Región El Caúcaso

La Polinesia Francesa Tahití Geografia Población Costumbres

La Polinesia Francesa- Isla de  Tahití
Geografía, Población, Vida y Costumbres

Francia posee una serie de archipiélagos en el océano Pacífico que, tanto por el clima como por las bellezas de la naturaleza, son verdaderos paraísos terrenales. Estas islas constituyen la Polinesia francesa, islas de la Sociedad, Tuamotu, Marquesas, etc. Estas islas se esparcen por una vasta extensión del sureste del océano Pacífico. La superficie total es de 4.167 kilómetros cuadrados.

En cambio, en el aspecto económico la situación de estas islas es menos envidiable. Su principal producto de exportación es la copra (medula seca del coco); el aceite que se extrae de ella entra en la fabricación de margarina y jabón. El turismo aumentará considerablemente los recursos de la Polinesia francesa.

La mayor parte de los habitantes de las islas son polinesios, aunque también hay una minoría de chinos y europeos. La población en 2008 era de 283.019 habitantes. El idioma oficial es el francés, aunque se hablan frecuentemente idiomas polinesios. La principal isla es Tahití, y su ciudad más importante, Papeete (26.017 habitantes en 2007), es la capital del territorio.

La Polinesia francesa está compuesta de cinco archipiélagos, que se extienden en pleno océano Pacífico sobre 4.000.000 de km2: son las islas de la Sociedad, las Tuamotu, las Gambier, las Marquesas y las Tubuai o islas Australes. El primero de estos grupos, las islas de la Sociedad, se subdivide, a su vez, en islas de Barlovento e islas de Sotavento. Todas estas islas son formaciones volcánicas constituidas por sucesivas erupciones de lava y basalto, o atolones formados por colonias de corales en torno a un zócalo volcánico que después se hundió.

El clima de estas islas está determinado por la situación de éstas: cerca del ecuador y en medio del océano. Se trata, pues, de un clima tropical que, sin embargo, se halla muy sometido a las influencias oceánicas, con una temperatura que oscila todo el año entre 25 y 27° C. Las vertientes bien situadas son húmedas, pero en las islas bajas el clima es seco.

Los polinesios tienen la piel de color pardo dorado; el cabello, negro azabache, y los ojos, oscuros. Todo parece indicar que son originarios de Asia. Sin embargo, algunos antropólogos se sienten inclinados a creer que llegaron de América del Sur.

El carácter de los polinesios es alegre y despreocupado. La naturaleza les proporciona alimentos en abundancia: el coco contiene una especie de leche vegetal que es una bebida fresca y agradable. Con el jugo dulce que rezuma de la envoltura de las flores del cocotero se elabora el vino de palma. Además, la yema terminal de este árbol providencial es un sabroso alimento: la chou-palmiste.

pescador de la Polinesia

Pescador de la Polinesia

El clima de las islas es tan benigno que una simple caseta resuelve el problema de la vivienda. Los materiales están al alcance de todos: con el delgado tronco de los cocoteros, que pueden llegar a medir 25 m, se construye la armazón, y las hojas sirven para techar. Las fibras, previamente trabajadas, se emplean en la confección de vestidos, cestos, esteras y escobas.

La llegada de los blancos y la introducción de un ritmo de vida moderna  han  trastornado   estas islas, que constituyen excelentes escalas para la navegación y los transportes aéreos o bases militares de experimentación. Papeete, la capital, cuenta con un aeropuerto muy frecuentado.

Gracias a la lucha que se entabló contra las enfermedades, la población creció rápidamente. Más de la mitad se halla integrada por jóvenes menores de veinte años.

Papeete, la capital de la Polinesia Francesa:Esta ciudad es la capital y puerto principal de un territorio de ultramar dependiente de Francia, formado por más de cien islas, la Polinesia Francesa. Se localiza en la isla de Tahití y sobresale como una importante parada en las rutas de transporte internacionales y como centro turístico.

La economía de las islas de la Polinesia francesa se basa, sobre todo, en la agricultura. Los principales productos son el coco, la vainilla (fruto de la planta del mismo nombre), el café y la fruta.

Por desgracia, esta agricultura es muy vulnerable y no puede sostener el ritmo del crecimiento de la población. Las tierras de labrantío son insuficientes, y su rendimiento, poco elevado. El relieve y la dispersión de las islas dificultan la mecanización del equipo.

La población prefiere ocuparse en las plantaciones de cocoteros y vainilla, que requieren menos cuidados y esfuerzos. Sin embargo, el mercado mundial de la vainilla está sometido a grandes oscilaciones; la vainilla sufre la dura competencia de un producto sintético: la vainillina.

Los cafetales proporcionan un café de buena calidad, pero el rendimiento es muy bajo y sólo alcanza de 200 a 300 kg por hectárea.

