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Biografia de Francois Guizot Politico Frances

Biografia de Francois Guizot

Austero, enérgico, con ideas firmes sobre la historia y la política, dotado de no escasas dotes de generalización, investigador profundo de los acontecimientos de la cultura francesa y europea, Francisco Guizot fue un buen historiador y aun un mejor profesor de Historia.

Pero su intervención en la vida pública de Francia durante la Restauración y la monarquía de Luis Felipe le elevaron a un plano de mayor responsabilidad. Guizot encarna, en efecto, el espíritu de la revolución de 1830 y, asimismo, el régimen burgués y censitario que ésta implantó.

Francois Guizot,un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

François Pierre Guillaume Guizot fue un historiador y político francés. Participó en el gobierno durante la monarquía de Luis Felipe de Orleans y fue líder de los doctrinarios.

La evolución de los partidos le situó cada vez más a la derecha, de modo que para los contemporáneos empezó en liberal y terminó en conservador.

En realidad, Guizot se mantuvo siempre fiel a la misma línea de conducta. Sólo los sucesos determinaron la paradoja de que uno de los artífices del alzamiento revolucionario de 1830 cayera en 1848 junto con Metternich, el principal representante del sistema legiti-mista y anturevolucionario en Europa.

Nacido en Nimes el 4 de octubre de 1787, en el seno de una familia calvinista, sufrió desde muy joven las consecuencias de la oleada revolucionaria, pues su padre pereció en el patíbulo durante el Gran Terror (abril de 1794). El muchacho se refugió con su madre en Ginebra.

En 1805, durante el Imperio, regresó a Francia al objeto de estudiar la carrera de Leyes en París. Terminada ésta, publicó algunas obras de carác ter literario e histórico que le valieron la cátedra de Historia Moderna de la Sorbona en 1812.

Afiliado al grupo de los monárquicos liberales de Royer-Collard, ocupó el cargo de secretario general del ministerio del Interior en 1814. Durante los Cien Días volvió a enfrascarse en sus estudios habituales.

Caído el poder napoleónico en Waterloo, Guizot fue nombrado secretario general del ministerio de Justicia en el gobierno Richelieu (1815-1816) y director en el ministerio del Interior en el gobierno Decazes (1819-1820). La reacción de 1820 le enfrentó para siempre con la monarquía borbónica, ya que Guizot consideraba inalterables los términos constitucionales elaborados en 1815.

Miembro del grupo de los «doctrinarios» y uno dé los jefes del partido liberal opuesto al gobierno de Carlos X, fue privado de su cátedra de 1822 a 1828. Durante esta época publicó dos obras que le hicieron famoso: la Historia del gobierno representativo (1821-1822) y la Historia de la civilización en Europa (1828).

En enero de 1830 fué elegido diputado por Lisieux, mandato que había de conservar, renovado periódicamente, hasta 1848. Figuró en el grupo liberal de la Cámara de Diputados.

Disuelta ésta por las famosas Ordenanzas de Julio, Guizot formó parte del Comité moderado que, dirigido por Casimiro Perier y Laffite, logró beneficiarse del movimiento revolucionario que estalló a fines de 1830 en París. Derribada la monarquía de los Borbones, ejerció el ministerio del Interior en el primer gobierno de Luis Felipe (agosto a noviembre de 1830).

Más tarde, en 1832, bajo la presidencia del mariscal Soult, fue ministro de Instrucción Pública. Durante este período, de 1832 a 1836, fomentó grandemente la educación primaria y el desarrollo de las corporaciones eruditas. Por otra parte, cada día se caracteterizaba más como jefe del partido de la resistencia o conservador.

Creía que la evolución histórica había hecho recaer el poder en la burguesía, y que por tanto era utópico hablar de sufragio universal. Frente al movimiento demócrata y republicano se mostraba intransigente. Su lema era «una monarquía limitada por un número limitado de burgueses».

La coherencia del gobierno Soult se rompió en 1836 por la divergencia de criterios entre Guizot y Thiers. Después de formar parte de otros gobiernos de vida efímera, en 1840 aceptó el cargo de embajador de Francia en Londres.

Pero el fracaso de la política oriental de Thiers, le llevó de nuevo al poder. Desde el 29 de octubre de 1840 hasta el 23 de febrero de 1848 fué el verdadero jefe del gobierno, aunque en realidad sólo ocupó la presidencia del consejo desde 1847.

Su pureza y su desinterés personales, su inquebrantable afirmación de los principios de orden, le convirtieron en el símbolo del conservadurismo.

Combatido por la izquierda monárquica y los demócratas, dimitió el 23 de febrero de 1848 cuando ya la revolución era dueña de la capital. Marchó a París al cabo de pocos días, y el 3 de marzo llegaba a Londres.

Después de un año de residencia en Inglaterra, regresó a Francia. Desde este momento vivió alejado de la política. Su principal ocupación fué la literaria, a la que consagró el resto de su existencia. Cooperó al desarrollo del Instituto de Francia, de cuya corporación era miembro.

Retirado en Val Richer (Calvados), cerca de Lisieux, vio cómo se implantaba el Segundo Imperio y cómo éste caía bajo el peso de la derrota militar. También asistió a los primeros pasos de la Tercera República.

En estos últimos años de su vida su figura se agiganta en el puerto de la serenidad. Murió en Val Richer el 12 de octubre de 1874.

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Biografia Carlos VII de Francia -Bien Servido-

Biografia Carlos VII de Francia El Bien Servido

En octubre de 1422 se reunieron en Mehún del Yevre algunos prelados y varios servidores fieles de los Valois y proclamaron rey de Francia a Carlos VII quinto hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera.

Nacido en París el 22 de febrero de 1403, conde de Ponthieu en sus primeros años y duque de Turena en 1416, fue elevado a la categoría de delfín de Francia en 1417, después de la muerte de su hermano mayor Juan.

Carlos VII de Francia
Carlos VII de Francia

Carlos VII de Francia, llamado el Victorioso o el Bien Servido, fue el quinto hijo del rey Carlos VI y de Isabel de Baviera, descendiente de la dinastía Valois.
Fecha de nacimiento: 22 de febrero de 1403, París, Francia
Fallecimiento: 22 de julio de 1461, Mehun-sur-Yèvre, Francia
Coronación: 17 de julio de 1429, en la Catedral de Reims
Cónyuge: María de Anjou (m. 1422–1461)
Sucesor: Luis XI de Francia
Hijos: Luis XI de Francia, Carlos de Valois, duque de Berry

Al mismo tiempo recibió la lugartenencia del reino, a causa de la incapacidad mental de su padre. Corrían entonces los terribles días que sucedieron a Azincourt, y el muchacho de catorce años, entregado a la voluntad de Bernardo de Armagnac, contribuyó a acentuar la anarquía y la debilidad de Francia.

Jefe del partido adverso a los borgoñones, fué el delfín quien, al armar los brazos de los asesinos de Montereau (1419), precipitó a la casa de Borgoña en la alianza inglesa, cuyo resultado inmediato fué el tratado de Troyes (1420), entre Enrique V y Carlos VI, que lo desposeía de la corona de Francia.

Así, pues, cuando sobrevino la muerte de su padre, Carlos VII fué sólo reconocido como monarca en algunos territorios del centro y del Sur del país. Lo restante obedecía al duque de Bedford, hermano de Enrique V y lugarteniente de Enrique VI, en quien recaían los tronos de Francia e Inglaterra. Carlos VII era puramente el «rey de Bourges».

No era Carlos VII el hombre indicado para hacer frente a la ardua tarea de aquel momento: restablecer la autoridad real y expulsar a los ingleses del suelo francés. Enfermizo, despreocupado, de espíritu pacífico y poco voluntarioso, vagaba de castillo en castillo.

Por un momento, en 1425, supo congraciarse la amistad de un hombre enérgico, Arturo de Richemont, hermano del duque de Bretaña, quien, con el título de condestable, procuró disipar los antagonismos que existían entre la corona de Francia y los Borgoñas.

Pero muy pronto fue substituido en el favor real por La Tremouille, un aventurero sin escrúpulos. Este perdió las últimas posibilidades diplomáticas y fue incapaz de organizar un ejército que pudiera oponerse a las huestes inglesas que asediaban Orleáns.

Es en este momento decisivo que Francia halla la salvación en la persona de la santa de Domremy. Juana de Arco libera Orleáns el 8 de mayo de 1429, rechaza a los ingleses de los países ribereños del Loira, y, en un rapto de fe, corona, a Cavíos VII de modo solemne en Reims.

Estos actos determinan el curso futuro de la guerra de los Cien Años y la suerte de la casa de los Valois. Pero Carlos VII no sabe aprovechar el ímpetu del entusiasmo nacional despertado por juana, ni intenta tan sólo librar a la doncella de la hoguera de Ruán (1431).

De nuevo se entrega a Le Tremouille y a las luchas civiles. No obstante, la obra de Juana de Arco se consuma.

En 21 de septiembre de 1435 la monarquía y la casa de Borgoña se reconcilian por el tratado de Arras. Un año más tarde, París recibe a los Valois después de haber expulsado a los ingleses.

Se acercan los últimos días de la guerra de los Cien Años. Los ingleses retroceden en todas partes. Pero el apático Carlos VII es incapaz de conducir una ofensiva a fondo, quizá también porque el país está cansado y arruinado y porque los grandes nobles no cesan de perturbar el orden.

En 1440 estalla la revuelta denominada (da praguería», en la que, al lado de los duques de Borbón, Alenzón y Armagnac, participa el propio delfín, el futuro Luis XI.

El rey sólo puede conjurarla a base de otorgar grandes concesiones a los rebeldes. Sin embargo, la reconquista prosigue metódicamente, pues también la realeza inglesa sufre una grave crisis.

En 1442 cae Pontoise; en 1450, después de la batalla de Formigny, es liberada la Normandía; en 1451, la Guyena, definitivamente conquistada en 1453 después de la victoria de Castillón.

En esta fecha, sólo quedaba a los ingleses la plaza de Calais. La monarquía inglesa había sido derrotada en Francia.

Los últimos años del reinado de Carlos VII representan el encauzamiento de las energías de Francia para la recuperación del país. El monarca confía el gobierno, quizá bajo la presión de su favorita Ana Sorel (muerta en 1450), a los burgueses, como Jaime Coeur, el gran banquero de la época.

Su administración potencia los recursos morales y materiales de Francia. Sin embargo, Carlos VII tuvo que vivir siempre bajo el temor de los grandes señores feudales (Borgoña, Borbón, Alenzón, etcétera), y aun en el de su propio hijo.

Murió en el mismo Mehún .de su proclamación real el 22 de julio de 1461.

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Biografia de Felipe I de Castilla -EL Hermoso-

Biografía de Felipe I de Castilla «EL Hermoso»

Apenas dejó más huellas en la historia de los Países Bajos y de España que la de su proverbial belleza masculina y las insaciables ambiciones de su corazón.

Felipe el Hermoso
Felipe I de Castilla, llamado «el Hermoso», fue duque titular de Borgoña —como Felipe IV—, Brabante, Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, Habsburgo, Henao, Holanda y Zelanda, Tirol y Artois
Fecha de nacimiento: 22 de julio de 1478, Brujas, Bélgica
Fallecimiento: 25 de septiembre de 1506, Burgos, España
Entierro: Capilla Real de Granada, Granada, España
Cónyuge: Juana I de Castilla (m. 1496–1506)
Hijos: Carlos I de España, MÁS
Padres: Maximiliano I de Habsburgo, María de Borgoña

Era brillante e impetuoso, como su padre, el emperador Maximiliano; pero, en mayor grado que a éste, le faltaban aplomo en sus actos y concepción vasta del futuro. Para dominar, sacrificó a su capricho intereses legítimos y políticas tradicionales, hasta el extremo de que estuvo a punto de provocar una escisión en la unidad española, recientemente lograda por los Reyes Católicos. Quizá por fortuna, se lo llevó muy temprano la muerte.

Nacido en Brujas, el 22 de julio de 1478, de Maximiliano de Austria y María Blanca de Borgoña, heredó las posesiones maternas en 1482, bajo la tutela de su padre. Su juventud transcurrió sin ningún detalle de importancia, hasta que Maximiliano, prosiguiendo su política matrimonial antifrancesa, concertó su boda con la infanta Juana, hija de los Reyes Católicos, que se celebró en Lierre (Flandes) el 24 de octubre de 1496.

La desgracia, que se cebó sobre el príncipe Juan y la infanta Isabel, hizo recaer la herencia de Castilla y la probable de Aragón en la persona de doña Juana, a la que la inseguridad de sus facultades mentales, exaltadas por los devaneos amorosos de su esposo, había de dar a conocer con el triste sobrenombre de la Loca.

