Sociedad Época de Rosas

La Sociedad Argentina en el Siglo XIX segun un viajero Mackena

LA SOCIEDAD ARGENTINA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
La sociabilidad en 1855 , según un viajero chileno
(Fragmentos de Benjamín Vicuña Mackenna, La Argentina en el año 1855)

En un día domingo, lluvioso y sombrío, Buenos Aires me había producido una desconsoladora impresión; pero al día siguiente, cuando el sol brilló en todo su esplendor en este clima de brisas y de azulado cielo, y las calles se enjutaron, las casas abrieron sus mil tiendas y puertas de comercio y la animación de los trajines y de los negocios, y el vaivén de los transeúntes tomó su carácter ordinario, conocí que estaba en una capital digna de su nombre y de mis ilusiones.

Es, en verdad, una circunstancia peculiar a Buenos Aires que su bullicio y actividad no estén concentradas como entre nosotros en ciertas localidades generales, como las calles vecinas a la Plaza de Armas, sino que estando su comercio esparcido en todas direcciones, y siendo costumbre o distracción habitual al carácter de sus moradores buscar los espectáculos de la calle, se observa en todo su conjunto un movimiento general que la hace muy alegre y animada ( … )

Donde mejor está marcado el tipo porteño, su vivacidad, su comunicabilidad, su espíritu eminentemente sociable, es en los numerosos clubs que aquí existen y en el carácter variado y animado de la prensa diaria ( … ) El club principal es el del Progreso, que es el más caro y aristócrata. Cuenta con 280 miembros ( … ) Los principales diarios de la prensa de Buenos Aires son: La Tribuna, El Nacional, La Crónica, El Orden ( … ) Cada uno representa, en graduación sucesiva, los diferentes matices de la opinión liberal que hoy impera absoluta en Buenos Aires.

Todo lo que no es liberal es mazorquero y, por consiguiente, prohibido. (. .. ) La Tribuna, redactada por los hijos de Florencio Varela, es el diario ultra liberal de Buenos Aires y estaba por eso en oposición al gobierno ( … ) El Nacional, es liberal puramente. La Crónica, que es el diario oficial, redactado por el señor Tejedor, es liberal moderando, y El Orden es todavía liberal, pero eminentemente religioso.

Pocos días después de la victoria de Caseros abrió sus puertas el Teatro de la Victoria, actuando en esa sala una compañía francesa de óperas que ofreció el 20 de febrero de
1852 Le Domino Noir deAu-ber. Asistieron a esa función el general Urquiza y su estado mayor y el gobernador Vicente López. El director de orquesta Prosper Fleuriet compuso la cuadrilla militar La batalla de Monte Caseros en honor del general Urquiza.

En setiembre del mismo año llegó a Buenos Aires la soprano Ida, Edelvira, a quien llamaban «la sirena del Plata»; cantó Norma en el Teatro de la Victoria y después pasó al interior actuando en Rosario, Córdoba, Paraná y otras ciudades. En la antigua residencia de Rosas en Palermo de San Benito se realizaban frecuentemente reuniones sociales y festejos populares. El Progreso del 30 de octubre de 1852 dice que el 28 de octubre se realizaron «Fiestas en Palermo de San Benito, que estaba lleno de gente y soldados.

En un pozo de agua se puso un cajón de azúcar, media pipa de agrio de naranja, que mezcladas formaban un gran depósito de refresco que se sacaba en baldes y servia para distribuir con profusión a la tropa…».

El Club del Progreso de Buenos Aires fue el más importante de la dudad durante la segunda mitad del siglo pasado. Fundado el 25 de mayo de 1852 en una casa de la calle Perú 135, entre Victoria y Potosí (hoy Alsina). Los primeros socios donaron la vajilla, el moblaje, alfombras y tapices. Santiago Calzadilla se encargó del tocador surtiéndolo de frascos de colonia y aceite de almendras.

El servicio estaba a cargo del señor Mu, dueño del Café de Catalanes, en colaboración con el Café de Marco, que estaba a una cuadra del club. En el banquete celebrado en su inauguración, se sirvió: Mayonesa de pejerrey de Montevideo y dorado del Plata. Quibebe de gallina y fideos finos. Pastel con pichones. Churrasco y pavo con ensalada. Natillas, arroz con leche y batata en dulce. Yemas quemadas y frutas de estación. Vinos jerez, priorato y oporto. Café, aguardiente, anisado y coñac. Asistieron 70 comensales, entre ellos los generales Pintos y Guido, Juan María Gutiérrez, José Mármol, Diego de Alvear, etc.

En 1856 el Club se trasladó al gran edificio de la calle Perú esquina Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), local que ocupó hasta 1900. Este gran edificio se conservó hasta hace pocos años en que fue demolido. El viajero inglés Thomas Woodbine Hinchliff asistió a una velada en el Club del Progreso en 1861: «Yo estuve en el baile dado en el Club del Progreso en sus hermosos salones. 

El gobernador, general Mitre, se hallaba presente con su esposa y era el blanco de todas las miradas. Es un hombre alto y hermoso, de aspecto verdaderamente elegante. Los salones estaban decorados y adornados con flores; la orquesta, perfecta y numerosa, y todo hermosamente presentado. Las mujeres son hermosas y elegantes y como inglés no podía dejar de imaginar el efecto que hubiera producido esta esplendorosa juventud en nuestros salones de Londres».