Uso del Libro I Ching

I Ching El Libro de las Mutaciones Historia y Descripción

DESCRIPCIÓN SOBRE EL USO DEL LIBRO I CHING

En 1703, Guillermo Leibniz, filósofo y sabio alemán que descubriría al mismo tiempo que Isaac Newton las bases del cálculo diferencial, declaró su sorpresa frente a la total coincidencia matemática de la estructura y ordenamiento de los hexagramas del I Ching con el sistema numérico binario ideado por él. Este descubrimiento surgió de la correspondencia sostenida por el sabio con el padre Bouvet, misionero en Pekín, quien, treinta años antes de su primera traducción, le explicaba a Leibniz las características de uno de los libros más importantes de toda la milenaria cultura china.

libro i ching

I Ching o Yijing (‘Libro de las mutaciones’), antiguo texto chino y un clásico del confucianismo utilizado para la adivinación y como obra moral, filosófica y cosmológica. Se basa en 64 hexagramas simbólicos, cada uno compuesto a su vez por un par de trigramas que están formados por tres líneas paralelas. Las líneas pueden ser continuas (representando el yang o principio activo) o discontinuas (representando el yin o principio pasivo) siguiendo la cosmología primitiva china, que explicaba todos los fenómenos en términos de alternancia del yin y el yang.

El I Ching, llamado «El libro de las mutaciones», es una conjunción de tradiciones, poemas, máximas y preceptivas filosóficas y religiosas ordenadas en forma de sistema. Para tener una idea general, se diría que el I Ching es un consultorio, es decir, un libro para ser consultado, y que sus respuestas se dividen en sesenta y cuatro hexagramas.

La manera de saber cuál es el hexagramaque corresponde a la pregunta es formular la pregunta mientras se arrojan tres monedas seis veces sucesivas. Asignado un valor a las monedas, por cada vez se traza una línea partida o entera. La suma de las seis líneas conforma lo que se llama un «hexagrama». El hexagrama que haya resultado se busca en la suma de los sesenta y cuatro hexagramas posibles. El texto que corresponda será la respuesta a la preguntacons-tantemente repetida durante todo el tiempo del sorteo.

Pero antes de hablar de la parte oracular del libro, de su capacidad de predicción, conviene explicar algunas cosas acerca de este libro fascinante.

Es un texto antiquísimo, cuyos primeros datos se tienen en la dinastía de los Chou, que comprende un período que parte del año 1122 antes de Cristo. Naturalmente, las sucesivas dinastías anotaron y corrigieran el texto, que así fue enriqueciéndose y que cuenta con comentarios de Confucio y hasta de Mao-Tsé tung. Por otra parte, en principio admitía muchas y diferentes interpretaciones sin alterarse originalmente, porque está escrito con pictografías, que no son palabras. Las anotaciones del pensamiento no en todas las culturas se realiza mediante palabras. Por ejemplo, los chinos, con su escritura pictográfica, no anotan «palabras» sino «ideas».

Para tener una idea imagínese que una pictografía representa la idea (no la palabra) «lago». El agregado de otra pictografía significando «nubes» puede significar una tormenta o la serenidad de un día gris, o puede nosigni-ficar ninguna otra cosa que las nubes sobre un lago.

El alemán Richard Wilhelm se abocó a la tarea de traducir a su lengua esta obra monumental, tarea en la que ocupó la mayor parte de su vida, incluidos los muchos años que pasó estudiando con su maestro Lao Naíhsuan. Posiblemente, el alemán, por su facilidad de anexar palabras entre sí para formular conceptos, sea la lengua más propicia para traducir el texto chino al conocimiento occidental.

La consulta del I Ching -y esto es importante saberlo- no responde a preguntas inmediatas. En el prólogo a la excelente versión castellana de David Vogelmann este orientalista explica una antigua máxima china que dice, casi parafraseando el título del libro, que «lo inmutable es la mutación», es decir, que todo está en permanente cambio, y que hasta la respuesta a una pregunta habrá llegado cuando ya los motivos de la pregunta sean otros.

Por lo tanto, la manera de consultar el libro es con preguntas importantes. Por ejemplo, no si voy a ganar o no un premio, sino qué significa un premio para mí. Es decir, no las preguntas referidas a la circunstancia (la existencia de un premio, una lotería, una tómbola, una carrera) sino referidas a la esencia (la necesidad que el hombre tiene de ser gratificado, la carencia que esta necesidad está revelando).

