Síntesis De Historia Argentina Juan M. de Rosas Justo J. de Urquiza Batalla de Caseros Pronunciamiento de Urquiza

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

La Argentina a fines del siglo XIX y comienzo del XX atravesaba por grandes transformaciones en lo social, lo culturaly lo económico. La inmigración masiva, el tendido de los ferrocarriles y las primeras grandes industrias, como la de los frigoríficos, marcaban el ritmo de esos cambios, en que la unificación del territorio, el crecimiento urbano, la expansión agroganadera y de las exportaciones daban la imagen de un país pujante, orientado hacia «elprogreso», «el futuro», la modernidad. Sin embargo, el poder de decisión en las grandes cuestiones seguía en manos de una reducida élite social, económica y política.

agentina siglo xix
Vista de la Plaza de Mayo

Quien mejor representaba el carácter contradictorio y de transición de esa Argentina a caballo de dos siglos era el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, que por entonces promediaba su segundo mandato.

Por esta etapa de la historia la Argentina estaba cambiando profundamente. La agricultura, poco importante hasta 1880, ganaba espacios tanto en el territorio como en las exportaciones, y los cereales convertían a la nación en «el granero del mundo».

Los frigoríficos revalorizaban la ganadería, orientándola a la producción de carnes para los mercados europeos. Los ferrocarriles terminaban con el aislamiento del interior, y modificaban las economías regionales impulsando la vitivinicultura cuyana y las actividades azucarera, algodonera y del tanino en el Norte.

Todas esas transformaciones multiplicaban manufacturas, talleres e industrias procesadoras y una amplia gama de servicios, que reforzaban la demanda de mano de obra y el proceso inmigratorio. También daban origen a los primeros movimientos sindicales, donde anarquistas y socialistas promovían las primeras demandas, manifestaciones y huelgas, en lo que empezó a denominarse «la cuestión social» u «obrera».

La urbanización, poco a poco, convertía a los «simples paisanos» de antaño en ciudadanos. Junto con ellos, los hijos de la primera ola inmigratoria adquirían conciencia de argentinidad gracias a la enseñanza pública, e inspirados en el espíritu liberal de la Constitución buscaban hacer valer sus derechos.

La inmigración:La inmigración fue un factor preponderante en el aumento de nuestra población. La Argentina ofreció libertad, paz y trabajo.

Excelentes posibilidades de progreso. En 1876 una ley creó el Departamento de Inmigración y organizó sus funciones.

Se establecieron en el exterior agentes, que divulgaron las condiciones de vida y oportunidades de trabajo de nuestro país.

Comisiones que seleccionaban a los postulantes, contrataban los pasajes, recibían a los inmigrantes, a quienes alojaban por un tiempo. Luego facilitaban el traslado a su destino y la búsqueda de vivienda. Otra agencia les conseguía colocación.

los inmigrantes en argentina

En 1852, la población se estimaba en 800.000 personas, y los extranjeros en 7000. Desde entonces y hasta 1900 se radicaron definitivamente 1.200.000 inmigrantes. El número de ingresados en el período fue de 1.930.000.

El mayor aporte provino de italianos, seguidos por españoles y franceses.

Desarrollo industrial y agropecuario:  La creación del Ministerio de Agricultura, en 1898, favoreció notablemente el crecimiento del poder económico del país, con la explotación de sus grandes riquezas naturales, la expansión de su comercio, y en menor escala, de su industria.

El Dr. Emilio Frers inauguró por breve tiempo la cartera. Atendió a la organización inteligente de sus tareas y la confección de un adecuado plan de trabajo.

Sus primeras providencias versaron sobre la investigación agrícola y la estadística, exploración y relevamientos topográficos de los territorios nacionales, la instalación de estaciones meteorológicas, la creación de puertos terminales y de elevadores de granos, la legislación laboral, etc.

Desde sus comienzos le correspondió combatir un flagelo difundido en el ganado vacuno: la fiebre aftosa, así como la langosta, que con frecuencia asolaba los sembrados.

la agricultura en argentina en el siglo xix

El nuevo organismo inauguró, con gran suceso, la Exposición de Agricultura, Industria y Comercio, el Io de octubre de 1898.

Dos problemas trabaron sensiblemente estos progresos: el de los límites con Chile y el desmedro por el que pasaba la economía; zanjado el primero volvieron a producir sus efectos las providencias tomadas por los ministerios técnicos; en la primera década del siglo XX el país incrementó
en un tercio la superficie de suelo curvada y el número de sus habitantes.

Hubo también un importante aumento del intercambio comercial, con el consecuente de las rentas fiscales.

Medidas colonizadoras inteligentes y eficaces: creación de colonias agrícolas, donación de tierras a los integrantes de expediciones a la Patagonia, concesión o venta por remate público de tierras de pastoreo, favorecieron la marcha hacia la extensa planicie interior.

Los recién instalados aumentaron la producción agropecuaria; la multiplicación del ganado vacuno y lanar y el desarrollo de la agricultura señalaron notables progresos.

La exportación de cereales, junto con la lana, cueros vacunos y lanares salados, grasa y sebo, creó fuentes de riqueza.

En 1883 se inicia la industria frigorífica, que permitiría la exportación de carnes por salazón y después por el congelado.

La flota mercante sumó 180 000 toneladas.

La perforación del túnel transandino favoreció la comunicación con Chile.
El 12 de diciembre de 1907 se descubrió petróleo en Comodoro Rivada-via, al perforar en busca de agua.

Una Dirección General se encargó, poco después, de la explotación estatal de esos hidrocarburos. Su titular, el coronel Enrique Mosconi, le dio extraordinario impulso.

Fue construido un oleoducto entre los yacimientos y el puerto de Comodoro Rivadavia, modernizado y adecuado a su nueva función. Fueron adquiridos buques-tanque, erigidas refinerías sucesivamente en Comodoro Rivadavia, Buenos Aires y La Plata y se instalaron depósitos de almacenaje en varias ciudades.

En 1916 fue encontrado petróleo en Plaza Huincul (Neuquén). También fue iniciada la industrialización del gas natural de los pozos.

Los ferrocarriles: Los ferrocarriles han sido factor preponderante de progreso en la Argentina.

Por las vías férreas penetraba la civilización sobre la gran extensión pampeana, alejada del mar y sin ríos de gran caudal.

La precaria red caminera no alcanzaba a relacionar eficazmente los importantes centros urbanos del interior entre sí y con Buenos Aires.

La red ferroviaria acercó el producto agropecuario a los centros de consumo y a los puertos de salida al exterior.

Corresponde al general Roca el mérito de haber sido durante su presidencia un entusiasta propulsor de la red ferroviaria. Aceptó, para el tendido de líneas, capitales privados de empresas inglesas, y en menor escala, francesas.

el ferrocarril andino en argentina
Imagen del ferrocarril andino

Los ferrocarriles del Estado, por su parte, duplicaron sus líneas; unieron Buenos Aires con Jujuy, La Quiaca y Bolivia, por el norte, y con La Rioja y Catamarca, por el oeste. Una extensión a Tinogasta llevó una rama hasta cerca del límite con Chile, a la altura del puerto de Copiapó, en el Pacífico.

La educación y la vida cultural: Prosiguió con intensidad la tarea de «educar al soberano». Se abrieron cuarenta y dos escuelas normales para formar maestros.

En 1916 recibían instrucción 700.000 alumnos en 5000 escuelas primarias; asistían el 50% de los niños de edad escolar.

Seis mil alumnos concurrían a colegios secundarios, 4000 a las universidades, 800 a la Academia de Bellas Artes.

La acción educativa redujo el porcentaje de analfabetos: de 68 % en 1880 a 33 % en 1916.

educacion en argentina siglo xix

Hombres de ciencia y pensadores dieron jerarquía a la cultura argentina.
Francisco P. Moreno y Florentino Ameghino, arqueólogos, descubrieron y estudiaron restos fósiles, componiendo un cuadro de nuestra fauna prehistórica.

Luis Agote, médico, formuló la posibilidad de evitar la coagulación de la sangre.

Con sus obras, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López iniciaron el estudio sistemático de la historia argentina.

Los juristas Dalmacio Vélez Sársfield y Carlos Tejedor redactaron el Código Civil y el Código Penal, respectivamente.

Cabe citar a José Ingenieros, filósofo y precursor del estudio de la sociología de nuestro pueblo, y a Carlos Calvo, abogado, autor de importantes trabajos de derecho internacional.

El Instituto Geográfico Militar, fundado en 1884, realiza desde entonces trabajos muy detallados y completos de cartografía y topografía. En 1904 se instaló una estación meteorológica en las islas Oreadas, las más australes del mundo en ese momento.

Charles Darwin, sabio de fama mundial, visitó nuestro país, donde efectuó estudios geológicos de mucha importancia.

Cabe mencionar la creación del Hospital de Clínicas, destinado más tarde a Hospital Escuela.

En 1844 se creó el Archivo General de la Nación.

Pintura. Estuvo encuadrada en la escuela realista, reproductora de la imagen con fidelidad fotográfica. Sobresalieron Ángel Della Valle y Juan M. Blanes, de grandes telas; es ampliamente conocida «La Conquista del Desierto».

Periodismo. Se enriqueció con la aparición de dos grandes diarios: La Prensa, fundado por José C. Paz en 1869 y La Nación, del general Bartolomé Mitre, en 1870.

Escultura. Se distinguieron Francisco Cafferata y Lucio Correa Morales, creadores de monumentos en mármol y en bronce en honor de nuestros proceres.

En 1915 se estrenó «Nobleza gaucha», primera película cinematográfica argentina de largometraje.

Anarquismo, socialismo y comunismo: Los primeros, seguidores de Miguel Bakunin, buscaban la destrucción del Estado mediante el terrorismo. Fueron responsables del asesinato del coronel Ramón Falcón, jefe de policía. De un conato de insurrección en la Patagonia.

Del asesinato del jefe militar que reprimió ese intento, teniente coronel Héctor Várela. Los obreros se volcaron hacia el sindicalismo nacional, que respondía a los partidos radical y socialista. El anarquismo se extinguió por falta de adherentes.

Los «revisionistas», disidentes en el Congreso marxista, conocido como Segunda Internacional, integraron el socialismo. La otra rama, los ortodoxos, recibieron más tarde el nombre de comunistas.

Miembros de ambas tendencias, italianos, españoles y franceses integrantes de la Asociación Internacional de Trabajadores, al llegar, como inmigrantes, abrieron centros filiales según el país de origen. Continuaron aquí su acción gremial. La actividad proselitista, muy activa, se canalizó a través de diarios y folletos, fundación de bibliotecas populares donde realizaban reuniones, y actos callejeros.

El sufragio universal: Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas, Sáenz Peña declaró que su primer deber sería «asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución».

Yrigoyen contestó: «Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas». Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

sufragio electoral

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio.

Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, «porque era a la vez un derecho y un deber».

Con el objeto de asegurar representación a la minoría.adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva.

Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: «He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar».

Formación de los partidos políticos modernos:  Como hemos dicho en el capítulo anterior, el país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios.

En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1 104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartae orgánicas (declaración de principios y reglamento interno).

También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.

Los principales partidos políticos fueron:
El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas.

Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, y la antipersonalista, contraria a su tutela.

El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras.

En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este pe-
ríodo los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe y en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370 000; conservadores, 140 000; demócratas, 130 000; socialistas, 66 000.

Fuentes Consultadas: HISTORIA 3 La Argentina y el mundo hasta nuestros días – José C. Astolfi – Editorial Kapelusz

La Convencion de 1860 La Reforma de la Constitucion

Convención de 1860 – Pacto de San José de Flores y la Reforma de la Constitución Nacional de 1853

Antecedentes:

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES
Libre de enemigos, el vencedor prosiguió su avance y dio a conocer una proclama en la que sostenía su política de integración y pacificación nacionales.

Dice la proclama de Urquiza en uno de sus pasajes: «Deseo que los hijos de una misma tierra y herederos de una misma gloria no se armen más los unos contra los otros; deseo que los hijos de Buenos Aires sean argentinos.

Espero para ello el concurso de vosotros mismos, de los buenos y los patriotas. Desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos».

Entretanto, la noticia de la derrota conmovió a las autoridades de Buenos Aires y el gobernador Alsina tomó varias medidas defensivas y confió nuevamente el mando de las tropas al general Mitre.

Urquiza avanzó hasta San José de Flores, donde acampó al frente de unos 20.000 hombres, pues había engrosado sus filas con aportes de la campaña bonaerense. Buenos Aires quedó sitiada y el vencedor aunque las circunstancias lo favorecían en caso de ataque— prefirió negociar por intermendio del emisario paraguayo Francisco Solano López.

Las conferencias se iniciaron en la chacra de Monte Caseros y concluyeron en San José de Flores. Los comisionados federales exigieron la renuncia de Alsina, quien la presentó el 8 de noviembre y fue reemplazado por Felipe Llavallol, presidente del Senado.

(Eliminadas las dificultades, el Convenio de Paz —conocido históricamente como el Pacto de San José de Flores— fue firmado el 11 de noviembre de 1859. Según el tratado. Buenos Aires se declaraba «parte integrante de la República Argentina» con el objeto de incorporarse al resto del país, debía reunirse —en un lapso de veinte días— una Convención provincial a fin de estudiar la Constitución promulgada en mayo de 1853.

En caso de reformas a dicha Carta Fundamental, se reuniría una Convención Nacional, cuyas resoluciones serían aceptadas por la provincia de Buenos Aires.

Esta aseguraba la integridad de su territorio —»que no podía ser dividido sin el consentimiento de la Legislatura»— como también la propiedad de sus establecimientos oficiales, no así de la Aduana, que desde ese momento pertenecía a la Confederación.

El Pacto decretaba el olvido de los rencores políticos y el cese de las persecuciones, tanto de civiles como de militares. El ejército de la Confederación se comprometía a evacuar la provincia de Buenos Aires a breve plazo. La» república del Paraguay garantizaba el cumplimiento de todo lo estipulado.

La paz fue celebrada con gran entusiasmo; sin embargo, la lucha no tardaría en reanudarse. Alsina había abandonado el gobiefno de Buenos Aires, pero continuaban a su frente otros hombres de tendencia porteñista y separatista.

reforma constitucion 1860

CONVENCIÓN DE 1860

De acuerdo con lo dispuesto por el Pacto de San José de Flores, el gobierno provisorio de Buenos Aires convocó a elecciones de convencionales, para resolver si la Constitución debía ser reformada antes de su juramento por las autoridades bonaerenses. Practicado el escrutinio, ganó por mayoría el partido gobernante.

El 6 de enero de 1860 se instaló la asamblea y se designó una comisión de la que formaban parte destacadas figuras, como Mitre, Sarmiento, Vélez Sársfield, Mármol y Cruz Obligado. Las sesiones se prolongaron hasta el 12 de mayo.

Las reformas propuestas, aunque no alteraban la estructura de la Constitución Nacional, introducían varias modificaciones a través de veintidós puntos.

El art. 3ºde la Constitución disponía que la ciudad de Buenos Aires fuera la Capital de la República; la reforma resolvió que una ley del Congreso —previa cesión por la provincia respectiva del territorio a federalizarse— establecería el lugar de residencia del gobierno nacional. En consecuencia y hasta nueva resolución, la Capital sería la ciudad de Paraná.

La Constitución había nacionalizado la Aduana porteña y por el art. 64 establecido derechos de importación y exportación. La reforma dispuso que los últimos correspondían a Buenos Aires hasta el año 1806, cláusula que beneficiaba al gobierno de dicha provincia.

La Convención porteña resolvió que la República debía denominarse: «Provincias Unidas del Río de la Plata».

Las enmiendas fueron a su vez estudiadas por una Convención Nacional que se reunió en Santa Fe el 14 de setiembre de 1860.

Allí merecieron aprobación todas las reformas, aunque con respecto a la denominación del país, se dispuso que serían nombres oficiales: «Provincias Unidas del Rió de la Plata», «República Argentina» y «Confederación Argentina», pero en la formación y sanción de las leyes deberá utilizarse «Nación Argentina».

La convención de 1860 reformó a la Constitución de 1853, en los siguientes puntos:

a) El Art. 3º de la Constitución declaraba a la ciudad de Buenos Aires capital de la República. La Convención lo modificó en esta forma: «la ciudad que se declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas Provinciales, del territorio que haya de federalizarse».

b) La Convención dispuso que a partir de 1866, los derechos de exportación cesarían en su carácter de- impuesto nacional.; La Constitución en su artículo 4° ubicaba esos derechos entre las rentas nacionales, lo cual perjudicaba a la provincia de Buenos Aires, que era la única exportadora.

c) Suprimió la gratuidad de la enseñanza primaria en las provincias y también abolló la obligación de someter las constituciones provinciales a la aprobación del Congreso.

d) Fue modificado el artículo 6º que autorizaba al Poder Ejecutivo a Intervenir arbitrariamente en las provincias. La Convención dispuso que el gobierno federal sólo podrá intervenir para garantizar el régimen republicano o atender a la defensa nacional.

e) La Convención agregó los artículos 32, 33, 34 y 35 a la Primera Parte (Declaraciones, Derechos y Garantías) de la Constitución de 1853. Esos artículos se referían a la libertad de imprenta, a derechos no numerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y a la incompatibilidad de los jueces federales con los provinciales.

f) Agregó a los artículos 36 y 43, que fijaban los requisitos para ser diputado o senado el de haber nacido en la provincia que lo elija o tener dos años de residencia inmediata en ella.

g) Suprimió la obligación de comenzar la reforma de la Constitución ante el senado, también abolió el juicio político ante el Congreso Nacional de los gobernadores provinciales y la facultad del Poder Ejecutivo de declarar el estado de sitio, en caso de urgencia.

El 21 de octubre de 1860, la Constitución Nacional fue jurada solemnemente por el gobierno y el pueblo de Buenos Aires.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

El Romanticismo en el Río de la Plata Sus Caracteristicas

Movimiento Romantico en Rio de la Plata-Caraterísticas y Representantes

Concepto de romanticismo
La literatura de los siglos XVII y XVIII estuvo regida por el ideal popular del clasicismo, es decir, en la Imitación de los antiguos griegos y romanos; su centro de difusión puede ubicarse en Francia.

A fines del siglo XVIII surgieron en Alemania e Inglaterra las primeras manifestaciones de una nueva corriente espiritual y artística, que culminó en la centuria siguiente con el nombre de romanticismo.

Este movimiento, de índole intelectual, fue una reacción contra el rígido y dominante clasicismo, que había tratado de imponer sus inflexibles reglas y uniformismo en todas las literaturas.

En literatura, la palabra romántico significaba «todo lo que deliberadamente se aparta de las normas que se han establecido como clásicas», o sea, que el término indica lo anticlásico u opuesto a los modelos griegos y latinos. Se distingue por la espontaneidad, originalidad y propensión a lo sentimental y generoso.

Mientras en ei clasicismo predominó la razón y el materialismo, la escuela romántica antepone el sentimiento y el espíritu cristiano.

Además, los primeros se basaron en temas pertenecientes a la historia y mitología antiguas; en cambio, los románticos representaron lo propio, lo nacional.

(*) Etimológicamente, romántico significa perteneciente al dominio de la antigua Roma, y por lo tanto, es sinónimo de neolatino o romancesco. La palabra tiene diversas acepciones, aunque la mayoría de los autores opina que los escritores románticos del siglo XIX recibieron tal nombre porque admiraban los romances medievales.

El romanticismo tuvo los siguientes caracteres:

a) Individualismo artístico. — Rechaza los métodos tradicionales y todo lo que sea impuesto. Cree ciegamente en la inspiración personal y por esto da gran importancia a los propios sentimientos y a la fantasía.
Dominado por un anhelo de libertad, repudia imitar a otros autores y propicia la reivindicación de la naturaleza, basándose en un criterio personal.

b) Subjetivismo. — Debido a la ya mencionada ansia de libertad, el artista se propone expresar las manifestaciones de su propia alma (patriotismo, amor, admiración por la naturaleza, etc.), o sea, de su modo de pensar y sentir.

c) Espíritu medieval – nacional. — Exalta los valores espirituales de la Edad Media —particularmente religiosos— y con preferencia se explaya sobre temas populares y nacionales.

Mientras la escuela clásica trató de agradar por la perfección de la forma, la escuela romántica se propuso conmover por la fuerza de los sentimientos.

Los románticos juzgaron que la tragedia y la comedia eran géneros teatrales anticuados y prefirieron combinarlos con el drama, que debía reunir lo sublime con lo grotesco.

Los protagonistas ya no son héroes griegos ni romanos, sino personajes inspirados en temas vernáculos.También censuraron el estilo de los clásicos y enriquecieron el diccionario con términos familiares y hasta emplearon nuevas formas métricas en la versificación.

Si bien el romanticismo fue un movimiento de carácter literario, su acción ideológica comprendió también el aspecto político, al sostener los principios de la soberanía popular y del liberalismo proclamados por la Revolución Francesa.

Introducción del romanticismo en el Plata
América no permaneció ajena al movimiento romántico europeo, mejor dicho al español, por cuanto en México, Venezuela, Cuba, Colombia y Perú, las figuras representativas reflejan el pensamiento’ peninsular.

No sucedió lo mismo en el Río de la Plata, donde el romanticismo fue introducido no de España, sino directamente de Francia, por el porteño Esteban Echeverría, a su regreso del Viejo Mundo, en 1830.

Considerado el padre del romanticismo argentino y —según expresión de Menéndez y Pelayo— «fundador de una nueva escuela americana», Echeverría fue el escritor que bregó por el progreso de su patria.

Se ha dicho que «pensando en francés, escribió en castellano», sin embargo «Echeverría es el primer poeta que dirige su mirada a la pampa y la pinta con colores originales, la siente de veras, como siente todo lo argentino y americano» (por Alberto Palcos).

Guiado por un anhelo de total independencia, trató de argentinizar la literatura y se dedicó a los temas vernáculos y a las pinturas realistas del paisaje regional.

ESTEBAN ECHEVERRÍA
José Esteban Antonino Echeverría nació en Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1805, hijo de padre español y de madre porteña.

Cursó los estudios elementales en la escuela pública de la parroquia de: San Telmo, y en 1822 ingresó en el Departamento de Estudios Preparatorios de la recién creada Universidad; también asistió a los cursos de la Escuela de Dibujo.

Huérfano de padre a- temprana edad, delgado y de elevada estatura, vivió una adolescencia turbulenta, aunque por el año 1823 —olvidando sus devaneos juveniles— se destacó como estudiante «por su talento, juicio y aplicación», en los cursos de latín y filosofía de la Universidad.

Más tarde abandonó las aulas para emplearse como despachante de Aduanas, pero en los momentos de descanso, el joven estudió francés, historia y literatura.

esteban etchverria romanticismo

Con la aspiración de elevar su nivel cultural, Echeverría embarcó para Europa y después de accidentado viaje, llegó al puerto de El Havre (Francia), en febrero de 1826. De allí se trasladó a París, para dedicarse a la lectura constante y variada, particularmente de la ciencia política y de la filosofía.

En esos momentos, la capital francesa se agitaba ante la ola avasallante del romanticismo y entonces aplicó toda su voluntad al estudio de las nuevas corrientes literarias, con la lectura de obras de los alemanes Goethe y Schiller y del inglés Byron.

Escribe Echeverría en sus páginas autobiográficas: «Durante mi residencia en París y como desahogo a estudios más serios, me dediqué a leer libros de literatura: Shakespeare, Schiller, Goethe y especialmente Byron, me conmovieron profundamente y me revelaron un nuevo mundo.

Entonces me sentí inclinado a poetizar; pero no dominaba ni el idioma ni el mecanismo de la metrificación española. Era necesario leer los clásicos de esta nación. Empecé: me dormía con el libro en la mano, pero haciendo esfuerzos, al cabo de un tiempo, manejaba medianamente la lengua castellana y el verso».

Después de efectuar un corto viaje a Londres, Echeverría —escaso de recursos económicos— partió de regreso a Buenos Aires, puerto al que arribó en julio de 1830. Su cultura eminentemente europea y su romanticismo afrancesado no influyeron sobre su concepción argentinista y su afán de solucionar sobre esa base los problemas que agitaban a su patria.

Echeverría escribió versos para algunos periódicos locales y en 1834 los publicó con el título de Los Consuelos, obra que mereció la aceptación general. Más tarde, en la estancia de Los Talas —próxima a San Andrés de Giles— redactó La Cautiva, poema narrativo en que por vez primera en nuestra literatura aparece como escenario la pampa. Allí también escribió El Matadero, obra realista en que describe el ambiente soez de los corrales durante la dictadura rosista.

La labor política y cultural de Echeverría en el Salón Literario, se estudia a continuación.

Después del fracaso de la campaña de Lavalle contra Rosas, debió emigrar a la Colonia y de allí a Montevideo en 1840. Vivió sus últimos años enfermo y en la pobreza. No alteró su posición ideológica independiente, pues si bien combatió a Rosas, estaba persuadido que los unitarios no representaban la realidad del país.

Echeverría falleció en la capital uruguaya el 19 de enero de 1851.

EL SALÓN LITERARIO
Cuando Juan Manuel de Rosas asumía la dictadura, comenzaban a actuar los jóvenes de la primera generación surgida del pronunciamiento de Mayo.

Partidarios de las ideas liberales de la revolución estallada en París en 1830,esa pléyade de intelectuales había recibido las enseñanzas del período cultural rivadaviano, donde forjaron su inclinación a la controversia política, a la filosofía y a la oratoria.

A partir del año 1830, esa minoría culta y fogosa de jóvenes porteños —inclinada a los autores liberales franceses— solía reunirse en la casa de Miguel Cané, donde establecieron la Asociación de Estudios Históricos y Sociales.

En 1835, la juventud ávida de saber se congregó en el Gabinete de Lectura, establecido por Marcos Sastre, en una habitación continua a su comercio de librería.

Los sábados por la noche, los estudiosos se reunían para discutir trabajos presentados por Esteban Echeverría, Miguel Cané, Vicente Fidel López, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y otros.

En 1837, y ante el aumento de la concurrencia, Marcos Sastre trasladó su librería a un local próximo, pero más amplio —ubicado en la calle Victoria Nº 59— e inauguró en el mes de junio el Salón Literario, donde se congregaron las figuras más destacadas del movimiento romántico de la época. Su misión era evidentemente cultural y aunque sus miembros recibían las influencias ideológicas europeas, el movimiento tenía marcado carácter nacional.

En su discurso inaugural, Marcos Sastre afirmó que los integrantes del Salón se habían reunido «impulsados únicamente por el amor a la sabiduría, por el deseo de perfeccionar su instrucción». Luego le siguió en el uso de la palabra el joven Juan Bautista Alberdi, quien desarrolló conceptos de orden histórico y filosófico y destacó que ‘»lo nacional era un elemento necesario de nuestro desenvolvimiento argentino».

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Escribe el historiador Alberto Palcos: «La librería de Sastre es a la par una especie de biblioteca circulante (acaso la primera del país); por una módica subscripción, los lectores llevan libros a domicilio, sin perjuicio de los préstamos de obras muy valiosas que el dueño hace generosamente a los estudiosos. El Salón se propone formar una biblioteca selecta, independiente de la librería de Sastre, surtir a los socios de los mejores periódicos europeos y leer, acotar y editar trabajos literarios originales o traducidos por sus adherentes».

Las inquietudes del Salón Literario se dieron a conocer por medio del periódico «La Moda», dirigido por Juan Bautista Alberdi. Figuraba como «gacetín semanal de música, de poesía, de literatura, de costumbres». La difusión de las nuevas ideas se hizo con suma prudencia y por esto, cada número estaba encabezado por un «Viva la Federación».

El Salón Literario sólo desarrolló cuatro meses de intensa actividad Más tarde las reuniones debieron interrumpirse por orden del gobierno.

La prédica liberal que desarrollaban esos «muchachos reformistas y regene radores» no fue del agrado de Rosas y Sastre debió cerrar el Salón —mayo de 1838— y desprenderse de las existencias de su librería, en tres remates sucesivos. También dejó de aparecer «La Moda».

La Asociación de Mayo
Esteban Echeverría se destacó en el Salón Literario por su prédica cultural, sociológica y política; había regresado de un viaje a París y esta circunstancia le otorgaba gran prestigio ante su auditorio.

Después de cerrado el Salón, convocó a la juventud intelectual para «promover una Asociación de jóvenes que quisieran consagrarse a trabajar por la Patria». Echeverría secundado principalmente por Alberdi y Gutiérrez, organizaron una sociedad secreta, semejante a las que se habían creado en esa época por Europa. Así surgió la Asociación de la Joven Argentina, llamada más tarde —cuando se reconstituyó en Montevideo, en 1846— la Asociación de Mayo.

En la noche del 23 de junio de 1838, se reunieron más de treinta y cinco jóvenes para escuchar a Echeverría, quien leyó el dogma o credo de la nueva asociación, contenido en quince «palabras simbólicas».

Las «palabras simbólicas» eran las siguientes:

  1. Asociación.
  2. Progreso.
  3. Fraternidad.
  4. Igualdad.
  5. Libertad.
  6. Dios centro y periferia de nuestra creencia religiosa: el cristianismo, su ley.
  7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
  8. Adopción de todas las glorias legítimas, tanto individuales como colectivas de la’revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
  9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
  10. Independencia de las tradiciones retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen.
  11. Emancipación del espíritu americano.
  12. Organización de la patria sobre la base democrática.
  13. Confraternidad de principios.
  14. Fusión de todas las doctrinas progresivas en un centro unitario.
  15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes facciones que se han disputado el poderío durante la revolución.

El 8 de julio, los asociados prestaron juramento con una fórmula análoga a la empleada por los integrantes de la Joven Europa. La nueva entidad de carácter político no tardó en contar con filiales en el interior del país.

En San Juan ingresaron Domingo Faustino Sarmiento, Dionisio Rodríguez, Antonio Aberastain y otros; en Córdoba lo hicieron Vicente Fidel López, Francisco Alvarez, etc.; en Tucumán, Marco Avellaneda, Brigido Silva en Catamarca, José Cubas, Eufrasio Ouiroga,. etc.

Rosas consideró a los miembros de la asociación como miembros de una logia unitaria y en consecuencia, persiguió a los jóvenes adherentes.

El grupo se disolvió y Echeverría marchó a la campaña de Buenos Aires. Poco después, el último redactó los comentarios a cada una de las palabras simbólicas, escritos que fueron llevados por Alberdi a la vecina orilla y publicados en el periódico «El Iniciador», de Montevideo —1º de enero de 1839— con el título de: Código o declaración de principios que constituyen la creencia social de la República Argentina.


En 1846, encontrándose Echeverría proscripto, hizo publicar nuevamente su trabajo en Montevideo, esta vez en forma de libro y con el título que ha prevalecido: Dogma Socialista de la Asociación de Mayo, precedido de una Ojeada Retrospectiva, que historia, amplía y comenta la obra.

REPERCUSIÓN DE LOS ROMÁNTICOS EN EL ORDEN INSTITUCIONAL
El contenido del Dogma
Aunque en el Dogma Socialista —más correcto sería denominarlo social o sociológico— se nota la influencia de varios pensadores europeos de la época; la gran mayoría de las palabras simbólicas ofrecen soluciones a los problemas argentinos, por medio de una doctrina social y política basada en la democracia y en la libertad.

Las cinco primeras palobras (Asociación, Progreso, Fraternidad, Igualdad y Libertad) son principios que resumen el credo del liberalismo pero unido a una concepción cristiana, tal como figura en el título y comentario de la sexta palabra.

El Código sostiene que el movimiento de Mayo es el eje orientador del país y la democracia facilitará los medios necesarios para el progreso. Manifiesta la necesidad de analizar nuestras propias-instituciones y costumbres; pues es necesario eliminar las ataduras foráneas que no representan la realidad del país. Exige una política de principios y no de caudillismos personales, para lo cual es necesario ilustrar al pueblo a fin de que ejerza su propia soberanía.

A través de su trabajo, Echeverría afirma que la democracia se basa en la igualdad de clases, aunque no es —son sus palabras— «el despotismo absoluto de las masas, ni de la mayoría» sino «el régimen de la razón».
Como las divergencias políticas habían dividido al país en dos facciones irreconciliables —federales y unitarios— el Dogma propicia la reconciliación de todos los argentinos, tarea que debía realizar la juventud.

La última palabra simbólica —comentada por Alberdi— es un alegato en favor de la unidad nacional. Luego de enumerar una larga serie de antecedentes, favorables tanto al sistema unitario como al federal, propone una solución ecléctica, basada en una fórmula mixta de gobierno.
Los conceptos fundamentales del Dogma Socialista pueden sintetizarse en tres palabras: Mayo-Progreso-Democracia.

Repercusión en el orden institucional
Aunque la prédica de Echeverría y de otros románticos no ejerció inmediata influencia en el ámbito político de la época, puede afirmarse que a los pocos años las doctrinas sustentadas por el grupo integrante de la Asociación de Mayo fueron utilizadas para forjar las instituciones argentinas.

Juan Bautista Alberdi redactó las Bases y puntos de partida para la organización política argentina, obra fundamental que orientó a los autores de la Constitución de 1853. En el mencionado trabajo, Alberdi repite en su totalidad el capítulo que había escrito anteriormente para el Dogma, por oso ha sido llamado «el expositor jurídico del ideario de Echeverría».

Después de enumerar antecedentes relativos al federalismo y unitarismo, Alberdi’sostiene la necesidad de crear un gobierno mixto, superior en autoridad al de las provincias, pero manteniendo la autonomía de las últimas, por medio de una unidad federativa.

A través de la ideología de los románticos, los legisladores constituyentes hallaron la solución al problema de la organización institucional del país.

INFLUENCIA DE LOS ACONTECIMIENTOS EUROPEOS DE 1848 Europa en 1848
Al promediar el siglo XIX, Europa se hallaba convulsionada por el recrudecimiento de las doctrinas liberales. El auge del maquinismo y el desarrollo industrial enriquecieron a la clase media o burguesía, pero-provocaron la desocupación de gran número de obreros.

Estos últimos integraron una nueva clase social, la proletaria, que agrupada bajo la doctrina socialista comenzó a luchar para modificar la estructura social imperante y distribuir mejor la riqueza.

Trabajando activamente en sociedades secretas, los liberales coordinaban su acción para derribar a las monarquías absolutas, que se habían consolidado en el poder.

En el Congreso de Viena (abril de 1814 a junio de 1815) los reyes absolutistas destronados durante ía Revolución Francesa y el período napoleónico, impusieron el principio de la «legitimidad», por el cual debían ser repuestos en el mando con todos sus derechos de soberanos.

Por el pacto conocido con el nombre de Santa Alianza (26 de setiembre de 1815) los monarcas dispusieron defender sus prerrogativas e intervenir militarmente en los países afectados por movimientos de carácter liberal o nacionalista.

Ya en el año 1830 se había producido en Francia una revolución liberal contra el intransigente y absolutista monarca Carlos X, quien fue reemplazado en el mando por Luis Felipe I. Este ocupó el trono después de haber jurado observar una Carta Constitucional.

La Revolución Francesa de 1848
Durante el gobierno de Luis Felipe I, la burguesía dominó todos los aspectos de la política francesa. Aunque el monarca respetó el régimen constitucional imperante y en lo exterior adoptó, una actitud pacifista, no tardó en perder el apoyo popular, al mismo tiempo que crecía la oposición contra su gobierno.

A partir del año 1840, confió la política a su ministro Francisco Guizot, quien logró restablecer la autoridad absoluta del monarca.

El régimen burgués imperante no contentó a la inmensa mayoría de la población constituida por obreros y campesinos, quienes en defensa de sus derechos se volcaron en los partidos demócrata y socialista.

La opinión pública exigía una reforma electoral, a fin de que un mayor número de ciudadanos pudiera ejercer el derecho de sufragio, y una reforma parlamentaria, con el objeto de impedir que los funcionarios públicos fueran a la vez representantes de la nación.

Al comenzar el año 1848, el gobierno de Luis Felipe era muy impopular. Los católicos ingresaron en la oposición disgustados por las medidas dispuestas por Guizot —que era protestante— contra la libertad de enseñanza.

Los liberales organizaron |a campaña de los banquetes, pretexto para que sus dirigentes recorrieran el país participando en comidas populares, donde difundían principios republicanos.

La gira debía finalizar en París el día 22 de febrero con un gran acto público. El gobierno prohibió la reunión, pero los republicanos se amotinaron y pidieron a gritos la renuncia de Guizot; al mismo tiempo comenzaron a levantar barricadas. Luis Felipe destituyó a su ministro, pero el movimiento tomó un carácter antimonárquico y, después de dos días de lucha, los revolucionarios se apoderaron del palacio de las Tullerías. El día 24, Luis Felipe abdicó y se dirigió a Inglaterra con su familia.

Fue designado un gobierno provisional republicano —lo formaban siete diputados izquierdistas— que sólo duró dos meses. En ese lapso convocó al pueblo por medio del sufragio universal para designar representantes a una Asamblea Nacional Constituyente.

Este organismo sesionó un año, en cuyo transcurso elaboró la llamada Constitución de 1848, muy similar a la de los Estados Unidos.

La Constitución comenzaba con una «Declaración de los deberes del ciudadano», adoptaba el sufragio universal y secreto y la separación de poderes:

a) Poder Ejecutivo: representado por un Presidente elegido por voto directo, duraría cuatro años en su mandato y sólo sería reelegible después de transcurrido un lapso Igual.

b) Poder Legislativo: correspondió a una asamblea denominada «cuerpo legislativo», cuyos 750 miembros eran elegidos —de acuerdo con el sufragio universal— por tres años.

c) Poder judicial: integrado por tribunales de justicia y que no sufrió mayores variantes con respecto a su anterior organización.

Repercusión del movimiento
La revolución liberal se extendió al imperio Austro-Húngaro. En mayo de 1848, estalló en Viena una insurrección dirigida por elementos democrráticos, el emperador Fernando I debió abdicar en favor de su sobrino Francisco José I , quien aceptó una Constitución liberal.

Simultáneamente se produjeron otros levantamientos en Bohemia y Hungría.. En Italia un sentimiento nacional de reacción contra el absolutismo del dominio autríaco originó nuevas revoluciones.

En el reino de Nápoles, el monarca Fernando II debió otorgar una Constitución y Carlos Alberto; el rey de Cerdeña, promulgó espontáneamente un Estatuto Constitucional.

A pesar de los triunfos mencionados, la revolución liberal de 1848 fracasó en gran parte, pero sus fundamentos democráticos y constitucionales no tardaron en consolidarse definitivamente.

El ideal que agitó los sucesos europeos mencionados se hizo presente en la Argentina a través del movimiento romántico y muchos de sus principios fueron incorporados a la Constitución de 1853.

Fuente Consultada:HISTORIA 5 Instituciones POlíticas y Sociales desde 1810 de José Cosmelli Ibañez Editoria Troquel

Ver: Poesia Romantica y Poesia Gauchesca en Argentina

Biografía de Juan José Carrera Plan Para Derrotar a O’Higgins

Biografía del Brigadier Juan José Carrera

Nació en Santiago de Chile en 1782, siendo sus progenitores, don Ignacio de la Carrera, prestigioso Brigadier de los Reales Ejércitos; y doña Paula Verdugo Fernández de Valdivieso, perteneciente a una distinguida familia nativa, de noble alcurnia.

Dedicado a la carrera desde sus más tempranos años, Carrera ostentaba las presillas de sargento mayor cuando estalló la revolución emancipadora de su patria, alcanzando la jerarquía de brigadier en la asonada del 15 de noviembre de 1811. Apoyó a su hermano José Miguel en las diversas revueltas en que desquició el orden y arrojó al abismo la obra de los demás patriotas chilenos.

Cuando el 1º  de abril de 1811, el comandante Tomás de Figueroa intentó apoderarse del mando, mediante la revolución que encabezó en Santiago, Juan José Carrera en su calidad de sargento mayor del Regimiento de Granaderos, contribuyó poderosamente al restablecimiento del orden, y por sus merecimientos en esta emergencia, por decreto del 9 de aquel mes y año, la Junta Gubernativa de Chile le otorgó el ascenso a teniente coronel efectivo de caballería de línea y lo condecoró con un escudo con el lemas «Yo salvé la Patria», el que debía ser llevado en el brazo izquierdo.

Acompañó a su hermano, como queda dicho, en los dos levantamientos: en el del 4 de septiembre de 1811, en que se produjo el cambio de la Junta Gubernativa colocando personas que creían eran sus partidarios; y después, en el del 15 de noviembre del mismo año, por medio del cual derrocó a estas personas y se estableció en su lugar tomando la dirección suprema.

A raíz de este movimiento, el 11 de enero de 1812, Juan José Carrera debió salir de Santiago al frente de 300 Granaderos, 20 artilleros, ó piezas y 100 jinetes del Regimiento Miliciano de Melipilla, para reprimir la resistencia al nuevo gobierno presentada por los habitantes de Penco. Posteriormente pasó a formar parte de la Junta de Gobierno, en la que ya figuraba en abril de 1813.

En el curso de este año operó contra los españoles y en noviembre se hallaba en un lugar llamado Ñipe, distante de Chillan como 12 leguas, 4 al Sud de liara, con 600 fusileros, 18 cañones con 80 artilleros. El 9 de diciembre de 1813 un cambio en la situación política, hizo cesar a los hermanos Carrera en los mandos militares que se habían asignado. Acompañó a su hermano José Miguel en la tercera revuelta para alterar el orden, que tuvo lugar en Santiago el 23 de julio de 1814, ya pesar de esta adhesión y cooperación, este último en varios pasajes de su «Diario Militar» rebosa de la malquerencia que sentía por su hermano: «Juan José nunca pudo llevar «con paciencia verse mandado por mí, siendo menor que él.

Le acompañó en la campaña del Sur para contrarrestar la invasión realista conducida por el brigadier Antonio Pareja, campaña que terminó tan desastrosamente en Chillán y de regreso de Mendoza, después que el movimiento del 23 de julio de 1814 llevó al poder a su hermano José Miguel, se incorporó al ejército y asistió con O’Higgins al glorioso sitio y derrota de Rancagua.

Barros Arana, autoridad insospechable dice:

«Contaban los contemporáneos que desde que los patriotas se vieron encerrados en Rancagua, D. Juan José Carrera, que tenía el título de brigadier desde 1811, se acercó a O’Higgins y le dijo «Aunque yo soy general más antiguo, Vd. es el que manda». Esta versión está también consignada en los apuntes de D. Juan Thomas. Si esas palabras no son perfectamente exactas, el hecho sí lo es. D. Juan José Carrera que había perdido todo prestigio militar por su conducta en la campaña de 1813, en que nunca había hecho cosa alguna de provecho, ni se había dejado ver en ningún puesto de peligro, no hizo sentir tampoco su presencia en Rancagua, permaneciendo durante todo el combate dentro de la casa del cura, y sin presentarse una sola vez a los soldados» («Historia General de Chile», tomo IX, página 562).

El desastre de Rancagua lo arrojó como a los demás patriotas, de Chile a Mendoza, de donde pasó a Buenos Aires, pues en aquella Gobernación Intendencia la voluntad inflexible del futuro libertador de Chile no les había sido cómoda. Desde esta ciudad José Miguel pasó a los Estados Unidos, donde le fracasaron sus propósitos de armar buques y reclutar gente, para regresar a Buenos Aires, de donde marcharía a libertar a su país con el apoyo de sus compatriotas emigrados.

El fracaso de estos planes fue debido en parte a la intervención del Director Pueyrredón, que por indicación de San Martín, frustró en la medida de sus posibilidades la realización de aquellos. A su regreso a Buenos Aires, San Martín ya había logrado el triunfo de Chacabuco.

Los tres Carrera entraron en la conjuración encabezada por Agrelo, Pagóla y French, para derrocar a Pueyrredón, la que descubierta, dio con aquellos en prisiones: Juan José, en compañía de su hermano Luis fueron a parar a una cárcel en tierra mientras que José Miguel fue colocado en el bergantín «BELÉN», de donde fugó, yéndose a Montevideo.

Después de un tiempo, los dos primeros fueron puestos en libertad, convencido el Gobierno de que habrían desistido de sus empresas subversivas.

Bien pronto, en vez, idearon un atrevido plan para pasar a Chile, con «el fin de derrocar a O’Higgins del mando y ponerse en su lugar: Juan José y Luis Carrera debían atravesar las provincias argentinas y reunirse con otros partidarios que se irían concentrando desde diversos puntos de la emigración en la Hacienda de San Miguel, en uno de los valles de la Cordillera; donde esperarían a José Miguel, que arribaría a aquel puntos en una fragata norteamericana, con la que partiría desde Montevideo para dar cima a su empresa.

Luis Carrera,  partió de Buenos Aires el 10 de julio de 1817, disfrazado y con el nombre de Leandro Barra, pero tuvo la desgracia, por su falta de tacto, de caer en manos de la justicia de San Luis, que lo trasmitió a la de Mendoza, quedando por completo revelado el plan que iban a desarrollar los tres hermanos. Juan José, que ignoraba lo acontecido, salió a su vez de Buenos Aires el 8 de agosto, bajo el nombre supuesto de Narciso Méndez, disfrazado de peón, como acoro pañante del impresor chileno don Cosme Alvarez.

Hicieron sin novedad el viaje en las primeras etapas, pero al cubrir la travesía de Río IV a San Luis, pasando la posta de «San José», y habiéndose adelantado Alvarez alguna distancia, quedó muerto en el camino un postillón de 16 años que acompañaba a Juan José Carrera, sobre el que recayó las sospecha de un crimen que jamás pudo comprobarse.

En la posta de «La Barranquerita», este último y Alvarez fueron detenidos por un destacamento enviado por el gobernador de San Luis, prevenido desde Mendoza, y a la responsabilidad del crimen en el desierto se sumó el complot subversivo del cual ya tenía el gobierno de Mendoza pleno conocimiento.

En Mendoza los dos hermanos fueron sometidos a juicio, donde desde la cárcel prepaiaron un nuevo complot que tenía por objeto derrocar al gobernador Luzuriaga, reuniendo las milicias y movilizando los chilenos expatriados y prisioneros españoles, para formar una gran fuerza, con la cual pasarían a Chile a imponer respeto a San Martín y O’Higgons. El sargento y la guardia de la cárcel estaban complicados en el movimiento que debía estallar el 25 de febrero de 1818 por la noche, siendo descubierto en la tarde de este mismo día por uno de los complotados que delató la conspiración temeroso del resultado que podría acarrearle.

El fin de estos infortunados hermanos lo aceleró el triunfo de los españoles en Cancha Rayada, pues el Dr. Monteagudo que había atravesado los Andes con la desastrosa noticia de aquella sorpresa, se puso en contacto con Luzuriaga, al que estimuló en toda forma para acelerar la causa de los Carrera, pues al conocer el resultado de Cancha Rayada, se había producido una extraña agitación entre los emigrados chilenos y los prisioneros españoles.

El 7 de abril la causa estaba pronta a ser sentenciada habiendo solicitado el fiscal, comandante Manuel Corvalán, la última pena, no obstante lo cual Luzuriaga quiso escuchar la opinión de tres letrados, los que se expidieron confirmando la pena pedida por el fiscal, el 8 de abril, y la que se cumplimentó el mismo día a las 5 de la tarde en la Plaza Mayor de Mendoza.

En sus últimos instantes, Juan José Carrera se halló completamente abatido y protestando contra la sentencia cruel, a la inversa de su hermano Luis, que tuvo una firmeza singular hasta el extremo de darle ánimo a Juan José.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Biografía de Manuel Alberti Vocal del Primer Gobierno Patrio

Biografía de Manuel Alberti

Nació en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1763, donde cursó sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en 1783. En 1785 se graduó de doctor en cánones, en la ciudad de Córdoba.

Desempeñó el curato de San Fernando de Maldonado, en la Banda Oriental, donde se hallaba en 1806, cuando aquella ciudad fue tomada por los ingleses, quienes desterraron a Alberti, acusado de mantener correspondencia reservada con los jefes españoles del campamento militar situado en «Pan de Azúcar». En consecuencia se trasladó a Montevideo en diciembre de aquel año.

En dicho año, rigiendo el curato de San Nicolás de Bari, en esta Capital, el doctor Julián Joaquín de Gaínza, fue dictado un decreto del Virrey, dividiendo aquella parroquia y erigiendo una nueva en la parte desmembrada, lo que produjo una protesta del citado Gaínza patrocinado por el Dr. Mariano Moreno.

Manuel Alberti A fines de 1808 fue nombrado por el Obispo de Buenos Aires el doctor Alberti para hacerse cargo del nuevo curato de San Benito de Palermo, advocación de San Nicolás de Barí, y nombró un apoderado para que lo efectuase a su nombre y representación; pero fue rechazado el citado Gaínza, que se negó a darle posesión, y protestó del nombramiento de Alberti por considerarse deber ser preferido por derecho en la elección, caso de verificarse.

Al día siguiente, sin perjuicio del derecho de elección que aquel tenía por la erección, dispuso el obispado que se diera la posesión ordenada al apoderado de Alberti, para cuyo acto se comisionó al cura interino, doctor Mariano Medrano.

La primera partida que consta en el archivo de dicho curato parroquial firmada por Alberti, lleva la fecha de 19 de noviembre de 1808.

Desempeñaba este cargo cuando sobrevino la revolución de Mayo, a cuya preparación coadyuvó con incansable actividad con Belgrano, Paso, Rodríguez Peña, Donado, Vieytes, Chiclana, Castelli y otros notables patriotas.

En el congreso general o Cabildo Abierto el 22 de mayo, adhirió su voto al del Dr. Juan N. Sola, por la cesación en el mando del virrey Cisneros, cuya autoridad debía recaer en el Cabildo hasta la erección de la junta gubernativa correspondiente.

Fue uno de los elegidos para formar parte de la Primera Junta, y en su carácter de vocal subscribió todas las importantes medidas que tomó aquella, menos la de pasar por las armas a Liniers y sus compañeros de infortunio, que rehusó enérgicamente.

Se negó a tomar parte en el debate alegando su carácter sacerdotal, y concluido éste, apenas firmada la fatal sentencia, volvió a entrar y seguro de que su opinión no modificaría la medida, declaró que la Junta se apartaba de la justicia, pues que si alguno debía morir por instigador acérrimo de la contrarevolución que se mandaba decapitar era, únicamente, el Obispo Orellana.

Cuando los nueve diputados de las provincias pidieron incorporarse a la Junta «para crear una autoridad sin unidad de pensamiento y con intereses y propósitos divergentes«, Alberti les concedió su voto favorable, aunque declarando que solo accedía por conveniencia política del momento, pues tal pretensión era contra todo derecho y la preveía origen de muchos males. Los resultados confirmaron su modo de pensar.

Este patriota distinguido, que al decir de los historiadores Mitre y Núñez, fue una de las dos primeras víctimas de nuestras disensiones internas, falleció repentinamente en Buenos Aires el 2 de febrero de 1811, sin la satisfacción de ver consumada la grande obra a que asoció perdurablemente su nombre.

El doctor Alberti fue también uno de los redactores de la «Gazeta de Buenos Aires». En 1822 el Gobierno dispuso que una de las calles de esta ciudad perpetuara su nombre.

Historia de la Caricatura Política Argentina El Humor Político Ejemplos

Historia de la Caricatura Política Argentina
Ejemplo de Humor Político

América cuenta con una sólida tradición en el arte de la caricatura, en la que nuestro país se destaca por el valor y el valer de sus publicaciones. Y si bien no siempre pudieron éstas sortear las contingencias de las borrascas políticas, sus hombres persistieron en la acción de fundar, uno tras otro, periódicos, diarios y revistas, como si hubieran pensado con Francés: «Caminantes de ideal somos; de peregrinos de belleza es nuestra misión humana».

A comienzos del siglo XIX, durante la Colonia, la gran aldea se conmovió por la inusitada noticia de que había sido visto un dibujo representando un burro que rebuznaba: «¡Viva el Rey!». Ese diseño se le atribuye al franciscano Francisco de Paula Castañeda, escritor de combativa pluma y hombre de empresa.

Castañeda en 1815 inaugura en el Conventa de la Recolección — actualmente la Recoleta — dos cuartos como academia de dibujo, en donde enseña esa materia un platero de apellido Ibáñez.

Ya en el año 1779 don Manuel Belgrano había fundado la primera Academia de Dibujo, clausurada un año después por la Corte, que no aprobó su creación. Esa escuela funcionó en el local del Consulado de Buenos Aires, donde Belgrano era secretario, y la dirigía el tallista Juan Antonio Gaspar Hernández. Le suceden en el cargo Francisco y José Cañete. Coincidentemente funcionaron otras dos escuelas, atendidas por el italiano Angelo Campone y el español José Salas.

Durante la lucha por la independencia aparecieron un sinnúmero de croquis humorísticos, por los cuales los godos tomaron represalias con otros dibujos de la misma índole; en uno de ellos hacían figurar en primer plano un asno con cabeza de O’Higgins, montado por San Martín y arreando al pueblo chileno, representado por un rebaño de ovejas; en segundo plano, el director Pueyrredón entrega dinero a García de Tagle, quien lo recibe arrodillado  (1819).

Cinco años después —es decir, en 1824— se publicó otra caricatura, en donde el Libertador ostenta corona real y cuerpo de tigre.

Hipólito Bacle, oriundo de Ginebra, llega en 1828 e instala una prensa litográfica, en la que estampa una serie de dibujos que ridiculizan las costumbres ciudadanas de la época mostrando, entre otras, las exageradas proporciones de los peinetones femeninos y sus inconvenientes y molestias. A él le corresponde el haber fundado en Buenos Aires, en el año 1835. el primer periódico ilustrado: el Museo Americano.

Aun cuando en el período de Rosas se siguen publicando litografías con temas costumbristas, no se conoce nada más que una de intención política, y por cierto que muy liviana: el «Restaurador de las Leyes», sobre brioso caballo, enlaza a un toro que representa la invasión anglo-francesa.

Una vez caído el gobierno de Rosas en Caseros, pasan once largos años hasta que aparece El Mosquito, dirigido por Enrique Meyer, de origen francés y excelente dibujante sobre piedra. Al promediar el año 1864 entra a colaborar y luego se asocia Enrique Stein, también francés y de relevantes condiciones y talento. Stein asume la dirección de El Mosquito en 1868 para dejarla en 1893.

En el ínterin ha llegado de España el recio y valiente caricaturista Eduardo Sojo, y con sus convicciones republicanas y sus inmensos deseos de trabajo funda, en 1884, Don Quijote, periódico de gran predicamento en la revolución de 1890. Don Quijote, al decir de algunos comentaristas de entonces, fue uno de los factores decisivos en el levantamiento organizado por la Unión Cívica contra el gobierno de Juárez Celman.

A tal respecto resulta sumamente oportuno transcribir la opinión del gran dibujante y caricaturista Ramón Columba. En su documentado libro Qué es la caricatura expresa: «La experiencia del año 90 debe ser aleccionadora para los argentinos.

En aquella época crítica para la economía del país, los hombres de gobierno cargaron con el sambenito que les imponía el lápiz mordaz de Don Quijote… Vino la revolución y cayeron algunos de ellos sin tener, después, ocasión de rehabilitarse, por lo cual quedaron para siempre marcados como «ladrones públicos». La caricatura causó entonces daños irreparables, y los produce cada vez que estimula con la imagen cáustica el pérfido venticello de la calumnia que invoca El barbero de Sevilla…

Por otra parte, en los fundamentos del decreto municipal N° 3470, del 20 de agosto de 1958, por el que se crea el Museo Municipal de la Caricatura, se establece «que a través de la caricatura se expresa, con humorismo e ironía, el juicio popular de los hechos y de los personajes, cuyo conocimiento es útil para interpretar la significación de las distintas corrientes de opinión en cada momento histórico», destacando «que los artistas que han cultivado este género se han hecho acreedores al respeto y homenaje de la población, no sólo por los méritos generales e intrínsecos de sus trabajos y por la sagacidad de sus interpretaciones, sino también porque su oficio no siempre puede ejercerse con libertad y provecho personal.. .»

Siguiendo con el periódico Don Quijote — que, como hemos visto, era de temer — debemos añadir que él constituyó la escuela de donde salieron los inolvidables maestros de una generación de dibujantes periodísticos difícil de superar. Don Quijote tuvo entre sus colaboradores a dos buenos e ingeniosos dibujantes litógrafos españoles: Manuel Mayol (igualmente conocido por «Heráclito») y José María Cao («Demócrito II»).

Intercalaremos aquí sin atenernos a su exacta ubicación cronológica, por carecerse de los datos precisos de fundación y clausura, el periódico político de tendencia «mitrista» La Presidencia, que si bien alcanzó amplia difusión en aquellos tiempos, no se tenían noticias de él en lo que va del siglo.

El Museo Histórico Nacional posee una cuidada colección de láminas recortadas, correspondientes a los años 1874, 75 y 76. Director de La Presidencia fue el habilísimo litógrafo, cuya firma consiste en un monograma caligráfico formado por las letras C.M., que correspondían a Carlos Monnet. En el número 69, en el frente y al costado del titular, se indica la oficina de avisos del periódico como sita en la calle Rivadavia 111; la venta del mismo se realizaba en las librerías «Medina», de Victoria 264, y «Cañedo», en el 231 de la misma arteria.

En el Museo Mitre es donde se encuentra la que quizá sea única colección casi completa y encuadernada, desde el año 1873 al 1877, en que al declararse el estado de sitio, se lo suprimió.

La extraordinaria calidad de los dibujos de La Presidencia envuelve la combativa crudeza puesta en la intención de la caricatura. Nicolás Avellaneda, Vélez Sársfield y Sarmiento eran centro permanente del ataque, al que no escapaban, por cierto, prelados y algunos personeros partidarios.

Pero si el advenimiento de la litografía constituyó un avance formidable para el desarrollo y la difusión de las ideas en el mundo, su uso periodístico decae ante los adelantos mecánicos introducidos en la impresión por sistemas tipográficos. Un exponente del nuevo progreso que alcanzan las artes gráficas es traído a nuestra capital para la edición de la revista Caras y Caretas, fundada a fines del siglo pasado.

En verdad, Caras y Caretas se había iniciado en Montevideo en 1890, dirigida por un sagaz humorista: Eustaquio Pellicer. Se decide su traslado a esta margen del Plata al desaparecer Don Quijote.

Se lanzan en la empresa el mismo Pellicer, con Manuel Mayol, ex colaborador de Don Quijote, y el argentino José S. Alvarez, que hizo famoso su seudónimo de «Fray Mocho«. José María Cao también integra el elenco inicial, y en 1898 aparecen dibujos suyos en Caras y Caretas y en su propia revista, El Cid Campeador.

Con el grupo de brillantes escritores y poetas ingresan, complementando la nómina del personal de la revista, los dibujantes Aurelio Giménez, nacido en el Uruguay; Cándido Villalobos y Francisco Redondo, españoles, y el exquisito bohemio Mario Zavattaro, de origen italiano. Quizás a Redondo le corresponda el título de ser el autor de la primera historieta cómica hecha y publicada en el país y, a Zavattaro, el de haber interpretado como ninguno a nuestro gaucho.

El descontento lleva a Cao, en 1912, a separarse de Caras y Caretas, circunstancia en que lo hacen varios dibujantes más. Estas deserciones hacen propicia una renovación de valores en esa revista y ofrecen posibilidades a nuevos dibujantes.

Ornan entonces las páginas de Caras y Caretas dibujos y caricaturas en colores de Juan Carlos Alonso, oriundo de El Ferrol (España), y de Julio Málaga Grenet, del Perú. Entre los más jóvenes están Ramón Columba y Juan Carlos Huergo, porteños, y Nicanor Alvarez Díaz, español de Oviedo, a quien todos admiran como «Alejandro Sirio».

Completa este grupo Eduardo Alvarez, encomioso trabajador de singular personalidad; el boliviano Víctor Valdivia y Federico Ribas, que luego de triunfar en nuestro medio, lo hace en España, su país natal; Luis Macaya, del mismo origen, pero de Cataluña, y Ramón Caballé.

Recordemos revistas y diarios como Vida Moderna (1912) y El Diario, de la editorial Láinez, La Nota, Páginas de Columba (1922) y P. B. T., la revista para los niños de seis a ochenta años.

El diario Crítica crea un nuevo estile periodístico, movido y audaz, logrando con ello el favor público al renovar su interés con notas espectaculares sobre los hechos de actualidad. En 1917 colaboraron allí el incansable José María Cao, Pedro de Rojas y el popularísimo Diógenes Taborda, creador de las «Hípicas», dibujos inspirados en la observación de costumbres profundamente populares, que le granjean el cariñoso mote de «Mono Taborda». Juan Zorazábal, malogrado caricaturista paraguayo. Mirabelli, Güida, Guevara, Aracelli y Héctor Rodríguez («Héctor») completan los lápices de ese inquieto diario.

En Noticias — luego Noticias Gráficas —, diario de pequeño formato, se destacaron firmas ponderabfes como la de Alcides Gubellini, humanitario y delicado a la vez que incisivo humorista; Roberto Bernabé, de ágil, amplio y definido hacer; Bravo y Linaje, el de los muñecos tranquilos de sosegado ademán.

Eduardo Muñiz, Roberto Gómez («Roberto»), Ramón Columba, el admirable e íntegro José Antonio Ghinso — el «Tristán» de la simple y valiente línea que hizo inconfundibles las páginas de La Vanguardia — determinaron estilos y jalonaron nuestro movimiento político.

Hemos hecho llegar esta reseña hasta 1938. Lo demás es todavía demasiado reciente como para permitir un análisis objetivo de valores.

Muchas son las publicaciones y más los caricaturistas que, aun sin ser tratados en este estudio, han sido tenidos presentes — Ultima Hora, El Telégrafo, entre las primeras; Pelele, Arancibia, etc., entre los segundos—, pero la limitada cantidad de cuartillas nos exige brevedad.

Dedicaremos, no obstante, un justiciero espacio para reconocer a nuestro cine de «monos» animados el intento de la sátira al caricaturizar la política y sus hombres, intento este debido a la colaboración técnica de Quirino Cristiani, que trabajó desinteresadamente sobre argumentos y bocetos de Taborda en la realización de los films «El apóstol» y «Peludópolis», referidos a Hipólito Yrigoyen. Con Pelele y Columba, de igual manera, hizo en 1922 una película cómica titulada «La vuelta de Marcelo» Hoy no queda ni el recuerdo de tan ponderable esfuerzo.

Con el propósito de finalizar esta reseña, y como sencillo reconocimiento a la labor de la generación de caricaturistas políticos contemporáneos, repetimos, por auspiciosos, los fundamentos de la sentencia debida al juez en lo correccional, doctor Néstor E. Panelo, en la querella caratulada «Bellucci – Directores Revista Avivato»: «El gesto adusto, la susceptibilidad enfermiza y la aversión a la risa son típicos de épocas y mentalidades superadas. La risa no se da ni en los dictadores ni en los esclavos, y a mantenerla debemos contribuir todos con nuestra comprensión y tolerancia».

Acepta luego el citado juez que no constituye «desacato» la caricatura, por cuanto los ciudadanos no pueden renunciar al derecho de criticar al gobierno y a los gobernantes cuando lo consideren conveniente dentro de lo que él establece como «zona de libertad, donde el individuo está protegido por la licitud de su acto» y es dueño, de hecho y por derecho, para expresar su crítica de manera y modo caricaturescos.

Esto constituye en nuestra nación la puerta a la libre y correcta práctica de una profesión en la que se sorprende lo grotesco; lo estúpido, lo ridículo, lo infame, lo absurdo… de las cosas y actos humanos, mostrándolos ya depurados por esa rara intuición de subconsciente sabiduría que regula la labor del dibujante caricaturista y que tiende a señalar valientemente y sin tapujos, los defectos y errores de los hombres.

EJEMPLOS DEL ANTIGUO HUMOR POLITICO ARGENTINO

caricatura politica humor

En esta portada de El Mosquito — periódico satírico fundado en 1862 por Meyer, a quien sucedieron en la dirección Mauvier y más tarde Stein — aparecen Domingo Faustino Sarmiento, entonces presidente de la república, y Dalmacio Vélez Sársfield. El presidente se disponía a viajar a Córdoba para inaugurar la Exposición Internacional que se realizaría allí y se le auguraba un recibimiento poco cordial.

—¡Quedémonos, Excelencia! Dicen los diarios que los cordobeses van a recibirnos con una silbatina y que nos hemos hecho muy impopulares. —¡Qué importa eso! ¿Acaso somos más populares aquí? Hágame el favor de decirme a qué rincón de la república debemos ir para encontrar la popularidad.
El Mosquito, N° 456, 8 de octubre de 1871. Dibujo de Stein.

lia oposición sistemática a todas las iniciativas de Sarmiento, aun a las mejores, alcanzó su más alta expresión en los días postreros de su presidencia, con motivo de la habilitación del Parque 3 de Febrero. Sarmiento quería convertir el tétrico lugar, que había sido residencia de Rosas, en un Bois de Boulogne o un Hyde Park, pero sus adversarios apelaron a todos los recursos para malograr sus planes. Para que la ley pudiera aprobarse en el Senado, por 12 votos a 11, fue necesaria la incorporación de Avellaneda.

El senador Quintana impugnó la iniciativa por inconstitucional. El senador Rawson denunció, con su autoridad de higienista, que la zona era insalubre. El tiempo se encargaría de demostrar que, por sobre la opinión del reputado especialista, la clarividencia del gran gobernante le hacía estar, una vez más, del lado de la razón. Triunfante el proyecto, Sarmiento en persona, como un capataz, dirigió las obras, que fueron inauguradas el 11 de noviembre de 1875.

LOS TRABAJOS DEL PARQUE 3 DE FEBRERO.
Sarmiento: — ¡Malditos mitristas!… No me dejan tranquilos ni en este refugio. ¡Por todas partes brotan de tierra para molestarme! La Presidencia, 23 de agosto de 1874. Dibujo de
Carlos Monnet.

Después del levantamiento militar de 1874 se implantó el estado de sitio. En esta caricatura aparecen, en los extremos de la barra que tiene la inscripción estado de sitio, las cabezas del presidente Nicolás Avellaneda y de su ministro de guerra y hombre fuerte del momento, Adolfo Alsina. La prensa, bajo la presión del estado de sitio, no puede actuar con libertad.
Una presión más larga podría indicar más bien debilidad que fuerza.
La Presidencia, 28 de abril de 1875. Dibujo de
Carlos Monnet.

caricatura de sarmiento

Sarmiento siempre se enorgulleció de su situación militar y de sus grados, y la oposición se sirvió de ello para zaherirlo. En esta litografía se lo representa en el arisco caballo de la gramática en trance de perder las riendas, los estribos y su descomunal bicornio. La alusión a la gramática era una burla a la personal grafía que Sarmiento, desde los días de su famosa polémica con Andrés Bello, usaba y aconsejaba. La fecha de publicación de la caricatura, 24 y 25 de mayo, demuestra la intención de promover las burlas populares contra el gran luchador apenas apareciera en los actos patrióticos vestido de militar. Sin embargo, Sarmiento fue un oficial, un jefe auténtico, como lo ha documentado el coronel Augusto G. Rodríguez en su libro Sarmiento militar.
Su generalato le fue otorgado en 1877. Aunque había sido propuesto por el presidente Avellaneda en los primeros días de su gobierno, rencores partidarios, dice Ricardo Rojas en el Profeta de la Pampa, demoraron largo tiempo el acuerdo. En la misma obra se narra una anécdota que cabe recordar. En abril de 1880 buena parte de la juventud porteña, entonces sumamente agitada por pasiones políticas, se prometió un espectáculo hilarante cuando anunciaron que el «General Sarmiento» entregaría la bandera al Regimiento 11 de línea, nada menos que en la Plaza de Mayo. Lo esperaron frente a la Catedral, para verlo venir con su disfraz, ni más ni menos que si se tratara del mismísimo Don Quijote de la Mancha vestido de todos sus arreos cuando al entrar en Barcelona la plebe se mofó de él en las calles. (…) Cuando los alegres espectadores viéronlo aparecer por la esquina de San Martín y Rivadavia quedaron sorprendidos porque «el General» venía vestido de sobrio uniforme y con porte de tal autoridad que no se atrevieron a sacar de sus bolsillos los pitos que habían llevado para una canallesca silbatina. Aristóbulo del Valle, que allí estaba, y otros simpatizantes del patricio prorrumpieron en aplausos, dejando así frustrada la mojiganga de los mozalbetes.

El 26 de julio de 1890 estalló el movimiento cívico militar que se conoce como «la revolución del 90». Era su jefe político Leandro N. Alem, dirigente de la Unión Cívica, constituida poco antes en una reunión en el Frontón Buenos Aires, y al que acompañaban hombres como Aristóbulo Del Valle. Los rebeldes, que habían instalado su cuartel general en el Parque de Artillería, debieron capitular después de tres días de lucha y diversas gestiones tendientes a lograr una fórmula de arreglo. Aunque militarmente vencidos, su acción provocó la caída del presidente Juárez Celman, cuya situación en el gobierno era ya insostenible. En este dibujo, con el que Don Quijote tributa un homenaje a la revolución, se ve al presidente renunciante, que huye lloroso con su favorito y candidato a sucederlo en la cabeza — el mono Cárcano — y grandes bolsas de dinero bajo cada brazo. A sus pies yace el general Lucio V. Mansilla, presidente de la Cámara de Diputados y fervoroso sostenedor  de  Juárez.

Roca y Mitre tratan de disuadir al doctor Roque Sáenz Peña de que presente su candidatura a presidente de la república. Las palabras que aquí se ponen en boca de Mitre habrían sido pronunciadas realmente por el general, y se dice -que le costaron no pocas burlas. Esa actitud ambigua que se le imputaba, así como también la de Roca, se satiriza haciéndole comer el plato Presidencia con la cuchara La Nación, al mismo tiempo que pronuncia su desdeñosa frase.
Don Bartolo — Hoy no pueden disputar la presidencia sino los pillos; los patriotas harían un sacrificio en aceptarla. El Mosquito, N? 1513, 7 de enero de 1892. Dibujo de Stein.

HUMOR REVISTA EL MOSQUITO

Los planes de Roca, Pellegrini y Mitre han tenido éxito. Anulada la candidatura de Roque Sáenz Peña, quedó expedito el camino del triunfo para la fórmula del acuerdo. Luis Sáenz Peña es presidente electo y se acerca la fecha de la asunción del mando, el 12 de octubre. Pero, como aun para quienes lo llevaron a la primera magistratura, la futura conducta del doctor Sáenz Peña es hasta cierto punto un enigma, esto los preocupa y los hace aguardar con impaciencia. El clavo que los herreros Roca y Mitre se disponen a martillar es Sáenz Peña; les sirve como yunque un acordeón que simboliza el acuerdo.
Ya se acerca el momento en que veamos qué clase de fierro es este clavo.
El Mosquito, 2 de octubre de 1892. Dibujo de
Stein.

RVISTA HUMOR EL MOSQUITO

El radicalismo, que acusaba al gobierno de Luis Sáenz Peña de haber sido elegido con fraude en las elecciones de 1892, consideraba una vez más la posibilidad revolucionaria. En esta caricatura, inspirada en tal situación, se ve a Roca —eminencia gris y celoso custodio del gobierno — alejándose del edificio en cuya fachada hay una inscripción que dice: Gobierno Nacional; por la ventana se ve al presidente Luis Sáenz Peña leyendo. El otro personaje es Alem, representado en actitud amenazante, símbolo del radicalismo a punto de sublevarse. En el umbral del edificio hay una bomba, en la que se lee una sola palabra: Insurrección. Se alude, sin duda, a un circunstancial alejamiento del General Roca, que facilitaba la acción insurreccional.

Cuando el gato se va los ratones tienen baile.
El Mosquito, 20 de noviembre de 1892. Dibujo de Stein.

REVISTA P.B.T. HUMOR

Los vencedores en la primera elección realizada con la Ley Sáenz Peña. De izquierda a derecha, en la fila de arriba, están: Luis J. Kocca (con cartera y gorra de guarda, porque era presidente de una compañía de tranvías) ; Fernando Saguier; Marcelo T. de Alvear (con ropa de entreeasa, con lo que se alude a su condición de rentista, ya que era un hombre sin ocupación; trabajó recién cuando se lo eligió presidente de la república) ; José Luis Cantilo (papel y pluma en mano, atributos del historiador y escritor) ; Ernesto H. Celesia; Luis M. Drago; Vicente C. Gallo; Estanislao S. Zeballos (impecable dandy) y Alfredo L. Palacios (con mandil y maza de herrero, propios de un representante obrero). En la fila de abajo están: Juan B. Justo; Delfor del Valle (blandiendo su instrumento profesional, el martillo de martiliero público) ; José Camilo Crotto (radical del Parque; ostenta boina blanca y gran escarapela) y Antonio Arraga (famoso médico de niños).
LOS VENCEDORES.
Fray Mocho, 10 de mayo de 1912. Dibujo de José M. Cao.

caricatura de hipolito irigoyen

Esta caricatura de Hipólito Yrigoyen data de 1922. Viste la chaquetilla de Rosas porque se lo acusaba de resolver personal y autoritariamente los asuntos de gobierno. Otro aspecto de la personalidad del caudillo radical fue motivo de una caricatura que alcanzó gran popularidad ; en ella se lo representaba con una vela en la cabeza con el título de El iluminado.
Crítica,  1922.  Dibujo de Diógenes Taborda.

Fuente Consultada:
La Caricatura Política Argentina-Antología-
Editorial Universitaria de Buenos Aires

Coronación de Francisco de Paula en Buenos Aires Un Español

PROYECTO DE CORONAR A UN ESPAÑOL EN LAS PROVINCIAS UNIDAS

Ante las intenciones del gobierno español, referentes al envío de una expedición armada a las Provincias Unidas del Río de la Plata, y con el  propósito fundamental de «asegurar cuanto antes la independencia de América», el Director Posadas confia una misión diplomática a Manuel Belgrano y a Bernardino Rivadavia, con el proyecto de proponer al monarca español el establecimiento de una monarquía, representada por un príncipe de la familia reinante, para que gobernase el Río de la Plata «bajo las formas constitucionales que estableciesen las provincias».

El 28 de diciembre de 1814, Belgrano y Rivadavia salieron de Buenos Aires a bordo de una fragata con destino a Río de Janeiro, donde arribaron a mediados de enero de 1815. Luego de una entrevista con el embajador inglés Lord Strangford, quien toma cierta distancia en este asunto internacional, los comisionados siguen rumbo a Europa.

manuel belgrano

Manuel Belgrano, abogado

Rivadavia

Bernardino Rivadavia

Este sometimiento se aceptaba a cambio de una total autonomía en materia administrativa, pues los cargos quedarían «en manos de los americanos». La adopción de la monarquía constitucional sólo sería una concesión transitoria para obtener una paz ventajosa o ganar tiempo, si todo procedimiento de arreglo fracasara.

Rivadavia y Belgrano llegaron el 7 de mayo de 1815 al puerto de Falmouth y de allí pasaron a Londres, donde se pusieron al habla con Manuel da Serretas, quien se encontraba en la capital de Gran Bretaña desde mediados del año anterior.

La llegada de los comisionados a Londres se produjo en circunstancias difíciles, pues Napoleón había abandonado su forzoso destierro en la Isla de Elba y el 20 de marzo penetraba triunfalmente en París, lo que originó nuevas luchas europeas.

No tuvieron Rivadavia y Belgrano buen éxito en sus gestiones ante el gobierno de Londres y aceptaron un plan propuesto por Sarratea. Este había iniciado negociaciones con el ex rey de España Carlos IV —a la sazón exiliado en Roma— para crear en el Río de la Plata un reino constitucional que sería gobernado por el Infante Francisco de Paula, hijo menor del citado monarca. Intermediario en las conversaciones sería el conde de Cabarrús, aventurero francés con quien Sarratea había trabado amistad en Londres. El plan contaba con el apoyo de Napoleón en favor de Carlos IV.

Aceptaron Rivadavia y Belgrano el plan de buena fe, pues dadas las circunstancias porque atravesaba Europa era prácticamente imposible pretender que los países de ese continente reconocieran la independencia del Río de la Plata bajo el sistema republicano. Sólo sería bien aceptada una monarquía independiente basada en el  principio de la legitimidad.

A fines de julio, Cabarrús salió de Londres con instrucciones y documentos, entre éstos un proyecto de constitución —redactado por Belgrano— para aplicarlo en el futuro «Reino Unido de la Plata, Perú y Chile». Cuando llegó a Italia ya se había producido la caída definitiva de Napoleón en Waterloo, lo que motivó el fracaso del plan. Carlos IV se negó a continuar las negociaciones, pues «su conciencia le mandaba no hacer nada que no fuera favorable al rey de España».

Enterado Sarratea propuso en última instancia raptar al Infante y trasladarlo secretamente hasta el Río de la Plata, pero Rivadavia y Belgrano se opusieron terminantemente. Así concluyó este proyecto por establecer una monarquía en América. Belgrano regresó a Buenos Aires en noviembre de 1815, y Rivadavia quedó en Europa para intentar una negociación ante la Corte española.

Gestiones de Rivadavia en Madrid
A poco de alejarse Belgrano, Rivadavia dejó Inglaterra y marchó hacia París, ciudad a la que arribó a fines de noviembre de 1815. Debido a los cambios políticos ocurridos en Buenos Aires —Posadas ya había renunciado— sus poderes como comisionado no tenían respaldo legal, situación que provocó distanciamiento con Sarratea, quien argumentaba la validez de su acción diplomática.

En París, Rivadavia se entrevistó con Manuel Gandasegui, Director de la Compañía de Filipinas, quien —por encargo del gobierno español— le facilitó un documento con el cual podía dirigirse a Madrid sin temer por la seguridad de su persona.

El 21 de mayo de 1816, Rivadavia consiguió una entrevista con Pedro de Cevallos, ministro de Estado del gobierno español;1 aunque la conversación se desarrolló en términos cordiales, el segundo solicitó al diplomático porteño que presentara por escrito sus peticiones. Así lo hizo Rivadavia el día 28, aunque a partir de ese momento su situación se tornó comprometida poique corsarios procedentes de Buenos Aires habían apresado embarcaciones españolas cerca de Cádiz y, además, naves también argentinas —a las órdenes de Brown— bloquearon el puerto del Callao.

El ministro Cevallos resolvió terminar con las negociaciones .el 21 de junio, argumentando sus dudas con respecto a los poderes que exhibía el comisionado y su carencia de instrucciones precisas. Le ordenó que se retirara de España «porque el decoro del Rey no permite que por más tiempo se prolongue la permanencia de usted en la península».

Rivadavia partió nuevamente rumbo hacia París el 15 de julio. Al mes siguiente recibió un despacho del gobierno de Buenos Aires —a cuyo frente se encontraba Pueyrredón—, por el cual era nombrado Diputado de las Provincias Unidas ante las Cortes europeas.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina de la Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez – Troquel –

Ver: Misiones Diplomáticas en Europa

11 de Septiembre de 1852 Causas de la Revolución Porteña

 Causas de la Revolución Porteña De Septiembre de 1852

En la madrugada del 11 de setiembre de 1852 se produjo un estallido revolucionario en la ciudad de Buenos Aires, cuyo objetivo era el restablecer el predominio político y económico de la provincia de Buenos Aires sobre el resto del país, luego de la Batalla de Caseros, donde Urquiza toma el control político del país y quiso imponer un nuevo gobierno para restablecer la paz y el orden, pero que no fue aceptado por los localistas porteños,  dirigidos por  Alsina.

General Urquiza

ANTECEDENTES Y CAUSAS: Desde el momento en que Urquiza hizo su entrada triunfal en Buenos Aires, los porteños observaron con desconfianza la línea política a seguir por el vencedor de Caseros.

Los unitarios expatriados habían regresado ai país con ánimo de imponer sus teorías de gobierno y guardaban rencor a Urquiza, quien había servido a las órdenes de Rosas. Tampoco apoyaban al vencedor los federales porteños, quienes lo acusaban de traidor a la causa.

De tal manera, la política de fusión que pretendía aplicar Urquiza para restablecer la paz y la confianza, no tardaría en fracasar.

La divisa punzó era un distintivo político y no un símbolo patriótico, sin embargo el general entrerriano —de acuerdo con sus ideas federales— decretó nuevamente su uso, pero el ministro Valentín Alsina lo declaró optativo. Entonces el primero publicó una violenta proclama contra sus opositores, en la que acusaba a «los salvajes unitarios», de reclamar «la herencia de una revolución que no les pertenece».

valentin alsina revolucion 1852

Valentín Alsina

Guiados por su espíritu localista, los porteños censuraron las atribuciones concedidas a Urquiza por el Protocolo de Palermo y más tarde, la ruptura fue definitiva cuando proclamó gobernador a López contra la candidatura de Alsina. El descontento aumentó al trascender las cláusulas del Acuerdo de San Nicolás que quitaban a Buenos Aires privilegios económicos, políticos y militares, heredados a través de los años.

En resumen, se decía que Urquiza sólo había reemplazado a Rosas para gobernar amparado por una Constitución sin tener en cuenta las exigencias de la oposición unitaria, minoría culta que bregaba nuevamente por imponer sus principios-en todo el país.

Los debates en la Legislatura
La Legislatura de Buenos Aires autorizó al gobernador López y Planes a concurrir a San Nicolás, pero no le dio atribuciones para que firmara por su cuenta ningún acuerdo. No había regresado el último cuando se conoció en Buenos Aires el texto del documento —publicado por el diario oficialista «El Progreso«— lo que provocó gran excitación. Los opositores juzgaban que López era un simple instrumento de Urquiza y que el acuerdo lesionaba intereses fundamentales para la provincia más importante del país, entre ellos, la igualdad de representación ante el futuro Congreso.

López reasumió el mando el 14 de junio y al día siguiente envió a la Legislatura un proyecto de ley, por el cual entraba en vigencia en todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires el Acuerdo de San Nicolás. Los debates a que dio origen la aprobación o el rechazo del pedido se conocen en nuestra historia con el nombre de «jornadas de junio».

El descontento fue atizado por la prensa opositora, representada por dos .grandes periódicos: «Los Debates» de Bartolomé Mitre y «El Nacional» de Vélez Sársfield.

Debido a estos sucesos, el gobernador López y Planes elevó la renuncia a la Legislatura el 23 de junio. Aceptada de inmediato, la Cámara nombró en su reemplazo a Guillermo Pinto, pero Urquiza —en uso de las facultades que le había otorgado el acuerdo— por medio de un golpe de Estado, declaró disuelta la Legislación de Buenos Aires y expulsó a los principales opositores.

El anciano López y Planes fue repuesto en el cargo de gobernador pero no tardó en renunciar, entonces Urquiza quedó por breve tiempo al frente de la provincia de Buenos Aires.

Revolución del 11 de setiembre
Mientras la República había quedado nuevamente dividida en dos facciones antagónicas, se efectuaban en todo el territorio las elecciones de diputados para el Congreso constituyente a reunirse en Santa Fe.

Urquiza, el Director Provisorio, tenía que marchar hacia aquella provincia y entonces delegó el mando de Buenos Aires en su ministro de Guerra, general José Miguel Galán. El 8 de setiembre se embarcó en dirección a Santa Fe, acompañado de numeroso séquito.

Alejado Urquiza, los opositores juzgaron llegado el momento oportuno para provocar el estallido de una revolución, cuyo objeto era restablecer el predominio político y económico de la provincia de Buenos Aires sobre el resto del país. El jefe civil del movimiento fue Valentín Alsina, quien contó con la adhesión de los generales José María Piran —designado jefe militar— y Juan Madariaga.

En la madrugada del 11 de setiembre de 1852 se produjo el estallido revolucionario y el general Galán —gobernador delegado— nada pudo hacer para impedirlo. La Legislatura volvió a reunirse y su presidente el general Guillermo Pinto fue elegido gobernador interino de la provincia de Buenos Aires.

Enterado de los sucesos, Urquiza decidió en principio sofocar el levantamiento por medio de las armas, pero luego juzgo prudente negociar.

La Legislatura de Buenos Aires retiró los diputados ante el Congreso de Santa Fe y no reconoció a Urquiza en el mando de las relaciones exteriores.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 José Cosmelli Ibañez
Instituciones Políticas y Sociales desde 1810
Editorial TROQUEL

Resumen Biografia de Sucre Antonio José Independencia Americana Líder

Resumen Biografía de Sucre Antonio José
Independencia Americana

General venezolano que fue una de las figuras más relevantes de la independencia americana; siendo aún muy joven, se unió a la insurrección contra el dominio colonial español en Venezuela que dirigía Miranda (ver abajo), aprovechando la indefensión de la metrópoli bajo la ocupación francesa (1811-12). Tras la derrota de Miranda alternó el exilio en las Antillas con campañas militares en Venezuela, Colombia y Guayana (1813-17).

Antonio José de Sucre fue uno de los más esclarecidos y destacados de los libertadores de América. Había nacido en Cumaná en 1795 y, con apenas 15 años, se sumó a los ejércitos patriotas que empezaban a luchar contra la dominación española.

Sucre tenía formación militar y provenía de una familia de militares; así que le resultó muy útil primero al general Francisco de Miranda, para quien combatió, y luego al propio Simón Bolívar.

Para 1821, Sucre era ya un militar consumado que había probado su valor y pericia en varias batallas.

Con el grado de Jefe del Ejército del Sur de Colombia, dirigió el triunfo en Pichincha en 1822, el cual determinó la incorporación de Quito y Guayaquil a la Gran Colombia.

Al año siguiente organizó con Bolívar a las tropas que tenían por mandato finalizar el proceso independentista de Perú –que había iniciado San Martín– y del Alto Perú, donde todavía había resistencia de parte de los realistas.

Combatió en Junín en 1824, y luego Bolívar le entregó el mando. Así le tocó ser el jefe militar de la última batalla de la independencia americana: Ayacucho.

Al frente de 7.000 soldados, pudo derrotar a los 10.000 que comandaba el general José de Canterac.

En 1825 proclamó la Independencia del Alto Perú, que en honor a Bolívar fue llamada Bolivia.

Como capital, fue designada Sucre, en honor de su libertador, quien además fue nombrado su primer presidente.

Gobernó hasta 1828, cuando una sublevación lo decidió a renunciar. Volvió a luchar en Colombia, hasta que fue muerto en 1830 en una emboscada.

Resumen: A los 15 años intervino en varias campañas al lado del general Miranda y, después del desastre de La Guaira, se refugió en su pueblo natal. Sirvió en el Estado Mayor desde 1814 hasta 1817. Fue ascendido a general en 1818 y comisionado por Bolívar para proveer, en las Antillas, armas y municiones al ejército. Lugarteniente de Bolívar en Colombia, participó en la toma de Nueva Granada.

Luchó contra los españoles en La Plata (1820), en Guayaquil (1821) y en Pichincha (1822). Fue héroe y vencedor en las batallas de Junín y Ayacucho (1824), victorias que determinaron la independencia completa de América del Sur. Nombrado gran mariscal de Ayacucho y generalísimo por la junta peruana. Los bolivianos lo eligieron presidente de la república en 1826, dimitió en 1828 y se exilió en Ecuador.

En 1829 participó en la guerra de Colombia contra Perú, que culminó en la paz de Piura. En 1830 fue nombrado presidente del Congreso para mantener unida la Gran Colombia. Cuando Ecuador acordó su independencia,  se dirigió a Quito, pero fue asesinado en las  montañas de Berruecos, cerca de Pasto, cuando perseguía a los surrectos del sur, comandados por el general Ovando.

Antonio Sucre

Caudillo de la independencia hispanoamericana
(Cumaná, Venezuela, 1795 – Berruecos, Pasto, Colombia, 1830).

En 1818 formó parte de la plana mayor del ejército de Bolívar y fue uno de sus hombres de confianza. Estuvo en las acciones de Guayaquil, Pichincha, Junín y Ayacucho, que constituyen episodios decisivos en el camino hacia la independencia de Ecuador, Perú y Bolivia.

Con Bolívar, compartían un mismo pensamiento liberal y democrático, así como la idea de mantener unida la Gran Colombia creada en 1819 (sobre los territorios actuales de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador).

Obtuvo algunas de las victorias militares sobre los realistas, que determinaron la independencia de las antiguas colonias españolas en Sudamérica: ganó la batalla de Pichincha (1822), que liberó de los españoles el territorio de Quito (actual Ecuador); y secundó las batallas de Junín (1824) y, sobre todo, Ayacucho (1824), que acabaron con el poder virreinal en el último bastión controlado por España, que era el Perú.

Una vez lograda la victoria definitiva, fue designado presidente vitalicio de Bolivia, cargo que desempeñó durante dos años, dando pruebas no sólo de sus cualidades de estadista, sino también de su patriotismo y desinterés.

Luego intervino en los conflictos que enfrentaron a Perú y Colombia, tomando partido a favor de ésta última. Rechazó la invasión peruana y, resuelto el problema satisfactoriamente, marchó a Quito; durante el camino fue asesinado en la montaña de Berruecos. Tenía entonces treinta y cinco años y con su muerte perdió América uno de sus más grandes soldados.

FRANCISCO MIRANDA

Francisco Miranda

Miranda, Francisco
(1756-1816)

Nació en Caracas (Venezuela) el 9 de junio de 1756; se inició como soldado en las filas del ejército español y viajó a Estados Unidos cuando España y Francia apoyaron la independencia de las colonias inglesas en aquella región de América. A partir de entonces comenzó a acariciar el proyecto de luchar por la independencia de su patria.

De Estados Unidos pasó a Cuba y posteriormente se trasladó a Europa dispuesto a acrecentar sus conocimientos y adquirir las bases teóricas de la gran empresa que planeaba. Catalina IIa, emperatriz de Rusia, le ofreció ayuda y lo mismo hizo el Ministro Pitt de Inglaterra. En  1799 tuvo activa participación en los sucesos de la Revolución  Francensa y en 1806 volvió a Estados Unidos donde organizó un pequeño ejército para iniciar su gesta libertadora.

Pero pronto de  dio cuenta de que además de las armas necesitaba el   apoyo   popular   para   llevarla   a   caboi Simón Bolívar se convirtió en su aliado y gracias a su ayuda pudo lograr el  triunfo de la revolución de Nueva Granada (Venezuela).

En Caracas creó la Sociedad Patrio tica que agrupó a los principales teóricos de la Revolución; nombrado generalísimo de  las   fuerzas de mar y   (ierra  en   1812, fue derrotado sin embargo por sus opositores,    quienes   lograron    finalmente   que fuera enviado a Cádiz, donde  lo encerra ron en una sórdida prisión. Alli murió cargado de cadenas el 14 de julio de  1816.

Fuente Consultada: Diccionario Juvenil de Historia Universal

La Guerra Gaucha Los Gauchos de Martin de Guemes en Jujuy

La Guerra Gaucha
Los Gauchos de Martín de Guemes en Jujuy

LA GUERRA GAUCHA: Durante nueve años, entre 1812 y 181, la caballería gaucha, vence sucesivamente, en una desgastadora guerra, ocho invasiones llevadas a cabo por las tropas realistas, procedentes del Alto Perú y el Perú. Aquellos singulares jinetes, sin otras armas que tacuaras con un cuchillo en la punta a manera de lanzas, machetes, boleadoras, lazos y alguna que otra tercerola, montados en ágiles y pequeños caballos serranos, acostumbrados a moverse entre montes de vinales, quebradas pedregosas o sendas impracticables, se organizaron en partidas regulares aprovechando el exhaustivo conocimiento del terreno y atacaron, tanto de día como de noche, a las columnas enemigas.

guerra gaucha

“He jurado defender la independencia de América y sellarla con mi sangre. Estamos dispuestos a morir primero que sufrir por segunda vez una dominación odiosa, tiránica y execrable”

Con estas palabras, Martín Güemes pone de manifiesto su voluntad libertadora como continuador del espíritu revolucionario surgido el 25 de Mayo de 1810, cuando el pueblo salió a la calle a exigir un gobierno criollo contra el enemigo colonialista que nos azotó siempre, llevándose nuestras riquezas.

¿Qué fue la resistencia sino una colosal batalla con centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? Diez veces entraron los realistas a Salta y Jujuy; diez veces fueron expulsados. A cada nueva invasión, los partidarios de la resistencia crecían.

Güemes tuvo por aliado al pueblo, a la peonada, a todos los hombres, mujeres y niños que querían una patria libre y colaboraron dando todo lo que poseían, peleando codo a codo con piedras, hondas y armas robadas, alzados contra el invasor.

Un domingo llega la avanzada realista al pueblito de Chicoana, y después de la misa un gaucho dice:

-Tendríamos que alzarnos contra esta canallada! con qué armas? – le observan.

– Con las que les quitemos, pues!

Y estalla entonces la asonada; el vecino Luis Burda es su jefe; y así desarman y corren a la guardia realista. En otro lugar, por los Cerillos, el estanciero Pedro Zabala sale a pelear, seguido de sus peones que llevan chuzos de cuchillos atados con tientos en palos del monte.

Martin de guemesEn Sauce Redondo el Capitán Saravia con sólo 30 paisanos armados de garrotes y fusiles, ayudados del inerme paisanaje, atropellan por sobre un fuego vivo, asaltando y venciendo al enemigo que advierte que los hombres que los han atacado desean ser libres de corazón.

“A este pueblo no lo conquistaremos jamás exclamó el General Valdés del Ejército español, cuando al acercarse a un rancho pobre, ve que un changuito de tan solo cuatro años monta en pelo a un caballo y corre al monte para prevenir de la invasión a las montoneras del Comandante Martín Miguel de Güemes.

Sobresale el ejemplo de nuestra Juana Azurduy, que luego del desastre de Ayohuma, decide incorporarse definitivamente a las milicias de la liberación.

Participando en numerosas batallas junto a su marido Manuel Padilla, y otras como capitana de su propia columna de un puñado de gauchos, con los cuales logró defender Chuquisaca y constituirla en territorio liberado del imperio.

Petrona Arias, vestida de hombre, cabalgaba de chasqui por las quebradas. Loreto Sánchez, disfrazada de panadera, entraba a espiar a los cuarteles; y a Juana Moro los realistas la emparedaron en su casa por sospechosa de espionaje.

Y, esa valiente, “la regalada”, que salió de su rancho totalmente desnuda y fingiéndose loca, para distraer y atajar a una partida de invasores, mientras los patriotas preparaban la emboscada.

Hombres de Don Martín Miguel hoy desocupados. Mujeres que reciben de pago hambre y miseria de quienes jamás dieron nada, de los que nunca supieron del valor y del sacrificio. Niños… desnutridos y analfabetos. Triste laurel de vergüenza pata el triunfo de este pueblo que no sabe de cobardías ni entregas. Todavía hoy sigue impaga la deuda, todavía hoy dura la agonía hecha piedra de todo el pueblo norteño.

Por eso es que debemos rescatar al héroe gaucho de las manos de los que los mataron, debemos rescatarlo como bandera de un pueblo que en cualquier momento repite la historia. Porque la Guerra Gaucha sigue viva en las quebradas. Viva en los trabajadores que entre cerros y soledades repite hazañas y sacrificios, viva en las sombras que callan muertes en selvas y hondonadas. Viva en cada hombre, mujer y niño de esta tierra que no se resigna al hambre y la dominación; en cada humilde que trabaja y que sueña con una Argentina para todos.

El general español Andrés García Camba, entonces comandante del escuadrón de Dragones del Perú, los define con exactitud: «Los gauchos eran hombres de campo, bien montados, todos de machete y rifle, de los que se servían alternativamente, sobre sus caballos, con sorprendente habilidad, acercándose a las tropas
con tal confianza, soltura y sangre fría que admiraban los militares europeos que por primera vez observaban a esos hombres extraordinarios a caballo, cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresa tuvieron repetidas ocasiones de comprobar».

La Muerte de Martín de Güemes:

La muerte ¿el Héroe Gaucho Don Martín Miguel fue planificada por el General Olañeta, jefe del Ejército Realista del Alto Perú y ejecutada por el Teniente coronel José Maria Valdéz, alias el Barbarucho. Pero no debemos olvidar las incidencias que tuvieron las sublevaciones, resistencias, desobediencias y traiciones ¿e los enemigos internos.

En aquella época la sociedad salto-jujeña estaba dividida entre los partidarios de Güemes (Patria Vieja) y sus opositores (Patria Nueva), planteándose una lucha de clases, Tal vez Güemes era odiado por señores como él, pero que se sentían españoles y otros muchos, con la independencia verían en riesgo sus intereses económicos. Además, el material de la guerra era el soldado, y el soldado salía del gaucho, y el gaucho salía del peón. Cada soldado que ganaba el Ejército de la Independencia era un peón que perdía el señor feudal y el gaucho prefería la condición social del soldado a la servidumbre rural a la que estaba sometido.

Algunas de las reformas sociales durante la Guerra Gaucha fueron: la creación ¿el Fuero Gaucho, que otorgaba los mismos privilegios, prerrogativas y derechos que tenía el fuero militar; la excepción del pago de deudas mientras estaban en servicio a la Patria, ya que no tenían sueldo ni recompensa alguna en el Ejercito Guerrillero (hasta peleaban desnudos); la liberación del pago de arriendo: la liberación de la servidumbre y ¿e la explotación del peón rural; la protección a los mulatos que ejercían los oficios de albañiles, pintores, zapateros talabarteros y otros, que hieren los que formaban el batallón de los llamados “Cívicos’. No obstante que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud aún existían esclavos en la región, a los que Güemes les otorgó la libertad.

Era tanto su calor humano, que llegaron a darte el nombre de Padre de los pobres. En una de sus arengas decíales: “Esos que veis de frac, son vuestros enemigos, por consiguiente mis enemigos Mientras os conservéis unidos, os asegure que vivirán garantidos vuestros derechos y nuestra libertad, a despecho de esos miserables oye nos odian: a mi, porque les tomo cuatro reales para defender su propia libertad, luchando y dando la vida por Libre Patria; y a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados ni esclavizados por ellos. Todos somos libres y todos tenemos iguales derechos, porque todos somos hijos de la misma patria que hemos arrancado de la servidumbre, quebrando con nuestros esfuerzos el yugo español. Ha llegado el momento en que seáis hombres libres y de que caigan para siempre vuestros opresores.

Esta exaltación y defensa de los gauchos y la imposición forzada de contribuciones, crearen el enemigo interno. Los poderosos se resentían y se sentían ofendidos porque tenían que desembolsar sus fortunas para e. sostenimiento ¿e la guerra. Por ello odiaban y combatían a Güemes, tildándolo de “tirano, feroz, abominable” otros epítetos. Pero Güemes no adoptó la violencia del azote, la tortura, el degüello la horca o el fusilamiento como lo hacía Artigas, Quiroga, López, Aldao, Ibarra, Lavalle, Lamadrid, Urquiza, Rosas y las dictaduras que bañaren de sangre el país. No, Güemes no hizo matar a ningún opositor. Se había limitado a aplicar penas pecuniarias, o cuando más la prisión, la expulsión o la deportación, predominando las multas que contribuían al sostenimiento de la India por la Independencia.

A solamente 13 días de la muerte del Prócer sus opositores designan como Gobernador a Don José Antonio Fernández Cornejo, y firman un armisticio con Olañeta para suspender las hostilidades Armisticio considerado indigno por San Martín en una carta a O’Higgins, en el que se acuerda la disolución del Ejército de Expedición al Perú con el que Güemes apoyaría a San Martín.

El impacto en los gauchos por la muerte de su adorado jefe, los mantuvo atónitos y neutrales de los acontecimientos políticos de esos días, pero la firma del armisticio y la designación de Cornejo fueren la chispa que encendió el levantamiento popular del 22 de Setiembre de 1821 para recuperar el poder. Como consecuencia se firma un pacto de paz con la designación José Ignacio Gorriti, en reemplazo de Cornejo.

Al cumplirse si mandato, a Gorriti se le ofreció ser reelegido, no aceptando con aquellas famosas palabras: “El mayor agravio que se le puede hacer a un pueblo libre, es perpetuar en el poder a sus gobernantes”. Para evitar nuevos enfrentamientos se aceptó por parte de los güemistas, la designación por la Junta ¿e Representantes del General Alvarez de Arenales, para sucederlo.

Todos Los Presidentes Argentinos Cronologia y Sus Ministros

Todos Los Presidentes Argentinos y sus Gabinetes – Cronología de las Presidencias Argentinas

El gobierno de derecho o de jure,, es el que surge de los mecanismos legales vigentes en el estado.

La constitución escrita o no escrita determina los procedimientos que se deben seguir para que se constituya un gobierno.

Así establece la forma de gobierno, la distribución del poder, la competencia de cada uno de los órganos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), el tiempo que durarán en sus funciones y la forma de ser elegidos.

Las autoridades surgidas de esta manera, deben desempeñarse dentro del marco jurídico que establece la Constitución y las leyes del estado.

El gobierno de hecho o de facto al contrario que el gobierno de derecho, proviene de un origen no corriente y por lo tanto no estipulado por las normas legales del estado, expresadas por la Constitución o por las leyes especiales al respecto.

En Argentina existe una gran experiencia en este tipo de gobiernos.

Casi 24 años de gobierno de facto y seis golpes de estado militares en lo que va del siglo, más una cantidad imprecisable de asonadas militares y golpes palaciegos que no prosperaron, marcan una realidad que, aparte de la preocupación por la situación política del país, determinó una gran experiencia jurídico-poltica y filosófico-política, con respecto a las características de los gobiernos de facto.

LISTA CRONOLOGICA DE TODOS LOS PRESIDENTES ARGENTINOS

Macri, Mauricio (2015-2019)
Michetti, Gabriela

presidente argentino macri

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Kirchner, Cristina (2011-2015)
Boudou, Amado

presidente argentino cristina kirchnner

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Kirchner, Cristina (2007-2011)
Cobos, Julio

presidente argentino cristina kirchnner

Gobierno de Kirchner

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KIRCHNER, Néstor (2003-2007)
Scioli, Daniel

presidente kirchnner

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DUHALDE, Eduardo (2002-2003)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente argentino

Ver: Historia de los Cuatro Presidentes

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CAMAÑO, Eduardo (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente argentino

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RODRÍGUEZ SAA, Adolfo (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente rodriguez saa

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PUERTA, Ramón (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente ramon puerta

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DE LA RUA, Fernando (1999-2001)
Carlos Alvarez

presidente democratico de la rua

Ver: Gobierno de De La Rua

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MENEM, Carlos Saúl (1995-1999)
Ruckauf, Carlos

presidente menem

Ver: Gobiernos de Menem

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MENEM, Carlos Saúl (1989-1995)
Eduardo Duhalde

presidente menem

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ALFONSIN, Raúl Ricardo (1983-1989)
Martinez Víctor

presidente alfonsin

Ver: Gobierno de Raúl Alfonsin

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BIGNONE, Reynaldo B.
(Gobierno de Facto)

prisodente de facto argentino bignone

Ver: Golpe de Estado en 1976

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GALTIERI, Leopoldo F.
(Gobierno de Facto)

presidente galtieri

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VIOLA, Roberto E.
(Gobierno de Facto)

presidente de facto argentino viola

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VIDELA, Jorge Rafael
(Gobierno de Facto)

presidente de facto videla

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MARTINEZ de Perón, María E. (1974 – 1976)

MARTINEZ DE PERON

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PERON, Juan Domingo (1973-1974)
Martinez de Perón María E.

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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LASTIRI, Raúl Alberto (1973-1973)
Normlizador

lastiri presidente interino

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CAMPORA, Héctor José (1973-1973)
Solano Lima

campora presidente argentino

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LANUSSE, Alejandro
Presidente de Facto

presidente de la junta militar argentina

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LEVINGSTON, Roberto
Presidente de Facto

presidente de facto argentino levington

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgONGANIA, Juan Carlos
Presidente de Facto

presidente argentino ongania

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgILLIA, Arturo Humberto
Perette, Humberto

arturo illia

Ver:Gobierno de Illia

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgGUIDO, José María
Normalizador

presidente argentino interino guido

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FRONDIZI, Arturo
Gomez, Alejandro

arturo frondizi presidente

Ver: Gobierno de Frondizi

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ARAMBURU, Pedro E.
Rojas, Isaac

presidente aramburu

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LONARDI, Eduardo
Rojas, Isaac

lonardi presidente

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PERON, Juan Domingo
Teissaire, Alberto

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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PERON, Juan Domingo
Quijano, Hortensio

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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FARRELL, Edelmiro
De Facto
Perón , Juan Domingo

presidente farrel

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RAMIREZ, Pedro Pablo
De Facto
Farrel, Edelmiro

ramirez presidente argentino

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CASTILLO, Ramón S. (1942 – 1943)
Reemplaza al anterior fallecido

castillo presidente argentino

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ORTIZ, Roberto M.1938 – 1942 – Fallece-
Castillo, Ramón S.

presidente ortiz

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JUSTO, Agustín P. (1932 – 1938)

Agustin P. Justo

Ver: La Decada Infame

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URIBURU, José Félix (1930 – 1932)
Santamaría Enrique

Uriburi Jose Felix

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YRIGOYEN, Hipólito (1928-1930) – Destituído-
Martinez Enrique

Irigoyen presidente

Ver:Gobierno de Irigoyen

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ALVEAR MARCELO T. DE (1922 – 1928)
Gonzalez Elpidio

alvear marcelo T.

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YRIGOYEN, Hipólito (1916-1922)
Luna Pelagio

Irigoyen presidente

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de la PLAZA, Victorino (1914-1916)
Reemplaza al anterior fallecido

Victorino La PLaza Presidente

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SAENZ PEÑA, Roque (1910-1914) – Fallece
De La Plaza Victorino

roque saenz peña

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FIGUEROA ALCORTA, José (1906-1910) -Reemplaza al anterior-

Alcorta presidente

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QUINTANA, Manuel (1904-1906) – Fallece
Figueroa Alcorta José

presidente quintana

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ROCA, Julio Argentino (1898-1904)
Quirno Costa Roberto

presidente roca julio argentino

Ver:Gobierno de Argentino Roca

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URIBURU, José E. (1895-1898)

presidente uriburu
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SAENZ PEÑA, Luis (1892-1895) – Renuncia
Uriburu José Evaristo

presidente saenz peña

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PELLEGRINI, Carlos (1890-1892)

presidente pellegrini
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JUAREZ CELMAN, Miguel (1886-1890) – Renuncia
Pellegrini Carlos

celman presidente

Ver: Juarez Celman

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ROCA, Julio Argentino (1880-1886)
Madero Francisco B.

presidente roca julio argentino

Ver: Argentino Roca

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AVELLANEDA, Nicolás (1874-1880)
Acosta Mariano

presidente avellaneda

Ver:Gobierno de Avellaneda

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SARMIENTO, Domingo F.(1868-1874)
Alsina Adolfo

presidente sarmiento

Ver:Gobierno de Sarmiento

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MITRE, Bartolomé (1862-1868)
Paz Marco

presidente mitre

Ver: Gobierno de Mitre

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DERQUI, Santiago (1860-1861)
Pedernera Juan E.

presidente de la confederacion

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URQUIZA, Justo José de (1854-1860)
Del Carril Salvador

presidente urquiza justo jose

Ver: Justo Jose de Urquiza

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RIVADAVIA, Bernardino
(1826-1827) – Renuncia-

rivadavia presidente

Ver: Gobierno de Rivadavia

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LISTA DE LOS GABINETES PRESIDENCIALES

En 1853 el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe aprobó una Constitución de carácter republicano, representativo y federal. A partir de entonces se sucedieron etapas de gobiernos constitucionales y gobiernos de facto.

Justo José de Urquiza (5 de mareo de 1852 – 5 de marzo de 1860).
Nació el 18 de octubre de 1801. Derrotó a Rosas en Caseros en 1852 y asumió la presidencia provisional. Luego de 1853, fue elegido primer presidente constitucional. Terminado su período, fue jefe del Partido Federal. Murió asesinado el 11 de abril de 1870.

Santiago Derqui (5 de marzo de 1860 – 5 de noviembre de 1861).
Nació en Córdoba en 1801. La victoria de las tropas bonaerenses al mando del general Bartolomé Mitre en Pavón terminó con su gobierno mucho antes de cumplir su mandato. Murió el 5 de septiembre de 1867.

Bartolomé Mitre (12 de octubre de 1862 – 12 de octubre de 1868) Nació en Buenos Aires, el 26 de junio de 1821. Vencedor en Pavón, se hizo cargo de la presidencia en forma provisional, hasta que fue elegido presidente constitucional en 1862, Luego de terminado su período, continuó gravitando en la política argentina como el principal líder de la oposición y como director del diario La Nación. Murió el 19 de enero de 1906.

Domingo Faustino Sarmiento (12 de octubre de 1868 – 12 de octubre de 1874).
Nació en San Juan, el 14 de febrero de 1811. Desde joven se inclinó hacia dos pasiones: por un lado, la educación y las letras; por otro, la política. Murió en Asunción del Paraguay, el 11 de septiembre de 1888. En su honor, el 11 de septiembre es celebrado como el «Día del maestro».

Nicolás Avellaneda (12 de octubre de 1874 – 12 de octubre de 1880)
Nació en Tucumán el 3 de octubre de 1837. Miembro del Partido Autonomista, llegó a la presidencia con sólo 37 años. Murió durante un viaje a Europa, el 25 de noviembre de 1888.

Julio Argentino Roca (12 de octubre de 1 880 -12 de octubre de 1886)
Nació en Tucumán el 17 de julio de 1 843. Luego de encabezar la «Campaña al Desierto» fue elegido presidente de la Nación. Al terminar su mandato era reconocido como el hombre más poderoso de la política argentina.

Miguel Juárez Celman (12 de octubre de 1886-6 de agosto de 1890) Nació en Córdoba en septiembre de 1847; en 1880 llegó a la gobernación de su provincia natal. En julio de 1890 tuvo que enfrentar la revolución del Parque: aunque pudo sofocarla, precipitó su renuncia anticipada. Murió el 14 de abril de 1909.

Carlos Pellegrini (7 de agosto de 1886 – 12 de octubre de 1892)
Nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1846, acompañó a Juárez Celman como vicepresidente y completó su mandato luego de su renuncia. Al morir, el 17 de julio de 1906, era candidato firme para la próxima presidencia.

Luis Sáenz Peña (12 de octubre de 1892 – 22 de enero de 1895).Nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1822. Incapaz de controlar los conflictos de su partido la oposición de la Unión Cívica Radical, renunció antes de culminar su mandato. Murió el 10 de diciembre de 1907.

José Evaristo Uriburu (22 de enero de 1895 – 12 de octubre de 1898).
Nació en Salta, el 19 de noviembre de 1831. Como vicepresidente de Sáenz Peña, completó el mandato luego de su renuncia. Murió en Buenos Aires, el 25 de octubre de 1914.

Julio Argentino Roca (12 de octubre de 1898 – 12 de octubre de 1904).
Su segunda presidencia estuvo jalonada por la inminente guerra con Chile, que logró evitar, y por una serie de intentos reformistas, tanto en el plano social como político. Al terminar su mandato, su estrella política estaba en franco declive. Murió el 19 de octubre de 1912.

Vicepresidente: Norberto Quirno Costa
MINISTROS
Agricultura: Emilio Frers, Martín García Merou, Ezequiel Ramos Mejía y Wenceslao Escalante.
Guerra: Luis María Campos y Pablo Ricchieri.
Hacienda: José María Rosa, Enrique Berduc y Marco Avellaneda.
Interior: Felipe Yofré y Joaquín V. González.
Justicia e Instrucción Pública: Osvaldo Magnasco, Juan E. Serú, Joaquín V. González y Juan N. Fernández.
Marina: Martín Rivadavia y Onofre Betbeder.
Obras Públicas: Emilio Civit.
Relaciones Exteriores y Culto: Amando Alcona, Luis María Drago y José A. Terry.

Manuel Quintana (12 de octubre de 1904 – 12 de marzo de 1906).
Sofocó exitosamente la revolución radical de 1905. Un año más tarde, el 12 de mareo de 1906, murió en ejercido del cargo.

Vicepresidente: José Figueroa Alcorta
MINISTROS
Agricultura: Damián Torino.
Guerra: Enrique Godoy.
Hacienda: José A. Terry.
Interior: Rafael Castillo.
Justicia e Instrucción Pública: Joaquín V. González.
Marina: Juan Alejandro Martín.
Obras Públicas: Adolfo V. Orma.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Rodríguez Larreta.

José Figueroa Alcorta (12 de marzo de 1906 – 12 de octubre de 1910).
Nació en Córdoba el 20 de noviembre de 1860. Como vicepresidente de Quintana, lo sucedió en el cargo luego de su muerte. Murió el 27 de diciembre de 1931.

MINISTROS
Agricultura: Ezequiel Ramos Mejía y Pedro Ezcurra.
Guerra: Luis M. Campos, Rosendo M. Fraga, Rafael M. Aguirre y Eduardo Racedo.
Hacienda: Norberto Piñeiro, Eleodoro Lobos y Manuel M. de Iriondo.
Interior: Norberto Quirno Costa, Manuel A. Montes de Oca, Joaquín V. González, Marco A. Avellaneda y José Gálvez.
Justicia e Instrucción Pública: Federico Pinedo, Juan Antonio Bibiloni,
Estanislao S. Zeballos y Rómulo S. Naón.
Marina: Onofre Betbeder y Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Miguel Tedín, Carlos Maschwitz y Ezequiel Ramos Mejía.
Relaciones Exteriores y Culto: Manuel A. Montes de Oca, Estanislao S.
Zeballos, Victorino de la Plaza y Carlos Rodríguez Larreta.

Roque Sáenz Peña (12 de octubre de 1910 – 9 de agosto de 1914).
Nació en Buenos Aires en 1 851, fue un activo opositor a Roca dentro del PAN. Se lo recuerda por la famosa reforma electoral aprobada en 1912 que estableció el voto obligatorio y secreto. Murió en su cargo el 9 de agosto de 1914.

Vicepresidente: Victorino de la Plaza
MINISTROS
Agricultura: Eleodoro Lobos, Mario Sáenz, Adolfo Mujica y Horacio
Calderón.
Guerra: Gregorio Vélez y Ángel P. Aliaría.
Hacienda: José María Rosa, Enrique S. Pérez, Norberto Pinero, Lorenzo Anadón y Enrique Carbó.
Interior: Indalecio Gómez y Miguel S. Ortiz.
Justicia e Instrucción Pública: Juan M. Garro, Carlos Ibarguren y Tomás R. Cullen.
Marina: Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Ezequiel Ramos Mejía, Carlos Meyer Pellegrini y Manuel Moyano.
Relaciones Exteriores y Culto: Epifanio Pórtela, Ernesto Bosch y José Luis Murature.

Victorino de la Plaza (9 de agosto de 1914 – 12 de octubre de 1916).
Nació en Salta, e! 2 de noviembre de 1841. Luego de una profusa carrera política, llegó 3. la vicepresidencia y de allí a la presidencia al morir Sáenz Peña. Falleció el 2 de octubre de 1919.

 MINISTROS
Agricultura: Horacio Calderón.
Guerra: Ángel P. Aliaría.
Hacienda: Enrique Carbó y Francisco J. Oliver.
Interior: Miguel S. Ortiz.
Justicia e Instrucción Pública: Tomás R. Cullen y Carlos Saavedra Lamas.
Marina: Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Manuel Moyano.
Relaciones Exteriores y Culto: José Luis Murature.

Hipólito Yrigoyen (12 de octubre de 191 6 – 12 de octubre de 1922).
Nació el 12 de julio de 1852 en Buenos Aires. Activo militante político desde su juventud, participó en la fundación de la Unión Cívica Radical en 1891. Convirtió a la UCR en una máquina política electoralmente invencible.

Vicepresidente: Pelagio B. Luna :
MINISTROS
Agricultura: Honorio A. Pueyrredón, Alfredo Demarchi, Eudoro Vargas Gómez y Carlos J. Rodríguez.
Guerra: Elpidio González y Julio Moreno.
Hacienda: Domingo Salaberry.
Interior: Ramón Gómez y Francisco Beiró.
Justicia e Instrucción Pública: José E. Salinas.
Marina: Federico Alvarez de Toledo, Julio Moreno y Tomás Zurueta.
Obras Públicas: Pablo Torello.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos A. Becú y Honorio A. Pueyrredón.

Marcelo T. de Alvear (12 de octubre de 1922 – 12 de octubre de 1928).
Nació en Buenos Aires, el 4 de octubre de 1868. Fue dirigente radical desde los orígenes de! partido. Luego de dejar la presidencia, siguió participando activamente de la política; fue candidato presidencial en 1937. Murió el 23 de marzo de 1942.

Vicepresidente: Elpidio González
MINISTROS
Agricultura: Tomás Le Bretón y Emilio Mihura.
Guerra: Agustín P. Justo.
Hacienda: Rafael Herrera Vegas y Víctor M. Molina.
Interior: José Nicolás Matienzo, Vicente C. Gallo y José P. Tamborini.
Justicia e Instrucción Pública: Irineo Celestino Marcó y Antonio Sagarna.
Marina: Manuel Domecq García.
Obras Públicas: Eufrasio Loza y Roberto M. Ortiz.
Relaciones Exteriores y Culto: Ángel Gallardo

Hipólito Yrigoyen (12 de octubre de 1928 – 6 de septiembre de 1930).
La. segunda presidencia de Yrigoyen, alcanzada por un porcentaje clavadísimo de votos a favor, terminó con su destitución en el primer golpe de la historia argentina. Murió el 3 de julio de 1933; una multitud acompañó sus restos.

Vicepresidente: Enrique Martínez
MINISTROS
Agricultura: Juan B. Fleitas.
Guerra: Luis. J. Dellepiane.
Hacienda: Enrique Pérez Colman.
Interior: Elpidio González.
Justicia e Instrucción Pública: Juan de la Campa.
Marina: Tomás Zurueta.
Obras Públicas: José Benjamín Ávalos.
Relaciones Exteriores y Culto: Horacio B. Oyhanarte.

José Félix Uriburu (6 de septiembre de 1930 – 20 de febrero de 1932).
Presidente de facto. Nació en Salta, e! 20 de julio de 1868. Militar de carrera, fue el líder del golpe que derrocó a Yrigoyen. Murió en París e! 29 de abril de 1932.

MINISTROS
Agricultura: Horacio Béccar Várela y David Arias.
Guerra: Francisco Medina.
Hacienda: Enrique S. Pérez y Enrique Uriburu.
Interior: Matías G. Sánchez Sorondo y Octavio S. Pico.
Justicia e Instrucción Pública: Ernesto E. Padilla y Guillermo Rothe.
Marina: Abel Renard y Carlos Daireaux.
Obras Públicas: Octavio S. Pico y Pablo Calatayud.
Relaciones Exteriores y Culto: Ernesto Bosch y Adolfo Bioy.

Agustín P. Justo (20 de febrero de 1932 – 20 de febrero de
Nació el 26 de febrero de 1 876 en Concepción del Uruguay. Militar de carrera, simpatizaba con el radicalismo antirigoyenista. Motorizó el fraude electoral para evitar cualquier victoria radical. Murió el 10 de enero de 1943, mientras conformaba su nueva candidatura presidencial.

Vicepresidente: Julio A. Roca (h.)
MINISTROS
Agricultura: Antonio De Tomaso, Euis Duhau y Miguel Ángel Cárcano.
Guerra: Manuel A. Rodríguez y Basilio B. Pertiné.
Hacienda: Alberto Hueyo, Federico Pinedo (h.), Roberto M. Ortiz y Carlos
Alberto Acevedo.
Interior: Leopoldo Meló, Ramón S. Castillo y Manuel R. Alvarado. Justicia e Instrucción Pública: Manuel M. de Iriondo, Ramón S. Castillo y Jorge de la Torre.
Marina: P. S. Casal y Eleazar Videla. Obras Públicas: Manuel R. Alvarado y Eleazar Videla.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Saavedra Lamas.

Roberto M. Ortiz (20 de febrero de 1938 – 27 de junio de 1942).
Nació el 24 de septiembre de 1886 y fue un importante dirigente del radicalismo antirigoyenista. Luego de su renuncia por razones de salud, murió el 15 de julio de 1942.

Vicepresidente: Ramón S. Castillo
MINISTROS
Agricultura: José de Jesús Padilla y Cosme Massini Ezcurra.
Guerra: Carlos D. Márquez.
Hacienda: Pedro Groppo.
Interior: Diógenes Taboada.
Justicia e Instrucción Pública: Jorge E. Coll.
Marina: León L. Scasso.
Obras Públicas: Manuel Ramón Alvarado y Luis A. Barberis.
Relaciones Exteriores y Culto: José María Cantilo.

Ramón S. Castillo (27 de junio de 1942 – 4 de junio de 1943).
Nació en Catamarca en 1 873, alcanzó la vicepresidencia luego de una dilatada carrera política en el partido Conservador. Liego ,a la presidencia luego de la renuncia de Ortiz; fue derrocado por un golpe militar. Murió en 1944.

MINISTROS
Interior: Miguel J. Culaciati.
Agricultura: Cosme Massini Ezcurra y Daniel Amadeo y Videla.
Guerra: Juan M. Tonazzi y Pedro Pablo Ramírez.
Hacienda: Federico Pinedo (h.), Salvador Oria y Carlos Alberto Acevedo.
Justicia e Instrucción Pública: Guillermo Rothe.
Marina: Mario Fincati.
Obras Públicas: Salvador Oria.
Relaciones Exteriores y Culto: Julio A. Roca (h.) y Enrique Ruiz Guiñazú.

Arturo Rawson (4 de junio de 1943 -1 de junio de 1943).
Presidente de facto. Militar de carrera, nadó en Santiago del Estero en 1885 y murió en Buenos Aires en 1952. Gobernó el país sólo tres días.

Pedro P. Ramírez (7 de junio de 1943 – 9 de marzo de 1944). Presidente de facto.
Nació en 1884 en Entre Ríos, donde murió en 1 962. Fue el verdadero líder del golpe de 1943.

Vicepresidentes: Sabá H. Sueyro (fallecido en ejercicio del cargo) y Edelmiro J. Farrell
MINISTROS
Agricultura: Diego I. Masón.
Guerra: Edelmiro J. Farrell.
Hacienda: Jorge A. Santamarina y César Ameghino.
Interior: Alberto Gilbert y Luis César Perlinger.
Justicia e Instrucción Pública: Elbio C. Anaya, Gustavo Martínez Zuviría y Honorio Silgueira.
Marina: Benito S. Sueyro.
Obras Públicas: Ismael F. Galíndez, Ricardo Vago y Juan Pistarini.
Relaciones Exteriores y Culto: Alberto Gilbert y Segundo R. Storni.

Edelmiro J. Farrel (10 de marzo de 1944 – 4 de junio de 1946). Presidente de facto. Nació en 1887. Fue militar de carrera y protector de! coronel Perón. Murió en 1980.

MINISTROS
Agricultura: Diego I. Masón, Amaro Avalos y Pedro S. Marotta.
Guerra: Juan Domingo Perón, Eduardo J. Avalos y José Humberto Sosa
Molina. Hacienda: César Ameghino, Ceferino Alonso Irigoyen, Armando G. Antille, Eduardo J. Avalos y Amaro Avalos. Interior: Luis César Perlinger, Alberto Teisaire, Jazmín Hortensio Quijano, Eduardo J. Avalos, Bartolomé Descalzo y Felipe Urdapilleta.
Justicia e Instrucción Pública: Gustavo Martínez Zuviría, Honorio Silgueira,
Alberto Baldrich, Rómulo Etcheverry Boneo, Benito J. Benítez, Héctor
Vernengo Lima y José María Astigueta.
Marina: Alberto Teisaire, Héctor Vernengo Lima y Abelardo Pantín. Obras Públicas: Juan Pistarini. Relaciones Exteriores y Culto: Alberto Gilbert, Orlando L. Peluffo, César Ameghino y Juan I. Cooke.

Juan Domingo Perón (4 de junio de 1946 – 20 de septiembre de 1955).
Nació un 8 de octubre de 1895 en la provincia de Buenos Aires. Siendo coronel, fue e! más lúcido de los militarse que llegaron al poder luego del golpe de 1943. Modificó la Constitución para poder acceder a un segundo mandato, lo que sucedió en 1952. Fue derrocado en 1955 por un golpe de Estado. Marchó al exilio, que establecería definitivamente en España, desde donde siguió teniendo gran influencia en la política argentina.

Vicepresidente: Jazmín Hortensio Quijano
MINISTROS*
Aeronáutica: César R. Ojeda y Juan Ignacio San Martín.
Agricultura: Juan Carlos Picazo Elordy y Carlos A. Emery.
Asuntos Políticos: Román S. Subiza.
Asuntos Técnicos: Raúl A. Mendé.
Comunicaciones: Osear Nicolini.
Economía: Roberto A. Ares.
Educación: Osear Ivanissevich y Armando Méndez San Martín.
Ejército: Franklin Eucero.
Finanzas: Alfredo Gómez Morales.
Guerra: José Sosa Molina.
Hacienda: Ramón Antonio Cereijo.
Industria y Comercio: José C. Barro.
Interior: Ángel Gabriel Borlenghi.
Justicia e Instrucción Pública: Belisario Gaché Piran y Natalio Carvajal
Palacios.
Marina: Fidel L. Anadón y Enrique B. García. Obras Públicas: Juan Pistarini. Relaciones Exteriores y Culto: Juan Atilio Bramuglia, Hipólito Jesús Paz y
Jerónimo Remorino. Salud Pública: Ramón S. Carrillo. Trabajo y Previsión: José María Freiré. Transportes: Juan E Castro y Juan E. Maggi.

SEGUNDO GOBIERNO
Vicepresidentes: Jazmín Hortensio Quijano (fallecido en ejercicio de su cargo) y Alberto Teisaire
MINISTROS
Aeronáutica: Juan Ignacio San Martín.
Agricultura y Ganadería: Carlos A. Hogan y José María Castiglione.
Asistencia Social y Salud Pública: Ramón S. Carrillo y Raúl C. Bevacqua.
Asuntos Económicos: Alfredo Gómez Morales.
Asuntos Políticos: Román A. Subiza y Alberto Teisaire.
Asuntos Técnicos: Raúl A. Mendé.
Comercio Exterior: Antonio Cañero.
Comercio: Manuel E. Palarea.
Comunicaciones: Osear E. M. Nicolini.
Defensa: José Sosa Molina.
Educación: Armando Méndez San Martín y FranciscoAnclada.
Ejercito: Franklin Lucero. Finanzas: Miguel Revestido.
Hacienda: Pedro A. Bonnani.
Industria y Comercio: Rafael F. Amundarain.
Industria: Orlando Santos.
Interior y Justicia: Ángel Gabriel Borlenghi y Osear E. M. Albrieu.
Justicia: Natalio Carvajal Palacios. Marina: Aníbal O. Olivieri y Luis J. Cornes.
Obras Públicas: Roberto M. Dupeyrón.
Relaciones Exteriores y Culto: Jerónimo Remorino e Idefonso F. Cavagna Martínez.
Trabajo y Previsión: José María Freiré y Alejandro B. Giavarini.
Transportes: Juan E. Maggi y Alberto J. Iturbe.

Eduardo Lonardi ( 20 de septiembre 1955 – 13 de noviembre de 1955). Presidente de facto.Nació en 1896 y murió en 1956. Intentó cooptar sin éxito la popularidad de Perón, a quien había derrocado.

MINISTROS
Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim.
Agricultura y Ganadería: Alberto Francisco Mercier.
Asistencia Social y Salud: Ernesto Alfredo Rottger.
Comercio: César A. Bunge.
Comunicaciones: Euis María Ygartúa.
Educación: Atilio Dell’Oro Maini.
Ejército: Justo Eeón Bengoa y Arturo Ossorio Arana.
Finanzas: Julio Alizón García.
Hacienda: Eugenio José Folcini.
Industria: Horacio Morixe.
Interior y Justicia: Eduardo B. Busso.
Interior: Luis María de Pablo Pardo.
Justicia: Bernardo Velar de Irigoyen.
Marina: Teodoro E. Hartung.
Obras Públicas: José Blas Paladino.
Relaciones Exteriores y Culto: Mario Amadeo.
Trabajo y Previsión: Luis Benito Cerruti Costa.
Transportes: Juan José Uranga.

Pedro Eugenio Aramburu (13 de noviembre de 1955 – 1° de mayo de 1958).
Presidente de facto, Nació el 21 de mayo de 1903. Fanático antiperonista, fue secuestrado y asesinado por la agrupación armada peronista Montoneros el 1° de junio de 1970.

MINISTROS
Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim, Julio César Krause, Eduardo F.
Mac Loughlin y Jorge Horacio Landaburu.
Agricultura y Ganadería: Alberto Francisco Mercier.
Asistencia Social y Salud  Molina y Francisco Martinez
Comercio: Juan Llamazares.
Comunicaciones: Luis María Ygartúa y Ángel H. Cabral.
Educación y Justicia: Carlos A. Adrogué y Acdel Ernesto Salas.
Educación: Atilio Dell’Oro Maini. Ejército: Arturo Ossorio Arana y Jaime Víctor Majó.
Finanzas: Julio Alizón García.
Hacienda: Eugenio Alberto Blanco, Roberto P. Verrier y Adalbert Krieger Vasena.
Industria y Comercio: Rodolfo Martínez y Julio César Cueto Rúa.
Industria: Alvaro Carlos Alsogaray.
Interior: Eduardo B. Busso, Laureano Landaburu y Carlos Román S. Aleonada Aramburú.
Justicia: Laureano Landaburu. Marina: Teodoro E. Hartung.
Obras Públicas: Pedro Mendiondo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis A. Podestá Costa, Alfonso de Laferrere y Alejandro Ceballos.
Trabajo y Previsión: Raúl Carlos Migone, Horacio Aguirre Legarreta y Tristán Enrique Guevara.
Transportes: Sadi Eduardo Bonnet.

Arturo Frondizi (1° de mayo de 1958 – 29 de marzo de 1962).
Nació el 28 de octubre de 1908, fue desde joven un activo militante radical. Su gobierno no pudo resistir la presión militar y fue obligado a renunciar. Murió el 18 de abril de 1995.

Vicepresidente: Alejandro Gómez
MINISTROS
Asistencia Social y Salud Pública: Héctor N. Noblía y Tiburcio Padilla.
Defensa Nacional: Gabriel del Mazo, Justo Policarpo Villar y Rodolfo Martínez (h.). Economía: Donato del Carril, Alvaro C. Alsogaray, Roberto T. Alemann, Carlos A. Coll Benegas y Jorge Wehbe.
Educación y Justicia: Luis Rafael Mac Kay y Miguel Susini (h.).
Interior: Alfredo Roque Vitólo, Hugo Vaca Narvaja.
Obras y Servicios Públicos: Justo Policarpo Villar, Alberto Rafael Costantini,
Arturo Acevedo, José Mazar Barnet y Pedro Petriz.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos A. Florit, Diógenes Taboada, Adolfo Mujica, Miguel Ángel Cárcano y Roberto Etchepareborda.
Trabajo y Seguridad Social: Alfredo E. Allende, David Blejer, Guillermo Acuña Anzorena, Ismael Bruno Quijano y Osear Ricardo Puiggrós.
Secretarios de Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim, Roberto Huerta y Jorge Rojas Silveyra.
Secretarios de Guerra: Héctor Solanas Pacheco, Elbio C. Anaya, Rodolfo Larcher y Rosendo M. Fraga.
Secretarios de Marina: Adolfo E Estévez y Gastón Clement.

José Haría Guido (30 de marzo de 1962 – 12 de octubre de 1963).
Nació en 1910 y murió en 1975. Sucedió a Frondizi por ser presidente del Senado.

MINISTROS
Defensa Nacional: Ernesto J. Lanusse, José Luis Cantilo, Adolfo Lanús y José Mariano Astigueta. Economía: Jorge Wehbe, Federico Pinedo (h.), Alvaro C. Alsogaray, Eustaquio Méndez Delfino y José Alfredo Martínez de Hoz.  Educación y Justicia: Miguel Susini (h.), Alberto Rodríguez Galán y José Mariano Astigueta.
Interior: Hugo Vaca Narvaja, Rodolfo Martínez (h.), Jorge Walter Perkins, Carlos A. Adrogué, Rodolfo Martínez (h.), Enrique Rauch y Guillermo Osiris Villegas.
Obras y Servicios Públicos: Pedro Petriz, Julio César Crivelli, Horacio J. Zubiri, José Mazar Barnet y Luis de Carli. Relaciones Exteriores y Culto: Roberto Etchepareborda, Mariano J. Drago, Bonifacio del Carril, Carlos Manuel Muñiz y Juan C. Cordini.
Trabajo y Seguridad Social: Osear R. Puiggrós, Galileo Puente, Rodolfo Guido Martelli y Bernardo Bas.
Secretarios de Aeronáutica: Jorge Rojas Silveyra, Juan Carlos Pereira y Eduardo E Mac Loughlin.
Secretarios de Guerra: Bartolomé Carreras, Juan Bautista Loz, Eduardo Argentino Sefiorans, José O. Cornejo Saravia, Benjamín Rattenbach y Héctor Repeto. Secretarios de Marina: Gastón A. Clement, Carlos A. Garzoni y Carlos A. Kolungia.

Arturo Humberto Illia (12 de octubre de 1963 – 28 de junio de 1966).
Nació el 4 de agosto de 1900 en Pergamino y murió el 1 8 de enero de 1981. Dirigente radica! de Córdoba, fue derrocado por el golpe del general Onganía.

Vicepresidente: Carlos Humberto Perette
MINISTROS
Asistencia Social y Salud Pública: Arturo Oñativia.
Defensa Nacional: Leopoldo Suárez.
Economía: Eugenio A. Blanco y Juan Carlos Pugliese.
Educación y Justicia: Carlos R. S. Aleonada Aramburu.
Interior: Juan S. Palmero.
Relaciones Exteriores y Culto: Miguel Ángel Zavala Ortiz.
Trabajo y Seguridad Social: Fernando Sola.
Secretario de Marina: Manuel A. Pita.
Secretarios de Aeronáutica: Martín Rafael Cairo y Mario Romanelli.
Secretarios de Guerra: Ignacio Ávalos y Eduardo R. Castro Sánchez.

Juan Carlos Onganía (28 de junio de 1966 – 8 de junio de 1970). Presidente de facto. Nació en 1914, su régimen se caracterizó por un extremo autoritarismo. Murió en 1995.

MINISTROS
Bienestar Social: Roberto Juan Petracca, Julio Emilio Álvarez, Conrado Ernesto Bauer y Carlos Alberto Consigli.
Cultura y Educación: Carlos María Gelly y Obes, José María Astigueta y Dardo Pérez Guilhou.
Defensa: Antonio Roberto Lanusse, Emilio Federico van Peborgh y José Rafael Cáceres Monié.
Economía y Trabajo: Jorge Néstor Salimei, Adalbert Krieger Vasena y José María Dagnino Pastore.
Interior: Enrique Martínez Paz, Guillermo Antonio Borda y Francisco A. Imaz.
Justicia: Conrado José Echebarne.
Obras y Servicios Públicos: Luis María Gotelli.
Relaciones Exteriores y Culto: Nicanor Costa Méndez y Juan Benedicto Martín.

Roberto M Levingston (18 de junio de 1970 – 23 de marzo de 1971). Presidente de facto. Nació en San Luis en 1920. Fue destituido por las Fuerzas Amadas.

MINISTROS
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Amadeo Ricardo Frúgoli.
Cultura y Educación: José Luis Cantini.
Defensa: José R. Cáceres Monié.
Interior: Eduardo E Mac Loughlin y Arturo Armando Cordón Aguirre.
Ministerio de Economía y Trabajo: Carlos Moyano LlerenayAldo Ferrer.
Ministerio de Justicia: Jaime Luis E. Perriaux.
Obras y Servicios Públicos: Aldo Ferrer y Osear Juan H. Colombo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo.

Alejandro A, Lanusse (26 de marzo de 1971 – 25 de mayo de 1973).
Nació en 1918. Intentó sin éxito acotar el creciente poder de Perón y piloteó la salida electoral del régimen. Murió en 1996.

MINISTROS
Agricultura y Ganadería: Gabriel Perren, Antonio Di Rocco y Ernesto J. Lanusse.
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Osear Ricardo Puiggrós.
Comercio: Alfredo José Girelli y Daniel García. Cultura y Educación: José Luis Cantini y Gustavo Malek.
Defensa: José Rafael Cáceres Monié y Eduardo Enrique Aguirre Obarrio.
Hacienda y Finanzas: Juan A. Quillici, Cayetano Licciardo y Jorge Wehbe.
Industria y Minería: Carlos Cásale y Ernesto Parellada.
Industria, Comercio y Minería: Osear Chescotta.
Interior: Arturo Mor Roig. Justicia: Jaime Luis Enrique Perriaux, Ismael Bruno Quijano y Gervasio R. C. Colombres.
Obras y Servicios Públicos: Oscar Juan I I. Coloinboy Pedro A. Coidlllo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo y Eduardo Mac Loughlin.
Trabajo: Rubens San Sebastián.

Héctor J. Campora (25 de mayo de 1973 – 13 de julio de 1973),

Nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, en 1909. Activo dirigente peronista, fue adoptado por la izquierda peronista como su líder, pero tuvo que renunciar para dejar paso a una nueva presidencia de Perón. Murió en México, en 1979.

Vicepresidente: Vicente Solano Lima

MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Hacienda y Finanzas: José Ber Gelbard.
Interior: Esteban J. A. Righi.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Carlos Puig.
Trabajo: Ricardo Otero.
Raúl Alberto Lastiri (interino, por renuncia de H. Cámpora)

Raúl Alberto Lastiri (13 de julio de 1973 – 12 de octubre de 1973).
Nació en 1915. Completó e! mandato de Campera hasta la asunción de Perón. Murió en 1978.

Vicepresidente: Vicente Solano Lima
MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Hacienda y Finanzas: José Ber Gelbard.
Interior: Benito Pedro Llambí.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Vicente Vignes.
Trabajo: Ricardo Otero.

Juan Domingo Perón (12 de octubre de 1973 – 1° de julio de 1974).
La tercera presidencia del anciano líder se caracterizó por un clima de violencia creciente. Su muerte en ejercicio del cargo complicó aún más la difícil situación por la que atravesaba el país.

Vicepresidente: María Estela Martínez de Perón
MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Economía: José Ber Gelbard.
Interior: Benito Pedro Llambí.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Vicente Vignes.
Trabajo: Ricardo Otero.

María Estela Martínez de Perón (1 ° de julio de 1974 – 24 de marzo de 1976).
Nació en 1931. Esposa y vicepresidente de Perón, no pudo controlar la violencia cotidiana. Fue derrocada por un golpe de Estado.

MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega, Carlos A. G. Villone, Rodolfo A. Roballos, Carlos Emery y Aníbal V. Demarco.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana, Osear Ivanissevich y Pedro Arrighi.
Defensa: Ángel E Robledo, Adolfo M. Savino, Jorge E. Garrido, Tomás S. Vottero, Ricardo C. Guardo y José Alberto Deheza.
Economía: José Ber Gelbard, Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo, Pedro J. Bonanni, Antonio E Cañero y Emilio Mondelli.
Interior: Benito Pedro Llambí, Alberto L. Rocamora, Antonio J. Benítez, Vicente Damasco, Ángel E Robledo y Roberto A. Ares.
Justicia: Antonio J. Benítez, Ernesto Corvalán Nanclares, José Alberto Deheza y Augusto Pedro Saffores. Relaciones Exteriores y Culto: Alberto J. Vignes, Ángel E Robledo, Manuel G. Arauz Castex y Raúl A. Quijano. Trabajo: Ricardo Otero, Cecilio Conditi, Carlos E Ruckauf y Miguel Unamuno.

Jorge Rafael Videla (24 de marzo de 1976 – 29 de marzo de 1981), Presidente de facto.
Nació en agosto de 1925. Militar de carrera, impuso un régimen de terror que incluyó secuestros, torturas y asesinatos masivos. Hoy purga prisión por sus crímenes.

MINISTROS
Bienestar Social: Julio Juan Bardi y Jorge Alberto Fraga.
Cultura y Educación: Ricardo P. Bruera, Juan José Catalán y Juan Llerena Amadeo.
Defensa: José María Klix y David de la Riva.
Economía: José Alfredo Martínez de Hoz.
Interior: Albano E. Harguindeguy.
Justicia: Julio A. Gómez y Alberto Rodríguez Várela.
Planeamiento: Ramón G. Díaz Bessone y Carlos E. Laidlaw.
Relaciones Exteriores y Culto: César A. Guzzetti, Osear A. Montes y Carlos W. Pastor.
Trabajo: Horacio Tomás Liendo y Llamil Reston.

Roberto Eduardo Viola (29 de marzo de 1981 – 11 de diciembre de 1981). Presidente de facto. Nació en 1924. Su presidencia fue breve ya que fue desplazado por un golpe de palacio militar.

MINISTROS
Acción Social: Carlos Alberto Lacoste.
Agricultura y Ganadería: Jorge Aguado.
Comercio e Intereses Marítimos: Carlos García Martínez.
Cultura y Educación: Carlos Burundarena.
Defensa: Norberto Couto.
Economía, Hacienda y Finanzas: Lorenzo Sigaut.
Industria y Minería: Kduanlo ( kenlóid y Livio G. Kuhl.
Interior: Horacio Tómás Liendo.
Justicia: Amadeo Frúgoli.
Obras y Servicios Públicos: Diego Urricarriet.
Relaciones Exteriores y Culto: Osear Camilión.
Salud Pública y Medio Ambiente: Amílcar E. Arguelles.
Trabajo: Julio C. Porcile.

Leopoldo Fortunato Galtieri (22 de diciembre de 1981 – 17 de junio de 1982). Presidente de facto. Nadó en 1926, lideró al sector nacionalista del ejército. Llevó a la Argentina a la guerra por Malvinas. La derrota provocó su renuncia. Murió en enero de 2003.

MINISTROS
Acción Social: Carlos Alberto Lacoste.
Defensa: Amadeo Frúgoli.
Economía: Roberto T. Alemann.
Educación: Cayetano Licciardo.
Interior: Alfredo Osear Saint Jean.
Justicia: Lucas Jaime Lennon.
Obras y Servicios Públicos: Sergio Martini.
Relaciones Exteriores y Culto: Nicanor Costa Méndez.
Salud Pública y Medio Ambiente: Horacio Rodríguez Castells.
Trabajo: Julio César Porcile.

Reynaldo Benito Bignone (1° de julio de 1982 – 10 de diciembre de 1983), Presidente de facto. Nació en 1928 y piloteó la retirada militar y una nueva apertura constitucional.

MINISTROS
Acción Social: Adolfo Navajas Artaza.
Defensa: Julio José Martínez Vivot y Juan C. Camblor.
Economía: José Dagnino Pastóre y Jorge Webhe.
Educación: Cayetano Licciardo.
Interior: Llamil Reston.
Obras y Servicios Públicos: Conrado Bauer.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Ramón Aguirre Lanari.
Salud Pública y Medio Ambiente: Horacio Rodríguez Castells.
Trabajo: Héctor Villaveirán.

Raúl Ricardo Alfonsín (10 de diciembre de 1983-8 de julio de 1989).
Nació en Chascomús, provincia de Buenos Aires, en 1927. Líder radical renovador, llegó al gobierno como primer presidente de la nueva democracia. Los múltiples y graves problemas de su gobierno lo obligaron a renunciar antes de finalizar su mandato.

Vicepresidente: Víctor Martínez
MINISTROS
Defensa: Raúl Borras, Roque G. Carranza, Germán O. López y José Horacio Jaunarena.
Economía: Bernardo Grinspun, Juan Vital Sourrouille, Juan Carlos Pugliese y Jesús Rodríguez.
Educación y Justicia: Carlos R. S. Aleonada Arambnní, Jorge Federico Sábato y José Gabriel Dumón.
Interior: Antonio Tróccoli, Enrique Nosiglia y Juan Carlos Pugliese
Obras y Servicios Públicos: Roque G. Carranza, Roberto Tomasini, Indro Trueco, Rodolfo Terragno y Roberto Echarte.
Relaciones Exteriores y Culto: Dante Caputo y Susana M. Ruiz Cerutri.
Salud y Acción Social: Aldo Carlos Neri, Conrado Hugo Storani, Ricardo A. Barrios Arrechea y Enrique Beveraggi. Trabajo y Seguridad Social: Antonio J. Mucci, Juan Manuel Casella, Hugo Barrionuevo, Carlos Alderete y Santiago Ideler Tonelli.

Carlos Saúl Menem (8 de julio de 1989 – 9 de diciembre de 1999).
Nació en La Rioja en 1930, lideró el regreso del peronismo al gobierno. Modificó la Constitución para ser reelegido, lo cual sucedió en 1995.

Vicepresidente: Eduardo Duhalde
MINISTROS
Defensa: Italo Argentino Luder, Humberto Romero, Guido Di Telia, Antonio Erman González y Osear Camilión. Economía: Miguel Roig, Néstor Rapanelli, Antonio Erman González y Domingo F. Cavallo.
Educación: Antonio Salonia y Jorge Rodríguez
Interior: Eduardo Bauza, Julio Mera Figueroa, José Luis Manzano, Gustavo O. Beliz, Carlos F. Ruckauf y Carlos V. Corach.
Justicia: León Carlos Arslanián, Jorge Maiorano y Rodolfo Barra.
Obras y Servicios Públicos: José Roberto Dromi.
Relaciones Exteriores y Culto: Domingo F. Cavallo y Guido Di Telia.
Salud y Acción Social: Julio César Corzo, Antonio Erman González, Eduardo Bauza, Alberto Kohan, Avelino Porto, Julio César Aráoz y Alberto Mazza.
Trabajo y Seguridad Social: Alberto Jorge Triaca, Rodolfo Díaz, Enrique Rodríguez y Armando Caro Figueroa.

SEGUNDO PERIODO

Vicepresidente: Carlos F. Ruckauf
Jefes de Gabinete:Eduardo Bauza y Jorge Rodríguez

MINISTROS
Defensa: Osear Camilión y Jorge Domínguez.
Economía: Domingo F. Cavallo y Roque Fernández.
Educación: Jorge Rodríguez, Susana Decibe y Manuel García Sola.
Interior: Carlos V. Corach.
Justicia Rodolfo Barra, Elías Jassan y Raúl Grranillo Ocampo.
Relaciones Exteriores y Culto: Guido Di Telia.
Salud y Acción Social: Alberto Mazza.
Trabajo y Seguridad Social: Armando Caro Figueroa, Antonio Erman González y José Uriburu.

Fernando de la Rúa (9 de diciembre de 1999 – 20 de diciembre de 2001).
Nació en Córdoba, el 15 de septiembre de 1937. Dirigente del radicalismo conservador, llegó a la presidencia con una alianza política que se desintegró en pocos meses. Renunció acosado por la crisis económica y en medio de un levantamiento popular en su contra.

Vicepresidente: Calos «Chacho» Alvarez

Terragno (jefe de Gabinete), Fernández Meijide (Acción Social), Juan José Llach (Educación), Federico Storani (Interior), Adalberto Rodríguez Giavarini (Cancillería), Gallo (Infraestructura), López Murphy (Defensa), José Luis Machinea (Economía), Alberto Flamarique (Trabajo), Ricardo Gil Lavedra (Justicia), Héctor Lombardo (Salud), y Jorge de la Rúa (secretario de la Presidencia)

Ramón Puerta (20 de diciembre de 2001 – 22 de diciembre de 2001). Dirigente peronista nació en 1951. Presidente provisional.

Adolfo Rodríguez Saa (22 de diciembre de 2001 – 30 de diciembre de 2001).
Dirigente peronista, nació en San Luis en 1947. Elegido por e! Congreso, renunció a la semana ante un nuevo levantamiento popular.

Eduardo Camaño (31 de diciembre de 2001 – 1° de enero de 2002). Dirigente peronista, nació en 1946. Presidente provisional.

Eduardo Duhalde (1° de enero de 2002 – 25 de mayo de 2003).
Nació en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires en 1941. Fue gobernador y principal líder del peronismo bonaerense. Logró estabilizar la conflictiva situación política y social.

Néstor C. Kirchner (25 de mayo de 2003 – 2007).
Nació en Santa Cruz en 1950. Militó desde joven en el peronismo de su provincia hasta alcanzar el cargo de gobernador. En el año 2006 es el Presidente de los argentinos.


Golpe Militar de Ongania Revolucion Argentina Gobierno y Economía

1966: GOLPE DE ESTADO DE ONGANÍA
Presidentes de la «Revolución Argentina»

Una vez destituido el presidente constitucional Arturo Umberto Illia (1900-1983) el 28 de junio, los comandantes de las Fuerzas Armadas asumieron el poder mediante la constitución de una Junta Militar. Estaba integrada por el teniente general Pascual Ángel Pistarini (1915-1999), del Ejército; el almirante Benigno Várela (1917-1996), de la Armada, y el brigadier general Adolfo Álvarez (1919-2012), de la Fuerza Aérea. Al día siguiente la Junta decidió nombrar como presidente de facto a Onganía. Éste era el principal referente de la facción azul del Ejército pero las diferencias políticas producidas con Illia habían llevado a que abandonara el circunstancial legalismo que defendiera en 1962.

El nuevo presidente representaba la opinión generalizada de los azules que promovían una industrialización acelerada mediante políticas de desarrollo diferentes de las medidas keynesianas adoptadas por Illia. A su vez, la Doctrina de Seguridad Nacional y el posible riesgo de que elementos ideológicos del marxismo alteraran el orden social, habían llevado a Onganía a expresar que las Fuerzas Armadas debían estar subordinadas al gobierno emanado de la soberanía popular siempre que no existiera una amenaza interna.

Gobierno de Onganía Gobierno de Levingston Gobierno de Lanusse

RESUMEN DEL PERIODO: «El problema político se concentró sobre un tema fundamental: qué hacer con la masa mayoritaria que apoyaba a Perón y que rechazaba obstinadamente su apoyo a las diversas y variadas alternativas políticas que unos y otros imaginaron para seducirla. Durante dieciocho años fueron estériles los esfuerzos para encontrar una fórmula supletoria a la que apoyaban fervientemente las masa mayoritarias.»
José Luis Romero

Resumen: La Revolución Argentina:

Depuesto el mandatario constitucional, ocupó la primera magistratura del país el general Juan Carlos Onganía, a quien entregaron el poder los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. El nuevo presidente ocupó el alto cargo sin limitaciones en el poder y una de las primeras disposiciones del nuevo régimen, denominado Revolución Argentina, fue dar a conocer un Acta que decretó la destitución de las autoridades nacionales, disolvió el parlamento nacional y las legislaturas provinciales, separó de los cargos a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y suprimió los partidos políticos. El mismo documento puso en vigencia el Estatuto de la Revolución Argentina, cuyos diez artículos tenían prioridad sobre la Constitución Nacional y al que debía sujetarse el nuevo gobierno.

Sin determinar un límite en la duración de su mandato, el presidente dividió el proceso revolucionario en tres etapas: primero la económica, luego la social y finalmente la política. El plan económico se orientó para lograr una estabilidad monetaria, disminuir la inflación y nivelar el presupuesto. Algunos de estos objetivos fueron alcanzados, mientras se iniciaron o concluyeron obras públicas de importancia.

En este último aspecto deben mencionarse la obra hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados y la primera usina atómica en Atucha; también se terminó el túnel subfluvial entre las ciudades de Santa Fe y Paraná. En materia de vialidad se construyeron nuevas rutas y fueron mejorados los accesos a la Capital Federal.
En el orden social fue creciente el malestar que originó la aplicación del plan económico. El año 1969 indicó el comienzo de una escalada de violencia.

A fines de mayo de 1970, Onganía declaró que su gestión gubernativa —para tener éxito— debería prolongarse varios años. Esta actitud y el secuestro —y posterior asesinato— del general Aramburu por extremistas, precipitaron la caída del gobierno. El 8 de junio la situación hizo crisis y el presidente debió renunciar ante el requerimiento de la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Según lo dispuesto por el Estatuto de la Revolución Argentina, la dimisión se interpretó como un relevo y entonces la Junta Militar designó presidente de la República al general Roberto Marcelo Levingston, que cumplía una misión en Washington, quien regresó al país y juró el 18 de junio. Se inició así la llamada «segunda etapa» de la Revolución Argentina.

Durante la gestión de Levingston aumentaron la violencia política y los ataques guerrilleros. Fueron numerosos los asaltos a bancos, secuestros de empresarios y ataques a unidades militares con el objetivo de financiar y armar a los grupos guerrilleros. Entre los principales acontecimientos se destacó la toma de la localidad cordobesa de La Calera por parte de un grupo de Montoneros que respondía a Ignacio Vélez. También fue tomada la localidad de Garín (norte de la Provincia de Buenos Aires) por las FAR.

Para contener la situación, Levingston profundizó algunas de las medidas tomadas por Onganía en sus últimos meses de gobierno. Se creó el Consejo Nacional de Seguridad, el cual instauró Consejos de Guerra para actuar frente a la violencia social. De esa manera se sacaban las causas del ámbito judicial-civil para llevarlas a un plano político-militar. Tales prácticas se sustentaban en el Plan Conintes. Se sostuvo el estado de sitio y se acrecentó la detención espontánea de personas que pudieran ser consideradas por las fuerzas de seguridad como «sospechosas». Levingston y Lanusse encausaron especialmente los recursos de inteligencia militar para la detención y desarticulación de los integrantes de Montoneros que habían participado en el secuestro de Aramburu, para lo cual buscaron el apoyo político público de su hijo, Eugenio.

Ante la ola de secuestros desarrollados por las guerrillas, Levingston promovió la reforma del código penal en el que se incorporó la pena de muerte para secuestros y asesinatos. Las otras penas fueron aumentadas y se incluyó la condena por el uso de insignias militares no debidas. La pena de muerte nunca fue implementada legalmente y sería abolida al año siguiente.

Se constituyó una sección judicial especializada en la condena de las prácticas guerrilleras. Estuvo a cargo de la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, apodada despectivamente como el «Camarón». Poseía jurisdicción nacional con asiento en la Capital Federal. Fueron nacionalizadas todas las causas de violencia política, aunque su reglamentación era inconstitucional. Muchos de los jueces y fiscales integrantes de la Cámara fueron objeto de atentados políticos.

El clima de violencia crecía, a la par de que las medias económicas causaban nuevas alzas de la inflación, lo que perjudicaba a los ingresos salariales. El descontento social se expresó en una ola de levantamientos sociales.

Debido a desacuerdos con la Junta de Comandantes en Jefe, Levingston debió renunciar en la madrugada del 23 de marzo de 1971.

El 26 de marzo, el teniente general Alejandro Agustín Lanusse asumió la presidencia de la República, con retención del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el nuevo mandatario comenzó la «tercera etapa» de la Revolución Argentina y el gobierno manifestó su voluntad de llevar a término el proceso destinado a normalizar la vida institucional del país. Se estableció un calendario electoral y el partido Justicialista obtuvo su personería política.

En octubre de 1972, el gobierno convocó a elecciones para marzo del año siguiente. Un mes después y luego de largo exilio, el 18 de noviembre retornó al país el ex presidente Perón, quien —en el transcurso de su corta permanencia— conversó con dirigentes políticos.

Se integró el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional), que proclamó la fórmula peronista a la presidencia de la República, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, quiene triunfaron en las elecciones de 11 de marzo de 1973.

El Gobierno de la Revolución Argentina del general Juan Carlos Onganía -respaldado por las empresas multinacionales y por un sector del sindicalismo- cerró el Congreso, prohibió la actividad política, intervino las universidades e implantó la censura.

La política económica promovió la radicación de grandes empresas multinacionales. El gobierno intervino con fuerza en la economía. Devaluó la moneda y fijó un tipo de cambio alto para aumentar las posibilidades exportadoras de la gran industria. Al mismo tiempo, para financiar sus gastos, el estado retuvo un porcentaje del ingreso por exportaciones agrícolas.

Entre 1969 y 1970, varios conflictos debilitaron al gobierno.

• En 1969, estalló en Córdoba un movimiento de protesta social –el Cordobazo-, en el que participaron obreros industriales, empleados estatales y estudiantes universitarios. A partir de entonces, se produjeron protestas en distintas ciudades (Rosario, Mendoza), que indicaban la extensión del descontento.

• En 1970, surgió un grupo guerrillero –Montoneros– de filiación peronista. Otro grupo –ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, trotskista)- intensificó sus actividades.

Onganía fue destituido en 1970. Luego de un breve gobierno del general Roberto M. Levingston, en 1971 asumió la presidencia el general Alejandro A. Lanusse, un jefe militar con cierta capacidad política para conducir una salida democrática. En 1972, Perón regresó al país luego de diecisiete años de exilio.

Conclusión: El ciclo de la Revolución Argentina agudizó los conflictos que supuestamente vino a disipar. El problema del desarrollo no estaba resuelto: si bien la industria alcanzó mayores niveles de tecnificación, la economía quedó atrapada en la lógica del saqueo y la inflación descontrolada.

El desorden social en 1973 era mayor que en 1966. Bajo el régimen represivo de Onganía surgieron movimientos radicalizados, tanto en lo político como en lo sindical, que legitimaron la violencia como un medio para la resolución de los conflictos sociales. Este era el producto de 17 años de intolerancia que impidió el desarrollo normal de la actividad política.

Perón por su parte, llegó al poder aplicando la misma estrategia de octubre de 1945: las Fuerzas Armadas lo acusaron de ser el origen del conflicto social; él se presentó como el único líder que podía resolverlo. Sin embargo, confió demasiado en su capacidad para controlar las fuerzas que había desatado dentro de su movimiento.

El destino del Estado Burocrático Autoritario en Argentina fue distinto al de sus vecinos latinoamericanos. En el Brasil de 1964 y en Chile en 1973, las alianzas tecnocráticas que llevaron al poder a los militares fueron lo suficientemente sólidas como para mantenerse en el poder, mediante el uso de la represión, hasta concretar sus objetivos.

En el caso argentino, el estallido del cordobazo y las divisiones dentro de las Fuerzas Armadas demostraban que distintos sectores sociales que originariamente estuvieron de acuerdo con el golpe, rápidamente lo dejaron solo.

Pero sería equivocado cargar sobre los militares megalómanos toda la responsabilidad, dado que en 1966 la sociedad mostró su poco aprecio por el orden institucional. Partidos políticos, intelectuales de derecha e izquierda, militares, religiosos y empresarios sacrificaron a la democracia en aras de las «grandes transformaciones» y el «destino de grandeza» del país.

La Revolución Argentina incrementó las tensiones y los desgarramientos sociales, se generaron de esta manera las condiciones para que la violencia fuera visualizada como el único medio posible para el diálogo entre la sociedad y el Estado. (Fuente: Cuatro Décadas de Historia Argentina)

LA DEMOCRACIA: En las elecciones de 1973 triunfó el Frente Justicialista de Liberación, integrado por el peronismo y varios partidos menores. Héctor J. Cámpora, un hombre de absoluta lealtad a Perón, asumió la Presidencia de la Nación en mayo de 1973.

El fracaso democrático
El gobierno democrático encontró una situación compleja:

• las expectativas de cambio social eran grandes;
• el movimiento peronista estaba fragmentado en grupos de izquierda y de derecha, enfrentados violentamente por el control del gobierno;
• el presidente Cámpora sólo tenía un poder formal: Perón era la única figura con capacidad para ser arbitro entre los sectores.

En julio de 1973, Cámpora renunció y, luego de nuevas elecciones. Juan D. Perón -acompañado en la fórmula por su esposa María Estela Martínez- asumió la presidencia. El líder impulsó un Pacto Social entre empresarios y sindicalistas para frenar la puja sectorial.

Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –
Nuestra Historia 1966-1972 – La Revolución Argentina – Nueva Enciclopedia Visual de Historia Argentina

 

Cronologia de Todos los Virreyes del Virreinato y Sus Obras

Cronología de Todos los Virreyes del Virreinato
Obras de Gobierno

 1176
PEDRO DE CEBALLOS

Expulsó a los portugueses y aminoró el contrabando.
En 1777 dio el Auto de libre internación; en 1778 habilitó el puerto de Buenos Aires para el comercio con España.
Fomentó la agricultura y la ganadería. Aumentó la seguridad de los caminos interiores mediante fortines y patrullas.

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1178
JUAN JOSÉ VÉRTIZ Y SALCEDO

Nativo de México. Implantó la Aduana (1778) y el régimen de intendencias (1782). Creó: la Casa de Corrección; la Casa Cuna u Hospital de Expósitos, donde se instaló la imprenta que estaba abandonada en Córdoba; el Protomedicato, donde, a principios del siglo XIX, se inició la enseñanza de la medicina; y el Hospicio de Pobres Mendigos. Instaló el alumbrado público con velas de sebo y aceite; dispuso el rellenamiento de los pantanos y la construcción de la alameda sobre la barranca del río. Habilité el teatro que se llamó Casa de Comedias en el lugar denominado La Ranchería (esquina de las actuales calles Perú y Alsina). lmplantó los reales estudios y creó el Real Convictorio Carolino (1783). Organizó los bienes de los jesuitas, implantando la Junta Superior de Temporalidades. Contribuyó a sofocar la sublevación de Túpac Amaru.

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1784
CRISTÓBAL DEL CAMPO

Durante su gobierno se creó la intendencia de Puno, incorporada al virreinato del Perú en 1796. Prosiguió el arreglo de las calles, haciendo empedrar algunas. Procedió a instalar la Audiencia, instituida durante la gestión de su antecesor.

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1789
NICOLÁS DE ARREDONDO

Previamente, fue gobernador interino de La Plata (Charcas). Inició el empedrado de a Plaza Mayor y de la calle de las Torres (actual Rivadavia). Permitió el libre comercio negrero a buques nacionales y extranjeros durante seis años. Esta actividad provocó un litigio con el Consulado de Buenos Aires, que acababa de instalarse. (ver: llegada a Bs.As.)

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1795
PEDRO MELO DE PORTUGAL Y VILLENA

Con anterioridad, fue gobernador del Paraguay. Amplió el comercio exterior a Manila y otros puertos del Pacífico. Abrió el comercio de carnes y harina con La Habana. Puso en estado de defensa las plazas fuertes de la Banda Oriental.

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1797
ANTONIO OLAGUER Y FELIU

Fue virrey interino, por pliego de providencia. Tomó medidas para impedir el ataque de los portugueses, aliados de los ingleses.
Permitió el comercio con buques extranjeros.

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 1799
GABRIEL DE AVILES Y DEL FIERRO

 Organizó expediciones a las salinas, en procura de sal. Fomentó el desarrollo de las poblaciones fronterizas con los indios. Durante su mandato se publicó el Telégrafo Mercantil. Apoyé el funcionamiento de la Escuela de Náutica, creada por el Consulado.

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1801
JOAQUÍN DEL PINO

 En 1776 fue gobernador de Montevideo. Terminó la plaza de toros del Retiro. Se preocupó por la concentración de los lugares de expendio de alimentos, surgiendo así la Recova. Reglamentó el comercio de trigo. Fomenté la minería y la construcción de embarcaciones en Corrientes y Paraguay.

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1804
RAFAEL SOBREMONTE

(1804-1807). Desempeñó previamente los cargos de secretario de Vértiz, gobernador intendente de Córdoba, subinspector general de las tropas del Virreinato. Introdujo la vacuna antivariólica. Gestionó y consiguió la creación del obispado de Salta. Reformó la universidad de Charcas. Fundó la población de San Fernando de Buena Vista. Durante las invasiones inglesas su actuación fue muy deslucida.

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1807
SANTIAGO LINIERS

Ver: Liniers

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1810
BALTASAR HIDALGO DE CISNEROS

Ver: Cisnero

Expedicion a la Banda Oriental Sitio a Montevideo

EXPEDICIÓN A LA BANDA ORIENTAL

PRIMER SITIO A MONTEVIDEO
EN misión de propaganda a la Banda Oriental partió el Secretario de la Junta, Juan José Paso. En Montevideo no fue reconocido; se lo apresó y obligó a volver a Buenos Aires.

Elío, que había vuelto de España con el título de virrey del Río de la Plata, concentró sus tropas en Montevideo a la espera de refuerzos. La campaña oriental se declaró en favor de la revolución —Grito de Asencio, el 28 de Expedicion a la Banda Oriental Belgrano Sitio a Montevideo Artigasfebrero de 1811—, y la Junta de Buenos Aires envió a Belgrano, que regresaba del Paraguay, para apoyar a los orientales y organizar las fuerzas. Este fue eficazmente secundado por José G. Artigas y sus hombres.

Belgrano era el hombre indicado, por su espíritu disciplinado, pero al ocurrir en Buenos Aires los acontecimientos del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado del mando y traído a Buenos Aires para someterlo a proceso sobre el resultado de la campaña del Paraguay.

Poco después el coronel José Rondeau reemplazó a Belgrano en el mando del ejército, e inmediatamente nombró a Artigas jefe de la vanguardia. Este se adelantó y venció a los españoles el 18 de mayo en el combate de Las Piedras, obligándolos a refugiarse en la plaza fuerte de Montevideo.

José Gervasio de Artigas, contaba con 1.100 hombres, y se enfrentó a a 1.200 realistas al mando de José de Posadas. El vencedor tuvo 70 bajas y su oponente 100 muertos, 60 heridos y 500 prisioneros, después de varias horas de enfrentamiento.

El 1° de junio se produce el primer sitio a Montevideo a con el ejército al mando de Rondeau luego del triunfo de Las Piedras. La agrupación realista de Colonia se trasladó por agua a Montevideo. El poder defensivo de esta plaza fue aumentando progresivamente mediante los recursos de la fortificación.

17 de julio: Portugal Invade Montevideo
El general Diego de Souza con un ejército de 5.000 hombres que se había concentrado en la frontera penetra en territorio oriental y llega a Cerro Largo (hoy Meló) dispuesto a operar en combinación con los sitiados.

21 de octubre. Tratado con Elío.
Las principales disposiciones de dicho tratado firmado por Elío y el gobierno de Buenos Aires eran: el primero haría retirar las tropas portuguesas que se encontraban en la Banda Oriental; el segundo se comprometía a retirar sus fuerzas de este territorio. Artigas no aceptó el pacto y se retiró con sus partidarios a orillas del río Negro.

FIN DE LA PRIMERA CAMPAÑA
ELÍO, sitiado en Montevideo, pidió ayuda a la corte portuguesa residente en Río de Janeiro. Esta envió a Diego de Souza con un ejército que se situó a orillas del río Uruguay esperando el momento de atacar.

La Junta de Buenos Aires encargó a Sarratea que intercediera ante la corte portuguesa para lograr que se retirara este ejército. Ante el desastre de Huaqui se iniciaron negociaciones con Elío, que se creía dueño de la situación al saber que Goyeneche avanzaba por el norte y que en Buenos Aires Alzaga proyectaba una revolución. Elío creyó no necesitar a las tropas portuguesas y aceptó un armisticio —20 octubre 1811— comprometiéndose a disponer la retirada de aquéllas si los criollos regresaban a Buenos Aires.

Así se hizo, y Rondeau volvió providencialmente para sofocar la sublevación cíe los Patricios que poco después estalló en Buenos Aires. Artigas en cambio, disconforme con el armisticio, se retiró al interior con sus tropas, prosiguiendo la Campaña por la independencia uruguaya.

SEGUNDO SITIO A MONTEVIDEO
El armisticio por el que cesó el primer sitio de Montevideo duró apenas un año. En octubre de 1812 Rondeau puso cerco a la ciudad por segunda vez, y la lucha recomenzó. A fines de ese año, mientras se hallaban en el Cerrito, los patriotas fueron sorpresivamente atacados por Gaspar de Vigodet, jefe realista que había reemplazado a Elío.

Luego de una cruenta lucha que por momentos se consideró perdida, los patriotas consiguieron imponerse, con lo que el cerco que aprisionaba a Montevideo se estrechó todavía más.

A pesar de ello, los españoles mantenían el dominio de las aguas y, por tal, causa, a mediados de 1813 fue necesario equipar una escuadra de catorce naves cuyo mando se confió a Guillermo Brown, marino irlandés de probada adhesión a la causa patriota. El 15 de marzo de 1814 Brown derrotó a los españoles en el combate de Martín García y, tras reorganizar su flota en Buenos Aires, inició en abril el bloqueo marítimo de Montevideo, terminando por vencer definitivamente -entre el 14  y el 17 de mayo- a la fuerza naval enemiga.

Entretanto, el general Alvear había llegado al Cerrito y reemplazado a Rondeau en el mando de las tropas. El doble bloqueo por agua y por tierra quebró la resistencia realista y Vigodet capituló. El gobierno de Buenos Aires designó entonces gobernador de aquella plaza a Nicolás Rodríguez Peña.

CAÍDA DE MONTEVIDEO: En tales circunstancias el general Rondeau, que dirigía las fuerzas sitiadoras de tierra, fue sustituido por Carlos de Alvear, militar criollo que había combatido en España contra las fuerzas napoleónicas y había llegado a Buenos Aires en 1812, junto con San Martín. El joven y ambicioso jefe logró vencer a los realistas.

El 23 de junio de 1814, la plaza de Montevideo, con su gobernador Vigodet a la cabeza, se rendía a los patriotas. Desaparecía así uno de los mayores peligros para el gobierno revolucionario. Ambas márgenes del Río de la Plata estaban en poder de las fuerzas patriotas.

Pero este triunfo resultaría estéril al poco tiempo. Las desavenencias entre Artigas y el gobierno porteño se acentuaron en muy poco tiempo.

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers Castelli

Primera Expedición al Alto Perú
Fusilamiento de Liniers

La guerra en el Noroeste Desde 1810 hasta 1815 nuestros primeros gobiernos patrios enviaron tres expediciones militares al Alto Perú (hoy Bolivia). Pero, hasta 1822, se mantuvo una constante actitud bélica en todo nuestro actual Noroeste, en especial en las provincias de Jujuy y de Salta.

La primera expedición al Alto Perú el 3 de junio de 1810 partió de Buenos Aires la primera expedición auxiliadora rumbo al Noroeste. Su jefe era un militar nacido en La Rioja: don Francisco Ortiz de Ocampo. El coronel Antonio González Balcarce era el segundo jefe.

La integraron mil ciento cincuenta hombres medianamente equipados, pero llenos de entusiasmo, que en su mayoría no estaban preparados para la guerra. Su misión era aplastar cualquier intento contrarrevolucionario en el camino hacia el Alto Perú, y lograr la adhesión de las ciudades y pueblos del interior a la causa revolucionaria.

Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliAl llegar a Córdoba la expedición tuvo que vencer el primer obstáculo que se oponía a la revolución: la resistencia organizada por Santiago de Liniers (imagen izq.) y apoyada por el gobernador Gutiérrez de la Concha y otros funcionarios coloniales. Liniers era en ese momento la figura militar de más prestigio en el Virreinato.

Los patriotas, con justos motivos, veían en él armas peligroso enemigo de la revolución.

Liniers y sus compañeros pretendieron resistir a la expedición auxiliadora, pero carente de tropas suficientes y de apoyo popular, debieron huir hacia el Norte para procurar el encuentro con las tropas realistas del Alto Perú. Fueron apresados en la posta de Piedritas (en la actual provincia de Santiago del Estero), por una fuerza a cargo del coronel Antonio González Balcarce.

De allí fueron llevados primero a Córdoba y después enviados bajo custodia hacia Buenos Aires, ya que Ortiz de Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliOcampo dudó en hacer cumplir la orden de la Junta Provisional de Gobierno de ejecutar a los complotados «allí donde se los hallase».

Al llegar el contingente con los prisioneros al lugar llamado Monte de los Papagayos, situado cerca de la posta de Cabeza de Tigre (en Córdoba y muy cerca del límite actual con Santa Fe), fueron fusilados por las tropas que dirigía el vocal de la Junta porteña, Juan José Castelli, (imagen izq.)quien se dirigía desde Buenos Aires rumbo al Noroeste para hacerse cargo de la expedición.

Por haberse opuesto a ejecutar a Liniers y a sus compañeros fue relevado del mando militar de la expedición don Francisco Ortiz de Ocampo y nombrado en su lugar Antonio González Balcarce. Pero, el mando político y real de la campaña estaría a cargo de Castelli.

La misión de Castelli Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario.

Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

«1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejército posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.

12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos(..)»

Balcarce: la vanguardia rumbo al Alto Perú Mientras Juan José Castelli avanzaba con una pequeña partida hacia el grueso del ejército, Antonio González Balcarce abandonó Córdoba el 4 de octubre de 1810. En un rápido avance, el 9 llegó a Santiago del Estero; el 14 a San Miguel-de Tucumán; e!19 a Salta; y el 27 a San Salvador de Jujuy. Mucho más al norte, las tropas realistas estaban muy preocupadas.

El presidente de la Audiencia de Chuquisaca, Vicente Nieto, optó por acantonarse con sus tropas en Potosí, a la espera de los refuerzos que le podía enviar el virrey del Perú, Fernando de Abascal. Sin embargo, un suceso interrumpió este plan: las tropas peruanas destinadas a ser enviadas al Alto Perú, debieron trasladarse a Quito (en el actual Ecuador), donde también estalló un movimiento revolucionario. Asimismo, otra nefasta noticia le llegó a Nieto en su acantonamiento de Potosí: toda la provincia cochabambina se había levantado en armas.

Las columnas porteñas continuaban avanzando engrosando su número. El jefe de la revolución cochabambina, teniente coronel Francisco del Rivera, fue nombrado por la Junta porteña como gobernador-intendente de ese territorio, encomendándosele la fortificación de la plaza a la espera de las tropas porteñas.

De esta manera, el ejército realista de Nieto está aislado. Por el sur, avanzaban las columnas de González Balcarce. Por el norte, los rebeldes de Del Rivera.

El ejército cruzó el límite jujeño y atacó Cotagaita, posición situada en el Alto Perú, fuertemente defendida por los españoles al mando del general José de Córdova y Rojas, el 28 de octubre de 1810.

Luego de cuatro horas de encarnizada lucha, nuestro ejército, rechazado en ese primer intento, retrocedió hasta el río Suipacha, donde recibió refuerzos.

LA MISIÓN DE CASTELLI: Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario. Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejercito posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.

12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos

Fuente Consultada: Nuestra Historia Argentina – Las Campañas Militares – Fascículo 5 – Colección CosmiK

PARA SABER MAS…
Al llegar a Córdoba las noticias de la revolución de Buenos Aires, se constituyó en aquella estratégica ciudad un peligroso foco de resistencia encabezado por el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha y por el ex virrey Santiago de Liniers.

En carta a su suegro -que Intentaba disuadirlo-, escribió el último de ellos: «¿Pretende Vd. […] que un militar, que durante treinta y seis años ha dado pruebas reiteradas de su amor y fidelidad al Soberano, lo abandonase en la última época de su vida? ¿No dejaría a mis hijos un nombre marcado con el estigma de la traición?!,..] Haga Vd. conocer estos propósitos a los que le pregunten por mí, pues no los renunciaría aunque tuviese el cuchillo sobre la garganta».

Sus esfuerzos por reunir un contingente de tropas fracasaron. Los líderes de la frustrada Intentona trataron de huir pero fueron capturados; Liniers, Gutiérrez y otros tres cabecillas fueron remitidos con escolta a Buenos Aires. En la capital, los hombres de la Junta consideraron que debía darse un terrible ejemplo que disuadiera a otros potenciales enemigos y fulminaron sentencia de muerte. Una comisión al mando de Juan José Castelli interceptó a los prisioneros y su escolta en las inmediaciones de un paraje llamado Cabeza de Tigre, cerca de Cruz Alta, y se dispuso el cumplimiento de la pena.

Un contemporáneo escribió: «Todos, según cuentan, murieron al golpe y sólo Liniers padeció algo, pues las balas pasaron sin darle ninguna en el pecho ni en la cabeza. […] No siendo extraño que los [soldados], no le hubieran acertado, pues dicen, que les temblaban las manos al dispararle…]…] viendo French esto y que padecía, fue Inmediatamente y lo acabó dándole un pistoletazo…» (El supuesto autor de la implacable piedad del tiro de gracia era el mismo que hemos visto agitando a la gente en la plaza.) Como señaló Paul Groussac, Llniers y sus cuatro compañeros «murieron por ser fieles a su nación y a su rey»; paradojalmente, la Junta que los mandó ejecutar invocaba como principio la lealtad al cautivo Fernando VII.

Manuel Moreno en su Vida y memorias de Mariano Moreno, escribió: «Los caudillos de Córdoba no se contentaron con oprimir su provincia. […] Fomentaron una abominable conspiración en todos los pueblos […] se empeñaron en establecer el funesto dilema, que obró por fin su ruina. Nuestra muerte o la de ellos era inevitable…».

(En los días previos a la Revolución de Mayo, el mismo Liniers había escrito a Cisneros denunciando a los rebeldes y aconsejándole proceder sin vacilar y aplicando la pena capital.) «La providencia, que vela sobre el castigo de los delitos y principalmente de los cometidos contra los pueblos -proseguía Moreno- quiso que Liniers pagase al fin los suyos, por mano de los mismos que tanto había ofendido, aunque lo habían amado tanto.»

Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Expediciones Militares al Alto Peru Guerras de la Independencia

Expediciones Militares al Alto Perú
Guerras de la Independencia

Desde sus comienzos los revolucionarios de Mayo de 1810 sabían que la guerra contra las fuerzas de los partidarios del rey era inevitable. Y también sabían que era necesario ganar tal guerra para que el movimiento revolucionario pudiese sobrevivir y desarrollarse.

 ORGANIZACIÓN DE LAS EXPEDICIONES MILITARES ARGENTINAS

En un comienzo, los primeros ejércitos de la Patria tuvieron una actitud ofensiva, o sea, intentaron, a través de las armas, expandir el movimiento revolucionario que había sido generado en la ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces capital del Virreinato del Rió de la Plata.

Luego, la guerra fue defensiva pues las fuerzas realistas españolas en América eran poderosas. Para enfrentar al movimiento iniciado en Buenos Aires en 1810 disponían de un baluarte situado fuera de las fronteras del Virreinato del Río de la Plata: el Perú.

Dentro del territorio del Virreinato los centros más activos de resistencia realista fueron Córdoba, situada en el camino al Alto Perú; Asunción, en el Paraguay, y Montevideo, además de las tropas rea listas estacionadas en el Alto Perú (hoy Bolivia), desde el año 1809.

Los primeros gobiernos patrios tuvieron que improvisar ejércitos para defender el movimiento emancipador y además debieron luchar políticamente para organizar el país. Esta tarea provocó frecuentes cambios de gobierno. Los seis años que transcurrieron entre 1810, fecha de la instalación de la Junta Provisional de Gobierno que reemplazó a la autoridad virreinal, y 1816, año de la Declaración de la Independencia, fueron de intensa actividad política y militar en nuestro territorio. El gobierno militar se dispuso a someter a los insurrectos.

En Córdoba se hallaba,  don Santiago de Liniers, el héroe de la Reconquista de Buenos Aires en 1806, que se mantenía leal al rey Fernando VII de España y se oponía al nuevo gobierno surgido en Buenos Aires. En compañía del gobernador de aquella provincia, Gutiérrez de la Concha, del obispo Orellana y de otros jefes, Liniers preparaba la reacción realista, a la espera de las tropas que debían llegar del Perú para apoyarlo.

En Asunción gobernaba don Bernardo de Velasco, militar y funcionario español, contrario también a los revolucionarios de Buenos Aires En Montevideo, plaza que contaba con una sólida fortaleza, el gobernador don Francisco Javier de Elío desconoció a la Junta de Buenos Aires y asumió el mando de los realistas montevideanos y de la Banda Oriental.

El gobierno de Buenos Aires — constituido sucesivamente por la Primera Junta, la Segunda Junta o Junta Grande, los Triunviratos y el Directorio, resolvió proceder con energía contra esos tres focos de reacción española: organizó expediciones militares y creó las primeras fuerzas navales para atacarlos.

Además, envió en 1813 un cuerpo de ejército a Chile para auxiliar al pueblo hermano en sus primeras luchas contra los realistas. Como muchos de estos sucesos militares fueron inevitablemente tratados en las exposiciones anteriores, lo que ahora se hará será la profundización de lo expuesto. 

Asimismo, no se hará un desarrollo cronológico sino que se dividirá la cuestión de la guerra revolucionaria en tres aspectos: la frontera noroeste, la frontera noreste y la frontera este. De esta manera se posibilitará un tratamiento más profundo de la acción militar que posibilitó la supervivencia de la Revolución de Mayo.

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Expedicion al Paraguay Belgrano Combate Tacuarí Batallas

Expedición al Paraguay Belgrano Combate Tacuarí Batallas

EXPEDICIÓN AL PARAGUAY:

Cuando el gobernador del Paraguay Bernardo de Velazco tuvo conocimiento de los sucesos ocurridos en Buenos Aires y del establecimiento de la Primera Junta, reunió el 24 de julio un Cabildo Abierto que resolvió:

1) reconocer y jurar obediencia al Consejo de Regencia; 2) mantener cordiales relaciones con Buenos Aires, pero no reconocer su gobierno; 3) organizar una junta de guerra con Velazco como presidente, que adoptaría las medidas necesarias para defender el territorio.

 Combate Tacuarí Batallas

Expedició al Paraguay

La opinión pública paraguaya estaba dividida en tres partidos: el realista, encabezado por Velazco que triunfó en el Cabildo Abierto del 24 de julio y que sostenía la dependencia de España; el porteño, que respondía al gobierno de Buenos Aires y el nativo, que perseguía la independencia del Paraguay. Como la Junta de Buenos Aires fuese informada de que en Asunción predominaba el partido de los porteños, resolvió iniciar una campaña militar con el objeto de que el Paraguay reconociese al nuevo gobierno.

El comando de la expedición fue confiado a Manuel Belgrano, que con escasas fuerzas partió de Buenos Aires hacia la Bajada del Paraná, lugar elegido para la concentración de sus tropas, aumentadas en forma tal que pudo contar con novecientos cincuenta hombres de infantería y de caballería, que en su mayoría carecían de instrucción militar. Por otra parte, el cuadro de oficiales y suboficiales era deficiente y el armamento sumamente escaso, pero Belgrano no se amedrentó y procedió a su organización y adiestramiento.

A fines de octubre partió de la Bajada y como Velazco había ocupado todos los pasos del Paraná prefirió internarse en la Mesopotamia. En su marcha fundó los pueblos de Mandisovi al norte de Entre Ríos y Cururzú Cuatiá, al sur de Corrientes.

A mediados de diciembre cruzó el Paraná a la altura de la Candelaria (antigua capital de las Misiones jesuíticas). Apenas desembarcados en territorio paraguayo atacaron exitosamente una guardia en Campichuelo. Las tropas paraguayas al mando de Velazco se retiraron a Paraguary, pues este jefe había resuelto atraer al ejército patriota al interior del país, obligándole a realizar una marcha penosa a través de la selva, de pantanos y de poblaciones hostiles, que debilitarían sus fuerzas.

El 19 de enero de 1811 se libró el combate de Paraguary, en que las tropas patriotas no supieron aprovechar la sorpresa de un primer ataque, que consiguió romper por el centro la línea paraguaya, por lo que fueron derrotadas y debieron iniciar la retirada. Belgrano trató de fortificarse en Tacuarí, al sur de Paraguary y pidió refuerzos a la Junta, que le mandó quinientos infantes y la flota al mando de Juan Bautista de Azopardo, que trató de cortar las comunicaciones entre Paraguay y Montevideo.

El 2 de marzo la flota realista comandada por Jacinto de Romarate atacó a la pequeña fuerza naval argentina integrada por tres barcos, librándose el encuentro de San Nicolás tras el cual las naves patriotas quedaron en poder de los españoles y su jefe fue hecho prisionero y conducido a Cádiz a una prisión y después a Ceuta. Fue puesto en libertad por la revolución de Riego de 1820.

Mientras tanto las fuerzas paraguayas al mando del general Manuel Cabañas iniciaron el avance hacia las patriotas, que cerraban el paso del Tacuari, sin que Belgrano se enterase por la poca vigilancia que había establecido.

El ataque se efectuó en la madrugada del 9 de marzo; la sorpresa y el mayor número de las tronas atacantes colocaron en una situación crítica a los patriotas, que no obstante resistieron con gran valor. Al día siguiente se firmó un armisticio por el que se convenía el retiro del ejército enviado por la Junta, que retrocedió hacia la Candelaria, acompañado largo trecho por los paraguayos, repasando el Paraná en su marcha de regreso, antes de fines de marzo.

Si militarmente la expedición de Belgrano fue un fracaso, resultó en cambio un éxito en el terreno de las ideas, ya que los jefes y oficiales paraguayos imbuidos en los principios liberales que los argentinos sustentaban, contribuyeron a que se concretase un movimiento revolucionario que estalló en Asunción al poco tiempo.

Efectivamente, después de Tacuarí los jefes paraguayos se alejaron de Velazco, que había tenido una conducta cobarde durante la campaña contra las fuerzas de Buenos Aires, entonces el gobernador se inclinó hacia los portugueses tratando así de afirmar su menguada autoridad, pero con ello no logró más que precipitar su caída.

En la noche del 14 de mayo un grupo de patriotas obligó a Velazco a deponer el mando, consintiendo éste en desempeñar el gobierno asociado a otros dos miembros (José Gaspar de Francia y Juan Valejano Zeballos) que constituyeron un Triunvirato (día 15).

El 16 el nuevo gobierno quedó establecido, pero reunido un Congreso el 17 de junio según lo estableciera el plan revolucionario, se decidió que Velazco debía cesar en sus funciones, nombrándose una Junta integrada por cinco vocales, entre ellos José G. de Francia. Este gobierno no reconoció al Consejo de Regencia.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Primer Gobierno Patrio Hombres Influencia Ideas de la Ilustracion

Perfil de los Integrantes de la Primera Junta de Gobierno de 1810

Antecedentes Semana MayoSemana de Mayo – Asamblea de 1813 – Focos Revolucionarios

LOS HOMBRES DE MAYO DE 1810
INTEGRANTES DEL PRIMER GOBIERNO PATRIO

Dos fueron las principales líneas de pensamiento que se enfrentaron en el Cabildo abierto del 22 de mayo. Una fue liderada por el obispo Lúe, representante de los grupos que defendían la necesidad de continuar reconociendo a las autoridades españolas en América y de mantener la fidelidad al rey Fernando, aún prisionero.

Otra fue la postura encabezada por Juan José Castelli, quien afirmaba: «No habiendo Rey, las autoridades españolas no representan a nadie y el pueblo tiene el derecho de decidir qué hará».

Al no lograrse un acuerdo que contara con el apoyo de todos los participantes, se pasó a votar ambas propuestas y el resultado fue ampliamente favorable a la posición de Castelli.

La cuestión siguiente fue resolver quién reemplazaría al virrey. Las negociaciones entre diferentes grupos llevaron a la decisión de conformar una Junta de Gobierno, tal como había ocurrido en España y en otras ciudades del continente americano, hasta tanto se resolviera la situación por la que atravesaba el rey Fernando VII.

Una fuerte discusión se generó cuando los miembros del Cabildo debieron decidir quiénes la integrarían.

En un principio, los españoles consiguieron que se formara con Cisneros como presidente, otros dos españoles peninsulares, Castelli y Saavedra, jefe de las milicias.

Los revolucionarios, disconformes con lo decidido, presionaron para que renunciaran y se convocara a un nuevo Cabildo abierto para el 25 de mayo.

Ese día se formó una nueva Junta que envió a todas las provincias que integraban el virreinato del Río de la Plata una invitación para que, una vez elegidos sus propios representantes, se incorporaran a ella, formándose de este modo la denominada Junta Grande.

INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN EN LOS REVOLUCIONARIOS:

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración.

Una de las principales obras escritas por los pensadores ilustrados, «El contrato social«, del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno.

En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno.

Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.

No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

LA SOBERANÍA POPULAR REEMPLAZA A LA SOBERANÍA DE LA CORONA:

España fue siempre un país con vocación de libertad, de profundo espíritu democrático. Aprecio de la libertad individual, defensa de los privilegios y derechos locales, respeto a las leyes, son principios constantes en la historia española.

Sus teólogos, sus filósofos políticos, sus juristas, son los creadores del derecho de gente, del derecho internacional, de la limitación del poder real, del principio de soberanía popular, propio de las ideas de la ilustración francesa, y que en ellos se han nutrido y se nutren los modernos movimientos en pro de la democracia y de la libertad política.

La lealtad con que los españoles obedecieron a sus reyes nunca fue servilismo, ni permitió el atropello de sus derechos personales.

El absolutismo o centralismo que quisieron imponer algunos monarcas se estrelló contra la inquebrantable voluntad de libertad del pueblo español.En España la base de la soberanía estuvo siempre en el pueblo, quien mediante un «pacto» o «contrato» había confiado su ejercicio a la Corona.

El movimiento libertador de Mayo de 1810 se da en perfecta continuidad y acuerdo con la doctrina y la concepción españolas del poder.

Vamos a resumir la concepción del poder en Francisco Suárez, teólogo, filósofo y jurista español, en que se nutrían los políticos españoles, y que fue, asimismo, fundamento de la posición adoptada por los patriotas. Las obras de Suárez fueron escritas para refutar a Jacobo I de Inglaterra y demás defensores del poder absoluto o del «derecho divino de los reyes».

1. Para que exista sociedad es necesario el poder político que la ordene y dirija. No hay sociedad sin autoridad. De la naturaleza humana surge la necesidad del poder. Por eso decimos que «el poder viene de Dios, autor de la naturaleza».

2. Nadie tiene por naturaleza derecho al ejercicio del poder. Los hombres somos esencialmente iguales. El poder pertenece a la comunidad. Dios ha transferido a ella su propio poder.

3. El poder viene de Dios. Pero no es Dios quien designa los gobernantes, ni quien les confiere el poder. Los gobernantes son designados por la comunidad y de ella reciben su poder.

4. Todo poder es por naturaleza limitado. Está sujeto al derecho natural, al orden jurídico y al bien común. Los mandatos injustos de los gobernantes son carentes de valor; el uso arbitrario del poder puede ser resistido. En último término, en defensa de la libertad y del bien común, Suárez justifica el tiranicidio.

5. El pueblo confiere el poder al monarca mediante un «pacto» o «contrato». Este pacto o contrato no es retractable unilateralmente. Mientras el monarca cumpla su función no le es lícito al pueblo cambiar de voluntad y designar otros gobernantes. El poder ha sido enajenado.

6. Sólo cuando el monarca se ha convertido en déspota o tirano, y no cumple con el compromiso contraído en el «pacto», el pueblo tiene derecho a deponerlo y, reasumiendo su poder soberano, designar otros gobernantes.

Sobre estos principios de la ilustración se apoya la posición y argumentación de los patriotas.

No acusan al rey de tiranía o despotismo, sino sostienen que estando cautivo en Francia el trono está vacante y por lo tanto, la soberanía ha vuelto al pueblo.

Los gobiernos y Juntas constituidos en España carecen de delegación real, no representan el poder del monarca. Han surgido por voluntad de las provincias peninsulares.

América no ha concurrido a su erección y en consecuencia, carecen de poder legítimo sobre estas regiones.

En tal situación el pueblo del Virreinato ha reasumido su poder soberano. No está sujeto a autoridad peninsular de ninguna naturaleza y es al mismo pueblo a quien le corresponde determinar su destino y designar a los gobernantes.

Es este el contenido del discurso de Castelli en la reunión del 22 de mayo: «El gobierno soberano de España ha caducado… se ha producido la reversión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires».

La fundamentaeión del voto de Saavedra, al cual adhirieron la mayor parte de los patriotas, contiene la misma posición.

En él sostiene que dadas las circunstancias debe substituirse la autoridad del virrey; que hasta que se forme la Junta integrada por los pueblos del virreinato que debe ejercer el poder, éste sea reasumido por el Cabildo, el cual nombrará un gobierno provisorio en la forma y modo que estime conveniente.

Y agrega textualmente: «y no quede duda de que el pueblo es el que confiere autoridad o mando».

No son distintos los principios substentados por los españoles, a excepción de los del obispo Lué que provocaron indignación entre los mismos españoles.

Los españoles sostienen que habiendo cesado la autoridad del Rey correspondía enviar diputados a las Cortes convocadas en Cádiz que decidirían la actitud a tomar por todo el Reino de España e Indias.

El fiscal Villota argumentó que en el Cabildo sólo estaba representado el pueblo de Buenos Aires, el cual no tenía derecho para resolver un asunto que concernía a toda la monarquía hispánica; que la cuestión debía ser resuelta «por toda la representación nacional».

A su vez, los miembros del Cabildo, aceptando que la autoridad del virrey había caducado y el pueblo reasumido su soberanía insistieron en mantener a Cisneros al frente de! gobierno como presidente de la Junta.

Los alentaba el evitar confusiones y anarquía. Pero según el Cabildo la autoridad que ejercería Cisneros no provenía de delegación real, sino de delegación popular conferida a través de su nombramiento por el mismo Cabildo.

Los Miembros de la Primera Junta de Gobierno

Los nueve integrantes de la Junta Provisional de Gobierno que asumió el 25 de mayo de 1810 pertenecían al llamado grupo patriota. ¿Quiénes eran y a qué se dedicaban?.

Cornelio Saavedra, el presidente, era un próspero comerciante nacido en el Alto Perú, quien, debido a los sucesos de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, había asumido la comandancia del cuerpo de milicias más importante de la ciudad de Buenos Aires, el de Patricios.

Los secretarios, Juan José Paso y Mariano Moreno, eran prestigiosos abogados porteños.

Entre los vocales encontramos a Manuel Belgrano, abogado recibido en España, quien durante años llevó adelante una pacífica batalla por un nuevo ordenamiento económico desde el Consulado (del cual fue secretario), y por medio de publicaciones periodísticas.

Entre los vocales figuraban; también los comerciantes catalanes Juan Larrea y Domingo Matheu, quienes apoyaban abiertamente al grupo patriota, quizá porque no participaban activamente del monopolio comercial español.

El clero tampoco faltó entre los integrantes de la Junta: el sacerdote Manuel Alberti, quien apoyaba desde los orígenes el movimiento revolucionario, había asumido como vocal el 25 de mayo.

¿Quiénes eran los otros dos vocales? Miguel de Azcuénaga, jefe de uno de los cuerpos de milicias de la ciudad, y en cuya casa se habían reunido varias veces los conspiradores patriotas; y Juan José Castelli, abogado y vocero del grupo durante la jornada del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en el que se votó la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Como hecho curioso, cabe mencionar que muchos de los más activos revolucionarios de 1810 eran italianos y descendientes de italianos radicados en Buenos Aires.

La carta enviada el 23 de junio de 1810 por José María Salazar (comandante del Apostadero Naval de Montevideo), al depuesto virrey Cisneros, expresa.¿»(…) los perturbadores son casi todos del cuerpo de Patricios, que es el que ha hecho la Revolución, pues los demás solo han suscripto a ella (…) siendo de notar que la mayor parte de los revoltosos son hijos de italianos (…)». Entre estos»»revoltosos» figuraban Belgrano, Castelli, Alberti, Antonio Luis Beruti, Carlos José Guezzi, Francisco Agustini (jefe del cuerpo de artillería de la Unión), Martín Grandoli (alcalde y síndico procurador del Cabildo), Esteban de Lúca, Miguel de Lúca, Domingo Espora, José Boqui, Fernando Abramo, Santiago Antonini, Eustaquio Gianini, Pedro Pablo Sanguinetti (gobernador de las Malvinas), César Balbiani.

PERFIL DE LOS INTEGRANTES DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO

integrante primera junta de gobierno de 1810

Cornelio Saavedra: Nació en Potosí en 1759. Su padre era porteño y su madre oriunda de Potosí. Estudió en el colegio de San Carlos. Terminados sus estudios secundarios se dedicó a tareas ganaderas.

Ocupó desde 1797 diversos cargos en el Cabildo de Buenos Aires. Abrazó luego la carrera de las armas y se distinguió en las Invasiones Inglesas. Cuando se creó el Regimiento de Patricios sus compañeros de armas lo eligieron como jefe. De hecho quedó constituido como jefe de las milicias criollas.

En la Revolución de Mayo tuvo actuación preponderante y a él encomendaron los patriotas la conducción del movimiento. Como Jefe del Regimiento de Patricios su autoridad era indiscutida.

Elegido Presidente de la Primera Junta, permaneció al frente de la misma hasta agosto de 1811 en que partió para el norte a reorganizar el ejército.
Al establecerse el Primer Triunvirato fue excluido del gobierno y confinado a San Juan.

Volvió a sus actividades rurales y no quiso intervenir posteriormente en política. Sólo cuando la guerra con el Brasil ofreció al gobierno sus servicios, a pesar de su edad.

Murió en Buenos Aires en 1829.

Mariano Moreno: Jurisconsulto, periodista y escritor, su participación en los sucesos de Mayo le granjeó títulos como “el hombre de Mayo” o “el alma de la revolución”. Nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. En 1799 ingresa en la Universidad de Chuquisaca.

Imbuido de las ideas de la Ilustración, se gradúa como licenciado en leyes en 1802 con una tesis sobre la sublevación de Túpac Amaru, en la que condena las prácticas españolas de exigir servicios personales los indios. A principios de 1810 el partido patriota se decide a tomar el poder en Buenos Airee

El 22 de mayo Moreno apoya la deposición del virrey y el establecimiento de una junta elegida por el Cabildo Abierto en representación del pueblo. En el nuevo gobierno Moreno es secretario de Gobierno y Guerra.

En julio de 1810 redacta el Plan de operaciones, destinado a definir la estrategia política de la revolución y crea La Gazeta de Buenos Ayres, periódico que difunde la acción de gobierno.

En la disputa con Saavedra, Moreno se radicaliza: en diciembre decreta que únicamente los criollos podrán desempeñar funciones públicas y propone que sean abolidas las honras ceremoniales acordadas al presidente de la Junta.

A fines de 1810 para incorporarse a la Junta, renuncia a su cargo y acepta una misión diplomática a Río de Janeiro y Londres, a donde parte a principios de 1811. Acompañado de su hermano Manuel y Tomás Guido en calidad de secretarios, durante el viaje a Londres Moreno muere en alta mar, el 4 de marzo.

Juan José Castelli: Nació en Buenos Aires en 1764. Su padre era médico, de nacionalidad veneciana. Su madre, porteña. Realizó en Córdoba estudios eclesiásticos sin recibir órdenes sagradas.

Luego estudió derecho en Chuquisaca y se estableció como abogado en Buenos Aires.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo defendió con ardor y lucimiento las posiciones de los patriotas, dándoles su fundamentación jurídica.

Como vocal de la Junta fue abierto partidario de Moreno. Fue uno de los responsables de la deportación de Cisneros y de los miembros de la Audiencia.Se hizo cargo del ejército del norte y dio cumplimiento a la orden de fusilar a Liniers.

Era violento. En el Alto Perú fusiló a los gobernadores españoles. Sus actitudes antirreligiosas y su incapacidad para mantener la disciplina de las tropas que cometían desmanes le mereció la enemistad de las poblaciones. A su vuelta a Buenos Aires fue sometido a proceso en 1811. Falleció al año siguiente.

Manuel Belgrano: Nació en Buenos Aires en 1770. Su padre era comerciante, oriundo de Italia; su madre, porteña.

Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en Salamanca y Valladolid donde recibió el título de abogado.

En 1739 fue Secretario del Consulado, cargo que desempeñaba cuando las invasiones inglesas. Como tal, se negó a prestar juramento a las autoridades inglesas. Durante la segunda invasión luchó personalmente como sargento.

Formó parte de la Primera Junta. Fue enviado como jefe de la expedición al Paraguay y del ejército del Norte.

Es el creador de nuestra bandera. Vencedor en Tucumán y Salta supo conservar íntegro su ánimo en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.Fue enviado a Europa en misión diplomática y volvió en 1816. Falleció en 1820.

Es sin duda una de las figuras más puras de nuestra historia. Sus méritos y sus valores personales son unánimemente admitidos por todos los sectores.

Miguel de Azcuénaga: Nació en Buenos Aires en 1754. Sus padres eran españoles.
De niño fue enviado a España donde permaneció diez años. Estudió en Málaga y Sevilla. De regreso en Buenos Aires entró en el cuerpo de artilleros.

Ocupó cargos en el Cabildo. Fue regidor, alférez real y síndico procurador. En 1796 fue nombrado comandante de las milicias provinciales.Elegido vocal de la Primera Junta, debió renunciar cuando Rivadavia disolvió la asamblea el 6 de abril de 1811 y fue desterrado a Mendoza.
Vuelto a Buenos Aires en enero de 1812 fue designado gobernador intendente.

En 1818 fue jefe del estado mayor y diputado al Congreso General Constituyente.

En 1829, cuando se confió el gobierno a Viamonte, ejerció la vicepresidencia del Senado. Falleció en Olivos en 1833. Era entonces diputado provincial.

Manuel Alberti: Nació en Buenos Aires en 1763. Sus padres eran porteños.Estudió en el Colegio de San Carlos y en la Universidad de Córdoba. Fue ordenado sacerdote. En 1808 fue nombrado cura de San Benito de Palermo.

Tuvo gran influencia sobre el clero criollo, a quien de hecho representó en el nuevo gobierno.Se negó a subscribir la condena de Liniers y demás compañeros.Falleció en 1811. Dejó fama de hombre bueno y caritativo.

Este sacerdote y patriota vinculado al movimiento revolucionario nació en la Ciudad de Buenos Aires un 28 de mayo de 1763. Se recibió de Doctor en Teología en la Universidad de Córdoba.

Participó activamente de las jornadas de mayo de 1810: junto a 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del Virrey Cisneros durante el Cabildo Abierto del día 22

Juan José Paso: Nació en Buenos Aires en 1758. Estudió en Córdoba y Chuquisaca. Fue profesor en el Colegio de San Carlos.

Fue fiscal de la Hacienda Real y abogado de la Audiencia. En 1802 dejó Lima para regresar a Buenos Aires y fue nombrado fiscal de la Audiencia en 1803 y diputado del Consulado en 1806.

Tuvo activa participación en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, siendo elegido, una vez constituida la Primera Junta, secretario de dicho cuerpo junto a Mariano Moreno.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo refutó la argumentación de Villota.Fue miembro del primer y segundo triunviratos. También fue diputado al Congreso de Tucumán.Fue el principal redactor de las constituciones de 1819 y 1826. Aunque de ideas monárquicas y centralistas fue uno de los primeros entre nosotros en defender el sufragio universal.

Falleció en Buenos Aires en 1833.

Juan Larrea: De nacionalidad española, llegó a Buenos Aires desde Cataluña a principios del 1800 para establecerse como comerciante. Durante las invasiones inglesas de 1806 fue designado capitán de un cuerpo de voluntarios catalanes y luego se unió al Partido Republicano – dirigido por Martín de Alzaga – para derrocar al Virrey Sobremonte en 1807.

Sin descuidar su trabajo mercantil, Larrea siguió participando en actividades políticas y fue elegido vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio de 1810.

Durante la sublevación del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado de su cargo y se exilió en San Juan. Regresó a Buenos Aires dos años después, cuando se instituyó el Segundo Triunvirato, para convertirse en uno de los miembros más participativos de la Asamblea Constituyente de 1813.

Fue el responsable de la creación de la Escuadra Naval en 1814, que bajo el mando de Guillermo Brown obligó a los realistas a salir de las aguas del Río de la Plata. Su último cargo público fue el de Cónsul Argentino en Francia. De vuelta en Buenos Aires, y abocado al comercio, se suicidó en 1847 por no haber podido levantar un pagaré.

DOCTRINA DE LA REVOLUCIÓN
Los fundamentos revolucionarios

La doctrina de la Revolución de Mayo se deduce de los reglamentos, circulares, decretos y disposiciones emanados de la Junta Provisional Gubernativa.

En ella se destacó por sus iniciativas y reformas el Dr. Mariano Moreno, tanto en su cargo de secretario como también al frente de los asuntos de gobierno y guerra.

En la Universidad de Charcas leyó Moreno trabajos de los filósofos políticos y economistas europeos del siglo XVIII, particularmente de Rousseau, cuyo Contrato Social prologó e hizo publicar en Buenos Aires en una edición castellana.

Inspirado en los ideales de la Revolución Francesa, Moreno sostuvo los principios de libertad e igualdad ante la ley, como también aplicar en política la doctrina de la voluntad general, es decir, de la soberanía del pueblo.

Los patriotas americanos —partidarios aparentes de Fernando VIl— bregaban por aplicar la doctrina jurídica de la Legislación de Indias, que vinculaba el Nuevo Mundo a la Corona y no a la Nación española. De acuerdo con este principio, sostenían que, prisionero el rey, la soberanía recaía en los pueblos «que tenían derecho a darse su propio gobierno».

Moreno escribió al respecto: «La disolución de la Junta Central de Sevilla restituyó a los pueblos la plenitud de los poderes, que nadie sino ellos mismos podían ejercer desde que el cautiverio del Rey dejó acéfalo el reino y sueltos los vínculos que lo constituían centro y cabeza de! cuerpo social: La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey». (La Gazeta del 13 de noviembre de 1810.)

Sobre fundamentos de gobierno republicano se inspiró la fórmula política revolucionaria adoptada por los hombres de Mayo, la cual prolongaría su influencia hasta la generación constituyente.

Principios proclamados por la revolución

a) La soberanía popular. En el Cabildo abierto del 22 de. mayo, Castelli y Saavedra sostuvieron los derechos del pueblo para ejercer su soberanía e instalar un gobierno propio.

El elemento popular se hizo presente el día 25 en la sala de acuerdos del Cabildo, y dio a conocer la nómina de los ciudadanos que integrarían la Primera Junta.
El reglamento del 28 de mayo facultaba al pueblo —art. 10?— para comunicarse de palabra o por escrito con cualquiera de los vocales de la Junta.

b) El principio representativo y federalista. El ejercicio del poder por los representantes del pueblo, no sólo de Buenos Aires sino también de las provincias, es un anticipo del sistema representativo y federalista vigente en la Constitución actual.

El artículo 10? del Reglamento del 25 de Mayo convocaba a los cabildos del interior a fin de que eligieran representantes ante un congreso a reunirse posteriormente en Buenos Aires.

c) La división de poderes y periodicidad de los mandatos. De acuerdo con los artículos 6° y 7° del Reglamento del 25 de Mayo, la Junta tendría atribuciones ejecutivas pero no judiciales, pues las últimas estarían a cargo de la Audiencia.

En el citado Reglamento figuran claras disposiciones referentes a la responsabilidad de los miembros de la Junta en el ejercicio de su cargo; así, el artículo 5? deja constancia de que los integrantes del gobierno podrían ser depuestos en caso de que faltasen a sus deberes.

La Junta hizo público su carácter de «provisoria», es decir, que sus integrantes gobernarían por un lapso limitado, hasta que un congreso reunido en Buenos Aires estableciera las autoridades más convenientes (art. 10°).

d) La publicidad de los actos de gobierno. Fue otro de los principios republicanos llevados a la práctica por la Junta; según disposiciones del artículo 8° del Reglamento, todos los meses debía publicarse el estado de le Real Hacienda.

Ante la necesidad de difundir entre el pueblo los principios e ideales de la Revolución, el nuevo gobierno —por obra de Moreno— fundó un periódico semanal titulado Gazeta de Buenos Aires.

En el tercer número, de! 21 de junio, fue publicado un artículo de Moreno sobre la libertad de expresión, el que dice en uno de sus pasajes: «si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia, y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa dé los pueblos».

Fuente Consulatada: HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

(recorrer icografía en Flash, versión PC)

Fundación de Córdoba Historia Origen Ciudades del Virreinato del Perú

Fundación de Córdoba – Ciudades del Virreinato del Perú

A orillas del río Suquía, el día de San Juan de 1573 Lorenzo Suárez de Figueroa emplazó un fuerte según órdenes del entonces gobernador del Tucumán Jerónimo Luis de Cabrera. Era el primer sitio de la ciudad que semanas más tarde recibiría de su fundador el nombre de Córdoba.

Por su ubicación respondía al proyecto de generar una población estable que sirviera de punto de encuentro en las rutas que comunicaban los reinos del Perú y Chile con las provincias del Río de la Plata y España. La idea se complementó con la fundación de San Luis, un puerto sobre el Paraná que no prosperó porque creó un conflicto de jurisdicciones con Asunción.

Con el tiempo, la nueva ruta permitió una corriente comercial que lesionó los intereses de los comerciantes limeños. Ya se han visto las ventajas de evitar el largo camino desde Portobelo y abastecerse vía Buenos Aires. A diferencia de las ciudades del noroeste, Córdoba tuvo desde el principio dos ventajas.

Forma española de fundar una ciudad en america

Acto de Fundación de una Ciudad Por Los Españoles

Los aborígenes de la región fueron menos belicosos y las posibilidades naturales permitieron a los pobladores diversificar cultivos y ganados. A principios del XVIII los viajeros y cronistas la destacaban como una ciudad populosa e ilustre. Subrayaban su valor como centro religioso y cultural y admiraban tanto la riqueza artística de sus iglesias con altares finamente labrados, como el prestigio que le daba la Universidad. Por lógica, Córdoba fue cabeza de intendencia a partir de 1783, como parte de la reforma administrativa de los Borbones.

Correspondió a su primer gobernador intendente, Rafael de Sobremonte, disponer la ejecución de un amplio plan de obras públicas para ponerla a la altura que su jerarquía justificaba. Por entonces el plano urbano se extendía unas siete cuadras de norte a sur y unas diez de este a oeste. Sus casas y edificios públicos eran en general de cal y canto, de tejas o azotea.

Una de las mejores mansiones de la ciudad -hoy sede del Museo Histórico Provincial- sirvió de residencia al gobernador. Todos los aspectos urbanos fueron atendidos con esmero. El aseo de las calles, el alumbrado y un ambicioso proyecto de aguas corrientes que mediante acequias y cañerías llevaría agua del río a la plaza central, a través de cinco fuentes distribuidas en el Colegio de Monserrat, en el Palacio Episcopal, en el Colegio de Huérfanas Nobles y en el Monasterio de Santa Teresa.

Mientras se realizaban estas obras se comenzaba la construcción de un paseo público hoy Paseo de Sobremonte. No descuidó tampoco la acción social propia de la tradición ilustrada de la época y se preocupó por atender las necesidades de asilo y educación de huérfanos, abrir la escuela gratuita del gobierno y crear la cátedra universitaria de Derecho Civil.

Las cifras del censo ordenado por la autoridad real en 1779 daba un total de 44.052 habitantes entre ciudad y campaña; y un informe del propio Sobremonte fechado en 1785 acotaba para la ciudad unas 8000 almas, cantidad significativa comparable a la totalidad de habitantes de cada una de las provincias vecinas a ella.

PARA SABER MAS…
CONQUISTA Y COLONIA.
A pesar de que abundan las pictografías, con representaciones de animales, ceremonias religiosas, escenas de caza y de guerra, poco se sabe de los primitivos habitantes de Córdoba. Tampoco se conoce mucho sobre los comechingones, el pueblo indígena que encontraron los españoles cuando irrumpieron en el actual territorio de la provincia.

Diego de Rojas, el primer español que se internó en las sierras, los describe así: «pálidos y barbudos como cristianos, que vivían en cuevas y no usaban ponzoña en las flechas». De todos modos, él, así como la mayoría de los 300 hombres que lo acompañaban, encontró la muerte a manos de los comechingones.


Hacia 1571, el virrey del Perú designó al adelantado Jerónimo Luis de Cabrera «Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de las provincias de Tucumán, Juríes y Diaguitas». El 6 de julio de 1573, a orillas del río Suquía, cerca de un un lugar que los indios llamaban Quizquizacate («encuentro de los ríos», en sanavirón), Cabrera fundó Córdoba de la Nueva Andalucía.

Poco a poco fue creciendo la ciudad, con una población estable y una economía cada vez, más floreciente. Dos siglos después de la fundación tic Córdoba la «revolución comunera» bastó para demostrar que en los parajes donde Cabrera había plantado una cruz de madera y, espada en mano, había leído el acta fundacional, ya palpitaba una ciudad con perfiles propios.

En efecto, en 1774, el cambio del cura en la capilla de Pocho enfrentó a la autoridad obispal con José de Isasa y José de Tordesillas, dos influyentes personajes de la región. El obispo amenazó con apelar al Santo Tribunal de la Inquisición.

Isasa, por su parte, armó doscientos hombres para hacer valer sus razones. Éstos, a su vez, enarbolando reivindicaciones propias, decidieron marchar sobre Córdoba, aunque, antes de cruzar el Suquía, desistieron de su intención. Aunque el conflicto se resolvió pacíficamente, bastó para demostrar que los cordobeses ya estaban tentados de hacerse cargo de su propio destino.

LA INDEPENDENCIA. Cuando estalló la Revolución de Mayo de 1810, Córdoba se convirtió en el bastión de la resistencia realista. Buenos Aires envió la Expedición Auxiliadora, que desmanteló de manera fulminante las defensas contrarrevolucionarias.

Pese al desacuerdo de Ortiz de Ocampo, jefe de las fuerzas patriotas, el 26 de agosto de 1810, por orden de Juan José Castelli, enviado de la Junta, fueron fusilados en Cabeza de Tigre el capitán Gutiérrez de la Concha, el ex virrey Liniers, el coronel Santiago Allende y otros altos funcionarios realistas. El único absuelto fue el obispo Orellana, por su condición sacerdotal. Pese a ello, la primera letra de su nombre formó parte de la inscripción sobre la lápida de los ajusticiados.

CRONOLOGÍA

1543 Bajando desde el Cuzco, Diego de Rojas es el primer español que se interna en las sierras de Córdoba.
1546 Francisco de Mendoza y Nicolás de Vedia costean los ríos Tercero y Carcarañá.
1563 Creación de la gobernación del Tucumán, a la que pertenece Córdoba.
1571 Designación de Jerónimo Luis de Cabrera como Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor de la provincia del Tucumán, Juríes y Diaguitas.
1573 El 6 de julio de 1573, Jerónimo Luis de Cabrera funda la ciudad de Córdoba.
1592 Fray Fernando Trejo y Sanacria es nombrado obispo del Tucumán.
1606 Comienza la construcción de la catedral de Córdoba, terminada en 1758.
1613 Trejo y Sanabria funda el Colegio Máximo y Universidad de Córdoba del Tucumán.
1630 Durante la gobernación de Albornoz, estalla una revolución calchaquí
1654 El español Pedro Bohórquez encabeza un levantamiento indígena, reprimido por el gobernador Mercado y Villacorta.
1758 El Rectorado de la Universidad instala la primera imprenta del país.
1778 Córdoba pasa a depender del Virreinato del Río de la Plata, dentro de la gobernación intendencia del Tucumán.
1779 Córdoba y su campana cuentan con una población de 44.052 habitantes.
1783 El marqués de Sobremonte es nombrado gobernador intendente de Córdoba.
1810 Córdoba encabeza la contrarrevolución. El 26 de agosto son fusilados De la Concha, Liniers, Allende, Moreno y Rodríguez en Cabeza de Tigre. El deán Gregorio Funes, diputado ante la Junta.
1820 Sublevación de Arequito. El coronel Juan Bautista Bustos asume la gobernación.
1823 Aparece El Investigador, el primer periódico provincial.
1829 El general Paz derrota a Bustos en San Roque y a Quiroga en La Tablada.
1830 Paz vuelve a derrotar a Quiroga en Oncativo, pero cae prisionero en El Tío. Los Reinafé asumen el poder en Córdoba.
1835 El 16 de febrero es asesinado Juan Facundo Quiroga en Barranca Yaco. El federal y rosista Manuel López asume el gobierno de Córdoba.
1852 El 27 de abril, una revolución depone a Manuel López.
1861 Santiago Derqui, presidente de la Confederación Argentina, interviene la provincia de Córdoba.
1862 Después de Pavón, Justíniano Posse es nombrado gobernador de Córdoba con el aval de Bartolomé Mitre.
1867 La peste de cólera arroja un saldo de 2.371 muertos.
1870 El Ferrocarril Gran Central llega a la ciudad de Córdoba y se inaugura la línea telegráfica con Buenos Aires.
1871 Se realiza en Córdoba la Exposición Nacional y se inaugura el Observatorio Astronómico.
1873 Creación del Banco Provincial de Córdoba.
1877 Antonio del Viso, de tendencia liberal, asume la gobernación de Córdoba.
1878 El coronel Eduardo Racedo, lugarteniente del general Roca, parte desde Río Cuarto en la Campaña del Desierto.
1894 Fundación del diario Los Principios, el más antiguo de los actuales periódicos de la provincia.
1904 Aparece el diario La Voz del Interior.
1905 Estalla una revuelta radical liderada por el coronel Daniel Fernández y los doctores Molina y Pérez del Viso
1913 Con la «Ley Sáenz Peña», Ramón J. Cercano accede por primera vez al gobierno de la provincia.
1914 El censo indica una población de 735.492 habitantes, de los cuales 134.935 viven en la capital.
1916 Eufrasio Loza es el primer gobernador radical.
1918 A raíz de una huelga estudiantil, se inicia el movimiento conocido como Reforma Universitaria
1925 Segunda gobernación de Ramón J. Cárcano.
1927 Creación de la Fábrica Militar de Aviones.
1930 Intervención federal de Carlos Ibarguren.
1936 El radical Amadeo Sabattini asume la gobernación.
1951 Creación de la Fábrica de Motores y Automotores.
1952 Se funda la Fábrica de Tractores. 1955 Estalla en Córdoba la llamada «Revolución Libertadora», que derroca a Perón.
1957
Fundación de la Universidad Católica de Córdoba.
1959
Celebración de VI Congreso Eucarístico Nacional.
1963
El médico cordobés Arturo U. Illia asume la presidencia de la Nación.
1969 Se produce el levantamiento popular conocido como «til Cordobazo».
1970 Fundación del Museo de Historia de In Medicina.
1971 Inauguración de la nueva terminal de ómnibus. Se inicia la construcción de la autopista que une la capital con Villa Carlos Paz.
1973 El presidente cubano Osvaldo Dorticós visita la ciudad de Córdoba.
1974 El 28 de febrero, el teniente coronel Domingo Navarro, jefe de policía, destituye al gobernador Obregón Cano.

ALGO MAS…
CÓRDOBA COLONIAL

Poco tiene que ver la Córdoba de hoy con aquella que conocieron en el  pasado  lejano  los viajeros.  Acarette du Biscay la visitó en 1657, verificó la existencia de cuatrocientas  casas y anotó  que la Catedral era la única iglesia parroquial, «pero hay diversos conventos de monjes, a saber de dominicos, recoletos, y de los de la orden de la Merced, y uno de monjas.   Los jesuítas tienen allí un colegio y su capilla es la más hermosa y  rica  de todas»,  Acarette pintó a Córdoba cómo una ciudad donde la fortuna les sonreía a todos. 

Los habitantes, según él, «tienen riquezas en oro y plata, que adquieren por el comercio que tienen con las mulas, de las cuales proveen al Perú y otras regiones». Calculó que los animales criados en las estancias y llevados para su venta a las tierras norteñas oscilaban entre 28 000 y 30 000 por año, cifra   bastante   considerable   para aquella época.

En 1773 eí agudo Concolorcorvo comprobó que Córdoba tenía ya siete iglesias, incluida la Catedral, «de pobre y escaso adorno», característica que atribuyó a la no excesiva generosidad de la población: «es digno de reparo que una provincia tan dilatada y en que se comercian todos los años más de 600.000 pesos en muías y vacas, con gran utilidad de tratantes y dueños de potreros, estén las iglesias tan indecentes que cause irreverencia entrar en ellas». Señalaba el punzante cronista que en pocos lugares de América «de igual tamaño» había tantos caudales como en Córdoba, «y fueran mucho mayores si no gastaran tanto en pleitos impertinentes».

Eso autoriza a suponer que debían de ser muchísimos los litigios que ventilaba la justicia, quizá por el extraordinario movimiento comercial de la ciudad. Sin embargo, Concolorcorvo calculó la población cordobesa entre 500 y 600 vecinos, cifra difícil de admitir porque coincide con la que había dado más de un siglo antes Acarette. La ciencia de la estadística no debía de estar muy adelantada en aquella Córdoba rica, generosa en pleitos y poco dadivosa con los templos, según se desprende de estos testimonios.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San RománFuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina – Editorial Abril

Biografía de Manuel Belgrano Cronologia de su Vida y Obra

Biografía de Manuel Belgrano
Cronologia de su Vida y Obra

Si bien los textos escolares lo recuerdan como el Creador de la Bandera Nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Manuel Belgrano (1770-1820) le cabe también una fundamental tarea en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.

NACIMIENTO: El 3 de junio de 1770 nació en Buenos Aires el cuarto hijo del matrimonio formado por Domingo Belgrano y María Josefa González, que sería bautizado como Manuel Joaquín del Corazón de Jesús.

Los numerosos hermanos del futuro prócer ocuparon diversas posiciones dentro de la milicia, el clero o la administración pública, entre ellos Carlos José (n. 1761), José Gregorio (n, 1762), Domingo Estanislao (n. 1768), Francisco (n. 1771) y Joaquín (n. 1773).

manuel belgrano

Criado en el seno de una acomodada familia porteña, la del comerciante italiano Domingo Belgrano y Pérez (o Peri) y la criolla María Josefa González Casero, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor formación que podía encontrarse en la colonia en el último cuarto del siglo XVIII, aprendiendo junto con las primeras letras «la gramática latina, filosofía y algo de teología».

PRIMEROS ESTUDIOS
Luego de realizar sus inicios en el convento de Santo Domingo, Belgrano ingresa en el Colegio de San Carlos, de su ciudad natal, donde se instruye en lógica, física, filosofía, literatura y latín. Allí obtiene el título de licenciado en filosofía.

En 1786, el joven Manuel, es enviado a España junto a su hermano Francisco, para que, bajo la tutela del esposo de su hermana Josefa, José Calderón de la Barca, reciba instrucción sobre comercio.

En España, estudió leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado, finalmente, en la cancillería de Valladolid.

Por esa época, se perfila ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de las leyes.

En su Autobiografía, dirá:

«Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como en el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público». Estando él en España, ocurre la Revolución Francesa y el joven argentino se ve envuelto por las ideas iluministas que se desprenden de la gesta francesa: «Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le había concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente.»

En 1793 fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción.

En este rol, Belgrano desarrollará una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio.

Pero también se encuentra Belgrano en Buenos Aires con la más profunda desorganización en todas las materias que interesaban a su función, algo que lo perturbará seriamente: «Mi ánimo se abatió –dirá- y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común.»

Manuel BelgranoOrienta entonces su prédica a dotar al Virreinato de instituciones educativas (propone la creación de una escuela de matemáticas, y otras de diseño y de comercio), pero chocará con la desidia de las autoridades virreinales.

No obstante, por su iniciativa nace en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionará poco después con la recién creada Escuela de Náutica.

En el Reglamento, que redacta, Belgrano le da derechos igualitarios de educación a los indios (tanto como a criollos y españoles) y ordena cuatro vacantes para huérfanos, mostrando así las altas consideraciones sociales que se gestaron en Europa.

En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela: «…sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; sabéis que ya tenéis de quién echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseña tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal de vuestro celo patrio.»

Publica también la obra Principios de la ciencia económica-política, y se encarga de difundir en Buenos Aires los trabajos acerca del liberalismo económico de Adam Smith. Además se dedica con mucha atención al periodismo colaborando con el Telégrafo Mercantil (entre 1801 y 1802).

En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas. El acontecimiento despertó todo el celo patriótico del joven abogado, quién encontró en la tarea de promover la independencia su más alto cometido.

Sin haber vestido nunca un uniforme, ni haber recibido instrucción, se hizo militar. Para sus lamentos, porque halló ejércitos acobardados, sin orden ni disciplina, mal armados y peor acostumbrados.

Y entre los intelectuales criollos, encontró malos patriotas, que no sabían si subordinar el país al rey de España (entonces ocupada por Napoleón) o al de Inglaterra.

Sin embargo, los sucesos europeos alentaron la revolución y Belgrano protagonizará el movimiento independentista.

Más tarde, recordará los sucesos de mayo de 1810 con estas palabras: «Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaban el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento.»

De inmediato, se lo convoca para dirigir una campaña militar al Paraguay, a fin de propagar la revolución.

Y a pesar de su escasa experiencia militar, se las arregla para instituir la subordinación y el orden en las tropas, haciendo del respeto por la población civil la máxima premisa de la expedición.

Ya todos reconocen en él las virtudes comunes a muchos patriotas, como la honestidad, la probidad y la austeridad, combinadas con una particular moderación, que para muchos era signo de debilidad de carácter.

Por más, su voz, marcadamente aflautada, y su poca firmeza en los ademanes y gestos, lo hicieron aparecer como impropio de la milicia.

Estas percepciones ayudaran, por ejemplo, a que sea reemplazado del mando del Ejército del Norte, que debió a entregar a San Martín en 1814, luego de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma.

Para entonces, con una suerte desigual, Belgrano había comandado el ejército durante un año, demostrando su vocación patriótica de la manera más cruda, y grandes cualidades como jefe.

Ya había sucedido también el episodio de creación de la Bandera nacional, jurada por primera vez a orillas del río Paraná, en Rosario, en febrero de 1812.

A comienzos de 1815, Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas.

Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones.

También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente. (sigue abajo de la icografia)

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manuel belgrano biografia

SUS IDEAS: Durante su permanencia en España, Belgrano tomó contacto con los escritos de los filósofos franceses más importantes de la época como Rousseau, Montesquieu y Diderot, que desarrollaron en él las ideas de libertad que lo convertirían en un ferviente defensor de la causa revolucionaria.

Otra influencia, tal vez más importante que la primera, fue la de los economistas liberales, a través de los que asimilaría los conocimientos de la época sobre economía política y social. El mismo nombra a Adam Smith, Quesnay (de quién tradujo una de sus obras) y los italianos Genovesi y Galíani, como inspiradores de su pensamiento.

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Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia.

Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: «Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.».

No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal.

Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral.

Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía) que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia (si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su única hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse).

Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico. En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810.

Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE BELGRANO: Tras haber conducido a sus fuerzas hasta la provincia de Córdoba, Belgrano cae gravemente enfermo.

A pesar de las recomendaciones de sus médicos, decide permanecer junto a sus hombres, hasta que varios meses después, habiendo empeorado su estado, pide ser relevado.

De inmediato viaja a Tucumán, pero a pocos días de su llegada, se produjo la sublevación del 11 de noviembre de 1819, encabezada por Araoz.

La pésima actitud de los sublevados hacia Belgrano, a quien tuvieron bajo arresto, y aún quisieron engrillar, se vio en parte mitigada por la intercesión del Congreso en su favor. No obstante esto, le fue negada toda ayuda para viajar a Buenos Aires, y sólo pudo emprender la marcha gracias a los auxilios de su amigo José Balbín.

En febrero de 1820 Belgrano emprende la marcha hacia Buenos Aires, acompañado por su médico, el Dr. Redhead, su capellán el padre Villegas y sus ayudantas, Gerónimo Helguera y Emilio Salvigni, Tras un largo y penoso viaje, arriba a la capital a fines de marzo, instalándose en un principio en San Isidro, para luego mudarse a la casa donde había nacido. Su situación económica, sumamente precaria lo obliga a solicitar al gobierno un auxilio monetario.El estado del erario público no permitió cubrir la suma solicitada por Belgrano, a quien por otra parte, se le adeudaban sueldos por 17,000 pesos.

Diariamente recibía las visitas de sus amigos, entre ellos el doctor Juan Sullivan, Gregorio de Lamadrid y José Balbín.

Finalmente, el 20 de junio de 1820, a las siete de la mañana, fallece de hidropesía.

Junto a él se encontraba su hermano, Domingo Estanislao, que lo había asistido durante toda su estancia en Buenos Aires.

Sus últimas palabras «¡Ay, patria mía!«, dejan claro cuál fue su mayor interés y preocupación hasta os momentos finales.

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Belgrano en Tucumán en 1818
El coronel Tomás de Iriarte fue hospedado en Tucumán a principios de 1818 por el general Manuel Belgrano.

La casa del benemérito patriota estaba ubicada inmediata a la ciudadela de la ciudad, donde estaba acuartelado el ejército. Iríarte relató en sus famosas Memorias su amistad con el general: «Belgrano en su trato era muy fino. Me trazó el cuadro deplorable de la República y conocí que su alma estaba devorada de dolor al ver que la causa de la Patria no contase con hombres de principios inclinados al orden.

Me confió que su autoridad para con el jefe de vanguardia, Guemes, era puramente nominal, pues este hacía, sin su anuencia, cuando se le antojaba, y él tenía que contemporizar disimulando su disgusto en obsequio de la causa pública.

El capellán del ejército, el padre Villegas, porteño, me informó de la escasez de recursos del general, que solamente contaba con trescientos pesos mensuales para sus gastos y edecanes, los que participaban de una mesa bien frugal.

El ejército contaba con dos mil quinientos hombres de todas las armas que maniobraban regularmente, reinando entre ellos la más severa disciplina. El equipo era pobre, pero bien tenido. Se dejaba ver el aseo y un sistema regular de economía. En la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple.

El general me obsequió con una en la que hizo grabar mi nombre. La vida de Belgrano en el campamento era muy activa y vigilante. Una parte del día la destinaba al descanso; la otra, al estudio. Por la noche no dormía.

Montaba a caballo acompañado de un ordenanza, recorría los cuarteles y patrullaba la ciudad para ver si encontraba soldados vagando. Yo lo acompañé algunas veces en estas excursiones nocturnas.

El rigor con los jefes y oficiales era extremo. Se lo observé y me contestó: «Amigo Iriarte, yo conozco bien a nuestros paisanos y sin este rigor, que me repugna, no se podría hacer buenos soldados de ellos. Es preciso que pase mucho tiempo para que el punto de honor será el móvil de sus acciones. Las masas están muy atrasadas en nuestro país, río tenemos costumbres «.

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BELGRANO MILITAR: Jean Adam Graaner, oficial sueco agente de su país en la Argentina, conoció a Manuel Belgrano y en un informe a su gobierno dice: «El general Belgrano, hijo de italiano, doctor en leyes, ex secretario de la Tesorería de Buenos Aires (el Consulado), hombre de talento y energía, muy adicto al nuevo sistema americano, fue designado comandante en jefe del Ejército y se desempeñó bien en esa tarea.

Mantuvo una disciplina hasta entonces desconocida y venció en las batallas de Tucumán y Salta al general español Trístán. Entró nuevamente en el (Alto) Perú y en una falta atribuible a su inexperiencia fue derrotado en Vilcapugio.

Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el mando de las tropas, se encontró que cada oficial mantenía una o varías mujeres en el campamento y que el equipaje de un oficial subalterno ocupaba a menudo de 30 ó 36 mulas (se refiere a cuando Belgrano volvió a asumir la jefatura del ejército luego del fracaso de la tercera campaña)

Él lo cambió todo: cantidad de oficiales han ido dados de baja, las mujeres y las muías de equipaje han desaparecido de la escena: las comedias, los bailes y los juegos de azar han sido desterrados».

El general José de San Martín, en carta dirigida el 12 de marzo de 1816 al Congreso de Tucumán expresó:

«En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur».

El entonces coronel Tomás de Marte conoció a Belgrano en Tucumán a principios de 1816 y escribió en sus Memorias:

«El general Belgrano era un hombre ilustrado. Sus conocimientos militares no eran extensos, pero estaba adornado de virtudes cívicas en grado eminente. Su desprendimiento era ejemplar: la probidad personificada… abrazó con calor la carrera de las armas. Sus costumbres cambiaron, haciendo una repentina transición de la molida a la austeridad de un soldado».

Audio: Reportaje a La Bandera

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PARA SABER MAS…

IDEOLOGÍA DE MANUEL BELGRANO: Belgrano, como economista, luchó por imponer su idea de que los esfuerzos de la ciencia, el trabajo técnico, la organización y las escuelas, preparan a los ciudadanos para construir un gran país.

Llamó la atención hacia la agricultura como verdadero destino del hombre de esta tierra, dando forma técnica a los métodos de plantación, siembra y cosecha. Clamó por la erradicación de la miseria, el ocio y la desocupación, bregando por la organización de una industria estable y técnicamente eficaz. Como civilista, aconsejó evitar la desunión de los argentinos. Se adelantó al concepto de que las tierras son de quienes las trabajan.

Habló y actuó como un filósofo y como un sociólogo, dando siempre el ejemplo de cuanto aconsejaba, como cuando donó a las arcas exhaustas del Estado su magro sueldo, «lamentando que él fuera tan mezquino». Fomentó la creación de caminos, puentes, viviendas dignas, canales fluviales de navegación y puertos; abogó por el cooperativismo; estimuló la creación de gremios para que los trabajadores y el Estado en forma conjunta evitaran arbitrariedades. Aconsejó la construcción de astilleros para que de ellos salieran las embarcaciones que ampliaran el comercio de la nación; estimuló la creación de bancos; fundó pueblos y planificó otros, como Curuzú Cuatiá y Mandisoví.

Instituyó premios para los estudiantes, como estímulo á sus trabajos, e interesó al gobierno para que creara otros para la producción, las ciencias y las artes. Se preocupó por el afirmado de las calles, la higiene, la salud y la adecuada alimentación de la población. Defendió apasionadamente el derecho de los indios a ser tratados como hermanos, dándoseles educación y protección.

Desde el punto de vista religioso, Belgrano fue un devoto cristiano.

La primera mención de la institución del seguro en nuestro país fue hecha por Belgrano, en una Memoria presentada en 1796 al Real Consulado de Buenos Aires, del que era entonces secretario. El documento dice: «Otro de los medios de proteger al comercio es establecer una compañía de seguros, tanto para el comercio marítimo como para el terrestre; sus utilidades son bien conocidas, tanto a los asegurados, y debería empeñarse en semejante compañía al principio todos aquellos hombres pudientes de esta capital y demás ciudades del Virreinato, a fin de que desde sus principios tuviese grandes fondos, dispensándole a este cuerpo toda su protección posible».

Aunque el Consulado no recogió la iniciativa, a fines de ése año se constituyó la primera compañía de seguros en el territorio nacional, que se llamó La Confianza y operó únicamente durante cinco años.

Las Memorias Póstumas de José M, Paz (1790 – 1854) constituyen uno de los testimonios más notables sobre las primeras décadas de la historia nacional. Abarcan desde el comienzo de las guerras por la Independencia (Paz se sumó muy joven, en 1811, al ejército del Norte), las luchas civiles posteriores y la época de Rosas, cuando el autor se desempeñó como destacado jefe unitario.

De esas páginas se seleccionaron estos breves párrafos: «…El general Belgrano, sin embargo de su mucha aplicación, no tenía, como el mismo lo dice, grandes conocimientos militares, pero poseía un juicio recto, una honradez a toda prueba, un patriotismo el más puro y desinteresado, el más exquisito amor al orden, un entusiasmo decidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido.

Mas a estas cualidades eminentes, reunía cierta ligereza de carácter para juzgar a los hombres con quienes trataba, que le produjo equivocaciones muy notables […] Las primeras impresiones tenían en él una influencia poderosa

[…] Tenía también más facilidad de la que era conveniente para expresarse con respecto a un oficial en punto a valor y [..,] lo hemos visto muchas veces herir la susceptibilidad de un hombre delicado con poco motivo. Si a esto se agrega la falibilidad de sus juicios […] se verá el peligro que había de cometer una injusticia…»!…].

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