Su Padre: Enrique VIII

Biografia Maria Estuardo Resumen Conflicto con Isabel I de Inglaterra

Biografía María Estuardo 
Conflicto con Isabel I de Inglaterra

Resumen Biografía de María Estuardo
El siglo XVI fue en toda Europa escenario de enconadas luchas políticas y religiosas. María Estuardo, reina católica de un país calvinista, supo manejarse con habilidad en tan delicada situación y logró dar a Escocia un breve período de paz. Sucumbió sin embargo ante el poderío de Isabel I de Inglaterra, que le impuso un prolongado cautiverio y finalmente ordenó su decapitación.Biografia Maria Estuardo Conflicto con Isabel I de Inglaterra

«En mi fin está mi principio». Esta frase, bordada en franceses en los paños que cubrían el trono de María Estuardo, ha resultado profética. Algunos han visto en ella el triunfo póstumo de la reina de Escocia sobre su enemiga, Isabel I de Inglaterra. En efecto, fue Jacobo VI, hijo de María, quien a la muerte de Isabel ciñó ambas coronas.

Muchas obras se han escrito sobre Maria Estuardo, inclusive poemas dramáticos famosos, como los de Alfieri, Schiller y Swinburne. La reina de Escocia ha tenido multitud de defensores y de detractores, todos acérrimos e intransigentes en su apasionamiento en pro o en contra de María.

Como reina católica, contó siempre con la simpatía de sus correligionarios, y como mujer hermosa y apasionada cautivó irresistiblemente los corazones románticos. En cambio, siempre se le mostraron inconciliables los enemigos del «papismo» y los ingleses orgullosos de su tradición monárquica y de su hábil reina Isabel, que tanto hizo por la gloria y el poder británicos.

A estos poco les importó que la «reina virgen» fuera el fruto de un matrimonio morganático, y menos aún que la Iglesia Católica la considerase una bastarda, nacida de un matrimonio insanablemente nulo. Sin embargo, ello preocupaba en grado sumo a la propia Isabel, más consciente que nadie de los mejores títulos dinásticos de María Estuardo al trono de Inglaterra, los que en última instancia habrían de motivar el trágico destino de la escocesa.

LA REINA DE FRANCIA
Nació María el 7 de diciembre de 1542 en Linlithgow, pocos días antes de la muerte de su padre, Jacobo V de Escocia, de quien era la única heredera legítima viviente. Contaba apenas un año de edad cuando fue coronada, y su madre, María de Guisa, perteneciente a la entonces poderosa familia francesa de Guisa y Lorena, ofició de regente durante los azarosos años en que los ingleses invadieron una y otra vez las Lowlands (tierras bajas) escocesas.

En 1548 la niña reina fue prometida al Delfín de Francia, Francisco, algo menor que ella, y enfermizo. María pasó el resto de su infancia y su adolescencia en la corte francesa, donde las típicas intrigas renacentistas eran habituales y donde los nobles católicos y hugonotes se disputaban el favor del rey Enrique II, hijo de Catalina de Medicis.

La pequeña escocesa conquistó de entrada los corazones de la familia real francesa –excepto el de Catalina, que deseaba la corona para su otro hijo, Carlos– y los de toda la corte con su belleza, que crecía día a día, y con su gracia, gentileza y buen corazón.

El 24 de abril de 1558 su matrimonio con el Delfín fue celebrado con gran pompa, y al año siguiente, al fallecer Enrique II, María ciñó fugazmente la corona de Francia porque el 5 de diciembre de 1560 murió Francisco II y Catalina, la reina madre, vio cumplido su anhelo de que Carlos, su hijo favorito, ocupase el trono.

Poco antes había fallecido María de Guisa, la regente de Escocia, y desaparecido así su principal adversario, los calvinistas obtuvieron la supremacía: el 25 de agosto de 1560 el Parlamento escocés proclamaba al calvinismo religión del Estado.

LA REINA DE ESCOCIA
Un año después, el 19 de agosto, un buque procedente de Francia anclaba en el puerto de Leith, tras haber burlado el patrullaje de los navíos ingleses enviados en su busca por Isabel I que, advertida de la presencia de la reina de Escocia y ex reina de Francia, le había prohibido hacer puerto en Gran Bretaña.

María fue bien recibida por su pueblo y pronto demostró que, si bien exigía que se la dejase seguir practicando personalmente su religión católica, aceptaba el statu quo y renunciaba a reimplantar en el país la antigua fe. A tal punto, que no vaciló, en 1562, en salir a combatir en persona, y vencer al noble católico más poderoso de Escocia, el conde de Huntley.

Condenada a muerte Por casarse con el asesino de su segundo esposo, y por enfrentarse al calvinismo, la reina escocesa María Estuardo debió abdicar y buscar refugio en Inglaterra. Allí vivió 19 años, cautiva de Isabel I, hasta que se demostraron sus vínculos con una conspiración contra la soberana, lo que le valió la pena de muerte. María Estuardo se dirige al patíbulo, por Scipione Vannuteli; siglo XIX.

Eso no bastó para ganarle la confianza de fanáticos como John Knox, para quien la reina oponía «a la verdad de Dios una mente orgullosa, un ingenio astuto y un corazón empedernido». En esto coincidía con el embajador inglés, Throckmorton, que informó a su soberana: «La reina de Escocia se conduce con tal honorabilidad, sabiduría y discreción, que no puedo dejar de temer su progreso».

En efecto, gracias a la hábil conducción de María, Escocia disfrutó de cuatro años de paz (1561-1565), que no es poco decir en ese convulsionado siglo XVI. Pero aunque su conducta era intachable, desde los pulpitos los pastores calvinistas la cubrían sistemáticamente de calumnias y alentaban a la rebelión contra ella.

A ello se sumaban, además, las maquinaciones de su implacable rival, Isabel de Inglaterra, que simulando oponerse al casamiento de María con un primo, lord Henry Darnley, consiguió lo que realmente se proponía: que María se empeñase en llevarlo acabo. Darnley era un muchachón apuesto pero alocado, que como príncipe consorte solo podía llevar el caos a Escocia, favoreciendo así los planes de Isabel.

El matrimonio se celebró el 29 de julio de 1565, y desde ese momento todo se desarrolló a gusto de la reina de Inglaterra. Se sucedieron las rebeliones de nobles escoceses contra el poder real, y María debió encabezar una fatigosa campaña contra su propio hermanastro, James Stuart, conde de Moray, que había contado con el apoyo de Isabel.

Por su parte, Darnley se vio envuelto en una conjura para asesinar al secretario de María, David Rizzio, quien fue muerto en presencia de la propia reina, que se hallaba encinta y nada pudo hacer. Con ello las relaciones entre los esposos quedaron definitivamente deterioradas, y el nacimiento de un hijo -el futuro Jacobo VI- el 19 de junio de 1566 no logró mejorarlas pues Darnley no se hizo presente en su bautismo.

LA FUERZA DE LAS COSAS
La atolondrada conducta de Darnley no le granjeó a este el apoyo de ningún partido, y así fue como el 10 de febrero de 1567 el príncipe consorte pudo ser asesinado impunemente por los esbirros de James Hep-burn, conde de Bothwell, que se había convertido en el «hombre fuerte» de Escocia.

María tuvo que soportar el golpe, pues nadie se atrevía a castigar al evidente culpable. Envalentonado, este osó raptar a la propia reina el 24 de abril del mismo año, y con su consentimiento o sin él sobre este punto la evidencia histórica y las declaraciones de María resultan bastante ambiguas- tuvo relaciones con ella en el castillo de Dunbar, adonde la había conducido.

Bothwell consiguió asimismo que varios de los principales nobles del reino aconsejaran a la reina que lo desposase. Sola, privada de todo apoyo, María se vio obligada a aceptar una imposición que por otra parte no parecía del todo desagradable. Estas nuevas nupcias, celebradas el 15 de mayo de 1567, señalaron el comienzo de su ocaso. Una confederación de nobles escoceses se rebeló contra Bothwell y María, y después de derrotar a las tropas de ambos en Carberry Híll a un mes de la boda, proclamó rey de Escocia al niño Jacobo y regente al conde de Moray.

Derrotada nuevamente por Moray en Langside el 13 de mayo de 1568, María tuvo la infeliz idea de refugiarse en Inglaterra, donde por orden de Isabel fue apresada y juzgada por el asesinato de Darnley. En el juicio se adujeron muchas pruebas contra la prisionera, varias de ellas notoriamente falsas. Finalmente fue absuelta, pero debió pasar el resto de su vida prisionera.

Durante esos diecinueve años María no dejó de conspirar para obtener su libertad e inclusive para promover la invasión de Inglaterra por España. Con ello dio a Isabel el pretexto que necesitaba para ordenar a su secretario Davison qué la hiciera decapitar. Cumplida la sentencia el 8 de febrero de 1587, la reina de Inglaterra, aparentando que se había tratado de un error, multó a Davison en diez mil libras, con lo que le redujo a la miseria.

Amores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografia

Amores de Isabel I de Inglaterra
Resumen de su Vida

Isabel I de Inglaterra: Soberana de Inglaterra en una época de graves enfrentamientos y luchas por el poder, Isabel I condujo con mano férrea el proceso que hizo de su país la primera potencia de Europa.

La aspereza de las lides políticas hizo terminar trágicamente varios de sus amores deparándole una muerte solitaria, sin descendencia: su esposo, como se decía, era el reino británico.

«Soy la mujer más inglesa del reino», solía decir con una convicciAmores de Isabel I de Inglaterra Resumen de su Vida Biografiaón que refirmaba su dureza de carácter.

En efecto, fría, decidida, de presencia imponente, Isabel I de Inglaterra no se caracterizaba precisamente por sus dudas o vacilaciones sino por poseer un espíritu práctico y un criterio que le permitió manejar hábilmente los hilos de la política británica durante más de cuarenta años y neutralizar sucesivas conspiraciones aplicando una pesada mano para castigar a los culpables.

Era hija de Ana Bolena y del rey Enrique VIII, quien para casarse con la madre de Isabel tuvo que separarse de Catalina de Aragón y fundar la Iglesia Anglicana, lo cual no solo le permitió legitimar su separación -vedada por el catolicismo- sino liberarse de la tutela papal.

Isabel nació en Londres el 7 de septiembre de 1533 y, tres años después, su progenitura, acusada de infidelidad, halló la muerte bajo el hacha del verdugo iniciándose así una vida azarosa para Isabel, de quien se decía que era hija ilegítima.

Ello no obstó, sin embargo, para que se la educara con gran esmero, dándole así oportunidad de cultivar su brillante inteligencia.

Aprende a la perfección el griego, el latín y varias lenguas modernas y durante su adolescencia deslumbra a sus maestros por su erudición.

En 1547 muere su padre y le sucede Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Juana Seymour.

Debido a la corta edad del príncipe, el gobierno es ejercido por un consejo dominado por Eduardo Seymour, tío del joven rey.

Seymour tiene muchos enemigos políticos, pero el principal de ellos es su hermano Henry, quien después de cortejar a Catalina Parr, última esposa de Enrique VIII, se casó con ella, acercándose así a la corona.

Catalina, que sentía profundo cariño por Isabel, la invita a vivir con ellos y esta acepta complacida, iniciándose de ese modo una armoniosa convivencia que se trunca cuando Henry e Isabel entablan relaciones amorosas.

Era ese su primer romance y el origen de su primer escarceo en la arena política.

En efecto, cuando Eduardo Seymour descubrió una conspiración contra él y Eduardo VI urdida por Henry, Isabel tuvo que responder a interrogatorios que no dieron resultado. Henry, de todos modos, fue condenado a morir en el cadalso.

Cuando muere Eduardo VI -en 1553- sube al trono María Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón y, por lo tanto, media hermana de Isabel. Desde el primer momento María se preocupa por restablecer el catolicismo en sus dominios e Isabel debe manejarse con suma prudencia para no despertar la susceptibilidad de la reina, quien la observa con desconfianza ya que el partido protestante se agrupa en torno de Isabel.

Posteriormente, el casamiento de María con el monarca español Felipe II despierta enconada antipatía contra la reina.

En 1554 el Papa absuelve a Inglaterra por haber pasado un período bajo el protestantismo, pero esa absolución no es bien recibida por el país. Las conspiraciones contra la soberana se multiplican y todas tienen como objetivo poner en el trono a Isabel, que para salvar su vida concurre siempre a misa y se muestra católica.

Enferma, vencida, sin hijos, tiempo después la reina se allana a nombrar a Isabel como heredera del cetro, que pasa a sus manos el 15 de enero de 1559, poco tiempo después de la muerte de María Tudor.

Toda Europa espera ahora que la flamante soberana elija marido y tenga descendencia. Las dinastías reinantes se disputan la mano de la nueva reina.

El propio Felipe II, al enviudar de María Tudor, pretende desposar a su sucesora esperando alcanzar así la hegemonía europea. Por otra parte, ese enlace sería un obstáculo insalvable para María Estuardo que desde París se proclama legítima heredera del trono inglés, y el marido de esta, Francisco II de Francia, defiende los derechos de su mujer.

Ello agudiza la rivalidad entre Francia y España, cuyo rey, a pesar de su catolicismo, se ve obligado a apoyar a la protestante Isabel, que dilata su decisión utilizando su soltería y la codicia de sus adversarios como eficaces armas diplomáticas.

Poco después de ser coronada, la reina comienza a mostrar su verdadera personalidad. Le encanta brillar y ser adulada.

La modestia con que se vestía durante el reinado de su media hermana María es cosa del pasado. Las perlas y las esmeraldas adornan su cabello, las joyas recubren su cuello. Los retratos la muestran recubierta de gemas y telas recamadas, como una especie de ídolo oriental. Sin embargo, esa afición por la apariencia física no se contradice con su habilidad política: bien pronto puso de manifiesto su capacidad para mandar y gobernar.

Se rodeó de un pequeño número de asesores, pero seleccionados con tanto cuidado que no le fue necesario cambiarlos sino en raras ocasiones. Impidió hábilmente que los masculinos sentimientos de superioridad de sus consejeros menguaran su poder de decisión, y aunque toleraba la rivalidad entre ellos -derivada a veces del carácter de favorito suyo que adquiría algún asesor- nunca permitió que uno prevaleciera notoriamente sobre los demás.

Prefería consultarlos individualmente más que en conjunto, y como sus intenciones siempre eran difíciles de adivinar, más de una vez sorprendió a su gabinete tomando decisiones por cuenta propia. Su talento y sagacidad convirtieron a Inglaterra en la primera potencia de la época, y le permitieron, además, triunfar en toda la línea sobre los enemigos internos.

En ese aspecto, uno de los pleitos que mayor atención le demandó fueron las conjuras que tuvieron como protagonista central a María Estuardo, particularmente desde que esta asumió la corona de Escocia a raíz de la muerte de su madre, María de Guisa.

Desde ese puesto María conspira permanentemente y se convierte en la más peligrosa rival de Isabel. La suerte, empero, no la ayuda, y a raíz de una rebelión de los nobles escoceses debe huir a Inglaterra, donde Isabel la mantiene prácticamente enclaustrada en un castillo.

El enfrentamiento se dilucida definitivamente cuando María complota junto con Lord Babington para asesinar a Isabel, lo que la lleva al cadalso el 8 de febrero de 1587.

Después de la muerte de María, Felipe II, abanderado del catolicismo, declara la guerra a la impía Isabel, quien no solo profesa el anglicanismo sino que desarrolla una política que choca frontalmente con los intereses españoles.

En 1588 estos alistan la famosa Armada Invencible y se lanzan hacia Inglaterra, pero los malos vientos y la habilidad de los capitanes ingleses deshacen la flota española. Inglaterra se transforma entonces en la dueña de los mares.

La gloria militar coincide con la entrada en escena del último gran amor de Isabel: el conde de Essex, un joven de veinte años, bien parecido, audaz, inteligente, pero sumamente orgulloso.

La reina lo encumbra y él se muestra digno del favor real: triunfa en el mar, toma barcos enemigos, se apodera de tesoros, obtiene honores, títulos, dinero. Durante varios años su estrella sigue en ascenso, hasta que se produce una rebelión en Irlanda y Essex reclama la honra de sofocarla. Inicia la campaña, pero en su transcurso desoye una serie de advertencias y comete toda clase de imprudencias.

La reina comienza a impacientarse, y como su favorito la desobedece y desafía, Isabel le retira su favor.

Es más de lo que Essex puede soportar: inmediatamente empieza a conspirar contra ella, y aunque Isabel se resiste a eliminarlo, debe aceptar que se lo juzgue y se lo condene a muerte. El primer amor —Henry Seymour— y la última pasión de la reina murieron así por las mismas razones: víctimas de la ambición por obtener la corona inglesa.

En los últimos años de su vida el recuerdo de Essex acosa a Isabel continuamente. Todos quienes la quisieron o pretendieron su mano han muerto. Ella no tiene hijos. Sus ministros insisten para que nombre a un sucesor. Solo hay uno inobjetable: Jacobo, rey de Escocia e hijo de la ejecutada María Estuardo. Él será elegido.

Poco antes de morir Isabel, hubo que aserrarle su anillo de coronación porque como en sus cuarenta y cuatro años de reinado nunca se lo quitó, había terminado por encarnarse.

Muchos lo llamaban el anillo de casamiento de Isabel, y en cierto modo era verdad: la reina virgen, como la llamaban, solo se había desposado con su reino. Murió el 24 de marzo de 1603.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografia Isabel I de Inglaterra La Reina Virgen Tudor

Biografia Isabel I de Inglaterra
La Reina Virgen Tudor

Biografia Isabel I de Inglaterra La Reina Virgen TudorISABEL I, LA REINA VIRGEN: A los tres años de edad la pequeña Isabel, hija de Enrique VIII y Ana Bolena , su segunda esposa, perdió al mismo tiempo a su madre y su rango.

Ambos sucesos fueron obrados por su padre que hizo decapitar a su esposa acusada de adultera y declaro bastarda a su propia hija. Pero aunque alejada de la corte , la niña tuvo buenos maestros con los que, gracias a su inteligencia natural, pudo adquirir una cultura bastante amplia y una sólida formación clásica.

Una niña aferrada a la realidad: Cuando contaba con unos diez años de edad, por obra de la bondadosa Catalina Parr, sexta esposa de su padre, retornó Isabel a la corte, protegida por esta reina que, poco después, logró que el rey Enrique hiciera reconocer ante el Parlamento la legitimidad de Isabel y la de su hermanastra mayor, María.

Durante esos últimos años del reinado de su padre, Isabel mantuvo una fuerte unión con el heredero de la corona, el niño Eduardo, quien, como ella, era luterano, mientras que María era católica. Y entonces, la religión contaba mucho.

Tras la muerte de Enrique VIII asumió el trono el principito Eduardo VI, de tan sólo diez años, por lo que fue dominado por su tutor y sus favoritos,que gobernaron por él. Y su débil constitución lo llevó a morir tempranamente, cuando sólo contaba con dieciséis años.

Isabel se sintió otra vez aislada, sobre todo por las diferencias religiosas con la nueva reina, su hermanastra María.

Se dice que, no obstante, se negó a tomar parte en la conspiración católica encabezada por Tomás Wyatt; pero, sin embargo, resultó sospechosa de connivencia con los conspiradores y, tras la desarticulación de la conjura, la soberana la hizo encerrar en la Torre de Londres.

Siempre aferrada a la realidad y oportunista, Isabel aparentó profesar nuevamente el catolicismo, y fue liberada y recibida en la corte.

Entre conspiraciones, Isabel es coronada: María, la soberana hija de Catalina de Aragón, se había casado ya, casi cuarentona, con su tío Felipe II, por el que experimentaba un gran amor no correspondido; pero en vano había intentado tener hijos, pese a atribuirse varios embarazos que no fueron sino producto de la histeria y la hidropesía. Muy resentida su salud, murió entonces María sin dejar herederos y subió al trono Isabel.

A los veinticinco años comenzó Isabel l un reinado que se prolongó durante más de cuatro décadas y durante el cual se sentaron las bases del imperio británico.

La corona le fue ceñida en un período pleno de circunstancias adversas para su reino: otros pretendientes al trono conspiraban contra ella; a los grandes enfrentamientos religiosos se sumaba la debilidad económica del Estado; y para colmo, Inglaterra se hallaba envuelta en una sangrienta guerra con Francia.

Por eso, en un primer momento, se evaluó la conveniencia de un enlace matrimonial con el viudo Felipe II, de quien se dice que estaba enamorada, enlace que fortalecería el papel de ambos países en el ámbito europeo. Pero la casi pactada unión se frustró porque, según los informes presentados al rey católico, Isabel tenía algo que la incapacitaba para el matrimonio, posiblemente una malformación genital, lo que motivó el rechazo español a la proposición inglesa.

Si ese casamiento se hubiera efectuado, quizá Isabel no se habría inclinado tanto al anglicanismo, al que declaró religión oficial, comenzado casi de inmediato la persecución de los católicos y los calvinistas, lo que provoco su excomunión por obra del Papa Pío V.

Su firme propósito, permanecer soltera: Quizá también de resultas de la comprobación de su estado físico, fue que Isabel declaró ante el Parlamento, que deseaba verla casada y con descendencia, que era su firme propósito el de permanecer soltera. Y el logro de tal decisión fue lo que condujo a que esta reina fuera llamada la Reina Virgen, lo que en realidad no parece haber sido cierto a pie juntillas, ya que se comentaba que otorgó su “íntimo afecto” a buen número de favoritos (entre los que se destacan Robert Dudley, primer conde de Leicester, sir Walter Raleigh y Robert Devereux, segundo conde de Essex).

Los primeros devaneos de Isabel, siendo aún una adolescente, fueron con Tomás Seymour, joven hermoso, apuesto, tan hábil con la palabra como con las armas, pero ambicioso y carente de escrúpulos. Este acarició la esperanza de casarse con Isabel. pero debido a la oposición que halló en su hermano mayor, regente del reino, desvió sus atenciones hacía la viuda Catalina Parr, con la que al fin se casó. Al quedar prontamente viudo, volvió otra vez su atención a la quinceañera Isabel y se dice que, aprovechando la promiscuidad que entonces imperaba en todas las grandes casas “solía ingresar al amanecer en el dormitorio de ésta, y luego de apartar las cortinillas del lecho, la despertaba besándola, la acariciaba, le hacía cosquillas, fingía querer entrar en su lecho, la hacía levantarse medio desnuda, la perseguía a través de la alcoba, le daba grandes palmadas en el trasero y todo concluía entre risotadas”.

La Iglesia anglicana, consolidada por Isabel I, nació de un tácito compromiso entre el catolicismo y el calvinismo surgido en el continente europeo. Si bien su doctrina ponía el acento en la responsabilidad individual y en la interpretación personal de la Biblia, el sistema jerárquico establecido fue un calco de la jerarquía católica, así como las devociones y la liturgia apenas se diferenciaron de las romanas: similares cometidos de obispos y sacerdotes -con la única diferencia de que a los anglicanos se les permitía el matrimonio-, realismo de los sacramentos, conservación de las festividades de los santos y de los días de ayuno y abstinencia. Esta síntesis de catolicismo y calvinismo ha creado tensiones a lo largo de la historia del anglicanismo.

Si tras estos preliminares la niña conservó su virginidad, es un misterio de la historia. Lo cierto es que esta buena acogida lo decidió a encabezar un complot para casarse con Isabel y acceder al trono inglés, pero fue descubierto y decapitado junto con sus principales cómplices. E Isabel no vaciló en escribir al regente desmintiendo enérgicamente “los rumores que circulan, altamente perjudiciales para mi honor . Y el epitafio que pronunció con respecto a su pretendiente ejecutado fue: “Hoy ha muerto un hombre de mucho ánimo y muy poco juicio”.

Pero este episodio la sosegó y así no se oyeron mentar públicamente otros amoríos hasta que, ya coronada reina, y después de declarar ante el Parlamento que estaba casada con su reino y que no le faltaban hijos, ya que consideraba a todos sus súbditos como tales, se entregó a un marcado coqueteo con lord Robert Dudley, joven con el que había ya simpatizado cuando ambos coincidieron como prisioneros en la Torre de Londres.

“No me caso tampoco»: Era el tal Robert un mozo apuesto, siempre vestido con lujo a la última moda, bravo duelista, hábil jugador de pelota, amante del arte y buen tañedor de laúd, es decir, un perfecto cortesano. Aunque Isabel negó toda relación íntima por él, lo cierto es que lo había hecho su caballerizo mayor, cargo que le permitía gran familiaridad con ella; le había asignado habitaciones muy cercanas a las suyas, y a las que acudía a cuidarlo si enfermaba; lo colmaba de gracias y de regalos; se entristecía claramente cuando él se alejaba, y le hacía tremendas escenas de celos. Por tanto, no era extraño que se lo considerara su amante.

Pero si Dudley pretendía llegar al casamiento con la reina debía desembarazarse de un serio obstáculo: su esposa. Y paradójicamente, ésta murió al caer por una escalera. Isabel se negó a creer en un crimen de su favorito pero, toda intención de boda, si la hubo, quedó trunca.

Ella manifestó: “Se ha dicho que sólo amaba a Sir Robert Dudley porque estaba casado, pero ahora no lo está y yo no me caso tampoco . Y hasta pretendió, tiempo después, hacerlo casar con su prima María Estuardo, entonces reina de Escocia. Y quizá para consolarlo por el rechazo de aquélla, lo hizo conde de Leícester. Le guardó siempre un rinconcito en su corazón, ya que tras la muerte del favorito, guardó, entre lágrimas, un papel doblado en un precioso cofrecito, encabezándolo: “Su última carta”.

Los favoritos de la Reina: Walter Raleigh, sanguinario pirata a quien la soberana ennoblecíó otorgándole el dictado de Sir, colmó de elogios a la que decía amar en poesías amorosas que le dedicaba bajo el apodo de Cintia. Por algunos años fue su favorito hasta que, ya próximo a la cuarentena, fue desplazado por el veinteañero conde de Essex. Sintiéndose quizá ya ajeno al ámbito real, Sir Walter se casó con una amiga de la reina, llamada también Isabel; pero la orgullosa soberana, que no admitía el menor acto independiente de su voluntad, hizo que el “rebelde” pasara la noche de bodas encerrado en la Torre de Londres. Luego fue desterrado definitivamente de la corte, pero siguió demostrando su adhesión a la reina fundando en tierras americanas la colonia a la que, en su honor, llamó Virginia.

Su otro gran favorito fue Robert Devereux, conde de Essex, del que se apasionó. Robert contaba con veinte años, y era un jovenzuelo apuesto, de hermoso semblante, bailarín elegante, apasionado cazador e hijastro del desaparecido Dudley. Decían las malas lenguas: “Milord de Essex no se marcha de casa de la reina antes de que los pájaros de la mañana hayan comenzado a cantar”. Pronto sería caballerizo mayor y caballero de la Jarretera; pero no consiguió la reina domesticarlo a su gusto pues el joven trataba de probarse en empresas heroicas y además era arrogante y orgulloso. Y la violencia de su carácter le hizo declarar en público, cuando ya había perdido el favor de la soberana:

“Su Majestad es ahora una vieja tan cochambrosa y retorcida de espíritu como de cuerpo’. Esta fue una puñalada que Isabel no pudo soportar y, en consecuencia, obró la ruina del que fuera su último amor.

Pero como Essex fuera sumamente popular, Isabel tuvo que demorar su venganza. El conde encabezó un golpe de Estado  para ponerse a la cabeza del Consejo Real, pero sólo halló su ruina. Denunciado el complot, Essex fue declarado traidor y el tribunal que lo juzgaba lo condenó a la pena establecida para tal caso: horca seguida de castración, destripamiento y descuartizamiento.

Pero Isabel moderó la pena, contentándose con que lo decapitaran. Con esto comenzó la verdadera vejez de la reina.

Piratas, decapitaciones y vanidad: Isabel era una verdadera autócrata pero tuvo la inteligencia de saber rodearse de un excelente equipo de consejeros y colaboradores. Aunque todo lo decidiría por sí misma durante su reinado, supo apoyarse en sus ministros pero, siempre absolutista y vanidosa, atribuyó sus éxitos a sí misma y sus errores a esos ministros.

Durante su reinado se pactó la paz con Francia; se inició el desarrollo industrial y económico inglés; prosperó el comercio nacional; se restableció la confianza en la moneda del país; se inauguró la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio. Todo ello otorgó prosperidad sobre todo a la nobleza y a la alta burguesía.

Pero lo que resultó novelesco fue el apoyo que la reina prestó a los piratas, algunos convertidos en corsarios y, los más exitosos, ennoblecidos, cuyos saqueos a los galeones españoles o cuyo tráfico negrero, apuntalaban las finanzas reales.

Pero el gran problema de Isabel fue su prima católica, María Estuardo, la destronada reina de Escocia que se refugiara en Inglaterra y a la que ella hiciera encarcelar en la Torre de Londres, debido a que los católicos la consideraban la verdadera reina de Inglaterra cuyo trono habría usurpado la entonces soberana. Tras dieciocho años de reclusión en diversos castillos y prisiones, se descubrió un complot para asesinar a Isabel y suplantarla por la prisionera a raíz de lo cual la reina, que no vacilaba en seguir el método de su padre, hizo decapitar en la torre londinense a la infortunada María.

Este hecho dio pie al católico Felipe II, afectado durante años por los ataques de los piratas de Isabel, para declarar la guerra a Inglaterra y hacer preparar una gran escuadra, a la cual se titulará la Armada Invencible, para invadir las islas británicas.

“La invencible” fue vencida por tres factores: la inutilidad del rey para dirigirla, los contratiempos climáticos y la acción de los marinos ingleses, a muchos de los cuales la piratería había convertido en excelentes marinos y luchadores plenos de artimañas.

Tras la derrota de esta armada, Inglaterra se impuso como potencia marítima. Y no debió poco de esa supremacía al pirata ennoblecido, Sir Francis Drake, al que los españoles llamaban “el Dragón”, y quien fue el primer inglés en dar la vuelta al mundo, cuya primacía correspondía al español Sebastián Elcano.

Las bases de una gran potencia: La derrota española de 1588 file el hecho fundamental para que Inglaterra, favorecida por las brillantes dotes de estadista de Isabel I, se convirtiese en una gran potencia naval y colonial. Previamente, la reina puso orden en el caos financiero que dejó María Tudor. El proceso expansionista había empezado en 1555 con la creación de la Compañía de Moscú a raíz del descubrimiento y la explotación de los grandes bancos de pesca de Terranova. Una flota mercante cada día más grande abrió rutas comerciales, que incluyeron el ignominioso tráfico de esclavos africanos. La corona no vaciló en usar barcos piratas, capitaneados por Hawkins, Drake, Frobisher y otros, que no dieron tregua en las rutas comerciales que explotaban España y Portugal en el Atlántico sur y el Caribe. En 1584. sir Walter Raleigh fundo la primera colonia inglesa en America del Norte, en Virginia •nombre elegido en homenaje a Isabel, llamada la Reina Virgen, y en 1600 se creó la Compañía de las Indias Orientales. El capital obtenido se invirtió en nuevas empresas comerciales, industriales y financieras por acciones, lo que llevó a crear la bolsa de Londres, en 1571.

La vida en la corte de Isabel: Veamos ahora cómo era la vida de la corte inglesa bajo el reinado de Isabel I la reina se había erguido como dueña absoluta del poder, convirtiéndose casi en un ídolo, Todo se centraba en ella, que no gustaba oír mencionar a sus padres ni hablar de sucesores. Para ella sólo existía su presente, que estaba constituido por su poder, su gobierno y su nación.

Orgullosa y muy vanidosa, siempre se presentaba con ropas fastuosas y sumamente alhajada, y los cortesanos le debían rendir la mayor pleitesía, saludándola genuflexos (es decir, inclinados reverentemente y con la rodilla en tierra). Los servidores le presentaban las viandas de rodillas o las colocaban en esa posición en la mesa aun cuando ella no estuviera presente.

Cuando en las grandes solemnidades se mostraba en público, lo hacía precedida por un gran séquito de magnates y caballeros que lucían todo el esplendor de sus insignias, órdenes nobiliarias y condecoraciones sobre sus ricos vestuarios y desfilaban con la cabeza descubierta en señal de reverencia a su majestad. Tras ellos iban los portadores de las insignias de su poder: el cetro, la espada desenvainada y el gran sello real. Y ella cerraba el cortejo luciendo un riquísimo atuendo sobre el que portaba una magnífica capa, recamada con perlas y piedras preciosas, mostrando la imagen de un verdadero ídolo. La muchedumbre congregada a su paso o en la capilla a la que se dirigía profería al unísono, la exclamación: iDios salve a la reina!

Pero quizá el mayor galardón de su reinado haya sido la pléyade de grandes pensadores, poetas y dramaturgos que produjeron, en su época, el florecimiento de la literatura inglesa y entre los que se destacan personalidades tan ilustres como Edmund Spenser, Christopher Marlowe, Ben Johnson y William Shakespeare.

Ya al final de su reinado, la popularidad de Isabel disminuyó a causa de sus grandes gastos y su abuso del poder real. Además, su último favorito, Robert Devereux, dirigió una conspiración contra ella, por la cual la reina ordenó decapitarlo. Desconsolada por esa pérdida pasó sus últimos años tristemente sola y enmascarándose casi para ocultar una vejez que detestaba. Murió, negándose a hacerlo, en un lecho, sobre cojines y almohadones, rodeada por sus cortesanos más fieles, a los setenta años de edad, y tras cuarenta y cinco años de reinado.

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LA REFORMA INGLESA empezó cuando el rey Enrique VIII (1491-1547), se divorció de su primera esposa, Catalina de Aragón (1485-1536), para casarse con Ana Bolena (h 1507-36). Al no concederle el divorcio el papa Clemente VII (1478-1534), Enrique VIII rompió con la iglesia católica romana y se erigió como jefe supremo de la iglesia protestante de Inglaterra.

COMPROMISO RELIGIOSO
Al igual que su padre, Isabel I (1533-1603) fue una reina protestante. Esto significaba que ella, no el Papa, era la cabeza de la iglesia de Inglaterra. A pesar de ello, su política religiosa respetó el compromiso adquirido entre el catolicismo romano y el protestantismo.

PROBLEMAS FINANCIEROS
La Inglaterra isabelina sufrió una inflación muy alta, el precio de la comida era más elevado que los sueldos. Al mismo tiempo, muchos campesinos no tenían modo de ganarse la vida al cambiar el sistema de propiedad de la tierra, de campo abierto a granjas parceladas (enclosuré). Los que quedaban excluidos se apiñaban en el campo y en las ciudades, sometidos a unas condiciones paupérrimas.

LEYES SOBRE LOS POBRES
Isabel estableció varias medidas para combatir la pobreza y los delitos menores. Las leyes isabelinas sobre los pobres diferenciaban a la gente enferma e indefensa de los maleantes bien alimentados o vagabundos. Los pobres sin ningún recurso eran ayudados por la caridad local mientras que los vagos eran azotados o marcados con hierro candente.

LA CORTE Y EL PROGRESO REAL Isabel I propició que los nobles más poderosos vivieran en su corte con el fin de vigilarles de cerca e impedir las rebeliones. Si sus cortesanos se casaban sin su permiso eran tratados como traidores. Siempre otorgó gran importancia a su aspecto y vestía muy bien, como puede verse en los retratos que de ella nos han llegado. También solía pasar temporadas en casas de campo de importantes nobles.

LA REINA VIRGEN
En un principio, la decisión de no contraer matrimonio preocupó mucho a los ministros de Isabel I. Aunque tenía sus favoritos, como Robert Dudley (1532-88), decidió permanecer soltera y se la conoció como la Reina virgen. Es posible que estuviera influenciada por el destino de su madre, Ana Bolena, decapitada por orden de su marido Enrique VIII. Al ser soltera, se podía dedicar por entero a Inglaterra. Su largo reinado proporcionó gran estabilidad al país. No tuvo descendencia.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Ver: Biografia de la Reina Isabel II de Inglaterra

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su Vida y Gobierno

RESUMEN BIOGRAFÍA DE INDIRA GANDHI: (Allahabad, India; 19 de noviembre de 1917 – Nueva Delhi; 31 de octubre de 1984) Nacida y educada en el período crítico de la lucha por la independencia de su patria, Indira Gandhi está considerada una de las mujeres más poderosas de la tierra. Conductora de un país de 550 millones de habitantes, dedica el talento que la convirtió en primera ministra de la India a solucionar los problemas de una nación de cultura milenaria y enormes posibilidades potenciales.

Biografia de Indira Gandhi Resumen de su VidaEn 1917 el mundo era conmovido por acontecimientos de resonancia: la primera guerra mundial ensangrentaba a Europa, y la revolución rusa destronaba a la centenaria monarquía de los zares para implantar el sistema soviético.

La India, por entonces colonia inglesa, se hallaba envuelta en graves problemas políticos, económicos, étnicos y religiosos. Muchos patriotas bregaban por independizarla guiados por un hombre profundamente místico y de fina sensibilidad política: Mohandas Karamchand Gandhi, a quien el célebre poeta Rabindranath Tagore llamó Mahatma (alma grande).

Su método de lucha era la no violencia, la protesta pacífica, pero no solo debía enfrentarse con los ingleses sino también con la miseria, las enfermedades y las profundas diferencias religiosas que separaban a hindúes y musulmanes, todo lo cual había convertido a la India en un volcán político y social a punto de entrar en erupción.

En ese convulsionado país nació, el 19 de noviembre de 1917, Indira Priyadarshini Gandhi, hija de Jawaharlal y Kamala Nehru, fervientes seguidores del Mahatma Gandhi. Jawaharlal era hijo de Motilal, otro ardiente defensor de la liberación de la India que llegó a ser presidente del Congreso -asamblea no gubernamental que aglutinaba a los principales dirigentes del país- y años más tarde tuvo el raro privilegio de ceder el cargo a su propio hijo, ya convertido en líder.

INFANCIA AGITADA
En casa de los Nehru los problemas del país eran tema permanente de conversación, y como consecuencia de las luchas en que estaba comprometida su familia, Indira tuvo una niñez bastante solitaria: sus padres y sus abuelos fueron encarcelados por los ingleses con tanta frecuencia que, casi permanentemente, debió valerse por sí misma. Cuando aún no caminaba, su abuelo ya la llevaba a las concentraciones y la elevaba en sus brazos por sobre la multitud para que pudiera ver.

A los tres años Indira se entretenía arengando a su muñecas con tormentosos discursos, inocente e infantil actividad que a los doce años reemplazó por su primera misión importante en la actividad pública. Organizó por entonces una brigada integrada por chiquillos que hacían mandados para los miembros del Congreso -imposibilitados de moverse libremente debido a la vigilancia que se ejercía sobre ellos- y prodigaban primeros auxilios a las víctimas de la represión de la policía colonial.

Jawaharlal Nehru no hacia distingos entre la educación que debía darse a un hombre y a una mujer y quiso que su hija concurriera a los mejores colegios y universidades. Indira asistió a escuelas de la India, Suiza e Inglaterra y también frecuentó la universidad de Visva-Bharati en Santiniketan, fundada por Rabindranath Tagore. Pero la permanente actividad de los padres y, en particular, la enfermedad de su madre, la obligaron a interrumpir los estudios.

Nehru trataba de subsanar los inconvenientes en la formación de su hija escribiéndole cartas en las que se refería largamente a la evolución de la humanidad.

Al cumplir Indira dieciocho años su madre falleció y ella debió transformarse no solo en la mujer de la casa sino también en confidente de su padre, papeles que no le impidieron ocuparse de su vida personal. En 1942 se casó con Feroze Gandhi -quien, pese a tener ese apellido, no estaba emparentado con el Mahatma- desafiando la fuerte oposición de casi todo el país, ya que Feroze no era hindú sino parsi, es decir, perteneciente a un grupo étnico y religioso minoritario.

Indira había conocido a Feroze en su infancia y volvieron a en centrarse años después en Inglaterra, donde él estudiaba en la Escuela de Economía de Londres y ella cursaba en Oxford. De regreso al país natal contrajeron matrimonio; pocos meses después del casamiento ambos eran encarcelados por sus actividades políticas.

LA FUNCIÓN PÚBLICA
Posteriormente los acontecimientos se precipitaron: el 15 de agosto de 1947 la India obtuvo la independencia; el 30 de enero de 1948 un fanático asesinó al Mahatma Gandhi y el 25 de enero de 1950 la India se transformó en república. Con Nehru convertido en primer ministro del país, Indira debió multiplicarse para estar junto a su padre y a su esposo, activo periodista y miembro conspicuo del parlamento.

Si bien Indira seguía atentamente la carrera de los hombres de la casa, también cumplía funciones públicas. En 1955 fue designada para integrar el Comité de Trabajo del Congreso. Cuatro años después, lo mismo que su padre Jawaharlal y su abuelo Motilal, llegó a ocupar la Presidencia del Congreso. En ejercicio de su cargo, en ciertas ocasiones enfrentó políticamente a su progenitor.

Paulatinamente la función pública fue obligándola a abandonar su natural timidez. Indira no solo debía moverse en el cerrado mundo de la diplomacia y la política, sino también entre multitudes que acudían a ver a su padre y a ella misma en busca de soluciones para sus problemas. Por otra parte, la India es un país de profundo misticismo. El amor y el respeto que los hindúes sentían y sienten por algunas personalidades como el Mahatma, padre de la independencia, va unido a un sentimiento de carácter casi religioso. No se trata solamente del apasionamiento con que los occidentales siguen a un líder sino de una suma de afectos que » más se parecen a la veneración y que Indira comenzó a suscitar en sus giras por el interior del país.

SIGNO DE ESPERANZA
El cariño popular le fue de gran ayuda cuando en 1960 debió sobrellevar la temprana muerte de su esposo, que se hallaba en el apogeo de su carrera parlamentaria. De ese matrimonio habían nacido dos hijos: Rajiv y Sanjay. La desaparición de Feroze la dejó, según las propias palabras de Indira, «perdida, desolada y con la muerte en el corazón», pero desde ese momento se entregó con más ahínco a la actividad pública; sus hijos ya eran grandes, y su padre y la India necesitaban su trabajo incesante.

Cuando en 1962 los chinos cruzaron la frontera e invadieron parte del territorio indio, Indira, que todavía ni pensaba en ser ministra, se trasladó por iniciativa propia hasta Tezpur, en plena zona del conflicto, para levantar la moral del pueblo. Lentamente su ligara se iba convirtiendo en un signo de esperanza para los indios.

En 1964 muere Jawaharlal Nehru. Se trataba de una pérdida irreparable para la India y para la humanidad. Una pregunta surgía, ineludible: ¿y ahora quién? Lal Bahadur Shastri fue nombrado sucesor de Nehru, pero estuvo corto tiempo al frente del gobierno: falleció el 11 de enero de 1966, poco después de firmar en Tashkent (URSS) un acuerdo que ponía fin a la guerra estallada meses antes entre la India y Pakistán.

Nueve días después de esa muerte Indira fue elegida primera ministra: por primera vez en la historia de la India una mujer desempeñaba un cargo de tanta responsabilidad. Los comentaristas internacionales se refieren a ella como «la mujer más poderosa del mundo». La política pareció invadir por completo su vida privada. Pero pronto supo obtener un equilibrio entre sus compromisos públicos y la intimidad.

En el primer año de sugestión la India debió afrontar una terrible sequía. Durante la última época del dominio británico, una catástrofe similar había dejado un saldo de dos millones de muertos. Indira se ocupó especialmente del problema y, a pesar de las dificultades y privaciones, nadie murió de hambre en 1966. Organizó socorros masivos, respaldó plenamente los esfuerzos de los científicos agrícolas para la aplicación de nuevos métodos de cultivo intenso. El resultado fue la llamada revolución verde, que permitió al país lograr el autoabastecimiento de cereales.

Indira es, indudablemente, la sucesora del Mahatma Gandhi y de Jawaharlal Nehru, en la misma medida que ha conseguido ganar la confianza de vastos sectores populares que la llaman Desh Sevika, es decir, servidora del pueblo.

Operación Estrella Azul: En julio de 1982, Jarnail Singh Bhindranwale, líder de la institución religiosa sij Damdami Taksal, con sede en el septentrional estado indio de Punjab, lideró una campaña para la aplicación de la Resolución Anandpur Sahib, con la intención de crear un estado independiente confesional sij en la región. En respuesta a este brote independentista, Indira Gandhi ordenó el 6 de junio de 1984 la Operación Estrella Azul, durante una de las fiestas más sagradas sij: el ejército indio abrió fuego en el Templo Dorado Harmandir Sahib, en Amritsar, matando a los partidarios de Bhindranwale y a un gran número de civiles sijs. Durante el conflicto se impidió el acceso a los medios internacionales, devotos sij y organizaciones de derechos humanos. Este hecho generó un gran descontento entre la minoría sij, desembocando en el asesinato de Indira Gandhi el 31 de octubre de 1984, a manos de sus guardaespaldas sij. (wikipedia)

SUS ULTIMOS AÑOS: En 1975 Indira Gandhi ha tenido que hacer frente a la mayor crisis habida en el sistema político indio desde su independencia. Acusada y condenada a la pérdida de sus derechos como diputado del parlamento por corrupción en las elecciones de 1971, se ha negado a dimitir, provocando una crisis que ha culminado con la proclamación del estado de emergencia en el país por tiempo indefinido.

Con este auténtico golpe de estado desde el poder, Indira se ha arrogado poderes dictatoriales para gobernar. El encarcelamiento de miles de sus oponentes de distinto signo, el establecimiento de la censura de prensa, la suspensión de las libertades democráticas y la prohibíción de los partidos políticos han acabado por desfigurar la que en un día fue llamada «mayor democracia del mundo».

Democracia en la que sólo una ínfima minoría participaba (unos ocho o diez millones sobre el total de población), en un país en que veinte millones de personas permanecían sin empleo (1971) y en el que el porcentaje de los situados por debajo del nivel de «pobreza absoluta» había pasado del 52 % del total de población en 1961 al 70 % en 1968, la política electoral no podía ser sino un asunto de la burguesía, una cuestión de alianzas entre los distintos grupos en el poder.

Indira se ha visto impotente para solucionar con su reformismo las profundas contradicciones de la India. Educada en las «esencias» del parlamentarismo británico, ella misma ha tenido que traicionarse asestándole el más duro golpe a la democracia india.

Democracia que para Indira, como para Nehru, debía suponer un factor de progreso: establecer la igualdad formal de todos los ciudadanos en una sociedad caracterizada por un sistema de castas basado en el presupuesto metafísico de la desigualdad humana, había de ser causa tanto de una reordenación de la estructura social, como un factor de cohesión nacional, en la medida en que las tareas democráticas comunes podían imbricar a las diferentes nacionalidades.

En la práctica, esos ideales de Indira se han visto pospuestos a una política pragmática, que ha tenido que recurrir al juego del parlamentarismo —Indira es una líder de reconocida capacidad maniobrera— y al mismo fraude electoral para poder gobernar.

La corrupción ha alcanzado así a la misma primer ministro, que además ha tenido que hacer frente a un escándalo en su propia familia: su hijo menor, amparado en la corrupción burocrática y efectuando especulaciones en el mercado negro, se ha convertido a los veintiséis años en un magnate de la industria automovilística del país.

La India de Indira ha dejado de ser así el «bastión del parlamentarismo en Asia»; el ideal de una democracia basada en un equilibrio interclasista ha demostrado su inviabilidad frente a los gravísimos y urgentes problemas de la sociedad india. Pero por otra parte ninguna política ha venido a sustituir a! fracasado reformismo socializante de esos últimos años.

Después del golpe de estado de junio de 1975, Indira ha retomado sus viejos eslóganes: desarrollo económico, justicia social, Garibi Hatao, sólo que la India de hoy ya no es la de 1966, y en marzo de 1977 tuvo que renunciar a su cargo.

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Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder