenismo y de la expansión de la cultura griega por todo Oriente.

No obstante, Alejandro no asimiló los fundamentos políticos de la civilización de la Helade, rechazando el concepto de ciudad-estado como base de un sistema de gobierno.

Tras la batalla de Queronea, en el 335, Aristóteles regresó a Atenas.

Fundó el Liceo –así llamado por hallarse cerca del templo de Apolo Licio– e inició la actividad docente con independencia de la Academia platónica.

Pronto, sus alumnos recibieron el nombre de peripatéticos, por dar las clases mientras paseaban por el jardín y el peripato (especie de galería columnada).

Dos cursos simultáneos y diferentes se daban en el Liceo: uno, por la mañana, para los alumnos más adelantados y otro, por la tarde, para los menos iniciados.

Es uno de los pensadores decisivos de la historiaSu filosofía conjuga el empirismo y la abstracciónFue el preceptor de Alejandro Magno
 Sus estudios de biología son modelo de investigación Fundó la lógica como disciplina del razonamiento Introdujo las bases del método científico

Las necesidades de espacio obligaron a Aristóteles a alquilar un inmueble próximo, donde fue reuniendo una inmensa biblioteca, junto a una importante colección de mapas y material para el estudio de la Historia Natural, así como un archivo en el que, entre otros documentos, se recogieron las constituciones de gran parte de las ciudades griegas. Por primera vez, además, comenzó a estudiarse la historia de la primitiva filosofía griega.

aristotelesEn el 325, Alejandro Magno ejecutó a Calístenes, sobrino y colaborador de Aristóteles, lo que determinó la ruptura entre el filósofo y el soberano.

Pese a esto, a la muerte de Alejandro, en el 323, los sectores antimacedónicos atenienses acusaron de impiedad a Aristóteles y de haber colaborado en la destrucción del sistema griego en pro de un imperio unificador y centralista y de la fusión de la cultura de la Helade con la civilización bárbara de Oriente.

Aristóteles tuvo que marchar a Calcis de Eubea. Allí murió en el año 322, víctima de una enfermedad estomacal. Teofrasto le sucedió en la dirección del Liceo y de la Biblioteca.

Entre las obras más importantes del Estagirita se cuentan: el «Organon», tratado de lógica; la «Física»; la «Filosofía primera o Metafísica»; «Sobre el alma»; los tratados de moral: «Ética a Eudemo», «Ética a Nicómaco», la «Gran Ética» y la «Política», y, en fin, la «Poética» y la «Retórica».

El pensamiento de Aristóteles constituye uno de los pilares fundamentales de la civilización occidental y, como inspiración latente de todo un tipo de ciencia, filosofía y planteamiento racional, su influencia se extiende hasta la actualidad. Su división de las ciencias en teóricas, prácticas y poéticas, y sus esquemas lógicos, se han mantenido durante muchos siglos.

SUS OBRAS
Algunos escritores antiguos atribuyeron a Aristóteles cerca de un millar de obras. A nosotros nos han llegado cuarenta y siete, y no todas completas. Pero estas solas son suficientes para apreciar la extraordinaria calidad de su privilegiado intelecto. «En todas las cosas de la naturaleza existe alguna maravilla», dejó dicho Aristóteles. Y, fiel a este enunciado suyo, se dedicó a observar todos los fenómenos naturales.

Antes de él, la ciencia se hallaba todavía en sus primeros pasos. Hasta entonces, cuando no se lograba establecer las razones determinantes de un fenómeno natural, se creía en la intervención de alguna fuerza sobrenatural. Aristóteles fue el fundador de la ciencia: demostró que con el razonamiento se pueden explicar los fenómenos del universo.

Trató, por consiguiente de conocer las razones de una infinidad de fenómenos naturales. Muchas de sus observaciones, no obstante ser talentosas y evidenciar dotes de razonamiento poco común, hoy no son ya aceptables. Es menester no olvidar que formuló sus principios y deducciones con la sola ayuda de la «lógica», y sin realizar ninguna experimentación. Pero, a pesar de ello, no pocas de sus teorías conservan todavía todo su valor, después de transcurridos más de dos mil años, no obstante los progresos alcanzados en todos los campos del saber.

Entre las nociones que permanecen indiscutidas, por ejemplo, merece señalarse aquella, basada en sus estudios sobre zoología, por la cual dividía a los animales en dos grandes clases (correspondientes, casi exactamente, a las actuales de los vertebrados e invertebrados).

CURIOSIDADES:

TESTAMENTO: Solitario, enfermo y previendo su fin, Aristóteles redactó un testamento transmitido por el historiógrafo Diógenes Laercio, que es un ejemplo de humanidad por los recaudos que se toman a favor de sus herederos: su compañera Herpilis y sus hijos Pitias y Nicómaco.

Encomienda el cuidado de éste a la protección de su amigo Antipáter, lugarteniente de Alejandro Magno. Y ruega que la dirección del Liceo de Atenas recaiga en su amigo Teofrasto, también filósofo, cosa que fue así. Le preocupaba el futuro del Liceo debido a la inquina que le guardaba el clan del anti-macedónico Demóstenes por haber sido maestro de Alejandro Magno.

FRENTE A LA ESCLAVITUD:
La esclavitud era común en la Antigua Grecia. Aristóteles afirmó la tesis del «esclavo natural». No obstante, señala las dificultades empíricas para reconocer al verdadero esclavo y critica el modo de adquisición de esclavos. En su testamento, Aristóteles ordenó que sus esclavos no fueran vendidos y que se los liberara cuando alcanzaran una «edad conveniente».

LOS PERIPATÉTICOS: Aristóteles fundó su escuela, el Liceo, entre el 335 y el 334 a.C. Era un centro de enseñanza rival de la Academia de Platón y se lo llamaba Perípatos, por su paseo cubierto y debido a la costumbre aristotélica de dar clases mientras se paseaba. Por eso, los alumnos del Liceo también se conocieron por el nombre de peripatéticos.

EL CORPUS: Es sorprendente que las obras «esotéricas» de Aristóteles no fueran consideradas de gran interés en la época helenística, preocupada más por encontrar estrategias conducentes a la «tranquilidad del ánimo». Según Estrabon y Plutarco los escritos de Aristóteles permanecieron inaccesibles hasta que fueron redescubiertos en el siglo I a C, haciendo posible la edición de Andrónico de Rodas, un peripatético.

La edición del Corpus permitió la renovación del pensamiento aristotélico. Luego estos textos serían leídos en clave neoplatóníca. Durante siglos sólo se conocieron en Occidente los escritos lógicos. Gracias a la influencia árabe, el pensamiento occidental pudo tener acceso al resto de la obra aristotélica.

Biografia de Platon Pensamiento filosofico Filosofo griego

Biografía de Platon Pensamiento Filosófico

Filósofo griego. Nos han llegado escasas noticias de su vida. Nació en la época de la democracia de Pericles. Perteneció a una familia de la aristocracia, de gran influencia dentro de la oligarquía revolucionaria. Por parte de su padre, es posible que fuera descendiente de Codro, el último rey de Atenas.

Biografia de Platon filosofo griego

En el año 407 ocurre algo que será decisivo en su vida: su encuentro con Sócrates, del que será alumno durante ocho años. Cuando el maestro es condenado a muerte, Platón se refugiará en Megara, al temer que Atenas persiguiera a los discípulos de Sócrates. En esa ciudad se encontrará con Euclides.

Se cree que a continuación realizó varios viajes, probablemente a Egipto y a la Cirenaica, donde entró en contacto con Aristipo de Cirene y con el matemático Teodoro. Según la tradición, marcharía después a Italia meridional, donde conoció a algunos pitagóricos.

Algunos autores afirman que entonces fue cuando Filolao le vendió unos escritos secretos de Pitágoras, en los que Platón se inspiraría para escribir el Timeo. De esta época de su vida serían los siguientes escritos: Apología de Sócrates, el Hipias I y II, el Eutifrín, el Critón, el Cármides, el Laques, el Lisis, el Protágoras, el Gorgias y el Menón.

Su aventura siciliana empezaría en el año 388, cuando pensó en la posibilidad de convertir a Dionisio I el Antiguo a sus teorías político – filosóficas.

Pero esta relación no cuajaría, y Platón fue desterrado. En el viaje de vuelta fue capturado y vendido como esclavo.

El cirenaico Anniceris, que le había reconocido, le compró y le devolvió la libertad.

En el año 387 Platón volvió a Atenas y fundó la Academia, que sería la primera gran escuela de la Antigüedad, organizada de forma sistemática, con aulas y biblioteca. Platón ejerció en ella su magisterio, hasta que murió, en colaboración con su discípulo Aristóteles. En el fondo, la Academia fue la primera universidad organizada.

Su obra se conserva casi completa. Nos han llegado 42 diálogos. Junto con la que escribió Aristóteles, es la obra capital de la filosofía y de toda la cultura griega. Su aportación a la formación del lenguaje filosófico es extraordinaria y tiene un elevado valor literario.

El género literario utilizado por Platón fue el diálogo, que tiene una profunda relación con su doctrina de la dialéctica como método filosófico y posee una extraordinaria belleza poética. Siempre es Sócrates el personaje principal.

Su pensamiento muestra una profunda evolución, partiendo de la doctrina de Sócrates y llegando al descubrimiento de las ideas y culminando en los problemas planteados por ellas, en diálogo con Aristóteles.

Un problema no resuelto es el conocer con exactitud el orden cronológico de sus escritos.

En segundo lugar, no se puede separar claramente lo que pertenece a Sócrates y lo que es estrictamente suyo a través de los diferentes diálogos. Platón no sólo recibió la influencia socrática, sino también otras importantes: pitagorismo, heraclitismo, orfismo, entre otras.

En sus primeros diálogos muestra a Sócrates y son, al mismo tiempo, una defensa contra las acusaciones que le llevaron a la muerte. En Apología de Sócrates resalta la importancia de la idea de verdad. Su meditación se centra, además, sobre la vida y muerte de su maestro.

En Hipias menor nos da una idea de Sócrates como un sofista más, trata de buscar en qué consiste el bien, concluyendo que el hombre justo no puede mentir voluntariamente, no puede hacer voluntariamente el mal. En Critón, Sócrates habla a Critón, que le quiere obligar a huir de la prisión, manifestándole que no puede responder a la injusticia con la injusticia, ni hacer el mal a quienes nos lo han hecho.

En Cármides trata de definir el concepto de sabiduría. En el Laques plantea el problema de la educación de los niños y en Eutifrón analiza la piedad, llevándonos en Lisis a, tratando sobre la amistad, sus momentos más dialécticos. En otro diálogo de gran interés, Hipias mayor, nos acerca a lo bello a través de la búsqueda de su definición y llega a reconocer que no sabe lo que es la belleza.

Creía que las ideas existen separadas de las cosasSu Academia reunió a la élite intelectual de AtenasDecía que el cuerpo era la «cárcel» del alma inmortalSus ideas tienen una
gran influencie en Occidente
 El suicidio de
Sócrates , influyó en sus Iideas políticas
Postulaba un a sociedad justa gobernada por filósofos – reyes

Fedón es el primer diálogo que nos hace avanzar hacia su metafísica. Aborda en él el tema de la inmortalidad del alma. Sócrates llega a la conclusión de su inmortalidad porque para él, todo es lo que aprendemos, yo recuerdo porque en una época anterior he aprendido lo que ahora recuerdo. En el Menón se plantea cómo se adquiere la virtud, si por la enseñanza, el ejercicio o por la naturaleza, e insiste en encontrar una definición para ella. En Protágoras analiza los mismos temas que en Menón, insistiendo sobre la sabiduría. Y así, en cada uno de sus escritos va desgranando sus teorías filosóficas, para llegar al descubrimiento de las ideas.

El ser verdadero no está en las cosas, sino fuera de ellas, en las ideas que son unas, inmutables y eternas. Pero estas ideas no son accesibles a mi conocimiento directo, no están en el mundo. Para explicar esta teoría recurrió al mito en el que señala que el alma se puede comparar a un carro tirado por dos caballos alados, uno dócil y otro díscolo, dirigidos por la razón, que se esforzará en conducirlo bien. Conocer será, para él, recordar lo que está dentro de nosotros. Las cosas, insiste, son sólo sombras de las ideas.

