Thomas Hobbes

Historia de la Política Moderna Historia del Pensamiento Politico

Historia de la Política Moderna
Historia del Pensamiento Politico 

Desde el principio, antes incluso de que el término «política» hubiera nacido en Grecia, el hombre ha sido un animal político. Hasta el punto de que uno de los rasgos definitorios de lo humano es, precisamente, su condición de político, su necesidad de organizar la vida en sociedad. Y lo que se juega en la política no es sólo, pese a lo que pudiera parecer en los tiempos que corren, un reparto de cargos o prebendas, o ni siquiera el poder, sino la regulación de las reglas de convivencia, la vida en común de todos.

Se dice que «la política es la segunda profesión más antigua del mundo», bromeaba Ronald Reagan en 1977.
«He acabado dándome cuenta de que guarda un gran parecido con la primera»

Ampliar: Objetivos de un Gobierno en un Estado

El origen de los partidos políticos modernos se remonta a la época de las llamadas revoluciones liberales, como la Gloriosa Revolución Inglesa (1688) o la Revolución Francesa (1789).

Con la declinación del absolutismo surgieron en Europa Occidental los clubes políticos, asociaciones de personas con ideas afines acerca del modo en que debía gobernar el país. Por ejemplo, la Revolución Francesa dio lugar al surgimiento de corrientes políticas diferentes: los feullians, así llamados por reunirse en el convento de esta orden, proponían preservar la monarquía. A ellos se enfrentaban los girondinos, provenientes de la región de la Gironda, y los jacobinos, de tendencia más radicalizada.

Estas asociaciones carecían de una organización estable, de una ideología definida o de un programa de gobierno concreto porque sus propuestas se centraban en la organización política del país; por ejemplo, si debía establecerse una república o una monarquía.

Una vez instalada la preponderancia del Parlamento sobre el gobierno y garantizada la libertad de expresión y reunión, estos clubes políticos se transformaron en partidos de notables: agrupaciones destinadas a la promoción electoral de personalidades destacadas por su pertenencia a un grupo social, como por ejemplo, la oligarquía en la Argentina de fines del siglo XIX.

Estos notables proponían los programas, determinaban quienes accedían al poder y mantenían la unidad programática del partido. Este tipo de partido político se desarrolló y consolidó en la etapa en que la participación política era restringida y el sufragio estaba limitado a los propietarios, contribuyentes e instruidos. En la Argentina, la llamada “generación del 80” es un claro ejemplo de ello.

Hacia mediados del siglo XIX, la clase obrera y gran parte de la clase media, comenzaron a fundar y armar sus propios partidos políticos con el objetivo de reclamar por el derecho al voto y por mejores condiciones de vida. Su organización era más estable y sus principios estaban fijados por un programa político o conjunto de ideas preciso y detallado. La conducción estaba a cargo de personas que se dedicaban exclusivamente a la política como actividad constante. Cualquiera que adhiriera a los principios orgánicos del partido podía afiliarse o formar parte de él.

Historia de la Política Moderna

Estos partidos de masas, así llamados porque solían apelar a las grandes manifestaciones colectivas, cobraron relevancia cuando entró en plena vigencia el sufragio universal.

El historiador británico Ben Dupré , dice al respecto:

La definición de Aristóteles de los seres humanos como zoo politika (animales políticos) parte de su concepción de que las personas se expresan más plena y propiamente en el contexto de la ciudad-Estado griega, la polis, palabra de la que se deriva «política». La polis, por tanto, es el hábitat natural de los animales políticos, donde se relacionan y colaboran para establecer las leyes y crear las instituciones en las que se basan el orden social y la justicia. Y si los humanos son esencialmente políticos, la vida sin la política es imposible.

La polis puede ser fruto de la colaboración cívica, pero el impulso que la pone en marcha es el conflicto. Si la gente no mantuviera opiniones diferentes, no sería necesaria la política. En un mundo de concordia absoluta -o abrumadora opresión-, la política no iría a ninguna parte, porque las desavenencias habrían desaparecido o habrían sido anuladas.

La necesidad de vivir políticamente se debe a que no existe un acuerdo general acerca de cómo deben distribuirse las cosas buenas de la vida, o de quién debe ejercer la autoridad sobre quién, o de cómo se decide esa preeminencia. Como apuntó Mao Zedong astutamente, la política es la guerra sin derramamiento de sangre: un medio de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia. El único acuerdo general en una sociedad abierta políticamente es el que sirve para tolerar la diferencia, y en este sentido la política es el arte (o puede que la ciencia: las opiniones difieren) del compromiso.

La democracia en países como Argentina , supuso la institucionalización de elecciones para la designación de autoridades de gobierno pero, mientras tanto, implicó la existencia de un Estado ineficiente para garantizar el conjunto de derechos y libertades básicas de la ciudadanía. Todo esto en un contexto en el que las condiciones sociales y económicas limitan o impiden la efectiva participación ciudadana en lo que atañe al bien común. Las desigualdades sociales afectan a la igualdad política, pues las personas que no logran satisfacer sus derechos básicos, tampoco pueden participar en el ámbito de lo público del mismo modo en que pueden hacerlo las que no sufren esta vulneración de sus derechos.

El Estado no tiene como única función controlar las reglas de juego de La democracia, sino la competencia para adecuar las instituciones políticas a un desarrollo económico y social que amplíe y fortalezca la base de la ciudadanía.

Pareciera necesario, entonces, para garantizar una gobernabilidad democrática que atienda a la demanda de la sociedad civil, que el Estado mismo se imponga un estilo tendiente a desburocratizar y a agilizar su propia gestión. Esto implica ampliar las bases para la participación ciudadana y para la intervención directa e indirecta de la comunidad en los asuntos colectivos.

