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Historia del Jabón Componentes y Fabricación Resumen

Historia del Jabón
Compuestos y Fabricación

Cuando consideramos todas las comodidades que los inventos modernos nos proporcionan y que son parte indispensable de nuestra vida diaria, nos preguntamos qué hacían nuestros antepasados frente a una multitud de problemas, resueltos para nosotros e insolubles para ellos.

Claro está que como nuestras necesidades y exigencias crecen a medida que aumentan las comodidades que nos rodean, podemos pensar que nuestros antepasados vivían muy felices en condiciones de vida que para nosotros resultarían insoportables.

El siglo XX goza del fruto de tantos estudios, tantos experimentos, tanta búsqueda, tanto trabajo cuyo resultado superó a veces toda esperanza, que en medio de nuestro bienestar ni siquiera pensamos en los esfuerzos y sacrificios de aquellos tenaces investigadores e inventores.

jabon antiguo

El jabón, agente limpiador o detergente que se fabrica utilizando grasas vegetales y animales y aceites.

Existen documentos que mencionan el uso de muchos materiales jabonosos y agentes limpiadores desde la antigüedad. Los agentes purificantes que se mencionan en el Antiguo Testamento no eran verdaderos jabones, sino un producto hecho únicamente con cenizas de corteza de árbol.

En el siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo describió las diversas formas de jabones duros y blandos que contenían colorantes.

Los antiguos conocían el jabón; por otra parte, viejas leyendas como los relatos de Homero nos hablan claramente de la importancia que los griegos daban a los cuidados corporales.

Los héroes nunca arrostraban el peligro dé los combates ni participaban de un sacrificio ritual sin haber frotado previamente su cuerpo con aceites y esencias aromáticos.

Los primeros rastros de un jabón fabricado con grasas y ceniza se encuentran en Mesopotamia, donde se menciona en tabletas de la época sumeria.

En aquellos tiempos, el uso del jabón se reservaba para rituales religiosos. Se dice que, en torno al siglo X a.C, los sirios de Alepo empezaron a fabricar jabón con aceite de oliva y cenizas, a las que añadieron por primera vez una planta aromática, el laurel, para mejorar sus propiedades, ya que desinfecta y al mismo tiempo cuida la piel.

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Los fenicios fabricaban jabón en el VI a.C. y usaban casi los mismo componentes que hoy

Los fenicios usaban jabón de ceniza para limpiar los tejidos, costumbre que se ha practicado hasta el siglo XIX. Los griegos de la calle usaban aceite de oliva para limpiarse los cabellos, aunque algunos historiadores consideran que ya se fabricaba el jabón con grasa de animales y ceniza, básicamente para limpiar la ropa, pues el lavado corporal no era muy frecuente.

La leyenda cuenta que el jabón moderno lo descubren los romanos en los entornos del río Sapo, donde se mezclaban la ceniza y el aceite de los rituales.

En el siglo I ya se fabricaban diversos tipos de jabones en Europa, como cuenta el romano Plinio el Viejo.

Los ungüentos muy finos se fabricaban con la emulsión de substancias resinosas que brotaban de tajos efectuados en el tronco de ciertos árboles; los aceites aromáticos, en cambio, se sacaban de las semillas.

Los más conocidos de éstos, y que aún se utilizan en medicina, química y perfumería, son: la mirra, el jengibre, el laurel y el incienso u olíbano (del latín oleum Libani: aceite del Líbano).

Las variedades más preciadas de nuestros jabones de tocador no son, en el fondo, sino derivados de productos conocidos desde hace dos o tres milenios.

Los primeros aceites balsámicos fueron los precursores de nuestro jabón líquido, y las finas esencias aromáticas que se usaban en los ungüentos nos dan una idea del refinamiento a que se llegó en la antigüedad.

Entre los romanos, los baños tuvieron gran importancia y constituían una especie de rito.

Las termas o baños públicos rivalizaban por su arquitectura y esplendor con los más hermosos palacios.

Había en ellos piscinas, gabinetes para masajes, gimnasios y baños de toda clase. Los más célebres y suntuosos fueron los de Agripa, de Nerón, de Trajano, de Adriano, de Diocleciano y de Caracalla.

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En Roma, las termas eran edificios suntuosos donde había gimnasios, paseos, salas de estar, bibliotecas. En ellas conversaban y discutían filósofos, poetas y retóricos. Una parte de los edificios estaba destinada a los hombres, otra a las mujeres. Había baños fríos, calientes y de vapor.

En París, detrás del museo Cluny, se encuentran las ruinas de las termas edificadas bajo el reinado de Juliano, y en Roma se pueden todavía admirar, perfectamente restauradas, las termas de Caracalla, muy renombradas en la actualidad por los grandiosos espectáculos teatrales que allí se ofrecen durante el verano.

Pero si nuestros mayores conocían los ingredientes necesarios para elaborar el jabón, durante muchos siglos lo fabricaron con procedimientos muy primitivos.

Al parecer, los fenicios fueron los primeros en obtener jabones sólidos y en comerciar con ellos.

Según Plinio, los romanos ya conocían el arte de fabricar jabones, y, en efecto, en las ruinas de Pompeya se encontró un taller completo de jabonería, con los diferentes utensilios y unas cubas llenas de jabón compuesto de una mezcla de aceite y álcali.

Los elegantes de Roma, para teñirse el cabello de rubio, utilizaban un jabón especial fabricado en Alemania. Ateneo (193 años después de J. C), es el primer autor griego en cuyos escritos aparece la palabra sopón (jabón).

El médico Aecio, que vivió en el siglo IV, habla de un jabón negro y los médicos árabes señalan a menudo el uso del jabón en medicina y para la limpieza de la ropa.

Las primeras manufacturas de jabones sólidos, a base de soda, fueron establecidas en Savona (pequeña ciudad de Italia cerca de Génova).

La industria jabonera fue muy floreciente en Venecia.

Para protegerla se prohibió la entrada de jabón extranjero, tanto en la ciudad como en todos los territorios que de ella dependían. Con el fin de controlar su calidad se ordenó que todo jabón, aun el fabricado por particulares, llevase una marca grabada en todas sus caras.

Generalmente la palabra jabón designa toda composición que se obtiene sometiendo un cuerpo graso salificable —como el sebo y el aceite— a la acción de un álcali como la soda o la potasa.

Los jabones pueden dividirse en dos clases: los solubles, producidos mediante la soda o la potasa y los insolubles.

Además, los jabones solubles utilizados en los menesteres domésticos y en la industria se dividen en dos categorías: jabones duros y jabones blandos, según la menor o mayor cantidad de agua que contienen.

Componentes: Las grasas y aceites utilizados son compuestos de glicerina y un ácido graso, como el ácido palmítico o el ácido esteárico.

Cuando estos compuestos se tratan con una solución acuosa de un álcali, como el hidróxido de sodio, en un proceso denominado saponificación, se descomponen formando la glicerina y la sal de sodio de los ácidos grasos.

La palmitina, por ejemplo, que es el éster de la glicerina y el ácido palmítico, produce tras la saponificación palmitato de sodio (jabón) y glicerina.

Fabricación: En las calderas se mezcla la materia grasa con álcali y sal común.  Después de reposar varias horas y luego la la masa pasa a una máquina que la transforma en cilindros. 

Luego el producto se moldea en forma de panes. Éstos se cortan según el tipo de jabón que se desea.

Ulteriormente la marca se graba con máquina en los panes. Al final el producto pasa a los secaderos y se procede seguidamente a su embalaje.

Los jabones «duros» se fabrican generalmente en grandes calderas y a temperaturas superiores a la del agua hirviendo.

El mejor jabón de este tipo es el de Marsella, que antaño se preparaba con aceite puro de oliva, mientras hoy se emplea una mezcla de aceites de oliva, sésamo y maní. Los jabones «blandos» se elaboran en pequeños recipientes y a temperatura menor.

Puede utilizarse en su preparación cualquier clase de cuerpo graso, generalmente aceite de ballena o de semillas.

Algunos jabones pueden fabricarse en frío.

Pueden ser a base de soda o de potasa, según se los prefiera duros o blandos. Se los colorea con ultramar, con bermellón, con ocre y otros productos, y se los perfuma con esencias agradables.

En ciertos países, la producción jabonera de lujo ha alcanzado un alto grado de refinamiento.

Para terminar, citaremos los jabones medicamentosos empleados en el tratamiento de enfermedades de la piel, del reumatismo, de la artritis, y recordaremos los jabones con ácido salicílico, con alquitrán, con azufre, con alcanfor, etc.

Todos los jabones tienen, por otra parte, un considerable poder antiséptico y es por ello que.a menudo el primer tratamiento de una herida consiste en lavarla con agua tibia y jabón.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX Historia del Jabón e Historia del Peine

La Edad de Piedra Vida del Hombre Sus Herramientas y Refugios

UTENSILLOS Y ARMAS DEL HOMBRE EN LA EDAD DE PIEDRA

El primer animal fabricante de herramientas, el hombre primitivo, hizo su aparición hace 600.000 años por lo menos, pero puesto que las únicas pruebas de que disponemos para su estudio son arqueológicas, gran parte de su existencia queda velada por la incertidumbre y la imprecisión.

Nuestro primer conocimiento del hombre fue posible por los huesos y las pocas posesiones que dejó como huella en las cavernas y túmulos funerarios. El hombre ha sido siempre un fabricante de herramientas, y el largo período que precede al descubrimiento del metal se conoce con el nombre de Edad de la Piedra. Huesos y cantos servían de borde cortante para sus útiles.

Quizá la mayor lucha de la humanidad para su supervivencia fue la librada en aquel pasado remoto, cuando el hielo cubría desde el Ártico hasta regiones situadas muy hacia el sur extinguiendo la vida a su paso. El hombre que descubrió el fuego fue probablemente el salvador de su especie.

Al término de la Edad de la Piedra el cazador se había convertido en agricultor. Podía aprovisionarse de alimentos y su hogar le daba refugio y algunas comodidades. Nuestro protagonista pudo procurarse las ropas y utensilios que necesitaba para salir adelante, tras haber dominado las técnicas del hilado y la alfarería. Una parte de la población del mundo vive hoy como lo hacía ese hombre primitivo miles de años antes de Jesucristo.

cuadro de la etpas de la prehistoria: edad de piedra y de los metales

Ver: La Prehistoria

Si nos remontamos unos quinientos mil años atrás, en la primera época interglacial veríamos recorren por las llanuras europeas «algo» que se parecía mucho a un ser humano. Su boca, aún en forma de hocico, estaba dotada de poderosas mandíbulas, las que usaba con múltiples propósitos.

Con ella roía cortezas y raíces vegetales y también desgarraba la carne que se proporcionaba por medio de la caza, sirviéndole asimismo como arma de defensa. ¡Y vaya si la necesitaba! Sus vecinos eran nada menos que el elefante selvático, el tigre de dientes de sable, el rinoceronte y el ciervo gigante.

vida en la prehistoria

Ante una fauna tan peligrosa como esa de poco servirían sus fauces, por más potentes que fueran. Sin embargo, algo más que dientes había en la cabeza de ese ser, hoy llamado «hombre de Heidelberg» por haberse encontrado restos suyos en la localidad alemana de ese nombre.

Ese «algo» era su cerebro que, tras muchos milenios de evolución a partir de los simios, había aumentado considerablemente de tamaño. Su contenido, mayor y mejor distribuido, lo habilitaba para realizar una proeza a la que ningún ser vivo se había atrevido: pensar.

Cierto día, cansado ya de perseguir a sus presas usando pies, manos y dientes, a riesgo de morir en la contienda, se sentó a reflexionar. Quizás haya sido un hueso, quizás un palo, tal vez una piedra alargada, lo que hizo que su rostro se iluminara.

-¿Qué pasaría -se dijo- si uso este elemento en mi provecho? Y aquí comienza la historia activa de la humanidad. Aguzada la tosca piedra, fue un hacha, o una lanza, o un puñal.

Desde entonces la superioridad sobre el resto de los animales constituyó la corona que se ciñó sobre ese «alguien» ya digno de su posición en la escala animal: el hombre. Corrieron los siglos para el hombre primitivo. Duras pruebas debió afrontar su capacidad de supervivencia.

Un raro fenómeno astronómico-geológico -las glaciaciones– lo fueron empujando hacia las regiones ecuatoriales. Debió soportar el avance de los casquetes helados de los polos por tres veces consecutivas, pero consiguió pasar la prueba estoicamente.

De esta época data el Pithecanthropus erectus, hallado en la isla de Java, al sudeste de Asia. Alrededor del 100.000 a. de C. se produce el período de mayor difusión del hombre de Neanderthal, que se expande por Europa, Asia y África. Éste era rechoncho, con una cabeza grande y una altura apenas superior al metro y medio. Su rostro aún tenía los rastos bestiales de sus antepasados.

Tal característica se ponía de manifiesto especialmente en lo abultado de los arcos superciliares, en la ancha nariz y en él labio superior, volcado hacia adelante.

Su vivienda preferida era la caverna, la que debía disputar con temibles osos prehistóricos. Pero… él ya no estaba solo en la lucha por la vida. Había aprendido a sacar del sílex, una roca fácilmente desgastable, todo lo que necesitaba para ser él el mejor.

De esta época datan los hallazgos de Le Moustier, en Dordogne, al pie del Macizo Central francés. Por dicha causa, a esta etapa-cultural se la llamó musteriense. La mayoría de los elementos de este período, traídos a luz por las excavaciones, son piedras talladas de uso manual.

Faltan aún los mangos y cabos, viéndose en cambio instrumentos para cortar, punzones, raspadores, y unos elementos muy rudimentarios (cuya pertenencia al hombre primitivo muchas veces se puso en duda) llamados eolitos.

Algunos arqueólogos los consideran productos del desgaste natural. He aquí los primeros utensilios de los que se valieron nuestros antecesores para lidiar con fieras mucho más grandes que las actuales.

herramientas en la edad de piedra

El sílex fue uno de los primeros materiales empleados en la fabricación de armas durante la edad de piedra. Es relativamente fácil de encontrar y se fragmenta en láminas cortantes, cualidad que lo hace idóneo para la fabricación de utensilios y armas. Durante la edad de piedra, las azuelas  se empleaban para tallar madera y la hoz en las tareas de recolección.

Al sílex siguieron el cuarzo, el pedernal y la obsidiana, rocas que, como el sílex, podían ser talladas con facilidad y tenían una dureza aceptable.

Lasca a lasca se fue pasando el primer período de la prehistoria, llamado Paleolítico Inferior. En sus últimas etapas la piedra ya era hábilmente manejada. Con ella se fabricaban puntas de flecha, cuchillas, raederas, punzones y hachas manuales bastante perfeccionadas. Cuando la última de las avanzadas del hielo glaciar comenzó a desaparecer retrocediendo hacia los polos, se inició un período verdaderamente brillante: el Paleolítico Superior.

Las aves invadieron el planeta alegrándolo con sus trinos y gorjeos. Los valles, otrora congelados, se poblaron de tierna gramínea que fue pastura de rebaños y tropillas. La prosperidad dejó al hombre más tiempo para ejercitar su don maravilloso: el pensamiento.

Y surgen así piezas de roca con propósitos más definidos.

Es el caso de los buriles, herramientas empleadas para tallar o grabar sobre hueso, madera u otras rocas más blandas. También aparecen unas puntas en forma de hoja de laurel, que poseen doble filo y son muy manuables. Pertenecen a esta época importantes hallazgos, como los arpones de asta.

herramientas del hombre de la edad de piedra

La fabricación consciente de herramientas manifiesta una previsión racional en el hombre: una herramienta se hace con el fin de que desempeñe una función o serie de funciones específicas en una cantidad indefinida de ocasiones futuras.

Por ejemplo, un instrumento cortante hecho de piedra se utiliza para diversos usos domésticos y también, tal vez, como arma. Las primeras y más primitivas herramientas eran simplemente cantos aguzados o trozos de piedra hallados casualmente y utilizados para cortar y rascar. En esta fase, lo que convirtió en herramientas los afortunados hallazgos fue el hecho de haber sido recogidas y conservadas para su uso ulterior.

Con el transcurso del tiempo, se hicieron deliberadamente instrumentos de piedra arrancando lañas de piedras mayores y dando forma de diversos modos a los filos cortantes.

Otro material utilizado desde los tiempos más remotos fue la cornamenta y los huesos de animales, aunque su empleo parece datar de una época posterior. Pero las pruebas en este sentido no son totalmente satisfactorias, dado que el hueso es más perecedero que la piedra y quizás el tiempo haya destruido las primeras herramientas hechas de este material.

Probablemente, la primera utilización de los huesos fue como armas. La narración del Antiguo Testamento en la que Sansón mata a 1.000 filisteos con la quijada de un asno parece ser una reminiscencia de los hombres de la Edad de Piedra y de sus luchas con huesos de animales. El hueso se empleó también para fabricar otros objetos punzantes, tales como leznas y agujas para coser.

En cuanto a las herramientas hechas de madera, ningún instrumento, cualquiera que haya sido, ha sobrevivido, como es comprensible; es razonable suponer que se utilizarían ramas y troncos como rodillos para transportar cargas pesadas, o como palancas para mover grandes rocas, y palos más pequeños para buscar raíces y, con la punta aguzada, a modo de armas. En una etapa posterior, estas herramientas se perfeccionaron y se inventaron otras más complicadas.

La fabricación de herramientas presuponía una previsión racional que a su vez requería la capacidad de pensar en términos abstractos. Prever es relacionar los acontecimientos del futuro con los del pasado, tener conciencia del tiempo y de su transcurso, y comprender la relación causal entre ciertos tipos de hechos.

Puesto que, una vez comenzada, la tradición de la fabricación de herramientas fue transmitida de generación en generación, los fabricantes de herramientas debieron ser capaces no solamente de pensar en el sentido requerido sino también de comunicar sus pensamientos; debieron tener alguna forma de lenguaje, aunque fuera relativamente tosca.

La existencia del lenguaje presupone, a su vez, una forma de vida social. Los hombres vivirían en grupos organizados y aunque éstos no fueran muy grandes, contarían con una estructura básica, incluyendo alguna división del trabajo rudimentaria.

Es imposible saber cuál de estas diversas características apareció primero: van todas unidas, y constituyen el marco del animal humano como ser social capaz de pensar racionalmente y trasmitir a otros su pensamiento, capaz de prever las contingencias futuras y de adoptar las medidas necesarias para hacerlas frente mediante su poder de controlar la naturaleza por medio de herramientas.

Los primeros refugios: Un nuevo paso importante fue la construcción de refugios. Los hombres primitivos vivían en espacios naturales, como cavernas para protegerse de la intemperie. Se supone que la primera construcción hecha por la mano del hombre data de hace 300.000 años. Eran grandes cabanas construidas por los cazadores de la Edad de Piedra junto a las costas del Mediterráneo.

Si bien las cavernas fueron inicialmente viviendas de piedra, útiles para combatir los grandes fríos, en el paleolítico superior esta función desapareció con el retiro de los hielos. Sin embargo, los principales yacimientos de fósiles han sido encontrados en este ambiente.

La explicación es sencilla. Ya el hombre se había puesto a pensar seriamente en el más allá y había fundado religiones rudimentarias. Su altar fue la caverna y a ella acudía para invocar poderes mágicos qute le proporcionaran éxito en la caza y la pesca.

Para esto quiso «atrapar» a los animales por medio de dibujos y pinturas, estas obras de arte rupestre, descubiertas en la actualidad, son motivo de profundos estudios. Nos han dejado datos valiosos grabados en las paredes de piedra que, en muchos casos, sirvieron para efectuar verdaderas reconstrucciones acerca del modo de vida de aquellos grupos sociales primitivos.

SÍMBOLO DE LO PERDURABLE
No tan sólo en el trascendental paso del estadio de homínido al de «homo faber» desempeñó la piedra un importantísimo papel. Ya en los primeros tiempos de la vida cavernícola del hombre fue presa de la angustia existencial, que lo llevó a elaborar las primeras formas de lo trascendente. Así nacieron los cultos primitivos. Pero el hombre no estaba aún maduro como para manejarse en un campo puramente conceptual y necesitaba de entes inmanentes capaces de simbolizar sus ideas de eternidad. Para ello no encontró nada más adecuado que la piedra, lo aparentemente inmutable del paisaje que lo rodeaba.

Los dólmenes de Stonehenge, Inglaterra, y los menhires de Carnac, Francia, se cuentan entre los más primitivos monumentos religiosos erigidos por el hombre También fue a través de la piedra como el faraón egipcio Keops buscó eternizar su nombre, y en buena medida lo logró: más de cuatro milenios y medio después de haber sido terminada, la enorme pirámide de 138 metros de alura que le sirvió de sepultura sigue siendo una de las construcciones más espectaculares del mundo. Para comprender hasta qué punto la  piedra ha llegado a ser para el hombre el símbolo de lo perdurable, basta con recordar el juego de palabras que hiciera Cristo con el nombre de Pedro su discípulo predilecto: «Sobre era piedra erigiré mi Iglesia».

hacha de piedra edad de piedra

Estas hachas de mano datan de hace unos 400.000 años y demuestran que el hombre había adquirido la habilidad de fabricar útiles líticos para cortar y despellejar a sus víctimas de un modo más sencillo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N° 11 Edit. Cuántica La Edad de Piedra
El Triunfo de la Ciencia Globerama Tomo III Edit. CODEX

Hechos Mas Importantes de la Historia de la Humanidad Acontecimientos

Hechos Mas Importantes de la Historia

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hechos y acontecimientos de la historia

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GRANDES HECHOS Y ACONTECIMIENTOS DE LA HISTORIA

1-Diez Fechas

2-Diez Documentos

3-Grandes Teorías

4-Grandes Inventos

5-Grandes Científicos

6-Hechos Destacados

7-Grandes Tragedias

8-Principales Guerras

9-Grandes Ideologías

10-Grandes Ideas

11-Línea del Tiempo

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SIGLO XV: La imprenta, la revolución de las letras
La idea de imprimir imágenes con bloques de madera o metal no era nueva, pero la idea de utilizar letras individuales hechas a mano para crear las diferentes páginas del texto era revolucionaria. Fue introducida por primera vez en Europa por Johannes Gutenberg de Maguncia, Alemania, a partir de 1450.

Aunque se podían requerir 50.000 caracteres para formar un libro extenso como la Biblia, una vez armada, la misma obra podía ser reproducida-miles de veces. Para 1520 había más de 200 diferentes ediciones impresas de la Biblia en varios idiomas, que representaban en total, tal vez, 50.000 copias individuales.

No obstante, aunque la imprenta ya estaba bien establecida en Europa, los trastornos religiosos de la Reforma transformaron su comercio en una gran industria: en Alemania aparecieron un total de 150 publicaciones distintas en 1518, 570 en 1520 y 935 en 1523, alcanzando sus ventas totales quizás 500.000 copias.

Aunque algunas de ellas estaban en latín, el idioma tradicional del debate erudito, la mayoría estaba impresa en lengua vernácula. Podían ser leídas, o escuchadas y comprendidas por casi todos. Un número considerable de estas nuevas obras fue escrito por un solo hombre: Martín Lutero. De los 935 libros publicados en Alemania en 1523, 183 provenían de su pluma y algunas de sus publicaciones posteriores fueron impresas en tiradas de 100.000 ejemplares.

SIGLO XVIII: La Revolución Industrial en Inglaterra

Esta revolución productiva marca un hito fundamental en la era moderna que comenzó en el siglo XVIII. Antes de 1800, regiones como West Riding de Yorkshire, Lancashire sur y West Midlands presentaban muy poco desarrollo urbano. La industrialización en el siglo XVIII no se caracterizó por conurbaciones -que son un fenómeno del siglo XIX— sino por un aumento gradual de los asentamientos industriales todavía rurales.

La localización de la industria estaba sólo comenzando en 1800. La manufactura de textiles de lana estaba muy dispersa, aunque existía cierta especialización local, fundamentalmente ligada a la disponibilidad de agua. Los paños finos y las sargas requerían procesos industriales que demandaban grandes cantidades de agua; no ocurría lo mismo con la fabricación de frazadas, franelas y telas de lana peinada.

La industria del algodón se estableció en Lancashire porque el clima era húmedo, los gremios eran menos poderosos, los puertos por los que se traía el algodón en bruto desde ultramar estaban próximos y existía una mano de obra experimentada en trabajar el lino y la lana. Tanto en las industrias algodoneras como en las laneras, las nuevas máquinas requerían de la energía hidráulica para impulsarse.

La llegada de las máquinas de vapor, además de incrementar la producción, permitió elegir ubicaciones menos dependientes de la cercanía del agua.

En 1700, la densidad de población fuera del área de Londres estaba determinada principalmente por la industria de la lana. Hacia 1750, incluso antes del establecimiento de los canales y caminos de peaje, la distribución de la población estaba cambiando con celeridad. Los textiles se desplazaron hacia el norte, y las áreas ricas en carbón y hierro comenzaron a poblarse densamente. Entre 1700 y 1800, la población total de Gran Bretaña aumentó de casi seis millones a nueve millones, es decir, tuvo un crecimiento promedio de 30.000 habitantes al año. De allí en adelante el incremento fue mucho más rápido.

Entre 1811 y 1821 subió de diez a doce millones, una tasa de aumento cinco veces más elevada que en el siglo anterior. En los principales centros industriales el cambio fue incluso más impactante. Manchester tenía 90.000 habitantes en 1801; 237.000 en 1831 y 400.000 en 1861.

Este aumento sin precedentes fue una razón para el auge de la producción industrial y agrícola durante los siglos XVIII y XIX. Debían satisfacerse las necesidades de millones de personas adicionales. Otra razón era la guerra, un prodigioso consumidor de hierro y sus derivados. En 1790, la producción británica de hierro no superaba las 79.000 toneladas. En 1820, como resultado de las guerras napoleónicas, había llegado a 400.000 toneladas.

Con una población en aumento, creció la demanda por productos manufacturados. Los salarios eran bajos, por lo que se necesitaban nuevas invenciones para permitir a los fabricantes producir más y lograr así bajar los precios. La lanzadera volante de Kay en 1733, la hiladora con varios husos de Hargreaves en 1770, la máquina de hilar intermitente (selfactina) de Crompton en 1778 y el telar mecánico de Cartwright en 1785 estuvieron entre los avances que transformaron la industria textil.

En la elaboración de hierro, los pioneros más destacados fueron Abraham Darby, que en 1709 logró descubrir cómo utilizar carbón de piedra en vez de carbón de leña para fundir el hierro, y Henry Cort, que en 1784 introdujo el proceso de pudelación para elaborar hierro fundido. La minería y todas las formas de fabricación se beneficiaron con la invención y perfeccionamiento de la máquina de vapor, a través de una serie de progresos desde la máquina atmosférica de Newcomen de 1712, hasta las máquinas de Watt de las décadas de 1770 y 1780 y las máquinas de alta presión de Trevithick, introducidas durante los primeros 20 años del siglo XIX.

No servía de mucho ser capaz de producir bienes en mayores cantidades a menos que éstos pudieran llevarse en forma expedita y a bajo precio a sus clientes y se pudieran entregar oportunamente las materias primas alas fábricas. La Revolución Industrial fue también la revolución del transporte. Durante los siglos XVII y XVIII, los caminos se deterioraron tanto a causa del aumento del tráfico sobre ruedas, que prácticamente sólo podían ser transitados por caballos de montar o columnas de caballos de carga.

Antes de la aparición del ferrocarril en la década de 1830, la única manera confiable de transportar cargas pesadas era la navegación. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se hicieron inversiones considerables en la construcción de canales, pero el ímpetu decayó tan pronto como se comenzó a descubrir el potencial de los ferrocarriles.

LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA UN HECHO DESTACADO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

La difusión del conocimiento
Aun cuando sea borroso, el límite entre ciencia y tecnología existe, por lo que es necesario considerar la manera en que la información lo atraviesa. El principal camino son las publicaciones. El científico académico no desea ocultar sus trabajos: las publicaciones son el medio para que su investigación llegue a sus colegas de todo el mundo y, tanto en el aspecto de formarse una reputación como en el de avanzar en la carrera, lo importante es haber sido el primero.

En consecuencia, existe un volumen cada vez mayor de conocimientos científicos que todo el mundo puede aprovechar libremente. Hasta hace relativamente poco tiempo, la mayor parte de los conocimientos nuevos se comunicaban a través de periódicos publicados por instituciones científicas. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial entraron en este campo las editoriales comerciales, que sin embargo siempre habían editado libros científicos.

A propósito de este tema, es interesante señalar que a mediados del siglo XX el material publicado era tan vasto y crecía con tanta rapidez, que una de las principales preocupaciones entre los científicos era encontrar la forma de utilizarlo con eficacia, ya que el día no les alcanzaba para mantenerse al tanto de las últimas novedades.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la aplicación de la informática al archivo y la recuperación de la información permitió solucionar el problema. Este enorme volumen de conocimientos de libre acceso para todos puede conducir directamente a importantes aplicaciones tecnológicas. Por ejemplo Marconi, precursor de la comunicación por radio, se inspiró para sus trabajos en una casual referencia a los experimentos de Heinrich Hertz que encontró en una revista. Casi medio siglo más tarde, el gigantesco proyecto Manhattan, que produjo la primera bomba atómica, fue el resultado directo de los artículos publicados sobre experimentos en física atómica, el más importante de los cuales apareció en 1939, apenas dos días antes de que estallara la guerra.

Sin embargo, a finales del siglo XIX, la industria comenzó a considerar que esta fuente de información era insuficiente para sus necesidades. Como complemento, y para asegurarse de que las investigaciones realizadas tuvieran que ver con sus necesidades (e indirectamente con las de sus dientes), las principales empresas fundaron sus propios laboratorios. Entre las primeras en hacerlo figura la United Alkali Company, de Gran Bretaña, cuyos laboratorios Widnes comenzaron a funcionar en 1892. Resulta significativo que su equipo de investigaciones, entonces reducido, estuviera compuesto casi exclusivamente por químicos formados en el extranjero, en Giessen, Heidelberg y Zurich.
Investigación nacional e internacional. En general, las investigaciones desarrolladas en ese tipo de laboratorios estaban directamente vinculadas con las actividades de la empresa madre.

Por razones comerciales, gran parte de los resultados obtenidos no se publicaban o sólo se comunicaban una vez protegidos por patentes.

Quedaban, sin embargo, áreas de investigación de importancia nacional general, pero sin relación directa con ninguna empresa en concreto, por ejemplo, la investigación sobre corrosión y metrología. Para rellenar este vacío, sólo se podía recurrir a laboratorios patrocinados por el Estado. Entre las primeras grandes instituciones de este tipo figuran el National Physical Laboratory del Reino Unido (1900), la National Bureau of Standars (actualmente National Institute of Standards and Technology) de Estados Unidos (1901) y el Instituto Kaiser Guillermo (luego Max Planck) de Alemania.

Así pues, durante los primeros años del siglo XX se fomentaba el progreso de la ciencia en tres frentes: en las universidades, con una fuerte inclinación hacia la investigación pura en las más antiguas y una mayor tendencia hacia la ciencia aplicada en las más nuevas, en los laboratorios de las grandes empresas industriales con base técnica y en las grandes instituciones estatales. Si bien estas divisiones eran bastante reales y estaban bien establecidas, había una buena cantidad de interrelaciones, aunque su naturaleza y alcance variaba de un país a otro.

Así pues, los científicos universitarios de mayor prestigio eran consultados por sus colegas de la industria. A menudo no sólo les ofrecían sus consejos, sino que desarrollaban investigaciones concretas para la industria con la ayuda de sus estudiantes. También había contactos entre las universidades y los laboratorios nacionales.

Aunque el equilibrio de fuerzas cambiaría con el paso de los años, esta pauta se mantuvo esencialmente hasta mediados de este siglo. Surgió entonces un cuarto frente, cuando el coste y la complejidad de la investigación en algunos campos llegaron a superar los recursos de casi todos los países, a excepción de los más poderosos. A esta fase pertenecen instituciones como el CERN (actualmente, Centro Europeo para la Investigación de las Partículas), con sede en Ginebra, dedicado a la investigación nuclear; el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, en Heidelberg; la Agencia Espacial Europea , y el JET, que se dedica a la investigación sobre fusión.


La imagen popular de la ciencia y la tecnología
Hasta aquí hemos tratado las amplias interrelaciones dentro de la propia ciencia. Ahora debemos considerar las no menos importantes relaciones entre la ciencia y el ciudadano comente. Durante la primera mitad de este siglo, al igual que ahora, la ciencia tuvo más repercusiones que los científicos. Unos pocos nombres, pero no necesariamente los más destacados, lograron fama mundial: Roentgen, Marconi, Edison, Einstein y Zeppelin figuran entre los más recordados. Pero, en general, la población advirtió sobre todo las consecuencias sociales de los avances científicos y tecnológicos. Durante la primera década del siglo, las novedades fueron el automóvil, la radio, la luz eléctrica, el cine, el gramófono, los alimentos congelados, la aspiradora y la limpieza en seco.

En la cara opuesta de la moneda, el ciudadano corriente fue testigo de la desaparición de elementos que formaban parte de la vida desde los tiempos más remotos. La llegada del automóvil, por ejemplo, determinó el abandono casi total del caballo como medio de transporte. La medida de la velocidad y alcance del cambio la da el hecho de que relativamente poca gente puede recordar un mundo en el que la radio y la televisión no fueran poderosos medios informativos.

Sin embargo, hasta pasada la Primera Guerra Mundial ninguno de los dos existía siquiera, y los principales medios de difusión de la información eran las conferencias en vivo y los artículos publicados por los periódicos y revistas. En cuanto a la ciencia, la prensa popular dedicaba poco espacio a los temas científicos y tecnológicos, situación que no cambiaría sustancialmente durante más de medio siglo. La situación era diferente, en cambio, en el caso de las conferencias.

Durante el siglo XIX, la mayoría de las grandes ciudades y muchas de las pequeñas en Europa y América tenían sociedades locales para el fomento de una amplia gama de intereses intelectuales, como la música, la literatura, el arte y también la ciencia. Las conferencias de los viernes por la tarde en la Royal Institution de Londres atraían a un refinado público y contaban a menudo con la asistencia de miembros de la familia real, y la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester tenía su homologa en la Sociedad Literaria y Filosófica de Nueva York.

Este tipo de sociedades, que todavía florecen en las comunidades pequeñas, se contaban por cientos. Aunque individualmente eran pequeñas, en conjunto tenían probablemente decenas de miles de miembros y representaban, por lo tanto, un medio importante para que los legos se mantuvieran al tanto de los acontecimientos y pudieran discutir los últimos avances conseguidos por la ciencia.

Por encima de estas organizaciones locales, había además una serie de importantes instituciones nacionales. El prototipo de estas instituciones era la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia, fundada en 1831 como foro para que los científicos no sólo se comunicaran entre sí, sino que informaran al público, labor que en opinión de muchos la Royal Society estaba descuidando enormemente.

La asociación celebraba sus reuniones anuales en diferentes ciudades de Gran Bretaña y, muy esporádicamente, en otros países de la Commonwealth. Atraía audiencias de miles de personas y sus actividades aparecían ampliamente reflejadas en la prensa, una excepción a la general indiferencia periodística hacia los asuntos científicos. La asociación todavía funciona, pero en los últimos años ha dejado de prestar atención a la ciencia en sí misma para concentrarse en sus repercusiones sociales. También en otros países había instituciones similares. La Asociación americana para el Progreso de la Ciencia, fundada en 1848, sigue celebrando reuniones anuales sumamente concurridas. Una asociación francesa de estas características se fundó en 1878, una india en 1876 y otra en Australia y Nueva Zelanda en 1888.

Especialización creciente
Los primeros científicos consideraban que su campo de estudio era todo el mundo natural, desde los cuerpos celestes descubiertos a principios del siglo xvn por los telescopios de Galileo, hasta el mundo de los microorganismos que Antony van Leeuwenhoek observó con sus microscopios a finales del mismo siglo. Sin embargo, el siglo XIX marcó el fin de esta era. La expansión de los conocimientos hizo que la especialización, al menos en cierto grado, resultara inevitable. Hacia 1900 habían surgido ya cuatro grandes ramas de las ciencias naturales: la química, la física, la biología y la geología.

Las dos primeras, que recibían el nombre de ciencias físicas, se ocupaban del mundo inanimado; uno de sus rasgos distintivos era la naturaleza esencialmente cuantitativa de sus resultados, expresados en términos matemáticos. Esta relación queda sucintamente reflejada en el aforismo según el cual la matemática es la doncella de la ciencia. Pero éste no era básicamente el caso de la biología, que abarcaba todo el mundo vegetal y animal y se basaba más bien en observaciones y descripciones.

La geogología resultaba ligeramente anómala. Si bien se ocupaba sobre todo de la materia inanimada (las rocas y minerales de la corteza terrestre), gran parte de sus investigaciones dependían de la observación y clasificación de los restos fósiles de los organismos que vivieron en el pasado.
Con el transcurso del siglo XX, esta divergencia en campos especializados se volvió todavía más pronunciada, hasta el punto de que los especialistas de las diferentes ramas dejaron de comprenderse claramente entre sí. La química, por ejemplo, se dividió en química inorgánica y fisicoquímica. Paradójicamente, sin embargo, surgió al mismo tiempo una complicada red de interconexiones, cuando cada una de las especialidades descubría que tenía algo en común con las otras. Los biólogos y los químicos, por ejemplo, encontraron un ámbito común durante los años 20, período en que apareció la bioquímica, el estudio de los procesos vitales. Después de la Segunda Guerra Mundial, la bioquímica produjo una importante rama: la biología molecular, que estudia la naturaleza de los organismos vivos en el nivel molecular.

Así pues, el siglo XX heredó y profundizó estas pautas sociales internas, en las que los diferentes grupos reconocen y aceptan la existencia de los otros pero encuentran difícil comprender sus trabajos. Sin embargo, sobre esta estructura había además otro sistema de castas de diferente tipo. Los científicos académicos, con sus investigaciones «puras», seguían adoptando con frecuencia una postura de superioridad con respecto a los que aplicaban la ciencia a fines prácticos. Aun así, eran cada vez más estos últimos los que realizaban los descubrimientos que estaban cambiando las economías del mundo occidental y, en último término, los que proporcionaban los recursos para que la investigación académica pudiera desarrollarse. Entre los inventos y descubrimientos realizados por la industria figuran las sulfamidas (medicamentos), la baquelita, el nilón, el poliéster y el polietileno (materiales), el láser y el transistor.

El reconocimiento del importante papel de los técnicos queda implícito en la palabra «tecnocracia» (y más adelante «tecnócrata»), que indica una sociedad en la que los recursos industriales son desarrollados para el bien común por expertos técnicos. El término fue acuñado en Estados Unidos y se utilizaba ya en 1919, aunque no se generalizó en Europa hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Fuente Consultada:
El Estallido Científico Trevor I. Williams
Atlas de la Historia Universal – The Times
Civilizaciones de occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel

Cristobal Colon y el Diametro de la Tierra Escala y Distancias

Cristobal Colón y el Diametro de la Tierra

Suele creerse que Colón fue el explorador europeo con más éxito y el que descubrió lo que ahora es América del Norte. En realidad, ninguna de las dos cosas es cierta. No encontró ni oro ni plata en grandes cantidades, y lo único que vio del continente fue un tramo de América Central y del Sur en su cuarto y último viaje. Pero bien, ahora hablaremos respecto a la idea que tenía este navegante sobre la forma y medidas del Planeta.

La seguridad que mostraba Colón de que se podía encontrar fácilmente una ruta hacia la China de Marco Polo y las especias de la India navegando hacia el oeste a través del Atlántico se basaba en un error de cálculo elemental.

Cristobal Colón

Tras estudiar las obras de antiguos exploradores fenicios y cartógrafos árabes, llegó a la errónea conclusión de que la distancia entre Asia y Europa era de sólo 3.600 kilómetros (la distancia real entre España y China navegando hacia el oeste es de unos 24.000 kilómetros). Colón tenía buenas razones para dar a entender que la travesía sería corta, puesto que ningún patrocinador sufragaría un viaje con un tiempo de navegación tan largo que impidiera proporcionar suficiente comida y agua a la tripulación.

En 1492 Colón consiguió finalmente el apoyo financiero que necesitaba. Ese mismo año los reyes españoles, Isabel y Fernando, que con su matrimonio habían unido las coronas de Castilla y Aragón, y este gobierno español deseaba encontrar una nueva ruta hacia las riquezas de Oriente, no sólo para arrebatar a los mercaderes musulmanes su dominio comercial, sino para competir con la exploración portuguesa de la Costa Dorada de África. Ahora dos de las principales potencias europeas, Portugal y España, compartían los mismos objetivos estratégicos: basar su crecimiento económico en la exploración marítima y destruir así el control que ejercían los otomanos sobre el mar Mediterráneo.

Respecto a este tema, el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

«….Colón jamás sostuvo que la Tierra era redonda. O mejor dicho, jamás discutió tal cosa: la polémica que enfrentó a Colón con los geógrafos de la corte de Portugal primero y de Castilla después no tuvo nada que ver con la redondez de la Tierra. Más aún, en esas polémicas —y también en contra de la leyenda popular— lo que los geógrafos argüían contra Colón era perfectamente atinado y la postura de Colón era un disparate.

Ocurre que en la época de Colón la esfericidad de la Tierra ya era un hecho perfectamente establecido (en el mismo año 1492 ya se hizo un globo terráqueo). Es más: no sólo todo el mundo (o por lo menos todo el mundo ilustrado) sabía perfectamente que la Tierra era esférica, sino que los geógrafos tenían una idea aproximada de sus dimensiones. Y eso, desde hacía dieciséis siglos, ni más ni menos: ya Aristóteles había establecido la redondez de la Tierra y 230 años a. de C. Eratóstenes de Cirene había calculado su circunferencia en unos cuarenta mil kilómetros (cifra muy aproximada a la verdadera). Por otra parte, el sistema astronómico de Tolomeo (siglo II), que reinó omnipotentemente hasta el siglo XVI, daba por supuesta esa redondez; Tolomeo mismo estimó la circunferencia terrestre en 30.000 km (cifra ligeramente menor a la verdadera).

Hasta tal punto se confiaba en la redondez de la Tierra, que en el año 1487 el rey Juan II de Portugal —y de acuerdo con una comisión de expertos— autorizó a dos navegantes, Fernando Dulmo y Joáo Estreito, para que navegaran hacia el oeste intentando descubrir la isla de la Antilla. Aunque la expedición de Dulmo y Estreito jamás regresó, sobre la redondez de la Tierra todo el mundo estaba de acuerdo: el punto de conflicto entre Colón y los “sabios de la época” era muy otro.

Colón basaba su idea en una estimación completamente falsa —o por lo menos totalmente especulativa— sobre la distancia a cubrir entre Europa y las Indias navegando hacia el oeste: el Gran Almirante sostenía que se trataba, a lo sumo, de 4.300 kilómetros, y los geógrafos le contestaban que esa cifra era un disparate, en lo cual estaban mucho más cerca de la verdad que Colón: la verdadera distancia es de diecinueve mil quinientos kilómetros.