La democracia creó las condiciones para una mayor participación del pueblo en la política. El acceso de mayor cantidad de personas a los debates y la creciente complicación de la administración del Estado generó la necesidad de información y de preparación técnica. Era necesario dominar el instrumento político por excelencia: la palabra. Los llamados «sofistas» (sop-histai) fueron personajes que enseñaron retórica y erística (arte del combate verbal). Cuando Platón comenzó a escribir sus Diálogos, Atenas era una democracia muy distinta a la que soñó Pericles -el «padre de la democracia»-. Pululaban arribistas y demagogos que se caracterizaban por poseer cualidades retóricas que les aseguraban el éxito en las asambleas. La irrupción de Sócrates fue muy conflictiva. La democracia que se reestablece en el 403 a.C. lo acusa de corruptor de jóvenes y lo condena a muerte. A los ojos de Platón, esa democracia era insensata e injusta.

Una de sus obras principales fue La República, con la que consuma su visión del mundo. El Estado bueno será para él aquel en el que exista una división del trabajo. Debemos, asimismo, mantener alejado de nosotros el deseo de felicidad individual, ya que con él iríamos hacia la corrupción del Estado y hacia la tiranía. Describe el Estado ideal, pero piensa que siempre está amenazado.

En el libro VII de este diálogo nos presenta el famoso mito de la Caverna: somos prisioneros, encadenados, que ven desfilar unas imágenes sobre el muro que está ante ellos. La caverna es el mundo sensible, con sus sombras, que son las cosas.

El mundo exterior es el mundo verdadero, el mundo de las ideas. Es muy importante, señala, educar a los guardianes. El Estado ideal será casi imposible de alcanzar y añade que siempre que los guardianes se adueñen del poder nos llevarán a la tiranía. Sostuvo la primacía de la sociedad sobre el individuo, en un sistema de castas, presidido por la clase superior de los filósofos.

El pensamiento de Platón dominaría en toda la cristiandad hasta, aproximadamente, el siglo XII, en el que hubo, debido a las doctrinas de Santo Tomás y San Alberto, un verdadero giro en el predominio de las anteriores teorías filosóficas. Sin embargo, en el siglo XVI sus doctrinas renacieron con las ideologías de Descartes y Leibniz, de marcado carácter platónico. Su influencia se prolongaría en las obras de Hegel, Fichte y Schelling.

LA ACADEMIA: Una vez en Atenas, en el año 388-387, fundó la Academia, nombre que recibió por hallarse cerca del santuario dedicado al héroe Academos, especie de «Universidad» en la que se estudiaban todo tipo de ciencias, como las matemáticas (de la importancia que concedía Platón a los estudios matemáticos da cuenta la leyenda que rezaba en el frontispicio de la Academia: «que nadie entre aquí que no sepa matemáticas»), la astronomía, o la física, además de los otros saberes filosóficos y, al parecer, con una organización similar a la de las escuelas pitagóricas, lo que pudo comportar un cierto carácter secreto, o mistérico, de algunas de las doctrinas allí enseñadas. La Academia continuará ininterrumpidamente su actividad a lo largo de los siglos, pasando por distintas fases ideológicas, hasta que Justiniano decrete su cierre en el año 529 de nuestra era.

CURIOSIDADES:
APODO ORIGINAL:
El nombre real de Platón era Aristocles. El sobrenombre que se le puso, según algunas versiones, se refiere a que tenía espaldas anchas. Plato, en griego, significa espalda.

UN ESCLAVO ILUSTRE:  El tirano Dionisio I de Siracusa se enojó con Platón y lo expulsó en una nave espartana que hizo escala en la isla de Egina, hostil a Atenas. Allí, apenas llegó y según se cuenta, Platón fue vendido como esclavo. Pero, por suerte, Aniceris, también filósofo, lo identificó y pagó el rescate por su libertad. De esta manera, Platón pudo volver a Atenas, en 387 a.C, para retomar su labor intelectual.

VIAJES PELIGROSOS: Años después, Dionisio II, el joven, sucedió a Dionisio I como tirano de Siracusa, lo que animó a Platón a regresar a Sicilia. Como sus propuestas fueron rechazadas, huyó de la isla. El tercer viaje fue peor: el filósofo Arquitas de Tarento-inventor del tornillo y de la polea-, tuvo que intervenir para que no lo mataran.

LA MUJER, EN CASA: La sociedad griega era machista. Las mujeres carecían de derechos legales y políticos, eran excluidas de los asuntos de carácter público y estaban confinadas en casa, cuidando a los hijos. Esto se vincula con que los griegos consideraron las relaciones homosexuales concurrentes con el matrimonio. Explica también que las hetairas (prostitutas) gozaran de gran prestigio.

DE FAMILIA NOBLE: Platón fue hijo de Aristón. Su madre Perictíone, pertenecía a la nobleza y estaba vinculada a la Tiranía de (os Treinta. A la muerte del padre, Perictíone se casó con el rico Pirilampes. Platón tuvo dos hermanos, una hermana y un medio hermano.

COSTUMBRES CRUELES: Esparta era un ciudad-estado enemiga de Atenas, pese a que ambas eran griegas. Sus 5.000 habitantes, todos soldados, adoptaron una oligarquía y no admitían nuevos ciudadanos. Los recién nacidos con algún defecto físico eran arrojados por un barranco y los castigos sociales eran, en general, tan duros que aún hoy se usa la frase «con crueldad espartana».

AMISTAD: Platón tenía muchos amigos pero la amistad en sí misma le planteaba dudas. En una ocasión dijo:»No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad».También: «Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo».

PRINCIPIO Y FIN: Platón compró un huerto para hacer vida común con sus discípulos. Así nació la Academia, que tomó su nombre de Akademos -héroe que también bautizaba al bosque cercano- La Academia duró hasta el 529 d.C, cuando Justíniano I, emperador de Bizancio, opuesto a la difusión de las enseñanzas paganas y a la filosofía griega, la clausuró.

«La Academia de Atenas» es una obra de Rafael, que está en el Museo Arqueológico de Nápoles. El pintor centista retrató en ella varios hombres de su tiempo y asoció sus fisonomías a algunos filósofos antiguos. Platón es Leonardo da Vinci, el matemático Euclides es el arquitecto Bramante y el profeta Jeremías, Miguel. Ángel. El propio Rafael aparece en el cuadro.

LA ACADEMIA PLATÓNICA: El término academia deriva del nombre de un personaje ático, Academo, que poseía en los alrededores de Atenas un jardín en el que se encontraban las tumbas de personajes célebres como Pericles. Sin embargo, los orígenes del jardín se remontan más allá de los tiempos históricos.

Según la leyenda, Castor y Pólux, los llamados Dióscuros, fueron conducidos a él por Academo en busca de su hermana Helena cuando ésta fue raptada por Teseo. El jardín estaba consagrado al culto de Atenea y en él parece ser que había un gimnasio además de varios altares dedicados a los principales dioses de la mitología griega.

En 387 a. C. Platón, que había sido vendido como esclavo y cuyo rescate había pagado su amigo Anníceres, compró los terrenos que circundaban este jardín con el dinero que debía a este último, que nunca llegó a aceptar su devolución.

En ellos organizó la más célebre academia del mundo antiguo, llamada por el nombre de su creador, en la que reunió a sus discípulos para formar no sólo una escuela filosófica sino, en realidad, lo que puede considerarse la primera universidad occidental, ya que en ella se instruía a los jóvenes no sólo en filosofía, sino también en matemáticas y astronomía, entre otras ciencias, siguiendo un plan de educación progresiva pergeñado por el filósofo.

En la vida de la Academia platónica pueden distinguirse tres etapas. La primera, conocida como Academia Antigua, contó entre sus directores con Espeusipo de Atenas, sobrino de Platón, al que sucedió al frente de la Academia en el 357 a. C, Polemón y Crates de Atenas. La Academia Media fue fundada por Arcesílao en el siglo lll a. C, al que sucedió en la cátedra su discípulo Lácides de Cirene.

La Academia Nueva fue iniciada por Carnéades, quien combatió el estoicismo y todo dogmatismo, a quien sucedió en 129 Clitómago de Cartago. Esta última etapa conclu-.’ó con la clausura definitiva de la Academia en tiempos de Justiniano (529 d. C.) (Fuente: Enciclopedia Espasa-Calpe Tomo 32)

PLATÓN Y PITÁGORAS: Los Cinco Sólidos Pitagóricos

Utopía de Platón: La República

La Muerte de Socrates Causas del Juicio al Filosofo Griego

JUICIO Y MUERTE DE SÓCRATES

Con noble calma y valor, Sócrates recibió la copa de cicuta y ante los ojos de sus discípulos bebió el veneno que le causaría la muerte, dando cumplimiento a la sentencia dictada contra él por «corromper a la juventud e introducir divinidades extrañas» en la Atenas del año 400 antes de Cristo.

Para muchos, la muerte de Sócrates representa la obediencia fiel de un ciudadano a las leyes de su Pueblo, porque rechazó los reiterados ofrecimientos de sus discípulos para facilitar su huida de la prisión.

De la vida y del modo de ser y de pensar de Sócrates, su juicio y el desenlace que éste tuvo son los episodios más significativos.

En general, puede decirse que Sócrates fue una víctima inocente de una Atenas crispada por más de veinte años de guerra continua, que se vio coronada por el régimen de terror impuesto por los Treinta tiranos entre el —404 y el —403 tras la victoria espartana.

Cuando la democracia se instaura de nuevo, Sócrates es visto como cómplice de Critias y Cármides, cabezas destacadas de ese grupo oligárquico.

No era la primera vez que el nombre de Sócrates se asociaba al de los enemigos de la democracia: la defección de Alcibíades años antes era un importante precedente. No se juzgó a Sócrates por estas razones (lo mejor, sospechas), pues la amnistía política del —403 cerraba el paso a tal tipo de revanchas.

muerte de Socrates filosofo

Sin embargo, el nuevo partido demócrata buscó el exilio de Sócrates. Diógenes Laercio recoge la acusación de que se le hizo objeto: «Melito, hijo de Melito, del distrito de Pita, acusa a Sácrates, hijo de Sofronisco, del distrito de Alopece, bajo juramento al siguiente efecto.

Sócrates es culpable de:

1) de no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado, sino de introducir prácticas religiosas nuevas y poco conocidas;

2) y además, de corromper a los jóvenes. El acusador público pide la pena de muerte. » Pronto se vio que el plan de Sócrates no se encaminaba a la salvación de su vida. Pudo haber alegado desobediencia a los Treinta tiranos, habiendo estado en una ocasión al borde de la muerte, pero no lo hizo.

Apenas si se refirió a la primera parte de la acusación, pues en Atenas había libertad de culto religioso, y rechazó enfáticamente la verdad de la segunda. Sin embargo, su relación con Alcibíades o con Critias había sido demasiado estrecha como para que el pueblo en general dejara de vincularlos. (Años antes, Alcibíades había sido parte destacada de un sacrilegio escandaloso habido en Eleusis.) Sócrates subrayó las diferencias que le separaban de los objetivos y de los beneficios económicos de la educación de los sofistas, y se declaró inocente.

Por un lado, adujo, la muerte era un digno final a una vida virtuosa como la suya. Por otro, cuenta Jenofonte, Sócrates veía en aquélla una salida a las miserias de la vejez. No rehuyó la pena capital. Solicitó para sí un puesto vitalicio en el Pritaneo (o Comité del Senado) como reconocimiento a su labor educativa y a su civismo, y sólo aceptó pagar una multa.

Los jueces, que habían de elegir entre la sanción del acusador público y la propuesta por Sócrates, se vieron con las manos atadas y le condenaron a muerte. Sócrates pudo haber eludido fácilmente tal desenlace, pero optó por no arrojar sobre sí la menor sombra de sospecha acerca de su conducta y de su lealtad a las leyes de Atenas.

Los sicofantes cumplían, ciertamente, una función social en la sociedad griega, aunque la moderna institución de la fiscalía los haya tornado seres despreciables en ciertas circunstancias. Fueron sicofantes los que acusaron a Sócrates de no creer en los dioses del Olimpo, incriminación que lo llevó a ser condenado a muerte mediante la ingestión de cicuta, el veneno extraído de la planta del mismo nombre.

