Salvador Allende

Proceso de Reorganizacion Nacional Resumen

  Proceso de Reorganizacion Nacional

Algunos de los dictadores que en la década del ’70 gobernaban en América latina -como Alfredo Stroessner en Paraguay o Anastasio Somoza en Nicaragua- pertenecían a la estirpe de los dictadores tradicionales. Otras dictaduras, en cambio, presentaban perfiles nuevos. Tal era el caso de los gobiernos militares del Cono Sur -los gobiernos brasileños surgidos del golpe de 1964, los argentinos entre 1966 y 1973 y, luego, entre 1976 y 1983, los uruguayos desde 1973, y la dictadura de Pinochet en Chile desde 1973- y, con un signo ideológico diferente, el gobierno militar de Velasco Alvarado en Perú entre 1968 y 1975.

Estas dictaduras diferían entre sí en algunas de sus orientaciones de política económica –el entusiasmo por el liberalismo ortodoxo de los gobiernos de Pinochet y de Videla no encontraba un correlato equivalente en la política desarrollista de la dictadura brasileña-, aunque compartían la convicción de que el crecimiento de la economía era incompatible con una participación significativa de los asalariados en el ingreso nacional.

la junta militar

Hacia mediados de la década de 1970, los gobiernos de la enorme mayoría de los países latinoamericanos estaban en manos de dictadores.

Compartían asimismo una orientación fuertemente represiva frente a los opositores reales o potenciales, fueran políticos, sindicalistas, intelectuales, periodistas, estudiantes, etc. También en este terreno, las dictaduras de Videla y Pinochet marcaron picos de brutalidad y encarnizamiento sin antecedentes en la historia de la región.

Las dictaduras militares del Cono Sur tenían algunos rasgos fundamentales en común: eran ejercidas por representantes institucionales de las fuerzas armadas, profesaban un anticomunismo exacerbado -que englobaba bajo el rótulo de comunista cualquier expresión política opositora-, contaban con el apoyo incondicional de los gobiernos de los Estados Unidos -salvo en un breve período bajo la presidencia de James Cárter (1976-1980)-, y buscaban justificación para la intervención directa de los militares en la política en la Doctrina de la Seguridad Nacional, que asignaba a los ejércitos nacionales un nuevo papel en la política interna de los países latinoamericanos.

RESUMEN DEL PROCESO EN ARGENTINA: En julio de 1973, Cámpora renunció y, luego de nuevas elecciones. Juan D. Perón -acompañado en la fórmula por su esposa María Estela Martínez- asumió la presidencia. El líder impulsó un Pacto Social entre empresarios y sindicalistas para frenar la puja sectorial.

La muerte de Perón el 1° de julio de 1974 desató nuevas luchas por el control del gobierno. Su sucesora, María Estela Martínez de Perón, era incompetente para controlar la situación. Las tendencias hacia la descomposición social y política se profundizaron.

El estado prohijó grupos parapoliciales que asesinaban a los opositores y las Fuerzas Armadas se incorporaron a la lucha contra la guerrilla. El Pacto Social se rompió, la inflación se disparó y las huelgas se multiplicaron. En ese marco, el 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de estado.

Una Junta Militar asumió el mando supremo del estado y designó presidente al general Jorge R. Videla. El nuevo gobierno proclamó el inicio de un Proceso de Reorganización Nacional.

Una sangrienta represión se descargó sobre la sociedad. Miles de personas fueron secuestradas, recluidas en campos de concentración, torturadas y asesinadas. El rasgo sustantivo de la represión fue la ilegalidad: aunque los procedimientos fueron organizados por la más alta jerarquía político-militar, la represión fue clandestina y delictiva. Como resultado, entre ocho mil y treinta mil personas -según distintas fuentes- pasaron a integrar la categoría de «detenidos-desaparecidos».

Entre 1976 y 1981, la política económica estuvo dirigida por José A. Martínez de Hoz, quien formuló un programa para modernizar la estructura productiva. El gobierno devaluó la moneda, quitó los aranceles que trababan la importación de bienes y liberalizó el mercado financiero, lo que produjo un aumento de las tasas de interés y el ingreso de capitales extranjeros (destinados, en su mayoría, a actividades especulativas).

Las importaciones indiscriminadas, las altas tasas de interés, la sobrevaluación del peso y el ingreso de dólares en concepto de créditos internacionales -que multiplicó la deuda externa- provocaron graves daños a la actividad productiva argentina.

En 1981, el presidente Videla y su ministro fueron reemplazados. El nuevo presidente, el general Roberto Viola, intentó una apertura política, pero el proyecto encontró resistencias en la Junta Militar. A fines de 1981, el general Leopoldo F. Galtieri reemplazó a Viola y clausuró la apertura política. Entretanto, los partidos políticos habían constituido una agrupación -la Multipartidaria– y presionaban por el retorno a la democracia, mientras un sector sindical se movilizaba contra el gobierno.

La movilización social quedó suspendida el 2 de abril de 1982, cuando tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas, ocupadas desde 1833 por Gran Bretaña. Los intentos diplomáticos fracasaron y el 1° de mayo comenzó la guerra. El 14 de junio, el mando militar argentino en Malvinas capituló ante el mando británico.

La Guerra de Malvinas marcó el fin de la dictadura militar. Galtieri fue reemplazado por el general Reynaldo Bignone, quien convocó a elecciones para octubre de 1983, en las que triunfó el candidato de la UCR, Raúl R. Alfonsín.

Fuente Consultada:
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy.

Augusto Pinochet El Golpe de Estado Chileno Derrocamiento de Allende

Augusto Pinochet:El Golpe de Estado Chileno y Derrocamiento del Presidente Allende

El golpe que derrocó al presidente chileno Salvador

Ver: Pinocher El Dictador AsesinoAllende en 1973 fue quizás el más sangriento de la historia de Sudamérica, con un número de víctimas de entre cinco mil (según la CIA) y treinta mil (según las estimaciones de defensores de los derechos humanos).

Para «desestabilizar» al gobierno electo de Chile, la CIA subvencionó con millones de dólares a la prensa de la oposición, a políticos, a empresarios, a sindicatos, a saboteadores y a provocadores. Esta intervención profundizó los problemas internos que enfrentaba el gobierno democrático de Allende.

Desde que tomó posesión del cargo en 1970, Allende había aumentado los salarios, incrementado los servicies sociales, acelerado la redistribución de la tierra y nacionalizado cientos de empresas nacionales y extranjeras.

Estas medidas entusiasmaron a campesinos y obreros, que empezaban a poseer propiedades, pero enojaron a las clases media y alta, a empresas norteamericanas, como ITT y Anaconda Copper, y a Washington. El capital extranjero desapareció (Moscú era parco en las ayudas), apareció la escasez y la inflación aumentó.

Transportistas, granjeros, comerciantes y profesionales fueron a la huelga, mientras que los partidarios de Allende organizaban manifestaciones. Los extremistas de derecha recurrieron al terrorismo y los extremistas de izquierda pidieron armas al gobierno. La coalición de Allende, constituida por socialistas, comunistas, liberales y otros partidos pequeños, se rompió.

EL 16 DE OCTUBRE DE 1998, mientras se encontraba internado en la London Clinic, el exdictador chileno Augusto Pinochet fue arrestado por Scotland Yard. Su detención era producto de una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón por las acusaciones de asesinato, tortura y genocidio.

El general de confianza de Allende dimitió a causa de las presiones derechistas y Allende lo reemplazó por Augusto Pinochet, que dirigió el golpe unos días después. Cuando los soldados tomaron las ciudades clave, Allende se atrincheró en el palacio presidencial de Santiago. Murió (según la Junta, se suicidó) cuando aviones de la fuerza aérea atacaron el edificio. En el resto del país la resistencia fue leve pero los rebeldes mataron a miles de chilenos en «campos de concentración» improvisados.

La Junta de Pinochet proscribió los partidos políticos, impuso una censura estricta y se sirvió de cárceles, torturas y «desapariciones» contra sus oponentes. Los «Chicago Boys», un grupo de tecnócratas que había estudiado con el economista de la Universidad de Chicago Milton Friedman, impuso un régimen capitalista de laissez faire.

Augusto Pinochet, después de tomar el poder suspendió inmediatamentee Constitución, disolvió el Congreso, impuso una estricta censura y prohibió todos los partidos políticos. Asimismo, lanzó una fuerte campaña represiva contra los elementos izquierdistas del país: miles de personas fueron arrestadas y centenares de ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron, mientras que otros pasaron largos años en prisión o simplemente “desaparecieron”. La dictadura militar se mantuvo hasta 1988 cuando las presiones de la oposición a favor de la democracia restaron fuerza política a Pinochet, quien no tuvo más remedio que aceptar los resultados de un plebiscito por el cual la mayoría (55%) de los votantes chilenos contestaba con un no” a la continuidad del régimen. Pinochet dejó el poder, pero mantuvo su cargo de comandante en jefe del Ejército. Las elecciones presidenciales celebradas en diciembre de 1989, que restauraban la democracia en el país, dieron el triunfo a Patricio Alwyn, del Partido Cristiano-Demócrata.

Economía: Chile introdujo las reformas de ajuste a partir de 1974, recién iniciado el gobierno militar autocrático de Augusto Pinochet, cuya política económica —al contrario de su actuación política— resultó favorable para el país. Se redujo el papel del Estado y se inició la apertura comercial reduciendo de forma drástica los aranceles proteccionistas, los subsidios gubernamentales y el número de empresas del sector público.

Al mismo tiempo se abrieron las puertas a la inversión extranjera e incluso se le dio preferencia sobre el sector privado nacional. Los resultados fueron exitosos: la inflación bajó gradualmente de una tasa anual de 500% en 1973, a 180% en 1976, a 30-35% en 1978 y a 10% en 1982. Para 1993, ya restaurada la democracia, el crecimiento económico, prácticamente sin inflación, era el más alto de América Latina (6.5%), con una alta tasa de ahorro e inversión, y una importante reducción de la deuda externa.

Sus Últimos Días: El 3 de diciembre de 2006 fue internado en el Hospital Militar de Santiago, después de sufrir un infarto al miocardio y presentar un edema pulmonar que obligó a someterlo a una angioplastía , presentando una mejoría con el correr de los días.

Una semana después, el 10 de diciembre de 2006, se informó de una posible alta médica, incluso recibió la que sería su ultima visita política, la del diputado Iván Moreira, y la de su nieto Rodrigo García Pinochet, pero como a las 13:30 horas sufrió una repentina descompensación cardiaca que agravó su estado, haciendo imposible al equipo médico su estabilización, falleciendo a las 14:15 hora local Murió junto a sus familiares después de permanecer una semana internado en el recinto hospitalario, el mismo día en que su esposa Lucía Hiriart cumplía 84 años de edad y, paradójicamente, el Día de los Derechos Humanos.

Si bien el golpe fue una operación puramente militar, en la cual no hay intervención alguna de los grupos civiles adictos, el apoyo de los partidos políticos opositores fue fundamental para obtener la unidad de mando de las Fuerzas Armadas y para «legalizar» la operación. Por esto mismo, la resistencia se concentró en las fábricas y barriadas obreras, mientras los barrios de clase media —para no hablar del Barrio Alto de Santiago, reducto de los «momios»— recibieron al nuevo gobierno con alegría o, por lo menos, con una neutralidad cómplice. Todos los partidos de la oposición coincidieron en la justificación de los hechos. A ello se sumó el pronunciamiento favorable de la Corte Suprema de Justicia y las adhesiones de los profesionales y los camioneros, que habían estado empeñados en una huelga que buscaba la Raída del aobierno.

PARA SABER MAS….
La dictadura chilena
En 1973, el presidente constitucional Salvador Allende fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet. Una junta militar asumió el poder y decretó la ilegalidad de todos los partidos y movimientos de izquierda y la suspensión de toda actividad política. La represión generalizada se saldó con un gran número de muertos y desaparecidos -aún indeterminado-, presos y exiliados.

En el plano económico, la junta militar procuró reducir la inflación -del 40% en 1973- e impulsar la gestión empresarial. Se introdujo un esquema neoliberal según los postulados de la «escuela de Chicago», incentivando la iniciativa privada, facilitando la radicación de capitales extranjeros y congelando los salarios. En 1975, Pinochet incorporó ministros civiles a su gobierno. Cinco años después, tuvo lugar un plebiscito nacional que, en el contexto dictatorial, quiso dar al régimen visos de legalidad.

Se aprobó una nueva constitución, que preveía un período de transición de ocho años, a partir del 11 de marzo de 1981, durante el cual Pinochet seguiría ejerciendo la presidencia. Desde 1983, en medio de la creciente condena internacional, arreciaron las protestas populares contra la mala situación económica y la falta de libertades.

El fallido atentado contra Pinochet, cometido el 7 de septiembre de 1986 por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, crispó aún más la situación política. Al día siguiente, Pinochet decretó el estado de sitio y, a los tres días, al cumplirse el decimotercer aniversario del golpe militar, manifestó su voluntad de seguir en el poder después de 1988.

En octubre de este año, se celebró un referéndum para decidir si Pinochet debía seguir o no en la presidencia. El no (54,68%) triunfó sobre el sí (43,04%), iniciándose una transición hacia la democracia signada por la incertidumbre.

En diciembre de 1989, el demo-cristiano Patricio Aylwin se impuso en las elecciones. Asumió el cargo en 1990, convirtiéndose en el primer  civil que accedía a presidencia desde 1973.

EL DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS: El golpe se inicia con el movimiento de la Marina. Sus buques habían salido a la mar para participar en el operativo Unitas (junto con naves norteamericanas) y regresaron sorpresivamente a Valparaíso en la madrugada del 11 de setiembre. Pero aquí no estaba el centro de los acontecimientos, que se desplazó con toda rapidez a Santiago.

Conocida la noticia del alzamiento de la Marina, Allende se traslada al palacio presidencial de La Moneda y hace uso de la radio para declarar: «yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno y me quedaré aquí defendiendo el gobierno que represento por voluntad del pueblo». Al mismo tiempo, llama a los obreros a mantenerse en sus lugares de trabajo y a organizar la defensa del gobierno.

El copamiento de los centros vitales de la ciudad de Santiago se completó a las siete de la mañana. Hacia las 9 horas, Radio Corporación, que pertenecía al Partido Socialista y que había trasmitido elmefisaje del Presidente, fue eliminada mediante un bombardeo aéreo. Un segundo mensaje del Presidente queda trunco. El tercero, y último, es trasmitido apenas por Radio Magallanes.

El gobierno quedó prácticamente aislado. A partir de éste momento, se inician las operaciones contra los dos centros fundamentales de la resistencias el palacio presidencial y las zonas industriales periféricas del centro de Santiago. La Moneda fue atacada mediante aviones y tanques. Allende sólo tuvo la alternativa de rendirse o morir.

Su respuesta fue clara: «Yo no hago trato con traidores«.

Su opción ya había sido tomada mucho tiempo atrás. Augusto Olivares, su amigo y consejero de prensa, quien cayó junto al presidente en La Moneda, gustaba de relatar el siguiente diálogo: «¿Qué pasará cuando los generales de las tres armas vengan a verlo a su des-pachoT sin pedirle audiencia y con el ultimátum bajo el brazo?»

La respuesta de Allende era inmediata. «Ya sabes: ganará quien dispare el primero«.

Salvador preferirá la muerte a la rendición.

Los militares dispararon sin ningún tipo de contemplación. «Con exactitud milimétrica, diecinueve rockets disparados por aviones ‘Hawker Hunter’ de la Fuerza Aérea de Chile hicieron impacto en La Moneda, desde alrededor del mediodía en adelante.

La fachada norte del histórico palacio quedó seriamente dañada y se desató un voraz incendio, que consumió práctimente todo ese costado, donde se hallaban la residencia presidencial y el Ministerio del Interior, quedando sólo en pie la estructura exterior, y ella seriamente deteriorada». (El Mercurio, edición internacional, setiembre de 1973.)

La Moneda cayó a las 13.30 horas.

Estaba ocupada en ese momento por un grupo muy reducido de civiles y por la guardia personal del presidente. Los carabineros de custodia la habían abandonado temprano en la mañana, al conocerse la proclama de las Fuerzas Armadas. Una hilera de personas comenzó a abandonar el palacio luego de la rendición, con las manos en alto y precedida por Miriam Contreras (la «Payita», secretaria personal de Allende), que portaba una bandera blanca.

El presidente ocupaba el último lugar de la fila, pero no alcanzó a salir. Su cuerpo quedó en el salón «de la Independencia», sentado en un sillón rojo. El bombardeo militar de La Moneda es paralela a otras operaciones de carácter similar, como la ocupación de la residencia presidencial de Tomás Moro y de los principales edificios públicos del centro de la ciudad.

En cada uno de estos casos, se produce resistencia por parte de personas civiles adictas al gobierno y de francotiradores, enfrentados al poder de fuego propio de un ejército. El combate, tan desigual, terminó con el aniquilamiento de los resistentes y a mediados de la tarde los símbolos del poder estatal (palacio presidencial. Congreso, Tribunales, ministerios, etc.) estaban en manos de los gol-pistas. La segunda parte de la. operación se había completado con éxito.

Constituía, sin duda, un aspecto vital de la planificación militar. La liquidación física de Allende fue un objetivo planteado desde el primer momento y ejecutado con toda alevosía, porque era necesaria para quitarle base política a la resistencia que los golpistas iban a encontrar en las fábricas, poblaciones y universidades.

La ocupación de estos sectores constituye el aspecto más sangriento del capítulo del 11 de setiembre. En este caso, se trataba de enfrentar a miles y miles de personas y de capturar zonas enteras de la ciudad.

El grueso de las operaciones se había completado al anochecer. Los últimos focos son aplastados durante la noche y en los días siguientes. Los militares encuentran una oposición mucho más débil en el interior del país. Sólo hay brotes importantes en Antofagasta y Linares. De tal manera, puede decirse que 24 horas después de su proclama, los Comandantes en Jefe eran dueños de Chile, pero de un Chile desangrado y fusilado. Por su mismo carácter, la represión brutal continúa con toda intensidad en las semanas siguientes y se mantiene hasta que escribimos estas líneas. Pero ésta ya es la historia del gobierno de la Junta Militar, a la cual nos referiremos más adelante.

Las razones básicas, desde el punto de vista operativo, que explican el rápido triunfo de los golpistas son: unidad de mando, factor sorpresa, concentración de las operaciones. A la inversa, la derrota se explica por: falta de previsión, dispersión de las fuerzas, ausencia de comando unificado. Las explicaciones forman parte ya del análisis político y social de la historia reciente de Chile.

La resistencia fue débil como para comprometer el éxito de la operación golpista. Desde el principio, fue una acción desesperada, sin ninguna perspectiva y basada tan sólo en el sacrificio Individua! y en núcleos aislados, condenados a la masacre. Sin embargo, a pesar de todo esto, debemos considerar que fue decisiva en la historia inmediata, y actual, de la Junta Militar.

Los Comandantes en Jefe, sin duda, pretendían llegar al gobierno como salvadores nacionales, con ciudades embanderadas y miles de ciudadanos «honestos» festejando la parada militar. Debían pensar en una jornada similar a la del 23 de setiembre de 1955, en Buenos Aires. La sangre derramada, los ametrallamientos y los bombardeos aéreos, se lo impidieron. De inmediato se abrió un abismo entre los nuevos gobernantes y el conjunto de la población. Pinochet tomó en sus manos las insignias del mando en un acto militar, rodeado de sus pares, pero sin poder salir a los balcones.

Fuente Consultada:
El Gran Libro del Siglo XX de Clarin –
Wikipedia
Revista Transformaciones en el Tercer Mundo Nº23 El Fusilamiento den Chile

Restauración de la Democracia en America Latina Post Dicataduras

Restauración de la Democracia en América Latina Luego de los Gobiernos Militares

El proyecto neoliberal puesto en práctica por el terrorismo de Estado alcanzó su punto máximo en los años 90. Las transformaciones producidas por las dictaduras generaron las bases de nuevas relaciones sociales.

El proceso de desindustrialización, precarización laboral y desocupación creó una sociedad claramente dividida en dos: la de los incluidos en el mercado laboral y el consumo, y la de los excluidos y desprotegidos Se trataba de una sociedad caracterizada por la fragmentación entre regiones de un mismo país altamente modernizadas y otras, absolutamente empobrecidas; fragmentación entre los desocupados y los ocupados.

Estos cambios debilitaron la organización sindical de los trabajadores, mientras la inestabilidad laboral y el miedo a perder el empleo aumentaban el poder de las empresas sobre los obreros.

La indefensión de los trabajadores frente al capital produjo el efecto de “sálvese quien pueda”, deteriorando los lazos de solidaridad e instalando la competencia entre los mismos asalariados.

En este contexto, llegaron al gobierno las nuevas democracias latinoamericanas. Gobiernos que, electos por el voto popular, aplicaron políticas económicas y sociales neoliberales, semejantes a la que venían aplicando los gobiernos de facto. El problema que se planteaba era cómo aplicar un modelo económico que acrecentaba las desigualdades, con la vigencia de instituciones democráticas que representaran a las mayorías.

El triunfo de Lula en Brasil, los cambios realizados en Argentina luego de la crisis del 2001-2002, la presencia de Hugo Chavez como líder de un grupo que no quiere dejar que los modelos económicos sean impuestos desde los sectores de poder más concentrados, hace pensar en cambio de dirección en las democracias de Latinoamérica.

La restauración formal de la democracia en Latinoamérica despertó una fuerte adhesión popular que contrasta con el actual aumento del desinterés por las cuestiones políticas. En los años que la represión llevada a cabo por los militares, las Madres de Plaza de Mayo se animaron a manifestar sus reclamos. Para ello, colocaron en sus cabezas pañuelos blancos en los que escribieron el nombre de sus hijos y las fechas en aue desaparecieron.

LA VUELTA A LA DEMOCRACIA:  A fines de los 70 y principios de los 80, comenzó a producirse lentamente un proceso de democratización en América latina. La nuevas democracias tuvieron en común las pesadas herencias dejadas por las dictaduras militares.

Miles de muertos y desaparecidos, países fuertemente endeudados y con las economías condicionadas por estas deudas que achicaban notablemente el margen de maniobra de los nuevos gobiernos a los que comenzó a denominárselos como “democracias controladas”.

Las dictaduras latinoamericanas comenzaron a dar signos de agotamiento hacia fines del ´70. En 1979, el gobierno militar ecuatoriano concedió elecciones. El mismo año, la revolución encabezada por el sandinismo derrocó al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

En 1980 se reestableció el poder civil en Perú, Honduras en 1981 y en 1983, en Argentina. Uruguay y Brasil lo hicieron en 1985. En 1989 cayó la dictadura de Stroessner en Paraguay. Pinochet, en Chile convocó en 1988 a un plebiscito con la intención de permanecer en el gobierno, pero fue derrotado y debió convocar a elecciones en las que venció el demócrata cristiano Patricio Aylwin, en 1990.

Sin embargo, estas renacientes democracias fueron posibles luego de la profunda derrota vivida por los sectores populares a manos del terrorismo de Estado y el capital más concentrado.

La sociedad era otra: las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales habían sido mucho más profundas que las imaginadas por sus propios protagonistas.

Si bien había habido luchas antidictatoriales protagonizadas por actores tradicionales, como las huelgas obreras en el cinturón de San Pablo o de estudiantes, también se expresaron actores sociales nuevos. Aparecieron los organismos de lucha por los derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, las mujeres chilenas y uruguayas y sus cacerolazos, y otros movimientos políticos y culturales de resistencia.

Sin embargo, todos ellos fueron débiles y no contaron con la adhesión de la mayoría de la población que había sufrido un profundo proceso de despolitización.

Las dictaduras terminaron cayendo como producto de la crisis económica de la deuda externa, o por desatinos militares, como la guerra de Malvinas, en Argentina. En definitiva los gobiernos militares dejaron de ser útiles al sistema impuesto por las clases dominantes.

A pesar de las dificultades políticas de la transición, las democracias latinoamericanas consiguieron un relativo afianzamiento, no exento de frustrados intentos de desestabilización. Los gobiernos democráticos se vieron y aún se ven enfrentados a una complicada situación económica y a un deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de los latinoamericanos.

En consecuencia, las democracias en esta región luchan entre ser representantes genuinos del pueblo que las instituyen y las condiciones que le imponen los grupos de poder económico locales, en este último caso muchas veces se han encontrado siendo funcionales a los intereses de éstos.

La paradoja de la perpetuación en el poder
Una situación curiosa en los regímenes democráticos recientemente estaurados en América tina, es el intento de uchos de sus líderes de mantenerse en el poder por más tiempo que el  estipulado en las instituciones de sus respectivos países. Con mayor o menor éxito, han intentado esta extrategia líderes como Carlos Saúl Menem de Argentina, Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso en Brasil, Alberto Fujimori en el Perú, y otros. Mientras Collor de Mello fracasó por versos motivos en es intento, Menem, Cardoso y Fujimori tuvieron éxito. Mientras los dos primeros alcanzaron su objetivo mediante reformas en las constituciones de sus respectivos países, Fujimori lo hizo mediante una alianza con sectores del ejército, protagonizando un autogolpe de Estado que le garantizó la posibilidad de presentarse repetidamente a elecciones  para renovar su mandato; esto hizo volver al Perú a un régimen político antidemocrático y fraudulento. Sin embargo, las crecientes denuncias de corrupción contra su gobierno lo llevaron a la renuncia en noviembre de 2000.

LOS BLOQUES REGIONALES: La aceleración del proceso de integración económica mundial, llevó desde mediados de los 50 a la formación de bloques de países con intereses comunes. Los bloques regionales más importantes que existen en el mundo son el NAFTA (Tratado de libre comercio entre los Estados Unidos,

Canadá y México); la CCE (Comunidad Económica Europea); la Unión de los países del Asia Oriental , que nuclea al Japón y un conjunto de países de la región; y el Mercado Común del Sur (Mercosur), que reúne a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Uno de los caminos buscados por los gobiernos latinoamericanos para mejorar las perspectivas económicas de sus países ha sido la búsqueda de acuerdos de integración regional.

El Mercosur es un acuerdo establecido con le objetivo de formar un espacio compartido de libre circulación de bienes, servicios y capitales. Es organización es la expresión latinoamericana de una tendencia mundial orientada hacia la formación de bloques económicos regionales.

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AMPLIACIÓN:Lectura Complementaria

El fin de las dictaduras en América Latina: En la segunda mitad del siglo XX, durante períodos variables y según las condiciones sociales y políticas de cada país, los estados de América latina fueron gobernados por regímenes autoritarios, generalmente dirigidos por militares.

A comienzos de la década de 1980, comenzaron a perder sustento y entraron en una crisis que llevó a su disolución y a la restauración de las instituciones democráticas.

Una importante causa de la desaparición de estos regímenes fue un cambio en la situación internacional. En un primer momento, los Estados Unidos apoyaron la instauración de este tipo de gobiernos en América latina, puesto que representaban una barrera al avance del comunismo durante la Guerra Fría.

Esta actitud llevó a los Estados Unidos a implicarse en operaciones militares en algunos países de la región para instalar gobiernos autoritarios que cumplieran esa función. Con el tiempo, esta posición se fue modificando progresivamente.

Los gobiernos norteamericanos retiraron su apoyo a las dictaduras americanas y comenzaron a presionar para la restauración de la democracia en estos países. El aumento de las denuncias contra las dictaduras por violaciones a los derechos humanos, así como el interés por ejercer una influencia económica y política menos evidente en el continente, explican este cambio de actitud fundamental.

A la vez, la situación económica mundial comenzó a hacerse sentir en los países de América latina. La dureza de la crisis contribuyó a que los regímenes autoritarios perdieran apoyo en el interior de estos países.

La extendida pobreza y la marginación creciente se sumaron al malestar generado por las restricciones a las libertades individuales y por los ataques a los derechos humanos que comenzaban a hacerse públicos.

En estas circunstancias, el colapso de los regímenes dictatoriales de América latina era solo cuestión de tiempo; el modo en que se produjo dependió de las condiciones sociales y políticas de cada país.

Uno de los ejemplos más drásticos es el argentino: el intento del gobierno militar por no caer lo llevó a una irracional guerra con Gran Bretaña por la soberanía en las Islas Malvinas.

Tras la derrota, la caída del régimen se hizo inevitable y finalmente se concretó en 1983. Chile puede considerarse el ejemplo opuesto, ya que Pinochet, presidente durante la dictadura, logró mantenerse durante toda la década de 1980 en el poder y luego negoció su alejamiento con una coalición de partidos que reclamaban el retorno a la democracia para 1990.

La restauración formal de la democracia en América latina: Los regímenes militares cayeron por una combinación de factores sociales y políticos internos y por una transformación del escenario internacional. Fueron reemplazados por sistemas en los que los gobiernos son elegidos en elecciones por sufragio universal.

De esta forma, los habitantes de América latina que cumplen ciertas condiciones de edad y de tiempo de residencia en su país pueden elegir a sus gobernantes y representantes en elecciones que progresivamente se liberan de la práctica sistemática del fraude.

A la vez, estos gobiernos respetan generalmente textos constitucionales y usualmente garantizan los derechos humanos y libertades individuales, como la de expresar ideas sin censura previa.

La transición democrática se produjo en momentos diferentes en los distintos países: Perú, por ejemplo, la concretó en 1980, mientras que Brasil lo hizo en 1985.

La restauración de los regímenes democráticos en los países de América latina generó altas expectativas en la población.

Tras años de gobiernos impuestos se esperaba del sistema una renovación que mejorara no solo las posibilidades de participación política, sino también la calidad de vida, atendiendo las necesidades de los nuevos votantes.

La decepción fue grande cuando se comprobó que el cambio no sería tan sencillo.

En primer lugar, en los casos en que los protagonistas de los gobiernos militares fueron juzgados y condenados (en otros la salida negociada hacia la democracia había incluido una amnistía), las Fuerzas Armadas mantenían todavía un gran poder de presión.

Esto limitó fuertemente la libertad de decisión de los gobiernos democráticos, pues muchas de sus medidas fueron impugnadas por fracciones militares que contaban aún con la capacidad de hacerlo.

En segundo lugar, el aumento de la desigualdad económica y de las diferencias de ingresos entre sectores sociales durante los regímenes autoritarios se mantuvieron en las restauradas democracias.

En tercer lugar, la comprometida situación económica internacional de los países de América latina es otro factor que limita fuertemente el campo de acción de los gobiernos democráticos, ya que condiciona las alternativas políticas que estos pueden adoptar.

En este contexto, la aparición de nuevos conflictos sociales y políticos vuelve incierto el futuro de amplias regiones de Latinoamérica.

Nuevos conflictos en las democracias latinoamericanas: Con la restauración de la democracia y la tensión por la crisis económica, aparecieron en los países de Latinoamérica numerosos conflictos sociales.

Entre estos, algunos ya habían sido experimentados pero ahora son mayores (por ejemplo, la exclusión de amplios sectores de los restringidos beneficios de la economía), mientras que otros son novedosos y no se ha dado todavía con una solución adecuada (por ejemplo, el veloz aumento del desempleo).

En muchos países latinoamericanos, los sindicatos se movilizaron contra la aplicación de las políticas de ajuste, defendiendo los intereses de sus afiliados pero también las posiciones de poder que habían ocupado en decenios anteriores.

En otros países, como Brasil, la reforma agraria inconclusa dejó a una gran cantidad de campesinos sin tierras. Para ellos el traslado a las ciudades ya no parece ser una opción, sobre todo teniendo en cuenta las altas tasas de desempleo.

Estos campesinos sin tierras se reunieron en diversos movimientos para enfrentarse con los dueños de grandes extensiones de tierras y ocupar ilegalmente parte de esos campos.

Ante la imposibilidad del Estado para controlar el movimiento de ocupación, los grandes propietarios optaron por reclutar bandas armadas para desalojar a los campesinos, lo que amenaza en convertirse en un conflicto civil de grandes proporciones.

Otros países, como Colombia, experimentan la complejización de un proceso conflictivo preexistente, como es el enfrentamiento entre los grupos guerrilleros y el Estado de ese país, que divide a la sociedad colombiana.

Esto genera al Estado colombiano un sinnúmero de conflictos internacionales, fundamentalmente por los temores de los estados vecinos respecto de la posibilidad de que la guerrilla colombiana (que controla parte del territorio de este país) traspase las fronteras.

Finalmente, una serie de conflictos son comunes a todos los países de América latina en las últimas décadas. Se trata de la creciente población desocupada y subocupada en las grandes ciudades, que se encuentra en una situación de marginalidad y desesperanza.

Producto del atraso económico, esta circunstancia es una de las mayores asignaturas pendientes de las restauradas democracias americanas y amenaza con convertirse en una fuente de grandes conflictos sociales.

Fuente: Sociedad En Red EGB 9º -3º Ciclo -Editorial AZ Editora –