Ricardo Balbín

Biografía de Balbín Ricardo Líder Político del Radicalismo Argentino

Biografía de Balbín Ricardo
Líder del Radicalismo en Argentina

Ricardo Balbín, para muchos el último caudillo de la política criolla, nació en Buenos Aires el 29 de julio de 1904. Prontamente sus padres (dos inmigrantes españoles) se trasladaron a la ciudad de La Plata y ése será su definitivo lugar de radicación. Buenos Aires, apenas, un sitio donde estudiar: primero como interno del Colegio San José, luego como alumno de la Facultad de Medicina. Pero más allá de ser un buen estudiante, era el quehacer político lo que más atraía al joven Balbín.

Ricardo Balbin

Ricardo Balbín (1904-1981), político argentino. Hijo de españoles, nació en la provincia de Buenos Aires. Estudió en un internado, con el hijo de Pedro Solanet, y gracias a éste tuvo su primera participación en política, a los 12 años, en una manifestación para ver la llegada del candidato. Estudió luego en el colegio San José de Buenos Aires y en cuanto cumplió los 18 años se inscribió en la Unión Cívica Radical (UCR). Tras cursar un año en la Facultad de Medicina, hubo de abandonar por razones económicas. En marzo de 1924, comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de La Plata, concluyendo en 1926.

La militancia radical
«Yo creo que nací radical», ha expresado Ricardo Balbín en muchas oportunidades. Coherente con ese sentimiento, apenas cumple los 18 años se afilia al partido: «El radicalismo, en primer lugar, representaba la liberación del país y, sobre todo, la liberación del individuo. Hay que tener en cuenta que aquella época era muy distinta de la actual.

Entonces coexistían dos expresiones políticas: el viejo régimen, como lo calificó Yrigoyen y la causa del pueblo». Balbín había elegido la segunda. Cuando volvió a La Plata —abandonó sus estudios de medicina por motivos económicos— se enroló en la Facultad de Derecho y trasladó a ese campo su militancia radical.

Fue secretario de la Federación Universitaria, hasta que el rector Benito Nazar Anchorena, conservador de pura cepa, decidió expulsarlo, esgrimiendo motivaciones harto conocidas: promover disturbios, en su condición de líder estudiantil. Reincorporado a los pocos meses, pronto finalizó su carrera y a los 22 años ya tenía su diploma de abogado.

En 1930, la revolución militar de setiembre arrasa con la Constitución. La mayor parte de la dirigencia radical va a prisión y los jóvenes, con más entusiasmo que que otra cosa, deben asumir el compromiso de preservar la estructura partidaria.

El 7 de octubre de ese mismo año, una movilización juvenil con banderas rojas y blancas copa la ciudad de La Plata. Se divide a ésta en secciones y a cada una de ellas se le asigna un presidente. Pero la Primera Sección queda desguarnecida, se carece de dirigentes que ejerzan su presidencia. Es entonces que algún joven, como él, sugiere a Balbín: «¿Por qué no sos vos el presidente?». Aceptó esa responsabilidad. Estaba naciendo otro líder del partido.

El largo camino
Ya antes, también por el año 30, Ricardo Balbín se había destacado. Cuando el presidente Yrigoyen decidió intervenir la provincia de Mendoza, él fue nombrado fiscal de Crimen, un cargo especialmente comprometido, donde los hombres se granjeaban con facilidad los odios de sus semejantes, que a veces trataban de tentarlos y de comprar sus conciencias y otras veces procuraban defenestrarlos, si el funcionario resultaba íntegro.

Lencinistas y conservadores lo hicieron centro de sus críticas y el joven político fue conociendo la dureza de la lucha por el poder. De todas formas, en 1931 ya estaba de vuelta en Buenos Aires y el 5 de junio de ese año era elegido diputado provincial por la Tercera Sección Electoral. El gobierno anuló la elección, pero no obstante, en 1933 volvía a ser electo.

El 7 de diciembre de 1942, obtuvo nuevamente una banca en la legislatura provincial: su participación en esa elección, que se presumía fraudulenta, fue muy criticada. Pero el ya fogueado dirigente daba buena respuesta a esas críticas: «Ustedes compórtense como se debe en una elección, que si hay fraude yo renuncio a mi banca». El fraude se produjo y la renuncia también.

Los primeros gobiernos del peronismo
En 1946, Balbín accede a la Cámara de Diputados del Congreso Nacional. Es nombrado presidente del bloque e integra de ese modo el famoso grupo de los 44 opositores al peronismo. En esa época comienza también a hablarse con respeto de sus sobresalientes dotes de orador. Su crítica al oficialismo se concentra en el monopolio de los medios de comunicación, la falta de libertad de expresión, el régimen policial, el culto a la personalidad, el manejo de fondos. Por entonces, otro diputado hacía también sus primeras armas: se llamaba Arturo Frondizi.

Esta línea definidamente opositora de Ricardo Balbín le acarreó su expulsión de la Cámara. El 29 de setiembre de 1949 se lo acusó de desacato a Perón. Sin fueros parlamentarios y con 14 procesos instruidos en su contra, fue detenido el 12 de marzo de 1950, justo en el momento en que abandonaba un local comicial en donde había sido consagrado candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires. Recorre las cárceles de Rosario y San Nicolás, para ser alojado, finalmente, en la celda 24 del Penal de Olmos.

Recién el 2 de enero de 1951, merced a un indulto presidencial recupera su libertad, después de 297 días de prisión. Su temperamento se mantiene incólume y en las siguientes elecciones presidenciales es el candidato por el radicalismo, secundado por Arturo Frondizi como compañero de fórmula. Obtiene de esa manera 2.416.712 sufragios mientras que Perón-Quijano triunfan inapelablemente, con 4.744.803 votos a su favor. Sigue luego un endurecimiento de las condiciones políticas, la oposición radical se vuelve muy marcada y la figura de Balbín juega un papel preponderante: sus apariciones públicas terminan generalmente en incidentes y el orador es frecuentemente detenido.

La división de la Unión Cívica Radical
El desgaste del peronismo precipita su caída y la llamada Revolución Libertadora entra a escena. Un año después de los enfren-tamientos armados, . en noviembre de 1956, la UCR se divide: Frondizi llamó a la Convención Nacional del Partido a Tucumán a fin de elegir la fórmula presidencial para las futuras elecciones y esa convención lo designó candidato. Balbín había exigido que el nombramiento se realizara a través del voto directo de todos los afiliados y la ruptura fue inevitable, Unión Cívica Radical del Pueblo se llamó el sector que de allí en adelante él acaudillaría.

En las elecciones de constituyentes de 1957, la UCRP obtuvo la primera minoría con 2.117.160, pero en las presidenciales de 1958 el escenario político fue testigo de la segunda frustración de «El Chino», derrotado por el binomio Frondizi-Gómez gracias al traspaso unánime de los votos peronistas.

Nuevamente en la oposición, Balbín fustiga la política del fron-dizismo, especialmente en sus aspectos vinculados con los contratos petroleros. Frondizi es derrocado por un golpe militar y en 1963 nuevamente salen a luz las urnas. Un sector del partido propone entonces a Balbín la candidatura a presidente de la República. Acaso por un cálculo equivocado de sus posibilidades, Balbín la rehusa, cediendo el lugar al doctor Arturo Illia, quien triunfa en las elecciones y gobierna hasta el golpe militar de junio de 1966.

La vuelta del peronismo
«Las antinomias no nos impiden trabajar juntos para superar a los regímenes de fuerza y abrir las puertas a una solución democrática fundada en la soberanía nacional»: con estas palabras, Ricardo Balbín explicaba la participación de radicales y peronistas en La Hora de Pueblo», un nucleamiento no electoral que reclamaba con urgencia al gobierno de Lanusse una salida constitucional inmediata.

Las viejas épocas de encarcelamientos y persecuciones quedaban atrás. Perón regresa al país el 17 de noviembre de 1972 y Balbín se encuentra con él en la famosa reunión del restaurante Niño. Los dos líderes conversan también en la casa del general, en Gaspar Campos: «Yo con Balbín voy a cualquier parte», expresa Perón mientras se abrazan. De todas maneras, volverán a enfrentarse en las urnas.

El 19 de diciembre de 1972, se produce la proclamación de la fórmula Ricardo Balbín-Eduardo Gamond, derrotada a la postre por los candidatos del FREJULI. Después de la renuncia de Cámpora, De la Rúa lo secundará en la disputa electoral contra Perón e Isabelita. Cuando Perón desaparece, se produce un verdadero vacío de poder. El ya anciano general lo había previsto y según algunos habría manifestado su deseo de realizar una verdadera transferencia del gobierno al líder radical, solución que resultó totalmente impracticable desde el punto de vista constitucional.

Balbín despidió los restos, de Perón con un memorable discurso: «Vengo a despedir los restos del señor Presidente de la República de los argentinos, que también con su presencia puso el sello a esta ambición nacional del encuentro definitivo. . . No sería leal si no dijera que vengo también en nombre de mis viejas luchas. . . pero frente a los grandes muertos tenemos que olvidar todo lo que fue error, todo cuanto en otras épocas puede ponernos en las divergencias y en las distancias. . . Sabrán disculparme que en esta instancia de la historia de los argentinos, precisamente en estos días de julio, el país enterraba a otro presidente, el doctor Hipólito Yrigoyen. . . «Y concluía: «Este viejo adversario despide a un amigo».

Durante la gestión de Isabel Perón, por momentos el caos y la corrupción llegaron a límites intolerables. Pero Balbín dice: «Somos partidarios de la estabilidad y de la democracia, lo que a veces nos hace aparecer como ridículos en vista de los tremendos errores que se cometen a diario. Empero, las instituciones son irreemplazables. Este gobierno debe llegar a su término, aunque sea con muletas«. Ni así llegó.

Sobrevino luego otro gobierno militar, lleno de soberbia y arrogancia. Otra vez la política fue suspendida y los políticos condenados. Otra vez, sin embargo, los inevitables errores de los gobernantes fueron devolviendo a esos viejos políticos su lugar en la escena cívica.

Como antaño, reconstruir un clima de convivencia civilizada, una alternativa democrática frente al régimen militar, fue la preocupación central de Balbín. Nadie, excepto él, podía convocar a los principales dirigentes partidarios, que conformaron la Multipartidaria.

Nadie como él, tantas veces perseguido, tenía la suficiente autoridad moral como para postergar antiguos rencores sin despertar suspicacias. Su muerte, el 8 de setiembre de 1981, fue sin duda un duro golpe para esa semilla que luchaba por sobrevivir.

Su entierro, en cambio, —la primera gran manifestación popular en muchos años— reveló que el espíritu cívico de los argentinos, aunque aletargado, aún vivía.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo II – Biografía de Ricardo Balbín –  Editorial Redacción

Biografia de Justo José de Urquiza La Confederacion Argentina

Biografía de Justo José de Urquiza
Gobernador  De La Confederación Argentina

Introducción: La historia de este ser, es rica en actos y acciones que lo definen como un patriota con gran visión del futuro y poseedor de un tesón y voluntad indomables. Para poder efectuar un retrato, más o menos hilvanado y que refleje su trayectoria, es necesario comprender que dadas las múltiples facetas de su actuación, resulta imprescindible dividir esta historia en tres capítulos que, aunque parecen diferentes, no lo son así y están perfectamente ligados, reflejando sus acciones y su razón en los distintos momentos de su existencia. Por esta razón consideramos que es necesario estudiar a Urquiza bajo los siguientes capítulos a saber:

a) Urquiza hombre

b) Urquiza militar

c) Urquiza estadista

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Solo así se llega a comprender las virtudes que supo plasmar en páginas memorables de nuestra historia patria.

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Por ahora veamos una breve biografía del libro: «Los Hechos Que Cambiaron La Historia Argentina del Siglo XIX» de Ricardo J. de Titto, Ediorial Ateneo

Justo José de Urquiza: Nació el 18 de octubre de 1801 en Talar del Arroyo Largo, al norte de Concepción del Uruguay. Hijo de estanciero, se educó en Buenos Aires en el Colegio de San Carlos, y en 1818 regresa a Concepción para dedicarse al comercio. Se alista como oficial en la milicia y en 1823 participa en una conspiración para destituir al gobernador Lucio Mansilla.