Ya en prisión, Sócrates rechazó un ofrecimiento de fuga que le fue hecho por sus amigos, y dio muestras de un magnífico buen humor, reconfortando incluso a aquellos que lloraban su suerte. Llegado el momento, se despidió de su familia —el más pequeño de sus hijos sólo tenía unos meses de edad— y de sus amigos y seguidores, preparó su cuerpo para el funeral y apuró el contenido de la copa de cicuta.  (ver: planta venenosa)

Sacco y Vanzetti Caso del Juicio a los Italianos Anarquistas Historia

LA EJECUCIÓN DE LOS ANARQUISTAS SACCO Y VANZETTI

Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti eran dos inmigrantes italianos, acusados del asalto y homicidio del pagador de una fábrica, Frederick Parmenter, y su escolta Alessandro Berardelli, en el pueblo de South Braintree, Estados Unidos, el 15 de abril de 1920. El proceso judicial causó un gran escándalo internacional y fuertes protestas, sobre todo en Europa aunque también tuvo grandes dimensiones en Latinoamérica, debido a las escasas e insuficientes pruebas.(wikipedia)

Pero no pudieron matarlos en la memoria. Sacco y Vanzetti pasaron a ser, para siempre, “Héroes del pueblo”. Publicaciones, actos, conferencias, obras de teatro, filmes, hermosas canciones, los recuerdan. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, un zapatero y un vendedor de pescado, así de humildes. Dos italianos inmigrantes. Pero saltaron a la gloria. A los jueces, a los funcionarios que actuaron en este increíble crimen legal ni se los recuerda. Pero se los nombra. Principalmente al juez Fuller. En realidad, todos los jueces que interpretan las leyes a favor del poder quedan en la lista negra de la historia.

Situación Histórica en EE.UU.:La toma del poder de Rusia por los bolcheviques en 1917 y su proclamación de la revolución mundial alarmó a los líderes políticos de Europa Occidental y los Estados Unidos. En 1919, el procurador de los EUA, A. Mitchell Palmer, previno que 60 mil radicales extranjeros se proponían iniciar la revolución roja en el país, recordando las bombas postales enviadas a funcionarios en abril y que el 3 de junio hubo explosiones en casas de políticos de ocho ciudades, incluyendo la suya en Washington.

Según el procurador, ya era hora de poner de lado las “muy liberales” normas de la declaración de derechos y actuar prontamente contra la subversión. Valiéndose de agentes del Departamento de Justicia, Palmer infiltró los partidos Comunista, Comunista Obrero y Socialista, consiguiendo coordinar reuniones de éstos y otros grupos radicales el 2 de enero de 1920. Esa noche los agentes del procurador apresaron en 33 ciudades a 3.000 personas, casi todos extranjeros, a quienes se acusó de querer deponer al gobierno de los Estados Unidos.

Las llamadas incursiones Palmer continuaron durante junio, arrestando a 6.000 extranjeros indeseables y deportando a casi mil de ellos. Fue durante esta histeria antirradical y antiextranjera cuando se llevó a cabo el asalto en South Braintree(próximo ítem) y, subsiguientemente, las detenciones e inculpaciones de Sacco y Vanzetti que causarían tanta controversia.

El asalto en South Braintree: Hacia las tres de la tarde del día jueves 15 de abril de 1920, el pagador de la compañía zapatera Slater & Morrill, con sede en South Braintree, Massachusetts, salió de la oficina acompañado de un guardia armado para llevar la nómina semanal, unos 16.000 dólares, a la fábrica, a unas cuantas cuadras de ahí. Dos hombres morenos los detuvieron y les dispararon.

El guardia murió instantáneamente y el pagador murió poco después. Cuando uno de los pistoleros se agachó para tomar el arma del guardia, se le cayó su gorra. Mientras los pistoleros tomaban las cajas con dinero, apareció un tercer asaltante con un rifle. Los tres huyeron en un coche azul descapotable, tripulado por dos hombres: la huida fue cubierta por un rifle que salía de la ventana trasera. El coche, un Buick sin placas, fue hallado dos días después en un bosque cercano. Cerca había huellas de un vehículo más pequeño, al que el grupo pasó su botín y huyó, cumpliendo así la última parte del plan.

Dos hombres sospechosos que tenían características similares a las buscada por la policía y que caminaban hacia una parada de tranvía camino a Brockton, fueron denunciados. Enseguida el jefe de policía deBridgewater, Michael Stewart, telefoneó a su contraparte de Brockton, el siguiente pueblo al norte, pidiéndole arrestar a los dos hombres. A las 22:00, dos oficiales abordaron el tranvía en Brockton y arrestaron a los dos sospechosos: Nicola Sacco, un zapatero de 29 años, y Bartolomeo Vanzetti, un vendedor ambulante de pescado de 32 años.

Ambos llevaban armas y se mostraron evasivos respecto a lo que hacían esa noche en Bridgewater. Tampoco recordaban lo que hicieron el 15 de abril. Varios testigos del asalto en Braintree identificaron a Sacco como uno de los pistoleros. Otros testigos no estaban seguros. Sólo uno identificó a Vanzetti. No obstante, cinco meses después de los incidentes se inculpó a Sacco y a Vanzetti por el delito.

Sacco y Vanzetti Caso del Juicio a los Italianos Anarquistas

Polémico proceso por asesinato celebrado en Massachusetts, que duró desde 1920 hasta 1927. Nicola Sacco (esposado a la izquierda)y Bartolomeo Vanzetti,
dos emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos en 1908, fueron acusados del asesinato de un cajero y
e un vigilante y del robo de más de 15.000 dólares

Sacco Nicola: Italiano de Torre Maggiore, provincia de Foggia, nació el 23 de abril de 1891. A los 17 años, fundamentalmente la situación de su familia lo llevó a emigrar. Llegó a la tierra prometida en 1908, año de hambre y desocupación. A pesar de tener conocimientos de mecánica no encontró trabajo en este oficio. Los extranjeros no eran considerados para las tareas especializadas y apenas si conseguían trabajo en fábricas.Trabajó primero como mozo de agua, consiguiendo luego colocación como zapatero en la fábrica de calzados de Kelly. Su capacidad de amor y de ternura hacia su compañera Rosina y hacia sus hijos se vuelca a todos los seres humanos, a su clase explotada, y lo impulsa al combate.

Vanzetti Bartolomeo: Nació en Villafalleto, en el Piamonte, en 1888. Le gustaba el estudio pero sólo pudo hacer la escuela. Empezó a trabajar a los 13 años de edad, eran 15 horas diarias sin descanso semanal, sólo tenía un asueto de tres horas dos veces al mes. A los 20 años de edad decide abandonar Italia. Llega a Norteamérica en 1908. Lo espera un largo peregrinar en busca de trabajo, muchos días de hambre, sin ni siquiera un lugar donde descansar.

Recibe en su andar el desprecio de los patrones, la solidaridad de sus iguales. En su oficio de confitero no encuentra plaza fija. En muchos lugares lo echan a los pocos meses de trabajo. Trabajó de picapedrero, albañil, foguista, barredor de nieve. Hacía jornadas de 12 y 14 horas en verdaderos tugurios insalubres, recibiendo, por ser extranjero, la mitad del jornal de un norteamericano, de por sí bajo. Con ansias de leer y estudiar se quedaba de noche, después del trabajo, dormido sobre los libros.Vanzetti no se casó y se dedicó a la venta de pescado en Plymouth.

Con el tiempo, ambos fueron influidos por un filósofo anarquista llamado Luigi Galleani, quien abogaba por derribar el capitalismo. Entre 1917 y 1918, ambos huyeron a México por las movilizaciones de la Primera Guerra Mundial. Al ser interrogados por la policía, en un principio ambos negaron sus afiliaciones radicales, pero posteriormente Sacco y Vanzetti admitieron que en la noche de su arresto buscaban un coche para deshacerse de literatura anarquista comprometedora que poseían.

El hecho de portar armas, las declaraciones falsas y evasivas, las actividades izquierdistas y la identificación tentativa de los testigos fueron más que suficientes para inculparlos del asalto y asesinatos deSouth Braintree. Pero antes de ser juzgados juntos, Vanzetti fue procesado por separado y se le sentenció a prisión por su participación en un asalto en Bridgewater el 24 de diciembre de 1919. El juez de este proceso fue Webster Thayer, quien luego juzgó a Sacco y Vanzetti en Dedham, el 21 de ruayo de 1921. “Dado que los testigos son italianos”, instruyó el juez Thayer al jurado en el primer juicio, “no se deberá inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes.” En el juicio llevado a cabo en Dedham, siete testigos del fiscal identificaron a Sacco como uno de los pistoleros de Braintree, y cuatro identificaron a Vanzetti.

De los 12 testigos de la defensa que dijeron que los acusados estaban en otra parte el día del asalto y asesinatos, 11 eran italianos. Los jurados, pueblerinos de clase media, eran predominantemente anglosajones. Uno de ellos dijo después, procurando dar dirección al juicio, que el testimonio contradictorio de cada testigo era anulable. “Pero las balas , añadió, “no hay forma de dar la vuelta a esa evidencia.” La fiscalía pudo al fin establecer que las balas y casquillos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el revólver que tenía Sacco al ser arrestado. La identificación del arma de Vanzetti como aquella que se tomó del guardia, fue menos concluyente. Pero el fallo de culpabilidad del 14 de julio, aunque esperado, no fue el acto final de la tragedia.

Mientras Sacco y Vanzetti permanecían bajo custodia, la defensa reunió durante los años siguientes varias solicitudes para que fuera reabierto el caso. Todas fueron denegadas. En todo el país y en el mundo entero hubo protestas por lo que se consideró como absurdas y persecutorias condenas por creencias políticas impopulares más que por culpabilidad criminal.

A fines de 1925 pareció haber una pausa en el caso cuando un tal Celestino Madeiros, reo en la prisión de Dedham, condenado a muerte por asaltar un banco, confesó tener parte en el asalto de Braintree. Madeiros juró que los pistoleros no eran Sacco y Vanzetti. Aunque no pudo hacer un recuento coherente del asalto ni identificar a los otros participantes, Madeiros consiguió ganar dos años de vida antes de que se llevara a cabo su sentencia de muerte.

Su “confesión” no fue de ninguna ayuda para los esfuerzos legales de Sacco y Vanzetti. En la primavera de 1927, el profesor en derecho Felix Frankfurter, de Harvard, que luego fue juez de la Suprema Corte de Justicia, publicó una indignada denuncia del juicio de Dedham: “Fuera del juzgado campeaba la histeria antirroja… y dominó al proceso.”

El alegato de Frankfurter produjo otra ola de protestas contra el veredicto. Cediendo ante la presión, el gobernador de Massachusetts, Ailvin Fuller, nombró al rector de Harvard, A. Lawrence Lowell, para dirigir una comisión de tres miembros que revisaría minuciosamente el caso. En otro juicio más largo que el de Dedham, de seis semanas y medial, la comisión Lowell leyó la copia estenográfica, llamó a testigos y entrevistó al juez Thayer, al fiscal y al jurado. La conclusión: Sacco era sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él era “más débil”. El 8 de agosto se negó un aplazamiento de la sentencia de muerte.

Hacia la medianoche del 23 de agosto de 1927, Sacco y luego Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica. “Viva el anarquismo!”, clamó Sacco en italiano. “Soy inocente”, protestó Vanzetti.

La noticia de las ejecuciones inició una ola de disturbios antiestadunidenses. Desde mediados de la década de 1950, y durante tres décadas, el escritor Francis Russell estudió y escribió acerca del caso Sacco-Vanzetti. En un principio, aceptó la opinión general de que el juicio fue una falsedad y que su sentencia fue un error de la justicia. Pero cuando publicó su primer libro acerca del tema, Tragedia en Dedham, tomó la postura de que Sacco era culpable y Vanzetti inocente.

Sacco pudo salvar a su colega confesando, pero quizá sintió que eso sería traicionar al movimiento anarquista. En lo que se refiere a Vanzetti, le pareció válido morir, no por un crimen que no cometió, sino en aras del avance de su movimiento.

En noviembre de 1982, Russell recibió lo que parecía confirmar su tesis: una carta del hijo del último miembro sobreviviente del comité de defensa de Sacco y Vanzetti, Giovanni Gambera. Poco antes de su muerte, unos meses atrás, el anciano Gambera confió a su hijo que todos en el círculo anarquista de Boston sabían que Sacco era culpable y Vanzetti era inocente, pero nadie quería romper el acuerdo de silencio, aunque le costara la vida a Vanzetti. “Entre usted y yo”, escribió el joven Gambera a Russell, “ésta es la última palabra.”

Ultimas palabras de las víctimas

«Muero como he vivido, luchando por la libertad y por la justicia. ¡Oh, si pudiera comunicar a todos que no tengo nada que ver con ese horrendo crimen… Mi corazón está lleno, rebosante de amor por los míos. ¿Como despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos, mis bravos defensores, a todos vosotros el afecto de mi pobre corazón, a todos vosotros mi gratitud de soldado caído por la causa de la libertad! …Continuad la soberbia lucha, que yo también en lo poco que pude, he gastado mis energías por la libertad y por la independencia humana. …¿Que culpa tengo si he amado demasiado la libertad? ¿Por qué he sido privado de todas las cosas que hacen deliciosa la vida? Ningún reflejo de la propia naturaleza, del cielo azul y de los esplendidos crepúsculos en las tétricas prisiones construídas por los hombres para los hombres. Pero yo no he llevado mi cruz en vano. No he sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a la humanidad a fin de que los hermanos no continúen matándose; para que los niños no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de aire y luz. No está lejos el día en que habrá pan para todas las bocas, techo para todas las cabezas, felicidad para todos los corazones. Tal triunfo será mío y vuestro, compañeros y amigos.» Bartolomé Vanzetti

«¡No hay justicia para los pobres en América! …¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas -altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia. …Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida…» Nicolás Sacco

«Queridos amigos y compañeros del Comité de defensa. Mañana, inmediatamente después de la media noche, deberemos morir en la silla eléctrica. No tenemos ya ninguna esperanza. …Hemos decidido, por eso, escribir esta carta para expresar nuestro reconocimiento y admiración por todo lo que habéis hecho en favor de nuestra defensa en estos siete años, cuatro meses y once días de lucha. El hecho de que hayamos perdido y que debamos partir, no disminuye para nada nuestra actitud y nuestra apreciación de vuestra conmovedora solidaridad hacia nosotros y nuestras familias. Amigos y compañeros: ahora que la tragedia de este proceso toca a su fin, unamos nuestros corazones, nuestros errores, nuestras derrotas, nuestra pasión, para las batallas futuras, para la emancipación final. Unamos nuestros corazones en esta hora, la más negra de nuestra tragedia. Armaos de valor, saludad a los amigos y a los compañeros de todo el mundo. Os abrazamos a todos y os damos el último adiós, con el alma desgarrada, pero llena de amor. Ahora y siempre un viva a todos nosotros, un viva a la libertad. Vuestros en la vida y en la muerte» Nicolás Sacco – Bartolomé Vanzetti

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR GABRIEL CARRIZO Historiador
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

El 23 de agosto fueron ejecutados en Estados Unidos, mediante silla eléctrica, dos militantes anarquistas de nacionalidad italiana, llamados Niccola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Este hecho adquirió gran repercusión mundial al ser catalogado como un acto de arbitrariedad e injusticia en contra de dos ciudadanos por su adscripción ideológica.

Varios factores intervinieron para el desenlace del lamentable suceso. En primer lugar, la inflación generada por la Gran Guerra hundió a los sectores trabajadores en una profunda crisis económica. La pérdida constante del poder adquisitivo de los salarios generó condiciones para la declaración de huelgas. De hecho, Sacco y Vanzetti militaban en una organización anarquista que lucha en contra de las pésimas condiciones laborales que sufren los trabajadores.

En segundo lugar, el temor que experimenta gran parte de la sociedad norteamericana ante cualquier estallido social que pueda conducir desde su perspectiva a una revolución bolchevique, miedo que es alimentado recurrentemente por la prensa. En tercer lugar, las medidas adoptadas por el Estado, como la denominada Acta de Espionaje promulgada por el Congreso de Estados Unidos en 1917 (que multa a quienes suministren informaciones que puedan afectar las operaciones de las Fuerzas Armadas) y el Acta de Sedición de 1918 (que multa y encarcela a aquellos que propaguen opinión respecto de la forma de gobierno, Constitución Nacional o contra las Fuerzas Armadas), que son disposiciones que dejan un gran margen para la arbitrariedad, pues cualquier crítica al gobierno puede ser susceptible de prisión o multa. Pero fue el Acta de Extranjería de 1918, que prohibe el ingreso al país a anarquistas o a aquellos que promuevan la violencia contra el gobierno, la normativa que habilitó la persecución y deportación de todo inmigrante sospechado de ser anarquista.

Sacco y Vanzetti fueron acusados de un doble crimen y sometidos a un proceso jurídico plagado de violaciones a la legítima defensa de los acusados. La ejecución no solamente buscaba ser un escarmiento a los trabajadores que intentaban rebelarse ante las pésimas condiciones laborales, sino que además fue considerado por las organizaciones obreras como una demostración de la persecución ideológica y xenófoba de las autoridades de Estados Unidos.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Ver: El Aislacionismo de EE.UU. Post Primera Guerra Mundial

Fuente Consultada:
Wikipedia – El Ortiba – Secretos y Misterios de la Historia

Proceso a Juana de Arco Historia La Justicia Divina en la Edad Media

El PROCESO A JUANA DE ARCO

 Uno de los, 50 sacerdotes integrantes del tribunal preguntó a la acusada:

—¿Sabéis si estáis en gracia de Dios? —Pregunta harto grave le hacéis —intervino otro de los jurados—. No es necesario que la responda. La acusada, de pie, vistiendo ropas de hombre que habían causado expresiones de repudio cuando entró a una de las estancias del castillo de Rúan, con su rostro pálido y desencajado después de prolongado encierro y aherrojada bajo la mirada y las burlas de soeces soldados, miró a su interrogador y repuso serenamente: —Si no estoy en gracia de Dios, ruego al Señor que me la conceda; si ya la tengo, que Dios me la conserve.

Proceso a Juana de Arco Historia La Justicia Divina en la Edad MediaEsta era la única respuesta que podía dar, porque si reconocía no estar en gracia de Dios, se condenaba ella misma con su afirmación; pero si decía estar en gracia de Dios cometía una grave falta como cristiana.

En esta forma habilidosa se completó el quinto día de interrogatorios en el proceso eclesiástico seguido contra Juana, nacida en la aldea de Domrémy, en Lorena, Francia, alrededor de 1412.

Hasta hoy, la polémica en torno a este juicio saca a relucir nuevos antecedentes, demostrando que hubo serias irregularidades, siendo la primera de ellas la incompetencia del obispo de Beauvais, Fierre Cauchen, que presidió el tribunal, de quien algunos historiadores afirman que estaba a sueldo de los ingleses y que aspiraba a obtener el rico arzobispado de Rúan, vacante en esa época.

Desde muy joven Juana comenzó a escuchar «voces», según ella, pertenecientes a San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita, que le ordenaban acudiera en auxilio del Delfín Carlos de Valois, quien había sido despojado de su trono en Francia por los ingleses en el curso de la llamada guerra de los Cien Años.

Roberto de Baudricourt, jefe de la defensa en Vaucouleurs, autorizó finalmente a Juana para que en 1429 pudiera salir de Domrémy hacia Chinon, donde fue recibida por el Delfín. Persuadió a éste para que le entregara el mando de algunas tropas, liberó Orleáns, despertó un acendrado patriotismo y espíritu de lucha en sus soldados, al mismo tiempo que algunos de los consejeros del Delfín comenzaban a ver en esa osada y combativa muchacha analfabeta, un peligro para sus privilegios ante el futuro rey.

Una nueva y decisiva victoria de Juana en Patay hizo posible la entrada del Delfín a Reims, donde fue coronado a instancias de la Doncella de Orleáns. Fracasado su intento de apoderarse de París, Juana condujo sus huestes a Compiegne, pero fue hecha prisionera por los borgoñones, los que finalmente la vendieron a los ingleses.

El duque de Bedford, en carta enviada a Pierre Canchón haciéndole transferencia de la prisionera decía: «Sin embargo, es nuestra intención recuperar y encarcelar de nuevo a dicha Jttana, si no resultase culpable…» Las irregularidades del juicio comienzan por la jurisdicción de Beauvais, a la que ella no pertenecía. Además, un alto tribunal eclesiástico de Poitiers, presidido por el Arzobispo Regnault, la había absuelto un año antes, quedando libre de toda sospecha de tener tratos con el demonio, y era el mismo arzobispo el que daba fe de la piedad y la honradez de, la Doncella.

Después de cinco días de interrogatorio capcioso y solapado, las respuestas de Juana continuaron siendo claras y categóricas en apoyo de su inocencia. —¿Las santas que decís que se os aparecían, tenían cabellos? —Es un consuelo saber lo que tienen. —¿Iba San Miguel desnudo? —¿Creéis que Dios no tiene con qué vestirlo? —¿Hablaba Santa Margarita en inglés? —¿Por qué tenía que hablar en inglés st no está 4l latió de tos ingleses? La principal preocupación del tribunal perseguía obligar a Juana a declarar cuáles eran las revelaciones que había recibido de los santos y que sólo había confiado al Delfín Carlos. Cada vez que la interrogaban sobre el tema, ella respondía: —En Chinon y Poitiers uti trihnnal eclesiástico me examinó durante tres semanas. Pedid su atestado a Poitiers.

Con pertinacia Cauchon volvía a preguntarle sobre las voces que la Doncella debía haber escuchado y las respuestas no variaban: —¿Creen firmemente vuestros seguidores que os ha enviado Dios? —No sé si lo creen; id y preguntádselo.

En cuanto a mí, puedo aseguraros que es Dios quien me envía. El Domingo de Pasión, 18 de marzo de 1431, terminó la investigación privada y se leyeron 70 cargos contra Juana, entre los que había tergiversaciones de sus palabras y se hacía aparecer como demonios a los santos que ella invocaba como hablándoles en sus visiones. Se emplearon dos días en leer estas acusaciones, entre las que se incluían rumores, mentiras y falsedades: «Dicha acusada… ha ejecutado, compuesto y ordenado muchos hechizos y conjuros; ha sido divinizada, permitiendo que la adorasen y la venerasen; ha invocado demonios y espíritus malignos, los ha consultado y los ha frecuentado…»

Juana rechazó estas acusaciones, mantuvo su negativa, aunque fue llevada a la sala de los tormentos y amenazada de ser sometida al potro y las demás torturas que  eran habituales en la ¿poca y cometió un error que el obispo Canchón aprovecho cuando ella negó autoridad al tribunal que este presidía para llevar adelante el juicio.

Las setenta acusaciones quedaron reducidas a doce. Exhausta después de un año de prisión y de prolongados interrogatorios. Juana enfermó gravemente y los ingleses temieron que muriera sin ser ejecutada. Apenas repuesta, Cauchon preparó una escena digna de sus propósitos y obligó a Juana a acatar la autoridad de la Iglesia y a retractarse de sus anteriores declaraciones.

Con esto, Cauchon apaciguó a la Iglesia y a los soldados y al pueblo que todavía amaban a Juana, pero prosiguió en sus maquinaciones, haciéndola caer en perjurio, ya que los guardias le quitaron las ropas femeninas que había aceptado vestir, y le dejaron solamente ropas de hombre, que debió usar para cubrir su desnudez.

Condenada por este delito, fue entregada al «brazo secular», la justicia civil, y llevada a la hoguera el 30 de mayo de 1431, día en que murió pronunciando el nombre de Jesús, no sin antes decir que perdonaba a quienes le habían hecho daño, así como también pedía que la perdonaran.

Procesos Polemicos de la Historia Proceso a Jesus Poncio Pilatos

Procesos Polemicos de la Historia
Proceso a Jesús de Poncio Pilatos

PROCESO A JESÚS Jesús de Nazaret, hijo de José el carpintero y de María, nació probablemente entre los años 8 y 4 antes de Cristo, cuando el pueblo hebreo estaba sometido al dominio romano. La casa de Herodes reliaba en Judea, y a juicio de la mayoría de los historiadores de la época la administración estaba corrompida y eran los fariseos y los escribas los encargados de aplicar a ley mosaica.

Procesos Polemicos de la Historia Proceso a Jesus Poncio PilatosEl pueblo hebreo esperaba la llegada del Mesías, aquel elegido de Dios que junto con poner fin al dominio romano le volvería a los judíos su condición de privilegio asegurada en su acto con Jehová o Jahveh.

Alrededor del año 30 de la era cristiana, Juan el Bautista, un predicador ascético, conmovió a los senillos habitantes del valle del río Jordán, llamando al arrepentimiento por los pecados cometidos anunciando la próxima llegada el Mesías.

Entre los numerosos bautizados, se contó su primo Jesús de Nazaret, quien luego de la ceremonia se retiró a la meditación, iniciando poco después su misión de tres años. Sus poderes extraordinarios, su lenguaje senillo y sus hermosas parábolas, sin  pedantería de los doctores de la y, atrajeron a grandes multitudes alrededor suyo.

Viviendo de acuerdo con los principios de humildad, pobreza y virtud que predicaba, enunciando con valentía la hipocresía de los fariseos y los escribas, uniéndose a los pobres y a los oprimidos, tuvo junto a él a la gran mayoría del pueblo hebreo. Al finalizar el tercer año de su prédica, Jesús fue con sus discípulos a Jerusalén para asistir a la fiesta de la Dedicación, que corresponde a la independencia de Israel.

Su entrada a la gran ciudad constituyó una expresión multitudinaria de afecto popular, que no dejó de alarmar a Herodes, a los fariseos y a los escribas. Su arresto de indignación cuando expulsó a los mercaderes del Templo fue la gota de agua que colmó a la camarilla judía gobernante y se tomó la decisión de eliminar a este hombre demasiado peligroso, demasiado popular y con características de líder. Los sacerdotes sobornaron a uno de los discípulos de Jesús, el príncipe Judas Iscariote, para que facilitara el arresto del Maestro, sin que se diera ocasión a una resistencia de parte de sus seguidores.

La noche del arresto Jesús había cenado con sus discípulos y, según los Evangelios, anunciado cuanto le ocurriría en las próximas 72 horas. Retirado en el huerto deGetsemaní, donde estaba orando, fue rodeado por tropas romanas y Judas cumplió su misión de indicar a los legionarios cuál era el hombre a quien debían conducir prisionero.

El juicio tuvo lugar en la casa de Caifas, jefe del sanedrín, la corte eclesiástica que imponía el respeto a las leyes judías y el castigo de sus ofensores. Sometido a interrogatorio, se proclamó el Mesías e Hijo de Dios, lo que constituía el deliro de blasfemia, castigado con la pena de muerte.

Sin embargo, el dominio romano impedía a los judíos aplicar esta sanción extrema y sólo podía hacerse con el beneplácito del gobernador , que en esa época era el cónsul Poncio Pilato. Los acusadores tergiversaron las expresiones de Jesús y alarmaron a Pilato, señalando que aquél se había proclamado Rey de los Judíos y también el Mesías, por lo que era culpable del delito de traición a Roma, y por lo tanto debía ser sentenciado a morir.

Pilato tuvo vacilaciones, porque según su criterio no encontró culpa alguna en el predicador y tomó la decisión de dejarlo en libertad. Mientras meditaba, los sacerdotes habían realizado una intensa campaña de difamación, logrando volcar en favor del sanedrín a centenares de personas que antes siguieron a Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén.

La multitud vociferaba en la calle frente a la mansión consular pidiendo la muerte de Jesús y esto pesó finalmente en la decisión de Pilato, quien, temeroso de provocar una explosión de ira popular, cedió a las instancias de los sacerdotes y autorizó el ajusticiamiento del predicador de Nazaret, el que murió crucificado junto a dos ladrones en la cima del pequeño monte llamado Gólgota, en las afueras de Jerusalén.

AVANCE DEL CRISTIANISMO A la muerte de Jesús de Nazaret sus discípulos prosiguieron la misión de dar a conocer sus enseñanzas y viajaron a distintos lugares del Asia y de Europa, dando una formación orgánica a las nuevas colectividades cristianas fundadas por ellos. De esta manera la influencia del pensamiento cristiano comenzó a extenderse primero a las capas sociales más bajas y luego a la clase media, hasta convertirse en idea dominante, especialmente en Roma, cuyo Imperio vivía su apogeo.

No obstante este aparente éxito inicial, el cristianismo debió enfrentar varias persecuciones que significaron la muerte violenta para millares de ellos. Entre estos mártires se contaron Simón, llamado Pedro, y Saulo, comerciante judío, fabricante de tiendas y ciudadano de Roma, llamado Pablo.

Durante los 14 años del reinado de Claudio César Nerón entre los años 54 y 68 de nuestra era, el cristianismo había crecido considerablemente dentro de los límites del Imperio y su desarrollo preocupó a las castas dirigentes al extremo de ocurrir la primera de las persecuciones, iniciada poco después del incendio de Roma. Históricamente no se ha probado aún la culpabilidad de Nerón en este incendio, pero sí se sabe que una de las consecuencias más graves fue la sangrienta represión contra los cristianos. Los historiadores católicos señalan que Pedro fue víctima de esta represión y que murió crucificado cabeza abajo en la colina del Vaticano, el mismo día en que fue decapitado Pablo, también víctima de la represión.

Éstos mismos historiadores sostienen que las persecuciones desatadas por el Estado romano no tenían base jurídica alguna, ya que el derecho civil romano, según estas fuentes, estaba altamente perfeccionado, no así el derecho penal, que estaba… plagado de imperfecciones y «por consiguiente no hay razón para extrañarse para que en este estado de derecho, tan bien ordenado en apariencia, ocurrieran en materia penal arbitrariedades e incluso actos de inhumana crueldad».

También rechazan las razones políticas que algunos investigadores quieren atribuir a estas persecuciones y sostienen que hubo más que nada odio contra la religión y la Iglesia; la hostilidad de los judíos contra los cristianos, que en Esmirna, por ejemplo, en el año 156, impulsaron desde las sinagogas una campaña anticristiana que terminó en otra carnicería.

A pesar de que se ha sindicado a Nerón como el iniciador de la persecución de los cristianos, antes de su reinado habían sido ajusticiados el diácono Esteban y el apóstol Santiago. Administrativamente se cree que Nerón no dictó ley alguna contra los cristianos, sino que debió dar una instrucción a los tribunales en el sentido de que los cristianos «tenían que ser considerados como delincuentes notorios».

Aunque Constantino, llamado el Grande, permitió la legalidad del cristianismo dentro de su Imperio (año 313) mediante la dictación del Edicto de Milán, el emperador aceptó el bautismo y se unió a esta fe sólo en su lecho de muerte. Posteriormente, Justiniano, al codificar el derecho romano, sentó las bases jurídicas de la futura legislación sobre materias de procedimiento civil y penal. Hecho curioso, estas disposiciones consideraban legítimo el tormento para hacer confesar al acusado, quien a menudo moría en manos del verdugo, víctima de las atrocidades a que era sometido.

Proceso por herejia Huss Procesos Polemicos de la Iglesia

Proceso por Herejía Jan Huss

LA EDAD MEDIA: Para los filósofos y legisladores medievales, el problema del derecho, en medio de profundas preocupaciones metafísicas y morales, aparecía como una ley natural de inspiración divina. San Agustín afirmaba que «el derecho como creación necesaria para el ordenamiento del Estado es también un producto de la miseria del hombre destituido por el pecado».

Es así como en Europa hasta 1215 no existen otros procedimientos penales que no sean los inspirados en una fuente divina que entregaba a la Iglesia el juicio de los pecados y a los tribunales civiles el de los crímenes, aunque muchas veces pecado podía significar crimen ante los ojos de los sacerdotes demasiado celosos de sus atribuciones y deberes. En Inglaterra los señores feudales exigieron al rey Juan, llamado Sin Tierra, que suscribiera un acta en la que se comprometía a respetar los derechos de los barones.

Esta acta, conocida como Carta Magna, disponía medidas que protegían la libertad de la Iglesia y las tradiciones de los pueblos, los derechos de los súbditos y de las comunas y otras expresiones que más tarde fueron estimadas como garantías de juicios por jurados y del derecho de «habeas corpas» (del latín: «tengas tu cuerpo», que es una orden de un juez a una persona que detiene a otra; manda que la persona bajo arresto o custodia sea enviada en un plazo determinado a un lugar preciso con un objeto especificado, conocida en algunos países como «recurso de amparo»).

Proceso por herejia Huss Procesos Polemicos de la IglesiaPero la Iglesia católica continuó administrando justicia en materias de fe, y en 1415 tuvo lugar el proceso por herejía contra Jan Huss, sacerdote de irreprochable conducta, nacionalista checo, profesor de teología de la Universidad de Praga y más tarde su rector, con el apoyo de la reina Sofía y del Emperador Wenceslao, de Bohemia. Además Huss tuvo para la creación de un lenguaje literario checo la misma importancia que alcanzó más tarde Martín Lutero en la literatura alemana.

En 1409 modificó los estatutos de la Universidad de Praga, dando mayor importancia a los elementos checos, lo que contó con el apoyo de los monarcas, pero al mismo tiempo significó un éxodo en masa de los estudiantes alemanes, que con los profesores de su misma nacionalidad se establecieron en Leipzig.

Huss entró en conflicto con su arzobispo a raíz de algunas teorías suyas que fueron consideradas como herejía y fue excomulgado. Citado a comparecer ante el Concilio de Constanza, viajó premunido de un salvoconducto del Emperador Segismundo, de Alemania, precisamente en los momentos en que el «gran cisma de Occidente» entraba a su etapa decisiva, que mantendría dividida a la Iglesia por espacio de 39 años.

Tres Papas se disputaban el mejor derecho a ocupar la silla de San Pedro: Benedicto XIII, Papa de Aviñón, con el apoyo de España, Portugal y Escocia; Gregorio XII, defendido por el rey de Alemania, Roberto del Palatinado, el rey Ladislao de Napóles y parte de Italia, y el Cardenal Baltasar Cossa, designado Papa por Alejandro V, con el nombre de Juan XXIII. Estos dos últimos Papas, Alejandro V y Juan XXIII, fueron borrados del Anuario Pontificio recién en 1947.

En medio de la efervescencia que reinaba en el Concilio, surgió la idea de que éste era el organismo de mayor poder dentro de la Iglesia y una de las maneras de demostrarlo estaría en condenar a un hereje a la pena mayor. En este ambiente hizo su entrada al Concilio el reformador checo Jan Huss, acusado de herejía, y con entereza se negó a retractarse, siendo condenado a morir en la hoguera.

La reacción de Bohemia fue violenta y hubo ataques contra la Iglesia tanto del pueblo como de los monarcas. El tribunal secular encargado de hacer cumplir la sentencia no tomó en consideración el salvoconducto y Jan Huss terminó su vida en la hoguera el 6 de julio de 1415.

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia Justicia

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia

SAVONAROLA EL REFORMADOR Los enemigos de Jerónimo Savonarola, sacerdote dominico de 46 años,«consiguieron hacerlo encarcelar y se le instruyó un proceso en el que se pisotearon todas las normas de la justicia y la equidad», dice la «Historia de la Iglesia», de Ludwig Hertling, publicada con autorización eclesiástica.

Savonarola se había ganado la enemistad de un vasto sector de los habitantes de Florencia por su oratoria encendida contra la corrupción de la Iglesia y del clero bajo el reinado del Papa Alejandro VI.

Sus prédicas dividieron a los florentinos en dos bandos, triunfando durante un tiempo los partidarios de Savonarola cuando, con la ayuda del rey Carlos VIII de Francia expulsaron a los Medicis y establecieron en la ciudad una especie de república democrática, elevando el nivel moral de las costumbres.

El sacerdote prosiguió su campaña contra e! Papa y su política, recibiendo como primera advertencia una citación ante el Vaticano, pero Savonarola no acudió, y el Papa le prohibió predicar, lanzando a la campaña a otros sacerdotes que lo apoyaban.

En 1497 el Papa lo excomulgó por «desobediencia contumaz» y Savonarola declaró inválida esta medida y comenzó a pedir la celebración de un concilio para deponer a Alejandro VI.

Las discrepancias llegaron a tal extremo que Savonarola, que se consideraba un enviado de Dios, pidió someterse a la prueba del fuego y un franciscano que hasta el momento se había mantenido alejado de la disputa decidió representar al bando contrario, ofreciéndose a participar en la prueba.

El pueblo se apasionó con el desafío y el día de la prueba advirtió con ira que otro sacerdote representaba a Savonarola, produciéndose un estallido en su contra que terminó por decidir a sus adversarios para someterlo a juicio y ahorcado finalmente junto a otros dos dominicos.

El cuerpo de Savonarola fue quemado públicamente. Otro proceso por herejía seguido en esta misma época fue el que afectó a William Tyndale (Tindal), un reformador inglés muerto en 1536 en Bruselas.

Uno de sus principales pecados fue el de haber traducido al inglés los libros del Nuevo Testamento, que para los obispos británicos representó tal gravedad que pidieron su excomunión. Tyndale buscó refugio en Europa continental, donde conoció a Lutero, sumándose a los numerosos reformistas que combatían los excesos del clero.

La persecución se hizo entonces más encarnizada, hasta que fue apresado, y luego de un proceso muy sumario, condenado a morir por ser culpable de herejía.

OTROS CASOS: El  caso inusitado de Sir Walter Raleigh, estadista y escritor inglés nacido alrededor de 1552 y decapitado en 1618, reviste todos los caracteres de un drama moderno.

