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La Literatura Europea en el Siglo XIX:Caracteristicas,Autores y Obras

La Literatura Europea en el Siglo XIX:Caracteristicas,Autores y Obras

CONDICIONES NUEVAS DE LA LITERATURA: En el siglo XVIII, el público que leía los libros era demasiado reducido para sostener a muchos hombres de letras.

La mayor parte de los escritores eran gente acomodada, que no trabajaban más que para pequeños grupos de aficionados a las letras y de profesionales de ellas (lo que se llamaba «la buena compañía).

A partir de Luis XIV, el gusto de este público regía la literatura.

Se seguía, por lo tanto, aplicando las reglas formuladas por Boileau y sostenidas por la Academia Francesa, que se llamaban «las reglas del buen gusto».

No se producían sino obras según el modelo de los clásicos del siglo XVIII, en los géneros reconocidos por Boileau, tragedias, comedias, poesías ligeras, epigramas, elegías, poemas descriptivos.

Los libros se vendían caros, raras veces varios miles de ejemplares, ta literatura seguía siendo un lujo reservado a la gente rica.

Las mujeres leían poco, los hombres del pueblo no leían nada.

En el siglo XIX, tuvo lugar en los hábitos del público y en la organización de la prensa y de la librería una transformación profunda que trastornó las condiciones de la literatura.

Fundáronse, en Inglaterra primeramente, revistas que aparecían todos los meses y que se ocupaban de literatura.

En Francia, La Revue des Deux Mondes, fundada en 1829 y reorganizada en 1831 por Buloz, publicó una parte de las novelas y de las obras en verso de los principales escritores.

El público se hizo más numeroso.

Las mujeres de la clase media se acostumbraron a leer poesías y novelas.

Creáronse «gabinetes de lectura» donde los jóvenes iban a leer las obras recientemente aparecidas.

En Alemania, se estableció la costumbre de las «bibliotecas de préstamo» que prestan libros por unos días.

Los periódicos se hicieron más numerosos y sobre todo tuvieron más lectores.

No se adquirían al principio más que por suscripción; pero en 1834, Emilio de Girardin publicó un periódico con anuncios de pago, como en Inglaterra, lo que le permitió rebajar en una mitad el precio del periódico.

Se empezó muy pronto a vender los periódicos por números sueltos.

Los libreros fundaron empresas calculadas según la afición del público por las novedades, y empezaron a encargar libros a los autores, sobre todo novelas y obras históricas.

Lamartine vendió parte de sus obras antes de haberlas escrito.

Escribía en 1823: «Acabo de vender en 14.000 francos, al contado, mi último tomo de las MEDITACIONES . . .

Habiendo vendido mi libro, ha sido necesario hacerlo».

Su Viaje a Oriente le produjo cerca de 100.000 francos, la Historia de los Girondinos, en 1847, le permitió pagar 400.000 francos de deudas.

Alejandro Dumas escribía, para una librería que las encargaba por anticipado, novelas que le produjeron cerca de un millón.

Biografia de Alejandro Dumas: Su Obra Literaria y Sus Amores - BIOGRAFÍAS e  HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Creó una especie de fábrica en que jóvenes autores desconocidos escribían novelas que el editor publicaba con el nombre de Alejandro Dumas.

Se empezó a publicar en los periódicos trozos de novelas en folletín.

Cada trozo terminaba con la fórmula: «En el próximo número se continuará», para obligar al lector a comprar el número del día siguiente.

Así comenzó la novela de folletín.

La lectura de novelas adquirió entonces en la vida de la gente de la clase media, de las mujeres y aun del vulgo de las ciudades el enorme lugar que ha conservado.

El público del teatro aumentaba también.

Se construyeron nuevos teatros, en los bulevares de París.

Avenida de Francia en el siglo XIX
Avenida de Francia en el siglo XIX

Como el público quería siempre obras nuevas, se creó la profesión de autor dramático.

Se hicieron leyes relativas a los derechos de autor, para asegurar a éste el derecho exclusivo de hacer publicar o representar sus obras.

Los autores pudieron firmar un contrato con un editor o un director de teatro, y cederle los beneficios de la venta o de la representación, mediante una parte del producto de la venta o del precio de las localidades.

La profesión de autor llegó a ser un medio de existencia regular; la cantidad de las obras y el número de los autores aumentaron mucho.

Hubo más escritores, más libros, más lectores y espectadores, la literatura ocupó más lugar en la vida.

• EL ROMANTICISMO

Al mismo tiempo que el público literario aumentó, cambió el gusto en literatura.

El cambio empezó en Alemania a partir del siglo XVIII.

Los alemanes habían imitado durante mucho tiempo a los clásicos franceses.

Una generación nueva se rebeló contra el gusto francés y creó una nueva especie de literatura.

En lugar de agradar por ia perfección de la forma, los jóvenes autores trataron de conmover por la expresión de los sentimientos.

No tomaron ya sus asuntos de la antigüedad, sino de los tiempos modernos y de la Edad Media, con preferencia en la historia de los pueblos del Norte (Wallenstein, María Estuario, Egmont, Fausto).

Dirigíanse, no ya a «la buena compañía», sino a todas las clases de la nación, sobre todo a las mujeres, a la gente de la clase media, a los jóvenes.

No escribían ya en estilo noble, hablaban en el lenguaje familiar y con pasión.

No hicieron ya tragedias, sino «dramas históricos».

Su modelo era Shakespeare, al que declaraban ser el más grande de todos los poetas.

Los dos jefes reconocidos de esta escuela literaria, Goethe y Schiller, crearon un centro en Weimar, capital de un pequeño príncipe alemán amigo de las letras, el gran duque de Sajonia-Weimar.

Un grupo numeroso de poetas y de novelistas trabajaba en los mismos géneros.

Como les apasionaban las viejas leyendas referidas en los romances de la Edad Media, fueron llamados románticos.

En Inglaterra comenzó un movimiento análogo a fines del siglo XVIII. Jóvenes poetas, llamados lakistas (poetas de los lagos), trataban de expresar las emociones producidas por el espectáculo de la Naturaleza.

Un hidalgo escocés, Walter Scott (1771-1832), contaba las leyendas de su país.

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Walter Scott (1771-1832)

En Francia se continuó, hata los tiempos de Napoleón «imitando los grandes modelos», Delille (que murió en 1813) escribía en verso Los tres reinos de la Naturaleza (1809), Parny (muerto en 1814) hacía obras de teatro mitológicas, Raynouard hacía representar con gran éxito la tragedia Los templarios (1805).

Pero algunos autores jóvenes buscaban un género nuevo.

La mayor parte desconocían el alemán y el inglés, pero conocían indirectamente las grandes obras de los extranjeros.

Ducis, había adaptado a la escena francesa las obras más hermosas de Shakespeare, Hamlet, Romeo y Julieta, Macbeth, Ótelo.

Madame de Staél, hija del ministro Necker, que había conocido a Goethe y a Schiller, publicó un libro, Alemania, en el que expresaba su admiración por la literatura y la filosofía alemanas (1810).

Puso una y otra de moda en Francia.

Un francés, Chateabriand, acababa de dar el modelo de un nuevo género.

En El genio del cristianismo (1802) manifestaba que había que buscar la poesía, no ya en la Antigüedad pagana, sino en la Edad Media cristiana.

En Los mártires (1809), creaba el poema épico cristiano.

Es considerado como el fundador del romanticismo en Francia.

En tiempos de la Restauración algunos jóvenes, poetas, novelistas, periodistas, todavía poco conocidos, se declararon francamente románticos y entraron en lucha con los clásicos.

Expresaron sus ideas en dos revistas nuevas. El Globo y La Musa francesa, antes de haberse dado a conocer por sus obras.

Los románticos se presentaban como revolucionarios, en lucha con todas las reglas, contra Boileau, contra la Academia, contra la Comedia Francesa que mantenía la antigua tragedia clásica.

Manifestaban que su modelo era Shakespeare. (imagen abajo)

Shakespeare

Stendhal, en Racine y Shakespeare (1825), comparaba a los dos poetas para exaltar a Shakespeare y poner en ridículo a Racine.

Los clásicos no admitían más que los géneros definidos por Boileau y puestos en práctica por los autores franceses del siglo XVII.

Un académico decía en 1824: «Los géneros han sido reconocidos y fijados, no se puede variar en nada su naturaleza ni aumentar su número«.

En la tragedia los clásicos se atenían a las antiguas reglas, la división en cinco actos, la regla de las tres unidades.

No admitían que pudiera escribirse de otra forma que en verso.

En todos los géneros, los «clásicos» seguían las reglas establecidas por sus antecesores e imitaban las obras anteriores.

Su literatura era un arte de imitación y convencional.

Los románticos se revelaban contra las reglas.

Decían que, habiendo cambiado la sociedad, las reglas del gusto debían cambiar también.

Llamábanse los «modernos facciosos» y hablaban de destruir «las bastillas» del pensamiento.

No admitían la distinción en géneros.

Uno de ellos exclamaba:

«¡Caed, murallas que separáis los géneros! «.

Querían realizar una forma nueva, «el drama», a la vez tragedia y comedia, comprendiendo la vida toda, en que el autor mismo interviene expresando sus propias emociones y sus ideas filosóficas, con el derecho de dividir la obra en actos o en escenas de número indefinido, de transportar la acción de un lugar a otro, y de hacerla durar un tiempo ilimitado.

Era lo que llamaban «el orden de la naturaleza y de la libertad«.

Rechazaban las reglas de las tres unidades y todos los antiguos procedimientos de la tragedia, los confidentes, los monólogos, los sueños.

Los clásicos habían querido agradar a un público ilustrado, presentándole imágenes bellas o agradables, lo cual les obligaba a escoger en la naturaleza y a desechar todo lo que no entraba en las conveniencias de la sociedad.

Los románticos, que se dirigían a un público más amplio, se proponían conmoverle mediante la expresión de los sentimientos, no reconocían más que «las conveniencias naturales».

Querían expresar, sin elegir, la naturaleza entera; querían pintar, no ya solamente las bellas formas y los sentimientos distinguidos, sino todas las pasiones, los sufrimientos físicos, la misma fealdad física y moral.

Los clásicos tomaban con preferencia sus asuntos en la antigüedad.

Un romántico decía:

«¿Quién nos librará de los griegos y de los romanos? «, «Ser romántico, decía otro, es cantar su país, sus afectos, sus costumbres y su Dios».

Los románticos, rebelados contra la antigüedad, tomaban sus asuntos de las leyendas de la Edad Media, de la Historia moderna, de la literatura española.

En la literatura clásica los personajes eran reyes o príncipes, tomados como tipo de la humanidad en general, por consiguiente reducidos a algunos rasgos de carácter universales, y todos semejantes los unos a los otros.

Los románticos representaron personajes de todas condiciones, incluso miserables, enfermos, criminales, frecuentemente contemporáneos, gente de la misma especie que el autor o el lector.

Los clásicos, desde Boileau, tenían por regla la razón, no se interesaban más que por lo que es universal en el hombre.

Los románticos se interesaban, al contrario, por los rasgos particulares que constituyen la vida nacional de un pueblo y el temperamento propio de un individuo.

Intentaban pintar a los personajes con las particularidades de su condición, de su comarca, de su oficio.

En los asuntos históricos, trataban de representar a sus héroes con el lenguaje, el traje, las costumbres de su tiempo y de su país.

Era lo que llamaban el color local.

Los clásicos, queriendo hacer hablar a héroes y expresar sentimientos escogidos, habían adoptado un lenguaje selecto, en el que no admitían más que términos nobles.

No se atrevían a emplear la palabra propia, por ejemplo, «perro» o «cámara», las sustituían con una perífrasis.

Para decir «los negros», se decía:

Los mortales que han ennegrecido los soles de Guinea.
Una taza de café se decía:
Del grano de moka el licor ardiente,
Que humea en el alabastro adornado con oro y flores.

Lebrun, en su tragedia María Estuardo, había escrito primeramente:
Toma este regalo, este pañuelo, esta prenda de ternura,

Que para ti con sus manos ha bordado tu amante.

«Pañuelo» y «bordado» no parecieron bastante nobles a la Comisión de lectura de la Comedia Francesa, que hizo sustituir «pañuelo» por «tejido» y «bordar» por «embellecer«.

No se decía «asesinar» sino «atravesar el seno«, ni «vaca» sino «becerra«.

No se decía «agua» sino «onda» ni «polvo» sino «polvos«, ni «caballo» sino «corcel«.

Los románticos emplearon todas las palabras a su conveniencia, incluso las familiares, y se alabaron de haber hecho una revolución.

Víctor Hugo, en una composición de las «Contemplaciones«, escribía:

El lenguaje era el Estado antes del ochenta y nueve.

Las palabras, bien o mal nacidas, vivían divididas en clases.

Las unas nobles . . .

Las otras, cáfila de mendigos, figuras patibularias.

Entonces, bandido, llegué y dije: ¿Por qué? ¿Estas siempre delante, aquéllas siempre detrás? No más palabras senadoras, no más palabras campesinas…

He llamado al cerdo por su nombre, ¿por qué no?

Esto produjo escándalo al principio.

En la primera representación de Hernani al decir «viejo estúpido», los clásicos se indignaron, «viejo» no era del estilo noble.

Los clásicos no admitían en el teatro más que el verso, y el «bello alejandrino regular».

Los románticos escribieron en prosa, o, cuando lo hacían en verso, partían de intento el alejandrino, intercalaban un verso en otro y no tenían en cuenta la censura.

Los románticos se dividían en dos grupos.

Algunos conservaban una parte de la tradición francesa, trataban de observar la Naturaleza y de describirla con exactitud, sin aparecer ellos.

Hablaban un lenguaje sencillo y esmerado, como el siglo XVIII.

Fueron sobre todo novelistas (Stendhal, Mérmimée).

Pero la mayor parte de los románticos expresaban sobre todo sus impresiones personales, con preferencia en poemas líricos, y aun en las novelas y los dramas se dejaban llevar a efusiones líricas.

Se creían arrebatados por la inspiración, y no se esforzaban mucho en corregir la forma.

Sus obras son casi siempre desiguales, con pasajes en que el lenguaje es descuidado.

Eran cristianos, como Chateaubriand, o por lo menos espiritualistas.

Consideraban el sentimiento religioso como la gran fuente de inspiración poética.

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François René de Chateaubriand (1768-1848), escritor y político francés, pionero del romanticismo, muy conocido por su autobiografía y la novela René.

Los que no eran creyentes sentían no tener fe, eran pesimistas y desesperados, les parecía amarga y presentaban personajes sombríos, de aspecto fatal, desesperados.

Era lo que se llamaba «el mal del siglo» (en Alemania, Weltschmerz).

Considerábanse encargados de una misión y portadores de una revelación, sus poesías tenían siempre un tono solemne.

Se complacían en el misterio de las religiones y de las leyendas, en lo maravilloso cristiano y aún en lo fantástico.

Les gustaba representar los viejos castillos en ruinas, las hadas, las ondinas, los demonios, los fantasmas, los vampiros.

• LUCHA ENTRE LOS CLASICOS Y LOS ROMÁNTICOS

Los clásicos fueron vencedores en un principio.

Tenían la Academia y la Comedia Francesa y trataban a los románticos de «bárbaros». Pero todos los autores jóvenes se hicieron románticos y no tardaron en conquistar al público.

Diéronse a conocer primeramente por sus obras líricas, las Meditaciones de Lamartine aparecieron en 1820 y sólo más tarde llegaron al teatro.

Víctor Hugo, ya célebre por sus poesías líricas, dedicóse al fin a escribir dramas imitando a Shakespeare y a los alemanes.

El primero fue Cromwell, que publicó sin ponerle en escena; El Prefacio de Cromwell fue el manifiesto de la escuela romántica en el teatro (1828).

Uno de sus amigos, Teórilo Gautier, le comparaba a las «Tablas de la Ley en el Sinaí».

Víctor Hugo (imagen abajo) atacaba en él al teatro clásico, al que censuraba verse impedido «por la regla de las tres unidades, no tener color local y pasar todo él en relatos».

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Exponía su teoría de la mezcla de los géneros: estando el hombre compuesto de dos seres, el uno perecedero, el otro inmortal, lo sublime y lo grotesco están siempre reunidos, y el drama, para representar la vida, debe por tanto ser alternativamente trágico y cómico, sublime y grotesco.

Se representaba desde hacía mucho tiempo en París, en un teatro popular, el melodrama, drama de aventuras con intermedios musicales, pero no era considerado como obra literaria.

Un joven romántico, Alejandro Dumas, hizo representar en 1829 un drama histórico, en prosa, Enrique III y su corte, que tuvo gran éxito.

Víctor Hugo escribió entonces un drama histórico. Marión Delorme, pero la censura no permitió la representación.

El primer drama de Víctor Hugo que apareció en el teatro fue Hernani (febrero de 1830).

Los clásicos no querían dejar que se representara.

Acudieron al estreno los jóvenes románticos en tropel, capitaneados por Teófilo Gautier, que vestía pantalón verde y chaleco encarnado.

Los clásicos, silbaban todos los versos, los románticos los aplaudían, y hubo lucha a bastonazos. La batalla de Hernani señaló la entrada de los románticos en el teatro.

• LOS ESCRITORES FRANCESES

El romanticismo había empezado en los países del Norte; pero los escritores más célebres de la época fueron franceses.

Chateaubriand, nacido en 1768, en una familia noble de Bretaña, quiso combatir la filosofía del siglo XVIII y buscar la inspiración literaria en la religión cristiana.

Escribió novelas poéticas, Atala, en la que empezó a describir paisajes de América (1800), luego Rene (1802), en la que apareció por primera vez en Francia el tipo de joven melancólico y desesperado.

Se hizo célebre con Los mártires (1809), la primera novela histórica francesa.

Con él comenzó una nueva forma de literatura, el romanticismo francés.

Los grandes poetas aparecieron en tiempos de la Restauración.

Fue primeramente Lamartine (imagen), nacido en 1790, en Mácon, de familia noble.

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Se hizo célebre de pronto (1820), por su primera publicación, Las Meditaciones, serie de composiciones líricas en que expresaba sus sentimientos.

Víctor Hugo, nacido en 1802, hijo de un general del Imperio, comenzó de estudiante a escribir versos y novelas.

Antes de cumplir los dieciocho años fundó con algunos amigos una revista anexa a un periódico realista.

Escribió primeramente Odas dedicadas a la familia real, se dio a conocer por el Prólogo de Cromwell (1828), luego su colección de poesías, las Orientales lo ubicó como poeta de moda (1829).

Fue célebre después de 1830, por la serie de sus dramas y por su gran novela histórica Nuestra Señora de París (1831).

El último de sus dramas, Los Burgraves (1843), fue mal acogido por el público, y no volvió a escribir para la escena.

Al mismo tiempo aparecía un poeta lírico cuya fama fue menos brillante, Alfred de Vigny (1793-1863), autor de poesías filosóficas y de una novela histórica, Cinco de Marzo.

Después de 1830, Alfredo de Musset (1810-1857) se dio a conocer muy joven con poesías líricas en las que expresaba sus tristezas.

Luego escribió en prosa sus Comedias y Proverbios, colección de obras cortas de teatro imitadas sobre todo de las comedias de Shakespeare, en un lenguaje de una elegancia y de una gracia muy raras entre los románticos.

Fueron también muy admiradas en aquel tiempo las obras líricas de Casimiro Delavigne (1792-1843), sobre todo las Mesenianas (1818), y más tarde los Yambos, de Barbier (1805-1882), escritos en 1831 en honor a la Revolución de 1830.

Un amigo de Víctor Hugo, Teófilo Gautier, comenzó con poemas ronánticos, pero se dio a conocer sobre todo con Viajes en prosa y novelas históricas.

Al lado de estos jóvenes poetas románticos, el público seguía admirando a un superviviente de la generación anterior, Béranger, nacido en 1780, republicano y admirador de Napoleón, célebre por sus Canciones contra los emigrados y los Borbones.

Al mismo tiempo los románticos transformaban la novela y hacían de ella el principal género literario en prosa del siglo XIX.

Chateaubriand había empezado con Los mártires y Los Natchez.

Los poetas mismos, Lamartine, Víctor Hugo, Alfredo de Vigni, Musset, todos escribieron novelas.

Pero el público se había apasionado principalmente con las novelas históricas inglesas de Walter Scott.

Alejandro Dumas escribió entonces para la generalidad una serie de novelas (la más célebre fue Los tres mosqueteros).

Son relatos de aventuras muy divertidos, pero faltos de estilo.

Los grandes novelistas fueron los que intentaron representar la sociedad de su tiempo: Mérimée, y sobre todo Jorge Sand y Balzac.

Aurora Dudevant, nacida en 1804, había dejado a su marido para establecerse en París con sus dos hijos.

Escribía para ganarse la vida, con el seudónimo de Jorge Sand. (imagen)

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Se hizo célebre por una novela, Indiana (1831), enteramente romántica.

Vivió luego algunos años con socialistas y escribió novelas humanitarias.

Más tarde, en una serie de novelas campestres, que han seguido siendo las más célebres, representó los aldeanos del Berry, su país (1844-1852).

Lo que pintaba con preferencia era el amor, la humanidad y la naturaleza y no le gustaba representar más que la belleza. «El espíritu humano, decía, no puede dejar de embellecer y de elevar el objeto de su contemplación».

Balzac (1799-1850) comenzó con malas novelas históricas, luego fundó una empresa de librería que no resultó y le dejó cargado de deudas, para pagar las cuales hubo de escribir toda la vida.

Balzac Honoré
Balzac Honoré

Puso en sus novelas personajes de su época, describiendo su aspecto exterior y todos los actos de su existencia con todo pormenor, y fijándose principalmente en los tipos más antipáticos, ambiciosos, bandidos, estafadores, gentes malas y mezquinas de la burguesía.

En esta misma generación, la Historia cambió de forma.

Los historiadores románticos trataron de interesar a la masa general refiriendo el pasado con pormenores pintorescos de color local, escenas violentas, y hasta dando cabida a sus sentimientos particulares,de modo que pareciera un drama o una novela.

Agustín Tierry (1795-1856) fue inducido por una novela histórica de Walter Scott a escribir su obra principal: Historia de la conquista de Inglaterra.

Michelet (1798-1874), profesor de Historia, quiso hacer de esta ciencia «una resurrección». Emprendió una Historia de Francia, luego otra de la Revolución que le ocuparon hasta el final de su vida.

En tiempo de la Restauración el público se apasionó por los profesores que daban las enseñanzas públicas: Guizot, profesor de Historia; Cousin, de Filosofía; Villemain, de literatura.

Aquellos profesores, que hablaban para un público numeroso y muy ignorante, empleaban formas oratorias que transformaron el curso público en un género literario

ESCRITORES ALEMANES

El romanticismo había comenzado an Alemania.

Goethe, el poeta más grande del período precedente, vivió hasta 1832.

Biografía Goethe Wolfgang Obra Artistica del Romanticismo
Goethe Wolfgang

En el momento de morir acababa su segundo Fausto.

Formáronse sucesivamente en Alemania dos escuelas que se llamaron románticas.

La primera, además de algunos poetas poco conocidos, comprende a Schlegel, que enseñó en la Universidad de Viena y formuló la teoría del «arte romántico», opuesto al «arte clásico».

La segunda escuela se compone de gran número de poetas, sobre todo alemanes del Sur, cuyos nombres son más conocidos en Alemania que en Francia.

Algunos (Arndt, Koerner) escribieron cantos patrióticos durante las guerras con Napoleón.

El más conocido en Francia fue Hoffmann, un desequilibrado alcohólico.

Sus Cuentos fantásticos fueron muy admirados por los románticos franceses.

Aquel cuya obra ha durado más tiempo es un suabo, Uhland (1787-1862), autor de baladas y de canciones, de un sentimiento tan sincero y de un lenguaje tan sencillo que han seguido siendo populares en Alemania.

Los románticos escribieron también muchos dramas, que entonces tuvieron éxito y que hoy ya casi no se leen.

Pero son admirados aún dos autores dramáticos que en su tiempo pasaron casi inadvertidos: Kleis (1777-1811), que vivía en Berlín, y Grillparzer (1791-1872), creador del teatro austríaco.

Después de 1830, el poeta más célebre fue un judío de Alemania del Norte, Heme, establecido en París, donde vivía como periodista.

Su colección de Cantos (Lieder) le ha colocado entre los grandes poetas líricos de Alemania.

El otro gran lírico, un alemán tic Hungría, Lenau (1802-1850), que murió loco, se hizo célebre con poemas históricos y líricos de una tristeza sombría.

La mayor parte de los autores jóvenes estuvieron entonces en violenta oposición con los Gobiernos de Alemania, que no dejaban ninguna libertad a la prensa.

Un director de revista denunció a un grupo denominado La joven Alemania (1835) como enemigo de la religión.

La Confederación ordenó a todos los Gobiernos perseguir a cinco escritores, entre ellos Heine, prohibió sus obras porque «atacaban al cristianismo, a los ricos y al clero» y prohibió de antemano publicar todo lo que escribieran.

Dos de ellos, Laube y Gutzkow, autores de obras teatrales, fueron presos, y esta persecución los hizo célebres en toda Alemania.

Dos de los principales poetas líricos de aquella época, Herwegh (1817-1875) y Freiliggrath (1810-1876) fueron sobre todos conocidos por sus cantos revolucionarios y tomaron parte en la Revolución de 1848.

• LOS ESCRITORES INGLESES

En Iglaterra, el romanticismo tuvo dos formas diferentes.

Walter Scott (1771-1832), que escribía para la masa de los lectores de la clase media, publicó una gran serie de novelas históricas.

En ellas contó episodios de la historia de Inglaterra y de Escocia desde el siglo XII (Ivanhoe) hasta el XIX (El anticuario), con una abundancia de pormenores pintorescos que se imaginaba ser exactos y que se denominaban color local.

Los otros románticos ingleses fueron, por el contrario, poetas líricos sublevados contra la sociedad de su tiempo.

Shelley, nacido en 1792, ahogado en una tempestad en Italia en 1822, fue expulsado de la Universidad de Oxford en calidad de sospechoso de ateísmo y se fue a vivir a Suiza, luego a Italia.

Shelley Bysshe Percy literatura siglo xix
Shelley Bysshe Percy

Su obra consiste en poemas líricos de un sentimiento violento en que rechaza toda idea religiosa y metafísica.

Su amigo, lord Byron (1788-1824), gran señor indispuesto con los de su clase, abandonó Inglaterra en 1816, fuese a vivir a Italia, combatió en las filas de los insurrectos griegos y murió en Misolonghi.

Biografía de Lord Byron: Resumen de la vida y obra de George Gordon
Lord Byron

Escribió primeramente sátiras, luego poemas épicos, a.»la vez satíricos y líricos, que le hicieron ilustre en toda Europa.

Después de 1830, el romántico más original fue Carlyle, escocés, hijo de campesinos, nacido en 1795, que vivió al principio pobremente dando lecciones en un colegio y dedicándose a la literatura.

Thomas Carlyle (1795-1881) literatura siglo xix

Thomas Carlyle (1795-1881), ensayista e historiador escocés, además de influyente crítico social.

Escribió en una prosa poética, violenta, oscura, lleno de afectación y de rareza, obras extrañas, mezcla de historia, de sátira, de sermón, en que atacaba violentamente a la vez a la democracia que detestaba y a los ricos, a quienes acusaba de no hacer nada para mejorar la áspera miseria de su tiempo. Su obra más célebre.

El culto de los héroes, expone la doctrina de que todo se hace por los grandes hombres.

El historiador de moda en aquella época, Macaulay (1800-1859), fue, por el contrario, whig, partidario del régimen parlamentario.

Su Historia de Inglaterra (1848-1855) es un relato abundante, de fácil lectura, lleno de pormenores pintorescos.

Produjo a su autor más de medio millón.

En el reinado de Victoria aparecieron los dos grandes novelistas ingleses.

Dickens (1812-1879), hijo de un modesto empleado de Marina aprisionado por deudas, fue al principio aprendiz en una betunería en donde pegaba etiquetas en los tarros, luego se hizo escribiente y reportero de un periódico.

Charles Dickens Literatura siglo xix
Charles Dickens

Conoció de este modo la existencia de los pobres y la representó en todos sus pormenores, con una mezcla de indignación, de alegría y de compasión.

Desde su primera novela, Papeles postumos del club Plckwick (1837), tuvo un éxito enorme, ganando en lo sucesivo para vivir muy desahogadamente.

En sus novelas describió toda la vida inglesa en el período de grandes crisis de miseria y de agitación .

El otro novelista Thackeran (1811-1863), escribió poco, pero bastaron para hacerle célebre sus dos novelas, el Libro de los Snobs y La Feria de las vanidades (1848), dos violentas sátiras contra la vanidad y la tontería de la aristocracia inglesa.

Fuente Consultada:
Historia Univesal Ilustrada Tomo 4 de Charles Seignobos Editorial Publiser Buenos Aires

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Enlace Externo:LITERATURA DEL SIGLO XIX

Primer Subterraneo de Buenos Aires:Historia de su Construcción

Primer Subterráneo de Buenos Aires
Historia de su Construcción

HISTORIA:

Hacia tiempo ya que la Gran Aldea se estaba convirtiendo en la gran ciudad.

El crecimiento demográfico como consecuencia, especialmente, de la intensa corriente inmigratoria, avanzaba a grandes pasos.

Ya, a principios de siglo, la implantación del servicio eléctrico de tranvías había constituido un trascendental progreso para Buenos Aires que, como consecuencia del mismo, se fue extendiendo cada vez más, poblándose muchos barrios que hasta entonces habían sido verdaderos desiertos.

La ciudad se ampliaba constantemente.

Se buscaba la descongestión del centro, donde se estaba agrupando toda la población.

Con el tranvía eléctrico ya se había conseguido algo, pero era necesario hacer más.

Por otra parte, la creciente población de los distintos barrios abría nuevas exigencias.

Además la ciudad tendía a parecerse a otras grandes capitales del mundo.

Buenos Aires, aparte de extenderse, se modernizaba.

También necesitaba respirar, de manera que se proyectaron, poco después del Centenario.

PRIMER TRAMO DE DIAGONAL NORTE

La esquina de Cangallo y Esmeralda, luego de la demolición se abre la Diagonal Norte y se inaugura el subterráneo algunas obras de gran aliento tendientes a su embellecimiento, pero igualmente a dar un desahogo a la parte céntrica, donde la población no cabía los vehículos abarrotaban las calles entorpeciendo el tránsito, cada vez mayor en la capital.

El municipio se ponía a tono con sus necesidades de la urbe en plena evolución.

Se había proyectado la construcción de un juego de diagonales en el año 1913 se dio comienzo a las obras correspondientes a la Diagonal

Norte, que debía partir de Plaza Mayo para unirla con Plaza Lavalle.

Grandes edificios rindieron tributo a ese adelanto edilicio y cayeron demolidos con la piqueta.

El pueblo asistía, como nombrado, al inusitado progreso de la ciudad, no igualado por ninguna otra capital del mundo.

primer subterraneo de buenos aires

En muy pocos años se transformaba casi fundamentalmente.

Al mismo tiempo que la zona central cambiaba su fisonomía, los arrabales se iban convirtiendo en hermosos barrios residenciales con modernos edificios.

Y la construcción de la Diagonal Norte constituía un paso gigantesco en la evolución de la metrópoli.

Porque además se había previsto para la nueva arteria un especial estilo de edificación, con casas de idéntica altura, con sentido urbanístico y con miras al futuro.

Era el comienzo de una etapa extraordinariamente progresista que no habría de detenerse.

Las casas iban cayendo para dejar paso a la nueva arteria con su posterior moderna edificación.

Se abría, en el centro de la capital, junto con la avenida, una perspectiva magnífica.

El crecimiento era integral.

También el puerto Madero, que no tenía muchos años, resultaba pequeño para su enorme movimiento.

Y como es natural, se proyectó la construcción de un nuevo puerto, cuyas obras se iniciaron también en el año 1913, que quedó en la historia edilicia de la ciudad como uno de los que dieron mayor impulso a su progreso.

Demandó años la construcción de los modernos muelles, pues fue necesario ganar muchos terrenos al río de la Plata, antes de dar comienzo a las obras principales.

• SUBTERRÁNEO:

Pero, es indudable, que la mayor expresión del progreso urbano registrada en ese año, fue la inauguración de la primera línea de trenes subterráneos.

Las obras iniciadas en el año 1911 dieron término en diciembre de 1913, en que se procedió a la inauguración del primer tramo.

En esa primera línea los trenes corrieron desde Plaza Mayo a Plaza Once por la Avenida de Mayo y Rivadavia, con miras a su futura prolongación hasta Caballito.

De más está decir que la inauguración del subterráneo constituyó un verdadero acontecimiento.

Al viaje inicial asistieron altas autoridades nacionales y comunales, así como invitados.

El servicio se cumplía con coches adquiridos en Bélgica.

Cada uno pesaba 30 toneladas, tenía 16 metros de largo y entre otros muchos detalles, puertas corredizas y dotados de profusa iluminación.

Los trenes fueron compuestos hasta por seis vagones cada uno y el nuevo servicio transportaba 17.000 pasajeros por hora.

Los vehículos, si bien contaban con motores independientes, podían conectarse entre sí, como si formaran una sola unidad.

La velocidad de los trenes era de unos cuarenta y cinco kilómetros por hora y, como las paradas se producían en estaciones especiales, construidas cada tres cuadras, el viaje era más rápido que en los vehículos a nivel.

interior subte

El 1° de diciembre de 1913, Buenos Aires se convirtió en la primera ciudad latinoamericana con servicio de ferrocarril subterráneo. Ese día se inauguró parcialmente la actual línea A.

El primer tramo habilitado unió la Plaza de Mayo con la de Miserere. Fue la única obra de este tipo que se construyó totalmente a cielo abierto.

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Federico LacrozeFederico Lacroze fue un visionario apasionado por los transportes.

Soñaba con extender el tranvía al campo, como era frecuente en las redes de los Estados Unidos.

Ya en tiempos de los tranvías de caballo había fundado uno, denominadoTramway Rural, que llegaba hasta Rojas.

Fue la línea de tracción animal más larga del mundo, y llegó a contar con un coche dormitorio.

Luego, cuando explotaba sus líneas con unidades eléctricas, aprovechó las vías para prestar un servicio con coches grandes, de 8 ruedas, entre Corrientes y Reconquista y la localidad suburbana de San Martín.

Pero soñaba con algo más…

La conexión entre el sistema ferroviario que cubría las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones con el del antiguo tramway rural que le pertenecía apuntaba a crear el Ferrocarril Terminal Central de Buenos Aires, cuya cabecera iba a estar debajo del Obelisco.

Y allí, bajo tierra y cegadas por los vistosos paneles de la estación actual del subte –Carlos Pellegrini-, están aún las instalaciones que llegaron a construirse.

En los últimos tiempos la empresa concesionaria actual esperaba el arribo de los coches reacondicionados adquiridos en Japón cuando necesitó reforzar el servicio.

Se optó, entonces, por echar mano de los vagones del Urquiza, también operados por esa firma.

Parecía que finalmente se cumplían los sueños de Lacroze, aunque fuera parcialmente.

Fuente Consultada: LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Año 1913

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