Exiliado en Corrientes, vuelve a los negocíos y regresa a Entre Ríos, donde es elegido legislador provincial. En 1836, Rosas lo coloca al mando de la división de observación en la frontera uruguaya. Durante los quince años siguientes Urquiza apoyará a Rosas como oficial y aliado político.

En 1841 accede a la gobernación de Entre Ríos. En la guerra civil, invade al Uruguay en 1842 y derrota a Rivera en India Muerta en marzo de 1845. Después, vence a los unitarios Madariaga y Paz. Urquiza designa gobernador de Corrientes a su amigo Benjamín Virasoro y, a fines de 1845, es reelecto gobernador de Entre Ríos.

En mayo de 1851 convoca a celebrar un congreso nacional, enfrentando abiertamente a Rosas, y conforma una alianza con el Brasil y el gobierno de Montevideo. Con el Ejército Grande derrota a Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852.

Por el Acuerdo de San Nicolás, es nombrado director provisional de la Confederación Argentina y convoca un Congreso General Constituyente, que, sin Buenos Aires, sanciona la Constitución Federal de 1853. Al año siguiente es designado primer presidente constitucional de la República Argentina, con su capital en Paraná, Entre Ríos.

Durante su gobierno la instrucción pública, el comercio, la producción, las ciencias y las comunicaciones reciben un gran impulso.

En octubre de 1859 derrota a las tropas bonaerenses de Mitre en Cepeda y firma e. Pacto de San José de Flores, por el cual Buenos Aires se incorpora a la Confederación. Al año siguiente delega la Presidencia en el recién electo Santiago Derqui y es gobernador de Entre Ríos (1860-1864). Tras la batalla de Pavón, de septiembre de 1861, acuerda retirarse a su provincia; Mitre es electo presidente y Buenos Aires se convierte en capita^ de la República.

Los federales entrerrianos de Ricardo López Jordán acusan a Urquiza de venderse a los porteños y, después de que Urquiza apoya la candidatura presidencial de Sarmiento  lo recibe en febrero de 1870, el 11 de abril lo asesinan en su residencia y matan a sus hijoí Justo y Waldino en Concordia.

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Urquiza Hombre:

Es necesario conocer su actuación y/o actividad antes de ser llamado por el destino para desempeñarse en cargos públicos.

En rápida síntesis se llega a entender que lo animaba un espíritu batallador, con clara inteligencia para emplearla cabalmente en sus proyectos particulares. Su trabajo, su visión de futuro y de progreso, lo llevaron a poseer una gran fortuna, producto de sus afanes y desvelos para progresar y lograr una desahogada posición económica. Urquiza fue un gran hacendado y empresario de primer orden. Organizó un saladero, de su propiedad, situado sobre el Arroyo de La China, en los alrededores de Concepción del Uruguay, comenzando a funcionar en 1847, llegando a movilizar un capital superior al presupuesto de la provincia de Entre Ríos.

Allí se industrializaron vacunos, equinos y porcinos, calculándose alguna faena en más de cuarenta y cinco mil animales.

Además de la salazón de carnes y cueros, se elaboraban velas, jabón blanco, amarillo y negro, también perfumado. Los productos industrializados se exportaban, casi totalmente a Brasil, Cuba, Londres, Río de Janeiro y Montevideo.

Cuando fue llamado a la función pública, era un terrateniente de sólido presente y promisorio futuro. Señalo este aspecto, con particular énfasis, con el fin de dejar en claro que su fortuna fue lograda con anterioridad a su designación.

Sus antecedentes familiares se remontan (para nosotros) al mes de marzo de 1774, en donde un niño de solo doce años, Joseph Narciso de Urquiza abandonó su casa paterna en España para emprender la tentadora aventura de la América.

Niño aún llegó a Buenos Aires recomendado a su tío materno Don Mateo de Alzaga, quien lo inició en las actividades comerciales.

Años después, siendo un experimentado comerciante, contrajo enlace con la joven Doña Cándida García y con el corres del tiempo y con permanencia en Buenos Aires nacieron algunos de sus hijos. En esta situación, apreciaba que su panorama futuro se veía limitado ya que el quería para si y para sus hijos un futuro venturoso y con posibilidades de progreso ilimitadas.

Fue entonces que, con su familia, decidió dejar Buenos Aires y afincarse en Entre Ríos donde se transformó en un próspero terrateniente, llegando a ocupar el cargo de mayor jerarquía en la costa del Uruguay, Comandante General de los Partidos de Entre Ríos.

El 18 de Octubre de 1801 nació su hijo Justo José en su estancia del Talar del Arroyo Largo, hoy Arroyo Urquiza, a escasos kilómetros de Concepción del Uruguay.

Justo José cursó sus estudios primarios comunes impartidos por sacerdotes. Posteriormente ingresó al Colegio San Carlos, en Buenos Aires. Dos años después el colegio se cerró, por lo que él, aún muchacho, regresó a Concepción del Uruguay donde ejerció desde 1819 diversas actividades. La prosperidad de sus negocios fue la base de su cuantiosa fortuna y poco después llegó a alcanzar una posición espectable en la vida de la provincia y del país.

Las luchas surgidas entre Federales y Unitarios, agitaba la vida de los pobladores lugareños. Urquiza se suscribió al partido federal y fue elegido Diputado Provincial en 1826. Varios proyectos de su autoría revistieron singular importancia, mereciendo destacar entre ellos el auspicio del fomento a la educación.

El Congreso lo aprobó y en ese decreto se establecía la construcción en cada villa de la provincia y en los pueblos de un edificio escolar y la contratación de maestros idóneos para la impartición de la enseñanza.

En 1841 fue elegido Gobernador de Entre Ríos y a partir de ese comienza a mostrar sus grandes dotes de estadista. (ver los Hijos de Urquiza)

Urquiza Estadista

Urquiza que inicialmente era partidario del accionar de Juan Manuel de Rosas experimentó un cambio en su pensamiento y accionar cuando con clarividencia que secundar la política rosista, como lo venía haciendo, significaba acentuar y prolongar indefinidamente los desencuentros argentinos.

Algunas de las medidas tomadas por Rosas, como el cierre de los ríos a la navegación extranjera perjudicaban la economía de las provincias del litoral y de los países vecinos. Al respecto, se le atribuyen palabras cargadas de sentimiento federal y contrarias al monopolio de la ciudad porteña: «Rosas pone trabas a fin de que Buenos Aires sea la aduana de toda la República y las provincias sean tributarias perpetuas»

vida de Urquiza Militar

Urquiza meditó un plan institucional con la misma cautela con que trazó su estrategia militar. Nada quedó librado al azar y advirtió que aún no estaba en condiciones de enfrentar a Rosas militar. Sabía que el tiempo era su aliado y sus miras estaban puestas en la organización del país a través de una constitución que reconociera el sistema federal como expresión genuina de los pueblos del interior.

Luego de la exitosa campaña correntina, Urquiza ya estaba en condiciones de ocuparse personalmente de las tareas de gobierno y poder dedicar sus esfuerzos al proyecto nacional.

La adopción de medidas de orden educativo, cultural y económico surgieron en gran profusión, sin contar las administrativas, judiciales y militares.

Entre Ríos adquirió tal prosperidad que sobresalió netamente entre sus hermanas de la confederación y solo rivalizó con Buenos Aires. Se preocupó por la mejora del ganado, principal riqueza de la provincia y además impulsó la agricultura para la que proveyó medidas adecuadas.

La economía entrerriana puede decirse que al promediar el siglo XIX era muy próspera. Según estadísticas, las exportaciones superaban a las importaciones lo que permitió encarar obras de envergadura, tales como edificios públicos y escuelas.

Entre las escuelas también debe contarse la que fue su obra cumbre en la educación, me refiero a la fundación del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, el cual tenía un designio bien marcado: formar las generaciones dirigentes del país a organizarse.

El Colegio tuvo categoría superior e incluso funcionaron el él una Escuela de derecho y otra de Estudios militares. Finalizada la campaña a Corrientes Urquiza pensó resarcirse de la dura vida de los campamentos militares y para ello contrató a arquitectos italianos para proyectar y dirigir lo que sería su suntuosa residencia campestre en San José.

Merece destacarse que en ese predio ordenó también la creación de una capilla, la que puso bajo la advocación de San José. Para la ocasión de la inauguración asistió el Nuncio Pontificio Monseñor Marino Marini, lo que constituyó un hecho auspicioso para el país, pues este acercamiento facilitó la reanudación de las relaciones con el Vaticano, suspendidas desde 1810.

Las desinteligencias con Rosas llevaron a Urquiza a acelerar su proyecto para la organización del país. Para este fin trató el tema con distintos gobernadores, más en su mayoría, por temor u obsecuencia, le negaron su apoyo.

Fue entonces que, demostrando la firmeza de su carácter y la claridad de sus convicciones dio a conocer el 1 de Mayo de 1851 el decreto conocido con el nombre de pronunciamiento, que fuera redactado el día anterior por su secretario Dr D Juan Francisco Seguí, en el Palacio San José.

Por ese decreto, la provincia de Entre Ríos reasumía las facultades inherentes a un estado soberano y retiraba los delegados en el gobierno de Buenos Aires.

Desde ese momento, Entre Ríos quedó en aptitud de entenderse directamente con los países de la comunidad internacional hasta que la reunión de un congreso nacional constituyera definitivamente la república.

Los sucesivos acontecimientos y, latente aún la conmoción producida por la derrota de Rosas en Caseros, reavivaron los deseos de lograr una Argentina unida sólidamente. Con este fin se lograron acuerdos entre los protagonistas de manera que las medidas que en el futuro se adoptaban debían ser el reflejo de los términos del acuerdo y nadie podía argumentar sorpresas o desconfianzas en su proceder.

El acuerdo de San Nicolás constituyó un trascendente documento de nuestra vida institucional, en el que se aunaron las voluntades de las provincias para organizar definitivamente el país bajo una conducción federal.

Sin embargo, no sucedió lo mismo con la recelosa Buenos Aires, que luego de Caseros renovó la cámara de representantes, y los miembros que la integraban eran, en su mayoría, contrarias a Urquiza, las cuales impugnaron lo actuado por el Gobernador Vicente López y Planes.

Los desencuentros entre porteños y provincianos afloraron con tanta o mayor virulencia que antaño. Con posterioridad, los Diputados designados como congresales fueron llegando a Santa fe, lugar escogido para que en él funcionara el Congreso Constituyente. Este, luego de intensas deliberaciones, sancionó el 1 de Mayo de 1853 la Constitución Nacional, que con algunas reformas, hoy nos rige.

Urquiza cumplió con el plan establecido, y con legítimo orgullo puede expresar: «Alzese, pues, bien alto la ley nacional y sea de todos profundamente respetada, puesto que a mi me ha cabido el deber de hacerla ejecutar».

Una vez en vigencia la constitución, se procedió al llamado a elecciones para la integración del ejecutivo y en su sesión del 20 de febrero de 1854, el Congreso proclamó la fórmula Justo José de Urquiza para presidente y como vice al Dr Salvador María del Carril.

Merece dejar en claro, que para la elección del vicepresidente había dos postulantes, el antes mencionado y el Dr Facundo Zuviría. La elección se presentaba sumamente reñida por lo que en el deseo de evitar posibles obstáculos y/o rozamientos, presentó su renuncia el Dr Zuviría.

Su alejamiento produjo el alejamiento de Santiago Derqui al gabinete. De inmediato se declaró a Paraná, capital de la Confederación, al mismo tiempo que se federalizó la provincia de Entre Ríos. Todas estas medidas tuvieron su rechazo por parte de Buenos Aires, lo que, mediante su acción opositora, puso en serios problemas económicos a la Confederación.

La secesión y el activo contrabando operaron en detrimento del pujante desarrollo a que aspiraban. Buenos Aires hizo sentir la ventaja que representaba el tener el puerto, el cual permitía el contacto directo con los puertos de ultramar. A las provincias litoraleñas solo podía llegar barcos de escaso porte, los cuales debían, por fuerza, transportar su carga a barcos de gran porte y que estaban construidos para soportar los embates del mar durante las largas travesías.

Se intentó obviar estas dificultades recurriendo al puerto de Montevideo. La idea de recurrir a los puertos chilenos de Copiapó y Cobija en el pacífico, solo fue viable para los productos de las provincias del noroeste y de Cuyo.

El Congreso desarrolló febril actividad y se adoptaron medidas de gran importancia, todas ellas muestran la clara disposición para hacer todo lo que sea posible para mejorar las condiciones de vida de la población, para lo cual se buscaba aumentar las fuentes de trabajo y por lo tanto el empleo de mano de obra, y simultáneamente posibilitar el incremento de la economía merced al aumento de la producción.

El Congreso tenía plena conciencia de la necesidad de fomentar la inmigración, a fin de intensificar la producción proveniente del agro y por lo tanto incrementar los saldos exportables. A tal fin se enviaron agentes a Europa para fomentar la inmigración y al mismo tiempo difundir mediante folletos y libros con noticias del país para conocimiento de los potenciales inmigrantes.

Sería demasiado extenso seguir enumerando logros y realidades alcanzadas por ese gobierno. Considero que lo expuesto permite formarse una idea cabal del extraordinario impulso dado en procura del engrandecimiento del país y de la independencia argentina que soñaban.

Los últimos años de su presidencia se vieron perturbados por el agravamiento de las relaciones con Buenos Aires, pese a los tratados de amistad y los deseos de integridad nacional. Buenos Aires y la Confederación se hallaban en virtual estado de guerra. De nada sirvieron las gestiones oficiales y oficiosas de extranjeros y particulares simpatizantes de la unión.

Ya planteado el problema y como única solución apelar a la lucha armada, corresponde en la semblanza de Urquiza hasta aquí tratado, considerar la última faceta del mismo, vale decir al Urquiza hombre y estadista, ahora en su rol de militar.

Urquiza Militar

Previo a tratar este aspecto en particular, creo conveniente mostrar rápidamente, cual si fuera una pincelada costumbrista, la situación política existente en el país en aquella época, a saber:

Buenos Aires, la poderosa provincia, era la llave de entrada y salida de todos los productos que se importaban o se exportaban. Las arcas del tesoro recibían fuertes ingresos provenientes de la aduana, en desmedro de las economías provinciales, las que se veían compelidas a comerciar bajo la intervención monopólica del mayor estado de la época.

Las provincias eran independientes entre si, pero padecían de un mal que se había enquistado en las clases gobernantes de aquel entonces, y este mal consistía que en su gran mayoría estaban gobernados por gobernadores que en realidad eran caudillos para los cuales su palabra, sus deseos y sus actos constituían la ley, y dejaban sentado que vulnerar sus designios era una falta gravísima y por lo tanto eran pasibles de sanciones y castigos de variada índole.

Como es lógico suponer, dentro de cada provincia existían hombres que se consideraban en condiciones de ser gobierno, potenciales enemigos de la autoridad existente y promotores de múltiples trabas en la acción gubernamental regional.

Además, varios gobernadores tenían aspiraciones de expansión territorial, por lo que tenían en su mente la idea de conquista basada en la fuerza y contundencia de las armas.

Esta situación produjo cruentos enfrentamientos, los que en realidad no eran luchas entre provincias sino guerras entre caudillos. Mucha sangre se derramó en estas contiendas, sangre que regó los campos de batalla, y que lo único que se logró fue el atraso regional y el retorno a una vida semi-salvaje.

Urquiza, si bien no tenía ansias de expansión, debió intervenir en distintos combates en defensa de ataques que se llevaron a cabo contra su provincia, la que era apetecida por caudillos que aspiraban adueñarse del as inmensas riquezas de sus provincia, riquezas logradas en base al trabajo, buena administración y espíritu de progreso, como así también el sentido de respeto y dedicación que supo inculcar a sus subordinados y a sus gobernados.

No entraré en detalle respecto de las luchas en que intervino, pues no hace mucho más a esta somera monografía, para ello cito estos enfrentamientos armados al solo título infinitivo, en Corrientes, la Banda Oriental y en la propia Entre Ríos. Los teatros de operaciones en que intervino fueron: Pago Largo, Sauce Grande, Caaguazú, Arroyo Grande, India Muerta y Laguna Limpia. Por esos lugares mostró su figura victoriosa y su comportamiento correcto y condescendiente para con el vencido.

El problema suscitado con Buenos Aires llevó a la intervención al Ejército Entrerriano a un enfrentamiento contra las fuerzas porteñas en los campos de Cepeda. Desde el mismo campo de combate, Urquiza lanzó una proclama destinada a los hombres de Buenos Aires y expresaba: «Deseo que los hijos de esta tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros, deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos».

La actuación cumbre de Urquiza militar se produjo cuando se decidió derrotar a Rosas, culpable y responsable de los virulentos desacuerdos entre porteños y provincianos.

Para la ocasión Urquiza formó el ejército grande, el que llegó a contar con algo más de veintiocho mil efectivos, y debía concentrarse en Diamante, Entre Ríos.

El posterior cruce constituyó una hazaña extraordinaria. Urquiza y su Ejército se internaron en territorio santafecino, en dirección a Buenos Aires. Rosas delegó transitoriamente el gobierno de su provincia para ponerse al frente de los efectivos.

El 3 de febrero de 1852, en las cercanías del Palomar de Caseros tuvo lugar el encuentro entre ambas fuerzas. Pocas horas duró la lucha y el Ejército de Rosas se derrumbó y con él a un largo periodo inconstitucional. Urquiza triunfador se instaló en la residencia de Rosas en Palermo y entre sus primeras medidas nombró gobernador de Buenos Aires a Vicente López y Planes. Secuela de este triunfo fue el Protocolo firmado en Palermo, donde se sentaron las bases para una reunión en San Nicolás de los Arroyos.

El 3 de mayo de 1852 se suscribió un acuerdo por el cual los gobernantes signatarios manifestaron su propósito de reunir un Congreso constituyente en Santa Fe. Reunido el mismo, el Congreso sancionó la Constitución Nacional.

Urquiza, en el orden interno de su provincia, tenía un acérrimo enemigo llamado Ricardo López Jordán, el cual tenía aspiraciones de gobernante, pero fue dos veces consecutivas postergado por su rival al cual profesaba intenso odio y sorda envidia. López Jordán reunió y dio instrucción a un grupo de trámite insurgente de asesinar a Urquiza.

El 11 de abril de 1870, ese grupo irrumpió en el Palacio San José, donde el héroe de tantas luchas recibió un balazo en la mejilla izquierda y aún herido marchó hacia su dormitorio en busca de un arma, pero fue ultimado antes de cumplir su propósito.

Luego de estos hechos, la Cámara Legislativa nombró como gobernador de Entre Ríos a López Jordán. El Gobierno Nacional sabedor de quien ordenó el asesinato de Urquiza mandó la intervención a Entre Ríos y se generó una lucha civil durante varios años en los cuales la provincia se vio inmersa en el caos, el terror y la muerte.

La posteridad reconoció tardíamente la obra de Urquiza y comprendió que la organización nacional por él diagramada fue el factor decisivo para lograr la grandeza y prosperidad que posibilitaron que la Argentina tuviera un papel preponderante en el mundo.

CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE URQUIZA:

1801:Nace Justo José de Urquiza, hijo de José de Urquiza y Cándida García, en El Talar del Arroyo Largo. Es bautizado el 21 en el curato de Concepción del Uruguay.

1817 : Justo José de Urquiza ingresa en el Colegio Real de San Carlos, de Buenos Aires.

1819: Regresa definitivamente a Entre Ríos, donde instala una pulpería.

1823: Participa en una conspiración contra el gobernador Lucio Mansilla. Éste le otorga los despachos de subteniente de la 1°Compañía de Cívicos.

1826:Es elegido diputado por el Departamento del Uruguay (Segundo Principal).Se incorpora al Congreso Entrerriano reunido en Paraná, del que es designado presidente el 7 de agosto.

1830: Interviene en un movimiento revolucionario encabezado por Ricardo López Jordán (padre) contra el gobernador León Sola.

1831: Nueva revolución de López Jordán, que es derrotada el 13 de marzo.

1832: Urquiza es designado comandante general del Segundo Departamento Principal por el gobernador Pascual Echagüe.

1836: Visita junto con el general Pascual Echagüe al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

1837: Recibe los despachos de coronel mayor (general) de la provincia de Entre Ríos.

1839: Batalla de Pago Largo, en la que es derrotado Genaro Berón de Astrada. Urquiza comanda la caballería.

1839: Batalla de Cagancha en la que el general uruguayo vence a las tropas de Echagüe de las que formaba parte Urquiza.

1840: Batalla de Sauce Grande, en la que es vencido Lavalle. Urquiza comanda la caballería.

1841: La Cámara de Representantes elige a Urquiza gobernador y capitán general de la provincia de Entre Ríos por el período 1842-1845. La Legislatura le otorga facultades extraordinarias para la lucha contra los unitarios. El mismo día el cuerpo manda que se lo reconozca como brigadier general de los ejércitos de la provincia de Entre Ríos. El Poder Ejecutivo provincial expide el correspondiente decreto el día 30.

1845: Deshace a las fuerzas de Rivera en India Muerta. Es reelegido gobernador de Entre Ríos por el período 1846-1849.

1846: Abre su marcha sobre Corrientes para combatir contra el general Paz. En Laguna Limpia, Corrientes, derrota a la vanguardia del general Paz. Se firma el Tratado de Alcaraz, entre las provincias de Entre Ríos y Corrientes.

1847: Batalla de Vences en la que queda deshecho el ejército de Madariaga.

1849: Crea el Colegio del Uruguay, su magna obra educativa. Es reelegido nuevamente gobernador por el período 1850-1854.

1850: Se reúne con el gobernador de Corrientes, brigadier Benjamín Virasoro, para tratar el modo de derrocar a Rosas. Con el mismo propósito le encomienda a Antonio Cuyas y Sampere que entable relaciones amistosas con el gobierno de la ciudad de Montevideo, sitiada por el general Manuel Oribe.

1851: Se pronuncia públicamente contra Rosas. Se firma en Montevideo el tratado de alianza ofensivo-defensivo para luchar contra Rosas. Inicia su campaña contra Oribe en la República del Uruguay.
Inicia el pasaje del Paraná, desde Diamante, en marcha sobre Buenos Aires.

1852: Batalla de Caseros en que Urquiza derrota completamente las tropas de Rosas. Al día siguiente dicta su proclama al pueblo de Buenos Aires. Entra en la ciudad de Buenos Aires al frente de su ejército, en un desfile triunfal.

Firma del Protocolo de Palermo entre las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, por el que se autoriza a Urquiza a dirigir las relaciones exteriores hasta que se reúna el Congreso Nacional. Circular a los gobernadores de las provincias argentinas para invitarlos a una reunión a celebrarse en San Nicolás de los Arroyos, para tratar la forma de organizar la Nación. Se firma el Acuerdo de San Nicolás por el cual Urquiza es designado director provisorio de la Confederación Argentina.

Apertura de los ríos interiores a la navegación internacional. Estalla en Buenos Aires una revolución con el objeto de separar a la provincia del resto del país. Urquiza se retira a Entre Ríos al mando de fuerzas de infantería y material de guerra y se instala en la ciudad de Paraná. Comienza a sesionar en Santa Fe el Congreso General Constituyente.

1853: El general Urquiza jura solemnemente la Constitución Nacional y el 25 decreta y ordena que se la tenga por ley fundamental en todo el territorio de la Confederación Argentina. El Congreso Nacional declara a Paraná capital provisional de la Confederación Argentina.

1854: El presidente del Congreso Nacional le remite el nombramiento de presidente constitucional de la Confederación para el que ha sido elegido en esa fecha; el 5 presta juramento ante el Congreso.

1856 El Congreso le acuerda el despacho de brigadier general de los ejércitos de la Confederación Argentina.

1857: El Congreso le otorga el grado de capitán general con el tratamiento de excelencia.