De esta doble casualidad se aprovechó Felipe el Hermoso, cuando en noviembre de 1504 murió Isabel de Castilla, para reclamar la sucesión que le habían reconocido las cortes castellanas y aragonesas en 1502.

Sin tener en cuenta los grandes servicios prestados a la corona castellana por el rey de Aragón, Fernando el Católico, nombrado regente por la difunta a causa de la incapacidad mental de doña Juana, Felipe reclamó el ejercicio del gobierno, en lo que fué apoyado por varios magnates castellanos y estimulado por Luis XII de Francia, con quien concertó el primer tratado de Blois (septiembre de 1504).

Después de varias negociaciones, suegro y yerno firmaron la concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505), a fin de organizar un gobierno común en Castilla. Pero apenas desembarcado en España, Felipe se impuso a don Fernando, quien en Villafáfila renunció a la regencia (27 de junio de 1506).

El Austria quiso ser reconocido único rey por las cortes de Valladolid (julio de 1506); pero no logró que aprobaran esta demanda.

Poco después moría inesperadamente en Burgos el 25 de septiembre de 1506, a causa de uno de sus acostumbrados excesos físicos.

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Biografia de Thomas Howard Duque de Norfolk

Biografía de Thomas Howard Duque de Norfolk

TOMAS HOWARD, DUQUE DE NORFOLK (1473-1554): La de Thomás Howard, tercer duque de Norfolk, es una de las figuras más características de la Inglaterra de los dos primeros reyes Tudor.

Caudillo militar muy distinguido, político intrigante y poco escrupuloso, el señor más rico de Inglaterra tuvo una actuación turbia e incluso poco digna en los asuntos de la época de Enrique VIII. A su vanidad y ambición sacrificó, en definitiva, los altos intereses de la Iglesia católica que decía defender.

howard thomas

Además, hemos de tener presente que ni su vida íntima ni las condiciones más sobresalientes de su carácter fueron ejemplares.

Hijo primogénito del segundo duque de Norfolk, Thomas Howard, heredero de inmensos territorios en el Norte de Inglaterra, aumentó su influencia con su boda (1495) con Ana, hija de Eduardo IV y cuñada del futuro Enrique VII.

En 1513, ya viudo, contrajo segundas nupcias con Isabel Stafford, heredera del ducado de Buckingham. Por aquella época ya se había distinguido como militar: en 1513, en la guerra contra Francia, mandó como lord almirante la escuadra inglesa.

En 1520 fue encargado del gobierno de Irlanda; pero abandonó este puesto para participar en los combates que se libraron en el continente contra Francisco I en 1522.

A partir de 1524, ya en posesión del ducado de Norfolk, intervino activamente en política. Gracias a su influencia y a su fortuna logró derribar del poder al cardenal Wolsey (1529).

Para granjearse el favor de Enrique VIII le empujó a su divorcio con Catalina de Aragón, sin sospechar que el enlace del rey con su sobrina Ana Bolena acarrearía una reforma religiosa. Poco después, en 1533, presidió el tribunal que condenaba a muerte a la segunda esposa de Enrique VIII.

La desgracia de su sobrina hízole perder buena parte del favor real pero lo recuperó al someter la revuelta de los campesinos (Pilgrimase of Grace, 1536) como presidente del Conseio del Norte. Tomó parte en la conspiración que derribó del noder a Thomas Cromwell en 1540.

Después de varios hechos de armas notables en Escocia y Francia (154.4), la ejecución de Catalina Howard, otra de sus sobrinas, le hizo de nuevo perder terreno ante el rev. Acusado de cómplice de la traición de su hijo Enrique, Thomas fue encarcelado y condenado a muerte (1547): pero fue indultado.

En 1553, después de la muerte de Eduardo VI, recuperó la libertad y sus posesiones. Murió el 25 de agosto de 1554.

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Biografia de Cristian II de Dinamarca

Biografía de Cristian II de Dinamarca Obra de su reinado

El nombre de Cristian II va vinculado indisolublemente a un período de suma importancia en la Histo ría de los pueblos nórdicos: el de formación de los estados modernos y de introducción de la Reforma luterana.

