Todos los Emperadores

Todos los Emperadores de Roma Antigua Cronologia

Todos los Emperadores de Roma Antigua-Cronologia

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano

Guerras Punicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Guerras Púnicas Causas y Consecuencias Roma y Cartago

Esta serie de enfrentamientos entre Roma y Cartago, que se prolongaron a lo largo de los siglos III y II. C., convirtieron a la potencia italiana en la dueña del Mediterráneo occidental.

En sus orígenes, Cartago fue sólo una de las muchas colonias fundadas en las costas africanas por los fenicios procedentes de Tiro o Chipre, entre 825 y 819 a. C. Recibió el nombre de Qart Hadash («Ciudad Nueva»).

Cuando Tiro entró en decadencia, Cartago rompió los lazos que la unían a dicha ciudad-estado y emprendió su propio desarrollo.  Aliada con los etruscos, venció a los focenses de Córcega en Alalia (535 a. C.). 

A fines del siglo V a. C., se enfrentó a la ciudad griega de Siracusa, con distintos resultados. Convertida en una fuerte potencia, en su avance por el Mediterráneo chocó con los intereses de Roma.

Introducción: Una vez que Roma completó su dominio sobre toda la península itálica, emprendió la lucha contra Cartago para disputarle su influencia en el Mediterráneo occidental.

Los cartagineses comercializaban las telas, las piedras preciosas y los perfumes de Oriente; el trigo de Sicilia y del Norte de Africa; el estaño de Francia y el hierro y la plata de España.

El enfrentamiento se extendió desde el año 264 al 146 a.C. y se conoce en la historia con el nombre de guerras púnicas, debido a que los romanos llamaban poeni (fenicio) a los cartagineses.

Cartago era una colonia de Tiro, fundada por Dido hacia el año 880 a.C., quien había huido de su patria para escapar del gobierno despótico de su hermano Pigmalión.

Al llegar a las costas de Africa pidió a los nativos que le concedieran una extensión de tierra que no fuera más grande que la que pudiera cubrir la piel de un buey, lo que fue aceptado.

Entonces Dido hizo cortar el cuero en tiras largas y estrechas, con las cuales trazó el perímetro de un terreno mucho más amplio del que debiera haber recibido.

De inmediato levantó en aquel lugar una ciudad que rivalizó con Tiro y extendió su influencia a toda la costa africana del Mediterráneo.

Luego los cartagineses ocuparon varias islas del Mediterráneo, inclusive parte de Sicilia, se establecieron en las costas de España, atravesaron el estrecho de Gibraltar y navegaron hasta las islas británicas y Francia hacia el Norte y hasta las islas Canarias hacia el Sur. De esta manera Cartago se convirtió en el centro de un verdadero emporio que monopolizó el comercio de Occidente.

En su organización política, Cartago constituía una república, como lo era Roma en esa época.

El poder ejecutivo era ejercido por dos magistrados llamados sufetes, elegidos con carácter vitalicio.

Su poder era vigilado por un Senado, cuyos integrantes pertenecían exclusivamente a la clase alta de la población, que estaba dividida en dos facciones, encabezadas respectivamente por dos familias, la de los Hannón y la de los Barca.

Por otra parte en la primera mitad del siglo III a. C. Roma se había, convertido en la primera potencia de la península Itálica, extendiendo su tutela a las ciudades griegas del sur y proyectando su sombra sobre Sicilia.

Primera Guerra Púnica:

La antigua colonia fenicia de Cartago, era la mayor potencia marítima de la zona, con colonias en casi todas sus islas incluyendo el oeste de Sicilia. Pretendía dominar toda la isla para neutralizar a sus rivales comerciales y acaparar su importante producción de cereales.

En estas circunstancias, una banda de mercenarios oscos, los mamertinos, se apoderó de la ciudad siciliana de Messina, que controlaba el paso hacia Italia. Amenazados por Hierón II de Siracusa, pidieron ayuda tanto a Roma como a Cartago (264 a. C.)

Ambas potencias acudieron a la llamada, pero llegaron primero los cartagineses, que establecieron la paz con Hierón.

Esto no detuvo a los romanos, que expulsaron a los púnicos de Messina e invadieron el territorio de Siracusa, forzando a Hierón a aliarse con ellos en 263.

La superioridad de su ejército les permitió apoderarse incluso de la base púnica de Agrigento, un año más tarde.

Pero los cartagineses controlaban el mar, lo que decidió a los romanos a construir su primera flota de guerra, que al mando de Cayo Duilio derrotó a sus enemigos en Milas, en el año 260.

Esta ventaja les permitió expulsar a los cartagineses de Córcega y devastar Cerdeña (259), pero no apoderarse del oeste de Sicilia. Por ello, decidieron atacar directamente en África.

Una gran flota romana venció a la cartaginesa en Ecnomo (256) y desembarcó cerca de Utica al ejército de Atilio Régulo, que se fortificó en Clypea.

Las desorganizadas fuerzas cartaginesas, incapaces de resistir a los romanos en tierra, estaban dispuestas a capitular, pero las duras condiciones impuestas decidieron su resistencia.

Jántipo, jefe de una partida de mercenarios espartanos, reorganizó el ejército cartaginés, que se apoyó en la caballería y los elefantes.

Con estas fuerza derrotaron a Régulo (255), que tuvo que volver a Italia a bordo de una flota que acababa de destruir a la cartaginesa en el cabo Hermes.

Esta flota resultó arrasada por una tormenta, pero los romanos construyeron una nueva que consiguió tomar Panormo (254), aunque las sucesivas operaciones por tierra y mar no lograron conquistar Lilybaeum y Drepanum.

En 249 un contraataque cartaginés rompió el cerco sobre estas ciudades y destruyó la flota romana, pero el agotamiento de sus fuerzas impidió la continuación del ataque en la isla, limitándose a defender las posesiones que mantenían en ella.

Un nuevo avance romano supuso la severa derrota naval de los púnicos en las islas Egatas (241); Roma consolidaba el dominio del mar.

Cartago tuvo que firmar una paz por la que cedía Sicilia y las Lípari, además de pagar como indemnización la cantidad de 3.200 talentos.

Puede afirmarse que Aníbal dedicó toda su vida a combatir el expansionismo de Roma. Tras su derrota en Zama (202 a. C.), Aníbal intentó reorganizar la actividad económica y militar de Cartago.

Denunciado por sus enemigos políticos, huyó a Siria, donde se refugió en la corte de Antíoco III el Grande, a quien intentó ganar para la lucha contra Roma. Al no lograrlo, se dirigió a la isla de Creta, donde quiso reclutar soldados entre los esclavos para continuar su lucha contra los romanos.

Al fracasar en su intento, se dirigió a la corte de Prusias de Bitinia, donde volvió a querer formar un ejército contra Roma. Presionado por los romanos, Prusias de Britinia lo encarceló. Consciente de que iba a ser entregado a Roma, se envenenó (183 a. C.).

Entreacto en Hispania

Roma aprovechó la debilidad de Cartago, agravada por la sublevación de sus mercenarios (241-237), para apoderarse de Córcega y Cerdeña, a pesar del tratado de paz.

En estas circunstancias, el caudillo cartaginés Amílcar Barca propuso la conquista de nuevos territorios en la península Ibérica, donde podría obtener los recursos materiales y humanos para restaurar el poder de Cartago.

El senado de la ciudad le otorgó plenos poderes y, acompañado de su yerno Asdrúbal y de sus hijos Magón, Asdrúbal y Aníbal, se aplicó a la tarea de construir un imperio en Hispania (237-228).

Tras su muerte, su yerno continuó su labor y fundó Cartago Nova (228) como capital de los nuevos territorios. Roma, inquieta por estos avances, impuso el Ebro cómo lImité norte de esta expansión (226).

Aníbal, que sucedió a su cuñado en 221, extendió el poder cartaginés al interior: La conquista de Sagunto (219), ciudad que mantenía relaciones con Roma, proporcionó a ésta el pretexto para exigir la entrega de Aníbal. Cartago se negó, lo que desencadenó una nueva guerra (218).

Segunda Guerra Púnica

Aníbal sabía que la única forma de derrotar a Roma era atacando la base de su poder en Italia, aparentemente protegida por su dominio del mar.

El general cartaginés dejó a su hermano Asdrúbal en la península Ibérica, mientras él conducía un ejército compuesto de mercenarios africanos e hispanos, que cruzó los Pirineos, el Ródano y los Alpes en seis meses.

Aunque sus fuerzas habían quedado reducidas a la mitad (20.000 infantes y 6.000 jinetes) tras la terrible marcha, consiguió adelantarse a la, reacción romana. Venció en Trebia (218) a un primer ejército mandado por los cónsules P. Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio, tras lo cual muchos galos se unieron a las fuerzas cartaginesas.

Aníbal entró en, Etruria y aplastó de nuevo a las tropas romanas en Trasimeno (217), dejando indefensa a Roma. Pero no se atrevió a cercar la capital con sus escasas fuerzas, y se dirigió al sur’para tratar de conseguir aliados entre las ciudades recientemente sometidas por los romanos.

Mientras éstos habían enviado a Hispania un ejército al mando de Publio y Cneo Escipión, que desembarcó en Emporion (218) y logró cortar las comunicaciones de Aníbal con sus bases en la Península.

En 215 los romanos cruzaron el Ebro, derrotaron a Asdrúbal y conquistaron Sagunto. El cartaginés tuvo que marchar a África para someter al rey númida Sífax, lo que aprovechó Publio Cornelio Escipión para avanzar hasta la Bética.

Asdrúbal volvió a la Península, reforzado por los jinetes númidas de Masinisa, y logró vencer y dar muerte a los Escipiones en Cástulo e llorci (211), obligando a los romanos a replegarse al norte del Ebro.

En otoño llegó a la Península Publio Cornelio Escipíón, hijo del cónsul del mismo nombre, que reorganizó las fuerzas romanas para evitar que Asdrúbal acudiera en ayuda de su hermano en Italia.

Escipión consiguió tomar Cartago Nova (209) y derrotar a Asdrúbal en Bailén (208), pero éste reaccionó y marchó finalmente hacia Italia.

Aníbal se había trasladado a Apulia tras la victoria de Trasimeno, mientras entraba en negociaciones con Filipo V de Macedonia y Hierónimo de Siracusa para presentar un frente común contra Roma. E

l general Fabio Cunctator le seguía de cerca sin presentar batalla, hasta que fue obligado por el senado y el cónsul Varrón.

Aníbal le aplastó en Cannas (216), lo que decidió a varias ciudades del sur a apoyarle. Trató entonces de conquistar Tarento, cuyo puerto necesitaba para restablecer sus comunicaciones con el exterior, pero la debilidad de sus fuerzas, divididas para proteger a sus nuevos aliados, se lo impidió.

Para cuando lo consiguió (213), Roma habla logrado recomponer sus tropas gracias a un extraordinario esfuerzo de su población, había contenido a Filipo en Iliria y mantenía sitiada a Siracusa, defendida por los ingenios mecánicos del sabio Arquímedes y apoyada por una flota cartaginesa.

En 211 los romanos se apoderaron de Capua y Siracusa, acorralando a Aníbal en el extremo sur de la península Itálica. Asdrúbal, que por fin había llegado a Italia, fue derrotado y muerto en Metauro (207), al tiempo que Escipión vencía a los cartagineses en lupa y expulsaba a los púnicos de casi toda la península Ibérica.

Gádir, el último bastión, cayó en 206; el romano llevó entonces la guerra a Africa (204). Consiguió la alianza de Masinisa, venció al rebelde Sífax y a los cartagineses en Útica (203) y amenazó a la propia capital.

Cartago llamó en su ayuda a Aníbal, que se puso al frente de lo que quedaba del ejército cartaginés.

La victoria de Escipián en Zama (202), que le valió el apelativo honorífico de «el Africano», significó la completa derrota de Cartago, que tuvo que renunciar a Hispania y a las islas que conservaba, entregar sus elefantes y su flota de guerra y pagar 10.000 talentos.

Además, se comprometió a no emprender nuevas campañas militares sin el consentimiento de Roma.

En el año 195 el senado romano exigió la entrega de Aníbal, convertido en sufeta(magistrado supremo) de Cartago, pero éste huyó a Oriente. Constantemente perseguido por los romanos, acabó suicidándose en Bitinia (183).

