Utopía III Abbey of Telemé Francois Rabelais

Significado del Mito de la Caverna de Platón Explicación Resumida

Significado del Mito de la Caverna de Platón
Resumen Explicativo

El filósofo griego Platón, explica en su reconocida obra La República, que existen dos niveles de saber: la opinión y el conocimiento.

Las declaraciones o afirmaciones sobre el mundo físico o visible, incluyendo las observaciones y proposiciones de la ciencia, son sólo opinión.

Muchas veces las opiniones tiene muy buenos argumentos que la fundamentan , pero otras no, y nunca ninguna de ellas debe ser considerada como un conocimiento verdadero.

El verdadero conocimiento o saber nace desde la razón pura, en vez de la experiencia observable.

La razón, utilizada de la forma debida, conduce a ideas que son ciertas y los objetos de esas ideas racionales son los universales verdaderos, las formas eternas o sustancias que constituyen el mundo real.

Antes de entrar al analisis del significado del Mito de la Caverna, haremos un breve paseo por esa época del mundo griego.

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural.

Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años. Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

Existían tres órganos principales de gobierno: el Areópago; el Consejo de los Quinientos, un grupo electo, y la Asamblea, que actuaba como foro de debate y daba al pueblo voz política.

Tal vez todo ello propiciara el florecimiento de la teoría política; no en vano, algunos de los mayores filósofos de la historia, entre ellos Sócrates, Platón y Aristóteles, vivieron en esta época.

Hasta el siglo VII (a. C.) los griegds habían explicados los fenómenos de la naturaleza como consecuencia de la acción de dioses poderosos; basándose en ideas religioso-mitológicas creían que seres sobrehumanos producían las tempestades, los huracanes, las fases y los eclipses de la luna, etcétera.

Pero desde el siglo VI (a. C.) diversos pensadores—apartándose de las concepciones religiosas—comenzaron a indagar el por qué y el cómo de las cosas que rodean al hombre y, por propia reflexión, trataron de solucionar los más grandes problemas que. sobre el mundo y la vida surgen en la mente humana.

Guiados por un poderoso anhelo de verdad aparecieron los filósofos, es decir, los «amantes de la sabiduría«.

No eran investigadores o profesores sostenidos por ej. Estado, sino hombres que vivían para la filosofía y no de la filosofía.»

Los grandes filósofos: En la Atenas de Pericles vivió Sócrates, considerado por el oráculo deifico como el hombre más sabio de Grecia. Junto con Platón y Aristóteles, este hombre notable influyó de un modo decisivo en la trayectoria del pensamiento humano.

Sócrates no escribió nada, pero podemos conocer sus enseñanzas a través de las bellas palabras de Platón, que escribió La República, uno de los mejores esquemas para una sociedad ideal elaborados por el hombre.

Sócrates (470-399 a. C). nacido en Atenas, es una de las figuras más destacadas de la filosofía griega. Aunque no escribió nada, la posteridad, conoce su persona, su carácter y «sus doctrinas por el cariño y la estima que le profesaron su ilustre discípulo Platón y su gran admirador Jenofonte.

Su máxima preferida fue: «Conócete a ti mismo«. La filosofía de Sócrates era aplicable a todas las personas, pues para él la verdad se hallaba en el fondo de los espíritus y cualquiera podía llegar a descubrirla.

Empleaba el «método socrático» que consistía en dirigirle a un individuo continuas preguntas hasta que éste se convencía de que ignoraba lo que pretendía saber; luego, por medio de ejemplos prácticos tomados de la vida corriente, lo guiaba para que por sí solo llegase al conocimiento de la verdad.

En el año 399 (a. C.) fue acusado ante los tribunales de Atenas de corromper a la juventud e introducir nuevos dioses. Encerrado en la cárcel, sus amigos le ofrecieron liberarlo, pero se negó. Fue condenado a muerte y no quiso apelar la sentencia. Con gran entereza bebió el veneno oficial —la cicuta— y murió lentamente, rodeado de sus desconsolados discípulos, mientras afirmaba que, a pesar de la destrucción del cuerpo, el alma del hombre vivirá eternamente.

Platon filosofo griego

Platón

Platón, discípulo de Sócrates, es uno de los personajes claves de la historia de las ideas. Las estructuras y concepciones mentales de Occidente quedaron marcadas por las obras, escritas en forma de diálogos, de este filósofo griego. Sus tesis filosóficas estaban vertebradas en torno a su teoría de las ideas, que expuso, por medio del famoso mito de la caverna, en La República.

En sus bellos «Diálogos» dejó escrita la doctrina de su maestro y expuso los fundamentos de su propia filosofía. Fue el creador del idealismo al afirmar que el hombre alcanza la realidad por rpedio de las Ideas, pues son ellas, y no los elementos materiales, las que dominan el universo.

Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Macedonia y vivió en Atenas, donde fue durante dos decenios discípulo del anciano Platón. Fue un verdadero sabio y utilizó la ciencia para llegar al conocimiento de la verdad. Estudió la Anatomía y ia Fisiología, y llegó a descubrir el proceso de la respiración; en Zoología estableció una clasificación de los seres vivientes y también fue el creador de la Lógica o ciengia que se ocupa del razonamiento. Este ilustre pensador ejerció poderosa influencia en la cultura occidental y sus obras fueron base de numerosísimos trabajos filosóficos posteriores.

EXPLICACIÓN PRÁCTICA DEL MITO DE LA CAVERNA:

Para el pensador griego, VIVIR significa ir en busca de aquello en lo que uno cree y enfrentarse a preguntas fundamentales. Para él, no es vida la que se vive en «piloto automático», una vida sin opinión propia, repitiendo las ideas y opiniones sostenidas por los padres, los maestros y los amigos.

Ciertamente, puede tratarse de una forma de existencia, pero no es una vida.

Platón aborda este tema en su largo diálogo La República, en el cual, además de muchas de las ideas platónicas esenciales, explora cómo debería ser una sociedad ideal.

A semejanza de Sócrates, Platón creía que la mayoría de las personas viven en la ignorancia la mayor parte del tiempo; lo peor de tal situación es que no saben siquiera que son ignorantes.