En realidad, Colón había llegado a esa cifra (4.300 km) por métodos un tanto tortuosos. Por empezar, había un viejo argumento teológico: la cartografía medieval aceptaba sin mayores discusiones una afirmación del profeta Esdras: “El secó seis partes de la Tierra”, y en consecuencia, entre los ultraortodoxos era un axioma que la Tierra estaba compuesta por seis partes de tierra firme y sólo una séptima parte de agua, de donde los océanos no podían ser tan grandes y las distancias marítimas tampoco.

Por otra parte, es verdad que las estimaciones de la circunferencia de la Tierra variaban entre las del Atlas Catalán de 1375 —treinta y dos mil kilómetros— y las de Fra Mauro (1459), treinta y ocho mil kilómetros, en todos los casos menores que el tamaí~o real. También variaban las estimaciones de la extenSión del Asia hacia el este, medida desde Portugal:

desde un mínimo cte 116 grados (según Tolomeo) hasta 225 grados según otros cartógrafos (la verdadera es 131 grados). Obviamente, cuanto más se extendiera el Asia hacia el este, más cerca estaría por el oeste.

Ahora bien: es posible que durante sus viajes anteriores Colón hubiera oído hablar de las tierras encontradas al oeste por los vikingos, pero lo cierto es que acomodó los juegos de cifras para que se ajustaran a lo que más le convenía. Usó un mapa dibujado por el cosmólogo florentino Toscanelli y basado en afirmaciones un tanto arbitrarias de Marco Polo según las cuales Japón estaba a dos mil quinientos kilómetros de la costa de China, modificó los cálculos de Tolomeo hasta obtener una estimación de 4.780 kilómetros para la distancia marítima entre Europa y Asia.

Pero no conforme con esto, Colón, para decirlo suavemente, “afinó el lápiz” y tomando cálculos y mapas de Alfrageno, científico musulmán del siglo IX, logró autoconvencerse de que Japón se encontraba sólo a 4.300 kilómetros al oeste de las Islas Canarias, cifra completamente ridícula, porque según ella Japón estaba ubicado más o menos donde está Cuba. Esto era forzar demasiado la geografía de la época, y no es de sorprender que los cosmógrafos consultados por los reyes de Portugal y Castilla consideraran irrazonable la empresa.  Naturalmente, ellos no podían adivinar que en el medio se iba a interponer la elegante figura de América. Pero tampoco lo adivinó Colón que, además, cuando la tuvo delante, fue incapaz de dar-se cuenta de que estaba en un nuevo continente y no en el Japón, como sostuvo hasta el final de su vida.

Así, pues, Colón no fue un visionario sino solamente un mal geógrafo —y buen navegante— al que ayudó la suerte. Basándose en un conjunto de datos falsos —y manipulados— llegó a un lugar que no era el que buscaba y ni siquiera fue capaz de darse cuenta.»

El metro y la revolución francesa Historia el Metro Patron

Historia el Metro Patrón

En los agitados años que siguieron a la Revolución Francesa de 1789, por fin se autorizó a la Academia de Ciencias de Francia efectuar una urgente reforma: el establecimiento de un sistema de medidas sencillo y lógico. Urgía establecerlo para simplificar tanto el comercio internacional como el local, pues aun dentro de Francia las medidas variaban mucho de una población a otra.

Un comité (entre cuyos miembros estaban dos reputados científicos, el químico Antoine Laurent de Lavoisier y el matemático Joseph-Louis Lagrange) acordó que, para facilitar los cálculos, el nuevo sistema debía basarse en el número 10, y que la unidad básica de longitud debía equivaler a la diezmillonésima parte de una línea que atravesara París desde el Polo Norte hasta el ecuador. Se estimó que tal línea medía 10 000 km, y se llamó metro a dicha unidad básica.

Tomó ocho años completar las mediciones y los cálculos requeridos, y no fue hasta 1799 que la joven República de Francia adoptó formalmente el nuevo sistema métrico decimal de pesas y medidas.

En 1989 Francia celebró con bombos y platillos el segundo aniversario de la Toma de la Bastilla, que se ha constituido en el símbolo convencional que marca el inicio  de la Revolución Francesa. Ya había empezado en realidad desde el 5 de Mayo de 1789 cuando estaban reunidos en Versalles los Estados Generales , que el día de la inauguración se separaron al giro de Viva el Rey!. Los distintos Estados se mandaron embajadores: el Estado Llano invitó a los dos restantes (el Clero y la Nobleza) a unirse con él.

revolucion francesa

Algunos diputados sueltos de los Estados privilegiados respondieron; con ellos, el 17 de junio, el Estado Llano se proclamó Asamblea Nacional, y decidió que el día en que se disolviera cesaría en toda Francia la percepción de impuestos que no hubieran sido votados por ella.

Los diputados retomaban el viejo principio: “No hay impuesto sin representación”.

Era una medida audaz, que marcaba el ritmo de los tiempos en curso.

El 23 de junio Luis XVI quiso cerrar la Asamblea: el Estado Llano resistió, el rey terminó por ceder y dispuso la reunión de los tres órdenes. Pero el 11 de julio, un nuevo tour deforce en la Corte impuso al partido de la Reina y destituyó al ministro de Hacienda, Necker. Un día más tarde la noticia llegó a París. El pueblo temía un golpe de Estado y la ciudad se llenó de rumores.

El pan escaseaba. En los jardines del Palais Royal. Camille Desmoulins se trepó a una silla y anticipándose a La Marsellesa, gritó: ¡a las armas! El 13 de julio el pueblo saqueó las armerías, trató de forzar los arsenales, sacó del Palacio de los Inválidos veintiocho mil fusiles y cinco cañones y, habiéndose enterado de que los depósitos de pólvora habían sido trasladados a la Bastilla, empezó a concentrarse a su alrededor. El 14 de julio comenzaba.

Mientras la Revolución empezaba a desplegar su violenta y temible dinámica, se retomaba un viejo sueño de la Academia Francesa de Ciencias: basar los sistemas de medida en un standard permanente. En 1790, la Asamblea Constituyente aprobó la propuesta de Talleyrand de que se estudiara un sistema de nuevas unidades de pesas y medidas que sirviera para todas las naciones.

Muy francesamente, se decidió adoptar como unidad de longitud una diez millonésima de la distancia entre el Polo Norte y el Ecuador, calculada sobre el meridiano que cruza París: el metro. Dos ingenieros, Jean Delambre y Pierre Méchain, se esforzaron por medir rigurosamente la distancia entre Dunkerque y Barcelona, a partir de la cual la Academia podría calcular lo demás.

Los avatares de la Revolución destruían el antiguo orden: la Asamblea Constituyente dio paso a la Legislativa, y ésta a la Convención; Francia se transformaba en República. Luis XVI y María Antonieta subieron al cadalso.

La tarea de Delambre y Méchain fue larga y penosa: llevó seis años. Cayó Danton; luego Robespierre (27 de julio de 1794). El nuevo orden necesitaba una nueva manera de medir el mundo. Por ley del 7 de abril de 1795 (18 Germinal del año III), la República adoptó el sistema métrico decimal; el metro sería la nueva vara de medir: libertad, igualdad, fraternidad.

El Directorio, y más tarde el Consulado, prepararon el camino del Imperio. Se fabricó una barra de platino e iridio, que fue depositada en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de Sévres, cerca de París. Sobre la barra, se grabaron dos finísimas marcas: la distancia entre esas dos marcas definía el metro. Este metro patrón sobrevivió a la República, al Imperio y a la Restauración. En verdad, reinó indiscutido durante casi doscientos años.

En 1983, en la Conferencia Internacional de Pesas y Medidas, en París, el metro patrón fue derrocado y redefinido como !‘la distancia recorrida por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo”. Así, la unidad de longitud queda subordinada a la unidad de tiempo, bajo la férrea vigilancia de una de las constantes universales: la velocidad de la luz en el vacío, que según la teoría de la relatividad de Einstein es la misma, medida desde donde se mida, desde cualquier sistema de referencia posible en el universo.

Dista de ser una curiosidad. El deseo de universalidad de quienes quisieron basar el sistema de medidas en las dimensiones de la Tierra, el metro de la República Francesa —Una e Indivisible— calculado en función del meridiano de París, cedió al anhelo cósmico de una época que considera haber descifrado una de las claves maestras de la naturaleza, y a la que el standard del siglo XVIII le parece poco: el metro debe ser definido en función de algo verdaderamente universal como la velocidad de la luz en el vacío. El propio Napoleón había dicho: “Las conquistas serán olvidadas, pero el sistema métrico pasará a los siglos venideros.”

El 14 de julio de 1789, el rey de Francia se dedicó a la caza durante todo el día; luego, fatigado, se fue a acostar. El 15 por la mañana el duque de Liancourt lo despertó y le relató los acontecimientos de París. Es una revuelta?”, preguntó Luis XVI. “No, Majestad”, contestó el duque, “es una revolución”.

el metro patron

Ver: Historia del Sistema Metrico Decimal y Sus Unidades

Fuente Consultada:
Basado en el libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

Los números perfectos Curiosidades Matematicas

Los Números Perfectos
Curiosidades Matemáticas

LOS NÚMERO PERFECTOS: El número que es igual a la suma de todos sus divisores recibe el nombre de número perfecto. Por ejemplo, el 28 es un número perfecto porque:

28 = 1 + 2 + 4+ 7 + 14

Euclides demostró que todo número primo n engendra un número perfecto N por aplicación de la fórmula:

2n-1(2n-1) = N

Si escribiéramos este número todo seguido, nos daría materia para el libro más voluminoso, más insípido, más inútil y más aburrido del mundo.

Respecto a este tema, el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

 «Los números perfectos impresionaron mucho a los matemáticos de la Antigüedad, muy acostumbrados a jugar con los números. Los griegos y los judíos (antiguos naturalmente) usaban letras para escribir las cifras, con lo cual cada número se podía asociar con una palabra y permitía sacar conclusiones esotéricas que harían palidecer a cualquier adicto a la quiniela. Por ejemplo’ el número 666 asociado con “la bestia” en el Apocalipsis porque la manera de estar escrito alude al emperador Nerón, que para los primeros cristianos era (y con razón) poco menos que un monstruo. Sin embargo, 666 no es un número perfecto.

En cambio, el pálido 6 sí lo es. Un “número perfecto” es aquel que coincide con la suma de todos sus divisores, exceptuado él mismo. Y el 6 cumple con el requisito: sus divisores son 1, 2 y 3, y 1+2+3 es exactamente igual a 6. Los comentaristas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento no dejaron de asombrarse de que el número de días que a Dios le tomó crear el mundo (descartando el séptimo día de descanso) fuera, precisamente un número perfecto.

Esta coincidencia no quedó simplemente en perplejidad sino que llegó a usarse como argumento teológico. Según San Agustín no obstante haber podido crear Dios el mundo en forma instantánea, prefirió emplear seis días porque “la perfección del número 6 significa la perfección del

Y si se tiene en cuenta que el siguiente número perfecto es el 28 (suma de 1+2+4+7+14), más o menos el tiempo que toma el ciclo de la Luna, es de suponer que durante mucho tiempo los calculistas se lanzaran a la caza de números perfectos. Pero los números perfectos son difíciles de cazar. Y son pocos. Después del pequeño 6 y el vigoroso 28, el número perfecto siguiente (el tercero) es 496,el cuarto es 8.128 y el quinto…  ¡33.550.336!

El sexto ya anda por los ocho mil millones. El octavo ya es un número de diecinueve cifras. Hoy se conocen veinticuatro “números perfectos”, de longitudes verdaderamente inverosímiles: el vigésimo cuarto número perfecto tiene más de doce mil cifras. Naturalmente, estos números se manejan e investigan mediante computadoras.

Y hay misterios, misterios sin resolver. Por empezar, no se sabe si existe algún número perfecto impar. Tampoco se sabe si existen infinitos números perfectos. Nadie debería extrañarse si mañana mismo alguien anuncia haber descubierto el vigésimo quinto número perfecto: no lo intente el lector, ya que es una tarea ingrata.

Y vale lo dicho en 1811 por el descubridor del noveno número perfecto (demasiado largo para escribirlo aquí, ya que tiene treinta y siete cifras). “Los números perfectos son meras curiosidades sin utilidad alguna”. «

Los Números Primos

La Conjetura de Goldbach
Fuente Consultada: Basado en el libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

El enigma de Pigafeta en la vuelta al mundo con Magallanes

El Enigma de Pigafeta en la Vuelta al Mundo con Magallanes

CUENTA LA HISTORIA: Era Pigafetta, natural de la ciudad de Venecia, en la que nació a fines del siglo XV; su padre, de nombre Mateo, según algunos biógrafos, persona de posición, doctor y caballero, trató de darle educación esmerada e hizo que viajase y visitara los más importantes centros de instrucción italianos, en aquel entonces.

Pigaffeta, Cronista

Según algunos, Pigafetta conoció a Magallanes antes de que éste ofreciera sus servicios a España; y lo cierto es que en cuanto llegó a su noticia la empresa que el gran navegante portugués organizaba bajo los auspicios de España, abandonó la ciudad de los Dux y se trasladó a Barcelona, donde a la sazón estaba Carlos V.

Habíase conseguido algunas recomendaciones para personajes de la corte, a fin de que se le permitiera agregarse a los expedicionarios, consiguiendo autorización para que se le admitiera en clase de sobresaliente en una de las naos que se estaban alistando en Sevilla, a donde marchó sin demora para reunirse con el personal que había de formar la tripulación de la armada.

Sin que pueda sostenerse que Antonio Pigafetta fuera «famoso en toda Europa por sus conocimientos en filosofía, matemáticas y astrología», como supone el historiador veneciano Marzari, no hay motivo para creerle un aventurero ignorante y presuntuoso, como gratuitamente le califican muchos que murieron sin haber conocido el libro en que relata su viaje en la escuadra de Magallanes, y contiene además un tratado de navegación escrito por él; lo que demuestra que debió poseer conocimientos no vulgares en astronomía y náutica.

Tuvo la fortuna de ser de los pocos que disfrutaron salud durante todo el viaje, y uno de los diez y siete que con Sebastián del Cano llegaron a España en la Victoria, habiendo dado La vuelta al mundo. Desde el principio de la navegación puso en práctica la idea que concibiera antes de emprenderla, de escribir un Diario de la misma, trabajo que había más tarde de concederle un puesto preeminente en la historia de los grandes descubrimientos geográficos.

EL ENIGMA DE PIGAFETA: Para un navegante que vaya de este a oeste, los días son más largos porque sigue la dirección del Sol. Cuando cruza la línea de cambio de día, no cambia la hora, pero debe adelanta r en un día la fecha de su diario de a bordo.

Para un navegante que vaya de oeste a este, los días son más cortos. Cuando cruza la línea de cambio de día, debe retroceder en un día la fecha de su diario de a bordo.

En 1522, Juan Sebastián Elcano llegó a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con 18 de sus compañeros y 4 malayos a bordo de la nave Victoria.

Estos supervivientes de la expedición, emprendida por Magallanes el 20 de septiembre de 1519 con 265 marinos a bordo de cinco naves, acababan de dar la primera vuelta al mundo (en dirección oeste).

Elcano llegaba a puerto el sábado 6 de setiembre de 1522, pero en su diario de navegación constaba «viernes 5». Ignoraba el fenómeno del cambio de fecha. Posteriormente, Julio Verne utilizó este detalle en su novela La vuelta al mundo en ochenta días. El Servicio Internacional de Rotación Terrestre, establecido en París, regula por radio las señales horarias de todo el mundo.

También este enigma medieval, lo explica el divulgar científico Leonardo Moledo, de la siguiente manera:

«….[el enigma se produjo] fue cuando regresó la expedición de Magallanes y se llevaron la sorpresa de su vida al ver que les faltaba un día. Y es así: el ocho de septiembre de 1522, en el puerto de Sevilla, desembarcaron los dieciocho sobrevivientes de la expedición que al mando de Magallanes —muerto durante el viaje— había partido tres años antes (el 10 de agosto de 1519) con cinco naves y 250 tripulantes.

Y esos dieciocho sobrevivientes habían dado la vuelta al mundo. Fue una hazaña monumental, que despierta admiración no sólo por su magnitud, sinO porque se hizo sin la habitual violencia que los “descubridores” solían ejercer sobre los pueblos “descubiertos” y más débiles.

Ahora bien: entre los dieciocho sobrevivientes estaba Antonio Pigafetta, cronista de la expedición que había llevado un cuidadoso diario consignando los pormenores del viaje. Y hete aquí que al desembarcar se encontró con que las fechas de su diario y la de España, increíblemente, no coincidían: el día que en España era 8 de septiembre 8 sábado, en su diario era 7 de septiembre viernes. Pigafetta creyó que se trataba de un error y revisó una y otra vez el diario sin encontrar falla alguna. Al final, tuvo que rendirse a la evidencia: durante el viaje, un día ente­ro se había esfumado como por arte de magia.

La noticia causo sensación en toda Europa: un día entero desaparecido! ¿Adónde se había ido? ¿Cómo podía desaparecer un día? Finalmente, fueron los astrónomos de la corte papal quienes aclararon el fenómeno: explicaron que si se viaja alrededor de la Tierra hacia el oeste se pierde forzosamente un día, del mismo modo que si se cir­cunnavegara la Tierra hacia el este se ganaría un día.

Y la razón es ésta: cada “día” se debe a una rotación de nuestro planeta; si uno se mueve alrededor de la Tierra en el sentido de la rotación dará una vuelta más, silo hace al revés (como en el caso de Pigafetta) dará una vuelta menos.

Del mismo modo que si arriba de una calesita uno camina en el senti­do de la rotación, y da una vuelta completa, verá pasar el palo de la sortija una vez más que quienes se quedaron quietos; y si uno camina en sentido contrario, dando una vuelta completa, verá pasar el palo de la sortija una vez menos.

Lo interesante es que no importa la velocidad a la que se haga el viaje, ni lo que se tarde en hacerlo, ni el recorrido que se siga: siempre, al circunnavegar la Tierra, se perderá (o se ganará) un día: uno puede hacer el trayecto que quiera, ya sea una complicada poligonal en zigzag o ir derecho, puede hacerlo en una semana, en tres años o en diez siglos, pero siempre perderá (o ganará) un día y nunca más que un día al volver al punto de partida.

Julio Verne se aprovechó de este fenómeno en La vuelta al mundo en ochenta días, y Saint-Exupéry de alguna manera lo usa en El principito cuando éste relata de qué manera en su pequeño planeta podía ver cuantas puestas de sol se le ocurriera. Uno podría decir, pues, que el jet­lag es un concepto típicamente renacentista. Aunque esto sea forzar un poco las cosas, es agradable remontar hasta el Renacimiento un fenómeno tan moderno.

Fuente Consultada:
Libro Curiosidades de la Ciencia de Leonardo Moledo

Doblar un papel mas de siete veces al medio 7 veces Curiosidades

Curiosidad: Doblar un papel mas de siete veces al medio 7 veces

Supongamos que tiene un papel del tamaño de una hoja de periódico y con un espesor de 0,1 mm., o sea 1 décima de milímetro, propia del fino papel Biblia. ¿Cuántas veces cree que podrá doblarlo por la mitad? ¿Cinco, diez, veinte?,…inténtelo. ¿Ha logrado hacer el décimo pliegue? Felicidades, es usted un fortachón, porque ha conseguido doblar un grosor de papel de 10,24 cm, más ancho que el lomo de cualquier enciclopedia.

doblar un papel 7 veces

Cada vez que doblamos el papel por la mitad, duplicamos su grosor en progresión geométrica. Imagínese llegar al vigésimo pliegue, significaría que había conseguido una doblez de 104,86 m de altura.

Un elemento para la reflexión: cada vez que doblamos el papel es más evidente que pasamos de una situación en la que empezamos con un objeto plano, prácticamente de sólo dos dimensiones (anchura x longitud), a un objeto en tres dimensiones. O sea, que sin modificar el material, hemos alterado, mediante la simple duplicación, su representación en el espacio; en definitiva, un modo diferente de ver el mismo objeto.

Imagine un cubo de 1 cm. de lado, su volumen será: 1 x 1 x 1= 1cm3, ahora duplique el lado, osea vale 2, entonces ¿cuánto valdrá ahora el volumen?. Calculando es 2 x 2 x 2 = 8 cm3, es decir, que duplicando el lado de un cubo su volumen se octuplica. Muchas veces vemos una botella no mas grande que otra de medio litro, y resulta que su volumen es 2 litros, bien es consecuencia de los que acabamos de comprobar.

Respecto al doblado de un papel , el divulgador científico Leonardo Moledo, dice:

«….Es difícil imaginarse con qué pasmosa velocidad aumentaría el espesor de papel silo siguiéramos doblando y doblando: con sólo 20 dobleces llegaría a tener cincuenta metros. Pero eso no es nada: con 28 dobleces superaría los 8800 metros de altura del monte Everest y con 38 dobleces los doce mil kilómetros que mide el diámetro de la Tierra. Y eso tampoco es nada: si seguimos doblando el papel, después de 43 dobleces el espesor superaría los 380 mil kilómetros que nos separan de la Luna, y después de 52 dobleces, los ciento cincuenta millones de kilómetros que nos separan del Sol.

Pero aun así, no estamos más que al principio: después de haberlo doblado 58 veces, el espesor del papel será superior al ancho del sistema solar (que es aproximadamente doce mil millones de kilómetros) y con 70 dobleces llegaría más allá de Alfa Centauro, que es la estrella más cercana a la Tierra y que se encuentra a 4 años luz (un año luz, la distancia que la luz recorre en un año, equivale a diez millones de millones de kilómetros). Con 86 dobleces el papel sería más ancho que nuestra galaxia y con 90 dobleces alcanzaría Andrómeda, la galaxia más cercana a la Tierra y que se encuentra a dos millones de años luz. Con 100 dobleces, se encontraría a mitad de camino de los objetos más lejanos observados en el universo, a diez mil millones de años luz, y con un doblez más, sería más ancho que todo el universo conocido.

Estos sorprendentes resultados se deben al rápido crecimiento de las progresiones geométricas (1, 2, 4, 8, 16, 32, etc.), que aumentan a una velocidad pasmosa y anti-intuitiva: hay una leyenda que vincula este fenómeno al origen del ajedrez. Según esta leyenda, cuando Sissa, el inventor hindú del gran juego, se lo presentó al rey y éste le preguntó qué quería como recompensa, Sissa pidió “algo muy simple: un grano de trigo en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta y así siguiendo hasta completar el tablero”. El rey se asombró por la modestia de Sissa, accedió inmediatamente, ordenó que trajeran un poco de trigo y se empezara a llenar las casillas.»

Explicación de la Leyenda del juego de ajedrez
No se ha podido determinar el origen del juego de ajedrez. Se sabe que fue introducido en Occidente por los árabes, quienes lo habían aprendido de los persas. El califa Harún al-Rashid le regaló uno de marfil a Carlomagno. Ideado por un pueblo guerrero, dio pie a la anécdota que sigue.

Se atribuye su invención al brahmán hindú Sissan ben Daher, que presentó el juego al rey Shirham. Éste, embelesado, quiso compensar al brahmán y le pidió que formulara un deseo. Sissan le respondió que le bastaría con un grano de trigo para la primera casilla, 2 granos para la segunda casilla, 4 granos para la tercera y así sucesivamente, doblando la cantidad hasta la casilla 64 del tablero. Al monarca le sorprendió la modestia de semejante petición y dio la orden de satisfacerla. «Imposible —le respondió su ministro tras haber efectuado los cálculos correspondientes— ¡habría que sembrar toda la Tierra de trigo y esperar la cosecha de varios años!»

El soberano ignoraba el alcance de una progresión geométrica de razón 2 hasta 263: colocando en la la 1° casilla  1 grano de trigo; en la 2° casilla 2 granos (21), en la 3° casilla 4 granos (22), en la 4° casilla 8 granos (23), en la 5° casilla 16 (24) granos, y al hasta la casilla 64°, donde  habría que colocar 263 granos. Este total representaría:

263 = 18.446.744.073.709.551.614 granos, lo que equivale a unos 9.557.898.400.000 m3 de trigo.

Si hubiera que almacenar toda esta cantidad de trigo, haría falta un silo de 5 m de altura, 8 m de ancho y 238.947.460 Km. de largo. Una alternativa sería ir suministrando al audaz inventor del juego la cosecha entera de todo el mundo durante más de 5.000 años.

Los llamados «juegos en cadena» se basan en el mismo principio y son simples engañabobos. Utilizados como sistemas de venta, conocidos también como «la pirámide», han sido prohibidos en varios países por tratarse de un timo.

Consisten en ofrecer al público una mercancía a un precio muy módico para conseguir el reembolso y un beneficio sustancial a base de colocar bonos a 4, 6 u 8 nuevos clientes llamados «ahijados». La interrupción de la cadena es inevitable: en el escalón 13 de 6 nuevos ahijados, habría más poseedores de bonos (13.060.694.016) que habitantes en la Tierra.

Fuentes Consultadas:
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

Rasputin Poderes Curativos Aspirina-Como curó la hemofilia

LOS PODERES CURATIVOS DEL MONJE RUSO

LA HISTORIA CUENTA QUE El Monje Rasputín cuando se instaló en San Petersburgo, mostró sus dones de sanador, hipnotizador y profeta entre miembros de la aristocracia. Su fama llegó hasta la zarina. Mas tarde una princesa montenegrina de la corte, lo presentó a los zares. Los emperadores vivían momentos aciagos: su hijo Alexis, hemofílico, estaba condenado a vivir aislado y protegido para no exponerse a morir prematuramente.

En octubre de 1906 Rasputín fue invitado a palacio. Entró, saludó a los zares y les dijo que el zarevich tenía hemofilia. Los zares, estupefactos -la enfermedad del heredero era secreto de Estado-, accedieron a la solicitud del campesino para orar junto a la cama del niño.

Rasputin el monje ruso

Se arrodilló, agachó la cabeza y estuvo una hora rezando. Poco después el pequeño se levantaba de la cama mientras sus padres lloraban de emoción. El zar Nicolás escribió aquel día una carta al primer ministro Stolypin, cuya hija, tras un grave accidente, llevaba meses sufriendo.

Al cabo de dos días, Rasputín se presentó en la casa del primer ministro y repitió la escena de la oración. Al día siguiente, la hija de Stolypin dejó de sufrir dolores y durmió bien. Nunca nadie encontró explicaciones científicas a estas reacciones.

La noticia corrió por San Petersburgo como el viento siberiano. Rasputín tuvo entrada libre al palacio y fue requerido por las familias nobles para pedirle consejos esotéricos, profecías y servicios curativos. Predijo, por ejemplo, el matrimonio desgraciado de Anna, una amiga de la zarina. Y la pareja se deshizo a los seis meses porque el marido borracho golpeaba a Anna. La zarina ya no dudó de los poderes de Rasputín.

Durante unas vacaciones en Polonia, en 1912, el zarevich sufría hemorragias en una pierna y las ingles. Se consumía en el dolor. Los médicos creían que le quedaba poco tiempo de vida Los sacerdotes ordenaron darle la extremaunción. Alejandra, desesperada, envió un telegrama a Rasputín. La respuesta no se hizo esperar. «Dios ha escuchado tus oraciones. No te aflijas. El niño no morirá», la calmaba el campesino. Al día siguiente, la hemorragia paró, sin que los médicos, descreídos de los poderes de Rasputín, hallaran explicación. (y aún hoy tampoco se la encuentran)

Respecto al tema el divulgador científico Leonardo Moledo, tiene una explicación sobre la cura milagrosa del monje y cuenta:

«La mágica curación del zarevich, sin embargo, tiene su explicación. Los médicos estaban tratando a su magno paciente con una droga novísima. Esa droga, según se sabe ahora, retarda indirectamente la coagulación de la sangre, y por lo tanto es contraindicada para los hemofílicos: no tiene nada de milagroso que el zarevich mejorara en cuanto dejó de tomarla.

A pesar de todo (y de Rasputín), la droga en cuestión más siguió una carrera ascendente y se hizo más popular que los cantares, los reyes y los políticos hasta el punto que hoy en día es el medicamento más utilizado (y probablemente el más barato) del mundo. Todos la conocen, y no tiene sentido seguir ocultando su nombre: ni más ni menos que “aspirina”, con el cual fue lanzada por un laboratorio alemán el 10 de febrero de 1899. En los posmodernos ‘GO, el mundo consume la increíble cifra de cien mil millones de comprimidos por año.

Y sin embargo, la aspirina es un medicamento muy antiguo. Desde el siglo I, se utilizaban ya las virtudes terapéuticas de la corteza, hojas y savia del sauce (que la contiene) para calmar fiebres y dolores, pero sólo en el siglo XIX se logró extraer y sintetizar el principio activo de los mejunjes tradicionales: primero la salicilina, luego el ácido salicílico, moléculas cíclicas y relativamente sencillas que presentaban, no obstante, serios problemas de intolerancia.

En 1853, el joven químico Gerhardt logró la acetilación del ácido salicílico y obtuvo el ácido acetisalicílico: la aspirina adquiría su forma actual y definitiva. El descubrimiento de Gerhardt, sin embargo, pasó desapercibido desde el punto de vista farmacéutico hasta que Félix Hoffmann (1867-1946) perfeccionó un método de acetilación a escala industrial, cuando el siglo XIX daba sus últimas boqueadas.

Probablemente, lo más notable de la historia de la aspirina es que, pese a su empleo masivo, hasta hace muy poco se ignoró (y todavía se ignora en parte) cuáles son sus mecanismos de acción. Recién en 1971 John Vane propuso una explicación satisfactoria al demostrar que la aspirina inhibe la síntesis de prostaglandinas, sustancias que acompañan y motorizan las inflamaciones.

De paso, como las prostaglandimis bajan el umbral de los receptores del dolor, éste disminuye. Debido a esos trabajos, Vane recibió en 1982 el Premio Nobel de Medicina. Pero con Premio Nobel y todo, el problema de la acción de la aspirina contra el dolor (salvo en el caso del dolor que acom­paña a las inflamaciones) sigue abierto.

Ahora:   aparte de estas acciones (contra las inflamaciones y el dolor), el simpático y vivaz ácido acetilsalicílico tiene muchas otras habilidades. No todas. recomendables por cierto: en el caso del síndrome de Reyes, de muy rara incidencia, que sólo ataca a los niños menores de un año y a los adolescentes, que se manifiesta por severos trastornos neurológicos y hepáticos, la aspirina puede agravar seriamente la situación, e incluso ser fatal (algunos países prohibieron la aspirina en ciertos medicamentos pediátricos).

También actúa retardando el proceso de coagulación de la sangre, lo cual la contraindica para los hemofílicos, como ilustra admirablemente el episodio de Rasputín. Pero en este caso equilibra los tantos: al retardar la coagulación sanguínea, ayuda disminuir el peligro de obstrucciones en las venas arterias y, por lo tanto, de embolias e infartos.

El espectro no termina allí: la aspirina actúa sobre tu cantidad enorme de afecciones, desde los resfríos hasta los reumatismos inflamatorios, la artrosis, migrañas, ciáticas, lumbagos, y la moderna investigación médica está echando el ojo a su aplicación en casos de cataratas y diabetes.

No es poco, por cierto. “El álamo crece, el sauce llora”, suele decirse, manera harto despectiva. Es muy injusto porque el sauce encierra el germen del ácido acetilsalicílico como lo muestra con su misma actitud. Al fin y al cabo todo el mundo sabe que, muchas veces, el llamado alivia el dolor.» (Ver Rasputín)

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ANTECEDENTES DEL NIÑO ENFERMO: La enfermedad del zarevitch, era heredada de su madre, la zarina Alejandra Feodorovna, cuyo nombre católico era Alice von Hesse-Darmastad, hija del gran duque Luis IV y nieta de la reina Victoria. Además de la locura de la familia Von Hesse, en la cual se contaban 21 enfermos mentales, la hermosa Alice había llevado a los Romanov la hemofilia, esa enfermedad hereditaria que transmiten las madres a los hijos varones. Presumiblemente, en el origen de la hemofilia, por la cual habían muerto un hermano y un tío de Alice, estaba la orgullosa reina de Inglaterra.

Los padres del zarevitch ya han renunciado a la impotente ciencia de los médicos que rondan cabizbajos por la oscura recámara. El pequeño Aliosha se queja desgarradoramente.

En su desesperación, la emperatriz confió la curación de su hijo a los más insólitos charlatanes. Entre ellos, el «doctor» Philippe Vachot, un aventurero parisiense, ex ayudante de carnicero, quien por un tiempo y sólo gracias a su sagacidad, pudo mantener la confianza de los zares. Una vez desenmascarado, Vachot fue devuelto sin honores a su Francia natal. Luego sería el turno de Mitya Kolyaba, un discípulo de la curandera Darya Osipova, epiléptico, que hacía pasar su histeria por estados de verdadera iluminación. Sus aullidos que más rozaban el histerismo, no hicieron más que asustar al doliente zarevitch.

Las razones de esta candidez en una mujer culta y enérgica como la zarina Alejandra Feodorovna, sólo pueden encontrarse en su encendido misticismo y su ardorosa fe, que rayaban en la superstición.

Descartada la ciencia (que en aquella época no tenía respuesta para la hemofilia), sólo le queda Dios, o más exactamente sus supuestos enviados, que pretenden curar al niño por medio de sus éxtasis místicos, ese fue el Monje Rasputín.

Fuentes Consultadas:
Rasputín y los últimos días del zar Cuadernillo N°7 National Geographic
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

Calendarios Juliano y Gregoriano Sus Modificaciones

Calendarios Juliano y Gregoriano Sus Modificaciones

¿Qué es lo que uno le pide a un año por venir? Por empezar que sea bueno, pero además que coincida con el año astronómico (365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos).

Al fin y al cabo, un año es el tiempo que tarda la Tierra en completar una órbita entera alrededor del Sol y una de las mínimas exigencias que debe tener un año de buena calidad es que su duración y la del viaje de la Tierra en su órbita sean iguales.

No se trata de un mero capricho: es interesante que las estaciones empiecen más o menos siempre en la misma fecha: que el otoño y la primavera (equinoccios) se produzcan el 21 de marzo y el 21 de septiembre, y que el comienzo del verano y del invierno (solsticios), el 21 de diciembre y de junio respectivamente.

El asunto de las estaciones era de vital importancia para las antiguas sociedades agrícolas que debían determinar las fechas de siembra y recolección.

Los primeros y primitivos calendarios lunares no conseguían encajar en el año solar: las discrepancias se corregían de tanto en tanto agregando un mes o algunos días extra.

Pero en el siglo I antes de Cristo, en Roma, los errores acumulados habían logrado que el año civil y el solar estuvieran desfasados en tres meses: el invierno empezaba en marzo y el otoño en diciembre, lo cual sin duda era bastante incómodo.

Julio César

Julio César introdujo la primera gran reforma. Impuso el uso universal del calendario solar en todo el mundo romano, fijó la duración del año en 365 días y seis horas, y para que esas seis horas de diferencia no se fueran acumulando se intercaló un día extra cada cuatro años: los años bisiestos tienen trescientos sesenta y seis días.

La reforma entró en vigencia el 10 de enero del año 45 a. de C. —805 de la fundación de Roma—. Con el tiempo, se impuso la costumbre de tomar como bisiestos los años que son múltiplos de cuatro.

Pero aquí no acabó la cosa, ya que el año juliano de 365 días y seis horas era un poco más largo (11 minutos y 14 segundos) que el año astronómico real, y otra vez los errores empezaron acumularse: a fines del siglo XVI las fechas estaban corridas alrededor de diez días, y la primavera empezaba el 11 de septiembre: el Papa Gregorio XIII emprendió una nueva reforma para corregir las discrepancias y obligar a las estaciones a empezar cuando deben: por un decreto pontificio de marzo de 1582, abolió el calendario juliano e impuso el calendario gregoriano.

Se cambió la fecha, corriéndola diez días: el 11 de septiembre (día en que se producía el equinoccio de primavera) se transformó “de facto” en el 21 de septiembre, con lo cual se eliminó el retraso acumulado en dieciséis siglos y el año civil y el astronómico volvieron a coincidir.

Pero además se modificó la regla de los años bisiestos: de ahí en adelante serían bisiestos aquellos anos que son múltiplos de cuatro, salvo que terminen en dos ceros.

De estos últimos son bisiestos sólo aquellos que sean múltiplos de cuatrocientos (como el 1600).

Los otros (como el 1700) no. Así, ni el 1800 ni el 1900 fueron años bisiestos. El año 2000, sin embargo, lo será (porque aunque termina en dos ceros es múltiplo de cuatrocientos): la formula permite eliminar tres días cada cuatro siglos, que es la diferencia que acumulaba el calendario juliano en ese lapso.

Papa Gregorio

Sin embargo, aun el “año gregoriano” con todas sus correcciones es 26 segundos más largo que el año astronómico, lo cual implica un día de diferencia cada 3323 años.

Para corregir esta pequeña discrepancia se ha propuesto sacar un día cada cuatro mil años de tal manera que el año 4000, el 8000 o el 16000 no sean bisiestos (aunque les toca).

En todo caso, de la longitud del año ocho mil, o dieciséis mil, no necesitamos preocuparnos ahora: los años que estamos usando tienen una duración más que aceptable.

Fuentes Consultadas:
Rasputín y los últimos días del zar Cuadernillo N°7 National Geographic
Curiosidades de la Ciencia Leonardo Moledo

Historia de la Medición del El Tiempo Desarrollo del Reloj Medir

Historia de la Medición del El Tiempo

INTRODUCCIÓN:  Las cuatro dimensiones conocidas hasta el momento, las conforman el tiempo y las tres que describen un espacio en sus tres coordenadas X, Y, y Z, en donde se encuentra el Universo.  Especulaciones se han dado, buscando una quinta dimensión, donde podría existir la antimateria o un Universo paralelo al nuestro, pero sin una comprobación científica valedera.

Refiriéndonos a la primera dimensión, el tiempo, cualquier persona que por un momento  haya pensado sobre él, estará de acuerdo con San Agustín (354-430 d. de C.). San Agustín en sus ”Confesiones” (XI, 14)(1) escribió: “Que es el tiempo? Como nadie me pregunta, siento que yo lo sé. Pero si tengo que explicarlo, no lo sé.” Es decir una definición concluyente del tiempo parece imposible darla. Cuando empezamos a definirlo ya se nos ha escapado y si lo reducimos a un concepto se mueve aun más lejano de nuestro alcance.

Tratando de estar de acuerdo con la concepción del tiempo dado por la lengua alemana en el sentido de que el tiempo es derivado de sucesos de ayer, hoy y mañana, podemos concluir que cuando pensamos en el tiempo estamos pensando en la vida, el nacer y morir, porque tenemos conciencia de esa realidad.

Por otra parte el Universo ocupa las otras tres dimensiones, encerrando aún grandes misterios para los científicos que incansablemente tratan de resolver. Ya desde los inicios de los primeros cosmólogos Sócrates, Platón, Aristarco de Samos, y Arquímedes que contemplaron el Sol, la luna y las estrellas, se preguntaban: ¿Qué somos, de dónde  venimos, a dónde vamos?; pasando por Aristóteles, Tolomeo, Copérnico, Kepler, Lemaitre,  quienes descubrieron las primeras leyes que rigen el movimiento de nuestro sistema solar, hasta Newton, Einstein, Hubble, Sandage, Zeidovich, Hawking y otros que han contribuido con sus teorías y descubrimientos para determinar que el Universo está en expansión,  continuamente el hombre ha querido encontrar el origen del Universo, si pertenecemos a un sistema cerrado o abierto y si este Universo algún día, dentro de miles de millones de años, lanzará su último suspiro, para dejar de existir.

El Universo sigue siendo inquietante,  misterioso. ¿Cuánta vida y atractivos esconde ese espacio tan infinito como desconocido?  ¿Qué hay más allá de nuestra vista, o de nuestro entendimiento? ¿Cuánto nos queda por aprender o descubrir de él? ¿Podremos algún día tener la capacidad para navegar a través de él?

Por ejemplo Aristarco de Samos (III a. de C.), sabio griego, ubicó al Sol en el centro del Universo y los demás astros girando alrededor de él. Arquímedes publicó estos trabajos en su libro “El Arenario”. Claudio Tolomeo (II d. de C.), elaboró otra teoría, donde la Tierra era el centro del Universo y estaba quieta. La Luna, Mercurio, Venus y el Sol los colocaba  casi en línea recta y a medida que se iba alejando, colocaba a Marte, Júpiter, Saturno a los que él llamaba estrellas inmóviles.

Nicolás Copérnico en 1543, en su libro “La revolución de las Esferas Terrestres”, publicó que el Sol estaba en el centro y los planetas a su alrededor, girando en movimientos circulares uniformes, lo cual fue confirmado por el  italiano Galileo Galilei, al estudiar las fases del planeta Venus, descubriendo experimentalmente que este giraba alrededor del Sol. Isaac Newton en el siglo XIX,  formuló las leyes de gravitación universal y dio explicación a las leyes del movimiento formuladas por Kepler. En 1928 el belga Georges Lamaitre, construyó un modelo en 2 expansión, mediante el cual era posible predecir lo descubierto por Hubble , al observar que las galaxias se alejaban entre sí al verificar el corrimiento al rojo de sus velocidades  relativas y que confirmaba la teoría de un universo en expansión.

Como puede verse, teorías, se han escrito muchas, algunas ya han desaparecido, otras han resistido las críticas y análisis de la comunidad científica, o cuentan con adeptos y las teorías más audaces persisten aun, aunque el único seguidor, sea su expositor. Bueno al fin  de cuentas todo el mundo tiene derecho a exponer sus ideas. Cuando Einstein, con su  pensamiento puro y visionario, expuso la Teoría de la Relatividad, nadie se lo creyó, solo el tiempo y comprobaciones científicas le dieron la razón.

En la figura No. 1, el telescopio Espacial Hubble, muestra una de las fotografías más interesantes del universo profundo visible jamás obtenido por la Humanidad. Este ha recibido el nombre de Campo Ultra profundo y el Hubble para su realización empleó una exposición de más de un millón de segundos, lo cual represento 400 órbitas del telescopio  espacial en torno a la Tierra. La imagen revela las primeras galaxias que emergieron de las llamadas «edades oscuras», los cuerpos que comenzaron a calentar el frío y oscuro Universo poco tiempo después del Big Bang. Ante esa inmensidad del Universo los científicos se  vieron obligados a inventar una magnitud de medida: el «año luz», esto es, la distancia que recorre la luz en un año (9.463.000.000.000 kilómetros).

Otro de los misterios que se vienen estudiando dentro del Universo son los llamados Agujeros Negros. A partir de la década del 60 del siglo pasado, comenzaron a descubrirse  cuerpos celestes que venían a corroborar apreciaciones teóricas anteriores de hace más de dos siglos.

El concepto de un cuerpo tan denso que ni la luz pudiese escapar descrito en un artículo  enviado en 1783 a la “Royal Society ” por un geólogo inglés llamado John Michell quien calculó que un cuerpo con un radio 500 veces el del Sol y la misma densidad, tendría, en su superficie, una velocidad de escape igual a la de la luz y sería invisible. Posteriormente  Laplace en 1796 en Exposition du Systeme du Monde, cuando demostraba su teorema que la fuerza de atracción de un cuerpo muy pesado puede ser tan grande, que la luz no pueda fluir fuera de él, lo confirmó matemáticamente. Con el avance de la ciencia  astronómica este concepto ha ido tomando mayor fuerza y ciertas observaciones hechas en   el cosmos, confirman su existencia, habiéndose bautizado dichos cuerpos como agujeros negros.

El hecho de que se hayan detectado y observado ciertas singularidades en el cosmos donde aparentemente no hay emisión de ninguna clase de energía, se ha relacionado con los cálculos teóricos que demuestran que cualquier objeto que emita energía desde un agujero negro, aparecerá indetectable desde el exterior ya que será tal la fuerza gravitacional generada por él, que impedirá que la luz (fotón portador de luz) salga y solo por su influencia gravitacional enorme a su alrededor se conoce su existencia.

Desde que el hombre comenzó a estudiar y comprender el tiempo y el Universo, como uno estaba ligado al otro, la raza humana empezó a progresar. Nuestros ancestros empezaron por estudiar las variaciones del día, como había un periodo de claridad seguido de un periodo de obscuridad, después comenzaron a observar ciclos regulares de las fases de la  luna, determinando que entre uno y otro cambio igual transcurrían aproximadamente 29,5días, después pudieron determinar las estaciones y como éstas tenían también un siclo regular pero mucho más largo que el ciclo lunar, así pudieron llegar al año, que es el periodo de rotación de la tierra alrededor del Sol y debido a la inclinación del eje de la tierra con relación a su órbita, da lugar a que la luz del Sol llegue a la Tierra en diferente ángulo a medida que ésta rota alrededor de él.

Después observando las noches pudieron determinar que las posiciones de los astros y las estrellas también tenían un significado en el transcurso del tiempo. Las civilizaciones pasadas, plasmaron estas observaciones a través de inmensas construcciones y monumentos en diferentes partes del mundo y que hoy en día nos permite entender como el conocimiento sobre el tiempo y el cosmos les permitió desarrollarse. Las civilizaciones que tenían más conocimiento sobre el tiempo y el Universo se desarrollaban mucho más rápido que las que no lo poseían.

En esta introducción no se puede terminar sin mencionar a Carl Edward Sagan (1934- 1996), venía de una familia pobre de emigrantes rusa, desde muy temprana edad, se interesó por el Cosmos y el porqué de todas las cosas que más tarde le llevarían a ser un pionero y un popular astrónomo, exobiólogo y divulgador científico en todo el mundo. Fue pionero también en campos como la exobiología y promotor del proyecto SETI («Search of ExtraTerrestreal Inteligence» literalmente: Búsqueda de inteligencia extraterrestre).

Se dio a conocer públicamente en la serie para la televisión de Cosmos: Un viaje personal, presentada por él mismo entre 1977 a 1980, escrita y producida para la KCTE deCalifornia. Fue titular de la cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio de la Universidad de Cornell y director del Laboratorio de Estudios Planetarios de dicha universidad. Decía Sagan: “Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo”.

Toda una realidad que me motivo a elaborar este libro.

UNIVERSO

Figura No. 1. El Universo Profundo o Campo Ultra profundo(3)

 CAPITULO PRIMERO EL TIEMPO:

LA MEDIDA DEL TIEMPO

El segundo es la unidad base de medición del tiempo  Pero que tanto es un segundo? Normalmente lo relacionamos con un suceso instantáneo. Pero que tan lejos estamos de la realidad.

Realmente en un segundo, un montón de cosas pueden pasar y verdaderamente pasan: La luz atraviesa aproximadamente una distancia de 300.000 Km., el hombre más veloz recorre 10 metros y así sucesivamente podríamos enumerar diferente eventos que ocurren en la unidad del tiempo.

La primera definición oficial del segundo data de 1875, cuando el Comité Internacional de  Pesos y Medidas, estableció el Sistema Estándar de Referencia Métrico, cerca de Paris. El segundo fue definido como 1/86400 parte de la medida de un día solar, computado sobre un número suficiente de años para reducir el error. Esta definición fue reemplazada en 1956  por la siguiente: “El segundo es igual a 1/31.556`925.947 parte del año tropical calculado a las 12:00 del día primero de enero de 1.900 en Greenwich.

En 1956, sin embargo, se fundó un Comité Internacional para revisar y definir el segundo, conduciendo a la dada en 1967 y que permanece inalterable hasta el momento: “El segundo es la duración de 9.162`631.700 periodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles híper finos del estado fundamental del átomo de Cesio 133.”

Ahora Ud. Sabe que está diciendo cuando promete: “Regreso en un segundo”, o “Espere un segundo”, expresiones usuales a cada segundo.

¿CÓMO SE MIDE EL TIEMPO?

En la antigüedad, el tiempo fue medido por la variación de la longitud de la sombra proyectada por una varilla al recibir el Sol. También fue medido notando que tanto se tomaba en pasar cierta cantidad de agua de un recipiente a otro, a través de una tubería delgada. Esta era la forma empleada por los romanos de la antigüedad para medir el tiempo permitido en los discursos frente a la corte. No solo el agua fue empleada como elemento, otros como la arena o el quemado de cierta cantidad de cera, también se usaron como medio para medir el tiempo.

Pero no fue sino hasta la edad media que se visualizó que la exacta medición del tiempo,  solo era posible con la ayuda de procesos periódicos. El péndulo con su movimiento oscilante, es la representación obvia de este principio.

Se ha afirmado que el astrónomo Árabe Ibn Junis uso el péndulo en sus estudios  astronómicos como elemento para medir el tiempo en el siglo XV. En los años recientes se ha descubierto en los manuscritos y planos de Leonardo Da Vinci, el uso del péndulo como elemento primario para medir el tiempo.

En realidad el uso de un elemento regulado por el péndulo vino a mediados del siglo XVII mucho después de estarse usando primero una corona no balanceada y después reemplazada por una rueda balanceada , como medio para medir el tiempo y al cual se le denominó reloj.

DESARROLLO DEL RELOJ

El reloj como mecanismo para medir el tiempo tuvo un periodo relativamente lento de  evolución.  En 1270 se manifestaba primero en iglesias y más tarde en edificios públicos al comienzo  del siglo XIV.

El siguiente desarrollo consistió en el empleo en modelos planetarios complicados,  operados por un sistema de reloj que tuvo su aparición en el siglo XIV, siendo refinados durante los dos siglos siguientes. El ejemplo más antiguo conocido es el gran reloj planetario construido por el Astrónomo y Matemático ingles Abbot Richard Wallingford, para el Monasterio Benedictino de San Albán al comienzo del siglo XIV. Este fue seguido por una producción independiente entre 1348 y 1364 por el Profesor de Astronomía, Medicina, Astrología, Filosofía y Física de la Universidad de Padua, Giovanni De Dondi.

La tradición de estos modelos planetarios continuó hasta el siglo XVI con ejemplos aun  más sofisticados. Juanelo Turriano, mecánico al servicio del Emperador Carlos V, desarrolló un gran modelo astronómico, donde gasto 20 años en su diseño y tres años y medio en su construcción. No pudo terminarlo antes de la muerte del Emperador en 1558 y  fue modificado por Turriano posteriormente de acuerdo con la reforma del calendario.

La preocupación científica durante el siglo XVII en las áreas de Astronomía, Navegación y Mecánica y la necesidad de demostraciones científicas, hicieron que se pensara en el reloj y su adaptación real para propósitos científicos, particularmente en Astronomía. Fue en este siglo donde apareció el péndulo, siendo sus principios estudiados por Galileo Galilei, quien visualizó su potencial aplicación al reloj y su empleo en la navegación para determinar la longitud en el mar. Los grandes viajes hechos por España y Portugal durante el siglo XVI,  después del descubrimiento de América por Colón, determinaron la gran necesidad de hallar la longitud en el mar. En 1530 Gemma Frisius, propuso que esto era posible  utilizando alguna forma de medir el tiempo, efectuándose numerosos intentos para su logro.

En 1598, el Rey de España ofreció un premio de 1.000 coronas por la solución práctica del problema, siendo adicionada otra oferta hecha por el Estado General de Holanda por 10.000 florines. Estos premios no fueron ganados y no precisamente porque no se hubiese hecho un gran esfuerzo para conseguir la solución.

En 1612 Galileo comenzó sus primeros estudios serios sobre la solución del problema. En  1636 propuso que la longitud podría determinarse, graficando los satélites de Júpiter, descubiertos por él, durante sus observaciones astronómicas. Sin embargo se requería un telescopio muy exacto a bordo, lo que dificultaba el objetivo, además del empleo de un reloj de tan aprobada exactitud imposible de construir para la época. En 1641 Galileo  traspasó a su hijo Vincenzio Galilei, el concepto del reloj regulado por un péndulo.

Vincenzio trató de realizarlo pero no pudo completarlo antes de su muerte, en 1649. El proyecto fue realizado finalmente por el mecánico Johann Phillip Trefler al Príncipe Leopoldo De Medici, algunos años mas tarde. Si Galileo hubiese terminado su proyecto, indiscutiblemente su reloj regulado por un péndulo hubiese sido superior al patentado por  Christian Huggens en 1657. Sin embargo, Galileo logró el desarrollo de la rueda volante para relojes, que solo vino a ser superado en exactitud a mediados del siglo XVIII.

Los experimentos con diferentes métodos para determinar la longitud en el mar continuaron a través del siglo XVII, Huggens desarrolló un reloj marino, que utilizó el resorte balanceado inventado por él, pero no tuvo uso práctico. Los hermanos Campani de Roma, propusieron varias soluciones al Rey Luís XIV y Archiduque Ferdinando De Medici, pero  ninguno de ellos tampoco tuvo uso práctico. Los premios ofrecidos por España y Holanda,  fueron reemplazados al comienzo del siglo XVIII (1704), por el ofrecido por el Parlamento Inglés (20.000 Libras esterlinas). Aunque se hicieron grandes esfuerzos, solo en 1764 se logró con el invento del cronometro por John Harrison, quien gasto la mayor parte de su  vida para conseguirlo.

El siguiente desarrollo importante, fue el de lograr un reloj de pulsera, para lo cual se hizo necesario realizar un gran trabajo en muchos campos hasta llegar al perfeccionamiento del mecanismo minutero. Fue necesario encontrar el material que ofreciera la suficiente fortaleza en dimensiones muy pequeñas. El péndulo eléctrico fue introducido en el siglo  XIX y el primer reloj eléctrico de pulsera fue hecho en Suiza en 1952. El circuito eléctrico consistía en un micro-contacto, una batería y una bobina.

La necesidad de medir el tiempo cada vez más exactamente, llevó al desarrollo del reloj  electrónico controlado por un oscilador de cristal de cuarzo hecho en 1928 y tenía el tamaño de una maleta. En 1934 la técnica electrónica desarrollada fue capaz de registrar la desviación anual de la velocidad de rotación de la tierra con la ayuda del reloj de cristal de  cuarzo. Esta desviación no fue conocida por los astrónomos sino hasta 1951. El primer reloj  de pulsera de cristal de cuarzo fue desarrollado entre 1967-1970. Este reloj aparte del cristal de cuarzo, pila y circuito electrónico, tenía las mismas partes que el reloj mecánico.

Su principio se basa en el efecto piezo-eléctrico del cuarzo cuando se aplica un voltaje alterno,  el cual produce oscilaciones a altas frecuencias, siendo reducidas a un impulso por segundo  para controlar un motor de paso. De esta forma se consigue exactitudes mayores que con los relojes mecánicos. Hoy en día se han mejorados en forma increíble este tipo de relojes de cuarzo, habiéndose introducido innovaciones en la presentación del tiempo en forma numérica con el despliegue de cristal liquido (LCD) y en el uso de pilas, incluyendo  recargables con energía solar o lumínica. Los últimos avances de la ciencia llevaron al desarrollo del reloj atómico, como el empleado para la definición del segundo, empleando el átomo de Cesio 133, que introduce un error de un segundo en 30.000 años, y el más  reciente desarrollado en Estados Unidos en 1999, con un error de un segundo en 20 millones de años.

RELOJ SOLAR


Figura No. 2. Reloj solar hecho en St. Rémy de Provence (6)

Desde el desarrollo de los primeros relojes empleando diferentes medios físicos como el  Sol, agua, arena, pasando por medios mecánicos utilizados en torres, iglesias y por monarcas y reyes por sus costos, hasta los hechos hoy en día y al alcance de cualquier persona, el reloj ha conservado su símbolo majestuoso de poderío, donde el mundo, incluyendo al hombre, gira alrededor de él, como magnetizado por el pequeño tic-tac que inexorablemente va marcando el tiempo, indicándonos no solo cuanto tiempo el universo ha existido, sino cuanto tiempo de vida nos queda por vivir.

EL CALENDARIO

La voz calendario⁸ procede de calendas y según Pérez Millán “es la combinación de  elementos cronológicos y consiguiente distribución del tiempo, usada en cada país para regular la actividad humana, señalando los días y épocas laborales y las festividades  religiosas y civiles”. Históricamente el desarrollo del calendario tuvo su dependencia de las  observaciones astronómicas. El día es medido de la rotación de la tierra sobre su eje, la semana se aproxima al cambio de fase de la luna, el mes es medido de la revolución de la luna alrededor de la Tierra y el año de la revolución de la Tierra alrededor del Sol.

Nuestros antepasados, particularmente los babilonios, basaron su calendario en el ciclo de  la luna y la medida lunar de los años ha sido preservada en el calendario moderno por los judíos, chinos y musulmanes. En contraste, los egipcios basaron su calendario en el Sol, siendo figura prominente en su religión. La civilización egipcia dependía del crecimiento
estacional del Nilo, el que fue asociado en forma muy cercana al ciclo solar. En la  antigüedad algunas civilizaciones determinaban el año solar observando una estrella brillante después de que se hacía invisible por la proximidad del Sol.

A menudo Sirius fue utilizada con este propósito. Promediado estas observaciones se  encontró que el año solar daba cerca de 365 días. Los sumerios fueron los primeros en dividir el año en 12 unidades, fueron ellos también los primeros en dividir el día, y lo hicieron siguiendo el mismo patrón de divisiones. Así como su año constaba de 12 meses y  cada uno de ellos de 30 días, sus días consistían en doce «danna” de 30 «ges» cada uno, sin embargo fueron los egipcios los que introdujeron el día de 24 horas.

En la Roma antigua, los meses se basaron en el ciclo lunar. Los Pontífices observaban la aparición de la luna creciente después de la luna nueva, para poder declarar el comienzo de un nuevo mes. Este primer día era llamado “Kalendae”, que significa llamamiento. Nuestra palabra calendario se deriva de este término.

Desafortunadamente para nuestra medida de tiempo, el ciclo lunar no corresponde a un  número exacto de días, ni la Tierra efectúa una órbita completa alrededor del sol, en un número exacto de días. El ciclo lunar es de 29.53059 días, la órbita terrestre alrededor del Sol toma 365.242196… días. De esta manera 12 meses son demasiados cortos para un año
y trece demasiado largo. Nuestra semana de siete días (basados en la religión), aunque muy  cercanos a la fase lunar, tampoco es un factor de periodo lunar, mes o año.

Cuando los romanos adoptaron el año solar Egipcio en la época de Julio Cesar, su propio calendario lunar-solar tenía demasiado error. Introducido a Roma por un Astrónomo Sosígenes de Alejandría, el calendario Egipcio fue ordenado para su uso oficial Romano por Julio Cesar en el año 45 A.C. y fue llamado calendario Juliano y se basaba en el año  solar de 365.25 días. El año fue dividido en meses, de los cuales once contenían 30 o 31 días y el doceavo solo 28 días.

El primer mes era marzo y el último febrero. Julio recibió su nombre después de Julio Cesar y Agosto después de Augusto Cesar. Ambos meses  recibieron 31 días en honor de los dos Cesares. El séptimo mes fue llamado septiembre, el  octavo octubre, el noveno noviembre y el décimo diciembre, derivados del latín septem, octo, novel y decem, que significan siete, ocho, nueve y diez respectivamente.

El calendario Juliano, perdía aproximadamente un cuarto de día por año. Esta pérdida era  corregida agregando un día extra al doceavo mes (febrero), cada cuatro años, llamada año bisiesto. Sin embargo este calendario gradualmente iba moviéndose con respecto a la  posición estacionaria del Sol con relación a las estrellas. El año Juliano esta desfasado once  minutos cuatro segundos más del tiempo aparente tomado por el Sol en aparecer en la  misma posición después de la órbita de la tierra alrededor de él.

En el año 1500 D.C., el error era aproximadamente de once días. Las festividades religiosas cristianas basadas en la semana santa, asumían fijo el Equinoccio de Vernal, el 21 de marzo y en consecuencia iban  quedando desfasados con el paso de los años con la realidad. Por consiguiente, el Papa  Gregorio XIII dio instrucciones para corregir la situación anterior, al Padre Jesuita Alemán Cristopher Schlussel, cuyo nombre latín era Clavius. (Clavius está inmortalizado por el nombre de un gran cráter lunar cerca al polo sur de la luna).

Clavius utilizó un esquema
ideado por el Astrónomo Napolitano Aloysius Lilius, en el cual los siglos no tendrían años  bisiestos a menos que fuesen divisibles por 400. Para corregir el calendario, el Papa Gregorio ordenó que el día 15 de octubre de 1582, fuese el 4 de octubre. A pesar de las grandes protestas de la gente por haberles robado 11 días de su vida, la corrección se  efectuó y el nuevo calendario fue llamada Gregoriano. El nuevo calendario Gregoriano  también movió el comienzo del año de marzo 25 a enero 1⁰, así que realmente se perdieron aparentemente más de 3 meses de vida.

El calendario Gregoriano, fue adoptado por casi todos los países Romanos Católicos y por  Dinamarca y Holanda en 1582. Pero fue solo después de dos siglos que finalmente fue aceptado en forma general. Durante ese tiempo se podía salir de Inglaterra en febrero 1679 y hallarse en febrero de 1680 en algunos países europeos y Escocia. Los días del mes  también eran diferentes entre Inglaterra y algunas partes de Europa.

Finalmente otros países comenzaron a aceptar el nuevo calendario. Los protestantes en  Alemania y Suiza lo adoptaron en 1700 omitiendo 11 días antes entre septiembre 2 y 14. Prusia lo adopto en 1778. Otros países lo siguieron como Irlanda en 1782 y Rusia en 1902. Después de la revolución francesa, un nuevo calendario fue adoptado por Francia, el primer  día del año comenzó en septiembre 22 de 1792. Este calendario fue utilizado hasta  diciembre 31 de 1805, cuando Francia aceptó nuevamente el calendario Gregoriano.

Existen otros calendarios en uso, particularmente siguiendo los eventos religiosos. El calendario judío usa el siclo lunar y solar. Los meses son meses lunares, pero son alrededor de 11 días menos del año solar. Un treceavo mes periódicamente debe ser intercalado para mantener algún sincronismo con el ciclo solar. El calendario Musulmán ignora el ciclo  solar completamente y sigue únicamente el siclo lunar, alternan meses de 30 y 29 días. Los  años comienzan en diferentes estaciones sobre un ciclo de 32.5 años. Antes de la Segunda Guerra Mundial, se trató de introducir un calendario de negocios de 13 meses, en el cual todos los meses tendrían cuatro semanas. Este calendario de negocios permitía un mejor  significado financiero, pero no recibió mayor aceptación.

En la siguiente tabla como referencia8 se enuncian los principales acontecimientos  relacionados con el desarrollo de medios y/o sistemas para medir el tiempo, desde la antigüedad hasta nuestros días.

FECHA ACONTECIMIENTO

1300 a. de C. Descripción del primer reloj solar en Abydos.

1200 a. de C. Descripción de un ortostilo (Proto reloj solar) en China hecho por el Astrónomo Tscheu-Kang.

520 a. de C. Anaximenes de Mileto es el primero en analizar el cómputo geométrico de  la proyección de la sombra.

293 a. de C. Primer reloj de sol de la civilización romana instalado en Roma en el  templo de Júpiter por Lucio Papiro Cursor.

270 a. de C. Se construye un reloj de agua por Cesibio.

50 a. de C. Se construye la famosa torre ortogonal de los vientos en Atenas por  Andronicus de Kyrrhos. Cada cara contenía un reloj solar orientado a cada una de las direcciones de los vientos.

46 a. de C. Se crea el calendario solar con años bisiestos por Julio Cesar y Sosígenes  en el imperio Romano.

1000 Los vikingos utilizan un sistema basado en el ángulo de la luz solar para  calcular la latitud. Igualmente comienzan los diseños de grandes relojes en torres e iglesias en Europa.

1295 Raimundo Lullus construye un reloj mecánico conocido como Horologium  Noctis.

1330 El ingeniero Richard Wallingford empieza la construcción de un reloj  planetario y lo termina 30 años después.

1335 Construcción del primer reloj mecánico conocido en Milán.

1400 El Astrónomo Jhon Slape diseñó un reloj de sol portátil universal llamado  Navicela Italiana o Navicula de Venteéis.

Construcción del primer reloj mecánico con campana en la iglesia de Santa  María en Sevilla España.

1502 Johan Stabius construye el primer reloj solar estilo axial y lo ubica en la Iglesia de San Lorenz en Numberg Alemania.

1582 Introducción del Calendario Gregoriano por el Papa Gregorio XIII

1656 Christian Huygens construye el primer reloj de péndulo.

1737 John Harrison construye el primer cronometro náutico para precisar la  longitud en el mar.

1884 Adopción del meridiano de Greenwich como referencia horaria mundial en  honor de Nevil Maskelyne.

1928 Construcción del primer reloj de cuarzo por Joseph Horton y Warren  Morrison.

1949 Construcción del primer reloj atómico basado en la vibración molecular de  la mecánica quántica.

2008 Lanzamiento del primer reloj atómico al espacio.

Tabla No. 1. Desarrollo de medios y/o sistemas para medir el tiempo

El lector, después de haber leído esta breve reseña histórica del tiempo y de cómo el  hombre lo ha visualizado y medido, entenderá que para nosotros el tiempo es relativo a las  posiciones espaciales de nuestro sistema solar, sin embargo, existirán otros sistemas de  referencia relativos, donde es posible que el tiempo no transcurra con la misma rapidez que
en nuestro sistema solar, es decir un siglo nuestro podría significar un día en otro sistema
espacial o viceversa.

Como bien lo supo describir Einstein(9) en su teoría “El Significado de la Relatividad” todo  es relativo y el espacio y el tiempo se encuentran íntimamente ligados entre sí y su tiempo relativo con respecto a otro observador, depende de la velocidad relativa entre ellos. En singularidades como los agujeros negros y la ergoesfera los físicos teóricos proponen, que  en sus inmediaciones el tiempo transcurre más lentamente e inclusive se podría viajar al  pasado al alcanzarse velocidades superiores a la de la luz.

En conclusión, el tiempo es tan intangible que no puede ser tocado, sin embargo está  presente, dejando una huella imborrable de su presencia en nuestras vidas, y como dice algunos proverbios en latín (10): “Collige, virgo, rosas dum flos novas et nova pubes et menor esto aevumsic properare tuum” y que significa: “Coge, niña, las rosas mientras  exista la flor fresca y la nueva juventud y recuerda que así corre tu tiempo”, o mejor aun “Neque dimisi tempus” es decir “Y no deje pasar la ocasión”, y uno de los más representativos de acuerdo al estado de ánimo: “lentiores tristibus, laetissimis  velocissimae discurrunt” y que significa “Para quien está triste, las horas pasan bastante lentas, veloces para quien está feliz”.

1 San Agustín. “Confesiones“ (XI, 14) 400 d. de C.

2 Edwin Powell Hubble (Noviembre 20, 1889 – Septiembre 28, 1953) Astrónomo norteamericano que cambió profundamente el entendimiento de nuestro Universo.

3 Página web: www.xtec.es/~rmolins1/univers/es/

4 Albert Ziegler. “Thoughts on time and its measurement”. Swissair Gazette., 1/1984.

5 Silvio A. Bedini. “The mechanical clock and the scientific revolution”. Swissair Gazette., 1/1984.

6  Página web: Enciclopedia virtual Wilkipedia.

7  Fabienne Xavier Sturm. “Le cadran d’une montre image de’une heure visage de’un temps”. Swissair
Gazette., 1/1984.

8  Enciclopedia virtual Wilkipedia.

9 Albert Einstein. “El significado de la Relatividad”. Espasa Calpe S.A., 1980.

10 Página web: El tiempo y la humanidad – La medida del tiempo.

Origen de los Cuasares y Pulsares Historia de su Descubrimiento

Origen de los Cuasares y Pulsares – Historia de su Descubrimiento

un paseo por el universo

UN POCO DE HISTORIA…

En la investigación astronómica, el descubrimiento de nuevos tipos de estrellas es análogo al descubrimiento de nuevos tipos de partículas en la física atómica. La radioastronomía reveló la existencia de discretas fuentes de radio en el universo, y en 1960, en Estados Unidos, A.R. Sandage consiguió un importante adelanto al identificar una de estas fuentes con un objeto tenuemente visible mediante un telescopio óptico. Era el primero de los quásars fuentes pequeñas pero sumamente energéticas, caracterizadas por una peculiaridad en sus espectros que indica que se mueven a una velocidad cercana a la de la luz.

En 1967, Anthony Hewish y Jocelyn Bell descubrieron el primer pulsar, otra fuente de ondas de radio que fluctúa periódicamente. Por un momento, pensaron que podían proceder de alguna forma distante de vida inteligente que trataba de comunicarse, pero esta posibilidad fue descartada cuando se descubrieron otros ejemplos del mismo fenómeno.

La frecuencia de las ondas de radio de los pulsares varía entre unas pocas centésimas de segundo y alrededor de cuatro segundos. Al parecer, los pulsare son estrellas neutrónicas colapsadas, es decir, objetos originalmente masivos donde la materia ha llegado a concentrarse tanto que los electrones y los protones se han unido para formar neutrones.

Probablemente, no tienen más de unos pocos kilómetros de diámetro, y la pulsación se debe aparentemente a su rápida rotación, del mismo modo que la cabeza giratoria de un faro produce un haz de luz a intervalos regulares en todas direcciones.

DESCUBRIMIENTO DE LOS PÚLSARES: Las estrellas de neutrones son tan diminutas que su existencia, predicha en 1934 por Fritz Zwicky y Walter Baade, no se confirmó hasta 1967. La persona que llevó a cabo la confirmación fue Jocelyn Bell, una estudiante graduada de veinticuatro años que trabajaba con Antony Hewish en la Universidad de Cambridge. Una de sus obligaciones era ayudar a construir una antena gigante de radio: un terreno de unas 2,5 hectáreas cubierto de puntiagudas antenas unidas por innumerables alambres extendidos paralelamente al suelo.

Conforme la Tierra gira sobre su eje, las antenas van recogiendo en rollos de papel de casi 150 metros de longitud las ondas de radio que llegan del espacio. La tarea de Bell —en todos los pormenores tan aburrida como la de Clyde Tombaugh cuando descubrió Plutón— consistía en revisar todas las señales que aparecían en los rollos de papel.

En noviembre de 1967, alrededor de un mes después de haberse completado el telescopio, Bell descubrió en una cinta «un poco de desaliño». Repasando los largos rollos de papel, encontró los mismos garabatos con aspecto de electrocardiogramas repetidas veces y procedentes de la misma parte del cielo. Se puso en contacto con Hewish. Antes de transcurrir un mes reapareció el rasgo.

Tenía una pulsación tan exacta que se registraba cada 1,3373011 segundos. Ninguna estrella conocida podía transmitir un latido tan monótono. Era tan regular, tan mecánico, que no parecía natural. Tal vez no lo fuese. En reconocimiento de tal posibilidad la fuente de radio no identificada fue denominada LGM (por Little Green Men, hombrecillos verdes). «La verdad es que no creíamos haber captado señales de otra civilización», recordaba más tarde Bell, «pero a todas luces la idea nos había pasado por la cabeza y no teníamos ninguna prueba de que fuese una emisión de radio absolutamente natural. El problema es interesante: si uno cree que quizás haya detectado vida en otro lugar del universo, ¿cómo anunciar los resultados de un modo responsable?».

El anuncio no hubo que hacerlo. Examinados kilómetros de papel, Bell descubrió señales similares en otros puntos del firmamento. Esto hacía pensar que el fenómeno era natural. «Era muy improbable que dos grupos de hombrecillos verdes hubieran elegido la misma inverosímil frecuencia y al mismo tiempo trataran de hacerse notar en el mismo planeta, en la Tierra», contaba ella. La teoría de los hombrecillos verdes se suprimió y los objetos fueron bautizados pulsares (por pulsating radio source, «fuentes pulsantes de radio»).

Thomas Gold, el científico nacido en Austria y vinculado a la hipótesis del Estado Estacionario, propuso que los pulsares y las estrellas de neutrones podrían ser el mismo animal. La idea —que ha sido aceptada— consiste en que, mientras se forman las estrellas de neutrones, inmediatamente después de explotar una supernova, el material estelar sería aplastado hasta reducirse a un pequeño volumen y los astros rotarían cada vez más deprisa, aumentando el campo magnético hasta convertirse esencialmente en un imán gigantesco.

De los polos magnéticos brotarían chorros de electrones, emitiéndose varias clases de radiaciones electromagnéticas, incluida luz visible. Al girar la estrella, esos chorros barrerían el cosmos muchas veces por segundo. Si se daba la casualidad de estar de cara a la Tierra, las estrellas rotantes irían encendiéndose y apagándose, encendiéndose y apagándose, encendiéndose y apagándose.

Y esto es exactamente lo que hacen los pulsares. Se caracterizan por unas pulsaciones claras y cronometradas con precisión, tan veloces —hasta una velocidad de 1.000 por segundo— que las grabaciones de estas ondas de radio son tan repetitivas como los disparos de una ametralladora.

Si los pulsares son en realidad estrellas de neutrones rotatorias, entonces debería ser posible encontrarlas arrellanadas entre los restos de las supernovas. La confirmación de esta posibilidad se halló en la nebulosa del Cangrejo, una amorfa mancha de luz situada en Taurus a la que puso nombre el astrónomo irlandés lord Rosse. Se sabe que la nebulosa del Cangrejo consiste en los restos de una supernova; ocupa el mismo lugar en que un astrólogo chino del siglo XI vio una «estrella invitada».

Y tiene, en el centro, un pulsar. Éste rota alrededor de su eje treinta y tres veces por segundo, y a cada pirueta lanza un rayo de ondas de radio y de luz que atraviesa el universo como el barrido gigantesco de un faro. Además, lo mismo que otros pulsares, va ralentizándose. Se espera que deje de emitir dentro de unos 10 millones de años.

Desde el descubrimiento del primer pulsar se han encontrado centenares de ellos y las personas que participaron en el descubrimiento original han sido premiadas por el hallazgo. Antony Hewish y su codirector del proyecto, Martin Ryle, ganaron el premio Nobel de física. Jocelyn Bell (ahora Burnell) no compartió el premio, aunque sí recibió muchísima publicidad, una buena parte de la que atraen las desafortunadas jóvenes científicas.

Años después recordaba que le habían hecho «preguntas relevantes como si era tan alta como la princesa Margarita (tenemos unas unidades de medida muy pintorescas en Gran Bretaña) y sobre cuántos novios había tenido a la vez». Después de su descubrimiento, aunque siguió trabajando de astrónoma, no continuó estudiando los pulsares. Pero su papel en el descubrimiento ha sido universalmente reconocido y su musical nombre está ligado desde ahora y para siempre al ritmo regular de las estrellas rotantes de neutrones.

Los quásares
En una fotografía, un quasar se presenta con una apariencia estelar: su imagen es similar a la de una estrella común46. Sin embargo, analizando detalladamente varios de estos objetos se pudo comprobar que pueden distinguirse ciertas peculiaridades a su alrededor <nebulosidades o «agregados»>, que los diferencian notablemente de las estrellas y que sugieren una estructura bastante más compleja. Su descubrimiento se debió a que los quásares son intensos emisores de radio ondas.

Sin embargo, luego pudo determinarse que también son fuentes de Rayos X, radiación ultravioleta, luz visible y también infrarroja; en otras palabras, la emisión de radiación de los quásares resulta intensa en todo el espectro electromagnético.

Pulsares

Pulsares

Fue en 1963 cuando M. Schmidt identificó por primera vez al quasar 3C273como el objeto más alejado entre todas las galaxias conocidas en ese entonces: los cálculos lo ubicaron a unos 2.000 millones de AL47. Posteriormente, se comprobó que el corrimiento al rojo de todos los quásares es mayor que el de las galaxias conocidas; por lo tanto, se encuentran más distantes que cualquiera de ellas.

Esta evidencia confirmaría que se trata de los objetos más lejanos del universo conocido. El quasar más alejado observado hasta 1992 es el designado como PC1158+4635 <en dirección de la constelación de Osa Mayor>; su distancia se ha estimado en los 10 mil millones de años luz. El débil brillo de los quásares indica, dada sus lejanías, que deben ser objetos extraordinariamente brillantes.

Se ha estimado que las dimensiones de los quásares probablemente no sean mayores que las del Sistema Solar, mientras que la radiación total que emiten excedería con creces a la que suministran más de 100.000 millones de estrellas juntas: se trataría de los objetos más luminosos del universo. Por otra parte, se especula que los quásares podrían representar un estado particular en el desarrollo y evolución de las galaxias: tal vez el de las primeras fases de su existencia como tales; el análisis de su emisión ha sugerido que el origen de la misma no es el resultado de la presencia de estrellas.

La intensa energía proveniente de los quásares parece deberse a procesos diferentes a los estelares: se trataría de radiación que no depende de la temperatura del cuerpo emisor.

Algo notable es que todos los quásares varían de brillo de manera completamente irregular, tanto en radio ondas como en la luz visible.

También se detectaron fuertes explosiones de Rayos X en los quásares; como ejemplo, en noviembre de 1989, el quásar PKS 0558-504 duplicó su radiación X en sólo 3 mi ñutos. La cantidad total de energía emitida entonces iguala a la que emite el Sol en alrededor de 1 millón de años. Como dijimos, sus brillos son muy débiles y para su identificación es necesario un cuidadoso análisis de sus espectros. Los desplazamientos de líneas observados en ellos, como en las galaxias, representan el corrimiento al rojo debido a la expansión del universo. Sin embargo, algunos astrónomos sugieren otra posibilidad y como evidencia se han detectado quásares cercanos a galaxias, aparentemente conectados físicamente entre sí, y ambos con corrimientos al rojo totalmente diferentes.

Un estudio detallado de posibles interacciones entre quásares y galaxias ha mostrado que esas conexiones parecen no existir y por lo tanto aquello que se observa es una simple coincidencia de alineación aparente, visible desde la Tierra Existen quásares peculiares, como el par de objetos conocidos como PHL 1222; este sistema doble es la única evidencia de dos quásares tan juntos uno del otro. El corrimiento al rojo de PHL 1222 indica una distancia del orden de los 12.000 millones de años luz y sus componentes tienen una separación de unos 100.000 años luz.

Las fotografías muestran que este doble quásar está rodeado por numerosos objetos débiles <posiblemente galaxias>; de ser así, ambos quásares se encontrarían formando parte de un cúmulo de galaxias. Una ciase particular de quásares son los objetos conocidos como BL Lacertae, originalmente considerados como estrellas variables. Estos astros presentan la curiosa propiedad de que en sus espectros no aparecen líneas; por lo tanto, no es posible medir su corrimiento al rojo, algo que dificulta enormemente la tarea de determinar sus distancias. Se considera que los BL Lacertae son quásares relativamente pequeños, ya que la variación de su luminosidad es rápida del orden de una a dos semanas>.

Indudablemente, debido a la distancia a la que se encuentran, los quásares son tal vez los objetos celestes más difíciles de estudiar. Y debe tenerse en cuenta que su lejanía es tanto espacial como temporal: hoy los vemos tal como eran hace miles de millones de años, cuando la luz que nos llega de ellos inició su largo viaje hacia la porción del espacio donde nosotros estamos.

Uno de los modelos cosmológicos más aceptados, sugiere que el universo tendría actualmente una edad cercana a los 15.000 millones de años; esto indicaría que los quásares más distantes son observados hoy, brillando tal como eran cuando el universo contaba aproximadamente, con solo unos 1.000 millones de años de edad Cuando se observan quásares, por lo tanto. los astrónomos pueden asegurar que con su observación están «retrocediendo’ en el tiempo hacia la época remota cuando el universo era cinco veces más pequeño que su tamaño actual; quásares más antiguos todavía parecen ser poco frecuentes, no sólo por ser más distantes sino también por ser más débiles.

Cuando se estudia cómo están distribuidos los quásares en el espacio, se halla que su número parece haberse reducido drásticamente con el transcurso del tiempo. En la época cuando el universo sólo tenía unos 2.000 millones de años de edad, los quásares parecen haber sido objetos mucho más abundantes de lo que son en la actualidad; aproximadamente, el máximo número de quásares se habría dado cuando el universo tenía un tercio de su dimensión actual.

Puede afirmarse entonces que en la era de los quásares <hace unos 11.000 millones de años> el objeto más cercano a la Vía Láctea habría estado a sólo 25 millones de años luz; por lo tanto, habría brillado como una estrella visible a simple vista. En aquel la época, los quásares habrían sido 1.000 veces más comunes que en la actualidad <en relación con las galaxias>.

La pregunta que surge entonces es ¿por qué desaparecieron los quásares? Y una posible explicación se relaciona con la disminución progresiva de su brillo, razón por la cual actualmente no serían visibles; es decir los quásares habrían evolucionado con el transcurso del tiempo. Un análisis de la distribución de los quásares a diferentes distancias podría ofrecer una explicación de lo que ha sucedido con ellos. El enigma sobre el origen de los quásares y su posterior desaparición es bastante singular y se supone íntimamente ligada con la evolución de las galaxias.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Poco a poco, como resultado de paciente estudio y observación, se van descubriendo algunos datos acerca  de la naturaleza de distintos o nuevos cuerpos celestes. Algunos de dichos astros han sido denominados radioemisores por tener la propiedad de emitir radiaciones. Se tenían entre las fuentes de energía más glandes que se conocen. En 1955, mientras efectuaba una serie de investigaciones en el campo de la radioastronomía, mi grupo de científicos localizó por primera vez algunos de estos radioemisores, con la ayuda de los radiotelescopios. Se trataba de puntos del espacio que emitían ondas electromagnéticas de gran intensidad.

Convencidos de que esos puntos no eran nebulosas, los investigadores empezaron a observarlos con telescopios ópticos, a fin de poder fotografiarlos. Descubrieron así que a los radioemisores más intensos correspondían puntos luminosos de color azul intenso. Esto los llevó a la conclusión de que en dichos puntos se originaban las ondas electromagnéticas detectadas.

Como los mencionados puntos luminosos se asemejaban a estrellas, se los llamó cuasares (quasars, en inglés). El nombre deriva de la expresión quasi stellar radio sources (radioemisores casi estelares). Más tarde, técnicas especiales permitieron llegar a conocer algunos aspectos de los cuasares.

El cuasar propiamente dicho es el radioemisor central, formado por una esfera gaseosa, semejante a nuestro Sol. Pero un cuasar típico tiene un diámetro unas mil veces mayor que el del Sol y una masa mil millones de veces superior. Poseen energía suficiente como para formar una galaxia entera.

La temperatura de la superficie del Sol es de 6.000 °C mientras que la de la superficie de un cuasar es de 300.000 °C. Cuanto más elevada es la temperatura de un cuerpo, tanto más azul es la luz que emite. Por eso la luz del Sol es blanca, mientras que la de los cuasares es azul.

El cuasar se encuentra rodeado por una laja de gran concentración de partículas, que emiten radiaciones y que giran en órbita en torno suyo, de la misma manera en que se observa en torno de la Tierra la magnetosfera que emite radiaciones. Las radiaciones del-, cuasar son más luminosas, de mayor frecuencia, y las órbitas que describen las partículas que la forman (electrones, protones y mesones) , son mucho mayores que las correspondientes a las que forman el cinturón de van Alien en torno de nuestro planeta.

Dichas partículas, girando a altas velocidades, emiten las ondas electromagnéticas responsables de la intensa radiación electromagnética emitida por los cuasares. Valiéndose de radiotelescopios se ha comprobado recientemente que las radioemisiones no provienen exactamente del cuasar, sino ‘de dos puntitos próximos a dicha faja de partículas situados a la derecha y a la izquierda del astro.

Durante mucho tiempo los astrónomos abrigaron dudas acerca de cómo clasificar a los cuasares. Se trataría, acaso, de astros relativamente pequeños, situados en el interior de nuestra galaxia? ¿O serían astros extraordinariamente grandes, pertenecientes a galaxias más alejadas? Con el correr del tiempo, se arribó a la conclusión de que la segunda hipótesis era la cierta.

Siempre que descubren un nuevo astro, los astrónomos procuran, en primer lugar, desarrollar una teoría que explique su probable estructura. Acto seguido, de acuerdo con esa teoría, intentan elaborar un modelo estructural del nuevo astro. Ese modelo servirá para explicar cómo se mantiene unida la materia que lo forma, por qué brilla o no, por qué emite radiaciones electromagnéticas.

Para los planetas, estrellas, nebulosas, galaxias y otros objetos celestes se han encontrado modelos estructurales con, relativa facilidad. Los cuasares, en cambio, presentaron desde su descubrimiento problemas estructurales de difícil solución.

Algunas características de los cuasares son muy semejantes a las de ciertas galaxias conocidas. En diversos puntos del espacio podemos observar galaxias reunidas en grupo, girando lentamente unas en torno de las otras. Normalmente, todo el grupo parece alejarse del observador de manera uniforme. En esos casos, todas las galaxias giran a la misma velocidad. Sin embargo, esa uniformidad puede ser rota: se han observado galaxias que se separan de sus grupos, desarrollando velocidades hasta diez veces superiores a las de las demás.

Este fenómeno contradice una hipótesis según la cual las galaxias deberían permanecer unidas entre sí. En ciertos casos se observaron varias galaxias separándose entre sí que, no obstante, se presentan envueltas en un halo luminoso: el gas de una única nebulosa.

Descubrimientos recientes han demostrado que los cuasares se comportan de manera más o menos parecida a como lo hacen esas galaxias que se separan de sus grupos. Los astrónomos tratan de encontrar ahora el porqué de esa curiosa semejanza.

Además de los cuasares, existen también otros tipos de radioemisores. Entre ellos figuran los pulsares (pulsars, en inglés) . Fueron descubiertos, entre 1967 y 1968, por radioastrónomos del Observatorio de Cambridge (Inglaterra). El nombre pulsar proviene de la expresión pulsating star (strella latiente) , que se empleó para designarlos por primera vez.

Contrariamente a lo que ocurre con los cuasares, esos astros son de pequeñas dimensiones, como puede comprobarse a través de la medición de la longitud de onda y período de las señales que emiten. Su tamaño equivaldría, según esas mediciones, al de un planeta o estrella de gran densidad (una estrella enana blanca, por ejemplo).

Debido a lo reciente de su descubrimiento, todavía no se sabe con seguridad cuál es la verdadera naturaleza de los pulsares. No se cree que sean planetas, porque se encuentran muy distantes de cualquier sistema planetario. El período de las señales que emiten es por demás corto; por eso, es improbable que sean estrellas enanas blancas que emiten señales de larga duración.

Algunas de sus características más conocidas indican la posibilidad de que estos objetos sean estrellas de neutrones. Los astrónomos ya cuentan con elementos de juicio que les permiten confirmar, aunque solamente en forma parcial, esta hipótesis.

El Tamaño del Universo

Fuente Consultada:
El Universo Para Curiosos Nancy Hathaway
Astronomía General Aspecto Global del Universo Feinstein-Tignanelli

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Famosas Estatuas Ecuestres Descripción de Importantes Esculturas

DESCRIPCIÓN DE LAS IMPORTANTES ESTATUAS ECUESTRES:

Al fondo del estudio del escultor hay un boceto en yeso, abandonado hace ya algunos días y cubierto con un paño húmedo. De la masa informe se destacan las patas gráciles de un caballo. Hace tiempo que el artista acaricia la idea de realizar una estatua ecuestre. Modelar la figura del caballo le ha sido fácil, pero, al iniciar la del caballero, se siente desalentado.

No carece de capacidad creadora; es uno de los más grandes escultores de nuestro tiempo. Lo que le falta es algo muy importante: un modelo en que inspirarse. Los caballeros antiguos han desaparecido, pertenecen al pasado. Los generales de hoy, en los desfiles, pasan lentamente en automóvil, y ya no es un artista quien los representa a caballo para que el pueblo los admire. Ahora son los fotógrafos quienes, con una simple acción mecánica, los retratan ante su mesa de trabajo o en la escalerilla de un avión.

Nuestro escultor añora el tiempo en que los grandes capitanes pasaban, majestuosos, sobre sus briosos caballos, rodeados de la admiración del pueblo.

Y, cansado de pensar, el artista cierra los ojos. Bajo sus párpados abatidos le parece ver unas figuras que se le aproximan: es un pequeño grupo de caballeros, de épocas diversas y diferentes entre sí, aunque todos tienen un aspecto igualmente noble y altivo. Hacen caracolear a sus caballos, y luego se inmovilizan como en militar parada. Ahora los reconoce. Los ha visto tantas veces, erguidos sobre sus pedestales, dominando las plazas de las ciudades que conocieron sus glorias! Lleno de emoción, empieza a pasarles revista, uno por uno…

Caballero cretense – Tan pequeño es este caballero cretense, comparado con los otros, que, a primera vista, parece un juguete. Viene de una lejanísima  civilización, y tal vez representa a alguno de aquellos fuertes guerreros que dominaron el Mediterráneo, casi tres mil años a.C. Es barbudo, tiene los labios apretados, como para expresar su fuerza, y se sostiene erguido en el arzón.

Parecerá, quizá, la obra de un artista ingenuo, pero, si se observa con atención, se descubre que, no obstante su sencillez, expresa una poderosa y sorprendente vitalidad. El caballo estilizado esto es, representado en sus líneas esenciales, parece haberse parado de repente, y podemos casi imaginar el ruido de sus cascos.

Mareo Aurelio – La estatua del emperador filósofo domina, desde la altura del Capitolio, la ciudad’ que fue señora del mundo. El caballo, de raza panonio, con los remos finos del pura sangre, avanza con paso solemne de desfile. El emperador tiene la segura expresión del dominador, pero su brazo derecho está levantado, en signo de clemencia, y su rostro es benévolo y pensativo.

Parece un gran padre que vela por su prole desde tiempo inmemorial. Cuando este monumento era nuevo, el sol lo hacía brillar como una joya, pues estaba recubierto por láminas de oro. Hoy ha desaparecido el dorado, pero existe una vieja leyenda, según la cual, un día la estatua recuperará su primitivo esplendor, porque el oro reaparecerá en su superficie.

Cuando esto suceda, nos dice la leyenda, los hombres comprenderán que se acerca el fin del mundo. Cosa extraordinaria es que sobre esta inmensa mole de bronce no se aprecian señales de junturas o soldaduras. Tal vez los dos bloques, de caballo y caballero, se fundieron en un solo molde, pero la técnica que los artistas romanos emplearon para la fundición sigue siendo un secreto.

Cangrande della Scala – La sonrisa serena y jovial del señor de Verona está tan llena de vida que parece ablandar la dureza del mármol de la escultura. Con la misma afabilidad debió tratar este príncipe a sus súbditos y a los huéspedes de su corte. Así fue como Dante Alighieri, a quien acogió durante el exilio, lo recordó con elogio en la Divina Comedia.

El gran artista medieval que esculpió el monumento debió quedar tan prendado de las grandes cualidades de este señor, que hasta representó alegre y simpático a su caballo, que parece guiñar el ojo con picardía.

El yelmo macizo, que en la cimera lleva una cabeza de perro, símbolo del linaje del caballero; la larga espada y la gualdrapa suntuosa del caballo traen a nuestra memoria escenas de prodigiosos torneos en que los mejores campeones medían la fuerza de su brazo en el palenque. El caballero no se siente en modo alguno embarazado por la armadura completa que lo envuelve. Estirado sobre los estribos, parece saludar con donaire al público, antes de lanzarse al galope de su corcel ligero.

 

Gattamelata: A la muerte  de Erasmo de Narni, mas conocido por Gattamelata, los patricios de la República de Venecia quisieron eternizar en bronce el recuerde de su valor. Este condotiero había prestado servicios preciosos a la Serenísima. Para acentuar su  impresión de incontrastable potencia que ofrece este monumento, Donatello ha colocado sobre un caballo, poderoso como una máquina de guerra, la figura, conscientemente reducida, de un caballero que tiene, sin embargo, el ademán sereno y firme del que domina.

Cuando Donatello fue llamado a Padua para que esculpiera este monumento tenía sesenta años, y durante cinco trabajó allí, superando infinitas dificultades durante la fusión del bronce. La estatua se  fundió en tres bloques separados, que luego se soldaron en conjunto.

 

Ranuccio Fornesio – La altivez de este señor del siglo XVII no disminuye lo dignidad de su porte. Es Ranuccio Farnesio, duque de Piacenza. Francesco Mochi, el autor del monumento, marchó a Roma y a Padua, antes de empezarlo, para estudiar de cerca las estatuas de Marco Aurelio y de Gattamelara. Pero en su obra hay algo que es totalmente nuevo: vibra en su movimiento, como si la crin, la cola flotante del caballo y el manto del caballero recibieran, de improviso, un viento sesgado. Es el «viento» que sopla sobre todas las estatuas barrocas.

Caballero de Marino Marini: Marino Marini es el escultor contemporáneo a quien nos hemos referido. Las figuras de su caballo y de su caballero carecen del ímpetu heroico de sus predecesores. Son simples, descarnadas. El caballero tiende los brazos hacia el cielo, en ademán que expresa desesperación y que no tiene nada de la fuerza física de sus antiguos compañeros de armas. Y aquí hay una cosa que nos sorprende. Hemos observado que la más antigua y la más moderna de las esculturas se parecen. Después de tanto tiempo, el escultor moderno coincide con el artista desconocido, de unos 3.000 años a. C.

Fuente Consultada: Abuelo,…Es Verdad? Luis Melnik

EL DIA SOLAR Y DIA SIDERAL Diferencia entre ambos tipos de dias

EL DIA SOLAR Y DIA SIDERAL
Diferencia entre ambos tipos de días

Si absolutamente todo permaneciera completamente inmóvil, el tiempo no existiría. Sólo puede medirse el tiempo en relación con otros acontecimientos. El día, que como se sabe es el tiempo empleado por la Tierra para completar una vuelta alrededor de su eje, sería muy difícil de medir si no hubiera en el cielo objetos estacionarios como el Sol y las estrellas que nos sirvieran de referencia para saber cuándo se ha completado una rotación.

Un día sola e es el tiempo empleado por un punto cualquiera de la superficie terrestre para encontrarse de nuevo, luego de lo que a un observador terrestre le parece ser una rotación, exactamente en la misma posición respecto del Sol.

En realidad el día solar equivale a algo más que una rotación, porque cuando el punto ha dado la vuelta completa no queda, como debiera, en la misma posición respecto del Sol.

La razón de esto es que mientras efectuaba la rotación, la Tierra simultáneamente se trasladaba siguiendo su órbita alrededor del Sol.

Cuando el punto de referencia completó su rotación la Tierra ya se trasladó casi 2.500.000 km., de modo que para volver a ver el Sol habrá que girar un poco más, como se ve en la figura superior izquierda. (imagen izq.:día solar)

El día solar es algo más que una rotación. El día sideral o sidéreo, utilizado habitualmente por los astrónomos, también se basa en la rotación de la Tierra; pero en este caso se toma como referencia una estrella lejana (sideral viene del latín sidus que significa “astro”).

Las estrellas están a tal distancia (la más cercana a muchos billones de kilómetros) que los movimientos de la Tierra pierden comparativamente toda importancia y en consecuencia basta una rotación completa para que el punto de referencia vuelva a encontrarse exactamente frente a la misma estrella (figura inferior izquierda). Entonces, el día sideral es ligeramente más corto que el día solar, pues este Último equivale a una rotación y algo más.

La diferencia entre ambos es de alrededor de cuatro minutos: el día sideral tiene 23 horas, 56 minutos y 4,09054 segundos de día solar medio. El día solar real no es conveniente para uso cotidiano pues su duración varía.

En efecto, la órbita de la Tierra es una elipse, es decir, una especie de óvalo con dos centros o “focos”; en uno de dichos focos está el Sol; en el otro no hay nada.

La Tierra se mueve más rápidamente cuando está más cerca del Sol (perihelio) que cuando su distancia al Sol es máxima (afelio). De modo que el “ángulo extra” para enfocar el Sol es variable. Por eso utilizamos un día “promedio”.

El día que medimos con nuestro reloj, a diferencia del día natural determinado por la salida y puesta del Sol, tiene una longitud constante.

Lo denominamos día solar medio, porque es el promedio de las duraciones de todos los días solares del año. En consecuencia, los días solares reales son a veces más cortos y a veces más largos que el día solar medio. (imagen der.:día sideral)

El día solar real, o intervalo entre dos pasos sucesivos del Sol por un mismo meridiano, pasa de un mínimo de 23 horas 59 minutos y 39 segundos en septiembre a 24 horas y 30 segundos en diciembre.

Esta variación, igual para todos los puntos de la Tierra, no tiene nada que ver con las estaciones, que son opuestas en los hemisferios norte y sur. El afelio de la Tierra o punto en que se encuentra más alejada del Sol, tiene lugar a principios de julio de cada año, y el perihelio a principios de enero.

Fuente Consultada: Tecnirama Fac. Nro.61

Historia de los Carros Primitivos Desde la Rueda

La Rueda y los Carros Primitivos Primeros Descubrimientos del Hombre

rueda de piedra de un carro antiguoLOS CARROS: Cuando los objetos son demasiado pesados para transportarlos cargando con ellos, su traslado por tierra se convierte en un problema.

Aunque el terreno sea completamente llano, se produce una considerable fricción sí es arenoso, pedregoso o herboso.

Al principio, los objetos pesados debían arrastrarse en trineos, impulsándolos por la fuerza bruta. Incluso cuando se utilizaron animales más fuertes que el hombre (los bueyes, por ejemplo), la marcha era lenta.

El avance podía facilitarse colocando bajo los trineos toscos rodillos consistentes en troncos de madera. Estos rodaban en lugar de arrastrarse, y limitaban en medida considerable la fricción.

Ello significaba menos trabajo, pero en realidad podía llevar más tiempo, pues los rodillos tenían que retirarse de la parte posterior y colocarse de nuevo en la anterior. Lo que se precisaba era, pues, un eje y unas ruedas.

No sabemos en qué circunstancias se le ocurrió a alguien fijar sendos rodillos en la trasera y en la delantera del trineo, de tal manera que giraran en el interior de las tiras en las que se sostenían, y se mantuvieran en todo momento fijados al trineo.

En el extremo de cada rodillo se colocaron luego sendas ruedas macizas de madera que levantaban del suelo el trineo, y esas ruedas podían girar libremente.

Un carro se traslada con más rapidez y con mucho menos esfuerzo que un trineo, aunque éste se disponga sobre rodillos, con lo que ese vehículo supuso una revolución en el transporte terrestre. Ante todo, facilitó el comercio.

Los carros aparecieron en Sumeria hacía 3500 a. J.C.  

AVANCE DE LA RUEDA

Los primeros en usar la rueda fueron probablemente los alfareros mesopotámicos, quienes, hacia 3500 a.C., elaboraban vasijas en mesas giratorias. Unos 250 años después, las carretas ya contaban con sólidas ruedas de madera.

Las primeras ruedas de vehículo consistían en dos o tres tablas cortadas para formar un disco, unidas con travesaños de madera o cobre. Se fijaban con chavetas en los extremos del eje. Las ruedas con rayos, más ligeras, surgieron hacia 2000 a.C. Los rayos partían desde el centro y se mantenían fijos a un borde de madera hecho de una sola pieza.

Ruedas para la carreta:

Bueyes y asnos entraban y salían de las ciudades tirando de otra brillante invención: la carreta con ruedas. La rueda en sí, base de mucha de la tecnología subsiguiente, tal vez apareció en Mesopotamia en forma de rueda del alfarería, un disco que se hacía girar a mano y que permitía una producción de vasijas más rápida.

Aunque las primeras ruedas de alfarería datan de 3500 a.C., fueron adaptadas para su uso en el transporte unos 250 años después. Las primeras carretas eran pesadas y macizas: las ruedas, que no tenían rayos, eran planchas redondas de madera, protegidas con cuero.

Las carretas eran vehículos de cuatro ruedas, tirados por bueyes o asnos (aunque conocían los caballos, en Mesopotamia aún no los usaban), que llevaban mercancía de las granjas a los mercados. Servían también para que los funcionarios viajaran durante las procesiones ceremoniales.

Las grandes ciudades sumerias —entre ellas Ur, Eridu, Lagash y Nipur— guerrearon entre sí con frecuencia, y nunca se unificaron en un Estado fuerte como lo fue Egipto. Las ciudades estaban circundadas por tierra fértil e irrigada, y prosperaban por la agricultura y la ganadería.

En las lodosas planicies mesopotámicas escaseaban los materiales como piedra, metales y madera, pero como poseían copiosas reservas de grano y algodón, los sumerios las exportaron para llevar de otras regiones las materias primas vitales que necesitaban.

Ur —la bíblica «Ur de los caldeos», junto al río Eúfrates— era un gran centro bodeguero a donde llegaban mercancías por tierra, río y mar. Cientos de tablillas de arcilla muestran gráficamente la organización del vital comercio exterior. Se llevaba plomo y plata por el Eúfrates desde las montañas de la actual Turquía. La madera llegaba de Siria y de las mesetas del noreste. Los comerciantes llevaban, desde Afganistán, piedras semipreciosas como el lapislázuli.

La piedra y el cobre eran llevados desde Omán, y los barcos de Ur bajaban por la costa de Arabia para transportar oro e incienso. En el próspero puesto  comercial de Dilmun, en la isla Bahrein del golfo Pérsico, se administraban algunas de estas mercancías.

Así, los «reyes del mar» de Ur realizaron un próspero comercio de exportación e importación. La flota mercante sumeria incluía barcazas y naves con mástil, cubierta, cabina y remeros. Algunas podían cargar hasta 36 ton de mercancía, y los marineros se aventuraron más allá del Estrecho de Ormuz e Irán para hacer negocios con los pueblos del valle del río Indo.

En 1977, el antropólogo noruego Thor Heyerdahl construyó una barcaza de cañas a la usanza sumeria y navegó a bordo de la nave, llamada Tigris. Logró cruzar el tempestuoso océano índico y demostrar que tan larga y azarosa travesía era posible.

carreta de bueyes

Enjaezado Esta carreta con ruedas, una miniatura de Mohenjo
Doro, se asemeja a las carretas de bueyes aún en uso en Pakistán.

AMPLIACIÓN DEL TEMA

Cerca del año 2000 a. de J.C, el  trineo primitivo fue evolucionando y, siempre en Mesopotamia, aparecieron los primeros carros de dos o cuatro ruedas y con el arcón montado sobre el borde.

Es un medio todavía muy rudimentario, cuya única función estriba en sustituir la albarda, el cuévano y la canasta, favoreciendo en gran manera el desarrollo de los intercambios comerciales que ya entonces tenían lugar, aunque en forma muy primitiva y simple de los intercambios comerciales que ya entonces tenían lugar, aunque en forma muy primitiva y simple.

La novedad y la importancia del nuevo vehículo revolucionario puesto a disposición del hombre y las dificultades inevitables con que hubieron de tropezar los primeros constructores de carros explican fácilmente cómo, en aquella época, a todo ello se le uniera el concepto de prestigio.

Carros enteros o esculpidos en bronce o arcilla se hallan sepultados en las tumbas reales; otros se depositaban, como homenaje votivo a los dioses, en los turbales.

Esto permite a los eruditos hallar y estudiar los restos perfecta o suficientemente conservados; se hace necesario añadir a ello el gran número de recipientes y bajorrelieves que reproducen esta máquina prodigiosa.

Merced a todo esto hoy se tienen elementos suficientes para conocer la evolución del carro.

Se ha dicho anteriormente que las ruedas más antiguas estaban formadas por tres círculos ; ello planteaba, como es evidente, el problema de ligar firmemente las tres partes.

En los descubrimientos arqueológicos de Ur, Kish y Susa apareció, en la parte externa de la rueda, gran cantidad de clavos de bronce, indicio que lleva a suponer la existencia de un aro de cuero o, tal vez, de hierro.

En los primeros 2.000 años de su historia las dimensiones de la rueda varían, siquiera sea ligeramente, entre una circunferencia de 0,5 m en las ruedas de Ur (2750 a. de J.C. aproximadamente) y 92 cm en las ruedas de los carros hallados en Tapper (Alemania) y que datan del año 200 a. de J.C.

El período comprendido entre el 2000 y el 1000 a. de J.C. ve el inicio de la difusión del carro por todo el mundo entonces habitado; se le podía encontrar ya en cualquier lugar entre el valle del Indo y Egipto, traído por los Nyskos en el siglo XVII a. de J.C.

En contacto con civilizaciones tan diversas y, al mismo tiempo, paralelas, el carro no podía dejar de evolucionar a medida que transcurría el tiempo; en efecto, es precisamente en este período cuando adquiere sus líneas fundamentales.

Con unas pocas variaciones importantes se le transforma en un medio de transporte relativamente cómodo para las personas, volviéndolo más ligero y alzando los bordes anteriores.

Muy pronto comenzaron a comprenderse las extraordinarias ventajas derivadas de la adopción del carro como instrumento bélico; los flancos y los cubos de las ruedas se armaron con cuchillos afilados, y así el carro se transformó en una de las más temibles máquinas de guerra de la antigüedad prerromana.

La invención de la rueda, y, por consiguiente, la utilización del carro, precede al inicio de dos grandes transformaciones: en primer lugar, la domesticación definitiva del caballo, empleado ya anteriormente por algunos pueblos de Asia para arrastrar los trineos, con su difusión correspondiente a partir de las estepas del Asia central hasta el Medio Oriente, de donde llegará más tarde a Europa entre los años 3000 y 2000 a. de J.C.; en segundo lugar, la creación de carreteras.

Es fácil comprender la enorme trascendencia de dichos acontecimientos que, a partir del siglo n a. de J.C, caracterizaron, la vida del hombre y contribuyeron en gran manera al desarrollo progresivo de la civilización.

El acto de uncir el caballo al carro dio origen a ciertos problemas harto complejos que, es preciso decirlo, no hallaron solución durante la antigüedad. Al principio se aplicó al caballo un yugo idéntico al que se utilizaba para los bueyes, cuya domesticación data de tiempos anteriores.

Este yugo apretaba el cuello del animal y le impedía la libertad de movimientos, reduciendo a un tercio su potencia.

La fuerza de tracción se transmitía del yugo al caballo a través de la limonera central. Sin embargo, es evidente que los equinos no poseen un espaldar lo bastante robusto como para permitirles ejercer su fuerza directamente sobre el yugo, en la forma como lo hacen los bueyes.

Se les aplicó entonces un pectoral, de cuero las más de las veces, sostenido por una cincha. Pero la presión sobre la tráquea dificultaba notablemente al animal, viéndose éste precisado a desplazar la cincha sobre los músculos alargados, arqueando el cuello.

Naturalmente, no era ésta la posición idónea para que el cuadrúpedo pusiese en juego toda su potencia y ello motivó que se quisiera compensar el escaso rendimiento multiplicando el número de caballos.

Corrientemente se utilizaban tiros de cuatro y hasta de seis caballos. Sólo que, también en este caso, el carro arrastrado por una pareja de animales a cada lado de la limonera central y, lo que es peor, un sistema incorrecto de correas hacen que los cuadrúpedos sumados en la parte externa apliquen su esfuerzo sobre el yugo de los animales que se encuentran a su lado, en lugar de hacerlo sobre el timón del carro.

La unción del caballo al carro coincide con la aparición de las ruedas de radios, cuyos primeros ejemplares europeos se descubrieron en Mercurago, a orillas del lago Mayor.

A estas alturas, hacia el 1500 a. de J.C., el carro se había convertido ya en una terrible arma de guerra, y la rueda maciza no podía satisfacer las exigencias de rapidez y agilidad para la maniobra que tan necesarias resultaban.

Los radios (tres, cuatro y a veces más) motivaban que el carro fuese mucho más ágil y ligero, mientras que la rueda hacía ya bastante tiempo que no estaba vinculada al eje, sino que se adhería a él a través del cubo.

Carro de guerra

Carro de guerra provisto de dos ruedas radiadas y de un tiro de dos caballos. El carro, que puede considerarse como el «tanque de la antigüedad» y que desempeñó un papel decisivo en las guerras imperialistas del siglo II a. de J.C., estaba formado por una caja ligerísima, generalmente hecha de mimbre trenzado, abierta en su parte posterior, pero protegida por delante con una tabla curvada en la que se instalaban las aljabas de las armas. En este carro, arrastrado por una pareja de caballos, montaban un auriga y un guerrero que combatía en precarias condiciones de estabilidad.

Biga Egipcia carretas

Biga egipcia en una grabación proveniente de Karnak y que se remonta al siglo XIX a. de J.C. Las elegantes bigas de guerra utilizadas por los egipcios denotan un progreso notable en la evolución del carro. En efecto, el chasis aparece sumamente simplificado y la reducción del peso da lugar a un importante aumento de velocidad en el vehículo, el cual, además, posee ruedas provistas de cuatro radios que van unidas al eje fijo.

En Grecia, la asimilación de la civilización oriental, principalmente egipcia, determinó, a partir del siglo XV a. de J.C., la penetración y la difusión del carro, que hasta el siglo VI a. de J.C. tuvo una utilidad casi exclusivamente bélica y que a partir de entonces fue rápidamente sustituido por el caballo.

Los carros de guerra utilizados en la antigua Grecia, muy semejantes a los egipcios, estaban provistos de dos ruedas radiadas que giraban alrededor de un eje fijo; la armazón, formada por maderas entrelazadas recubiertas con pieles y dotada de un parapeto en la parte anterior, era de gran ligereza, pero capaz de sostener el peso de dos hombres, un auriga y un guerrero; este último abandonaba el carro en el curso de la batalla.

Carro ligero griego de carrera

Carro ligero griego de carrera

Carro griego de guerra

Carro griego de guerra

El timón, de forma característica, estaba constituido por una vara de considerable longitud que, partiendo de la base de la carrocería, presentaba una curva muy acentuada en la extremidad opuesta y terminaba en el yugo, cuya estabilidad se obtenía mediante una correa fijada al parapeto del carro.

Los carros griegos de combate estaban revestidos en su parte externa de decoraciones metálicas que les conferían una singular belleza.

La importancia y la difusión de estos carros, arrastrados por tiros de cuatro caballos o de dos en el mundo griego de la edad preclásica, se hallan documentadas en las numerosísimas pinturas que representan escenas de combates en los que intervienen los carros y tienen su mayor apología en la litada, en la cual los héroes griegos y troyanos, así como los mismos dioses del Olimpo, participan en las batallas subidos en espléndidos carros del tipo mencionado.

Según la opinión de historiadores autorizados, el carro hubiera penetrado merced a la invasión de las primitivas hordas que poblaron la península itálica, o inmediatamente después de la invasión de Italia por los etruscos, lo que, de ser cierta esta suposición, le atribuiría un origen oriental, o tras la colonización de las costas meridionales de Italia por parte de los griegos.

En realidad, los etruscos fueron el primer pueblo de Italia que conoció el nuevo medio de transporte y de guerra, quizá después de aprender la técnica de su construcción de los pueblos que habitaban las tierras del Mediterráneo oriental, con los cuales tenían probablemente frecuentes intercambios comerciales.

El carro itálico de mayor antigüedad es el plaustro, pesado carro agrícola arrastrado por bueyes y destinado al transporte de los productos de la tierra.

En la época romana circulaba en la península una discreta variedad de carros y vehículos de transporte, mientras que el carro de guerra, con el cual los romanos habían sufrido una terrible experiencia en las luchas habidas contra los celtas, cayó en desuso y se reservó casi exclusivamente para los desfiles militares o las solemnes procesiones de triunfo.

El factor determinante aportado al perfeccionamiento del carro por la habilidad constructiva de los artesanos celtas encuentra un reconocimiento harto significativo en el origen céltico de casi todos los nombres con los que se designaban los vehículos utilizados por los romanos.

El de mayor capacidad de carga era la angaria, auténtico y verdadero tren de cuatro ruedas y altos flancos, que aproximadamente podía transportar 500 Kg. de equipo militar.

Seguían, en orden decreciente en cuanto a capacidad, el carpentum o vehiculum (330 Kg.), utilizable para el transporte de pasajeros a largas distancias, el carrus (200 Kg.), de cuatro ruedas radiadas y amplia armazón, la vereda (100 Kg.), para dos pasajeros, y la ligerísima birota (65 Kg.) de dos ruedas.

Generalmente, los carros de cuatro ruedas se reservaban para el transporte de grandes cantidades de mercancías; por ejemplo, alimentos, casi siempre con destino a la ciudad. En Roma tenían su sede grandes compañías que se dedicaban exclusivamente a los transportes, poseyendo asimismo algunas Sucursales en las localidades más importantes del vasto imperio.

Efectuaban viajes regulares , establecidos según un horario bastante preciso.

Fuentes: Historia y Cronología de la Ciencia y los Descubrimientos de Isaac Asimov- Historia de las Comunicaciones Transportes Terrestres J.K. Bridges

Calendario Musulman Año Islamico Origen y Diferencias Historia

Calendario Musulman Año Islámico: Origen y Diferencias

Origen del Calendario Musulmán

Mahoma, lider musulmanSegún la tradición, el profeta Mahoma huyó de La Meca a Medina la noche del 15 al 16 de julio de 622 de nuestro calendario. Esta emigración

(hedjra en árabe, «hégira» en español) es el punto de partida de la cronología musulmana, fechada el 15 de julio por los historiadores y el 16 por algunos astrónomos.

Hacia 630, el califa Umar I, emir de los creyentes, fijó el inicio de la era de la hégira. Investigaciones posteriores han puesto de manifiesto que la huida del Profeta tuvo lugar unos días más tarde, el 22, 23 o 24 de septiembre de 622, pero se mantuvo la fecha tradicional.

El calendario musulmán tiene 12 meses de 30 y 29 días alternativamente. El último mes, el de El AId el Kebir, tiene un día adicional en los años llamados «extraordinarios» o «abundantes», que son, en un ciclo de 30 años, los años 2, 5, 7, 10, 13, 16, 28, 21, 24, 26 y 29 de este ciclo. (Algunos expertos consideran abundante el año 15° del ciclo en lugar del 16°.)

El año musulmán es un año lunar de 354 o 355 días. Con relación a nuestro calendario, empieza de un año a otro con un adelanto de 10 a 12 días. Así, por ejemplo, el mes del ramadán (90 mes, mes del ayuno) empezó el 11 de mayo en 1986, el 30 de abril en 1987, el 18 de abril en 1988, el 7 de abril de 1989, el 28 de marzo de 1990, el 17 de marzo de 1991, etc.

El inicio del mes se establece en función de la observación directa de la Luna. Puesto que circunstancias accidentales pueden impedir la observación de la primera aparición del astro, la fecha de inicio de un mismo mes puede variar de una localidad a otra, lo que perjudica la precisión de las dataciones.

Cien años de la hégira equivalen a 97 años solares ± 8 días y 4 horas. A la inversa, 100 años solares corresponden a 103 años musulmanes + 24 días y 12 horas.

La conversión de las fechas de la hégira en fechas de la era cristiana exige cálculos bastante complejos que tienen en cuenta los ciclos de 30 años del calendario musulmán (10.631 días), los periodos de 4 años (1.461 días) del calendario juliano, el tiempo transcurrido entre el inicio de la era cristiana y el 16 de julio del 622 (227.016 días), el desfase entre los calendarios juliano y gregoriano y la duración de los meses en cada sistema.
Para un cálculo aproximado pero rápido, pueden utilizarse las siguientes fórmulas simplificadas:

  1. Conversión de un año musulmán en año gregoriano:

(año musulmán x 0,97) + 622 = año gregoriano.
Ejemplo:
1391 de la hégira x 0,97 1349,27; 1349,27 + 622 = 1971,27 (es decir de 1971 a 1972 de nuestra era).

  1. Conversión de un año gregoriano en año musulmán:

(año gregoriano —622)/0,97 = año musulmán
Ejemplo:
1947 de nuestra era — 622=1325;
(1325 / 0,97) = 1365,97 (es decir de 1365 a 1366 de la hégira).

Meses del Calendario Musulmán:     

 Nombre literarioNombre popularDuración
    MuharramAchura30 días
    SafarChaia achura29 días
    Rabí al- ‘awwalEl Mulud30 días
    Rabí ath-thaniChaia el Mulud29 días
    Djumada al-’awwalDja30 días
    Djumada th-thaniDjtima29 días
    RadjabRedjeb30 días
    Cha’banChaban29 días
    RamadánRamadán30 días
    ChawwalEl Aid es Seghir29 días
    Dhu al-qaadaBin el aiad30 días
    Dhu al-hidjdjaEl Aid el Kebir 29 o 30 días

Correspondencia entre los calendarios musulmán y gregoriano para fines del siglo xx

El 1 de Muharram es el primer día del año musulmán.
El 1 de Muharram de 1411 es el 14 de julio de 1990

1412   —                 13 de julio de 1991
1413  —                  2 de julio de 1992
1414   —                 21 de junio de 1993
1415   —                 10 de junio de 1994
1416   —                 31 de mayo de 1995
1417  —                  19 de mayo de 1996
1418   —                 9 de mayo de 1997
1419   —                 28 de abril de 1998
1420   —                 18 de abril de 1999
1421   —                 6 de abril de 2000
1422  —                  25 de marzo de 2001

El 1 de Muharram de 1411 es el inicio del ciclo de 30 años que abarca el fin del siglo XX y el principio del siglo XXI).

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Así como el nacimiento de Cristo marca el comienzo de la era cristiana, en el mundo musulmán la predicación de Mahoma inicia un nuevo cómputo de años.

El punto de partida de esta nueva era es la hégira, la huida de Mahoma y de sus seguidores de La Meca a Yatrib, la futura Medina. Cuando el califa Umar la instituyó como punto de partida de la era islámica, decidió que empezara el primer día del año lunar en que tuvo lugar (1° de Muharram).

Para obtener la relación de los años musulmanes con los de la era cristiana (calendario gregoriano) se sustrae 1/33 del año musulmán y se añade 622.

Para obtener la relación de los años de la era cristiana con los años de la era musulmana se resta del año cristiano 622 y se añade 1/32 de la sustracción.

La base del calendario lunar islámico es el calendario de los árabes preislámicos, que proviene del hebreo.
El calendario islámico tiene un año con 12 meses de 29 y 30 días alternativamente, por lo que debían intercalar un mes cada dos o tres años debido a la diferencia respecto el calendario solar.

El profeta prohibió explícitamente las intercalaciones de los meses: «El número de meses, para Dios, es de doce. Fueron escritos en la Escritura de Dios el día que creó los cielos y la tierra. De ellos, cuatro son sagrados: ésa es la religión verdadera (…)». Los judíos, que tienen un calendario lunisolar, también deben intercalar un decimotercer mes cíclicamente en su calendario.

Los meses lunares o lunaciales comienzan a partir de la primera observación directa del creciente de la Luna y cada mes comprende el período de tiempo entre la aparición de una Luna nueva y la siguiente.

Los meses islámicos son: Muharram, Safar, Rabi I, Rabi II, Yumada I, Yumada II, Rayab, Shaabán, Ramadán, Sawwal, Dulgaada y Dulhiyya.

Los días de la semana se expresan con el nombre del ordinal que les corresponde a partir del domingo, que es el primero, hasta el séptimo, el sábado; el viernes recibe el nombre de «día de la reunión» porque es el día de la oración colectiva del mediodía en la mezquita. No se trata de un día de descanso semanal obligatorio como pasaba en el sábado de los judíos o en domingo, día del Señor de los cristianos, sino de un día laborable. La razón es que los musulmanes consideran que Dios no se cansó después de haber realizado la Creación: «Creamos los cielos, la tierra y lo que entre ellos está en seis días, sin sufrir cansancio». Los días empiezan cuando se pone el Sol.

calendario musulman

Dos páginas del Almagesto, del siglo XV. La cronología propia de los musulmanes data del califato de Umar, quien instituyó una nueva era tomando como punto de partida convencional la fecha de la emigración de Mahoma desde La Meca a Medina, en el año 622.

El Calendario Frances de la Revolucion Francesa Juliano y Gregoriano

El Calendario Francés de la Revolución Francesa Juliano y Gregoriano

El calendario republicano francés

Este calendario fue creado por la Convención (decreto del 14 de vendimiario año II, o 5 de octubre de 1792), que decidió sustituir retroactivamente el calendario gregoriano por el republicano a partir del 22 de septiembre de 1792.

Este calendario no podía ser universal: partiendo de un hecho particular de la historia de Francia, el nombre de los meses hacía referencia al clima francés y ponía fin al ritmo septenario de los días.

Calendario Francés

El nuevo calendario quiso romper con todo: los nombres de los meses, los días y las celebraciones. La semana fue sustituida por una década de 10 días, los días pasaron a tener 10 horas; la hora, 100 minutos; y el minuto, 100 segundos. Esta utópica división del tiempo no llegó a aplicarse. El año republicano comprendía 12 meses de 30 días, más 5 días festivos situados después de fructidor. Estos días complementarios, que no pertenecían a ningÚn mes, se consagraban a celebrar las fiestas republicanas. Si el año era bisiesto, se añadía un sexto día festivo, el día de la Revolución.

Los meses de otoño eran: vendimiario, brumario y frimario; los de invierno: nivoso, pluvioso y ventoso; los de primavera: germinal, floreal y pradial; y los de verano: mesidor, termidor y fructidor.

Teóricamente, este calendario entró en vigencia a partir del 22 de septiembre de 1792, pero como se aplicó con un año
de retraso, no existe documento alguno que lleve fecha del año 1.

Oficialmente duró hasta el 31 de diciembre de 1805, o sea 13 años y 3 meses; la Comuna de París volvió a adoptarlo del 6 al 23 de mayo de 1871 (del 16 floreal al 3 de pradial del año LXXXIX).

Calendario Francés

Nombres de los Meses del Año. El calendario revolucionario es un calendario influido por las ideas ilustradas y racionalistas que inspiraron la Revolución Francesa. De esta forma, es un calendario más fiel al sistema decimal y sus referencias son naturalísticas.

Ver: Calendario Musulman El Año Islámico

Diferencia entre el calendario juliano y el gregoriano

Diferencia entre el Calendario Juliano y el Gregoriano

HISTORIA DEL CALENDARIO: JULIANO Y GREGORIANO

¿Qué es lo que uno le pide a un año por venir? Por empezar que sea bueno, pero además que coincida con el año astronómico (365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos). Al fin y al cabo, un año es el tiempo que tarda la Tierra en completar una órbita entera alrededor del Sol y una de las mínimas exigencias que debe tener un año de buena calidad es que su duración y la del viaje de la Tierra en su órbita sean iguales.

No se trata de un mero capricho: es interesante que las estaciones empiecen más o menos siempre en la misma fecha: que el otoño y la primavera (equinoccios) se produzcan el 21 de marzo y el 21 de septiembre, y que el comienzo del verano y del invierno (solsticios), el 21 de diciembre y de junio respectivamente. El asunto de las estaciones era de vital importancia para las antiguas sociedades agrícolas que debían determinar las fechas de siembra y recolección.

Los primeros y primitivos calendarios lunares no conseguían encajar en el año solar: las discrepancias se corregían de tanto en tanto agregando un mes o algunos días extra.

Pero en el siglo I antes de Cristo, en Roma, los errores acumulados habían logrado que el año civil y el solar estuvieran desfasados en tres meses: el invierno empezaba en marzo y el otoño en diciembre, lo cual sin duda era bastante incómodo.

Julio César, calendarioJulio César introdujo la primera gran reforma. Impuso el uso universal del calendario solar en todo el mundo romano, fijó la duración del año en 365 días y seis horas, y para que esas seis horas de diferencia no se fueran acumulando se intercaló un día extra cada cuatro años: los años bisiestos tienen trescientos sesenta y seis días. La reforma entró en vigencia el 10 de enero del año 45 a. de C. —805 de la fundación de Roma—.

Con el tiempo, se impuso la costumbre de tomar como bisiestos los años que son múltiplos de cuatro.

Pero aquí no acabó la cosa, ya que el año juliano de 365 días y seis horas era un poco más largo (11 minutos y 14 segundos) que el año astronómico real, y otra vez los errores empezaron acumularse: a fines del siglo XVI las fechas estaban corridas alrededor de diez días, y la primavera empezaba el 11 de septiembre: el Papa Gregorio XIII emprendió una nueva reforma para corregir las discrepancias y obligar a las estaciones a empezar cuando deben: por un decreto pontificio de marzo de 1582, abolió el calendario juliano e impuso el calendario gregoriano.

Se cambió la fecha, corriéndola diez días: el 11 de septiembre (día en que se producía el equinoccio de primavera) se transformó “de facto” en el 21 de septiembre, con lo cual se eliminó el retraso acumulado en dieciséis siglos y el año civil y el astronómico volvieron a coincidir.

Papa Gregorio, CalendarioPero además se modificó la regla de los años bisiestos: de ahí en adelante serían bisiestos aquellos anos que son múltiplos de cuatro, salvo que terminen en dos ceros. De estos últimos son bisiestos sólo aquellos que sean múltiplos de cuatrocientos (como el 1600). Los otros (como el 1700) no.

Así, ni el 1800 ni el 1900 fueron años bisiestos. El año 2000, sin embargo, lo será (porque aunque termina en dos ceros es múltiplo de cuatrocientos): la formula permite eliminar tres días cada cuatro siglos, que es la diferencia que acumulaba el calendario juliano en ese lapso.

Sin embargo, aun el “año gregoriano” con todas sus correcciones es 26 segundos más largo que el año astronómico, lo cual implica un día de diferencia cada 3323 años. Para corregir esta pequeña discrepancia se ha propuesto sacar un día cada cuatro mil años de tal manera que el año 4000, el 8000 o el 16000 no sean bisiestos (aunque les toca). En todo caso, de la longitud del año ocho mil, o dieciséis mil, no necesitamos preocuparnos ahora: los años que estamos usando tienen una duración más que aceptable.

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EL CALENDARIO ROMANO

Entre los romanos antiguos el año tenía diez meses: empezaba en marzo y terminaba en diciembre. El rey Numa Pompilio (715-672 a. de C.) añadió otros dos meses, enero y febrero. A partir del año 46 a. de C. se produjo la reforma de Julio César (calendario juliano) y el año pasó a tener 365 días y cada cuatro años se añade un día en lo que llamamos año bisiesto —día que vosotros añadís después del 28 de febrero, pero que en Roma se situaba entre el 24 y el 25 (algo así como si se repitiera el día 24 dos veces)—. El calendario juliano es el que hoy tenéis con una pequeña reforma hecha en el siglo XVI (reforma gregoriana).

Los nombres de los meses latinos —de los que proceden los nombres de los vuestros— son: lanuarius (en honor del dios Jano), Februarius (de las Februa, unas fiestas de purificación), Martius (por el dios Marte), Aprilis (de origen incierto), Maius (por Maya, madre del dios Mercurio), Iunius (por Juno, la esposa de Júpiter), Iulius (por Julio César), Augustus (por Augusto), September (en principio, el séptimo mes), October (el octavo mes), November (el noveno mes), December (el décimo mes).

El cómputo de los días del mes en Roma es bastante complejo. En cada mes se distinguían tres fechas claves: las Kalendae (Calendas), las Nonae (Nonas) y los Idus. El día primero del mes eran las calendas; las nonas correspondían al día 5 y los idus el 13, salvo en los meses de marzo, mayo, julio y octubre, en los que las nonas eran el 7 y los idus el 15. Si la fecha coincidía con una de estas divisiones se decía, por ejemplo: En las calendas de enero (Kalendis Ianuarií), para referirse al día uno de enero; en los idus de junio [Idibus Iunií), para referirse al 13 de junio.

Para referirse al día anterior o posterior a estas fechas se decía: el día anterior (pridie) y el día posterior (postridie) a las calendas, las nonas o los idus del mes correspondiente. Para señalar cualquier otro día hay que contar el número de días que va entre el día en cuestión y la división del mes inmediatamente superior, incluyendo el punto de partida y de término. Así, por ejemplo, para señalar el día 11 de febrero la traducción del latín sería «tres días antes de los idus de febrero»; para el 29 de marzo se diría «cuatro días antes de las calendas de abril».

Por último, los romanos conocieron también la semana de siete días como vosotros. Los nombres latinos de los días —de los que derivan los vuestros— son: Lunae dies (día de la luna); Mariis dies (día dedicado al dios Marte); Mercuri dies (día del dios Mercurio); Iovis dies (día del dios Júpiter); Veneris dies (día de la diosa Venus); Sabbatum (el día hebreo del descanso: aunque primeramente este día se llamó Saturni dies —el día del dios Saturno—); Dominicus dies (el día del Señor, introducido por los cristianos, como el Sabbatum; primeramente se llamó solis dies —el día del sol—). A fuerza de repetirlo, el término dies solía omitirse.

Fuente Consultada:Cultura Clásica A/B Segundo Ciclo ESO – Macías – Axarquía – Editorial Mc Graw Hill