Rey Dario y Milcíades

Batalla de Maraton Grecia Contra Persia Rey Dario y Milcíades

Batalla de Maratón-Grecia Contra Los Persas

El plan del rey persa Darío exigía el desembarco en la llanura de Maratón con 20.000 hombres para vencer a las ciudades-estado griegas, habiendo antes organizado un asalto contra la misma Atenas.

Su poderosa infantería, caballería y arqueros tuvieron éxito y adoptaron posiciones defensivas esperando un ataque del ejército ateniense que tenía 10.000 soldados, casi todos de infantería.

Cuando el ejército persa desembarcó en Maratón, los atenienses, que no querían dejarse sitiar, fueron a acampar frente al enemigo.

Iban armados a la manera espartana, como hoplitas, es decir, con casco, coraza y perneras. Combatían a pie, en filas apretadas, la lanza por delante, el cuerpo resguardado por los escudos. Los guerreros de la pequeña ciudad de Platea, vecinos y aliados de los atenienses, vinieron a unírseles.

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Los atenienses permanecieron varios días acampados cerca del santuario de Hércules, en un valle estrecho, que interceptaban por entero, apoyándose a uno y otro lado en las laderas de las montañas que impedían al enemigo rodearles.

Los estrategas estaban muy ¡ndecidos. Milciades  decidió el ataque. Los estrategas ofrecieron a Milciades cederle el mando. Aceptó, pero esperó para combatir el día que le llegase el turno.

Cuando así fue, los guerreros atenienses se alinearon en batalla, agrupados por tribus, de modo que presentaban una línea continua de lanzas y escudos. Las filas, colocadas una detrás de otra, eran mucho más numerosas en las dos alas que en el centro. El ala derecha llegaba casi a la orilla del mar.

Los persas se habían alineado enfrente, poniendo en el centro sus mejores tropas, pero no estaban armados más que con arco y espada, y su caballería quedaba detrás.

VEAMOS LA HISTORIA DE LA BATALLA:

El imperio persa era inmenso y todos los pueblos sometidos a el tuvieron que contribuir con tropas.

Grecia no solo era pequeña sino que también estaba dividida por su orgulloso sentido de independencia; sus habitantes creían en la individualidad y derechos del hombre, mientras que el rey persa era un déspota oriental con poder absoluto sobre sus súbditos.

Batalla de Maraton Grecia contra Persia RMandado por Mardonio, el ejército persa avanzó incontenible hacia Europa llegando a las fronteras de Macedonia.

Las ciudades griegas fueron invitadas a rendirse pero rechazaron el ofrecimiento.

En el año 491 a. de J.C., Atenas y Eretria sabían que se preparaba un ataque frontal a través del Egeo, y ante ese peligro, Atenas y Esparta unificaron fuerzas contando con el inapreciable consejo de Milcíades, que conocía bien la táctica de guerra persa.

Darío desembarcó con su flota en Eubea y conquistó, Eretria.

A continuación tomó tierrael grueso de la fuerza persa de unos 25.000 hombres, cerca de la llanura de Maratón.

Atenas envió inmediatamente a su infantería pesada de hoplitas para que ocupara las colinas desde las que se dominaba la zona de desembarco.

Apenas había 10.000 atenienses ayudados por un millar de hombres de Platea, y Filípides, el famoso mensajero, partió hacia Esparta para advertirles de la invasión, tras de lo cual los espartanos acudieron en auxilio de Atenas sin que pudieran llegar a tiempo.

Los griegos, dirigidos por Milcíades, atacaron al amanecer con una fuerza que había concentrado hombres en las alas debilitando el centro para que cuando los dos ejércitos chocaran se produjera un movimiento de pinza que encerrara a la fuerza persa. Los griegos, mejor armados, infligieron un terrible castigo a los persas, sin que apenas sufrieran pérdidas ellos mismos.

Sin embargo, los persas supervivientes embarcaron en sus naves y se dirigieron a Atenas con la esperanza de vengarse en la ciudad indefensa; los atenienses emprendieron veloz marcha hacia la ciudad, a la que llegaron antes que la flota persa, lo que persuadió a ésta de abandonar la empresa.

El comandante ateniense, Milciades, se tomó su tiempo, taló árboles y los arrastró hacia adelante para poner obstáculos en la milla de distancia que separaba a ambos ejércitos.

Al escuchar que las tropas enemigas habían abandonado la escena temporalmente, presumiblemente para proveer de agua a sus caballos en los manantiales del norte, Milciades aprovechó la oportunidad.

Descartó el método tradicional de falange usado por los griegos -un acercamiento lento y deliberado— y ordenó cargar sobre los que quedaban. Tomaron a los arqueros persas completamente por sorpresa, y sus flechas de gran alcance cayeron inofensivamente detrás de ellos.

La victoria fue total para los griegos. Perdieron sólo 192 hombre que fueron enterrados en la Llanura de Maratón. El entierro fue contrario a la costumbre usual, ya que los restos de los hombre que caían por su país eran llevados a Atenas para ser depositado  en el sepulcro Cerameico.

En Maratón, sin embargo, la victoria fue considerada tan importante que se honró a los muertos enterrándolos en el campo de batalla.

Siguió una difícil tregua de diez años durante los cuales Darío preparó la invasión en gran escala. Mientras tanto los griegos habían descubierto un yacimiento de plata en Larium, lo que había saneada la tesorería y permitido a Temístocles persuadir a los atenienses de que lo invirtieran en ampliar la flota.

Los espartanos fortificaron el istmo para defender el sur del país. Darío murió poco después, pero su sucesor Jerjes inició implacable el avance terrestre hacia Grecia.

Esparta convocó a capítulo a todas las ciudades y recibió el mando por tierra y mar. Los espartanos eligieron el desfiladero de las Termópilas para dar la primera batalla, y allí detuvieron a los persas durante dos días hasta que se quebró el equilibrio cuando el traidor Efialtes condujo a los inmortales del rey persa por un camino secreto hasta la retaguardia griega.

Leónidas envió al grueso de su fuerza en retirada pero permaneció con trescientos soldados para batirse en una acción gloriosa en la que él y todos sus hombres murieron.

Pese al heroísmo espartano, los persas siguieron avanzando hacia Atenas por tierra y mar.

Por tierra no cabía la esperanza de detenerles, y tras un amargo debate Atenas tomó una decisión desesperada: abandonar la ciudad al enemigo y fiar sólo en la flota.

Las personas de edad, las mujeres y los niños fueron evacuados a las islas próximas y se convirtieron en angustiados testigos de la destrucción de su amada Atenas. Los hombres embarcaron en la flota y presentaron combate.

Por su táctica y su superior capacidad marinera, los griegos destruyeron el poder naval persa en la batalla de Salamina, y la flota enemiga, debilitada por la enfermedad y el hambre, tuvo que retirarse.

Al año siguiente los persas lanzaron su última ofensiva, pero fueron totalmente derrotados por Esparta en Platea.

Atenas había jugado el papel principal en la victoria en Maratón y Salamina, y por ello se equiparaba a Esparta sin renunciar a mayores metas.

El sistema político ateniense era ya el más perfecto de Grecia por la labor de dos grandes estadistas como eran Solón y Pisístrato. A partir de entonces, y bajo el deslumbrante gobierno de Periclés (490-429 a. de J.C.), Atenas iba a alcanzar el cenit de su gloria.

Pendes había nacido en el seno de una pudiente familia ateniense.

Sus primeros triunfos tuvieron un carácter político. Incrementó la participación de los ciudadanos en el gobierno y aceptó la amenaza que implicaba la rivalidad de Esparta.

No fueron, sin embargo, los espartanos los que hicieron que se tambalease la obra de Pendes: poco después de empezar la guerra del Peloponeso una plaga de peste asoló Atenas y fue precisamente el político ateniense una de sus víctimas.

Ver: Otras Batallas en las Guerras Medicas

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras – Historia Antigua – Tomo I