De entre las muchas imágenes y analogías que utilizó el filósofo griego Platón, posiblemente el mito de la caverna sea la más célebre: aparece en el libro VIl de La República, una obra monumental en la que investiga la forma del Estado ideal y su gobernante ideal, el filósofo rey.

La justificación de Platón para dar las riendas del gobierno a los filósofos se encuentra en un pormenorizado estudio en torno de la verdad y el conocimiento, y en este contexto es donde interviene la alegoría de la caverna.

Mito de la Caverna de Platon

Imagina que toda tu vida has sido prisionero en una caverna.

Tienes las manos y los pies encadenados, y la cabeza sujeta de modo que sólo puedes ver la pared que queda enfrente.

Detrás de ti hay una llama, y entre tú y el fuego una pasarela por la que tus captores desplazan estatuas y todo tipo de objetos.

Las sombras que proyectan en la pared estos objetos son lo único que tú y tus compañeros de cautiverio habéis visto siempre, lo único de lo que habéis hablado y en lo que habéis pensado. Esas sombras son la única realidad que han conocido.

Sus habitantes no saben que han tomado las sombras por objetos reales; creen conocer la realidad, aunque de hecho están viviendo en la oscuridad, tanto en sentido figurado como en el literal.

A medida que desarrolla la alegoría, Platón nos pide que imaginemos que alguien entra en la caverna, quita los grilletes a un prisionero y lo conduce al exterior, a la luz del Sol. ¿Cuál crees que será la reacción del prisionero liberado.

Enceguecido por el brillo del Sol, probablemente lo primero que hará será correr hacia la seguridad de la caverna.

Necesitará tiempo y paciencia antes de que sus ojos se acostumbren a la luz y a ver las cosas tal como realmente son. Sin embargo, una vez que lo haya conseguido, el prisionero comprenderá con claridad que lo que había tomado por conocimiento no era más que puras sombras.

De regreso a la caverna, el prisionero explica a los demás la «realidad», pero seguramente encontrará oposición.

Sus antiguos compañeros continúan creyendo que las sombras son la realidad.

Ahora que escuchan una versión nueva y extraña estarán convencidos de que quien la expone se ha vuelto loco. «¿No dirán», se pregunta Platón, «que el otrora prisionero, después de haber ascendido al exterior, regresó con los ojos tan arruinados que ni siquiera valdría la pena intentar subir y salir de la caverna?.

Y si pudieran, ¿no apresarían y matarían a cualquiera que tratara de liberarlos y sacarlos de las profundidades de la caverna?».

La vida ordinaria, sostiene Platón, es como la vida dentro de la caverna.

De ella había escapado Sócrates y a ella nunca quiso volver.

Los humanos somos prisioneros que vivimos en un mundo de supuestos no comprobados, que confiamos en los sentidos como fuentes de información acerca de la realidad y que creemos que sólo es real lo que podemos ver, oír, tocar, gustar y oler.

Quizá Platón también deseaba hacer notar cuan fuerte es el poder del grupo sobre el pensamiento del individuo.

Si a todos nuestros amigos les gusta o disgusta algo, si nuestros compatriotas suponen las mismas cosas o si nuestras pautas familiares nos han convencido de que sólo hay una forma de hacer las cosas, entonces tal vez vivamos muy a gusto con esas preferencias, supuestos pautas.

Lo anterior puede parecer inofensivo cuando se trata de comer un pollo la noche de Navidad o de no poner los codos sobre la mesa, pero resulta verdaderamente peligroso cuando se trata de confiar en los sentidos y no en la razón, si se acepta como real y verdadero lo que nosotros vemos y lo que »todos saben» en vez de buscar la verdad por uno mismo.

Por eso Platón advierte: si las sombras se toman por realidad, las certezas obtenidas se habrán basado en información incorrecta e inadecuada.

EL MITO APLICADO AL SABER: Si quieren una alegoría de la condición humana, que se refiera especialmente al saber y a la ignorancia, entonces imaginen a algunas personas viviendo en una caverna.

Ellos han vivido ahí desde que nacieron, han sido encadenados, obligados a sentarse en una sola posición y a ver un punto fijo. Al

final de la cueva hay una salida al mundo exterior que, por supuesto, los prisioneros desconocen.

Arriba y detrás de ellos, arde un fuego, y entre el fuego y los prisioneros, detrás de un muro que lo oculta de su vista, hay un camino que cruza la caverna.

La gente pasa por detrás del muro cargando estatuas humanas y figuras de animales y plantas esculpidas en piedra o madera, y a veces conversan entre sí.

El fuego proyecta sombras de esas imágenes sobre la pared que ven los prisioneros y estas sombras, acompañadas por el sonido intermitente de las voces, son la única realidad que los prisioneros conocen.

Ninguno de ellos puede recordar otra, ésa ha sido siempre toda la verdad sobre el mundo…

Esta alegoría describe la condición humana. La caverna es el mundo que se nos revela por medio de los sentidos, apenas iluminado por la luz del fuego y lleno de sombras que confundimos con la realidad. La salida de la cueva, a la luz solar, representa el ascenso del alma a la vida intelectual: la vida de la mente y el camino de la razón.

Utilizando las herramientas del intelecto, llegaremos finalmente a la idea del Bien, que es la fuente de todo lo bello y lo correcto y que, en verdad, también es el único terreno confiable para la conducta moral.

Será fácil comprender por qué aquellos que han visto las cosas como realmente son, usando plenamente los poderes intelectuales, no estarán dispuestos a volver al mundo profano de los intercambios humanos. Alguien así podría parecer tonto entre las sombras de las cortes legales y la hipocresía de la vida cotidiana.

Pero haríamos bien en recordar que aquellos que creemos desorientados podrían en realidad estar moviéndose de las tinieblas a la luz y no de la luz a las tinieblas .

Y deberíamos tener mucho cuidado de quien nos reímos, no sea que nos convirtamos en los felices prisioneros que se afierran fieramente a su ignorancia y se burlan de lo que no comprenden.

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

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Historia de la Política Moderna Historia del Pensamiento Politico

Historia de la Política Moderna
Historia del Pensamiento Politico 

Desde el principio, antes incluso de que el término «política» hubiera nacido en Grecia, el hombre ha sido un animal político. Hasta el punto de que uno de los rasgos definitorios de lo humano es, precisamente, su condición de político, su necesidad de organizar la vida en sociedad. Y lo que se juega en la política no es sólo, pese a lo que pudiera parecer en los tiempos que corren, un reparto de cargos o prebendas, o ni siquiera el poder, sino la regulación de las reglas de convivencia, la vida en común de todos.

Se dice que «la política es la segunda profesión más antigua del mundo», bromeaba Ronald Reagan en 1977.
«He acabado dándome cuenta de que guarda un gran parecido con la primera»

Ampliar: Objetivos de un Gobierno en un Estado

El origen de los partidos políticos modernos se remonta a la época de las llamadas revoluciones liberales, como la Gloriosa Revolución Inglesa (1688) o la Revolución Francesa (1789).

Con la declinación del absolutismo surgieron en Europa Occidental los clubes políticos, asociaciones de personas con ideas afines acerca del modo en que debía gobernar el país. Por ejemplo, la Revolución Francesa dio lugar al surgimiento de corrientes políticas diferentes: los feullians, así llamados por reunirse en el convento de esta orden, proponían preservar la monarquía. A ellos se enfrentaban los girondinos, provenientes de la región de la Gironda, y los jacobinos, de tendencia más radicalizada.

Estas asociaciones carecían de una organización estable, de una ideología definida o de un programa de gobierno concreto porque sus propuestas se centraban en la organización política del país; por ejemplo, si debía establecerse una república o una monarquía.

Una vez instalada la preponderancia del Parlamento sobre el gobierno y garantizada la libertad de expresión y reunión, estos clubes políticos se transformaron en partidos de notables: agrupaciones destinadas a la promoción electoral de personalidades destacadas por su pertenencia a un grupo social, como por ejemplo, la oligarquía en la Argentina de fines del siglo XIX.

Estos notables proponían los programas, determinaban quienes accedían al poder y mantenían la unidad programática del partido. Este tipo de partido político se desarrolló y consolidó en la etapa en que la participación política era restringida y el sufragio estaba limitado a los propietarios, contribuyentes e instruidos. En la Argentina, la llamada “generación del 80” es un claro ejemplo de ello.

Hacia mediados del siglo XIX, la clase obrera y gran parte de la clase media, comenzaron a fundar y armar sus propios partidos políticos con el objetivo de reclamar por el derecho al voto y por mejores condiciones de vida. Su organización era más estable y sus principios estaban fijados por un programa político o conjunto de ideas preciso y detallado. La conducción estaba a cargo de personas que se dedicaban exclusivamente a la política como actividad constante. Cualquiera que adhiriera a los principios orgánicos del partido podía afiliarse o formar parte de él.

Historia de la Política Moderna

Estos partidos de masas, así llamados porque solían apelar a las grandes manifestaciones colectivas, cobraron relevancia cuando entró en plena vigencia el sufragio universal.

El historiador británico Ben Dupré , dice al respecto:

La definición de Aristóteles de los seres humanos como zoo politika (animales políticos) parte de su concepción de que las personas se expresan más plena y propiamente en el contexto de la ciudad-Estado griega, la polis, palabra de la que se deriva «política». La polis, por tanto, es el hábitat natural de los animales políticos, donde se relacionan y colaboran para establecer las leyes y crear las instituciones en las que se basan el orden social y la justicia. Y si los humanos son esencialmente políticos, la vida sin la política es imposible.

La polis puede ser fruto de la colaboración cívica, pero el impulso que la pone en marcha es el conflicto. Si la gente no mantuviera opiniones diferentes, no sería necesaria la política. En un mundo de concordia absoluta -o abrumadora opresión-, la política no iría a ninguna parte, porque las desavenencias habrían desaparecido o habrían sido anuladas.

La necesidad de vivir políticamente se debe a que no existe un acuerdo general acerca de cómo deben distribuirse las cosas buenas de la vida, o de quién debe ejercer la autoridad sobre quién, o de cómo se decide esa preeminencia. Como apuntó Mao Zedong astutamente, la política es la guerra sin derramamiento de sangre: un medio de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia. El único acuerdo general en una sociedad abierta políticamente es el que sirve para tolerar la diferencia, y en este sentido la política es el arte (o puede que la ciencia: las opiniones difieren) del compromiso.

La democracia en países como Argentina , supuso la institucionalización de elecciones para la designación de autoridades de gobierno pero, mientras tanto, implicó la existencia de un Estado ineficiente para garantizar el conjunto de derechos y libertades básicas de la ciudadanía. Todo esto en un contexto en el que las condiciones sociales y económicas limitan o impiden la efectiva participación ciudadana en lo que atañe al bien común. Las desigualdades sociales afectan a la igualdad política, pues las personas que no logran satisfacer sus derechos básicos, tampoco pueden participar en el ámbito de lo público del mismo modo en que pueden hacerlo las que no sufren esta vulneración de sus derechos.

El Estado no tiene como única función controlar las reglas de juego de La democracia, sino la competencia para adecuar las instituciones políticas a un desarrollo económico y social que amplíe y fortalezca la base de la ciudadanía.

Pareciera necesario, entonces, para garantizar una gobernabilidad democrática que atienda a la demanda de la sociedad civil, que el Estado mismo se imponga un estilo tendiente a desburocratizar y a agilizar su propia gestión. Esto implica ampliar las bases para la participación ciudadana y para la intervención directa e indirecta de la comunidad en los asuntos colectivos.

 

La Etica: Teoria Racional Sobre la Moral en las Acciones Humanas

La Etica: Teoria Racional Sobre la Moral en las Acciones Humanas

El ser humano no obra de manera inconsciente, sino deliberadamente. Las teorías éticas le permiten fundamentar racionalmente una moral que luego habrá de aplicar en la vida pública.

Ética y moral

En nuestra vida cotidiana, nosotros como personas podemos tener ideas muy distintas acerca de cómo actuar frente a una situación en particular, ideas además muy distintas de lo que significa llevar adelante un modo de vida moralmente valioso y finalmente, ideas muy distintas sobre el tipo de razones que utilizamos para justificar nuestras decisiones y puntos de vista morales.

Sin lugar a dudas, esto nos permite introducir una distinción entre dos términos que en la vida cotidiana suelen emplearse como sinónimos: “Ética” y “moral”.

En primer lugar, el término ética proviene de la palabra griega ethos, que originariamente significaba ‘morada’, ‘lugar donde se vive’, y que terminó por aludir al ‘carácter o modo de ser’ peculiar y adquirido de alguien; la costumbre (mos-moris: moral).

Es por esto que a este concepto se le atribuye una íntima relación con la moral, tanto que, incluso, ambos se confunden con bastante frecuencia. Por su parte, la moral hace referencia, a un conjunto de valores, principios, normas de conducta, prohibiciones etc., de un colectivo, que constituye un sistema coherente dentro de una determinada época histórica y que sirve como modelo ideal de buena conducta, socialmente aceptada y establecida.

En cambio la ética, se entiende a la reflexión sobre las acciones morales.  Es decir esta es una rama de la filosofía que pregunta que es, cómo se fundamenta, cuáles son los fines de lo moral. Pero, cuando se califica a una acción como moral, esa valoración positiva debe ser fundamentada en argumentos razonables. En pocas palabras, la ética es una disciplina filosófica en tanto requiere de la reflexión y de la argumentación, en cambio, la moral no lo es.

Es así como al referirnos a la ética del discurso, no se  pretende sólo fundamentar racional y dialógicamente lo moral, sino que se busca también su aplicación en la vida cotidiana. Es por esto que actualmente, encontramos lo que se denomina «ética aplicada» en diversos ámbitos de lo social: bioética o ética médica, genética, ética de la ciencia y la tecnología, ética económica, ética de la empresa, ética de la información, ética ecológica. Todas ellas se encuentran hoy en un continuo proceso de fundamentación y reelaboración, debido a que los valores propios de cada actividad y la actividad misma no están cerrados sino que se desarrollan progresivamente.

La ética en el ámbito griego

Sócrates y después Platón reflexionaron sobre la posibilidad de encontrar un  criterio racional con el que distinguir la verdadera virtud (areté, excelencia) de su mera apariencia. El intelectualismo moral al que llegaron por distintos caminos estos dos filósofos griegos afirmaba que sólo conociendo qué es el bien, qué es la virtud y cómo se define cada una de ellas se podría llegar a ser bueno en la vida práctica. Sólo el ignorante puede obrar mal.

Pero sin lugar a dudas, esta postura fue duramente criticada por Aristóteles, el primer autor que elaboró un tratado Sistemático de ética, en sus obras Ética a Nicómaco y Ética a Eudemo. Para el estagirita, el conocimiento acerca de qué es el bien o la virtud no garantiza en absoluto que el individuo sea bueno y virtuoso en la vida ordinaria. Únicamente a través del ejercicio y la práctica de las virtudes podrán convertirse éstas en un hábito de la conducta.

El teleólogismo aristotélico se aplicará también al ámbito de la praxis: todo en la naturaleza tiende a un fin. Ahora bien, el fin y máximo bien del hombre, que ha de ser deseado por sí mismo y no como medio para otra cosa, es la felicidad (eudaimonía), que consistirá en el cumplimiento de nuestra propia esencia mediante la realización de las actividades que nos son propias: la contemplación, el ejercicio de la inteligencia teórica. La ética aristotélica se denomina eudemonista, porque está dirigida a la consecución de la felicidad.

En la época helenística aparece otro tipo de sistematización ética en la que la felicidad se adquiere a través del placer. Para Epicuro (filósofo griego nacido en la isla de Samos; 342 a.C.- 270 a.C.) estos placeres podían tener distintos niveles desde los simplemente físicos hasta los espirituales.  Consistía  en la ausencia de dolor, por lo que su ética hedonista propondrá un sabio cálculo entre los placeres que nos permitan alcanzar el máximo de satisfacción y el mínimo de sufrimiento.

De la Edad Media al siglo XVII

En la Edad Media las teorías éticas buscan una conciliación con la doctrina moral cristiana. Tomás de Aquino lleva a cabo tal armonización sobre la base de la ética aristotélica, dando lugar a un eudemonismo en el que el máximo bien (felicidad) se identifica con Dios. Es Él quien da la ley eterna y establece los contenidos de la verdadera moral como una ley natural en los hombres. Esta ley natural contiene principios normativos, que se hallan en nosotros como inclinaciones naturales (hábitos) y de los cuales el primero es ha de hacerse el bien y evitarse el mal.

Pero la filosofía, experimentó un giro, en los siglos XVI y XVII, al centrar su interés en el interior del sujeto, lo cual teñirá toda la reflexión ética. Ahora la pregunta por el ser deja paso a la pregunta por la propia conciencia, lugar desde el cual accedemos a lo real. En contraposición a este racionalismo, el empirista Hume creyó imposible establecer ningún juicio moral a través de la razón. Esta facultad se muestra incapaz de juzgar la bondad o maldad de las acciones humanas. La moral se basa y se origina en una emoción o sentimiento de aprobación o desaprobación que experimentamos al realizar una acción, dependiendo de la utilidad que tenga para la sociedad en general y no sólo para el individuo.

El emotivísimo ético de Hume denunció  lo que él llamó «falacia naturalista», esto es, el derivar ilícitamente del «ser» el «deber ser». Su utilitarismo, que busca realizar la máxima felicidad para el mayor número de personas será ampliamente desarrollado en el siglo XVIII, y XIX por autores como J. Bentham, J. S. Mill y Herry Sigdwick, y en el XX por Urmson, Srnarty y las denominadas «teorías económicas de la democracia».

La ética kantiana

Las éticas que hemos visto hasta ahora son heterónomas, es decir, la obligación moral se nos impone como algo proveniente del exterior (Dios) o de nuestra propia naturaleza (esencia), no elegida por nosotros. También pueden ser calificadas como éticas materiales, puesto que establecen un contenido de la acción moral que se explícita en forma de imperativos hipotéticos del tipo: si quieres X, debes hacer Y, donde X representa el bien, fin o valor determinado (la felicidad, el placer, Dios) que está en la base de la moralidad.

