René Descartes (1596-1650)

Biografia de Hume David Resumen de su Filosofia e Historia

Biografía de Hume David – Pensamiento e Historia

hombres de la ilustracion

René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

David Hume filosofo

Con David Hume alcanza su máximo esplendor la filosofía inglesa del siglo XVIII, cuya influencia fué tan profunda en la evolución intelectual del continente.

Llevando a su grado culminante la crítica empirista iniciada por Locke y desarrollada por Berkeley, Hume llega a un empirismo fundamental, el cual le conduce a una elaboración escéptica del pensamiento.

Escepticismo por lo demás no radical, en cuanto admite unas «convicciones naturales» y supone en definitiva el triunfo sobre el escepticismo antiguo y la posibilidad de una nueva elaboración filosófica que permitirá el trascendentalismo kantiano.

Nacido en Edimburgo el 26 de abril de 1711, residió durante su juventud en la propiedad paterna de Niñe-wells, en el Berwickshire.

En 1733 ingresó en la universidad de Edimburgo con el objeto de cursar la carrera de leyes; pero, en realidad, se dedicó al estudio de los pensadores antiguos y modernos.

En 1734, después de un fracaso en el mundo de los asuntos mercantiles, se trasladó de Bristol a Francia.

Residió tres años en La Fleche, donde compuso la obra fundamental de su vida, el Tratado sobre la naturaleza humana, cuya publicación no tuvo el éxito que esperaba (1739-1740).

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Hume se refugia en la idea más querida por la Ilustración: lo normativo es lo más común, lo que con máxima  generalidad se considera saludable y sano. 

El Mundo Exterior y la Imaginación:

Hume opina que la creencia en la existencia de los cuerpos supuesto con el que funcionamos.

Las causas que icen esta creencia es lo que él desea investigar.

Que causas no son las impresiones sensibles resulta obvio.

George Berkeley (Kilkenny, Irlanda – Oxford 1753):

Filosofo y obispo anglicano irlandés.

Negó la realidad las sustancias materiales, sosteniendo que el ser de material se reduce a ser percibido, y que solo existen realmente los espíritus y Dios, que es el que produce ellos el sueño coherente de un mundo corpóreo su obra fundamental es el Tratado sobre los principios del conocimiento mano (1710).

Pues la creencia en la existencia de los cuerpos supone la existencia continua, que excede el tiempo en que tenemos impresiones de ellos.

Si vemos una mesa, no creemos como el obispo Berkeley, un filósofo ligeramente anterior a Hume, que su ser es ser percibida, y que deja de existir cuando la dejamos de percibir. Lo que creemos es que existe incluso cuando no la percibimos.

Pero esta creencia no podemos fundarla en las impresiones que tenemos de ella, pues creemos que también existe cuando no tenemos impresiones. 

Nuestras impresiones tienen una existencia discontinua en nuestra mente. Pero creemos que los cuerpos tienen una existencia continua.

¿Cómo pasamos de lo primero a lo segundo? Hume cree que no mediante una deducción lógica, pues la idea de discontinuidad es lógicamente distinta de la idea de continuidad.

Ninguna discontinuidad  puede dar como resultado la continuidad. Será entonces otra capacidad humana la que esté implicada aquí. Esta capacidad no es el hábito, ni la razón lógica, sino la imaginación. 

La identidad personal y la memoria:

Entre nuestras impresiones no está la de un yo único a lo largo de toda nuestra vida.

Nuestras percepciones nos dan noticia de colores, de sonidos, de impenetrabilidad de solidez, de extensión, de movimiento.

Entre estas percepciones nunca están las impresiones de mi yo.

Ni siquiera podemos pensar que este yo es una proyección de la imaginación sobre la base de cambios continuos, graduales y constantes.

A veces, nuestras impresiones cambian de forma desordenada, discontinua,  inconstante.

Pero sobre todo, nunca tenemos una impresión del yo, y por tanto, no podemos tener una idea de sus cambios.

Y, sin embargo, hablamos con plena legitimidad de nosotros mismos y decimos yo con plenas garantías.

Reflexivamente juego ya con el supuesto de que las representaciones son mis representaciones.

Ese mismo aparece en ninguna impresión concreta, pero las reúne todas como formando un conjunto.

Las impresiones e ideas de Hume

Según Hume, en el hombre existen dos facultades básicas: la percepción inmediata y la reflexión.

La primera nos da impresiones diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de diferenciar lo distinto que se nos da en aquellas impresiones.

Además, la reflexión nos permite distinguir entre la forma en que se nos dan las impresiones y la forma en que se nos dan las reflexiones. 

Las percepciones inmediatas se dan con mucha fuerza y vivacidad, y pueden serias sensaciones (impresiones de los sentidos), las emociones y las pasiones.

Las percepciones reflexionadas, por el contrario, se nos presentan con más suavidad.

A las primeras Hume las llama impresiones, y a las segundas, ideas.

La relación de causa y efecto:

Al decir que «El sol saldrá mañana» no se tiene la impresión del «sol» ni de la «mañana», y sí de que el sol salió ayer, y antes de ayer, y la semana pasada.

Sin embargo, aunque no se tiene la impresión dada, la frase tiene significado, aunque es posible que el sol no salga mañana. 

El significado de la frase se fundamenta en que establecemos una conexión entre el hecho pasado y presente de que ha salido el sol y el hecho que anticipamos, a saber, que saldrá mañana.

Esta conexión que lanza el pasado sobre el futuro es la experiencia. Esta no es una impresión ni una reflexión.

Es algo distinto: se trata de afirmar una cosa porque es constante.

El significado de la frase «El sol saldrá mañana» procede de la constancia de que hasta ahora ha salido todos los días. 

Lo mismo sucede con la relación de causa y efecto.

