Rasputín

Biografia de Diego Rivera Artista Muralista Resumen Obra Artistica

Resumen Biografía de Diego Rivera
Artista Muralista Mexicano – Obra Artística –

Diego Rivera (1886-1957), pintor mexicano que realizó murales con temas sociales, considerado como uno de los grandes artistas del siglo XX.

Nació en Guanajuato y se formó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en la ciudad de México. Con Orozco y Siqueiros constituyó la gran tríada muralista de México.

Nació en Guanajato el 8 de diciembre de 1886, hijo de María del Pilar Barrientos y Diego Rivera.

Su abuelo paterno fue un general y comerciante español liberal que, al final de su vida, cuando tenía 72 años, se unió a la causa patriótica mexicana de Benito Juárez.

Su abuelo materno, Juan

El padre fue maestro e inspector de escuelas rurales y, en Guanajato, antes de trasladarse a la capital de la república, había sido consejero municipal.

Diego nació juntamente con un hermano gemelo, Carlos, que falleció a los dos años.

Diego Rivera mostró siempre una marcada simpatía por su padre y su conducta humanista, pero, a su madre la criticaba por sus prejuicios sociales.

Estudió en la Academia de San Carlos, y perfeccionó sus estudios en España, Francia e Italia (1907).

Recogió la tradición india y la negra, y enarboló el mural como estandarte de su ideario político.

De estilo vigoroso y original, sintetizó distintos movimientos culturales, haciendo de su obra un vehículo de propaganda.

Con el resultado económico de una exposición de pintura al pastel, que le organizó el Dr. Atl, y una beca del gobernador de Veracruz, se fue a España en febrero de 1906.

El Dr. Atl le dio también una carta de recomendación para el profesor de la Escuela de San Fernando, Eduardo Chicharro, en cuyo taller Rivera fue compañero de Ceferino Palencia, pintor e historiador de arte, y de Margarita Nelken, crítica de arte, que muchos años más tarde debieron exiliarse en México.

Se dice que Rivera siempre fantaseaba cuando hablaba de su época de Madrid.

La verdad y la mentira se mezclaban en la narración de sus aventuras madrileñas. De una de ellas, con un dama de la sociedad, le nació una hija que fue bailarina y que falleció «prematuramente, en plena gloria».

Ésta, cuyo nombre no se conoce, sabiendo que era hija suya, le visitó en México cuando es tuvo contratada por un teatro de esa ciudad.

diego rivera artista mexicano

A mediados de 1909 viajó a pie por Bélgica, dibujando y pintando. Embarcó hacia Londres, y le impresionó la miseria de la población obrera una miseria que se venía prolongando des de los tiempos de Gavarní y Doré, sirviendo sobre todo a los dibujantes para testificarla en muy curiosas estampas.

Rivera siempre conservó la ilusión de pintar un largo mural con las escenas que presenciaba en las calles, en los puentes y en los muelles de Londres, capital de la mayor potencia de Europa.

En el verano de 1910, regresó a París.

Había expuesto ya en el Salón de Artistas Independientes y en el oficial. Continuaba gozando de la beca del Estado de Veracruz. Trabaja algún tiempo en Bretaña. Vuelve a París  y decide embarcar de regreso a México por España, recogiendo parte de la obra que expuso en Madrid.

El 20 de noviembre de 1910, el mismo día que estalla la revolución en Puebla, inaugura una exposición de su pintura en la Escuela de San Carlos con las obras pintadas en España y Francia.

Se complicó al llegar, en un alijo de explosivos que se guardaba en San Carlos, pero la policía, que obtuvo una confidencia sobre ese depósito, pudo confiscarlo.

Se quedó en México, trabajando en la organización revolucionaria clandestina de la ciudad, mientras otros compañeros y amigos se dirigían al interior.

En junio de 1911 fue librada una orden de detención e inmediato fusilamiento contra él. Pudo esconderse, escapar hacia la Habana (Cuba).

Es importante destacar que la etapa de París es de formación, el arte que produce es el resultado de experiencias muy sutiles acordes con las preocupaciones estéticas europeas del momento.

Allí vive el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el rayonismo. Allí convive en Montparnasse con Picasso, Bracque, Modigliani, Gris, Jacob. Ehrenburg, Apollinaire.

Pero Rivera busca otra cosa y ya en París escandaliza con sus búsquedas: incapaz de limitarse a los grises introduce los colores vivos recordando los de la artesanía popular mexicana.

Desea para su arte algo definitivo, que no sea exclusivamente ensayo, ni búsqueda estética o de procedimientos. «Cuando nuestras raíces penetran suficientemente en la tierra y nuestro lenguaje de tan nacional y tan particular, tan enraizado y tan sensible a la voz colectiva popular, se vuelve humano, en ese momento, sin que nosotros lo busquemos, querámoslo o no, se transforma en universal».

Es su pensamiento; por él vuelve a su pueblo.

En México encontró el camino. Su arte se desbordó en gigantescos frescos –se dice que pintó cerca de cuatro mil metros cuadrados de pared– en poderosas figuras; un río de leyendas pintadas que no le fueron inspiradas por la realidad sino por sus amores y sus odios, frescos que nadie puede olvidar después de verlos, frescos gigantescos, multitudinarios, directos, con símbolos, alusiones, rostros, leyendas escritas, en los que confluyen las civilizaciones mexicanas y la de Cortés y los suyos, los lujos del Virreinato, los trabajos bucólicos de los indígenas, la independencia y la revolución, las luchas obreras, las conquistas científicas, los magnates norteamericanos y los dictadores del mundo.

Fundador en su país del Partido Comunista, visitó Rusia en 1927-1928 y presionó a su Gobierno para que concediera asilo político a Trotsky (1936), lo que le valió la expulsión del partido.

De 1930 a 1934 vivió en Estados Unidos, donde realizó los murales de la Escuela de Bellas Artes (San Francisco), del Instituto de Bellas Artes (Detroit) y del Rockefeller Center (Nueva York), destruido luego por tener un retrato de Lenin.

FRIDA KAHLO

Frida Khalo, con quien se casa en 1930

En 1929 fue expulsado del Partido Comunista. Ingresó al trotskismo.

Pasados unos diez años vuelve a militar en el Partido Comunista mexicano y en 1955 vuelve a la Unión Soviética para hacerse operar por médicos soviéticos.

La primera vez era un hombre de edad media, tenía 41 años, optimista y revolucionario. En su segundo viaje, invitado por la Asociación de Pintores de Moscú, tenía 69 años e iba muy enfermo, tenía cáncer.

Viajó acompañado de su esposa, Emma Hurtado, por la Unión Soviética, Alemania oriental, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria. P

intó bastantes óleos e hizo dibujos. De este viaje es el cuadro «Desfile del 7 de noviembre en Moscú«.

Un óleo extraño que representa una multitud desfilando con miles, de banderas rojas, amarillas, celestes, etc., y un globo gigantescco que lleva impresa la palabra paz en ruso, francés, inglés, alemán y castellano.

Al fondo se ven las torres del Kremlin.

Fue operado y regresó a México muy optimista con respecto a su salud.

El día de su llegada, el 4 de abril de 1956, le esperaba un numeroso núcleo de amigos, de intelectuales y artistas.

Daba por curado su cáncer, ya los periodistas les explicó cómo se habían comportado los médicos soviéticos y le habían acompañado sus camaradas pintores, los viejos amigos y las autoridades.

Volvía muy contento de la Unión Soviética. Se siente optimista, hace proyectos de trabajo y afirma: «Volveré a Moscú».

A su regreso le tributaron un gran homenaje popular, en el que estuvieron amigos suyos de muchos años, poetas, músicos, compañeros en esos años revolucionarios, jóvenes pintores que trabajaron con él, discípulos de Frida Kahlo, etc.

La enfermedad y los dolores que le producían iban consumiéndolo.

Falleció el 24 de noviembre de 1957. Tardaron cinco horas en embalsamarlo. Lo velaron en el Palacio de Bellas Artes. Se puede afirmar que el pueblo de México veló sus restos. Poco antes había dictado su testamento dejando al pueblo todo cuanto ganó con su arte. La casa de Coyoacán

En México decoró la Secretaría de Educación, la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), el Palacio de Cortés (Cuernavaca), el Palacio Nacional y el de las Bellas Artes (México D. R). Entre sus pinturas de caballete figuran: La fragua (1908), Vendedora de pinole (1936), Bailarína en reposo (1939) y Retrato de Lola (1955).

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CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1886: El 8 de diciembre nace en Guanajato Diego Rivera, hijo de María del Pilar Barrientes y de Diego Rivera.

1896: Ingresa para estudiar pintura en la Escuela de San Carlos de México.

1898: Nace David Alfaro Siqueiros.

1899: Nace Rufino Tamayo.

1906: Diego Rivera viaja a España en el mes de febrero de este año provisto de una beca concedida por el gobernador de Veracruz y con el dinero ganado en su última exposición de pintura.

1907: Viaje a París. En los tres años siguientes viaja por diversas ciudades belgas y por Londres.

1910: Vuelve a España y regresa a México. Inaugura una exposición de pintura en la Escuela de San Carlos, en México, el mismo día en que estalla la revolución mexicana en Puebla. El doctor Atl consigue paredes en la Escuela Preparatoria para hacer murales. En su equipo estaba J. E. Orozco.

1911: Embarca para Francia. Se casa con Angelina Beloff.

1912: Se adhiere al cubismo analítico.

1913: Fallece José Guadalupe Posada, que había nacido en 1883

1914: Pinta su gran cuadro «Fusilero marino». Viaja a Mallorca con su esposa y con el escultor Lipchtiz. Se queda en Madrid hasta agosto de 1915.

1917: Conoce a la escultora rusa Marevna, de la que tiene una hija. Discusiones en el taller de Modigliani en París, con Leger, con Ehrenburg, con Volochin, etc., sobre el porvenir del arte. Se adhiere entusiasta a la revolución que estalla en Rusia y de la que se tiene noticia en París el 16 de marzo.

1920: Viaja por Italia.

1921: Regresa a México adonde llega en julio, pasando antes por París. Comienza su primer mural en la Escuela Preparatoria donde ejecuta «La Creación».

1925: En la Exposición Panamericana de los Ángeles premian su cuadro «La fiesta de las flores».

1927: Viaja a la Unión Soviética.

1929: Es expulsado del P. Comunista.

1930: Divorciado de Lupe Marín contrae matrimonio con Frida Kahlo. Se adhiere al trotskismo.

1934: Agentes nazis atentan contra su mujer Frida Kahlo.

1935: Finaliza sus murales del Palacio Nacional de México en donde historia la revolución de su país.

1938: Firma con André Bretón el «Manifiesto en pro de un arte revolucionario e independiente».

1940: El 21 de agosto asesinan a León Trotski, que había sido amigo» y huésped de Rivera.

1944: Firma contrato para continuar los murales del Palacio Nacional.

1948: Finaliza su mural del Hotel Prado «Sueño dominical en la Alameda central de 1a Ciudad de México», que es tapado pe la frase «Dios no existe» puesta ostentósa mente en el pliego que sostiene Ramírez.

1949: Se adhiere al Congreso de la Paz de Pa rís. Fallece J. Clemente Orozco, el gra; pintor muy amigo de Rivera.

1952: Asiste al Congreso de la Paz en Viena.

1955: Vuelve a la Unión Soviética, donde es ope rado de una grave dolencia. Viaja acom pañado de su cuarta esposa Emma Hur tado, con la que se había casado hacía poco. Visita diversos países socialistas.

1956: Regresa a México donde se le tributa un gran homenaje.

1957: Fallece el 24 de noviembre.

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ALGUNAS OBRAS ARTÍTICAS DE DIEGO RIVERA

Fuente Consultada:
Los Hombres De La Historia – Diego Rivera – Fasc. Nº 86 – Editorial Centro Editor de America Latina

 

Grandes Tesoros Perdidos El Tesoro de los Zares de Rusia

LOS TESOROS PERDIDOS DE LOS ZARES RUSOS
historia sobre el oro

Tannenberg 26-29 de agosto de 1914: el ejército imperial ruso mandado por Samsonov es rodeado, atacado y aniquilado por los ejércitos prusianos al mando de Hindenburg y Ludendorff. Un año más tarde, el Zar le retira el mando al Gran Duque Nicolás. San Petersburgo (hoy Leningrado) se ve amenazada por el avance alemán.

El mismo Nicolás II, emperador de Rusia, se pone al frente de las operaciones de guerra. Por precaución, el tesoro del Estado es retirado de las cajas del Banco Imperial y transferido a algún lugar más hacia el este. La moral de los soldados se ve profundamente afectada por la retirada, pero más aún por la falta de material y víveres.

El parlamento, <la Duma del Imperio> constata a comienzos de 1915 la situación siguiente: …. Nuestro valeroso ejército, después de haber perdido más de cuatro millones de hombres entre muertos, heridos y prisioneros de guerra, no solamente se bate en retirada , sino que quizás siga retrocediendo. Hemos sabido también las causas de esta retirada que nos produce tanto dolor. Hemos sabido que nuestro ejército, para combatir al enemigo, no dispone de armas iguales y que, mientas nuestro adversario lanza sin descanso sobre nosotros una lluvia de plomo y acero, nosotros no le enviamos como respuesta más que un número muy inferior de obuses.

Hemos sabido también que, mientras nuestro enemigo posee abundante artillería, ligera y pesada, nosotros carecemos casi por completo de esta última. Y en cuanto a los cañones ligeros, están ya tan usados que pronto comenzarán, uno tras otro, a ser inutilizables.» La Duma constata las debilidades del ejército imperial y las subraya para conocimiento del Zar; Rasputín (imagen derecha) , por su parte, bosqueja un cuadro general de la situación aún más sombrío.

He aquí lo que le escribe a Nicolás II en 1915: <Querido amigo: Te lo repito una vez mas. Una negra nube se cierne sobre Rusia: todo son desgracias y sufrimientos sin número; todo es sombrío y en ningún punto del horizonte diviso un rayo de esperanza… Por todas partes lágrimas, un océano de lágrimas… en cuanto a sangre?… No encuentro palabras. Es un horror indescriptible… Sé, no obstante, que todo depende de ti.

Los que desean la guerra no comprenden que es nuestra perdición… Duro es el castigo celeste cuando Dios nos quita la razón, pues se trata entonces del principio del fin. Tú eres el Zar, padre del pueblo. No dejes, pues, que triunfen los insensatos y que el pueblo se pierda con ellos… Venceremos a Alemania, sí, pero ¿qué será de Rusia? De verdad te lo digo: a pesar de nuestra victoria, no habrá habido desde el principio de los siglos un martirio más espantoso que el de Rusia. Se verá sumergida en un mar desangre y su ruina será total.»

En este clima poco propicio para la guerra el Zar se mueve solo. Eso explica su decisión de llevar a lugar seguro el tesoro del Estado. Pero las consideraciones militares, el temor de ver al enemigo apoderarse de la capital, no son las únicas causas que explican la evacuación del Tesoro. Los informes sobre la situación interior no son nada tranquilizadores. Nicolás II parece precaverse a la vez contra un golpe de estado militar y una sublevación popular. (Sobre este aspecto de la situación nos faltan los documentos, que por cuestiones de espacio no lo mencionaremos en esta página)

A los fines de alejarlo del ejercito Nicolás Nicolaievich fue nombrado comandante del ejército del Cáucaso, mientras el Zar en persona se hacía cargo del mando supremo de las fuerzas rusas. También en eso siguió los consejos de Rasputín.

Una mañana de verano, mil millones de rublos-oro toman el camino de Kazán, en el valle del Volga. Diez mil cajas llenas de piezas de oro y otros tantos sacos con divisas extranjeras, decenas de cajas con lingotes de platino y diez cofres de pedrerías, diamantes, esmeraldas y rubíes del Ural y Siberia. El tesoro es puesto a salvo en los sótanos blindados del banco de Kazán. Todavía se encuentra allí cuando en 1917 estalla la revolución bolchevique.

En San Petersburgo, rebautizada con el nombre de Petrogrado al comienzo de la guerra para hacer desaparecer el nombre de origen germánico de la ciudad, la vida se ha hecho tan dura para el pueblo que el descontento aumenta día a a día. La situación es semejante en la mayor parte de las grandes ciudades. La multitud forma colas ante las panaderías con un frío bastante intenso. Tras dos horas de espera, de murmullos, de quejas, cada cliente recibe una libra de pan negro y nada más. Al mismo tiempo cada uno se informa y habla.

A pesar de la vigilancia de la policía, las noticias circulan clandestinamente:

<Esto no puede continuar.»

<Ayer el pueblo forzó las puertas de una panadería.> «El vino sólo está hecho para los “bien vestidos” y los extranjeros.>

<Los tranvías están en huelga.>

El 25 de febrero de 1917 ocurre el primer incidente grave… La policía es desarmada en la explanada Nevski de Petrogrado… La tensión sube, el ejército fraterniza con el pueblo y los soldados se niegan a disparar o a cargar…

El embajador de Gran Bretaña le dice a Nicolás 11: «Señor, Vuestra Majestad debe recordar que el ejército y el pueblo forman un todo y que, en caso de revolución, la dinastía no puede contar más que con una pequeña parte del ejército.>

El 15 de marzo, el Zar se ve obligado a abdicar. Alejandro Fedorovich Kerensky, miembro del partido socialista revolucionario, jefe del grupo laborista y jefe de la oposición de izquierda en la Duma, se conviene en el principal hombre político del gobierno provisional de la república, colocada bajo la presidencia de un viejo liberal, el príncipe Lvov.

Durante ocho meses, el gobierno republicano mantiene a Rusia en la guerra al lado de los aliados. Pero, a excepción de Kerensky (imagen) , los miembros del gobierno provisional son poco populares y poco eficaces. Las repetidas crisis acarrean la dimisión del príncipe Lvov y la toma del poder por Kerensky.