Las plantaciones de cocoteros ocupan la mayor parte de las superficies cultivadas. Los cocos se parten en dos y se secan: este producto es la copra. El aceite que se obtiene se emplea en la fabricación de jabón, glicerina, productos cosméticos, explosivos y margarina. La copra es el principal producto de exportación de estas regiones (25.000 tm al año). Sin embargo, los cocoteros viejos no son reemplazados al ritmo preciso.

Los polinesios son hábiles pescadores, pero el producto de su pesca se dedica, casi exclusivamente, al consumo local. Sólo se exportan perlas, que se extraen de las ostras que los buzos van a buscar al fondo de las lagunas de los atolones.

La importancia económica de la pesca de ostras ha disminuido de modo considerable: las lagunas están prácticamente las lagunas y las perlas naturales sufren la competencia de las perlas artificiales. En Tahití y en las Gambier se recoge nácar (capa interna, irisada, de la concha de las madreperlas).

En la Polinesia francesa todavía no se puede hablar de industrias. En la isla de Makatea (islas de Barlovento) hay fosfatos, cuya explotación se ve amenazada por el agotamiento de los yacimientos. Estas regiones también fundamentan todas sus esperanzas en el turismo.

En efecto, no hay duda de que, en un porvenir muy próximo, la principal fuente de ingresos de estas islas tan privilegiadas por su belleza será el turismo.

isla de la polinesia

Tahití, maravillosa isla situada en el Pacífico, fue descubierta por Quirós en 1606 y el segundo que la visitó fue Wallis durante la segunda mitad del siglo XVIII. Dos circunstancias, sobre todo, hicieron famosa a Tahití: el amotinamiento de la Bounty y la estancia del pintor Paul Gauguin. Es una isla volcánica cubierta por una vegetación lujuriante. Exporta, especialmente, vainilla y copra.

TAHITÍ:

Un Poco de Historia…:Todo parece indicar que los polinesios de las islas vecinas se establecieron en Tahití en el siglo XIV. Pero hasta 1606, fecha en que la descubrió Pedro Fernández Quirós, navegante portugués al servicio de España, no fue conocida por los europeos. Más tarde, en 1767, llegó a ella el inglés Wallis.

Al año siguiente, en 1768, arribaron a sus orillas unos navegantes franceses capitaneados por Bougainville. En cuanto a James Cook, ancló allí por tres veces: en 1769, en 1773 y en 1777. Pero debido a la ausencia de agua potable, ninguno de estos viajeros permaneció durante mucho tiempo en Tahití.

La «Nueva Citeres» fue ensalzada en numerosos relatos llenos de romanticismo. Al principio, la población de Tahití fue descrita como un pueblo feliz, que vivía, sin preocupaciones, de la caza y de la pesca. Cuál no sería la desilusión cuando se supo que aquellos «buenos salvajes», en realidad eran cazadores de cabezas.

Tahití fue escenario del amotinamiento de la tripulación del navio inglés Bounty. Bajo las órdenes del capitán Bligh, este navio había zarpado en diciembre de 1787 con destino a Oceanía. El viaje se realizó sin incidentes y la tripulación permaneció unos seis meses en Tahití.

Pero cuando el barco tuvo que regresar a Inglaterra, los marineros se amotinaron: el 28 de abril de 1789, el marinero Fletcher se puso al mando de la tripulación rebelde, y abandonaron en un bote salvavidas al capitán Bligh y a 18 marinos que le habían permanecido fieles.

Pero Bligh, que era un viejo lobo de mar, después de una arriesgada travesía logró desembarcar en la isla de Timor, el 12 de junio de aquel mismo año. En cuanto a la Bounty, hizo rumbo a la isla de Pitcairn (al sudeste de las Gambier), en la que los amotinados fundaron una colonia. Hasta 1808 no fueron encontrados por un barco norteamericano: sólo quedaba con vida uno de los rebeldes.

A fines del siglo xvm, misioneros ingleses fueron a establecerse en Tahití, e intentaron implantar la civilización occidental. Pero a pesar del apoyo que encontraron por parte de los potentados locales, sus primeras tentativas fracasaron. Hasta 1815 no se establecieron plantaciones de café, azúcar y algodón. En aquella época, en Tahití reinaba la dinastía de los Pomaré. Estos despóticos soberanos se dejaban influir por los inmigrantes europeos, cuyos consejos no eran totalmente desinteresados.

En 1842, un bajel francés hizo escala en Tahití. Su comandante, el capitán Dupetit-Thouars, obtuvo autorización de la reina Pomaré IV para fundar un establecimiento en la isla y le hizo firmar un tratado en virtud del cual la isla se convertía en protectorado.

Incitados a la revuelta por el cónsul inglés Pritchard, los autóctonos se resistieron durante cinco años a la influencia francesa. En 1880, tras la abdicación del rey Pomaré V, la isla pasó a ser colonia, centro de los establecimientos franceses de Oceanía.

En 1891, un pintor parisiense llamado Paul Gauguin desembarcó en Tahití, adonde había ido en busca de nuevas fuentes de inspiración. Deseoso de integrarse más en la sociedad primitiva de los polinesios, se fue a vivir a la isla de Hiva-Hoa (Marquesas), pero allí cayó enfermo y murió. Actualmente, sus cuadros están considerados obras maestras de inapreciable valor.

Hoy Tahití forma parte de la Polinesia francesa, territorio de ultramar que envía representantes a París, y está dotado de una asamblea territorial. Tahití cuenta, aproximadamente, con cuarenta y cinco mil habitantes, de los cuales 20.000 viven en Papeete, ciudad principal y capital de la Polinesia francesa. Además de tahitianos y franceses metropolitanos, estos últimos funcionarios la mayoría, también hay varios millares de chinos, casi todos comerciantes. Desde 1945, todos los habitantes de Tahití, excepto los chinos, son ciudadanos franceses.

Antes de la llegada de los europeos, Papeete era un modesto establecimiento de la costa. Su nombre significa «lugar donde las mujeres sacan el agua». Gracias a sus instalaciones portuarias y a su aeropuerto de categoría internacional, Papeete es hoy una ciudad moderna.

La isla de Tahití está constituida por dos volcanes, unidos por el estrecho istmo de Taravao. En ella se suceden altas montañas y profundos valles. Las temperaturas son elevadas (un promedio de 26°), y las precipitaciones, abundantes (casi dos metros en Papeete).

Sólo la tercera parte de la superficie total —sobre todo la llanura costera— se dedica al cultivo. Allí, los autóctonos cultivan la fruta (plátanos, pina, agrios), batatas y árbol del pan. Los europeos han creado plantaciones de vainilla, cocoteros, café y caña de azúcar. Estos productos están destinados, sobre todo, a la exportación. Además, Tahití exporta algunos productos de la extracción minera, sobre todo fosfatos. Dos terceras partes del país están cubiertas de espléndidos bosques.

Los tahitianos son hábiles pescadores. La pesca es básica para su abastecimiento. El turismo constituye una valiosísima fuente de ingresos para la isla, a la cual acude cada vez mayor número de veraneantes en busca de mundos nuevos y acuciados por el afán de vivir.

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Tribu Papúes en Nueva Guinea Características y Costumbres

Tribu de los Papúes en Nueva Guinea
Vida, Características y Costumbres

La palabra papú es un nombre colectivo con el que se designa a numerosos grupos étnicos muy distintos unos de otros. Los papúes viven en Nueva Guinea y en las islas vecinas. Los papúes primitivos no conocían el uso del metal. Los actuales practican una especie de agricultura rudimentaria o viven de la caza o la pesca. Poseen un desarrollado sentido artístico

Junto con Groenlandia, Tierra de Baffin y Borneo, Nueva Guinea es una de las mayores islas del mundo: tiene una extensión de 800.000 km², en el límite de Asia y Oceanía. Su relieve, accidentado y volcánico, está cubierto, en gran parte, por la selva virgen. El clima es muy húmedo, como lo demuestran las inmensas llanuras pantanosas situadas al sur de la cordillera central.

tribu papues

Nueva Guinea tiene al norte las islas de Micronesia, al sur Australia, al oeste Indonesia y al este y sudeste las islas de Melanesia. Por tal motivo no es de extrañar que los papúes, nombre genérico de las poblaciones que se hallan diseminadas por estas vastas regiones, formen tribus verdaderamente distintas.

Bien resguardados en las selvas del interior, poco penetrables, y cuya exploración apenas ha logrado llevarse a cabo actualmente, viven, sobre todo, los papúes pigmeos, quienes han permanecido durante mucho tiempo sin el menor contacto con el mundo exterior.

Pese a presentar considerables divergencias, la mayoría de tribus que pueblan Nueva Guinea tienen ciertos rasgos comunes. Por lo general, el papú tiene la piel oscura. Es de estatura media, más bien pequeña. Posee cabellera abundante y encrespada, cejas muy pobladas, nariz ancha y labios gruesos. En ciertas ocasiones, los papúes se pintan la cara de negro, azul o rojo. También se adornan con conchas, trozos de bambú y, sobre todo, con las tornasoladas plumas del ave del paraíso.

Ubicación Geográfica de los Papúes

Algunas tribus todavía usan conchas como moneda: cuantas más conchas lleva un papú, mejor considerado está. Algunas jóvenes llegan a adornarse con varios kilogramos de conchas. En efecto, el papú da mucha importancia a los signos externos de opulencia. Con frecuencia lleva una diadema de palitos que miden de dos a tres centímetros de largo. Cada palito significa un distintivo de riqueza: armas, adornos, útiles, esposas, etc.