Inmanuel Kant (1724- 1804) dará un «giro copernicano» a la reflexión sobre la ética, que dejará ser material y heterónoma para convertirse en una ética formal y autónoma. En su Crítica de la razón práctica, el filósofo alemán parte de un Faktum moral, que es un hecho de razón: todos tenemos conciencia de ciertos mandatos que experimentamos como incondicionados o como imperativos categóricos, que revisten la forma: debes hacer X. Este imperativo es una ley universal a priori de la razón práctica, que no manda hacer nada concreto ni prescribe ninguna acción: no nos dice qué debemos hacer (ética material), sino cómo debemos obrar (ética formal), para que nuestro comportamiento pueda ser universalizable, es decir, convertirse en ley para todo ser, racional.

La ética formal kantiana busca su justificación en la propia humanidad del sujeto al que obliga, excluyendo toda condición. Significa que el valor de lo moral de las acciones humanas se determina por el motivo, es decir por aquello que impulsa a los hombres a actuar, por lo que los mueve a hacer lo que hacen.

Vigencia de la ética kantiana: las éticas formales

Sin lugar a dudas, la ética kantiana influyó enormemente en todas las teorías éticas posteriores, pudiéndose considerar como formales las éticas de Hare, el procedimentalismo dialógico de Kohlberg, Apel, Habermas o Rawls.

Para el prescriptivismo de R. M. Hare, la moral utiliza un lenguaje valorativo, cuya característica fundamental es la prescripción de conductas que se fundamentan en razones expresadas mediante un lenguaje descriptivo. Los enunciados morales han de ser universalizables, es decir, cualquier predicado moral ha de aplicarse a aquello que posea las mismas características, y la razón que justifica la obligación de la acción ha de obligar también a todas aquellas personas que se hallen en circunstancias similares. La imparcialidad es el fundamento de los juicios morales, aunque para Hare sólo es exigible uníversalmente lo justo, no lo bueno.

El procedimentalismo ético no recomienda ningún contenido moral concreto, sino que intenta descubrir los procedimientos que permiten legitimar todas aquellas normas que provienen de la vida cotidiana. Como procedimientos sólo serán válidos aquellos que manifiesten la praxis racional desde una perspectiva de igualdad y universalidad. Esta praxis racional es, sin embargo, dialógica, y ha de llevar-se a cabo a través del diálogo entre todos los afectados por dichas normas.

Para Habermas, el criterio para saber si una norma es correcta ha de fundarse en dos principios:

El principio de universalización, que reformula dialógicamente el imperativo kantiano de la universalidad, se expresa así: Una norma será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirían, previsiblemente, de su cumplimiento general para la satisfacción de los intereses de cada uno.

El principio de la ética del discurso se formula en los siguientes términos:

Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico.

La racionalidad inherente al diálogo es comunicativa y ha de satisfacer intereses universalizables.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe) – Wikipedia – Encilcopedia Encarta

El Humanismo Filosofia e Ideas del Humanismo Características

El Humanismo: Características
Filosofía e Ideas del Humanismo

Durante el período comprendido entre 1350 y 1550, en Italia nació una nueva tendencia espiritual, que se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas: el humanismo. Este nuevo movimiento ideológico se extendió a los demás países europeos, pero con más de un siglo de retraso (de 1450 a 1600).

Los intelectuales italianos revelaron a Europa la experiencia histórica de sus antepasados y de la civilización greco-romana. El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana. Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional.

Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

En sintesis podemos decir que el Humanismo comienza siendo en el Renacimiento, una aproximación al hombre y una postura de rechazo al teocentrismo medieval. En el Renacimiento vemos como se descubre al hombre en todas sus dimensiones: su anatomía desde el punto de vista científico y al cuerpo humano como interés estético. El Humanismo del Renacimiento debe ser visto comoun interés primordial por el hombre y todos su quehaceres.

EL HUMANISNO: La primera característica del humanismo es que el individuo tendió a liberarse de la dogmática, del ideal religioso de la Edad Media. En segundo lugar, se manifestó un retorno a la literatura clásica griega y romana. Los antiguos textos ya no se consideraron «paganos» y, por lo tanto, «prohibidos», sino que se inició su estudio desde el punto de vista filológico, histórico y estético. Por último, su tercera característica fue el florecimiento de una especie de culto al individuo. El hombre adquiere conciencia de su valor, de su propio «yo». 

Los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre cabal, libre y progresista.

Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo. Se crearon, con  tal objeto, nuevas escuelas en que se desterraban el trivium y el cuadrivium, bases de la enseñanza medieval, y se remplazaban por el estudio de los idiomas y las letras clásicas.

Se consideraban estas disciplinas como medios para obtener el desarrollo completo—físico y espiritual, estético y religioso—del hombre y liberarlo de los prejuicios de la época medieval. Así fue como nacieron los primeros programas de esa etapa de la educación que hoy se llama secundaria o humanista. Pero la atención hacia los objetivos fue disminuyendo y la enseñanza de los idiomas clásicos se convirtió en preponderante y exclusiva. La Ratio Studiorum de los jesuitas acentuó la tendencia.

En el siglo XIX el mayor desarrollo de la técnica y las ciencias disputó a las humanidades su capacidad de formar íntegramente al hombre. En Alemania se fundaron institutos de segunda enseñanza en que el griego y el latín se remplazaron por asignaturas científicas, * y en la mayor parte de los países occidentales se realizaron transacciones semejantes entre los estudios clásicos y los modernos.

La «educación nueva» del siglo XX restó importancia a la disputa entre clásicos y modernos al introducir el concepto de que son las manifestaciones de la vida en su totalidad y en todas sus fases las que pueden formar en su pluralidad infinita al ser humano.

De aquí la amplitud considerable que actualmente han alcanzado las «humanidades» modernas.

El humanismo se caracteriza, sobre todo, por la importancia que concede a la libertad y dignidad del individuo. Al mismo tiempo nace un nuevo interés por la Antigüedad clásica y se inicia la liberación de la influencia religiosa de la Edad Media. Erasmo, de Rotterdam, es el príncipe de los humanistas. La imprenta favoreció de modo eficaz la difusión del pensamiento humanista, que no tardó en consagrar el progreso del arte y el pensamiento en  Occidente.

Mirar hacia el pasado para comprender el present:

Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos XV y XVI, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.

Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotografía se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y el Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“…Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.»

