Reinado Felipe IV de España

Gobierno de Azaña Manuel Reformas Agraria y Militar

Gobierno de Azaña Manuel Reformas y Biografia

Manuel Azaña (1880-1940) fue un escritor y político español fue ministro de la Guerra en el gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora tras el advenimiento de la II República, en abril de 1931.

Después de la dimisión de éste, en octubre de ese año pasó a encabezar su primer gobierno. En 1933 dimitió como jefe del gabinete.

Principal dirigente de la coalición política del Frente Popular, formó de nuevo gobierno en febrero de 1936 y resultó elegido por las Cortes presidente de la República tres meses después.

El estallido de la Guerra Civil en julio de ese año vació su cargo de contenido.

En febrero de 1939 presentó su dimisión después de que, días antes, se refugiara en Francia ante el avance decidido de los ejércitos franquistas.

Biografia de Azaña Manuel Presidente España en la Guerra Civil
Manuel Azaña presidía la II República de España durante la Guerra Civil que tuvo lugar entre 1936 y 1939. Tropas sublevadas procedentes de África al mando del general Franco penetran en la Península, y el gobierno republicano repliega sus fuerzas para defender la continuidad de la II República. La Guerra Civil española estalla en julio de 1936.

Nacido en Alcalá de Henares en 1880, Manuel Azaña fue uno de los políticos más destacados de la etapa republicana española. Doctorado en derecho por la Universidad de Zaragoza, Azaña fundó el partido Acción Republicana en 1925.

Sus dotes políticas y su carácter dialogante lo llevaron a la presidencia del gobierno en 1931 y en febrero de 1936 y en mayo de ese año a la presidencia de la República, poco antes del estallido de la Guerra Civil.

Con él dió comienzo el bienio denominado «republicano-socialista», «reformista» o «social-azañista», en el que, a partir de la nueva Constitución, se intentaron reformar las estructuras de un estado que arrastraba graves deficiencias que hacían imposible su incorporación al mundo del siglo XX surgido de las recientes convulsiones internacionales.

Defensor de la democracia: Tras asumir la presidencia, Manuel Azaña trató de apaciguar el clima de violencia que vivía el país.

Pero, a pesar de esto, no pudo evitar el alzamiento encabezado por el general Francisco
Franco, quien representaba a los sectores más conservadores del país.

El presidente Manuel Azaña defendió la República identificándola con la democracia.

Ante el avance de las tropas sublevadas, Azaña trasladó la sede del gobierno de Madrid a Valencia y más tarde a Barcelona.

El triunfo de los sublevados en 1939 lo obligó a exiliarse a Francia, donde dimitió el cargo.

Murió en Montauban al año siguiente.

Su gobierno elaboró un amplio programa de reformas.

1) Reformas militares. La república heredó unas fuerzas armadas entroncadas con la monarquía y sobrecargadas de oficiales, jefes y generales y, en gran parte, hostiles al nuevo régimen.

Azaña ofreció a los militares la posibilidad de abandonar el servicio, pero sin dejar de percibir los ingresos correspondientes a su grado, las dieciséis divisiones orgánicas fueron convertidas en ocho, se eliminaron los empleos de teniente general y capitán general, la justicia militar quedó circunscrita a los delitos de índole castrense y fue suprimida la Academia General Militar, en Zaragoza.

Por otra parte, la situación en el seno del ejército estaba dividida entre la Unión Militar Española (UME), antimonárquica y con tendencias totalitarias, y la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA), de orientación democrática.

2) Los nacionalismos. La proclamación de la república dio paso a una
situación política proclive a dar respuesta a las aspiraciones autonomistas de las regiones, pues la Constitución reconocía esa posibilidad.

En Cataluña había triunfado la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y el 18 de abril de 1931 quedó constituida la Generalitat como nuevo gobierno autónomo.

El estatuto de autonomía fue aprobado en plebiscito el 3 de agosto, pero la línea federalista que mostraba encontró la oposición del gobierno del estado.

El fallido golpe de estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932, aceleró los debates y el 9 de septiembre el estatuto fue aprobado en las Cortes.

También en el País Vasco y Navarra existía un profundo deseo autonomista.

En septiembre de 1931 se presentó un proyecto de estatuto, fruto del trabajo conjunto de nacionalistas y tradicionalistas.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) mostró su disposición al diálogo con las fuerzas que apoyaban al gobierno y su apoyo al régimen de libertades, pero el tradicionalismo se oponía a la república y a la democracia.

La actitud de los carlistas paralizó la posibilidad de conseguir un estatuto de autonomía, cuya aprobación no se produjo hasta 1936.

3) Reforma agraria y legislación social. Cambiar las estructuras socioeconómicas del medio agrario era fundamental en un país donde casi la mitad de la población desarrollaba sus actividades diarias en este ámbito.

Los grandes terratenientes querían seguir manteniendo su control sobre la sociedad rural, pero los campesinos querían tomar la tierra.

Un pequeño grupo de propietarios era dueño de enormes extensiones y en los latifundios masas de jornaleros sin tierra y yunteros reclamaban el reparto del campo, mientras que en los minifundios los dueños de minúsculas parcelas estaban en una situación económica no muy distinta de la del jornalero.

El 15 de abril de 1931 el gobierno provisional reconoció la función social de la propiedad privada y dictó normas referidas a la prórroga de los contratos de arrendamiento, prohibición de mantener tierras sir cultivar y a la jornada laboral en las faenas del campo, entre otras.

La reforma agraria fue objeto de numerosos debates dentro y fuera del gobierno y varios proyectos a ley sufrieron el rechazo de las Corte, hasta que el 9 de septiembre de 1932 quedó aprobada la ley de Bases de la Reforma Agraria, cuya aplicación quedó encomendada al Instituto de Reforma Agraria (IRA).

Biografia de Juan Jose de Austria Vida y Obra Politica

Biografia de Juan Jose de Austria-Vida y Obra Politica

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan, el nombre de Juan José procede seguramente de una obra apologética, escrita por su colaborador Francisco Fabro Bremundán.

La persona de Juan José de Austria, vinculada a los hechos más dolorosos de la decadencia del poder español en Europa, fue por unos años centro de las esperanzas mesiánicas de quienes confiaban en él para salvar a la monarquía del desastre que la amenazaba.

Biografia de Juan Jose de Austria
Muerto Felipe IV, aglutinó la oposición de la alta nobleza frente a la política de la reina regente, Mariana de Austria, y sus favoritos Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela. En 1677, marchó con un ejército sobre Madrid e hizo que su hermanastro, Carlos II, le nombrara primer ministro, cargo desde el que inició importantes reformas que no pudo culminar por su temprana muerte.

Como representante de este sentimiento enfermizo del pueblo que ha perdido el Norte de su rumbo, el infante gozó de una popularidad que realmente no merecía ni por sus cualidades ni por su talento.

Pero ante la descomposición del Estado, ante la perspectiva de una larga regencia y de la privanza de un extranjero, los españoles no hallaron otro recurso que acogerse a las posibilidades que les podía brindar el hijo natural de Felipe IV y la Calderona.

Decir que Juan José de Austria no respondió a las citadas esperanzas es referirse a una observación histórica objetiva.

¿Pero quién era capaz entonces de rehabilitar la fortuna de las armas de España frente a los poderosos ejércitos de Luis XIV, apoyándose en un país empobrecido y arruinado por dos siglos de guerras en Europa y de colonización en América?.

Fruto de una de esas aventuras amorosas a que se entregó con harta frecuencia Felipe IV, Juan José nació en Madrid el 7 de abril de 1629 de la famosa actriz María Calderón.

A poco de venir al mundo, su madre se retiró a un convento.

El niño recibió una buena educación, y pese a las dudas que existían sobre su filiación, fue reconocido por Felipe IV en 1642 y beneficiado con el priorato de San Juan en Consuegra.

Recordando en la corte el nombre de don Juan de Austria, el famoso hijo natural de Carlos V, se le invistió muy pronto con misiones de gran confianza.

En 1647, a los dieciocho años de edad, fue enviado a Nápoles para so-
focar la insurrección de Tomás Aniello, lo que logró con el auxilio de buenos generales.

Desempeñó el cargo de virrey de Nápoles de 1648 a 1651, en cuya fecha regresó a España para participar en los últimos hechos de armas de la guerra de Cataluña.

Asistió al sitio y rendición de Barcelona (1651-1652) y combatió con éxito contra los franceses en Gerona.

Estas acciones, en que desempeñó el papel de pacificador, y sus modales simpáticos y agradables, le dieron una popularidad merecida.

En 1656 la corte le nombró gobernador de los Países Bajos, cargo de suma responsabilidad a causa de la guerra que dirimían Francia y España.

En el transcurso del mismo año, obtuvo al lado de Conde la victoria de Valenciennes, en cuya acción demostró innegable arrojo.

Pero dos años más tarde, Turena le derrotaba por completo en la batalla de las Dunas (14 de junio de 1658), triste preliminar de la paz de los Pirineos (1659).

Pese al fracaso de las Dunas, la corte de Felipe IV no había perdido la confianza en Juan José de Austria.

En 1661 se le confió el mando del ejército que operaba en Extremadura contra Portugal.

Al iniciarse la campaña obtuvo éxitos apreciables; pero la ofensiva no progresó debido a su indolencia.

En 1663 era derrotado en Ameixial, de modo muy grave para la causa de España. Este revés fue aprovechado por el partido de la reina Mariana de Austria para perderle.

Desposeído del mando del ejército, se retiró a Consuegra. Aquí se hallaba cuando murió Felipe IV (1665).

Desde este momento se convirtió en jefe del partido de la oposición contra el gobierno del padre Nithard privado de la regente Mariana de Austria.

Aprovechando los descalabros sufridos por España en la guerra de Devolución, redobló sus ataques contra Nithard, hasta el punto que éste decidió poner coto a sus demasías.

Pero don Juan huyó de Consuegra, se refugió en Barcelona, y desde aquí emprendió una verdadera marcha militar sobre Madrid (1669).

El pueblo le aclamaba como salvador de España. Pero a don Juan le faltó decisión y valor; se satisfizo con obtener la destitución de Nithard y con formular unas cuantas admoniciones políticas a la regente.

El 4 de junio de 1669 aceptó el cargo de virrey de Aragón con la esperanza de rehacer su partido, debilitado por sus últimas claudicaciones.

El desgobierno del Estado bajo lo privanzade Valenzuela rehizo el crédito de Juan José de Austria.

A fines de 1677, poco después de la mayoría de edad de Carlos II, fue nombrado ministro universal de la corona, triunfando sobre Mariana de Austria y Valenzuela.

Su período de gobierno fue muy breve, pues murió el 17 de septiembre de 1679 en Madrid.

Sin embargo, aun se vio obligado a firmar la Paz de Nimega (1678).

La muerte le libró de la destitución, medida que hacía prever el rápido desencanto de la gente que le había considerado dotado de poderes sobrenaturales para restaurar España.

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Historia del Reino de Castilla Resumen Siglos XIV y XV Reyes

Resumen Histórico del Reino de Castilla en los Siglo XIV y XV

Describiremos la historia de este reino, pero a partir de la muerte de Sancho IV, el Bravo, cuando su hijo Fernando en el año 1295 debe asumir al trono, pero por ser menor de edad, su madre, Doña María de Molina toma la regencia y finaliza en el siglo XV.

Si desea estudiar los años anteriores de este reino, desde su origen, puede hacerlo desde aqui:

Doña María de Molina, hubo de pelear contra los nobles ambiciosos apoyándose en el estado llano.

Una leyenda de poco crédito, a que se debe el nombre del rey, dice que por orden de éste, y sin proceso regular y sin justicia, fueron arrojados dentro de una jaula dos hermanos, Pedro y Juan de Carvajal, a los que se suponía asesinos del caballero cortesano don Juan de Benavldes.

Los condenados, a la hora del suplicio, emplazaron al rey que injustamente los castigaba para que, en el término de treinta días, compareciese ante el tribunal de Dios.

A los treinta días, en efecto, el rey fue hallado muerto (1312).

Alfonso XI, su hijo, era menor de edad, y hubo otra minoría anárquica en que fueron regentes Doña Constanza, la madre del rey, Doña María de Molina, la abuela, y otros dos personajes de la familia real. En el año 1325, el rey fue proclamado mayor de edad prematuramente.

Tenía apenas quince años, pero se mostraba sumamente severo. Uno de los personajes más revoltosos era el infante Don Juan el Tuerto, tan influyente que con su hija Constanza solicitó y obtuvo matrimonio el mismo rey.

A este infante, más tarde, el rey le mandó llamar a Toro, y, para salvar sus recelos, le dio salvoconducto y le prometió todo género de honores y ventajas. Salió a recibirle con mucho agasajo y le invitó a una comida para el día siguiente. Pero apenas entró en palacio, fue apuñalado por hombres del rey.

Ya no hubo más rebeldes con esta justicia y Alfonso XI pudo dedicarse a hacer la guerra a los moros. Los benimerines, procedentes de África, invadieron la península, derrotando la armada que, al mando del almirante Jofre Tenorio, guardaba el estrecho de Glbraltar, y poniendo sitio a Tarifa.

Alfonso XI del reino de Castilla
lAlfonso XI del Reino de Castilla

Con los reyes de Aragón y Portugal, acudió Alfonso en socorro de la plaza, y se dio, el año 1340, la famosa batalla del río Salado, en que los cristianos recogieron grandes trofeos. El rey fue luego a poner sitio a Gibraltar, y, en el cerco murió, víctima de la famosa peste negra (1350).

Alfonso XI fue rey legislador (Ordenamiento de Alcalá). En su tiempo se descubrieron las islas Canarias y se incorporó voluntariamente a Castilla la provincia de Álava.

Pedro I, apodado el Cruel, fue durante mucho tiempo rey muy popular en Castilla y figura principal en el teatro, pues sus justicias o ejecuciones se dirigieron siempre contra personas de alta alcurnia.

pedro I de castilla
Pedro I del Reino de Castilla

Comenzó a reinar (1350) encerrando a Doña Leonor de Guzmán, la favorita de su padre Alfonso XI y madre de los Trastamara, que murió luego asesinada en Talavera.

Mandó matar al noble Garcilaso de la Vega, que había promovido un motín contra el rey en Burgos (1351).

Casó con la infanta francesa Doña Blanca, pero vivió sempre con Doña María de Padilla, con la que estaba unido en secreto.

Los nobles, en unión de los Trastamara, formaron una liga contra el rey. En Toro le tuvieron preso; pero don Pedro escapó, y con crueles venganzas sofocó la sublevación.

El año 1858 acudió a Sevilla el infante y maestre de Santiago Don Fadrique, a quien Don Pedro, que le había mandado llamar, recibió placentero al siguiente día en el Alcázar donde se alojaba.

El rey dijo: «Pero Lope de Padilla, prended al maestre’, y añadió: «Ballesteros, matad al maestre de Santiago». Los ballesteros se hicieron repetir la orden, y entonces salieron tras del infante, que huía. No pudo éste desenvainar la espada y la maza de Ñuño Fernández la derribó.

El rey salió en busca de los acompañantes del maestre, y, encontrando a Sancho Ruiz de Villegas, su caballerizo mayor, que creyendo librarse había tomado en sus brazos a la infanta Beatriz, hija del rey y de Doña María de Padilla, le obligó a dejarla y él mismo le hirió con su puñal.

Dícese que a los pocos momentos comió en la cámara donde yacía el cadáver de su hermano bastardo.

El infante Don Juan de Aragón seguía al rey porque éste le había prometido el señorío de Vizcaya. Diciéndole quería dar más solemnidad al nombramiento, convocó una junta de vizcaínos en el árbol de Guernica; pero los convocados cuya voluntad había ganado Don Pedro, manifestaron no querer otro señor sino el rey de Castilla.

Fue el rey a Bilbao con el infante, que ya le seguía receloso; mandóle llamar a palacio al día siguiente y los ballesteros le mataron y arrojaron a la calle, acompañando estas palabras que el rey pronunció desde el balcón: ¡Ahí tenéis el que os pedía ser señor de Vizcaya! .

Don Enrique, que había huido a Francia, entró en España, el año 1366 al frente de las Compañías Blancas, de que era jefe Beltrán Du Guesclin. Don Pedro pasó a su vez a Francia y volvió con tropas inglesas, que acaudillaba el Príncipe Negro.

Ganó el rey la batalla de Nájera, pero sus venganzas le enajenaron el apoyo del príncipe inglés.

Volvió el de Trastamara en 1368 y llegó hasta Toledo. Don Pedro acudió en socorro de la plaza; pero se vio obligado a encerrarse en el castillo de Montiel.

Entre los que acompañaban al rey estaba el noble Men Rodríguez de Sanabria, que conocía a Du Guesclin. Salió del castillo y, entrevistándose con el francés, le ofreció grandes mercedes si salvaba a Don Pedro.

Aparentó el francés aceptar la oferta, y, avisó a Don Enrique, comunicó a Don Pedro que podía venir a su tienda, donde le facilitaría los medios para la fuga.

Al llegar Don Pedro a la tienda de Du Guesclin, encontró allí a su hermano; trabáronse de palabras y no tardaron en luchar.

Como Don Pedro hubiera derribado a Don Enrique, Du Guesclin dio vuelta al caído pronunciando las célebres palabras: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. Y Don Pedro fue muerto por su hermano.

Tiene este rey en su haber importante labor legislativa. En las Cortes de Valládolid de 1351, por ejemplo, hizo el Ordenamiento de menestrales, con acertados reglamentos del trabajo.

Enrique II (1369), primero de la dinastía de Trastamara, ejerció al principio del reinado bárbaras venganzas contra los partidarios de Don Pedro.

Alegaban derechos a la corona de Castilla el rey de Portugal y el duque de Lancaster, casado con una hija de Don Pedro. Para lograr partidarios, Don Enrique concedió grandes franquicias y donaciones a los nobles, y también al estado llano.

Enrique II Castilla
Enrique II el «Fractricida»

Por esto ha pasado a la Historia con la denominación de el de las mercedes. Creó, por ejemplo, el título de duque, siendo el primero que lo disfrutó el de Benavente. Concedió extraordinarios privilegios y honores a los maestros.

Juan I, su hijo, fue rey el año 1379. Para acabar con las pretensiones del de Portugal, casó con Doña Beatriz, hija y única heredera del lusitano.

A la muerte de éste debía ser rey consorte de Portugal Don Juan; pero los portugueses nombraron al maestre de Avis, el cual se aseguró en el trono derrotando a los castellanos en la batalla de Aljubarrota (1385).

Enrique III el Doliente (1390), niño cuando subió al trono, víctima de sus tutores, que le hacían vivir en la más absoluta pobreza, mostró luego grandes energías y dotes de buen gobernante.

enrique iii el doliente de castilla

Enrique III el Doliente

Juan II (1406), sólo tenía dos años al morir su padre. Gobernaron como co-regentes, la reina madre, Doña Catalina, y el infante Don Fernando, hermano del rey.

Este infante lleva en la historia el nombre de Don Fernando el de Antequera, por haber sido venturoso conquistador de la población de este nombre.

El infante, a quien la hueste de Sevilla había traído la espada de San Fernando como símbolo de victoria, entró en el reino moro, y el 27 de abril de 1410 acampó a la vista de Antequera.

Los moros se reunieron en Archidona y el 6 de mayo comenzó la lucha, acometiendo los muslimes los atrincheramientos del obispo de Palencia, don Sancho de Rojas, cuyas tropas los rechazaron.

Juan II de Castilla
Juan II de Castilla

Siguió la batalla, que vencieron los cristianos, obteniendo gran botín y dispersando al ejército granadino.

En seguida se emprendió la acometida a Antequera. Se hicieron bastidas y castillos portátiles para el ataque; pero los moros destruían estas máquinas con sus tiros, principalmente con una gran bombarda que tenían en la torre del Homenaje.

Había que cegar el foso, pero cuantos se acercaban al hacerlo salían mal parados y cundía el temor.

Entonces el Infante tomó una espuerta, y pasando por entre una lluvia de balas, piedras y flechas envenenadas, llegó al borde del foso y vació la espuerta, diciendo: «Tened vergüenza y haced lo que yo hago».

Se cegó el foso y pudieron acercarse las bastidas que el alcalde de la ciudad destruyó en vigorosa salida.

Se levantó una cerca por parte de los sitiadores para incomunicar la ciudad, se privó a los sitiados de agua, se pidió a León el pendón de San Isidro para lograr el entusiasmo religioso, y el 16 de septiembre, en vigoroso asalto, los pendones castellanos y las banderas de los señores y de los concejos ondearon en los torreones y almenas de la muralla.

Quedaban por rendir el alcázar; pero, cuando ya amenazaba convertirse en escombros, rindióse, el 24 de septiembre de 1410.

Juan II fue mal gobernante. Su favorito, Don Alvaro de Luna, le sustituyó en este oficio. Era Condestable de Castilla, es decir, tenía el mando superior del ejército después del rey.

Los magnates, a cuyo frente estaban los infantes de Aragón, a saber, Don Juan y Don Enrique, llamado Impropiamente marqués de Villena, forman partido contra el favorito. Llegaron a detener al monarca y al favorito en Tordesillas y lograron que el rey desterrase a Don Alvaro.

Como los nobles se hubieran confabulado para dar muerte al rey, el conde de Rlbadeo vistió las ropas del monarca y fue cosido a puñaladas.

En recuerdo de este hecho los reyes de España regalan todos los años a los descendientes del conde de Ribadeo el traje que visten el día de la Epifanía, en el que ocurrió aquel voluntario sacrificio.

De nuevo el favorito en su puesto, logró el año 1431 vencer a los moros en la batalla de la Higuera.

El año 1445, Don Alvaro derrotó a los nobles en la batalla de Olmedo. Casado el rey en segundas nupcias con Doña Isabel de Portugal (1452), la reina alcanzó del rey orden de prisión contra el favorito.

Doce letrados del Consejo Real le impusieron la pena de muerte.

Fue ejecutado en Valládolid, en circunstancias muy dramáticas. Su cuerpo fue trasladado más tarde a la capilla que lleva su nombre en la catedral de Toledo. El rey murió poco después.

Ha de llamarse la atención sobre lo que en la historia literaria de Castilla representa el renacimiento poético de la corte de Don Juan II.

Enrique IV el Impotente (1454) guerreó contra los moros, de los cuales recuperó Don Juan de Guzmán, primer duque de Medina Sidonla, la plaza de Gibraltar, recibiendo en recompensa grandes extensiones de terreno.

Enrique IV el Impotente

Enrique IV el Impotente

Casó en segundas nupcias el rey con Doña Juana, infanta de Portugal, que al poco tiempo dio a luz una niña, conocida con el nombre de Doña Juana la Bel-traneja, por suponerse que su padre era Don Beltrán de la Cueva, caballero de la guardia de los Continuos del rey.

Formóse una liga de nobles que no querían jurar como heredera a la Beltraneja. El rey, atemorizado, dio crédito a los rumores que corrían y declaró heredero del trono a su hermano Don Alfonso.

Pero luego anuló este acto, y los nobles, reunidos en Avila, destronaron al rey en imagen y proclamaron a Don Alfonso. Murió éste a poco, y los conjurados recurrieron a la hermana del rey, Doña Isabel, que no quiso aceptar la corona en tanto viviera Don Enrique.

El cual, en recompensa, la reconoció heredera en el campo de los Toros de Guisando. Disgustado luego por haberse casado Isabel con el infante Don Fernando de Aragón, la desheredó y reconoció a Doña Juana.

El año 1474 murió el rey y dejó a Castilla amenazada de una guerra civil.

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Historia de Abderraman I Primer Emir de Cordoba

Historia del Emir Abderraman I

EL EMIRATO: Los conquistadores musulmanes permanecieron en España hasta el año 1492, fecha de la toma de Granada, su última posesión, por los Reyes Católicos. Este largo intervalo, en que los españoles luchan por recuperar su territorio, se denomina período de la Reconquista.

Por parte de los musulmanes se divide este tiempo en tres períodos, según la forma de gobierno. El primero, de 711 a 756, se llama del Emirato, porque los gobernantes de España o emires dependen del califa de Damasco.

El segundo, de 756 a 1031, se llama del Califato, porque España está regida por califas independientes que tienen su capital en Córdoba.

El tercero, de 1031 a 1492, se denomina de los Reinos y de taifas, y en él hay varias monarquías musulmanas independientes, que van sucesivamente desapareciendo en su lucha con los reinos cristianos.

La conquista musulmana de la península ibérica fue iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete.

En el período 711–718, España se constituyó como provincia dependiente del Califato Omeya. Sus gobernantes fijaron su capital en Córdoba y recibieron del califa de Damasco el título de emir.

La población musulmana en España estaba formada por los árabes instalados en las ciudades, conocidos como los bereberes radicados en las zonas rurales.

También estaban los sirios, que sumieron a la península en larga guerra civil , que finaliza con la aparición de Abderramán I

La conquista de España, iniciada por Tarik en la batalla del Guadalete, siguió por parte de él y de Muza, gobernador de África, y se terminó con facilidad.

El sucesor de Muza, su hijo, permitió la existencia del reino independiente de Teodomiro en Orihuela, consolidado el régimen de libertad de los cristianos que con el nombre de muzárabes quedáronse a vivir entre los invasores.

Los moros intentaron pasar a Francia, pero fueron definitivamente contenidos por Carlos Martel, el año 732, en la batalla de Poitiers.

HISTORIA DE ABDERRAMAN I

En 750, los abasíes derrocaron a los omeyas del Califato de Damasco y ordenan el asesinato de toda la familia omeya.

En 756, Abderramán Ique había escapado del sangriento destino final de los omeyas logrando huir de Damasco– desembarcó en al-Ándalus y se proclamó emir (comandante en jefe) tras conquistar Córdoba y, en 773, se independiza de la nueva capital abasí, Bagdad.

emir abderraman

Deseando establecer en España un gobierno fuerte que acallase los disturbios entre árabes puros y moros berberiscos, fue llamado a España para que reinase como soberano independiente Abderramán, de la familia de los Omniadas, destituida en Damasco por los Abasidas.

Abderramán venció a Yusuf-el-Fehri, último de los emires, y fundó el Emirato Independiente.

Entre los fugitivos de la familia Omeya, que huían de la cruel persecución decretada por el califa Abasida, figuraban dos jóvenes hermanos, Yahya y Abderramán, nietos del califa Hisham .

Desconfiando del indulto ofrecido por el Abasida, siguieron ocultos, pero los emisarios del califa descubrieron su escondite, y Yahya, que no tuvo tiempo de escapar, fue degollado.

Abderramán huyó a una aldea junto al Eufrates, y en ella estaba un día, encerrado en una habitación oscura, porque padecía de la vista, cuando su hijo Solimán, entró despavorido y se arrojó en los brazos de su padre.

Este salió a indagar la causa del temor del niño, y distinguió los estandartes negros de sus perseguidores. Huyó apresurado a refugiarse en un bosque, y desde allí, cuando se le unió su fiel liberto Bedr, se encaminó a las orillas del Eufrates.

No tardaron en aparecer los que iban en su busca, y Abderramán, con un hermano suyo de trece años, que iba con él, se arrojó al río para pasarlo a nado.

Los abasidas le gritaban desde la orilla que se volvieran, que no les harían daño, y el niño, sintiendo que sus fuerzas se agotaban, se volvió, en efecto.

Cuando Abderramán, llegó a la otra orilla pudo ver cómo al momento degollaban a la criatura.

Anduvo Abderramán errante varios años entre las tribus africanas, en espera de los grandes destinos a que las predicciones le tenían llamado.

Tuvo que alejarse del gobernador árabe de África, que, aspirando a la independencia, quería desprenderse del descendiente de los Omeyas, y, por último, mientras estaba hospedado en la tribu beréber de Nafra, envió a España, con su fiel Bedr, una carta dirigida a los clientes de su familia, que en España vivían, implorando su auxilio para entrar en la Península como pretendiente.

Sus clientes trabajaron bien la partida, y, unidos con los árabes yemeníes, enemigos del emir Yusuf, convinieron que Abderramán viniera a España.

Desembarcó en el puerto de Almuñécar en el mes de septiembre del año 755. No tardó Yusuf en convencerse de la inutilidad de la resistencia, y en el pacto de Armilla se sometió. Abderramán había logrado sus deseos y era emir independiente de España.

Tuvo Abderramán que someter varias rebeliones, pues eran muchos los odios entre las fracciones árabes y bereberes, y los califas abasidas no dejaron de enviar emisarios a España para acabar con el nuevo poder.

Entre estas rebeliones es célebre la del wali de Zaragoza, que pidió auxilio a Carlomagno, dando lugar a la expedición famosa que terminó con el suceso de Roncesvalles.

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Biografia de Carlos IV de España

Biografia de Carlos IV de España

No es siempre cierto el refrán «de tal palo, tal astilla». En el caso de Carlos IV, no puede haber más diferencia entre el temperamento y los gustos del padre, Carlos III, y los del hijo.

Aquél, ávido de saber y deseoso de gobernar y procurar el bien de sus subditos; éste, abúlico, bonachón, desinteresado de los asuntos del Estado y dejándose dominar, primero, por su esposa y sus favoritos, luego por su hijo, y, por último, por Bonaparte.

Rey Carlos IV de España Biografia

Goya, e incluso el mismo Vicente López, nos han legado unos retratos bastante elocuentes sobre el aspecto físico y el temple moral de Carlos IV.

Nacido el 12 de noviembre de 1748 en el palacio real de Pórtici, en Nápoles, Carlos era el segundo hijo varón de Carlos III y de María Josefa Amalia de Sajorna.

A los once años de edad ae trasladó a España con su padre, que acababa de heredar esta corona, y su hermano mayor, el príncipe Felipe, incapacitado para gobernar a causa de su deficiencia mental.

Proclamado heredero de España en 1759, su padre procuró aplicarle a las tareas de gobierno, para las cuales siempre se mostró reacio.

Prefirió participar en ciertas intrigas cortesanas, a lo que le indujo María Luisa de Parma, su esposa desde el 4 de septiembre de 1765, mujer que muy pronto se hizo dueña de su espíritu.

Elevado al trono el 23 de diciembre de 1788, los dos primeros años de su gobierno fueron un simple apéndice del reinado de Carlos III, pues persistió el mismo personal político, presidido por el conde de Florida-blanca.

En este período parece que Carlos IV hasta llegó a ser popular. Pero después de las Cortes de Madrid de 1789, en que se acordó una pragmática derogando la de Felipe V sobre el establecimiento de la ley sálica, y los dos primeros coletazos de la Revolución francesa, el gobierno periclitó a ojos vistas.

Florida-blanca salió del ministerio por una zancadilla del conde de Aranda, y éste, a su vez, fue substituido por Manuel Godoy, autor de toda la intriga.

Así, pues, desde el 15 de noviembre de 1792 la política de la monarquía es la del futuro príncipe de la Paz, sin que Carlos IV se preocupe de imprimir a ella un rumbo personal.

Aunque su nombre intervenga forzosamente al lado del de Godoy, se trata de un convencionalismo oficial histórico. Incluso cuando el Directorio obtuvo la dimisión del favorito (28 de marzo de 1798), éste continuó residiendo en la corte, dirigiendo la política y esperando el momento para hacer su triunfal reaparición en 1801.

Carlos IV prefería, desde luego, entregarse a la caza que quebrarse la cabeza en las espinosas cuestiones internacionales o en averiguar que había de cierto en los rumores y confirmaban los hechos sobre las relaciones de su esposa y el favorito.

Ni los desastres ante Inglaterra, ni las constantes humillaciones de Francia, pudieron alterar la manera de ser del rey. Por esta causa, Napoleón creyó que España era tan débil y decadente como su monarca, en lo que se engañó por completo.

Así empezó a tejer la trama de la próxima comedia que quería hacer desempeñar a Carlos IV, cuyo primer acto corrió a cargo del príncipe heredero don Fernando. Este fue denunciado por la reina y Godoy como autor de una conspiración para derribar a Carlos IV del trono.

El propio monarca detuvo al príncipe de Asturias en El Escorial (28 de octubre de 1807).

Pero después de este acto de energía, claudicó a causa de la intervención de Bonaparte. A mayor abundamiento, se humilló ante el emperador mandándole un extracto del proceso instruí-do contra su hijo. Este fué puesto en libertad, que aprovechó para perseverar en sus intrigas.

En la noche del 17 de marzo de 1808, cuando la corte, que se hallaba en Aranjuez, se disponía a trasladarse a Cádiz ante la invasión de las tropas napoleónicas, estalló un motín contra Godoy, cuya última consecuencia fué la abdicación presentada por el monarca el 19 de marzo.

Napoleón aprovechó la oportunidad para rematar su obra.

En Bayona obtuvo, sucesivamente, la renuncia y la abdicación de Fernando VII y Carlos IV, otorgada ésta el 5 de mayo, mientras en Madrid la sangre corría por las calles en las primeras luces de la guerra de Independencia.

El ex monarca residió algún tiempo en Compiegne. En 1811 pasó a Italia y allí vivió algunos años, ora en Roma ora en Nápoles, hasta que la muerte se lo llevó al sepulcro en esta ciudad, el 19 de enero de 1819, pocos días más tarde que su esposa muriera en Roma.

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Biografia de Juana de Castilla -La Loca- Reina de Castilla

Biografia de «Juana La Loca» – Reina de Castilla

JUANA LA LOCA, DE CASTILLA (1479-1555): Pocas figuras de la historia de España suscitan tanta conmiseración como la de la princesa Juana de Castilla, a la que la muerte, abatiéndose sobre sus dos hermanos mayores y sus sobrinos, hizo heredera del trono de los Reyes Católicos.

Lo que la muerte le dio, se lo arrebató la caprichosa fortuna, nublando su razón y haciéndola incapaz para regir en persona las vastas posesiones de sus padres.

Juana La Loca
Juana I de Castilla, llamada «la Loca», fue reina de Castilla de 1504 a 1555, y de Aragón y Navarra, desde 1516 hasta 1555,
Fecha de nacimiento: 6 de noviembre de 1479, Toledo, España
Fallecimiento: 12 de abril de 1555, Tordesillas, España
Cónyuge: Felipe I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Isabel I de Castilla, Fernando II de Aragón

Doña Isabel dio a luz a su tercera hija en Toledo, el 6 de noviembre de 1479. La muchacha creció enfermiza y delicada, pero nada hacía suponer que sería presa en el porvenir de tan funesta dolencia.

A los once años de edad, en 1490, fue prometida a Felipe de Borgoña, hijo del emperador de Alemania, Maximiliano de Austria.

La política antifrancesa de las dos coronas precipitó la boda. A mediados de 1496 una poderosa flota partió de Laredo para trasladar a la princesa a sus nuevos estados.

La ceremonia nupcial se celebró en Lierre (Flandes) el 21 de octubre de 1496. Juana se enamoró apasionadamente de su esposo, sin que éste correspondiera a su amor y se mantuviera fiel a su palabra.

La muerte del príncipe don Juan en 1497, la de la princesa doña Isabel en 1498 y la del infante don Miguel de Portugal en 1500, hicieron de Juana la heredera de Castilla y Aragón.

Para ser reconocida en calidad de tal, Juana regresó a España con don Felipe en enero de 1502.

Jurada por las cortes de los respectivos reinos, su esposo partió para sus estados a fines del mismo año. Fue en esta ocasión que se revelaron claramente los primeros síntomas de la enajenación mental de la princesa heredera de Castilla (Medina del Campo, noviembre de 1503).

Empeñada en volver al lado de su inconstante esposo, Juana obtuvo de su madre la debida autorización para marchar a Flandes.

La reina doña Isabel dióle este permiso para ver si el espíritu de Juana recobraba la serenidad y el equilibrio. De nuevo la princesa se embarcó en Laredo (primavera de 1504); pero ahora acompañaba a la flota un aire de irreparable tragedia. Su ausencia no fue muy larga.

La muerte de doña Isabel la hacía reina de Castilla, aunque bajo la regencia de Fernando el Católico.

El 28 de abril de 1506 desembarcaba con Felipe el Hermoso en La Corana. Este logró imponerse a su suegro y fue aclamado por los nobles como rey de Castilla, en detrimento del testamento de Isabel la Católica.

El nuevo soberano quiso recluir a su esposa como demente y encargarse él solo de la regencia del reino. Pero las cortes de Valladolid juraron a doña Juana reina propietaria el 12 de julio de 1506.

La muerte de Felipe el Hermoso (25 de septiembre de 1506) dejó a doña Juana en un estado de estúpida insensibilidad.

No quiso separarse del cadáver de su marido, al que fué acompañando en una peregrinación por los campos de Castilla que se ha hecho famosa.

En agosto de 1507 entrevistóse en Móstoles con su padre don Fernando, que regresaba de Ñapóles para hacerse cargo de nuevo de la regencia del reino. Desde este momento la reina residió en Arcos y en Tordesillas.

En este palacio pasó la mayor parte de su vida, desde 1509 hasta su muerte, ocurrida el 11 de abril de 1555, después de una cruel enfermedad.

Durante cincuenta años de muerte en vida, doña Juana vivió alejada por completo de los asuntos del Estado, aunque su nombre figuró legalmente en los documentos públicos.

Su nombre sólo volvió a sonar en septiembre de 1520 con motivo de la sublevación de los comuneros castellanos, una de cuyas diputaciones fué a entrevistarse con ella en su retiro de Tordesillas.

Juana La Loca y Felipe I
Juana «La Loca» Junto a su marido el Rey Felipe I

Ver: Amor Felipe I y Juana de Castilla

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España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

 

Fin del Dominio Español en Italia Rebelión de Nápoles y Sicilia

FIN DE LA ITALIA ESPAÑOLA
A principios del siglo XVII, España tenía una influencia preponderante en Italia: poseía Sicilia y el reino de Napóles, Cerdeña, el ducado de Milán, los presidios de Toscana, que comprendían muchas ciudadelas, y la isla de Elba. Eran independientes los Estados del Papa, el Gran Ducado de Toscana, las repúblicas de Venecia y Genova, el Ducado de Piamonte (Saboya y varios Estados de menos importancia); pero, con excepción de Venecia, ejercía sobre ellos España una especie de protectorado.

La decadencia que conoció España a lo largo de todo el siglo repercutió profundamente sobre las posesiones italianas, de las cuales algunas escaparían a su influencia en gran parte. Paralelamente, los pequeños estados independientes, que no tenían nada que hacer en una Europa dominada por Estados modernos y centralizados, conocieron un declive muy rápido.

Después del tratado de Cateau-Cambrésis de 1559, una gran parte de Italia estaba bajo la supervisión de un consejo, que residía en Madrid y delegaba en soldados y monjes para intensificar la hispanización. En el estado general de corrupción existente en el reinado de Felipe III, la función de virrey era un medio para enriquecerse considerablemente la alta nobleza a costa de las poblaciones sometidas.

Bajo el reinado de Felipe III el duque de Osuna ocupó este cargo en Sicilia y después, y a partir de 1616, en el reino de Napóles; ambicioso y refinado, quería extender su dominación sobre toda Italia y disminuir especialmente la potencia veneciana.

En varias ocasiones trabó combate su flota con la de la Serenísima y le causó graves daños. La crueldad de que dio pruebas con respecto a la población de Nápoles, a la que aplastó con impuestos y redujo a la miseria, levantó contra él Italia entera. Pero la desgracia de su protector el duque de Lerma, los requerimientos del clero y la nobleza, cansados de su orgullo e inmoralidad, acabaron por provocar su caída.

En 1620 fue llamado a Madrid, acusado de traición y encarcelado, muriendo poco tiempo después. Su marcha no mejoró la situación de los napolitanos, que conocieron de nuevo la miseria y el hambre, y fueron obligados a pagar nuevos impuestos para financiar la Guerra de los Treinta Años.

LAS REBELIONES DE NÁPOLES Y SICILIA
El 7 de julio de 1647, a propósito de una nueva tasa impuesta sobre los frutos, estalló en Ñapóles una rebelión; un joven vendedor de pescados llamado Masaniello (Tomás Aniello) tomó la dirección y, en algunas horas, los insurgentes reinaron en la ciudad, abandonada a toda prisa por el virrey y su corte. Masaniello intentó organizar una dictadura democrática, pero fue desbordado rápidamente por una parte de sus tropas, que se dedicó a un saqueo sistemático de la ciudad y mató a muchos cientos de personas. Animado de una ambición desmesurada, este antiguo pescadero no ocultaba sus deseos de alcanzar el virreinato.

La Rebelión de Nápoles

La Rebelión de Nápoles

Entonces, sus más fieles partidarios se volvieron contra él, le asesinaron en el monasterio donde se había refugiado y pasearon su cuerpo a través de la ciudad. Después de su muerte, se constituyeron en Napóles dos partidos: uno, compuesto por la nobleza y el clero, adicto al campo español; el otro, que agrupaba al pueblo y una parte de la burguesía, puso todas sus esperanzas en un descendiente de los duques de Anjou, que habían reinado en otro tiempo en Napóles, el duque de Guisa. Este fue recibido en Napóles en noviembre, con regocijo general. Pero, por su arrogancia, se atrajo en seguida la hostilidad de los mismos que le habían llevado en triunfo.

Por otra parte, Mazarino no le concedió ninguna ayuda. Por eso, don Juan de Austria, cuya flota fondeaba cerca de Napóles hacía varios meses, no tuvo ninguna dificultad para apoderarse de la ciudad, en febrero de 1648. La represión fue muy dura, y Ñapóles volvió al dominio español hasta finales del siglo.

Sicilia conoció una situación semejante; el virrey era muy poderoso y los estados que representaban los tres órdenes: nobleza, clero y burguesía, no desempeñaban ningún papel. Todas las riquezas en cereales eran exportadas hacía España y la isla conoció terribles miserias; la primera revuelta estalló en 1647, pero fue reprimida rápidamente. En 1674, la población de Mesina tomó las armas contra el ocupante; Luis XIV envió una flota para sostener a los insurrectos, que tuvieron a los españoles en jaque durante cuatro años. Pero la marcha de los franceses en 1678 frenó la resistencia y Mesina hubo de rendirse finalmente.

La represión fue terrible. Si Cerdeña no era más que una isla pobre y de poco interés para los españoles, el Milanesado, al contrario, les ofrecía una doble ventaja: en primer lugar, de orden estratégico, porque dominaba los caminos de acceso a Venecia, Austria e Italia; el grueso de las tropas españolas estaba allí concentrado y podía llegar a Alemania en algunos días; de orden económico a continuación, pues constituía la región más rica de Italia y suministraba a España de cereales. Bajo el virreinato del marqués de Villafranca, contemporáneo de Osuna, fueron suprimidas todas las libertades y la opresión fue muy dura.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Biografia de Carlos II de España Reinado y Gobierno Conflictos con Francia

Biografia de Carlos II de España Reinado y Gobierno Conflictos con Francia

BIOGRAFIA: Hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria, de tío y sobrina, respectivamente, Carlos II nació en Madrid el 6 de noviembre de 1661, cuando, después de la muerte de los príncipes Fernando (1659) y Felipe (1.° de noviembre de 1161), la corte esperaba con angustia el sexto parto de la reina.

Pero la alegría primera se convirtió en temor por la vida de aquel mísero cuerpo, temor que había de durar hasta su muerte.

Raquítico y endeble, el recién nacido requirió todos los cuidados para poder crecer. Su lactancia duró más de tres años. Más tarde un esfuerzo le producía fiebre, y la exposición al aire, flucción a los ojos.

A los nueve años no sabía leer ni escribir, ni tampoco gustaba del estudio. En este mismo año una grave enfermedad estuvo a punto de poner fin a sus días.

Rey de España desde la muerte de su padre el 17 de septiembre de 1665, tomó posesión de sus estados el 6 de noviembre de 1675, al llegar a la mayoría de edad.

La regencia la había desempeñado su madre, doña Mariana, ora auxiliada por el padre Nithard ora por el privado Valenzuela. Bajo este gobierno las cosas habían ido de mal en peor.

Aconsejado por su confesor y varios nobles, el rey-niño intentó confiar el poder a Juan José de Austria, en quien muchos depositaban grandes esperanzas. Pero su madre le arrancó la continuación de la privanza de Valenzuela.

El golpe de estado del bastardo en 1677 provocó la caída del «Duende de Palacio» y su elevación al cargo de ministro universal. Pero la situación internacional no mejoró. Por la paz de Nimega (1678), la monarquía perdió nuevos florones de su corona.

La muerte de Juan José de Austria y el matrimonio del monarca con María Luisa de Orleáns (1679), iniciaron las intrigas sobre la sucesión que habían de perseguir al pobre Carlos con sus signos de odios, cabalas y supercherías.

Carlos II de España

REINADO: En 1665, Carlos II reemplazó a su padre Felipe IV en el trono español. Débil y enfermizo, dejó el gobierno en manos de ambiciosos y favoritos que terminaron de arruinar al país.

Bancarrotas, venalidad, corrupción e indolencia de los funcionarios, miseria de la población, todo acrecentó el desorden y la decadencia.

Como Carlos II no tenía hijos, las potencias europeas pronto empezaron a especular con su muerte y a programar el reparto de sus territorios.

Las rivalidades por la herencia motivaron la guerra de Sucesión española.

Por su parte, Portugal, ya independizado, entraba en la órbita de influencia británica e iniciaba una amistad que se confirmaría con el tratado de Methuen (1703).

carlos II de España

Carlos II de España: rey de España desde 1665 hasta 1700, fue el último soberano de su país perteneciente a la Casa de Habsburgo.

A la muerte de su padre en 1665, el pequeño Carlos no tenía más que cuatro años; su madre María Ana de Austria, católica, muy afecta al partido austríaco, confió el poder a su confesor el jesuíta alemán Nithard, que se atribuyó además la función de inquisidor general.

Aparte de sus hijos legítimos, Felipe IV había tenido una treintena de bastardos de los cuales uno solo había sido reconocido y se había distinguido por múltiples hazañas militares: don Juan de Austria.

Este no ocultaba sus simpatías a la monarquía francesa y, bajo pretexto de combatir la influencia perniciosa de Nithard, tomó las armas contra el partido habsburgués que reinaba en Madrid; Nithard huyó ante la amenaza de sus ejércitos.

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan.  Fruto de las relaciones del rey con la actriz María Calderón, desempeñó importantes misiones políticas y militares. Dirigiendo un gran ejército hizo que su hemanastro Carlos II lo nombrara primer ministro.

Pero don Juan no pudo conseguir sus aspiraciones a la sucesión, pues la regente había encontrado un nuevo favorito, Fernando de Valenzuela, que debía ser el nuevo amo de España hasta 1675.

Pero amplios sectores de la opinión se revolvieron contra el valido, hasta que fue desterrado a Filipinas, mientras que la regente era obligada a retirarse a un monasterio de Toledo.

Aun habiendo alcanzado la mayoría de edad, Carlos II era incapaz de gobernar y don Juan volvió a tener una influencia preponderante durante el último año de su vida. Para estrechar la alianza con Francia, casó a Carlos II con una sobrina de Luis XIV, María Luisa de Órleans.

La muerte de don Juan en 1679, favoreció la vuelta de la reina madre que condujo en adelante los destinos de España. Ella jamás ocultó su hostilidad a la nueva soberana, que murió algunos años más tarde en condiciones misteriosas, se supone envenenada, cuando tenía 27 años.

La reina madre negoció enseguida el matrimonio de su hijo con una princesa alemana, María Ana de Neoburgo.

La historia del reinado de Carlos II se confunde estrechamente con la de las guerras que enfrentaron a Francia y España; Luis XIV, que estaba entonces en el apogeo de su reinado, no ocultaba sus ambiciones territoriales; aprovechando el estado de extrema debilidad en que se encontraba España, exigió que ésta le cediera los Países Bajos españoles para indemnizarle de la dote de María Teresa, prometida por el tratado de los Pirineos y no pagada jamás.

En 1667, sus ejércitos invadieron Flandes y el Franco Condado, pero Europa inquieta por la pujanza francesa se levantó en seguida contra ella.

Una coalición que reagrupaba a Inglaterra, Holanda y Suecia, hizo presión sobre Luis XIV, que renunció a sus miras momentáneamente.

La guerra de devolución tuvo fin en el tratado de Aquisgrán: Luis XIV devolvía el Franco Condado, pero se anexionaba una decena de ciudades flamencas.

Pero cuatro años más tarde, se lanzó a una nueva guerra de la que salió victorioso, obligando a los coligados a la Paz de Nimega en 1678 y a cederle el Franco Condado, Valenciennes, Cambray y Maubeuge, reduciendo progresivamente a la nada la antigua herencia borgoñona de España.

Con la esperanza de recobrar sus posesiones, Carlos II participó en 1686 en la constitución de la Liga de Augsburgo que reagrupaba entonces al emperador de Austria, Suecia, a la cual vinieron en seguida a unirse Inglaterra, Holanda y Saboya, resueltas a romper las ambiciones de Luis XIV.

La guerra duró diez años y agotó a los adversarios; sin embargo, la paz de Ryswick de 1697 fue un éxito para la Liga, que obligó al rey de Francia a restituir todos los territorios ocupados por él después del tratado de Nimega; España, que no había tenido prácticamente ningún papel en estos combates, recuperó Luxemburgo y Cataluña, ocupada por  el  ejército  francés  después  de   1689.

Apenas había sido firmado el tratado de Ryswick cuando una nueva cuestión iba a inquietar a Europa: ¿quién sucedería a Carlos II? Este no tenía hijos y su mala salud dejaba presagiar una próxima muerte.

Los soberanos pretendían con los mismos títulos, la sucesión: el emperador de Austria Leopoldo I y el rey de Francia Luis XIV, los dos nietos del rey Felipe III por su madre, y cuñados de Carlos II.

Cada uno, consciente de la imposibilidad de solicitar la corona española para sí mismo, tenía su candidato: Luis XIV su nieto, Felipe de Anjou; y Leopoldo su segundo hijo, Carlos. Luis XIV soñaba con un reparto, las posesiones italianas volverían a Francia y España a los Habsburgo.

Pero Carlos II se opuso a tal desmembramiento, nombrando en su testamento al duque de Anjou su único heredero.

La fracción francesa de la corte, dirigida por el cardenal Portocarrero, le había separado del partido habsburgués de la reina madre. Un mes más tarde, en noviembre de 1700, Carlos II se extinguía. Luis XIV aceptó su testamento y el duque de Anjou vino a ser rey de España bajo el nombre de Felipe V.

Todos los soberanos le reconocieron, salvo Leopoldo I. Luis XIV se había mostrado hasta entonces conciliador y hábil; Europa había aceptado esta elección a condición de que España quedara independiente. Entonces, el rey de Francia debía demostrar muy pronto las ventajas que esperaba obtener de esta sucesión y reducir a España al papel de satélite.

Esto no podía aceptarlo ningún país en nombre del equilibrio político europeo. Por no haberlo comprendido, Luis XIV y Felipe V arrastrarían a su país a una larga y extenuadora guerra.

ESPAÑA A LA MUERTE DE CARLOS II
En el alba del siglo XVIII, la situación económica era horrorosa: la agricultura no suministraba lo necesario para alimentar a la población y las importaciones de trigo se llevaban hacia el exterior una gran parte de las reservas de oro, con todo, siempre insuficientes y España conoció terribles escaseces.

La industria y el comercio vegetaban totalmente a consecuencia de la inflación, que impedía toda competición en el mercado internacional.

En Madrid, el comercio y la industria estaban en manos de franceses que se decían «flamencos» o «borgoñones» para escapar a las tasas que gravaban a los extranjeros.

La corrupción hacía más estragos que nunca;  parados, soldados licenciados, forman una plebe ociosa en las ciudades, mendigando o dedicándose al bandidaje.

Según una obra contemporánea de Alonso Núñez de Castro, las rentas anuales de la Corona subían a quince millones de ducados; la mitad estaba comprometida de antemano como garantía de las deudas.

Los Estados suministraban dos millones de ducados. La renta de las colonias (un tercio de los metales preciosos extraídos): 1.500.000. Las rentas de las iglesias sólo en Castilla se elevaban entonces a doce millones de ducados.

Clases parásitas, emigración hacia América y despoblación, burocracia corrompida, fatuidad y pereza de los «hidalgos» fueron los factores principales de una decadencia que, en el siglo siguiente, se iba a intentar contener, no sin éxito.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Caída de la República de Venecia Guerra Contra el Imperio Turco

LA DECADENCIA DE VENECIA FRENTE A LOS TURCOS

Si fue largo tiempo reina de la península, Venecia conoció en el siglo XVII una irremediable decadencia. Para mantener su integridad debió batirse en todos los frentes contra los Habsburgo de España, después con los de Austria y, sobre todo, contra los turcos.

Para domar esta potencia rebelde, España no vaciló en ayudar abiertamente  a  los  piratas   árabes  y bosniacos contra ella; la guerra de Gradisca (1613-1617) no tuvo resultado decisivo. Los españoles, por intermedio de su embajador en Venecia, el marqués de Bedmar, intentaron entonces, con intrigas, fomentar una sublevación. Fracasaron de nuevo, y el tratado de París de 1617 confirmó los derechos de Venecia sobre el Adriático. Durante la Guerra de Treinta Años, la República mantuvo una prudente neutralidad. En 1645, los turcos comenzaron a asediar el puerto cretense de Candía, última posesión de Venecia en Oriente.

La ciudad resistió veinticuatro años a sus asaltos, pero acabó por rendirse, a pesar de los refuerzos enviados por Luis XIV. Decidida a tomar su desquite, Venecia, aliada a Austria, declaró la guerra a Turquía en 1684. Se apoderó del Peloponeso, pero no consiguió abatir la flota enemiga; después de quince años de guerra, fue firmada la paz de Carlowitz en 1699. Venecia obtuvo Morea, que fue recobrada por los turcos quince años más tarde.

La guerra continuó en 1716 y el tratado de Passarovitz de 1718 concedió a los turcos la hegemonía en el Mar Egeo; Venecia perdía Morea, todas sus plazas fuertes del Egeo y sólo conservaba algunas bases en Albania. Al mismo tiempo que perdía toda influencia en el exterior, Venecia sufría una grave crisis interna.

El veneciano puente de los Suspiros, diseñado por Antonio Contino, fue construido aproximadamente en 1600 para unir las salas de vistas judiciales sitas en el palacio del Dux y las nuevas prisiones. En la actualidad sigue siendo uno de los puntos ineludibles para los turistas que visitan esta bella ciudad italiana.

La decadencia de las instituciones políticas iba acompañada de una corrupción enorme, de un relajamiento de las costumbres; este gran centro comercial se convirtió en uno de los principales lugares europeos de libertinaje y placeres. Venecia vio reducirse considerablemente su tráfico y perdió su puesto de gran puerto internacional en beneficio de los puertos holandeses e ingleses.

Estaba obligada a importar cereales para alimentar a su atrasado país y no podía ser considerada ya más que como capital de su provincia. Para remediar este declive comercial, desarrolló ciertas industrias, como la de la lana, seda y vidriería, exportando muy pronto a toda Europa sus tejidos, cristales, cueros y metales trabajados… Pero en la segunda mitad del siglo xvii, el desarrollo de las industrias de lujo en Francia y de la lana en Inglaterra, dio un golpe terrible a la producción veneciana, cuyos mercados se redujeron a la Dalmacia y el Véneto.

Historia de la República de Venecia

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA TomoVI La Gran Aventura del Hombre