Sintesis de Historia Argentina Campaña de Alsina

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

La Argentina a fines del siglo XIX y comienzo del XX atravesaba por grandes transformaciones en lo social, lo culturaly lo económico. La inmigración masiva, el tendido de los ferrocarriles y las primeras grandes industrias, como la de los frigoríficos, marcaban el ritmo de esos cambios, en que la unificación del territorio, el crecimiento urbano, la expansión agroganadera y de las exportaciones daban la imagen de un país pujante, orientado hacia «elprogreso», «el futuro», la modernidad. Sin embargo, el poder de decisión en las grandes cuestiones seguía en manos de una reducida élite social, económica y política.

agentina siglo xix
Vista de la Plaza de Mayo

Quien mejor representaba el carácter contradictorio y de transición de esa Argentina a caballo de dos siglos era el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, que por entonces promediaba su segundo mandato.

Por esta etapa de la historia la Argentina estaba cambiando profundamente. La agricultura, poco importante hasta 1880, ganaba espacios tanto en el territorio como en las exportaciones, y los cereales convertían a la nación en «el granero del mundo».

Los frigoríficos revalorizaban la ganadería, orientándola a la producción de carnes para los mercados europeos. Los ferrocarriles terminaban con el aislamiento del interior, y modificaban las economías regionales impulsando la vitivinicultura cuyana y las actividades azucarera, algodonera y del tanino en el Norte.

Todas esas transformaciones multiplicaban manufacturas, talleres e industrias procesadoras y una amplia gama de servicios, que reforzaban la demanda de mano de obra y el proceso inmigratorio. También daban origen a los primeros movimientos sindicales, donde anarquistas y socialistas promovían las primeras demandas, manifestaciones y huelgas, en lo que empezó a denominarse «la cuestión social» u «obrera».

La urbanización, poco a poco, convertía a los «simples paisanos» de antaño en ciudadanos. Junto con ellos, los hijos de la primera ola inmigratoria adquirían conciencia de argentinidad gracias a la enseñanza pública, e inspirados en el espíritu liberal de la Constitución buscaban hacer valer sus derechos.

La inmigración:La inmigración fue un factor preponderante en el aumento de nuestra población. La Argentina ofreció libertad, paz y trabajo.

Excelentes posibilidades de progreso. En 1876 una ley creó el Departamento de Inmigración y organizó sus funciones.

Se establecieron en el exterior agentes, que divulgaron las condiciones de vida y oportunidades de trabajo de nuestro país.

Comisiones que seleccionaban a los postulantes, contrataban los pasajes, recibían a los inmigrantes, a quienes alojaban por un tiempo. Luego facilitaban el traslado a su destino y la búsqueda de vivienda. Otra agencia les conseguía colocación.

los inmigrantes en argentina

En 1852, la población se estimaba en 800.000 personas, y los extranjeros en 7000. Desde entonces y hasta 1900 se radicaron definitivamente 1.200.000 inmigrantes. El número de ingresados en el período fue de 1.930.000.

El mayor aporte provino de italianos, seguidos por españoles y franceses.

Desarrollo industrial y agropecuario:  La creación del Ministerio de Agricultura, en 1898, favoreció notablemente el crecimiento del poder económico del país, con la explotación de sus grandes riquezas naturales, la expansión de su comercio, y en menor escala, de su industria.

El Dr. Emilio Frers inauguró por breve tiempo la cartera. Atendió a la organización inteligente de sus tareas y la confección de un adecuado plan de trabajo.

Sus primeras providencias versaron sobre la investigación agrícola y la estadística, exploración y relevamientos topográficos de los territorios nacionales, la instalación de estaciones meteorológicas, la creación de puertos terminales y de elevadores de granos, la legislación laboral, etc.

Desde sus comienzos le correspondió combatir un flagelo difundido en el ganado vacuno: la fiebre aftosa, así como la langosta, que con frecuencia asolaba los sembrados.

la agricultura en argentina en el siglo xix

El nuevo organismo inauguró, con gran suceso, la Exposición de Agricultura, Industria y Comercio, el Io de octubre de 1898.

Dos problemas trabaron sensiblemente estos progresos: el de los límites con Chile y el desmedro por el que pasaba la economía; zanjado el primero volvieron a producir sus efectos las providencias tomadas por los ministerios técnicos; en la primera década del siglo XX el país incrementó
en un tercio la superficie de suelo curvada y el número de sus habitantes.

Hubo también un importante aumento del intercambio comercial, con el consecuente de las rentas fiscales.

Medidas colonizadoras inteligentes y eficaces: creación de colonias agrícolas, donación de tierras a los integrantes de expediciones a la Patagonia, concesión o venta por remate público de tierras de pastoreo, favorecieron la marcha hacia la extensa planicie interior.

Los recién instalados aumentaron la producción agropecuaria; la multiplicación del ganado vacuno y lanar y el desarrollo de la agricultura señalaron notables progresos.

La exportación de cereales, junto con la lana, cueros vacunos y lanares salados, grasa y sebo, creó fuentes de riqueza.

En 1883 se inicia la industria frigorífica, que permitiría la exportación de carnes por salazón y después por el congelado.

La flota mercante sumó 180 000 toneladas.

La perforación del túnel transandino favoreció la comunicación con Chile.
El 12 de diciembre de 1907 se descubrió petróleo en Comodoro Rivada-via, al perforar en busca de agua.

Una Dirección General se encargó, poco después, de la explotación estatal de esos hidrocarburos. Su titular, el coronel Enrique Mosconi, le dio extraordinario impulso.

Fue construido un oleoducto entre los yacimientos y el puerto de Comodoro Rivadavia, modernizado y adecuado a su nueva función. Fueron adquiridos buques-tanque, erigidas refinerías sucesivamente en Comodoro Rivadavia, Buenos Aires y La Plata y se instalaron depósitos de almacenaje en varias ciudades.

En 1916 fue encontrado petróleo en Plaza Huincul (Neuquén). También fue iniciada la industrialización del gas natural de los pozos.

Los ferrocarriles: Los ferrocarriles han sido factor preponderante de progreso en la Argentina.

Por las vías férreas penetraba la civilización sobre la gran extensión pampeana, alejada del mar y sin ríos de gran caudal.

La precaria red caminera no alcanzaba a relacionar eficazmente los importantes centros urbanos del interior entre sí y con Buenos Aires.

La red ferroviaria acercó el producto agropecuario a los centros de consumo y a los puertos de salida al exterior.

Corresponde al general Roca el mérito de haber sido durante su presidencia un entusiasta propulsor de la red ferroviaria. Aceptó, para el tendido de líneas, capitales privados de empresas inglesas, y en menor escala, francesas.

el ferrocarril andino en argentina
Imagen del ferrocarril andino

Los ferrocarriles del Estado, por su parte, duplicaron sus líneas; unieron Buenos Aires con Jujuy, La Quiaca y Bolivia, por el norte, y con La Rioja y Catamarca, por el oeste. Una extensión a Tinogasta llevó una rama hasta cerca del límite con Chile, a la altura del puerto de Copiapó, en el Pacífico.

La educación y la vida cultural: Prosiguió con intensidad la tarea de «educar al soberano». Se abrieron cuarenta y dos escuelas normales para formar maestros.

En 1916 recibían instrucción 700.000 alumnos en 5000 escuelas primarias; asistían el 50% de los niños de edad escolar.

Seis mil alumnos concurrían a colegios secundarios, 4000 a las universidades, 800 a la Academia de Bellas Artes.

La acción educativa redujo el porcentaje de analfabetos: de 68 % en 1880 a 33 % en 1916.

educacion en argentina siglo xix

Hombres de ciencia y pensadores dieron jerarquía a la cultura argentina.
Francisco P. Moreno y Florentino Ameghino, arqueólogos, descubrieron y estudiaron restos fósiles, componiendo un cuadro de nuestra fauna prehistórica.

Luis Agote, médico, formuló la posibilidad de evitar la coagulación de la sangre.

Con sus obras, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López iniciaron el estudio sistemático de la historia argentina.

Los juristas Dalmacio Vélez Sársfield y Carlos Tejedor redactaron el Código Civil y el Código Penal, respectivamente.

Cabe citar a José Ingenieros, filósofo y precursor del estudio de la sociología de nuestro pueblo, y a Carlos Calvo, abogado, autor de importantes trabajos de derecho internacional.

El Instituto Geográfico Militar, fundado en 1884, realiza desde entonces trabajos muy detallados y completos de cartografía y topografía. En 1904 se instaló una estación meteorológica en las islas Oreadas, las más australes del mundo en ese momento.

Charles Darwin, sabio de fama mundial, visitó nuestro país, donde efectuó estudios geológicos de mucha importancia.

Cabe mencionar la creación del Hospital de Clínicas, destinado más tarde a Hospital Escuela.

En 1844 se creó el Archivo General de la Nación.

Pintura. Estuvo encuadrada en la escuela realista, reproductora de la imagen con fidelidad fotográfica. Sobresalieron Ángel Della Valle y Juan M. Blanes, de grandes telas; es ampliamente conocida «La Conquista del Desierto».

Periodismo. Se enriqueció con la aparición de dos grandes diarios: La Prensa, fundado por José C. Paz en 1869 y La Nación, del general Bartolomé Mitre, en 1870.

Escultura. Se distinguieron Francisco Cafferata y Lucio Correa Morales, creadores de monumentos en mármol y en bronce en honor de nuestros proceres.

En 1915 se estrenó «Nobleza gaucha», primera película cinematográfica argentina de largometraje.

Anarquismo, socialismo y comunismo: Los primeros, seguidores de Miguel Bakunin, buscaban la destrucción del Estado mediante el terrorismo. Fueron responsables del asesinato del coronel Ramón Falcón, jefe de policía. De un conato de insurrección en la Patagonia.

Del asesinato del jefe militar que reprimió ese intento, teniente coronel Héctor Várela. Los obreros se volcaron hacia el sindicalismo nacional, que respondía a los partidos radical y socialista. El anarquismo se extinguió por falta de adherentes.

Los «revisionistas», disidentes en el Congreso marxista, conocido como Segunda Internacional, integraron el socialismo. La otra rama, los ortodoxos, recibieron más tarde el nombre de comunistas.

Miembros de ambas tendencias, italianos, españoles y franceses integrantes de la Asociación Internacional de Trabajadores, al llegar, como inmigrantes, abrieron centros filiales según el país de origen. Continuaron aquí su acción gremial. La actividad proselitista, muy activa, se canalizó a través de diarios y folletos, fundación de bibliotecas populares donde realizaban reuniones, y actos callejeros.

El sufragio universal: Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas, Sáenz Peña declaró que su primer deber sería «asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución».

Yrigoyen contestó: «Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas». Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

sufragio electoral

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio.

Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, «porque era a la vez un derecho y un deber».

Con el objeto de asegurar representación a la minoría.adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva.

Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: «He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar».

Formación de los partidos políticos modernos:  Como hemos dicho en el capítulo anterior, el país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios.

En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1 104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartae orgánicas (declaración de principios y reglamento interno).

También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.

Los principales partidos políticos fueron:
El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas.

Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, y la antipersonalista, contraria a su tutela.

El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras.

En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este pe-
ríodo los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe y en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370 000; conservadores, 140 000; demócratas, 130 000; socialistas, 66 000.

Fuentes Consultadas: HISTORIA 3 La Argentina y el mundo hasta nuestros días – José C. Astolfi – Editorial Kapelusz

La Convencion de 1860 La Reforma de la Constitucion

Convención de 1860 – Pacto de San José de Flores y la Reforma de la Constitución Nacional de 1853

Antecedentes:

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos.

Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas al general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque— prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

(Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como el Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859. Según el tratado. Buenos Aires se declaraba «parte integrante de la República Argentina» con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio —»que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares. El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La» república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobiefno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

reforma constitucion 1860

CONVENCIÓN DE 1860

De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses. Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado. Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional. En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Rió de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de- impuesto nacional.; La Constitución en su artículo 4° ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolló la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 6º que autorizaba al Poder Ejecutivo a Intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1853. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f) Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senado el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g) Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

La Campaña del Desierto Lucha contra el indio en el sur del pais

La Campaña del Desierto: Lucha Contra el Indio en el Sur del País

Durante muchas décadas, la región pampeano-patagónica estuvo habitada por aborígenes y blancos. Las zonas de predominio de cada uno estaban delimitadas por una línea de frontera, la cual separaba por un lado los territorios que españoles y criollos ganaron al “indio”, y por otro, los dominios aborígenes conocidos como el “desierto”.

El “desierto”, era el espacio en el cual los aborígenes desarrollaban sus actividades manteniendo la independencia, y deteniendo los intentos de españoles y criollos de penetrar en sus territorios por medio de relaciones comerciales, o a través del enfrentamiento directo, como así también de acuerdos de paz. Sin embargo, para el blanco, el “desierto” era un territorio hostil, ocupado por habitantes bárbaros y nómadas, dedicados al pastoreo, la caza y, especialmente al robo de ganado y personas por medio de malones.

A lo largo de mes de trescientos años, los españoles, durante su dominio, consiguieron reducir, en su enfrentamiento con el indio a gran parte de  las tribus. Algunos pueblos aborígenes que se caracterizaron por su belicosidad, lograron preservar su independencia en las extensas llanuras del sur y en los bosques chaqueños.  Cuando se produjo la revolución de 1810 inmensas extensiones del territorio se encontraban todavía en manos de los indios por lo tanto la guerra continuó a lo largo de las fronteras que, jalonadas por escasos fortines y puestos armados, separaban a las tierras de indios y blancos.

Esa zona de “frontera del indio” se constituyó en un territorio atravesado por un intenso tráfico comercial ganadero e intercambios culturales entre pequeños comerciantes, militares y caciques de los pueblos tehuelche, pehuenche y pueblos mapuches.

En las primeras décadas del siglo XIX, debido al desarrollo del comercio internacional, se produjeron algunos avances fronterizos con el fin de obtener tierras a bajo costo para la producción ganadera y la posterior exportación de cueros y carnes saladas; y así también para apaciguar los ataques aborígenes.

Estos avances fronterizos se realizaron por medio de campañas militares organizadas por el gobierno de Buenos Aires con el objetivo de ampliar la frontera hacia el sur. En el transcurso de las mismas se levantaron fortines para defender y mantener el control en las nuevas tierras incorporadas como también de los nuevos pueblos fundados.

Juan Manuel Rosas en 1833, haciéndose eco de las demandas de estancieros preocupados por la amenaza de los aborígenes sobre sus propiedades, dispuso continuar con las campañas militares hacia el norte del río Negro para eliminar y/o expulsar a las tribus enemigas.

La expedición contó con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza; y proporcionó 2900 leguas cuadradas de terreno ocasionando más de tres mil indios muertos, más de mil prisioneros y la liberación de mil cautivos blancos. Muchos pueblos aborígenes vieron reducida su capacidad de acción y se refugiaron al sur. Los Pampas, por ejemplo, pactaron acuerdos de conciliación con Rosas.

Momentos de relativa tranquilidad en las fronteras con el indio se vivieron hasta 1853, año en el que retornan los malones. Los Ranqueles y la Confederación de Salinas Grandes liderada por Juan Manuel Calfucurá llevaron a cabo fuertes ataques y enfrentamientos violentos.
En 1876, el Gobierno Nacional de Avellaneda decidió poner fin al “problema del indio” por medio de una operación militar de “limpieza” al servicio de dos objetivos, uno político: reafirmar la soberanía argentina delimitando las fronteras con países vecinos , y otro económico: ampliar las tierras cultivables para impulsar el modelo agroexportador.

Su primer ministro de Guerra Alsina, inició un plan: avanzar la línea de frontera tomando y asentando fuertes y fortines en los lugares claves, a partir de los cuales se levantarían poblaciones. Esta nueva línea de fronteras se comunicaría con Buenos Aires mediante el telégrafo y estaría defendida por un gran foso de dos metros de profundidad para dificultar a los malones el arrío de ganado hacia sus bases. Entre 1876-1877 quedó establecida una nueva frontera con nuevos fuertes erigidos en Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué y Puán.

Pero, al joven general Roca esta política no le parecía adecuada. Su proposición consistía en localizar a los aborígenes en sus tolderías e iniciar una guerra ofensiva continua y sistemática. A fines de 1877, al morir Alsina, Roca ocupó su puesto, y puso en marcha su plan. Una primera campaña se llevó a cabo en 1878 y la segunda al año siguiente.

En julio de 1879 el “indio” ya no era un problema. En seis meses las tropas nacionales se apropiaron de 20.000 leguas de tierra virgen y el poderío aborigen declinó.

Los pocos que sobrevivieron, iniciaron una etapa nada feliz: la marginación. Y con ella comenzó no sólo su desaparición física, sino también su desaparición cultural. Muchos aborígenes lograron huir hacia el sur patagónico, catorce mil aborígenes fueron capturados y trasladados a reducciones alejadas de las colonias, otros fueron incorporados a la Marina de guerra, otros destinados como trabajadores forzados a la Isla Martín García y unos 800 ranqueles fueron destinados a picar adoquines para las calles de Buenos Aires. Sin embargo, otros miles: mujeres, hombres y niños murieron.

-Bibliografía Consultada:
-Alonso, M. Historia, Argentina y el Mundo Contemporáneo
-Devoto, F. y Madero, M. Historia de la vida privada en la Argentina.
-Gelman, J. y Mandrini, R. Historia Visual de la Argentina.
-Moreno, I. Campañas militares argentinas. La política y la guerra.
-Quijada, M. En Ansaldi, W. Calidoscopio latinoamericano.

Campaña contra los aborigenes de Martín Rodriguez Defensa de Fronteras

Campaña Contra los Aborígenes de Martín Rodriguez: Defensa de Fronteras

HISTORIA ARGENTINA

DESCRIPCIÓN DE LAS CAMPAÑAS DEL GOBERNADOR RODRÍGUEZ CONTRA LOS INDIOS:

En el año 1820 las autoridades de Martín RodriguezBuenos Aires, ocupadas casi por completo en las luchas civiles, muy pocas fuerzas pudieron dedicar al avance de las fronteras contra los indios. Los gobiernos se sucedían uno tras otro, sin que ninguno tuviese poder suficiente para afirmarse en el mando ni imponerse sobre los caudillos y firmar con ellos una paz honrosa.

El 26 de septiembre la Junta de Representantes eligió gobernador al general Martín Rodríguez. Poco tiempo después de haber asumido el cargo estalló en Buenos Aires un movimiento revolucionario encabezado por el coronel Pagóla. Rodríguez, para reforzar sus escasas tropas, solicitó ayuda a Rosas, quien, con sus «colorados», tenía gran prestigio en la provincia.

Esta colaboración permitió a Rodríguez retomó el poder y restablecer el orden en la ciudad. El 24 de noviembre el gobernador de Buenos Aires firmó un tratado de paz con el de Santa Fe, y desde entonces pudo dedicarse únicamente a atender los asuntos internos de la provincia. Uno de los más importantes era el de contener los ataques de los naturales.

El 27 de noviembre los salvajes asaltaron el pueblo de Lobos causando la muerte del comandante del fortín y de más de cien vecinos del lugar. Este hecho provocó gran temor en la población, y para castigar a los indios se organizó una expedición, pero la misma no logró darles alcance ni liberar a los cautivos ni recuperar las haciendas robadas.

El 3 de diciembre de ese año, cuando los pobladores no estaban aún repuestos del malón anterior, se tuvo la noticia de otro sangriento asaltoJUan Manuel de Rosas Gobermador de Buenos Aires contra el pueblo de Salto. El emigrado chileno José Miguel Carrera, al frente de una horda de salvajes, atacó el fortín y entró luego en el pueblo incendiándolo todo y dando muerte a los despavoridos habitantes.

Muchas mujeres y niños se habían refugiado en la iglesia implorando el auxilio divino, pero los indios cayeron como lobos sobre sus víctimas y dieron muerte a muchos, llevándose el resto como cautivos. Ese día cuando el sol se ocultó sólo quedaban en el lugar ruinas humeantes, heridos y cadáveres, cuyos rostros reflejaban aún el terror y la desesperación.

Cuando el gobernador Martín Rodríguez tuvo noticias de los bárbaros malones perpetrados en Lobos y Salto, a fines de 1820, se decidió a organizar una fuerte expedición para castigar a los indios. Rosas, que con sus «Colorados del monte» gozaba de gran prestigio en la campaña, no consideraba conveniente esa operación, pero debió acatar la orden del gobierno.

Con gran premura el general Rodríguez movilizó todas las milicias disponibles, logrando organizar dos divisiones. Una de ellas estuvo a su mando directo y la otra, en la que marchaba Juan Manuel de Rosas, era comandada por el coronel Hortiguera. Esta última debía avanzar sobre la laguna de los Huesos, en el camino a las sierras de Tandil, mientras que la primera se dirigía hacia el Sur para sorprender de costado a los indios.

Reclutando Tropas Para La Campaña

Reclutando Tropas Para La Campaña

Era propósito del general Rodríguez atacar primeramente a los caciques Anepan y Ancalifú, pero enterados estos indios de la presencia de tropas se retiraron, logrando el gobernador tomar tan sólo algunos prisioneros. Sin embargo, la falta de caballadas hacía imposible continuar las operaciones, por lo que a principios de 1821 Rodríguez regresó a la capital.

La imposibilidad de reunir nuevas fuerzas y el deseo de evitar las continuas pérdidas que sufrían los habitantes de la campaña determinaron al gobernador de Buenos Aires a enviar al coronel Pedro A. García para que se dirigiera hacia las tolderías de las tribus hostiles del sur del río Salado y tratase de a justar con ellas una paz duradera. Con sólo treinta soldados el coronel García salió del fortín de Lobos en abril de 1822 encaminándose hacia el Sur. Los salvajes lo respetaban y merced a ello pudo tratar con algunos caciques amigos, en tanto que con otros más díscolos logró celebrar un «parlamento», pero no pudo pactar con los indios, quienes se negaron a permitir la fundación de nuevos pueblos.

El viaje que el coronel Pedro A. García realizó en 1822 por los territorios dominados por los indios le permitió enterarse del estado social de la campaña y reconocer los diversos parajes donde podrían levantarse nuevos fuertes. Al regresar a Buenos Aires, este bravo militar presentó al gobierno un informe, en el que proponía ocupar la zona de Tandil. Mientras tanto, los indios continuaban con sus feroces malones, que sembraban por doquier el espanto y la desolación. Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe eran las provincias más perjudicadas, y por esta razón los gobernadores de las mismas, generales Martín Rodríguez, Bustos y López, respectivamente, resolvieron trazar un plan para luchar unidos contra ellos.

El 3 de enero de 1823 el general Francisco de la Cruz, en su carácter de ministro secretario de Guerra de la provincia de Buenos Aires, firmó un tratado con el diputado por Santa Fe don Francisco Seguí. Por el mismo se acordó realizar una operación conjunta para castigar a los indios y conseguir tranquilizar por un tiempo a las poblaciones de la campaña.

El general Martín Rodríguez organizó en el fortín de Monte las tropas que debían participar en esta segunda campaña. A fin de evitar las deserciones, que en la expedición anterior habían ocasionado grandes perjuicios, el gobernador impuso la pena de muerte para los que abandonasen las armas, y también trató de conseguir gran cantidad de caballos, elemento indispensable para internarse en las pampas.

Rosas, Anchorena, Terrero y otros estancieros que eran hostiles al gobierno se negaron a prestarle ayuda necesaria; de allí que Rodríguez no pudo reunir ni tropas suficientes ni una caballada numerosa que permitiera reponer los animales cansados para perseguir a los indios. Pese a todas las dificultades, logró organizar un ejército de 2.537 hombres, con los que partió desde el fortín de Monte al frente de 2.500 hombres, siendo acompañado por los generales José Rondeau y Francisco de la Cruz.

El ejército avanzó por las llanuras sin mayores dificultades y el 26 del mismo mes llegó a las sierras de Tandil. Este lugar había sido señalado en diversas oportunidades como muy conveniente para establecer un fortín.

El general Rodríguez, después de efectuar una serie de reconocimientos, ordenó levantar un fuerte, que llamó Independencia. La construcción comenzó el 4 de abril de 1823, situándose el reducto sobre la falda de la sierra de Tandil y cerca del arroyo del mismo nombre. El plano fue trazado por el ingeniero Ambrosio Cramer. Junto al fortín se delineó la formación de un pueblo, origen de la importante ciudad bonaerense actual.

-Bibliografía Consultada:
-La Conquista del Desierto N°8 Enciclopedia Ilustrada Atlántida
-Alonso, M. Historia, Argentina y el Mundo Contemporáneo
-Devoto, F. y Madero, M. Historia de la vida privada en la Argentina.
-Gelman, J. y Mandrini, R. Historia Visual de la Argentina.
-Moreno, I. Campañas militares argentinas. La política y la guerra.
-Quijada, M. En Ansaldi, W. Calidoscopio latinoamericano.