Una Visión Actualizada De La Teoría de Darwin

Primeros Naturalistas Argentinos Obra Cientifica y Literaria

Ciencias Naturales en Argentina: Obra Cientifica de Ameghino y Moreno


Florentino Ameghino. — Vida ejemplar consagrada a los estudios y preocupaciones científicas y a la defensa de sus convicciones fue la de Florentino Ameghino (1853-1911), el primer sabio auténtico que haya contado la República Argentina.

De la escuela primaria de Lujan, su pueblo natal, pasó a la Escuela Normal de Preceptores, de Buenos Aires, en la que obtuvo el certificado de subpreceptor. Su curiosidad, que de niño lo había llevado a recoger caracoles fósiles en la barranca del río de su pueblo, lo impulsó, ya adolescente, a visitar frecuentemente el Museo y frecuentar su biblioteca.

La lectura de las obras del geólogo inglés Carlos Lyell decidió su vocación, naciendo en él el deseo de investigar el pasado del hombre en el Río de la Plata.

obra de ameghino florentino como cientifico argentino

En Mercedes, población en la que fue designado ayudante de la escuela elemental, emprendió el estudio del terreno y, cu sus frecuentes excursiones, recogió restos fósiles y objetos prehistóricos.

Formó así su primera colección, a cuyo estudio y sistematización se dedicó siguiendo el libro de Lyell titulado The Geological Evidence of the antiquity of man, del que poseía una traducción al francés. Fruto de estos años de formación autodidáctica fueron La antigüedad del hombre en el Plata, que comenzó a escribir en 1875, y el primero de sus tra bajos científicos publicados en el «Journal de Zoologie«, un estudio sobre el hombre cuaternario de la Pampa.

En 1878 viajó a Europa, con el fin de asistir al Congreso Internacional de Ciencias Antropológicas, que se reunió en París. Su permanencia en el viejo mundo fue importante para su futura actividad científica.

Durante tres años siguió cursos, visitó museos, trató a sabios con los cuales desde años antes mantenía correspondencia, preparó memorias para congresos científicos y efectuó publicaciones en la «Revue d’Anthropologie«.

En Europa publicó La antigüedad del hombre en el Plata y, en colaboración con Paul Gervais, Los mamíferos fósiles de la América Meridional.

Regresó a su patria consagrado por la opinión de los naturalistas más distinguidos del mundo, encontrándose que, por haberse excedido en la licencia que le concedieron, había sido dejado cesante de su cargo de ayudante de la escuela de Mercedes.

Para poder vivir instaló una pequeña librería, a la cual dio el nombre de «Librería del Clyptodón«, y continuó sus estudios orientándose francamente hacia la paleontología y revelando sus ideas evolucionistas. En ese modesto local escribió Filogenia, su obra maestra, que pudo publicar en 1884 merced a la ayuda que le prestara el Dr. Estanislao S. Zeballos.

Ese año, la Academia de Ciencias de Córdoba le encargó el dictado de la cátedra de Zoología. Su permanencia en dicha ciudad la aprovechó para continuar sus investigaciones.

En 1886 fue designado subdirector del Museo de La Plata y encargado de la sección paleontológica. Pero sus funciones duraron poco tiempo, ya que fue exonerado del cargo. Quedó, sin embargo, en La Plata, donde volvió a instalarse con una librería.

Estos años fueron fecundos para su carrera científica. Publicó los dos volúmenes de Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina y con Eduardo Holmberg, Carlos Spegazzini y Juan B. Ambrosetti inició en 1891 la publicación de la Revista Argentina de Historia Natural, de la que sólo aparecieron seis números.

En 1902 fue designado profesor de mineralogía y geología en la Universidad de La Plata, y a la muerte de Carlos Berg el ministro Joaquín V. González lo nombró director del Museo de Buenos Aires, a cuyo frente estuvo hasta su muerte.

Como lo ha señalado Ángel Cabrera, en la producción de Ameghino es posible distinguir dos aspectos: por un lado, su obra descriptiva, la labor del paleontólogo; por otro, la exposición de las teorías, cuyo conjunto forma el verdadero fondo de toda su actividad científica.

Su obra descriptiva fue enorme; a ella debe la paleontología argentina el conocimiento de la mayoría de las especies de vertebrados extinguidos. Su construcción doctrinaria, fruto de sus observaciones, estudios y descubrimientos, tuvo como punto de partida su investigación del origen del hombre americano.

