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Biografia de Jose de Espronceda Poeta Romantico Español – Obra

Biografía de José de Espronceda – Poeta Español

La poesía romántica exaltación de lo irracional, pasión, ímpetu, sentimentalidad, sobrevaloración del individuo — tiene su encarnación más típica en España en el vate José de Espronceda y Delgado —incluso en su derivación hacia los campos de la política y de la concepción revolucionaria de la vida.

Pujante, contradictorio, enérgico y tierno a la vez, su poesía expresa la inquietud de aquella generación, sin base sólida en que agarrarse, dando alas a lo inconexo, a lo confuso y a lo sombrío.

Jose de Espronceda
BIOGRAFIA DE JOSE DE ESPRONCERDA: Nació de casualidad en el palacio del marqués de Monsalud, en Almendralejo, el 25 de marzo de 1808, cuando sus padres, el brigadier Juan de Espronceda y Fernández Pimentel y doña María del Carmen Delgado y Lara, se trasladaban a Badajoz desde Aranjuez con motivo de los inminentes acontecimientos políticos provocados por la intervención francesa en España.

Maravilloso a veces por la armonía de su pluma, por la emotividad y belleza de sus versos, cae en otras ocasiones en el desaliño de la improvisación.

Pero también en este aspecto — entre lo sublime de las cimas y el mal gusto de las hondonadas — Espronceda es fiel a sí mismo, a su generación y al romanticismo.

Fue uno de los grandes poetas del romanticismo español y se lo ha comparado en varios aspectos con el inglés Byron.

Su Vida. Nació cerca de Almendralejo, Badajoz (1808) y su padre fue militar. Estudió en Madrid en el Colegio de San Mateo y desde joven se dedicó a la poesía.

Hijo de un matrimonio de edad muy desigual, José fue desde sus más tiernos años el niño prodigio, el encanto de su padre y la desesperación de su madre.

En 1820 residía con su familia en Madrid, y en este mismo año ingresó en el colegio de la calle de San Mateo, donde profesaban Lista y Hermosilla.

Cerrado este centro en 1823, Espronceda siguió a Lista en el colegio que éste estableció en la calle de Valverde, donde bajo la dirección de aquel gran humanista cursó con singular aprovechamiento idiomas antiguos y modernos, matemáticas, retórica, poética, mitología, etc.

Adoptó tempranamente la actitud de un típico revolucionario exaltado y se afilió a una sociedad secreta, Los Numantinos. Por su participación en las luchas políticas contra la monarquía, debió emigrar a Lisboa (1827), ciudad donde se enamoró de Teresa Mancha, hija de un coronel español retirado, la que se convirtió en el gran amor de su vida y sería la protagonista de su poesía Canto a Teresa.

Mientras cursaba estos estudios, la actividad del muchacho abarcaba ya las esferas de la poesía y la política. En 1823 entró a formar parte de la Academia del Mirto, prolongación del colegio de Lista.

En el mismo año fundaba con unos mozalbetes una sociedad secreta, Los Numantinos, con sus ribetes de masonería y sus veleidades revolucionarias.

Denunciada esa asociación a las autoridades en 1825, Espronceda fue procesado y condenado, a causa de su temprana edad, a unos días de reclusión en el convento de San Francisco de Guadalajara, donde residían sus padres. Aquí compuso su primera obra poética, Pelayo.

Deseoso de ver mundo, en un impulso típicamente romántico, dejó su familia y se embarcó en Gibraltar para Lisboa (1826).

Marchó después a Inglaterra, donde volvió a encontrarse con Teresa, a quien sus padres habían casado ya con otro hombre.

Allí conoció Espronceda la literatura romántica inglesa y admiró la obra de Byron. Se fugó más tarde con Teresa a París (1829), conoció a los románticos franceses, en especial a Víctor Hugo, y participó en la revolución de 1830.

De regreso en España (1833) por una ley de amnistía, sufrió otros destierros y condenas en el interior del país. Se convirtió en tribuno y periodista y actuó como exaltado miembro del partido progresista.

Ocupó el cargo de secretario de la legación española en La Haya (1841) y al año siguiente fue elegido diputado por Almería a las Cortes.

Separado desde hacía algún tiempo de Teresa, y mientras preparaba su boda con Bernarda de Beruete, falleció en Madrid (1842), a los treinta años de edad.

Espronceda recibió la secretaría de la legación española en La Haya (de la que tomó posesión el 29 de enero de 1842) y fue elegido diputado por Almería (1841). Por aquella misma época empezó a publicar el Diablo Mundo, obra que le dio gran popularidad y que es sintomática de su genio poético desigual y del romanticismo exaltado. Cuando estaba a punto de casarse con doña Bernarda de Beruete, una infección en la garganta le produjo la muerte en Madrid el 23 de mayo de 1842. Contaba entonces treinta y cuatro años.

Personalidad. Espronceda fue un artista y aventurero turbulento, que encarnó en la realidad el ejemplo de vida romántica.

Su carrera amatoria y política lo revelan como un hombre apasionado y rebelde, que se fija sus propias leyes y principios. Fue «prisionero de su propio proceso cíclico» (G. Brenan), con ambiciones y aspiraciones gigantescas, que al chocar con la realidad, lo condujeron a la desesperación.

Su obra poética. La obra poética de Espronceda es breve y comprende poemas extensos (El estudiante de Salamanca y El diablo mundo), poesías breves y otras páginas.

Poesías Líricas. Las poesías propiamente líricas son pocas y tratan de asuntos amatorios, patrióticos y revolucionarios. En todas ellas el poeta muestra una impetuosidad, un desenfreno y una independencia personalísima.

Compone con un subjetivismo sin límites: su intimidad psíquica transparece a cada momento, así como sus pasiones y sus ideas. Su poesía trasunta además una visión desordenada del mundo, una insaciable voracidad creativa, un total capricho al manejar las formas métricas, y un enfoque visual y luminoso del contorno externo.

Está considerado como un artista original, pues aunque en algunos momentos se puedan identificar reminiscencias de lecturas (sobre todo de Goethe y de Byron), su talento natural no es imitativo.

Algunas composiciones han logrado fama perdurable por la maestría con que están concebidas y realizadas (A Jarifa, en una orgia; Canción del pirata, etc.), a pesar del desenfado sensualista, el pesimismo escéptico, la ironía, y el sentimiento de desesperación que reflejan.

«El estudiante de Salamanca». Es el poema largo mejor logrado de Espronceda y una pequeña obra de arte.

El autor retoma en él, en cierta manera, el tema del hombre libertino y donjuanesco de la tradición española, y lo recrea a través de una acertada caracterización del protagonista, don Félix, y una sucesión de cuadros y escenas de ambiente espectacular.

Don Félix de Montemar, estudiante famoso en Salamanca por sus costumbres disolutas, seduce a Elvira y la abandona. Elvira enferma de dolor y muere después de escribirle una carta de perdón.

Poco después, don Félix encuentra en una taberna a don Diego, el hermano de Elvira, y en un desafío lo mata con su espada. Huye entonces, y al pasar frente a un retablo donde está una imagen de Cristo crucificado, ve una figura cubierta de ropas blancas en actitud de orar.

Don Félix cree que es una mujer y le hace proposiciones amorosas sin verle siquiera el rostro. Sigue entonces a la figura por lugares misteriosos de Salamanca, y ve entonces un extraño cortejo fúnebre con dos féretros, uno el de Diego, hermano de Elvira, el otro el suyo propio.

Continúa luego don Félix marchando detrás de la figura, desciende por una escalerilla en caracol y cae rodando a una estancia oscura, donde la dama está sentada al lado de un negro monumento que semeja una tumba.

De pronto un coro de cien espectros lo rodea; don Félix sin temblar, se acerca a la misteriosa mujer y al levantarle el velo, descubre que es un esqueleto.

Luego se le acerca otro esqueleto, el de don Diego, quien le expresa que esa dama es Elvira. Don Félix, orgulloso y temerario, la acepta por esposa, mientras los esqueletos testigos empiezan una fantástica carrera a su alrededor. Don Félix siente desfallecerse y muere.

Aquella figura cubierta de blanco que había ido a buscarlo, era el diablo mismo, solían recordar las gentes después.Esta pequeña pieza recuerda en muchos sentidos a ciertos aspectos del arte de Quevedo y de Calderón.

«El diablo mundo«: En este otro poema, el poeta intentó desarrollar simbólicamente su pensamiento de que toda la humanidad, como el hombre mismo individualmente, marchan tras una quimera en la vida.

Se compone de una introducción y seis cantos, pero la obra quedó inconclusa por la muerte del poeta.

