Tratado de Amistad

Tratado de Amistad Comercio y Navegacion con Inglaterra Objetivos

TRATADO DE AMISTAD, COMERCIO Y NAVEGACIÓN: A principios de 1824 el gobierno del general Juan Gregorio de Las Heras recibió las cartas credenciales de Woodbine Parish, flamante cónsul general de Su Majestad Británica en el Río de la Plata. Quedó acreditado ante Bernardino Rivadavia, ministro de Relaciones Exteriores, en representación de George Canning, ministro de Asuntos Extranjeros de la Gran Bretaña, quien tiempo antes había presionado para que la Corona reconociera la independencia de las Provincias Unidas. Varios meses después de la presentación del cónsul, Canning le envió un proyecto de tratado de comercio que fue estudiado por Manuel José García, a cargo de las Relaciones Exteriores del país.

ANTECEDENTES: En diciembre de 1824 se reunió un nuevo Congreso, con la asistencia de representantes de todas las provincias. Para ese entonces, el general Juan Gregorio de Las Heras había sucedido a Martín Rodríguez en el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

El Congreso, en ejercicio de las facultades legislativas hasta que se dictara una constitución, promulgó una serie de leyes que regularon, entre otras cuestiones. las relaciones entre las provincias y las de las provincias con el exterior.

En enero de 1825, la Ley Fundamental, además de ratificar la declaración de la independencia de las Provincias Unidas, estableció un sistema de convivencia y respeto recíproco que garantizaba las autonomías provinciales y declaró constituyente al congreso. De acuerdo con lo expresado por la Ley, las provincias se gobernarían por sus propias instituciones y no se establecería una constitución sin que previamente fuese aceptada por todas ellas. También, delegaba en forma provisoria el Poder Ejecutivo en el gobierno de Buenos Aires, principalmente para el desempeño de las relaciones exteriores. Esta facultad posibilitó la firma del tratado entre Buenos Aires e Inglaterra, en febrero de 1825, que contó con la aprobación del Congreso.

En enero de 1825, el Congreso sancionó la Ley Fundamental. En ella, los representantes declaraban la voluntad unánime de mantener unidas las provincias y asegurar su independencia. Declaraban que el Congreso era constituyente pero que la futura Constitución sólo sería válida después de la aprobación de todas las provincias.

El tratado, firmado en 1825, establecía la igualdad legal y política entre las Provincias Unidas y el Estado británico y, sobre todo, se orientaba a proteger los intereses comerciales ingleses. Uno de sus artículos establecía que «los habitantes de los dos países gozarán de la franquicia para llegar segura y libremente con sus buques y cargas a todos los parajes, puertos y ríos de dichos territorios a donde sea o pueda ser permitido a otros extranjeros llegar […] también alquilar y ocupar casas y almacenes para los fines de su tráfico y generalmente los comerciantes y traficantes de cada Nación respectivamente disfrutarán de la más completa protección y seguridad para su comercio, siempre sujetos a las leyes».

Otros artículos aseguraban a los súbditos británicos y a los ciudadanos argentinos, en cada nación, la exención del servicio militar y de empréstitos forzosos. El tratado se refería también a la libertad religiosa: el Estado rioplatense se comprometía a respetar y garantizar la libertad de conciencia y de culto a los súbditos británicos. La cuestión de la tolerancia religiosa generó debates y conflictos, antes y después de firmado el tratado, por la oposición de los sectores católicos más conservadores, principalmente los de las provincias del Interior, como La Rioja y Córdoba,

El Tratado de 1825:
De amistad, comercio y navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y S. M. B. Buenos Aires, 2 de Febrero de 1825

Publicado en «El Nacional», Nro. 12. del 10 de marzo de 1825.
[«El Nacional» fue uno de los tantos periódicos que aparecieron por entonces en Buenos Aires. Se publicó entre 1824 y 1826.]