Pero la debilidad del gobierno republicano no permite ninguna acción decisiva. El 7 de noviembre’ los bolcheviques están ya en el poder. En los tres días que siguen anuncian la negociación de una paz inmediata con Alemania y la confiscación sin indemnización de todas las propiedades agrícolas importantes.

Las tierras son distribuidas a los comités agrados y a los consejos de campesinos. Lenin es puesto al frente del Consejo de los comisarios del pueblo. Kerensky escapa en un automóvil de la embajada de Estados Unidos. Antes de marchar al exilio intenta transferir el tesoro del Estado. ¿Pensó acaso hacerlo pasar al extranjero como algunos han escrito? De todas maneras se trata de un tesoro embarazoso.

Está lejos de Petrogrado y Kerensky no tiene elementos seguros, policías o militares, para encargarles el traslado de semejante fortuna; así que Lenin (imagen derecha) lo hereda cuando se hace cargo del poder. Su primer cuidado es el de confiar su custodia a su célebre Tcheka, la policía política. Uno de los agentes de esta policía es nombrado Gossoudarstvenrijbank en Kazán. Conocemos el nombre de este hombre de confianza de Vladimir Ilitch Ulianov, Lenin; se llamaba Popov.

Tenía como misión la guarda del tesoro, pero además, y como consecuencia, la vigilancia del Comisario del Pueblo lovarich Muraviov, miembro del partido socialista revolucionario y que había sido puesto al frente de la región de Kazán. La precaución no es inútil, pues ya llegan a las puertas de Kazán los ejércitos antibolcheviques apoyados por los checos, aliados del Zar en la guerra contra Alemania y reagrupados en Rusia ante el avance alemán y —tras un período de vacilación— hostiles al Kremlin en el que Lenin acababa de instalar su gobierno.

El comisario del pueblo, Muraviov, considera propicia la ocasión. Traiciona a la revolución y se pasa al bando de los «blancos», o sea, de los partidarios del Zar. Intenta proclamar una República independiente del Volga.  Multiplica los mítines y las llamadas al pueblo, que duda. Una tarde, la reunión es más agitada que de ordinario y Muraviov resulta muerto de un balazo por un guardia rojo fiel a Lenin.

Antes de que los checos hayan podido alcanzar el tesoro, llega Ordjonikidzé, nuevo comisario del pueblo en Kazán. Casi al mismo tiempo, en la ciudad de Ekaterinemburgo, al final de una noche de julio, Nicolás II, la emperatriz, el Zarevich, las cuatro princesas de Rusia y una sirvienta son muertos por los disparos de los soldados letones, aparentemente siguiendo órdenes de Lenin y Trotski, a la sazón ministro de Guerra, para que los rusos blancos pierdan «su bandera»… Entre las víctimas, una sombra joven y bella, Anastasia —en ruso Resucitada— de la que no se sabe todavía oficialmente si murió ese día. Nueve días más tarde, el 25 de julio de 1918, los checos entran en la ciudad, pero ya es demasiado tarde. Tiene entonces lugar una entrevista secreta, el 26 de julio. en Simbirsk, entre un coronel de la guarnición checa de Kazán, dueña de la ciudadela y un coronel del ejército blanco, y en ella acuerdan apoderarse del tesoro de los Zares.

La operación es minuciosamente preparada. Comenzará el 1 de agosto. El 2 son atacados los guardias rojos, la ciudad es sitiada y los barcos suben por el Volga. Los socialistas revolucionarios prestan una ayuda considerable. No son «zaristas, pero quieren, como los checos, continuar la guerra contra Alemania. Eso explica que se haya hablado de apoyo francés a los antibolcheviques: el jefe de la misión militar francesa, el general Janin, llegado unas semanas antes a Siberia, tenía como objetivo el facilitar todas las posibilidades de mantener la presión al este de Alemania.

Es, pues, exacto que en este caso preciso sus emisarios alentaron a los checos en su acción. ¿Intentaron liberar al Zar y a su familia? ¿Intervinieron en la concepción del ataque al Banco del Estado de Kazán? El hecho no ha sido nunca establecido con certeza. El 6 de agosto, el ejército blanco se apodera de 8399 cajas de lingotes de oro, de casi 2500 sacos de piezas de plata y divisas en papel, y de una veintena de sacos con piezas de oro. Avisado por un telegrama, el comandante en jefe del ejército blanco, el almirante Koltchak, felicita a sus oficiales.

El 13 de octubre, siguiendo sus instrucciones, el tesoro es transportado a Omsk, repartido en trenes diferentes. Durante el viaje, uno de los vagones vuelca y las piezas de oro ruedan por el suelo. Los oficiales tienen que hacer uso de toda su autoridad e incluso de las amenazas para conseguir que los soldados de la escolta vacíen sus bolsillos. Pero tras este accidente, la noticia no puede permanecer ya en secreto. Todo el ejército sabe que los «blancos, se han adueñado del tesoro del Estado.

Los soldados creen que les será doblado el sueldo. También Koltchak se hace ilusiones: ¿no le abre el tesoro las puertas de Moscú? En contra de lo que piensa, sólo va a complicarle su tarea. Ante todo porque no resiste a la tentación de reservarse el poder para él solo. El 17 de noviembre de 1918 elimina a todos los civiles que intrigan para conseguir los puestos de responsabilidad y establece una verdadera dictadura militar. Franceses e ingleses le apoyan. Bancos del mundo entero le abren créditos bajo la garantía del oro de Omsk. Los Blancos tienen poco armamento; de cada cien soldados, veinte tienen un fusil; los otros tienen que esperar. Ante esa situación Koltcbak gasta cuanto le parece bien, para equipar a su ejército. según cifras oficiales, dos firmas americanas, Remington Arms y Union Metallic Cartridge, ingresan en un solo verano 125 millones de rublos oro. Pero los Rojos no dejarán que los Blancos se armen, para lo cual lanzan una fuerte ofensiva, gracias a la complicidad de los checos que, una vez más, cambian de campo. Pero, anteriormente, Koltchak ha tenido tiempo de cargar el tesoro en tres trenes que van decorados con los signos de la cruz roja. En su recorrido, además de importantes detracciones hechas por Koltchak, desaparecen 60 000 rublos-oro.

Jamás se ha sabido lo que fue de ellos. El 16 de enero de 1920, tras catorce meses de gobierno, Koltchak es hecho prisionero por los Rojos. El 7 de febrero, la Tcheka lo fusila. Pero, hechas las cuentas, el tesoro del Estado ha disminuido prácticamente en la mitad. Lo que queda es transportado a Moscú por orden de Lenin. ¿Qué fue de los sacos de diamantes y los lingotes de oro en el curso de sus diferentes traslados? ¿Fueron quitados de en medio por Koltchak en Omsk?

Un saco de diamantes es encontrado en casa de su amante cuando fue apresada por los Rojos en el último episodio de su aventura… ¿Desaparecieron durante su traslado de Kazán a Omsk? ¿O acaso fueron los checos, vencedores en Kazán, los que se apropiaron de ellos antes de la llegada de los Blancos? A menos que el enviado de Moscú, Ordjonikidzé, tras el asesinato de Muraviov, los colocara en lugar seguro… En este caso, quizás un hombre conoció esta parte del – secreto acerca del tesoro del Estado. Se trata del mejor amigo de Ordjonikidzé, un tal Iossif Vissarionovich Djuagachvii, un georgiano apodado Stalin (imagen derecha) . A menos que no se trate de una de esas coincidencias en las que a veces se muestra tan generosa la Historia.

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«Tras la Revolución de Octubre se tejieron numerosas conjeturas sobre el paradero del tesoro de los zares. Muchas joyas fueron rescatadas y sacadas del país por familiares de los Romanov; otras fueron robadas por los propios soldados que los asesinaron, cuando descubrieron que estaban cosidas a los vestidos de las hijas del zar.

Pero de la parte importante, los lingotes de oro de la reserva, unas 500 toneladas de oro, equivalente actualmente a casi 20.000 millones de dólares, se decía que había sido transportada en tren por orden del almirante Aleksandre Kolchak, líder del Movimiento Blanco que combatía al Ejército Rojo.

Kolchak habría dispuesto en 1918 que la mitad de esas reservas fueran transportadas hasta Tarstan, para alejarlas del peligro rojo y ser utilizadas para comprar armas y continuar la lucha civil. No obstante, no era ese el destino final. Las volvieron a cargar en otro ferrocarril para llevarlas a Irutsk. Pero el tren sufrió un accidente en un puente y sus vagones habrían caído al fondo del lago Baikal, a 1.680 metros de profundidad.«

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Las Profecías de Nostradamus

SUFRIMIENTO Y REVELACIONES

Una noche, al regresar a su hogar después de una jornada de visitas a sus pacientes, Nostradamus se encontró con un cuadro caótico y desolador. Su esposa y sus dos hijos habían contraído la peste. De nada sirvieron sus conocimientos y experiencia, los cuidados que les prodigó, las horas que pasó junto a sus lechos de agonía y los remedios que empleara exitosamente con otros enfermos. Con poca diferencia, Ana de Cabrejas y sus dos hijos murieron después de una dolorosa agonía.

Quebrado por el dolor, Nostradamus no advirtió los movimientos sospechosos que tenían lugar a su alrededor sino hasta que fue casi demasiado tarde. Sus colegas, celosos de su prestigio, vieron el momento oportuno para atacarlo y destruirlo. Para quienes fueran sus agradecidos vecinos, la muerte de Ana de Cabrejas y sus hijos significó un claro signo de “castigo divino”. Pensaron que Nostradamus era un discípulo del Diablo y sus insólitas prácticas médicas, simplemente brujería. En el mejor de los casos, los habitantes de Agen se limitaron a reírse del antes prestigioso médico, quien se vio obligado a abandonar la ciudad con la sombra del Tribunal de la Inquisición sobre sus espaldas.

En la soledad de su estudio y siempre de noche, Nostradamus era iluminado con las visiones sobre lo que habría de suceder en el futuro.

Así se inició su deambular por Europa que le insumiría los siguientes años. Agobiado por la tragedia personal y el fracaso profesional, Nostradamus recorrió Francia, Italia y Alemania.

Fue un peregrinar solitario y a menudo angustioso pero, durante éste, Nostradamus experimentó su primera y arrasadora visión. Así, la metódica observación científica y el experimento práctico, fue ron reemplazados por la luz de la revelación que no admite discusiones.

Fue en el norte de Italia, a las puertas de la ciudad de Ancona. Los pasos de Nostradamus se cruzaron con los de tres monjes mendicantes, franciscanos harapientos pero fieramente orgullosos de su fe y su adhesión a la pobreza de Cristo. El médico de los peregrinos apenas habían cambiado una mirada cuando, ante los ojos atónitos de los sacerdotes, Nostradamus se arrodilló ante uno de los francisca nos e inclinó humildemente la cabeza.

La sorpresa inicial fue reemplazada por una mal disimulada hilaridad. Los franciscanos instaron a Nostradamus a que se levantara del barro pero el médico se negó, afirmando: «Debo inclinarme y doblar la rodilla frente a Su Santidad».

Ante esta afirmación, los peregrinos, incluido el hermano Felice Peretti, quien antes de abrazar la religión fuera un mísero porquero y el hombre ante quien Nostradamus permanecía hincado se echaron a reír y siguieron su camino. Cuarenta años deberían pasar para que, en 1585 el porquero Felice Peretti ascendiera al trono papal con el nombre de Sixto V.

La coronación tuvo lugar dos décadas después de la muerte de Nostradamus pero seguramente, el viejo franciscano, tuvo muy presente al anónimo médico francés que, en una soleada tarde, se arrodillara ante él a las puertas de la ciudad italiana de Ancona.EL PAPA SIXTO V

Felice Peretti estaba llamado a cumplir con un gran destino y Nostradamus lo percibió en el mismo instante en que sus pasos se cruzaron. Nacido en Ancona el 13 de diciembre de 1520, entró a la Orden de San Francisco de Asís a los trece años y se ordenó en Siena en 1547. Se doctoró en Teología un año más tarde. Fue Inquisidor General de Venecia y vicario general de su orden. Nombrado cardenal en 1570, llegó al papado en 1585, como sucesor de Gregorio XIII.

Su papado duró sólo cinco años pero abundó en hechos. Saneó las arcas vaticanas y combatió la corrupción de la iglesia. Por la bula Postquam Verus (1586) estableció en setenta el número de cardenales del Sacro Colegio y en 1588 reorganizó las congregaciones. El orden impuesto por él duró hasta el Concilio Vaticano II(1962-1965).

Además, trabajó en forma personal en la modernización urbanística de Roma y apoyó activamente a los países católicos, al tiempo que rechazaba toda intervención de los reyes en los asuntos de la Iglesia.

En 1585 excomulgó a Enrique de Navarra, pretendiente protestante al trono francés y otro personaje importante en la historia profética de Nostradamus. Sixto V ordenó además la construcción de la cúpula de San Pedro. Murió en Roma, el 27 de agosto de 1590.

UN PROFETA EN EL EXILIO

La peregrinación de Nostradamus se prolongó durante varios años más. En 1544 auxilió a los en-ferinos de peste de Marsella, una ciudad ideal para el desembarco de la enfermedad. Luego pasó a Aix en-Provence donde volvió a realizar con éxito aquellos tratamientos a base de aire puro, agua limpia y hierbas medicinales. De allí siguió a Salon de Provence, ciudad a la que lo llevaron los angustia dos reclamos de los ediles locales.

Otra vez dio ba talla contra la peste y otra vez venció. Las autoridades de Salón le pidieron que se quedara en esa ciudad pero un llamado urgente de Lyon lo llevó a proseguir su lucha. Sin embargo, Salon había quedado grabada en su memoria y, cuando decidió que habla llegado el momento de buscar un lugar don de pasar el resto de su vida, encaminó sus pasos hacia allí.

Como todo científico introvertido, Nostradamus no tenía capacidad administrativa ni espíritu comercial, por lo cual sus servicios muchas veces quedaban impagos, y él no se preocupaba por reclamar las deudas, aún cuando se tratara de pacientes ricos y poderosos.

Cuando decidió radicarse en Salon no tenía dinero suficiente para comprar una casa y tuvo que recurrir a su familia, como lo había hecho muchas otras veces. Fue su hermano César quien encontró la vivienda en la que escribiría sus famosas Profecías y viviría sus últimos años. El mismo César fue quien pagó por la propiedad y el responsable de presentarle a la mujer con la que habría de contraer segundas nupcias: Anne Ponsard. La dama en cuestión era una viuda rica de mediana edad, una mujer amable y comprensiva con la que Nostradamus compartiría la última etapa de su vida y en quien encontraría un gran apoyo.

Su llegada a Salon coincidió con un giro radical en el transcurrir de sus días. La Medicina fue desplazada del centro de su atención, siendo reemplazada por su interés en la Alquimia, la Astrología y el despertar de su asombroso don profético. Nostradamus supo entonces que había encontrado su destino definitivo.

EL TIEMPO DE LAS CENTURIAS

En la noche del Viernes Santo del año 1554, Michel de Notre Dame, conocido como el doctor Nostradamus, anunció que dedicaría todo su tiempo y esfuerzos a escribir una obra en la cual reuniría y sintetizaría “las posibilidades del futuro de la raza humana”.

Comenzó a pasar sus noches en vela, de pie en la terraza de su hogar, estudiando el curso de las estrellas y recibiendo sus visiones y revelaciones. A Anne Ponsard le explicó que, en esas noches de contemplación, los siglos por venir se abrían ante sus ojos y cómo las visiones se hadan luz en su mente y en su alma.
Organizó sus profecías en volúmenes denominados Centurias, cada uno de los cuales debía con tener cien profecías escritas en forma de cuartetas o grupos de cuatro versos. El primer tomo de las Centurias vio la luz en 1555 y provocó un auténtico revuelo. Las opiniones se dividieron y la polémica no tardó en desatarse.

Uno de los versos aludía caramente a la figura del monarca que en esos días gobernaba Francia, Enrique II, pero su significado definitivo escapaba a la familia real y sus consejeros. Entonces, la reina Catalina De Médicis, una mujer inteligente, resuelta y voluntariosa, decidió enfrentar directamente a Nostradamus y le ordenó presentarse ante la Corte y explicar el sentido de la Centuria 35 cuyo texto reza: “El león joven superará al viejo! En campo bélico, por singular duelo.! En jaula de oro le re ventará los ojos.! Dos combates; uno luego morir de muerte cruel”.

Nostradamus explicó entonces que Enrique II (el león viejo) moriría en combate con un noble más joven y Catalina De Médicis, fascinada con la personalidad del sabio y entreviendo la posibilidad de acceder al poder como Regente, le pidió que profetizara el futuro de sus pequeños hijos.
El Delfín de Francia era Francisco, comprometido desde la infancia con María Estuardo, hija del rey de Escocia. Le seguía Carlos, pero el favorito de Catalina era Enrique, Duque de Anjou. Y cuan do Nostradamus le dijo que éste y no su hermano mayor sería rey de Francia, Catalina no dudó de la veracidad de sus afirmaciones.

Cuatro años más tarde, en oportunidad de la boda de su hija mayor, Isabel, con el hijo del rey de España, Enrique II dispuso la realización de una fiesta que duró tres días y para la que se revivieron los torneos o justas de caballería, caídas en desuso, pero a las que el rey era muy aficionado.

Enrique II participó activamente de los torneos y triunfó en el primer encuentro. Pero, en su segundo lance, enfrentó al joven Conde de Montgomery y encontró su destino. La lanza rota de su rival perforó la visera de oro de su casco y se elavó en sus ojos. Era el 29 de junio de 1559 y la profecía de Nostradamus se cumplía puntualmente. Ciego y con una herida cerebral que le provocó grandes sufrimientos, Enrique II agonizó diez días antes de morir. El reino de Francisco II, aún menor de edad, duró menos de un año. A su muerte, María Estuardo fue devuelta a Escocia, Catalina De Médicis convertida en Regente del rey Carlos IX, de sólo catorce años, y Francia no tardó en comprobar que una nueva etapa había comenzado.