El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

LA IMPRENTA: El humanismo está estrechamente vinculado al invento de la imprenta. Ya desde principios del siglo xv se buscaba el medio de multiplicar los manuscritos de un modo más rápido.

El invento de los tipos movibles permitió que se realizara este proyecto. Este nuevo descubrimiento fue hecho simultáneamente por varios técnicos. Pero el primero en instalar un taller (en Maguncia, en 1450) fue Juan Gutenberg. Poco tiempo después se imprimió la primera Biblia. Al mismo tiempo, los impresores reemplazaron el pergamino, demasiado caro, por papel. Esto también favoreció la difusión de los textos. El arte de la imprenta se extendió rápidamente.

imprenta y humanismo

Gracias a este invento que, sin duda, es uno de los más importantes de la historia, el pensamiento humanista se difundió entre la población selecta. A pesar de que gozó del favor de los soberanos, nunca llegó a las clases inferiores de la sociedad. Los primeros impresores fueron, a menudo, sabios y escritores. Entre los más famosos citaremos a los Aldos, en Venecia; Froben, amigo de Erasmo, en Suiza; R. Estienne, en París; Elzevir en Leyden y Plantin en Amberes.

PARA SABER MAS SOBRE EL HUMANISMO….

Petrarca, el gran poeta italiano (1304-1374), y Boccaccio, autor del Decamerón (1313-1375), ya personificaban esta tendencia que no tardaría en propagarse, con distinta fortuna, por toda Europa occidental.

El humanismo se desarrolló en primer lugar en Florencia. Pretendía formar al hombre y perfeccionarlo, y para ello se inspiró en el ideal de la Antigüedad, el humanitas, es decir, lo humano en general. La invasión del imperio bizantino por los turcos y la caída de Constantinopla en 1453 fueron causa de que muchos sabios y literatos marchasen a Italia. Gracias a ellos se estableció un contacto más íntimo con el pensamiento y la literatura de la Grecia antigua. En Florencia se fundó una academia platónica según el modelo del filósofo griego Platón, apoyada por el cardenal Bessarión, famoso helenista.

Marcelo Ficino, uno de los principales conocedores florentinos de Platón, y Pico de la Mirándola, autor de un tratado sobre la dignidad humana, fueron miembros de esta academia.

En su obra, Pico de la Mirándola ensalza el libre albedrío. El individuo es libre de escoger el bien o el mal. El hombre consciente de su dignidad se sitúa en el centro de la historia, en cuyo curso influye por sus actos. He aquí un concepto puramente individualista que rompe con el colectivismo o sentido comunitario de la Edad Media. Junto a estos famosos humanistas italianos debemos citar también a Leonardo Bruni, traductor de Platón y Aristóteles, y a un crítico de historia, Lorenzo Valla.

En Italia, el humanismo fue un movimiento exclusivamente filológico y literario que se dedicó al estudio de la Antigüedad. Al norte de los Alpes, además de la literatura griega y romana, se estudiaron los textos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

Los principales representantes del humanismo fueron J. Reuchlin en Alemania, J. Lefévre d’Etaples en Francia y el filósofo, psicólogo y educador Juan Luis Vives (1492-1540) en España, en cuyos escritos, como dice Julián Marías, anticipó lo que había de ser buena parte del pensamiento europeo de los siglos XVI y XVII.

De Inglaterra citaremos a Johan Colet, que en sus escritos denunció los abusos cometidos por la Iglesia, y especialmente a Tomás Moro (1478-1535). En su Utopía, Moro describe una sociedad humana ideal para poder atacar mejor a las situaciones políticas de su tiempo.

Pero es indudable que el príncipe de los humanistas fue Didier Erasmo, de Rotterdam (1461-1536). Renombrado filólogo, se dedicó, sobre todo, al estudio de los textos sagrados. Condenaba la escolástica y defendía la libertad cristiana. En su Elogio de la locura dio libre curso a su espíritu de la burla. Satiriza los conceptos supersticiosos, la ciencia imaginaria de los teólogos, la política del papa y el espíritu mundano que había invadido a la Iglesia. Su obra alcanzó enorme éxito, lo que demuestra que el espíritu humanista no fue atributo exclusivo de unos cuantos filósofos y escritores. Aún hoy se cita frecuentemente como una obra maestra sin igual.

A partir de este momento, se formaron círculos muy amplios en los que se empezó a estudiar, traducir y comentar a los autores antiguos y la Biblia. La atención se centró en el latín, el griego y también el hebreo. Para fomentar el estudio de estas lenguas, en 1516 se fundó el «Colegio de las tres lenguas», no en la Sorbona, que se negó a aceptar la nueva ciencia, sino en la universidad de Lovaina.

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Resumen de Historia del Derecho Las Leyes a Traves de la Historia

Resumen de Historia del Derecho
Las Leyes a Través de la Historia

LA OTRA PARTE DEL MUNDO Fueron los griegos quienes comenzaron a desatar los lazos que venían de Oriente. Con una nueva concepción del mundo y de la vida, dan forma a una cultura diferente. El Derecho Civil, pilar de la concepción Jurídica romana, no alcanzó en Grecia gran desarrollo. Los helenos jamás divorciaron por completo el derecho del espíritu ético. Arte, Filosofía y Derecho, Estado y Religión se confunden.

Resumen de Historia del Derecho Las Leyes a Traves de la HistoriaToca a los romanos, con una actitud más racional y práctica, separar estas disciplinas. La Ley de las XII Tablas (450 antes de Cristo) Y el Código de Justiniano (529 antes de Cristo) constituyen sus dos más grandes monumentos jurídicos.
La importancia del derecho romano puede comprenderse al saber que aún muchos de nuestros actos son regidos por los pensamientos de los Ulpianos y Gayos, que sobrevivieron a los germanos, cultores de las bárbaras ordalias, o juicios de Dios, practicadas durante la Edad Media. La Rubia Albión no perdió su tiempo.

 Sobre la base de elementos romanos y nativos elaboró el Common Law, fundado en la costumbre. Pero el derecho no escrito es insuficiente. y así pensaron los barones ingleses, a principios del siglo XIII, al ver sus prerrogativas pasadas a llevar por el monarca Juan Sin Tierra.

(Este pintoresco apodo proviene de que siendo menor al fallecimiento de su padre, no podía poseer ningún feudo a su nombre, aunque se le había ofrecido el reino de Irlanda.) Príncipe vicioso y despiadado, conspiró contra su padre Enrique II y su hermano Ricardo; luchó con el clero y la nobleza, y el resultado no se hizo esperar: en junio de 1215, en las praderas de Runny-Dead, tuvo que firmar la famosa Carta Magna.

Allí se consagraron principios tan importantes como el que nadie puede ser juzgado «a no ser por el legal juicio de los pares o por la ley del país» (habeas corpus) ; que ningún impuesto es obligatorio si no ha sido aprobado por el Parlamento; o que los súbditos tienen derecho a resistir por la fuerza al monarca que viole sus leyes.

Esta fue la base de todo el sistema de libertades inglesas. Años antes, en España, el rey Alfonso IX había concedido, sin ruido de sables, el ordenamiento de las Cortes de León, que contemplaba disposiciones semejantes (1188).

DEL CAOS NACE LA LUZ: 30 de ventoso del año (21 de marzo de 1804): la Convención aprobó el Código Civil de los Franceses o Código de Napoleón, entonces primer cónsul de la República. Antes de la Revolución había en Francia Legislaciones diferentes, tanto para cada provincia como para cada clase social El Código es el logro más importante del principio de la igualdad civil proclamado por la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.  El Gran Corso lo implantó en Bélgica, Cerdeña, Holanda, Sicilia, etc.

Al caer el Imperio (1815) fue proscrito, pero influyó substancialmente en las nuevas legislaciones europeas y americanas. En Chile, O’Higgins propuso que se adoptaran todos los Códigos promulgados por Napoleón, sin modificaciones. América, hasta el siglo XIX, no fue sino espectadora. Los antiguos ordenamientos jurídicos precolombinos azteca e incaico, especialmente-sucumbieron ante el arrollador avance hispano.

Durante largo tiempo no se habló de otra cosa que de Reales Cédulas y de Recopilaciones de Leyes. El «se obedece, pero no se cumple» fue el punto de partida. Era necesario  dictar leyes propias. Después del movimiento emancipatorio, fueron muchos los Códigos que se dictaron. De entre ellos, sobresale el Código Civil chileno (1857), obra del venezolano Andrés Bello, que ejerciera notable influencia en otros países latinoamericanos, y que cuenta entre sus fuentes al famoso Código Napoleónico.

Los viejos conceptos jurídicos, no obstante los años, conservan su fuerza. Ahora que el hombre mira a las estrellas y echa las bases de un derecho interplanetario, sus pies. aún se afirman en primitivos Códigos de piedra y de papiro.

Historia del Derecho Origen de la Justicia Resumen Su Evolucion

La Historia del Derecho Origen de la Justicia

ANTE TODO… ¿QUE ES EL DERECHO? El derecho es una creación histórica y cultural, por lo cual su significado, como el de toda actividad humana, varía de acuerdo con la época y el lugar. Puede afirmarse, sin embargo, de manera parcial y transitoria, que el derecho es el conjunto de reglas y de normas de conducta establecidas o sancionadas por el Estado. Por esta razón, es imposible concebir la existencia del derecho fuera del Estado.

Sin ser estudiosos del derecho, Por ejemplo, sabemos, sin haber estudiado la Ley de Contrato de Trabajo, que al trabajador le corresponde recibir una suma de dinero por el tiempo trabajado y, también, que la jornada diaria laboral tiene un límite de tiempo. Conocemos, quizás no con la precisión de un especialista, los derechos y las obligaciones que se contraen al celebrar un matrimonio y que podemos casarnos sin el consentimiento de nuestros padres recién después de cumplir veintiún años de edad, etc. Estos conocimientos son adquiridos mediante la experiencia y, probablemente, sin necesidad de haber leído el Código Civil ni la legislación laboral.

Este conjunto de preceptos son de cumplimiento obligatorio para todas las personas que viven en un determinado Estado, el cual, como expresión de un orden social institucionalizado, tiene el monopolio de la fuerza, es decir, es el único autorizado para utilizar la fuerza a fin de provocar la conducta esperada por parte de los habitantes.

De esta forma, ante el incumplimiento de una acción establecida por la ley -por ejemplo, que un trabajador no perciba el salario que le corresponde-, cada habitante tiene la facultad de poner en movimiento los mecanismos legales y recurrir a las autoridades del Estado, quienes tienen la obligación de garantizar el cumplimiento de los derechos.

El derecho, como un conjunto de normas que regulan la conducta de las personas que viven en una sociedad, es parte de la vida cotidiana de los seres humanos. Cuando dos personas se casan, por ejemplo, adquieren derechos y contraen obligaciones establecidas por el derecho. Cuando alguien nace, las leyes establecen -entre otras cosas- que debe ser inscrito en el registro civil correspondiente al lugar de nacimiento.

HISTORIA DEL DERECHO: La fuerza y sentido de los golpes de espada propinados por la  Justicia han variado conforme a la evolución de un concepto: el Derecho. ¿En qué consiste? ¿De dónde proviene? Mucho se ha dicho y escrito: el hombre, por obra divina, nace con ciertos principios inmutables rectores de su quehacer; el Derecho es un producto social, condicionado por factores diversos, etc.

A fin de cuentas, lo que interesa es su manifestación concreta y práctica: la norma jurídica, que perdura gracias a la tradición oral y escrita. Si para los antiguos no era delito el hacer sacrificios humanos, se debía a que Derecho, Religión y Moral iban de la mano; los dioses no podían condenar un acto ejecutado en su propia honra. Pero no en vano pasan los años.

Si bien el derecho no peina canas, ha ganado, en cambio, en experiencia y sabiduría. Cada pueblo es libre de darse sus propias normas de conducta, ajustadas al momento que vive. La historia del hombre es también, en cierto modo, la historia del Derecho. A cada estructura social corresponde un determinado ordenamiento jurídico. Al amparo de la necesidad que tuvieron las comunidades primitivas de someterse a una dirección que las guiara y a un imperio que dirimiera sus disputas y las protegiera, surgió la noción de autoridad. En ese instante aparece la idea de Derecho. La voluntad arbitraria del Jefe fue la única norma de conducta.