Su tesis de que el territorio argentino fue la cuna de la especie humana originó grandes discusiones entre los hombres de ciencia. Se le censuró la insuficiencia de sus métodos y de sus datos estatigráficos, pero siempre se le reconoció —en el extranjero— su autoridad científica, su laboriosidad y la contribución de su doctrina al progreso de la ciencia.

En su patria, en cambio, todo el mundo lo discutió, hasta los hombres de ciencia. El sabio Burmeister, porque desde su posición creacionista, no podía aceptar las doctrinas evolucionistas defendidas por Ameghino.

La Sociedad Científica Argentina, que rechazó sus monografías, porque sus ideas eran «contrarias a las emitidas hasta hoy por los geólogos eminentes» y por su originalidad, ya que enfocaban cuestiones «aun no resueltas por ningún observador concienzudo».

Las obras de Ameghino, verdaderos monumentos de la ciencia contemporánea, le aseguran con toda justicia el título de sabio que no le negaron los hombres de ciencia del extranjero. Es que Ameghino fue, como expresa Lugones, «un sabio a la manera de Darwin y de Cuvier, uno de esos ejemplares prototipos cuya aparición demuestra la superior aptitud vital del pueblo donde se efectúa. Y como argentino, pertenece a la especie de Sarmiento: vale decir, la de los fundadores hercúleos, en quienes el poder genial corre parejo con lo inmenso de la obra».

Francisco P. Moreno. La vocación de naturalista llevó a Francisco P. Moreno (1856-1919) a realizar investigaciones en vastas y desoladas regiones del territorio argentino, vinculándose, por sus preocupaciones científicas, a los dominios de la geología, la paleontología y la antropología.
En 1873 efectuó su primera excursión a Río Negro.

En esa época —escribió— «las fronteras del sud de Buenos Aires y de Mendoza tenían, como partes extremas, el Azul, en la Provincia de Buenos Aires; Río Cuarto, en la de Córdoba; Villa Mercedes, en San Luis, y San Rafael, en Mendoza. Bahía Blanca era un punto aislado y había peligro de muerte en cruzar desde allí al Azul o Tandil».

Moreno no sólo describió las bellezas de la Patagonia; también formuló hipótesis científicas. «La región austral —sostuvo— aparece como el resto de un gran continente hoy sumergido, donde han vivido y evolucionado seres desde tiempos geológicos muy remotos».

perito moreno so ubra en el sur argentino

Patagonia y Tierra del Fuego son restos de ese continente austral en que aparecieron y se desarrollaron animales que aún viven en América meridional, Nueva Zelandia, Australia, África, etc. De ahí su afirmación de que en aquel centro de dispersión de organismos vertebrados e invertebrados se inició el desarrollo humano, de donde partió para extenderse sobre el globo.

Nuevos viajes al Sud, realizados en los años siguientes, le permitieron explorar la región argentina de los lagos y llegar hasta Punta Arenas y reunir una colección de arqueología, paleontología y antropología de más de quince mil piezas, la cual donó a la provincia de Buenos Aires para que creara un museo antropológico y arqueológico.

Los estudios científicos de Moreno le valieron la designación de miembro de las principales sociedades científicas de Inglaterra, Francia, Suecia, Noruega y Estados Unidos.

Pero su nombre se vincula en nuestro país al Museo de La Plata, que fundara en 1884, y a su actuación como perito en la cuestión de límites con la República de Chile.

El Museo de La Plata, que se formó con el aporte de sus colecciones y la donación de su biblioteca particular, fue por obra de Moreno un centro de intensa actividad científica.

A los seis años de su fundación, el Museo inició la publicación de sus Anales y de la Revista del Museo, en la que publicaron trabajos los naturalistas que colaboraron en la obra de Moreno: el geólogo Cari Buckhardt, el ictiólogo Fernando Lahille, el botánico Nicolás Alboff, el antropólogo Roberto Lehman-Nitsche, a los que se añadieron los estudiosos formados junto a él, como el entomólogo Carlos Bruch y el antropólogo Luis María Torres.

En 1874 Moreno inició sus publicaciones científicas con un estudio titulado Description des cimetiéres et paraderos préhistoriques de Patagonia y una memoria Sur des restes d’industrie humaine préhistorique dans la République Argentine. A sus libros Apuntes sobre tierras australes y Viaje a la Patagonia septentrional siguieron numerosos trabajos que se destacan por su valor descriptivo y por contener importantes materiales que sirvieron de base para efectuar nuevos estudios.