Protegido de la Reina Isabel, por apoyarla se vio envuelto en una rivalidad con el poderoso conde de Essex, por lo que buscó en los viajes a América una actividad menos peligrosa. De esos viajes. Inglaterra y luego Europa conocieron la papa y el tabaco, ambos originarios de América y cuyo consumo fue impulsado por Sir Walter.

Al asumir el trono de Inglaterra Jacobo I, Sir Walter fue sometido a proceso por traición y sin que hubiera pruebas en su contra, se le condenó a ser encerrado en una torre, pero puesto en libertad en 1616 hizo otro viaje al Orinoco y seguro de que todo había pasado, regresó a Inglaterra.

Al desembarcar en Londres fue apresado y decapitado, teniendo como base la anterior acusación y condena por traición.

Galileo Galilei fue sometido a proceso por la Inquisición bajo el reinado del Papa Urbano VIII, cuando en 1632, en su «Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo», confirmó los principios de Copérnico, estableciendo que la Tierra gira alrededor del Sol. Galileo, célebre astrónomo, matemático y físico, constructor del primer telescopio astronómico, en 1609 fue procesado sólo cuando en sus planteamientos lesionó la autoridad de las Sagradas Escrituras.

Ahí la autoridad eclesiástica intervino y lo obligó a retractarse, aun cuando él mantuvo inalterablemente lo que había señalado. Hasta entonces, los teólogos no habían hecho mayores objeciones a las teorías de Copérnico. De este proceso se arrepintió la Iglesia y sirvió para que, posteriormente, se hicieran a la Inquisición críticas severas y muchos se burlaran de la actitud asumida por ella en el caso de Galileo Galilei.

Desde comienzos del siglo XVI, la administración de justicia comienza a pasar de la Iglesia y de los reyes a tribunales civiles, los que se regirán en adelante por códigos que irán perfeccionándose en la medida en que la humanidad avance hacia metas de ecuanimidad cada vez más altas.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo Yo Acuso de Zola

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo-«Yo Acuso» de Zola-

Vistiendo el uniforme de capitán del ejército de Francia, con el cabello encanecido y un poco agobiado, sin por ello perder su apostura, se encamina hacia el cuadrángulo de la Escuela Militar un ex prisionero de la Isla del Diablo: Alfredo Dreyfus. Quisiera en esos momentos derramar una lágrima de alegría y de recuerdo para tantos amigos que ya no están a su lado. Pero la disciplina, el sentido del deber y la seguridad de ser el motivo de un acto trascendental para su patria, se lo impide. Y marcha sereno, casi rígido, hacia su rehabilitación. Basta un instante para que toda la triste historia que conmovió a Francia y al mundo, retorne a su mente.

El Caso Dreyfus Antisemistismo EuropeoCaso Dreyfus: El mayor escándalo de la historia de Francia terminó en 1906, cuando los tribunales civiles, anulando el fallo de los militares, dieron el veredicto final: Alfred Dreyfus no era culpable de traición.

El proceso de doce años conocido como el «Affaire Dreyfus» empezó en 1894 cuando una empleada de la embajada alemana en París encontró documentos militares franceses en un cesto.

Los investigadores del ejército concluyeron que el espía debía ser un oficial artillero y el joven capitán Dreyfus se erigía como el perfecto sospechoso: un judío, además de alsaciano. (Alsacia era una región franco-germana y sus habitantes eran a menudo sospechosos de simpatizar con Alemania.) El antisemitismo estaba extendido por toda Francia; acusando a un «extranjero», el ejército alejaba cualquier sospecha de sí mismo.

Con la prensa y el gobierno reclamando su sangre, Dreyfus fue procesado y condenado a cadena perpetua. Dos años después, un nuevo jefe del departamento de inteligencia francés descubrió una evidencia que implicaba a otro oficial, que luego fue despedido. El oficial implicado fue procesado, pero su absolución había sido pactada con anterioridad.

El espionaje francés descubrió que los alemanes habían recibido documentos secretos entregados por un militar francés; una torpe investigación llegó a la conclusión de que Dreyfus era el culpable (sin más indicios que un leve parecido caligráfico). Un consejo de guerra le condenó por traición, fue expulsado del ejército y enviado de por vida al presidio de la Isla del Diablo (Guayana).

Tras el juicio militar, el novelista Emile Zola, que se encontraba entre el pequeño grupo de defensores de Dreyfus, escribió uno de los artículos más famosos de la historia del periodismo, «J’accuse» («Yo acuso»), una carta abierta al presidente de Francia detallando todo lo que era falso en el caso Dreyfus. Zola fue condenado por difamación y desterrado a Inglaterra.

Cuando uno de los acusadores originales de Dreyfus se suicidó (tras confesar que había falsificado pruebas), el gobierno reabrió el caso. Increíblemente, Dreyfus fue hallado nuevamente culpable. El gobierno lo indultó pero él continuó luchando por su absolución, que consiguió siete años después en un tribunal civil.

El caso provocó un cambio perdurable en Francia. El rechazo popular por la persecución de Dreyftr desembocó en la separación de la Iglesia y el Estado en 1905 y facilitó el camino del gobierno a los partidos de izquierda franceses.

Fue en 1894. Alfredo Dreyfus, capitán de artillería, era un militar íntegro, que honraba a su país sirviéndolo en el Ministerio de Guerra. Una noche, cuando terminadas las tareas del día se entregaba al disfrute de los sencillos goces del hogar, una comisión llegó hasta su casa. Extrañado, preguntó de qué se trataba. No se lo dijeron, pero algo en el tono de quienes venían a arrestarlo, le puso en guardia. Un suceso muy grave debía haber ocurrido. Sin embargo, tenía la conciencia tranquila y al despedirse de su esposa que lloraba, la consoló diciendo: «Esto debe ser un error. . . pronto se aclarara». ¿De qué lo acusaban? Cuando lo supo, se sintió anonadado, como si un rayo hubiera caído a sus pies. Alta traición. La documentación reunida por el fiscal, tendía a demostrar que Dreyfus había entregado los planos del freno hidroneumático del obús de 120 mm. a una potencia extranjera, además de revelar detalles de la movilización de tropas destinadas a cubrir las fronteras.

YO ACUSO: Alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, dirigido por el escritor Emile Zola mediante una carta abierta al presidente de Francia, M. Felix Faure y publicada por el – Diario L’Aurore en Paris el 13 de enero de 1898 en su primera plana.

CARTA A M. FELIX FAURE: PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FRANCESA

Zola Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. Pero que mancha de cieno sobre vuestro nombre – iba a decir sobre vuestro reino – puede imprimir este abominable proceso Dreyfus!.

Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad. Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. Y a quien denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado del país?

– Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus.

Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Clam, entonces comandante. El representa por sí solo el asunto Dreyfus; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades.

Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciendose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas. El imaginó lo de dictarle a Dreyfus la nota sospechosa, el concibió la idea de observarlo en una habitación revestida de espejos, es a el a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Clam, encargado de instruir el proceso Dreyfus y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error judicial que se ha cometido.

La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Sandherr, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general. Hubo fugas, desaparecieron papeles (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un oficial del Estado mayor, y precisamente del cuerpo de artillería; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de un oficial de infantería.

Se procedió a un minucioso registro; examinándose las escrituras; aquello era como un asunto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Dreyfus, aparece el comandante Paty de Clam, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo. Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Mercier, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Boisdeffre, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gonse, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas. Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Clam, que a todos los maneja y hasta los hipnoptiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus. Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Dreyfus, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas… que denuncia tan cruel!.

Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.

El comandante Paty de Clam prende a Dreyfus y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Dreyfus y le infunde terror, previniéndola que, si habla su esposo esta perdido. Entre tanto, el desdichado se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor.

Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa denegación de justicia, que afecta profundamente a nuestra Francia. Quisiera hacer palpable como pudo ser posible el error judicial, como nació de las maquinaciones del comandante Paty de Clam y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que mas tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando mas, cedieran a las pasiones religiosas del medio y a prejuicios de sus investiduras. Y vayan siguiendo las torpezas!

Cuando aparece Dreyfus ante el Consejo de guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Alemania hasta Nuestra Señora de París, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.

Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos….. Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto?. No! Detrás de tanto misterio solo se hallan las imaginaciones románticas y dementes del comandante Paty de Clam. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la mas inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el acta de acusación leída ante el Consejo de guerra.

Ah! Cuanta vaciedad! Parece mentira que con semejante acta pudiese ser condenado un hombre. Dudo que las gentes honradas pudiesen leerlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufre la víctima en la Isla del Diablo.

Dreyfus conoce varias lenguas: crimen. En su casa no hallan papeles comprometedores; crimen. Algunas veces visita su país natal; crimen Es laborioso, tiene ansia de saber; crimen. Si no se turba; crimen. Todo crimen, siempre crimen… Y las ingenuidades de redacción, las formales aserciones en el vacío!. Nos habían hablado de catorce acusaciones y no aparece mas que una: la nota sospechosa. Es mas: averiguamos que los peritos no están de acuerdo y que uno de ellos, M. Gobert, fue atropellado militarmente porque se permitía opinar contra lo que se deseaba. Hablase también de veintitrés oficiales, cuyos testimonios pasarían contra Dreyfus. Desconocemos aún sus interrogatorios, pero lo cierto es que no todos lo acusaron, habiendo que añadir, además, que los veintitrés oficiales pertenecían a las oficinas del ministerio de la guerra. Se las arreglan entre ellos como si fuese un proceso de familia, fijaos bien en ello: el Estado Mayor lo hizo, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Así, pues, solo quedaba la nota sospechosa acerca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo. Se dice que, en el Consejo, los jueces iban ya, naturalmente a absolver al reo, y desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de un documento secreto, abrumador; el documento que no se puede publicar, que lo justifica todo y ante el cual todos debemos inclinarnos: el Dios invisible e incognoscible!. Ese documento no existe, lo niego con todas mis fuerzas. Un documento ridículo, si, tal vez el documento en que se habla de mujercillas y de un señor D… que se hace muy exigente, algún marido, sin duda, que juzgaba poco retribuidas las complacencias de su mujer!.

Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente, no, no!. Es una mentira, tanto mas odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla. Los que la fabricaron, conmueven el espíritu francés y se ocultan detrás de una legítima emoción; hacen enmudecer las bocas, angustiando los corazones y pervirtiendo las almas. No conozco en la historia un crimen cívico de tal magnitud!.

He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran como pudo cometerse un error judicial. Y las pruebas morales, como la posición social de Dreyfus, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones del medio clerical en que se movía, y del odio a los puercos judíos que deshonran nuestra época.

Y llegamos al asunto Esterhazy. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

No historiaré las primeras dudas y la final convicción de M. Scheurer-Kestner. Pero mientras el rebuscaba por su parte, acontecían hechos de importancia en el Estado Mayor. Murió el coronel Sandherr y sucedióle como jefe del Negociado de informaciones, el teniente coronel Picquart, quien por esta causa, en ejercicio de sus funciones, tuvo un día ocasión de ver una carta telegrama dirigida al comandante Esterhazy por un agente de una potencia extranjera.

Era su deber abrir una información y no lo hizo sin consultar con sus jefes, el general Gonse y el general Boisdeffre y luego con el general Billot, que había sucedido al de la Guerra. El famoso expediente Picquart, de que tanto se ha hablado, no fue más que el expediente Billot, es decir, el expediente instruido por un subordinado cumpliendo las ordenes del ministro, expediente que debe existir aún en el ministerio de la Guerra. Las investigaciones duraron de mayo a setiembre de 1896, y es preciso decir bien alto que el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy y que los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la célebre nota sospechosa fuera de Esterhazy.

El informe del teniente coronel Picquart había conducido a esta prueba cierta. Pero el sobresalto de todos era grande, porque la condena de Esterhazy obligaba inevitablemente a la revisión del proceso Dreyfus; y el Estado Mayor a ningún precio quería desautorizarse.

Debió haber un momento psicológico de angustia suprema entre todos los que intervinieron en el asunto; pero es preciso notar que, habiendo llegado al ministerio el general Billot, después de la sentencia dictada contra Dreyfus, no estaba comprometido en el error y podía esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atrevió, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que habían incurrido los generales Boisdeffre y Gonse y todo el Estado Mayor. Fue un combate librado entre su conciencia de hombre y todo lo que suponía el buen nombre militar. Pero luego acabó por comprometerse, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se hace tan culpable como ellos; es mas culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. Comprended esto! Hace un año que los generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo la inocencia de Dreyfus, guardan para si esta espantosa verdad. Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!. 

El coronel Picquart había cumplido sus deberes de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en nombre de la justicia, suplicandoles, diciéndoles que sus tardanzas eran evidentes ante la terrible tormenta que se les venía encima, para estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Moinseur Scheurer-Kestner rogó también al general Billot que por el patriotismo activara el asunto antes de que se convirtiera en desastre nacional.

No! El crimen estaba cometido y el Estado Mayor no podía ser culpable de ello. Por eso, el teniente coronel Picquart fue nombrado para una comisión que lo apartaba del ministerio, y poco a poco fueron alejándose hasta el ejército expedicionario de Africa, donde quisieron honrar un día su bravura, encargándole una misión que le hubiera la vida en los mismos parajes donde el marques de Mopres encontró la muerte. Pero no había caído aún en desgracia; el general Gonse mantenía con el una correspondencia muy amistosa. Su desdicha era conocer un secreto de los que no debieran conocerse jamás.

En París la verdad se abría camino, y sabemos ya de que modo la tormenta estalló. M.Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como verdadero autor de la nota sospechosa; mientras M.Scheurer-Kestner depositaba entre las manos del guardasellos una solicitud pidiendo la revisión del proceso. Desde ese punto el comandante Esterhazy entre en juego.

Testimonios autorizados lo muestran como loco, dispuesto al suicidio, a la fuga. Luego, todo cambia, y sorprende con la violencia de su audaz actitud. había recibido refuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de sus enemigos; una dama misteriosa que se molesta en salir de noche para devolver un documento que había sido robado de las oficinas militares y que le interesaba conservar para su salvación. Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil imaginación del teniente coronel Paty de Clam. Su obra, la condenación de Dreyfus, peligraba, y sin duda quiso defender su obra.

La revisión del proceso era el desquiciamiento de su novela folletisnesca, tan extravagante como trágica, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla del Diablo. Y esto no podía consentirlo. Así comienza el duelo entre el teniente coronel Picquart, a cara descubierta, y el teniente coronel Paty de Clam, enmascarado. Pronto se hallaran los dos ante la justicia civil. En el fondo no hay más que una cosa: el Estado Mayor defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación aumenta de hora en hora.

Se ha preguntado con estupor cuales eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot. obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público.

Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. Oh justicia! Que triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabrico la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, Dios mío!, por que motivo? Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. Estar pagado por los judíos?. Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce, señor Presidente de la república, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de guerra. Como se pudo suponer que un Consejo de guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de guerra?

Aparte la fácil elección de los jueces , la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, queréis que un Consejo de guerra se determine a desmentirlo formalmente?. Jerárquicamente no es posible tal cosa.

El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: «Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente».

Y dieron el inicuo fallo que pesará siempre sobre nuestros Consejos de Guerra, que hará en adelante sospechosas todas sus deliberaciones. El primer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero el segundo ha mentido.

El jefe supremo había declarado la cosa juzgada inatacable, santa, superior a los hombres, y ninguno se atrevió a decir lo contrario. Se nos habla del honor del ejército; se nos induce a respetarlo y amarlo. Cierto que si; el ejército que se alzara en cuanto se nos dirija la menor amenaza, que defenderá el territorio francés, lo forma todo el pueblo, y solo tenemos para el ternura y veneración. Pero ahora no se trata del ejército, cuya dignidad justamente mantenemos en el ansia de justicia que nos devora; se trata del sable, del señor que nos darán acaso mañana. Y besar devotamente la empuñadura del sable del ídolo. No,eso no!.

Por lo demás queda demostrado que el proceso Dreyfus no era mas que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes.

Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable. Por esto las oficinas militares, usando todos los medios que les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus influencias, defienden a Esterhazy para hundir de nuevo a Dreyfus. Ah!, que gran barrido debe hacer el Gobierno republicano en esa cueva jesuítica (frase del mismo general Billot).

Cuando vendrá el ministerio verdaderamente fuerte y patriota, que se atreva de una vez a refundirlo, y renovarlo todo?. Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, porque saben en que manos esta la defensa nacional! En que albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha convertido el sagrado asilo donde se decide la suerte de la patria!. Espanta la terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto Dreyfus; el sacrificio humano de un infeliz, de un puerco judío. Ah! se han agitado allí la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen mas apoyarse con la persona inmunda, dejarse defender por todos los bribones de París, de manera que los bribones triunfen insolentemente, derrotando el derecho y la probidad. Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas, mientras los canallas urden impunemente el error que tratan de imponer al mundo entero. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer del sable un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

!Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas!. Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kestner, y lo creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente el día de la interpelación en el Senado, desembarazandose de su carga, para derribarlo todo de una vez. Creyó que la verdad brilla por si sola, que se lo tendría por honrado y leal, y esta confianza lo ha castigado cruelmente. Lo mismo le ocurre al teniente coronel Picquart que, por un sentimiento de dignidad elevada, no ha querido publicar las cartas del general Gonse; escrúpulos que lo honran de tal modo que, mientras permanecía respetuoso y disciplinado, sus jefes lo hicieron cubrir de lodo instruyendole un proceso de la manera mas desusada y ultrajante. Hay, pues, dos víctimas; dos hombres honrados y leales, dos corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras el diablo hacia de las suyas. Y hasta hemos visto contra el teniente coronel Picquart este acto innoble: un tribunal francés consentir que se acusara públicamente a un testigo y cerrar los ojos cuando el testigo se presentaba para explicar y defenderse. Afirmo que esto es un crimen mas, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla. Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto mas duramente se oprime la verdad, mas fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante – quiero suponer inconsciente – del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables.

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de una ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L’Eclair y en L’Echo de París una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es mas que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Solo un sentimiento me mueve, solo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es mas que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

EMILE ZOLA

París, enero 13 de 1898.

Dreyfus

Dreyfus ya reintegrado como militar

Luego de varios años, su hermano Mateo reunió algunos elementos de prueba en su favor, logrando que el senador Scheurer Kestner tomara su defensa. En un célebre debate trascendió que el teniente coronel Picquart había ocultado importantes documentos que demostraban que el verdadero culpable era el comandante de infantería Esterhazy. El reclamo de la opinión pública obligó al procesamiento de ese militar, pero el tribunal lo declaró inocente. Todoparecía perdido, cuando Emilio Zola publico su celebre «J´ accuse» que repercutió hondamente en Francia. Una tentativa para procesar al escritor sólo sirvió para echar nuevas luces ante una opinión pública intensamente agitada.

PARA SABER MAS…
LA CONSPIRACIÓN JUDEO MASÓNICA

Regímenes de ideologías muy diversas ayudaron a crear el mito de una conspiración de judíos y masones -a los que muchas veces se añadía a los comunistas- para dominar el mundo. La supuesta alianza secreta de los seguidores de dichas doctrinas e ideologías ha sido utilizada, sin argumentos mínimamente sólidos, en la Francia de fin de siglo XIX, con el estallido del caso Dreyfus en Francia (1894) -un ejemplo de antisemitismo de manual-, en la Rusia zarista, con la publicación en 1903 de los Protocolos de los Sabios de Sión -un panfleto plagiado de un activista antimasón francés y lanzado por el gobierno de los zares para desacreditar de un solo golpe a judíos, masones y comunistas-, en la Rusia postsoviética de Vladimir Zhirinovski

y su movimiento ultra, antisemita y anticomunista, cuyo único nexo con el antiguo aparato soviético era su aversión a los masones, y en la España del dictador Francisco Franco, que dirigió una cruzada «contra el complot judeoma-sónico y la subversión comunista-terrorista». Usualmente, Franco manifestaba en sus discursos un odio especial a la masonería, a la que aparentemente habría intentado ingresar sin lograrlo.

Grandes Enigmas de la Historia Fasc. N°4 Las Logias Masónicas

Biografia de Juana de Arco Historia ¿Por Que Oia Voces?

Biografía de Juana de Arco

SINTESIS BIOGRAFICA: Juana de Arco (1412-1431) es la heroína nacional y santa patrona de Francia. En un momento crítico, su llamado unió a la nación, io que permitió un giro decisivo, favorable a Francia, en la Guerra de los Cien Años que enfrentó a su país con Inglaterra entre 1337 y 1453.

De familia campesina, cuando tenía trece años creyó haber oído, repetidamente, la voz de Dios. En otras oportunidades aseguró haber visto a san Miguel y a las primeras mártires santa Catalina de Alejandría y santa Margarita, cuyas voces la acompañarían durante el resto de su vida.

A principios de 1429, cuando los ingleses estaban cerca de tomar Orleans, lo que facilitaría su intención de coronar un rey inglés en Francia, las voces la exhortaron a ayudar al Delfín, que más tarde sería el rey de Francia Carlos VII. Juana lo convenció de que ella era portadora de una misión divina, la de salvar a Francia. Con el respaldo de un grupo de teólogos, se le concedió el mando de tropas. Juana dirigió al ejército francés en la batalla de Patay, un triunfo decisivo, y liberó Orleans.

Sin embargo, poco después se enfrentó con su rey, que no quería continuar la lucha contra Inglaterra. Por ese motivo fue capturada por soldados de Borgoña, quienes la entregaron a sus aliados ingleses para someterla a un tribunal eclesiástico en Ruán que la juzgó por cargos de herejía —por su creencia de que era directamente responsable ante Dios y no ante la Iglesia católica—, maldad, por vestir ropas masculinas y brujería, y la condenó a muerte.

Como Juana confesó y se arrepintió de sus errores, la sentencia fue conmutada a cadena perpetua. Cuando regresó a la prisión volvió a vestir como hombre, por lo que fue nuevamente condenada por relapsa (herética reincidente).

Murió el 30 de mayo de 1431, quemada en la hoguera en la plaza de Ruán, cuando aún no había cumplido veinte años.

Cuando todo hacía prever la total caída del territorio francés en manos de los ingleses, surgió una figura extraordinaria: Juana de Arco.

Fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto XV. Su fiesta se celebra el 30 de mayo, día de su ejecución.

Aquel exceso de miserias había despertado el patriotismo JUANA DE ARCO de los franceses. Por todo el reino empezaba a manifestarse un odio violento contra los ingleses. El sentimiento patriótico, apenas nacido, encontró su más sublime expresión en una joven llamada Juana de Arco.

HISTORIA DE JUANA EN FRANCIA: Había nacido el 6 de enero de 1412 en Domrémy-les-Greux, lugar situado en el límite de la Campaña y la Lorena. Era la tercera hija de un matrimonio de labradores acomodados. Hacia los trece años de edad comenzó a tener visiones deslumbradoras, en las que oía voces divinas que le aconsejaban fuese buena y piadosa, puesto que era la elegida para «salvar a Francia y hacer consagrar al Delfín» (Carlos VII).

Juana tenía trece años, cuando oyó una VOZ que le decía «Sé buena y prudente y ve a menudo a la iglesia«.

Después tuvo varias visiones vió, en medio de un gran resplandor, primero al arcángel San Miguel; más tarde a Santa Margarita y a Santa Catalina. El arcángel le habló « de la gran piedad que había en el reino de Francia » y le dió orden de ir a Francia.

Las visiones fueron cada vez más frecuentes y las órdenes cada vez más apremiantes. En la época en que Orleáns estaba sitiado, el arcángel y las Santas le ordenaron marchar.

El 10 de mayo de 1428 presentóse al señor de Baudricourt, capitán de las fuerzas que guarnecían Vaucouleurs, quien no hizo el menor caso de las palabras de Juana, considerándolas fruto de «folies de fillette» (locuras de chiquilla).

Por segunda vez Juana compareció ante Baudricourt diciéndole: -«Mi Señor, a quien pertenece el reino de Francia, me ha ordenado que llegue hasta el Delfín para que lo haga consagrar y ser rey, a despecho de sus enemigos.»

Después de muchas vicisitudes pudo comparecer ante el delfín Carlos VII. Se la introdujo de noche en un gran salón iluminado con antorchas y en el que se hallaban congregadas multitud de personas. Entre ellas y ataviado con la mayor sencillez se hallaba el incrédulo Carlos VII. Juana, que jamás había visto al Delfín, se adentró entre los grupos de caballeros y doblando la rodilla ante el príncipe exclamó:

-«Dios os dé buena vida, gentil Delfín. En nombre de Dios os pido me deis gente armada y obligaré a los ingleses a levantar el sitio de Orleans y os llevaré a coronar en Reims, pues es voluntad divina que los ingleses se vayan a su país y que vos seáis rey de Francia.»

Las palabras de Juana de Arco se cumplieron. En once días obligó a levantar el sitio de Orleans. La noticia despertó en toda Francia oleadas de entusiasmo y en señal de júbilo fueron encendidas hogueras en las cumbres de las montañas.

Guerra de los Cien Años: Biografia de Juana de Arco Proceso IglesiaInmediatamente de levantado el sitio de Orleáns, Juana quiso conducir a Carlos (imagen izquierda) a Reims para hacerlo consagrar. Carlos, mal aconsejado, vaciló casi dos meses, y solamente cuando Juana obtuvo la brillante victoria de Patay el 18 de junio contra Talbot, uno de los más célebres jefes ingleses, fué cuando se decidió a hacer el viaje. Aunque el país entre el Loira y Reims, estaba en manos de los borgoñones, después de haber tomado a Troyes al paso, Carlos entraba el 16 de julio en Reims, y el domingo 17 de julio era consagrado en la iglesia catedral. Ya sabemos cuán grande era la importancia política y religiosa de esa ceremonia. En adelante, Carlos era indiscutiblemente como se lo decía Juana, « verdadero rey a quien debía pertenecer el reino de Francia. »

Después, las victorias se sucedieron sin interrupción: en Patay fue derrotado un cuerpo de ejército inglés, los franceses recuperaron las ciudades de Gien, Auxerre, Troyes, Chalons… Carlos VII fue ungido y coronado rey en la catedral de Reims y durante la ceremonia Juana estaba de pie, cerca del altar, con su estandarte blanco, bordado con lises de oro y en el que campeaban los nombres de Jesús y María.

Hubiera sido necesario marchar inmediatamente sobre Paris y aprovechar el desconcierto que la maravillosa audacia de Juana de Arco habla causado a los ingleses y a sus partidarios; no obstante, a pesar de la opinión de la heroína se retardó la marcha, y el ataque de París no se efectuó sino el 8 de septiembre. Juana fué herida frente a la puerta de San Honorato cuyas fortificaciones avanzadas había tomado ya.

A la fuerza, hicieron que se retirara del combate, y, a pesar de sus ruegos, no la permitieron al día siguiente hacer de nuevo una tentativa cuyo buen éxito hubiera sido cierto. Esta fue, otra vez, obra de los favoritos de Carlos VII, que temían la influencia que Juana y sus compañeros de victoria pudieran ejercer sobre el rey, y que estaban celosos de su gloria.

Las victorias continuaron, pero las intrigas y envidias se alzaron en torno de Juana; el rey, que era desconfiado, sombrío y melancólico, dejó pasar en completa inacción todo aquel invierno. Juana de Arco, deseosa de acabar con los ingleses, marchó al sitio de Compiegne en el que fue hecha prisionera. Los ingleses celebraron la prisión de la doncella con un solemne Te Deum.

Mientras tanto, Carlos VII, faltando al honor y al agradecimiento, abandonó por completo a su salvadora, vendida por Juan de Luxemburgo a los ingleses en 135.000 francos.

Los ingleses buscaron enseguida los medios de atribuirle un proceso. No les bastaba tenerla en prisión, era preciso acabar con su prestigio; y puesto que ella había  anunciado que Dios quería limpiar de ingleses a Francia, era necesario probar que no era enviada de Dios, demostrar que su misión era una impostura y sus voces y visiones obras diabólicas. Del mismo golpe quebrantarían la confianza que los franceses tenían en lvictoria final y deshonrarían al rey Carlos, que se había  asociado a una hija de Satanás.

Los ingleses encontraron un cómplice en el obispo de Beauvais Pedro Cauchón, una de las figuras más repugnantes e infames de la historia. El proceso fue una escandalosa parodia de la justicia «Vosotros escribís todo lo que hay contra mi, decía un día Juana a sus jueces, pero no queréis escribir lo que hay en favor mío.«

El obispo Cauchon, afiliado al partido inglés, hizo incoar proceso eclesiástico contra Juana. Los interrogatorios duraron largos meses. El texto de aquel proceso, que todavía se conserva, demuestra la serie continuada de maquinaciones puestas en juego para condenarla. Fue sentenciada a muerte en la hoguera por «herética, relapsa, apóstata e idólatra».

El proceso que duró cuatro meses, fue una larga pasión; Juana estaba encerrada en un calabozo, con grillos en los pies todo el día, y por la noche atada a un poste con una gruesa cadena. Sus jueces la interrogaban durante largas horas, a veces tres horas por la mañana y tres por la tarde, haciéndole preguntas capciosas y tendiéndole lazos que su robusto buen sentido y la sencillez de su alma y de su fe le permitieron esquivar siempre.

El día 30 de mayo de 1431, Juana de Arco fue sacada de la cárcel para ser quemada en la Plaza del Mercado Viejo de la ciudad de Ruan. La pira era más alta que de costumbre a fin de prolongar los tormentos, cosa que al propio verdugo pareció muy mal.

Cuando le anunciaron que le había llegado la hora de morir y que iba a perecer en la hoguera, aquella niña de diez y nueve años tuvo un instante de desesperación. Se puso a gritar doloridamente y a mesarse los cabellos. Pero cuando llegó al sitio del suplicio recobró su entereza y su heroísmo. Proclamó de nuevo, a la faz de los ingleses exasperados, que las voces que oyó y las visiones que tuvo eran de Dios.

Pidió una cruz, que fueron a buscar a la iglesia inmediata, y rogó que la tuvieran alzada para poder verla. Cuando las llamas empezaron a subir, invocó de nuevo a sus santas y a San Miguel: expiró pronunciando dulcemente el nombre de Jesús. Los ingleses hicieron arrojar sus cenizas al Sena.

Cuando las llamas rodearon su cuerpo, después de haber besado con gran fervor y repetidamente el crucifijo, exclamó: – ¡Jesús! ¡Jesús!… Éstas fueron sus últimas palabras. Juana tenía sólo 18 años. El cuerpo de la mártir quedó consumido por las llamas y sus cenizas fueron arrojadas al Sena.

Las victorias de Juana de Arco señalaron el fin de la dominación inglesa en Francia. El impulso que dió a la liberación de su patria fue tal que no acabó con su muerte y los ingleses fueron expulsados de Francia, en la que sólo conservaron el puerto de Calais. La Guerra de los Cien Años había terminado.

El mismo Carlos VII, al recobrar la ciudad de Ruan mandó revisar el proceso de Juana de Arco, que fue declarado injusto. Era lo menos que podía hacer. En nuestros días la «Doncella de Orleans» es venerada en los altares como Patrona de Francia.

Fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto XV. Su fiesta se celebra el 30 de mayo, día de su ejecución.

¿POR QUE OIA VOCES?:Veinticinco años después de su muerte, la Iglesia revisó su caso y la declaró inocente. Fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto XV. Hasta aquí, la historia. Pasemos ahora a revisar ciertas cuestiones: uno de los aspectos fundamentales de la historia de Juana de Arco es que oía voces, un rasgo que suele asociarse con los trastornos mentales.

Surge entonces la pregunta: ¿Juana de Arco fue una enferma mental?

Para responder esto es necesario ver más detalladamente la naturaleza de la psicosis y sus experiencias.

Juana de Arco decía oír voces que le hablaban, diciéndole que era una mujer especial y que tenía por delante una misión encomendada por Dios. No sabemos nada acerca de su conducta en ese momento, pero es posible que se halle implicado un elemento de euforia. Como Juana seguía convencida de que la voz provenía de Dios, hacía según le dictaba la voz, y se comportaba de manera tan obsesiva como eficiente, logrando obtener triunfos en el campo de batalla. ¿Cómo encajan estos rasgos con la enfermedad mental?.

La esquizofrenia se caracteriza por la desintegración de la personalidad.

Las voces suelen hablar en tomo a la persona afectada, y son voces persecutorias. El enfermo podrá pensar que es una persona especial o que ha sido elegido para una misión, pero los efectos en la motivación suelen ser negativos. A largo plazo, el paciente se recuperará y verá sus experiencias como alucinaciones, o el mal puede recrudecer hasta un estado de verdadera incapacidad. Las ilusiones rara vez persisten en una personalidad intacta, e incluso en ese caso la tensión provocaría una recaída más severa.

La psicosis maníaca depresiva es básicamente un trastorno de la conducta. Podemos dejar de lado la depresión, pero ¿es posible que Juana de Arco haya sido una maníaca? Los trastornos de la conducta son la euforia o irritabilidad ante voces que’hablan a’ en lugar de’en torno al’ paciente. Hay incapacidad de concentración, súbito cambio de ideas en la mitad de las frases y un eventual agotamiento. La depresión, que suele durar más, es un resultado común.

Como conclusión, parece poco probable que Juana sufriera de un trastorno mental, tal como lo entendemos hoy.Tal vez estaba inmersa en la religiosidad de su tiempo. Una joven de origen campesino consustanciada con un ideal importante.

En cualquier caso, lo más importante es que la gente de su época no vio en ella a una loca; admiraron y siguieron a la «Doncella de Orleans» hasta convertirla en la heroína nacional. (Fuente: Grandes Pestes de la Historia – Editorial El Ateneo – Frederick Cartwright )

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Ampliación: Uno de los aspectos fundamentales de la historia de Juana de Arco es que oía voces. Sin embargo, sabemos que se trata de un rasgo que suele asociarse con los trastornos mentales. Así, surge la pregunta ¿Era Juana de Arco una enferma mental?

Para responder esto es necesario ver más detalladamente la naturaleza de la psicosis y sus experiencias.
Juana de Arco decía que oía voces que le hablaban, diciéndole que era una mujer especial y que tenía por delante una misión. No sabemos nada acerca de su conducta en ese momento, pero es posible que se halle implicado un elemento de euforia. Más tarde en su vida, Juana de Arco seguía convencida de que la voz provenía de Dios. Hacía según le dictábala voz, y se comportaba de manera tan obsesiva como eficiente, logrando obtener triunfos en el campo de batalla, tras haber derrotado a los ingleses.

¿Cómo encajan estos rasgos con la enfermedad mental? La esquizofrenia se caracteriza por la desintegración de la personalidad. Las voces suelen hablar en torno a la persona afectada, y son voces persecutorias. El enfermo podrá pensar que es una persona especial o que ha sido elegido para una misión, pero los efectos en la motivación suelen ser negativos. A largo plazo, el paciente se recuperará y verá sus experiencias como alucinaciones, o el mal puede recrudecer hasta un estado de verdadera incapacidad. Las ilusiones rara vez persisten en una personalidad intacta, e incluso en ese caso la tensión provocaría una recaída más severa.

La psicosis maníaca depresiva, es básicamente un trastorno de la conducta. Podemos dejar de lado la depresión, pero ¿es posible que Juana de Arco haya sido ana maníaca? Los trastornos de la conducta son la euforia o irritabilidad ante voces que ¡hablan a en lugar de en torno al paciente Hay incapacidad de concentración, súbito cambio de ideas en la mitad de las frases, y un eventual agotamiento. La depresión, que suele durar más, es un resultado común.

Como conclusión, parecería poco probable que Juana sufriera de un trastorno; mental, tai como lo entendemos hoy. Tal vez estaba inmersa en la religiosidad de su tiempo. Una joven del campo con un ideal por algo grande. Tal vez más importante es que la gente de su época no vieron en ella a una loca, sino que la admiraron y siguieron sus pasos.

ALGO MAS… Mientras la figura de Juana crecía, Carlos VII era coronado rey en Reinas. Su segundo gran desafío personal estaba cumplido. Pero algunos dicen que por su personalidad temeraria, Juana no se dio por satisfecha y por eso intentó la liberación de París, en 1430. No pudo doblegar al invasor y en consecuencia puso su mira en Compiegne, donde fue capturada por las fuerzas borgoñesas.

Sufrió un largo cautiverio, durante el cual fue sometida a múltiples penurias e intentó frustrados escapes. No hay constancias de que Carlos VII haya ordenado rescatarla, o al menos, intentado comprar su libertad. Hasta se especuló con que el propio monarca hubiera sido quien facilitó su captura, temiendo lo creciente de su fama.

Así, la suerte de Juana quedó echada. Fue juzgada por un tribunal eclesiástico francés aliado de los ingleses, que la encontró culpable, entre otros cargos, de herejía. Se le ofreció el perdón si admitía que era falso su nexo con lo divino. Entonces Juana dudó, temió y se desdijo. Pero al día siguiente, reafirmó su testimonio.

El 30 de mayo de 1431, día en que la iglesia católica celebra su festividad, y con apenas 19 años, Juana fue quemada viva en su propia tierra a manos de las fuerzas invasoras que ella había combatido. Pero aquella hoguera que acabaría con su vida no pudo extinguir su historia, que desde aquel día se convertiría en leyenda. Baste recordar que en 1920, a modo de veredicto definitivo, la Iglesia Católica la canonizó como Santa Juana.