UNA REINA DE MANO FÉRREA

Catalina De Médicis (imagen) nació en Florencia el 13 de abril de 1519. Era hija de Lorenzo De Médicis Duque de Urbino, llamado El Magnifico, y de Madekinc de la Tour d’Auvergne. Huérfana a poco de nacer, heredó de su padre la inteligencia brillan te y su infatigable capacidad para la intriga política. A los catorce años se casó con Enrique, Duque de Orleans, hijo del rey de Francia, Francisco I.
Aunque su matrimonio fue largo y de él nacieron diez hijos (sólo siete superaron la primera in Francia) Catalina ocupó un rol secundario en la vida de Enrique II, desplazada por la favorita, Diana de Poitiers, una viuda rica, herniosa y madura, a la que el rey llegó a permitirle el uso público de las joyas reales.

Durante esos años, Catalina no tuvo el menor acceso al poder pero la muerte de Enrique II y la corta edad del Delfín revirtieron la situación. Convertida en Regente, desterró a Diana de Poitiers y comenzó la eliminación sistemática de sus enemigos. Tildada de arbitraria y despótica, nunca permitió que las leyes se interpusieran entre ella y su voluntad y gobernó con mano férrea, manipulan do a Carlos IX aún cuando éste alcanzó la mayoría de edad y se convirtió en rey por derecho propio. A la regencia de Catalina se le debe la construcción del palacio de las Tullerías, la ampliación del Louvre y la modernización de la ciudad de París. También a este periodo se atribuyen numerosas muertes por envenenamiento, un arte en el que la reina tenía un interés y conocimiento poco comunes.


Aunque deseaba mantenerse al margen de los conflictos religiosos que causaran miles de muertos en un pasado reciente (de hecho casó a su hija Mar garita de Valois con el protestante Enrique de Navarra) terminó aliándose contra los protestantes con Luís de Guisa y presionó a su hijo para que autorizara la Matanza de San Bartolomé, la peor masacre de la historia de Francia hasta el advenimiento del Terror.
Carlos IX murió en 1574 y el hijo predilecto de Catalina De Médicis ascendió al trono como Enrique III. Despótico y vicioso, tuvo un reinado turbulento que se prolongó por quince años. Políticamente incapaz, por momentos se apoyó en su madre y por momentos la alejó de sí. Catalina De Médicis murió en Blois el 5 de enero de 1589, meses antes de ver concretarse otra profecía de Nostradamus: el asesinato de Enrique III a manos de un monje y el ocaso de la casa de Valois en el trono francés.

NOSTRADAMUS COMO MÉDICO Y ASTRÓLOGO DE LA FAMILIA REAL

Nostradamus regresó a Salon envuelto en un halo de renovado prestigio a causa del favor de la reina. Sin embargo, los honores y la fama no tuvie ron en él el menor efecto. Su tiempo se acababa y el sabio sólo vivía para profetizar. Noche tras noche Nostradamus contemplaba el cielo y escribía sus cuartetas. Las predicciones trascendían y los rumo res en torno al médico-profeta iban en aumento. Se hablaba de brujería, de posesión demoníaca, de pactos con Satanás. El Tribunal de la inquisición empezó a rondar nuevamente, pero la protección de la temible Catalina De Médicis era muy poderosa.

La conmoción creada por la muerte de Enrique II sacudió todas las estructuras de Francia. Catalina De Médicis, convertida en Regente de Carlos IX, viajó a Salon al frente de la Corte para entrevistarse con Nostradamus. El hecho de que la Regente fuera al encuentro del profeta en lugar de reclamar su presencia en París no escapó a la perspicacia de los cortesanos, habituados a conservar vida y fortuna acomodándose al humor de los poderosos.
La reina se instaló con la Corte en el llamado Palacio del Emperador y se reunió con Nostradamus en la Torre del Reloj. Aunque hubo testigos del encuentro y los saludos iniciales, la audiencia adquirió el carácter de privada y ambos se trasladaron al gabinete particular del sabio, donde conversaron por varias horas. No se sabe de qué hablaron pero Catalina estaba obsesionada por conocer el futuro del país que desde la muerte de su esposo y su primogénito, gobernaba con poder absoluto. Hacia el final de la entrevista la reina hizo traer a Enrique, su hijo predilecto, al que ansiaba ver coronado rey de Francia.
Ante su insistencia, Nostradamus hizo que el muchacho se desvistiera y examinó sus lunares. La observación confirmó su anterior profecía: Enrique, Duque de Anjou, ascendería al trono de Francia con el nombre de Enrique III. La Regente suspiró aliviada. En su felicidad, Catalina omitió el detalle de que, para que ese hijo adorado fuera rey, otro menos querido y siempre manipulado debía morir:
el tímido, retraído e inmaduro Carlos IX.

La Regente abandonó Salon poco después pero no sin antes haber nombrado a Nostradamus médico y astrólogo personal de su familia y haberle adjudicado una generosa renta vitalicia, honores a los que el sabio dedicó tan poco interés como de costumbre. Cuando se despidieron, Catalina habló de volver a consultarlo, pero Nostradamus sabía lo que la reina no podía conocer: que aquel sería el último encuentro entre ambos personajes.

LOS ÚLTIMOS ANOS DEL PROFETA

El vidente no vivió para ver a Enrique de Anjou convertido en rey de Francia pero sus dones no necesitaban confirmación alguna. Por eso, cuando vio su propia muerte en el futuro cercano, no se preocupó. Ni siquiera se apuró a consignar sus profecías: sabía perfectamente cuál era su misión en la Tierra y que dispondría del tiempo necesario para cumplirla.
El 1 de julio de 1556 regresó a Salon de una misión en Arles, ciudad ante cuya Asamblea representó al pueblo en el que se radicara años antes. A poco de llegar escribió su última profecía: “De vuelti de una embajada/ con el don del rey a la vista! Ya no hará nada más/ Y marchará hacia Dios.! Los parientes, los amigos y hermanos de sangre, / lo hallarán muerto cerca del lecho y del banco”.

Antes de partir hacia Arles había llamado a un notario para dictarle su testamento. Como todo en él, el documento no tuvo anda de convencional y estableció claramente que no deseaba ser “en terrado a la manera habitual, sino colocado verticalmente contra la pared de la iglesia de los franciscanos. De esta manera, incluso después de mi muerte, ni los estúpidos ni los cobardes, ni los cretinos ni los mal nacidos podrán venir a bailar sobre mi tumba”.

El 2 de julio de 1566, Anne Ponsard lo encontró muerto. Su cuerpo yacía tal como él mismo lo predijera, entre el lecho y el banco. Sus restos fue ron enterrados de acuerdo a sus disposiciones en el Convento de lesCordeliers pero, años después, fueron trasladados a la Iglesia de Saint Laurent, hasta la que miles de curiosos y peregrinos viajan cada año en número creciente para visitar el lugar de descanso de los restos del hombre que vislumbró el futuro con sorprendente claridad.

Su tumba está señalada por una placa de mármol en la que está inscripto el epitafio compuesto por Anne Ponsard: “Osamentas del muy ilustre Michel de Nostradamus, el único, al juicio de todos los mortales, que con su pluma casi divina haya podido consignar los acontecimientos futuros del Universo entero a partir de los astros. Vivió 62 años, 6 meses, 17 días y murió en Salón en el año 1566. Que la posteridad no moleste su descanso. Anne Ponsard, su esposa, le desea la verdadera felicidad”.

Biografia de Nostradamus Vida y Las Profecias

Biografía de Nostradamus y Sus Profesías

LA HISTORIA DE UN VISIONARIO

Michel de Notre-Dame nació el 14 de diciembre de 1503 en Saint-Réiny, un pequeño pueblo del sur de Francia. Fue el primogénito de los dieciocho hijos que habría de tener el matrimonio formado por Rcyiére de Saint-Rémy y Jaumet de Notre-Dame.

Aunque la familia Notre-Dame era católica y temerosa de Dios como sus vecinos del pueblo, por cierto es que los bisabuelos del joven Michel habían sido judíos, convertidos al cristianismo para evitar las persecuciones impuestas por la Inquisición.

Ya desde niño, Michel de Notre-Dame manifestó tener un carácter introvertido que lo caracterizaría durante el resto de su vida. La inteligencia brillante y su insaciable avidez de conocimientos, lo llevaron a tener como mejor amigo durante su infancia a una persona muy especial, que marcaría el rumbo de su educación.

Se trataba de su abuelo materno, Jean de Saint-Rémy, quien en aquel momento se desempeñaba como médico personal del rey Renato y su hijo, el Duque de Calabria.

En su abuelo Saint-Rémy, Michel encontró la compañía amistosa y la comprensión intelectual que no podían brindarle sus padres y hermanos.

De esta forma, pronto comenzó a acompañar a su abuelo en los quehaceres profesionales, mientras lo interrogaba lúcidamente sobre los secretos y teorías de su trabajo. Jean de Saint-Rémy se sentía orgulloso de la vocación médica de su nieto y se convirtió en su primer maestro en el difícil arte de la Medicina, en una época en que ésta se encontraba peligrosamente ligada a la superchería, inculcándole algunos principios revolucionarios.

Gracias a esta influencia, a los catorce años, Michel de Notre-Dame ya era un intelectual de sólida formación, capaz de leer, escribir y hablar correctamente no sólo el francés materno y el hebreo hereditario sino también el latín, el griego y el italiano. También poseía avanzados conocimientos de matemáticas, pero su principal interés por el momento se centraba en la Medicina.

Era la tarde del 2 de julio de 1566 cuando Nostradamus le comunicó a un allegado que el día siguiente no lo encontraría entre los vivos. Tenía 62 años y estaba enfermo, debilitado, intuyendo el final. Dos años atrás ya había escrito sin fijar fecha: «Parientes cercanos, amigos y hermanos, me encontrarán muerto cerca de la cama y el banco». Y así fue como el más célebre de los profetas que ha existido, logró anticipar hasta su propia muerte. No sin antes dejar tras de sí un sorprendente listado de predicciones, muchas que ya fueron dadas por cumplidas, y otras que aún riegan con incertidumbre el porvenir.

SUS AÑOS DE ESTUDIO

En la Francia del siglo XVI la profesión médica era una de las pocas permitidas a los judíos y una conversión que databa apenas de tres generaciones, bastaba para escapar a la hoguera de la Inquisición, pero no para hacer de los Saint-Rémy y de los Notre-Dame “católicos verdaderos”.

De modo que ambas familias seguían siendo hebraicas ante la ley y no hubo objeción alguna para que su hijo se enrolara en la Universidad de Montpellier, una de las más famosas escuelas médicas de Europa.

Sin embargo, Michel de Notre-Dame no fue directamente de Saint-Rémy a esta Universidad sino que primero viajó a la vecina ciudad de Avignon, donde ingresó en la Facultad de Artes. Tenía quince años y pasaría allí los tres siguientes, completando su formación intelectual. Recién en 1522 partió hacia Montpellier, donde estudiaría Medicina y, siguiendo la costumbre de la época, latinizaría su nombre convirtiéndolo en Nostradamus.

nostradasmus y sus profesias

Michel de Notre-Dame, nació el 14 de diciembre de 1503 en la localidad de Saint-Remy, Francia. Fue un destacado médico, un hombre ilustrado, pero apasionado también por las ciencias ocultas y la astrología. Era hijo de un escribano que quiso inducirlo a seguir sus pasos, pero el joven Michel era guiado por otros impulsos. Su abuelo había sido médico y astrólogo, y su bisabuelo, originario de una tribu judía pero convertido al cristianismo bajo el nombre de Pierre de Notredame, también había incursionado en el terreno de lo místico.

LA «PESTE NEGRA” EN EUROPA

Plegarias, discursos y castigos se mezclaban con sangrías y ungüentos en su inefectivo intento por combatir la epidemia llegada de Medio Oriente, que diezmaba sistemáticamente a la población sin diferenciación de clases sociales.

En ese momento sólo había una verdad indiscutible frente a la enfermedad, la Peste Negra desaparecía cuando ya no quedara nadie a quién matar, para volver implacablemente en cuanto los pueblos se recuperaban. Frente a esa desoladora realidad, Nostradamus se dedicó a observar el comportamiento de esta enfermedad devastadora.

Así advirtió que los pacientes enfermaban en forma súbita y caían como fulminados. Su examen revelaba manchas oscuras en pecho y abdomen, como también ganglios dolorosamente inflamados en axilas e ingles, llamados bubones.

En Montpellier, Nostradamus encontró y comenzó a cumplir la primera parte de su extraordinario destino, adquiriendo las herramientas y conocimientos necesarios para convertirse en un medico famoso.

En sus días de esmerado estudiante, vivió en el número 6 de la Rue del Foin y fue en el sótano dc esa casa que montó el primero de sus laboratorios. Encerrado en ese sótano profundizó los conocimientos transmitidos por su abuelo Saint-Rémy y aquellos adquiridos en la Universidad, dedicando interminables horas a la lectura ya los métodos científicos de indagación.

Su carácter solitario e introvertido se fue profundizando, así como sus conocimientos de la misteriosa e inquietante ciencia no tuvo que esperar mucho tiempo para aplicar en el terreno práctico sus conocimientos científicos, y el sur de Francia que lo viera nacer sería el escenario de su primera práctica como médico de campaña. Durante décadas la Peste Negra o peste bubónica había golpeado implacablemente Europa y todos los esfuerzos tradicionales habían fracasado en su intento por detenerla.

El curso del mal era rápido y doloroso: fiebre altísima, delirio, vómitos, diarrea y, por último, convulsiones seguidas de muerte. Los cadáveres, a menudo contorsionados en posturas grotescas, con los ojos desorbitados y las lenguas hinchadas, se ponían negros con increíble velocidad.

Conociendo lo irreversible del mal, los vecinos y parientes solían abandonar a los enfermos a su suerte, tapiándolos en sus hogares a menudo con sus familias si éstas no escapaban a tiempo.

Las poblaciones se cerraban a los viajeros, las precarias comunicaciones se interrumpían, el comercio se paralizaba y las ciudades y los reinos entraban en el caos, mientras falsos profetas y predicadores florecían y medraban a la sombra de la desesperación general.

En ese marco fue que, recordando las ideas de su abuelo Saint-Rémy y aplicando los resultados de sus propias investigaciones, Nostradamus se dedicó a combatir la enfermedad de raíz.

LOS CONOCIMIENTOS REVOLUCIONARIOS DE NOSTRADAMUS:

La conclusión a la que llegó el hombre que habría de profetizar, con magnífica precisión los más grandes acontecimientos ocurridos en los siguientes cuatro siglos era bastante sencilla, pero no por eso menos revolucionaria para el momento.

Nostradamus observó que no sólo los remedios empleados eran absolutamente inútiles sino que, además, no se hacía nada para impedir la propagación del mal.

La peste bubónica es una enfermedad propia de las ratas, transmitida a los seres humanos por la picadura de las pulgas que plagan a estos roedores y que la inoculan por medio de su saliva.

Cuando una colonia de ratas contrae peste, los roedores mueren en grandes cantidades.

A medida de que los cadáveres se enfrían, las pulgas los abandonan en busca de sangre caliente y se dispersan, picando y, al mismo tiempo contagiando, a todo ser vivo que encuentran.

Las condiciones sanitarias del sigo XVI no estaban muy por encima de las del medioevo y la higiene era aún considerada como signo de vanidad y, por lo tanto, de la influencia del Demonio.

Esas costumbres, sumadas a la deficiente nutrición, creaban el campo ideal para que la peste se expandiera en todas las direcciones. Los enfermos morían en malolientes habitaciones cerradas, porque se creía que el aire propagaba las enfermedades.

El menor síntoma de enfermedad significaba una sangría que sólo servía para debilitar al paciente y el inútil tratamiento se completaba con purgas destinadas a limpiar el organismo de la enfermedad.

Nostradamus descartó estas y otras insensateces y atacó la peste como lo haría cuatro siglos más tarde otro médico francés, Louis Pasteur: con limpieza y aire fresco, reforzados en su caso por el empleo de hierbas medicinales. En aquellos días de muerte y terror, la profesión médica no era bien vista y muchos condenados maldecían a los supuestos encargados de curarlos, que sólo les infligían más y más dolor.

La población desconfiaba de los médicos y los rumores hablaban abiertamente sobre influencias satánicas y castigos divinos. El joven doctor Nostradamus no se dejó acobardar por la hostilidad de sus compatriotas y siguió adelante con su revolucionario tratamiento, logrando curas que fueron calificadas de milagrosas.

Su batalla contra la peste duró varios años y lo llevó a Narhone, Carcasonne (donde fue médico personal del obispo Amenien de Fays, lo que lo protegió del recelo de sus colegas y las intrigas de la Inquisición) y Toulouse, antes de regresar a Montpellier en 1529 para seguir estudiando. Permaneció en esa ciudad tres años más, enseñando en la misma Universidad en la que se formara como médico antes de regresar a Toulouse, donde estableció su consultorio.

En el ínterin, Nostradamus conoció a quien sería su primera esposa, Ana de Cabrejas. En 1534, ya casado y padre de dos hijos, recibió una invitación para radicarse con su familia en la ciudad de Agen, ubicada al norte de Toulouse. Así lo hizo y allí le esperaría su peor batalla contra la peste y aquella en la que la “Muerte Negra” lo habría de derrotar.

Durante la tragedia en Europa medieval, donde la peste bubónica arrasó con casi la tercera parte de la población,  Michel de Notredame se lanzó a asistir a los apestados con resultados positivos a través de algunas prácticas ideadas por él mismo. Para el año 1530, había vuelto a Montpellier y profundizó sus estudios de astrología, atraído por el movimiento de los planetas y su posible incidencia en la vida de los personas.

En 1533 contrajo matrimonio y tuvo dos hijos, pero sus virtudes médicas no lograron salvar a su familia de las pestes. La tragedia lo empujó a salir nuevamente en un viaje que duraría 8 años. Su periplo incluyó Francia e Italia, y fue en aquel tiempo en que se manifestó lo que se consideró su primera profecía. Cuenta la historia que al toparse con un grupo de frailes, se hincó de manera espontánea ante uno de ellos. Nadie entendió por qué lo hizo, pero aquel humilde religioso se convirtió luego en el Papa Sixto V.

Recién en 1547 se estableció en Salon-de-Provence, donde permanecería hasta su muerte. Allí se casó por segunda vez y tuvo un hijo, al que llamó César. Desde entonces, orientó su profesión hacia la perfumería, la estética personal y hasta la virilidad masculina, creando pócimas y pomadas con gran suceso. Pero también dio inicio a la obra literaria que lo consagraría como profeta. Se trataba de «Las Centurias Astrológicas», a la que firmó con la versión latina de su nombre, Nostradamus.

Fueron publicadas a partir de 1555 y las escribió en cuartetos rimados, sin orden cronológico, usando un estilo críptico que combinaba francés, latín, español y hebreo. Basaba sus predicciones en un supuesto don sobrenatural con el que anticipaba situaciones futuras. Pero también se inspiraba en relatos bíblicos de antiguas profecías, y combinando cálculos matemáticos con sus conocimientos astrológicos.

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Las Profecías de Nostradamus

SUFRIMIENTO Y REVELACIONES: Una noche, al regresar a su hogar después de una jornada de visitas a sus pacientes, Nostradamus se encontró con un cuadro caótico y desolador. Su esposa y sus dos hijos habían contraído la peste.

De nada sirvieron sus conocimientos y experiencia, los cuidados que les prodigó, las horas que pasó junto a sus lechos de agonía y los remedios que empleara exitosamente con otros enfermos.

Con poca diferencia, Ana de Cabrejas y sus dos hijos murieron después de una dolorosa agonía.

Quebrado por el dolor, Nostradamus no advirtió los movimientos sospechosos que tenían lugar a su alrededor sino hasta que fue casi demasiado tarde. Sus colegas, celosos de su prestigio, vieron el momento oportuno para atacarlo y destruirlo.

Para quienes fueran sus agradecidos vecinos, la muerte de Ana de Cabrejas y sus hijos significó un claro signo de “castigo divino”. Pensaron que Nostradamus era un discípulo del Diablo y sus insólitas prácticas médicas, simplemente brujería.

En el mejor de los casos, los habitantes de Agen se limitaron a reírse del antes prestigioso médico, quien se vio obligado a abandonar la ciudad con la sombra del Tribunal de la Inquisición sobre sus espaldas.

En la soledad de su estudio y siempre de noche, Nostradamus era iluminado con las visiones sobre lo que habría de suceder en el futuro.

Así se inició su deambular por Europa que le insumiría los siguientes años. Agobiado por la tragedia personal y el fracaso profesional, Nostradamus recorrió Francia, Italia y Alemania.

Fue un peregrinar solitario y a menudo angustioso pero, durante éste, Nostradamus experimentó su primera y arrasadora visión. Así, la metódica observación científica y el experimento práctico, fue ron reemplazados por la luz de la revelación que no admite discusiones.

Fue en el norte de Italia, a las puertas de la ciudad de Ancona. Los pasos de Nostradamus se cruzaron con los de tres monjes mendicantes, franciscanos harapientos pero fieramente orgullosos de su fe y su adhesión a la pobreza de Cristo.

El médico de los peregrinos apenas habían cambiado una mirada cuando, ante los ojos atónitos de los sacerdotes, Nostradamus se arrodilló ante uno de los francisca nos e inclinó humildemente la cabeza.

La sorpresa inicial fue reemplazada por una mal disimulada hilaridad. Los franciscanos instaron a Nostradamus a que se levantara del barro pero el médico se negó, afirmando: «Debo inclinarme y doblar la rodilla frente a Su Santidad».

Ante esta afirmación, los peregrinos, incluido el hermano Felice Peretti, quien antes de abrazar la religión fuera un mísero porquero y el hombre ante quien Nostradamus permanecía hincado se echaron a reír y siguieron su camino. Cuarenta años deberían pasar para que, en 1585 el porquero Felice Peretti ascendiera al trono papal con el nombre de Sixto V.

La coronación tuvo lugar dos décadas después de la muerte de Nostradamus pero seguramente, el viejo franciscano, tuvo muy presente al anónimo médico francés que, en una soleada tarde, se arrodillara ante él a las puertas de la ciudad italiana de Ancona.

EL PAPA SIXTO V

Felice Peretti estaba llamado a cumplir con un gran destino y Nostradamus lo percibió en el mismo instante en que sus pasos se cruzaron. Nacido en Ancona el 13 de diciembre de 1520, entró a la Orden de San Francisco de Asís a los trece años y se ordenó en Siena en 1547.

Se doctoró en Teología un año más tarde. Fue Inquisidor General de Venecia y vicario general de su orden. Nombrado cardenal en 1570, llegó al papado en 1585, como sucesor de Gregorio XIII.

Su papado duró sólo cinco años pero abundó en hechos. Saneó las arcas vaticanas y combatió la corrupción de la iglesia.

Por la bula Postquam Verus (1586) estableció en setenta el número de cardenales del Sacro Colegio y en 1588 reorganizó las congregaciones. El orden impuesto por él duró hasta el Concilio Vaticano II(1962-1965).

Además, trabajó en forma personal en la modernización urbanística de Roma y apoyó activamente a los países católicos, al tiempo que rechazaba toda intervención de los reyes en los asuntos de la Iglesia.

En 1585 excomulgó a Enrique de Navarra, pretendiente protestante al trono francés y otro personaje importante en la historia profética de Nostradamus. Sixto V ordenó además la construcción de la cúpula de San Pedro. Murió en Roma, el 27 de agosto de 1590.

UN PROFETA EN EL EXILIO: La peregrinación de Nostradamus se prolongó durante varios años más.

En 1544 auxilió a los en-ferinos de peste de Marsella, una ciudad ideal para el desembarco de la enfermedad.

Luego pasó a Aix en-Provence donde volvió a realizar con éxito aquellos tratamientos a base de aire puro, agua limpia y hierbas medicinales. De allí siguió a Salon de Provence, ciudad a la que lo llevaron los angustia dos reclamos de los ediles locales.

Otra vez dio ba talla contra la peste y otra vez venció. Las autoridades de Salón le pidieron que se quedara en esa ciudad pero un llamado urgente de Lyon lo llevó a proseguir su lucha.

Sin embargo, Salon había quedado grabada en su memoria y, cuando decidió que habla llegado el momento de buscar un lugar don de pasar el resto de su vida, encaminó sus pasos hacia allí.

Como todo científico introvertido, Nostradamus no tenía capacidad administrativa ni espíritu comercial, por lo cual sus servicios muchas veces quedaban impagos, y él no se preocupaba por reclamar las deudas, aún cuando se tratara de pacientes ricos y poderosos.

Cuando decidió radicarse en Salon no tenía dinero suficiente para comprar una casa y tuvo que recurrir a su familia, como lo había hecho muchas otras veces. Fue su hermano César quien encontró la vivienda en la que escribiría sus famosas Profecías y viviría sus últimos años.

El mismo César fue quien pagó por la propiedad y el responsable de presentarle a la mujer con la que habría de contraer segundas nupcias: Anne Ponsard. La dama en cuestión era una viuda rica de mediana edad, una mujer amable y comprensiva con la que Nostradamus compartiría la última etapa de su vida y en quien encontraría un gran apoyo.

Su llegada a Salon coincidió con un giro radical en el transcurrir de sus días. La Medicina fue desplazada del centro de su atención, siendo reemplazada por su interés en la Alquimia, la Astrología y el despertar de su asombroso don profético. Nostradamus supo entonces que había encontrado su destino definitivo.

EL TIEMPO DE LAS CENTURIAS: En la noche del Viernes Santo del año 1554, Michel de Notre Dame, conocido como el doctor Nostradamus, anunció que dedicaría todo su tiempo y esfuerzos a escribir una obra en la cual reuniría y sintetizaría “las posibilidades del futuro de la raza humana”.

Comenzó a pasar sus noches en vela, de pie en la terraza de su hogar, estudiando el curso de las estrellas y recibiendo sus visiones y revelaciones.

A Anne Ponsard le explicó que, en esas noches de contemplación, los siglos por venir se abrían ante sus ojos y cómo las visiones se hadan luz en su mente y en su alma.

Organizó sus profecías en volúmenes denominados Centurias, cada uno de los cuales debía con tener cien profecías escritas en forma de cuartetas o grupos de cuatro versos. El primer tomo de las Centurias vio la luz en 1555 y provocó un auténtico revuelo. Las opiniones se dividieron y la polémica no tardó en desatarse.

Uno de los versos aludía caramente a la figura del monarca que en esos días gobernaba Francia, Enrique II, pero su significado definitivo escapaba a la familia real y sus consejeros.

Entonces, la reina Catalina De Médicis, una mujer inteligente, resuelta y voluntariosa, decidió enfrentar directamente a Nostradamus y le ordenó presentarse ante la Corte y explicar el sentido de la Centuria 35 cuyo texto reza: “El león joven superará al viejo! En campo bélico, por singular duelo.! En jaula de oro le re ventará los ojos.! Dos combates; uno luego morir de muerte cruel”.

Nostradamus explicó entonces que Enrique II (el león viejo) moriría en combate con un noble más joven y Catalina De Médicis, fascinada con la personalidad del sabio y entreviendo la posibilidad de acceder al poder como Regente, le pidió que profetizara el futuro de sus pequeños hijos.

El Delfín de Francia era Francisco, comprometido desde la infancia con María Estuardo, hija del rey de Escocia. Le seguía Carlos, pero el favorito de Catalina era Enrique, Duque de Anjou.

Y cuando Nostradamus le dijo que éste y no su hermano mayor sería rey de Francia, Catalina no dudó de la veracidad de sus afirmaciones.

Cuatro años más tarde, en oportunidad de la boda de su hija mayor, Isabel, con el hijo del rey de España, Enrique II dispuso la realización de una fiesta que duró tres días y para la que se revivieron los torneos o justas de caballería, caídas en desuso, pero a las que el rey era muy aficionado.

Enrique II participó activamente de los torneos y triunfó en el primer encuentro. Pero, en su segundo lance, enfrentó al joven Conde de Montgomery y encontró su destino. La lanza rota de su rival perforó la visera de oro de su casco y se elavó en sus ojos.

Era el 29 de junio de 1559 y la profecía de Nostradamus se cumplía puntualmente. Ciego y con una herida cerebral que le provocó grandes sufrimientos, Enrique II agonizó diez días antes de morir.

El reino de Francisco II, aún menor de edad, duró menos de un año. A su muerte, María Estuardo fue devuelta a Escocia, Catalina De Médicis convertida en Regente del rey Carlos IX, de sólo catorce años, y Francia no tardó en comprobar que una nueva etapa había comenzado.

UNA REINA DE MANO FÉRREA

Catalina De Médicis (imagen) nació en Florencia el 13 de abril de 1519. Era hija de Lorenzo De Médicis Duque de Urbino, llamado El Magnifico, y de Madekinc de la Tour d’Auvergne. Huérfana a poco de nacer, heredó de su padre la inteligencia brillan te y su infatigable capacidad para la intriga política.

A los catorce años se casó con Enrique, Duque de Orleans, hijo del rey de Francia, Francisco I.

Aunque su matrimonio fue largo y de él nacieron diez hijos (sólo siete superaron la primera in Francia) Catalina ocupó un rol secundario en la vida de Enrique II, desplazada por la favorita, Diana de Poitiers, una viuda rica, herniosa y madura, a la que el rey llegó a permitirle el uso público de las joyas reales.

Durante esos años, Catalina no tuvo el menor acceso al poder pero la muerte de Enrique II y la corta edad del Delfín revirtieron la situación. Convertida en Regente, desterró a Diana de Poitiers y comenzó la eliminación sistemática de sus enemigos.

Tildada de arbitraria y despótica, nunca permitió que las leyes se interpusieran entre ella y su voluntad y gobernó con mano férrea, manipulan do a Carlos IX aún cuando éste alcanzó la mayoría de edad y se convirtió en rey por derecho propio.

A la regencia de Catalina se le debe la construcción del palacio de las Tullerías, la ampliación del Louvre y la modernización de la ciudad de París. También a este periodo se atribuyen numerosas muertes por envenenamiento, un arte en el que la reina tenía un interés y conocimiento poco comunes.

Aunque deseaba mantenerse al margen de los conflictos religiosos que causaran miles de muertos en un pasado reciente (de hecho casó a su hija Margarita de Valois con el protestante Enrique de Navarra) terminó aliándose contra los protestantes con Luís de Guisa y presionó a su hijo para que autorizara la Matanza de San Bartolomé, la peor masacre de la historia de Francia hasta el advenimiento del Terror.

Carlos IX murió en 1574 y el hijo predilecto de Catalina De Médicis ascendió al trono como Enrique III. Despótico y vicioso, tuvo un reinado turbulento que se prolongó por quince años.

Políticamente incapaz, por momentos se apoyó en su madre y por momentos la alejó de sí. Catalina De Médicis murió en Blois el 5 de enero de 1589, meses antes de ver concretarse otra profecía de Nostradamus: el asesinato de Enrique III a manos de un monje y el ocaso de la casa de Valois en el trono francés.

NOSTRADAMUS COMO MÉDICO Y ASTRÓLOGO DE LA FAMILIA REAL

Nostradamus regresó a Salon envuelto en un halo de renovado prestigio a causa del favor de la reina. Sin embargo, los honores y la fama no tuvie ron en él el menor efecto.

Su tiempo se acababa y el sabio sólo vivía para profetizar. Noche tras noche Nostradamus contemplaba el cielo y escribía sus cuartetas.

Las predicciones trascendían y los rumo res en torno al médico-profeta iban en aumento. Se hablaba de brujería, de posesión demoníaca, de pactos con Satanás.

El Tribunal de la inquisición empezó a rondar nuevamente, pero la protección de la temible Catalina De Médicis era muy poderosa.

La conmoción creada por la muerte de Enrique II sacudió todas las estructuras de Francia. Catalina De Médicis, convertida en Regente de Carlos IX, viajó a Salon al frente de la Corte para entrevistarse con Nostradamus.

El hecho de que la Regente fuera al encuentro del profeta en lugar de reclamar su presencia en París no escapó a la perspicacia de los cortesanos, habituados a conservar vida y fortuna acomodándose al humor de los poderosos.

La reina se instaló con la Corte en el llamado Palacio del Emperador y se reunió con Nostradamus en la Torre del Reloj. Aunque hubo testigos del encuentro y los saludos iniciales, la audiencia adquirió el carácter de privada y ambos se trasladaron al gabinete particular del sabio, donde conversaron por varias horas.

No se sabe de qué hablaron pero Catalina estaba obsesionada por conocer el futuro del país que desde la muerte de su esposo y su primogénito, gobernaba con poder absoluto. Hacia el final de la entrevista la reina hizo traer a Enrique, su hijo predilecto, al que ansiaba ver coronado rey de Francia.

Ante su insistencia, Nostradamus hizo que el muchacho se desvistiera y examinó sus lunares. La observación confirmó su anterior profecía: Enrique, Duque de Anjou, ascendería al trono de Francia con el nombre de Enrique III.

La Regente suspiró aliviada. En su felicidad, Catalina omitió el detalle de que, para que ese hijo adorado fuera rey, otro menos querido y siempre manipulado debía morir: el tímido, retraído e inmaduro Carlos IX.

La Regente abandonó Salon poco después pero no sin antes haber nombrado a Nostradamus médico y astrólogo personal de su familia y haberle adjudicado una generosa renta vitalicia, honores a los que el sabio dedicó tan poco interés como de costumbre.

Cuando se despidieron, Catalina habló de volver a consultarlo, pero Nostradamus sabía lo que la reina no podía conocer: que aquel sería el último encuentro entre ambos personajes.

LOS ÚLTIMOS ANOS DEL PROFETA

El vidente no vivió para ver a Enrique de Anjou convertido en rey de Francia pero sus dones no necesitaban confirmación alguna. Por eso, cuando vio su propia muerte en el futuro cercano, no se preocupó.

Ni siquiera se apuró a consignar sus profecías: sabía perfectamente cuál era su misión en la Tierra y que dispondría del tiempo necesario para cumplirla.

El 1 de julio de 1556 regresó a Salon de una misión en Arles, ciudad ante cuya Asamblea representó al pueblo en el que se radicara años antes.

A poco de llegar escribió su última profecía: “De vuelti de una embajada/ con el don del rey a la vista! Ya no hará nada más/ Y marchará hacia Dios.! Los parientes, los amigos y hermanos de sangre, / lo hallarán muerto cerca del lecho y del banco”.

Antes de partir hacia Arles había llamado a un notario para dictarle su testamento. Como todo en él, el documento no tuvo anda de convencional y estableció claramente que no deseaba ser “en terrado a la manera habitual, sino colocado verticalmente contra la pared de la iglesia de los franciscanos.

De esta manera, incluso después de mi muerte, ni los estúpidos ni los cobardes, ni los cretinos ni los mal nacidos podrán venir a bailar sobre mi tumba”.

El 2 de julio de 1566, Anne Ponsard lo encontró muerto. Su cuerpo yacía tal como él mismo lo predijera, entre el lecho y el banco.

Sus restos fue ron enterrados de acuerdo a sus disposiciones en el Convento de lesCordeliers pero, años después, fueron trasladados a la Iglesia de Saint Laurent, hasta la que miles de curiosos y peregrinos viajan cada año en número creciente para visitar el lugar de descanso de los restos del hombre que vislumbró el futuro con sorprendente claridad.

Su tumba está señalada por una placa de mármol en la que está inscripto el epitafio compuesto por Anne Ponsard: “Osamentas del muy ilustre Michel de Nostradamus, el único, al juicio de todos los mortales, que con su pluma casi divina haya podido consignar los acontecimientos futuros del Universo entero a partir de los astros. Vivió 62 años, 6 meses, 17 días y murió en Salón en el año 1566. Que la posteridad no moleste su descanso. Anne Ponsard, su esposa, le desea la verdadera felicidad”.