Es indudable que Francisco P. Moreno fue superado por especialistas de mayor capacidad, pero también es indiscutible que «fue un hombre de valor extraordinario en los orígenes de la ciencia argentina; un verdadero maestro, de esos que necesitan las culturas nacientes, por su entusiasmo contagioso, su inquieta curiosidad y su energía creadora.

La pasión, la actividad y los métodos que otros ponían al servicio de la política, él los puso al servicio de la ciencia».

Ver: Vida del Naturalista Juan B. Ambrosetti

Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

Biografia de Darwin Charles Teoria de Evolucion Por Seleccion Natural

Biografía de Charles Darwin
Teoría de Evolución Por Seleccion Natural

DARWIN CHARLES, nació en 1809 en Shrewsbury (Inglaterra) en una familia de clase media. Estudió medicina en Edimburgo e interrumpió su carrera de pastor protestante en Cambridge.

Entre 1831 y 1836 realizó un viaje como naturalista a bordo del barco científico Beagle. En esa larga expedición recorrió las islas del Pacífico y varios países sudamericanos: Brasil, Uruguay, la Argentina y Chile. 

Las observaciones realizadas  en el transcurso de su periplo americano fueron sintetizadas en pocos argumentos principales, pero tan poderosos, que resultaron ser los cimientos para la formulación de su Teoría de la Evolución Por Selección Natural, obra publicada con el nombre «Origen de las Especies».

La obra «El origen de las especies», apareció en 1859, y constituye una de las aportaciones más sensacionales a los estudios naturales y biológicos.

Desde luego, sin parangón posible con cualquier otra del siglo XIX. Alrededor de este trabajo y de la teoría aue contenía, se diferenciaron los naturalistas, y en pos de ellos, los grupos políticos y religiosos, en una polémica que, aun en la actualidad, no se halla ventilada.

darwin charles

El más destacado cientifico-naturalista de todos los tiempos,  Darwin, es autor de una teoría de la evolución aún vigente en la actualidad. Expuesta en su obra principal, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), desencadenó una verdadera convulsión en los ambientes científicos de su época.

La infancia de Darwin coincide con la formulación de las primeras hipótesis que, reemprendidas a mediados de siglo, originaron el nacimiento de la biología científica.

Nacido el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, en el Shropshire, fue en quinto hijo dek matrimonio del doctor Roben Waring Darwin. Huérfano de madre a los ocho años, y seguramente debido al trastorno que produce la muerte de una madre con seis hijos, se precipitaron sus estudios primarios.

«Durante el tiempo que fui a esta escuela —escribe el propio Darwin — se desarrolló fuertemente en mí la afición a la historia natural y al coleccionismo. Procuraba encontrar los nombres de las plantas y coleccionaba todas las cosas posibles: conchas, sellos, monedas, minerales.

La pasión por el coleccionismo, que lleva al hombre a convertirse en un sistemático investigador de la naturaleza, en un artista, era muy fuerte en mí y debía de ser innata, dado que ni mi hermano ni mis hermanas la tuvieron nunca.»

Cursó sus primeros estudios en un colegio de la ciudad natal, hasta que en 1825 se trasladó a Edimburgo para seguir la carrera de medicina en esta universidad.

Se sabe por la autobiografía sabemos que, salvo la química, halló todas las materias soberanamente aburridas, que trabó conocimiento con la obra de su abuelo y que en la Plinian Society fundada por el profesor Robert Jameson dio a conocer los primeros trabajos sobre historia natural.

Después de dos años de estudios, convencido de que su hijo era inadecuado para ejercer la profesión médica, el padre de Darwin le envió al Christ’s College de Cambridge para prepararse para el sacerdocio.

Estos estudios no le impedían renunciar a sus cada vez más definidos propósitos de conocer los fenómenos naturales y, una vez comprobada «su fe en los dogmas de la Iglesia de Inglaterra», se matriculó a finales del 1831.

Darwin terminó esta carrera en 1831, sin gran aprovechamiento. Lo que le había interesado en Cambridge eran las lecturas de muchos libros y el conocimiento del botánico John Stevens Henslow. Este le propuso para su actividad futura el estudio de la Geología.

El profesor Henslow (imagen abajo) daba por aquel entonces lecciones de botánica en Cambridge, pero no sólo dominaba la botánica y la zoología, sino que abarcaba también todo cuanto se investigaba en química, mineralogía y geología.

henslow profesor

La amistad y entrega de Darwin para el que fue en realidad su primer maestro fueron absolutas y, por otra parte con el geólogo Adam Sedgwick, se dedicó también a otra materia cuyo olvido le hubiera resultado fatal.

Al lado de la Introducción a las Ciencias Naturales, lo que más vivamente le interesó fueron las descripciones de los viajes de Humboldt.

Por esa época el capitán Fitz-Roy se dedicaba a cartografiar y establecer estaciones cronométricas en las costas de la Patagonia, Tierra del Fuego, Chile y Perú.

Ese mismo año, el almirantazgo había solicitado al botánico J. S. Henslow, destacado maestro de Cambridge, que recomendara un naturalista para la expedición, así que propuso de inmediato a Darwin, su discípulo preferido.

Durante los cinco años que duró la travesía, Darwin mantuvo estrecho contacto con Henslow, ocupado entre tanto de hacerle llegar a su alumno las últimas obras del geólogo inglés Lyell (1797-1875), cuyas investigaciones sugerían que el éxito de una especie próspera podía condenar a otras a la extinción.

En 1831 se inició el viaje en un barco a velas, llamado Beagle, viaje que duró cinco años y medio, en cuyo transcurso Darwin adquirió una experiencia científica poco común. Los datos recogidos fueron publicados en el Diario de un naturalista.

De regreso a Inglaterra, Darwin residió en Cambridge, en Londres; y desde 1842, en Down, pequeña aldea de Kent, donde residió, casi sin interrupción, hasta su muerte. Desde 1837 había nacido en su mente la curiosidad de deducir la causa de la transmutación de las especies.

En la lectura de las obras de Malthus sobre la población halló la norma de su futura teoría: «La lucha por la existencia.» En 1842 escribió un esquema, que transformó en ensayo en 1844.

Después de muchas vacilaciones y consultas, el 1.» de junio de 1858 comunicó a la Linnean Society un estudio sobre la selección natural. El 24 de noviembre de 1859 apareció el libro cuyo título encabeza estas líneas.

Obras posteriores de Darwin fueron: La variación de los animales y de las plantas en domesticidad (1868) y la Descendencia del hombre y selección en relación con el sexo (1871).

Autor también de muchísimos trabajos parciales en defensa de su tesis, estuvo en la brecha hasta su muerte, acaecida el 19 de abril de 1882.

mapa viaje de darwin

Darwin tomó parte en una expedición alrededor del mundo, a borde del «Beagle», capitaneado por Fitzroy. Realizó durante el viaje estudios en las costas de América del Sur, principalmente en Brasil, Chile, Ecuador, e Islas Galápagos, recogiendo materiales que ulteriormente le servirían para su obra Del origen de las especies por vía de selección natural, publicada en 1859. Las ideas contenidas en el Origen de las especies, (aunque no se menciona específicamente al hombre) dio motivo a una controversia, no sólo científica sino también religiosa.

***** 0000 *****

OBSERVACIONES DE DARWIN EN LAS ISLAS GALÁPAGOS

Los pinzones de Darwin son un grupo de pájaros que se encuentran en las islas Galápagos y que contribuyeran grandemente a ¡a formación de la teoría de la evolución. En esas islas existen pocas aves de otra de otra clase y los pinzones han evolucionado en varias direcciones, de modo que ahora los hay granívoros, frugívoros, insectívoros, etc. Sus picos varían de forma, de acuerdo con le función. Se distinguen varias especies y subespecies. La semejanza general entre ellos sugiere que han evolucionado recientemente, a partir de un antepasado común.

EL VIAJE EN EL BEAGLE: Darwin meditó largamente sobre el material recogido en el transcurso de su célebre viaje.

Cuando quedó convencido de la variabilidad de las especies, según se ha apuntado, especialmente en las islas Galápagos, con mucha habilidad mental relacionó esta variabilidad a la que se observa en los animales domésticos y las plantas cultivadas, donde el hombre crea nuevas especies escogiendo él mismo los progenitores, durante muchas generaciones sucesivas, de especies que poseen un carácter determinado.

Naturalmente, como primera etapa le faltaba precisar cómo esta selección se opera en la naturaleza.

Ahora bien, cuando en 1838 trabó conocimiento con la obra de Malthus On the Principie of Population, publicada en 1798, Darwin concatenó las ideas.

Este curioso economista inglés, según es sabido, demostró que toda población de seres vivientes crece más rápidamente que la cantidad de alimento disponible. Pues bien, Darwin a través del concepto de la concurrencia vital entre los individuos y las especies entreviÓ que dicho fenómeno suponía la supervivencia de los más aptos, esto es, de los que mejor se adaptan a la «lucha por la vida», término con el que resume la concurrencia vital.

Darwin formuló que, en esta variabilidad de especies, determinados caracteres morfológicos o fisiológicos confieren a los individuos que los poseen una ventaja para la lucha existencial.

Estos caracteres, así mismo, se transmiten hereditariamente a sus descendientes. Es, por tanto, la selección natural que en el contexto de la naturaleza desempeña el papel de generador de especies domésticas al practicar la selección artificial.

En suma, durante unos veinte años Darwin recogió pacientemente los elementos de una argumentación ajustada y minuciosa, documentándose en los problemas de los ganaderos y horticultores, efectuando él mismo observaciones sobre varias clases de animales domésticos.

En 1858, o sea un año antes de la publicación de esta obra fundamental, Darwin recibió de otro naturalista inglés que entonces exploraba Malasia, Alfred Russell Wallace, el manuscrito de una memoria en la que se resumían sus propias ideas sobre la variación y la evolución.

Wallace también había viajado por América y Asia y conocía la obra de Malthus. Y fue entonces cuando, siguiendo los consejos del geólogo Lyell y del botánico Hooker, Darwin leyó un resumen de su teoría en una sesión —celebrada el día primero de julio de 1858— de la Linnean Society de Londres, sesión en la cual también se presentó la memoria de Wallace.

El origen de las especies apareció, por fin, en noviembre de 1859. La acogida fue extraordinaria, agotándose en una semana la primera edición.

Darwin había logrado la comprobación de unas hipótesis apoyadas sobre ejemplos concretos, producto de lo que en términos experimentales hoy se denomina una observación directa.

****** 00000 ******

La importancia de la idea de la selección natural de Darwin reside en la doble acción del proceso selectivo. Cualquier población de animales o plantas se halla expuesta a dos conjuntos de factores que actúan al unísono: el ambiente físico (clima, suelo, etc.) y el ambiente biológico (recursos alimentarios, depredadores, competidores, etc.).

Según Darwin, la adaptación era la clave a la hora de determinar quién podía evolucionar y quién sería dejado atrás.

Aquellos individuos que tuvieran algún rasgo que les diera una ventaja sobre sus competidores (mejor visión, patas más rápidas, mejor camuflaje frente a los depredadores) serían los más capaces de adaptarse a un nuevo ambiente y producir descendientes que heredarían estos rasgos beneficiosos. Pongamos que un período de sequía prolongado hace que un área previamente rica en vegetación se convierta en una sabana herbácea.

Pues bien, los individuos que fueran capaces de resistir las condiciones más secas tendrían más probabilidades de sobrevivir, alcanzar la madurez y reproducirse.

Lo sorprendente es que Darwin comprendió todo esto sin tener ninguna clase de conocimiento acerca de cómo son transmitidos genéticamente los caracteres de una generación a la siguiente.

EL ERROR DE LAMARCK

lamarck teoria de los caracteres adquiridos

Lamarck, que vivió de 1744 a 1829. De acuerdo con ella, si un hombre hace gimnasia intensamente y desarrolla sus músculos, sus hijos tendrán también músculos potentes. En otras palabras, los caracteres adquiridos durante la vida de un individuo pueden ser heredados. Esta teoría recibe, por ello, el nombre de teoría de la herencia de los caracteres adquiridos. Evidentemente, es cierto que los músculos pueden ser desarrollados mediante ciertos ejercicios, pero lo que no está demostrado en absoluto es que estas modificaciones puedan heredarse.

jirafas comiendo

Lemack suponía que el esfuerzo de las jirafas para alcazar la hojas mas altas, hacía que sus cuellos se estirasen unos centímetros, y que luego ese estiramiento era transmitido a sus descendientes. Las ideas de Lamarck fueron criticadas por Weissman, quien posteriormente demostró que los caracteres adquiridos no pueden heredarse. Las células del cuerpo (o somáticas) están completamente separadas de las reproductoras (gametos: óvulos y espermatozoides) y solamente estas últimas transmiten rasgos hereditarios a la generación siguiente.

En realidad según la teoría de Darwin las que tenían el cuello y las patas algo más largos que las otras, podrían alimentarse de hojas de acacia, (las otras se desnutrían) lo que les ayudaría a sobrevivir mejor en las épocas de sequía. Actuó de esta manera la selección natural, que permitió a los mejor adaptados, los más altos, reproducirse.

****** 00000 ******

SUS ULTIMOS AÑOS: Se ha insinuado que Charles Darwin fue un hipocondriaco. De todos modos, cabe añadir, el trabajo agotador había minado sus fuerzas y la mitad de su obra la llevó a cabo en un estado de salud precario, en ocasiones incluso esperando los intervalos de bienestar.

En enero de 1879 empieza a tener conciencia de una muerte próxima. «Mi trabajo científico —escribe al almirante sir James Sullivan— me fatiga más que de costumbre, pero no tengo otra cosa que hacer y tiene poca importancia el consumirse un año o dos antes.»

Dos años después, la situación es más inquietante: «Ya no puedo salir a pasear —escribe a Wallace— y todo me cansa, hasta el contemplar el paisaje… Qué voy a hacer con los pocos años que me quedan de vida, no lo sé. Lo tengo todo para ser feliz y estar contento, pero la vida se ha hecho muy penosa para mí.»

En efecto, unos meses después, encontrándose en Londres para visitar a su hija, sufrió un desmayo en plena calle. Las lipotimias que se repitieron en los inicios de 1882, en Down, hicieron suponer una angina de pecho.

A partir de este momento empezó a padecer los ataques con mayor frecuencia, siendo inútiles los cuidados que le prodigaron los médicos. Y el día 15 de abril durante la cena sufrió un colapso que volvió a repetirse en el transcurso de la noche del 18 y 19.

Cuando recobró el conocimiento era consciente de la proximidad de su muerte y lo expresó con estas palabras: «No tengo miedo a morir.»

Falleció hacia las cuatro de la tarde del 19 de abril de 1882.

ANTECEDENTES A LA FORMULACIÓN DE LA TEORIA DE DARWIN:

Charles Darwin es el fundador indiscutible de la teoría de la evolución biológica.  El problema del origen de la vida tratado por Huxley y Hacckel, las expediciones por todo el planeta fundamentando la ecología, la aparición de la genética gracias al descubrimiento de las leyes de la herencia formuladas por Mendel y los avances de la paleontología superando las contribuciones de Cuvier, completaron y resumieron la teoría de la evolución biológica sostenida sobre la mera observación de la realidad vegetal y animal.

Con todo, será oportuno recordar como antecedentes a su abuelo Erasmus Darwin, autor de una obra científica, Zoonomía o las leyes de la vida orgánica (entre 1794 y 1796), en la que ya se formulaba la idea de la evolución de la vida, esto es del desarrollo del mundo orgánico.

Asimismo, Buffon, los Natural philosophen y Lamarck lo habían afirmado, desde sus respectivos ángulos, en lo tocante a las especies zoológicas.

El geólogo Charles Lyell, que formó parte del grupo de amigos más íntimos de Darwin, se adelantó concibiendo la geología como una transformación continua de la corteza terrestre y, por tanto, contradiciendo la teoría de las catástrofes de Cuvier hasta entonces admitida.

Y el naturalista viajero Alfred Russell Wallace, publicó en 1858 una monografía titulada Sobre las tendencias de las variedades a separarse indefinidamente del tipo original, que sin duda constituye el antecedente más claro y significativo del evolucionismo; aunque su definitiva instauración, y en consecuencia el núcleo de la morfología biológica, no se produjo hasta 1859 con la publicación de El origen de las especies, la obra capital de Charles Darwin.

Publicación de Darwin: El Origen de las Especies

En 1859 publicó su teoría de la evolución por selección natural. Lo que más molestó de su teoría a muchos profesionales no fue la noción del cambio de las especies, ni la posible descendencia del hombre a partir del mono.

Antes de Darwin la idea de la evolución y los indicios que incluían en ella al hombre ya eran compartidas por filósofos y naturalistas de la época. Pero todos ellos habían considerado la evolución como un proceso dirigido hacia un fin.

Se creía que la «idea» del hombre y de la flora y de la fauna contemporáneas había estado presente, desde la primera creación de la vida, quizá en la mente de Dios.

Así, cada nueva etapa del desarrollo evolutivo era una realización más perfecta de un plan que había existido desde el principio.

En el Origen de las especies, Darwin no reconoció ninguna meta establecida por Dios o por la naturaleza. En lugar de ello, sostuvo que la selección naturaloperando en un medio ambiente dado y con los organismos que tenía a su disposición-, era responsable del surgimiento gradual pero continuo de organismos más complejos y articulados y mucho más especializados.

La creencia en la selección natural, resultado de la competencia entre organismos por la supervivencia (sólo sobreviven «los más aptos»), como productora exclusiva de las plantas, los animales y el hombre, era el aspecto más difícil y molesto de la teoría de Darwin.

Ponía en discusión las convicciones acerca de la Creación y del Plan Divino, y abría un gran interrogante sobre el futuro de la Humanidad.

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES: La teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin, presentada en su libro de 1859 titulado El origen de las especies, sustenta el modo como los científicos enfocan, a partir de Darwin, el estudio de los seres vivos. La biología moderna, la antropología y la paleontología se basan todas en la idea de la evolución.

La mayoría de los naturalistas del siglo diecinueve creían que animales y plantas eran inmodificables desde que Dios creó el mundo.

Otros observaban cambios, pero pensaban que un rasgo adquirido en vida podía trasmitirse a la descendencia, como si una yegua con un casco malo diera origen a un potrillo cojo.

A los 20 años, Darwin (1809-1892) emprendió un viaje alrededor del mundo como naturalista a bordo de un barco de reconocimiento inglés. Sus observaciones lo hicieron dudar de ambas teorías.

La idea de que las especies evolucionan por selección natural se llama darwinismo, aunque el propio Darwin reconoció que por los menos otros 20 científicos habían propuesto ideas similares. Al contrario de los otros, Darwin sustentó su teoría con una enorme cantidad de observaciones y datos recopilados en todo el mundo.

Además, el naturalista escribió en un lenguaje sencillo, para que toda la gente pudiera leer El origen de las especies. El libro le trajo fama pero también oposición.

Mucha gente religiosa condenaba cualquier teoría de la vida que no estuviera basada en la intervención divina. Algunos conservadores religiosos se escandalizaron con la noción, sugerida por el darwinismo, de que el hombre evolucionaba como los otros animales.

******* 00000 *******

ALGO MAS…La idea básica de este libro era que todas las plantas y los animales evolucionaron durante un largo período, a partir de formas anteriores y mas sencillas de vida, principio conocido como la evolución orgánica.

Darwin fue decisivo para explicar cómo funcionaba este proceso natural. Dio el primer paso partiendo de la teoría de la población de Malthus: en todas las especies, «nacen mucho más individuos de cada especie de los que es posible que sobrevivan», lo cual da como resultado una «lucha por la existencia».

Darwin creía que «puesto que se generan más individuos de los que pueden sobrevivir, tiene que haber en todos los casos una lucha por la existencia, ya sea de un individuo con otro de la misma especie, o con individuos de distinta especie, o con las condiciones físicas de la vida».

Los que triunfaron en esta lucha por la existencia se habían adaptado mejor a su ambiente, proceso hecho posible por la aparición de «variantes».

Las variaciones aleatorias que ocurrían en el proceso de la herencia les permitían a algunos organismos ser más adaptables al ambiente que otros, proceso que Darwin llamó selección natural: «Debido a esta lucha [por la existencia], las variaciones, no importa cuan ligeras…, si son en medida alguna provechosas para los individuos de una especie, en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con sus condiciones físicas de vida, tenderán a la preservación de tales individuos y, en general, serán heredadas por la descendencia de éstos.». 

Los seleccionados naturalmente para la supervivencia («supervivencia del más apto») sobrevivían; no así los inadaptados, que se extinguían. Los aptos que sobrevivían, a su vez, propagaban y transmitían en herencia las variaciones que les permitía sobrevivir, hasta que, desde el punto de vista de Darwin, surgía una nueva especie distinta.

Este libro solo trató de especies vegetales y animales. No se aplicó a los seres humanos, hasta un tiempo después cuando habló sobre la teoría de selección natural.

Ver: Darwinismo Social