Es evidente que cuanto mayoressean las necesidades del hombre, mayorestambiénseránsus necesidades de ser «premiado», es decir reconocido, mimado, halagado en este caso por la fortuna. Es decir, la solución a su problema no está en los premios, sino en las razones por las cuales se siente postergado. La pregunta seria entonces no «cuándo me voy a sacar un premio», sino «por qué me siento postergado».

Por eso los maestros del Ching aconsejan una profunda meditación antes de consultar el libro. El sistema que proponen parecería apelar a influencias mágicas: sugieren sentarse sobre las propias piernas (posición flor de loto), con el libro en las dos manos sobre la falda. Solamente cuando se haya reflexionado muy profundamente conviene tirar las monedas haciendo la pregunta, sin abandonar el libro.

La idea sugerida por Vogelmann, que a la vez la toma de Wilhem y éste de su maestro Naihsuan, es que siempre, en el fondo de una buena pregunta está contenida la respuesta. Es que el hombre en sí sabe muchas más cosas de las que puede permitirse. Es necesario abrir las puertas de su subconsciente para que haya una mayor y estrecha relación entre lo que el hombre sabe y lo que se permite saber.

La sabiduría del I Ching consiste en responder lo que el hombre no quiere decirse a sí mismo, pero que ya sabe. Cuando en el texto de este libro milenario se habla de «lo correcto», esto significa que el hombre debe encontrar el camino de su verdad en el fondo de sus fantasías e ilusiones. Incluso para elaborar fantasías e ilusiones -y sobre todo- es necesaria una férrea disciplina. La sabiduría del hombre, acumulada por más de tres mil años -ésta es, aproximadamente, la antigüedad del libro-, en el fondo es un tratado de ética.

Es realmente fantástico que en el mundo contemporáneo, que se caracteriza por la necesidad inmediata de bienes materiales, exista como contrapartida la necesidad del hombre de volver a estos libros fundamentales. Luego de reflexionar profundamente en la posición de la flor del loto, se podrá tirar las monedas seis veces -un número impar una línea entera, un número par una línea partida: lo yang y lo ying- de abajo para arriba, hasta conformar un hexagrama que se buscará entre los sesenta y cuatro posibles.

yim yang chino

Yin y yang El lado blanco representa el yin y el negro el yang. En la filosofía china, el símbolo del yin y el yang evoca la relación dinámica y complementaria de las fuerzas opuestas que actúan en la naturaleza.

El hexagrama tendrá un título que será la característica de la predicción. Puede ser «El aquietamiento», «La preponderancia de lo pequeño», «El seguimiento», «La subida (el empuje hacia arriba)» o «Ir al encuentro «. En cualquiera de los casos hay una descripción del título, el dictamen que éste significa y la imagen que sugiere. Posteriormente, los traductores agregaron un estudio detallado de cada  una de   las  líneas.

Biografia de Confucio Caracteristicas de su Pensamiento y Doctrina

Biografía de Confucio
Caracteristicas de su Pensamiento y Doctrina

Kung-fu-tse, el «maestro Kung», nombre que, latinizado, ha dado lugar a la forma occidental de Confucio, vivió en la época de decadencia de la dinastía Chu, el primer imperio realmente histórico de China.

Pueblo de antigua cultura y de arraigadas tradiciones espirituales, la China de aquel tiempo sentía vacilar bajo sus pies la plataforma del pasado.

El Estado se disgregaba a causa de la codicia de los grandes príncipes feudales, y éstos abusaban de su poder y socavaban las normas morales que durante tanto tiempo habían guiado el mundo chino en el curso de su existencia histórica.

En la desorientación del momento, surgió una figura poderosa que supo salvar e interpretar la esencia del alma china y la grabó para siempre en enjundiosas sentencias.

Este hombre excepcional fue Confucio. En tales condiciones se explica que su fama haya sido tan grande como la de los mayores fundadores religiosos y que aun hoy viva su espíritu en los corazones chinos.

BIOGRAFIA DE CONFUCIO:

confucio

En la larga historia de China destaca un hombre que ejerció una influencia tan grande en la sociedad, que incluso se dejó sentir en el sistema comunista del país. Este hombre fue el filósofo Kung Fu-tse, conocido en el mundo occidental como Confucio. Kung Fu-tse significa «maestro K’ung».

Hay un hecho que nunca debe perderse de vista, porque se presta a error: Confucio no fue un fundador de religión, sino un filósofo, maestro y político de dimensiones fuera de lo común.