Muchos papúes todavía viven como nuestros antepasados de la edad de piedra: no conocen los metales y todos sus utensilios son de piedra, madera o hueso. Por lo general, la fabricación de armas o útiles corre a cargo de viejos artesanos que guardan celosamente sus secretos profesionales.

Algunos papúes practican una primitiva agricultura utilizando un simple palo para cavar. Otros son nómadas y viven de la caza, la pesca y de lo que pueden recolectar. Crían cerdos y aves y no temen aventurarse en alta mar en sus piraguas de balancín. En las regiones costeras, algunas plantaciones producen copra.

Las «casas de hombres», en las que, desde su juventud, los hombres llevan una vida retirada, constituyen una de las características de las comunidades papúes. Entre éstas existen muy notables diferencias en la construcción de las casas. Algunos papúes tienen sólidas casas de madera. Otros viven en chozas construidas en las ramas más altas de los árboles.

Esta costumbre proviene, sin duda, de la necesidad de defenderse contra toda clase de peligros y, especialmente, de los cazadores de cabezas, práctica que sigue en vigor en muchas tribus. Algunos grupos atrasados todavía practican la antropofagia.

El sentido artístico de los papúes se manifiesta en sus casas de ceremonia, grandes construcciones de madera con techo en forma de silla de montar. Antaño fueron escenario de numerosos festejos; hoy sólo constituyen las singulares reliquias de un mundo extraño. Las esculturas de los revestimientos de madera que cubren las paredes de estas casas de ceremonia son muy notables. Las numerosas columnas que sustentan el edificio acusan gran parecido con los tótemes.

Los papúes son Consumados maestros en la fabricación de máscaras. Los objetos de arte: escudos, máscaras, instrumentos de música, eran realizados, sobre todo, por las comunidades de hombres. Pero a medida que la sociedad papú fue evolucionando se perdieron las tradiciones artísticas. Ante los papúes apareció un mundo nuevo.
Nueva Guinea estuvo dividida entre Países Bajos (oeste), Alemania (nordeste) e Inglaterra (sudeste).

En 1906 la parte inglesa (Papua o Papuasia) pasó a ser dependencia de Australia. En 1921, la parte alemana fue puesta bajo el gobierno australiano.

El 1 de mayo de 1963, Nueva Guinea occidental fue cedida a Indonesia y desde ese momento se llamó Irian. El papú Bonay fue nombrado gobernador de este territorio por el presidente Sukarno.

La isla representó su papel durante la segunda guerra mundial

El Envejecimiento en Japón El Silver Market del Siglo XX

El Envejecimiento en Japón El «Silver Market»

Desde los 55 ó 60 años en adelante, se puede identificar un mercado de la tercera edad, que se conoce como silver market o Mercado de Plata, denominación ésta que hace alusión al color del cabello canoso de las personas que encuadran en este segmento.

El «envejecimiento» del Japón es un fenómeno que comenzó a llamar la atención después de la Segunda Guerra Mundial, fundamentalmente por la velocidad con que se produjo el incremento de la longevidad (de una expectativa de vida de 50 años a principios de la década del 40 a una expectativa de 80 años en la actualidad). Se estima que la población japonesa de más de 65 años se duplicará hacia el año 2025. Esta realidad es motivo de preocupación tanto en el sectoV público como en el privado.

El gobierno ha coministerio de Comercio Exterior e Industria del Japón o MITI (Ministry of International Trade and Industry). La propuesta inicial, cuya implementación se ha reservado al sector privado, consistía, básicamente, en promover el establecimiento de una suerte de colonias de japoneses retirados de las actividades laborales en diferentes países extranjeros.

ancianos en japon

La emigración sería atractiva para esta generación madura debido a las mejores condiciones climáticas y habitacionales, como así también por el bajo costo de vida comparado con el del Japón. El proyecto provocó diversas reacciones, llegándoselo a calificar de una mera exportación de ancianos. Como una alternativa, se propuso un proyecto mejorado que contempla el establecimiento de población senil en el exterior por períodos limitados.

El programa contribuiría a canalizar divisas al exterior, que es uno de los problemas que tiene actualmente la economía japonesa. Ciertamente, es necesario que los países elegidos como destino reúnan una serie de condiciones básicas, tales como que no exista recelo contra los japoneses por parte de los pobladores locales, que se solucionen las trabas burocráticas que puedan impedir el ingreso de personas y bienes, que exista una infraestructura adecuada para albergar á estos huéspedes.

Los países receptores de estos inmigrantes transitorios se beneficiarían con el ingreso de divisas creando además oportunidades en el sector servicios, tales como en la hotelería, gastronomía y clínicas especializadas. El turismo se vería incentivado tanto por el movimiento de los huéspedes en el país como por el flujo de personas que se genere cuando los parientes y amistades de éstos concurran a visitarlos.

Entre los diferentes países que se mencionan en forma extraoficial se encuentran Canadá, Australia, España, Nueva Zelandia, Portugal, Estados Unidos y Grecia. Dentro de los países latinoamericanos se ha considerado a México y la Argentina. Obviamente los interesados en este tipo de proyectos no deben tener una actitud pasiva. Es necesario que difundan las cualidades de su tierra en todos los niveles de la sociedad japonesa. En este sentido, desde fines de 1986, el gobierno español ha venido promocionando su país, dando charlas y conferencias explicativas sobre los beneficios de establecerse en suelo español.

A principios de 1987, el MITI publicó los resultados de una encuesta realizada entre los trabajadores japoneses en la cual la gran mayoría de los entrevistados calificó de atractiva la idea de residir en el extranjero luego de su retiro. Australia sería el país de destino más solicitado por los interesados, seguido de Canadá y España.

Al respecto puede destacarse el excelente trabajo de promoción que han venido realizando las empresas y el gobierno australiano para incentivar el turismo y la venta de sus productos en el Japón, lo cual ha contribuido a que se forme una opinión muy favorable de ese país entre los japoneses.

Los impulsores de estos revolucionarios proyectos reconocen que este tipo de iniciativas no han de solucionar los problemas de fondo de la creciente población senil del Japón, pero al menos servirían para paliar la coyuntura de los años venideros.

Más allá de las polémicas que han generado, es necesario realizar algunas reflexiones desde otra óptica. La edad promedio de retiro en Japón tiene lugar entre los 55 a 60 años, etapa aún activa para muchas personas. Al mismo tiempo, el empleado recibe al momento de su retiro una indemnización especial que oscila entre los 100.000 y 200.000 dólares, más una pensión de unos 1.000 dólares mensuales, monto que depende del tipo de aportes que haya realizado.

En función de estas cifras resulta evidente que no se trataría del establecimiento de una simple colonia de jubilados sino más bien del traslado físico de un segmento de mercado con un poder adquisitivo muy elevado.

La presencia de una población senil numerosa no es un fenómeno novedoso para los países industrializados de Occidente. El porcentaje de la población senil, definido como las personas mayores de 65 años con respecto a la población total, es del 17% en Suecia, 15% en el Reino Unido, 13% en Francia, 12% en Estados Unidos comparado con sólo el 10% que se observa actualmente en Japón.

Sin embargo, la característica relevante en este último es la gran rapidez con que se ha producido el incremento de la población de tercera edad, debido principalmente al mejoramiento del nivel de vida y a los avances logrados en materia de infraestructura hospitalaria, servicios sociales y de salud. Así, Japón requerirá sólo de 26 años para duplicar su población senil, (del 7% en 1970 al 14% en 1996), mientras que por ejemplo Francia requirió de 115 años para alcanzar los mismos porcentajes.

De acuerdo con la estructura actual de la sociedad japonesa, la proporción de la población activa con respecto a la no activa se reducirá sustancialmente en los próximos años, lo cual obligará a replantear numerosos aspectos, tales como el sistema de retiros y jubilaciones. Una proporción reducida de jóvenes y adultos en edad económicamente activa tendrán que dar de comer a un enorme ejército de ancianos.

EL silver market en Japón ha comenzado a adquirir una significación especial no sólo para las firmas locales, que están diversificando sus productos y servicios, sino también para las empresas extranjeras, que esperan lograr una porción considerable de ella aprovechando el rápido crecimiento que se espera en los próximos lustros.

Fuente Consultada: JAPÓN, ¿Por que es como es? Juan Borga-Emilio Sawada – GF García Ferré – Anexo Revista Muy Interesante

 

 

La Sociedad Japonesa Vida, Costumbres y Tradiciones

La Sociedad Japonesa Costumbres de Vida y Tradiciones – Religión

Con 130.000.000 de habitantes, Japón es un país superpoblado. Tokio, sobre todo, y los demás centros industriales, tienen que hacer frente a problemas prácticamente insolubles. Japón es, también, un país de tradiciones seculares, que todavía se manifiestan en la forma de vestir y en la vida familiar, pero los japoneses acogen gustosos lo que llega del extranjero. Pese a la acusada modernización de la industria, en numerosos lugares subsisten sistemas artesanos.

El factor decisivo de los notables cambios sociales y culturales de Japón fue la Segunda Guerra Mundial: la derrota sufrida por el país fue más allá del ámbito estrictamente militar. Durante el primer período de la posguerra, la ocupación estadounidense dirigida por el general McArthur aprovechó la coyuntura para incorporar ciertos artículos liberales a la Constitución japonesa. Después de quince años de férrea dictadura militar, Japón se vio frente a una súbita liberación.

La autoridad paterna quedó abolida para los hijos mayores de edad, y la herencia pasó a ser compartida por todos los descendientes por igual. En compensación, los padres quedaban exentos de tener que responder por los actos de los miembros de la familia.

Si bien las tradiciones patriarcales siguieron pesando en los medios rurales, la joven generación dio por tierra con los viejos principios en las ciudades. Ante el escándalo de los mayores, los jóvenes de ambos sexos del Japón moderno eligen a sus futuros cónyuges y a sus amistades. Cuando se casan, comunican la decisión que han tomado a sus familiares, pero no les piden consentimiento alguno.

Los matrimonios jóvenes muestran una clara preferencia por la formación de un hogar propio, y abandonan así la casa paterna. Estos jóvenes, a su vez, se escandalizan al observar ciertos hábitos paternos, sobre todo el mantenimiento de concubinas.

Como consecuencia de todo esto, el tan debatido conflicto entre generaciones parece ser más profundo en el Japón que en ningún otro país. Un padre típico, por ejemplo, conserva cierta religiosidad. Tanto en el trabajo como en las horas de ocio, respeta y valora la jerarquía; cultiva las tradiciones y vota a los liberales, budistas o independientes, esperando tan sólo un gobierno que mantenga el orden establecido. Su hijo, en cambio, es posible que descuide las creencias y que repudie cualquier tipo de subordinación. Sus intereses son distintos; vota a las izquierdas, o incluso se niega a participar en el proceso electoral, apoyando movimientos de oposición radical al régimen.

Concepciones de vida tan diferentes impiden todo tipo de diálogo; el alejamiento entre generaciones es completo. Los casos mencionados son extremos, pues, en general, padres e hijos asumen posiciones intermedias.

El número de japoneses asciende a 130.000.000, es decir, un promedio de 259 por kilómetro cuadrado, pero como gran parte del país es inhabitable a causa del relieve, la concentración de la población constituye uno de los graves problemas nacionales.

Esta concentración alcanza su punto máximo en Tokio, la capital, que, junto con sus arrabales, cuenta con 10.500.000 habitantes. Es la ciudad más poblada del mundo. En las horas punta, Tokio es un verdadero hormiguero de peatones y vehículos. En estas horas, los ferrocarriles llevan con frecuencia un número de viajeros tres veces mayor que el máximo autorizado.

En algunas estaciones hay empleados que se encargan exclusivamente de empujar a los viajeros al interior de los vagones que ya están hasta los topes. Sin embargo, la población de Tokio, como también la de otras ciudades, no deja de ir en aumento.

El gran incremento demográfico y el crecimiento de gigantescas ciudades, con rascacielos y autopistas, no constituyen las únicas características de la moderna sociedad japonesa.

Es sorprendente ver hasta qué punto han sobrevivido costumbres y tradiciones seculares. La mayoría de jóvenes, el día de su boda, y en otras muchas circunstancias, todavía llevan el quimono, traje nacional. El quimono fue considerado traje nacional durante el período de 1200 a 1600, la Edad Media japonesa. El dibujo de la tela difiere según las estaciones: en pleno verano se elegirá un tejido adornado con rosas, y con crisantemos al acercarse el invierno.

ayudando a subir al tren en Japon

A pesar de que la moda occidental ha logrado introducirse en Japón, el quimono sigue siendo, incluso para los hombres, el vestido casero por excelencia.

Todavía subsisten muchas tradiciones familiares, especialmente el mantenimiento de extensos grupos familiares que, con mucha frecuencia, comprenden tres generaciones, y que son responsables del bienestar de todos sus miembros.

En la familia se conserva una jerarquía muy estricta. Cuando una joven se casa, lleva un alto tocado llamado bunkin takashimade, es decir, «obediencia al esposo». Cuando éste regresa de su trabajo, su mujer acude a recibirle y lo saluda con una ceremoniosa reverencia.

El té se prepara según un ritual que se remonta a la época en que las mujeres deseaban introducir un poco de refinamiento y cortesía en la violenta sociedad feudal.

Otra de las características del japonés es su agudo sentido de la limpieza. En la vida social del japonés casi es tan importante bañarse como comer o beber. Esto se debe, sin duda, a las prescripciones purificatorias de la religión sintoísta. En el campo aún se utilizan grandes bañeras en las que se baña a la vez toda la familia.

Tras la ocupación norteamericana, después de la segunda guerra mundial, el norteamericano ha influido profundamente en ciertos medios. Los cabarets, los shows, las estrellas de aires hollywoodenses, las orquestas de jazz y los drugstores constituyen las manifestaciones más evidentes de este ambiente.

Los japoneses son unos porfiados trabajadores. A esto se debe que después de su derrota en la segunda guerra mundial, hayan logrado restaurar con tanta rapidez su equipo económico, que, actualmente, puede ser considerado uno de los más poderosos del mundo.

Sin embargo, en muchos lugares ha conseguido mantenerse la industria domiciliaria. Los procedimientos de los artesanos se remontan a varios siglos atrás. Su rendimiento es mediocre, pero el japonés es poco exigente. El arroz y el pescado, que se encuentran en abundancia, constituyen sus alimentos básicos. Los granos de soja, ricos en albúmina, figuran, con frecuencia, en sus comidas.

La Religión:

En Japón existen dos grandes religiones: el budismo y el sintoísmo. Este último fue religión de Estado hasta después de la segunda guerra mundial. El budismo fue importado de China y en seguida se dividió en varias sectas. Una de ellas es el budismo zen, que carece de doctrina y predica la meditación. Sintoísmo y budismo disponen de numerosos templos y santuarios dispersos por todo Japón, pero el centro religioso por excelencia es Kioto.

En la vida de los japoneses la religión ha representado siempre un importante papel. Las tradiciones religiosas han dejado profundas huellas en la vida pública: casi en todas partes aparecen elementos religiosos. Además, el japonés es muy tolerante. No tiene el menor inconveniente en observar las prescripciones de varias religiones. Éste es el caso, especialmente, de dos de las más importantes religiones locales: el sin-toísmo y el budismo, que muchos japoneses practican sucesivamente, según las circunstancias. Es cosa corriente casarse según el ritual sintoísta y hacerse enterrar por monjes budistas.

En la celebración de las bodas hay que observar un complicado ritual: beber, especialmente, nueve tragos de alcohol de arroz. La novia lleva un peinado alto y viste un quimono multicolor. En cambio, el novio, por lo general, va vestido a la europea: chaqué y pantalón de corte.

Pero muchas solemnidades se celebran según los ritos del budismo. La fiesta popular japonesa más importante celebra la llegada de la mitad del verano: todos se dirigen a su pueblo natal para tomar parte en festividades de carácter simbólico. Se organizan desfiles con estandartes, antorchas y faroles, con objeto de escoltar a los espíritus de los difuntos hasta la casa en la que antaño vivieron y para conducirlos de nuevo, al finalizar las fiestas conmemorativas, a su lugar de descanso. Los ecónomos de la mayoría de templos budistas obtienen la mayor parte de sus ingresos durante esta festividad y todas las que se relacionan con el culto de los muertos.

Jardín de Ryoanji

Jardín de  Ryoanji

LA OCCIDENTALIZACIÓN DEL CONSUMIDOR JAPONÉS

El Japón es un país con profundas raíces en la cultura de la China. El budismo fue un vehículo en el proceso de transmisión cultural, de la misma manera que lo fue el cristianismo en la transmisión de muchos aspectos de la cultura europea a los países de América latina. La incorporación de diferentes elementos de la China se extendió desde lo político hasta lo tecnológico, pasando por distintas expresiones culturales tales como la pintura, poesía e incluso costumbres que aún hoy se encuentran arraigadas en el pueblo japonés.

Hacia mediados del siglo XVI Japón tomó contacto directo con Occidente por primera vez. Posteriormente, diferentes acontecimientos contribuyeron a que en el llamado Período de Tokugawa (1603-1867) el país se aislara del resto del mundo y se prohibiera, bajo pena de muerte, todo contacto con el extranjero, excepto con comerciantes holandeses y chinos que fueron autorizados a operar en una limitada zona de Nagasaki, al sudeste del archipiélago.

Este período de aislamiento contribuyó a la asimilación de las distintas corrientes culturales que hasta ese momento habían confluido al país consolidándose las bases de una cultura nacional con identidad propia. Hacia fines de la época de Tokugawa, ante la presión de los Estados Unidos y de las potencias europeas, Japón se vio obligado a abrir nuevamente sus fronteras al mundo.

Con el comienzo de la época de Meiji (1868-1912) se inicia un período de rápido aprendizaje, hito que se suele identificar como el comienzo de la occidentalización del Japón, proceso para el cual se tomaron como principales modelos a Gran Bretaña y a Alemania. Diferentes costumbres fueron llevadas desde Europa, tales como el uso de vestimenta occidental, la introducción de nuevas comidas y bebidas, etc., las cuales se fueron difundiendo especialmente entre los miembros de la corte y de la alta sociedad.

Desde esa época, a la par del acelerado proceso de industrialización, se suceden guerras con China (1894-1895), con Rusia (1904-1905), y luego nuevamente con China (1937), acompañado de un proceso de militarización que culminó con la participación del país en la Segunda Guerra Mundial. Luego de la derrota y la rendición incondicional del Japón en dicho conflicto bélico, se inicia una nueva etapa para el país.

A partir de entonces se comienza a recibir una fuerte influencia de los Estados Unidos, cuyas fuerzas militares ocuparon el país durante casi 7 años, hasta abril de 1952. La occidentalización de posguerra fue principalmente la incorporación de elementos culturales y científicos de los Estados Unidos.

Este fenómeno puede ser apreciado en innumerables facetas de la vida cotidiana, aunque es menester señalar que los aspectos occidentales se combinan con los tradicionales en formas muy interesantes, tal como se verá en los siguientes ejemplos.

La vestimenta:
La población en general ha adoptado como regla las prendas occidentales y como excepción las vestimentas tradicionales. Estas últimas suelen ser utilizadas por ejemplo por los novios y algunas invitadas en los casamientos, o por jóvenes en las ceremonias de graduación o en las fiestas en las que se festeja la mayoría de edad a los 20 años. Los grandes almacenes y las tiendas especializadas en la venta de ropa destinan cada vez menos espacio para la comercialización de vestimentas tradicionales, limitándose a las prendas de alta calidad, que sólo suelen ser utilizadas en ocasiones especiales. Un kimono completo puede costar más de 5.000 dólares.

La alimentación:
La dieta alimenticia del pueblo también se encuentra experimentando cambios importantes. Los platos básicos continúan siendo el arroz, el pescado y los vegetales, pero paulatinamente se han ¡do incorporando otros alimentos propios de Occidente, los cuales han sido adecuados al paladar japonés. El desayuno tradicional en Japón generalmente incluye pescado, sopa y arroz, pero en los últimos tiempos se tiende a suplir estos platos por café, pan, leche, yogur, huevos y jugos de fruta, siendo más notorio estos cambios en las generaciones jóvenes.

La vivienda:
Las casas generalmente son de madera, de uno o dos pisos, aunque en las últimas décadas se han difundido los edificios de hormigón. Estos últimos están diseñados al estilo occidental pero mantienen muchas características de las casas tradicionales. Por ejemplo, en la entrada de los departamentos hay un pequeño espacio de aproximadamente 1 m², en desnivel con respecto al resto de la vivienda, que se utiliza para dejar el calzado, ya que en el interior se acostumbra caminar descalzo o con unas pantuflas de uso interno.

A pesar de que los pisos de los departamentos son de cemento, sin mosaicos, cubiertos de madera o alfombrados, normalmente tienen una o varias habitaciones a la usanza tradicional, con pisos de estera de paja o tatami.

Es interesante el caso de los accesorios sanitarios. Tradicionalmente los retretes o inodoros utilizados en Japón son instalados al ras del suelo, conocidos en algunos países como inodoros «a la turca». Se estima que el 70% de los baños japoneses tienen aún esta característica. Sin embargo, en los últimos años se ha extendido el uso de sanitarios occidentales de «asiento», principalmente en las grandes ciudades, estimándose que tres de cada cuatro nuevos baños que se instalan actualmente responden a este último estilo.

En la década del ’60 nacieron en Japón muchas revistas de historietas. La más popular fue Tetsuwan Atomu creada por el artista Tezuka Osamu, que luego fuera llevada a la televisión. Conquistó rápidamente al público infantil, no sólo local, sino de todo el mundo.

El mobiliario:
Los muebles para las viviendas están cambiando radicalmente, con lo cual también se modifican aspectos importantes de las costumbres. Los japoneses normalmente duermen extendiendo colchones en los pisos de tatami y a los fines de aprovechar más eficientemente el espacio durante el día se los guarda en grandes placares. Sin embargo, entre las generaciones jóvenes se está notando cierta predilección por el uso de camas.

Algo similar ocurre con otros muebles de uso diario, que en general tienden a adoptar características occidentales. Las mesas tradicionalas son bajas, ya que normalmente se come sentado en unos almohadones extendidos en el suelo, pero en los últimos tiempos se está extendiendo rápidamente el uso de mesas y sillas occidentales. Este nuevo estilo de amoblamiento se ha adoptado a los requerimientos del consumidor japonés. Las camas en general son más anqostas, las mesas más difundidas son para pocas personas (dos, cuatro o seis), los sillones son más pequeños, las patas de los inuebles son más cortas, etc.

El idioma:
A la par del proceso de occidentalización, se observa un cambio en el lenguaje, con la incorporación de gran cantidad de términos procedentes de idiomas extranjeros, principalmente del inglés. Estás expresiones extranjeras ajaponesadas son usadas no sólo en la conversación diaria sino también en situaciones formales, tales como en los discursos oficiales, en los textos escolares e inclusive en los documentos públicos. Se han popularizado también las marcas de productos con nombres de origen extranjero.

Fuente: JAPÓN, ¿Por que es como es? Juan Borga-Emilio Sawada – GF García Ferré – Anexo Revista Muy Interesante

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