En una partida de billar, cuando se dice que «la bola roja es causa del efecto de movimiento que vemos en la bola azul», esta frase, que es una idea compleja, tiene significado.

Al analizar sus ideas simples se ve que todas se corresponden con impresiones simples, excepto las palabras causa y efecto.

Estas palabras son ideas aparentemente simples, pero de hecho son muy complejas.

Su significado encierra que la bola roja se mueve antes que la bola azul, que en un momento hay contigüidad de tiempo y lugar con la bola azul y, finalmente, que siempre que la bola roja se mueva y choque con la azul, esta se moverá.

Así que en la palabra causa se dan las ideas simples de prioridad, de contigüidad y de conexión constante.

Su Biografía:

(Edimburgo, 1711 – 1776)

Fie un filósofo empirista inglés.

Desde niño, mostró tener un talento por encima de los demás estudiantes de su edad y a los 12 años ingresa en la Universidad de su ciudad natal.

Al cabo de dos o tres años dejó la carrera para estudiar Leyes y Comercio, que más tarde también abandonó para dedicarse definitivamente al estudio de la Filosofía en el Colegio de los jesuitas de La Fleche (Francia).

En 1747 entró al servicio del general James Siclair como abogado y juez.

En 1752 es nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo.

Fue miembro de la Embajada británica de París en 1765 y prestó servicios como subsecretario de Estado en 1767.

Gracias a su «History of England» (1754-1762), que tuvo en su tiempo gran aceptación, goza aún Hume de prestigio como historiador.

Sin embargo, es más conocida e importante su faceta de filósofo, cuya teoría ha derivado en lo que hoy llamamos «humismo».

Hume pretende ser el filósofo de la naturaleza humana, que se caracteriza fundamentalmente por la tendencia a formar hábitos; el aspecto cognitivo es, por tanto, menos importante que el práctico.

No hay ningún conocimiento seguro si no se da en el marco de las percepciones reales, que son las que proporcionan las ideas y en general todo el raciocinio.

Sostiene Hume que el conocimiento humano es incapaz de avanzar si no es por medio de la experiencia; también las normas morales tienen como base la experiencia; la justicia, la religión, cualquier tipo de normas de conducta éticas o estéticas responden a un sentimiento de utilidad, modificándose según el tipo de sociedad y época en que se den.

«A treatise of human nature» («Tratado de la naturaleza humana») aparece en 1739-1940, primera obra sobre filosofía de Hume, en la que expone los principios fundamentales de la escuela empírica.

Su siguiente libro se titula «Essays, moral and political», en dos volúmenes; fue escrito en el año 1471 y reeditado en 1748 con el título de «Essays, moral, political and literary» («Ensayos morales, políticos y literarios»).

A continuación publicó dos obras filosóficas: «An inquiry Concerning Human Understanding» («Investigacion sobre el conocimiento humano») (1748) y «An inquiry concerning the Principles of Moral» («Investigaciones sobre los principios de moral») en 1751.

Otros trabajos forman un volumen de ensayos: «Political discourses» (1751), «Four dissertations» («Cuatro disertaciones») (1757) y una publicación póstuma: «Dialogues concerning natural religión» («Diálogos sobre religión natural).

Con Hume, el empirismo llega a la más radical de sus manifestaciones; en contra absolutamente de las tendencias racionalistas de su tiempo, y, en ese sentido, a pesar de las diferencias existentes, puede considerársele como continuador de Berkeley; sin embargo, el sistema profundamente escéptico de Hume, llevado a sus últimas consecuencias, puede ser incluso negativo para el desarrollo de la ciencia.

Niega cualquier tipo de conocimiento racional en sí mismo y toda impresión que podamos recibir en ese sentido debe considerarse como absolutamente errónea.

En cuanto a su atomismo asociacionista, Hume afirma que nuestra vida psíquica es una continua consecución de impresiones e ideas, de las que no podemos nunca afirmar su veracidad e inmutabilidad.

Para él la relación entre causa y efecto no responde más que a una asociación: la de semejanza y la de contigüidad en espacio y en tiempo.

Fuentes Consultadas:
FILOSOFIA de David Papineau Editorial Blume
HISTORIA DE LA FILOSOFIA Desde la Antiguedad Hasta La Actualidad Editorial Konemann

Enlace Externo: Filosofía a Traves del Tiempo

El Empirismo de Locke John :Resumen de sus Ideas y Filosofia Politica

El Empirismo de John Locke
Resumen de sus ideas y Filosofía

Hombres Destacdos de la ilustracion

hombres de la ilustracion

René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

► Filósofo: John Locke:

Fue es primer filósofo que articuló las ideas centrales del empirismo moderno, según el cual hay muy pocos asuntos que puedan resolverse sin una cuidadosa y ecuánime consideración de las pruebas obtenidas por medio de los sentidos.

Nacido en 1632, redactó sus obras en la época en que la física de Newton estaba reemplazando   la ciencia de Galileo y Descartes, cuyas ideas se centraban más en la razón que en pruebas empíricas.

filosofo Locke John

Pensador inglés (Wrington, Somerset, 1632 – Oaks, Essex, 1704). Este hombre polifacético estudió en la Universidad de Oxford, en donde se doctoró en 1658.

Aunque su especialidad era la Medicina y mantuvo relaciones con reputados científicos de la época (como Isaac Newton), John Locke fue también diplomático, teólogo, economista, profesor de griego antiguo y de retórica, y alcanzó renombre por sus escritos filosóficos, en los que sentó las bases del pensamiento político liberal.

► El Estado según Locke

«Para mi, el Estado es una sociedad de hombres constituida únicamente con el fin de adquirir, conservar y mejorar sus propios intereses civiles.