Confuciole llamaremos por su nombre latino, por ser el más conocido– vivió de 551 a 479 a. de J.C. De su vida sabemos muy poco, porque los siglos han tejido a su alrededor una maraña de fábulas y leyendas.

Posiblemente descendía de una familia noble venida a menos. Gracias a su clara inteligencia, finalmente llegó a ser una de las personas más sabias que jamás haya tenido China.

Nació en el seno de una familia campesina y fue agricultor. Desarrolló una rápida carrera administrativa en el feudo de Lu, convirtiéndose en una especie de ministro de Justicia.

Pero el señor feudal no aceptó sus sabios consejos por lo que fue enviado al exilio, iniciando un recorrido por toda China en busca de algún señor que pusiese en práctica sus principios filosófico-políticos.

La infructuosa búsqueda lo llevó de nuevo a Lu. Al morir su madre Confucio se dedicó a meditar sobre la moral y las tradiciones de su país.

Tres años después se planteó cambiar las costumbres de China y empezó una intensa campaña educativa, a la vez que escribía y editaba cuatro libros en los que muestra el camino de la sabiduría y la moderación. Pronto consiguió un buen número de adeptos que extendieron sus ideas.

El sistema filosófico-político planteado por Confucio está basado en la necesidad del estudio de los textos canónicos y en la bondad, medios imprescindibles para el perfeccionamiento moral del individuo.

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

Biografía de Confucio VIDA DE CONFUCIO:

es el nombre que aparece en primer lugar en la literatura, en la filosofía y en la historia del pensamiento de la China, donde este gran pensador vivió hace 2500 años.

Fue, además, el primer reformador político.

Los primeros datos biográficos que se conocen de él son del siglo II a. C.

Había nacido en 55 a. C en Tsou, pequeño estado feudal de Lu, en el sudeste de la actual provincia de Shantung (en el nordeste chino).

Se afirma que descendía de la familia real de Shang, que constituyó la segunda dinastía china.

Su padre había sido gobernador de Tsou a la edad de setenta años y se había distinguido en empresas militares.

Los primeros misioneros jesuitas derivaron la forma latinizante Confutius y Confucius hasta llegar al “Confucio” de hoy. El nombre proviene de Kun-FuTzu o Maestro Kung.

El sistema político de la época se basaba en el feudalismo sorprendentemente similar al de occidente medieval.

Los señores feudales se negaban a obedecer al poder central que se volvió cada vez más débil. En estas circunstancias, aparece la figura de Confucio.

Desde los treinta hasta los cincuenta años, se dedicó al estudio y a la enseñanza. Filósofo político y social, sentía la necesidad de llevar a la práctica sus teorías.

A los cincuenta años fue magistrado y, luego, encargado de obras publicas. Más tarde fue designado secretario mayor de justicia y, finalmente, en el 496 a.C., primer ministro del monarca.

En esa situación, demostró ser un hábil administrador y restableció algo del orden político y la igualdad social.

Confucio opinaba que la armonía política debía basarse en la armonía moral. Es decir que el concepto ético estaba, para este pensador, indisolublemente unido a la práctica política.

Su pensamiento se orientó en general hacía una filosofía del orden social.

Para ello se basó en un período histórico ideal, los primeros tiempos do la dinastía Chu, durante los cuales tanto el emperador como los príncipes y el pueblo profesaban un gran respeto por el orden.

Para Confucio el gobierno significaba sobre todo, “cada cosa en su justo lugar” y en particular, en el ámbito de la sociedad, por la cual se interesó más que por el individuo.

Y habló muy claro con respecto a qué necesitaba la China, para superar los males sociales: “Para gobernar bien bastará que el príncipe sea príncipe; el ministro, ministro; el padre, padre, y el hijo, hijo»

Debido a su gran fama de sabio, se lo consultaba ante cualquier descubrimiento de restos arqueológicos; respondía siempre con prontitud y dominio de la materia.

Tal fue el prestigio de la sabiduría de Confucio, que se afirma que tuvo setenta y dos discípulos y tres mil seguidores, por lo cual se lo describe como un brillante maestro.

Él mismo se consideraba un tzu, es decir, un maestro, no un filósofo.

«No enseñaré a quien no sienta ganas de aprender—proclamaba Confucio— y no explicaré nada a quien no se esfuerce en aclarar las cosas por su cuenta. Y si explico un cuarto de la verdad, y el alumno, pensando y reflexionando él solo, no deduce los otros tres cuartos, no pienso seguir instruyéndolo.”

Luego de abandonar su tierra y el poder por catorce años, volvió a la patria. Así, a los sesenta y siete años (en el 484), comenzó su período más fecundo como compilador de textos y como filólogo. Según sus propias palabras, trataba de recorrer la tradición, más que de renovarla.

Ya en su vejez, publicó antiguas canciones y dejó una compilación de documentos históricos denominada Shu Ching.

El único libro que escribió fue el Ch’un Ch’iu, en el que se ocupa, fundamentalmente, de restablecer el respeto por las jerarquías.

La obra más importante de la enseñanza confuciana no fue escrita por el propio Confucio, sino por sus discípulos y se halla reunida en Los cuatro libros clásicos o Shú.

Se trata de la colección de diálogos, frases y sentencias pronunciadas a lo largo de su vida.

El pensamiento y las enseñanzas de Confucio se recopilaron en sus Analectas (Lunyu), cuyos veinte capítulos recogen principalmente las máximas del “Gran Sabio” y las breves discusiones que solía mantener con sus discípulos. Este libro fue para la antigua China lo mismo que la Biblia para Occidente. A los civiles se les recomienda que se comporten de acuerdo con lo expuesto en esta obra; y a quienes desean ser funcionarios y dedicarse a la política, se les aconseja que la estudien a fondo. Un antiguo dicho chino reza así: “Con la mitad de las Analectas podrás gobernar el país”; eso quiere decir que para gobernar bien un país basta con dominar la mitad de la teoría expuesta en este libro.

Según la tradición, Confucio habría agregado algunas secciones a obras, como el I Ching, el clásico Libro de las mutaciones, libro oracular y sapiencial.

Probablemente fueron suyas las directivas para la elección de los textos y para su interpretación ética, si bien Confucio no vaciló en criticar los abusos de la adivinación.

Según palabras de Liv Yutang, escritor y filólogo chino contemporáneo, “Confucio fue maestro de la piedad filial y conservó intacta en su memoria una imagen idealizada del padre.

Al principio, el muchacho cuidaba rebaños, pero luego iniciaría sus estudios por cuenta propia.

Poseedor de una fértil imaginación histórica y aun cuando más tarde se mostró como el mayor de los moralistas chinos, alentó siempre una gran pasión hacia la historia antigua, sobre todo, la de un milenio antes de su época y también afirma Liv Yutang: “El sabio murió a los setenta y dos años, gozando fama de gran maestro, pero desconocedor de la influencia que ejercía sobre el pueblo chino.

El propio Confucio sintetizaba su vida con estas palabras: 14 los quince años, mi espíritu se hallaba ocupado en la búsqueda de la verdad mediante el estudio; a los treinta, ya había encontrado principios sólidos e inmutables; a los cuarenta, ya había superado todas las dudas y vacilaciones; a los cincuenta años, conocía la ley que el Cielo ha impreso en todos los seres para que se dirijan a su propio fin, a los sesenta, conocí con facilidad las causas de todas las acciones; a los setenta, satisfice los deseos de mi corazón en su justa medidas.

Sentía un interés extraordinario por la política, hecho sorprendente si tenemos en cuenta que vivió en una época muy intranquila. El emperador reinante no era más que un títere. En realidad, quien mandaba era la poderosa nobleza. Para costear sus continuas guerras, el pueblo fue esquilmado por completo, y Confucio, que conocía bien tales problemas por su propia miseria, decidió dedicar su vida a buscar una solución que subsanara tanta arbitrariedad. Llegó a la conclusión de que la única posibilidad era establecer una nueva política de gobierno. El soberano no debía considerar como lo más importante la consecución de su propio bienestar, sino la felicidad de todos sus súbditos, y así señaló al emperador el objetivo sagrado de conseguir esto. Los impuestos, que habían llegado a extremos inaguantables, tenían que reducirse considerablemente; debían suprimirse los castigos crueles e inhumanos, porque sólo donde hay paz puede haber felicidad.

Algunas Máximas Para Tener en Cuenta:

“Recompensar la injuria con la indiferencia y el beneficio con la gratitud: he aquí lo justo.”

“No hables bien de ti a los demás, pues no habrás de convencerlos; no hables mal, pues te juzgarán mucho peor de lo que tú pudieras decirles.”

“El hombre, aun el más débil, puede hacer alguna cosa buena: si no es capaz de ciencia, tal vez lo sea de virtud.”

“No dejéis nunca sin recompensa una buena acción, aunque os parezca dudosa.”

“Pensad antes de obrar, y no comencéis nada sin haber consultado las circunstancias bien a fondo.”

Silvia Arrau

PARA SABER MAS…

Los alumnos se dirigían a Confucio traídos por su fascinante personalizad, pero también porque él podía ofrecerles la oportunidad de completar los estudios avanzados de literatura, historia y filosofía.

Y, principalmente, jorque los preparaba para la carrera oolítica, ya que su meta era formar :uncionarios para un nuevo estilo de administración pública. Muchos de sus alumnos llegaron a obtener excelentes empleos: estudiar con Confucio era casi igual a triunfar en la vida.

A pesar de que Confucio los había convertido en blanco permanente de sus críticas, los nobles aceptaban a sus alumnos. En primer término, porque no los consideraban peligrosos (Confucio predicaba que sus reformas debían triunfar por la persuasión, y no por la violencia), y en segundo lugar, porque necesitaban —aunque ellos no lo fueran— funcionarios educados, bien preparados y, sobre todo, conocidos por su moralidad y lealtad, virtudes que constituían puntos fundamentales en las enseñanzas del maestro.

De hecho, la idea de Confucio era crear una nueva aristocracia de servicio comunitario, una «élite» basada exclusivamente en el mérito personal, que sustituyese a la vigente nobleza militar hereditaria. Por ello, era fundamental para él que sus alumnos adoptasen las reglas del «li«, palabra que significa ceremonial, ritual, normas de etiqueta social, en fin, buena conducta en general.

Como sólo durante la realización de las ceremonias religiosas la conducta de los hombres se orienta al respeto mutuo y la cooperación, Confucio juzgó que ese comportamiento debía ser generalizado en esa época revuelta.

El «li» incluía prácticas rituales, pero Confucio afirmó que ellas sólo tienen

valor cuando representan «una señal externa y visible, de una gracia interior y espiritual». Despreció el ritual falso y detestó ver «las formas del «li» practicadas por los que no mostraban reverencia interna».

Eximio ejecutante del «sé», un instrumento musical de cuerdas semejante al laúd, Confucio consideró que el «li» estaba íntimamente ligado a la música.

Acostumbraba decir que el carácter de los estudiantes debía ser estimulado a través del estudio de la poesía, afirmado por el estudio del «li» y pulido por medio del aprendizaje musical, que constituía su ornamento final.

Predicó la sinceridad como suprema virtud, y abominó de la hipocresía. Pero explicó que la conducta ideal no consistía solamente en cumplir, a cualquier precio, con la palabra empeñada, o sostener el mismo objetivo independientemente de las circunstancias, sino en saber también ser flexible.

Dijo que el «shih» (caballero) podía tener defectos, pero también tenía que estar siempre dispuesto a corregirlos.

Insistió en que no bastaba ser sincero en pensamientos y palabras, pues la verdadera sinceridad estaba en las obras; señalar lo correcto sin practicarlo era cobardía. Afirmó que el hombre debe estar preparado para sacrificar su vida, si es necesario, en defensa de sus principios.

El verdadero aristócrata no necesita ser guerrero ni noble por nacimiento.

Confucio desea que sus alumnos adquieran virtudes aristocráticas y eviten los vicios de la nobleza; que gocen del prestigio de la nobleza militar, sin prepararse exclusivamente para la guerra.

Quería inculcarles un sentido de vocación y misión, de autoconfianza, determinación, responsabilidad e independencia. «No se preocupen por no ejercer ciertos cargos, trabajen en cambio para ser capaces de ejercer sus funciones; no se preocupen por ser desconocidos, sino por ser merecedores de una buena reputación».

Los alumnos debían condenar los defectos morales, pero más los propios que los ajenos. «Quien es riguroso consigo mismo es indulgente con los demás, y evita resentimientos.

Cuando vean a una persona admirable, traten de imitarla; cuando observen a alguien que no lo es, examínense a sí mismos. Un caballero se avergüenza por permitir que sus palabras superen a sus hechos; él actúa primero y habla sobre el asunto después. . .»

Con el tiempo, China logró una forma de gobierno basado en las ideas de Confucio. El emperador, que ocupaba el cargo más elevado, tenía que ser el mejor, aunque podía delegar sus funciones en los ministros, que eran quienes gobernaban en realidad y habían conseguido este cargo por sus cualidades personales, sin que su nacimiento tuviera nada que ver en ello, al menos en teoría. Porque, desde luego, a menudo había circunstancias menos favorables en tiempos de intranquilidad o de desequilibrio en la economía. Sin embargo, se puede decir que la forma de gobierno imperante en China fue la determinada por el maestro Kung.

CONFUCIO MUERE – EN CHINA SE DIFUNDE EL CONFUCIANISMO

Los últimos discípulos son importantes porque ellos fueron los responsables de la transmisión de las enseñanzas confurianas: Tsu-yu, que propuso la educación universal del pueblo; Tsu-hia, que tuvo muchos alumnos importantes y llegó a ser gobernador de una provincia; Tseng-shen, el moralista, que tuvo setenta discípulos; Yu-yo, que por su sabiduría llegó a ser comparado con Confucio.

Pero ninguno de ellos transmitió con fidelidad la doctrina del maestro. Sólo conocieron a Confucio en su última etapa, como erudito y no como reformador apasionado, dieron, así, mayor importancia a la enseñanza formal, al ceremonial, al ritual, preocupándose más de la virtud individual que de la organización social.

Cada uno pretendía ser el legítimo representante de la doctrina de Confucio; sostuvieron disputas y formaron escuelas divergentes que contribuyeron a obscurecerla.

Poco se sabe sobre los últimos años de la vida de Confucio. Pero existen pruebas de que dedicó ese tiempo a ordenar sus manuscritos y las informaciones recogidas durante sus viajes.

Parece que organizó entonces el «Libro de Poesía», antología que llegó hasta nuestros días.

Mas no dejó de enseñar y de ejercer influencia en los asuntos públicos, a través de sus discípulos.

Aún una vez más intentó intervenir en política, recomendando la invasión del poderoso Estado de Ts’i, tradicional enemigo de Lu, que a la sazón se encontraba dividido por una guerra civil.

Creía poder contar con el apoyo de la inmensa mayoría de la población de Ts’i, y con la mitad de su ejército, amotinado contra el gobierno tiránico de una familia que había usurpado el poder.

Sus consejos fueron desechados, pero el episodio mostró bien a las claras que Confucio no era un pacifista a todo trance, sino más bien un político y un moralista convencido de la necesidad de luchar por causas que consideraba justas.

No se conocen las circunstancias de su muerte, acaecida en 479 a.C. Pero, en ocasión de una dolencia anterior, Tsu-lu, junto al lecho donde el maestro yacía aparentemente inconsciente, se lamentó de que Confucio jamás había, ocupado un alto cargo, habiéndose comportado los discípulos siempre como si fuesen ministros a la espera de un dignatario. Confucio, que había ya recuperado el conocimiento, oyó las palabras de Tsu-lu, y le preguntó:

—¿A quién creen ustedes que yo podría engañar, fingiendo tener ministros cuando en realidad no los tengo? ¿Podría engañar al Cielo? Por otra parte, ¿no es mejor que muera en vuestros brazos, amigos míos, que entre ministros?

Entonces Tsu-lu le pidió ‘permiso para rezar por él. Confucio sonrió:
—Mi propia oración ya fue hecha hace mucho tiempo.

Después de su muerte, los discípulos se dividieron en, por lo menos, ocho escuelas distintas. Muchos de ellos se convirtieron en profesores famosos, ministros de Estado, gobernantes, tutores de reyes.

Eran disputados por ser los únicos que habían conservado en sus escuelas una disciplina regular de preparación para el servicio público. Vulgarizaron y distorsionaron el confucianismo, inventando leyendas y tradiciones, así como también alteraron la doctrina para conciliarla con otras corrientes intelectuales, o para hacerla más agradable a los poderosos, a cuyas costas vivían.

Sólo después de sufrir modificaciones el confucianismo llegó a triunfar en China alrededor del siglo II a.C. Los tres siglos posteriores a la muerte de Confucio fueron decisivos para la civilización china.

Fueron años de importantes transformaciones. Pero, en ese siglo, se logró finalmente la centralización política, aunque fuera a través de la conquista militar. No obstante, el unificador y su hijo reinaron poco tiempo, y una nueva familia imperial, los Han, favoreció la centralización de la administración y percibieron que ésta sólo sería eficiente si se la confiaba a ministros seleccionados, y no a sus familiares o a los nobles, que perdieron importancia.

La filosofía se hizo así popular, y los filósofos y eruditos pasaron a ser cortejados por los gobernantes que escuchaban sus consejos y les solicitaban opiniones. Los discípulos de Confucio se esforzaban por difundir su doctrina y ayudar a los gobernantes a mantener unida a China.

Ver:Uso del Libro I Ching o de las Mutaciones