Ricardo López Jordán

Movimientos Emancipadores de las Colonias Españolas en America

Movimientos Emancipadores de las Colonias Españolas en América

A comienzos del siglo XIX se producen, en forma casi sincronizada, en las antiguas colonias de España en América, una serie de movimientos de emancipación que se extienden desde México a Buenos Aires.Los distintos virreinatos, gobernaciones y capitanías son sacudidos por movimientos revolucionarios. Estos movimientos coinciden con la demarcación política existente en las colonias.

México, Venezuela y Buenos Aires son los principales focos revolucionarios. El movimiento que tuvo por foco a México se extendió por México y América Central. El que tuvo por centro a Venezuela abarcó a Venezuela, Colombia y Ecuador. El que tuvo por centro a Buenos Aires se extendió por toda la zona meridional de América.

Es posible señalar dos faces en estos movimientos. La primera se extiende entre 1806 y 1816. En ella los revolucionarios son sofocados en casi todas partes, excepto en el virreinato del Río de la Plata. La segunda se extiende entre 1816 y 1825. En ella los movimientos revolucionarios se imponen en todos los países.

La situación por que atraviesa la corona española a raíz de la invasión napoleónica motivan ios movimientos de la primera face. La confusa situación existente en la península a la vuelta de Fernando VII y las actitudes asumidas por este monarca alientan la segunda.

Los países hispanoamericanos fueron sucesivamente declarando su independencia.

En muchos de ellos la lucha por afianzarla requirió aun años.

Venezuela declaró su independencia el 5 de Julio de 1811;
Colombia, el 16 de Julio de 1813;
Paraguay, el 12 de Octubre de 1813;
México, el 6 de Noviembre de 1813;
Argentina, el 9 de Julio de 1816;
Chile, el 12 de Noviembre de 1817;
Ecuador, el 9 de Octubre de 1820;
Perú, el 28 de Julio de 1821;
Centroamérica, el 15 de Septiembre de 1821;
Santo Domingo, el 30 de Noviembre de 1821;
Bolivia,. el 6 de Agosto de 1825;
Uruguay, el 18 de Julio de 1828.

Las causas que originaron estos movimientos son múltiples y complejas.

mapa de focos revolucionarios

Mapa con el año en que se produjeros los focos revolucionarios en América Colonial

Como antecedentes suelen señalarse tres estallidos revolucionarios:

1. El alzamiento de Antequera y Revolución de los Comuneros en el Paraguay;
2. La sublevación de Tupac Amarú;
3. Las revoluciones de Chuquisaca y La Paz.

Su influencia en los posteriores movimientos revolucionarios es muy remota y relativa.

a) Alzamiento de Antequera y Revolución de los Comuneros del Paraguay
La administración del gobernador del Paraguay, Diego de Balmaceda, condujo a un abierto enf remamiento en 1721 entre dicho gobernador y el Cabildo y vecindario de Asunción.

Las tensiones se hicieron insostenibles y la Audiencia de Charcas envió a Asunción a José de Antequera, natural de Lima, como investigador y juez, dotado de amplísimas facultades.

Antequera destituyó a Balmaceda, que huyó y buscó refugio en las. misiones jesuíticas.

El pueblo de Asunción, que por cédula real de 1537 tenía privilegio de elegir gobernador, eligió como tal al mismo Antequera.

El virrey del Perú, enterado de los sucesos, ordenó a Antequera su regreso a Lima y la restitución de Balmaceda en su cargo.

Antequera, apoyado por el Cabildo y vecindario, desconoció la orden del Virrey alegando que había sido fraguada por sus enemigos.

Organizó un ejército, resistió durante tres años, pero fue derrotado por las tropas enviadas desde Buenos Aires y comandadas por Bruno de Zabala.

Huyó a Córdoba, pero fue apresado y conducido a Lima, donde después de juzgado, fue condenado a pena capital por delito de sedición.

Fernando Mompox, compañero de prisión de Antequera, logró huir y llegar a Asunción, donde con la ayuda del Cabildo y de los partidarios de Antequera organizó una nueva revolución y destituyó al gobernador, negándose a acatar las órdenes del virrey por considerarlas contrarias al bien y voluntad del vecindario. Esta revolución se conoce como la «revolución de los comuneros«, por cuanto decían defender los derechos de la comuna de Asunción.

Tropas enviadas desde Buenos Aires dominaron el movimiento. Mompox consiguió huir.

b) La sublevación de Tupac Amarú

José Gabriel Condorcanqui, conocido como el inca Tupac Amarú, cacique de Tungasuca, provincia de Tinta, había sido educado en el colegio de los Jesuitas del Cuzco.

Era hombre de amplia cultura, que dominaba perfectamente el castellano y el quechua, de noble presencia y agradable trato. Tenía gran ascendiente entre sus hermanos de raza y gozaba de la simpatía de los españoles y criollos.

En la época de la sublevación su principal ocupación era el transporte de mercaderías.

Apenado por la condición y trato que recibían los de su raza y convencido de la inutilidad de sus protestas, encabezó una rebelión, la más grande sublevación indígena habida en América, en época del virrey de Vértiz.

En noviembre de 1780 se apoderó del corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga, famoso por sus excesos. El corregidor fue obligado a entregar los fondos reales y luego ahorcado en la Plaza.

El movimiento de rebelión se extendió rápidamente por todo el Alto Perú. Con un ejército de 6.000 indios derrotó a un ejército de 12.000 españoles y criollos.

Su ejército llegó a contar con 60.000 indios. Carentes de disciplina cometieron todo género de excesos contra españoles, criollos y mestizos.

La sublevación fue dominada después de larga lucha por ejércitos provenientes de Lima y de Buenos Aires.

Tupac Amarú fue conducido al Cuzco y condenado a morir descuartizado. Varios de sus parientes fueron condenados a pena de garrote.

El movimiento de rebeldía continuó después de la ejecución. Terminó de ser sofocado en 1783.

No fue, como ha sido presentado muchas veces, un movimiento de independencia hispanoamericana. Fue un movimiento racial que aspiró a reconstruir el antiguo imperio de los Incas.

c) Revoluciones de Chuquisaca y La Paz
El desacuerdo y las tensiones existentes entre el Gobernador de Chuquisaca, García Pizarro, y la Real Audiencia motivó un movimiento de rebelión. Estalló el 25 de mayo de 1809.

La Audiencia logró deponer y detener al Gobernador, asumió en nombre del pueblo y de la Corona el poder y encargó a Arenales la formación de un ejército. Resistió por las armas a las tropas del Virrey.

Los rebeldes fueron prontamente dominados. Por influencia del movimiento de Chuquisaca también en La Paz se produjo otra rebelión.

Acaudillados por Murillo los rebeldes depusieron al gobernador y constituyeron una Junta de gobierno, llamada «Junta Tuitiva». No pretendían desconocer la autoridad real, sino defender los derechos y libertades locales atropelladas por los funcionarios reales.

La rebelión fue severamente reprimida por tropas enviadas desde Buenos Aires. Murillo, después de juzgado, fue condenado a muerte.

CAUSAS DE LOS MOVIMIENTOS ENMANCIPADORES: La vida de las sociedades es continua y en su desarrollo los hehos se concatenan. En ellos intervienen pluralidad de factores y  con frecuencia sin que ninguno de ellos sea determinante, todos influyen en la marcha de la sociedad.

Los hechos históricos obedecen a mútiples causas. No es fácil  terminar el grado de gravitación ejercida en ellos por otros hechos, por corrientes y movimientos ideológicos y por la actuación de sus mismos protagonistas. Sucede muchas veces que los hechos toman otra dirección o van más allá de los que prendieron sus mismos autores.

A modo de ejemplo, cuando se reunieron los Estados Generales , previos a la Revolución Francesa, todos los diputados de los tres estados deseaban conservar la monarquía. Muchos de ellos pretendían convertirla, de absoluta, en constitucional. Pero la derivación que tomaron los hechos a raíz de una sublevación popular que no se pudo dominar condujeron a una , revolución que transformó no sólo el orden político francés, sino el europeo.

La formación de las nacionalidades hispanoamericanas es fruto de un largo proceso histórico. Hechos, circunstancias, profundos problemas sociales y corrientes ideológicas, actuación de los hombres que protagonizaron y prepararon intervinieron en nuestra independencia de España.

Las causas se entrelazan, sin que sea posible medir con exactitud el influjo de cada una.

Entre las causas de los movimientos de emancipación americana señalamos tres órdenes de factores de indiscutible influencia. No pretendemos con ello agotar la enumeración de las causas que influyeron en ella.

Tales factores son:

1. El espíritu inculcado por España en estas regiones y las Instituciones creadas en ellas.
2. La influencia de las ideas políticas en boga y de la independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa.
3. La situación político militar por que atravesaba España y que desencadenó el proceso revolucionario.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

 

La Batalla de Pozo de Vargas

Batalla de Pozo de Vargas

Entre las batallas que ensangrentaron la tierra riojana, ninguna más famosa que la del Pozo de Vargas, librada el 10 de abril de 1867 entre las tropas de Felipe Varela y el santiagueño Antonino Taboada. El combate fue el capítulo final de un proceso que se precipitó al estallar la guerra contra el Paraguay, totalmente impopular en las provincias.

«Cuando en la plaza pública leen los bandos de los gobernantes y los tambores recorren ¡la ciudad convocando a la guardia nacional, los ‘hombres huyen a la selva próxima. No los empuja el terror. Han nacido y vivido en batallas. Resisten a Buenos Aires y al Imperio.El Paraguay es el amigo y el vecino histórico..,», señala el historiador Ramón J. Cercano.

batalla en la rioja de pozo de vargas

Las masas del interior demostraron sobradamente su oposición a ese fratricidio: el 26 de junio de 1865 el montonero riojano Aurelio Zalazar provoca la disolución del contingente de La Rioja que marchaba hacia San Luis; el 8 de julio, a poco de salir de Córdoba, se sublevó un batallón de quinientos hombres; el 12 hizo lo mismo   el   contingente   puntano nueve días antes, ocho mil lanceros entrerrianos —de los mejores de Urquiza—  prefirieron  desban darse antes que ir a pelear con tra los paraguayos.

En Cuyo la oposición a la guerra apareció bien coordinada.  Los caudillos Juan Saá y Juan de Dios Videla cotrolaron la región y, luego de derrotar al coronel Julio Campos en la Rinconada de Pocito, tomaron la ciudad de San Juan.

El gobierno puso al frente de las tropas encargadas de sofocar la sublevación al general Paurrero, pero el poco apo yo que encontró en su camino  obligó a éste a retroceder hasta la frontera del Río Cuarto mientras rebelión se extendía.

Uno de pocos  contingentes  que  llegamos íntegros al litoral fue el de mando la soldadesca viajó atadada coco con codo.  A esos alzamiento se unieron voces en la propia Buenos Aires: Guido Spano, Olegario Andrade, José Hernández, Juan Bautista Alberdi y otros condenaron públicamente la Triple Alianza y sus objetivos.

En el interior Felipe Varela quien expresa mayor energía esa oposición: el 6 de diciembre de 1866 el caudillo lanzó una vigorosa proclama desde su campamento en marcha.

Entre otras cosas sostenía: «El pabellón que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudiílo Mitre (…) ha sido cobardemente arrastrado por los tangaes de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaytí». El carisma y la bandera de Várela atrajeron a antiguos oficiales del Chacho, como Severo Ghumbita, Santos Guayama, Aurelio Zalazar, Sebastián Elizondo y otros.

Ante el rumbo que tornaban los acontecimientos, Mitre regresó del frente paraguayo ron cinco mil hombres; además, contaba en el interior con la fidelidad de Tucumán y Santiago del Estero, donde mandaban los hermanos Posse y los hermanos Taboada, respectivamente.

Uno de estos —Antonino— sería el encargado de hacer frente a Varela, que comandaba casi 4000 hombres dis-tribuidos en cuatro batallones de cazadores Federales. Mientras sus alados eran derrotados en diversos frentes, Várela marchó hacia la ciudad de La Rioja, ocupada por Taboada.

Un día antes del combate se dirigió a su adversario para invitarlo a combatir fuera de la ciudad, «a lo menos a tres leguas», evitando así que la población civil sufriera las consecuencias de la betalla. En la mañana del nueve de abril Taboada tendió sus líneas a unas veinte cuadras de La Rioja, en torno de un pozo llamado «de Vargas» por las excavaciones que había hecho un tal Vargas o Bargas para extraer tierra destinada a la fabricación de adobe.

El santiagueño parapetó sus hombres detrás de unos cercos y efectuó una astuta maniobra: se apoderó de los pozos que proveían de agua a bestias y seres humanos, privando así del líquido a las fuerzas enemigas. Los hombres de Varela, después de una larga cabalgata nocturna, llegaron sedientos a Mesillas, donde se encontraron con una sorpresa anonadante: las represas estaban completamente secas.

La definición no podía postergarse más porque con cada minuto transcurrido aumentaba la sed de hombres y caballos. Varela decidió entonces presentar batalla; desplegó sus fuerzas, colocó en el centro dos pequeños cañones y se atrincheró en unos ranchos para ampararse del sol, que caía a plomo en la siesta riojana.

A eso de las dos de la tarde se disparó el primer cañonazo y un vasto alud de color punzó cubrió el horizonte del Pozo de Vargas: el ejército federal se lanzaba al ataque aguijoneado por una sed abrasadora.

Generalizada la batalla, la caballería de Várela, al mando de Elizondo, arrasó las filas santiagueñas, que empezaron a dispersarse. Parece que en ese momento se escucharon los sones de la célebre zamba, que elevó la maltrecha moral de los hombres de Taboada hasta llevarlos al triunfo.

La leyenda sostiene que los soldados comenzaron a bailar, arremangándose él chiripá y tomando el fusil por el medio, pero no es muy creíble que en medio de tan sangrienta batalla las tropas ejecutaran un ballet de ese tipo. Con danza o sin ella, a las cinco de la tarde Taboada era dueño del campo de batalla; Varela se retiraba sin ser perseguido porque Elizondo había arriado la caballada enemiga, pero el alzamiento federal había sufrido un golpe demoledor y ya no se repondría.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Penas y Tragedias del Ejército en la Campaña del Desierto

La Dura Vida del Ejército en la Campaña del Desierto

La Campaña del Desierto fue extremadamente rigurosa. En ese mundo de hombres sufridos y duros imperaban reglas de juego que a menudo se apartaban totalmente de lo indicado por la más pura ortodoxia militar. Esto se advierte claramente en los magistrales testimonios del comandante Prado, que reflejó con frescura extraordinaria las alternativas de ese universo donde la vida y la muerte oscilaban entre el sable y la lanza, entre el toldo y el fortín.  

Julio A. RocaEl 25 de mayo de 1879 el Regimiento 3 de Caballería de Línea y el fogueado 2 de Infantería saludaron el aniversario de la patria a orillas del río Negro, tres días más tarde la tropa acampaba en una rinconada que forma una curva del río, para fundar un pueblo que años después se llamaría Choele Choel. (imagen izq. Julio A. Roca)

Lo primero, claro está, fue dividir los solares y trazar calles y plazas; los ingenieros trabajaban febrilmente sin reparar en los relatos de algunos indios viejos que hablaban de inundaciones periódicas, crecidas y otros caprichos del río.

Corría el mes de junio y la preocupación fundamenal era combatir el intenso frío. Además, por esos días el general Roca dio por finalizada la etapa principal de la campanario que hizo saltar de alegría a la soldadesca: venían días más tranquilos.

«Una mañana —relata el comandante Prado— (…) un indio viejo se acercó a nosotros y en su media lengua nos hizo comprender que todo aquello que pisábamos, el pueblo, el campamento entero, no tardaría en ser la sepultura del
ejército.»   La advertencia fue desoída, pero pocos días después se confirmó plenamente; Villegas, jefe máximo del acantonamiento, comprobó una madrugada que en seis horas el nivel del río había subido treinta centímetros.

La alarma no tardó en generalizarse y horas después ya se pensaba en abandonar el campamento.  Era tarde, sin em bargo: «La división se hallaba sitiada por el agua. A la espalda el río, a los flancos y al frente el cau dal de los arroyos desbordados en el   valle,   avanzando   amenazarle furioso,  cual  si aquello fuera un ser con vida.. .»

Era el 17 de julio y la temperatura descendía cada vez más: mientras se levantaban parapetos para evitar que el agua siguiera avanzando, las viviendas de soldados y jefes fueron usadas para hacer fuego.

Las perspectivas se tornaron cada vez más som brías a medida que pasaba el tiem po; el alimento empezó a escasear en  forma desesperante, y  al frío que taladraba los huesos se suma el hundimiento del suelo bajo la presión del pie mientras el agua brotaba por todas partes.

No muy lejos de allí el drama se repetía con similar intensidad. El 5° de Caballería, que a las órdenes de Vintter (imagen abajo) se había separado de la División para marchar hasta la actual General Roca, no había logrado salir del valle y estaba cercado por la inundación. La tropa dormía sobre un pantano «en medio de la caballada muerta, cuyas miasmas envenenaban el aire». Los soldados de Vintter pedían ayuda descargando al aire sus carabinas: ignoraban que el resto de la División estaba en la misma situación.