Intereses civiles llamo a la vida, libertad, salud y prosperidad del cuerpo; y a la posesión de bienes externos, tales como el dinero, tierra, casa, mobiliario y cosas semejantes.” (.J. LOCKE: Carta sobre la tolerancia, 1689.)

En sus escritos políticos defendía la soberanía popular, el derecho a la rebelión contra la tiranía y la tolerancia hacia las minorías religiosas.

Según el pensamiento de Locke y de sus seguidores, el Estado no existe para la salvación espiritual de los seres humanos sino para servir a los ciudadanos y garantizar sus vidas, su libertad y sus propiedades bajo una constitución.

Fue el teórico de la segunda «revolución inglesa» o del pacto entre la alta nobleza y el bloque burgués parlamentarista.

Expuso sus ideas en Carta sobre la Tolerancia y Tratado del Gobierno Civil.

Locke partió de los principios del derecho natural al igual que Thomas Hobbes, efectuó una abstracción considerando que el hombre vivía, en una época pretérita, en un estado de naturaleza en el que no existía ningún tipo de organización social ni política.

«El hombre es el lobo del hombre.»

El empirismo de John Locke de sus ideas y FilosofiaEn esta situación o estado primitivo el hombre se regía por unas leyes naturales básicas, inspiradas en último término por Dios, que le venían dadas por su razón natural y que son evidentes por sí mismas.

Estas leyes o derechos naturales son el derecho a la vida, a la libertad y la propiedad; pero en esta sociedad primitiva no existía nadie, ninguna persona, ningún organismo, ninguna institución que velase por su cumplimiento.

Sin embargo, la visión que tiene Locke de este estado de naturaleza y de la psicología de la especie humana es menos catastrófico, menos pesimista que en Hobbes.

No es una guerra de todos contra todos («el hombre es el lobo del hombre»).

El hombre debe velar por estos derechos y defenderlos frente a quienes los incumplen; en consecuencia, y como corolario de los derechos naturales, existirá el derecho que tendrán todos los individuos de castigar a los transgresores.

Ahora bien, dado que no existen unas penas objetivas establecidas, el hombre ofendido, el hombre al que un semejante le ha usurpado alguno de sus derechos, deberá aplicar la justicia por su cuenta y, obcecado por el furor momentáneo, puede dejarse llevar por el deseo de venganza y aplicar castigos excesivos.

Además, nadie le garantiza que en su defensa personal pueda realmente aplicarlos, dado que el transgresor puede ser más fuerte que él.

En consecuencia, el estado de naturaleza es incompleto: le falta un poder moderador que regule la aplicación de la ley natural.

Para suplir estos inconvenientes, estas carencias de la sociedad primitiva, el hombre decide vivir en sociedad, en una sociedad política organizada.

Pero, dado que los hombres son por naturaleza libres, el paso del estado de naturaleza a la sociedad organizada no puede operarse sino por el consentimiento mutuo de individuos libres.

Así, los hombres deciden dotarse de unos organismos que velen por la preservación de los derechos naturales y dicten las normas (leyes) precisas para que en esta sociedad política puedan vivir libremente.

La legitimación del poder, del estado, vendrá dada exclusivamente en razón del libre consentimiento de los hombres.

Al constituirse en sociedad y formar un gobierno, éstos pueden ejercer directamente el poder (mediante un sistema de democracia directa), o bien pueden elegir unos representantes y delegar su poder en un cuerpo legislativo (Parlamento) encargado de elaborar las leyes que garanticen el cumplimiento de los derechos naturales.

► Locke y el Empirismo:

Locke formuló la ideología que acompañaba a la ciencia newtoniana, lo que favoreció que la actitud empirista formara parte del sentido común de la gente educada.

La misma actitud antidogmática conformó las influyentes ideas de Locke respecto a la tolerancia religiosa: como resulta tan difícil saber qué es la verdad, argumentaba Locke, a la gente se le debería permitir, en la medida de lo posible, creer lo que elija creer.

La afirmación central de Locke respecto al conocimiento es que no existen las ideas innatas.

Con ello pretende afirmar dos cosas: la primera es que es preciso incorporar las creencias a través de la experiencia del mundo.

La segunda es que, cuando uno nace no tiene conceptos en la mente.

Muchos filósofos habían asumido que los conceptos más básicos, como la idea de que una cosa es idéntica a sí misma, formaban parte del mecanismo pensante de la mente.

Locke argumentó que incluso esos conceptos tenían que ser adquiridos: al nacer, la mente es una tabula rusa, una pizarra en blanca.

En su Ensayo sobre el conocimiento humano (1689).

Locke proporcionó una serie de razones para negar la existencia de las ideas innatas.

Señaló que los niño, asimilan los principios abstractos contenidos en conceptos básicos hasta que alguien se los enseña. Los niños de dos años no dicen que «cada cosa es idéntica a sí misma» o «que cuatro ángulos rectos forman una circunferencia completas.

Tampoco los recién nacido» parecen albergar en su mente ningún tipo de concepto porque, de hecho, no parecen pensar.

En cuanto iideas sobre las propiedades de los objetos, como su forma, peso y solidez, Locke argumentaba que en la mente de los adultos sofisticados se producen complejas combinaciones de ideas.

La idea de una forma triangular, por ejemplo, se basa, en parte, en el aspecto que tiene diversos objetos triangulares vistos desde distintos ángulos; en parte, en la sensación que producen, y en parte, en la experiencia de caminar por rutas triangulares.

Sólo combinando todo lo interior la persona puede hacerse una idea de lo que es un triangulo.

 • Fuentes de conocimiento:

Así, si no hay ideas en el momento de nacer, ¿de dónde proceden?.

La respuesta de Locke es que la mente tiene capacidades innatas para adquirir ideas a partir de la percepción del mundo externo y de la reflexión sobre si misma y sus contenidos.

De modo que, al cabo de muy  poco tiempo en el mundo, el niño tendrá lo que Locke llamaba »impresiones», que son las ideas más simples producidas por la sensación y la reflexión.

La sensación produce un tipo de impresiones, como los tonos de los colores de las cosas, y la reflexión proporciona una Impresión del propio yo.

Si se combinan ambos tipos de impresiones se pueden elaborar ideas complejas, como las que se tienen sobre los objetos físicos y sus propiedades.

Un niño puede combinar ideas simples como gris» y <longitud» con ideas de forma y solidez para obtener la idea más compleja de un elefante y de un tronco, y formarse así la creencia (a la que Locke también llamaría idea) de que los elefantes tienen tronco.

De esta manera, los ricos contenidos del pensamiento se construyen a partir de elementos simples que se reciben pasivamente mediante la percepción y la reflexión.

► PERCEPCIÓN Y EXPERIENCIA:

John Locke, filósofo del siglo XVII, sugirió experimento interesante.

Así es como él lo explicó: «Suponga que un hombre nació ciego, que ahora es adulto y que se le enseña a distinguir un cubo de una esfera mediante el tacto…

Suponga que a continuación que se pone el cubo y la esfera sobre una mesa y que al hombre ciego se le hace ver.

La pregunta es si mediante la vista, antes de tocar las figuras, podrá distinguirlas y decir cuál es el cubo y cuál es la esfera.

Locke evaluó los posibles resultados de la siguiente manera:

«Soy de la opinión de que el hombre ciego no podría decir con certeza cuál es la esfera y cuál el cubo con solamente verlos; aunque podría reconocerlos inequívocamente mediante el tacto….»

En la década de 1960 se llevó a cabo este experimento tras operar a personas que tenían cataratas.

Los resultados sólo fueron parcialmente favorables a Locke.

Al recuperar la vista, la gente suele poder diferenciar formas simples con muy poco entrenamiento.

No obstante, estas personas nunca consiguen utilizar sus ojos al cien por cien. La vista requiere una coordinación con  los demás sentidos que puede ser imposible de adquirir en la edad adulta.

► Cualidades primarias y secundarias

Según la descripción que Locke hizo de la percepción percibir es tener ideas, que son aspectos de la mente.

Locke mantenía que ciertas ideas concuerdan con las propiedades de los objetos reales: la extensión (longitud), la figura (forma), el movimiento u reposo, y el número; éstas son las «cualidades primarias».

Otras percepciones —como color, sonido, sabor, etc.— no mantienen dicha concordancia: son las «cualidades secundarias». Se suele que las cualidades secundarias son rasgos reales de las cosas, pero esto, para Locke, era una ilusión.

Decir que «la hoja es roja» sólo significa que «la hoja parece roja a los seres humanos».

De modo que Locke pensaba que en Esta visión satisface el lema empirista de que «todo procede de la experiencia».

En cierto sentido, el empirismo de Locke era menos extremo que el de muchos otros empiristas, pues él no creía que las razones existentes para aferrarse a las creencias procedieran exclusivamente de la percepción.

Más bien afirmaba que, una vez que uno tiene incorporada la idea de un triángulo y del número tres, si reflexiona sobre esas ideas puede llegar a saber que todos los triángulos tienen tres lados.

Locke consideraba que el conocimiento adquirido por medio de la reflexión no se limita al mundo físico.

En una reflexión sobre qué es lo correcto y lo equivocado se puede llegar a conclusiones importantes, como que la crueldad está mal.

No obstante, hay algunas cuestiones a las que nunca se les dará respuesta y que forman el núcleo de muchas disputas religiosas: no se puede probar, por ejemplo, que el alma es inmortal o que una u Otra forma de religión es correcta.

Esto condujo a Locke a pensar que, dado que hacía falta cierta uniformidad de creencias para mantener la armonía social, los ciudadanos deberían creer en la existencia de Dios y conocer suficientemente la doctrina cristiana para garantizar la moralidad.

Propuso que los otros asuntos religiosos se dejaran a la conciencia del individuo. realidad las hojas no son verdes ni rojas, y los alimentos no son dulces ni amargos.

Esta distinción entre cualidades primarias y secundarias aún es aceptada por muchos filósofos actuales, pero, ¿es correcta?.

Por una parte, al poner una hoja roja de arce bajo el microscopio electrónico, su color rojo desaparece.

Y lo mismo puede decirse de su forma.

Parece que el mundo descrito por la ciencia es completamente diferente del mundo que se presenta a los sentidos, tan distinto que resulta difícil trazar una división clara entre las propiedades que realmente se corresponden con su apariencia y las que no.

Fuente Consultadas:

Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd

HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial

Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts

Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen

La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Biografía de Rousseau Contrato Social Resumen Filosofia e Ideas

Biografía de Rousseau Jean Contrato Social  Resumen de sus Filosofía e Ideas

hombres de la ilustracion

René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

ROUSSEAU: (1712-1778):  Su vida y su obra han sido muy controvertidas.

En París entabló amistad con Diderot, Voltaire, Buffon y otros intelectuales, y se le recibió en muchos salones.

Sus amistades le proporcionaron la plaza de secretario del embajador en Venecia, de Montaigu, pero al cabo de un año rompió con su jefe.

En 1745 dio a conocer parcialmente su ópera Les Muses galantes, Por esta época entró en relaciones con Teresa Lavaseur, sirvienta de un hotel, mujer ordinaria e inculta completamente, haciendo vida marital con ella, primero, y después casándose; de estas relaciones conyugales nacieron cinco hijos que, apenas nacían, mandaba al hospicio su padre para no pertubar su reposo.

rousseau biografia

Su primer trabajo sobre moral fue su Discurso, sobre un tema propuesto por la Academia de Dijón. En su escrito negaba que las ciencias y las artes contribuyeron a mejorar las costumbres. Este trabajo le dio gran popularidad. 