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de Rumania Historia o Leyenda

El Conde Dracula Vlad IV
El Empalador de Rumania

El Conde Dracula Vlad IV El Empalador de RumaniaPocos personajes habrán alcanzado una tan amplísima gama como este vampiro salido de la imaginación del escritor Bram Stocker.

Y también será difícil encontrar una concordancia más pobre que entre este muerto viviente y el personaje histórico al que le robó el nombre.

Porque Vlad IV apodado por sus súbditos como Drácula con ser un ser despreciable y sanguinario, nada tenía que ver con el longevo conde que cada noche sale a beber su dosis de hemoglobina necesaria para seguir no y viendo por los siglos de los siglos.

En fin, a no ser por Stocker y, sobre todo, por el séptimo arte, que entró a saco en esta historia increíble, el verdadero Vlad apenas sería conocido en otros lugares que no fuesen sus apartadas montañas de los Cárpatos, como mucho, algunas comarcas próximas.

En cuanto a las comparaciones, el auténtico Drácula sería mucho más aterrador que el de ficción y, por desgracia, la presencia de un crucifijo frente al rey de Valaquia, se demostró inútil para poder salvar a ninguna de sus numerosas víctimas.

El auténtico Drácula fue un noble rumano oriundo de Valaquia que dejaría el recuerdo insufrible de los cruentos padecimientos a los que sometió a los suyos , a su propio pueblo (toda una población aterrorizada), como a los extranjeros. Pocos dudaban de la enajenación de Vlad IV y el placer que experimentaba sometiendo a tortura a cientos de sus súbditos. Por eso, sus crímenes hicieron que se le conociese como Drácula, que significa el hijo del Diablo (y, también, dragón). El verdadero Drácula, como personaje real, pasaría a la Historia como Vlad IV el Empalador.

Vlad se sentó en el trono de su país a los 18 años, bien es cierto que, al principio, como soberano títere de los turcos. De su contacto con los otomanos, por cierto, aprendió el horrible suplicio del empalamiento que después, en cuatro años de locura, utilizaría hasta la saciedad. Una vez que se pudo liberar de sus carceleros, volvió a Valaquia y, en 1437, se autoproclamó Cristo Dios, gran voivoda (príncipe) de Hungro-Valaquia.

Insaciable en su necesidad de matar y hacer sufrir, se enemistaba constantemente con todos los que le rodeaban en un afán —¿de supervivencia?— por incrementar el número de sus futuras víctimas. Una vez éstas adquirían una realidad evidente, Vlad las mataba de mil y una maneras, sobre todo a través del empalamiento. Pero su fértil imaginación y sus instintos sádicos no se tomaban un respiro y ensayaba nuevos sistemas de mandar al mundo de los difuntos a miles de potenciales víctimas.

Así, un día hirvió vivo a un gitano acusado de ladrón, y obligó a su familia a que se lo comiesen después. El número de sus víctimas se contaron por miles que aparecían incluso aumentadas por el boca a boca de los aterrados habitantes del lugar. En Schylta ordenó matar a 25.000, y en una ciudad cercana, el día de San Bartolomé de 1460, empaló a 30.000. A una concubina que le comunicó su embarazo, ordenó que le abrieran el vientre a ver si era verdad.

Provisionalmente puso fin a este estado de cosas el rey Matías de Hungría, que lo encerró durante una docena de años por ver si se calmaba en su frenesí sangriento. Fueron sus propios súbditos los que, asqueados de sus procedimientos torturadores, lo denunciaron al rey de Hungría. En su prisión, Vlad no demostró, precisamente, arrepentimiento alguno; por el contrario, sobornaba a sus guardianes para que le proveyeran de ratones y otros animales a los que, para no olvidarse de su obsesión, se distraía empalándolos. Salió en libertad en 1474, y, al parecer, con ganas de pelear, ya que se metió en una nueva guerra con los turcos, luchando frente a los cuales murió, en una cruenta batalla, a los 45 años de edad. Los otomanos le cercenaron limpiamente la cabeza y la enviaron, previamente conservada e introducida en miel, al sultán de Constantinopla.

Como se advierte al principio, y a pesar de sus monstruosidades, nada abona la acusación contra Vlad IV de ser un bebedor de sangre, o de desdoblarse en vampiro. El error, propagado a través de la celebérrima novela de Bram Stocker más de tres siglos después, pudo deberse a que, en rumano, Drac significa diablo; y en Molda via Drakul es sinónimo de vampiro, ese animal que necesita beber sangre caliente para sobrevivir. Resulta obvio que, comparado con el auténtico Vlad IV, el pobre personaje de la citada novela y de tantos films era un buen cadáver que regresaba pronto a su ataúd. Vlad IV acabó mal, muy mal.

Y, sin embargo, en la memoria colectiva de Transilvania, se fue transmitiendo la leyenda del gran héroe nacional Vlad IV, el cual —para algunas gentes—, si las cosas se ponen feas, volverá de nuevo para salvar a su pueblo. Aunque, entre ese mismo pueblo, también la leyenda del Empalador se ha utilizado siempre para asustar a los niños revoltosos…

El cine se apresuró muy pronto a trasladar a la pantalla a un personaje tan atractivo e interesante. Bien es cierto que nos referimos al Drácula-vampiro de Stocker. En 1931 el director Tod Browning rodó su Drácula con el mejor actor que llegaría a identificarse con el conde-cadáver: Bela Lugosi, que, curiosamente, era de origen húngaro y, por lo tanto, de una tierra próxima a la Valaquia y a los Cárpatos donde reinó el auténtico Vlad IV.

Antes y después (en la historia del cine hay un título, Nosferatu, de Murnau, en los años 20, que es un clásico) los vampiros con forma humana llenarían las pantallas, pero prácticamente nadie se atrevió, que se sepa, a trasladar a imágenes la auténtica biografía del Empalador, quizás porque las mordeduras del conde-vampiro son de alguna manera asumibles y los suplicios de Vlad no.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Todos los pueblos han creído en los vampiros desde los primeros momentos históricos. Las leyendas se remontan a muchos siglos antes de Cristo, en las antiguas Siria y Babilonia… y siempre el vampirismo incluye el beber sangre, el fluido generador de vida.

Los aztecas derramaban sangre en las bocas de sus ídolos. En la India, los rajas bebían sangre de las cabezas cortadas. En China, la familia montaba guardia junto al cadáver por miedo de que un perro o un gato saltaran sobre él y lo transformaran en un vampiro.

Esta creencia encuentra eco en un libro titulado Antidote Against Atheism («Antídoto contra el ateísmo») escrito en el siglo XVIII por el Dr. Henry Moore. Narra la historia de Johannes Cuntius de Silesia, cuyo cadáver fue arañado por un gato negro antes del entierro. Naturalmente, más tarde se supo que Cuntius había reaparecido y bebido sangre. Cuando lo desenterraron, su cuerpo apareció en buen estado de conservación, como es típico en los vampiros.

Los griegos de la antigüedad y, posteriormente, los romanos creían en un tipo de vampiro femenino llamado lamia que seducía a los hombres para chuparles la sangre. Más tarde los griegos emplearon otra palabra para el vampiro: vrukalakos, una criatura capaz de resucitar a los muertos y cuyas víctimas celebraban festines con los vivos. Todo el mundo —varones o mujeres— con pelo rojo, una marca de nacimiento o, incluso, ojos azules era susceptible de ser un vampiro. Cabe decir que los ojos azules son raros en Grecia.

Sin embargo, los nacidos el día de Navidad, el hijo número siete de una familia, una persona con el labio leporino o los que poseían alguna característica poco común resultaban también sospechosos, por lo que mucha gente podía con facilidad encajar en la descripción de un vampiro.

En 1717 un eminente botánico francés, Joseph de Tounefort, afirmó que por doquier en «todo el archipiélago no hay un griego ortodoxo que no crea firmemente que el demonio pueda dar nueva energía y revitalizar a los cuerpos muertos.»

Dentro del área anglosajona, y en una fecha tan reciente como en 1874, un hombre de Rhode Island desenterró a su hija y quemó su corazón porque creía que chupaba la sangre del resto de la familia.

Sin embargo, la verdadera cuna del vampiro se encuentra en el Este de Europa, y su leyenda, tal como la conocemos, surgió en Rumania y Hungría hacia comienzos del siglo XVI. La palabra misma proviene de un vocablo servio y pasó a otros idiomas a mediados del s. XVIII. En aquella época circularon por el Este de Europa numerosos relatos que hablaban de vampiros.

Las historias eran recogidas por viajeros cuyas obras literarias esparcían la leyenda por toda Europa. Durante el siglo XIX, los escritores más famosos de cuentos de horror se apoderaron de la historia del vampiro.

Incluso grandes poetas como Byron, Goethe y Baudelaire mostraron su talento escribiendo acerca del tema del vampiro. No obstante, fue el escritor británico Bram Stoker quien al fin reunió todos los cabos sueltos de la leyenda del vampiro y los entretejió en la obra ya clásica, Drácula, publicada en 1897. La mezcla que hizo de realidad y ficción ha presidido desde entonces nuestro concepto del vampiro.

Stoker jamás visitó Transilvania —actualmente provincia rumana—, donde empieza la historia. Sin embargo, sus investigaciones en documentos que se encuentran en museos y guías de la región fueron muy completas, y Drácula contiene muchos elementos del folklore eslavo. Fue un acierto elegir Transilvania como el hogar de Drácula. Las brumas arremolinadas, los campesinos vestidos con los pintorescos trajes típicos del país y los crucifijos de madera cerca del Paso del Borgo, que Stoker describía en su libro, todavía siguen allí. En esta parte de Europa, el vampirismo formaba parte de la vida… y de la muerte. Como escribió el reverendo Montague Summers, uno de los más importantes historiadores del vampirismo, «… en Rumania encontramos reunidas junto al vampiro casi todas las creencias y supersticiones que prevalecen en el Este de Europa.»

Tendemos a imaginarnos al vampiro pálido, enjuto y extenuado. Esta concepción es desorientadora, ya que tras un festín de sangre la criatura tiene que aparecer henchida, con los labios rojos y un aspecto rubicundo. En cierta manera esta imagen del vampiro como un ser repleto de sangre resulta incluso más aterradora. Pero, cadavéricos o sonrosados, ¿existen seres semejantes?.

Desde épocas tempranas, personas de autoridad se inclinaron a creer que así era, incluyendo al monje francés Dom Augustin Calmet. Autor de uno de los primeros estudios documentados sobre vampirismo, publicado en 1746, Calmet se esforzó por mantener un criterio abierto, pero escribió: «Se nos dice que los hombres… regresan de la tumba, se les oye hablar, andar, atacar tanto a animales como a hombres cuya sangre apuran… haciéndoles enfermar y, al final, provocándoles la muerte. Y los hombres no pueden liberarse por sí mismos, a no ser que desentierren los cadáveres y atraviesen estos cuerpos con estacas afiladas, les corten las cabezas, desgarren los corazones o quemen estos cuerpos hasta que queden reducidos a cenizas. Parece imposible no aceptar la creencia predominante de que estas apariciones salen, en efecto de sus tumbas.»

LEYENDA INDIA SOBRE VAMPIROS
Vikram y el vampiro:
Hace mucho tiempo vivía en la India un rey guerrero cuyo nombre era Vikram. Era orgulloso, valiente y astuto. A pesar de su perspicacia, en cierta ocasión un brujo le engañó haciéndole prometer que haría lo que le ordenara. Le impuso la tarea de descolgar a un vampiro de su árbol y llevarlo al mago. Vikram encontró al vampiro colgado patas arriba en el árbol.

El rey puso a la criatura en posición normal, pero el vampiro volvió a colocarse patas arriba. Lo mismo sucedió durante siete veces consecutivas hasta que el vampiro, al final, suspirando, porque «ni siquiera los dioses pueden resistir a un hombre tan obstinado», dejó que se lo llevara. No obstante, el vampiro selló un extraño trato con Vikram: le contaría algunas historias y le haría preguntas relacionadas con ellas. Si Vikram era capaz de guardar silencio y no responderle nunca, la criatura le premiaría, pero si respondía algo, el vampiro volvería al árbol.

El vampiro relató diez historias, y diez veces Vikram no pudo dejar de responder. En cada ocasión el vampiro regresó al árbol y Vikram lo volvió a capturar. La undécima vez, Vikram consiguió morderse la lengua y no hablar. El premio del vampiro consistió en notificarle una conspiración contra su vida. Advertido de antemano, Vikram escapó sano y salvo de la conjura.

leyenda india

Fuente Consultada:
Seres Crueles y Siniestros de la Historia de José María López Ruiz
Hombres Lobos, Vampiros y Aparecidos – Enciclopedia: El Mundo de los Oculto

Los Huevos de Fabergé Historia de los Huevos Tallados Rusos

Historia de los Huevos de Fabergé
Joyas Talladas de la Familia Real Romanov

La  historia de los huevos de Pascua fabricados por Fabergé, es una historia que recordará a este orfebre como el creador de los huevos preciosos de los zares. Su nombre es Peter Carl Fabergé y puede que sea el orfebre mas famoso del mundo; reconocimiento bien merecido por la maravillosa obra que ha logrado a través de la construcciones de esas obras de arte para la nobleza rusa. Se supone que realizó unos 69 huevos, entre 1885 y 1917, pero actualmente solo se conservan 61; pero otras fuentes sólo confirman unos 56 huevos como máximo.

Fabergé fue encargado de una distinguida joyería de San Petersburgo, y no hace falta decirlo, poseía una habilidad innata  única, que le permitía tallado de piezas, que se transformaron en bellas obras de arte.

Además trabajaba con perlas, piedras preciosas , diamantes, metales y conseguía diseños de los diferentes estilo rusos que se fueron poniendo se moda a través de la historia. Fue nombrado joyero de la corte real rusa, cuando ganó un concurso en una exposición de 1882, y para Pascua de 1883 en Zar Alejandro III le encargó un de estos huevos para su mujer , la zarina María.

Fue tal el asombro y la aceptación que todos los años o bien, cuando se recordaba un hecho especial en sus vida, Fabergé construía un nuevo huevo para la familia. Era de un refinamiento extremado. Estaba hecho de esmalte nacarado translúcido, como el interior de una concha de ostra, y orlado con incrustaciones de oro, de plata y de piedras preciosas.

Todo comenzó en 1884, cuando llegó a San Petersburgo el primer huevo, encargado personalmente por el zar Alejandro III para sorprender a su bienamada esposa, la zarina María.
Este huevo provocaría el asombro general.

Como decíamos antes, esto fue el inicio. Cada año Fabergé tenía que suministrar un huevo a los Romanov, como símbolo de vida y resurrección para la familia imperial. La costumbre se prolongaría durante once años, pero esta tradición no desapareció con la muerte de Alejandro III.

Nicolás II, su sucesor, y su hijo Alejandro, perpetuarían la tradición añadiendo una nueva particularidad a este curioso símbolo: que cada uno albergaría una sorpresa y que dicho contenido quedaría en el mayor de los secretos hasta la apertura del huevo.

Para 1882, cuando el  trabajo de Carl ya era reconocido en todo Rusia, se une al taller otro miembro de la familia: Agathon, el hermano menor de Peter Carl, diseñador de gran talento a quien muchos atribuyen que ese mismo año la casa Fabergé ganara la Medalla de Oro de la Exhibición Pan-rusa, una muestra durante la cual la esposa del zar Alejandro III compró por primera vez una de sus creaciones.

La combinación de estos dos hechos bastó para que el prestigio de la firma se extendiera por todas las cortes europeas, que a partir de entonces no cesaron de hacerle encargos, como el del zar Alejandro III, quien en 1884 solicitó la creación del primer Huevo Imperial de Pascua, una tradición que continuaría su sucesor, Nicolás II.

Gracias a la maestría de sus orfebres y a sus diseños, que en cuestión de estilo transitaban del Luis XVI al Art Noveau, la casa Fabergé recibió en 1885 el título de «Proveedor de la Corte Imperial», y en 1890 el de «Valorizador de la Corte Imperial». Su consagración definitiva le llegaría, sin embargo, con el nuevo siglo, en 1900, al ganar la medalla de oro de la Exposición Universal de París.

Por tanto, en la corte imperial rusa, esperaban cada año aquel huevo simbólico creado por el famoso Fabergé: unos conmemoraban alguna fecha importante, como una batalla victoriosa o la coronación de un zar; otros simbolizaban la llegada a Rusia del ferrocarril o el cumpleaños de una zarina; algunos representaban una escena familiar en el yate imperial o la consagración del zar Nicolás II en la catedral de Uspenky.

Los huevos siguieron llegando cada año a la familia imperial incluso durante la I Guerra Mundial, en cuyo caso, aparecían adornados con una cruz roja o con medallas militares.

Cuentan que la colección estaba compuesta por cincuenta y seis huevos, todos ellos inspirados en el arte bizantino. No obstante, y sin poner en entredicho la versión oficial,  hay investigadores históricos y otra gente muy cercana a la familia, que afirmaba poseer documentos muy fiables sobre los huevos imperiales y aseguraba que eran cincuenta y siete; es decir faltaría uno, en tal caso si creemos en esta versión,… ¿Dónde estaría? ¿Quién se lo quedó? La cifra total ascendía a cincuenta y siete en el momento de producirse la revolución de 1917. Sólo más tarde la cifra fue rebajada a cincuenta y seis. ¿Quién robó el que faltaba? ¿Lenin? ¿Stalin? ¿Trotsky? ¿Sus simpatizantes?

Lo más curioso de todo es el rumor que aseguraba que el huevo en cuestión habría sido hallado por los alemanes durante la campaña de Rusia en 1942 y que formaría parte de los tesoros nazis tan afanosamente buscados tras la liberación. Puede leer también sobre el tesoro nazi desaparecido en este sitio.

Peter Carl terminaría su vida próspero y célebre, pero exiliado. El triunfo de la Revolución, en 1917, lo obligaría a huir de su país: para los soviéticos, su arte estaba ligado a los inaceptables lujos de la Rusia zarista. Su nuevo hogar, Lausana, Suiza, lo vería morir tres años después.