General Vintter

En Choele Choel el peligro crecía hora a hora, pero la moral se mantenía bastante alta. Para distraerse y desentumecerse, la tropa hacía ejercicios militares al son de la banda de música. Los jefes hablaban de cualquier cosa menos de la riesgosa situación, y por la noche, «antes de la hora del silencio, la guitarra se oía en todos los fogones, sin verse una sombra en ningún rostro».

Claro que eso no bastaba para aplacar el hambre, y fue necesario recurrir a buenas dosis de austeridad para no morir de inanición. Un día el cadete Crovetto, del 3° de Caballería, fue enviado junto con otros soldados a nadar en busca de hacienda; dos días más tarde Crovetto y sus hombres regresaron en un estado lamentable: exhaustos, llenos de heridas causadas por los espinosos chañares cubiertos por el agua helada, vieron cómo la correntada les llevaba varios de los animales que habían logrado arrear. Sin embargo, algunas reses trajeron las suficientes para salvar a la División.

No fueron los del 3° los únicos milicos que sufrieron el rudo castigo del agua: el teniente Villoldo, del 1° de Caballería, tuvo que vivir junto con sus hombres una semana en las ramas de un árbol; el sargento Carranza, por su parte, estuvo más de veinte horas con el agua escarchada hasta las rodillas, «la carabina a media espalda y el morral cargado a la cintura».

Mientras ocurrían estas cosas, a dos leguas de distancia, en una loma perfectamente a salvo de la creciente, estaba el comisario pagador con los arrieros que traían víveres, «vicios» y baratijas para ia tropa exhausta. En una ocasión e! peligro fue tan inminente que causó un tremendo temor. El parapeto, cuenta Prado, «se desmoronaba y el agua avanzaba impetuosa, amenazando el último aíbardón que pisábamos».

Las bandas de música, entre tanto, atronaban ei aire batiendo marcha ante la tropa que ya empezaba a despedirse de la vida. Por fortuna el desastre no llegó a consumarse. Al cabo de catorce días de zozobra el inmenso mar comenzó a trocarse en un enorme pantano imposible de atravesar. Fue entonces cuando otro feroz enemigo, el frío, acudió en ayuda de los sitiados. Una mañana de agosto, aprovechando que la escarcha había endurecido el cenagoso páramo, ‘los milicos empezaron a cruzarlo cargando armas y monturas.

El día era, según palabras de Prado, «espantosamente frío», nublado y triste. Puede que la tropa no lo notara demasiado: el esfuerzo de cruzar ese tembladeral insumía todos sus afanes. Diez horas de angustia duró la marcha a través de esas dos leguas, pero al final del trayecto estaba la salvación: tierra firme, sin agua. Había terminado una de las batallas más duras de la Conquista del Desierto. Pero los elementos naturales seguirían obstaculizando la acción del hombre en las cercanías del río Negro.

Manuel Namuncurá Acuerdo de Paz con el Gobierno Argentino

HISTORIA DE MANUEL NAMUNCURÁ Y SU PUEBLO ARAUCANO

El 4 de junio de 1873, en su toldería de Chiloó, situada al oeste de las Salinas Grandes, en la actual provincia de La Pampa, falleció el temible cacique Cafulcurá, cuyas hordas con frecuencia habían asaltado y quemado numerosas poblaciones blancas. Durante casi cuarenta años este indio astuto fue el jefe indiscutido de los pampas y señor del desierto. A su muerte se reunieron en el Circo de Chilihué doscientos veinticuatro caciques para celebrar un parlamento con el fin de nombrar al sucesor.

Después de un tumultuoso consejo resultó electo Namuncurá, hijo mayor de Manuel Cafulcurá y que tenía ya sesenta y dos años. Inmediatamente el nuevo jefe se puso al frente de sus indios, atacando al sur de la provincia de Buenos Aires.

Además de los aborígenes sometidos a Namuncurá habitaban en el centro de la actual provincia de La Pampa los indios del cacique Pincén, quien a la muerte de Cafulcurá se separó de la confederación indígena, y en el norte de la misma los ranqueles, mandados por Mariano Kosas. En esa zona vivían también otras tribus menos importantes.

Poco antes de morir Cafulcurá había aconsejado a los suyos «no abandonar Carhué al huinca», es decir no permitir el avance de los blancos en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Consecuentes con esa máxima los indios no variaron su conducta, y por cualquier demora en la entrega de las raciones prometidas atacaban a las poblaciones blancas.

El gobierno dictó energicas medidas para que se cumplan los tratados establecidos con el fin de captarse la confianza de las tribus salvajes. Esa política causaba grandes gastos a la Nación y no siempre daban buenos resultados, pues muchas veces los aborigenes hacían ataques masivos para robar ganado y cultivos, y la respuesta agresiva del gobierno argentino era muchas veces muy dura.

Perseguido asi, con sus huestes  diezmadas y famélicas, Manuel Namuncurá, otrora poderoso soberano de la pampa, se encontraba  ante  una disyuntiva  de hierro: morir  peleando   en   lucha desigual o rendirse.   El coronel Eduardo  Ramayón anotó: «…llorando de rabia e impotencia fue a pedir a Reuquecurá, su tío, no armas ni guerreros, sino un rincón cualquiera para vivir proscripto a la sombra de aquellos pinos gigantescos. ..».

Manuel Namuncura

Manuel Namuncurá Con Uniforme Militar

Sin embargo, ese voluntario exilio cordillerano no era posible: también esa región sería incorporada a la soberanía nacional por los sufridos milicos de la campaña del Desierto.

El 8 de enero de 1883, durante una ofensiva contra   las  tolderías  del  cacique Sayhueque, cayó prisionero un sobrino  de  Namuncurá («garrón de piedra«, en lengua indígena).   Pocos días más tarde, desde Ñorquín, el  comandante  Ortega  informaba que se había presentado en ese campamento el secretario de Namuncurá, Juan Paillecurá, con propósitos de un acuerdo de paz.

Es que las cosas se   iban  poniendo   cada   día   más feas para el acosado araucano; ya tenía más  de  sesenta años,  sus fuerzas  flaqueaban y —para colmo— un mayor del ejército le había capturado parte de su familia, incluida una de sus mujeres.

Además, las altas montañas que le servían de refugio imponían un duro precio a cambio de esa relativa seguridad:   las  penurias,   la  miseria atenaceante no tardarían en empujarlo hacia una decisión extrema. Así las cosas, el padre Domingo Melanesio —un misionero llegado a Neuquén en esa época convulsionada— recibió un día la visita de varios  indios  de   Namuncurá;  los emisarios anunciaron la rendición de su jefe y le solicitaron quo intercediera   ante   las   autoridades que ya habían rechazado varios pe didos de audiencia.

Entonces los acontecimientos se precipitaron el padre Melanesio se comprometió a servir de mediador y envió a Namuncurá una carta en la que alababa su decisión y lo  invitaba   a acudir al fuerte Roca.  Garrón de Piedra, tras unos últimos cabildeos emprendió con su gente un largo y penoso viaje de 450 kilómetros hasta el fortín Romero, donde se presentó, con 240 hombres semi-desnudos y hambrientos, ante el oficial Morosini.

La novedad —para entonces sensacional— no tardó en despacharse a Buenos Aires, donde la recibió el ministro de Guerra, Benjamín Victorica; en su respuesta, éste aconsejó que se hiciera bajar hasta Roca al jefe indio y a toda su tribu, y que se los tratara bien, obsequiándolos y ofreciéndoles toda clase de seguridades.

Cuando Namuncurá y su gente llegaron a Paso de Indios, los comerciantes los recibieron con nuestras de simpatía y hasta quemaron cohetes en su honor. Luego, en el fuerte Roca «le fue regalado un quepis de teniente coronel, el pantalón punzó con franjas de oro y el capote militar con presillas de coronel». Mientras esperaba el momento de viajar a Buenos Aires, Garrón de Piedra recibió ofertas chilenas para reconquistar sus tierras pero las rechazó de plano: su patria era la República Argentina, no tardaría en pedir al gobierno tierras y útiles de labranza para dedicarse a la agricultura.

La singular comitiva del cacique sometido rartió de Carmen de Patagones el 17 de junio de 1884, a bordo de un pequeño vapor francés; lo acompañaban varios capitanejos, un lenguaraz y una de sus esposas, Rosario Burgos, de dieciocho años de edad.

Ya en la capital de la República, Namuncurá y su gente fueron conducidos a la Casa de Gobierno y alojados luego en el cuartel del  de infantería, donde se les proporcionaron buenas camas y algunas comodidades. Su programa en la gran ciudad fue digno de un personaje importante.

Poco después de su llegada hizo una visita al entonces ministro de Guerra, Victorica. Después de conversar con él pasó al despacho del presidente Roca; saludó sin amargura al general que lo había derrotado, dio muestras de acatamiento a su autoridad y sostuvo con él una larga charla en la que ambos evocaron episodios de la guerra del desierto; antes de retirarse, Namuncurá solicitó a Roca que se hiciera cargo de la educación de uno de sus hijos, Juan Quinturas.

Por la tarde de esa misma jornada —plena de emociones para el cacique— Garrón de Piedra visitó el Congreso, donde fue su anfitrión el presidente del Senado, doctor Madero. Todos los legisladores, sin excepción, observaron con curiosidad la comitiva aborigen; muchos de ellos habían debatido la Campaña del Desierto o votado fondos para la guerra contra el indio.

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Namuncurá visitó Buenos Aires e impresionó al gobierno argentino por su sencillez y franqueza. Se estableció posteriormente en Chimpay, provincia de Río Negro, y luego San Ignacio (Neuquén,) donde murió a los 97 años de edad.

Pero no sólo agasajos protocolares recibió el cacique. El presidente Roca obsequió con quinientos pesos a los visitantes, presente que llenó de alegría al jefe araucano; los repartió, no con mucha equidad, y compró dulces y tortas, collares para las damas, yerba, azúcar, pañuelos y otros ejementos.

Cuando el capital se esfumó y las fiestas de reconciliación llegaron a su término, Garrón de Piedra retornó con su gente llevando promesas de obtener las tierras y los útiles solicitados para su tribu. El cacique pasó sus últimos años cultivando el suelo y viendo crecer a sus hijos, entre ellos Ceferino Namuncurá, «el lirio de la Patagonia». En un rincón de la querida tierra que lo vio nacer, Garrón de Piedra encontró su última morada: sus restos están sepultados en Junín de los Andes.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Baigorria Manuel Historia de su Vida con los Indios y la Confederación

HISTORIA DE LA VIDA DE MANUEL BAIGORRIA ENTRE INDIOS Y POLÍTICOS

Le tocó ser uno de los personajes de trayectoria más singular en la turbulenta historia argentina, ya que su figura mereció severos epítetos por parte de varios contemporáneos, especialmente por haber traicionado la causa de la Confederación y haber estado al servicio de los indios nada menos que 22 años, destino que quizá nunca imaginó cuando comenzó su carrera, en 1827.

manuel baigorria

Ese año el gobernador Videla lo llamó a su servicio «como mozo de mano para sus secretos políticos», según puntualiza Baigorria en sus poco conocidas Memorias, redactadas por él en los años de su vejez.

Luego de su ingreso en el Ejército, peleó en Oncativo contra los federales prestando excelentes servicios al general Paz, que le encomendó una prolija observación de las fuerzas enemigas.  Se ganó así el grado de alférez, que ostentó hasta que una jugarreta del destino cambió por completo el curso de su vida.

Capturado por Quiroga después de la batalla de Rodeo de Chacón,  en   1931,  se  salvó  milagrosamente de ser fusilado. Posteriormente siguió combatiendo a los federales, hasta que en 1841, derrotada la revolución unitaria en Las Quijadas, Baigorria optó por refugiarse entre los indios para eludir las persecuciones.

Su astucia y su suerte —o ambas combinadas—  le  permitieron  ganarse la confianza de Yanquetruz, Painé  y  Pichún,  poderosos  caciques  los tres.   A cambio de esn hospitalidad suministró información,  debió volverse consejero de ellos e inclusive encabezó malones junto a Pichún, Guete y otros jefes indígenas.

Una vez aquerenciedo cerca de la laguna de Trenel (o del Recado),  llegó  a capitanear una tropa de 300 hombres, denominada pomposamente Escuadrón de Voluntarios.  Casi todos sus integrantes eran blancos fugitivos de la ley o perseguidos políticos. Entre estos los últimos, precisamente, se contaron durante un tiempo los hermanos Juan, Francisco y Felipe Saá, antirrosistas como Baigorria, pero que discrepaban con éste sobro la conducta a seguir.

Los Saá querían volver al bando cristiano e intervenir en las luchas civiles al frente del Escuadrón, pero Baigorria se oponía. No fue extraño, entonces, que la situación hiciera crisis un buen día, ya indultados por las autoridades de la Confederación, los Saá se retiraron, y con ellos un numeroso grupo de «voluntarios».

La desconfianza de los indios fue casi automática y Baigorria, irritado, y para demostrar que nada tenía que ver con la deserción, salió en persecución de los huidos y mató a varios «porque se habían fugado —anota en sus Memorias— llevándole toda la caballada».  De todos modos ese alarde no bastó a disipar la desconfianza lo los indios, y sólo pudo eludir la cndena a muerte con que lo amenazó un cacique casándose con la hija de un capitanejo.

Otras veces fue su formidable valentía la que le permitió salvar el pellejo, como cuando se presentó, desafiante, haciendo «rayar» el caballo, ante una asamblea indígena que reclamaba su muerte; su arrojo personal le permitió superar el difícil trance, la misma audacia lo impulsó a asumir actitudes sumamente riesgosas, como la liberación de cautivas; a una de ellas —Luciana Gorosito— lo dijo al tiempo que le facilitaba la fuga: «Abraza a tus padres y diles que Baigorria no es un bárbaro, sino un desgraciado que debe seguir a los indios para conservar la vida».

Después de la caída de Rosas su suerte cambió por completo: abandonó para siempre las tolderías y retornó a San Luis, donde se encontró nuevamente con su familia. Marchó seguidamente a Buenos Aires, donde Urquiza le reconoció el grado de coronel y le otorgó un cargo importantísimo: Comandante de la Frontera (con los indios), desde el Plata hasta la Cordillera.

Así  como el gobierno de la Confederación —enfrentado al de Buenos Aires— llegó a tener en Baigorria a su principal interlocutor con el poderoso imperio pampa. El flamante coronel movía sus hilos desde el fuerte Tres de Febrero, sobre el río Quinto, y mantenía relaciones sumamente, cordiales con el cacique Coliqueo —que llegó a ser un verdadero  incondicional suyo— y aun con el poderoso y astuto Calfucurá.

Tentado para que abandonara el bando de la Confederación, Baigorria se negó a ello con vehemencia, pero la intervención de Saá en San Juan, la revolución contra Fragueiro en Córdoba y otros sucesos fueron  resintiendo su  confianza en Urquiza.   Por lo menos, ésa es la explicación que dio para justificar un acto de deserción que muchos consideran  inspirado por su   resentimiento  personal   contra Saá y otros como producto de un simple soborno.

Poco antes de la batalla de Pavón se pasó con armas y bagajes al servicio del centralismo porteño, y aunque en Cepeda se había batido del lado confederado, en Pavón formó junto a Mitre, acompañado por indios de la tribu de su amigo Coliqueo.

Según   Sarmiento,  el   regimiento   de Baigorria «tuvo la gloria de ser el único cuerpo de caballería que peleó con éxito saliendo reunido del campo, cuando el resto de la caballería había flaqueado por todas partes.   Más tarde peleó contra el Chacho Peñaloza en la batalla de Las Playas, y en  1864,  antes de marchar al frente paraguayo, Mitre f§’encargó el cuidado dejas fronteras con el indio.

Un año después Baigorria se retiraba del servicio. Murió el 21 de julio de 1875, no sin antes haber acompañado al entonces coronel Julio A. Roca en las exploraciones  de  un  terreno  que Baigorria conocía a la perfección: el Desierto.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El Caudillismo de los Hermanos Taboada en Santiago del Estero

El 15 de julio de 1851 la muerte de Felipe Ibarra —que había gobernado la provincia durante casi 30 años— cerró una prolongada etapa de la vida política santia-gueña. Mientras la noticia corría de un punto a otro del territorio, la lucha por la sucesión del poder enfrentaba a dos grupos familiares emparentados con el caudillo fallecido y vinculados desde hacía tiempo con el gobierno: los Carranzas y los Taboadas.

antonio taboadaSorda al principio, franca después, la puja culminó con el nombramiento de Manuel Taboada como gobernador.

El hecho marcó además el comienzo de un prolongado período caracterizado por el absoluto predominio político y militar del «taboadismo», una especie de caudillismo colectivo asentado sobre tres vigorosas personalidades: los hermanos Manuel, Antonino (imagen izq.) y Gaspar Taboada, que encarnaron el poder político, militar y económico, respectivamente. Felipe, el cuarto hermano, prefirió dar rienda suelta a su vocación artística convirtiéndose en uno de los precursores de la pintura en el noroeste.

Astuto, con un claro sentido do la oportunidad, apenas asumió el cargo Manuel Taboada se apresuró a ganar el favor de Rosas comunicándole su  repudio  por el  «funesto  grito   del   loco  traidor,  sal vaje unitario Urquiza», que por en tonces   había   hecho   público   su pronunciamiento contra el gober nador de Buenos Aires y se apres taba a entrar en campaña con el Ejército Grande.

Poco después al ser confirmado en el cargo por la legislatura provincial, el  goberna dor escribió nuevamente al Restau rador «con el placer de comunicar le que sólo espera la voz del Exmo. Jefe Supremo de la Nación para correr presuroso a la par de sus conciudadanos donde él mismo lo ordene y según las huellas de ho nor y de la gloria, de todo lo quo V. E. es el más esclarecido modo lo».

Estas muestras de incondicio nalidad —unidas a las derrotas  m litares   infligidas   por  Antonino   a ¡os partidarios de los Carranzas rindieron   su   fruto   político,   pero se  convirtieron  en  pesado  lastra cuando el triunfo de Caseros acabó con  Rosas y encumbró a Urquiza sobre el panorama nacional.

Sin embargo, la contradictoria situación santiagueña fue resuelta expeditivamente: el 10 de marzo de 1852 una ley provincial reconoció «al Libertador de la República len la persona del General en Jefe Aliado Brigadier don Justo José de Urquiza» y confiscó la fortuna del federal Ibarra.

El cambio de actitud permitió [al clan Taboada mantenerse al frente de la provincia, y en su carácter de gobernador santiagueño Manuel suscribió el Acuerdo de San Nicolás y luego envió dos diputados al Congreso Constituyente de Santa Fe.

Posteriormente, cuando la estrella de la Confederación —acaudillada por Urquiza— comenzó a declinar, los Taboadas se orientaron hacia el mitrismo, a tal punto que, después del triunfo porteño en Pavón, Antonino aseguró a Bartolomé Mitre que «Buenos Aires tiene en Santiago un punto de apoyo poderoso para difundir en el interior las doctrinas civilizadoras cuyo paso, hasta ahora, ha estado obstruido por la barbarie».

La «barbarie», se ent’ende, eran los caudillos federales, a quienes los Taboadas combatieron en varias oportunidades, de acuerdo con lo convenido con los representantes del centralismo porteño. Así fue como volcaron a las masas santiagueñas a la lucha contra el Chacho Peñaloza y Felipe Varela —a quien Antonino derrotó definitivamente en Pozo de Vargas—, apoyaron decididamente la guerra de la Triple Alianza y reprimieron con mano de hierro al contingente provincial que se negó a combatir.

Fueron cuantiosos los dividendos políticos que rindieron a los Taboadas la sucesión de triunfos militares por ellos obtenidos y elfranco apoyo popular de la provincia. Su condición de «caudillos del noroeste» los convirtió en piezas claves de la situación nacional.

Esa interesante posición comenzó a deteriorarse hacia 1869, cuando la fractura del bando liberal provocó un serio entredicho con Sarmiento, por entonces presidente de la Nación. Ante las quejas de los Taboadas, que denunciaron la injerencia de las fuerzas militares de Buenos Aires en las elecciones de varias provincias cercanas, especialmente en Tucumán, el fogoso sanjuanino escribió a Manuel Taboada una carta que tuvo amplia difusión. Entre otras cosas, lo tildaba de «presidente del Norte» y de «gobernador perpetuo» y le preguntaba con acritud si se consideraba «gerente, prefecto o apoderado de las susodichas provincias».

Los Taboadas sobrellevaron el embate presidencial con cautela y ejercieron su dominio durante varios años más, pero en septiembre de 1871 el fallecimiento de Manuel —el talento político de la familia— debilitó notoriamente al clan.

El fracaso de la fórmula presidencial Mitre-Torrent, apoyada por Santiago del Estero, y la consagración de Avellaneda como presidente, precipitaron los acontecimientos. Con el pretexto de asegurar comicios libres para una elección de diputados, a mediados de 1875 llegaron a la provincia fuerzas militares nacionales y el taboadismo se desmoronó bajo la presión de las bayonetas. Sus cabezas más visibles fueron perseguidas en forma implacable y la resistencia que ofrecieron algunas montoneras resultó aplastada. Escapados de la persecución, Antonio y Gaspar murieron en Tucumán solos y olvidados en 1883 y 1890. respectivamente.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Biografía de Pantaleón Rivarola Poeta Argentino Obra Literaria

HOMBRES ILUSTRES: VIDA Y OBRA LITERARIA DE PANTALEÓN RIVAROLA

Era Pantaleón Rivarola una respetable y grave figura patricia del Buenos Aires colonial, de esas que forjaron los brillos de la patria naciente. En su carácter de ilustre vecino asistió a los acontecimientos de armas que sacudieron a los rioplatenses en ocasión de;las invasiones inglesas y que los prepararon para luchar más tarde con los veteranos españoles.

Se familiarizó con las letras en las aulas que impartían la enseñanza rígida propia del siglo xvm; er.señó, más tarde, a las jóvenes generaciones que tuvieron participación directa en las jornadas libertadoras; se hizo soldado y actuó, a la manera de los poetas medievales, con singular fiereza, en la reconquista y defensa de Buenos Aires; enarboló luego el estandarte de los revolucionarios, poniendo su dialéctica y su verbo al servicio del ideal democrático.

Una vida tan fecunda pudo recoger, y recogió, diversas experiencias. Una mente clara, unida a la inspiración desbordante y al fervor más puro, tradujo el pensamiento en romances que se consideran valiosos por su utilidad como testimonios históricos.

Las dos composiciones de este noble vate colonial suman alrededor de 2.000 versos, No son verdaderas poesías, sino más bien crónicas rimadas, en las cuales se propuso, con cierta ingenuidad, pintar las jornadas trágicas de las invasiones inglesas, salvando el nombre oscuro de los que ayudaron a defender la ciudad. El relato de Rivarola es en verdad escrupuloso; los detalles, aun aquellos de menor significación, lo convierten en instrumento de orientación histórica; para algunos, el poeta nos ha legado un documento fidedigno; para otros, es el suyo un documento subsidiario.

Resulta significativo que Rivarola dedicara al Cabildo su romance y que fuera en el Cabildo —única institución democrática en el régimen colonial— donde se tratara la disputa de las pasiones que suscitó. Si bien es cierto que la obra del poeta no llevaba en sí la intención de fundar escuela propia, debe reconocerse que obtuvo, en su momento, mucha popularidad.

Esto se explica porque tanto el «Romance histórico» como «La heroica defensa» estaban construídos con elementos populares: el octosílabo tradicional; la rima suelta los nombres de gentes y de lugares que se mencionan a cada momento. Fijó, pues, en verso vugar un testimonio colectivo, un sentimiento común a todos, nacido de las heroícas jornadas de las invasiones inglesas.

A pesar de los ripios, los pasajes de sus romances debieron de impresionar vivamente el alma popular que vibraba con fervores hasta entonces desconocidos.

De estos versos afloran, también, te nombres de quienes carecían hasta enton oes de toda importancia: los negros esclavos del suburbio; los gauchos arribeños y los mestizos ignorados. Con estos  romances, el «negro», tan visible después en el poema gaucho de Hernández, entra por primera vez en la literatura argentina.

BIOGRAFÍA: PANTALEÓN RIVAROLA (1754-1821)
En el Buenos Aires colonial nació Pantaleón Rivarola el 27 de julio de 1754. Aquí cursó  humanidades, aunque su despejada inteligencia buscó superarse en derecho, para lo cual viajó a Chile.

Después de doctorarse en ambos derechos fue catedrático de leyes en la Universidad de San Felipe y notario del Santo Oficio en el reino de Chile, desde donde volvió a su patria. Las juventudes porteñas necesitaban de su erudición y su elocuencia, tan útiles a la causa de la democracia cuyos albores despuntaban sobre las playas rioplatenses.

El novísimo colegio de San Carlos, cuyas aulas reunían a los estudiantes de las mejores familias patricias, le ofreció la cátedra de filosofía. Desde su empinada posición moral, Rivarola impartió enseñanzas inolvidables a quienes, con el correr de los años, tendrían graves responsabilidades en el quehacer cívico argentino: entre sus alumnos de 1779 figuró Juan José Castelli, el que iba a ser en 1810 dialéctico formidable en el Cabildo de mayo y esforzado caudillo en las guerras de la revolución.

De la enseñanza pasó a una capellanía militar, en el batallón del Fijo, como llamaban a uno de los regimientos que guarnecían «de fijo» la ciudad.

Con la misma facilidad con que se había familiarizado con las letras, se fue acostumbrando al manejo de las armas. Tal vez un escondido presentimiento le dictara la conveniencia de saber empuñar un fusil en defensa del país que muy pronto sería invadido. Ambos aprendizajes los coronó con sus romances «La reconquista» y «La defensa», sobre la epopeya que los soldados y paisanos escribieron con sangre heroica, batiéndose contra el enemigo inglés.

Cuando las campanas alertaron a la población, en 1807, Rivarola salió a la calle para luchar hombro con hombro junto a los mártires de la defensa de Buenos Aires. Su lira recogió con veracidad impresionante los capítulos del fervor popular: la viveza, el brío y el denuedo de los hombres, de los niños y las mujeres anónimos; los clamores de los que dejaban todo tras de si, huyendo del saqueo; los rasgos de infinita audacia; la organización precaria, aunque efectiva, de los diversos barrios, que se unieron en la gesta…; todo, sin excepción, fue motivo para que sus versos pudiesen cantar el valor coronado por la victoria.

Consumada en 1810 la revolución democrática, se unió a ella con entusiasmo, a fin de ratificar una vez más sus experiencias de soldado y de maestro. El gobierno revolucionario lo nombró, en 1812, miembro de la junta conservadora de la libertad de imprenta.

Murió el 24 de setiembre de 1821; vale decir, en los umbrales de las luchas internas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Edición de Lujo Tomo VIII Edit. CODEX

Asesinato de Quiroga Muerte del Caudillo Riojano Los Reinafé (301)

Asesinato de Quiroga Muerte del Caudillo Riojano

Asesinato de Quiroga: Juan Facundo Quiroga se había radicado nuevamente en Buenos Aires luego de la victoriade la Ciudadela, en noviembre de 1831. En noviembre de 1834 se produjo un conflicto entre los gobernadores federales de Salta y Tucumán, Pablo Latorre y Alejandro Heredia, respectivamente.

Quiroga fue presionado por Rosas y por el gobernador bonaerense Maza para que fuera a reconciliarlos, con plenos poderes. Quiroga partió de Buenos Aires el 16 de diciembre de 1834. Pero, al llegar a Santiago del Estero se enteró que Latorre había sido derrocado y muerto, el 29 de diciembre de 1834.

Desde el 3 al 6 de enero de 1835 se reunió con Juan Felipe (barra, gobernador santiagueño, y el tucumano Heredia, para reconocer al nuevo gobierno salteño.

Y asimismo firmó con ellos un tratado efe alianza y amistad que debía extenderse a las demás provincias argentinas. Era una liga que significaba el comienzo de la organización nacional y respondía exclusivamente a Quiroga.

Luego de la firma de tal pacto, emprendió Quiroga el regreso en compañía de su secretario José Santos Ortiz.

En el trayecto le advirtieron que el capitán José Santos Pérez lo esperaba con una partida para matarlo. Quiroga aseguró con soberbia que «a una orden mía se pondrán a mi servicio».

El 15 de febrero de 1835 entraron en la provincia de Córdoba e hicieron noche en la posta de Intihuasi. Al amanecer prosiguieron viaje y a las once de la mañana del 16 de febrero de 1835, en el recodo solitario de Barranca Yaco, una partida armada detuvo el carruaje. «¡Alto!» gritó el jefe del grupo. Quiroga asomó la cabeza por la ventanilla de la diligencia y gritó colérico: «¿Qué significa esto, quién manda esta partida?».

Adivinó la situación y trató de tomar una de sus pistolas pero un disparo le penetró por el ojo izquierdo y le atravesó la cabeza. De inmediato otro de los gauchos de la partida le enterró un cuchillo en la garganta. Sus últimas palabras fueron: «¡No maten a un general!».

Todos fueron exterminados pues no debía haber testigos. Pero e correo Agustín Marín y el ordenanza de José Santos Pérez, que viajaban detrás de la diligencia retrasados en sus cabalgaduras, advirtieron a lo lejos lo que pasaba y se ocultaron en unos matorrales.

La noticia del asesinato de Quiroga llegó a Buenos Aires e 3 de marzo y el acontecimiento impresionó a la opinión pública. Rosas, ante este hecho, escribió: «¡Miserables, ya lo verán ahora!. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones».

El asesinato se atribuyó en un principio a una conspiración unitaria. Pero luego de una investigación, se llegó a la conclusión que el suceso estaba íntimamente ligado a las diferencias en el campo federal. Los autores materiales del asesinato y sus cómplices más directos fueron procesados.

El 25 de octubre de 1837 fueron fusilados en la Plaza de Mayo, Santos Pérez (jefe de la partida) y los hermanos José Vicente y Guillermo Reinafé, caudillos cordobeses distanciados con Quiroga y protegidos de Estanislao López.

EL ORDEN PROVINCIAL: Si se estudia la organización política de La Rioja durante la actuación de Quiroga, se observará que se destaca la vigencia de un ordenamiento legal mucho más establecido de lo que suele suponerse.

El análisis de ciertos aspectos sustanciales de las relaciones entre los poderes provinciales riojanos (el gobierno y la Sala de Representantes) y Quiroga, que se iniciaron en 1820, sugiere la necesidad de matizar esa imagen del caudillo que, seguido por sus huestes, dominaba a su antojo una tierra de nadie.

Por una parte, se observa que, junto al poder de Quiroga, se mantenía una estructura política/legal, a veces de origen colonial; por otra, se advierte que el desarrollo de instituciones estatales en la provincia no era una simple formalidad.

Por el contrario, estas instituciones, aunque rudimentarias, traducen el surgimiento de nuevas condiciones políticas, que se inscribían dentro de los esfuerzos por consolidar soberanías provinciales autónomas en el Río de la Plata, durante la primera mitad del siglo XIX.

Lo cierto es que el poder particular del caudillo estaba basado sobre relaciones informales (familiares, amistosas, comerciales) y formales, y se amparaba en una legalidad que. estaba presente tanto en sus relaciones políticas como en sus actividades privadas. Así, el poder de Quiroga se asentaba, también, en su condición de ganadero, comerciante y prestamista de grandes sumas de dinero.

En su carácter de hombre de negocios, se sometía a ciertas normas prácticas que regulaban las relaciones comerciales de la época, como la escrituración de la compra de tierras o el pago de derechos de exportación a su provincia.

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en America

Batalla de Ayacucho Fin del Imperio Colonial Español en América

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: En enero de 1820 se produjo en Cádiz la sublevación de las tropas destinadas a América para vencer a los revolucionarios. Bajo la dirección del coronel Rafael del Riego, las tropas marcharon sobre Madrid e impusieron a Fernando Vil el restablecimiento de la Constitución de 1812, de carácter liberal.

Esta situación favoreció el desarrollo de las guerras por la independencia de América. Así, luego de varias derrotas, los realistas fueron vencidos definitivamente por el general Antonio J. de Sucre en la Batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824.

batalla de ayacucho

Ver: El Héroe de Ayacucho: José maría Córdova

La independencia de las Provincias Unidas fue reconocida, sucesivamente, por Portugal (1821), Estados Unidos (1822)-que, simultáneamente, reconoció la independencia de otros países americanos- y Gran Bretaña (1824).

El glorioso proceso de independencia fue coronado por dos grandes batallas que libraron los ejércitos patriotas contra las fuerzas realistas que, tras la proclamación del 28 de julio de 1821, aún se mantenían en nuestro territorio y pugnaban por reconquistar a nuestro pueblo.

Una de estas batallas libradas fue la de Ayacucho, donde el valor y coraje de las tropas lograron la victoria.

El día 9 de diciembre de 1824, a las 9:00, se inició la Batalla de Ayacucho. A las 13:00, Canterac, informado de que el virrey La Serna había sido hecho prisionero por la valerosa acción del sargento Barahona, y herido de arma blanca, tomó el mando del ejército realista y convocó a Consejo de Guerra para evaluar la situación militar de la batalla.

Las conclusiones de ese Consejo fueron que:

1.La batalla estaba siendo ganada por los patriotas.
2.Existía desbande en sus tropas.

A pesar de los informes, el Consejo de Guerra decidió el repliegue del ejército realista al Alto Perú para apoyar al general Olañeta, pero las tropas realistas ya no tenían fuerzas ni ganas de obedecer a sus jefes.

La tropa realista, al recibir esa orden, se amotinó y se produjeron rendiciones y huidas.

El Mariscal del Perú, don José de La Mar, con un ayudante, instó a la rendición a los jefes realistas, “asegurando que el general Sucre estaba dispuesto a conceder a los vencidos una capitulación tan amplia como sus altas facultades permitiesen, a fin de que cesaran del todo las desgracias en el Perú”.

Ante su situación militar calamitosa y ya sin tropas por el amotinamiento, el general Canterac aceptó la rendición.

Después de Ayacucho, Bolívar y Sucre descendieron al Alto Perú, donde se encontró en Potosí con los enviados argentinos, general Alvear y doctor José Miguel Díaz Vélez, repitiéndose allí las escenas de la entrevista de Guayaquil: ofreció a los emisarios argentinos el concurso de 22.000 hombres para rechazar el poder imperial del Brasil, como ya se lo había manifestado el Libertador al general Alvarado en Arequipa, poco antes, diciéndolé: «Tengo 22.000 hombres que no sé en qué emplearlos, y cuando la «República Argentina está amenazada por el Brasil, que es un poder irresistible para ella, se me brinda la oportunidad de ser el regulador de la «América del Sur. Le ofrezco a Vd. un cuerpo de 6000 hombres para que «ocupe a Salta».

El general Alvarado había rehusado el ofrecimiento con paliativos propios de su carácter.

La primera conferencia con Alvear y Díaz Vélez tuvo lugar el 18 de octubre, y, la segunda, el 19, tratándose en ambas la cooperación del Libertador para solucionar el viejo pleito de la Banda Oriental; pero las pretensiones de Bolívar, netamente imperialistas, disuadieron al Gobiereno Argentino del empleo de un auxilio que podría transformarse en un peligro mayor.

Sin embargo, las negociaciones se habían continuado en Chuquisaca, interviniendo en ellas el mariscal Sucre y terciando el coronel Dorrego que se hallaba accidenttalmente en aquellos lugares.

Quedaron finalmente en la nada.

Convocada y reunida en Chuquisaca una Convención de las provincias interiores y septentrionales del Perú, se decretó su separación del Gobierno de Buenos Aires, con el nombre de República de Bolivia, en honor del Libertador nombrado protector perpetuo de la misma.

Se le invitó, así mismo a dictar una constitución la que fué presentada al Congreso boliviano el 25 de mayo de 1826, por la que se confería el P. E. a un presidente vitalicio, irresponsable ante el Congreso y con derecho a nombrar sucesor.

Estos hechos alarmaron profundamente a los republicanos de Bolivia, Perú, Venezuela, Nueva Granada y aún a los de Chile y Buenos Aires, acusando a Bolívar de querer asumir la distadura perpetua de la América Meridional.

Aprovechando esta situación, el general Páez, vice-presidente de la República de Venezuela, y en funciones de Presidente durante la ausencia de Bolívar, declaróse independiente, secundado por un gran número de partidarios; el Libertador confiando entonces el gobierno del Perú a un consejo formado por sus más incondicionales partidarios presididos por Santa Cruz, marchó a Venezuela, ocupando todo su territorio sin resistencia, entrando también en Puerto Cabello, donde se había retirado Páez, a quien después de someter, repuso en su mando, y al día siguiente decretó una amnistía general para todos los que habían participado en la última sublevación.

Queriendo anular las acusaciones que se le habían formulado de pretender apoderarse de la dictadura, a comienzos de 1827 renunció a la Presidencia de Colombia, que retiró ante la insistencia de las cámaras.

Por aquella época, en el Perú, tropas mandadas por Lara y Sandú, depusieron al Consejo nombrado por Bolívar y pronunciándose contra la Constitución, proclamaron un gobierno provisional presidido por el general Lámar; un movimiento semejante tuvo lugar en Bolivia, iniciándose otro igual en Colombia, pero este pudo ser dominado por el general Ovando, amigo del Libertador.

Este último, que había pretendido que se reforzara la autoridad del P. E., proyecto rechazado por las Cámaras, fue el blanco de la calumnia apasionada y los descontentos y envidiosos tramaron un complot: en la noche del 25 de septiembre de 1828 los sediciosos penetraron en el Palacio de Gobierno, dando muerte a las guardias, pero al llegar a las habitaciones de Bolívar, éste no se hallaba allí, porque advertido, había logrado saltar por una ventana .

Esta conspiración había sido organizada por los generales Santander y Padilla. Al día siguiente, el Libertador Bolivar fue aclamado por el pueblo, que había creído la noticia de su falsa muerte, y fué llevado triunfalmente al Palacio de Gobierno.

Asumió facultades extraordinarias y las ejecuciones fueron numerosas, palideciendo desde entonces la estrella del Libertador.

Los peruanos declararon la guerra a Bolívar, y mientras este marchó a combatirlos, Venezuela se declaró independiente nuevamente, con Páez de Presidente.

De regreso, en enero de 1830 Bolívar renunció por quinta vez al poder y mientras marchaba para someter a Páez y los venezolanos, el Congreso le aceptó la renuncia, señalándole una pensión de 3000 pesos anuales y expulsándolo del territorio venezolano.

Este fue el golpe de muerte para Bolívar, como lo expresó a don Joaquín Mosquera portador de la decisión del Congreso.

Creyendo que el clima de Cartagena le asentaba mal a su quebrantada salud, el Libertador se trasladó a Santa Marta, alojándose en casa de don Joaquín de Mier, un español amigo suyo, donde el día 17 de diciembre expiró a la una de la tarde, a los 47 años, 4 meses y 23 días de su existeencia. Por disposición testamentaria sus restos fueron trasladados solemnemente a Caracas en 1842, donde se levantó el monumento a su memoria.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Ideas Educativas De Sarmiento Estado y la Educacion Obligatoriedad

LAS IDEAS EDUCATIVAS DE SARMIENTO:

Un requisito para la existencia de un Estado nacional es el de conseguir un grado importante de cohesión cultural. Quienes se dedicaron a organizar el Estado argentino no olvidaron esta cuestión y debieron enfrentar una particularidad de nuestro país: la nación se estaba formando con el aporte masivo de inmigrantes de diferentes países, con lenguas y tradiciones diferentes.

Domingo Faustino Sarmiento

El Estado se fijó entonces como prioridad la tarea educativa, y con mayor énfasis a partir de la presidencia de Sarmiento, impulsó decisivamente la educación primaria. Se fundaron escuelas de primeras letras en todo el territorio nacional y también se crearon escuelas normales. En el siguiente texto, el historiador Gregorio Weinberg analiza las ideas educativas de Sarmiento y su relación con el modelo de país que se estaba gestando.

«Las ideas educativas de Sarmiento, en su intento por imponerlas en su país, estaban indisolublemente ligadas a una concepción que las integraba con una política inmigratoria y colonizadora; o expresado en otros términos, propiciaba el pasaje de una Argentina ganadera a otra agropecuaria; uno de los elementos esenciales para lograr esa transformación, tal como se la acaba de enunciar, era la educación que, por entonces y a nivel primario, se juzgaba permitiría la formación de hombres que pudieran ser productores y, simultáneamente, partícipes de ese proceso de cambio. Tenía por tanto la educación una función tanto política como económica y social.

La difusión de las primeras letras posibilitaría el acceso a la lectura, y por ende, al conocimiento de las ‘cartillas’ a través de las cuales se difundirían las conquistas, asombrosas para la época, de la Revolución Agrícola e Industrial que conmovía a Estados Unidos y Europa Occidental.

Ahora bien, la preocupación por el nivel primario era correcta para su época, pues educación elemental (o básica o primaria) y educación popular podían considerarse por entonces poco menos que equivalentes. Desde luego que la efectiva alfabetización siguió un ritmo menos intenso del previsto (es el supuesto fracaso que le reprocharon sus críticos más severos).

Pero ello quizás admita otra explicación: al no alcanzar la propiedad de la tierra (que estaba en manos de un sector reducido, adueñado de gran parte de la pampa húmeda y que paulatinamente se iría apropiando de sus ampliaciones sucesivas, como resultado de la llamada ‘conquista del desierto, concentración de la propiedad explicable sobre todo por el franco éxito de la economía pecuaria exportadora y que por entonces excluía al agricultor), al impedírsele también el usufructo de los derechos de ciudadanía y el ejercicio efectivo del sufragio, el factor educativo no desempeña en este plan el carácter de una variable cambiadora tal como se desprendía del ‘modelo’ sarmientino inicial, sino que pasa a ser una variable modernizados.

Pero de todos modos, y hechas las salvedades del caso, jugó un papel fundamental inspirando una ley de educación nacionalizadora de la inmigración e integradora del país. Así pues, su función democratizadora y unificadora tuvo sobresaliente importancia durante casi un siglo. Más aún, su influjo sobre la legislación escolar latinoamericana es indudable.»

GREGORIO WEINBERC.
Modelos educativos en la historia de América Latina. Buenos Aires, Kapelusz, 1984.

Educación popular: En las primeras décadas del siglo XIX había escuelas pero no existía un sistema educativo: no lo había si lo entendemos como institución, estructurado, con niveles, con un método de enseñanza. La educación va surgiendo, a decir verdad, inversamente a la edad de las personas: primero la universidad, luego los colegios secundarios que preparan para la universidad, y recién al final las escuelas primarias.

Sarmiento tuvo un temprano interés por desarrollar la educación como herramienta para la construcción do una sociedad civil y política moderna. Escribió varios textos sobre el tema, pero quizás el más paradigmático sea De la Educación popular, de 1849, uno de los resul tados de sus viajes por Europa y los Estados Unido:; Desde joven, la educación que le había sido negada, como dijimos, lo impulsaba a promover una educación estatal, para todos, gratuita y de calidad. Dirigiéndose a Manuel Montt, el ministro chileno que lo había enviado a aquel viaje de estudios, Sarmiento afirmaba: «No se me culpe de abandonarme a sueños de perfección irrealizables para nosotros». Es entonces que propone un sistema orientado a la educación de los sectores populares, en un siglo XIX en el cual sólo las minorías ilustradas tenían real acceso al saber.

Entusiasmado, defiende un esquema basado en los siguientes pilares:
«Cunas públicas» dedicadas a recién nacidos hasta los 18 meses, para ayudar a las madres pobres a continuar con sus trabajos.

«Salas de asilo» para niños de hasta cuatro años, donde empezaran a aprender a leer y escribir, a contar, a cantar, pusieran en movimiento el cuerpo y la imaginación.

Escuela primaria, donde se «ponen a disposición de los niños los instrumentos del saber».

Escuelas de artes y oficios, para transmitir al joven «un arte para producir riqueza».

Fuente: Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela

«De este principio imprescriptible [la igualdad de derechos de los hombres] hoy nace la obligación de todo gobierno a proveer educación a las generaciones venideras, ya que no puede compeler a todos los individuos de la presente a recibir la preparación intelectual que supone el ejercicio de los derechos que le están atribuidos. La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas de la voluntad.

Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene el interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados.

El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que las poseen».

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, Educación popular.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: El gran mérito de la presidencia de Sarmiento fue la política educativa llevada a cabo en el ámbito secundario,  ya que la primaria y la superior eran provinciales.  Funda cinco colegios  nacionales en Rosario,   Corrientes,  Santiago del Estero,   San Luis y Jujuy; dos escuelas normales: en 1870 la de Paraná,  dirigida por un pedagogo norteamericano,   George Sterns,  recomendado por Mrs.Mann,  y en 1873 la de Tucumán.

Abre bibliotecas públicas anexas a los  colegios nacionales,  a los que dota de cursos  nocturnos para empleados y artesanos.  Funda el Colegio Militar para la formación de oficiales en 1870,  y en 1872 la Escuela Naval  Militar. Subvenciona escuelas particulares y ayuda a La Rioja a mantener escuelas de primeras letras. Debemos reconocer en su ministro de instrucción pública, Nicolás Avellaneda, al hom bre encargado de cristalizar en los hechos la orientación favorecedora de la instrucción.

La Escuela Normal de Paraná se componía de un curso normal y de una escuela modelo de aplicación para niños de ambos sexos. Hasta 1880,  el plan de estudios del curso normal,   imitado de los establecimientos similares norteamericanos y franceses,  era de cuatro años y brindaba una cultura general  un poco inferior a la del bachillerato,  además de la preparación pedagógica.  Desde sus comienzos y hasta 1876, la escuela fue dirigida por George Sterns. 

Este esforzado educador tuvo que luchar durante su gestión con grandes dificultades: el estado ruinoso del edificio, la deficiente preparación con que llegaban los  alumnos,  la carencia de útiles y textos, las luchas civiles en la provincia de Entre Rfos,  éstos fueron los principales obstácu los que debió enfrentar. A ellos se debe agregar la reacción provocada por el hecho de excluirse de esta escuela y por primera vez en el pafs,  la enseñanza religiosa, sumado a la circunstancia de ser protestantes muchos de sus profesores.

La mayoría de los alumnos eran becados y llegaban de diferentes puntos del país. Esto le dio resonancia nacional a la obra de la Escuela. Sus egresados difundieron por todas partes la técnica pestalozziana aprendida allf y fueron exponentes, a la vez que forjadores, de un tipo característico: el «normalista», con una formación precozmente especializada, cierta unüateralidad cultural y una firme adhesión a los dogmas positivistas.

A partir de 1874 se fueron creando en distintas ciudades  otras escuelas normales y nuevos departamentos  normales anexos a colegios  nacionales.  La duración de los cursos era de tres años en general,  excepto en la Escuela Normal de Paraná donde fue mantenido el plan de cuatro años hasta 1880,  en que se le dio a este  insti tuto la categorfa de Escuela Normal de Profesores.

Los  intentos de promover en el conjunto de la población algún tipo de formación profesional  o técnica realizados a comienzos de la década del  80 tuvieron un rápido fracaso debido a la estructura político-económica del país que no requerfa de los servicios de una educación formal.  La presencia de los inmigrantes que contaban con un grado de formación de su país de origen,   unido a la acción espontánea que se produce en procesos de esta naturaleza donde la capacitación requerida es muy rudimentaria,  fueron los factores que cubrieron las escasas necesidades existentes de una formación determinada.

Ampliar: Ideas y Reformas Educativas en el Siglo XIX

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

 

Pensamiento de Sarmiento Para La Organizacion Nacional de Argentina

Pensamiento de Sarmiento Para
La Organización Nacional de Argentina

Entre 1868 y 1874, Domingo Faustino Sarmiento ocupó la presidencia de la Nación. Su gestión gubernamental continuó con el proceso iniciado por Mitre de consolidación y fortalecimiento estatal, y unificación política.

PRESIDENCIA DE SARMIENTO (1868-1874): El 12 de octubre de 1868 Sarmiento asumió la presidencia. Uno de sus objetivos fue imponer la autoridad del gobierno nacional, deteriorada por las luchas internas. Sin apoyos partidarios propios, contó con el ejército nacional para llevar a cabo la obra civilizadora que consideraba indispensable para el país.

En el interior, los Taboada eran el sostén mitrista que realizó a Entre Ríos en 1869. Esta actitud del gobernador entrerriano no agradó a muchos de sus partidarios; la oposición fue encabezada por Ricardo López Jordán. El 11 de abril de 1870 Urquiza fue asesinado en su palacio de San José. La Legislatura entrerriana lo reemplazó por López Jordán, que se levantó contra el poder central, pero fue vencido por las tropas nacionales. Nuevos intentos revolucionarios del mismo caudillo fracasarán en anos posteriores. (leer más sobre su gobierno)

Domingo Faustino Sarmiento

Pensamiento de Sarmiento Para La Organización Nacional de Argentina

Los siguientes fragmentos pertenecen a diversos libros escritos por Sarmiento entre 1845 y 1853.

Proyectos
«Cuando haya un gobierno culto y ocupado de los intereses de la nación, ¡qué de empresas, qué de movimiento industrial!
[…] el elemento principal de orden y moralización que la República Argentina cuenta hoy, es la inmigración europea […]. El día, pues, que un gobierno nuevo dirija a objetos de utilidad nacional, los millones que hoy se gastan en hacer guerras […], la inmigración industriosa de la Europa se dirigirá en masa al Río de la Plata; el Nuevo Gobierno se encargará de distribuirla por las provincias […] y terrenos feraces les serán adjudicados, y en diez años quedarán todas las márgenes de los ríos, cubiertas de ciudades, y la República doblará su población con vecinos activos, morales e industriosos. Estas no son quimeras, pues basta quererlo y que haya un gobierno menos brutal que el presente para conseguirlo.
[…] cien mil por año harían en diez años, un millón de europeos industriosos diseminados por toda la República, enseñándonos a trabajar, explotando nuevas riquezas y enriqueciendo al país, con sus propiedades.
[…] el Nuevo Gobierno organizará la educación pública en toda la República, con rentas adecuadas y con Ministerio especial, como en Europa.»
Facundo (1845). Buenos Aires, CEAL, 1967

Un modelo
«Dios ha querido al fin que se hallen reunidos en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a la sociedad dilatarse hasta el infinito, sin temor a la miseria; el hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente como un astro […] y todos estos hechos se eslabonan entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio industrial; la democracia y la superioridad de los buques.»
«Viajes» (1847). En Obras Completas. (T.V), Buenos Aires, 1949.

Los medios y los fines
«El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral, e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean.

La dignidad del Estado, la gloria de una nación no pueden ya cifrarse, pues, sino en la dignidad de condición de sus subditos […]. Hay además objetos de previsión que tener vista al ocuparse de la educación pública, y es que las masas están menos dispuestas al respeto de las vidas y de las propiedades a medida que su razón y sus sentimientos morales están menos cultivados. […] Téngase presente además, que los Estados sudamericanos pertenecen a una raza que figura en última línea entre los pueblos civilizados.

[…] la producción hija del trabajo, no puede hacerse hoy en una escala provechosa, sino por la introducción de los medios mecánicos que ha conquistado la industria de los otros países; y si la educación no prepara a las venideras generaciones para esta necesaria adaptación de los medios de trabajo, el resultado será la pobreza y la oscuridad nacional […]. Un crecido número de emigrantes de otras naciones que no sean la española, la única que nos es análoga en atraso intelectual e incapacidad industrial, traerá por consecuencia forzosa la sustitución de una sociedad a otra, haciendo lentamente descender a las últimas condiciones de la sociedad a los que no se hallen preparados ppr la educación de su capacidad intelectual e industrial […].»

«Educación popular» (1849). En Obras Completas, (T. XI).

«Una fuerte unidad nacional sin tradiciones, sin historia, y entre individuos venidos de todos los puntos de la tierra, no puede formarse sino por una fuerte educación común que amalgame las razas, las tradiciones de esos pueblos en el sentimiento de los intereses, del porvenir de la nueva patria.»

«Viajes». Citado por Natalio Botana en La tradición republicana. Buenos Aires, Sudamericana, 1984.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
SARMIENTO PUBLICÓ DS NUEVAS OBRAS

Este año y desde su exilio chileno, Domingo F. miento publicó dos obras clave en su vasta producción intelectual: Argirópolisy Recuerdos de provincia.

Escrita bajo la fuerte influencia del viaje que realizara a los Estados Unidos en 1847, en Argirópolis o La capital de los Estados Confederados del Río de la Plata Sarmiento desestima su idea de construir un Estado centralizado según el modelo francés; y propone un modelo similar al americano, integrado tanto por la Argentina como por Uruguay y Paraguay.

El sitio de Montevideo, la presencia de la armada francesa y los ejércitos que se oponían a Rosas en el Río de la Plata daban cuenta de una conflictividad a la cual Sarmiento pretendía poner fin mediante la postulación de una fórmula superadora. Explícita así Sarmiento su intención: «Terminar la guerra, constituir al país, acabar con las animosidades, conciliar intereses de suyo divergentes, conservar las autoridades actuales, echar las bases del desarrollo de la riqueza y dar a cada provincia y a cada Estado comprometido lo que le pertenece. ¿No son, por ventura, demasiados bienes para tratar con ligereza el medio que se propone para obtenerlos?».

Inspirado en la experiencia que concluyó con la imposición de Washington como capital del país del norte, Sarmiento propone a la isla Martín García como capital de la Ciudad del Plata o Argirópolis. «Por su condición insular está independiente de ambas márgenes del río; por su posición geográfica es la aduana común de todos los pueblos riberanos […], por su situación estratégica es el baluarte que guarda la entrada de los ríos y […] será una barrera insuperable contra todo amago de invasión».

Por su parte, en Recuerdos de provincia, la reconstrucción de su infancia y juventud constituyen la excusa para trazar un paralelismo, sin duda aleccionador, entre su propia vida y la de la Argentina, ambas surgidas al despuntar la segunda década del siglo XIX. La descripción de su San Juan natal, de sus familias de origen, etc., constituyen, en realidad, un verdadero recurso para dar cuenta del devenir de la vida pública argentina de esos años.

Pero aunque pudiera sostenerse que estas obras responden a géneros literarios diferentes (ensayo utópico la primera; testimonio autobiográfico la segunda), ambas ilustran, ejemplarmente, la obsesión del autor por postular un orden político y social para la Argentina, en definitiva, la preocupación excluyente en la biografía de Sarmiento.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869 Nota de Diego F. Barros Sociólogo

Unificacion del estado argentino Gobierno de Domingo Sarmiento Legado

Unificación del Estado Argentino
Gobierno de Domingo Sarmiento

Entre 1868 y 1874, Domingo Faustino Sarmiento ocupó la presidencia de la  Nación. Su gestión gubernamental continuó con el proceso iniciado por Mitre de consolidación y fortalecimiento estatal, y unificación política.

PRESIDENCIA DE SARMIENTO (1868-1874)

El 12 de octubre de 1868 Sarmiento asumió la presidencia. Uno de sus objetivos fue imponer la autoridad del gobierno nacional, deteriorada por las luchas internas. Sin apoyos partidarios propios. contó con el ejército nacional para llevar a cabo la obra civilizadora que consideraba indispensable para el país.

En el interior, los Taboada eran el sostén mitrista que realizó a Entre Ríos en 1869. Esta actitud del gobernador entrerriano no agradó a muchos de sus partidarios; la oposición fue encabezada por Ricardo López Jordán. El 11 de abril de 1870 Urquiza fue asesinado en su palacio de San José. La Legislatura entrerriana lo reemplazó por López Jordán, que se levantó contra el poder central, pero fue vencido por las tropas nacionales. Nuevos intentos revolucionarios del mismo caudillo fracasarán en anos posteriores.

En 1870, al finalizar la guerra con el Paraguay, el ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Varela, sostuvo como tesis que la victoria no daba derechos a los aliados para establecer limites con el país vencido. La política del Brasil era otra: pretendía obtener ventajas económicas y territoriales. El enfrentamiento se produjo por la posesión del Chaco, que Paraguay reclamaba como suyo; Brasil lo apoyó y firmó la paz por separado. Las relaciones se volvieron muy tensas.

En 1872 Mitre fue enviado a Río de Janeiro como ministro plenipotenciario y logró que Brasil reconociera las obligaciones emergentes del tratado de la Triple Alianza, firmado en mayo de 1865. Argentina, a su vez, reconoció el tratado de paz entre Brasil y Paraguay. El conflicto se solucionó definitivamente, tras vanos años de negociaciones, con el arbitraje de Estados Unidos de América (1878), que otorgó a Paraguay el territorio situado al norte del río Pilcomayo.

El gobierno de Sarmiento debió enfrentar la ya desprestigiada guerra del Paraguay y continuó con la política mitrista de generar alianzas con las provincias, a pesar de lo cual tuvo que sofocar varios movimientos opositores. La principal oposición a la que se debió enfrentar Sarmiento se produjo en Entre Ríos, seguía siendo dominada por el jefe del Partido Federal, justo José de Urquiza. Pero, para 1868, esta jefatura era fuertemente criticada por los federales más radicales, en parte por la tibia reacción de Urquiza frente a la guerra, en parte por el acuerdo que pacté con Sarmiento.

El 11 de abril de 1870, una partida federal atacó el Palacio San José, residencia de Urquiza, y asesiné a su dueño. Las sospechas apuntaron rápidamente al gobernador Entre Ríos, Ricardo López Jordán. Sarmiento intervino la provincia y mandó tropas que derrotaron a López Jordán en enero de 1871. Con esta derrota se ponía fin a los levantamientos provinciales del Litoral.

LA CUESTIÓN ELECTORAL. Al aproximarse las elecciones para presidente aparecían como candidatos: Mitre, por el partido nacionalista, y Alsina, por el partido autonomista. Fuerzas del interior se organizaron para evitar nuevamente el triunfo de Buenos Aires: en la Exposición Industrial Argentina, realizada en Córdoba en 1871, los gobernadores asistentes convinieron en sostener y apoyar con todos los medios a su alcance la candidatura de Avellaneda. Se formó así una verdadera liga de gobernadores que controlaban las elecciones en sus respectivas provincias e imponían al candidato oficial Alsina, viéndose sin posibilidades, se volcó a favor de Avellaneda y obtuvo que la vicepresidencia correspondiera a un hombre de su partido: Mariano Acosta. Se constituyó entonces el Partido Autonomista Nacional, triunfante en las decisiones realizadas en abril de 1874. El partido Nacionalista impugnó las elecciones por fraudulentas

Al llegar al poder, Sarmiento dejó en claro sus objetivos de propiciar la radicación de escuelas y el reparto de tierras para fomentar la colonización y el poblamiento de la pampa. Si bien no pudo avanzar demasiado en este último propósito, se dedicó con especial fervor al primero de sus objetivos. Mediante la Ley de Subvenciones de 1871 procuró garantizar los fondos para la creación de nuevas escuelas y para la compra de materiales y libros. En 1872 ya funcionaban en todo el país 1.644 escuelas primarias. También incentivó la formaciòn docente a través de la Escuela Normal de Paraná.

REVOLUCIÓN DE 1874. En Buenos Aires y Cuyo estalló la revolución. Desde Colonia. Mitre se dirigió al sur de la provincia de Buenos Aires, donde se reunió con las fuerzas de Ignacio Rivas. Quería unirse con Arredondo. que actuaba en Córdoba y San Luis, pero no pudo lograrlo porque fue vencido en La Verde (27 de noviembre de 1874) por el coronel Inocencio Arias. La rebelión quedó definitivamente sofocada al ser vencido Arredondo por Julio A. Roca en los campos de Santa Rosa (7 de diciembre de 1874).

EL LEGADO DE SARMIENTO:  “Nuestros mayores esfuerzos deben ser destinados a educar las generaciones venideras”. Así se expresa en su libro sobre la educación pública. Como Presidente de la Nación (1868-1874) realiza numerosas obras públicas en su área: funda las primeras escuelas normales, el Colegio Militar y la Escuela Naval, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y muchísimas escuelas primarias. Además, es autor del proyecto de una ley sobre bibliotecas públicas y crea las primeras escuelas para sordomudos.

Muchos años después será criticado por sus ideas anticlericales y por la lucha en favor de la educación laica; como bien afirma Luis Alberto Romero , el siglo XX se ocupa, primero, de combatirlo, y luego, de olvidar sus aportes. Los populistas “lo acusaron de elitista y cosmopolita. Más tarde vendría el contingente de los antropólogos, filósofos y sociólogos antiliberales, relativistas y escépticos, que tomaron como blanco sus convicciones civilizatorias y declararon preferir la barbarie”. El legado de Sarmiento, como sostiene el mencionado historiador, fue indiscutible y persistió hasta mediados del siglo XX: un Estado sólido, una sociedad democrática y con oportunidades de progreso; un sistema educativo gratuito y de alto nivel, que permitió la formación integral de niños de todas las clases sociales.

Transcurrieron ya doscientos años. La distancia temporal nos permite recuperar las mejores cualidades de nuestras figuras históricas y contemplarlas bajo una mirada más lúcida y alejada de las pasiones políticas. La educación, según la intuición de Sarmiento que hoy mantiene intacta su vigencia, es un arma poderosa para erradicar la miseria material y espiritual y formar futuras generaciones capaces de construir ese gran país que este gran educador soñó. Para todos.

Educar para crecer:
“El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que aumentar esas fuerzas de producción, de acción y de dirección. La dignidad del Estado, la gloria de una nación se basa en la dignidad de sus súbditos; y esta dignidad se obtiene elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndolo a la acción ordenada y legítima de todas sus facultades.”
De la educación popular

OBRA DE GOBIERNO. El período de Sarmiento soportó repetidas calamidades: frecuentes malones, grandes inundaciones, y en otras zonas, prolongadas sequías que originaron la muerte de 2.000.000 de cabezas de ganado. El episodio más luctuoso fue la epidemia de fiebre amarilla que, de enero a mayo de 1871, causó en Buenos Aires la muerte de 13.500 personas, sobre una población de 180.000 habitantes.

OBRA CULTURAL. «Educar al Soberano» fue su lema. No obstante la escasez de recursos, creó gran número de escuelas primarias y acreció y regularizó las subvenciones escolares a las provincias/En 1870 fundó la Escuela Normal de Profesores del Paraná. Varios colegios de enseñanza media, inauguraron sus tareas en diversos lugares. Creó la Academia de Ciencias en la Universidad de Córdoba, escuelas de agronomía, arbori-cultura y minería, la de sordomudos; adquirió en Europa laboratorios y colecciones científicas.  Instaló el museo de Historia Natural dirigido por el sabio alemán Germán Burmeister. Estableció el observatorio astronómico de Córdoba, con oficina meteorológica anexa dirigida por el sabio estadounidense Benjamín Gould. Fomentó la ilustración creando la Sociedad Protectora de Bibliotecas Populares y distribuyó por todo el país colecciones de libros selectos.

OBRA ORGÁNICA. Promulgó el Código Civil y de Comercio. En 1869, por la «Ley de ciudadanía», reglamentó el procedimiento que debían seguir los extranjeros para nacionalizarse. Cabe agregar la Ley de Contabilidad y la organización de la Contaduría Nacional, la publicación del «Boletín Oficial» y del cuerpo de taquígrafos, para constancia escrita de discursos y debates de las Cámaras en el momento de su producción.

OBRA MILITAR. Fundó el Colegio Militar (22 de junio de 1879) bajo la dirección del coronel húngaro Czetz. El 5 de octubre le siguió la Escuela Naval, dirigida por el sargento mayor Clodomiro Urtubey. Hizo construir en astilleros ingleses la primera escuadra de guerra moderna, renovó el tipo de fusiles y cañones y adquirió la primera ametralladora.

OBRA ECONÓMICA. Extendió considerablemente la red de ferrocarriles y telégrafos. En 1872 fundó el Banco Nacional. Fomentó la inmigración; en 1869 levantó el primer censo nacional, obra de Diego G. de la Fuente: arrojó para todo el país una población de 1 736 000 habitantes. Al terminar el período fue Director de Escuelas de la provincia de Buenos Aires (comprendía también la ciudad capital), senador por San Juan y sólo por dos meses ministro del Interior.

Señores senadores y representantes:
Por última vez vengo a tener el honor de presidir el acto de la solemne apertura del Congreso Nacional, que se efectúa en medio de las bendiciones de paz de que goza la República, y por cuya dispensación debemos rendir gracias al Creador y congratularnos y congratular a la gran mayoría del pueblo argentino, que no con pocos sacrificios ha respondido al propósito de las leyes del Congreso, y secundado eficazmente la acción del Poder Ejecutivo a quien por la Constitución está reservada su aplicación. (…)

El progreso de las rentas ha seguido de año en año una proporción igual en su aumento a la que han alcanzado la educación del pueblo, la correspondencia epistolar, la inmigración, el consumo de papel, que es la medida del movimiento intelectual, la viabilidad y la telegrafía. (…)

En ferrocarriles, líneas telegráficas y caminos carriles, nuestro país marcha a la vanguardia de esta parte de América.

De doce millones de fuertes a que subían las rentas en 1868, el año pasado llegaron a veinte millones ciento sesenta mil pesos.

La inmigración que alcanzó a la suma de treinta y nueve mil individuos entonces, fue de ochenta mil el año pasado y ofrece llegar a cien mil en el presente.

El correo condujo en 1868 cuatro millones de impresos o manuscritos, mientras que en 1873 ha transportado siete millones setecientos ochenta mil cuatrocientos treinta por la distancia de ochenta y un mil leguas recorridas. La estafeta ambulante ha puesto en movimiento un millón de cartas.

En 1870 se enviaron seis mil cuatrocientos cuarenta telegramas por líneas que recorrían 129 millas; en 1873, ciento setenta mil setenta y nueve por 2.618 millas que funcionan hoy. En 1868 había en los colegios nacionales educándose 1.006 niños, y en 1873 han subido a 4.000. No se recogían datos sobre la educación primaria antes de 1868.

En 1852 a la caída de Rosas, había veinte escuelas costeadas por el Estado de Buenos Aires, y ni ese número en el resto de las provincias; hoy hay 1.117 escuelas públicas, considerable parte de ellas en edificios adecuados y a veces suntuosos. En un Departamento rural de Buenos Aires, bajo la impulsión inteligente del juez de paz Frers, se construyen siete edificios de escuelas.

En 1868 había una Biblioteca Popular en San Juan. Hoy hay 140 distribuidas en todos los pueblos, aun los más oscuros y apartados, alimentadas por treinta y dos mil volúmenes que cuestan 80.000 pesos fuertes.
En 1868 la comunicación con la Europa se hacía por cuatro vapores mensuales. Ahora se hace por diez y nueve, de modo que tenemos un vapor día por medio.

(Discurso de Sarmiento al inaugurar las sesiones del Congreso, en mayo de 1874.)

Biografia de Domingo Faustino Sarmiento Vida y Obra Legado al país

VIDA Y OBRA DE DOMINGO SARMIENTO Y SU LEGADO AL PAÍS

BREVE BIOGRAFIA DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO: Educador, escritor, político, periodista, militar y una de las personalidades más destacadas de América.

Nació en San Juan y falleció en Asunción del Paraguay. Ejerció la presidencia de la República desde 1868 hasta 1874. Fue un niño precoz. A los 4 años ya sabía leer, luego ingresó en la «Escuela de la Patria», donde mereció el título de «Primer ciudadano».

Siendo un adolescente acompañó a su tío el presbítero José de Oro a establecer una escuelita en San Francisco del Monte (San Luis), donde Domingo enseñó a leer a jóvenes mucho mayores que él.

A raíz de las luchas civiles debió emigrar a Chile donde fue maestro, minero y comerciante. De regreso a su patria, en 1839, fundó su primer periódico, «El Zonda». Por sus ideas contra los «federales» fue puesto en prisión.

Gracias a la intervención del gobernador Benavides quedó en libertad y poco después volvió a emigrar a Chile. Al pasar por el valle del Zonda dejó escrito en la piedra: Las ideas no se matan.

En Chile comenzó a escribir en el diario «El Mercurio» y, en 1842, el gobierno le encargó la organización de la Primera Escuela Normal que hubo en América del Sur. Durante su permanencia en Chile escribió algunas de sus obras más importantes: Mi defensa (1843) y Método gradual de lectura.

En 1845 apareció en el diario «El Progreso» como folletín, Civilización y barbarie, que publicó luego como libro con el título de Vida de Juan Facundo Quiroga. El gobierno chileno lo envió para estudiar los sistemas educativos en Europa y los Estados Unidos. Fruto de esas experiencias fueron sus libros Viajes y Educación popular (1849). En 1850 dio a conocer su libro Argirópolis y también Recuerdos de Provincia, su obra más conocida, donde rinde un especial homenaje a su madre Paula Albarracín.

Dos años más tarde apareció apareció Campaña del Ejército Grande y, por último, Conflictos y armonías de las razas en América (1883) y Vida de Dominguito (1886). En 1862 fue gobernador de San Juan. Como presidente de la República llevó a cabo una obra muy progresista.

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AMPLIACIÓN BIOGRÁFICA DE UNA COLABORADORA: Fueron sus padres José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín, que formaron un hogar pobrísimo, en el que nacieron quince hijos de los cuales sobrevivieron seis Domingo Faustino Sarmiento, un niño que llegó a ser en el desarrollo extraordinario de su vida, un hombre de apariencias contradictorias, psicológicamente estructurado con antinomias poderosas.

Fue a la misma vez tierno y terrible, pacífico y combativo, derrochador por una semana y austero el resto de su vida, extremadamente sensible y reidor estrepitoso, gran escritor esencialmente castizo que jamás tuvo idea clara de la sintaxis castellana, libertador y autoritario, tildado de loco por muchos y clamado genial por cultos y excelsos, insultado y bendecido, blanco de burlas acerbas y objeto de admiración extrema, y que en la escala de los desempeños sociales ocupó las posiciones ínfima y máxima, como la de obrero «apir» en una mina chilena y presidente «constitucional» en la República Argentina.

Supongo que se preguntarán el porqué de mi elección: ¿Por qué Sarmiento centrandome en su labor periodística? Fue una decisión bastante personal ya que me interesa mucho el periodismo. En realidad, me fascina todo lo que tenga que ver con los medios de comunicación y, por ende la expresión de ideas. Por eso al comenzar a leer sobre este personaje tan particular, pude notar que de alguna manera él también sentía lo mismo que yo, quizás de una forma mucho más profunda, pero siento que compartimos este mismo de deseo de expresarnos aunque nadie nos pueda escuchar, de compartir aunque nadie quiera recibir, de dialogar aunque nadie tenga tiempo para contestarnos.

Y lo percibo en su obra, en su manera tan particular de escribir que demuestra que no le importa la estructura formal de sus escritos, sino expresar simplemente lo que siente en su corazón. De allí su literatura orgánica y característicamente humana. Y me apasiona ver todo lo que hizo para satisfacer esta necesidad inminente de expresión. Siendo conciente de que no todos fueron éxitos, también hubo fracasos, pero sirvieron de experiencia para superarse cada momento. Es así que de alguna manera quisiera poder llegar a ser como él fue.

Tesonera, sin rendirme, luchando contra lo que sea por lograr ese, mi objetivo que sé que es correcto y vale la pena. Con este ensayo me gustaría poder compartir aunque sea una milésima parte de este sentimiento con ustedes, para que nos demos cuenta de que no es imposible lograr lo que nos proponemos, que nuestros sueños no son tan lejanos si realmente queremos y estamos dispuestos a sacrificarnos para alcanzarlos.

Quisiera también que encontremos en Domingo Faustino Sarmiento esta figura, no de héroe, sino de ejemplo claro y práctico de que no hace falta tener cualidades extraordinarios ni poderes sobrenaturales para ser quienes queremos ser, felices con lo que tenemos, siempre ambicionando más dentro de las posibilidades.

Voy a encarar el desarrollo de este ensayo basándome en su obra periodística relacionándolo, inevitablemente, con su papel de escritor ya que fue esta actividad la que realizó durante más tiempo y donde se vio más claramente reflejada su alma de periodista. Viendo cómo influyo este espíritu de comunicador en todo lo que hizo, no sólo relacionado al arte de las letras, sino también en todos los aspectos de su vida.

Todo acaba en algún momento, todo tiene un final. Todo, menos la palabra, la palabra es inmortal. Bienvenidos al mundo de Domingo Faustino Sarmiento, el periodista… DESARROLLO Sarmiento transformó efectivamente la prensa americana. Sus artículos, que conservaban el aspecto denso y la longitud, ahora extensiva, de los desarrollos doctrinarios, se componen de hechos y de ideas. La vanilocuencia del teorismo y de la injuria ha pasado. Queda sólo el casco repleto, en el tempestuoso desarbolo del buque, arrasado por los huracanes políticos. Aquellos artículos macizos como vigas, son la andamiada de la nacionalidad futura; y en ellos aletea o canta, al pasar la genuina poesía del recuerdo y de la esperanza, como una golondrina fugaz en el mechinal de la pared inconclusa.

De ahí también que no sea «sueltista». Su concepto tiene demasiada trascendencia para resignarse a ese epigrama en prosa. Su literatura neológica y pintoresca, mal pergeñada también a veces, poseía una cosa superior al concepto rígidamente constructor de la academia: la vida, que es irregular pero fecunda. Añadía a esto el prestigio de su gran virtud comunicativa: la jovialidad, que era el reflejo dichoso de una salud moral inquebrantable.

El estilo de Sarmiento introdujo el escándalo bienhechor de la risa, marchitada por el insulso epigrama purista y por la solemnidad retórica. Y tanto se adelantaba a su tiempo aquella campaña por el verbo libre del ideal, que sus frutos son todavía escasos. Sarmiento, como muchos otros jóvenes de su partido y de su clase, había aprovechado la coyuntura; e insinuándose en el ánimo del gobernador, ciertamente accesible al orgullo local de tener en su provincia hombres tan instruidos, aquel grupo inició una serie de trabajos civilizadores.

El Autodidacta: Para entender la obra de Sarmiento, primero hay que comprender de dónde viene el hombre. Sarmiento no tuvo asistencia perfecta a la escuela por voluntad personal, porque quisiera pasar a la Historia como alumno modelo sino por el rigor que le imponía su madre, que lo empujaba a las aulas: recordando sus días escolares, Sarmiento confiesa en Recuerdos de provincia: «Permanecí nueve años sin haber faltado un solo día bajo pretexto ninguno, que mi madre estaba ahí, para cuidar con inapelable severidad de que cumpliese con mi deber de asistencia». Como se dijo, la formación de Sarmiento es la de un autodidacta. Vivió algo parecido a un complejo de inferioridad, porque no tuvo las mejores oportunidades para estudiar y abrirse camino como hubiera querido. «Uno de los temas de Sarmiento es justamente la educación que no tuvo. Yo creo que cuando él hace tanto hincapié en la educación, sobre todo en la educación primaria, se está refiriendo a la educación que le fue negada. Entre los dramas que tenía, el conflicto con el padre pasaba por la cuestión de que él no podía darle educación. Por eso aparece infinidad de veces el tema de la maldición al padre; el hijo maldiciendo al padre o el padre maldiciendo al hijo está como treinta o cuarenta veces en la obra de Sarmiento», según Romano, detallista lector de las obras sarmientinas. (Fuente: Enigmas de la Historia Argentina, Diego Valenzuela)

Constituyeron desde luego, bajo el nombre de Sociedad Literaria una sucursal de la Asociación de Mayo, fundada en Buenos Aires por Echeverría. Era una especie de logia romántica que aunaba los generosos amores de la literatura y de la libertad, confiriendo a la juventud adherente algo así como un bachillerato de civismo. Los jóvenes leían autores nuevos europeos, discutían sus doctrinas, amaban la libertad y argumentaban sobre bases de organización social.

Así fue como el 20 de julio de 1839 aparece el semanario El Zonda, fundado por ocurrencia de Sarmiento a no dudarlo; pues fue el autor de la «constitución» de aquel instituto y lo dirigió en compañía de dos personas de su familia; así como fue el director visible del periódico; en el conflicto, hizo que todo se hechara a perder. El semanario se caracterizaba por sus ataques y grandes críticas contra Juan Manuel de Rosas. Es por eso que sólo duró seis semanas: el gobernador de Buenos Aires levantó con arbitrariedad el precio de publicación del periódico, en la única imprenta existente, o sea la oficial, ocasionando su desaparición.

En su último número el semanario formuló su testamento. Pero con su fundación, nuestro personaje ha iniciado su verdadera vida, pues será periodista por toda su existencia. Lo cierto es que desaparecido El Zonda, la sociedad reveló su verdadero carácter, conspirando de acuerdo con Brizuela, gobernador de La Rioja que se había entendido con los unitarios, contra el mismo Benavídez. Fue aquello la repercusión en San Juan, del movimiento de 1840. Benavídez descubrió la conjuración, arrestó a Sarmiento que se había quedado para cubrir con su presencia ostensible la fuga de sus compañeros, y siempre afable con él, no hizo sino desterrarlo a Chile. Pasó los Andes, runiando su propia médula libertina y romántica, con tal urgencia de producir, que en menos de tres meses había publicado en Chile bajo seudónimo, con ocasión del aniversario de Chacabuco, un sonoro artículo patriótico que le valió el cargo de redactor en El Mercurio de Valparaíso, órgano de aquella publicidad, y dos meses después el de fundador y director de El Nacional, primer periódico de Santiago.

Cincuenta escasos días le bastan para poner en movimiento y dominar la prensa trasandina. Por último El Censor, su postrer empresa, lo colocó entre los iniciadores de la más adelantada época del periodismo argentino. Median cincuenta años de tarea entre la primera y la última de esas hojas. Tarea de fe y de esperanza. En 1961, durante la guerra con las montoneras del Chaco, sus cartas al presidente Mitre contienen siempre esta doble solicitud: armas para asegurar el orden y con él la industria y el comercio, víctimas perpetuas del saqueo gaucho; imprenta, una imprentita», según su diminutivo premioso y confidencial, para la necesaria propaganda del bien público. Y luego, el consabido rasgo jovial: «No me deje usted sin mi trompa de elefante». La libertad indispensable a ese órgano de volar que es el periódico, la quiere ilimitada. «

Un sabio error de nuestra constitución, ha puesto la prensa fuera de la jurisdicción federal. No tiene juez competente, aún para sus delitos». Con esto Sarmiento se refiere a que según la constitución federal, no existe aquí el delito de imprenta. O en términos filosóficos: la libertad del pensamiento jamás puede constituir delito, lo único que se castiga es el delito común, cometido por medio de la prensa. Esto equivale, sencillamente, a inaugurar una nueva civilización, puesto que es lo contrario de la antigua.

La nación debe al liberalismo porteño esta garantía histórica. La libertad ilimitada del pensamiento, es el signo característico de la dignidad humana. Pero la desea también mesurada para que sea provechosa. «Sólo Sarmiento, añade, ha trabajado en vano para imprimirle un poco de mesura». Hasta 1845, actúa en Chile como educador, periodista y literato, sin que sus grandes labores lo induzcan a interrumpir por un instante su campaña contra la tiranía.

Siendo presidente, los ministros le piden que no escriba, porque exacerba las pasiones. Y acata la indicación. «Es preciso ser honrado el que habla, y las demás virtudes le vienen por añadidura, si tiene dilatable el corazón». De aquel estilo fragmentario proviene su característica más saliente como autor de libros.

Es el escritor de los trozos más selectos. Imposible encontrar en su inmensa obra una pieza completa. Esta peculiaridad, unida a su vocación de novelista, que no puede satisfacer porque necesita todas las letras para la gran obra de hacer país, determina su predilección biográfica. Las «vidas» constituyen una especialidad de su literatura. «Gusto, dice, de la biografía. Es la tela más adecuada para estampar las buenas ideas».

La falta de proporción, constituye el defecto correspondiente. La urgencia es digresiva por necesidad, y ahí está la falla de esas páginas. Hay veces que una digresión, con frecuencia destinada a lapidar un insignificante, ocupa dos terceras partes del trozo. Su positivismo da con frecuencia en excesos materialistas, apenas atenuados por el interés novelesco, siempre poderoso en él. Por esto atribuía gran importancia civilizadora a la lectura de novelas. «Las novelas han educado a la mayoría de las naciones».

El exceso de positivismo torna a veces antipática y estéril su prosa, convertida en charla de cura laico, o en lección de economía doméstica. Sus carillas aprovechadas hasta el fin, sin ningún margen expresan quizá aquella tendencia. Cuando se mantiene en las regiones superiores de la moral práctica, que es la organización positiva de la bondad, su pensamiento está lleno de nobleza. «Toda la historia de los progresos humanos, es la simple imitación del genio». Sin duda, su vida entera ratifica esta verdad. Su originalidad proviene en gran parte de su improvisación de periodista.

Es de ocurrencias más que de expresión, excepto cuando describe el medio natal que la lleva de por sí. Inicia los temas sin meditación previa, y por esto mismo es inesperado. «Mis ideas se arrastran al comenzar el escrito, que no adquiere vigor sino a medida que avanza, como aquellos generales a quienes la batalla misma ilumina». La imaginación creadora que levanta palacios con una sola piedra, cuya vinculación trascendental en la estética confiere el dominio de elementos dispares o contradictorios para cualquier otro, constituyen en él, el don inventivo.

Siete años después de haber descrito la pampa en el Facundo, viene recién a verla con sus propios ojos. Y la descripción es fidelísima. Alguna vez ha llegado a escribir dormido. Su primera gran obra fue, sin duda, Facundo. La novela biográfica se publicó en 1845 y narraba la vida de Juan Facundo Quiroga, el aspecto físico y hábitos de la República Argentina, también atacaba el régimen de Rosas.

Se trataba al principio de un panfleto, redactado con la habitual premura, a hondo fuego de inspiración tan urgente, que no permitió esperar nilos dats pedidos a este país. Forzado por el calor febril, como una planta excesiva, aquel libro resultó una creación extraña, que participa de la historia de la novela, de la política, del poema y del sermón. Facundo constituye todo el programa de Sarmiento.

Sus ideas literarias, su propaganda política, sus planes de educador, su concepto histórico, están allí. Es aquélla nuestra gran novela política y nuestro gran estudio constitucional: una obra cíclica. El primer escritor argentino verdaderamente digno de este nombre. Mayor vigor literato alcanzó Sarmiento en Mi defensa (1843) y Recuerdos de provincia (1850). Ésta última es el libro más sobrio y maduro, el mejor de Sarmiento literalmente hablando, son de aquella simiente.

Representan con Facundo la tentativa lograda de hacer literatura argentina, que es decir patria; puesto que la patria consiste ante todo en la formación de un espíritu nacional cuya exterioridad sensible es el idioma. Sus numerosas traducciones de libros útiles, desde el texto escolar a la biografía predilecta, robustecen su concepto de la literatura: órganos de civilización más que de recreo. Aquellos actos de humildad, en escritor tan personal y fecundo, son pruebas de alta abnegación patriótica. De ahí provino su idea de la convención latinoamericana para la traducción de obras, que lo llevó en 1884, enviado por Julio Argentino Roca como plenipotenciario intelectual.

De cualquier modo, a partir de 1880, tras la elección presidencial de Roca, Sarmiento se fue alejando de la política para incrementar su labor literaria. Así, en 1883 publicó Conflictos y armonías de las razas en América y, en 1885, editó su última obra: La vida de Dominguito, biografía de su hijastro (Domingo Fidel Sarmiento) que murió en el transcurso de la guerra contra Paraguay iniciada en 1865. Se trata de una necrología llena de nobles páginas, de poética intimidad doméstica, es también un tratado de pedagogía. Y precisamente cuando mezcla estos dos elementos, tan discordes al parecer, es cuando el libro resulta más hermoso y original.

En los últimos años de su vida se dedicó a colaborar con diversos periódicos y a escribir sus obras. Se fue a vivir a Paraguay, cuyo clima beneficiaba su salud. Allí, en la capital, Asunción, lo sorprendió la muerte, el 11 de septiembre de 1888.

Ver: Pensamiento de Sarmiento Para La Organización Nacional de Argentina

Ver: Historia de la Fragata Sarmiento

Ma.Florencia Masoni

 

Biografias de Próceres Argentinos

Biografías de Próceres Argentinos:

VIDA DE LOS GRANDES HOMBRE DE LA PATRIA ARGENTINA
(clic sobre cada imagen para ampliar)

proceres argentinosManuel Belgrano
(1770-1820)

Si bien los textos escolares lo recuerdan como el Creador de la Bandera Nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Manuel Belgrano le cabe también una fundamental tarea en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.

proceres argentinosJuan José Castelli
(1764-1812)

Nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1764. Estudió filosofía en el Real Colegio de San Carlos y en el Colegio Montserrat de Córdoba, se recibió de abogado en la Universidad de Charcas. Fue político y abogado,  fundador de la Sociedad Patriótica. Ya profesional comenzó a interesarse en los problemas económicos, siendo, junto con Vieytes y Belgrano, uno de los primeros argentinos en promover la industria, la educación pública, la agricultura y el libre comercio; estaba estrechamente vinculado a Belgrano por intereses y lazos familiares. Sometido a un proceso militar, del cual resultó absuelto, pero y abatido y enfermo, murió en la miseria.

proceres argentinosDon José de San Martín
(17-1850)

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata. Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento. Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco.

proceres argentinosGuillermo Brown
( 1777-1857 )

Marino argentino de origen irlandés. Se unió a las fuerzas independentistas en 1814 y luchó contra los españoles obligándoles a capitular frente a Montevideo en 1816. Posteriormente dirigió la Armada en la guerra contra el Brasil y en 1828 fue gobernador de Buenos Aires.

proceres argentinosMariano Moreno
( 1778-1811 )

Político y jurisconsulto argentino. Su padre deseaba que siguiese la carrera eclesiástica en la Universidad de Charcas, pero las limitaciones económicas de la familia lo impedían. Una recomendación del clérigo Felipe Tomas de Iriarte posibilitó el viaje, y en 1799 Moreno inició el largo trayecto a Charcas…

proceres argentinosGral. Martín de Güemes
( 1781-1821 )

 Militar y patriota argentino. Gobernador de Salta (1815), organizó las partidas guerrilleras que impidieron el avance del ejército español en el Alto Perú, permitiendo a San Martín la preparación del ejército de los Andes.

proceres argentinosJusto José de Urquiza
(1801-1870)

La historia de este ser, es rica en actos y acciones que lo definen como un patriota con gran visión del futuro y poseedor de un tesón y voluntad indomables.

proceres argentinosJuan Manuel de Rosas
(1793-1877)

Fue un político argentino, gobernador de Buenos Aires en los períodos 1829-1832 y 1835-1852. Amado por sus seguidores, y temido y odiado por sus opositores, quienes lo llamaron tirano y dictador.

proceres argentinosDomingo Faustino Sarmiento
(1811-1888)

Fueron sus padres José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín, que formaron un hogar pobrísimo, en el que nacieron quince hijos de los culaes sobrevivieron seis Domingo Faustino Sarmiento, un niño que llegó a ser en el desarrollo extraordinario de su vida, un hombre de apariencias contradictorias, psicológicamente estructurado con antinomias poderosas.

proceres argentinosBartolomé Mitre
(1821-1906)

Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821.  Pasó su infancia en Patagones, donde su padre Ambrosio Mitre desempeñaba un cargo público.

proceres argentinosJulio Argentino Roca
(1843-1914)

 Influyó durante casi 60 años en la política nacional, ya que su hijo Julito fue vicepresidente del General Justo hasta 1938 y firmante del famoso pacto Roca-Runciman -después que su padre canceló el empréstito de la Baring Brothers contraído por Rivadavia un siglo antes-, para consolidar la «granja del imperio», según sus propias palabras.

Ver Obras del Gobierno

juego proceres

Reforma Política de Saenz Peña Ley Electoral Voto Obligatorio 1912

1912: Reforma Política de Saenz Peña – Ley Electoral

PRESIDENCIA DE ROQUE SAENZ PEÑA (1910-1914)
La lucha radical, expresada en las revoluciones de 1893 y 1905, y el creciente descontento social, expresado por innumerables huelgas, llevarán a un sector de la clase dominante a impulsar una reforma electoral que calme los ánimos y traslade la discusión política de las calles al parlamento.

Roque Sáenz Peña comprendía con claridad cuál era el problema principal do la vida política: el fraude electoral, que alejaba al pueblo de las urnas y lanzaba a la oposición a la búsqueda de salidas violentas. Su presidencia dejó como saldo fundamental la solución de esta grave cuestión.

REFORMA ELECTORAL
Su principal tarea de gobierno fue la reforma electoral. Decía el presidente: «…un pueblo. . . que no puede votar, ni darse gobiernos propios, no es un pueblo en el concepto jurídico, ni en su significado sociológico; esto no es una república, ni una democracia». Varios proyectos conformaron la reforma: El proyecto de ley de enrolamiento general de ciudadanos  y confección de un nuevo padrón electoral.

El enrolamiento quedó a  cargo del ministerio de Guerra, y el poder judicial debía indicar qué ciudadanos tenían derecho al voto y designar quiénes debían preparar y organizar las elecciones.

Es decir, el poder ejecutivo quedaba privado de la influencia electoral que hasta ese momento ejercía, pues, como tenía’a su cargo la preparación de los padrones, sus empleados solían anotar preferentemente a sus partidarios.

Se establecía el sistema de lista incompleta, que permitía la representación de la minoría.

El votó seria obligatorio y secreto. Se buscaba con esto evitar las presiones que antes se ejercían sobre los votantes y asegurar la concurrencia masiva del pueblo a las urnas.

Luego de un prolongado estudio y de ser ampliamente debatido, la Cámara de Diputados sancionó el proyecto por amplia mayoría.

En el Senado, no obstante ser aprobado, concitó una mayor oposición.

El 28 de febrero de 1412. en su manifiesto al país, el presidente exhortó al pueblo a votar bajo el amparo de la nueva legislación.

Fue en la provincia de Santa Fe donde se aplicó por primera vez el nuevo régimen electoral. Las elecciones locales dieron el triunfo al radicalismo.

En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña concentró sus esfuerzos en democratizar la vida política, a través de una reforma electoral basada en tres elementos clave: el voto secreto, obligatorio, y utilizando el padrón militar.  Desde el punto de vista de las demandas democráticas más elementales hay que señalar que el nuevo mecanismo electoral no permitía el voto de las mujeres.

Reacciones: La redistribución del poder generada por la aplicación de la Ley Sáenz Peña provocó el alejamiento de los conservadores del gobierno y un vuelco en el sistema político.

Varias eran las incógnitas que se planteaban: ¿Quiénes podían participar? ¿Hasta qué punto? ¿Era posible una apertura, gradual o limitada? ¿Se podía negociar con la pujante clase media, o era un juego a «todo o nada»? ¿El poder creciente de los obreros –entendido como un desafío de clase por la élite tradicional– significaba que el país sería arrasado por los vientos revolucionarios europeos? Siguió vigente el problema que, aparentemente, había resuelto la ley Sáenz Peña.

En este sentido, los dos grandes movimientos populares del siglo, el radicalismo y el peronismo, tuvieron más de una característica en común.

Sustancialmente: se basaron en la participación popular; pero, además, respondieron con pragmatismo a los problemas según se fueron presentando, sin tener delineado un programa previo.

El pensamiento subyacente dio coherencia a su acción, antes de ser enunciado a posteriori como «doctrina».

La denominada Ley Nacional de Elecciones (Ley N° 8871), también conocida como «Ley Sáenz Peña», tenía las siguientes características:

a)  Padrón Electoral. Los organismos militares remitirían al Ministerio del Interior la lista de enrolados, con los cuales debía formarse el «padrón» o nómina de doscientos ciudadanos, sobre la base de la proximidad de su domicilio. Antes de cada elección, el padrón sería «depurado», es decir, eliminados los fallecidos, los acusados por delitos, etc.

b)  Sufragio Universal, Individual y Obligatorio. Podrían emitir su voto todos los ciudadanos —nativos o naturalizados— desde los 18 años de edad. El voto era individual, no pudiendo efectuarse por grupos, por poder o por correspondencia.

El elector debía aclarar su identidad ante la mesa receptora, mediante la presentación indispensable de la libreta de enrolamiento, con fotografía, impresión digital y datos correspondientes.El sufragio era obligatorio hasta los 70 años de edad; esta disposición se refería a la concurrencia al comicio, pero no al voto en blanco.

c)  Voto Secreto y Libre. El elector no podrá dar a conocer —en el acto del comicio— sus preferencias por determinado partido o candidato, ni exhibir distintivos políticos.

El voto era libre, por cuanto el ciudadano lo depositaba dentro de la urna en el cuarto oscuro y la ley establecía varias disposiciones para librarlo de coacción física o moral.

d) El sistema de la Lista Incompleta. Con este procedimiento se permitía la representación de la mayoría y de una minoría opositora en relación con la primera. Promulgada la Ley Electoral, fue cuesta en vigor por vez primera en la provincia de Santa Fe, a fin de renovar gobernador y vice. El partido radical abandonó su abstención revolucionaria y participó en esos comicios, en los que logró imponerse.

La obra de gobierno: Además de la promulgación de la Ley Electoral —su obra de mayor trascendencia—, el presidente Sáenz Peña dispuso realizar en junio de 1914 el tercer censo nacional, que indicó un total de 7.800.000 habitantes, de los cuales 1.500.000 se concentraban en la Capital Federal.

En otro orden de cosas, fue mejorada la instrucción pública en general, las líneas férreas aumentaron su extensión y nuevos contingentes de inmigrantes llegaron al país.

En el orden militar, se realizaron las-primeras grandes maniobras en la provincia de Entre Ríos y en cuanto a las relaciones exteriores, el presidente demostró su habilidad diplomática al solucionar amistosamente los problemas que nuestro país sostenía con el Brasil. Aludiendo al término del conflicto, manifestó en un discurso: «Todo nos une, nada nos separa».

La salud del doctor Sáenz Peña sufría alternativas desfavorables, lo que le obligó a pedir licencia, más tarde prorrogada. El mal que lo aquejaba hizo crisis y el primer magistrado falleció el 9 de agosto de 1914.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

UN POCO DE HISTORIA…

El país, con una notable masa inmigratoria de origen europeo, estaba en un proceso de convulsiones económicas, sociales y políticas. El 26 de julio de 1890 fuerzas civiles y militares encabezadas por Leandro N. Alem realizaron un movimiento revolucionario para derrocar al presidente Miguel Juárez Celman.

El 30, dijo el senador cordobés Manuel Pizarro, «La revolución está vencida, pero el gobierno ha muerto». Para el 6 de agosto debió renunciar el presidente y asumió Carlos Pellegrini.

En 1891 pactaron Julio A. Roca, Bartolomé Mitre y Pellegrini y al año siguiente en las elecciones presidenciales triunfó Luis Sáenz Peña junto a José Evaristo Uriburu, relegando al vástago Roque Sáenz Peña, aquel jurisconsulto, buen mozo con sobretodo de pieles, que insistía en que temer la legalidad del voto era mostrarse amedrentado por la democracia. Hasta llegar a 1894, año en que la Unión Cívica Radical, distanciada del grupo de Mitre, consagró doce bancas en diputados nacionales y llevó como senador al patriarca Alem, aquel hijo del temido mazorquero de Rosas, cuyo cadáver permaneció colgado, en escarmiento, en la plaza de la Victoria (actual de Mayo) durante dos días.

Ya desde 1873, un moderno transporte, el «tranway«, hacía su recorrido desde la plaza hasta Cabildo y Lavalle (actual Juramento). En 1874, precisamente sobre la misma calle Juramento, entre Cabildo y Ciudad de la Paz, estaba la administración de La Prensa de Belgrano de Rafael Hernández, hermano menor del autor del Martín Fierro, que vivía en la zona y ahí publicaba en aquel año sus versos y artículos sobre el gas.

Cuando finalmente le tocó gobernar a Roque Sáenz Peña, al salir de la presidencia reconoció: «He perdido a casi todos mis amigos, porque he gobernado para la República». Y él fue quien decía que no se podía continuar con el fraude electoral.

Fuente Consultada:
Jorge Newbery El Rival del Cielo Protagonista de la Cultura Argentina

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

ROQUE saenz peña

Roque Sáenz Peña asumió la presidencia de la República el Día de la Raza, con Victorino de la Plaza como vicepresidente. En su mensaje al Congreso, el flamante presidente anunció su plan político: «Yo me obligo ante mis conciudadanos y ante los partidos, a provocar el ejercicio del voto por los medios que me acuerda la Constitución, porque no basta garantizar el sufragio: necesitamos crear y mover al sufragante», dijo en relación a la ley electoral. «Se ha dicho por muchos años que los gobiernos elegían porque los ciudadanos no votaban; pero habría sido más exacto decir que los ciudadanos no votaban porque los gobiernos elegían. La preparación de la ley electoral será una tarea que abordarán inmediatamente el Presidente y su ministro del Interior»,agregó.

Sáenz Peña trajo ideas de su estancia en Europa sobre los beneficios de la ampliación del sufragio y la modernización de las leyes electorales. Ya se anunció oficialmente cómo estará integrado su gabinete. Indalecio Gómez en el Ministerio del Interior; en Relaciones Exteriores, Ernesto Bosch; José MaríaRosaen Hacienda; alfrentedelacartera de Agricultura, Eleodoro Lobos; en Justiciae Instrucción Pública, Juan M. Garro; el general Gregorio Vélez en el Ministerio de Guerra y el almirante Juan P. Sáenz Valiente en el de Marina. Mantieneen Obras Públicas a Ezequiel Ramos Mejía.

El flamante primer mandatario, autor de la ley que establece el voto secreto y obligatorio, comenzó su militancia política en el Partido Autonomista, El nuevo presidente, Roque Sáenz Peña, nació en Buenos Aires en 1851. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego en la Facultad de Derecho. Allí tuvo su primer acercamiento a la militancia política dentro del Partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina.

Durante la rebelión de Bartolomé Mitre contra Nicolás Avellaneda, se alistó como capitán de Guardias Nacionales. Resuelto el conflicto, fue ascendido a comandante y continuó sus estudios. Se recibió de Doctor en Leyes en 1875 con la tesis «Condición jurídica de los expósitos».
Al año siguiente fue electo diputado de la Legislatura bonaerense por el Partido Autonomista Nacional y gracias a sus sobresalientes condiciones políticas pronto fue nombrado presidente de la Cámara por dos períodos consecutivos.

En la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile con Bolivia y Perú, Sáenz Peña se alistó como voluntario del ejército peruano y tras la derrota quedó como prisionero de los chilenos durante seis meses. Su participación habla sobre su clara pertenencia latinoamericana.

Apoyó la candidatura presidencial de Miguel Juárez Celman y fue designado embajador plenipotenciario en el Uruguay durante su gobierno.

Representó a la Argentina en el Congreso Panamericano en Washington en 1889 y defendió el principio de no intervención de las potencias extranjeras en los asuntos internos de los Estados latinoamericanos. Combatió el proyecto estadounidense de crear una unión aduanera y una moneda única para toda América.

En 1891 fue proclamada su candidatura a la presidencia por el grupo llamado modernista. Pero Julio A. Roca y Bartolomé Mitre postularon a su padre, Luis Sáenz Peña. Roque se negó a enfrentarlo y se retiró de la política.

Regresó cuando José Figueroa Alcorta, como presidente, lo nombró enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante España, Portugal, Italia y Suiza.

Regresó al país en agosto de 1909 y el 12 de junio último, el colegio electoral consagró la fórmula Roque Sáenz Peña-Victorino de la Plaza.

Le envió al Parlamento un proyecto de Ley de Sufragio que establecía la confección de un nuevo padrón y el voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas – Royo

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Primeros Gobiernos Conservadores Paz y Administracion Positivismo

Gobiernos Conservadores – Paz y Administración – El Positivismo
gobiernos conservadores de argentina

La república conservadora: A partir de 1880 diversos intelectuales destacados se multiplicaron. Lucio Mansilla, Eugenio Cambaceres, Lucio V. López, Julián Martel, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Paul Groussac fueron algunos de los más sobresalientes miembros de la llamada Generación del Ochenta.

Estos hombres, de ideas liberales, estaban ansiosos de dejar atrás el pasado al que asociaban con el mundo colonial y español. Los integrantes de esta Generación del Ochenta creían devotamente en el progreso (positivismo) y en el liberalismo como herramienta ideológica para su logro. Este liberalismo no necesariamente era antirreligioso, aunque se estimaba que la Iglesia debía ocuparse exclusivamente de las cuestiones de la fe.

El objetivo de estos hombres fue colocar a la Argentina entre las naciones más avanzada de la época. Por esta razón, estimaban que el país debía desprenderse de su pasado hispánico y de sus tradiciones criollas. Estos intelectuales eran, en efecto, profundamente cosmopolitas y admiraban a países como Inglaterra y Francia. Sin embargo, no debe creerse que desestimaban las posturas nacionalistas.

Por el contrario, eran férreos defensores de lo que llamaban «la identidad nacional”, aunque no la identificaran, como sucedería unas décadas más tarde, con el criollismo o el hispanismo. Más bien, fueron ellos quienes comenzaron a advertir acerca de las dificultades que, para la conformación de una identidad nacional, podría originar la llegada de inmigrantes en masa Para evitar este riesgo, proponían incentivar la enseñanza y los rituales patrióticos en las escuelas.

A partir de la crisis de 1890 surgieron las oposiciones al régimen, como la Unión Cívica Radical luchaba por la limpieza electoral y contra la corrupción.

CRISIS 1890: ¿Cómo se desencadena una crisis y cómo se sale de ella?
Al margen de las variaciones coyunturales, el funcionamiento es semejante en todas. Tomamos como ejemplo la crisis de 1890, por ser la más significativa del período.

Cuando Julio A. Roca dejó la presidencia en 1886, la administración pública contaba con instrumentos importantes para organizar la economía, como las mencionadas leyes monetarias. La breve crisis de 1885 fue zanjada con relativa facilidad. En 1886, Miguel Juárez Celman asumió la presidencia, dispuesto a lanzar al país hacia el progreso y la modernización.

Para cumplir con tales objetivos, atrajo a los inversionistas extranjeros y los ferrocarriles se extendieron a lo largo de 12.475 Km. (1891). Paralelamente se expandió el crédito y el consumo de bienes suntuarios aumentó en forma desproporcionada. Las importaciones de bienes de consumo ascendieron al 83% de las exportaciones en 1889. Las especulaciones con las tierras y en la Bolsa llegaron a extremos nunca vistos. Los negociados y la corrupción en el gobierno también.

La especulación se generalizó; cualquier cosa se compraba y se vendía por el doble de su valor, hasta que los precios perdieron toda relación con el verdadero costo de lo que se cambiaba. Hubo una emisión indiscriminada de billetes sin respaldo e inclusive el gobierno dispuso emisiones clandestinas. Todo esto provocó inflación.

La economía era como un globo que se inflaba desconectado de las posibilidades reales: el sector financiero se sobredimensionó con respecto al aparato productivo que era su base real.

La consolidación del Estado, como logro de este período, llevó a un segundo debate en la sociedad argentina: la función del Estado. En el modelo económico que se implemento alternaron el laissez-faire propio del liberalismo económico con los emprendimientos y la intervención del Estado provenientes del paternalismo político, ambos influidos por la realidad de un país nuevo en el que «todo estaba por hacerse». El proyecto cíe transformación acelerada fue impulsado por la idea de progreso.

El mayor emprendimiento, entonces, fue la modernización, que se puede resumir en:
– Adecuar la economía y ajustar la complementación con Europa.
– Obtener mano de obra para la agricultura y población para los espacios vacíos; o sea, inmigración, preferentemente blanca.
– Crear condiciones favorables para el establecimiento cíe los inmigrantes y para la reconversión económica (de país ganadero a país agroganadero).
– Asegurar el control político a la clase dirigente criolla.
– Afirmar y difundir el pensamiento positivista y la cultura europea, sustentos de la modernización.

Tamaña transformación sólo era posible si se controlaba el Estado. Por eso, la Generación del 80 buscó y logró el poder para ampliar su influencia. Desde ese lugar pudo alentar la inversión extranjera -motor de la modernización junto con los empréstitos- a la que debía garantizar condiciones favorables y ganancias.

Así, se multiplicaron importantes obras de infraestructura y servicios públicos -el puerto, las obras sanitarias, el edificio de Tribunales- y otras que apuntaban a embellecer Buenos Aires, como plazas, avenidas y el nuevo Teatro Colón.

Fuente Consultada: La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

La Organizacion del Estado Argentino Pacto de San Jose de Flores

ORGANIZACIÓN DEL ESTADO ARGENTINO

La organización nacional: Presidencias Históricas: El 11 de noviembre de 1859 se firmó el Pacto de San José de Flores entre el estado de Buenos Aires con la Confederación Argentina logrando un primer gran paso a la unión de la República Argentina después de casi 7 años de separación.

Hacia 1861 las fricciones entre él gobierno de la Confederación y la rebelde Buenos  Aires fue en aumento, y  desembocaron en la batalla de Pavón, primer  el triunfo militar porteño.

Esta fecha marca un verdadero  hito histórico, ya que a partir de ese momento será, la provincia de Buenos Aires la que dirija la reorganización del país.

El lapso comprendido entre 1862 y 1880, es el de la consolidación de la organización nacional, uno de cuyos aspectos básicos fue la estructuración definitiva del aparato político-administrativo del Estado nacional.

Se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación del todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor de Cepeda prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos. Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas aJ general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859

Según el tratado, Buenos Aires se declaraba parte integrante de la República Argentina con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio  —«que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares.

El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobierno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

CONVENCIÓN DE 1860
De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses.

Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado.

Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional.

En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 —inciso I— establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Río de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de impuesto nacional. La Constitución en su artículo 49 ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolió la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 69 que autorizaba al Poder Ejecutivo a intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1823. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f); Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senador el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g)Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

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La Secesion de Buenos Aires Causas Rechazo al Acuerdo de San Nicolás

La Secesión de Buenos Aires – Confederación
El Rechazo Porteño al Acuerdo de San Nicolás

LA REVOLUCIÓN PORTEÑA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852

Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. Los acontecimientos se precipitaron: Urquiza, al frente del Ejército Grande, terminó en la batalla de Caseros con los sueños rosistas.

El camino de la organización definitiva quedaría abierto con el Acuerdo de San Nicolás y la posterior Constitución de 1853. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional.

La, mayoría porteña desconfiaba del caudillo entrerriano; muchos creían que iba a ser un mero reemplazante de Rosas. Algunos de sus actos robustecieron la versión.

Ordenó un número considerable de fusilamientos de jefes prisioneros, de malhechores que, aprovechando la ausencia de las tropas en el momento de la batalla, saquearon casas en los suburbios de la capital, de soldados desertores y de cierto número de componentes del regimiento del coronel Pedro Aquino que en Santa Fe habían intentado separarse (después de asesinarlo), para pasar al bando rosista.

Los cadáveres quedaron varios días colgados en exhibición en Palermo,y esto fue considerado como advertencia para los opositores.

También produjo descontento la solemne entrada de Urquiza en Buenos Aires, como si hubiese triunfado de un enemigo extranjero; la obligación de seguir usando el distintivo rojo federal; el no haber asistido a la función teatral en su honor, brindada por las autoridades porteñas y el cuerpo diplomático.

Causó asimismo desagrado que hubieran participado del solemne desfile los orientales y brasileños con sus banderas desplegadas.

La idea de asesinar a Urquiza surgió en la mente de los más exaltados, y es indudable que prepararon un atentado; pero les falló la oportunidad.

JORNADAS DE JUNIO: Las autoridades del régimen caído y la mayoría de los reemplazantes adoptaron una voluntad hostil.

El hecho de que en el Congreso Constituyente Buenos Aires sólo tuviese dos diputados, como la provincia menos importante, fue considerado una humillación intencional.

El descontento explotó al reunirse la Legislatura bonaerense para aprobar el Acuerdo de San Nicolás. El debate se desarrolló en las llamadas «Jornadas de Junio», que luego de polémicos y fogozos debates acabó con la revolución del 11 de septiembre.

Pero el 11 de septiembre de 1852, tras abandonar Urquiza la provincia de Buenos Aires, estalló una revolución en la ciudad de Buenos Aires contra el excesivo poder que tenía el gobernador entrerriano.

El gobernador que Urquiza había impuesto en la provincia fue derrocado y se enviaron tropas al interior para sublevar a quienes se oponían a Entre Ríos.

Esas expediciones militares fueron un fracaso y el ejército de Urquiza amenazó con volver a invadir la provincia. Buenos Aires fue sitiada y su puerto bloqueado.

Mientras tanto, Buenos Aires desconoció la autoridad del Congreso de Santa Fe, del cual retiró a sus diputados, y volvió a asumir la representación de sus relaciones exteriores, que antes detentaba Urquiza.

Es decir, la provincia se definió como un Estado separado del resto del país.

Pero el poder económico de Buenos Aires logró atraer a algunos militares que antes acompañaban a Urquiza, entre ellos al comandante de la flota que sitiaba el puerto.

Finalmente, después de seis meses de sitio y amenaza, Urquiza retiró a sus fuerzas sin intentar invadir la provincia rebelde. Habiendo sido aceptada de hecho la separación de Buenos Aires, esta provincia declararía su propia Constitución.

Se formaron así dos Estados independientes. Por un lado, el de Buenos Aires. Por otro lado, la Confederación Argentina, formada por el resto de las provincias.

Presidencia de Urquiza: A fines de agosto de 1853, Urquiza convocó al pueblo de todo el país con el propósito de elegir el primer presidente constitucional.

Los comicios para designar electores se efectuaron a comienzos de noviembre y luego los votos fueron enviados al Congreso de. Santa Fe, que practicó el escrutinio definitivo el 20 de febrero de 1854.

Por amplia mayoría fue elegido presidente de la Nación el general Urquiza, y para el cargo de vicepresidente la asamblea designó al doctor Salvador María del Carril.

Los electos prestaron juramento el 5 de marzo ante el Congreso Constituyente, que de inmediato clausuró sus sesiones.

Urquiza y sus ministros se trasladaron a la ciudad entrerriana de Paraná, donde quedó establecida la capital provisoria de la Confederación Argentina.

Urquiza nombró los siguientes ministros: Benjamín Gorostiaga (Interior); Facundo Zuviria (Relaciones Exteriores); Juan María Gutiérrez (Justicia e Instrucción Pública); Mariano Fragueiro (Hacienda) y Rudecindo Alvarado (Guerra y Marina). Zuviria renunció y fue reemplazado por Santiago Derqui.

Luego de asumir el mando, Urquiza convocó a elecciones para forrnar el Congreso, de acuerdo con lo dispuesto por la Constitución. Elegidos los miembros, ambas Cámaras iniciaron sus sesiones en la capital provisoria, el 22 de octubre de 1854.

Al frente del país, Urquiza debió vencer numerosas dificultades, debido a la precaria situación económica y al problema político que significaba la separación de Buenos Aires, actitud precursora de una nueva guerra fratricida.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES

La provincia se organiza en Estado disidente
Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente.

La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.

Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso.

A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios.

Fueron creados varios establecimientos educacionales en la. ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora «La Porteña».

Se instaló en Retiro la «Compañía Primitiva de Gas», que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el esto los débiles candiles con aceite.

Los Pactos de Convivencia: La separación de Buenos Aires de la Confederación no representaba la opinión unánime de la provincia, y un importante grupo de civiles y militares —partidarios del federalismo— dispuso derribar al gobierno, pero el intento fracasó en noviembre de 1854. Estos opositores fueron perseguidos y muchos debieron emigrar.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país.

El órgano representativo de este partido fue el periódico «La Reforma Pacífica«, dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada.

Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico «La Tribuna» dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros.

La «Reforma Pacífica» atacó a los oficialistas calificándolos de «pandilla» porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de pandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupandinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

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CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
Federales, Nacionalistas y Autonomistas
La Interna Liberal Porteña, Nota de Ricardo De Titto, Historiador
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

En Buenos Aires se distinguen dos corrientes del liberalismo: una nueva generación que actúa a través de clubes, y los segregacionistas, que se impusieron.

En Buenos Aires, la cultura predominante es el liberalismo. La Confederación, liderada por Ur-quiza, logra cierta homogeneidad pero vive acosada por una crisis crónica determinada por carecer de fuentes tributarias importantes, la escasez de divisas y un funcionamiento económico basado en billetes sin respaldo, que las provincias rechazan.

La división se concretó con el alzamiento militar del 11 de septiembre de 1852, en rechazo al Acuerdo de San Nicolás.La élite porteña, sostenida por el comercio, las rentas aduaneras y la producción pecuaria (el lanar y los cueros), tiene un común denominador: el liberalismo y la denuncia de Urquiza como continuador del rosismo. No obstante, se debate entre dos proyectos políticos. La nueva generación liderada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina -los referentes más destacados- se lanza a la formación de «clubes» políticos en su respaldo. Los bonaerenses, entretanto, en dos combates sucesivos derrotan los últimos intentos confederados y afirman su poder segregado.

En junio del 53 asumió la gobernación Pastor Obligado. Los debates durante la elaboración de la Carta Magna provincial -que, redactada por Dalmacio Vélez Sarsfield y Carlos Tejedor, se juró el 23 de mayo de 1854- delinea-
ron las posturas. Mitre lleva la voz cantante de una posición «nacionalista» que, si bien reafirma la secesión del Estado bonaerense, define esa circunstancia como transitoria y critica la visión alsinista por «ese patriotismo que viene a aumentar las dificultades de la situación en vez de disminuirlas; que viene a echar una astilla más en el incendio que puede devorarnos a todos […] Yo quisiera alejar las causas de la desunión e impedir que esta desgraciada familia se divida».

Mitre reconoce un «pacto anterior y superior a toda ley», la declaración de la Independencia de 1816, y concluye en la sesión del 4 de marzo que hay «una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos». Los alsinistas, en cambio, fortalecen su posición autonómica y logran la adhesión de muchos de los antiguos rosistas, añorando, tal vez, aquellos años de la «feliz experiencia» rivadaviana, cuando se vivió de espaldas a los problemas de los «trece ranchos», como se llamaba despectivamente a las provincias del interior.

En el congreso constituyente del Estado de Buenos Aires triunfa la tendencia aislacionista impulsada por Alsina, Tejedor y los ex rosistas Anchorena y Torres. Rechazando la posición de Mitre, se proclama a Buenos Aires como un Estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

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Etapa del Gobierno Rosista con la Confederación Argentina

Etapa del Gobierno Rosista con la Confederación Argentina

Juan Manuel de Rosas: La etapa rosista: En 1829 uno de los estancieros más poderosos de la provincia, Juan Manuel de Rosas, asumió la gobernación de Buenos, fue una de las figuras más controvertidas de nuestra historia.

Impuso durante sus gobiernos una política muy particular, que le permitió mantener los privilegios económicos de Buenos Aires frente a las provincias.

Inteligente, supo cómo postergar la unidad nacional. Encargado del manejo de las relaciones exteriores, defendió, ante las potencias extranjeras, la soberanía de las provincias.

Enfrentó, también, acciones del interior en su contra, las que finalmente desencadenaron su caída en 1852.

A partir de entonces y hasta su caída en 1852, retendrá el poder en forma autoritaria, persiguiendo duramente a sus opositores y censurando a la prensa, aunque contando con el apoyo de amplios sectores del pueblo y de las clases altas porteñas.

Los cuestionamientos mas importantes fueron: la navegación libre de los ríos, el control de la aduana y distribución de los ingresos por derechos de exportación e importación.

Durante el rosismo creció enormemente la actividad ganadera bonaerense, las exportaciones y algunas industrias del interior que fueron protegidas gracias a la Ley de Aduanas.

Rosas se opuso a la organización nacional y a la sanción de una constitución, porque ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras al resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña.

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Etapa Anarquía Política en Argentina

Etapa Anarquía Política en Argentina

Grandes Desacuerdos Políticos: Unitarios y Federales: A partir de 1819, el fracaso de los intentos porteño y artiguista por conformar un Estado que sucediera al antiguo Virreinato dejó paso a las tendencias autonomistas desatadas por la Revolución. se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder central de Buenos Aires.

Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al directorio.

Las provincias nacieron inicialmente de las viejas intendencias coloniales y, luego, de los reclamos autónomos de las ciudades subordinadas dentro de las mismas intendencias. Entre 1810 y 1820, el gobierno central alentó la creación de nuevas provincias.

En 1813, el Segundo Triunvirato separó Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) de la intendencia de Córdoba En 1814, Posadas creó las provincias de Entre Ríos y Corrientes, separándolas de la intendencia de Buenos Aires, y dividió la intendencia de Salta de Tucumán, creando la provincia de Salta y la de Tucumán.

En 1818 se formó Santa Fe (separada de Buenos Aires); en 1820, Santiago del Estero; y en 1821, Catamarca (ambas separadas de Tucumán). También en 1820 se formó La Rioja (separada de Córdoba); y en 1834, Jujuy (separada de Salta).

Buenos Aires, la provincia más rica, que retendrá para sí las rentas de la Aduana y los negocios del puerto.

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