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Biografia de Nestor Kirchner Presidente de Argentina Historia Politica

Biografía de Nestor Kirchner Presidente de Argentina

Néstor Kirchner: El sueño de un hombre político

En la mañana del 27 de octubre de 2010, los sueños de un hombre que intentaba continuar con su labor en pos de mejorar la situación social y política de la Argentina quedaron truncados, cuando la muerte, sin anunciarse, le arrebató el último suspiro de vida.

Desde hacía muchas décadas no se observaba en la Argentina, y en el mundo, un duelo tan profundo y triste como el que envolvió las calles del país cuando los medios de prensa anunciaron la muerte del ex presidente argentino Nestor Kirchner.

Similar a lo que sucedió con grandes figuras de antaño, la zona circundante a la Casa Rosada fue invadida por miles de personas que deambularon cabizbajas y casi sin rumbo por las calles que rodean este representativo edificio, y mientras aguardaban la llegada de los restos del ex presidente argentino, se pudieron escuchar los lamentos, y la inagotable inquietud sin respuesta: «Por qué te fuiste?».

Muchos se sintieron huérfanos, precisamente en un momento en que el país necesitaba de los cambios que Nestor Kirchner había planificado para esta gran nación. Se rumoreo incluso que él tenía planeado volver a presentarse como candidato a la presidencia de Argentina para los comicios que tendrán lugar en 2011.

No obstante, la luz de esperanza ha quedado encendida, para todos aquellos que depositaron su confianza en el ex mandatario, y que ahora ven a su mujer, la actual presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kichner, como el legado más importante de su carrera política.

Nestor Kirchner había nacido un 25 de febrero de 1950 en la ciudad de Río Gallegos, centro capitalino de la hermosa provincia patagónica de Santa Cruz. Segundo hijo del matrimonio conformado por un argentino, homónimo del pequeño Néstor, y una chilena descendiente de croatas llamada María Ostoić, compartió su feliz infancia junto a sus hermanas Alicia y María Cristina.

Su familia poseía un nivel económico medio, perteneciente a aquel desaparecido grupo social que conformaban las familias de clase media, por lo que el pequeño Néstor fue educado en prestigiosas escuelas públicas de aquella localidad de Río Gallegos, donde realizó los estudios primarios y secundarios.

El interés político llegó muy temprano a su vida, como solía suceder frecuentemente entre los jóvenes adolescentes en aquellas lejanas épocas, que sentían la necesidad de participar activamente en los cambios que requería el país.

Así fue que Néstor se inició en política convirtiéndose en militante activo del Movimiento Justicialista, dentro del grupo de la Juventud Peronista, cuyos miembros se caracterizaban por mantener una ideología de izquierda que se oponía firmemente al entonces gobierno militar de la llamada Revolución Argentina.

Sus ansias por cambiar el futuro del país y poner en práctica sus incipientes utopías de juventud, lo llevaron a abandonar Rio Gallegos para realizar los estudios en la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, logrando convertirse en abogado en el año 1976.

Su permanente postura política lo llevo a ser detenido en varias oportunidades, e incluso a principios del año 1976, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, fue encarcelado junto a su amigo, el director Héctor Olivera, por el lapso de un mes en la ciudad de Río Gallegos.

En medio del contexto nacional a raíz del denominado Proceso de Reorganización Nacional, Néstor decidió regresar definitivamente a su ciudad natal, pero esta vez acompañado de su joven esposa Cristina Fernández, a quien conoció mientras llevaba a cabo sus estudios en La Plata.

Durante un período de tiempo, Néstor Kirchner decidió abandonar su militancia política, y dedicarse exclusivamente a ejercer su profesión, en vistas de las dificultadas que habían comenzado a surgir para los seguidores del régimen de Perón.

Sin embargo, sus ideas y sueños continuaban presentes en su mente, moldeándose para dar lugar a un renovado hombre de política, que regresó a las filas del Justicialismo cuando nuestro país retornó a la democracia, en el año 1983 con el gobierno de Raúl Alfonsín.

Fue precisamente durante ese año, que Néstor Kirchner se desenvolvió como funcionario del gobierno de su provincia natal, convirtiéndose posteriormente en presidente de la Caja de Previsión Social de la región.

Sus ideal y proyectos no tardaron en ser considerados demasiado controvertidos por sus pares y superiores, por lo que fue inmediatamente forzado a renunciar a su cargo de presidente en la Caja de Previsión Social a raíz de las estrategias financieras propuestas, que se contradecían con los proyectos del entonces gobernador de la provincia de Santa Cruz.

Muchos expertos consideran que fue precisamente este episodio el que le permitió a Kirchner dar su primer paso fuerte en el ámbito político, debido a que a partir de dicha controversia comenzó a ser reconocido por la opinión pública de su región.

Pocos años después de aquel incidente, puntualmente en 1987, Néstor logró convertirse en el intendente municipal de la ciudad de Río Gallegos, gestión que se extendió hasta 1991, y que le dio la oportunidad de hacer conocer sus ideales, logrando por supuesto un fuerte apoyo de la población, que en 1991 no dudó en convertirlo, mediante su voto, en gobernador de la provincia de Santa Cruz, manteniéndose en dicho cargo hasta el 2003.

Su desempeño como gobernador le valió la admiración popular, pero al mismo tiempo la generación de enemigos políticos, que ya vislumbraban un contrincante poderoso y fuerte que podía derrumbar sus ambiciones políticas.

Si bien su labor en el cargo ha sido en varias oportunidades criticada por los más destacados analistas políticos, quienes aseguran que la gestión de Néstor Kirchner en la gobernación de Santa Cruz no distó demasiado del desenvolvimiento llevado a cabo por otros gobernadores peronistas, lo cierto es que el pueblo reconoció en él a un hombre joven que podía ofrecer grandes oportunidades para su país.

Durante su mandato como gobernador, si bien existen algunos aspectos criticables, lo cierto es que logró mantener el equilibrio económico de la región, e incluso alcanzar el superávit fiscal.

No obstante fue criticado en reiteradas oportunidades, debido a su política comercial, que alentaba las inversiones extranjeras en la zona, en el ámbito del turismo y la minería, por lo que fue acusado de beneficiarse de las regalías petroleras de la provincia.

Cuando en el año 1995, Néstor Kirchner volvió a presentarse como candidato para la gobernación de Santa Cruz, y mediante la figura legal de reelección mediante las reformas a la Constitución Provincial, continúo en su cargo hasta el año 2003, logrando así dos mandatos consecutivos.

Te invitamos a leer la segunda parte de la historia de este informe, en el artículo titulado «Néstor Kirchner: El Presidente de los Argentinos».

Nestor Kirchner Presidente de Argentina

Néstor Kirchner: El Presidente de los Argentinos

Después de haber demostrado un desenvolvimiento eficaz dentro de los años que duró su mandato en la gobernación de la Provincia de Santa Cruz, el doctor Néstor Kirchner fue tentado por los representantes de su partido político para presentarse como candidato a la presidencia de la nación, en la elecciones que tuvieron lugar en 2003.

Luego de los sucesos acaecidos durante el gobierno de Fernando De La Rua, de quien todos recuerdan su escape mediante un helicóptero que partió desde las terrazas de la Casa Rosada, y el posterior gobierno interino a cargo de Eduardo Duhalde, que ante lo sucedido se convirtió en senador en ejercicio de la Presidencia, vislumbraban un futuro comicio plagado de necesidades planteadas desde un pueblo cansado de la corrupción y el desgaste político.

Para presentarse como candidato a las elecciones presidenciales, Néstor Kirchner debió luchar con diferentes figuras provenientes del propio Partido Justicialista, que deseaban presentarse en los comicios para ocupar el mayor cargo. Entre ellos se encontraban el ex presidente Carlos Menem, los gobernadores de las provincias de Córdoba, José Manuel de la Sota, de Salta, Juan Carlos Romero, y de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá.

Antes de las elecciones internas del Partido Justicialista que llevarían a la definición del candidato a presidente, el mandatario interino Eduardo Duhalde, que en esos momentos era una de las figuras más importantes del movimiento, intentó apoyar a distintos candidatos, en primer lugar a Carlos Reutemann, luego a José Manuel De La Sota, para finalmente llegar a un acuerdo con Néstor Kirchner, y poner su voto a favor para el gobernador de Santa Cruz.

No obstante, a pesar de contar con el apoyo de Duhalde, aparecieron dentro del partido diferentes propuestas que lograron el apoyo de distintos sectores, por lo que surgieron tres figuras que competían por la candidatura: Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá.

Ante esta difícil situación, los congresistas del Partido Justicialista decidieron solucionar el conflicto a través de la suspensión de las elecciones internas, y permitiendo que los tres precandidatos se presentaran a la elección general.

Si bien en un principio Néstor mantenía una posición desfavorable en las encuestas, ya que la opinión pública no conocía lo suficiente al candidato, lo cierto es que su perfil público comenzó a crecer rápida y exponencialmente en el momento en que se comenzó a trazar una figura política que lo definía como un verdadero socialdemócrata, diferenciándose de esta manera con el resto de las estrategias políticas que habían sido aplicadas hasta el momento.

Poniendo en primer plano a la sociedad, en relación a la producción, la justicia, la educación, el trabajo, la equidad y la salud, Néstor Kirchner logró una popularidad inmediata, que se tradujo rápidamente en el cariño del pueblo, que había depositado sus esperanzas en este nuevo personaje polìtico.

Finalmente, el 27 de abril de 2003, Néstor Kirchner se presentó como candidato a la presidencia de la nación a través del llamado Frente para la Victoria, obteniendo sólo el 22% de los votos, y quedando en segundo lugar después de Carlos Menem con el 24%.

Debido a que ninguno de los dos candidatos alcanzó el mínimo necesario para acceder a la presidencia, ya que se requieren el 45% de los votos, por lo que Kirchner y Menem debían volver a disputarse el cargo a través de un ballotage, pero el mismo jamás tuvo lugar, debido a que Menem decidió renunciar a su candidatura.

De esta manera, Néstor Kirchner se convirtió en el Presidente de los Argentinos, realizando su juramente ante el Congreso de la Nación el 25 de mayo de 2003, cargo que ocupó hasta el año 2007.

A partir de la asunción de Kirchner, el presidente comenzó a desarrollar una política económica diseñada bajo las pautas establecidas por la estrategia del Roberto Lavagna, quien continúo en su cargo de ministro de economía, en el cual había sido asignado durante el gobierno interino de Eduardo Duhalde.

Entre otros aspectos, esta política económica mantenía la devaluación de la moneda, a través de la participación permanente del Banco Central con la compra de divisas. Por otra parte, las exportaciones lograron permitir un notable crecimiento económico. Asimismo se estableció un acuerdo para canjear la deuda soberana por nuevos bonos indexados por la inflación y el índice de crecimiento económico.

Por otro lado, Kirchner resolvió cancelar la totalidad de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, por un monto de 9.810 millones de dólares, con el fin de terminar con la presión de este organismo sobre las políticas económicas nacionales.

Gracias a estos mecanismos y métodos, en los inicios de la presidencia de Néstor Kirchner fue posible la disminución en los índices de pobreza y desempleo.

No obstante, existen diversas opiniones al respecto, ya que muchos especialistas en la materia suelen señalar que el crecimiento económico registrado en el país no guarda relación con las políticas económicas adoptadas por el presidente Kirchner, sino simplemente con el escenario mundial y sus tendencias.

Por su parte, los expertos que suelen apoyar la labor de Kirchner en el poder, aseguran que el cambio radical que se vivió en país a principios de este siglo están íntimamente relacionados con la política económica implementada por el mandatario, que logró convertir a Argentina en uno de los país más estables de la región.

Pero a manera de homenaje, no sólo cabe recordar su arduo trabajo par mejorar el aspecto económico del país, ya que además Néstor Kirchner fue un promotor permanente de los Derechos Humanos, la educación, la salud y el bienestar social.

Gracias a su estrategia de gobierno, Néstor logró el apoyo de importantes figuras políticas de todo el mundo, como por ejemplo Lula, de Brasil, Evo Morales de Bolivia, Michelle Bachelet de Chile, Rafael Correa de Ecuador y Hugo Chávez de Venezuela, entre otros, y al mismo tiempo se supo ganar poderosos enemigos como el ex presidente de los Estados Unidos, George W. Bush.

Llegando al término de su mandato, Néstor Kirchner decidió no volverse a postular como candidato en las elecciones de 2007, dejando este lugar a su esposa, en aquel momento senadora Cristina Fernández, quien el 10 de diciembre de 2007 asumió como presidente de la nación para continuar con la labor iniciada por su marido y compañero de toda la vida.

Fuente Consultada: Graciela Marker

Biografia Mirtha Legrand Diva de la Television Argentina Conductora

Biografía Mirtha Legrand: Diva de la Televisión

Biografia Mirtha Legrand Diva de la TelevisionMirtha Legrand: La diva de los almuerzos

Mirtha Legrand es sin dudas uno de esos personajes públicos que despiertan sentimientos encontrados entre los miembros de la sociedad, ya sea por su popularidad masiva acumulada durante décadas en la pantalla televisiva y cinematográfica, como así también por su influencia en la opinión pública y sus críticas en diversos ámbitos.

Ella misma ha reconocido en alguna oportunidad: «Hay mucha gente que me quiere, y otros, un poco menos. Son las reglas del juego. Pero en los momentos más difíciles la gente me ha respondido, y siempre con afecto».

Más allá de los sentimientos que despierta, la diva de los almuerzos argentinos ha sabido a lo largo de los años cosechar una trayectoria que perdurará aún después de su muerte, y que en definitiva es la meta que persiguen los artistas: ser recordados eternamente.

Un caluroso 23 de febrero de 1927 llegaba a este mundo la pequeña Rosa María Juana Martínez Suárez, en el seno de una familia de clase media que residía en la localidad santafecina de Villa Cañás, pueblo ubicado a 200 kilómetros de Rosario.

Pero aquel nacimiento no fue sencillo, ya que en realidad durante el parto tanto su padre, José Martínez, como la partera y su asistente notaron con sorpresa que la española Rosa Suárez, estaban dando a luz a dos pequeñas criaturas.

Así fue que llegaron al mundo las bellas gemelas Rosa María Juana, que posteriormente se convertiría en Mirtha Legrand, y María Aurelia, que luego pasaría a utilizar el nombre artístico de Silvia Legrand.

Ambas compartieron el gran amor que siempre supo darles su hermano dos años mayor que ellas, que con los años se convertiría en el prestigioso director cinematográfico José Martínez Suárez.

Antes de que las pequeñas comenzaran a soñar con la fama y con convertirse en estrellas del séptimo arte, vivieron una infancia feliz, cursando sus estudios primarios en la Escuela Fiscal Nº 178, de Santa Fe, momento en que fueron apodadas con los alias «Chiquita» y «Goldi» respectivamente.

Sin embargo, la felicidad familiar duraría poco, y fue precisamente cuando las niñas aún se encontraban en edad escolar que sus padres resolvieron separarse, y la madre decidió trasladarse a la ciudad de Rosario para ofrecerle a sus hijos mejores oportunidades en cuanto a su educación.

Fue en Rosario que los tres hermanos comenzaron a tomar clase de interpretación dentro de los talleres para niños que se dictaban en el Teatro Municipal, donde la actuación incluía capacitación en canto, recitado, danzas, piano y diversas disciplinas.

En este entorno, Mirtha fue encontrando lentamente su vocación, y demostrando ante la mirada atónita de sus profesores las grandes cualidades innatas que poseía para la actuación y el desenvolvimiento escénico.

Finalmente llegó Buenos Aires y con la ciudad se acrecentaron los sueños de aquella jovencita que junto a su madre y hermanos había abandonado la provincia de Santa Fe luego de la muerte de su padre. Fue en ese momento en que Mirtha y su hermana gemela comenzaron a tomar clases en el Conservatorio Nacional de Arte Escénico, perfeccionando un talento que clamaba por ser expresado.

Debido a los apremios económicos que sufría la familia, las hermanas Legrand intentaron infatigablemente conseguir trabajo relacionado a su vocación, y finalmente en el año 1939 fueron contratadas por el director Luis César Amadori para actuar como extras en la clásica película «Hay que educar a Niní», con lo que no sólo lograron debutar en la pantalla grande, sino también compartir los entretiempos del plató junto a una de las actrices más importantes de aquella época, la entrañable Niní Marshall.

Tanto en los ensayos, como en las prácticas o en los pequeños papeles que las hermanas Legrand podían llegar a conseguir, desde un comienzo fue notable la diferencia en la personalidad de ambas, que con los años se haría más profunda, y que llevaría a Mirtha a un estandarte mucho más superior que el que logró su hermana Silvia.

Después de diversos trabajos en los que las jóvenes aparecían en escenas donde debían permanecer calladas, ya que se desenvolvían como extras que ni siquiera figuraban en los créditos, llegó la oportunidad que convertiría a Mirtha en una de las promesas de la época del cine de oro argentino.

A mediados del año 1941, mientras en Europa parecía finalizar la Segunda Guerra Mundial, en Argentina se estrenaba en los cines porteños el filme «Los martes, orquídeas», en la que Mirtha Legrand, ya utilizando su nombre artístico y de a penas 14 años de edad, compartió el rol patagónico junto a uno de los actores más destacados de la época, Juan Carlos Thorry.

La premiere de la película se realizó a sala llena en el cine Broadway de Buenos Aires, y según recuerda la diva su vida cambió significativamente a partir de aquel momento. Al respeto, en una oportunidad Mirtha Legrand relató: «Llegué al cine en tranvía y me fui en un Cadillac! No sé de quién era, pero me acompañaron mi madre y mis hermanos».

A penas estrenada la película, el público en su conjunto consagró a aquella delgada y delicada joven de ojos claros y risos dorados, que podía emocionar profundamente hasta las lágrimas en las escenas dramáticas, al mismo tiempo que apelaba a sutiles gestos con el rostro que generaban complicidad con el público en aquellas escenas donde reinaba la comedia.

El éxito fue tal que al poco tiempo del estreno de «Los martes, orquídeas» las autoridades de los Estudios Lumiton decidieron contratar a Mirtha para que protagonizara sus películas por el lapso de cinco años, convirtiéndose así en una de las figuras más importantes de la corriente cinematográfica que se denominó “comedias blancas”, en la que se mezclaba el humor y la comicidad con el romance.

De aquella época son algunas de las más memorables películas de Mirtha, tales como «El viaje», «Claro de luna», «Safo, historia de una pasión», «Mi novia es un fantasma», «La casta Susana», «Un beso en la nuca», y la trilogía de la Señora de Pérez que protagonizó junto a Juan Carlos Thorry.

Con la consagración no sólo se hicieron posibles importantes oportunidades cinematográficas para Mirtha, sino que además llegó la posibilidad de trabajar en televisión, primero participando en un ciclo llamado «M ama a M», luego en «Show musical», posteriormente en «Almorzando con las estrellas», hasta finalmente estrenara en 1968 el tradicional «Almorzando con Mirtha Legrand», uno de los escasos programas que ha logrado perdurar en la televisión argentina por más de 40 años.

Esto le ha permitido a Mirtha ser testigo directo de los diversos cambios que ha sufrido nuestro país a lo largo de casi medio siglo.

En este sentido, en una oportunidad la diva declaró: «Trabajé con todos los gobiernos, democráticos, dictatoriales y de desgobierno, algunos de los cuales me han prohibido, pero nunca pedí ni me dieron explicaciones. Pero antes que nada soy argentina cien por ciento, amo a mi país. Toda una carrera, yo no he dejado de trabajar un día, nunca. Tan feliz con esta trayectoria, esta vida que he llevado, yo nunca le he hecho un mal a nadie. Y si se lo he hecho, ha sido inconscientemente. He tratado de superarme siempre».

Ver: Personalidades Argentinas

Fuente Consultada: Graciela Marker

mirtha legrand jovenDesde hace 40 años los argentino intentan descifrar cuál es el motivo del éxito que tiene Mirtha Legrand sentada a una mesa, un mediodía conversando con invitados a almorzar. Para e! sociólogo Juan José Sebreli (autor de Buenos Aires, vida cotidiana v alienación) «tiene dotes innatas similares a las de un líder político». La señora agrega costumbres y actitudes inesperadas. Por caso, «lo que más disfruto en televisión son los programas de automovilismo; las carreras de TC 2000 y las de Fórmula 1 me encantan».

Esa misma Mirtha es la que toma un avión y viaja hasta Santander España, para darle una sorpresa a su madre. O la que hace lo mismo y aterriza en París, y va en taxi hasta un restaurante donde se le aparece a su hija.

Y es ésa u otra Mirtha (vaya uno a saber) la que describe su hija: «Vivíamos en Barrio Parque, en una casa pegada a las vías del tren. Por ahí pasaba El Cuyano. Era verano, y estábamos todos en la pileta, pero a un horario de la tarde todo se detenía: venía el tren Entonces, mamá se sentaba, de capelina, y el maquinista de! tren lo paraba frente a nuestra casa. La gente se corría hacia las ventanillas que daban a casa, y mamá saludaba, tipo reina, con su capelina, impecable, maquillada las 4 de la tarde, en enero.

La Leyenda del Maiz Alimentacion en la Conquista Española Cereales

La Leyenda del Maíz: Alimento de la Conquista

Hay revoluciones que matan y otras que dan vida. En el campo alimentario, la revolución que siguió a los viajes de Colón fue de aquellas que permitieron mejorar sustancialmente la dieta, así en su calidad nutritiva como en su variedad, a los dos lados del Atlántico.

Ciertamente, la conquista española no tiene parangón en cuanto a su amplitud desde Utah, California y Texas hasta la Patagonia; se extendió a lo largo de millones de kilómetros cuadrados. Ni las conquistas de Alejandro Magno, Julio César, los árabes o Napoleón fueron tan extensas y, salvo las conquistas árabes, las demás fueron de corta duración.

El maíz y la conquista

La conquista de América representó una auténtica revolución alimentaria. De entrada, sin el maíz y otros alimentos americanos, la misma conquista española hubiera sido casi imposible. Fue el propio maíz el que alimentó a las huestes de Hernán Cortés, especialmente después de que éste ordenara la destrucción de su flota y comenzara su ardua ascensión a la meseta mexicana.

La Leyenda del Maiz El maíz, ya sea como alimento humano, como base de alimentos balanceados para aves de corral y otros animales domésticos, o como materia prima de numerosas industrias, incluyendo la del buen aceite comestible, se cultiva en todo el orbe y continúa siendo el alimento básico para millones de americanos del Sur, del Centro y del Norte.

Se ingiere como mazorca tierna (elote o choclo), asado o cocido, o en forma de numerosas delicias: variedades de tortillas, tamales, ayacas, humitas, arepas, panes, bizcochos, buñuelos y más viandas. También se ingiere tras cocerlo con cal o lejía, y se lo utiliza en gran variedad de sopas.

También son americanos la papa, el tomate, el cacao y el maní o cacahuete. Sabemos que el propósito real del viaje de Colón fue el de establecer una nueva ruta para el comercio con Asia, sobre todo de las especias y condimentos. Sin pimienta, mostaza, paprica, canela o clavo de olor no había con qué «hacer resbalar» la insípida comida europea de la época. Pero Colón ni llegó a Cipango ni encontró las especias asiáticas.

En cambio, nuestros aborígenes aportaron abundante variedad de especias y condimentos propios. El ají tuvo gran éxito. Se lo consume en todas partes. Una pizca de ají no va mal ni para los más delicados paladares femeninos. Pero también hay el cariuchu, es decir, el ají macho o para machos, según la lengua quechua que llama uchú al ají.

Si Colón no logró establecer una nueva ruta interoceánica hacia China, abrió, en cambio, la puerta al riquísimo intercambio alimentario entre los dos mundos gracias al aporte americano.

Diario La Nación, 9/10/92

LA LEYENDA DEL MAÍZ: Fue en aquellos momentos cruciales en que no se sabe si es posible sobrevivir o perecer. Todo parecía indicar que ocurriría esto último, pues durante largos meses no asomaba una nube en la comba celeste. Los ríos se secaban, se marchitaban los árboles, los animales morían de sed… Tolvaneras irresistibles barrían los campos desolados.

El pueblo, paciente al principio, desesperaba, enloquecía… Todas las rogativas habían resultado estériles. Entonces el «Rubichá» (Jefe de la tribu), en una sostenida cabala con los genios del cielo, develó el secreto:

-Tupa está enojado con sus hijos y por eso los castiga con el hambre, la sed y la muerte si no vuelven los ojos a Él…

El pueblo entero se arrepintió y cayó de rodillas, jurando amor y respeto a sus leyes. Pero el Rubichá continuó:

-Eso no basta. Para aplacar la ira de Tupa, es necesario sacrificar la vida de uno de sus hijos.

Entonces, entre los circunstantes salió un guerrero joven y apuesto que exclamó con firmeza:

 -Yo me ofrezco al sacrificio…

Lloraron los suyos y lloró el pueblo de emoción y dolor.

Pero el joven mantuvo su decisión inquebrantable.

El Rubichá dolorido, no tuvo otro recurso que aceptar el sacrificio de aquel joven, cuya vida podría ser tan útil. Caminaron hasta un sitio despoblado de árboles, cavaron una fosa y en ella tomó el joven su voluntaria sepultura. La tierra, fuertemente apisonada, lo cubrió totalmente, dejando sólo fuera la nariz del infortunado.

A los pocos instantes asomó una tormenta en el horizonte, que vertiginosamente descendió sobre la selva. El viento y los relámpagos sembraron el pánico entre los hombres. Luego comenzó a llover. Una lluvia abundante, dulce, que duró toda la noche. ¡El milagro se había cumplido!…

Al día siguiente la tribu se dirigió al lugar del sacrificio para testimoniar su gratitud. Pero en el mismo lugar, donde antes asomara la nariz, había brotado una planta de largas hojas verdes entre las que asomaban espigas con granos de oro.

Era el maíz, y le llamaron «abatí», que quiere decir «Nariz de indio».
Lázaro Flury, Leyendas americanas.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales 8° EGB Borgognoni – Cacace.