1859: Lega a Asunción para resolver amigablemente el conflicto paraguayo-norteamericano. El Congreso autoriza al presidente Urquiza a «incorporar la provincia de Buenos Aires, por la paz o por la guerra». Urquiza asume el mando supremo de los ejércitos en lucha contra Buenos Aires. Triunfo confederado en la batalla de Cepeda. Firma en San José de Flores del Pacto de Unión Nacional. El Congreso declara a Urquiza «fundador de la Unión Nacional y de la República Argentina, constituida bajo la ley federal del 1° de mayo de 1853».

1860: Es elegido presidente el doctor Santiago Derqui, quien asume el 5 de marzo. Urquiza es nombrado general en jefe del ejército de la Confederación. La legislatura entrerriana elige a Urquiza gobernador por un período de cuatro años. La Convención Nacional ad hoc de Santa Fe sanciona por unanimidad las reformas a la Constitución Nacional. El 21 de octubre, el pueblo de Buenos Aires jura la Ley Fundamental.

1861: El Congreso declara que Buenos Aires ha roto el Pacto de Unión Nacional y el convenio del 6 de junio de 1860 y lo acusa de sedicioso. Urquiza es nombrado jefe del Ejército Nacional. En los campos de Pavón se libra una batalla de resultado indeciso. Urquiza se retira y Mitre recoge la victoria. Entre Ríos reasume su soberanía dado el derrumbe de la Confederación.

1862: Mitre asume la presidencia de la Nación unificada, con el coronel doctor Marcos Paz como vicepresidente.

1864: Urquiza es nombrado inspector y comandante general de las milicias de la provincia de Entre Ríos.

1868:-a Legislatura de Entre Ríos elige a Urquiza gobernador por un período legal de cuatro años.

1870:El presidente Sarmiento llega a Concepción del Uruguay en visita oficial. Urquiza cae asesinado a manos de
un grupo de partidarios de Ricardo López Jordán.

Presidencia Uriburu Jose Obra de Gobierno Límites con Chile

GOBIERNO DE JOSÉ EVARISTO URIBURU – PROBLEMAS LIMÍTROFES CON CHILE

José Evaristo Uriburu, como vicepresidente, reemplazó a Luis Sáenz Peña, quien debió renunciar debido a un levantamiento, quien propuso una ley de  amnistía para pacificar al país. Sin embargo, no había cambios económicos ni políticos. Las figuras que se iban sucediendo en el gobierno respondían a los mismos intereses financieros y las elecciones seguían caracterizadas por el «voto cantado», sin cuarto oscuro ni oposición reconocida. En esta situación se enmarca el crecimiento de la Unión Cívica Radical y el nacimiento del Partido Socialista en 1895, bajo la jefatura de Juan B. Justo.

PRESIDENCIA DE JOSÉ EVARISTO URIBURU (1895-1898)
jose evaristo uriburuEl vicepresidente Uriburu completó el período (1895 a 1898); consiguió restablecer la normalidad, favorecido por el apoyo que le prestaron los partidos del acuerdo, dirigidos por Roca y Mitre, y por el cansancio generad producido por las agitaciones de los últimos cinco años.

En mayo de 1895 se levantó el segundo censo nacional, que registre algo más de 4.000.000 de habitantes de los cuales 1.000.000 eran extranjeros, y de éstos, casi la mitad italianos Buenos Aires contaba con 668.000 almas; ninguna otra ciudad alcanzaba a los 100.000 (Rosario, segunda en población, tenía 91.000).

El comercio exterior arrojó todos los años un saldo favorable; en 1898 llegó a 241.000.000 de pesos.

En 1895 fueron inaugurados el edificio de la Facultad de Medicina y el Museo de Bellas Artes; en 1898, el ingeniero Otto Krausse organizó v asumió la dirección, por encargo de gobierno, de la primera escuela industrial del país.

Luego de la renuncia de Sáenz Peña, completó el período el vicepresidente José Evaristo Uriburu. El nuevo mandatario restableció la autoridad presidencial y consiguió la anhelada pacificación del país, por medio de un proyecto de amnistía general, que fue aprobado por las Cámaras. Uriburu integró su ministerio con miembros del roquismo (pertenecientes al P.A.N.) y del mitrismo (Unión Cívica Nacional). Consecuente con la acción moderada del gobierno, el partido Radical —tranquilo y en parte desorganizado— participó en los debates parlamentarios por medio de destacadas figuras.

Chile había seguido una posición armamentista adquiriendo elementos bélicos y organizando un ejército bajo técnicas alemanas, hechos que alarmaron a los gobernantes argentinos. El gobierno argentino resolvió aprestarse para la lucha. Con ese objeto se convocó la primera conscripción obligatoria de ciudadanos, cuyos campamentos se establecieron en los Andes. Curumalal, Choele-Choel, Tandil y otros pueblos. Se compraron algunas unidades navales, como la fragata escuela Presidente Sarmiento y buques acorazados.

Todo ello se hizo con grandes sacrificios del erario y con el objeto de asegurar un equilibrio de fuerzas con Chile y Brasil. Con respecto a este último, el presidente de Estados Unidos de América, Grover Cleveland, produjo el laudo arbitral que resolvió a favor de las pretensiones del país vecino la cuestión de límites entre ambos paises. fallo que la República Argentina aceptó (1895).

A comienzos de 1896 falleció el Dr. Aristóbulo del Valle, y en el mes de julio se suicidó, descerrajándose un balazo en la sien, el Dr. Leandro N. Alem, mientras viajaba dentro del carruaje que lo conducía al Club del Progreso. Dejó una carta en la que afirmaba encontrarse bajo una crisis depresiva y al referirse  a  su  partido   Radical  escribió  «que  se  rompa,   pero  que  no  se  doble». El radicalismo quedó bajo la dirección de Hipólito Yrigoyen.

La política internacional
Las relaciones internacionales fueron motivo de absorbente preocupación. El conflicto con Chile volvió a presentar suma gravedad. Para hacer frente a una posible guerra, el gobierno resolvió mantener en las filas los contingentes y convocar a la guardia nacional por tres meses; de esa manera fueron movilizados 30.000 hombres, bien armados y equipados. En Curumalal se instalo un campamento.

La escuadra fue reforzada con algunas unidades adquiridas en Italia mientras otras eran encargadas a astilleros de ese país y de Inglaterra. Cerca de Bahía Blanca comenzó la construcción de un puerto militar.
En 1898, las dos naciones decidieron someter los puntos en litigio al arbitraje de la reina Victoria, de Gran Bretaña, lo que por el momento atenuó la tensión.

En 1895, el presidente Cleveland de Estados Unidos de América, fallo en calidad de arbitro el pleito de límites entre Argentina y Brasil, en el territorio de Misiones, señalando como frontera los ríos San Antonio y Pepirí Guazú, anuentes de los ríos Iguazú y Uruguay, respectivamente. El laudo, favorable al Brasil, fue acatado sin objeciones.

BREVE RESUMEN DE SUS POLÍTICAS:

Luego de la renuncia de Sáenz Peña asumió el cargo el vicepresidente, José Evaristo Uriburu, cuyos antecedentes mitristas lo hacían un hombre apto para seguir los dictados de la política acuerdista.

La ley de amnistía. Uno de los primeros actos del presidente fue sancionar una ley de amnistía destinada a poner término a los recientes sucesos revolucionarios protagonizados por los radicales. Así, en su primer mensaje al Parlamento, pudo decir que inauguraba sus «sesiones sin que haya un solo argentino proscripto, acatada en todo el país la autoridad y asegurada la paz pública…»

Segundo Censo Nacional. El 10 de mayo de 1895 se realizó el segundo censo nacional que registró una población de 4.044.911 habitantes lo cual significó un aumento de más de 2.000.000 de habitantes sobre el censo de 1869.

Reformas a la Constitución nacional. Una Convención Reformadora de la Constitución nacional, que se reunió en 1898, introdujo reformas a nuestra Carta Magna: se elevó a ocho el número de ministros del Poder Ejecutivo, y se estableció que en el Congreso habría un diputado cada 33.000 habitantes en lugar de uno cada 20.000 como hasta ese momento. En el mismo artículo 37 de la Constitución se dispuso que después de cada censo, «el Congreso fijará la representación con arreglo al mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada por cada diputado».

Problemas limítrofes. Los problemas limítrofes que se suscitaron con Chile pusieron en serio peligro la paz entre, los dos países. Las posiciones antagónicas mantenidas con respecto a las zonas ubicadas al sur del paralelo 42° parecían irreductibles y la posibilidad de una guerra determinó un aumento en los gastos militares y la compra de barcos y armamentos. Finalmente, en 1898, la cuestión fue sometida al arbitraje de la reina de Gran Bretaña. Con respecto a un litigio similar con el Brasil, Glover Cleveland, presidente de Estados Unidos de América falló en contra de los intereses argentinos (5 de febrero de 1895).

Comercio exterior y rentas públicas.
La solidez del comercio exterior argentino fue en aumento. Convertido en granero del mundo, nuestro país arrojaba saldos favorables pues las exportaciones superaban alias importaciones. Al comenzar su mandato, el presidente Uriburu (1895), las importaciones totalizaron más de 95 millones de pesos oro y las exportaciones superaron los 120 millones. Al finalizar la presidencia (1898) se impqrtójpor 107 millones y se exportó por casi 134 millones de pesos oro.

En el orden interno se registró un notable desequilibrio entre las rentas públicas y los gastos. En 1898, por ejemplo, las primeras ascendieron , a 53 millones de pesos oro y los segundes superaron 121 millones de esa moneda.

Este desequilibrio se debió, en gran medida, a la compra de unidades navales y ¿ los preparativos militares para un eventual conflicto con Chile ya que la guerra parecía inminente, sumándose también las grandes erogaciones provenientes de la deuda pública.

ALGO MAS…
Los problemas limítrofes con Chile
: Las pretensiones de Chile sobre parte de nuestra Patagonia habían provocado —desde tiempo atrás— conflictos de gravedad. El acuerdo de 1881 pareció resolver la vieja cuestión que siguió pendiente a pesar de otros tratados posteriores. Los lentos trabajos de demarcación y las discusiones entre los peritos por motivos limítrofes, hacían presagiar el estallido de una guerra.

En defensa de la soberanía nacional, Uriburu dispuso aumentar los efectivos y mejorar el poder combativo de las fuerzas armadas. Por decreto del mes de marzo de 1896, se convocó la primera conscripción de ciudadanos con veinte años de edad, y cuyo principal campamento se estableció en Curumalán.

Con respecto a la flota, fueron incorporadas algunas unidades de guerra y la fragata-escuela Presidente Sarmiento. En las proximidades de Bahía Blanca comenzó a erigirse una base naval.

El grave diferendo con Chile se encauzó felizmente por la vía diplomática y fue sometido en 1898 al arbitraje de la Reina Victoria de Gran Bretaña.

Nuestro país sostenía una cuestión con el Brasil debido a la frontera de Misiones. El Presidente Cleveland de los Estados Unidos —en calidad de árbitro— falló en favor del Brasil y señaló como límite el curso de dos afluentes de los ríos Uruguay e Iguazú.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y El Mundo Hasta Nuestros Días
HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

Presidencia de Pellegrini Carlos Obra de su Gobierno

Presidencia de Pellegrini Carlos
Obra de su Gobierno

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: La crisis del 90 dejó al país en un lamentable estado; la lucha política había llegado al sangriento enfrentamiento armado. Esos dos aspectos: crisis económica —con sus graves implicancias sociales— y política, imprimieron su signo al período siguiente. Ya entrado el nuevo siglo, el grupo gobernante encabezado por Roca procuró permanecer en el poder, al tiempo que las nueras fuerzas trataban de alterar ese estado de cosas.

Dentro del mismo oficialismo surgieron corrientes renovadoras, y ello motivó su división. En el orden material, el país conservó su estructura económica anterior —producción de materias primas e importación de manufacturas—-. pero se recuperó de la crisis y entró en franco progreso. De ese bienestar no participaron todos los sectores: el proletariado comenzó a organizarse y a luchar por sus derechos.

PRESIDENCIA DE CARLOS PELLEGRINI  (1890-1892)
CARLOS PELLEGRINI
Después de la renuncia de Juárez Celman, el vicepresidente Carlos Pellegrini asumió la primera magistratura. El país atravesaba un período de grandes dificultades, pues había salido de una revolución para enfrentar uiia dramática crisis económica y financiera.

El nuevo mandatario, que era un hombre de temple y muy sagaz —fue calificado como «piloto de tormentas»—, debió poner a prueba su capacidad de gobernante. Guiado por fines conciliatorios, integró su ministerio con figuras pertenecientes a diversas tendencias políticas, aunque siguió las directivas del partido Autonomista, cuya jefatura volvió a ocupar su ministro Roca.

La Nación debía responder a las deudas contraídas con el extranjero por sumas muy elevadas, pero las arcas estaban exhaustas y los Bancos oficiales en quiebra.

Pellegrini obtuvo de capitalistas y hombres de negocios la suscripción de un empréstito interno y en diciembre de 1891 inauguró el Banco de la Nación Argentina, con un capital mixto de 50 millones de pesos, organismo que prestó grandes beneficios al movimiento económico. También fue creada la Caja de Conversión, a fin de sanear el valor de la moneda.

Carlos Pellegrini, que asumió el mando, encaró con decisión los difíciles problemas de la crisis. Los bancos Nacional y de la Provincia entraron en liquidación, lo mismo que los bancos nacionales garantizados.

Muchas esperanzas inspiró Pellegrini al asumir el mandato el 8 de agosto de 1890. En realidad, la crisis de 1890 necesitó diez años para superarse; sólo en 1899 las cifras del comercio exterior pasaron el nivel alcanzado momentos antes de la revolución.

Durante esos años la inmigración, una de las principales fuentes de progreso, pretirió dirigirse al Brasil. Para integrar su ministerio Pellegrini convocó a hombres de diversas tendencias: los eligió entre los integrantes del Partido Autonomista Nacional que dirigía Roca, del mitrismo y del sector moderado de la Unión Cívica.

Roca Fue designado ministro del Interior, cargo de gran influencia en esos momentos; Eduardo Costa, ministro de Relaciones Exteriores; Vicente Fidel López, de Hacienda; el teniente general Nicolás Lavalle. de Guerra y Marina, y José María Gutiérrez, de Justicia, Culto e Instrucción Pública.

Hasta este momento existían en el país, por un lado, la clase gobernante, surgida de las capas más altas de la sociedad; y por el otro, la masa del pueblo pujando por obtener participación en el poder. La clase media (urbana y rural), engrosada con el aporte del aluvión inmigratorio, se volcaba en general hacia la Unión Cívica. El incipiente proletariado industrial y el campesino se hallaban aún marginados del juego político.

El 1° de diciembre de 1891, Pellegrini inauguró el Banco de la Nación Argentina, con un capital mixto, contribuyendo el Estado con 50.000.000 de pesos; alcanzó rápidamente la confianza general, bajo la hábil dirección del doctor Vicente Casares. Emitió un empréstito interno y gestionó la suspensión del pago de los servicios de la deuda externa, en Londres.

En 1890 creó una nueva fuente de recursos aplicando los llamados impuestos internos sobre artículos de gran venta. Suprimió gastos superfluos, y suspendió obras costosas en vías de construcción. Fundó una Caja de Conversión para garantizar el canje de las monedas y combatir el agio de éstas. Más de 3.000 leguas de tierras públicas, concedidas por favoritismo a los especuladores, fueron rescatadas.

Las obras sanitarias de la capital (aguas corrientes y cloacas), arrendadas anteriormente en condiciones desfavorables a una empresa privada, volvieron a la Nación. Muchas concesiones ferroviarias fueron anuladas, por no haber cumplido las empresas con las obligaciones contraídas; en 1891 se dictó una nueva ley orgánica de los ferrocarriles. La provincia de Buenos Aires, por su parte, debió enajenar el ferrocarril Oeste (hoy ferrocarril Sarmiento), de su propiedad, a una empresa extranjera, para ayudar con el importe de la venta al Banco de la Provincia.

Pellegrini procuró restablecer la disciplina en el Ejército, alterada por la revolución de julio, sobre todo en lo que respectaba al Colegio Militar, que fue trasladado a San Martín. Mejoró el armamento, adoptando el fusil máuser. El Congreso ratificó el tratado de límites con Bolivia celebrado en 1889, por el cual la República Argentina renunciaba a sus derechos sobre Tarija y recibía en cambio los de Bolivia sobre la puna de Atacama, ocupada por Chile.

En materia educativa, Pellegrini dispuso la creación de la Escuela Superior de Comercio de Buenos Aires, que hoy lleva su nombre y en 1891 inauguró el Museo Histórico Nacional sobre la base del Museo Histórico que ya funcionaba bajo la dirección de Adolfo Carranza. También se inició el trazado del Jardín Botánico y del Jardín Zoológico.

Con respecto a las fuerzas armadas, el Ejército comenzó a utilizar el fusil máuser y las Instalaciones del Colegio Militar de la Nación fueron trasladas al pueblo de San Martín.

En materia de cultura, corresponde a este breve período la fundación de la Escuela Superior de Comercio de Buenos Aires, que hoy lleva el nombre de Carlos Pellegrini, y como dijimos antes la inauguración del Jardín Botánico, y la del Museo Histórico Nacional.

Acontecimientos políticos
La inquietud política continuó bajo la presidencia de Pellegrini. Los opositores de la Unión Cívica sostenían los principios de la revolución del 90 y culpaban al  gobierno de proseguir  la línea política de Juárez Celman.

En enero de 1891, la Unión Cívica reunió una Convención Nacional en Rosario y—con espíritu conciliatorio— proclamó la fórmula Bartolomé Mitre-Bernardo de Irigoyen, para el período gubernativo de 1892-98.

Mitre, que se encontraba en Europa, aceptó su candidatura y a su regreso en el mes de marzo fue recibido con una imponente manifestación popular.

El presidente Pellegrini y el general Roca —jefe del autonomismo— llegaron a un acuerdo con Mitre, por el cual el último aceptó reemplazar de la fórmula a Bernardo de Irigoyen por el autonomista José Evaristo Uriburu.

El acuerdo originó una profunda conmoción política. Casi de inmediato la Unión se dividió: los que aprobaron el acuerdo integraron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no lo aceptaron, decidieron agruparse en la Unión Cívica Radical. Estos últimos propiciaron la fórmula presidencial Bernardo de Irigoyen Juan M. Garro. Sus adversarios insistieron en el binomio Mitre-Evaristo Uriburu, pero el primero renunció a su candidatura.

Desbaratada la fórmula de la Unión Cívica Nacional, se constituyó una fuerza porftica denominada «modernista», sostenida por el presidente Pellegrini y Julio Costa, gobernador de la provincia de Buenos Aires: la nueva agrupación proclamó candidato a la presidencia a Roque Sáenz Peña.

Como el último era adversario de Roca, éste decidió anularlo con habilidad y propuso al padre del candidato, el doctor Luis Sáenz Peña, quien aceptó: su hijo Roque debió naturalmente renunciar.

Paul Groussac (1848-1929)

Paul GroussatEn junio de 1929 Paul Groussac, ciego y enfermo, seguía trabajando en la Biblioteca Nacional con el mismo entusiasmo de su juventud en la tarea de la investigación.

La Biblioteca Nacional (cuya dirección se le confió el 19 de enero de 1885) era para él una especie de gruta de Fahner, un refugio seguro en el que había enclaustrado su espíritu, conmovido por los principios esquivos de su vida.

Allí, entre los libros y los códices que él mismo había frecuentado anteriormente para concederse solaz, podía repasar las vicisitudes de su larga y tenaz lucha, iniciada en la Escuela Naval de Brest, proseguida en París y luego en la Argentina.

Llegó a tiempo para conocer a los protagonistas de los grandes momentos que había vivido y seguía viviendo la nación; pasó a San Antonio de Areco y estudió detenidamente a los gauchos. Muy pronto iba a participar en acontecimientos memorables. En 1870 se lo nombró profesor de matemáticas en el Colegio Nacional, donde conoció a José Manuel Estrada y a Pedro Goyena, cuya «Revista Argentina» lo aceptó y publicó su primer trabajo: un estudio sobre Espronceda.

Nicolás Avellaneda lo designó profesor en Tucumán, en 1871. Desde allá Groussac enviaba escritos que eran publicados en «La Tribuna». En 1872 volvió a Buenos Aires para intervenir en un congreso pedagógico y en esos días publicó su «Ensayo histórico sobre el Tucumán». Desde entonces alternó su tarea con viajes a Europa, continuó enseñando desde la cátedra, publicó artículos sobre Leconte de Lisie, Bacó, Flaubert, Labiche, Pérez Galdós y Daudet.

Ni los cargos públicos, ni los honores, ni las mezquinas pasiones pudieron torcer su modestia. Llegó a nuestra patria como un inmigrante intelectual y aquí dio su batalla, para ganarla sin más armas que las de su voluntad, su competencia y su espíritu de concordia. Groussac nació en Toulouse (Francia) el 15 de febrero de 1848 y murió en Buenos Aires el 27 de junio de 1929.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y El Mundo Hasta Nuestros Días

Gobierno de Ongania Derrocamiento de Illia El Cordobazo Movimientos

Gobierno de Onganía Derrocamiento de Illia
El Cordobazo, Movimientos

REVOLUCIÓN ARGENTINA: LA DICTADURA
Golpe Militar de Juan Carlos Onganía
El Plan de Krieger Vasena
La Caída del Gobierno de Arturo Illia

En 1966 el ejército, al mando del Tte. Gral. Juan Carlos Onganía, estableció una dominación autoritaria «necesaria» para suprimir la inflación y restablecer el crecimiento económico. La fuerte resistencia que la sociedad opuso a este programa obligó al gobierno militar a suavizar su situación y a acuciar una salida electoral. Aunque en las elecciones de 1973 el peronismo volvió al poder, la sociedad ya estaba fracturada y una seria inquietud política persistió durante los tres años siguientes, hasta que finalmente la Junta militar presidida por Jorge Rafael Videla tomó el poder mediante otro golpe de estado en junio de 1976.

El derrocamiento de Illia: Luego de siete meses de preparación casi pública del golpe, los militares deciden actuar. El lunes 27 de junio el general Pistarini ordena la detención del generar Caro, único jefe legalista. Fuerzas militares ocupan la Plaza del Congreso y las estaciones de radio y televisión.

En la madrugada siguiente el general Alsogaray y otros jefes reclaman la renuncia a Illia, quien los increpa con dureza: ¡Usted no representa a las Fuerzas Armarías sino a un grupo de insurrectas! ¡Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos.., ustedes no tienen nada que ver con el ejército de San Martín y Belgrano.

Poco después, el coronel Perlinger le informa, en nombre de las Fuerzas Armadas, que ha sido destituido, pero Illia permanece en su puesto. Perlinger, con un grupo de policías, desaloje por la fuerza el salón. Illia sale rodeado de sus colaboradores. En la vereda, lo saluda un grupo de ciudadanos. Se va a su casa en taxi.General Juan Carlos Onganía

General Juan Carlos Onganía: (imagen izq.) Oficial poco brillante pero con capacidad da liderazgo y un cierto mesianismo, el general Onganía suscita la esperanza de combinar orden con moderación. Mariano Grondona, un joven periodista que contribuyó a definir su imagen, lo presenta como el Franco argentino.

Había nacido en la localidad bonaerense de Marcos Paz, el 17 de marzo de 1914. Su padre, Carlos Luis Onganía, llevaba un tiempo asentado en la región y era agricultor. Junto a su esposa, Rosa Carballo, atendía un almacén de ramos generales. En ese ambiente, que por entonces seguía siendo rural pese a su cercanía a la ciudad de Buenos Aires, se crió Juan Carlos Onganía.

Realizó sus primeros estudios en colegios parroquiales y luego ingresó en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, de la Capital. En 1931 se incorporó al Colegio Militar de la Nación y egresó cuatro años después, como subteniente de caballería.

En 1937 ascendió a teniente y en 1941 alcanzó el grado de teniente primero. Prestó servicios en diversas unidades de caballería, entre ellas los regimientos 8, 11 y 12. Hacia 1945, Onganía ingresa en la Escuela Superior de Guerra. A la par, profundiza su relación con María Emilia Green Unen, un año menor que él y descendiente de una familia de tradicional arraigo y buena posición económica. Del matrimonio Onganía-Green nacerán cinco hijos: Sara Elsa, María Emilia, Lucrecia Elena, Jorge Enrique y Juan Carlos.

Los mandos militares preparan el golpe; consultan con políticos, empresarios y sindicalistas. En el Día del Ejército, el general Pistarini lo anticipa. El 28 de junio es derrocado el presidente Illia. La Junta de Comandantes designa presidente al general Onganía, sin indicación de plazos. El 30 de junio del 1966 asumió el cargo de Presidente designado por ese mecanismo.

Es apoyado por las distintas corporaciones empresarias y la Iglesia. El dirigente trotskistas Jorge Abelardo Ramos vislumbra un movimiento nasserista. Perón no se manifiesta en contra y Vandor asiste a la jura, con corbata. En Tucumán, al celebrarse los 150 años de la Independencia, Onganía es recibido por una multitud. Designa ministros provenientes del tradicionalismo católico: el canciller Costa Méndez, el ministro del Interior Enrique Martínez Paz, y el de Economía, Jorge Salimei. Álvaro Alzogaray es embajador en los Estados Unidos.

Las claves de su acción fueron la despolitización, la verticalización y la tecnificación. Al convertirse en presidente aplicó al Estado el mismo esquema que le había permitido una vez tener éxito en un movimiento de profesionalización de las Fuerzas Armadas , dotando al Poder Ejecutivo Nacional de una estructura piramidal: los ocho ministerios tradicionales fueron reducidos a cinco, y cada uno de ellos englobaba varias secretarías, como regimientos dentro de una división. También se crea un Sistema de Planeamiento, y se dicta una Ley de Defensa Nacional.

La nueva dictadura no encontró un clima de deterioro social o de violencia que justificara acciones represivas. Por tal razón sus acciones apuntaron a «moralizar»: la policía iluminó mejor los locales nocturnos porteños y vigiló a las parejas de enamorados demasiado cariñosas; la revista Tía Vicenta, del humorista Landrú, fue clausurada por hacerle una caricatura al presidente; la ópera 30 marzo, compuesta por el maestro Alberto Ginastera sobre libreto de Manuel Mujica Lainez, que se había estrenado en Washington, mereció la censura por sus escenas de «violencia y alucinación».

En ese clima de ideas autoritario, se decidió el «Operativo Tucumán», destinado a solucionar globalmente el problema de la industria azucarera de esa provincia pobre y densamente poblada, donde la agitación gremial y la toma de ingenios eran ya una constante. Tucumán resultaba el escenario humano y geográfico más apto para la instalación de «focos» guerrilleros. Con el propósito de terminar con el problema estructural de la superproducción de caña, se cerraron catorce ingenios cuya maquinaria, por otra parte, era obsoleta.

Entre las medidas del gobierno figuran la creación del peso ley, la colocación de la piedra fundamental de El Chocón-Cerros Colorados y la inauguración del túnel subfluvial Remandarías, que une las ciudades de Santa Fe y Paraná. A este acto son invitados los ex gobernadores Carlos Sylvestre Begnis y Raúl Uranga que habían iniciado las obras diez años antes. El gobierno enfrenta las críticas del periodismo con la clausura de la revista Primera Plana, que es reemplazada por Ojo, también clausurada, y Periscopio.

El espíritu de su política social era la luchar contra cual valor o moral que pudiera acrecentar la ideología marxista. Siempre en nombre de supuesta tutela de la moral pública, se prohibieron películas como Up, de Antonioni, realizada sobre un cuento de Julio Cortázar; se quemaron libros como resultado de la aplicación de una vieja disposición que prohibía la circulación de impresos inmorales, a la que se negó la de aquellos que tendieran a divulgar el comunismo.

Así fueron destruidas obras de Marx y Engels, y también de Lukács, Sánchez Vazquez y hasta libros de ciencia-ficción. No menos grotesca fue la clausura de las revistas Primera Plana y Tia Vicenta, la cual había osado caricaturizar a Onganía como una morsa, acentuando sus característicos bigotes.Se prohíbe la circulación del semanario uruguayoMarcha. Juan García Elorrio funda Cristianismo y Revolución.

Se producen disturbios por la supresión de la autonomía universitaria: en Córdoba muere el estudiante Santiago Pampillón; en Buenos Aires hay renuncias masivas de profesores.

Cierre de ingenios en Tucumán; racionalización en los ferrocarriles y en los puertos. Huelga de los trabajadores portuarios e intervención de los sindicatos portuario FOTIA. Una ley de arbitraje obligatorio restringe el derecho de huelga. Es relevado el comandante en jefe del Ejército, remplazado por el general Alzogaray.

En lo económico, el Plan Krieger Vasena, comenzó con una dura recesión, que contuvo la inflación y, tras una fuerte devaluación inicial, mantuvo estable la paridad cambiaria. Su rasgo principal fue una alta concentración económica en los grupos empresarios mas poderosos. Aplicado desde 1967, disminuyó los aranceles aduaneros a la importación para evitar el desabastecimiento de insumos industriales, aplicó fuertes retenciones a las exportaciones tradicionales y congeló los salarios.

Renuncia del gabinete: Guillermo Borda, ministro del Interior, y Adalbert Krieger Vasena, de Economía y Trabajo. Onganía declara que el gobierno no tiene plazos sino objetivos.

La noche de los bastones largos
El 29 de julio, un mes después del golpe, el Gobierno decide suprimir la autonomía de las universidades. Estudiantes y profesores ocupan las facultades para resistir la medida, y son desalojados por la fuerza. En Buenos Aires, en la Facultad de Ciencias Exactas, ejemplo de alta calidad académica, pero también sindicada como centro de agitación izquierdista, la Policía actúa con violencia: insulta a los comunistas de mierda y judíos hijos de puta y apalea metódicamente a estudiantes y profesores, entre ellos algunas importantes investigadores extranjeros. La noticia, transmitida a todo el mundo, se convierte en el emblema de la nueva política cultural.

En 1969 ,parecen una serie de focos de incidentes estudiantiles y obreros. En Rosario, Corrientes y Resistencia por el cierre del comedor escolar: mueren 105 alumnos Juan José Cabral y Adolfo Bello. Agitación sindical en Córdoba, por las quitas zonales y la supresión del sábado inglés movilización de conductores de ómnibus y de trabajadores mecánicos de IKA-Renault y huelga general, seguida de agitación estudiantil. El gobierno nacional subestima la magnitud del conflicto y desecha alistar tropas. Los dirigentes sindicales cordobeses, con el apoyo de la CGTA, organizan el 29 de mayo una marcha sobre Córdoba.

Al sumarse los estudiantes y buena parte de la población, se genera un motín que desborda a la Policía. Interviene el Ejército, que debe enfrentar barricadas y francotiradores. Hay catorce muertos, según las cifras oficiales. aunque otros calculan que fueron setenta; numerosos heridos y detenidos, entre ellos los dirigentes sindicales Agustín Tosco y Elpidio Torres, condenados por un tribunal militar a ocho y cuatro años de cárcel.

El Cordobazo
29 de mayo. Una columna de obreros parte de la planta de IKA Renault en Santa Isabel hacia el centro de Córdoba; desde otros puntos confluyen distintas columnas obreras. La marcha ha sido organizada por Agustín Tosco, de Luz y Fuerza; Elpidio Torres, de SMATA, y el metalúrgico Alejo Simó. En la ciudad aguardan los estudiantes del Barrio Clínicas y muchos otros, disconformes con el gobierno. En un primer enfrentamiento muere un obrero, Máximo Mena. Todo sigue de manera imprevisible: tumulto, barricadas, incendios de locales de empresas extranjeras. Con el apoyo de la gente, los manifestantes enfrentan con habilidad a la policía, que se repliega, y hasta la tarde dominan la ciudad. Por entonces interviene el Ejército; la masa de manifestantes se retira peco quedan los estudiantes y los francotiradores. A la noche, un apagón complica la acción de los represores. Sólo al fin del 1 de agosto se ha restablecido el orden.

En un discurso, el general Onganía admite errores en su gobierno. Renueva todo el gabinete: José M. Dagnino Pastore remplaza a Krieger Vasena, y el general Francisco Imaz, que comparte sus ideas políticas, al doctor Borda. Tensiónentre Onganía y Lanusse; Onganía intenta relevarlo y desiste. Lanusse ordena el retiro del general Labanca y de otros oficiales nacionalistas. Clausura de Primera Plana por anunciar la ofensiva de Lanusse. En una reunión de altos mandos, Onganía anuncia la salida política, pero sin especificar plazos.

Obras de este gobierno: se inician el túnel subfluvial Santa Fe-Paraná. la represa del Chocón y la Estación de Comunicación Satelital. Renault se hace cargo de la fábrica de automóviles IKA en Córdoba; Ford adquiere la planta de Transax.

Durante su gestión surgen los primeros grupos subversivos, los que unidos a la agitación política y socia crean un clima confuso. Se produce el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu y la aparición de los grupos montoneros. El presidente Onganía es silbado en un estadio de futbol. El ex presidente Illia inicia contactos con los dirigentes peronistas.

Cosme Beccar Varela, de Tradición, Familia y Propiedad ataca a los católicos posconciliares comunistas. En un tedéum, Juan García Elorrio, que dirige Cristianismo y Revolución acusa al cardenal Caggiano de apoyar al Gobierno. Militantes católicos forman el Comando Camilo Torres. Se forma el Ejército de Liberación Nacional (ELN) para apoyar al Che Guevara. Los grupos juveniles se separan del Partido Comunista y forman el Partido Comunista Revolucionario, de orientación maoísta.

Disidencias internas en el ejército fuerzan la renuncia del genera Onganía, sucediéndolo el general Roberto Levingston. La caída de Onganía y su reemplazo por el general Roberto M. Levingston no logró descomprimir la situación: los políticos se unieron en la Hora del Pueblo, el sector “liberal” del Ejército se inclinó por la salida electoral y en marzo de 1971 obligó a renunciar a Levingston, y es reemplazado por el general Alejandro Lanusse.

La insostenible situación que padecía el país llevó a este general a prometer la pronta normalización de la vida institucional, iniciando a respecto una apertura política. Ello permitió la revitalización de la figura del general Perón, que desde el exilio en Madrid regresó al país al amparo de las promesas y garantías que ofrecía el llamado a la pacificación. Durante la estadía del general Perón, apenas un mes, se formó el Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli)

EL PLAN ECONÓMICO DE KRIEGER VASENA: Según los golpistas que desplazaron del poder al presidente Illia, se había perdido la legitimidad al carecer de eficiencia, tanto en la promoción del desarrollo como en la contención de los conflictos sociales. Los nuevos gobernantes se proponen lograr esa eficiencia tanto en el Estado como en la economía. Pero las luchas internas entre los nacionalistas y los liberales demoraron la adopción de un rumbo definido hasta que el ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, lanzó su plan económico en enero de este año. El Plan Krieger Vasena no es el ajuste clásico que muchos esperaban. Se propone estabilizar los precios y generar el desarrollo, al tiempo que busca que las empresas sean más competitivas.

Las medidas confluyen a los objetivos del «tiempo económico». El dólar se valoriza en un 40 por ciento, sería la «última devaluación». Se evita una transferencia de ingresos hacia el agro aplicando impuestos a la exportación primaria que limita la suba de precios internos y trae recursos a un fisco siempre necesitado. Los aranceles que protegen a la producción nacional fueron reducidos y se fomenta la exportación de manufacturas. Acompañando el esfuerzo productivo del sector privado, el Estado encarará una agresiva política de obras públicas (la represa de El Chocón, el Túnel Subfluvial, el puente Zarate-Brazo Largo y la Central de Atucha). El crecimiento económico va de la mano de un aumento del circulante monetario que no es obstáculo para contener la inflación. La estabilización de los precios cuenta con el auxilio de los acuerdos del Gobierno con las grandes empresas que, en contrapartida, reciben beneficios impositivos.

El ministro pudo mostrar buenos y rápidos resultados. La paridad cambiaría se mantuvo con la mejora de las exportaciones y la llegada de divisas. Se espera que para 1969, el déficit fiscal sea de 1,6 por ciento, la inflación del 5,3 y el crecimiento del PBI, 8,5 por ciento. Pero la participación asalariada en el ingreso bajó, mientras que la deuda externa, la concentración económica y la extranjerización crecen. Peor aún, los logros podrían resultar efímeros. (Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 8 Período 1950-1969 – Nota de Aníbal Jáuregui – Fernando del Corro)

GABINETE PRESIDENCIAL
Juan Carlos Onganía
MINISTROS
Bienestar Social: Roberto Juan Petracca, Julio Emilio Álvarez, Conrado Ernesto Bauer y Carlos Alberto Consigli.
Cultura y Educación: Carlos María Gelly y Obes, José María Astigueta y Dardo Pérez Guilhou.
Defensa: Antonio Roberto Lanusse, Emilio Federico van Peborgh y José Rafael Cáceres Monié.
Economía y Trabajo: Jorge Néstor Salimei, Adalbert Krieger Vasena y José María Dagnino Pastore.
Interior: Enrique Martínez Paz, Guillermo Antonio Borda y Francisco A. Imaz.
Justicia: Conrado José Echebarne.
Obras y Servicios Públicos: Luis María Gotelli.
Relaciones Exteriores y Culto: Nicanor Costa Méndez y Juan Benedicto Martín.

Fuentes:
Argentina Siglo XX Luis Alberto Romero
La Argentina Historia del País y de su Gente María Saenz Quesada
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy

Gobierno de Levingston Gobiernos Militares en Argentina De Facto

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Año 1971: los hechos de violencia suman 473. El más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde.

El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston. El peronismo, el radicalismo y otros partidos se reúnen para integrar «La hora del pueblo», que reclama al gobierno de Levingston el pronto retorno a la normalidad constitucional sin proscripciones. Por su parte, en Santa Fe, se reúnen los llamados «sacerdotes del Tercer Mundo», que se constituyen como una organización militante dentro de la Iglesia.

Una halagadora noticia es para los argentinos el otorgamiento del Premio Nobel de química al doctor Luis Federico Leloir, cuyos trabajos recién serán conocidos por el gran público con motivo de esta distinción. La academia sueca rechaza el premio Nobel en literatura para Jorge Borges.

Roberto Marcelo LevingstonDespués de algunas discusiones, las Fuerzas Armadas eligieron al general Roberto Marcelo Levingston como sucesor de Onganía. Sin embargo, no estaba claro qué tipo de gobierno llevaría adelante. Los altos oficiales estaban ante una disyuntiva: algunos consideraban que definitivamente los objetivos de 1966 no se podrían cumplir, y que debían optar inmediatamente por una salida legal.

Los nacionalistas (entre ellos Levingston) creían que era necesario profundizar la revolución e insistir en la transformación económica para entregar el poder en forma ordenada y honrosa. Lanusse se inclinaba por la primera opción y Levingston por la segunda, pero la situación internacional favoreció a los nacionalistas.

Su intención era mejorar la situación general del país y organizar un partido político que sostuviera las banderas de la Revolución y las defendiera en un gobierno legalmente constituido. Pero para eso necesitaba tiempo y un profundo cambio en la política económica.

Levingston intentó despojarse de ataduras, pero se profundizaron las desavenencias con los partidos políticos y la diferenciación con la Junta. El 29 de septiembre el Presidente dio a conocer una enmienda constitucional, que reduciría el mandato presidencial a cuatro años, con reelección por un período, la unificación de mandatos y elballotage. El proyecto había sido consensuado con los militares y se aprobará durante el gobierno de Lanusse.

El 11 de noviembre quedó constituida La Hora del Pueblo, un acuerdo de peronistas, radicales y otros partidos menores, que reclamó el inmediato llamado a elecciones. El 16, el Presidente habló en el Colegio Militar ante dos mil oficiales para reiterar sus conceptos políticos: los viejos partidos políticos y su tradicional organización habían fracasado.

Pocos días después anunció un plan de desarrollo para la «argentinización de la economía». Durante la gestión de Levingston, numerosas obras públicas de envergadura iniciaron o continuaron su construcción: el complejo hidroeléctrico de El Chocón, la usina nuclear de Atucha, la ampliación de SOMISA -se incorporó el segundo Alto Horno-, el oleoducto Villa Mercedes (San Luis)-La Matanza, el gasoducto austral El Cóndor-Pico Truncado y el complejo ferrovial Zárate-Brazo Largo, son los más destacados. También comenzaron las negociaciones para la construcción de la represa de Yaciretá.

Pero los temas centrales que planteaba el país eran la salida electoral y la situación social. El Plan de Desarrollo se proyectaba a cuatro años (1971-1975) y fijaba tres prioridades: la industria frigorífica, la política petrolera y la crediticia molinera. Cerrado el año, fue anunciado un aumento salarial del 6 por ciento y la convocatoria a las comisiones paritarias, que dio curso a un postergado reclamo gremial.

Roberto Marcelo Levingston

El 8 de junio de 1970, los mandos militares reclamaron la renuncia de Onganía y lo reemplazaron por un general casi desconocido que se hallaba en Washington: Roberto Marcelo Levingston. Su gestión duró nueve meses. En su transcurso ocurrieron decenas de actos terroristas, desde estallidos de bombas hasta los copamientos guerrilleros de Garín, en la provincia de Buenos Aires, y La Calera, en la provincia de Córdoba. También recrudeció la resistencia sindical, y el plan económico del ministro Aldo Ferrer -de corte populista-nacionalista- naufragó en una inflación galopante. Levingston ambicionaba realizar un «modelo nacional» sin la participación de los políticos tradicionales. A ese proyecto marginal se opuso La Hora del Pueblo, un documento firmado, en noviembre, por el justicialismo (o peronismo), el radicalismo y muchos otros partidos. (foto arriba: Ricardo Balbín y Jorge Paladino -delegado personal de Perón-)

Levingston designó como ministro de Economía a Aldo Ferrer, quien aplicó un conjunto de medidas keynesianas y nacionalistas que contradecían la línea de sus antecesores liberales, Krieger Vassena y Dagnino Pastore. Propuso aumentar un 25 por ciento el nivel de inversión del Estado en la economía para 1971 e implemento el llamado «compre nacional», que obligaba al Estado a consumir insumos de empresas argentinas. Las dimensiones del estado argentino en 1971 (dueño de empresas de gas, electricidad, teléfono, obras sanitarias, servicios educativos, etc.) lo convertían en un consumidor de importancia que podría reactivar la producción industrial interna.

A pesar del pronunciamiento de los políticos, Levingston reafirmó su postura de normalizar la economía antes de entregar el poder. Si bien inició conversaciones con dirigentes de los principales partidos -excepto Perón— reafirmó que todavía no era tiempo del regreso de la actividad política. El gobierno militar afirmó que La Hora del Pueblo era el regreso de «la antigua retórica y la demagogia». A fines de ese año, en un discurso ofrecido en Neuquén, Levingston sostuvo que la salida electoral llevaría »años«. Esas declaraciones lo distanciaron definitivamente del jefe del Ejército, general Lanusse, que era partidario de una salida electoral rápida.

El presidente Levingston sigue adelante con una política personal que implica el progresivo alejamiento de la cúpula militar, lo que le resta apoyo en las Fuerzas Armadas. La designación de un interventor en la siempre inquieta Córdoba es una de sus decisiones menos felices, pues su delegado afirma que cortará la subversión de un solo tajo, como se hace con las víboras.

Estas jactanciosas declaraciones provocan una conmoción conocida como «el viborazo», no tan grave como el Cordobazo del año anterior pero no menos inquietante. El interventor tiene que renunciar y Levingston, a su vez, destituye al ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique.

Por otra parte las acciones cada vez más frecuentes de las organizaciones armadas —que contaban con el apoyo de Perón- y la incontrolable situación económica convencieron al Ejército de que ya era imposible seguir con la Revolución. La «rebelión de las bases», corno se conoció el desarrollo del sindicalismo clasista, cada vez más combativo, era muy importante en el interior del país.

Esta situación de incapacidad de controlar la violencia mas otras decisiones terminan con la paciencia de la Junta de Comandantes, que decide destituir a Levingston y designar como presidente de facto al comandante en jefe del Ejército, general Alejandro Lanusse, el 26 de marzo.

Roberto Marcelo Levingston
MINISTROS
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Amadeo Ricardo Frúgoli.
Cultura y Educación: José Luis Cantini.
Defensa: José R. Cáceres Monié.
Interior: Eduardo  Mac Loughlin y Arturo Armando Cordón Aguirre.
Ministerio de Economía y Trabajo: Carlos Moyano Llerena y Aldo Ferrer.
Ministerio de Justicia: Jaime Luis E. Perriaux.
Obras y Servicios Públicos: Aldo Ferrer y Osear Juan H. Colombo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo.

Carecía de condiciones de liderazgo :
Debe reconocerse que el general Roberto Marcelo Levingston debió iniciar su gestión con vulnerabilidades de origen que eran casi insalvables y que estaban destinadas a convertir en francamente azarosa la perspectiva de éxito. Una parte muy importante de la culpa de su fracaso fue nuestra. Cometimos un grave error tanto en la elección del hombre apropiado a las circunstancias, como en la elaboración de una nueva metodología que permitiera revivir a un proceso dolorosamente en crisis. […]

Levingston no representaba una legitimidad mayoritaria ni una legalidad constitucional pero no era, tampoco, el verdadero caudillo de la Fuerza. Carecía de condiciones para el liderazgo popular, su mandato se evaluaba como transicional, tenía un poder real limitado y se encontraba frente a un pueblo desesperanzado. Su papel, para muchos, era similar al cumplido por el general Badoglio en la Italia de 1943: preparar la retirada.

Levingston era inocente de esas situaciones. Cometió, en cambio, errores posteriores que complicaron aún más las cosas al desconocer las limitaciones que implicaba su circunstancia concreta. Las Fuerzas Armadas se habían decidido a restaurar, honrosamente, la democracia, sin buscar ya más vueltas a las cosas. Levingston trató de alentar una combinación ideológica que hubiera podido ser efectiva dos años atrás, pero que era ya imposible de implementar: la renovación de los jefes políticos nacionales y la defensa de cierto nacionalismo económico debían ser, en su concepto, los presupuestos básicos para retornar a la normalidad.

Alejandro A. Lanusse, Mi testimonio.

La Hora del Pueblo

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana

Obra de Gobierno de Lavalle

Obra de Gobierno de Lavalle

Gobierno de Lavalle: Obra desarrollada por Lavalle durante su gobierno (diciembre 1828 – junio 1829).

LavalleAl tomar el mando, consideró que las circunstancias tornaban innecesario el nombramiento de ministros para las distintas ramas de la administración, por lo que designó al Dr. José Miguel Díaz Vélez para el despacho de todos los asuntos. Meses después el ministerio único fue suprimido, restableciéndose los ministerios y creándose el Consejo de Gobierno.

El 6 de febrero de 1829 llegó a Buenos Aires el barco inglés “Chichester”, en el que viajaba desde Inglaterra José de San Martín, que, enterado de la revolución del 1º de diciembre y de la muerte de Dorrego, decidió no desembarcar para no verse forzado a intervenir en guerras civiles.

Lavalle, que atravesaba una difícil situación gubernativa por la oposición en la ciudad de los legisladores separados por la revolución del 1º de diciembre y de los amigos de Dorrego, y por la hostilidad de la campaña adicta a Rosas, decidió enviar dos comisionados a Montevideo (Juan Andrés Gelly y Eduardo Trolé), donde se encontraba San Martín, de regreso hacia Europa, para proponerle que asumiera el gobierno “como única solución patriótica que aseguraría la paz”. 

El héroe rechazó el ofrecimiento, pues consideraba, y así se lo expresó a O’higgins, que para lograr la pacificación era necesario hacer desaparecer a uno de los dos partidos: el unitario o federal, con lo que cubriría de proscripciones a su patria. 

Además de la difícil situación interna, Lavalle debió enfrentar graves prob1emas de orden externo. Así, en circunstancias en que el gobierno había dado un decreto (19 de abril), basado en la ley respectiva de 1821, llamando a prestar servicio militar a los extranjeros, necesarios a los unitarios en su lucha contra los federales, el representante francés reclamó, y como su demanda no fuese atendida, pidió su pasaporte.

Este hecho se agravó cuando el jefe de la flota francesa, vizconde de Venancourt, apresó los barcos argentinos que se hallaban en la rada, porque allí estaban alojados dos detenidos franceses acusados de delitos leves y puso en libertad a los efectivos de la escuadra aprisionados por los participantes de la revolución del 1º de diciembre, interviniendo así en una cuestión de orden interno.

Pocos días después se celebró un tratado por el que los franceses se comprometían a devolver los barcos capturados. El gobierno no obligaría a los franceses por la fuerza a cumplir el servicio militar.

El cónsul argentino en Francia, Juan Larrea, protestó ante el gabinete francés por el acto cometido por Venancourt, pidiendo su castigo. Se inició así un largo reclamo, que fue dejado sin efecto durante el gobierno de Rosas.

Para afirmar nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas y tierras adyacentes y con el propósito de vigilar esas costas visitadas frecuentemente por barcos extranjeros, que no respetaban disposiciones argentinas sobre caza y pesca, el gobierno dictó un decreto, con fecha 10 de junio de 1829, creando la Comandancia Política y Militar de las Malvinas.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Gobierno de Lanusse Antecedentes El Acuerdo Nacional

Gobierno de Alejandro A. Lanusse

Como consecuencia del Viborazo (*), el 22 de marzo de 1971, la Junta destituyó a Levingston. El presidente había intentado pasar a retiro a Lanusse, quien integraba la Junta, pero gracias al respaldo político y militar que éste poseía logró imponerse frente a la decisión presidencial. Ante el complejo escenario nacional, el 26 de marzo de 1971, la Junta decidió investir como primer mandatario a Lanusse, quien conservó la jefatura del Ejército.

Alejandro A. Lanusse asumió la presidencia de la República, con retención del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el nuevo mandatario comenzó la «tercera etapa» de la Revolución Argentina y el gobierno manifestó su voluntad de llevar a término el proceso destinado a normalizar la vida institucional del país. Se estableció un calendario electoral y el partido Justicialista obtuvo su personería política.

Desde el inicio de su gobierno, Lanusse buscó una salida para la Revolución Argentina. En 1971, el Ejército tenía los mismos problemas que en 1966, agravados por la crisis económica y política que había llevado al país a la violencia generalizada. Las Fuerzas Armadas no estaban dispuestas a proscribir nuevamente al peronismo en una elección, dado que, frente el accionar de las organizaciones armadas y las bases obreras peronistas, las consecuencias de tal medida eran imprevisibles.

(*)Viborazo: Ante la violencia política y la convulsión social, í.evíngston promovió políticas de seguridad destinadas a contener el accionar guerrillero. Sin embargo, los movimientos de insatisfacción volverían a recrudecer mediante un segundo CORDOBAZO que recibiría el nombre de VlBORAZO.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Año 1971: los hechos de violencia suman 473. El más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde.

El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston. El peronismo, el radicalismo y otros partidos se reúnen para integrar «La hora del pueblo», que reclama al gobierno de Levingston el pronto retorno a la normalidad constitucional sin proscripciones. Por su parte, en Santa Fe, se reúnen los llamados «sacerdotes del Tercer Mundo», que se constituyen como una organización militante dentro de la Iglesia.

Una halagadora noticia es para los argentinos el otorgamiento del Premio Nobel de química al doctor Luis Federico Leloir, cuyos trabajos recién serán conocidos por el gran público con motivo de esta distinción. La academia sueca rechaza el premio Nobel en literatura para Jorge Borges.

Lanusse asumió la la presidencia en una situación muy diferente a la que había soñado al promover a Levingston como una especie de puente entre la fallida gestión de Onganía y su propio gobierno, que debía encargarse de restaurar la paz social e impulsar en forma sostenida el crecimiento económico.

Hombre de carácter, querido u odiado entre sus camaradas, revolucionario antiperonista en su juventud y negociador realista en la madurez, Lanusse quiso reconstruir el tejido social mediante acuerdos con políticos y gremialistas a través de un ministro del Interior inteligente y honesto, el radical Arturo Mor Roig.

Consecuente con sus ideas liberales, el presidente no vaciló en admitir una libertad de expresión amplia. Pero todos los factores le jugaban en contra y la violencia siguió cobrándose víctimas. Terminaría desafiando a Perón a volver a la Argentina «si le daba el cuero», y esto ocurriría poco después. El general que se había sentido capaz de garantizar la concordia debió cerrar apresuradamente el ciclo de la Revolución Argentina.

El 2 de marzo de 1971, Lanusse asume la presidencia de la Junta de Comandantes en Jefe y da a conocer los trazos generales de un plan político, conocido después como el Gran Acuerdo Nacional (GAN). Mientras Levingston promueve a una nueva camada de políticos —llamada la «Generación Intermedia»-, que descartaba a los dirigentes históricos como Perón y Balbín, Lanusse intenta acordar con todo el arco ideológico —incluidos sectores de la izquierda—, la Iglesia, la poderosa CGT y los grupos empresarios. Finalmente, Levingston entrega su renuncia el 23 de marzo y Lanusse lo reemplaza en la Presidencia de la Nación el 26.

Al asumir, enfatizó que el diálogo sería, en adelante, «sin exclusiones». Sus veintiséis meses en el gobierno, llenos de tensiones e intrigas, tendrán un tópico dominante: la posibilidad de que Perón regrese y se postule para un tercer mandato en la Casa de Gobierno.

La Ilusión de un Gran Acuerdo Nacional

Concretar «un acuerdo amplio y generoso que supere las antinomias del pasado e inicie una nueva etapa promisoria en la historia de la República» fue el deseo expresado en el primer mensaje al país del nuevo presidente.

En esos días, Lanusse recibió la visita de José Ignacio Rucci, Adelino Romero y Rogelio Coria, dirigentes de la CGT, y se comprometió a restituir los restos de Evita a su esposo. Además, coloco un busto de Perón —sin uniforme militar— en el salón respectivo de k Casa Rosada, agilizó los trámites para terminar todas las causas judiciales que Perón tenía pendientes y facilitó así su retorno.

Se iniciaron conversaciones con las principales figuras políticas: Ricardo Balbín, el delegado de Perón, Jorge Daniel Paladino, y el almirante Isaac Rojas, entre otros. En total secreto, el 21 de abril de 1971 el coronel Francisco Cornicelli viajó a Madrid y entrevistó al líder justicialista en Puerta de Hierro, su residencia.

El coronel Héctor Cabanillas, entretanto, fue el encargado de recuperar el cuerpo de Eva Perón, enterrado con el nombre María Maggi en un cementerio de Milán, y hacer los arreglos oficiales para trasladar sus restos hasta Madrid, donde le fueron entregados al líder exiliado. El 23 y 24 de julio —en otro gesto aperturista— Lanusse recibió en la provincia de Salta al presidente socialista de Chile, Salvador Allende. Reafirmando que su gobierno había roto con el concepto de «fronteras ideológicas».

Desde 1960 y hasta los años ochenta, los gobiernos militares de toda América latina fueron influidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional. Esta doctrina era difundida en los institutos castrenses coordinados por Estados Unidos durante la Guerra Fría. En ella se sostenía que las fuerzas armadas debían hacerse cargo del poder como forma de defensa frente a lo que llamaban «la amenaza marxista». También prescribía que, en esta lucha, las fuerzas armadas podían utilizar todo tipo de recursos, incluyendo la tortura y e asesinato.

Lanusse persiguió dos objetivos:

1) una salida institucional honrosa y negociada que descomprimiera el conflicto social y político argentino, enmarcado en la violencia revolucionaria armada;

2) negociar con los sectores moderados de la política (Sindicatos tradicionales, partidos, etc.) para lograr aislar a los grupos más extremistas, las organizaciones armadas y el sindicalismo clasista.

Políticamente Lanusse inició negociaciones secretas para lograr que Perón se declarara en contra de la violencia política y resignara su participación electoral para contribuir a un proceso de pacificación (y a la candidatura de Lanusse). Sin embargo, Perón rechazó ambas propuestas. Frente a la negativa del viejo líder, Lanusse organizó el sistema electoral de manera que, aunque el peronismo participara, Perón no fuera el candidato. Para eso incorporó una cláusula de residencia que restringía la participación como candidatos a los ciudadanos ausentes del país antes del 25 de agosto de 1972, por lo que el líder tuvo que regresar luego de 17 años de exilio, en 1972.

Juan Perón, en su corta visita, delegó su candidatura a presidente en Héctor J. Cámpora. Su designación fue apoyada por la Juventud Peronista (JP) y Montoneros, que ubicaron a sus integrantes en los primeros lugares de las listas de autoridades nacionales y provinciales. En la campaña electoral quedó demostrada la división que laceraba al peronismo.

Las elecciones se celebraron el 11 de marzo de 1973. Héctor Cámpora obtuvo casi el 50 por ciento de los votos y su contrincante radical, Ricardo Balbín, renunció a la segunda vuelta. Después de once años de semidemocracia y siete de dictadura, el peronismo volvía a gobernar. Los militares pagaron un alto costo político; su desprestigio fue tan grande como su temor a un desborde revolucionario.

Después de entregar la banda presidencial a Héctor J. Campera, en 1973, Lanusse se retiró de la vida pública y se dedicó a la administración de las propiedades de la familia. Para entonces su hija menor Ileancita —bendecida por el Papa en el vientre de su madre— había fallecido aún niña, en 1967, y otro hijo, Marcos, padecía limitaciones físicas por un accidente automovilístico. Nuevos golpes significaron las muertes de sus hijos Eduardo, en 1987, y el primogénito Alejandro, en 1990, y produjeron en Lanusse un creciente retraimiento. Murió el 26 de agosto de 1996.

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«Revolución socialista»: Desde España, Perón pronunciaba discursos que buscaban integrar a las diferentes posiciones políticas a su movimiento. Fueron especiales aquellas destinadas a la juventud alineada en la izquierda nacional. A raíz de la muerte de Ernesto Che Guevara, expresó en un documento el 24 de octubre de 1967: «Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar en la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. (…) El peronismo consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto Che Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica».

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN DE LANUSSE: Alejandro Agustín Lanusse decretó una reforma temporaria de la Constitución que implementael sistema de ballottage: los candidatos que no alcancen el 50 por ciento de los votos tendrán que ir a una segunda vuelta electoral, También se dispone un plazo para quienes quieran ser candidatos, quienes deben renunciar a la función pública en caso de que ocupen algún cargo.

Y una última condición: deben encontrarse en el país. Como no piensa renunciar, Lanusse abandona su propia candidatura y abre una incógnita con respecto a Perón, quien también quedará afuera si no regresa en el plazo correspondiente. Las elecciones han sido convocadas para el 11 de marzo de 1973.

Como se recordará, los partidos políticos, tras consensuar el documentotltulado La hora del pueblo, ya habían exigido el llamado a elecciones sin ninguna proscripción durante la gestión del general Roberto Marcelo Levingston. Ante las tensiones emergidas en los últimos años, Lanusse no tuvo más remedio que elegir la vía electoral y desafió a Perón a que regresara al país.

Gabinete de Gobierno de Agustín Lanusse.
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Osear Ricardo Puiggrós.
Comercio: Alfredo José Girelli y Daniel García.
Cultura y Educación: José Luis Cantini y Gustavo Malek.
Defensa: José Rafael Cáceres Monié y Eduardo Enrique Aguirre Obarrio.
Hacienda y Finanzas: Juan A. Quillici, Cayetano Licciardo y Jorge Wehbe.
Industria y Minería: Carlos Cásale y Ernesto Parellada.
Industria, Comercio y Minería: Osear Chescotta.
Interior: Arturo Mor Roig.
Justicia: Jaime Luis Enrique Perriaux, Ismael Bruno Quijano y Gervasio R. C. Colombres.
Obras y Servicios Públicos: Oscar Juan Colombo y Pedro A. Coidlllo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo y Eduardo Mac Louglilin.
Trabajo: Rubens San Sebastián.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –