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La Obediencia El Comportamiento Humano Psicologia Social Conformidad

La Obediencia – El Comportamiento Humano – Psicología Social

 
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La ConformidadLa Obediencia

LA OBEDIENCIA:

La obediencia es, de acuerdo con el psicólogo social Serge Moscovici, una forma de influencia social en la cual “el individuo modifica su conducta a fin de someterse a las órdenes directas de una autoridad legítima”.

Aunque ambas son formas de influencia social, la obediencia difiere de la conformidad en los siguientes aspectos:

En el caso de la conformidad, la fuente de influencia es un par, es decir, alguien con el mismo status en el grupo. En cambio, en la obediencia, la frente. de influencia es un superior.

En la conformidad no existe intención de ejercer influencia ni de controlar la sumisión del sujeto: se puede estar ejerciendo influencia sobre otros sin querer y sin saberlo. En la obediencia hay voluntad explícita de ejercer influencia y de esperar sumisión a la autoridad.

En la conformidad, los sujetos tienen un comportamiento semejante. En la obediencia, las tareas del sujeto-frente de influencia son distintas de las del sujeto-blanco de influencia.

Milgram y el estudio de la obediencia

A principios de la década de 1960, el psicólogo estadounidense Stanley Milgram realizó una investigación que actualmente es considerada un clásico en los estudios sobre obediencia. Parte de estos estudios han sido aprovechados incluso por el cine para mostrar cómo funcionan los mecanismos de la obediencia en el marco de una, sociedad organizada.

¿Qué impulsa a los seres humanos a ejecutar órdenes aberrantes? ¿Qué es lo que provoca que algunas personas lleguen a matar bajo determinadas condiciones? ¿Qué llevó a muchos soldados alemanes a obedecer las órdenes de Hitler en su intento de terminar con las razas que consideraba “impuras” o “inferiores”? ¿Qué mecanismo psicológico puede explicar la acción de la persona que condujo el avión contra las Torres Gemelas de Nueva York matando a miles de personas?

Los trabajos de Milgram y sus colaboradores intentan dar respuestas a algunas de estas preguntas desde una perspectiva psicológica. En el experimento original de Milgram. los participantes eran adultos de edades comprendidas entre los 20 y los 50 años de todos los niveles socioeconómicos. Por medio de un aviso en el diario o de una carta, se les ofrecía participar como voluntarios en una investigación de la Universidad de Yale. Se les retribuiría con una suma de 4 dólares y la duración aproximada se estimaba en una hora.

‘Una persona llega a un laboratorio psicológico, y allí se le dice que llevará a cabo una serie de acciones que van a hallarse de manera creciente en conflicto con su conciencia. El problema principal que se plantea es el siguiente:

¿hasta dónde va a someterse el participante a las instrucciones del experimentador antes de negarse a llevar a cabo las acciones que de él se exigen?

Es preciso, de todas formas, que él lector conozca algo más en detalle este experimento. Llegan dos personas a un laboratorio psicológico para tomar parte en una investigación de memoria y aprendizaje. A una de ellas la designamos con el nombre de ‘enseñante’ y a la otra con el de ‘aprendiz’. El experimentador explica que esta investigación se halla relacionada con los efectos del castigo en el aprendizaje. El aprendiz es conducido a una habitación, se lo hace sentarse en una silla, se le atan con correas los brazos a fin de impedir que se mueva demasiado, y se le sujeta un electrodo a su muñeca.

Se le dice entonces que tiene que aprender una lista de palabras paralelas; siempre que cometa algún error recibirá una descarga eléctrica de intensidad creciente. El centro real del experimento lo constituye el enseñante. Tras observar cómo el estudiante es atado con correas a su puesto, se lo lleva a una habitación central experimental y se lo hace sentarse ante un impresionante generador de descargas eléctricas. Lo más importante de este generador lo constituye una línea horizontal de treinta conmutadores que van de 5 a 450 voltios de electricidad. Aparecen asimismo pequeños letreros que van desde ‘descarga ligera’ hasta ‘descarga violenta’.

Al enseñante se le dice que a él le toca administrar la prueba de aprendizaje a la persona que se halla en la habitación contigua. Cuando el aprendiz responde de manera correcta, el enseñante pasa a la pregunta siguiente; en cambio, cuando da una respuesta errónea, el enseñante debe proporcionarle una descarga eléctrica.

Debe comenzar con un nivel de descarga muy bajo 15 voltios) e ir aumentando el nivel cada vez que la persona cometa un error, pasando por descargas de 0 voltios, de 45 voltios, y así sucesivamente. l ‘enseñante’ es un sujeto de experimentación auténticamente no iniciado que ha venido al laboratorio únicamente para participar en un experimento. El sujeto de aprendizaje, la víctima, es un actor que de hecho no recibe descarga alguna. Lo importante del experimento consiste en saber hasta qué punto va a seguir una persona en una situación concreta y medible en la que se le ordena que infrinja un dolor creciente a una víctima que se queja de ello. ¿En qué punto rehusará obedecer al experimentador?

Los que han observado este experimento están de acuerdo en que su impresionante calidad queda un tanto oscurecida al ser traducida en palabras. Para el sujeto, la situación no tiene nada de juego, el conflicto es intenso y patente. Por una parte, el dolor manifiesto del aprendiz lo compele a abandonar el ejercicio. Por otra, el experimentador, autoridad legítima respecto de la cual siente el sujeto cierto compromiso, lo mueve a proseguir en el experimento. Cada vez que el sujeto duda en administrar la descarga, el experimentador le ordena que prosiga. Para desembarazar-se de esa situación, se ve precisado el sujeto a hacer una clara ruptura con la autoridad. La finalidad de esta investigación consistía en hallar cuándo y cómo iban a desafiar a la autoridad las personas frente a un claro imperativo moral.”

Algunos resultados

El 65 % de los sujetos que participaron en los experimentos de Milgram llegaron a aplicar los 450 voltios a la persona indefensa, cumpliendo las instrucciones de la autoridad. Cabe destacar que, después de los 300 voltios, el “aprendiz”, que hasta allí manifestaba su dolor, gimiendo, gritando y suplicando el fin del castigo, dejaba de dar manifestaciones vitales. Consultados después del estudio, los participantes respondieron: “tan sólo hacía lo que se me había pedido”, “me limité a cumplir las consignas del experimentador”, “mi responsabilidad era hacer bien la tarea encomendada”.

Milgram afirma que “una proporción sustancial de personas hacen lo que se les ordena, sin importar el contenido del acto ni las limitaciones de su conciencia, en tanto perciban que la orden proviene de una autoridad legítima”. A la hora de analizar las condiciones que influyen sobre la obediencia, estos estudios muestran que son determinantes:

• La proximidad de la víctima. Cuando los participantes (“enseñante” y “aprendiz”) se encuentran en el mismo cuarto, la obediencia disminuye (entre 40 % y 30 % de obediencia). En cambio, se incrementa si la víctima está en un lugar lejano.

• La proximidad de la autoridad. La presencia física del experimentador incrementa la obediencia (65 %), mientras que si la orden se da por teléfono, sin presencia física, el índice de obediencia disminuye (21 %).

• La dispersión de la responsabilidad. Cuando el sujeto participante sólo tiene que leer las palabras y es otra la persona que debe aplicar las descargas (un colaborador), la obediencia se incrementa (92 %). La persona no se siente responsable de la acción ya que “sus manos no aprietan el botón de la descarga”.

• La presencia de un modelo desobediente. Si un colaborador presente se opone o desafía las órdenes, la obediencia disminuye. De todas maneras, el 10 % de los sujetos persiste en la aplicación de descargas aun cuando haya un modelo de desobediencia a imitar.

¿Por qué obedecemos?

Stanley Milgram diferencia dos tipos de estados psicológicos para explicar la obediencia a una autoridad:

Estado autónomo. La persona se siente responsable de sus actos. Utiliza como guía de acción correcta su propia conciencia y no una autoridad externa. Por lo tanto, no obedece las órdenes que considera incorrectas.

Estado agéntico. La persona siente que forma parte de una estructura mayor, ordenada de manera jerárquica. En esa estructura, los niveles más altos de la jerarquía son responsables de sus acciones y representan la autoridad. Utiliza como guía de acción correcta las órdenes de sus superiores.

El psicólogo social Serge Moscovici sostiene que “una vez que el sujeto llega al estado de agente, adquiere sensibilidad respecto a los deseos de la autoridad, acepta la definición de la situación dada por la autoridad y siente una responsabilidad menor hacia sus propios actos. La investigación de Milgram no sólo ilustra las condiciones en las que las personas obedecen a la autoridad, sino que va más allá y nos obliga a revisar las suposiciones que hacíamos sobre la potencia relativa de los factores internos y externos de nuestro propio comportamiento”.

El trabajo de Milgram recibió críticas relacionadas con los aspectos éticos de su experimentación. Se lo cuestionó desde el punto de vista moral por engañar a los participantes y por someterlos a una situación psicológicamente estresante, como es la de creer que se castiga a otra persona. Milgram destacó la importancia de sus hallazgos y defendió sus investigaciones.

Argumentó, entre otras consideraciones, que los participantes eran informados luego y que no se registraron daños psicológicos posteriores en ellos. Asimismo, afirmó que muchos participantes manifestaron haber aprendido algo importante a partir de su participación en la investigación.

FUENTES: Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales  – Trabajo de monografías.com sobre psicología social

El Comportamiento Humano La Conformidad Psicologia Social

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LA CONFORMIDAD 

La conformidad consiste en la modificación de una posición ya asumida por el sujeto en una dirección aceptada por otro o por un grupo. En este proceso, el sujeto ya tiene un juicio o norma establecido y lo modifica, adaptándolo a los juicios de otro (generalmente, un grupo) corno consecuencia de la presión real o simbólica ejercida por éste.

Solomon Asch es un psicólogo social iniciador de los trabajos experimentales sobre conformidad.

En la década de 1950 estudió la influencia de la presión grupal en la modificación de juicios establecidos. Para ello realizó, entre otros, el siguiente estudio.

Se le propone al participante una prueba sobre percepción visual.

El participante ignora que, en realidad, se trata de un estudio sobre conformidad. Otros ocho sujetos, cómplices del investigador, participan de la prueba simulando ser también sujetos experimentales.

Se muestran a los participantes dieciocho pares de tarjetas similares a las de la figura  de mas abajo.

Ellos deben responder cuál de las tres líneas de la tarjeta B es igual a la de la tarjeta A. Los turnos se organizan de manera tal que el sujeto experimental siempre es el último o el penúltimo en responder. Cada participante va respondiendo en voz alta a su turno. De manera deliberada, la tarea es fácil y la respuesta es obvia.

Ante las primeras presentaciones de los pares de tarjetas, las respuestas de los cómplices son correctas.

Pero, hacia la tercera presentación aproximadamente, el sujeto que responde primero (un cómplice del experimentador) emite una respuesta evidentemente errónea. También lo hacen el segundo sujeto, el tercero (también cómplices) y así sucesivamente.

Se evalúan los juicios del sujeto experimental cuando los ocho cómplices del experimentador emiten respuestas incorrectas en doce de los dieciocho ítems.

El estudio de Asch mostró un alto porcentaje de conformidad en las respuestas de los participantes: aproximadamente, un tercio de las personas daban respuestas incorrectas a pesar de que sabían la respuesta adecuada.

Los participantes daban respuestas conformes a las emitidas por los ocho cómplices en la tercera parte de los ejercicios cuando éstos mostraban unanimidad en la respuesta incorrecta. Uno de cada tres participantes se conformaron, es decir, modificaron su respuesta como consecuencia de la presión que ejercieron las respuestas del grupo sobre su propia convicción.

Para estar en sintonía con el resto del grupo, el sujeto modifica su respuesta aunque la considere correcta.

Como puede observarse, la tarea es tan sencilla y la respuesta tan obvia que deja en evidencia la conformidad de los sujetos. Si se tratara de un problema más ambiguo, posiblemente el acuerdo en las respuestas incorrectas podría atribuirse a otros factores.

Por ejemplo, a que el sujeto dude o se confunda debido a la dificultad de la respuesta. Ahora bien, si esto ocurre en situaciones cuya respuesta es tan clara, ¿qué ocurre cuando los problemas son menos claros, menos obvios, más difíciles?

La conformidad en la vida real: cuestiones importantes

Los problemas que las personas enfrentan en la vida cotidiana son mucho más complejos que el planteado en el experimento original de Asch.

Diferentes trabajos continuaron en esa dirección introduciendo variaciones. Esos primeros trabajos fueron realizados en el contexto de la posguerra, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

La preocupación de muchos científicos, consecuentes con ese momento histórico, se dirigía al estudio de los fenómenos sociales y a las formas que adopta la presión social sobre el comportamiento, los valores y las creencias de los individuos.

Si la finalidad de Asch era, en su momento, mostrar cómo los sujetos actúan de manera autónoma y son capaces de defender sus puntos de vista, sus valores y sus convicciones, su investigación reveló que no siempre es así. Muchos estudios posteriores confirmaron estos resultados.

De los estudios se puede inferir que, si bien la cantidad de participantes incrementa la influencia ejercida, existe otro factor importante: la unanimidad.

Es decir que si los participantes están de acuerdo, el consenso ente ellos —más que la cantidad— es lo que determina la conformidad. Por ejemplo, si la persona percibe que otro sujeto se opone a la mayoría, es más probable que esta persona no actúe conforme a la mayoría que si encuentra una opinión adoptada por todo el grupo en forma unánime.

La conformidad se incrementa de acuerdo con la dificultad de la tarea, y también cuando los participantes consideran que existe una respuesta objetivamente correcta. Al contrario, cuando lo que se pide es una opinión o una preferencia, la conformidad disminuye.

El psicólogo estadounidense Richard Crutchfield se apoyó en el experimento de Asch para estudiar la conformidad. Sin utilizar cómplices, analizó situaciones en las que los participantes no tenían contacto cara a cara.

Pudo observar que la conformidad disminuye en las comunicaciones indirectas y anónimas, porque en ellas la presión sobre los sujetos es menor.

LO QUE DICEN HACEN? “En 1969, los investigadores Milgram, Bickman y Berkowitz colocaron uno, dos, tres, cinco, diez o quince cómplices ante un edificio de una calle muy concurrida de Nueva York. Cuando el experimentador daba una señal, ellos se paraban a mirar durante un minuto hacia una ventana de un sexto piso de un edificio. Se filmó el comportamiento de imitación de 1.424 transeúntes. Se observó que sólo el 4% de esos transeúntes se detenía y miraba, aunque el 40% miraba hacia lo alto sin detenerse. Esta tasa de imitación aumentaba siempre al aumentar el número de cómplices.” J. E Morales: Psicologío social, Madrid, McGraw Hill, 1994.

 Influencia pública e influencia privada 

Algunas justificaciones que dieron los sujetos después de participar de la experiencia de Asch, fueron las siguientes:

  • No querían “arruinar” el experimento dando una respuesta diferente de la de los demás.
  • Querían agradar al experimentador, dando una buena imagen y cumpliendo con sus expectativas.
  • Algunos dudaban de su percepción adecuada, creyendo que, tal vez, desde su posición se veía distinto o su vista podía estar cansada.
  • Querían ser iguales a los demás, no querían parecer “distintos”, “inferiores” o “que los tomaran por tontos”.

En algunos casos, los sujetos dudaron realmente de la respuesta; en otros admitían que había una diferencia entre las respuestas que dieron en público y lo que realmente creían en privado. En general, en los trabajos sobre conformidad se pueden observar cuatro grandes patrones de influencia:

  1. Interiorización. El sujeto realiza un cambio tanto en el plano público como en el privado (“Creía que Z pero creo que X, como dicen todos”).
  2. Complacencia. El cambio se produce en el plano público pero no en el privado (“Dije X como dijeron todos, pero pienso Z”).
  3. Conversión. El sujeto realiza un cambio en el plano privado y no se manifiesta en el plano público (“Manifiesto Z pero pienso X como todos”).
  4. Independencia. No se produce un cambio en ninguno de los dos planos

¿Por qué nos conformamos?

En algunas circunstancias, las personas tienden a adoptar una posición conformista. Existen determinadas condiciones que facilitan la conformidad, y que se agrupan en dos grandes tipos:

  • Conformidad normativa. La necesidad de ser aceptado o aprobado por los otros está en la base de la conformidad normativa. La búsqueda de confirmación o aprobación social indica una preocupación por causar una buena impresión en los otros y evitar su rechazo. En ese caso, se identifica a los otros como fuentes de recompensa, castigo, aceptación o rechazo.
  • Conformidad informativa. La necesidad de estar en lo cierto, de no equivocarse constituye la base de la conformidad informativa. La búsqueda de certeza señala una preocupación por las fuentes de información que pueden reducir la incertidumbre. Así, los otros son percibidos como modelos de comparación que ayudan a resolver el conflicto frente a una situación de ambigüedad o incertidumbre.

Ambos tipos de influencia, normativa e informativa, pueden presentarse de manera conjunta o complementaria.

En definitiva, manifiestan una misma condición: la dependencia respecto del juicio de los otros.

Por ejemplo, muchas veces las personas necesitan estar en lo correcto para cumplir con las expectativas de su grupo y no ser rechazados. En ese caso, ambas necesidades confluyen para dar como resultado una conducta o actitud conformista.

La conformidad no es en sí misma una conducta negativa o positiva, ya que depende de las circunstancias de que se trate.

Es importante acordar con las normas sociales que regulan las actividades de las personas en una sociedad; por ejemplo, hacer una fila para entrar a un cine o respetar las luces del semáforo para avanzar en concordancia con lo que hacen los otros transeúntes.

Esto hace que las conductas propias y ajenas no resulten imprevisibles y caóticas. Para ello, es necesario conformarse a las normas grupales. También nos brinda seguridad saber que los otros se manejan de igual manera y respetan los acuerdos para conducirse en una sociedad.

FUENTES: Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales  – Trabajo de monografías.com sobre psicología social

Psicologia Normalizacion Influencia del Lider Grupos Sociales

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LA NORMALIZACIÓN

La normalización es un proceso de influencia recíproca que se lleva a cabo cuando no se dispone de ningún marco de referencia para emitir un juicio, actuar de una determinada forma o explicar una situación dada. Ante un objeto nuevo o una situación desconocida, los sujetos tienden a generar la norma influyéndose recíprocamente, porque carecen de una norma previa que oriente el juicio requerido.

Sherif y el estudio de la normalización: Muzafer Sherif es un psicólogo social autor de los primeros trabajos relativos a la influencia social en los Estados Unidos. En 1935 estudió la formación de juicios por parte de los sujetos ante situaciones nuevas. Para eso, diseñó una investigación en la cual colocaba a los participantes en una situación para la que no tenían marcos de referencia. De esta manera, pudo estudiar cómo se influían recíprocamente los juicios de los sujetos en ese tipo de situaciones.

El contexto experimental era una habitación oscura, sin otra referencia visual que una diminuta fuente de luz. En esas condiciones ocurre un fenómeno óptico denominado “efecto autocinético”, por el cual la luz parece estar en movimento aunque en realidad no lo está. El participante entra en la habitación oscura; su tarea consiste en indicar cuál es la longitud del aparente “desplazamiento” del punto luminoso según su apreciación. Los participantes del experimento de Sherif realizaban series de 100 estimaciones.

Se observó que las primeras respuestas ofrecían mucha variación. Luego, cada participante establecía una tendencia central (por ejemplo, respondían que el punto luminoso se desplazaba unos treinta centímetros), y las variaciones se daban alrededor de esa tendencia (el sujeto evaluaba que el desplazamiento era corto, largo o mediano en función de ese desplazamiento de referencia que él mismo había establecido). Sherif observó entonces que, en esa situación carente de referencias objetivas, el sujeto construye una norma y un margen de variaciones.

El experimento se repitió con grupos de personas y se observó el efecto de normalización o convergencia entre individuos. Los participantes escuchaban el juicio de los otros y sus respuestas mostraban luego la influencia de esos juicios en la definición de un valor central (es decir, en la elaboración de una norma) y de los márgenes de variación.

Así, después de que escuchaban las respuestas de los otros participantes, se les pedía una nueva estimación, que mostraba menos variaciones; las respuestas de los participantes se volvían más parecidas entre sí. Se había construido una norma grupal cuyo valor representaba el promedio de las estimaciones individuales.

Conclusión: La Normalización se caracteriza por la ausencia de una norma colectiva en el grupo y su consiguiente creación de una norma común, basándose en la intención e influencia reciproca entre los sujetos del grupo. Entonces ante la ausencia de un marco referencial externo, el individuo se pone un marco referencial interno.

Los sujetos llegan a establecer una norma colectiva, así los sujetos se platean como homogéneos (no en relaciones de poder) los individuos adoptan las normas consensuadas, hegemónicas:, este es el resultado al que se arribo mediante un experimento carente de puntos de referencias, para el cual los sujetos no tenían ninguna norma individual establecida anteriormente, se estudio la formación de la norma individual y luego la formación grupal de una norma para comprobar la preexistencia o desvanecimiento de la norma individual. Lo importante es como se consensúan las normas cuando no hay norma previa, como, ante la ausencia de norma, el sujeto tiende a crearse una.

De todo lo anteriormente expuesto se desprende que no hay conflicto ni mucho menos cambio social, pues no hay un campo propicio, porque reiteramos, los sujetos tienden a consensuar normas, no a contradecirse e imponerse unos sobre otros defendiendo hasta las ultimas instancias su juicio.

La influencia ejercida por el otro es capaz de cambiar mi propio juicio individual, como se lee, quizás por temor al ridículo de opinar distinto de lo demás, el sujeto evitará emitir opiniones extremas susceptibles de contradicción, pues intenta ser aceptado por el otro y esto no es otra cosa que la tendencia a ser parecido, y en este ser parecido, igual, será lo mas ilustrativo del «no cambio».

FUENTES: Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales  – Trabajo de monografías.com sobre psicología social

La Hipnosis Mesmer Historia de su Origen Aplicaciones de la Hipnosis

La Hipnosis Mesmer Historia de su Origen
Aplicaciones de la Hipnosis

Auténtico tema de controversia, la hipnosis sigue enfrentando a partidarios y detractores. Durante mucho tiempo la hipnosis, antiguamente explicada como «magnetismo», tuvo fama de ser algo sobrenatural e impresionaba a la gente supersticiosa. La hipnosis consiste en cambiar el estado de conciencia de un paciente. ¿Hasta qué punto es capaz un hipnotizador hábil de influir en el estado mental y corporal de una persona? ¿Se dan durante la hipnosis procesos psíquicos especiales?.Sus recientes logros terapéuticos -contra el dolor y el tabaquismo- no impiden que se la siga tomando con reservas.

LA SUGESTIÓN DE LA MENTE: Hace unos 200 años que la hipnosis se somete a exhaustivas investigaciones científicas, y fue a mediados del siglo XIX cuando el médico inglés James Braid (1795-1860) introdujo el concepto. Pero el estudio científico decisivo de este fenómeno, es decir, de la forma de predisponer a la persona en cuestión o paciente a determinadas influencias, se desarrolló entre los años 1850 y 1980. Entre esas influencias se cuentan la concentración y recuerdo limitado, la sugestión de determinadas ideas, reacciones y sensaciones, así como también cambios corporales.

HISTORIA:  La historia de la hipnosis se inicia desde los primeros tiempos de la civilización. En los tiempos antiguos, la gente lo utilizaba con fines curativos, especialmente en las ceremonias religiosas. Por ejemplo, los chamanes lograban un fuerte control de sus pacientes y tal sugestión podía curar a la persona enferma.

El médico austriaco Franz Anton Mesmer (1733-1815), quien es reconocido como el «padre de la hipnosis» se inició una teoría del «magnetismo animal». En febrero de 1778, un alemán de 43 años, diplomado en medicina y amigo de Mozart -fue en su casa de Viena donde se compuso la ópera Bastien et Bastienne-, llegaba a París. Estaba completamente decidido a conquistar la capital con su nueva teoría: el magnetismo animal.

Según Franz Antón Mesmer, el Universo está bañado por un fluido sutil que rodea y penetra todos los cuerpos. Cada individuo es un imán cuyo polo norte es la cabeza y el polo sur son los pies; la enfermedad es consecuencia de una mala distribución del fluido en el cuerpo, y su tratamiento logra restablecer el equilibrio, frotando suavemente los polos, o el ecuador, alrededor del hipocondrio. Tras La Fayette y Marat, todo París se apasionaría por el fabuloso descubrimiento.

En los salones de su hotel de Coigny, Mesmer instaló cubetas de madera de roble, que contenían agua, vidrio triturado y limaduras de hierro. Nada estaba electrizado ni imantado. La tapa de cada cubeta tenía unos orificios por los cuales salían unas varillas de hierro dobladas en ángulo. Cada enfermo, formando fila alrededor de la cubeta, sostenía una de esas varillas, y se tocaba con ella la parte enferma.

Para formar una larga cadena para que pasara el fluido, los enfermos quedaban unidos unos a otros por medio de una cuerda que les rodeaba el cuerpo, o bien, se tomaban entre sí con los dedos pulgar e índice. Los magnetizadores, que sostenían en la mano una barra de hierro, inmovilizaban a los pacientes utilizando la mirada, paseando sobre ellos la barra o la mano y tocando las zonas enfermas. Los enfermos caían en trance, tenían convulsiones y algunos se extasiaban, mientras que otros «veían» el interior de su cuerpo… Al terminar la sesión, declaraban que se sentían mejor.

La primera controversia
Llegado el éxito, Mesmer despertó oposiciones y se ganó enemigos. Ante esta práctica que se extendía como un reguero de pólvora y que fue percibida como una amenaza para el orden moral y político, Luis XVI pidió a una comisión de sabios de la Real Academia de Ciencias, que verificara la validez del fenómeno.

Una segunda comisión, compuesta por cinco miembros de la Real Sociedad de Medicina, también se dio de lleno a la tarea de analizar el problema. Pero, ¿cómo había que proceder? Para los magnetizadores, era evidente que había que observar a los enfermos; para los expertos, por el contrario, era el fenómeno mismo lo que había que examinar, ya que «la naturaleza sola, y sin tratamiento alguno, cura a muchos enfermos». El químico Lavoisier se encargó de programar los experimentos y procuró separar la imaginación de los pacientes de la supuesta acción del fluido.

Las teorías que él propuso para explicar sus tratamientos no resistieron al examen, e incluso en su propia época Franz A. Mesmer fue considerado un fraude por la profesión médica. Sin embargo, la terapia magnética ha encontrado nuevos seguidores recientemente entre los médicos de «medicina alternativa».

Los experimentos fracasaron: los pacientes caían en trance sin que el magnetizador efectuara los pases, y aun sin que estuviera presenté. El veredicto de los  expertos fue: si el fluido actúa cuando no puede pasar, es que no existe.

La imaginación es la verdadera causa de los efectos atribuidos al magnetismo.» Mesmer salió de París para refugiarse  en Bélgica. Pero sus partidarios no se dieron por vencidos, y las sesiones continuaron, en especial en la casa del marqués de Puysegur, quien imprimió una nueva dirección al magnetismo sumiendo a sus pacientes en un extrañísimo sueño en el que, paradójicamente, parecían más conscientes que en su estado de vigilia. El «sonambulismo» despertó un gran entusiasmo en toda Europa.

Hipnosis en el hospital: El debate evolucionó cuando entraron en escena los psiquiatras y los psicólogos, y con la invención del término «hipnotismo» por el inglés James Braid en 1843. Menos preocupados por la física, se interesaban más en el efecto terapéutico de los trances que en su causa. Por otra parte , ya no hablaban de un fluido, sino de la influencia de una persona sobre otra persona , lo que dió origen a un nuevo debate.

Un cirujano escocés James Braid (795-1860) dio al mesmerismo una explicación científica. Él encontró que algunos sujetos experimentales podría entrar en trance si simplemente fijaban  sus ojos en un objeto brillante. Él creía que el mesmerismo es un «sueño nervioso» y acuñó el término hipnosis, derivado de la palabra griega hypnos que significa sueño.

En Francia, la hipnosis fue dada a conocer por Jean Martin Charcot. El gran psiquiatra de la Salpétriére descubrió las virtudes de la hipnosis en 1878 y logró curar a histéricos ciegos o paralíticos. Hizo demostraciones públicas en el hospital, en las cuales sus pacientes catalépticos veían serpientes inesistentes y caían de espaldas, rígidos como troncos y sin poder mover su brazo pegado a la pared…

Según Charcot, la hipnosis es una neurosis histérica artificial, pero esta teoría era opuesta a la que proclamaba la escuela de Nancy, dirigida por Hippolyte Bernheim, quien la consideraba como un fenómeno psicológico normal. Los debates fueron acalorados. El mismo Freud, después de haber asistido a las sesiones del hospital de la Salpétriére, utilizó la hipnosis durante algún tiempo. Pero ante el carácter aleatorio y temporal de los resultados, abandonó esa técnica en favor del psicoanálisis, pues quería «lograr que los efectos de la sugestión fueran bastante duraderos como para curar definitivamente». «En todos los casos graves», dijo, «he visto cómo la sugestión que se les aplicaba se reducía a cero y resurgía el mismo problema u otro diferente.»

Aceptada y rechazada , la hipnosis es un tema del que se ocupan las ciencias humanas y médicas. Por temporadas, apasiona a los investigadores y es materia de coloquios; después, pasado el primer entusiasmo, se hace caso omiso de ella. Así, cuando en 1953 el francés León Chertok publicó su estudio A propos d’une amnésie hystérique traitée par Phypnose, habían pasado ya 60 años desde que el tema cayera en el olvido. Para los científicos, la hipnosis es una farsa.

En su momento, Freud la condenó -¿y quién se atrevería a contradecirlo?-. Luego, la representación que el público se formaría de ella –la de un fenómeno un tanto mágico– resultaría incómoda: entre los charlatanes, los hipnotizadores de feria y los médicos, el profano se confundía y la comunidad científica también. Como resultado, los pocos investigadores que la estudian lo hacen marginalmente. Aún hoy, cuando se trata de otorgar a la hipnosis un lugar en la investigación científica, se siguen suscitando ásperas discusiones. A pesar de que sus logros terapéuticos han inspirado un renovado interés, especialmente en el tratamiento del dolor y en la lucha contra el tabaquismo, la hipnosis sigue siendo para muchos un tema tabú.

¿Verdadero o falso?

Las «órdenes posthipnóticas» son aquellos mandatos dados durante la hipnosis que fluirán desde el inconsciente para hacer que el paciente los obedezca cuando se haya despertado. La persona cree estar actuando por iniciativa propia. Es totalmente erróneo suponer que durante la hipnosis transcurran procesos psíquicos especiales: la hipnosis es una forma extrema de sugestión.

Con el descubrimiento de las conexiones entre el sistema nervioso y el inmunológico y de su importancia para la salud, la hipnosis ha alcanzado una nueva dimensión en el tratamiento de ciertas enfermedades y dependencias (de la nicotina, las drogas, el alcohol). Pero la investigación clásica de la hipnosis demuestra que diferentes individuos reaccionan de manera distinta a la hipnosis. Hay gente que incluso no reacciona de ninguna manera.

En estado hipnótico, el individuo se somete voluntariamente al poder del hipnotizador, lo cual asegura un cierto éxito terapéutico a la hipnosis cuando ésta se utiliza en el momento oportuno, en los tratamientos contra el dolor, el tabaquismo, el alcoholismo, la bulimia, incluso las fobias… Pero no por eso la hipnosis es una panacea ni permite que el hipnotizador pueda obligar al hipnotizado a hacer cualquier clase de cosas. Por supuesto, en ocasiones las experiencias son fabulosas: un buen paciente puede «ver» una silla que no existe, temblar de frío en plena canícula, olvidar temporalmente el número 5 (y contar con los dedos 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8…).

Pero en ningún caso actuará contra su sentido moral, por ejemplo, matando a su vecino. La hipnosis también se emplea mucho para recuperar recuerdos perdidos, sólo que entonces la imaginación no tiene freno y la reminiscencia suele no ser más real que un sueño, lo que con demasiada frecuencia olvidan quienes, bajo hipnosis, recuerdan haber sido, en otra vida anterior, la servidora de Nefertiti o Hernán Cortés…

MÉTODOS UTILIZADOS: Existen diferentes métodos para alcanzar el estado hipnótico. Tres de los más frecuentes son el de la «fascinación», en el que la persona que va a ser hipnotizada mira un objeto luminoso, como un péndulo o la luz que refleja. En el método que consiste en ir contando, el hipnotizador dice previamente al paciente: «Ahora contaré hasta diez y, cuando acabe, estará usted hipnotizado». En el método de «fijación», el hipnotizador mira fijamente a los ojos del cliente y le dice que está cansado, hasta que acaba por cerrar los ojos.

En estos tiempos, la hipnosis se practica sobre todo para atenuar el estrés y aliviar algunos dolores.
causa. Por otra parte, ya no hablaban de un fluido, sino de la influencia de una persona sobre otra, lo que dio origen a un nuevo debate.

Aplicación de la hipnosis como terapia médica
• Perder de peso
• Dejar de fumar
• Superar dependencias, como de drogas o alcohol
• Relajarse, prevenir el estrés
• Mejorar la concentración
• Superar fobias
• Superar el miedo a los aviones
• Incrementar el factor éxito

Freud a pesar que originalmente estaba en contra de esta técnica, luego fue un fuerte defensor de la hipnoterapia y viajó a Francia para estudiar con dos maestros renombrados. Escribió varios artículos sobre hipnoterapia y traducido dos libros del francés al alemán sobre el tema. Él utilizó la hipnoterapia en algunos de sus clientes en la década de 1800, pero a principios del nuevo siglo, se había trasladado a usar su «asociación libre» o la técnica de «hablar».