Habiendo existido por muchos años un comercio extenso entre los Dominios de Su Magestad Británica y los Territorios de las Provincias Unidas del Río de la Plata, parece conveniente á la seguridad y fomento del mismo comercio, y en apoyo de una buena inteligencia entre Su Magestad y las expresadas Provincias Unidas, que sus relaciones ya existentes, sean formalmente reconocidas y confirmadas por medio de un Tratado de amistad, comercio y navegación. […]. Artículo 1° Habrá perpetua amistad entre los dominios y subditos de S. M. el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda y las Provincias Unidas del  Rio de la Plata y sus habitantes.

Art. 2° Habrá entre todos los territorios […] una reciproca libertad de comercio. […].

Art. 8° Todo comerciante, comandante de buque, y demás subditos de S, M. B., tendrán en todos los territorios de las dichas Provincias Unidas la misma libertad que los naturales de ellas para manejar sus propios asuntos. [… ].

Art. 9° En todo lo relativo á la carga y descarga de buques, seguridad de mercaderías, pertenencias y efectos, disposición de propiedades de toda clase, y denominación por venta, donación, cambio, ó de cualquier otro modo; como también á la administración de Justicia, los subditos y ciudadanos de las dos partes contratantes gozarán en sus respectivos dominios de los mismos privilegios, franquezas y derechos [… ] estarán exentos de todo servicio militar obligatorio, […]; y de todo empréstito forzoso, de exacciones ó requisiciones militares; […].

Art. 12. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, […] también será permitido enterrar á los subditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios, […].

Art. 13. Los subditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas […], tendrán el derecho de disponer libremente de sus propiedades. […].

Art. 14. Deseando S. M. B. ansiosamente la abolición total del comercio de esclavos, las Provincias Unidas del Rio de la Plata se obligan á cooperar con S. M. B. al complemento de obra tan benéfica, […].

Hecho en Buenos Aires, el día dos de Febrero en el año de Nuestro Señor, mil ochocientos veinte y cinco.
Manuel J. García – Woodbine Parish

tratado de amistad con inglaterra

Cada país signatario podía llegar con sus buques y cargas a todos los puertos, parajes y ríos del otro. Para que un buque se considerase encuadrado en las estipulaciones del tratado se requería que hubiera sido construido en territorio de la corona británica o en tierras argentinas y que fuese poseído, tripulado y matriculado por subditos de los estados signatarios. Puesto que las Provincias Unidas no tenían flota propia ni posibilidades de construirla, y ni siquiera contaban con una marinería experta en viajes de ultramar, sus comerciantes carecían de posibilidades reales de penetrar en los mercados británicos, de tal manera que, de hecho, el tratado abría de par en par las puertas del país a las manufacturas inglesas. De todos modos, no era mucho el margen de maniobra de que disponía la Argentina por ese entonces como para adoptar otra política: la búsqueda de nuevos rumbos dependía del resultado de los pleitos internos, y en ese momento privaban los intereses de los comerciantes bonaerenses.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo

Historia Emprestito Baring Brothers a Rivadavia Prestamo

Historia Empréstito Baring Brothers a Rivadavia

Empréstito de un millón de libras esterlinas con la Casa Baríng: Se contrató el 1 de julio de 1824 para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Patagones y la instalación del servicio de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes. El Estado argentino terminó de pagar la deuda en 1904.

pretamos a argentina

ANTECEDENTES: Durante el gobierno de Rivadavia el ambiente de reformas (iniciado mientras era Ministro de Martín Rodríguez) trajo aparejada la necesidad de mejorar las condiciones de vida en la provincia de Buenos Aires, para lo cual se requería dinero.

La Junta de Representantes facultó al gobierno de Buenos Aires para negociar un empréstito de 1.000.000 de libras esterlinas con la firma Baring Brothers. El dinero se solicitó para restaurar el antiguo muelle, realizar instalaciones de agua corriente, mejorar las obras públicas y los pueblos de frontera.

Este empréstito representaba el inicio de una política de endeudamiento que tiene repercusiones hasta en la actualidad.

Para efectivizar el crédito, se dictó la ley de enfiteusis el 1° de junio de 1822, por la cual las tierras públicas no podían venderse, pues constituían la garantía del crédito al ser cedidas a largo plazo a campesinos quienes debían pagar un canon anual (prestación pecuniaria impuesta por el Estado). Con esta ley se pretendía fomentar la agricultura y la colonización.