 

Biografia de Hume David Resumen Pensamiento e Historia de Filosofo

Biografía de Hume David – Pensamiento e Historia

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René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

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David Hume filosofo

Con David Hume alcanza su máximo esplendor la filosofía inglesa del siglo XVIII, cuya influencia fué tan profunda en la evolución intelectual del continente.

Llevando a su grado culminante la crítica empirista iniciada por Locke y desarrollada por Berkeley, Hume llega a un empirismo fundamental, el cual le conduce a una elaboración escéptica del pensamiento.

Escepticismo por lo demás no radical, en cuanto admite unas «convicciones naturales» y supone en definitiva el triunfo sobre el escepticismo antiguo y la posibilidad de una nueva elaboración filosófica que permitirá el trascendentalismo kantiano.

Nacido en Edimburgo el 26 de abril de 1711, residió durante su juventud en la propiedad paterna de Niñe-wells, en el Berwickshire. En 1733 ingresó en la universidad de Edimburgo con el objeto de cursar la carrera de leyes; pero, en realidad, se dedicó al estudio de los pensadores antiguos y modernos.

En 1734, después de un fracaso en el mundo de los asuntos mercantiles, se trasladó de Bristol a Francia. Residió tres años en La Fleche, donde compuso la obra fundamental de su vida, el Tratado sobre la naturaleza humana, cuya publicación no tuvo el éxito que esperaba (1739-1740).

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Hume se refugia en la idea más querida por la Ilustración: lo normativo es lo más común, lo que con máxima  generalidad se considera saludable y sano. 

El Mundo Exterior y la Imaginación: Hume opina que la creencia en la existencia de los cuerpos supuesto con el que funcionamos.

Las causas que icen esta creencia es lo que él desea investigar. Que causas no son las impresiones sensibles resulta obvio.

George Berkeley (Kilkenny, Irlanda – Oxford 1753): Filosofo y obispo anglicano irlandés. Negó la realidad las sustancias materiales, sosteniendo que el ser de material se reduce a ser percibido, y que solo existen realmente los espíritus y Dios, que es el que produce ellos el sueño coherente de un mundo corpóreo Su obra fundamental es el Tratado sobre los principios del conocimiento mano (1710).

Pues la creencia en la existencia de los cuerpos supone la existencia continua, que excede el tiempo en que tenemos impresiones de ellos.

Si vemos una mesa, no creemos como el obispo Berkeley, un filósofo ligeramente anterior a Hume, que su ser es ser percibida, y que deja de existir cuando la dejamos de percibir. Lo que creemos es que existe incluso cuando no la percibimos.

Pero esta creencia no podemos fundarla en las impresiones que tenemos de ella, pues creemos que también existe cuando no tenemos impresiones. 

Nuestras impresiones tienen una existencia discontinua en nuestra mente. Pero creemos que los cuerpos tienen una existencia continua.

¿Cómo pasamos de lo primero a lo segundo? Hume cree que no mediante una deducción lógica, pues la idea de discontinuidad es lógicamente distinta de la idea de continuidad.

Ninguna discontinuidad  puede dar como resultado la continuidad. Será entonces otra capacidad humana la que esté implicada aquí. Esta capacidad no es el hábito, ni la razón lógica, sino la imaginación. 

La identidad personal y la memoria: Entre nuestras impresiones no está la de un yo único a lo largo de toda nuestra vida. Nuestras percepciones nos dan noticia de colores, de sonidos, de impenetrabilidad de solidez, de extensión, de movimiento.

Entre estas percepciones nunca están las impresiones de mi yo. Ni siquiera podemos pensar que este yo es una proyección de la imaginación sobre la base de cambios continuos, graduales y constantes.

A veces, nuestras impresiones cambian de forma desordenada, discontinua,  inconstante. Pero sobre todo, nunca tenemos una impresión del yo, y por tanto, no podemos tener una idea de sus cambios.

Y, sin embargo, hablamos con plena legitimidad de nosotros mismos y decimos yo con plenas garantías. R

eflexivamente juego ya con el supuesto de que las representaciones son mis representaciones. Ese mis no aparece en ninguna impresión concreta, pero las reúne todas como formando un conjunto. ¿En qué se basa esta atribución de pertenencia de las impresiones a un yo, como

Las impresiones e ideas de Hume

Según Hume, en el hombre existen dos facultades básicas: la percepción inmediata y la reflexión.

La primera nos da impresiones diferentes, mientras que la segunda está en condiciones de diferenciar lo distinto que se nos da en aquellas impresiones.

Además, la reflexión nos permite distinguir entre la forma en que se nos dan las impresiones y la forma en que se nos dan las reflexiones. 

Las percepciones inmediatas se dan con mucha fuerza y vivacidad, y pueden serias sensaciones (impresiones de los sentidos), las emociones y las pasiones.

Las percepciones reflexionadas, por el contrario, se nos presentan con más suavidad. A las primeras Hume las llama impresiones, y a las segundas, ideas.

La relación de causa y efecto: Al decir que «El sol saldrá mañana» no se tiene la impresión del «sol» ni de la «mañana», y sí de que el sol salió ayer, y antes de ayer, y la semana pasada. Sin embargo, aunque no se tiene la impresión dada, la frase tiene significado, aunque es posible que el sol no salga mañana. 

El significado de la frase se fundamenta en que establecemos una conexión entre el hecho pasado y presente de que ha salido el sol y el hecho que anticipamos, a saber, que saldrá mañana.

Esta conexión que lanza el pasado sobre el futuro es la experiencia. Esta no es una impresión ni una reflexión. Es algo distinto: se trata de afirmar una cosa porque es constante.

El significado de la frase «El sol saldrá mañana» procede de la constancia de que hasta ahora ha salido todos los días. 

Lo mismo sucede con la relación de causa y efecto. En una partida de billar, cuando se dice que «la bola roja es causa del efecto de movimiento que vemos en la bola azul», esta frase, que es una idea compleja, tiene significado.

Al analizar sus ideas simples se ve que todas se corresponden con impresiones simples, excepto las palabras causa y efecto. Estas palabras son ideas aparentemente simples, pero de hecho son muy complejas.

Su significado encierra que la bola roja se mueve antes que la bola azul, que en un momento hay contigüidad de tiempo y lugar con la bola azul y, finalmente, que siempre que la bola roja se mueva y choque con la azul, esta se moverá.

Así que en la palabra causa se dan las ideas simples de prioridad, de contigüidad y de conexión constante.

Su Biografía: (Edimburgo, 1711 – ibí., 1776)

Fie un filósofo empirista inglés. Desde niño, mostró tener un talento por encima de los demás estudiantes de su edad y a los 12 años ingresa en la Universidad de su ciudad natal. Al cabo de dos o tres años dejó la carrera para estudiar Leyes y Comercio, que más tarde también abandonó para dedicarse definitivamente al estudio de la Filosofía en el Colegio de los jesuitas de La Fleche (Francia).

En 1747 entró al servicio del general James Siclair como abogado y juez. En 1752 es nombrado bibliotecario del Colegio de Abogados de Edimburgo. Fue miembro de la Embajada británica de París en 1765 y prestó servicios como subsecretario de Estado en 1767.

Gracias a su «History of England» (1754-1762), que tuvo en su tiempo gran aceptación, goza aún Hume de prestigio como historiador. Sin embargo, es más conocida e importante su faceta de filósofo, cuya teoría ha derivado en lo que hoy llamamos «humismo».

Hume pretende ser el filósofo de la naturaleza humana, que se caracteriza fundamentalmente por la tendencia a formar hábitos; el aspecto cognitivo es, por tanto, menos importante que el práctico. No hay ningún conocimiento seguro si no se da en el marco de las percepciones reales, que son las que proporcionan las ideas y en general todo el raciocinio.

Sostiene Hume que el conocimiento humano es incapaz de avanzar si no es por medio de la experiencia; también las normas morales tienen como base la experiencia; la justicia, la religión, cualquier tipo de normas de conducta éticas o estéticas responden a un sentimiento de utilidad, modificándose según el tipo de sociedad y época en que se den.

«A treatise of human nature» («Tratado de la naturaleza humana») aparece en 1739-1940, primera obra sobre filosofía de Hume, en la que expone los principios fundamentales de la escuela empírica. Su siguiente libro se titula «Essays, moral and political», en dos volúmenes; fue escrito en el año 1471 y reeditado en 1748 con el título de «Essays, moral, political and literary» («Ensayos morales, políticos y literarios»).

A continuación publicó dos obras filosóficas: «An inquiry Concerning Human Understanding» («Investigacion sobre el conocimiento humano») (1748) y «An inquiry concerning the Principles of Moral» («Investigaciones sobre los principios de moral») en 1751.

Otros trabajos forman un volumen de ensayos: «Political discourses» (1751), «Four dissertations» («Cuatro disertaciones») (1757) y una publicación póstuma: «Dialogues concerning natural religión» («Diálogos sobre religión natural).

Con Hume, el empirismo llega a la más radical de sus manifestaciones; en contra absolutamente de las tendencias racionalistas de su tiempo, y, en ese sentido, a pesar de las diferencias existentes, puede considerársele como continuador de Berkeley; sin embargo, el sistema profundamente escéptico de Hume, llevado a sus últimas consecuencias, puede ser incluso negativo para el desarrollo de la ciencia.

Niega cualquier tipo de conocimiento racional en sí mismo y toda impresión que podamos recibir en ese sentido debe considerarse como absolutamente errónea.

En cuanto a su atomismo asociacionista, Hume afirma que nuestra vida psíquica es una continua consecución de impresiones e ideas, de las que no podemos nunca afirmar su veracidad e inmutabilidad.

Para él la relación entre causa y efecto no responde más que a una asociación: la de semejanza y la de contigüidad en espacio y en tiempo.

Biografía:Baron de Montesquieu Resumen Ideas y Pensamiento Politico

Biografía:Barón de Montesquieu
Resumen ideas y pensamiento politico

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René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

Desde muy joven mostró gran afición a los estudios históricos; para dedicarse por entero a ellos enajenó su cargo de magistrado.

En 1721 publicó sus Cartas persas, que le dieron gran celebridad, constituyendo aquella producción un éxito extraordinario de publicidad.

En ella se satirizan las peculiaridades de Francia en aquel tiempo y se hace una severa crítica de las mismas.

Su estilo es epistolar, y figura como autor de las mismas un viajero persa (de ahí el título de la obra) que llega a Francia y desde allí expone cuanto ve a sus compatriotas, con los consiguientes acerbos comentarios. En 1728 ingresó en la Academia francesa.

En 1734 apareció su obra Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos. Y en 1748 salió a la luz su obra fundamental El espíritu de las leyes, en cuyo libro se analizan todas las modalidades del Derecho, de la política y de la historia, abundando en ella conceptos originales y brillantes sobre los distintos tipos de gobiernos

Veamos ahora una sintesis de su vida….

biografia de Montesquieu filosofo ilustracion

SINTESIS BIOGRAFICA: Filósofo y sociólogo francés, fundador de la sociología francesa, nace en La Bréde y muere en París. Su nombre verdadero es Charles-Louis de Secondart. Su formación académica inicial corre por cuenta de los oratorianos de Juilly, con quienes descubre su inclinación por la historia, la que lo lleva a ingresar a la Academia Francesa en 1728.

Viaja por Austria, Hungría, Italia y el sur de Alemania. Se hace miembro de la masonería durante su estada de dos años en Londres. De regreso a Francia, emprende un intenso trabajo intelectual que lo acerca a los enciclopedistas, aun cuando no está de acuerdo con la teoría del progreso que éstos postulan.

Entre sus principales obras tenemos Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734); Cartas persas (1721) y El espíritu de las leyes, publicado siete años antes de su muerte. En todas ellas Montesquieu expone sus inquietudes políticas que giran alrededor del derecho y de la noción filosófica de la ley.

El barón de La Bréde, como se le conoce también, pretende descubrir leyes más ampliasy generales de validez universal, que primen sobre las leyes positivas y las leyes de la razón, cuyo legislador, que supone desconocido, deja presentir la figura de Dios. Montesquieu es célebre además por su doctrina de la separación de poderes discriminados en Legislativo, Ejecutivoy Judicial, los cuales, según su parecer, nunca deben estar reunidos en unas mismas personas.

Esta separación de funciones,  convertida hoy en un dogma político, representa en la doctrina clásica de la forma mixta de gobierno las tres fuerzas de la sociedad: el pueblo, la monarquía y la aristocracia Sus tesis repercuten en el sistema de gobierno adoptado por la Revolución Francesa, adopción inspirada en la admiración que sienten por los planteamientos de Montesquieu personajes como Marat y Saint-Just y que seguramente para Montesquieu no representarían cabalmente su ideal.

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Biografía:Baron de Montesquieu ideas y pensamiento politicoBIOGRAFÍA E IDEOLOGÍA: (La Brède, Burdeos, 18 de enero de 1689 – París, 10 de febrero de 1775)

Filósofo y sociólogo francés. Charles-Louis de Secondat, baron de la Brède y de Montesquieu, es un escritor francés y uno de los más grandes teóricos políticos de todos los tiempos.

Nació en el castillo de Brède cerca de Burdeos, donde pasó su primera infancia.

A partir de 1700 estudió en el colegio de Juylly, durante cinco años. En 1705 estudió Derecho en Burdeos, donde obtuvo su licenciatura en el año 1708. Desde 1709 a 1713 trabajó como pasante en París.

Allí conoció e hizo amistad con algunos de los pensadores más avanzados de su tiempo. A la muerte de su padre (1713), fue nombrado consejero en el Parlamento de Burdeos.

Dos años más tarde, a la muerte de su tío, heredó el cargo de magistrado en el Parlamento de Guyena. En 1716, entró en la Academia de Burdeos, entonces de reciente fundación.

Aquí comenzó su libro «Las cartas persas», que, más tarde, se publicaron anónimamente en Amsterdam (1721).

El éxito adquirido con «Las cartas persas» introdujo a Montesquieu en la alta sociedad de París, donde, durante cuatro años, llevó una vida mundana y dedicado a la Administración. Por necesidades económicas y el deseo de vivir en París vendió su cargo de magistrado. Poco después de ser elegido miembro de la Academia Francesa (1727), hizo un largo viaje.

Conoció Austria, Hungría, Italia, Alemania, Holanda e Inglaterra, país en donde se quedó hasta 1731. En estos viajes tomó notas y estudió los aspectos políticos y económicos. A su regreso a Francia, se dedicó a escribir utilizando numerosa documentación acumulada de sus últimos años.

En 1734 publicó las «Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos». Pero su obra magistral fue «El espíritu de las leyes», que publicó en 1748, después de catorce años de trabajo.

Esta obra sufrió duras críticas, sobre todo por los jansenistas. A estos ataques Montesquieu replicó, en 1750, con una defensa de esta obra, lo que no evitó que, más tarde, fuera censurada por Roma en 1751.

Los últimos años de su vida, Montesquieu los dedicó a viajar de París a Burdeos y a terminar alguna de sus obras empezadas.

Montesquieu es uno de los personajes más grandes del siglo XVIII y del pensamiento moderno. Dio a conocer las bases de las ciencias sociales y económicas tal como son conocidas hoy día.

Ciertas ideas suyas, como la necesidad de la división de poderes, han influido en casi todas las Constituciones. También ha sido fundamental su aportación sobre el concepto de libertades fundamentales que más tarde defendió el liberalismo del siglo XIX.

Algunos Fragmentos Importantes de su Libro: El Espíritu de la Leyes
Capítulo 1. De las leyes en general.

Las leyes en su más extenso significado, son las relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas; y, en este sentido, todos los seres tienen sus leyes: la divinidad (…) el mundo material (…) las inteligencias superiores al hombre (…) los brutos (…) los hombres (…) Estas reglas son un relación establecida constantemente (…) cada diversidad es uniformidad; cada cambio es constancia. (…)

El hombre como ser físico, lo mismo que los demás cuerpos, está gobernado por leyes invariables.

Como ser inteligente, viola sin cesar las leyes que ha establecido Dios, y varía las que ha establecido él mismo; hace falta que se conduzca y, sin embargo, es un ser limitado; está sujeto a la ignorancia y al error, como todas las inteligencias finitas; incluso pierde los débiles conocimientos que posee.

Como criatura sensible se encuentra sometido a mil pasiones; semejante ser podía olvidar a Dios en todo instante.

Dios se lo recuerda por las leyes de la religión; semejante ser podía olvidarse en todo instante de sí mismo; los filósofos le han recordado por las leyes de la moral: hecho para vivir en sociedad podía olvidar a los demás; los legisladores le han hecho entrar en sus deberes por las leyes políticas y civiles.

Capítulo 2. De las leyes de la naturaleza.

Anteriores a todas estas leyes son las leyes de la naturaleza, llamadas así porque derivan únicamente de la constitución de nuestro ser. Para conocerlas bien, hay que considerar a un hombre antes del establecimiento de las sociedades. En semejante estado, las leyes que reciben serán las de la naturaleza.

La ley que imprimiendo en nosotros la idea de un creador nos lleva hacia él es la primera (…) por su importancia (…) pero no por el orden. El hombre en su estado natural tendría la facultad de conocer, pero no conocimientos.

Es claro que sus primeras ideas no serían ideas especulativas. Pensaría en la conservación (…) Un hombre así sólo sería consciente, al principio de su debilidad; su timidez sería extremada. (…)

En estas condiciones cada uno se sentiría inferior a los demás o, todo lo más, igual, de modo que nadie intentaría atacar a otro. La paz sería, pues, la primera ley natural. (…)

Al sentimiento de su debilidad (…) uniría el sentimiento de sus necesidades, y, así, otra ley natural sería la que le inspirase la búsqueda de alimentos. (…) el temor (…) el placer (…) la atracción (…) (…) el conocimiento (…) constituiría la tercera. (…) Y el deseo de vivir en sociedad es la cuarta ley natural.

Capítulo 3. De las leyes positivas.

Tan pronto como los hombres se hallan en sociedad, pierden el sentimiento de su debilidad; cesa la igualdad que existía entre ellos, y comienza el estado de guerra.

Cada sociedad particular llega a sentir su fuerza, lo que produce un estado de guerra de nación a nación. Los particulares, en cada sociedad, comienzan a sentir su fuerza; buscan volver a su favor las principales ventajas de esta sociedad, lo que constituye entre ellos un estado de guerra.

Estas dos clases de estados de guerra establecen las leyes entre los hombres. Considerados habitantes de tan gran planeta, en el que es necesario que haya diversos pueblos, tienen leyes en las relaciones que estos pueblos tienen entre sí; y es el Derecho de gentes.

Considerado como viviendo en una sociedad que debe ser mantenida, tiene leyes en las relaciones que tienen los que gobiernan con los gobernados; y es el Derecho político.

Las tienen también en las relaciones que todos los ciudadanos tienen entre sí; y es el Derecho civil. (…) Una sociedad no podría subsistir sin un gobierno.

La reunión de todas las fuerzas particulares (…) forma lo que se llama un Estado político. (…)

Las fuerzas particulares no pueden reunirse sin que se reunan todas las voluntades. La reunión de estas voluntades (…) es lo que se llama estado civil.

La ley, en general, es la razón humana en cuanto gobierna a todos los pueblos de la tierra; las leyes políticas y civiles de cada nación no deben ser más que los casos particulares a los que se aplica la razón humana.

Por ello, dichas leyes deben ser adecuadas al pueblo para el que fueron dictadas (…) Deben adaptarse a los caracteres físicos del país, al clima (…) a la calidad del terreno, a su situación, a su tamaño, al género de vida (…)

Deben adaptarse al grado de libertad que permita la constitución, a la región (…) inclinaciones (…) riqueza (…) costumbres (…) maneras.

El equilibrio político: división de poderes.

En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el (…) de las cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil.

Por el primero, el príncipe o magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que están hechas.

Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de los particulares.

Este último se llamará poder judicial; y el otro simplemente poder ejecutivo del Estado.

La libertad política, en un ciudadano, es la tranquilidad de espíritu que proviene de la opinión que cada uno tiene de su seguridad; y para que se goce de ella, es preciso que sea tal el gobierno que ningún ciudadano tenga motivo de temer a otro.

Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona (…) entonces no hay libertad, porque es de temer que (…) hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.

Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y ejecutivo.

Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.

En en estado en que un hombre solo o una corporación (…) administrasen los tres poderes (…) todo se perdería enteramente. (…)

El poder judicial no debe confiarse a un senado permanente y sí a personas elegidas entre el pueblo en determinadas épocas del año, de modo prescrito por las leyes, para formar un tribunal que dure solamente el tiempo que requiera la necesidad.

De este modo el poder de juzgar, tan terrible en manos del hombre, no estando sujeto a una clase determinada, ni perteneciente exclusivamente a una profesión se hace, por decirlo así, nulo e invisible.

Y como los jueces no están presentes de continuo, lo que se teme es la magistrartura y no se teme a los magistrados.

Y es necesario también que en las grandes acusaciones el criminal, unido con la ley, pueda elegir sus jueces, o cuando menos recusar un número tan grande de ellos que los que resten se consideren elegidos por él.

Sobre la libertad

No hay palabra que haya recibido significados más diferentes y que haya impresionado más a los espíritus de tantas maneras como la de la libertad.

Los uno la han tomado por la libertad de deponer a aquel al que habían dado un poder tiránico; los otros, por la facultad de elegir aquel a quien debían obedecer; otros, por el derecho a estar armados y a poder ejercer la violencia; aquéllos, por el privilegio de no ser gobernados más que por un hombre de su nación o por sus propias leyes. (…)

Algunos han unido ese nombre a una forma de gobierno y lo han excluido de los otros. (…)

En fin, cada uno ha llamado libertad al gobierno que era más conforme con sus costumbres y sus inclinaciones; y como, en una república, no siempre se tiene ante los ojos y de una manera tan presente los instrumentos de los males que se deploran, y también las leyes parecen hablar más y los ejecutores de la ley hablar menos, se les pone ordinariamente en las repúblicas y se la excluye de las monarquías.

En fin, como en las democracias el pueblo parece hacer poco más o menos lo que quiere, se ha puesto la libertad en ese tipo de gobierno y se ha confundido el poder del pueblo con la libertad del pueblo.

Es cierto que en las democracias el pueblo parece hacer lo que quiere; pero la libertad política no consiste en hacer lo que se quiera.

En un Estado, es decir, en una sociedad en la que haya leyes, la libertad no puede consistir más que en poder hacer lo que se debe querer y no verse obligado a hacer aquello que no se debe querer.

Hay que entender claramente lo que es la independencia y lo que es la libertad. La libertad es el derecho de hacer lo que las leyes permiten; y si un ciudadano pudiera hacer lo que prohíben, ya no habría libertad, porque los otros tendrían ese mismo poder.

La democracia y la aristocracia no son estados libres de por sí. La libertad política no se halla más que en los gobiernos moderados (…) cuando no se abusa de su poder; pero es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se ve inclinado a abusar de él; y así lo hace hasta que encuentra algún límite.

¿Quién lo diría? Hasta la virtud necesita límites. Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder.

En un Estado en el que un hombre solo o una sola corporación de próceres, de nobles, o de pueblo, administrara los tres poderes y tuviera la facultad de hacer leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y las disputas de los particulares, todo se perdería por completo.

Los gobiernos de casi toda Europa son moderados porque el príncipe que administra los dos primeros poderes deja a sus súbditos el ejercicio del tercero.

Pero en Turquía, como los tres poderes están en manos del sultán, impera el despotismo más espantoso. [….] Los príncipes que quieren ser déspotas siempre empiezan reuniendo todas las magistraturas en ellos mismos: algunos reyes de Europa acaparan todos los grandes cargos del Estado.

MONTESQUIEU: El espíritu de las Leyes
La división de poderes en el Espíritu de las Leyes

«Hay en todos los Estados tres especies de poder: (…) En virtud del primero el príncipe o magistrado promulga leyes temporales o perpetuas, y reforma o abroga las que existen. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadas, vela por la seguridad.
previene las invasiones. Por el tercero, castiga los crímenes o juzga los delitos cíe los particulares.

Este último debe llamarse poder judicial y el otro simplemente poder ejecutivo del Estado. (…) Cuando el poder legislativo y el ejecutivo se reúnen en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistrados, no hay libertad, porque puede temerse que el monarca o el Senado haga leyes tiránicas para ejecutarlas tiránicamente.

No hay tampoco libertad si el poder judicial no está separado del legislativo y del ejecutivo. Si está unido a la potestad legislativa, ei poder de decidir la vida y libertad de los ciudadanos será arbitrario, porque el juez será al mismo tiempo legislador; si está unido al poder ejecutivo, el juez tendrá en su mano la fuerza de un opresor.

Todo estaría perdido si el mismo hombre, o el mismo cuerpo de los próceres o de los nobles o del pueblo, ejerciese estos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los delitos o las diferencias de los particulares.»

Montesquieu. El espíritu de las leyes.

Biografía de Voltaire Francois Marie Arouet Filosofia e Ideas

Biografía de Voltaire Francois Marie Arouet Filósofo de la Ilustración

hombres de la ilustracion

René Descartes (1596-1650)
Voltaire (1694-1778)
Montesquieu (1689-1775)
Rousseau (1712-1778)
Locke (1632-1704)
Hume (1711-1776

Conocido popularmente como Voltaire de nombre Francisco María Arouet (1694-1778).  Este filósofo y escritor francés ha sido uno de los hombres más discutidos, tanto en su obra como en su vida privada. En este último aspecto cuenta con sus seguidores que lo representan como un hombre puro y austero y detractores que le atribuyen todas las bajezas y perversiones.

Lo mismo sucede con su producción filosófica y literaria, ensalzada por unos como ejemplar y denigrada por otros como nefanda. Como ocurre frecuentemente en los hombres geniales, su personalidad moral es un complejo de virtudes y defectos, de cualidades excelsas y de abyectas miserias.

Realizó acciones reveladoras de gran nobleza de alma, contrapesadas por otras ruines pequeneces. Amante de la justicia, defensor de los oprimidos, desdichados y perseguidos, era, sin embargo, injusto, agresivo, traidor y falso para cuantos le estorbaban en su camino.

Enemigo de la superstición y del fanatismo, que combatió apasionadamente en sus escritos, enfrentándose con la Iglesia católica y burlándose sarcásticamente de los evangelios e instituciones eclesiásticas, dedica por otra parte una de sus obras al Papa, edifica iglesias a sus expensas, oye misa y cumple con el precepto pascual.

voltaire biografia

 

BIOGRAFIA DE VOLTAIRE: (París, 21 de noviembre de 1694 – 30 de mayo de 1778). Escritor francés, de nombre François-Marie Arouet.

Era hijo de un notario retirado de Chatelet y de María Margarita Daumast, perteneciente a una familia burguesa de excelente reputación.

Muy pronto saltó su carácter audaz e irreligioso, conquistando reputación de indisciplinado ante sus profesores.

En el colegio trabó amistad con compañeros que luego llegarían a ser grandes señores de Francia.

Terminada la escuela pasó a estudiar Leyes por imposición de su padre, aunque nunca asistió a clase, yéndose a teatros y salones que frecuentaban artistas y literatos.

De esta época es su obra «Oedipe». Su padre, desesperado, le intentó colocar infructuosamente en infinidad de oficios, pero la rebeldía del joven Voltaire pudo más y las puertas del mundo se le abrieron gracias a sus amistades. Su segunda obra, «Henriade», salió a la luz.

Pasó un tiempo encerrado en La Bastilla, en 1717, por escribir una sátira contra el regente.

En 1724 escribio la tragedia «Mariamme2 y en 1725 «L ‘indiscret». Los rumbos que tomaba la vida de Voltaire eran de un libertinaje atroz y contra toda estructura, sobre todo las religiosas, llegando incluso a atacar con sus publicaciones a Juana de Arco por su religiosidad, acusándosele por ello de antipatriota.

Se enemistó con toda clase de personas, pero, a la vez, adquiría una gran fortuna con sus escritos.

En 1731 escribe «Historia de Carlos XII» y «Cartas filosóficas»: organizaron tal escándalo que fueron condenadas por el Parlamento y quemadas por el verdugo. Otro tumulto supuso «Pandora», que nunca se representó.

Todos sus escritos provocaron críticas y amenazas contra él. Se rodeó de gran lujo, viviendo alejado de París, cerca de la frontera suiza, en villas que compraba y ornamentaba con ostentación; sin embargo, debido a su carácter filantrópico, donaba dinero para obras sociales.

En el año 1756 escribe «Cándido o el optimismo». Su fisonomía moral ha sido discutidísima, pues según sus detractores corrompía escandalosamente a la juventud y era irrespetuoso e irreverente con las autoridades y la Iglesia, llegando incluso a escribir blasfemias.

No obstante, desde el terreno puramente humanista, consiguió desembarazarse de la superstición y el fanatismo existentes.

Fue también filósofo e historiador, interesándole, en el primer aspecto, el lado pragmático de la vida, más que el razonamiento especulativo y los dogmas e inspiraciones que debían desecharse por completo según él.

En cuanto historiador, predicaba que había que ser crítico y estar bien informado.

Sus ideas políticas fueron las de propugnar como ideal el sistema de gobierno inglés, que emparentaba la Monarquía con leyes de rango republicano.

También, como buen burgués, aceptaba la desigualdad social. Alegaba que la revolución debía hacerse desde arriba, ya que el pueblo no tenía preparación.

La figura de este personaje es complejísima por todas las facetas que desarrolló.

Entre las numerosas personas con quienes llegó a tener una verdadera lucha dialéctica se encuentra Juan Jacobo Rousseau, del que fue amigo y a quien atacó en numerosos artículos.

VOLTAIRE Y LA TOLERANCIA RELIGIOSA:

En 1752, cuando Voltaire todavía estaba apreciando las delicias de Potsdam, dos notables pensadores franceses, Diderot y d’Alembert, lanzaban el primer volumen de una obra que señalaría una época: la Enciclopedia. El grupo de intelectuales que trabajó en ella, inclusive Voltaire, sería más tarde conocido como los enciclopedistas.

La obra era tremendamente ambiciosa. Intentaba sintetizar en una serie de artículos todo el conocimiento humano, tal como la ciencia de ese .entonces y los pensadores más avanzados de la época lo podían transmitir. Colaboraban en los diversos temas empiristas y librepensadores.

Los cinco primeros volúmenes de la Enciclopedia fueron sistemáticamente confiscados a pedido de la Iglesia y se convirtieron en rarezas bibliográficas desde los primeros días de su aparición.

A pesar de ello, fueron muy leídos. Desde Ferney, Voltaire contribuyó asiduamente con una serie de artículos. También escribió individualmente un Diccionario filosófico (1764) completo.

En 1761, a la mitad de ese trabajo, Voltaire continuaba con la sonrisa pesimista en los labios y su «contemplación superior» sobre el mundo. Hasta que recibió en su casa la visita de una familia atemorizada, que le relató la tremenda historia de su persecución. Un muchacho de Toulouse se había suicidado.

Existía una ley por la cual el cuerpo del suicida debía ser arrastrado por las calles y después colgado.

Para evitar ese horror, Jean Calas, el padre, un comerciante protestante, consiguió que algunos amigos atestiguasen una muerte natural. Pero, entre tanto, corrió el rumor de que se ocultaba un asesinato, y de que el padre había matado al hijo para impedir que se convirtiese al catolicismo.

Calas fue aprisionado, torturado y muerto. La familia, arruinada, huyó a Ferney, donde narró a Voltaire la horrenda historia.

En 1765, el joven caballero de la Barre, de dieciséis años, otro protestante, es acusado de mutilar crucifijos. Tras confesar, después de ser torturado, fue decapitado, quemado, y con él un libro de Voltaire, que estaba en su poder cuando fue apresado: el Diccionario filosófico.

A d’Alembert, igualmente disgustado con esos hechos, y quien le escribía acerca de la necesidad de ridiculizar las persecuciones religiosas, Voltaire le respondió que ya no era momento para hacer bromas.

«El espíritu no rima bien con las matanzas. ¿Es éste el país de la filosofía y del placer? Diría mejor que es el país de la matanza de San Bartolomé». Y, por primera vez en su vida, Voltaire se queda serio.

«Durante todo ese tiempo —escribiría más tarde— no reí una sola vez sin que me pareciese un crimen.» Protestó contra el rigor de las penas establecidas en nombre de la religión, exigió más respeto por la vida humana, llamó públicamente a sus colegas Diderot y d’Alembert a la batalla.

«Aplasten a los fanáticos y-a los malvados, sus insípidas declaraciones, sus miserables sofismas, la historia mentirosa … el amontonamiento de absurdos. No permitamos que los poseedores de inteligencia sean dominados por los que no la tienen, y la generación venidera nos deberá la razón y la libertad.»

Voltaire defendió a los amigos de Calas y la Barre cuando fueron perseguidos, y a los campesinos del Franco-Condado y de Gex, inundando a Francia con un torrente de escritos incendiarios —como el Tratado sobre la tolerancia—, la mayoría anónimos (aunque todos sabían quién era el autor) . Sus enemigos intentan responder por otros métodos: primero, desprestigiándolo.

Sus libros fueron quemados en la plaza pública, pero era imposible impedir su lectura. Jamás la pluma de un intelectual fue instrumento político más importante. Algunos de sus panfletos llegaron a la cifra de 300.000 copias, monumental para la época.

Estaban escritos en un lenguaje claro y cortante, y cada uno de sus sarcasmos —en un público predispuesto a aceptarlos— valía por un ejército de verdugos.

Como era imposible acallar a ese viejo demonio, decidieron comprarlo. Madame de Pompadour intenta una vez más intervenir en el curso de su vida, y le ofrece un cargo de cardenal a cambio de su silencio. Voltaire ni siquiera se dignó responder.

Por fin, sus adversarios fueron reducidos al silencio, y gente de todas las clases sociales —incluso del clero y la nobleza— salió en defensa de Voltaire.

El había resumido en forma inteligente y aguda aquello que millones de personas estaban sintiendo y que no tenían capacidad ni coraje para decirlo. Voltaire —excepto en sus trabajos históricos— nunca creó ideas nuevas.

Fue, eso sí, un extraordinario vulgarizador y propagandista, el vehículo por el cual las nuevas ideas llegaron a las multitudes.

En 1770 sus amigos iniciaron una suscripción pública para erigirle un monumento en París. Fue tal la lista de contribuciones, que decidieron limitar la cantidad de cada donación a una sola corona, para que todos pudiesen participar.

A los 83 años, la victoria estruendosa de los enciclopedistas le devolvió la sonrisa. No todo estaba perdido. Sabía que las nuevas generaciones lo aclamaban y que las futuras reconocerían su papel reformador.

Pero sabía también que había llegado su fin. Quiso volver a París, incluso contra los consejos médicos, y hacia allí se encaminó.

Al día siguiente de llegar, quebrantado por el cansancio del viaje, recibió visitas: casi trescientas personas invadieron sus aposentos, entre ellas Benjamín Franklin, representante de la revolución norteamericana. Trajo a su nieto para que Voltaire le diese su bendición. Un sacerdote también vino a verlo para la confesión:

—¿Quién lo envió, señor cura?
—Dios en persona …
—Bien, bien …, veamos entonces sus credenciales…

Más tarde pidió al abate Gauthier que viniese a confesarlo. Gauthier le rehusó la absolución, a menos que Voltaire confirmara públicamente su fe en la doctrina católica. El moribundo lo despachó y dictó a su secretario esta declaración: «Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, sin odiar a mis enemigos y detestando la superstición. Febrero 28, 1778».

Casi a la muerte, hizo una visita a la Academia Francesa, donde habló y recibió tremenda ovación de su público aglomerado dentro y fuera del edificio. Fue a ver su pieza Irene en el teatro, mientras el médico imploraba que se cuidase.

Voltaire le pidió que al menos lo dejase morir en paz. Quería morir exactamente así: rodeado por sus amigos y disfrutando de la vida.

Murió el 30 de mayo de 1778. Y sobre su tumba pidió que sólo escribiesen: «El defendió a Calas». Era la acción de la cual más se enorgulleció en la vida.

En París rehusaron darle sepultura cristiana. Los amigos cargaron el cuerpo en un carruaje, haciendo creer que todavía estaba vivo, y consiguieron enterrarlo en Salliers.

Doce años después, la Asamblea Nacional de la Revolución Francesa obligó a un disgustado Luis XVI a traer sus restos al Panteón de París.

Setecientas mil personas acompañaron el cortejo. Y, sobre el coche fúnebre, escribieron dos pensamientos: «El dio a la mente humana una gran impulso. El nos preparó para la libertad».

Frases de Voltaire (Provervio.net)

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Felicidad

Todo les sale bien a las personas de cáracter dulce y alegre.
Alegría

La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.
Idiotez

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.
Derechos

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.
Dinero

Una de las supersticiones del ser humano es creer que la virginidad es una virtud.
Virtud

La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda.
Ciencias

Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.
Gobierno

La esperanza es una virtud cristiana que consiste en despreciar todas las miserables cosas de este mundo en espera de disfrutar, en un país desconocido, deleites ignorados que los curas nos prometen a cambio de nuestro dinero.
Esperanza

Suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan.

Fortuna

Ideas de Voltaire Sobre el Parlamento Inglés

«A los miembros del Parlamento cíe Inglaterra les gusta compararse con los antiguos romanos en todo lo que pueden. (…) Hay un Senado en Londres, de algunos de cuyos miembros se sospecha, equivocadamente, sin duda, que venden sus votos llegado el caso, como se hacia en Roma: ése es todo el parecido. (…) El fruto de las guerras civiles en Roma fue la esclavitud, y el de los disturbios en Inglaterra la libertad. La nación inglesa es la única que ha llegado a regular el poder de los reyes resistiéndoles, y fue, de esfuerzo en esfuerzo, ha establecido finalmente ese gobierno, sensato, en que el Príncipe, todopoderoso para hacer el bien, tiene las manos atadas para hacer el mal; en el que los señores son grandes sin insolencia y sin vasallos y en que el pueblo comparte el gobierno sin confusión. La Cámara de los Lores^s y la de los Comunes son los árbitros de la nación, el rey es el supcrárbitro. (…) su meta no es la brillante locura de hacer conquistas, sino impedir que sus vecinos las hagan. Usté pueblo no es solamente celoso de su libertad, lo es también de la de los otros. Los ingleses se encarnizaron contra Luis XIV únicamente porque le creían ambicioso. Le hicieron la guerra jubilosamente, sin duda sin ningún interés. Ha costado ciertamente establecer la libertad en Inglaterra; en mares de sangre se ha ahogado el ídolo del poder despótico; pero los ingleses no creen en absoluto haber comprado demasiado caro las buenas leyes. Las otras naciones no han tenido menos disturbios, no han derramado menos sangre que ellos; pero esta sangre que han derramado por la causa de la libertad no ha hecho más que cimentar su servidumbre.»

Voltaire (1694-1778). Cartas Filosóficas