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

SINTESIS BIOGRAFICA DE SU VIDA: Rousseau fue un filósofo, literato, pedagogo y pensador político francés de origen suizo.

Nace en Ginebra y muere en Ermenonville. Huertano de madrem sufre una infancia difícil al lado de su padre, de temperamento violento, quien huye de una sentencia en Suiza y deja al pequeño Jean a cargo de unos parientes.

En Annecy estudia música y literatura clásica bajo la protección de madame de Warens. En 1741 se instala en París y conoce a Denis Diderot. Por su Discours sur les sciences et les arts (Discurso sobre las ciencias y las artes) obtiene el premio de la Academia de Dijon en 1750.

Rousseau defiende la religión naturalista en la que cada hombre alcanza a Dios por su propio descubrimiento, sin ninguna presión externa y niega de plano la revelación.

Propone la unión entre religión y política a partir de una religión civil obligatoria impuesta por el Estado. En su doctrina racionalista de la sociedad expone su concepción del progreso como retorno a la naturaleza.

El orden social no es natural y, por el contrario, es consecuencia de la reunión de los individuos indefensos ante las fuerzas que se oponen a su conservación.

Postula un contrato social mediante el cual los ciudadanos entregan sus derechos en favor de la comunidad y obtienen a cambio la calidad de miembros de ella; de esta manera el Estado se convierte en portador de la verdad y de un poder absoluto que domina la libertad natural de cada uno de los miembros; se configuran así las condiciones para el establecimiento del Estado totalitario.

Afirma que la naturaleza humana es del todo buena en sí misma y que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe, tesis que la historia y la doctrina cristiana señalan de inexacta.

Publica Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes (Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, 1755), crítica de la sociedad europea y en especial de la francesa, y la novela epistolar Julie ou la nouvelle Héloíse (1760).

En Contrat social (El contrato social, 1762) y Émile (Emilio, 1762), condenada por el Parlamento, recoge sus planteamientos sobre un buen estado social y su doctrina sobre cómo conseguir la regeneración mediante la educación. Ante la reacción adversa de la monarquía y la Iglesia, se ve obligado a huir de Francia y exiliarse en Prusia e Inglaterra junto a Hume.

Durante su exilio voluntario escribe Confessions y Les reveries du promeneur solitaire , obras póstumas publicadas en Ginebra , Suiza en 1782.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Rousseau puso en duda que las ciencias y las artes sirviesen para liberar al hombre de la opresión y de la infelicidad

Crítica a las ciencias y las artes

En el pensamiento de Rousseau hay dos elementos fundamentales: su profundo ascendente calvinista y su formación en la lectura del autor griego Plutarco.

El calvinismo le conduce a considerar las ciencias y las artes de todos los tiempos y países como ejercicios de la misma curiosidad que llevó al hombre a salir del Paraíso.

En este sentido son obra de la debilidad humana, del orgullo, de la voluntad de destacar, de hacerse igual a Dios.

Así los vicios humanos son los verdaderos motores de las ciencias la ambición y la mentira generaron la elocuencia del orador la avaricia del comerciante produjo la aritmética; la superstición produjo la astronomía, etcétera.

Rousseau habla como un moralista, pero en el fondo su lenguaje es una reproducción del lenguaje religioso que en otro tiempo lanzó Lutero contra la ciencia y la razón. Para esta vieja tradición, la ignorancia era el estado que la sabiduría divina había previsto para el hombre.

Pero si las ciencias y Las artes eran fruto de la vanidad y del orgullo: ¿con qué llenarían los hombres su vida?.

Aquí interviene su lectura de los grandes hombres de la Antigüedad según los pintó Plutarco en sus Vidas Paralelas. Ante él pasan ahora los grandes hombres ce Esparta, Persia, la antigua Roma.

Los grandes forjadores de Estados, rudos, primitivos, sencillos, patriotas, virtuosos, austeros y ascetas, creadores de orden político que mantienen con rigor, con leyes estrictas. Estos hombres odiaban el lujo, la vanidad, el engaño,

La doblez. En la idealización de Rousseau, estos hombres eran generosos al sacrificarse por la humanidad, al defender la libertad de su patria, al derramar su sangre en el combate por sus hijos, al honrar a los dioses de la polis griega.

Si se mezclan los dos elementos, se tiene la tesis más básica de Rousseau: la vida entregada a las artes y las ciencias no es sino la falsa libertad que los poderosos conceden a los hombres para que estos no sientan lo que realmente son,«esclavos de un orden político despótico».

Desigualdad entre los hombres:

[…] si eliminamos del pacto social lo que no le es esencial, nos lo encontramos reducido a los términos siguientes: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y nosotros recibirnos corporativamente  cada miembroo como parte invisible del todo.

Este acto de asociación  produce inmediatamente, en lugar de la persona particular de cada contratante, un cuerpo moral y colectivo compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo común, su voluntad y su vida. 

J.J. Rousseau, El contrato social

Jean-jacques Rousseau (Ginebra 1712- Ermenonville 1778): De formación autodidacta, cultivó distintos campos del saber.

Llegó a París en 1741, donde frecuentó el círculo de los enciclopedistas, con quienes más tarde rompió.

Rousseau se opone a la idea ilustrada de progreso, puesto que concibe que en la cultura y la civilización radican todos los males que aquejan al hombre, el cual, siendo bueno por naturaleza, se ha visto conducido a un estado de corrupción.

Frente al pensamiento ilustrado, que cifraba en la razón la conquista de la felicidad, Rousseau mantuvo que la dicha solo se alcanza atendiendo a los propios sentimientos, que permiten recuperar la armonía y justicia perdidas.

En toda la obra de Rousseau se aprecia una exaltación del sentimiento, que se refleja en sus teorías sobre la religión, la estética y la educación.

En política, afirmó que la sociedad civil es un cuerpo único nacido de un pacto social y defendió sin restricciones la soberanía popular.

De su vasta producción cabe resaltar las entradas sobre música de la Enciclopedia, Discurso las ciencias y las artes (1750), Discurso sobra origen de la desigualdad de los hombres (1755), Emilio (1762), El contrato social (1762); y desde  un punto de vista literario, Ensoñaciones de un paseante solitario (1782) y Confesiones  (1782-89).

El origen de los Estados: Según Rousseau, la inseguridad de la vida entre propietarios ricos y pobres fue creciendo al compás de sus diferencias. Unos querían defender lo que tenían con la fuerza, otros querían tomarse lo que necesitaban también con violencia. Así que caían en luchas continuas.

Esas luchas eran aprovechadas por otras comunidades extranjeras para dominar a las dos partes. Así cree Rousseau que se formaron los Estados: con el objetivo de pacificar las luchas internas y para defenderse de los extranjeros. 

De este modo, en lugar de fundarse sobre la igualdad natural, sobre el derecho natural a la vida y a la libertad, los Estados se fundaron sin eliminar el derecho meramente convencional a la propiedad, que estaba en el origen de la misma guerra y violencia que se quería superar.

Los hombres se sometieron a los poderosos para conservar la vida y sus bienes, entregando la igualdad y la libertad.

En este sentido, Rousseau admiraba la fundación del Estado de Esparta, pues los espartanos supieron anular las diferencias de propiedad y edificar sus instituciones sobre la igualdad.

Como la igualdad primitiva dio paso a una desigualdad anti-natural?: Si el hombre natural es un ser entregado a su instinto de conservación y dotado de un sentido de compasión por el dolor ajeno, si la mezcla de estos instintos garantiza que el hombre sea por naturaleza un ser independiente y pacífico, ¿cómo se convierte en un ser gregario, sociable, dependiente, violento, esclavizado?

Rousseau explica la diferencia entre el hombre natural y el hombre civilizado actual por un instinto diferente del de conservación y del de compasión. Este instinto es la perfectibilidad.

Antes de la propiedad tuvo que producirse una institución, la familia, y con ella tuvo que introducirse la estabilidad de relaciones humanas y, finalmente, la agricultura y la tecnología de los minerales. Solo entonces se desplegó algo fundamental: la división del trabajo.

Rousseau funda luego el derecho de propiedad a la tierra en el continuo trabajo sobre ella. De este modo, el trabajo es la forma de perfectibilidad humana que produce la desigualdad social. Como en los viejos relatos bíblicos, el trabajo es así una condena y una maldición para el hombre.

——– 0000 ——-

Su Biografía: (Ginebra, 28 de junio de 1712 – Erménonville, 2 de julio de 1778)

Filósofo, literato y pedagogo suizo. A principios del siglo XVIII nace Jean-Jacques Rousseau; justo cuando comienza el tan conocido Siglo de las Luces.

Si bien la mayoría de los intelectuales de la época asumieron enteramente los presupuestos filosóficos de la Ilustración, Rousseau, que incluso llegará a colaborar con la Enciclopedia, años despues cortará sus colaboraciones e incluso su relación con algunos de los ilustrados.

Su padre, Isaac Rousseau, de profesión relojero, se encargó de su primera instrucción. Ya de niño, se interesó por la literatura, leyendo toda clase de libros, incluido Plutarco.

A raíz de una disputa, tras la cual quedó herido un adversario, Isaac Rousseau tiene que huir de Ginebra, dejando a su hijo en manos de unos familiares.

Pero las dificultades económicas de estos hacen que Rousseau abandone los estudios primarios, que cursaba junto a su primo, y se traslade de nuevo a Ginebra, donde comienza a trabajar como aprendiz de grabador en un taller.

No satisfecho con su empleo, decide huir y se traslada a Saboya. Allí, mediante la ayuda de un párroco, conoce a Madame Warens que lo envía al Instituto de Catecúmenos en Turín, donde es bautizado como católico. Después de algunos meses en esa ciudad, vuelve junto a Madame Warens, con la que pasaría 11 años de su vida.

En 1740, se dirige a Lyon en calidad de preceptor y luego a París. En esta ciudad, se relaciona por vez primera con los enciclopedistas; entre otros, conocería a Diderot y Condillac.

Aparte de algunos trabajos hechos en el terreno musical y de algunas comedias, colabora en la Enciclopedia redactando artículos sobre música. En esta época, trabaja también como secretario de algunas familias nobles.

A raíz de las relaciones que mantiene con Teresa Levasseur le nacerán cinco hijos, que irá abandonando en el hospicio.

En 1749, la Academia de Dijon convocó un concurso sobre el tema «si el restablecimiento de las ciencias y las artes ha contribuido a la depuración de las costumbres», y lo gana con un «Discurso» en el que responde negativamente. Su respuesta provoca confusiones y asombros y Rousseau empieza a ser un hombre polémico en la sociedad en que vive.

En 1753, también la Academia de Dijon, propone otro tema: «Cuál es el origen de la desigualdad de los hombres y si lo autoriza la ley natural». Rousseau responde con un «Discurso» en el que explica y desarrolla las ideas del primero.

Por razones no muy claras, seguramente por diferencias de orden intelectual, corta sus relaciones con los enciclopedistas.

Vive en esta época en casa de unos amigos en l’Ermitage y, producto de esta estancia, son sus obras más importantes: «La nueva Eloísa», «El contrato social» y «Emilio».

«La nueva Eloísa» se publica en 1761 con bastante éxito. En 1763, se publican el «Contrato social» y «Emilio», obra que el Parlamento de París condenará, ordenándose el arresto del autor Rousseau consigue escapar.

Se refugia en Suiza, pero las dificultades que se presentan le obligan a trasladarse a Inglaterra, donde, aceptando una invitación de Hume, residirá en su casa durante algún tiempo.

Sus manías persecutorias, debidas a su carácter huraño e irritable, le hacen desconfiar de Hume y decide, a pesar del riesgo que ello supone, volver a Francia. Allí reanudará sus relaciones con Teresa y, en 1770, regresa a París.

Poco después, se traslada a Erménonville, donde vive gracias a la hospitalidad de un admirador, y en ese mismo lugar morirá.

Su vida la conocemos por medio de dos obras autobiográficas, las «Confesiones» y las «Divagaciones de un paseante solitario».

Con Rousseau puede decirse que empieza el Romanticismo. «La Nueva Eloísa» se opone al pesimismo y escepticismo que, en general, en toda la literatura de su época es preponderante. El «Emilio o de la educación» es quizás su obra más importante.

Carece casi totalmente de elementos novelescos y su fin es el de exponer los criteros educativos del autor. Fustiga enérgicamente la educación que una sociedad con intereses y clases imparte, esclavizando intelectualmente al individuo y cortando progresivamente el desarrollo natural de este.

La educación natural de Rousseau se basa en que en el niño existe un principio innato, «principio activo», el cual, por medio de la experiencia («educación de las cosas»), se vaya formando de manera gradual, conforme a sus propios intereses.

Ver: Análisis o Explicación del Emilio

Hitos De Su vida:

1712: Nació el 28 de junio, en la ciudad de Ginebra, hijo de Isaac Rousseau y de Susana Bernard, quien falleció pocos días después de haberlo traído al mundo.

1725: Realizó sus primeras tareas como aprendiz en el taller de un grabador.

1728: En Annecy, un sacerdote le presentó a madame de Warens. Luego fue recibido en el hospicio del Espíritu Santo, en Turín; allí abjuró del calvinismo y se hizo católico.

1735: Se instaló, acompañado por la señora de Warens, en Saboya, donde continuó sus estudios, hasta que fue tomado, como preceptor, en casa del magistrado Mably.

1742: Presentó a la Academia de Ciencias, de París, su proyecto sobre un nuevo sistema de notación musical, que publicaría, al año siguiente, con el título de «Disertación sobre la música moderna».

1743: Contratado como secretario por el conde P. de Montaigu, lo acompañó a Venecia, donde el aristócrata había sido designado embajador de Francia. 1744: Después de un desacuerdo con Montaigu, dejó su cargo en la embajada y volvió a París.

1745: Inició su amistad con Condillac y Diderot. Hizo interpretar su obra musical «Las musas galantes». Mantuvo correspondencia con Rameau y con Voltaire. Comenzó sus relaciones con Teresa Levasseur.

1747: Escribió la comedia «El compromiso audaz». Fue secretario de los Dupin. 1749: Recibió un premio, de la Academia de Dijon, por su «Discurso sobre las ciencias y las artes».

1751: Al publicarse el primer volumen de la Enciclopedia, d’Alembert mencionó, en el prólogo, las tareas desarrolladas por Rousseau.

1752: Hizo representar, en Fontainebleau, ante el rey, su ópera cómica «Le dévin du village» (El adivino del pueblo) y, en el Teatro francés, su comedia «Narciso o el enamorado de sí mismo». Comenzó a trabajar como copista de música.

1753: Cuando estalló, en París, la llamada «guerra de los bufones», participó escribiendo su «Carta sobre la música francesa».

1754: Regresó a Ginebra, donde fue readmitido en la Iglesia calvinista y recuperó sus derechos como ciudadano.

1755: Publicó su «Discurso sobre el origen de la desigualdad humana».

1756: Terminó de escribir varias obras y los borradores del «Contrato social», llamado «Manuscrito de Ginebra».

1757: Rompió relaciones con Grimm, Diderot y los enciclopedistas. Se enamoró de raadame d’Houdedot.

1758: Envió su «Carta a d’Alembert sobre los espectáculos». Dio término a «Julia o la nueva Eloísa».

1762: Publicó «Emilio» y el «Contrato social», libros que fueron condenados en París y en Ginebra. Debió refugiarse en Motiers, territorio que pertenecía a Federico II de Prusia, quien le brindó asilo político, en compañía de Teresa Levasseur.

1766: Se trasladó a Londres, en compañía de Teresa, bajo la protección de David Hume. Escribió la primera parte de sus «Confesiones».

1767: Regresó a Francia, donde se publicó su «Diccionario de la Música».

1772: Compuso sus «Consideraciones sobre el régimen de Polonia» y sus diálogos titulados: «Rousseau, juez de Juan Jacobo».

1774: Terminó la ópera «Dafnis y Cloe» y retocó la partitura de «El adivino del pueblo».

1775: Estrenó en la Comedie Francaise su obra con música, en un acto, «Pigmalion».

1776: Distribuyó, por las calles de París, personalmente, su mensaje «A todo francés que todavía ame la justicia y la verdad».

1777: Escribió las «Ensoñaciones de un paseante solitario», obra que dejó inconclusa.

1778: El marqués Rene de Girardin lo invitó a pasar unos días en Ermenonville, donde imprevistamente falleció el 2 de junio. Fue sepultado en la Isla de los Paupliers y luego, en 1794 -seis años después de la Revolución Francesa-, sus restos fueron trasladados al Panteón.

Libertad e igualdad

Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, y cuál debe ser el objetivo de toda legislación, encontraremos que todo se reduce a dos cuestiones principales: la libertad y la igualdad, y sin esta última, la libertad no puede existir. Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes de la Humanidad […].

La verdadera igualdad no reside en que la riqueza sea la misma para todo el mundo, si no en que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro ciudadano y que ninguno sea tan pobre que se vea obligado a venderse. Esta igualdad, se dice que no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable. ¿Quiere decir esto que debemos renunciar a regularlo? Como precisamente la fuerza de las cosas tienden siempre a destruir la igualdad, es necesario que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.

ROUSSEAU, J. J.: El contrato social.

PARA SABER MAS…
EL CONTRATO SOCIAL

La noción de contrato social surge de la doctrina filosófico-jurídica que individualiza el origen de la sociedad civil y del Estado en una convención, un contrato estipulado entre sus miembros.

Esta perspectiva ya fue defendida en la Antigüedad por los sofistas y Epicuro, en contraposición al naturalismo político de Aristóteles, según el cual no cabe suponer ningún pacto social originario porque sociedad y Estado son realidades naturales y necesarias, independientes de la voluntad de los individuos y siempre presentes en toda comunidad, humana o animal.

El contrato social volvió a estar de actualidad en la época moderna como consecuencia de la caída de las teorías medievales relativas al fundamento divino del poder político.

La cuestión se debatió sobre todo en la Inglaterra del s. XVII, en conexión con los avalares de la «gloriosa revolución» (1668). Tanto Thomas Hobbes, teórico del absolutismo monárquico, como John Locke, defensor del constitucionalismo liberal (parlamentario y democrático) coincidieron en la idea del carácter no natural del Estado, basándose en el presupuesto de que los hombres habían vivido inicialmente en una condición pre-social, en un estado de naturaleza primitivo, desorganizado e individualista.

Muy diferente, sin embargo, era la manera en que ambos filósofos supieron describir dicho contrato originario.

Hobbes lo imaginaba como un pacto de sujeción por el que cada individuo renuncia a su libertad individual en nombre de la seguridad colectiva.

De modo decididamente pesimista, consideraba la condición del salvaje presocial según la máxima homo homini lupus: en ausencia de toda ley, rige sólo la lucha por el dominio de unos sobre otros.

El único medio para anular cualquier forma de prepotencia es que todos renuncien a la libertad delegando el poder en un individuo (un soberano o una asamblea) que decida por el bien de todos (y, por lo tanto, de nadie en particular).

En el Leviatán (1651), Hobbes propuso el siguiente texto como fórmula contractual: «Yo transmito mi derecho a gobernarme a mí mismo a este hombre, a condición de que tú también cedas tu derecho de la misma manera».

Distinta es la solución de Locke, para quien en un estado igualmente presocial la agresividad humana habría llegado a moderarse por el principio de reciprocidad: también en un estado de naturaleza vale la regla racional de que quepa esperar de los demás lo mismo que se les brinde.

Según Locke, el paso a la sociedad organizada y al Estado es un proceso gradual y no traumático, un progresivo perfeccionamiento de las reglas de convivencia. El ciudadano cede sus propias libertades no en bloque, sino limitadamente, en función de la necesidad de no invadir las libertades ajenas y de garantizar la seguridad colectiva, a la vez que permanece como el dueño de todas aquellas opciones de vida, de pensamiento y de fe religiosa que no amenazan la convivencia civil.

Además, y como garantía de que el poder atribuido a los hombres que se ocupan de las estructuras e instituciones públicas se mantenga siempre dentro de los límites prefijados, es necesaria la separación entre los poderes (legislativo, ejecutivo, judicial) y está prevista la posibilidad de rebelión (incluso violenta) cuando estén amenazadas las libertades civiles fundamentales.

El Contrato Social

«El principio de la vida política está en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado, y el poder ejecutivo es el cerebro del mismo, el cual da movimiento a todas sus partes. (…) El Estado no subsiste por las leyes, sino por el poder legislativo: la ley cíe ayer no obliga hoy; pero el silencio supone un consentimiento tácito, y se presume que el soberano confirma continuamente las leyes que no abroga, pudiendo hacerlo (…) si el soberano no las hubiese encontrado siempre saludables las hubiera anulado mil veces. He aquí porque las leyes, lejos de envejecer, adquieren sin cesar nueva fuerza en todo Estado bien constituido. (…) Como el soberano no posee otra fuerza que el poder legislativo, aquél obra por medio de leyes; y como estas son actos auténticos de la voluntad general, el soberano no podría obrar mas que cuando el pueblo está reunido. Algunos creerán que es una quimera el reunir al pueblo: actualmente lo es; pero no lo era hace dos mil años. ¿Han cambiado de naturaleza los hombres? Los límites de lo posible, en las cosas morales son menos estrechos de lo que pensamos; nuestras debilidades, nuestros vicios y nuestras preocupaciones son los que los estrechan.

No basta que el pueblo reunido haya fijado una vez la constitución del Estado sancionando un cuerpo _.r leyes; no basta que haya establecido un gobierno perpetuo o haya cuidado de la elección de magistrados  aparte las asambleas extraordinarias exigidas por los casos imprevistos, es preciso que haya otras periódicas que nacía pueda abolir ni prorrogar; de tal modo que, en un día fijo, el pueblo sea legítimamente convocado por la ley sin que haya necesidad para esto de ninguna otra convocatoria formal. (…) Desde el momento en eme el pueblo se halla legítimamente reunido en asamblea soberana, cesa toda jurisdicción del gobierno, se suspende el poder ejecutivo, y la persona del último ciudadano es tan sagrada : inviolable como la del primer magistrado; porque allí donde se encuentra el representado ya no hay representante.»

Jean Jacques Rousseau, El contrato social