BATALLA DE CANNAS: Cannas era una llanura que Aníbal conocía bien. El cartaginés dispuso sus tropas de manera que el viento, el polvo y el sol diesen de cara a los romanos.

Colocó sus buenas tropas en las alas, formando como los cuernos de una media luna y dejó que el enemigo penetrara en el centro, lo cual facilitó el movimiento envolvente merced al cual cincuenta mil hombres  cercaron a ochenta mil. Desde el principio de la acción, la caballería númida y la española habían cargado a la caballería romana, que por tío saber combatir a galope, echó pie a tierra, y fue, por consiguiente destrozada.

La caballería de Aníbal atacó en seguida la retaguardia del ejército romano, y la batalla se convirtió en matanza en la que perecieron setenta mil legionarios. Roma se preparó o resistir el asalto. Maharbal, jefe de la caballería, instaba a Aníbal a que marchara sobre Roma diciéndole : « Déjame partir con mi caballería, y dentro de tres días comerás en el Capitolio. » Pero Aníbal no encontraba su ejército bastante fuerte para atacar a una ciudad tan importante y resuelta, y partió hacia el sur.

Tercera guerra púnica: A pesar de las derrotas, Cartago logró recuperar su vitalidad comercial, despertando la envidia de los mercaderes latinos y la suspicacia de los gobernantes romanos, especialmente Catón el Censor, que hizo famosa la frase Delenda est Carthago (Cartago debe ser destruida).

Cuando los cartagineses se enfrentaron a las constantes provocaciones del rey númida Masinisa, apoyado por Roma, ésta les declaró nuevamente la guerra (149 a. C.).

Cartago intentó negociar la paz, pero las duras condiciones impuestas por los romanos provocaron una resistencia desesperada, que se prolongó por espacio de dos años, hasta que Escipión Emiliano, nieto del Africano, tomó el mando de la expedición romana (147).

El nuevo general logró estrechar el cerco sobre Cartago, que finalmente cayó en 146.

El solar de la ciudad fue arrasado y maldito, con la ceremonia simbólica de cubrirlo de sal y la prohibición de volver a edificar sobre él. Los habitantes supervivientes fueron vendidos como esclavos y el territorio se convirtió en la provincia romana de África.

El triunfo sobre Cartago fue el detonante de la expansión y consolidación de Roma como potencia imperial. Este proceso fue más rápido que el de la etapa anterior, de lenta imposición en la península Itálica.

Aunque la completa anexión del Oriente helenístico no se consumó hasta el 30 a. C. con la sumisión de Egipto, de hecho el expansionismo romano fue irreversible a partir de la creación de la provincia de Asia en 129 a. C.

En poco más de un siglo, el poder romano pasó del Tirreno al Mediterráneo central y occidental primero y, más tarde, de Iliria al Mediterráneo oriental. A lo largo del siglo II a. C., Roma pasó a controlar todo el Mediterráneo, el mare nostrum.

 Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

La ciudad romana de Pompeya Bajo Las Cenizas del Vesubio Tragedia

La ciudad romana de Pompeya Bajo Las Cenizas del Vesubio

Un suceso accidental nos ha proporcionado el medio de representarnos con precisión la vida que se hacía en una ciudad romana del imperio. El año 79 de nuestra Era, una erupción del Vesubio destruyó dos ciudades pequeñas a orillas del golfo de Nápoles, Herculano y Pompeya.

La catástrofe nos es bien conocida por una carta de Plinio el Joven, que refiere cómo su tío pereció queriendo observar el fenómeno.

Pero no era conocido el sitio que estas ciudades ocuparon cuando en el siglo XVIII se descubrió por casualidad Herculano, cubierta por una capa de lava, luego Pompeya, enterrada debajo de una capa de cenizas y piedra pómez.

Primeramente se hicieron excavaciones en Herculano, donde se encontraron lindas estatuas y rollos de manuscritos abrasados, pero pareció demasiado dura la lava y se prefirió trabajar en Pompeya.

Así se ha hecho durante todo el siglo XIX y buena parte de la ciudad aparece hoy limpia de escombros.

pompeya

Por aquella época Pompeya era una ciudad que en la actualidad consideraríamos pequeña (ocupaba unas 80 hectáreas), pero bastante importante en opinión de sus habitantes y de otros romanos.

Su historia se remonta a la época etrusca, y sus ciudadanos —unos 20.000— descendían de los pueblos prerromanos y de los colonos romanos que se establecieron en la zona cuando Roma extendió su dominación sobre la Campania, región fértil y rica. 

Se alzaba a orillas del río Sarno, que en la actualidad carece de importancia pero que entonces permitía que Pompeya fuera el puerto en el que atracaban los buques mercantes que recogían los productos agrícolas y las manufacturas de la ciudad.

Pompeya constituía uno de los centros a través de cuyos mercados y muelles la Campania mantenía contactos con el mundo exterior.

Las casas, en su tipo más sencillo, tenía una sola puerta a la calle, y estaba cerrada todo alrededor por altas paredes, privadas de ventanas y provistas sólo de altos y estrechos respiraderos hacia el exterior, que servían para la ventilación.

Parecía, pues, una pequeña fortaleza.

Desde la entrada , tras haber recorrido un estrecho corredor, se llegaba al patio central o atrio; alrededor de éste se abrían las habitaciones de alojamiento, los «cubicula», y frente a la puerta estaba el «tablinum», lugar de reunión de toda la familia.

(imagen de un esqueleto de aquella época sepultado bajo las cenizas durante 1900 años).

Este tipo sencillo y austero de casa pompeyana, usado en los siglos IV y III a. C., se transformó, gracias a la influencia griega, en una casa más suntuosa, en una especie de verdadero y auténtico ‘palacio. Pero, junto a la lujosa casa del rico patricio o del mercader enriquecido, estaba siempre la modesta habitación del pequeño artesano o del comerciante.

Estas habitaciones estaban reservadas para una sola familia, porque en Pompeya todavía no había hecho su aparición la gran casa de alquiler, característica de la Ostia antigua y muy corriente en la Roma imperial.

Junto a las casas había tiendas, pequeños albergues, garitos, establos, hornos y hosterías; todos estos edificios contribuyen a revelarnos el aspecto de la vida en aquellos tiempos.

Han contribuido a la reconstrucción del ambiente las pocas inscripciones de carácter público y monumental grabadas en mármol y las inscripciones ornamentales pintadas o esgrafiadas sobre los muros.

Este era un rasgo verdaderamente característico de la vida ciudadana; de hecho, los acontecimientos grandes o pequeños (las elecciones para los cargos municipales, los espectáculos del anfiteatro, los alquileres de casas o terrenos, la búsqueda de un animal perdido) se anunciaban mediante carteles pecados en las paredes.

Aparte de estas inscripciones, que podemos llamar públicas, se grababan en la pared, con la punta del estilo o de cualquier instrumento aguzado, las cuentas del hostelero, las deudas de la clientela, las fechas de los viajes del hombre de negocios, los pensamientos, las invitaciones, los recuerdos de los enamorados, los signos del abecedario de los escolares, los ultrajes, las caricaturas, las aclamaciones o los insultos de los espectadores del anfiteatro.

casa en pompeya

Caso de toreius Tiburtinus – La señorial mansión de Loreius Tiburtinus nos ofrece una imagen de cómo debía ser la vida de los ricos pompeyanos. Un gran portal se abría al atrio por el que se llegaba a un pequeño peristilo. De allí se pasaba a una larga galería con pórticos y cubierta por un emparrado. Esta galena, elevada como una terraza, se asomaba sobre el jardín que estaba abajo; a lo largo de ella corría un canal en cuyas márgenes se habían colocado unas estatuillas. Las habitaciones más lujosas daban, precisamente, a esta galería. Una fuente brotaba en medio de este oasis de paz, y el agua corría más abajo por un largo canal que atravesaba el jardín. ‘En éste había extensas filas de árboles frutales: en efecto, se han encontrado huellas de raíces

En las cercanías de la ciudad, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar, se erguía el Vesubio, el último volcán activo del continente europeo.

La pequeña población se encontraba a unos 9 kilómetros de la cima y a unos 6 de otra ciudad, Herculano, situada en la costa al oeste del volcán.

El Vesubio es uno de los pocos supervivientes de una serie de antiguos volcanes de la región; también se han mantenido en actividad otros situados en las islas cercanas (como el Etna, en Sicilia).

La última erupción del Vesubio se produjo en 1944 y, teniendo en cuenta los testimonios históricos y la frecuencia de las erupciones, existen numerosas posibilidades de que vuelva a producirse otra dentro de poco tiempo.

Pero la más famosa y catastrófica fue la que tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d.C.

Conocemos bien los detalles de este acontecimiento gracias al testimonio de Plinio el Joven.

La zona sufrió temblores de tierra durante varios días y se secaron los manantiales, señales inequívocas del aumento de presión en el interior del cráter. Después, probablemente un poco antes del mediodía del 24 de agosto, hubo una gran explosión.

En el monte se abrió otro cráter y un chorro de gas caliente arrojó millares de toneladas de piedras, en gran parte al rojo vivo, a miles de metros de altura, fenómeno que se prolongó cierto tiempo.

Una nube en forma de paraguas (seguramente parecida a la que desencadenan las explosiones nucleares) ocultó el sol, y a continuación los detritos empezaron a caer al suelo.

A media tarde, Pompeya quedó enterrada bajo seis metros de piedra pómez y cenizas. Herculano se libró de esto, pero fue arrollada por el barro ardiente, que la sepultó a 15 metros de profundidad, endureciendo como una roca todo cuanto en ella había.

El proceso fue lo suficientemente lento como para que la gente tuviera tiempo de huir: en Herculano sólo se han encontrado 20 ó 30 esqueletos.

En Pompeya, las cosas sucedieron de otro modo: murieron unas 2.000 personas, algunas aplastadas por las piedras, pero sobre todo asfixiadas por los gases o sofocadas por las cenizas. También quedaron arrasadas varias ciudades y aldeas cercanas, y en un par de horas desapareció de la faz de la tierra una sociedad entera.

Pompeya siguió sepultada hasta que en 1763 se descubrió su emplazamiento, tras 15 años de excavaciones.

horno

Molino con horno – El hallazgo de un molino con horno testimonia el carácter, todavía doméstico y primitivo, que en la antigüedad tenía la industria del pan. Las piedras de molino estaban formadas por dos bloques de lava volcánica y sustentadas por unos cimientos. La piedra inferior actuaba de eje de rotación fijo, y a la superior se le hacía girar a fuerza de brazos o mediante asnos, con una armadura de madera y dos barras que sobresalían. Se hacía caer el trigo entre las dos superficies de contacto, y la harina se recogía en el borde de la base circular. Junto a las muelas se pueden ver todavía, bien conservados, los bancos para amasar el pan, el horno para cocerlo y el lugar para venderlo.


Casa del Fauno – Por su amplitud, por su estructura arquitectónica, por las pinturas y mosaicos que adornaban las. paredes, la casa del Fauno debía de ser una vivienda principesca (se cree que la habitó P. Sila, sobrino del dictador). Se remonta al siglo II a. C, y está considerada como el más bello ejemplo de residencia privada que ha llegado desde la antigüedad hasta nosotros. •£! nombre le viene de la maravillosa estatuilla de bronce de un Fauno danzante que estaba colocada en el centro del atrio (la que reproducimos es una copia; el original se encuentra en él Museo Nacional de Napóles),

En Pompeya, en una terraza que se encuentra entre Puerta Marina y la plaza de la Exedra, se alza un edificio moderno que ningún turista ni investigador deja de visitar.

Es el Antiquarium, único edificio de esta ciudad (toda ella un gran museo) que desempeña las funciones de museo propiamente dicho.

Efectivamente, en cuatro grandes salas y dos salitas se muestra allí una colección de utensilios, esculturas, fragmentos arquitectónicos y objetos sumamente raros e interesantes, que merecen ser conservados con especial cuidado por su valor de documento histórico y humano.

Entre todos los objetos expuestos, los que más llaman la atención de los visitantes son los vaciados en yeso.

Reproducen, con absoluta fidelidad, In form:i de todo aquello que el yeso para reproducir la forma de los árboles, animales, cuerpos humanos, alimentos, utensilios de madera, etc., se le ocurrió por primera vez a Giuseppe Fiorelli, el hombre que, en 1860, inició, metódica y diligentemente, las excavaciones.

Se fijó en que la ceniza de la erupción volcánica que destruyó a Pompeya, ceniza que con el transcurso de los siglos se había vuelto dura y compacta como la piedra, presentaba extrañas cavidades.

Fiorelli advirtió que éstas correspondían a los espacios ocupados, en el momento de la erupción, por los cuerpos de las víctimas y diversos objetos que, después, se habían ido convirtiendo en polvo.

Luego pensó que colando yeso desleído en las cavidades se podía reproducir fielmente, hasta en sus más pequeños detalles, el aspecto de los cuerpos y cosas sepultados por la erupción.

Vaciado en yeso de un perro – En la angustia de la huida, nadie pensó en el perro de Vesonio, que quedó atado a la cadena. Mientras caía la ardiente ceniza el pobre animal intentó liberarse por todos los medios posibles, retorciéndose para romper la cadena, que resistió  a sus esfuerzos. Las emanaciones se produjeron la muerte y permaneció para siempre junto a su puerta.

rueda

Vaciado en yeso de una rueda Esta rueda fue, quizá, montada en su eje con demasiada prisa y puede haber saltado mientras el vehículo intentaba abandonar la ciudad; fue tal vez obra de un artesano que la habría dejado provisionalmente a la puerta de su tienda. La madera se fue deshaciendo lentamente, y sólo quedó ^su huella en la lava. El vaciado en yeso, obtenido de ese molde, nos revela la técnica constructiva de los operadores pompeyanos del siglo I

arbol
Vaciado en yeso de un árbol Más allá de la Puerta Stabiana crecía un frondoso laurel. ¡Cuántos forasteros, antes de entrar en la ciudad, descansarían a su sombra! Quizá sirvió también como punto de cita: «Nos encontraremos en el laurel, pasando la Puerta Stabiana…» El vaciado en yeso de este árbol se halla en un ángulo de la última sala, que dá a Puerta Marina.

imagen pompeya

Vaciado en yeso de un mulateroHe aquí el vaciado de una figura humana: la de un mulatero que había buscado refugio contra la lluvia de ceniza y de casquijo de lava, acurrucándose en un rincón. El pobre hombre intentó protegerse envolviéndose en su tosca capa y tapándose la boca con un borde de ella, para defenderse de los gases mefíticos. En este vaciado no se observa el dramatismo que muestran el del perro y el de la joven: el hombre parece dormido.

PLINIO, el joven le escribió con detalle el caos apocalíptico que se produjo. Sus famosas cartas a Tácito constituyen el primer testimonio conocido de un testigo visual de una erupción volcánica. Las ciudades enterradas se sumieron en un olvido casi absoluto hasta el inicio de excavaciones en el siglo XVIII. Desde entonces, las palas han desenterrado, un inestimable tesoro arqueológico y geológico: dos florecientes poblaciones romanas, paralizadas en le momento en que se produjo su destrucción.

El viento transportó la nube de ceniza del Vesubio a la ciudad de Pompeya. Herculano, situado al oeste del volcán, apenas sufrió el embate de la ceniza. Pero las nubes ardientes y plininas que vinieron a continuación rodearon por todas las laderas del volcán y acabaron enterrando a ambas poblaciones.

Pasado el tiempo, e! Vesubio tuvo unas cincuenta erupciones más. En 1631 y en 1794, la villa Jorre del Greco fue alcanzada por la lava.

En 1872 se produjo otra violenta erupción, mientras que en 1900, sin que hubiera emisión de lavas, ocurrieron violentas explosiones con expulsión de rocas y piedras que cayeron en las inmediaciones del volcán.

Así, su cono terminal, que media 1.014

metros, en 1882 alcanzó 1.242 metros y en la actualidad llega a 1.335. En 1906 destruyó la villa Busco Trecase y llegó hasta Torre Annunciata. En julio de 1913 sobrevino otro período de actividad que duró hasta 1925.

En 1929 ruidos subterráneos anunciaron su próxima actividad y el 2 de junio se produjeron sacudidas sísmicas.

El alud de lavas descendió hasta el denominado valle del Infierno a razón de 3 metros por segundo, Por último, en 1944 se produjo otra erupción qué se caracterizó por una importante emisión de lavas incandescentes y por una capa de cenizas ardientes.

Actualmente, un ferrocarril de cremallera conduce hasta el mismo cráter del volcán, siempre lleno de sugestión, pero siempre también humeante y amenazador. Nada hace suponer que el Vesubio haya cesado su actividad.

Un observatorio vulcanológico situado próximo a él lo vigila atentamente, para prevenir al instante cualquiera de sus reacciones. La actividad del Vesubio no se ha extinguido, y su poder destructivo permanece latente, aunque Pompeya, Herculano y Stabia hayan quedado muy atrás…

Origen de Roma La Monarquia Los Reyes Etruscos y Latinos Romanos

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍA

ORIGEN DE ROMA Y LA MONARQUÍAEL MEDIO GEOGRÁFICO: La civilización romana, la más grande y duradera de la antigüedad, se desarrolló en la península itálica, situada al Occidente de Grecia y en el centro del mar Mediterráneo, al que en cierto modo divide en dos cuencas.

Dicha península tiene la forma de una bota y está limitada al norte por los Alpes, un semicírculo de montañas muy altas, cubiertas le nieve, que encierra un valle de naturaleza muy fértil, regado por el río Po, que desemboca en el mar Adriático.

En forma longitudinal se extienden los montes Apeninos, que descienden hacia los mares laterales, el Adriático y el Tirreno, dando lugar, en la margen occidental, a la existencia de múltiples llanuras, algunas muy feraces, como las surcadas por los ríos Amo y Tíber.

Próximas al continente, se encuentran tres grandes islas: Córcega, Cerdeña y Sicilia, esta última apenas separada de la península por el estrecho de Mesina y escasamente distante del continente africano. El clima es benigno, sobre todo en el Sur, con un sol brillante y permanente, lo que favorece el establecimiento del hombre y el cultivo del suelo.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Los primitivos habitantes de este privilegiado territorio, fueron los ligures, que hacia el año 1500 a.C. se establecieron en el Norte, en la región que hoy se conoce precisamente como la Liguria.

Luego aparecieron los italiotas, procedentes del centro de Europa —indoeuropeos, como los pueblos que invadieron Grecia por la misma época— que se impusieron sobre los ligures y se radicaron en la región central, donde se integraron en numerosas tribus, entre las que podemos mencionar a los sabinos, que fueron los que iniciaron el asentamiento en la Campania; en seguida los siguieron los latinos, que ocuparon el valle del Tíber y su zona adyacente, que se llamaba el Lacio; más tarde arribaron los umbrios, que se quedaron en la llanura del Po; y finalmente, los ilirios, que se localizaron en el Véneto. Otros grupos menores ocuparon distintas posiciones.

Los etruscos: Sin embargo, los habitantes de mayor repercusión en la península itálica, fueron los etruscos, a quienes los griegos llamaron tirrenos, cuyo verdadero origen se desconoce, pero se supone llegados del mar Egeo, hacia el año 1000 a.C., como consecuencia de la gran expansión griega que los empujó hacia el Oeste y los obligó a establecerse en las ostas itálicas, en la región de la Toscana, entre los ríos Amo y Tíber.

Los etruscos fundaron varias ciudades independientes entre sí, aunque unidas federativamente, y rápidamente se extendieron desde los Alpes hasta la Campania, alcanzando elevados niveles culturales, en cuyas expresiones se advierte la combinación de elementos de origen griego y cretense.

Las ciudades tenían un rey, que concentraba la suma del poder. Los descendientes de los invasores constituían la nobleza, en tanto que el resto de la población vivía en servidumbre. La principal actividad económica fue la agricultura, que prosperaba en las tierras fértiles, debido a las importantes obras de desecación de los pantanos que llevaron a cabo.

Su religión, como la de los pueblos orientales —salvo los hebreos—, fue politeísta, aunque reconocían una trinidad común, integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Los muertos eran objeto de un culto especial, a la manera de los egipcios. Además ofrecían a los dioses sacrificios de animales y, en ocasiones, de seres humanos, como resultado de combates singulares.

Creían también en los presagios, que se hacían sobre la observación del vuelo de las aves o del análisis de las entrañas de los animales sacrificados; y efectuaban plegarias de impetración a los dioses. Los arúspices estaban encargados de interpretar las recopilaciones en las que estaban contenidas las normas para la organización de la comunidad y las relaciones entre sus miembros.

Las manifestaciones artísticas también tuvieron reminiscencias de los griegos y orientales, pero con el aporte de nuevos elementos de gran originalidad. En arquitectura se destacaron por la construcción de puentes, acueductos y cloacas, cuya excelencia los hace valederos hasta la actualidad. También fue muy importante la construcción de carreteras y la erección de murallas hechas de piedras, sin cemento. En estas construcciones aplicaron el arco y la bóveda, que luego tanto difundieron los romanos.

Los Esposos-Arte Etrusco

La civilización etrusca floreció hasta el año 600 a.C. aproximadamente, en que al chocar con los italiotas y con los griegos, terminó por desaparecer. La decadencia comenzó con la derrota en la batalla naval de Cumas, en el año 520 a.C., librada contra la flota griega en un intento de apoderarse de las colonias próximas a Nápoles.

Aprovechando esta circunstancia, en el año 509 a.C. se sublevaron los latinos y lograron que los etruscos se retiraran de la margen opuesta del Tíber, abandonando la región del Lacio.

Para esa época penetraron los galos por el Norte de Italia, obligando a los etruscos a desalojar la rica zona del Po, que desde entonces se conoció como la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes). De esta manera, los etruscos quedaron reducidos a sus primitivas posesiones en la Toscana, hasta ser dominados por los romanos. (ampliar sobre los etruscos)

Mural de una tumba etrusca. Al igual que los egipcios, los etruscos llenaban sus tumbas con muebles, tazones y otros objetos de la vida cotidiana, así como murales que muestran diversiones experimentadas en vida y esperando la muerte en la vida después de morir. En este mural encontrado en una tumba etrusca en Tarquinia se observa a los sirvientes y músicos en un banquete. Este mural data de la primera mitad del siglo V a. de C.

LA MONARQUÍA: Como vimos, los latinos, se establecieron en el valle del Tíber y su comarca circundante, que se llamaba el Lacio, llanura escasamente fértil que se recostaba sobre el mar Etrusco, que más tarde se denominó mar Tirreno. La región no era muy favorable, por sus terrenos bajos y pantanosos, y estaba cercada al Norte por los etruscos y al Sur por los griegos. Esta circunstancia hizo que sus habitantes buscaran la forma de poder defenderse mejor de sus vecinos.

En el año 753 a.C., un grupo de familias procedentes de Alba Longa resolvió establecerse en el monte Palatino, donde fundaron una aldea, llamada en un principio Germal, y más tarde conocida como Palatina.

Con la llegada de otras familias, fueron ocupando los montes vecinos, hasta completar siete poblaciones, las cuales se unieron federativa-mente, a la manera de los etruscos, constituyendo el Septimontium o Liga de los Siete Montes, que conservó una relación muy estrecha con Alba Longa, que era la ciudad de origen de sus miembros.

Sin embargo, poco después aparecieron los etruscos, quienes conquistaron toda la región del Lacio y sometieron a Alba Longa y a todas las ciudades de la Liga, que se unificaron en una sola ciudad a la que llamaron Roma, nombre que deriva de la palabra etrusca rumón, que significa río.

La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida, el príncipe troyano Eneas, después de la toma de su ciudad por los griegos, huyó hacia Italia en busca de refugio, y llegó hasta el Lacio, donde se estableció y fundó la ciudad de Lavinio.

Ascanio, hijo de Eneas, que había acompañado a su padre, lo sucedió como rey de Lavinio y, a su vez, erigió otra ciudad a la que llamó Alba Longa.

Mucho tiempo después, Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que R5mulo y Remo, hijos de Rea Silvia, hija, a su vez de Numitor, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa

Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.

Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.

Además, como la ciudad se fue poblando de pastores, sin el aporte necesario de mujeres para fundar familias, Rómulo organizó una fiesta e invitó a sus vecinos, los sabinos, que confiadamente fueron, acompañados de sus mujeres y sus hijas. Durante el transcurso de la misma, a una señal convenida, los romanos raptaron a las mujeres, lo que dió origen a una guerra con los sabinos, que terminó por mediación de las mismas mujeres raptadas, las que habiéndose convertido en esposas de los romanos, se interpusieron entre los combatientes y los reconciliaron.

Posteriormente, en el año 715 a.C., el fundador de Roma desapareció en forma misteriosa. En cierta ocasión en que pasaba revista a sus tropas, se produjo una terrible tempestad, pasada la cual nadie volvió a verlo, lo cual dio lugar a que se tejieran muchas conjeturas, entra ellas la de su asesinato y, finalmente, a que se lo adorara como a un dios.

A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos. Además dió forma definitiva a su religión.

A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio, de inspiración guerrera, quien atacó a los albanos y los venció por completo después de una larga contienda, con lo que Alba Longa quedó subordinada a los romanos.

La guerra se definió por el enfrentamiento de tres hermanos, los Horacios, que combatieron por los romanos, con los tres Curiacios, que lo hicieron por los albanos. En el primer choque murieron dos Horacios y fueron heridos los tres Curiacios. Entonces el último Horacio fingió huir y ultimó por separado a los Curiacios, que estando heridos no pudieron perseguirlo a la misma velocidad.

Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia.

Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. Tuvo especial preocupación por el embellecimiento de Roma y ordenó la construcción de un templo consagrado a Júpiter, que se llamó el Capitolio, debido a que cuando se estaba excavando para colocar los cimientos del edificio, se encontró una cabeza (capitis en latín), lo que según los augures, indicaba que Roma’ llegaría a ser la capital o cabeza del mundo. Durante su reinado también se construyeron el Circo, el Foro y la Cloaca Máxima.

A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. Este rey incorporó los distritos etruscos a la alianza romana y dividió a la sociedad en clases, según su fortuna. Además rodeó a la ciudad de una fortificación y creó registros para los ciudadanos. Debido a este hecho, que perjudicaba a las antiguas familias, pereció víctima de una conspiración.

Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.

La Dinastia Qin China Antigua El Primer Emperador Chino

La Dinastía Qin China Antigua
El Primer Emperador Chino

La Dinastia Qin China Antigua El Primer Emperador ChinoLuego de que la Dinastía Zhou se desmoronó, siete estados separados lucharon unos contra otros para controlar China. Finalmente el estado de Qin resultó victorioso, y estableció un imperio fuertemente autoritario. El emperador Qin Shi Huang (imagen) abolió los estados y conformó un gobierno central fuerte, que practicaba una autoridad despiadada, una administración eficiente y un código legal estricto.

HISTORIA: Las tribus guerreras Qin del oeste empezaron a conquistar a sus vecinos en el año 350 a.C. En 221 a.C. ya habian creado el imperio del que China ha tomado su nombre.

El rey Zheng de Qin (pronunciado «chin») unió gran parte de China en sólo diez años, dando por finalizado el período llamado de los Reinos Combatientes. Zheng cambió su nombre por el de Shi Huangdi o Qin Shi Huang (que significa «primer emperador») y fundó la primera dinastía imperial de China.

LA CHINA IMPERIAL: Shi Huangdi reorganizó el Gobierno a fin de controlarlo absolutamente todo. Normalizó los pesos y medidas, la escritura china e incluso el ancho de las ruedas de los carros; promulgó las leyes e instituciones de la dinastía Qin e introdujo una única moneda. Fue un modernizador despiadado:abolió los poderes de la aristocracia feudal y envió a sus administradores para que gobernaran las regiones. Construyó caminos y canales, y mejoró la agricultura introduciendo la irrigación y planes de drenaje.

Para proteger a China de los ataques de los bárbaros, Shi Huangdi comenzó la construcción de la Gran Muralla, buena parte de la cual sigue existiendo hoy. Estableció tradiciones imperiales que permanecieron casi inamovibles a través de diferentes períodos dinásticos durante unos dos mil años. Shi Huangdi destruyó muchas obras literarias, incluyendo las de Confucio, y llegó incluso a ejecutar a cuatrocientos eruditos con el fin de asegurar la modernización.

La Gran Muralla, que tiene 2.200 años de antigüedad, es hoy una atracción turística muy visitada.
Se construyó para proteger a la civilización China de las incursiones devastadoras realizadas por los hunos (nómadas de Xiongnu) y otras tribus procedentes del norte.

Un Supremo Legislador

Su nombre completo era Chin Shi Huang-Di, un nombre que otorgó a un país que ha existido durante más de 2.000 años. Con el paso de los siglos, «Chin» evolucionó hasta convertirse en «China».

En solitario unificó China, liderando a diez veces más súbditos que los faraones de Egipto.

Gobernó entre los años 246 y 210 aC, doscientos años antes del nacimiento de Cristo.

Necesitó menos de 40 años para completar su imperio. Un imperio que perduró 1.000 años más que el romano.

Se convirtió en el líder de un imperio de miles y miles de kilómetros, con una población estimada de 30 millones.

Levantó la Gran Muralla China en un vasto proyecto que se encargó de unificar construcciones ya existentes, con el objetivo de crear una única y enorme muralla de más de 5.000 kilómetros de largo. En el momento cumbre de la construcción, más de 700.000 personas fueron esclavizadas para conseguir su propósito.

Sus arqueros portaban una ballesta equivalente a un fusil soviético AK47, cuyas partes se producían en masa y eran intercambiables.

Un Líder Obsesivo:

* El emperador estaba obsesionado con la inmortalidad y tomaba mercurio para prolongar su vida, aunque ello lo condujo a la locura y probablemente aceleró su muerte.

* Después de haber sobrevivido a varios intentos de asesinato, nunca dormía en la misma cama más de dos veces.

* Un general que se había rebelado en su contra, aceptó cortar su propia cabeza para ser presentada ante el emperador y así aprovechar la oportunidad para asesinarlo.

* Más de 500.000 soldados del reino de Chu murieron en el frente de batalla cuando se atrevieron a enfrentar al ejército del emperador.

* Era un enemigo acérrimo del Confucionismo, reemplazándolo con una rígida filosofía legalista. Cuatrocientos sesenta eruditos confucianos fueron enterrados vivos después de desafiar su régimen.

* Ordenó una de las primeras quemas de libros de la historia, haciendo desaparecer prácticamente todos los escritos de su imperio.

EL MANDATO DEL CIELO: Shi Huangdi era un guerrero que empleaba la caballería en lugar de carros. Estaba acostumbrado a ser obedecido, y algunas de sus acciones le hicieron muy impopular. Sin embargo, exigía respeto y conseguía resultados, y se sirvió de su poder para realizar los cambios con toda rapidez y para unir toda China. A pesar de su tiranía, el emperador obedecía ciertos principios morales. Creía que los dioses le habían otorgado el «mandato del cielo», y que debía ganarse su apoyo gobernando bien. Este principio también implicaba que el emperador podía ser depuesto si gobernaba mal el país.

La vida era muy animada en una típica ciudad de la época Qin, con varios miles de habitantes y un mercado, numerosos edificios y sólidas defensas. Los antiguos chinos eran grandes inventores.

En el siglo a.C. idearon la carretilla, que usaban par transportar tanto persona como mercancías. Europa adoptó mil años después.

EL LEGADO QIN: Shi Huangdi murió en el año 210 a.C. Cuatro años después, la dinastía Qin fue derrocada debido a que los cambios y leyes que había promulgado el emperador eran excesivos. Aunque estalló una guerra civil, la idea de un imperio unido permanecía en mente de todos. Un hombre del pueblo, llamado Liu Bang, que había sido funcionario Qin, fundó una nueva dinastía y, como resultado, se ganó el apoyo popular. La dinastía Han iba a gobernar durante cuatrocientos años sobre las bases que había establecido Shi Huangdi.

Shi Huangdi utilizó enormes cantidades de trabajadores forzados para levantar la Gran Muralla. Tenía 2.250 km de largo y se construyó con tierra y escombros. La piedra, los ladrillos y el cemento se añadieron después. La escala de esta operación muestra lo importante que era para los chinos librarse de las incursiones de las tribus del norte. Estas tribus se aprovechaban de la seguridad y prosperidad chinas, y China sufrió grandes pérdidas antes de que se construyera la muralla y se venciera a los asaltantes.

La tumba de Shi Huangdi albergaba su cuerpo y sus posesiones para que las pudiera usar en el más allá. También contenía siete mil soldados de terracota gigantes. Las caras de las figuras eran muy realistas y quizá representaban el auténtico rostro de un soldado determinado.

Los chinos creen en la vida después de la muerte y, este ejército, fue creado para el Emperador Qin después de su deceso. Cuando fue descubierto en 1974 , el ejército estaba dispuesto en una formación completa de batalla, e incluía infantería parada, arqueros arrodillados y aurigas con caballos.

FECHAS CLAVES:

—350 Qín se convierte en un estaçlo militarista.

—315 Qin se convierte en el estado líder de China.

—256 Oin anexa el estado de Zhou (Luoyang).

—230 Por primera vez la dinastía fin une el país en un imperio.

—214 Para proteger China de las incursiones de los nómadas, se comienza a construir la Gran Muralla

212 Huangdi quema todos los documentos históricos, se prohíben los libros y se normaliza la escritura china.

—209 a  202 Guerra civil entre caudillos locales.

—202 Liu Bang funda la dinastía Han (que durará hasta el año 9 d.C.).

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia de la Historia

Dinastía Roma Antigua Familia Julio Claudio Emperadores

Dinastía Roma Antigua
Familia Julio Claudio

Sucesores de Augusto
Los cuatro primeros emperadores que sucedieron a Augusto pertenecieron a su familia y constituyeron la dinastía Julio-Claudia. Dos de ellos fueron pasablemente mediocres; en cambio los otros dos fueron vulgares degenerados. Si con ellos el Imperio no llegó al derrumbe, se debió en parte al estupendo impulso inicial que le dio su fundador.
Felizmente las dos dinastías siguientes, los Flavios y los Antoninos, fueron magníficas y con ellas el imperio romano vivió su época más gloriosa. De esta manera en el trono de Augusto, que se mantuvo durante más de 500 años, se sentaron los más virtuosos gobernantes y también execrables asesinos.

LOS JULIO-CLAUDIOS
Tiberio (año 14 a 37)
Antes de fallecer Augusto designó como sucesor a su hijastro Tiberio, aunque no tenía ningún derecho para hacerlo. El Senado respetó su voluntad y así el Imperio se convirtió en hereditario.

Tiberio fue un príncipe honesto y laborioso, pero de carácter sombrío y desconfiado. Fue un correcto administrador, siguiendo el ejemplo de Augusto, pero en sus últimos años, amargado por la desconfianza, se volvió cruel y tiránico: se retiró a Capri, frente a Nápoles, y desde su encierro gobernó con excesiva dureza. Por ello alrededor de su memoria se ha tejido una exagerada leyenda de crueldad y de sadismo. Durante su reinado tuvo lugar en Jerusalén la muerte y resurrección de Jesucristo.

Calígula (año 37 a 41)
Sobrino de Tiberio, fue aceptado por el Senado por sus buenas disposiciones. Pero al poco tiempo se volvió loco y cometió los mayores desatinos: se proclamó dios, hermano gemelo de Júpiter, y gastó todo el tesoro del Estado en extravagancias. Luego, para conseguir dinero, acusaba de traidores y condenaba a muerte a los hombres más ricos de Roma.
Los oficiales de su guardia, hartos de sus locuras, lo asesinaron.

Claudio (año 41 a 54)
Los mismos que mataron a Calígula proclamaron emperador a su tío Claudio. Así comenzó esta costumbre, que sería funesta para el I Imperio.I Claudio era de escasa inteligencia, excesivamente tímido y muy débil í de carácter. Pero tenía muy buena voluntad, de modo que continuó la iacertada administración de Tiberio e incluso realizó numerosas obras públicas, principalmente puentes y acueductos.

Con todo, más que Claudio gobernaban el Imperio las personas que lo rodeaban y sobre todo sus sucesivas esposas. La cuarta de ellas, Agripina, lo envenenó para asegurar el trono a su hijo Nerón.

Nerón (año 54 a 68)
Al morir Claudio el trono pertenecía a su hijo Británico, pero la Guardia Pretoriana, pagada por Agripina, proclamó a Nerón, joven de 17 años y adornado de bellas cualidades.

Durante los primeros años, y mientras tuvo a su lado a su maestro, el filósofo español Séneca, fue un discreto gobernante.
Luego, mal aconsejado, dio rienda suelta a sus perversos instintos y Roma presenció las escenas más crueles de su historia: hizo asesinar a su propia madre, a su esposa, a su maestro y a cuantos sospechaba que no le eran adictos, sobrepasando en mucho los crímenes del loco Calígula.

Como creía tener muy buena voz y era muy aficionado al teatro, abandonó el gobierno a sus amigos y durante dos años recorrió Grecia comprando aplausos y derrochando los tesoros del imperio en locuras y extravagancias. Vuelto a Roma, al poco tiempo un terrible incendio destruyó gran parte de la ciudad. El pueblo intuyó que Nerón había provocado el desastre para reedificar la capital y considerarse luego como su fundador: entonces e! emperador echó la culpa a los Cristianos y comenzó – contra ellos una terrible persecución.

Tantos escándalos provocaron el levantamiento de todas las legiones en las fronteras del ejército de España comenzó proclamando emperador al general Galba. El Senado aprobó la rebelión y destituyó al tirano, condenándolo a muerte. Nerón abandonado de todos sus antiguos amigos, se hizo matar por un esclavo. Con su desaparición concluyó el reinado de los parientes de Augusto: de inmediato comenzó un breve período de anarquía que hizo que Roma conociera cinco emperadores en un año.

Anarquía palaciega (año 69)
El nuevo soberano Galba, excesivamente económico, no fue del agrado de la Guardia, la que lo asesinó, proclamando luego a su jefe Otón. Pero desconformes las legiones de la Galia impusieron a su general Viteüo, quien gobernó contados días. Poco después los ejércitos de Oriente proclamaron a su jefe, el general Vespasiano, quien tras prolongadas luchas logró finalmente asegurarse el trono. Así concluyó la peligrosa’ anarquía militar: el imperio pasó a manos más capaces, que le darían’ casi dos siglos de gloria.

Fuente Consultada: Historia 1° Alfredo Drago

Dinastía Los Flavios y Sus Emperadores

Dinastía Los Flavios y Sus Emperadores

LOS FLAVIOS
Esta nueva dinastía produjo tres buenos emperadores que repararon las locuras de sus antecesores y prepararon la llegada del siglo de oro de! imperio romano.

Vespasiano (año 69 a 79)

Era de familia humilde pero estaba adornado con las más brillantes cualidades.

Prudente y justo, de costumbres sencillas y muy laborioso, cortó desde un principio los despilfarras inútiles: entre otras cosas suprimió los repartos gratuitos de comida al pueblo, y dedicó especial cuidado a la recaudación de los impuestos. Su excesiva economía le dio fama de tacaño; y se la merecía.

Con todo, realizó grandes obras públicas: a él se debe el maravilloso Anfiteatro Flavio, llamado «Coliseo», cuyas imponentes ruinas son universalmente famosas.

Emprendió varias campañas contra los germanos, y mandó a su hijo Tito a sofocar la rebelión de los judíos que concluyó con la destrucción de Jerusalén.

titoTito (año 79 a 81)
Por su bondad y rectitud fue llamado «Delicia del género humano»: durante su gobierno no debió dictar ni una sola sentencia de muerte.

Lamentablemente, en su reinado grandes catástrofes conmovieron el imperio: una terrible erupción del Vesubio sepultó en cenizas a Pompeya y otros pueblos de la Campania, y una implacable peste se declaró en toda Italia. Tito fue una de sus víctimas.

Domiciano (año 81 a 96)

Hermano de Tito, fue otro de los mejores administradores del Imperio. Amante de la justicia y de costumbres excesivamente austeras, se enemistó al poco tiempo con el Senado y con la aristocracia romana, disgustada por los impuestos.

Su exagerado rigor y la mala suerte que le acompañó en algunas expediciones militares, le ganaron la antipatía general, y también el injusto odio de los historiadores de su época. Terminó siendo asesinado por un oficial de su guardia.

Emperadores Romanos Dinastia Antoninos Resumen

Emperadores Romanos Dinastía Antoninos

LOS ANTONINOS
A la muerte de Domiciano pareció que el Senado, que nunca había visto con buenos ojos la sucesión hereditaria al trono, recuperaba su derecho, pues de inmediato proclamó emperador a uno de sus miembros más prestigiosos, Nerva.

El nuevo soberano introdujo entonces una costumbre que sus sucesores mantuvieron: declarar hijo adoptivo y heredero del trono al hombre más capacitado del Imperio, en vez de un miembro de la propia familia. Así se impedía la llegada al poder de algún príncipe indigno, como también el entremetimiento de la Guardia Pretoriana, e incluso, la guerra civil.

Con esta acertada medida, comenzó la «Edad de Oro» del Imperio Romano, la cual concluyó cuando el último soberano de esta dinastía interrumpió tan sabia tradición.

Trajano (98 a 117)
Emperadores Romanos Dinastia Antoninos Nerva había asociado al trono al más brillante de los generales romanos, jefe de los ejércitos del Rin, convertido luego en el más noble de todos los emperadores.

Trajano había nacido en España, cerca de Sevilla y estaba adornado de singulares cualidades. Fue un perfecto administrador, y al mismo tiempo un gran constructor que embelleció a Roma con magníficos edificios, principalmente con el incomparable Foro Romano, cuyas ruinas aún maravillan.

Fue igualmente un famoso conquistador: sometió a los Dados, al norte del Danubio, y se apoderó de su territorio, la actual Rumania, convirtiéndola en provincia romana. Pero sus mejores conquistas las realizó en Oriente; allí se apoderó de la Mesopotamiaa, fijando las fronteras del Imperio en el río Eufrates.

Luego proyectó relacionarse con la India y la China, pero no pudo hacerlo por la infranqueable muralla que era el reino Parto. Con estas grandiosas conquistas, el Imperio alcanzó su máxima extensión que ninguno de los sucesores de Trajano pudo sobrepasar.

Adriano (117 a 137)
Español también de origen, no fue tan afamado guerrero como Trajano, pero lo igualó como administrador y propulsor de la prosperidad general. Fue posiblemente el más culto de los emperadores romanos: enamorado de la cultura griega, protegió las artes y las ciencias y embelleció las grandes ciudades del Imperio.

En Roma, entre muchas otras obras aun se admiran la «Villa Adriana», reproducción de las maravillas que había visto en sus 12 años de viajes por todas las provincias, y su grandioso «Mausoleo», conocido hoy como Castillo Sant Ángelo. Preocupado por la administración de la justicia, realizó una de sus obras más meritorias: ordenó la recopilación de todas las leyes romanas dictadas hasta entonces, formando así el «Edicto Perpetuo», base, de la legislación del mundo occidental por más de 500 años.

Antonino Pío (138 a 161)
Nacido en las Galias, ha sido considerado como el más querido de todos los emperadores. Hombre de espíritu superior, fue justo sin ser severo, y bondadoso sin caer en la debilidad.

Su principal preocupación fue procurar la felicidad de todos sus vasallos y de que la justicia no sufriera mengua: protegió inclusive a los cristianos y prohibió que se los persiguiera.

Durante su reinado no hubo ni una sola guerra ni revuelta, reinando la paz más absoluta. El pueblo premió su bondad llamándolo «Pío» (el Piadoso).

Marco Aurelio (161 a 180)
Militar de origen español, sumamente culto y virtuoso, dedicó su vida al estudio y a la práctica de la filosofía estoica.

Aunque era de carácter bondadoso, debió sin embargo pasar todo su reinado guerreando con sus vecinos, envidiosos de la prosperidad romana y que, abusando de la pasividad de los últimos soberanos, asaltaban las fronteras: los partos en el Oriente y los germanos entre el Rin y el Danubio. Y fue aquí en Viena, en donde murió víctima de la peste.

Marco Aurelio fue el último de los «Magníficos Emperadores».

Cómodo (180 a 193)
El gran error de Marco Aurelio fue nombrar a su hijo como sucesor, en lugar de continuar la tradición de sus antecesores. Y con ello asestó un golpe mortal a la prosperidad del imperio.

Cómodo Emperador de Roma Emperadores Romanos Familia Julio ClaudiosEl nuevo soberano era un jovenzuelo de 19 años, lleno de brutales instintos, vanidoso y cruel, y para colmo, aficionado en extremo a los juegos del circo. Desde un comienzo abandonó las brillantes campañas emprendidas por su padre, y las fronteras empezaron entonces a ceder por todas partes.

Sus crímenes y locuras recordaban los de Nerón y Calígula: más que emperador, Cómodo fue. un envanecido gladiador, preocupado sólo en demostrar su fuerza bruta. Finalmente, harto de sus abusos y crímenes, fue estrangulado por otro gladiador contendiente suyo.

Con este estrafalario personaje, concluyó la época más brillante del Imperio. Jamás Roma volverá a vivir momentos más gloriosos n: podrá enorgullecerse de ser gobernada por mejores hombres: ante ella se abre su último capítulo, el de su decadencia y desaparición.

Formacion del Imperio Romano Desarrollo y Caracteristicas Augusto

Formacion del Imperio Romano Desarrollo, Emperadores y Caracteristicas

La muerte de César causó grandísimo desconcierto en Roma.  Los asesinos del dictador quisieron restablecer la antigua constitución.

Cometido el crimen, salieron del senado llamando al pueblo a la libertad. Pero en el pueblo, las personas pudientes estaban hartas de las guerras civiles y de cincuenta años de anarquía; en cuanto a los pobres, el sistema de voto expuesto anteriormente no les habla permitido jamás tomar una parte efectiva en el gobierno. 

El pueblo sintió pues el gobierno de César, que habla dado a Roma el orden y el bienestar, y no lo ocultó en sus manifestaciones. Por su parte los senadores vacilaban, temiendo siempre la aparición de un nuevo señor, lo cual no tardó en suceder.

Marco Antonio y Octavio:

Un antiguo lugarteniente de César, llamado Antonio, entonces cónsul, quiso aprovechar las circunstancias.

Era un oficial valeroso, muy ordinario de maneras y muy popular en las tabernas por su alta estatura, su uniforme de soldado y su reputación de gran bebedor, que pronto dio pruebas de ser un gran político.

El día de los funerales de César, organizados por él, pronunció en el Foro un elogio del dictador, leyó un testamento que colmaba al pueblo de larguezas y causó emoción general presentando a la vista de todos la toga ensangrentada y agujereada con veintiocho puñaladas que recibió el cuerpo de la víctima.

El pueblo, al ver aquella toga, se amotinó contra los asesinos, y Bruto y los amigos de éste tuvieron que huir para salvarse.

Estorbó los proyectos de Antonio la llegada a Roma de Octavio, sobrino e hijo adoptivo de César, que venia de Atenas, donde hacia sus estudios, para reclamar la herencia de su tío.

Era un joven de diez y nueve años, pequeño, cojo, delicado y tímido. Hablaba mal, y le faltaba bravura, hasta el punto de tener miedo del estampido del trueno y de las tinieblas; pero bajo aquella apariencia mezquina ocultaba gran audacia política.

Representó el papel de un joven honrado que buscaba el apoyo de todos lisonjeó al senado, llamó a Cicerón « padre mío » asalarió a los antiguos soldados de César y no tardó en encontrarse a la cabeza de un ejército.

Cicerón y el senado creyeron haber hallado el hombre que los desembarazaría deAntonio.

Este habla salido de Roma en persecución de Bruto. Cicerón pronunció entonces sus famosas arengas, las Filipicas, declaró a Antonio fuera de la ley y obtuvo para Octavio el mando de las operaciones contra él.

Octavio, vencedor,  reclamó el consulado como recompensa, puesto que le negaron.

Habiéndose aliado entonces Antonio con los gobernadores de Galia y España, volvía a Italia a la cabeza de un ejército.

Empero, los dos ambiciosos comprendieron que era conveniente unirse, por propio Interés, contra el senado, que favorecía a los asesinos de César, y como Lepido (imagen) , gobernador de la Galia Narbonesa, se unió a ellos, fundaron los tres por un trienio un segundo triunvirato, que más tarde ratificó un plebiscito.

Se dividieron las provincias e hicieron del titulo de triunviro una nueva magistratura (43).

EL SEGUNDO TRIUNVIRATO:
Las Proscripciones:

El primer cuidado de los triunviros consistió en proscribir a sus enemigos. Las proscripciones fueron anunciadas por un cartel concebido en estos términos «Si la perfidia de los malos no hubiera respondido con el odio a los beneficios; si los que César, en su clemencia, había salvado, enriquecido y colmado de honores después de su desgracia no hubieran  resultado ser sus asesinos, nosotros hubiéramos también olvidado a los que nos hemos visto obligados a declarar enemigos públicos.

Ilustrados por el ejemplo de César, vamos a prevenir a nuestros enemigos antes que éstos nos sorprendan… He aquí lo que se ordena: Que nadie oculte a ninguno de los que figuran en la lista siguiente; que el que ayude o favorezca la evasión de un proscrito, será a su vez proscrito.

Que se nos presenten sus cabezas. En recompensa, el hombre de condición libre recibirá 25.000 dracmas, y el esclavo 10.000  y además su libertad con el titulo de ciudadano.

Los nombres de los asesinos y de los denunciadores se tendrán secretos. » De esta manera se asesinaron metódicamente trescientos senadores y dos mil caballeros, entre los cuales figuró Cicerón, que Octavio había sacrificado para satisfacer los rencores de Antonio.

Después de esas matanzas, Octavio y Antonio pasaron el Adriático para atacar en Macedonia a las legiones que habían reunido los conjurados Casio y Bruto, legiones que fueron vencidas en Hlipos, al cabo de dos días de batalla. Bruto, desesperado, se hizo dar muerte, exclamando: « Virtud no eres más que una palabra! » (42).

RUPTURA ENTRE MARCO ANTONIO Y OCTAVIO:

Antonio partió a oriente para castigar a Egipto, que habla facilitado socorros a Bruto. Pero, seducido por Cleopatra, olvidó sus deberes por los deleites. A Octavio le cupo el cuidado de pacificar a occidente.

Tuvo que combatir primero las intrigas de Fulvia, esposa de Antonio, que murió a tiempo para evitar una guerra entre los triunviros; después sometió a Sexto Pompeyo, hijo del gran Pompeyo, que habla logrado reunir una flota sólida y era dueño del Mediterráneo. Triunfó al cabo de dos años de guerra, gracias a los talentos militares de su amigo Agripo (38-36).

El tercer triunviro, Lépido, representaba en todos estos acontecimientos un papel insignificante; Octavio lo depuso y lo nombró sumo pontífice: desde aquel momento quedaban dos ambiciosos uno frente al otro, y era preciso que uno de ellos desapareciese. Quien desapareció fue Antonio.

Después de una expedición desastrosa contra los partos, Antonio habla vuelto al lado de Cleopatra, a Alejandría, donde se entregó a todos los desórdenes de una vida crapulosa que ha quedado célebre con el nombre de « vida inimitable ».

Soñó fundar un imperio de oriente en provecho de aquella reina, dando a sus hijos reinos asiáticos.

Octavio explotó hábilmente esa actitud para excitar la indignación de los romanos contra Antonio, y ocultando su rivalidad personal bajo la máscara de una guerra nacional, hizo decretar una expedición contra « aquella mujer, que pretendía la caída del Capitolio y la ruina del imperio Antonio y Cleopatra esperaron a Octavio en Grecia con una flota y un ejército.

La flota fue vencida cerca de Accio, en el Adriático, a la entrada del golfo de Arta, y Cleopatra huyó, llevándose consigo a Antonio. Octavio los siguió a Egipto y batió a Antonio en los alrededores de Alejandría.

Cleopatra trató en vano negociar con el vencedor. Antonio se dio muerte, y, viendo que todo estaba perdido, imitó su ejemplo haciéndose picar por un áspid. Octavio quedó siendo dueño del mundo. El fin de la república, había llegado.

Marco Antonio hizo de Egipto el centro de gravedad de una política dinástica concebida en favor suyo y de sus hijos. Se acercaba paulatinamente al modelo oriental de realeza divina, idea que repugnaba a los romanos y colisionaba con sus arraigadas tradiciones políticas.

Octavio utilizó la situación para acusar a Antonio de traición, pues había decidido entregar algunas regiones de Asia, en calidad de reino, a los hijos habidos con Cle-opatra. El mismo Octavio, que años antes había violado todas las reglas, se esforzaba por aparecer como renovador de las viejas costumbres romanas y paladín de la integridad nacional.

CREACIÓN DEL IMPERIO ROMANO:

Se llama Imperio, el gobierno personal de Octavio, aunque, en apariencias el funcionamiento de las instituciones romanas no hubiera cambiado. A fin de no suscitar los mismos odios que César, Octavio se dedicó a reinar sin parecerlo.

No quiso aceptar el titulo de dictador; dejó subsistir el senado, los cónsules y los comicios, y aceptó solamente que sus súbditos lo llamaran con un nombre nuevo.

Pensó en llamarse Rómulo, segundo fundador de Roma, pero después se decidió por el nombre de AUGUSTO que servia para designar los lugares santos.

Cual César, reunió todas las funciones y asumió todos los poderes, porque tenía todos los títulos.

Por consiguiente, el primero de éstos fue el de imperator (general victorioso), que indicaba el origen de su poder y le daba autoridad legal sobre todos los ejércitos.

Fue además tribuno, lo cual le hacia inviolable; censor o prefecto de costumbres, lo que le permitía nombrar a los senadores y vigilar a los ciudadanos; sumo pontífice, es decir, jefe de la religión, y, por último, príncipe, o presidente del senado, es decir, dueño de las deliberaciones.

Augusto tenía, pues, un poder absoluto; pero en torno suyo todo parecía subsistir como anteriormente. El senado hacia las leyes, los comicios las votaban y los magistrados las ejecutaban en nombre del pueblo.

Las insignias de las legiones continuaban llevando S. P. Q. R., iniciales de la inscripción latina Senatus Populusque Romanus.

Augusto vivía como los demás ciudadanos; tomaba parte en los votos, recomendaba a sus amigos en las elecciones, hablaba en el senado cuando le correspondía y habitaba en el Palatino una casa modesta, abierta a todo el mundo. Quería imponer el orden en Roma y empezaba por dar el ejemplo.

Aquella vida pública no era más que una apariencia Augusto lo dirigía todo. Un consejo privado, que se llamó el consejo del príncipe, administraba en realidad el imperio.

Porque así convenía a sus designios, creó una guardia llamada guardia pretoriana, formada de nueve cohortes y encargada de mantener el orden en la ciudad.

A la cabeza de esas tropas estaba el prefecto del pretorio, principal agente del emperador, con el prefecto de la ciudad, el prefecto de los vigiles (serenos) o prefecto de policía, y el prefecto del anona, encargado de abastecer a Roma.

Una multitud de secretarios estaban colocados bajo las órdenes de aquellos magistrados. Casi todos eran libertos, porque se estaba más seguro de que fueran fieles.

Octavio Augusto: Sobrino nieto de César, éste lo apoyó en el comienzo de su carrera política, atraído por su inteligencia.

A la muerte de su tío, desplegó una gran habilidad para superar las intrigas del Senado y de Antonio, apoyándose sucesivamente en uno y otro.

Con el respaldo de sus soldados se hizo nombrar cónsul, sin haber ejercido cargo alguno anteriormente. Tuvo la habilidad de mantener las formas tradicionales de gobierno, pero asumiendo él todos los poderes. Al añadir a su nombre, Octavio, el título de Augusto, prácticamente fue divinizado en vida.

ROMA BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO:

Con el orden, reinó la prosperidad en Roma, y la ciudad se pobló de monumentos. Augusto pudo vanagloriarse de haber encontrado una ciudad de ladrillos y haber dejado una ciudad de mármol.

Se dedicó especialmente a la organización del servicio de las aguas, hizo construir acueductos y creó a este efecto un cuerpo de ingenieros especiales. Emprendió también la tarea de moralizar a Roma donde la corrupción había llegado al limite.

Quiso restablecer las antiguas prácticas religiosas. Procuró restaurar el antiguo sentimiento de familia, combatiendo el abuso del divorcio y del celibato.

Tuvo por colaboradores a sus amigos Agripa, el vencedor de Antonio, y a Mecenas, hombre de gusto, que protegía las letras y las artes.

En torno suyo se agruparon los historiadores Tito Livio y poetas Virgilio y Horario y muchos otros que tanto contribuyeron a la gloria de aquella época llamada por la historia siglo de Augusto.

LAS PROVINCIAS BAJO EL IMPERIO DE AUGUSTO:

Las provincias ganaron mucho con el establecimiento del imperio.

En vez de ser oprimidas, como antes, por los procónsules fueron administradas regularmente por funcionarios con sueldos fijos, llamados legados, que nombraba el emperador y que debían dar cuenta de su gestión.

Los provincianos tuvieron además el derecho de elegir asambleas que podían dirigirse directamente al emperador.

El mismo Augusto hizo numerosos viajes para darse cuenta de sus necesidades. Se construyeron carreteras, se ejecutaron grandes trabajos y la seguridad sentó sus reales en todas partes.

Los vencidos reconocieron los beneficios de la dominación imperial, que dieron en llamar la pax romana. Virgilio la celebró en sus versos. «i Gracias a ti, César, el buey vaga por las praderas; Ceres y la feliz abundancia ¿fecundan nuestros campos; los barcos navegan sin temor en el mar pacificado, y la buena fe se alarma cuando hay la más mínima sospecha! »

LA DEFENSA DEL IMPERIO:

Todas las provincias estaban protegidas por una línea de fronteras naturales que eran el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos de Asia y de Africa. Más allá vivían los pueblos bárbaros que eran para el imperio un peligro siempre amenazador.

Augusto atendió a tenerlos en raya por la parte de allá de dichas fronteras, y organizó un ejército permanente de veintitrés legiones reforzadas con gran número de auxiliares> lo cual formaba un total de 400,000 hombres.

Repartidos en campamentos situados en todos los puntos peligrosos, bastaron para asegurar la tranquilidad de las provincias que prosperaban sosegadamente al abrigo de aquella cortina de tropas. Augusto no tuvo que luchar de veras sino contra los germanos en el Rin y en el Danubio, como se verá más adelante.

FIN DE REINADO DE AUGUSTO:

Augusto no habían tenido hijos con su esposa Livia. Sus herederos eran los hijos de su amigo Agripa, que habla adoptado, y que murieron jóvenes; tuvo que adoptar a monio.

Los Tiberio, que su mujer Livia tuvo de su primer matrimonio. Los últimos años de Augusto fueron tristes para él a causa de sus duelos.

Tuvo además la pena de tener que desterrar a su hija Julia por su mala conducta, y de saber el desastre del ejército de su legado Yaro en Germania.

Murió a los setenta y seis años (14 d. de J. C.) y fue enterrado con gran pompa en un monumento que se llama aún el Mausoleo de Augusto.

El emperador muerto, fue considerado como un dios. Se instituyeron ceremonias en honor suyo, y se fundó un colegio de sacerdotes especiales para celebrarlas. Ese culto de los emperadores se- llamó apoteosis.

Todos los magistrados, todos los jefes de ejército y todas las asambleas tuvieron que rendir ese culto a la memoria de los emperadores.

Fue un juramento de fidelidad al régimen imperial, así como un lazo moral que unió a todas las partes del imperio y que nada tenia que ver con las religiones particulares.

La fundación de ese nuevo culto fue más bien, pues, un acto político que un acto de servilismo.

TIBERIO: El imperio pasó de Augusto a Tiberio, sin trastorno. El pueblo y las provincias se habían acostumbrado al nuevo régimen que les proporcionaba la paz y la abundancia- Sólo los senadores se lamentaban por sus antiguas prerrogativas; pero estaban demasiado corrompidos o demasiado envilecidos para sacudir la coyunda imperial.

Tiberio tenía de parte suya al ejército que habla mandado en Germania. Frisaba en los cincuenta y seis años, pareció tomar el poder con desagrado, desdeñó títulos y honores y no quiso ser más que príncipe. El senado fue asociado al gobierno y tuvo que ratificar todas las decisiones del príncipe.

Los gobernadores de provincia fueron escogidos según sus méritos y vigilados con rigor.

Pero aquel administrador honrado, se convirtió de pronto en una especie de loco furioso cuando vio perecer a Germánico, el sobrino de Augusto, vencedor de los germanos y a su propio hijo Druso.

Descubrió que el asesino había sido su favorito Seyano, que quería hacer desaparecer la familia de César para llegar al trono.

El emperador concibió odio violento contra los patricios a quienes llamaba « gente dispuesta a todo servilismo».

Las ejecuciones se multiplicaron; mandó matar a Seyano y se retiró a la isla de Caprea, presa de terror supersticioso, que le hizo rodearse de adivinos y astrólogos. Esa locura sangrienta duró hasta su muerte (37) y el relato de sus crímenes nos ha sido transmitido por el historiador Tácito.

Pero las proscripciones alcanzaron solamente a la nobleza; el resto del imperio, bien administrado, permanecía indiferente a lo que ocurría.

CALIGULA CLAUDIO: El imperio recayó en Calìgula, hijo de Germánico, llamado así porque llevaba el mismo calzado que los soldados (cáliga).

Empezó por ser un buen príncipe; pero, atacado de epilepsia desde su infancia, llegó a ser completamente loco. Su reinado fue una serie no interrumpida de extravagancias, de libertinaje y de asesinatos. Se le vio arrojar dinero al pueblo en el circo, iluminar montañas, hacerse adorar en lugar de Júpiter, y nombrar cónsul a su caballo.

Deseaba públicamente que el pueblo romano no tuviese más que una cabeza para matarlo de un tajo. El prefecto de los pretorianos, Quereas, fue el que libró al mundo de aquel loco furioso (41).

Quereas deseaba una restauración republicana; pero los soldados no la querían. Descubrieron en el palacio, oculto detrás de una cortina a un hermano de Germánico, llamado Claudio, y lo hicieron emperador mediante el donativo, esto es importante gratificación.

Éste fue el primer emperador nombrado por los soldados y aprecio de dinero.

Era viejo, calvo, embrutecido por la embriaguez y, aparte de los negocios públicos, entregado a estudios de arqueología.

A ese ser débil lo gobernaron sus mujeres y sus libertos, que de antiguos esclavos llegaron a ser dueños de Roma. Uno de ellos, Palas, lo decidió a casarse con Agripina, hija de Germánico, la cual envenenó a Claudio con un plato de setas para asegurar el trono a su hijo Nerón (54).

NERON: Agripina había esperado reinar en nombre de su hijo, que tenía diez y siete años; asistía a las sesiones del senado, oculta detrás de una cortina, y gobernaba por mediación del filósofo Séneca y del general Burro, que eran los preceptores de su hijo. Incitado Nerón por el liberto Narciso, se cansó bien pronto de aquella tutela.

Inquieta Agripina, le opuso a Británico, hijo de Claudio; pero Nerón lo hizo envenenar en un festival.

Cuatro años después tocó la vez a Agripina, a quien trató de ahogar durante un paseo por mar y que pudo salvarse a nado. Entonces Nerón pretendió que estaba implicada en una conspiración contra él y la hizo degollar.

Toda la nobleza mostró « maravillosa emulación de bajeza » y Séneca mismo hizo el elogio de aquel crimen.

Nada contuvo ya las pasiones de aquel príncipe envidioso, vanidoso e hipócrita. Repudió a su mujer Octavia, la condenó a muerte y se entregó a todo género de desarreglos con sus libertos.

Creía ser un gran artista y le gustaba presentarse en público para que lo aplaudiera una cuadrilla de aduladores bien adiestrados.

Se le vio conducir o guiar carros en las carreras, declamar versos en el teatro, pulsar la lira y dar una vuelta por Grecia de donde trajo 800 coronas, conducta que los romanos consideraban infame y digna solamente de un esclavo.

Un día, Roma fue presa de las llamas, y corrió la voz de que el incendiario era ese emperador que, para divertirse, ordenó la primera persecución contra los cristianos.

Trece años de semejante, régimen provocaron la sublevación de los soldados de las fronteras, y Roma, donde varías conspiraciones hablan sido ahogadas en sangre, siguió el ejemplo.

Nerón huyó a una casa de campo y alli se dio muerte no sin declamar: « Conmigo muere un gran artista! » (68).

LOS SUCESORES DE NERON: Las legiones sublevadas se batieron unas con otras para nombrar un emperador, porque el príncipe elegido recompensaba con largueza a los soldados.

Los primeros que consiguieron su objeto fueron los soldados de España, que eligieron por jefe a Galba, que a la sazón tenía setenta y tres años. No quiso dar dinero a los pretorianos de Roma y de aquí que le opusieran a Otón, a migo de Nerón. Galba fue asesinado por los pretorianos.

Entretanto, las legiones de Galia acudían con su general Vitelio. Otón fue vencido enBedríaco y se mató. Vitelio no gozó mucho tiempo de aquella victoria, que le permitió, sin embargo, llegar a ser célebre por su golosina.

El ejército de oriente, muy superior a los otros porque lo formaban soldados veteranos que habían combatido contra los partos, llegó a su vez para imponer por jefe a Vespasiano.

Este ejército triunfó en Cremona (69), y la paz reinó en Roma con la nueva dinastía de los Flavios.

LOS FLAVIOS: Vespasiano, hijo de un recaudador de impuestos, que alcanzó las dignidades militares por su propio mérito, fue un emperador burgués, trabajador y económico.

Reorganizó la hacienda que Nerón dilapidó con sus locuras, restableció la disciplina en los ejércitos y dominé las revueltas de los germanos y de los judíos.

Depuró el senado y abrogó la «ley de la majestad a, al amparo de la cual se habían dictado tantas proscripciones. Murió de muerte natural, burlándose de los honores divinos que se habían rendido a los emperadores difuntos. « Siento que llego a ser dios », dijo con sorna.(79)

Tito, su hijo, que terminó la campaña de Judea con la toma de Jerusalén, sólo reiné dos años, lo cual fue bastante para que lo llamaran las del delicias del género humano. Se quejaba de haber perdido el día cuando no había hecho una buena acción. Durante su reinado fue cuando hubo la famosa erupción del Vesubio, cuyas cenizas sepultaron las ciudades de Herculano y Pompeya (79).

Domiciano, su hermano, que le sucedió, no fue menos prudente durante los trece primeros años de su reinado; jamás fueron tan dichosas la provincias. Después, el 93, llegó a ser como Nerón, tirano cruel que Cortó cabezas sin discernimiento expulsé a los filósofos de Roma, persiguió a los cristianos y murió asesinado (96). Su propia mujer estaba metida en la conjuración.

LOS ANTONINOS: El senado dio el imperio a uno de sus miembros, llamado Nerva moderado en el gobierno, buen jurisconsulto, que casi se limitó a designar su sucesor.

Fundó la dinastía de los Antoninos, pero en lugar de reglamentar la sucesión al trono por el parentesco, procedió por adopción, lo que dio al imperio una serie de excelentes monarcas (96-98). Trajano, a quien adoptó, era buen general y buen administrador.

Rechazó a los dacios (Transilvania actual) en el Danubio y a los partos en el Éufrates. En memoria de sus campañas, se erigió en el Foro la famosa columna trajana.

En Roma devolvió al senado sus antiguos honores y aparentó una gran sencillez. « Seré con los demás, decía, como hubiera querido que los emperadores fuesen conmigo, siendo ciudadano ».

Emprendió grandes trabajos el puente del Danubio, en las Puertas de Hierro, para poder atacar a los dacios; el puente de Alcántara, en España, y el Poro de Trajano, en Roma. Tomó prudentes medidas para reanimar el comercio, la agricultura las artes y las letras.

Por último, dio muestras de humanidad instituyendo la beneficencia pública, institución desconocida hasta entonces, en favor de los niños pobres, que fueron educados a costa del estado. A partir de aquella fecha, el senado adoptó por fórmula de saludo a los emperadores, la frase siguiente « Sé más feliz que Augusto y mejor que Trajano ». Murió en Asia, año de 117.

Adriano, su sucesor, fue un emperador pacifico. Artista ilustrado viajero infatigable, recorrió el mundo entero con un séquito de arquitectos, reconstruyendo ruinas y edificando nuevos monumentos.

Atenas donde residió, llegó a ser « la ciudad de Adriano a, por lo mucho que la hermoseó.

Su principal titulo de gloria fue haber fundado laadministración. Los empleos de oficinas se habían confinado hasta entonces, a los libertos; Adriano decretó que en lo sucesivo se darían a hombres libres, e instituyó al mismo tiempo la jerarquía.

Por lo que hace relación a la justicia, reunió los edictos publicados por los pretores desde siglos atrás y los coordinó formando un texto único, llamado el Edicto Perpetuo. Se puede decir que desde entonces data verdaderamente la organización del imperio (117-138).

Adriano fue reemplazado por Antonino Pío, cuyas relevantes virtudes merecieron que se diera su nombre a esta serie de emperadores. El escogió un digno sucesor en la persona de Marco Aurelio (161).

Marco Aurelio era un filósofo que, en el trono, continuó practicando las máximas de la filosofía. Fue bueno, humano y desinteresado, y pasó sus ratos de ocio escribiendo los Pensamientos, «admirables sentencias de la sabiduría antigua».

Protegió a los esclavos y aumentó las instituciones benéficas.

Por una ironía de la suerte, este emperador, que no amaba sino los libros, estuvo obligado a vivir en campamentos. Tuvo que defender a Roma amenazada en el Danubio y en el Éufrates, y murió en campaña, en Viena (178).

Cometió el error de dejar el imperio a su hijo Cómodo, que llegó a ser un orate sanguinario como Diocleciano y Nerón, y que pereció asesinado (192).

HISTORIA EXTERIOR DEL IMPERIO:
Los Bárbaros:  Augusto habla rodeado el Imperio Romano con una cintura de tropas y una línea de campamentos permanentes o campos militares que debían contener las irrupciones ataques de los bárbaros.

Creyó que era preciso tenerlos distantes, para que el resto del mundo pudiese gozar de paz y de prosperidad. Empero, esa prosperidad era un incentivo para aquellos pueblos bárbaros que, ávidos de pillaje, atacaban sin cesar las fronteras romanas. De aquí las continuadas guerras que duraron hasta el fin del imperio y que fueron guerras de defensa y no de conquista.

Ya hemos visto que el Rin, el Danubio, el Éufrates y los desiertos formaban las fronteras.

Todas no estaban igualmente amenazadas en el Sahara sólo vivían algunas tribus de merodeadores; el mar protegía a España y a las costas de Galia; los enemigos más temibles eran por consiguiente en el Rin, los germanos el alto Danubio, los cuados (Moravia) y los marcomanos (Bohemia) en el bajo Danubio, los dacios y, en el Éufrates, los partos.

Guerras en el Fin: Augusto, que hizo suyos los planes de César, pensaba que sólo se acabaría con los germanos sometiéndolos.

Su general Druso pasó el Rin y conquistó todo el país hasta el Elba. Pero murió por accidente, y su sucesor Varo se &4ó sorprender en el bosque de Teutberg (el Teutoburger Wald) por el germano Arminio, y fue deshecho con tres legiones.

Se dice que Augusto, loco de dolor> no cesaba de gemir «Varo, devulveme tus legiones! «

El desastre de Varo no pudo ser vengado sino en el reinado de Tiberio, por Germánico, que destrozó la confederación de los queruscos y asoló el país de los bàtavos.

Los trastornos consiguientes a la muerte de Nerón permitieron a los germanos, que hasta entonceS hablan estado tranquilos alzar el estandarte de la rebelión.

El bátavo Civilis, con el concurso de la profetisa Véleda, trató de fundar en el Rin un reino galo que fue destruido casi inmediatamente. Domiciano fue a su vez batido a orillas de ese rìo (81-96).

Trajano, desde que ocupó el trono, se dio a pacificar el país; sus armas se pasearon victoriosas por todas partes, mas para proteger el punto débil de la frontera en la región del Rin y del Danubio superiores, hizo construir una inmensa fortificación parecida a la muralla de China, que iba desde Maguncia hasta Ratisbona.

Se componía ésta de un reducto con parapeto de tierra y estacadas en el fondo del foso; detrás, una muralla de piedra con bastiones, y luego Una carretera militar orillada de una serie de campos atrincherados, a 9 kilómetros de distancia unos de Otros; nueva muralla y nuevo foso completaban la fortificación.

Un atrincheramiento del mismo género fue construido por Adriano al norte de Inglaterra, para contener las invasiones de los bárbaros de Escocia.

GUERRA EN EL ALTO DANUBIO: Bajo el reinado de Marco Aurelio, una invasión de cuados y parcomanos, pueblos de Moravia y de Bohemia, se dirigió a Grecia e Italia y penetró en ellas. El terror fue grande en Roma.

El emperador vendió las joyas imperiales para reclutar tropas, y se puso a la cabeza de la expedición. Fueron necesarias varias campañas para rechazarlos y hubo que fortificar sólidamente La ciudad de Viena (hoy capital de Austria) para vigilarlos.

GUERRA EN EL BAJO DANUBIO: En la parte de allá del Danubio, en la región que corresponde hoy a Transilvania y a Rumania, vivían los dacios, pueblo tan fiero como los germanos.

Invadieron el imperio en tiempo de Domiciano, que no pudo contenerlos. Trajano, para atacarlos útilmente, empezó por construir una carretera que seguía el Danubio y cuyos restos se ven aún en el flanco de las locas que orillan el río, en el celebre desfiladero de las Puertas de Hierro.

Después hizo construir a la salida del desfiladero, un colosal puente de piedra, de más de mil cien metros, que le permitió penetrar en Dacia.

La guerra duró cinco años (101-106); la capital de los dacios fue tomada, su reyDecebalo se dio muerte, y el país quedó siendo provincia romana.

Esta provincia de la parte allá del río , fue como una fortaleza poblada de colonos romanos a los que debe su nombre y su lengua el pueblo actual de Rumania.

GUERRAS EN EL ORIENTE: Los caballeros partos tenían persistente empeño en pasar el Éufrates. Vencedores de Craso y después de Antonio, las derrotas no los hicieron nunca decaer. La guerra fue continua contra ellos.

En tiempo de Nerón, el general Corbulón los deshizo muchas veces; Vespasiano, Trajano y Marco Aurelio hubieron de organizar nuevas expediciones contra ellos. Aprovechando la oportunidad que ofrecían esas campañas, menudearon las construcciones en oriente.

La más célebre es la de los judíos, vencidos por Tito, después del memorable sitio que recuerdan los bajos relieves de su arco de triunfo en Roma, y cuyo resultado fue la destrucción de Jerusalén y la dispersión de aquel pueblo.

Mientras las legiones peleaban encarnizadamente en las fronteras, las provincias, administradas con justicia por los emperadores, gozaban de los beneficios de la pax romana.

Emperador Heliogabalo Biografia Dinastia Severa Roma Imperial

Emperador Heliogabalo: Dinastia Severa – Roma Imperial

Heliogábalo (217-221)
HeliogabaloEl sucesor de Caracalla fue su primo Heliogábalo, natural de Siria. Emperador cruel y sanguinario, con rasgos afeminados.
No contó con el apoyo de sus tropas, y sumado a tantas locuras y tantos crímenes no podía ser mucho tiempo tolerados por los romanos, por lo que fue asesinado a los dieciocho años de edad.

Las intrigas de su abuela Julia Mesa, hermana política de Septimio Severo, consiguieron que a la muerte de Macrino, fuese nombrado Augusto el joven Heliogábalo, con el cual se entronizaron en Roma, la crueldad y la demencia, el desorden, el cinismo y la corrupción.

Entre sus locuras, abandona el gobierno, se vá con un cochero, un cocinero y un barbero; se casa con cuatro mujeres a la vez, funda una academia de mujeres perdidas y de hombres corrompidos, dá participación en el senado a las mujeres, y casa al dios Baal, de quien era sacerdote, con Astarte, la diosa de Cartago, mandando celebrar las bodas con  musitaba pompa en todo el Imperio.

Tantas locuras y tantos crímenes no podían ser mucho tiempo tolerados por los romanos. Julia Mesa en unión con los pretorianos, consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó quitarle el título de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida á Heliogábalo, arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al líber.

Julia Mesa en unión con los pretorianos, consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó quitarle el titulo de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida a Heliogábalo, arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al Tíber.

Aunque es probable que Heliogábalo no tuviese ambiciones políticas, fue el instrumento de su abuela para decidir el destino del imperio romano. Ella despreciaba a Macrino y en su determinación por devolver los honores imperiales a la familia de los Severos, sobornó a los militares con cuantiosas sumas de dinero e hizo correr el rumor de que el verdadero padre de Heliogábalo no era otro que el emperador Caracalla.

Heliogábalo era un joven raro y sensible al que habían asignado a un puesto para el que no estaba preparado. Sin embargo, a su abuela no le importó, pues supuso que podría ejercer el poder por medio de su nieto, que sólo sería una figura decorativa.

En sus primeros tiempo mantuvo contentos a los romanos con obsequios generosos y espectáculos magníficos en el anfiteatro, pero no tardó en disgustar a los senadores, cuyos sentimientos religiosos se vieron heridos cuando el emperador relegó a Júpiter a favor de su propio dios.Una de las primeras medidas que tornó fue ordenar la construcción de un templo deslumbrante donde se ubicaría la imagen del dios solar, que fue transportado a su nuevo hogar en una carroza decorada en oro y piedras preciosas tirada por seis caballos blancos. Inclusive llegó a casarse con una diosa.

El joven y bien parecido emperador tenía impulsos sexuales muy humanos y pronunciados, pero estaba confundido sexual y mentalmente. Tanto le atraía la ropa elegante que le dio por vestirse de mujer. Estaba siempre listo para bailar en público, y en esas ocasiones se maquillaba y usaba collares de oro que brillaban sobre túnicas de seda. «Tejía, a veces usaba redecillas para el cabello y se maquillaba los ojos con colores contrastantes. En una oportunidad, se afeitó la barba y celebró un festival para festejarlo, y después se depiló para parecerse más a una mujer.» En otra oportunidad, llegó a considerar la posibilidad de castrarse.

El prestigio de Heliogábalo no se habría manchado por los rumores que corrían en relación con esas costumbres, si no hubiese sido porque había designado como funcionarios imperiales a hombres con gustos similares a los suyos. Su favorito era un ex esclavo cario, Hierocles, cuyo agraciado rostro y cabello rubio habían llamado la atención del emperador cuando se cayó durante una carrera de carros. Heliogábalo lo citó en el palacio, hizo que le enseñara el arte de las cuadrigas y, con el tiempo, empezaron a vivir una especie de vida matrimonial hasta el punto de que Heliogábalo le decía «mi marido«.

Esa clase de costumbres afectaron el gobierno imperial y generaron una ola de descontento en el pueblo de Roma. Heliogábalo respondió a las críticas como lo habían hecho sus antecesores: arrojando a la prisión y ejecutando a quienes lo cuestionaban, y recompensando a sus subalternos con puestos jerárquicos.

A fines del año 221, el descontento de los soldados terminó en un motín que, a pesar de ser sofocado por el prefecto de la Guardia Pretoriana, sirvió para que el emperador comprendiese que el ejército, en cuyas manos estaba la decisión de que él siguiera ocupando el trono, lo detestaba. Con el propósito de volver a ganarse el apoyo de los soldados, echó a algunos de sus consejeros menos populares y devolvió el cargo de César a Alejandro Seveso, pero era demasiado tarde, pues los soldados, que habían sido comprados por los regalos de Julia Maesa, aclamaron al nuevo emperador Alejandro e ignoraron a Heliogábalo

Finalmente le dieron muerte a él, a su madre,  y a los favoritos del emperador, Hierocles entre ellos. Los restos mortales fueron arrastrados por la ciudad, mutilados y arrojados a las alcantarillas que desembocaban en el Tíber, y Alejandro Severo fue proclamado emperador. Su abuela Julia Maesa y su madre Mamea volvieron a respirar en paz, y se prohibió la adoración al dios solar.

Emperadores del bajo Imperio Roma Antigua Los Severos Caracalla

Emperadores del Bajo Imperio – Roma Antigua – Los Severos

EL «BAJO IMPERIO» LOS SEVEROS
A la muerte de Cómodo, los Pretorianos volvieron a creerse dueños del trono, como ocurría antes de los Flavios, y propalaron que iban a coronar emperador al romano que les prometiera mayores sueldos: y así fue cómo varios candidatos se presentaron en este escandaloso remate. Pero indignados, todos los ejércitos de las fronteras se alzaron en armas y proclamaron a sus respectivos jefes, en medio de la mayor anarquía.

Septimio Severo (193 a 211)
Finalmente, logró imponerse entre todos, el general Septimio Severo, comandante de las tropas del Danubio. El nuevo soberano pudo restablecer el orden, pero nunca olvidó a quiénes debía la corona: desde entonces los soldados fueron los dueños y árbitros del Imperio.

Africano de origen y militar de aguerrido carácter, este emperador era de costumbres sencillas y estaba dotado de grandes cualidades de gobierno, pero tuvo que recurrir a sus tropas para imponer el orden: así inauguró el «Bajo Imperio», época de los emperadores militares que sólo se mantenían en el poder mientras contasen con el apoyo de los soldados.A pesar de todo, el gobierno de Septimio fue muy progresista: logró frenar el desorden y la economía comenzó a florecer; también llevó a cabo brillantes campañas, principalmente contra los Partos y contra los Británicos, sorprendiéndole la muerte en la lejana Inglaterra.

Caracalla (211 a 217)
Hijo y sucesor de Septimio, fue el polo opuesto de su padre. Vicioso en extremo y de refinada crueldad, quiso eclipsar a los grandes emperadores construyendo las más gigantescas y lujosas Termas que Roma pudiera soñar.Al faltarle el dinero por sus derroches y extravagancias, (dictó la famosa «Constitución Antoniana» del año 212, con la que concedía a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana: pensaba así extender el cobro de los impuestos especiales a todas las provincias. La medida era buena, pero demasiado tardía: a esa altura de la historia, a muy poca gente le importaba ser «ciudadano romano».

Al morir Caracalla combatiendo contra los Partos, le sucedió su primo Heliogábalo, joven afeminado de 14 años, de origen sirio. Príncipe amoral V ridículo, renovó todas las locuras de Calígula: preocupado por extender en Roma los cultos orientales del dios Mitra, del que era Sumo Sacerdote, entregó el gobierno del imperio a su madre y a su abuela, juntamente con un Senado especial formado sólo por mujeres. Los soldados lo soportaron cuatro años antes de asesinarlo.

Le sucedió otro primo, Alejandro Severo, de origen fenicio, y muy distinto: honesto y trabajador, poco pudo hacer ante la anarquía que destrozaba el imperio. En el año 235 murió también asesinado por los soldados que le reprochaban su escaso valor militar.

Anarquía Militar
En los cincuenta años que siguieron muerte de Alejandro Severo, e. Imperio se vio sacudido hasta sus cimientos. Los ejércitos, compuestos en su mayor parte por extranjeros, dueños de la situación, proclaman y deponen emperadores a granel. En cierto momento se cuentan 18 emperadores a la vez, sostenidos por sus respectivas tropas, y luchando entre sí para imponerse sobre los demás.

Al mismo tiempo se producía el resquebrajamiento de todas las fronteras: los godos y los partos, no encontraban la menor resistencia a sus ataques. El derrumbe del Imperio parecía inminente.

Pero aun la hora final no había llegado. Varios soberanos, entre ello; AURELIANO y PROBO lograron mantenerlo a flote gracias a sus esfuerzos sobrehumanos. Finalmente llegó al trono un soldado ilirio quien creyó haber encontrado la fórmula de la salvación.