Pero, en realidad, los fines de la ley fueron desvirtuados, pues las tierras, en su mayoría, pasaron a manos de latifundistas, quienes extendieron sus dominios y no fomentaron la agricultura, ya que la ganadería les resultaba más rentable. Además, no siempre se pagó el canon impuesto.

Al cabo de dos años de especulaciones, llegó el empréstito. Sólo se recibieron 560.000 libras ya que del monto original se dedujeron comisiones anticipadas y gastos de intermediarios.

Ese dinero nunca fue destinado para modernizar la ciudad de Buenos Aires, sino que sirvió para solventar los gastos de una guerra inminente con el Brasil. «

Bernardino Rivadavia

HISTORIA DEL PRIMER EMPRÉSTITO A ARGENTINA: Fue un día de invierno de 1822 cuando empezó la deuda externa. Su matriz fue un decreto de impreciso articulado. La parte que importa es la siguiente: «La Honorable Junta de Representantes de la provincia, usando la soberanía ordinaria y extraordinaria que reviste, ha acordado y decreta con todo el valor y fuerza de la ley lo siguiente:

«Artículo 1. Queda el gobierno facultado para negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real…»

Largos 162 años después las borrosas estadísticas de que se dispone permiten verificar (o permitirían verificar) que la Argentina sólo se vio libre de deuda externa durante cuatro meses. Algunos expertos ubican ese tenue período hacia 1949. Otros descreen o relativizan su existencia.

Las piedras de la calle Florida
Ya en 1820 chocaban las ansias de hacer obras públicas con las escasas disponibilidades. Los economistas y los historiadores podrían explicar ese déficit con una multitud de datos. Pero un solo hecho sería suficiente: ese año de 1820 la provincia de Buenos Aires tuvo veintitantos gobiernos. Hacia 1822, Rivadavia mandó a desmantelar el precario muelle que entonces, temerosamente, entraba al río. Con las piedras hizo embaldosar Florida.

A favor y en contra
A favor de los empréstitos se ha dicho:
– Facilitan a los gobiernos un mejor aprovechamiento de los recurso, acelerándolos.
– Capitalizan al país con los resultados de la inversión a la que se dedican.
– Pueblan e incorporan a la economía los recursos naturales.
– Crean fuentes de trabajo.
– Es el recurso para alcanzar de inmediato
proyectos ambicionados.

La lista es tan incompleta como esta otra, en contra:
– La historia de los empréstitos demuestra que finalmente se los destina a alimentar burocracia o gastos militares.
– El endeudamiento provoca recelos en la población.
– Es una incitación al gasto sin disciplina.
– Somete al país a imposiciones del extranjero, directas o indirectas.

– Es el medio fácil para que los gobernantes empiecen obras sin arbitrar los medio idóneos y locales de financiación. De igual modo, el sonado empréstito Baring levantó acusaciones y aclaraciones, muchos autores criticaron que se lo hubiera negociado al 70 por ciento de su valor nominal (por cada 100 libras, la Baring entregaba solamente 70, que eran menos aún, deducidas comisiones y otras cargas). Cuando llegaron los fondos se designó una comisión que debía atender «los servicios de su entretenimiento», esto es, su inversión, administración, préstamos, pagos de intereses, etcétera. Y esos primeros servicios de entretenimiento resultaron prestarnos y descuentos de documentos a comerciantes e importadores, entre los que descollaban algunos nombres vinculados con la concertación del empréstito.

Luego pasarían a engrosar el capital del flamante Banco Nacional. Nunca tuvieron aplicación al destino que se había declarado: el muelle porteño, las aguas corrientes, las ciudades costeras. Aunque es cierto, también, que en seguida vendría la guerra con el Brasil y los mil días de bloqueo al puerto impuestos en enero de 1826; los 950 días del bloqueo francés del 38; los 650 días del anglofrancés del 45; los otros 350 días del otro bloqueo francés… Además, vino la guerra civil.

Hubo épocas de pago. En 1826, 27.392 libras como parte de pago de los intereses del segundo semestre. Penosamente se pagó en 1827.

Los gobiernos que siguieron no podrían cumplir. En 1837, después de un acuerdo, de una refinanciación, se reconocieron intereses atrasados por 1.641.000 libras. En 1824, cuando el empréstito llegó a Buenos Aires, hechas todas las deducciones y según los cálculos exhibidos por varios autores, sólo habían ingresado a la caja fuerte nacional 570.000 libras.

Las estadísticas oficiales sobre la deuda (interna y externa) son material notoriamente escaso, cuando no ausente. Pero ese déficit y esa dificultad han sido cubiertos por José García Vizcaíno en su documento-libro La deuda publica nacional.

Las cifras de la deuda prefiguraban ya la crisis que iría a estallar. Porque, además, el endeudamiento externo no se había parado. En 1868 se había contratado otro préstamo en Londres: se lo usó en la guerra del Paraguay. Otro, de 1871, se gestionó para obras públicas y se lo terminó gastando también en aquella guerra y otras, internas, contra Entre Ríos y Corrientes. Hubo otro refuerzo, en 1873.

La «comisión argentina»
Hacia el decenio de 1880, Buenos Aires conocía un crecimiento más febril que nunca; oleadas de inmigrantes y de capital eran atraídas desde Europa hacía aquella puerta, a una América nueva. Los Baring encabezaron una serie de empréstitos pero no tuvieron suficientemente en cuenta las condiciones internas de la Argentina.

En agosto de 1890, lord Lidderdale, gobernador del Banco de Inglaterra advirtió a la casa Baring «que estaba aceptando demasiadas letras de su agencia argentina. En noviembre los rumores sobre sus dificultades habían ya trascendido peligrosamente. Empezaron las consultas; ellas confirmaron —dice Sampson— la terrible noticia de que los Baring no habían logrado colocar sus títulos y efectos argentinos, y que tal vez habrían de suspender pagos a la semana siguiente.

En Buenos Aires, Pellegrini levantó un empréstito patriótico. Hizo una emisión de 50 millones, llevando el total del circulante a los 300 millones y creó el Banco Nación. Durante diez años más el país no volvió a emitir un solo peso. El déficit que en el ’91 había sido de 54 millones, cayó en el ’92 a 17. En julio del ’93 se firmaba el Acuerdo Romero: en él se incluyeron todas las deudas con el exterior. En ese acuerdo entraron 14 empréstitos por algo así como 44 millones de esterlinas. Hubo una rebaja de intereses. En la década del ’30 la Argentina empezó a caminar la senda inversa: rescatar deuda externa, achicarla. Entonces se hizo un empréstito de repatriación.

¡Cuatro meses sin deuda!
Vinieron los tiempos de la guerra. «Eran tiempos difíciles. Los ingleses compran pero no pueden pagar. La Argentina les vende al fiado durante todo el conflicto, mientras ellos bloquean las libras esterlinas con las que nos deberían pagar por el trigo y la carne que compran. A pesar de eso, la Argentina sigue pagando su deuda externa y aun en 1942 paga para repatriar una parte de ella», dice Antonio Brailovsky en su trabajo Historia de la deuda externa argentina, que publicó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico.

En ese año de 1942 se propone que se emplee parte de lo que los ingleses deben en achicar deuda propia. La medida se aplica primero con cuentagotas. Luego con mayor amplitud. Al mismo tiempo la Argentina va entrando a un período político y económico sobre el que aún prevalecen notorias discusiones. «Cuando subió el peronismo al poder en 1946 —apunta Brailovsky—, quedaba una pequeña parte de deuda que fue rescatada casi totalmente en varias cuotas. A fines de 1949 no quedaba prácticamente nada. Con lo cual los argentinos se pasaron cuatro meses de su historia «sin deuda externa». Ese período de cuatro meses fue de enero a abril de 1950. En mayo se firmó el empréstito de 115 millones con el Eximbank.

Ocurre que si el Estado no tenía deuda, sí la había en el sector privado; se denunciaban 300 millones de deudas comerciales. Un equipo ya negociaba esta situación en el ’49. Resolvió que de las ventas argentinas a Estados Unidos se destinara el veinte por ciento para ir cancelando esas cuentas. Estados Unidos propuso entonces el empréstito. Fue a largo plazo, 15 años. Y como eran deudas de bancos privados, ellos mismos formaron una comisión que fue la que suscribió el crédito. Pero algo muy curioso pasó entonces: el Eximbank encaró un arqueo de las deudas y de los 300 millones de que se hablaba se descubrió que había en realidad deudas por 115.

Lentamente primero, más aceleradamente después, el país volvió a endeudarse. En 1973 se enteró de que la deuda bordeaba los 8.000 millones de dólares. Un año después orillaba los 10.000 millones. Entonces, casi sorpresivamente, la historia se aceleró hasta el vértigo: a fines de 1980 era de 27.000 largos millones.

Hoy, su arquitectura es tal que se vuelve a aquellas imprecisiones inaugurales del decreto de 1822; los cálculos dicen que es de 43.000 millones o de 46.000 millones. Y también, como entonces, como un signo fatal, esa deuda tampoco tuvo por destino enriquecer al país.

Roberto Fernández Tabeada
Adaptación del diario Clarín, 1984.

Ley Fundamental Gobierno de Rivadavia

Ley Fundamental – Gobierno de Rivadavia

LEY FUNDAMENTAL: Concluido el gobierno de Martín Rodríguez, se designó en su reemplazo al general Juan Gregorio de Las Heras, distinguida figura de las luchas por la independencia.Las Heras convocó un Congreso General Constituyente que se inauguró el 16 de diciembre de 1824, al que concurrieron veintiséis diputados provinciales, de los cuales ocho representaban a Buenos Aires.

general Juan Gregorio de Las Heras

general Juan Gregorio de Las Heras

El 23 de enero de 1825 el congreso dictó la Ley Fundamental, por la que se declaraba soberano para entender en todos los asuntos relativos a la organización nacional y para dictar una nueva constitución que debía ser aprobada por los gobiernos del interior. Hasta que dicha constitución se promulgara, cada provincia continuaría con su gobierno y sus leyes propias.

La Ley Fundamental, respetuosa de las autonomías provinciales, fue aceptada por todos los caudillos del interior que tan bravamente habían defendido la causa del federalismo.

Ley fundamental

El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata ha acordado y decreta lo siguiente.

Art. 1. Las Provincias del Río de la Plata reunidas en congreso reproducen por medio de sus diputados, y del modo mas solemne, el pacto con que se ligaron desde el momento en que sacudiendo el yugo de la antigua dominación española se constituyeron en nación independiente, y protestan de nuevo emplear todas sus fuerzas, y todos sus recursos para afianzar su independencia nacional, y cuanto pueda contribuir á la felicidad general.

2. El congreso general de las Provincias Unidas del Río de la Plata es, y se declara constituyente.

3. Por ahora, y hasta la promulgación de la constitución, que ha de reorganizar el estado, las provincias se regirán interiormente por sus propias instituciones.

4. Cuanto concierne á los objetos de la independencia, integridad, seguridad, defensa, y prosperidad nacional es del resorte privativo del congreso general.

5. El congreso expedirá progresivamente las disposiciones que se hicieren indispensables sobre los objetos mencionados en el artículo anterior.

6. La constitución, que sancionare el congreso será ofrecida oportunamente a la consideración de las provincias, y no será promulgada, ni establecida hasta que haya sido aceptada, 7. Por ahora, y hasta la elección del poder ejecutivo nacional, queda este provisoriamente encomendado al gobierno de Buenos Aires con las facultades siguientes:

1- Desempeñar todo lo concerniente á negocios extrangeros. nombramiento, y recepción de ministros, y autorización de los nombrados.

2- Celebrar tratados, los que no podrá ratificar sin obtener previamente especial autorización del congreso.

3- Ejecutar y comunicar á los demás gobiernos todas las resoluciones que el congreso espida en orden á los objetos mencionados en el artículo 4.

4- Elevar a la consideración del congreso las medidas que estime convenientes para la mejor espedicion de los negocios del estado.

Publicada en «El Nacional». Buenos Aires. 27 de enero de 1825.

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo.