Rosa Parks

Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencias

Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencia

LA VIOLENCIA: A partir del siglo XX, podemos decir, que pocas épocas en la historia moderna se han sido tan violentas como la que estamos viviendo. Dos guerras mundiales en menos de 50 años, la segunda de las cuales costó más de 55 millones de vidas humanas perdidas en los campos de batalla; y más de 8 millones en los hornos crematorios; varias guerras nacionales o regionales en el mismo período (la de España fue la más cruenta); un alto número de revoluciones sociales y políticas (la rusa y la china fueron las más significativas); un número no determinado de contra-revoluciones organizadas a escala mundial, con enormes costos en vidas humanas y en bienes; campos de concentración; cámaras de torturas; práctica de las mismas en vasta escala y con planificación tecnológica; movimientos de liberación armados y movimientos de represión; organización técnico-bélica de complejos industriales-militares; invento y aplicación de armas terroríficas entre las cuales las bombas de “napalm” ya parecen juegos de niños; multiplicación de cuerpos policiales y militares y de cuerpos para-policiales y para-militares actuando en todos los países del mundo; huelgas sangrientas; genocidios; asonadas; motines; etnocidios; secuestros, ataques indiscriminados con bombas o con metralletas; guerrillas rurales y urbanas; etc.

informe violencia en el mundo

A esta lista interminable tendríamos que agregar la práctica de muy modernas formas de la delincuencia común; tráfico de drogas y traía de blancas a escalas como jamás se habían conocido; organización del delito superando alas viejas formas de la escuela de Chicago; renacimiento de las actividades de la “maffia”; asaltos a trenes, buques, aviones, bancos, cajas de segundad con una perfección real que supera las imaginadas por James Bond; asesinatos de líderes sindicales, religiosos y políticos, por mandantes desconocidos.

A este catálogo que sería inacabable, falta agregar la lista de las formas de la violencia económica más brutales de la moderna civilización: mineros sudamericanos que no viven más de 28 años; condiciones de trabajo en América, Asia y África y aún en ciertas partes de Europa, muy semejantes a las condiciones del trabajo servil en la Edad Media o, simplemente, del trabajo del esclavo en la antigüedad.

Contratos de trabajo —valga la expresión—, que significan el arrendamiento de la mano de obra de por vida; prácticas del “pongaje”; y, por sobre todas las cosas, hambre. Dos terceras partes de la humanidad sufren hambre, o bien epidémica o bien endémica.

Todo ello en la época en que enviamos navíos espaciales a Marte y Venus. La Luna ya no forma parte de los cuentos de niños. El cálculo del empleo de la plusvalía social aplicada a ese tipo de experiencias tecnológicas en la misma edad en que ocurren todas aquellas formas de la violencia, dejaría asombrados a los mismos economistas. Son muchos los que ya hablan de la violencia “visible” y de la violencia “invisible”.

Lo cierto es que la violencia es una realidad de nuestro mundo; vivimos violentamente: hay un uso abierto y evidente de la fuerza para reprimir y para oprimir. Millones de seres humanos han sido y son víctimas de la explotación y de sistemas sociales injustos.

No es extraño, pues, que hoy en día la gente que tiene tiempo de pensar en estas cosas se pregunte si la violencia que derrama sangre en las revoluciones no puede ser menos mala que la violencia que, aunque no derrama sangre, condena a pueblos enteros a una ciega desesperación o a una amarga resignación.

Es muy difícil intentar reflejar en estas pocas líneas introductorias el tema central de nuestra preocupación: ¿por qué esta violencia?, ¿qué se debe?, ¿tiene algún sentido?.

La excusa dada por algunas almas ingenuas o distraídas de que siempre hubo violencia en la historia y de que, tal vez, en nuestro tiempo la impresión que de ella tenemos se ve acentuada por el empleo de los grandes medios de comunicación de masas que transmiten diariamente las escenas más brutales e increíbles de la violencia moderna, de tal manera que nuestros niños desde edad muy temprana se acostumbran a ella, no nos exime de tratar de penetrar el significado de este fenómeno que se está dando a escala planetaria.

En cierto sentido, la vida de nuestra propia civilización y —lo que es más importante—, la posibilidad de abrir los cauces para crear nuevas formas de civilización superiores a las actuales, de las cuales esté erradicada la violencia como constante social, depende de la comprensión que tengamos de todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y de las maneras en que estemos dispuestos a movilizarnos para luchar positivamente por la misma.

Empecemos pues, por reconocer este hecho lo señalaba muy bien el Obispo Dom Helder Cámara: “La violencia está por todas partes, omnipresente y multiforme: brutal, abierta, sutil, insidiosa, disimulada, racionalizada, científica, condensada, solidificada, consolidada, anónima, abstracta, irresponsable.”

Y agregaba en otro fragmento de sus reflexiones al respecto: “No es el momento de preguntarse si la revolución estructural que el mundo precisa, supone, necesariamente, la violencia. Es preciso observar que la violencia ya existe y es ejercida, de modo inconsciente algunas veces, por aquellos mismos que la denuncian como un flagelo para la sociedad”.

Las preguntas, pues, son muchas. Si en la época que vivimos la violencia es inevitable, ¿cómo entenderla? ¿Qué hacer frente a ella? ¿Cómo reaccionar? ¿Cuales son los límites entre la violencia legítima y la ilegítima? ¿Qué relación hay entre la violencia y el derecho a la resistencia? ¿Cuales son las implicancias éticas del problema? ¿Cual debe ser nuestra conducta, frente al hecho concreto de la violencia?

¿Qué es violencia?

Es muy difícil definir la violencia en una época como la nuestra, que está bautizada con los nombres de Auschwitz y de Hiroshima, y más difícil aún en esta década del 70, en la cual sabemos que todos los años mueren de hambre entre 30 y 40 millones de personas.

Decir que la violencia consiste en “utilizar la fuerza para obligar a alguien a proceder contra su voluntad” —como dicen los códigos comunes—, es reducir el problema a términos primarios, característicos de sociedades de relaciones directas. Sin menospreciar ni los aspectos éticos ni los penales, propios de las conductas delictivas que actúan con. violencia, el verdadero problema hay que enfocarlo desde el ángulo de las condiciones de vida que crean quienes dominan en la sociedad industrial y tecnológica.

En tal sentido, la ola de violencia que se ha desatado sobre el mundo contemporáneo, y que afecta a casi todos los rincones de la Tierra, no podría ser bien comprendido si sólo nos quedásemos en las consideraciones de los aspectos éticos de la misma. Hay una consideración más amplia que incluye a ésta y es la de analizar la violencia moderna como un problema sociológico y político.

En tal sentido, la violencia actual se presenta como uno de los síntomas más claros de la descomposición de la civilización industrial, comprendiendo por tanto, el mundo de valores creado por ésta. O, para ser más exactos, el mundo de falsos valores creados por ésta. Son ni más ni menos que los que responden a una sociedad donde predominan el afán de tuero y el ansia de consumo de bienes.

En medio de nuestro desvarío colectivo los hombres sabemos que la historia no es producto ni de la fatalidad ni de la voluntad caprichosa de los dioses. La historia es producto de nuestra acción, como sociedades humanas y como individuos.

Si es verdad que la violencia bajo sus diversas formas, no puede ser totalmente eliminada de la existencia social, la única actitud racional consiste en que, después de haber comprendido las circunstancias que la producen, hagamos todo lo que esté al alcance de nuestra voluntad colectiva e individual y de nuestro poder científico y tecnológico para dominarla.

Por otro lado, si consideramos la violencia como un caso límite de la existencia social, también podemos considerarla como un elemento revelador, que nos permita encarar a fondo las transformaciones estructurales que sean necesarias a nuestras sociedades, a fin de quitarle a aquéllas su aspecto destructor y mortífero, propio de todo caso límite de nuestra existencia.

Y por este camino, encontraríamos uno de los elementos básicos que nos permitiría definir la violencia. Nos referimos a la diferencia que existe entre una situación de violencia y un hecho violento.

Situaciones de violencia y hechos violentos

Los hechos violentos pueden existir sin que existan las situaciones de violencia. Cuando hablamos de la violencia lo primero que hiere nuestra imaginación es el hecho producto de la fuerza bruta; de la compulsión; de la imposición de un ser humano sobre otro, sea por los gestos, por la voz, por la mirada o por el hecho mismo, que puede ser el golpe o el uso de instrumentos materiales para herir o para destruir al otro. Cuando hablamos del hecho violento nosotros sabemos que la realidad corporal del ser humano es lo primero en ser atacado.

Las situaciones de violencia, en cambio, no podemos concebirlas sin los hechos violentos. Generalmente, aquellas preceden a éstos. Y éstos a su vez, pueden ser ejercidos para perpetuar y extender los efectos de la situación o pueden ser ejercidos como respuesta a la situación. En este último caso, tenemos la contra-violencia, de cuya legitimidad hablaremos después.

El hecho ejercido para perpetuar la situación de violencia o para defenderla, es el hecho que la dignidad humana resiste más. A su vez, en las condiciones actuales de nuestras sociedades, donde imperan las situaciones de violencia, aquellos hechos se han ampliado en cuanto a -sus posibilidades y modalidades.

No se trata únicamente del hecho represivo ejercido por la policía para castigar al ciudadano que actúa protestando contra la situación (huelgas, manifestaciones, paros, huelgas de hambre, declaraciones, protestas juveniles, etc.) sino que también se trata de hechos económicos, como los manejos con divisas, las devaluaciones que no persiguen fines realmente sociales, la especulación, las estafas, la actuación de los monopolios o de los “holdings“, las alzas de artículos de primera necesidad; etc. etc.

También se lesiona la integridad corporal del hombre, condenándolo tanto a él como a los suyos, a escasos salarios o a dietas insuficientes. En la sociedad moderna, la violación del “no matarás”, puede asumir formas muy sutiles y colectivas sin que sea necesario aplicar el hecho violento.

Cuando una colectividad cualquiera le rehusa a la mayor parte de sus miembros la satisfacción de sus necesidades fundamentales, mientras las minorías se enriquecen cada vez más con el trabajo ajeno, hay una situación de violencia que se manifiesta cotidianamente a través de hechos violentos, que afectan a personas individuales, como el desempleo, la vagancia, la mendicidad callejera, el analfabetismo, la desnutrición, el abandono de los niños, el aumento de la prostitución, la delincuencia juvenil.

Si los bienes existen, pero están detentados por unos pocos (que cada vez son menos) nos encontramos en un situación de injusticia social en la cual se rompe la normal convivencia humana y se instaura la violencia.

Las estructuras políticas de tal sociedad, tarde o temprano serán abusivas o ilegítimas, en cuanto no ejercerán el poder defendiendo al pueblo o en cuanto lo temarán por la fuerza para mantener la situación violenta. Su misión será proteger los privilegios de una clase o de de unas minorías, contra las demandas crecientes de los desamparados.

La inevitable socialización de la vida humana, a medida que fue desenvolviéndose la revolución industrial, trajo como consecuencia la socialización de la violencia.

Hasta ahora no hemos podido conocer una forma de solidaridad humana ideal, por las interdependencias de todo orden, que fue provocando la revolución industrial (especialmente con la polarización creada entre los países desarrollados y los sub-desarrollados y el control de todo tipo de éstos por aquéllos) se fue creando bajo el signo de evidentes y flagrantes injusticias.

Volvemos asi, a lo que decíamos al principio: la civilización entera padece violencia. El hombre común es su víctima, en cada rincón de la tierra. Es un lujo, a esta altura de los acontecimientos —o es una ignorancia— pensar que podemos escoger o no la violencia.

De hecho, estamos todos comprometidos en situaciones violentas y somos solidarios con ellas. Muy a menudo, somos sus autores, sea que cometamos los hechos violentos por solidaridad con el sistema o sea que hayamos escogido luchar contra situaciones que difícilmente podrán ser cambiadas, sí no es por medio de recursos violentos. En pocas palabras: en el día de hoy no podemos ser árbitros por encima de la violencia.

La violencia económica

La violencia más flagrante que existe actualmente en América Latina, es la del sistema en que estamos viviendo. Hay acuerdo generalizado en considerarla como violencia estructural.

Los hombres de nuestro tiempo estamos sometidos a la violencia económica como nunca lo estuvieron los seres humanos en todo el transcurso de la historia. Es cierto que la humanidad ha conocido épocas muy sombrías de opresión y de barbarie, pero en ellas las formas de la violencia se correspondían con la rareza de los bienes y con la pobreza de la técnica. La violencia económica no había alcanzado categoría propia.

En cambio, en nuestra época se puede hablar de la violencia como una categoría específica de la violencia posible de ser ejercida por unos pocos seres humanos sobre otros. Hay violencia económica en la medida en que el poderío tecnológico que la humanidad ha alcanzado sólo es usufructuado por minorías en las cuales, de ser aplicado en beneficio de todos los seres humanos, la pobreza y el hambre podrían ser erradicados de la tierra en menos de un decenio de años.

Una sociedad, cuya minoría se permite el lujo, año tras año, de derrochar y de quemar cantidades infinitas de bienes, mientras la gran mayoría padece toda clase de necesidades, sólo puede explicarse como resultado del ejercicio sistemático de la violencia económica.

La evidencia de la violencia económica está dada por la separación, cada vez más profunda,-que existe entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado. Mundo rico y mundo pobre son las dos caras de una misma moneda. Así como una moneda no puede tener curso legal a menos de que ambas caras se correspondan, así es imposible comprender la realidad económica del mundo actual, sí no es a partir del subdesarrollo como consecuencia del desarrollo que ha tenido la humanidad —en sus zonas más privilegiadas— desde la Revolución Industrial hasta nuestros días.

El desarrollo del capitalismo hasta alcanzar su fase más aguda, prevista por Lenin —la del imperialismo—, ha terminado por crear la sociedad de la abundancia pero para el exclusivo beneficio de pequeñas minorías que detentan, a escala internacional, el contralor de los medios de producción y de la distribución de la riqueza. La gran mayoría de la población mundial ha ingresado a una categoría de la proletarización que no había sido prevista ni por el propio Marx.

No es de extrañar que entre las grandes contradicciones creadas por el sistema capitalista, emerjan en el propio seno de sus sociedades más desarrolladas, los movimientos de protesta —movimientos de contra-violencia—, ante el absurdo del sistema y ante su espantoso vacío de valores de vida. En tal sentido, la violencia económica tiene mucho de obscena.

La categoría de lo obsceno ha sido agudamente revisada por Herbert Marcuse, cuando analiza las violentas condiciones de vida de la sociedad opulenta. “Esta sociedad —dice Marcuse— es obscena en cuanto produce y expone indecentemente una sofocante abundancia de bienes, mientras priva a sus victimas en el extranjero de las necesidades de la vida; obscena al hartarse a sí misma y a sus basureros mientras envenena y quema las escasas materias alimenticias en los escenarios de su agresión; obscena en las palabras y sonrisas de sus políticos y bufones en sus oraciones, en su ignorancia, y en la sabiduría de sus intelectuales a sueldo”.

Y agrega más adelante, luego de aclarar que el manejo del término obscenidad entraña un concepto moral: “No es obscena en realidad la fotografía de una mujer desnuda que muestra el vello de su pubis; sí lo es la de un genera! uniformado que ostenta las medallas ganadas en una guerra de agresión^ obsceno no es el ritual de los hippies, sino la declaración de un alto dignatario de la Iglesia en el sentido de que la guerra es necesaria para la paz”.

La explotación económica de que son objeto las dos terceras partes de la humanidad, por una tercera parte cada vez más privilegiada es, sin duda, la raíz de todas las otras formas de violencia que estamos sufriendo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo N° 6
Capítulo “La Violencia” Julio Barreiro

Líderes Espirituales de la Historia Apostoles de la Paz Referentes Eticos

Líderes Espirituales de la Historia Apostoles de la Paz Referentes Éticos

1-Madre Teresa de Calculta
2-Mahatma Gandhi
3-Dalai Lama
4-Martin Luther King

Ver: El Caso de Rosa Park

Las gratificaciones de la vida se refieren más que a consumir, a culminar, a llevar a cabo, a completar un proyecto, por ejemplo: ensayar con dedicación durante meses con un grupo de música para finalmente ofrecer un concierto. Esta actividad además del buen momento de placer que proporciona, motiva a continuar en ese camino. Las gratificaciones suelen ser duraderas, en general son elegidas, y requieren el despliegue de las mejores capacidades.

A diferencia de la excitación instantánea que ofrecen los placeres, las gratificaciones dan, como premio al esfuerzo, una constancia de lo que cada uno es capaz, lo que influye mucho en la autoestima y —fundamentalmente— permite sentirse protagonista de un proyecto de vida.

Los antiguos griegos enunciaban como lema de su sabiduría la frase “nada en exceso”. Aun hoy esa fórmula parece insuperable, porque hasta las cosas buenas pueden volverse malas si exceden la medida, si se exagera, si se abusa de ellas. Una medicina puede curar o matar, según la dosis. El amor, algo universalmente considerado bueno, puede volverse sobreprotección, dependencia excesiva o asfixia emocional.

Es posible entonces afirmar que tanto los placeres como las gratificaciones pueden caer en el exceso, en el abuso, y pueden llevar a conductas adictivas, o sea a situaciones en las que se llega a depender casi totalmente de determinado objeto, persona o actividad. Obviamente, las consecuencias no son las mismas si se es adicto a la música o al alcohol.

Las decisiones que se tomen para alcanzar el placer o la gratificación darán cuenta de la forma en que cada ser humano es capaz de dirigir su vida; y la adolescencia es un momento muy importante en la vida de una persona, pues es en esa etapa cuando se suelen tomar decisiones que podrán incidir en el futuro.

Algunas personas, como el Mahatma Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta, por ejemplo, sacrificaron casi todos sus placeres en procura de lo que para ellos era una enorme gratificación: obtener por medios pacíficos la independencia de sus compatriotas, o ayudar, cuidar y curar a miles de necesitados.

madre maría de calcuta

Seria imposible que todas las personas fuesen así. Pero es posible asumir las condiciones y habilidades que cada uno tiene y, a partir de ellas, tratar de protagonizar una historia interesante, al modo y en la medida que esté al alcance de cada uno. Porque también hay pequeños heroísmos que hacen posible que la historia de la humanidad siga adelante.

También hay personas que, en el otro extremo, sacrifican las gratificaciones por los placeres. Viven “al día”, “todo bien” o “todo mal”, cambian la trama creciente y progresiva de la gratificación por una simple acumulación de excitaciones, que para colmo siempre les resultan insuficientes y por ello requieren cada vez “más de lo mismo”, con lo que terminan obteniendo cada vez menos, y así, el abuso reiterado se vuelve cada vez más peligroso.

Es lo que pasa, por ejemplo, con el alcohol: algunos creen que les dará ánimos para ciertas cosas y, por ello, beben en exceso, lo que los hace perder la voluntad, la conciencia de sus actos y la salud.

Fuente Consultada: AS Adolescencia y Salud Polimodal – Educación Secundaria Superior – Gagliardi-Martiñá-Míguez

Desobediencia civil y resistencia pacifica de Gandhi en la India

Desobediencia Civil y Resistencia Pacífica de Gandhi en la India

EL ORIGEN DE ESTA MEDIDA: LA DESOBEDIENCIA CIVIL: El mahatma Gandhi indignado con las medidas represivas y contra la libertad de prensa impuestas por el imperio británico, se presentó entonces ante el gobernador inglés, le devolvió las condecoraciones que había obtenido por los servicios prestados a Inglaterra durante la guerra, e incitó a su pueblo a la “desobediencia civil” (1920), campaña consistente en la “no cooperación” (satyaagraha) y en el “boicot” a las mercancías y empresas británicas (hartal). Los nacionalistas más exacerbados prefirieron usar la fuerza y estallaron tumultos.

Gandhi, falsamente acusado de haber tomado parte en estas acciones violentas, fue detenido y procesado (1922.Durante el proceso, que podía costarle la pena de muerte, demostró su gran bondad, tomando a su cargo la responsabilidad de los desórdenes, a fin de que otros no fuesen castigados. Fue condenado a seis años de cárcel.

Los jueces, que lo respetaban, le comunicaron la sentencia deshaciéndose en excusas; a ellos el mahatma Gandhi respondió: “Me siento feliz. Amo la tranquilidad y ahora tengo la posibilidad de dedicarme a estudios que me vería obligado a abandonar fuera de la cárcel”.

Recobrada la libertad a los dos años, volvió a tener contacto con su pueblo por medio de un diario fundado y dirigido por él: “La joven India”, y de un semanario. Frente a la intransigencia inglesa, se agravó el descontento popular. Entonces Gandhi proclamó la segunda campaña de “desobediencia civil” hacia los británicos (1930).

Los ingleses se convencieron, finalmente, de que para hacer cesar la “desobediencia civil” no bastaba encarcelar al inspirador, sino que antes bien era menester conceder a los hindúes la debida participación en la vida política del país.

El mahatma fue excarcelado y escuchado en la “Conferencia de la Mesa Redonda” celebrada en Londres, en 1935, en la cual se convino que la India se organizara en federación y el pueblo participara en las elecciones para la Asamblea legislativa. En 1937, en 7 provincias sobre 11, la mayoría correspondió al partido de Gandhi.

Gandhi, desobediencia civilLa desobediencia civil Las campañas de Gandhi de desobediencia civil fueron una forma de protesta que consistía en negar obediencia a determinadas leyes; es decir, se oponía a cumplir con las mismas cuando éstas eran consideradas injustas o ilegítimas. Esta modalidad de lucha no violenta tenía el fin de demostrar públicamente la injusticia de las leyes coloniales británicas.

Su lucha por la liberación de la India se fundamentó en este derecho a la resistencia, que adquirió forma colectiva, pública y pacífica. cuando los miembros del Partido del Congreso eran arrestados, no reconocían el derecho de los tribunales ingleses a juzgarlos.

El movimiento de no-colaboración con las autoridades británicas, incluía la renuncia a sus cargos por parte de los funcionarios indios. Otros ejemplos históricos de acciones de desobediencia o resistencia a la ley, pueden ser el no cumplir la obligación de prestar el servicio militar, desertar en circunstancias excepcionales (como ocurrió con los jóvenes: norteamericanos durante la guerra de Vietnam), o, en el caso de los negros en EE.UU., sentarse en un lo:± público prohibido para la gente de color.

La no-violencia El movimiento de no violencia iniciado por Gandhi tiene un doble significado, por un lado la renuncia al use la fuerza y por el otro, la disposición a asumir sacrificios para ‘sufrir la ofensa” (ayunos prolongados, la prisión)

En la concepción gandhiana los sufrimientos a los que se somete por la propia causa —el autosacrificio y la topurificación— forman parte de la esencia de la no-violencia. El líder indio postulaba la conquista del adversario a través del sufrimiento en la propia persona, con el propósito de bloquear la reacción violenta del opositor y conducir el conflicto a una solución negociada.

La resistencia pasiva tenía fundamentos religiosos. Durante el proceso de liberación de la India fueron utilizados diversos métodos de lucha no violenta: las huelgas, el boicot, las manifestaciones, los sabotajes, los ayunos y las oraciones masivas en los templos.

HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE LA INDIA Independencia de la India La segunda campaña en el proceso de la independencia de la India culminó en 1935, cuando el gobierno británico aceptó expedir la Ley del Gobierno de la India que constituía un paso hacia la autonomía de ese país; a partir de entonces, tanto hindúes como musulmanes intensificaron las luchas nacionalistas y se organizaron asociaciones políticas.

Por un lado el Partido del Congreso que representaba al nacionalismo hindú encabezado por Jawaharlal Nehru y era alentado por la resistencia civil de Gandhi; y por otro lado la Liga Musulmana de la India, dirigida por Ali Jinnah, que constituía la expresión del nacionalismo del sector musulmán interesado en lograr la independencia para crear una nación propia, el Pakistán, dividiendo el territorio de la India.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, el virrey británico en este país declaró la guerra a Alemania en nombre de la India, de acuerdo con la Constitución de 1937, aunque sin consultar a los dirigentes indios. Esto ocasionó que grupos influyentes dentro del Congreso, seguidores de Gandhi, intensificaran la campaña por la independencia a cambio de la cooperación de la India en la guerra.

Las negociaciones se extendieron durante cuatro años y en 1942 el gobierno británico envió a la India un representante con propuestas orientadas a satisfacer las demandas nacionalistas. Esos ofrecimientos contenían la promesa de otorgar la independencia completa para la India al terminar la guerra, pero al mismo tiempo demandaban se estableciera un gobierno indio interino que se hiciera responsable de todos los aspectos administrativos, con excepción de la defensa nacional y los asuntos exteriores. Mas la misión británica terminó en fracaso porque tanto el Congreso Nacional Indio como la Liga Musulmana se oponían a algunas de las propuestas. El movimiento de desobediencia civil se reanudó en agosto de 1942 y motivó una dura represión por parte de Inglaterra. Gandhi, Nehru y miles de sus seguidores fueron acorralados y encarcelados y el Congreso Nacional Indio se decretó fuera de la ley.

Al finalizar el conflicto mundial, el gobierno laborista de Clement Atlee preparó un plan de independencia y partición de la India que, de acuerdo con hindúes y musulmanes, fue puesto en práctica por el último virrey británico en el país, lord Mountbatten. De esta forma, tras unos difíciles y tensos momentos, en agosto de 1947, la India dejaba de estar bajo soberanía británica para dar paso a la formación de los dos Estados independientes de India y Pakistán, cuya partición obedeció a criterios religiosos.

Los primeros años posteriores a ese momento histórico, India y Pakistán dieron comienzo a su historia independiente enfrentando graves conflictos políticos y sociales ocasionados por el reparto de territorios, y ambos países llegaron a la lucha armada en varias ocasiones. La India estableció una nueva Constitución y proclamó la República en 1950, pero se mantuvo dentro de la Commonwealth. La Asamblea Constituyente asignó la responsabilidad ejecutiva a un consejo de ministros, con Nehru como primer ministro, en tanto que Mountbatten quedaba como gobernador general del nuevo país.

Al constituirse Pakistán como Estado soberano quedó dividido en dos regiones: Oriente y Occidente. El primer gobierno independiente estuvo encabezado por el primer ministro Liaqat Ali Khan. Ali Jinnah fue el gobernador general hasta su muerte en 1948. Desde 1947 hasta 1951 el país tuvo una época de verdadera inestabilidad: en 1956 se constituye en república alternándose dictaduras militares y gobiernos civiles. Después de una guerra civil, en marzo de 1971 el Pakistán Oriental se separa y se proclama independiente como República de Bangladesh.

GANDHI Y LA RESISTENCIA PACIFICA: A raíz de un impuesto abusivo que puso en vigencia el Imperio, Gandhi salió de su retiro y comenzó una nueva campaña de resistencia pacífica, o satyagraha, la que se desarrolló desde Bardoli. La represión no se dejó esperar, pero esta vez la matanza fue a la inversa, pues una poblada dio muerte a veinte policías, los que habían pretendido suspender una procesión.

Al contrario de lo que hacían las cúpulas dirigentes, Gandhi no utilizaba en favor de sus metas estos sangrientos sucesos,  buscaba obtener un triunfo político de ellos, sino que se retiraba en el momento que la acción pasaba por sobre los medios previstos para alcanzar el objetivo, desalentado ante el horror que le provocaba la violencia.
En marzo de 1922, luego del éxito obtenido en otra demostración de resistencia pacífica, al conseguir un ausentismo generalizado de sus connacionales en las entidades administrativas y judiciales, en las universidades y en las escuelas, Gandhi fue a prisión.

El mismo se presentó ante el magistrado inglés y se declaró culpable, expresando : “El gobierno reposa sobre la explotación de las masas. La ley está hecha para favorecer esta explotación. La administración de la ley está prostituida al servicio de los explotadores. Un sistema sutil y eficaz de terrorismo ha envilecido al pueblo. La India está arruinada, hambrienta, degradada… Ninguno de los gobiernos que la han oprimido le ha hecho tanto mal como Inglaterra. La no cooperación con el crimen es un deber. ¡Señor Juez, esto debe terminar, dimitid o castigadme!”.

Gandhi fue condenado a seis años de prisión. Al término del juicio el acusado y el juez intercambiaron mutuas reverencias, gestos que podían interpretarse como que obedecían a un eventual reconocí miento de los valores de la justicia colonial; que era una subordinación moral de los británicos al poder de la oposición no violenta; o que era como un juego en que la pena resultaba algo definitivamente superfluo ante el asunto concreto.

El Mahatma, pues ya era llamado así por el pueblo, salió de la prisión al cumplirse dos años de la pena a que había sido condenado, ante la presión que significó para el gobierno colonial el que millares de indios quisieran ingresar a las cárceles para sufrir la pena que le había sido impuesta al mestro.

Ya en libertad, el Mahatma se encontró con un pueblo dividido políticamente por razones religiosas y con una Liga musulmana en auge, la que estimulada por los mismos británicos, insistía en la formación de un estado propio, separado de la India. Gandhi tornó a su ostracismo, retirándose a Sabamarti, donde era visitado por gran número de extranjeros interesados en su filosofía, por los intocables que concurrían como en romería y, en ocasiones, por los dirigentes de los partidos.

1927 y ante la intención del gobierno colonial de formar una Comisión, la que se encargaría de estudiar el futuro constitucional de la India, cuyos integrantes habían sido designados por ellos mismos, Gandhi volvió a poner en práctica un Hartal, el que fue seguido de una Satyagraha, la que tomó como pretexto una típica forma de la dominación económica: el impuesto sobre la sal, que afectaba brutalmente a las capas más pobres de la población.

Seguido por millares de personas, el maestro marchó hacia el mar, y una vez que llegaron a las playas, tomó cada uno un puñado de sal como gesto liberador. A continuación una verdadera marea se apoderó del pueblo: se produjo sal en las costas y se dejó secar en los tejados, amontonándose luego en las calles. La intención del gobierno fue cortar drásticamente con el problema, pero, por vez primera, los soldados indios que servían en el ejército inglés, se negaron a disparar sobre la multitud. Fueron arrestados más de sesenta mil integrantes del Congreso, el partido de Gandhi, pero el movimiento no cejó. Más de dos mil voluntarios planearon la toma de una fábrica de sal, siendo recibidos a golpes, muriendo muchos de ellos en la acción.

La situación se volvió insostenible para Gran Bretaña, la que optó en 1931 por llamar a conversaciones y a negociar la futura independencia de la India, en lo que se llamó Mesa Redonda, efectuada en Londres, en la que se suponía estaban representadas todas las fuerzas de la colonia. El intento estaba condenado al fracaso, pues lo que el pueblo indio quería era la liberación y no una entrega condicionada del poder.

Fuente Consultada:
El Mundo Moderno y Contemporáneo El Siglo XX Gloria M. Delgado
HECHOS, sucesos que estremecieron al siglo Tomo N°15 Mahatma Gandhi

Luchas Por La Igualdad de Derechos entre Blancos y Negros Malcolm X

Luchas Por La Igualdad de Derechos Entre Blancos y Negros

Con la llegada al pode de Jonh F. Kennedy (1925-1963) se intensificó en la sociedad norteamericana un movimiento social que lucho por la igualdad racial y de oportunidades, llamado Movimiento por los Derechos Civiles. La meca de la libertad exhibía para fines de los años cincuenta ejemplos dignos del apartheid.

Incluso en la costa Este, en las desprejuiciadas Chicago y Nueva York, domésticas y músicos negros por igual debían ingresar por la puerta de servicio. En las Fuerzas Armadas, los soldados de color eran marginados y durante la Segunda Guerra Mundial prestaban servicios como changadores.

El asesinato de afroamericanos por parte de blancos era todavía común en los cincuenta y en gran parte del sur no se castigaba a los culpables. Pero el asesinato de Emmet Till (1934-1955), un adolescente de Chicago de visita con su familia en Mississippi durante el verano de 1955, no pasó desapercibido.

Unas 50.000 personas vieron el cuerpo de Emmet Till durante el funeral en su casa de Chicago y muchos miles más fueron expuestos a la evidencia cuando una fotografía de su cadáver, desfigurado a golpes, fue publicada en la revista Jet. Los dos asesinos fueron arrestados el día después de la desaparición de Till, y declarados inocentes un mes más tarde tras una deliberación de 67 minutos por parte del jurado.

Mississippi, en el Sur profundo oficiaba de cuna del Ku Klux Klan, una organización secreta fundada a finales de la Guerra Civil Norteamericana que se encargaba de castigar y asesinar a los negros insurrectos y que fue reflotada al calor de la lucha por los Derechos Civiles.

En un hecho más conocido, el lo de diciembre de 1955, Rosa Parks (1913-2005) —la “madre del Movimiento por los Derechos Civiles”— se rehusó a levantarse de su asiento en un autobús público para dejárselo a un pasajero blanco, tal como marcaban las reglas de la compañía del Estado de Alabama.

Activistas como Edgar Nixon (1899-1987), entre otros, persuadieron al reverendo Martin Luther King (1929-1968) para que dirigiera un boicot contra la compañía de autobuses de Montgomery. El mismo duró un año, hasta que una corte federal ordenó a la empresa levantar la reglamentación discriminatoria. El éxito transformó a King en una figura nacional e inspiró otros boicots de autobuses.

Entre 1955 y 1965 los movimientos organizaron acciones directas, mediante boicots, tomas de edificios, freedom rides, traslados en autobús de grupos multirraciales de jóvenes que ponían a prueba el efectivo levantamiento de segregación en lugares remotos y tácticas similares basadas en la movilización de masas, la resistencia no-violenta y la desobediencia civil. Estos freedom rides resultaron muy peligrosos. Los transportes eran atacados, incendiados y sus ocupantes heridos, asesinados o encarcelados.

En 1960, el Movimiento por los Derechos Civiles recibió una inyección de energía cuando los estudiantes de Greensboro, Carolina del Norte, Nashville, Tennessee y Atlanta, empezaron a “ocupar” los mostradores de tiendas locales a la hora de la comida en protesta por la segregación que ejercían los establecimientos. Muchos de estos ingresos en los locales resultaron en desalojos brutales por parte de las autoridades y parroquianos.

En 1962, el joven James Meredith (1933-) demandó exitosamente a la Universidad de Mississippí para que le permitiera estudiar ahí. Ganó su demanda en septiembre de 1962, pero el responsable máximo de ese estado, un abogado que se había graduado en esa casa de estudios, Ross R. Barnett (1898-1987), bloqueó su admisión, proclamando que “ninguna escuela será integrada en Mississippi mientras yo sea gobernador”.

Para hacer efectivo su derecho, Meredith tuvo que ser acompañado por oficiales del ejército para poder entrar al campus el 30 de septiembre de 1962. Su ingreso provocó que estudiantes y no estudiantes blancos atacaran a los oficiales con piedras y armas de fuego, hiriendo a 28 de ellos, matando a uno y a un periodista francés. Después del incidente, el presidente Kennedy envió al ejército regular para reprimir el levantamiento segregacionista. Meredith pudo iniciar sus clases al día siguiente gracias a la importante presencia del ejército.

Ante lo que se llamó “la revuelta negra” el Parlamento nacional reaccionó aprobando leyes de derechos civiles en 1957, 1960 y 1964, con grandes promesas respecto a la igualdad en el voto y en el trabajo que fueron ignoradas al comienzo. Líderes de estos movimientos, como King, Malcolm X (1925-1965) y Medgar Evers (l925-1963) entre otros, fueron asesinados en su lucha por la igualdad junto a cientos de activistas negros y blancos que apoyaron la no discriminación en la vida social, política y laboral de los negros. Los negros comenzaron a sublevarse en las ciudades.

En 1966, en Chicago saquearon pero la Guardia Nacional contestó con un tiroteo donde murieron tres manifestantes. En 1967 hubo ocho alzamientos importantess treinta y tres sublevaciones donde masacraron a casi 100 personas. Todavía en la década de 1990, el Congreso de los EE.UU. siguió aprobando leyes antidiscriminatorias

REFORMA SOCIAL DE 1965: La Ley del  derecho al voto de 1965 constituyó una victoria emblemática en la batalla por la igualdad afroamericana. La ley, que prohibió la práctica sureña de despojar de sus derechos a los negros a través de pruebas de alfabetización y otros métodos, se aprobó tras ataques violentos contra sus partidarios. En Alabama, la policía recurrió a los golpes para detener la marcha entre Selma y Montgomery, dirigida por Martin Luther King. Ni siquiera las tropas federales enviadas para proteger a los manifestantes pudieron evitar la muerte de una mujer a manos de los miembros del Ku Klux Klan.

La legislación no pudo acabar con la injusticia racial y muchos negros se sentían frustrados por la lenta marcha del progreso. En agosto, el vecindario Watts de Los Angeles fue escenario de un alzamiento. Veinte mil guardias nacionales tardaron cinco días en dominar los saqueos e incendios; murieron 34 personas (la mayoría, negros) y los daños ascendieron a 40 millones de dólares. El vecindario nunca se recuperó totalmente.

Otra víctima de la violencia fue Malcolm X (imagen), el defensor más carismático de los negros urbanos. Malcolm abandonó la delincuencia de las calles para convertirse en el portavoz de los musulmanes negros, una secta nacionalista cuyos miembros consideraban a los blancos unos demonios» y utilizaban la letra «X» para sustituir apellidos procedentes de amos de esclavos.

 Tras un viaje a La Meca (donde musulmanes de diversas razas profesaban su culto), Malcolm fundó otra organización y criticó duramente al líder de los musulmanes negros, Elijah Muhammad. En febrero, sus antiguos compañeros lo mataron en Harlem, Nueva York

PARA SABER MAS…
Las leyes y la violencia

Después de una larga batalla contra la resistencia sureña, las organizaciones de los derechos civiles habían logrado que gran parte de las leyes segregacionistas vigentes en los Estados del sur fueran derogadas; y que, a nivel nacional, leyes importantes fueran sancionadas. Las bases legales de la integración habían sido establecidas. Pero el éxito de la lucha los enfrentó con varias conclusiones desalentadores:

1) Las leyes derogadas eran la manifestación de una realidad (el racismo) que no había sido modificada por su revocación, que no era una exclusividad sureña, sino que existía en toda la sociedad americana.
Los blancos no sureños expresaron desde los comienzos del conflicto su amplio apoyo a los derechos del negro al voto, a una educación adecuada y a oportunidades ocupacionales. En el sur, estos reclamos fueron considerados al principio parte de una conspiración comunista y contrarios al sistema americano; pero en 1963, aun en algunos Estados sureños, los blancos opinaban que ciertos derechos debían garantizarse.

Con el progreso de la lucha negra, en cuanto al logro de leyes favorables a la integración, fue surgiendo una actitud negativa y abiertamente prejuiciada entre los blancos expresada en su rechazo a los métodos de lucha del movimiento negro. En 1965, esta opinión era compartida por un 62 % de los blancos de la Nación.

Los blancos opinaban que los negros trataban de ir demasiado rápido en sus demandas de cambio. El prejuicio de los blancos “liberales” se revelaba en su condena a los métodos que habían demostrado ser los más eficaces para el logro de los objetivos que decían aprobar.

2) La sanción de nuevas leyes tampoco aseguraba la integración del negro en la sociedad americana.
Después de diez años de lucha, la desegregación se había hecho “respetable”, o al menos, eraaceptada como inevitable por los blancos, excepto en el “sur recalcitrante”. El blanco liberal, conscientemente o no, admitía el progreso de las relaciones raciales como la asimilación de los negros “calificados”.

Cuando los tumultos de los ghettos expusieron a la atención nacional las condiciones de privación pavorosa que los negros pobres habían sufrido por siglos, se hizo evidente que para la igualdad de oportunidades fuera efectiva, la sociedad debería proveer mecanismos especiales para contrabalancear los efectos de cuatrocientos años de opresión. Los programas de ayuda y capacitación ofrecidos por los gobiernos liberales demostraron ser insuficientes. La guerra de Indochina, consumiendo proporciones crecientes del presupuesto nacional, los redujo progresivamente. Esta situación se haría drásticamente clara en la administración de Nixon.

La desaparición de las barreras legales para la asimilación igualitaria de los negros en la sociedad americana, favoreció a la burguesía negra; mientras la gran mayoría de los negros permanecía segregada por su falta de medios para ajustarse a los standards de “aceptabilidad” de la clase media blanca. El racismo funciona en varios niveles, eliminando competidores potenciales en un mercado de trabajo cada vez más limitado.

En las filas de las organizaciones por los derechos civiles se manifestó el racismo de los militantes liberales blancos a medida que la definición de la lucha se radicalizó en algunas de ellas. El CCENV (Comité Coordinador  de Estudiantes No Violentos) optó por rechazar a sus colaboradores blancos.

3) Dualidad en la evaluación de la violencia
La APGC (Asociación Para el Progreso de la Gente de Color) había iniciado el conflicto en el nivel legal. Pretendió terminar con la discriminación mediante la aplicación coherente de la ley del hombre blanco, con el cumplimiento efectivo de los valores tradicionales de igualdad, libertad y respeto por la ley. El movimiento de los derechos civiles recogió este objetivo y desarrolló modos de lucha más eficaces para lograr su concreción. Exigió que la ambivalencia de los blancos norteamericanos, defensores de la igualdad de todos los hombres, se resolviera de modo que “entre todos los hombres” también estuvieran los negros. King proclamaba que era un deber moral desobedecer las leyes segregacionistas. Los activistas del movimiento de los derechos civiles desafiaron la ley para que la Constitución fuera respetada.

Los racistas sureños, que en 1954 acusaron a la Corte Suprema de comunista, rechazaban los fallos federales y llegaron a improvisar disposiciones en el nivel local y estadual, al estilo de los “marshalls de frontera”. Los asesinatos y ataques a la persona y propiedad de los negros gozaban de una impunidad total. Un caso se hace particularmente increíble, por la desproporción entre el reclamo negro y la respuesta blanca. El 8 de febrero de 1968, tres negros resultaron muertos y cincuenta heridos, durante una manifestación contra una cancha debowling segregada en Orangebur (Carolina del Sur). La represión policial y de la Guardia Nacional en los ghettoshicieron que, para el negro, la ley y el orden del país, expresados a través de su brazo armado , fueran la antitesis de la justicia. El negro aprendió a despreciar la ley del blanco.

Garantías Constitucionales Cuando Somos Detenidos

Fuente Consultada: El derrumbe del humanismo Daniel Muchnick y Alejandro Garvie – El Libro del Siglo XX de Clarín