Fabergé usaba una técnica conocida  como guilloché, que consistía en grabar sobre la superficie del material metálico series repetitivas de ondas y estrías que le daba una atractivo especial y de una delicadeza inigualable. Fabergé se mostraba orgulloso de que todas las materias primas que se empleaban en su taller provenían de distintas partes de Rusia. Muchos huevos incluían minerales como el jaspe, la malaquita, el lapislázuli, y el jade.

Oro, diamantes, perlas y esmalte se mezclan en este «Huevo de Catalina la Grande», realizado en 1914. Las imágenes hacen referencia a la pasión por las artes y la literatura que tuvo ese personaje, que reinó en Rusia de 1762 a 1796.

El «Huevo de las Margaritas» en 1896, pertenece a la colección que reunió Malcom S. Forbes, la más grande del mundo en objetos diseñados por Fabergé.

Fuente Consultada: El Enigma de los Tesoros Malditos Richard Bessieré.

Grandes Amantes de la Historia Biografia de Condesa Castiglione

 Biografía de Condesa Castiglione

Virginia Oldoini: La mujer que conquistó a Napoleón III

Condesa Castiglione, amante de la historiaEl atrevimiento y la inteligencia se conjugaron a la perfección en la vida de la Condesa de Castiglione, que supo en todo momento sacar provecho no sólo de sus atributos físicos, sino también de una lúcida y brillante mente que le permitieron lograr cada uno de los cometidos que se propuso en su controversial existencia.

Si bien la Condesa ha sido siempre conocida por su título de nobleza, seguramente al escuchar su nombre, Virginia Oldoini, nos remita a la figura del Napoleón III, debido a que esta mujer de origen aristocrático logró conquistar el corazón del Emperador de Francia y convertirse en su amante.

No obstante, podemos vislumbrar su belleza enigmática y su hazaña única cuando nos encontramos como espectadores ante una de las tantas fotografías del artista Pierre-Louis Pierson, ya que Virginia Oldoini colaboró como modelo en varias oportunidades para sus capturas.

Las fotografías que se suceden demuestran sin dudas la idiosincrasia con que siempre se manejó la Condesa, sobre todo cuando vemos aquellos retratos en que Virginia muestra sin pudor alguno sus piernas y sus pies desnudos, o incluso en la fotografía en que aparece vestida como la Reina de Corazones.

Su personalidad avasallante, su belleza única y su inteligencia inquieta fueron las armas que la joven, que nació un 22 de marzo de 1837 en Florencia, Turín, utilizó para lograr adueñarse del corazón y la mente del hermético emperador Napoleón III, a quien consiguió influenciar poderosamente gracias a sus atributos, y convertirse en una de las principales responsables de la unificación italiana.

Gracias al hecho de haber nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza itálica, Virginia fue educada durante su niñez y juventud dentro de un entorno cultural que la llevaron a desarrollar el contenido potencial de sus inmensas capacidades intelectuales.

Mientras tanto, a la par crecía vertiginosa la belleza innata de la joven, que ya desde niña lograba captar la atención de todos, y que con los años la convertiría en la mujer más deseada por los hombres oriundos de Turín, París y Londres.

Su título de Condesa le fue otorgado en plena juventud, cuando con diecinueve años Virginia fue obligada a convertirse en la esposa del Conde Francisco Verasis de Castiglione, que en aquellos tiempos se desenvolvía como ayudante del rey Victor Manuel.

La unión matrimonial empujada por la familia de Virginia se debió en gran parte a ciertos escritos producidos por la joven, que durante años colmaron las páginas de su diario íntimo, y que en una ocasión llegaron a manos de sus padres.

Dicho diario transcribía con lujo de detalles las diversas experiencias amorosas y sexuales de la joven Virginia, que al parecer habían comenzado a la corta edad de dieciséis años, cuando se produjo su primera aventura carnal con un oficial de la marina.

Cuando estas atrevidas páginas llegaron a las manos de la familia de Virginia, ya apodada en aquel momento Necchia, fue el momento elegido para hacer que la joven abandonara esa vida de cortesana, por lo que decidieron casarla con el Conde Francisco Verasis de Castiglione, boda que se concretó en el mes de enero de 1854.

La relación matrimonial no logró alcanzar las expectativas que ambos cónyuges tenían, debido principalmente al abismo que existía en sus personalidades.

Cabe destacar que Virginia se caracterizaba por ser una joven caprichosa, que gustaba de disfrutar de fiestas y rodearse de lujos, mientras que el Conde Francisco poseía un carácter más bien introvertido, por lo que no solía compartir las preferencias de su bella esposa.

Esto seguramente provocó que Necchia, en su arrebato atrevido acostumbrado, diseminara por todos los rincones de su ciudad natal y más allá de aquellos límites, el desafortunado comentario que aseguraba que su esposo era un «verdadero imbécil».

A pesar de que los dichos de Virginia llegaron a los oídos del Conde, su matrimonio continuó como de costumbre, e incluso tuvieron un hijo al que llamaron Giorgio.

Luego de convertirse en madre, y por ende cumplir con los mandatos de su esposo, Necchia decidió retomar su divertida vida, regresando a las largas noches de fiestas y lujos que tanto le apasionaban.

Fue precisamente en una de dichas reuniones nocturnas, que Necchia se reencontró con su primo Cavour, que por aquel entonces se desenvolvía como primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y el Piamonte.

Cavour no sólo comprobó que su prima ya era una mujer, sino que además se percató de su maravillosa belleza y su singular inteligencia, una conjunción que podría llegar a ser más que útil para sus planes políticos de independencia, por lo que inmediatamente le propuso a Necchia convertirse en espía y de esta manera conquistar el corazón del Emperador de Francia, Napoleón III.

La estrategia política entonces se convirtió en una verdadera manipulación sobre las decisiones de Napoleón III, por lo cual la joven condesa debió desplegar todo su encanto y astucia con el fin de enamorar al Emperador francés, y conseguir mediante sus sensuales regalos en el lecho toda la información confidencial de los próximos pasos que planeaba llevar a cabo el mandatario en el territorio.

Asimismo, Necchia debía lograr influenciar las decisiones de Napoleón III, con el fin de convencerlo para que sus tropas se enfrentarán a Austria y abandonaran el territorio de Italia, y de esta forma hacer posible la unificación de la región italiana, para lo cual la condesa utilizó sus más poderosas armas.

Se dice que al principio el Emperador, a pesar de hallarse totalmente deslumbrado por la joven, se reusó a iniciar un romance con Necchia, pero que finalmente y luego de la insistencia de la condesa, Napoleón III quedó cautivo de su encanto y se entregó por completo al idilio amoroso y la aventura sexual que le ofrecía esta hermosa joven.

El controvertido romance se extendió por algo más de un año, y a Necchia le valió el apodo que la señalaba como «la mujer del coño de oro imperial», debido a su condición de atrevimiento y a su constante e irrefrenable comportamiento sexual exhibicionista.

Cuando la aventura amorosa de Napoleón III llegó a la boca de todo su pueblo, la apasionada relación que mantenía con Virginia debió ser culminada abruptamente, y así fue que la condesa regresó a Turín, su ciudad natal, habiendo triunfado con creces en su misión.

Cabe destacar que según el testimonio de una gran cantidad de historiadores, su marido, el Conde Castiglione se encontraba al tanto y de acuerdo con la misión que le habían encomendado a su mujer, por lo que jamás se interpuso en el romance que mantuvo Necchia con Napoleón III.

Los años pasaron y mientras tanto Virginia continúo en su constante camino de diversión, seduciendo a un sinfín de hombres procedentes de la nobleza, entre los que podemos recordar al rey Victor Manuel II, el príncipe Henri de la Tour d’ Auvergne, el barón James de Rosschild, entre otros célebres caballeros y aristócratas.

No obstante, la belleza es un don efímero que hace que hasta la más hermosa de las flores se marchite, y eso fue precisamente lo que le sucedió a Necchia, que poco después de cumplir los 40 años, y a pesar de encontrarse aún en su juventud, la realidad de su vida la condujo por el camino de la locura.

Tal es así que debido a su permanente comportamiento excéntrico por las calles de París, el pueblo la comenzó a llamar «la loca de la plaza Vendóme».

La muerte implacable le terminó por arrebatar el último bosquejo de aquella belleza que años atrás había cautivado a todos los hombres que tuvieron la oportunidad de conocerla.

Y así fue que un frío 28 de noviembre de 1899 murió sola, cuando ya había sido olvidada por todos los nobles que en algún momento la amaron incondicionalmente.

Fuente Consultada: Graciela Marker

grandes amantes

Aspasia de Mileto Mujer de Pericles Hetaria y Esposa Vida de Aspasia

Aspasia de Mileto: Mujer de Pericles, Hetaria y Esposa – Vida de Aspasia

Aspasia, la cortesana más famosa de la antigüedad, vivió con Pericles, el líder ateniense en el siglo V antes de Cristo. El matrimonio había sido afectado por la prohibición del matrimonio entre atenienses y los extranjeros. Según Mario Attilio Levi, un biógrafo de Pericles:

«Después de un matrimonio fracasado, que acabó en divorcio, se unió a Aspasia, una mujer de gran cultura y la educación superior, natural de Samos, que no podían casarse porque el matrimonio con mujeres de esa isla no se encontraban entre los que estaban consintiendo entre los atenienses y los extranjeros…..Aspasia, ganó muchos amigos en el medio intelectual. «

Aspasia de Mileto Mujer de Pericles Hetaria y Esposa Vida de AspasiaAspasia nació en torno al año 480 a.d.C. en la ciudad griega de Mileto. Hija de una familia distinguida, se le atribuyen una belleza e inteligencia sin igual en el mundo antiguo.

Aspasia se convirtió rápidamente en una celebridad gracias a su belleza, talento e ingenio, frecuentando los mejores círculos de la ciudad.

Entre sus amistades figuraban personajes de la talla de Sócrates, Fidias, Alcibíades, Jenofonte y por supuesto: Pericles

Cuenta la historia que…. preocupaba en Atenas la gran cantidad de matrimonios entre hombres de la aristocracia y mujeres del pueblo llano, incluso hetarias , simples prostitutas o esclavas.

A las jóvenes de clase social alta les costaba cada vez más conseguir un candidato, y esto preocupaba a las familias ricas, porque frustraba su política de alianzas y concentración de riquezas.

Pericles lo solucionó muy rápido: prohibió el matrimonio entre hombres y mujeres de distintas clases sociales.

El mismo estaba casado con una dama muy aristocrática, con la cual tenía dos hijos.

Pero por esa época, alrededor del año 450 a.C., llegó a la ciudad Aspasia, una de las tantas mujeres que venían de Mileto a triunfar en la metrópoli más importante de la región. Aspasia había amasado fortuna dirigiendo un burdel en su ciudad natal aspiraba a más: en Atenas, aprovechando su gran inteligencia y cultura, cambió de rumbo y fundó una escuela de filosofía y declamación para los jóvenes.

Tenía veinticinco años, el cabello dorado y una voz melodiosa y expresiva. Tuvo tanto éxito con sus clases, que filósofos como Sócrates y Eurípides asistieron a ellas. El cuarentón Pericles tampoco quiso perdérselas… Y se enamoró perdidamente de Aspasia.

aspacia de mileto

Pronto fueron amantes, y ella quedó embarazada. Lo cual no hubiera sido nada del otro mundo si Pericles no hubiese pretendido casarse con ella, contraviniendo la propia y dichosa ley.

La oposición de la sociedad fue tal que no logró convertir a la cortesana extranjera en su legítima mujer. Pero se divorció, la llevó a su casa y vivió muchos años junto a su lado. Se dice que ella estaba detrás de muchas decisiones suyas, y que le escribía los discursos, como la memorable oración fúnebre que pronunció al comenzar la guerra del Peloponeso, y justamente, con respecto a esta guerra que terminó con la buena estrella de Pericles, los detractores de Aspasia sostenían que se originó por instigación de ella: además afirmaban que continuaba regenteando a prostitutas, y que al ser raptadas dos de ellas por oficiales de Megara, una polis vecina, había convencido a su amor de atacar aquella ciudad.

Aspasia aunaría los roles de esposa y de hetaira, dado que solo por este estatus, podía incorporarse a los círculos masculinos de la sociedad ateniense; también fue maestra de oratoria, según se puede leer en el Menexeno de Platón. Finalmente fue sometida a un proceso de impiedad; en torno a ello podemos suponer que se desarrollo el incipiente movimiento de emancipación femenina.

Pero es más fácil que la auténtica causa residiese en el afán expansionista de Atenas, a la cual  le venia muy bien asegurarse el control del Mar Egeo. De hecho, la polis era prácticamente un imperio que se había extendido a Sicilia, la costa gaditana, diferentes rincones de Asia Menor y numerosos archipiélagos.

Fue una catástrofe en la que murieron cientos de ciudadanos, que al encerrarse en las murallas d Atenas cayeron víctimas de la inexorable peste Por esta causa Peñoles fue apartado del poder. Pero volvió ocho años después, siempre con Aspasia a su lado, quien le sería fiel hasta la muerte.

La de él: al mes de quedarse sola, la viuda no dudó en casarse con un rico comerciante de la ciudad. Y retornó a las fuentes: fundó una «Academia de Elocuencia y Arte Amatorio», a la que iban a aprender las jóvenes que aspiraban a hacer carrera como hetairas. Una de sus mejores discípulas fue Lais de Corinto.

Fuente Consultada: Amantes y Cortesanas de Cecilia B. Madrazo

Amantes Famosos de la Historia Origen del Sadismo Marques de Sade

Origen del Sadismo – Marques de Sade

EL MARQUES DE SADE: El hombre que nos dio el sadismo
Sadismo. 1. Perversión sexual en la que se obtiene satisfacción infligiendo dolor físico o mental a otros (por ejemplo, a un objeto amado). 2. El gusto de la crueldad.

Marques de SadeParece ser que, por lo menos físicamente, el conde Donatien Alphonse Francois de Sade fue una bella persona, un hombre pequeño y hermoso de metro sesenta, con ojos azules, pero en definitiva de metro sesenta, como diría un masoquista.

De hecho se cuenta con varias descripciones del pequeño aristócrata.

Un autor le atribuye «ojos azules y pelo rubio bien cuidado», otro «un rostro pálido y delirado desde el que miran fieramente dos ojos negros», un tercero dice que «su belleza era tan sorprendente que todas las damas que lo conocían quedaban al momento presas de admiración».

Por desgracia no existe un retrato auténtico de De Sade, pero hay que suponer que este descendiente probable de la Laura que los inmortales poemas amorosos de Petrarca hicieron famosa cuatro siglos antes debía presentar un aspecto interesante.

En todo caso este vástago de la alta nobleza fue criado por su abuela y por su tío, un hombre de letras que le preparó para su ingreso en el Collége Louis le Grand, que entre sus graduados de fama contaba con Maximilien de Robespierre, la Gestapo hecha persona.

Siguió a la escuela un considerable período de servicio activo en el Ejército, iniciado cuando tenía sólo catorce años y de donde parece ser que De Sade emergió como un auténtico «fanático del vicio», el Filósofo del Vicio y el professeur du (rime, como le llamaron Michelet y Taine.

Para saber cuándo sucedió esto, y cómo sucedió, se precisaría un equipo médico compuesto de Freud, Jung, Job y el Buda viviente.

Uno de los factores fue la educación de De Sade, pero también la época licenciosa que le tocó vivir, sus largos años de estancia en la prisión, y quizás había también algún problema orgánico.

Lo cierto es que no se dispone de suficiente información digna de confianza sobre De Sade —todos sus voluminosos diarios fueron quemados—, y el intento de construir una biografía a base de las novelas de un .nitor está condenado al fracaso.

Sabemos que Sade se casó por dinero con Renée-Pelagie de Montreuil, comerciando su título a cambio  el medio millón de dólares de su dote.

El conde, que siempre pedía a la gente que le llamaran marqués, se embarcó después en una vida de escandaloso libertinaje, caracterizado por una infidelidad constante y por perversiones sexuales.

Están entre ellas el conocido asunto de Rosa Keller, a la que azotó y torturó, y lo que a veces se ha llamado Escándalo de Marsella, una orgía tras la cual se le acusó de sodomía, tortura y de envenenar a los participantes con bombones de cantárida en polvo recubiertos de chocolate.

Su suegra, amargada por el trato que recibía su hija, hizo lo posible para que fuera condenado en este último juicio.

Sade había estado ya en prisión, pero el escándalo de Marsella le valió una sentencia de muerte —aunque luego se demostró que en su mayor parte las acusaciones eran falsas—.Huyó a Italia y cuando al cabo de tres años regresó a París, le estaba esperando una celda de presidio no muy confortable.

Aunque las autoridades conmutaron la pena de muerte, Sade pasaría en prisiones o en el manicomio de Charenton, a partir de 1777, trece de los veintisiete años que le quedaban de vida. Fue en la prisión donde empezó a escribir las novelas y obras teatrales que hicieron entrar su nombre en el vocabulario universal.

Los 120 días de Sodoma (1785), que pasa revista a 600 variaciones del instinto sexual, Justina o las desgracias de la virtud (1790) y La historia de Juliette, o el vicio recompensado (1792) son algunas de sus obras repletas con mil descripciones de crueldad sexual. Sade, que no fue nunca capaz ni quiso nunca reformarse, murió en 1814 a los 74 años de edad, estando todavía en Charenton, donde escribía y dirigía obras teatrales de moda representadas por los asilados, a muchos de los cuales corrompía de paso. A veces sus visiones eran profundas y notables, pero su mente era, en general, un instrumento desordenado y desquiciado que se reflejó en su vida y en su obra licenciosa.

El «sadismo», la obtención de satisfacciones o de placer infligiendo dolor a los demás, puede ser de naturaleza sexual o derivar de un conjunto de motivos, entre ellos la frustración o el sentimiento de inferioridad. La vida de Sade indica que muchas de estas causas moldearon su retorcida personalidad.

Un párrafo de su testamento final reza así: «Que se planten bellotas sobre mi tumba para que desaparezca todo rastro de ella, y de este modo espero que este residuo de mi existencia quede borrado para siempre de la memoria de la humanidad.»

Biografía del Marqués de Sade

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Rasputin y sus amantes Mujeres

Rasputín y sus Amantes – Muerte de Rasputín Historia 

El Poder Hipnótico Rasputín

El nombre Rasputín, que le dieron sus compatriotas de Pokrovskoye, significa «el vicioso». Y cuando descubrió que su rival, el cura local, estaba a punto de iniciar una investigación de sus herejías, dejó a su joven esposa y a sus tierras para difundir en otras partes su evangelio sexual —primero en los bosques, luego en casas de campo, donde mujeres con problemas le buscaban como salvador y curador—.

Se le veía a menudo en los baños públicos exhibiendo su fornido cuerpo a la admiración de jóvenes mujeres. Luego, cuando se presentaban en busca de redención, instaba a todas para que se envilecieran y aprobaran la carne».

Su voz adquiría un tono de dulzura seductora mientras se acercaba a las chicas más bonitas y les acariciaba los pechos hasta que confundía totalmente la excitación sexual con el fervor religioso. Los maridos presentes no tenían nada que objetar porque Rasputín les había convencido que el coito con sus esposas era un acto de redención deseado por Dios.

Pronto, hordas de campesinos procedentes de todas partes se echaban a sus pies besando el bajo de su negro caftán y gritando: «¡Padre Grigori, nuestro Salvador!».

Las noticias sobre los poderes curativos de aquel hombre santo, barbudo y sin lavar, de personalidad hipnótica, llegaron a la habitación donde yacía enfermo el único hijo del emperador, Alexis, hemofílico.

La más ligera caída le causaba dolorosas hinchazones azules debidas a hemorragias internas, y los médicos de la corte se veían impotentes.

La zarina había recurrido ya a personajes místicos cuando intentaba desesperadamente concebir un heredero para el trono. Uno de ellos, un clarividente de segunda categoría y antiguo ayudante de carnicero la había convencido que estaba embarazada, cuando en realidad no era así.

Luego le echaron por este motivo, pero antes profetizó que llegaría un nuevo «amigo» y hombre santo que la ayudaría.

Fue en noviembre de 1905 cuando Rasputín fue convocado al palacio por el zar Nicolás y la zarina Alejandra. Les abrazó y les besó sin manías, rezó una oración sobre el niño enfermo y se ganó pronto su confianza con suaves caricias sobre su cuerpo dolorido y una colección de historias de hadas siberianas que hablaban de caballos jorobados y jinetes sin piernas.

El niño respondió, los dolores e hinchazones se calmaron y la zarina con lágrimas en los ojos besó la mano de «su nuevo amigo» que creía enviado por el cielo para restaurar la salud de su hijo.

Cada vez que se reproducía la hemorragia interna, Rasputín estaba al lado de la cama. Pronto alcanzó la posición política de «zar por encima de los zares», porque Nicolás y Alejandra le pedían su aprobación ni decisiones importantes.

De hecho se convirtió en «un miembro» de la familia real.

Rasputín procedió rápidamente a consolidar este poder. Estableció su oficina y centro de redención en San Petersburgo, la capital.

Las continuas peticiones de favores políticos, que él estaba en condiciones de conceder, le proporcionaban grandes «honorarios» por parte de los ricos y de quienes esperaban serlo, mientras que a menudo se vaciaba los bolsillos el mismo día en favor de los pobres y necesitados.

Su comedor estaba abarrotado de mujeres ansiosas, que competían por sus favores sexuales y religiosos, que concedía fácilmente a las escogidas en un dormitorio adyacente llamado el «santo de los santos».

Prefería las bellezas aristocráticas a las bellezas campesinas porque «olían mejor», pero él no mejoró nunca sus propios olores campesinos y continuaba cogiendo la comida con la mano. Sin embargo, sus discípulas le consideraban la reencarnación de Cristo, enviado para resolver el conflicto entre frustración sexual y los principios de impureza impuestos por los clérigos ortodoxos.

Muchas de ellas encontraban por primera vez una felicidad casi idílica en los nudosos brazos del «Sátiro santo». Sin embargo, algunas no estaban preparadas para la redención y salían corriendo llenas de rabia de la pequeña habitación con la ropa en desorden, llorando o gritando con una furia incontrolable.

Los agentes de la policía secreta, presentes constantemente para proteger a Rasputín, sacaban a las mujeres ofendidas. Aunque algunas denunciaban que Rasputín las había violado, estas acusaciones no pasaban de las mesas de funcionarios inicresados que no se atrevían en actuar en contra suyo.

Los que lo intentaban perdían el favor del zar y de la zarina que o ignoraban o no daban crédito a las noticias sobre sus excesos.

Se hicieron muchos intentos para asesinar a Rasputín como encarnación del Mal y amenaza a la monarquía. Los prelados y monárquicos reaccionarios no sólo estaban en contra de su modo de vida, sino también de su claro populismo campesino. Iliodor, el más importante predicador de su época, que había sido antes amigo de Rasputín, montó una conspiración contra él.

Le llamaban el «imprecador»: injurió al monje campesino y publicó falsas acusaciones contra él en un panfleto llamado «El santo diablo», donde incluía citas de las cartas de la zarina —que había robado antes de la mesa de Rasputín— que hacían pensar en una relación sexual entre los dos. Como es lógico esto causó una conmoción nacional.

Una prostituta psicótica con manías religiosas fue incorporada a la conspiración y actuó como peregrina que pedía limosna a Rasputín. Cuando él metía la mano en el bolsillo para sacar algunas monedas le clavó un cuchillo en el vientre mientras gritaba: «He matado al anticristo».

Pero la gran fuerza y rápidos reflejos de Rasputín le salvaron la vida. Consiguió mantenerse en pie y se tapó la herida con una mano.

Tras una operación en el comedor, estuvo varias semanas entre la vida y la muerte, mientras el zar Nicolás hacía sus preparativos para la primera Guerra mundial.

Rasputín, que se había opuesto siempre a los señores de la guerra de la monarquía, se echó la culpa por no haber conseguido disuadir al monarca de aquel holocausto para Rusia, como había hecho dos años antes cuando convenció a Nicolás para que no se metiera en el conflicto de los Balcanes.

En este sentido Rasputín fue un auténtico hombre de paz.

Mientras la guerra iba de mal en peor, un acicalado aristócrata, el Príncipe Félix Yusupov, organizó una fiesta de medianoche para el prelado en el sótano de su castillo, utilizando como cebo a su bella esposa. Yusupov fascinaba a Rasputín con sus dotes para cantar canciones gitanas y tocar la guitarra.

En la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916, Rasputín, que había sido advertido por el Ministerio del Interior sobre la existencia de un complot contra su vida, se estaba divirtiendo enormemente.

Apuró vanos vasos de vino envenenado y comió pasteles llenos de cianuro potásico en número suficiente para matar a una vaca.

Yusupov cantaba nerviosamente las canciones deseadas acompañándose con su guitarra, mientras esperaba que el invitado cayera muerto.

Al ver que no pasaba nada, el príncipe se excusó con el pretexto de que iba arriba a buscar a su mujer, que en realidad estaba en Crimea.

El príncipe, para aplacar a los demás conspiradores, que se estaban impacientando, regresó con una pistola.

Disparó contra Rasputín que salió dando tumbos al patio, donde otro conspirador le disparó de nuevo. Le apuñalaron repetidas veces.

Dos días después se encontró su cuerpo maniatado bajo el hielo del río Neva, con un brazo suelto y los pulmones llenos de agua. Rasputín estaba todavía vivo cuando lo sumergieron y había fallecido ahogado. Tenía apenas 44 años.

Campesinos acongojados de todas partes y las mujeres que le querían, lloraron la muerte de un hombre notable que, en su opinión, había sido enviado por Dios para decir al zar la verdad. «Si muero», había profetizado correctamente Rasputín, «el emperador perderá pronto su corona».

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Amantes Famosos de la Historia Ruski John

Amantes Famosos: Ruski John Vidas Curiosas de la Historia

El insatisfecho John Ruskin
John Ruskin (1819-1900), el principal crítico de arte y ensayista de la Inglaterra victoriana habría sido un desafío permanente para cualquier psiquiatra.

Era un ninfoléptico masturbador (una persona que sufre «un frenesí de  John Ruskinemociones, como en pos de algo inalcanzable») con inclinaciones homosexuales latentes.

A pesar de accesos maníaco-depresivos, que empeoraron después de sus cincuenta años y de eventuales desengaños y desintegración de su personalidad, Ruskin era también un dialéctico brillante y encantador, sensible a todas las formas de la belleza.

Escribió 37 volúmenes, que reflejan su pasión por la naturaleza, la pintura prerrafaelita y el significado «moral» de la arquitectura gótica. Fue un hombre celebrado en su época.

Sin embargo, su ninfolepsia contenía los ingredientes de la represión victoriana, aunque al final dejó de creer en Dios.

Su naturaleza minada y sensible se vio estimulada por la adulación de sus padres v por lo que él consideró como «una educación de convento».

La actitud posesiva de una madre bien organizada y su capacidad para reforzar los lazos emotivos entre los dos, sugiere una clásica relación freudiana de tipo edípico.

Cuando Ruskin se matriculó en Oxford su madre se trasladó a una casa cerca de sus habitaciones para que pudieran cenar juntos cada noche.

Y las cartas que ella le escribía estando él estaba de viaje por el continente trabajando en algún proyecto de arte, apenas disfrazan las intensas pasiones que sentía por su hijo único.

Como consecuencia, fracasó en su matrimonio y parece ser que fue virgen toda su vida.

Effie Gray, una chica inglesa bonita de clase media, de diecinueve años, se convirtió en 1848 en su esposa. Él tenía 29 años.

Pero la chica quedó estupefacta cuando se enteró que él no tenía intención alguna de consumar el matrimonio en la noche de bodas; le ofreció en cambio un pacto anormal, que ella aceptó con reservas y que él no cumplió: a saber, aplazar el coito seis años.

En 1854, y todavía virgen, consiguió ella anular el matrimonio.

Ruskin no comprendió los efectos perniciosos de la relación con sus padres hasta alcanzar la media edad.

Entonces les acusó de haber arruinado su vida y les envió emocionalmente de paseo. «Me criasteis afeminadamente», dijo, «¡y apagasteis en mí el fuego auténtico y la pasión de la vida!» Tras la muerte de su padre, Ruskin dijo que le había obligado a sacrificar su vida en vano.

Ruskin se masturbaba y se acusaba de «un vicio» y de «un suicidio cometido diariamente».

Los biógrafos parece que opinan que el motivo principal del desagrado que inspiraba a Ruskin la mujer sexual era haber visto, al casarse con Effie, que las mujeres tienen pelo público. Dicen que hasta aquel instante sólo había visto estatuas de mujeres con los pubis lisos y afeitados.

En la adolescencia, Ruskin manifestó los primeros síntomas de ninfolepsia al enamorarse de la hija del socio de su padre en el negocio de vinos, de quince años.

Era una firme católica a quien desagradaba «su engreimiento patriótico y protestante», y cuando le enseñó una historia escrita por él, sufrió «el éxtasis avasallador de sus burlas». Pero la imposibilidad de poseerla «la enriqueció como un halo».

En cierta ocasión, estando en Turín escribió a su padre sobre una chica de diez años «de pelo negro sobre los ojos, medio desnuda, con las piernas al aire hasta por encima de las rodillas, de miembros bellos, estirada como una serpiente sobre la arena…». Y añadió: «como es lógico, no creo que sea correcto que las chicas estén con las piernas desnudas sobre montones de arena, pero la vista era pintoresca, si no agradable…».

A medida que Ruskin envejecía se volvía un ninfoléptico irrecuperable, disfrutando con imágenes fantásticas de ninfas inalcanzables.

Y cuando tuvo ocasión de enseñar arte, en una distinguida escuela femenina, se aplicó a ello con evidente placer.

Sus extrañas relaciones con chicas bellas y pubescentes alcanzaron un punto culminante y realista en la forma tantalizante de Rosie La Touche, cuya madre pidió a Ruskin que diera clases de arte a la niña, que tenía entonces ocho años.

Los hados estaban tejiendo «otra red de amor» y cuando la precoz alumna cumplió los trece años él estaba ya perdidamente enamorado de ella. Y hay pruebas de que la madre estaba enamorada de él.

Sin embargo, la madre utilizó su paso al ateísmo para oponerse a que se casara con Rosie cuando ésta cumplió los 21 años.

Rosie le había asegurado que, a los 17 años, se enfrentaría con sus padres y sería su esposa, porque al parecer también le quería. Pero una carta vengativa escrita por k ex esposa, Effie, le hizo cambiar de opinión.

Le decía que su ex marido no podría hacer feliz nunca a una mujer «a causa de su especial naturaleza». «Es totalmente antinatural y este hecho incluye todo lo demás», dijo.

Ruskin intentó superar el efecto de la carta, pero la tragedia se vio complicada al desarrollar Rosie una psicosis religiosa intensa.

Empezó a desintegrarse y murió a los 26 años, negándose a recibir una última visita de Ruskin, porque él no quería jurar que su amor por ella cedía ante su amor por Dios.

Ruskin se volvió loco un tiempo y visitaba espiritistas que le prometían ponerle en contacto con Rosie.

Tenía violentas visiones de ella, y sueños, confundiéndola con santa Úrsula. Parece que compensó la tendencia volviéndose decididamente afeminado y llamando a todo el mundo «querido», lo cual producía sorpresa en la época. Desarrolló la técnica de llamar la atención haciendo al mismo tiempo como si la evitara.

Ruskin daba clases en Oxford. Dio su última clase en 1883, escandalizando a sus oyentes con expresiones y gestos obscenos hasta que los ayudantes le sacaron de la tarima.

Y en 1889, once años antes de morir y tremidos años después de haber conocido a su amorosa ninfa, Rosie, escribió para ella en Praeterita, su diario personal: «ni alta ni baja para su edad; algo tiesa cuando estaba de pie.

Los ojos, en aquella época de un color azul profundo que más tarde se volvieron llenos y suaves. Unos labios de perfil totalmente adorable; un poco anchos y con los bordes duros vistos de frente; el resto de sus rasgos los normales de una chica irlandesa bonita y bien criada; el pelo quizá más gracioso en forma de rizos cortos alrededor de la frente, y más suave que el aspecto que suelen tener las apretadas trenzas sobre el cuello…».

Era evidente que Ruskin continuó siendo un ninfoléptico hasta la vejez. Y quizá sus prolongados estados de ánimo inarticulados se recibían en parte a su continuo deseo por su amada ninfa.

Llevabaen el bolsillo interior de la chaqueta, entre dos finas láminas de oro, una carta que le había escrito Rosie en cierta ocasión.

Y cuando falleció, como un hombre no consumado, toda una nación agradecida le ofreció un lugar para su sepultura en el «Rincón del poeta» en la Abadía de Westminster, cerca de la tumba de Tennyson; pero de acuerdo con sus deseos se le enterró cerca de Conisten Water, donde había pasado los últimos años de su vida.

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Anne de Lenclos Famosos Amantes de la Historia Vidas Insolitas

Anne de Lenclos – Famosos Amantes de la Historia

Anne de Lenclos, La maestra del amor
Anne de Lenclos (1616-1705), una cortesana francesa delicadamente atractiva, dio un primer paso en favor de la Anne de Lenclosliberación de la mujer. La educó un padre cariñoso que era a la vez un músico con dificultades y un macarra a ratos.

Le enseñó a tocar el arpa, a bailar con gracia desde los 12 años de edad, a pensar por sí misma y a citar los ensayos de Montaigne. Pero, por encima de todo, le enseñó a comprender los instintos hedonistas de hombres… y de mujeres.

Ninon, así le llamaron, desarrolló un ingenio mordaz y un agudo sentido del negocio. Sus padres murieron cuando tenía veinte años, y ella invirtió una pequeña herencia con la habilidad suficiente para disfrutar de una pequeña renta vitalicia. Pronto se vio sitiada por una clientela acomodada, a menudo aristocrática, dispuesta a pagar generosamente por sus favores sexuales.

Pero ella no era una prostituta, y seleccionaba a sus amantes en función de su capacidad para devolverle el calor que ella daba. «Se necesita cien veces más inteligencia para amar adecuadamente que para mandar un ejército», decía, y añadía a menudo: «El amor sin gracia es como un anzuelo sin cebo».

No le costaba mucho llevar a la práctica sus acertadas opiniones sobre el amor. Cuando el conde de Choiseul demostró no estar a la altura en la cama, le despidió con una línea de Corneille: «¡Oh, cielos, cuántas virtudes me hacéis odiar!».

Un abate y un mariscal quedaron sometidos tan fuertemente a su hechizo que ambos reivindicaban el honor de haberla embarazado y tuvieron que decidir el caso recurriendo a los dados. Venció el mili-lar y educó con orgullo a su hijo. Incluso el cardenal Richelieu deseó su cuerpo, aunque ella prefería la mente de él. Ninon prevaleció sobre su amiga y rival, Marión Delorme, y satisfizo al famoso cardenal, pero previo pago de 50.000 coronas.

El «negocio» de Ninon floreció. Dividió a sus amantes en tres clases: «los paganos, los mártires y los favoritos». El filósofo SaintEvremond fue un favorito, y lo propio le cupo al marqués de Sévigué, que le inspiró la siguiente rapsodia de amor:

¡Amor, siento tu furia divina! Mi desazón, mis arrobos, todo anuncia tu presencia. Hoy se levanta para mí un nuevo sol; todo vive, todo tiene alma, todo parece hablarme de mi pasión, todo me invita a darle ánimos… Desde que te amo, mis amigos me son más queridos; me amo más a mí misma; los sones de mi laúd se me antojan más conmovedores, mi voz más armoniosa. Si quiero tocar una pieza se apoderan de mí la pasión y el entusiasmo; los efectos que provocan me obligan a parar a cada momento.

Luego sigue a mi arrobo un ensueño profundo, lleno de delicia. Estás siempre presente; te veo, te hablo, te digo que te quiero… Me felicito y me arrepiento; deseo tenerte y deseo huir de ti; te escribo y rompo a pedazos mis cartas. Leo de nuevo las tuyas; me parecen ahora más galantes, más tiernas, pocas veces apasionadas y siempre demasiado breves. Consulto mis espejos, pregunto a mis sirvientas sobre mis encantos. En definitiva, te quiero; estoy loca; y no sé qué será de mí si no cumples tu promesa esta noche.

Pero el lío de Ninon con el hijo del marqués parece que tuvo el efecto contrario, la actuación del joven caballero en la cama fue tristemente defectuosa. Tenía «un alma de buey hervido», dijo ella, «un cuerpo de papel mojado, con un corazón como una calabaza en un fricasé de nieve».

A la edad de cuarenta años, Ninon de Léñelos tenía la reputación «Dame des Amours», dijo Horace Walpole unos años más tarde. La inteligencia de Ninon comprendió que «la virtud de las mujeres es el mejor invento de los hombres». Al emanciparse, pudo afirmar a menudo que la moralidad de los hombres y de las mujeres era idéntica; que reducir a la mujer al papel de objeto sexual puramente para el placer de los hombres equivalía a excluirla totalmente del cumplimiento de todo lo que era capaz. Ninon trataba de igual a igual a sus clientes y esperaba de ellos la misma consideración.

Tenía también instintos de maestra, y fundó la Escuela de la Galantería. Sus alumnos eran jóvenes aristócratas, cuyas madres querían que aprendieran las artes más sutiles del amor. Ninon, la principal diseñadora, trataba algunos temas básicos: la psicología de las mujeres, el cuidado particular de una amante o de una esposa, las técnicas del galanteo y de la seducción, y la manera de acabar una relación. No faltaba tampoco un curso avanzado sobre la fisiología del sexo.

Su escuela se convirtió pronto en la locura de todo París. Pero incluso así las clases podían no ser satisfactorias. En este caso Ninon iniciaba con su alumno un programa demostrativo independiente. Se lo llevaba a la cama para educarlo en el arte del juego previo y del coito. Era, como Sócrates, un maestro sorprendente.

También las mujeres acudieron pronto a aprender sus expertos consejos sobre el arte de hacer el amor. En lugar de admitirlas en los mismos cursos que sus alumnos masculinos —el concepto de coeducación sexual parecía, pues, que superaba su comprensión—, les daba consejos en privado. Una mujer le preguntaba, por ejemplo: «¿Cómo han de ser de grandes los pechos de una mujer para atraer a un amante?», y ella contestaba: «Lo bastante grandes para llenar la mano de un hombre honesto».

Sin embargo, sus clases sobre lo que podría llamarse «El trato a una mujer» parecían indicar que consideraba la emancipación de las mujeres como algo reservado a casos como el suyo. «Está muy bien guardar comida para otro día», dijo, «pero hay que tomar el placer como llega… Habla continuamente a tu mujer sobre ella y raramente sobre ti. Ten por supuesto que está cien veces más interesada en los encantos de su propia persona que en toda la gama de tus emociones… Recuerda que hay momentos en los que una mujer prefiere que se la trate con algo de brusquedad y no con un exceso de consideración; los hombres se ven derrotados más a menudo por su propia torpeza que por la virtud de la mujer… Si tú eres el primero en dejar de amar, deja a la mujer la ventaja de romper contigo y de pasar por cruel… Cuando una mujer ha acabado con un hombre lo cambiar por cualquier cosa excepto por otra mujer.»

También llegó en una ocasión la tragedia. Cuando Ninon tenía 65 años la persiguió su hijo natural, el caballero de Villiers. Ella aceptó recibirle si el padre guardaba en secreto su real relación. El muchacho se enamoró tan profundamente de su madre que ella decidió contarle la verdad mientras le abrazaba maternalmente. El salió tambaleándose al jardín, gritó «¡Madre!» y se mató con su espada.

Ninon vivió hasta casi noventa años de edad. El refinado y voluptuoso La Fare escribió lo que podría ser muy bien su epitafio: «Nunca vi a Ninon en la flor de su belleza; pero a la edad de 50 años, e incluso pasados los 60, tenía amantes que la adoraban, y sus amigos eran los hombres más honorables de Francia. La visitó hasta sus 90 años la mejor sociedad de la época. Murió en plena lucidez, y con los encantos de su mente, que eran los mejores y más adorables que haya podido conocer en una mujer».

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Casanova y las mujeres Grandes Amantes de la Historia Biografia

Casanova y las Mujeres
Grandes Amantes de la Historia – Biografía

Giacomo Casanova, fue, en esencia, un aventurero. Polifacético, en su afán de obtener sus objetivos era capaz de componer de manera brillante roles diversos.

Diplomático, soldado, médico, religioso, filósofo y hasta agente secreto. También fue un prolífico escritor.

Pero su arma más filosa fue, en cada acto de su vida, la seducción. Cautivó a monarcas, autoridades eclesiásticas, pensadores y burgueses. Aunque su predilección fueron las mujeres, en las que siempre encontró cobijo, cualquiera fuere su orden social: la enorme mayoría sucumbía ante él.

Aquellas conquistas amorosas, las que el propio Giacomo contabilizó con la impactante cifra de 132, llevaron a que su apellido trascendiera a la historia como sinónimo de libertino, dada su obsesión por el sexo opuesto y los placeres mundanos.

La historia también lo rescata como a un hombre que supo tejer un entramado tan inteligente como efectivo de relaciones.

Sus vivencias serían volcadas luego al papel con suma maestría, en una memorable autobiografía titulada La Historia de mi vida, obra celebrada como una genial descripción de su época, aunque, por transgresora, fue censurada hasta pleno siglo XX.

La historia de Giacomo Casanova comenzó en Venecia, cuando esta ciudad ostentaba autonomía. Nació el 2 de abril de 1725, tuvo cuatro hermanos y sus padres fueron actores de teatro de poca relevancia.

El propio Giacomo se describió en sus memorias como un niño con pocas luces. Pero a la edad de los 9 años, debió viajar a la vecina Padua a raíz de una enfermedad respiratoria y allí, donde permaneció muchos años, comenzó a ser educado mostrando muy buenos dotes para el aprendizaje, tanto en las materias humanísticas como en las orientadas a la ciencia.

El incomparable Casanova
CasanovaSolía comerse cincuenta ostras al desayunar, a menudo en compañía, dentro de una bañera construida para dos. Normalmente seducía a las esposas o hijas de sus amigos, a veces dos a la vez, si hay que darle fe.

Casi siempre jugaba al aventurero: espía condenado a prisión que se evade saltando el muro, amante que lucha en duelo con un marido ultrajado, jugador que consigue varias fortunas y se las gasta en mujeres y en vino. Siempre vivió de su cerebro.

Giovanni Jacopo Casanova de Seingalt fue un hombre de muchos talentos: fue sucesivamente periodista, narrador, soldado, gastrónomo, predicador, filósofo, violinista, alquimista, hombre de negocios, diplomático y amante.

La incomparable filosofía que guiaba los pasos de Casanova está expresada en un pasaje poco citado que aparece a la mitad de sus Memorias: «Los instantes en que el hombre se ve obligado a ceder a la desgracia o al sufrimiento son instantes robados a su propia vida; pero multiplica por dos su existencia si tiene el talento de multiplicar sus placeres, de cualquier clase que sean».

Así se comportó Casanova a lo largo de toda su vida, desde la edad de 16 años, cuando le expulsaron por conducta inmoral de un seminario de Venecia, su patria, hasta su muerte en Bohemia —donde era bibliotecario del conde Von Waldstein— en el castillo de Dux, si los 73 años, en 1798.

Entre estas dos fechas hubo más de lo que  un otro hombre hubiesen podido escribir. Las célebres memorias de Casanova totalizan aproximadamente 1.500.000 palabras, y sin embargo sólo llegan hasta sus 49 años.

Se hizo famoso por primera vez cuando, encarcelado en Venecia, en 1755, por haber actuado de urente secreto, escapó a Francia: la historia indudablemente exagerada de este episodio le convirtió en un héroe romántico en toda Europa.

Los franceses le nombraron rápidamente jefe de las loterías nacionales, un cargo que le valió su primera fortuna, pero en lugar de establecerse reemprendió sus viajes.

Florencia le expulsó; aunque parezca raro, el Papa le concedió la orden de la Espuela de Oro; también le expulsaron de Madrid; de 1774 a 1782 fue espía para los inquisidores estatales de Venecia. Allí donde iba no dejaba nunca de buscar nuevos placeres.

Se dice que la famosa autobiografía de Casanova es digna de fe en líneas generales, como un cuadro del siglo XVIII, pero no en sus detalles, aunque actualmente nos parece ya bastante morigerada, y los detalles no son tan licenciosos o picantes como antes parecían.

El ingenio elegante de Casanova, reflejado en estas páginas, le convirtió en el huésped bienvenido de gigantes como Voltaire y Federico el Grande, pero incluso en estos casos no pasaba de ser considerado como un homme a bonnes fortunes.

Como es lógico, se le recuerda principalmente como un gran amante, y su nombre sólo es igualado por Don Juan como sinónimo de mujeriego promiscuo.

Dijo que las mujeres eran su cocina, y se dedicó a conocer e inventar toda clase de trucos para atraerlas al banquete de su cama —desde estratagemas como el «juego de las ostras» (él y la probable candidata comían las ostras cada cual de la boca del otro, y a menudo las ostras caían entre dos «globos de alabastro») hasta las historias exageradas de sus proezas en cualquier campo—.

Este famoso amante es un ejemplo típico del seductor neurótico, cuya necesidad de gustar constituye la razón misma de su vida, pero fue tanto un caballero como un sensual, combinación que rara vez se da.

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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Famosos Amantes de la Historia Amor Masoquista Dolor y Sufrimiento

Famosos Amantes de la Historia – Amor Masoquista – Amor, Dolor y Sufrimiento

Leopold von Sacher-Masoch, «el primer masoquista»:

Masoquismo. Psiquiatría 1-. Estado anormal en el que la excitación la satisfacción sexuales dependen en gran parte de los abusos o el dolor físico sufridos por parte de uno mismo o de otra persona. 2a: La obtención del placer por las ofensas, la dominación o algún mal rito sufrido, 2b: La tendencia a buscar estos malos tratos. 3-. La aplicación a uno mismo de cualquier tipo de tendencias destructivas.

Leopold von Sacher-MasochLas primeras memorias de Leopold von Sacher-Masoch fueron las norias tenebrosas y sangrientas que le contaba su nodriza Handschalos cuentos de Iván el Terrible, de la Zarina negra de Halicz, de Casimiro III, llamado el grande y de su tiránica concubina judía Ester—, cuentos repletos de crueldad y de tormentos, en los que casi siempre el torturador era una mujer dominante y lasciva, y el torturado era un hombre víctima de sus sentimientos.

Durante la infancia de Leopold, su padre fue jefe de policía de Lemberg, la capital de Galitzia, y contribuyó a la educación violenta de su hijo con las historias que contaba en casa. Leopold tenía diez años cuando los terratenientes polacos montaron una revuelta armada contra la aristocracia austriaca.

Tenía doce años, en 1848, el año de las revoluciones, y pudo contemplarlas en las ensangrentadas calles de Praga, donde había sido trasladado su padre.

Las crueldades despiadadas de su tiempo dieron pábulo a su imaginación, y compuso obras de teatro sobre las revueltas, que luego representaba en su pequeño teatro de marionetas. Sus sueños estaban poblados de escenas de ejecuciones y de martirios en los que se veía a menudo prisionero de algún personaje inexorable y demoníaco.

Su vida se hizo aparentemente más tranquila cuando trasladaron a su padre a Graz, en el sur de Austria.

Los Sacher-Masoch se movían entre la mejor sociedad, y Leopold era su orgullo. El muchacho consiguió su doctorado en leyes a los diecinueve años y dio clases de historia en la universidad al año siguiente.

Su mayoría de edad coincidió con la publicación de su Rebelión de Gante bajo Carlos V, una historia excelente, severamente ignorada por sus colegas académicos a causa de su facilidad de lectura y porque se sabía que su autor tenía sólo 21 años, le gustaba el teatro y estaba lleno de ideas locas sobre la libertad universal.

A la edad de 25 años, Leopold había abandonado la historia y el derecho en favor de la literatura. Parecía un joven normal de buena familia, considerable encanto y un prestigio literario creciente. Pero su sofisticación europea ocultaba un remolino de emociones primitivas.

Su subconsciente no estaba poblado por los austriacos educados y civilizados que veía cada día, sino por los campesinos feroces y medio salvajes de su infancia en Galitzia.

La madre de sus sueños, vividos no era el personaje de madonna perfecta que presidía la cíe gante residencia de Graz, sino la hembra robusta, despiadadamente tiránica, aterrorizante de las montañas de los Cárpatos.

Pero una cosa es soñar y otra muy distinta dar vida a los propios sueños a la luz del día. Leopold empezó precisamente a hacerlo consciente de que sus impulsos sexuales se salían de lo normal, se puso a buscar la realización más próxima posible de su ideal: la zarina dueña que le tiranizaría y humillaría, que llegaría de hecho a dañarle físicamente. Porque Leopold había descubierto que el dolor era el preludio necesario del placer.

La primera amante de Leopold fue la bella Anna von Kortowitz, una mujer unos diez años mayor que él, que abandonó a su marido y a sus hijos para vivir con él, pero que fue perdiendo interés en los látigos y las varas.

La relación continuó durante unos cuantos años tormentosos y finalizó cuando el nuevo amante que Leopold le había buscado —porque no podía sentirse satisfecho hasta que ella le traicionara— resultó ser un maleante.

Leopold se había visto obligado a escribir prolíficamente para mantener a Anna en el estilo de vida derrochador que ella exigía.

Descubrió que podía cultivar casi todos los géneros (excepto la poesía, que parece no haber ensayado nunca).

Publicó muchos cuentos a partir de sus experiencias teatrales (había interpretado profesionalmente algunos papeles), luego una segunda historia y finalmente su primera novela.

Había querido a Anna, pero cogió a Fanny Pistor, su siguiente acompañante, como si contratara a una actriz para una gira limitada.

Parte del contrato que firmaron ambos partícipes rezaba así: Don Leopold von Sacher-Masoch da su palabra de honor a la señora Pistor de convertirse en su esclavo y de satisfacer sin reservas durante seis meses todos sus deseos y órdenes.

Por su parte la señora Fanny Pistor no le obligará a cumplir nada contrario a su honor…, le dejará libres también seis horas diarias para llevar a cabo su labor profesional y renunciará a leer su correspondencia o sus composiciones literarias… La señora Pistor, por su parte, se compromete a llevar pieles con la mayor frecuencia posible, especialmente cuando se sienta llena de crueldad…

En un viaje que hicieron a Italia, la señora Pistor viajaba en primera clase, como una baronesa, mientras que Leopold iba en tercera, en calidad de doméstico, y en Venecia, de acuerdo con la fórmula, consiguió engañarle con otro hombre.

Demostró que era exactamente la mujer despótica y brutal que había deseado, y la relación fue realmente todo un éxito.

La obra más conocida de Lepold, La Venus de pieles, fue escrita ni esta época y la exposición detallada que contiene de su filosofía sexual le dio bastante notoriedad.

El hijo del comisario de policía era objeto de muchos chismorrees y recibió sacos de correspondencia escrita por damas anónimas, jóvenes (y no tan jóvenes).

Conoció su futura esposa bajo una farola de una pequeña calle de Graz; ella había acudido, bajo un velo espeso, a recuperar, previo acuerdo mutuo un paquete de cartas comprometedoras que una amiga suya le  había escrito a él.

Se hizo llamar Wanda, como la heroína de su última novela, llevaba un largo abrigo de pieles y se hacía la difícil. Unas semanas más tarde, cuando quedaron por fin solos, se le echó encima con un látigo.

Leopoldo quedó fascinado y aceptó casarse, aunque la ceremonia inicial se hizo en privado: él llevaba frac y corbata blancos y ella, desde luego, iba de pieles.

El matrimonio, formalizado más tarde por una ceremonia pública, duró quince años, pero no fue feliz. Wanda, como antes Anna, no sabía exactamente dónde se había metido.

Era la hija del criado de un noble y lo único a que aspiraba era al nombre socialmente prominente de Sacher-Masoch y a la vida de esposa de un intelectual, que suponía envidiable.

No había previsto que este intelectual le pediría que le azotara cada día con un látigo con clavos o que se pondría pesado pidiéndole que cogiera un amante.

A pesar de estar embarazada la mayor parte del tiempo, su marido continuaba presentándole un rosario de amantes en potencia, con la esperanza siempre optimista de que el último fuera un éxito.

Finalmente, al cabo de los años uno de los candidatos —un tal M. Armond, alias Jacques Ste. Cére, alias Jacob Rosenthal— se la llevó.

Mientras tanto, a pesar de todo, Leopold continuaba escribiendo. Aunque hoy en día se le lee poco, fue un personaje prominente de su época, y el 25 aniversario de la publicación de su primera obra se conmemoró de modo formal en Graz, y dio lugar a ceremonias públicas en Lemberg, Praga y Leipzig.

Por aquel entonces estaba viviendo con una joven alemana muy de su casa llamada Hulda Meister.

Se casaron después, y ella continuó cuidándole lealmente cuando el delicado equilibrio de su mente empezó a fallar. Al final lo envió calladamente a un manicomio, tras haber sufrido de su parte varios intentos de estrangularla.

Oficialmente había fallecido y se le lloró de modo digno, pero de hecho vivió diez años más, durante los cuales el neurólogo y psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing se enteró de los pormenores de su vida y llamó al tipo de aberración que el enfermo representaba «masoquismo».

Ver: Sadismo y Masoquismo

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