Cristian II de Dinamarca
Cristian II de Dinamarca

Por otra parte, Cristian II encarna el último intento de conservar el Imperio danés en Escandinavia y el Báltico, y una tentativa desgraciada para implantar el absolutismo monárquico en su país.

Monarca del Renacimiento, en la más completa aceptación de esta palabra, Cristian II fue culto, patriota, bravo y buen político; pero estas cualidades fueron entenebrecidas por la suspicacia, el recelo y la crueldad.

Esta parte de su carácter comprometió su obra y fue causa de sus desventuras. Hijo del rey Juan y de Cristina de Sajorna, Cristian nació en el castillo de Nyborg el 1° de julio de 1481. Su juventud transcurrió en la corte de su padre, hasta que en 1502 fue nombrado virrey de Noruega.

Ejercitó este cargo con singular capacidad, lo que permitía abrigar fundadas esperanzas sobre su futura sucesión al trono danés. Esta tuvo lugar en 1513.

Al mismo tiempo fue proclamado rey de Noruega, pero los delegados suecos se negaron a designarle monarca de su país. Este hecho implicaba la ruptura de la Unión de Calmar, cuya existencia se remontaba a un siglo antes. Desde 1514 Cristian II aprestó sus armas para reducir a los patriotas suecos, acaudillados por Stenon Sture.

Después del fracaso de dos tentativas, el ejército danés logró derrotar al sueco en Bogesund y Tiveden (enero de 1520), éxitos que libraron Suecia a Cristian II, pese a la heroica resistencia de Estocolmo, dirigida por la viuda de Sture, Cristina.

El 4 de noviembre de 1520, el rey de Dinamarca fue coronado en la catedral de la capital sueca. Pero este triunfo fue seguido por tan duras represalias (baño de sangre de Estocolmo) que le enajenaron todas las voluntades.

De regreso a Dinamarca, Cristian II continuó practicando su política de sujeción de la nobleza, iniciada en 1517con la muerte del magnate Tarben Oxe. Después de una breve estancia en los Países Bajos, donde trabó relaciones con Durero, Matsys y Erásmo, el rey quiso implantar una serie de reformas sociales, políticas v económicas, contenidas en el llamado Lande-lore o Código de Leyes (1552).

Estas reformas eran beneficiosas, pero chocaban con el espíritu de los privilegiados, tanto la nobleza y el alto clero como la burguesía gremial. Aprovechando la emancipación de Suecia bajo el caudillaje de Gustavo Vasa, los Países Bajos intentaron arrebatar a Dinamarca el control del Sund, auxiliados por la ciudad hanseática de Lubeck.

Al mismo tiempo, se sublevaba Jutlandia, región que proclamó rey al duque Federico de Holstein (20 de enero de 1523). Ante tal cúmulo de dificultades, Cristian II abandonó el país el 1° de mayo y se trasladó a Veere, en Zelanda.
Aquí vivió durante algunos años, con la esperanza de recobrar el poder.

Intrigó mucho, incluso cerca del emperador Carlos V, de quien era cuñado, pues en 1515 había contraído enlace con Isabel de Austria. En 1531 creyó llegada su oportunidad. Se embarcó para Noruega, donde esperaba hallar el apoyo del obispo de Trondjem.

El 29 de noviembre se proclamó rey del país en Oslo. Pero su aventura terminó malísimamente. Su flota fue destruida en Aggerhuus y él capturado (1532).

Pasó el resto de su vida, hasta su muerte, sobrevenida el 25 de febrero de 1559, en los castillos de Sonderborg (1532-1549) y Kalundborg (1549-1559).

Biografia de Maximiliano I de Austria Desarrollo de su Reinado

Biografía de Maximiliano I de Austria

MAXIMILIANO I Archiduque de Austria y emperador de Alemania (Wiener Neustadt, 1459 – Wels, 1519). Entre su padre Federico III y su nieto Carlos V, Maximiliano I de Austria despliega sus brillantes cualidades físicas, morales e intelecto para remediar la crisis de la autoridad monárquica en Alemania y restablecer su hegemonía imperial en Europa.

Era hijo del emperador Federico III, a quien sucedió en 1493. Su matrimonio con María de Borgoña, heredera de Carlos el Temerario (1477), hizo entrar en el patrimonio de la Casa de Habsburgo los Países Bajos y el Franco Condado; para ello, hubo de concertar un acuerdo con Francia por el Tratado de Arras (1482), en virtud del cual se repartían los dominios borgoñones entre Austria (Países Bajos y Franco Condado) y Francia (Picaría y Borgoña), tras la muerte de su mujer en aquel mismo año.

Biografia de Rey Maximiliano I de Austria
Rey Maximiliano I de Austria:recibibió de su padre, Federico III, en 1493, una sustanciosa herencia: Austria, Hungría, otras posesiones, y el derecho prioritario al reino de Alemania y al título de emperador. Por entonces, la casa de Habsburgo, llamada también de Austria desde fines del siglo XIII, ya figuraba entre las más poderosas de Europa.

Durante su reinado inició una serie de desgraciadas empresas guerreras y una desafortunda su política interior que sumado a su sistema de enlaces monárquicos no consiguió para nada un gobierno exitoso.

Maximiliano hubiera sido un emperador de fama imperecedera si Alemania le hubiese secundado y si, por su parte, hubiese puesto en sus empresas no tanta fantasía y un poco más de sentido práctico.

Con todo, su nombre destaca con simpático relieve en la historia de fines del siglo XV y de comienzos del XVI.

Hijo de Federico III, el emperador de los infortunios, y de Leonora de Portugal, nació Maximiliano en Wiener-Neustadt el 22 de marzo de 1459. El rumbo de su política quedó fijado desde su juventud, cuando su padre y Carlos de Borgoña concertaron su matrimonio con María Blanca, heredera de los Países Bajos.

El anciano emperador había transmitido también al hijo una divisa —A.E.I.O.U.— iniciales de la frase que resumía su política: «Austriae Est Imperare Orbi Universo», o sea, «La Casa de Austria debe reinar sobre el inundo entero». Para poner en ejecución esa idea, Maximiliano 1 confió, como su padre, en la eficacia de la solución propuesta por un viejo proverbio: «Si no tienes fortuna, cásate con ella».

Pese a la oposición de Luis XI de Francia, quien ambicionaba la mano de la duquesa para su hijo Carlos, el casamiento tuvo lugar el 19 de agosto de 1477, poco después que el Temerario perdiera la vida ante los muros de Nancy. Por este simple hecho, Maximiliano se convertía en heredero de la política ducal de Borgoña y en rival implacable de Francia.

Esta hostilidad se tradujo inmediatamente en una guerra formal. Maximiliano triunfó en Guinegate (1479), pero tuvo que ceder ante Luis XI por la paz de Arras (1483), motivada por las discrepancias interiores de Flandes. Un año antes, había muerto María Blanca, y la posición de su esposo se había debilitado mucho.

En 1488 fué hecho prisionero por los mercaderes de Brujas, que sólo le devolvieron la libertad ante la amenaza de un ejército imperial que acudió en su ayuda.

La situación quedó restablecida cuando en 1493 Carlos VIII de Francia, deseoso de librarse de enemigos para sus empresas de Italia, restituyó el Franco Condado y el Artois a Maximiliano por el tratado de Senlís. Poco después, el 19 de agosto de 1493, sucedía en el trono de Alemania a su padre, quien había preparado su elección como rey de romanos en 1468.

Seguro el Imperio por Occidente, Maximiliano intentó impedir la expansión de Francia en Italia. Así su nombre se halla vinculado al de las guerras que se desarrollaron en esta península entre 1494 y 1519.

Recordemos que la llave de la hegemonía militar en Italia se hallaba en el Milanesado, y que los emperadores de Alemania se consideraban soberanos de este territorio. Por otra parte, Maximiliano se casó (1494) en segundas nupcias con Blanca María Sforza, sobrina de Ludovico el Moro, duque de Milán.

Estos detalles explican las repetidas intervenciones de Maximiliano en la política italiana y, además, su alianza con los Reyes Católicos de España, robustecida en 1497 con los enlaces del príncipe Juan y de la princesa Juana, hijos de estos monarcas, con sus propios hijos, Margarita y Felipe, respectivamente.

Maximiliano participó en la liga de Venecia de 1494, dirigida contra Carlos VIII de Francia; en la liga de Cambrai de 1508, ésta lanzada contra Venecia; en la Liga Santa de 1511, de nueva contra Francia; y, por último, en la liga de Marignano de 1513, también contra Francia.

En Italia, España se hizo próspera; pero Maximiliano sólo recogió reveses y derrotas. En 1509 perdió todo su crédito militar en el asedio de Verona; y en 1515 el desastre de Marignano libró el Milanesado a Francisco I de Francia…..

Poco más feliz fué el resultado de su política dama biana, que tendía a la restauración de la monarquía de los Austrias en Hungría. Después de la muerte Matías Corvino en 1490, Maximiliano había penetra do en Hungría en son de guerra y conquistado Alba Real (1491).

Pero tuvo que resignarse a aceptar la elección de Ladislao Jagellón por los húngaros. Desde en tonces procuró anudar lazos dinásticos con el monarca de Bohemia y Hungría, lo que logró en 1515, a bai enlace de Ana, heredera del Jagellón, con uno sus nietos (en 1521, Fernando casó con ella).

En el interior del Reich, Maximiliano procuro po ner freno a la anarquía dimanante del reinado de Fe derico III.

En una serie de Dietas, desde la de Worm de 1495 a la de Colonia de 1512, se arbitraron muchas disposiciones para equilibrar los deseos del poder im perial y las ambiciones de los príncipes electores: se instituyó un tribunal imperial, una junta del Reich (Reichsregiment), un impuesto general y una división administrativa en «círculos».

Pero ninguna de esas re formas fue suficiente para impedir el declive del poder central en Alemania.

Maximiliano murió el 12 de enero de 1519 en Wels mientras preparaba la elección de su nieto Carlos a la corona de Alemania. Su fortuna había sido precaria; pero, en cambio, había establecido con firmeza las bases del poder de los Austrias en Europa.

La «diplomacia matrimonial» ofrecía ventajas considerablemente ma-yores que la política de guerras de conquista, sobre todo para la economía de recursos.

Fue pensando así como Federico III había casado a Maximiliano con María de Borgoña, heredera de los Países Bajos —riquísimo centro comercial— y del Franco Condado. Con ese mismo objetivo, Maximiliano, a su vez, envió emisarios en sondeos diplomáticos por toda Europa en busca de casamientos ventajosos para sus hijos.

La elección recayó en España. La península, en proceso de unificación gracias al matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla —los Reyes Católicos—, había incorporado recientemente a sus riquezas las promisorias tierras del Nuevo Continente: América.

Sin duda, excelente dote para los numerosos hijos del matrimonio. Muy exitoso en las negociaciones, Maximiliano casó a su hijo Felipe (llamado el Hermoso) con Juana de Castilla, y a su hija Margarita con Juan de Aragón, único hijo varón y heredero de los reyes peninsulares. Se estableció así una sólida alianza entre el Imperio Romano Germánico (o, por lo menos, entre la Casa de Austria) y los soberanos españoles.

Pero no todo ocurrió como se había previsto. Algunos meses después del casamiento, el Infante Don Juan muere. Maximiliano advierte a Felipe: «Tu hermana Margarita quedó viuda y sin hijos.

Por lo tanto, cabe ahora exclusivamente a ti la responsabilidad de traer al Imperio la corona española». El hijo no lo decepciona: en siete años su mujer da a luz seis hijos, y el primogénito, Carlos, será el heredero del trono de España. Felipe no llega a ver el nacimiento de la última criatura, ya que muere en el año 1506.

Fuente Consultada:
Mil Figuras de la Historia Universal Tomo I Entrada Maximilano I de Austria
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Editorial Abril

Francia y el Absolutismo de Luis XIV:EL estado soy yo Poder de Rey

Francia y El Absolutismo, Luis XIV: El Estado Soy Yo 

rey de francia luis xivEL ABSOLUTISMO EN EUROPA: Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real iniciado desde finales de la Baja Edad Media.

Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo. (Ampliar: Gobierno Absolutista)

El reinado de Luis XIV
Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV.

Mazarino y La Fronda
El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. Poco después de que finalizara, los nobles amotinados del sur se rebelaron y, antes de que la revolución fuera aplastada, una guerra civil arrasó de nuevo diversas zonas de Francia. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

El absolutismo de Luis XIV A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente.

Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía de orden interno que le ofrecía el gobierno, el fomento activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

Luis XIV y la Iglesia El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo, que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

Mecenazgo de las artes El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue —y sigue siendo— incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia.

Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un surintendant (supervisor) de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de las Ciencias.

Regulación de la economía El ministro de Finanzas, Jean-Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.(ver Mercantilismo)

La persecución de los hugonotes Antes de finalizar su reinado, los gastos de las guerras habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes.

Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

Las guerras de Luis XIV Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y bien equipados.

En 1667, el monarca empleó este ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones estratégicas y económicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nimega (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades fortificadas en el sur de los Países Bajos.

En 1689, una alianza de poderes europeos, la Liga de Augsburgo, entró en guerra con Luis XIV para poner fin a su política de anexionar territorios adyacentes a ciudades conseguidas en tratados anteriores. Los ocho años de guerra terminaron con la Paz de Ryswick, acuerdo en el que ambas partes renunciaron a sus conquistas, aunque Francia retuvo la ciudad de Estrasburgo en Alsacia.

Los combatientes habían resuelto solucionar sus diferencias debido a que una nueva crisis internacional asomaba en el horizonte. Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo. Un mes antes de su muerte, nombró para sucederlo al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Aunque Luis había defendido anteriormente la división de la herencia de la monarquía española, decidió apoyar la candidatura de su nieto a todo el territorio. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron en una coalición para evitarlo. La guerra de Sucesión española duró trece agotadores años. Al final, Luis consiguió su principal objetivo y su nieto se convirtió en rey de España con el nombre de Felipe V.

El fin del reinado de Luis XIV La guerra, junto al frío invierno de 1709 y a una escasa cosecha, provocó en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas políticas y fiscales. Una epidemia de viruela que tuvo lugar entre 1711 y 1712 acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando un único superviviente por línea directa, el biznieto de Luis, que tenía 5 años de edad. Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

BALANCE DE UN REINADO

La edad (77 años) que había alcanzado Luis XIV no había podido hacerle cambiar el ritmo de su vida: continuaba siendo un gran cazador y trabajaba a sus horas habituales. Sin embargo, en agosto de 1715, manchas negras, reveladoras de la gangrena, aparecieron en su pierna izquierda. La muerte no podía asustarle, y el último acto de este gran actor de teatro estuvo lleno de dignidad y de grandeza, como lo había estado su vida.

Habiendo recibido a su sobrino y futuro regente, el duque de Orleans, pronunció estas palabras: «Vais a ver a un rey en la tumba y a otro en la cuna. Acordaos siempre de la memoria de uno y de los intereses del otro». Después se dirigió al pequeño delfín: «Me ha gustado demasiado la guerra; no me imitéis en esto, y tampoco en los grandes gastos que he hecho». Murió el 1 de septiembre de 1715, a las ocho de la mañana.

Luis XIV fue la encarnación magnífica de la realeza que permitió a Francia alcanzar la cumbre de su poderío, de su esplendor, de su expansión. El balance de su reinado incomparable, aparece menos brillante que su fachada suntuosa cuando se le examina con frialdad: rencor tenaz de los países asolados, bancarrota financiera, apuros económicos, persecución de los protestantes y de los jansenistas, fundamentos de la monarquía quebrantados. Todo esto forma un pasivo aplastante.

Sin embargo, el monarca, adorado en 1661, odiado en 1715, reforzó las fronteras, libró al país de las guerras civiles, sometió a la nobleza revoltosa, y de una nación aún tosca, hizo el modelo del Occidente civilizado. Absorbiendo a sus súbditos como el Estado le había absorbido a él, Luis fue un precursor de los jefes totalitarios modernos: cambió de arriba abajo su reino, y su invencible necesidad de unidad lo llevó muchas veces a sacrificar la tradición realista a los sueños desmesurados.

Aunque no supo ganar los corazones, sus citará siempre admiración, pues durante más de medio siglo se impuso, sin un des fallecimiento, a los ojos del mundo entero con la grandeza de un semidiós, mereciendo el homenaje de su enemigo Saint-Simón: «Esto es lo que se llama vivir y reinar». Pero en Saint Denis, ante el catafalco real y toda la corte, el predicador Massíllon comenzó su oración fúnebre recordando: «Sólo Dios es grande, hermanos míos…»

Ver: El Absolutismo Monárquico