Es una obra aparentemente sin orden, «una improvisación genial» (José M. Blecua), integrada por fragmentos líricos, épicos, filosóficos, autobiográficos y simbólicos. Pueden reconocerse en ella influencias de Byron, Voltaire y sobre todo del Fausto de Goethe.

A esta obra pertenecen algunas composiciones que se han hecho famosas (Himno a la inmortalidad, del canto I, y A Teresa, canto II).

Valoración. Espronceda fue un poeta extraordinario; si no el mejor, por lo menos el más típico, vital y literariamente considerado, del romanticismo español. Fue moderno y revolucionario, y sobre todo, exaltado y frenético, y acaso, el más poderoso lírico de la época.

La improvisación, la fuerza, la anarquía, la desigualdad artística, la exaltación del yo, son sus características definitorias.

Ver: Citas de José de Espronceda

Fuente Consultada: Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Aberto Loprete – Editorial Plus Ultra Entrada: José de Espronceda


Biografia de Luis de Gongora y Argote Caracteristicas de su Obra

Biografia de Luis de Góngora y Argote Caracteristicas de su Obra Literaria

Luis de Góngora y Argote cultivó la poesía de inspiración tradicional y también la poesía sofisticada del culteranismo. En ambos movimientos llegó a ser uno de los más grandes líricos de España.

Su poesía barroca es una de las más complicadas y difíciles de comprensión de toda la literatura española, y sin proponérselo, fue el modelo para un gran número de poetas, que constituyeron la escuela denominada gongorismo.

Góngora y Argote
Luis de Góngora y Argote fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde, y con simplificación perpetuada a lo largo de siglos, como culteranismo o gongorismo, cuya obra será imitada a lo largo de los siglos en Europa y América.
Fecha de nacimiento: 11 de julio de 1561, Córdoba, España
Fallecimiento: 24 de mayo de 1627, Córdoba, Españ

Vida. Nació en Córdoba, Andalucía (1561), en el seno de una familia culta.Su padre, hombre de las bibliotecas más ricas de la ciudad.

Estudió con los jesuítas y desde temprano se distinguió por su precocidad intelectual, pues a los quince años leía ya el latín, el italiano y algo menos el griego.

Fue enviado luego (1575) a estudiar derecho a la Universidad de Salamanca, donde adquirió una sólida educación en teología, filosofía y literatura, aunque no logra al parecer, obtener los últimos grados universitarios.

Regresó entonces a si ciudad natal, donde pasó algunos años entre versos y amistades, sin grandes preocupaciones ni trabajos, hasta obtener el grade eclesiástico de diácono.

Se le adjudicó entonces una prebenda en la catedral de Córdoba, que había quedado vacante por retiro de un tío suyo. Fue racionero de dicha catedral, aunque se dice que su vocación religiosa no era todavía muy firme.

Gozó de las rentas de ese cargo y en varias ocasiones el cabildo eclesiástico le encomendó misiones y embajadas por el país. Alguna vez fue amonestado por sus superiores jerárquicos por haber concurrido a fiestas de toros, escribir coplas populares o frecuentar el trafo con gentes de la comedia.

En una oportunidad estuvo en Salamanca (1593), donde tuvo algunos entredichos literarios con Lope de Vega, que se materializaron en composiciones burlescas y satíricas.

Estuvo también en la corte de Valladolid (1602) unos dos años, y allí tuvo oportunidad de conocer a los grandes escritores del momento. Su arte despertó desagrado en Quevedo, quien lo fustigó violentamente en algunas poesías.

Realizó algunos viajes por tierra de España, cuyos paisajes y costumbres despertaron su interés. Renunció más tarde a su prebenda en la Catedral de Córdoba (1611) y se retiró a vivir en una propiedad de campo cercana, donde compuso la Fábula de Polifemo y Galatea y la primera parte de las Soledades.

Se produjo entonces un gran revuelo en el ambiente literario español, y los artistas y críticos se dividieron en dos campos, el culterano y el conceptista.

Góngora parece haberse mantenido personalmente al margen de la polémica, llevado quizás por su investidura religiosa, su aristoefatismo intelectual o el temor. De todos modos, dejó inconcluso su poema Soledades.

Marchó poco después a Madrid (1617), donde se ordenó de sacerdote y logró una capellanía real.

Pero en su nuevo destino no logró la comodidad y la paz anhelada. La complicada vida de la corte, su soledad social y el aumento de sus deudas, pesaron dolorosamente sobre su espíritu y escribió muy poco.

A menudo regresaba a su ciudad natal para pasar temporadas.Se decidió entonces a publicar sus poesías para hacer trente a las deudas. Pero como no había conservado los originales, tuvo que atenerse a las copias de segunda mano de que disponía.

En esta tarea se encontraba, cuando enfermó y perdió la memoria. Regresó a Córdoba, enfermo y fatigado, donde falleció pocos meses después (1627).

El poeta: luz y tinieblas. La poesía de Góngora revela dos modalidades o estilos diferentes: las letrillas, romances y otras piezas en versos cortos por un lado, y por otro, los sonetos y poemas largos.

En un tiempo se habló de un Góngora «ángel de luz» y de otro Góngora «ángel de tinieblas», o sea de un Góngora claro y de otro oscuro. Se identificó al primero con las letrillas, romances y versos cortos, y al segundo, con los sonetos y poemas largos endecasílabos.

La crítica actual no comparte esta distinción tan tajante, fundada en el hecho de que una y otra manera aparecen combinadas: hay letrillas y romances con pasajes rebuscados y difíciles, pero hay también fragmentos claros en los poemas largos o sonetos.

Como en cierto modo las poesías de su juventud fueron del tipo fácil y luego el estilo se complicó con los años, se ha dicho también que el poeta «comenzó bien y acabó mal».

Esto tampoco es absolutamente cierto, aunque la evolución del poeta hacia formas expresivas más complicadas y culteranas es un hecho constatado por la crítica.

Las letrillas y romances. Las letrillas son poemas líricos con estribillos que se repiten al comienzo o al final de cada estrofa. Góngora tomó estos estribillos de canciones populares de la época, bailes, refranes u obras escritas, y sobre ellos elaboró sus composiciones (Aprended, flores en mí o Ándeme yo caliente, etc.), animándolas de un tono nostálgico o irónico.

Los romances de Góngora pertenecen a la especie de los «romances artísticos», así llamados para diferenciarlos de los primeros «romances viejos», anónimos y desgajados de las canciones de gesta.

Los de Góngora son en general de tema amatorio y están desarrollados con una sensibilidad y una delicadeza notables (En los pinares de Júcar).

Varios de ellos son de asunto morisco, y en ellos los moros aparecen idealizados como nobles y sensibles figuras, a pesar de tratarse precisamente de un momento histórico en que la lucha contra ellos había llegado a grandes atrocidades, con las de Granada (Servía en Oran al rey).

Algunas veces, las poesías son al mismo tiempo romances y letrillas por la forma de octosílabos con impares asonantados, y por el tono o contenido burlesco o por el estribillo (La más bella Hiña).

Los sonetos. Góngora fue un maestro en el soneto. Alguien lo ha calificado como «el más grande escritor español de sonetos» (Gerald Brenan). Los hay de todo tipo en su obra: burlescos, protocolares, amatorios, religiosos, descriptivos, narrativos, históricos, etc.

Los poemas largos. Compuso tres poemas largos, de los cuales los más elaborados son la Fábula de Polifemo y Galatea (1613) y las Soledades (1613-1614), en endecasílabos y heptasilabos.

Ambas piezas son típicamente culteranas y de difícil comprensión, por el amaneramiento de la sintaxis, la complejidad de las figuras literarias y la abusiva referencia a nombres y hechos de la mitología griega y latina.

En su momento causaron gran revuelo y avivaron la polémica entre conceptistas y culteranos. Pueden considerarse como las dos máximas expresiones —con sus excelencias y defectos— de la poesía culterana y gongorista.

Critica. Como poeta Góngora fue un artista frío, de muy estilizada dicción y una musicalidad ejemplares. Fue un poeta para la vista y el oído. Sus temas preferidos fueron cuadros, relatos mitológicos y rápidas narraciones.

Fue un artista puro, sin más finalidad que la poesía misma, y en este sentido, se lo ha considerado un precursor de la poesía actual.

Expresó muy poca vida sentimental y casi ninguna idea, y trabajó exclusivamente sobre el recurso de la imaginación, exquisita e ingeniosa.

Por esto se ha dicho que «su ingenio as brillantísimo, pero con sólo ingenio no se hacen poetas» (Pedro Henriquez Ureña).

Tuvo una concepción peculiar de la poesía, y la demostró coa su propia obra: la poesía no debe ser popular, llana y fácil -—como la que había cultivado Lope de Vega—, ni tampoco intelectual, sombría y sin colores como la de Quevedo.

La poesía debe ser brillante, nítida, sonora, musical, y describir espectáculos hermosos como una pintura. La actitud del poeta frente a la realidad debe ser visual.

Quiso escribir de una forma distinta y lo consiguió, aunque con resultados discutibles. En su tiempo gozó de popularidad y fama, pero tuvo también implacables enemigos.

En la actualidad es sólo objeto de interés y admiración para los especialistas y amantes de la literatura.

No fue un pedantesco imitador de la sintaxis latina, sino un hombre que buscó darle más libertad a la sintaxis castellana, enriquecer el vocabulario y lograr formas más exquisitas en el arte. Fue oscuro en muchísimos pasajes, al punto que algunos se consideran hoy en día definitivamente incomprensibles.

Fuente Consultada: Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Albero Loprete Editoria Plus Ultra Capítulo «Góngora»

OBRAS Y EDICIONES: Romaneas y letrillas. Buenos Aires, Losada. 1939. Colección Las Cien Obras Maestras, Posmas y sonetos., Buenos Aires, Losada, 1940. Colección Las Cien Obras Maestras. Ambas con introducción de Pedro Henriquez Ureña.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Azorin. Góngora (En su Al margen de los clásicos, pags. 49-57. Buenos Aires, Losada, 1942). M. Artigas. Don Luis de Góngora y Argote. Bibliografía y estudio critico. Madrid.

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Biografia de Fernandez de Moratin Leandro Vida y Obra Literaria

Biografía de Fernández de Moratin Leandro Obra Literaria

LEANDRO FERNANDEZ DE MORATlN: Fue el más importante dramaturgo del siglo XVIII español y probablemente el más completo literato de su tiempo.De la común producción dramática del siglo XVIII español, aferrada a las clásicas normas francesas de la literatura del Siglo de Oro, emerge la figura de Leandro Fernández de Moratín.

Hombre de su tiempo que en sus entrañas sintió el grito del romanticismo que se avecinaba, y supo avizorar en la lejanía de los tiempos la gloria permanente de Shakespeare y los valores psicológicos de los personajes de un Moliere.

Leandro Fernández de Moratín fue un literato creador, como se manifiesta en dos de sus obras cumbres: La comedia nueva y El si de las niñas. Frente a la vida fue un hombre esencialmente tímido, y este hecho explica sus vacilaciones políticas en el momento de honda subversión europea provocado por las guerras revolucionarias.

Vida. Su padre, don Nicolás, fue un conocido hombre de letras que tuvo ostensible participación en el proceso de afrancesamiento del teatro español. Nacido en Madrid (1760), el niño Leandro creció en un ambiente de tertulias y conversaciones literarias.

Fernandez Moratin Leandro
Fernandez de Moratin Leandro:Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, hijo de Nicolás Fernández de Moratín y de Isidora Cabo Conde. En su niñez (1764) sufrió las viruelas, que le desfiguraron el rostro y le tornaron el espíritu huraño, tímido y desconfiado. Recibió su primera educación de un preceptor particular; pero luego ingresó en una escuela pública dirigida por un tal Santiago López.

Desde los doce años fue por algún tiempo aprendiz de joyero en la platería de un tío suyo, aunque siempre se distinguió por su afición a la literatura, Obtuvo dos premios en sendos concursos de la Real Academia Española (1779 y 1782). Fue un lector asiduo y un sistemático autodidacta, latinista y profundo conocedor del inglés y el francés.

Se entregó a escribir para el teatro y estuvo en Francia como secretario de la embajada española en Paris (1787). Allí frecuentó teatros v salones, y Trabó amistad con escritores de la éooca.

De regreso a su país (1788), fue protegido por el ministro Godoy. Terminó su primera comedia (El viejo y la niña) y un folleto titulado La derrota de los pedantes (1789), sátira contra los malos escritores. Por las alusiones que contenía ese opúsculo, se granjeó la enemistad y el rencor de algunos artistas.

Se distinguió de sus compañeros de colegio porque no sabía jugar ni compartir sus diversiones. Todo el día se entregaba al estudio o bien asistía a la tertulia literaria de su padre, donde disertaban sesudos varones. De precocísimo ingenio, de espíritu ávido, irónico, vivo y superficialmente agradable, a muy temprana edad empezó a componer versos. Pero su padre, quien deseaba darle una ocupación más provechosa, le puso a trabajar como aprendiz de joyería, en cuyo oficio sobresalió con rapidez. Sin embargo, Leandro persistía en sus aficiones literarias.

Viajó nuevamente por el extranjero (1792-1796), apoyado también por Godoy, y estuvo en París, Londres e Italia, donde tomó conocimiento más directo de las obras y el teatro de esos países, visitó museos e hizo importantes traducciones.

Volvió a España y fue nombrado secretario de Interpretación de Lenguas (1796) y miembro de la Junta de Dirección y Reforma de los Teatros (1799).
Se enamoró de Paquita Muñoz (1798), pero como Moratín no se resolvía por el matrimonio, ella se casó con un militar.

Esta Paquita vendría luego a ser la protagonista de la comedia El sí de las niñas (1806), su obra maestra. Por este tiempo estrenó también otras comedias.

En 1803 se estrenó de El barón. La primera representación de La Mogigata se hizo sin inconvenientes. En enero de 1806 se estrenó El sí de las niñas, producción que fué aplaudida a rabiar.

Cuando la vida de Moratín parecía más segura, el motín de Aranjuez (1808) echó abajo sus más caras ilusiones. Perseguido como favorito de Godoy, se vio obligado a huir a Francia.

Regresó a Madrid con las tropas napoleónicas, y ya jamás dejó de ser el «afrancesado» por excelencia.

Cuando se produjo la invasión de Napoleón Bonaparte a España (1808), se alistó entre los partidarios y colaboradores del rey José, hermano del emperador francés, quien lo nombró director de la Biblioteca Nacional.

Al terminar el periodo de ocupación francesa, tuvo serios contratiempos por su afiliación política, debió retirarse a Montpollier (Francia), luego a Barcelona y nuevamente a Francia (1821). Se instaló definitivamente en París, donde murió al poro tiempo (1828).

Durante la guerra de la Independencia sirvió la causa de José Bonaparte, quien en 1811 le nombró bibliotecario mayor de la Biblioteca real. Introdujo en ella acertadas reformas. Al mismo tiempo, se dedicó a traducir a Moliere. La derrota de los franceses le arrastró en una amarga y triste retirada hasta el castillo de Peñíscola (1813). Aquí sufrió los rigores de un prolongado asedio. Pudo huir de la fortaleza y refugiarse en Valencia.

La comedia moratiniana. («uno hombre de letras. Moratín escribió cinco comedias originales y tres traducciones, aparte de otros escritos. Fue el mejor autor teatral de su siglo, aunque no tan popular como Ramón de la Cruz, un famoso sainetista de entonces.

Sus obras ofrecen el mejor ejemplo del arte dramático neoclásico de España. Expuso por escrito sus ideas dramáticas y censuró a quienes sólo aportaban al teatro malas imitaciones y penurias de talento (La comedia nueva o El café).

Moratin creó la comedia de costumbres del siglo XIII. En la llamada «comedia moratiniana», el autor ha centrado el interés fundamental en el contenido más que en la forma, pese a que la forma ha sido objeto de su preocupación en dos aspectos principales, la lengua y la construcción dramática.

Las obras teatrales de Moratín son razonadas, equilibradas y serenas. Todo es claro en ellas. No hay explosiones de pasión ni de inspiración caprichosa y descontrolada. Obedecen a una lógica estructural interna muy cuidada y medida, sin sobresaltos en el desarrollo ni desenlaces imprevistos.

El diálogo es sobrio, natural y atildado, y es un magnífico exponente del buen español, coloquios, puro y castizo, del siglo.

No es un teatro cautivante ni imponente, pero es ameno y plácido. Los personajes no son caracteres ni tipos humanos, sino simplemente casos de la vida. No hay fuertes personalidades ni tampoco riqueza y variedad. Los protagonistas sobresalen apenas de los personajes secundarios.

Los temas son poco variados, y por lo general, se reducen al conflicto entre los jóvenes y sus mayores.

Como buen representante de su tiempo, Moratín es un racionalista que incorpora la crítica a sus obras: los jóvenes están inhibidos en la expresión de sus sentimientos y pensamientos por el aparato formal de la sociedad y la tradición educativa. Puede inferirse de la lectura de sus obras una intención reformista en Moratín, presentada sin pasión pero en un tono de rápida ironía.

Ofrece este conflicto generacional como una exploración, con cierto sentido satírico, aunque no feroz, aprendido de su modelo francés Moliere.

La lengua se caracteriza por la claridad, la corrección gramatical, la elegancia y la riqueza de vocabularios. Fue «uno de los escritores más correctos y cercanos a la perfección que hay en nuestra lengua» (Menéndez y Pelayo). Pero esta perfección lingüística, más que una perfección creativa y fuerte, es una carencia de defectos, poco profunda y caudalosa.

El vocabulario se enriqueció en su pluma: rescató del olvido frases y voces castizas, lo privilegió por sobre la expresión conversacional del uso común y lo instaló de alguna manera en la línea de los grandes hablistas españoles.

El drama neoclásico adquirió una forma triunfal en manos del Moratín.

Según propia expresión del autor, el teatro consistía en esto: «Imitación en diálogo (en prosa o en verso) de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio de la cual y de la oportuna expresión de afectos o caracteres resultan puestos en ridiculo los vicios y errores comunes en la sociedad y recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud» (Prólogo a sus obras).

«El sí de las niñas». Es la obra maestra de Moratín, la mejor comedia de su siglo, y más aún, la mejor producción dramática española después de la muerte de Calderón (1681), según algunos críticos.

Paquita es una hermosa joven de dieciséis años que se ha educado en un convento. Sale de él para desposarse con don Diego, hombre de edad madura. Pero Paquita ama en silencio a don Carlos, un militar, joven como ella y sobrino de don Diego.

Entera entonces ella a su novio del próximo casamiento impuesto por su familia, lo cual perturba al joven pues no se atreve a enfrentar como rival a su tío y protector.

Sin embargo, don Diego alcanza a comprender los verdaderos sentimientos de Paquita y renuncia a sus pretensiones en una actitud generosa de sensatez y respeto por el amor auténtico.

Crítica. Es probable que esta obra encierre un fondo autobiográfico y recoja las experiencias amorosas de Moratín con Francisca (Paquita) Gertrudis, su antigua novia.

La obra responde a la estética neoclásica. La acción se centra únicamente en un asunto, el problema del casamiento (unidad de acción); tiene lugar en un solo lugar, una posada de Alcalá (unidad de Lugar), y se desarrolla desde las siete de la tarde de un día hasta las cinco de la mañana del siguiente (unidad de tiempo).

Envuelve además un propósito educativo y moralizador, que se resume en el epígrafe puesto por el autor al título de la comedia, y tomado de un parlamento de la pieza: «Estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto es lo que se debe fiar en el sí de las niñas» (III, 13).

Se hace también una imitación de la realidad y una pintura de caracteres, sobre todo el tío y la niña, que pueden tomarse como ejemplos intemporales e inespaciales del viejo enamorado y la niña que repudia el amor impuesto por las convenciones.

Pese a las limitaciones de la dramaturgia neoclásica, la obra revela el talento teatral, el ingenio y la gracia de Moratín, aunque le falte vitalidad, fuerza, fantasía y riqueza de situaciones.

La sátira es suave y atenuada; no llega a la mordacidad, ni ahonda en la psicología de los personajes. La mesura y la dignidad son en Moratín una consecuencia del control de la inspiración y de la pasión por medio de la reflexión. Ostenta más arte y técnica que imaginación.

En resumen, las características de esta pieza son «regularidad en la acción, absoluta propiedad en los caracteres, intención crítica, fina ironía, brillantez en el diálogo, pureza y elegancia en la lengua» (Miguel Romera Navarro).

Otras obras. Moratín fue un literato de profesión, educado y consagrado a la cultura escrita. Aparte de sus comedias originales y traducidas, escribió una obra de investigación y erudición sobre la dramática española (Orígenes del teatro español), un opúsculo ingenioso contra los malos y pretensiosos escritores (La derrota de los pedantes), poesías y traducciones de Shakespeare y Moliere.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: El sí de las nñas. La comedia nueva El Café. Edición, estudio y notas de Francis Donahue. Buenos Aires. Plus Ultra. 1967. Poesías sueltas y obras en prosa. París, Garnier, s. f.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Ángel Valbuena Prat, Historia del teatro español. Barcelona, Noguer, 1 956. Ángel Valbuena Prat, Literatura dramática española. Barcelona, Labor, 1930. César Barja, Libros y autores modemos. Nueva York, G. E. Stechert. 1924.