A medida que la Humanidad se perfeccionó, se dictaron reglas que limitaron el poder absoluto. Esta nueva noción de autoridad armonizó la existencia del individuo con la de la sociedad, al convertirse en una verdadera personificación del Derecho, que vela por su propio cumplimiento. La diversificación de la actividad y conocimiento humanos obligó a una especialización: se forman el Derecho Civil, Penal, Mercantil, basta llegar, en nuestros días, a ramas como el Derecho Tributario, de Radiodifusión y Aeronautico.

 TODO VIENE DE ORIENTE 2.000 años antes de Cristo, en -una época en que Occidente apenas balbuceaba una cultura, un rey caldeo, Hammurabi, dictaba un Código, el más antiguo de que se tenga memoria. En el primer año de este siglo, Morgan, un arqueólogo francés, descubrió una piedra de 2,25 metros de alto, actualmente en el Museo del Louvre.

Contenía 250 artículos grabados en caracteres cuneiformes, basados en viejas leyes sumerias, Trata de los juicios, obligaciones de los funcionarios, préstamos a interés, constitución de la familia, de los negocios y de ciertos delitos.

Resalta su preocupación por reglamentar el comercio, principal fuente de sustentación de Babilonia, y la consagración de una vieja ley penal: la Ley del Talión ojo por ojo, diente por diente«).

El Código de Hamurabi, dictado dos mil años antes de Cristo, consagró la aplicación de la Ley del Talión, atenuada más tarde por los israelitas y los musulmanes. En Occidente, Grecia y Roma entregaron los fundamentos del Derecho Moderno, cuyas disposiciones se remontan hasta un espacio sideral.

En la India, en el siglo XIII antes de nuestra era, se dio forma al «Manava-Dharma-Sastra» o Código de Manú. Rige, en Íntimo enlace, el orden ético, religioso, moral y jurídico. Con los años, sus disposiciones cambiaron, pero no siempre para mejor, como es el caso de la práctica de arrojar a la hoguera a las mujeres viudas.

El Código de Manú -base de la literatura jurídica sánscrita- regula la conducta en cuanto es un camino que enlaza al hombre con el más allá. Establece el sistema de castas (brahrnanes, chatryas, vaysyas y sudras), ideado por los primeros sobre la base de una: doctrina inventada ad hoc. Acepta la poligamia, aunque califica de perfecto el matrimonio monógamo. («Sólo aquel hombre es perfecto, que conste de tres personas: su mujer, él y su hijo»).

En este terreno, se oa5a una faceta de la muy famosa ley del embudo: el varón podía tomar su primera mujer de su casta y luego descender en la serie, pudiendo los sudras tener tan sólo una.

Contenía, además, normas-relativas a la herencia, a la propiedad, a los contratos y a la organización judicial. En el Medio Oriente destacan el derecho hebreo y el musulmán. El desarrollo del derecho judío está marcado por la misión que, según su religión, debía cumplir su pueblo en el mundo. El monoteísmo es la base de sus instituciones. Existe un Dios vivo, que guía como Providencia el destino de los hombres, si bien atiende especialmente al pueblo elegido de Jehová es el poder gobernador invisible.

La teocracia hebraica está regida por el profetismo: Dios, en todos los casos necesarios, hará surgir jefes y profetas. Dios es también dueño de la tierra conquistada. La rigurosidad del antiguo Derecho fue suavizada por Moisés (se opuso, por ejemplo, al sistema de represalias o Ley del Talión).

Con la llegada de los romanos surge el Derecho elaborado por los rabinos. Hoy todas esas normas se encuentran en el Talmud, formado por la Michná, o recopilación de tradiciones orales atribuidas a Moisés, y por el Ghemara, que contiene aclaraciones y complementos posteriores. Sobre la base del judaísmo, nacen -dos evoluciones religiosas: el cristianismo y el mahometanismo.

En 609, Mahoma predicó el Islam. Fundado en un monoteísmo simple, rebasa el carácter nacional hebraico, imponiendo la obligación de difundido a todos los pueblos, incluso por la fuerza, El Corán contiene los dogmas de Mahoma, ordenados _ por sus sucesores. Sus preceptos jurídicos revisten a la vez el carácter de deberes religiosos, El derecho musulmán establece una diferencia entre los creyentes y los no creyentes. La mujer tiene exactamente la mitad de importancia que el varón: el testimonio de dos mujeres equivale al de un varón; en el homicidio de una mujer, la multa es la mitad que en el de un varón de su misma clase.

La naturaleza del Derecho
De lo dicho fácilmente se desprende que la base previa del Derecho es la existencia de la sociedad, pues sin ésta no tendría razón de ser. ¿Qué necesidad del Derecho tenía un Robinsón Crusoe, si en su isla desierta no había un semejante con el que poder entablar una relación jurídica?

No debe olvidarse que toda relación jurídica implica necesariamente la bilateralidad subjetiva, la existencia de dos sujetos, uno el titular de una pretensión o derecho (derecho subjetivo), y otro, el sujeto pasivo, que está obligado a satisfacer la pretensión. Esta bipolaridad subjetiva existe en todas las relaciones jurídicas, incluso en aquellas que, a primera vista, parezcan más íntimas y unilaterales; por muy impersonal que se estime el derecho de propiedad de un sujeto sobre una cosa particular, siempre la relación jurídica presupondrá la existencia de un sujeto pasivo, en este caso la totalidad de los demás ciudadanos, obligados a respetar y a no atentar contra el dominio de que el sujeto activo goza. Por esto mismo, se afirma que el Derecho, a diferencia de la norma moral, es esencialmente   intersubjetivo.

Ubi homo, ibi societas; ubi societas, ibi ius («donde existen hombres hay sociedad; donde hay sociedad hay derecho»); esta expresión es presupuesto del concepto del Derecho y, al mismo tiempo, nos hace intuir su contenido, que no es sino el conjunto de normas que regulan la convivencia humana (Derecho objetivo). La norma jurídica, así formulada, se acompaña de otra característica natural: la coercibilidad, es decir, la posibilidad de que su cumplimiento sea exigido por la fuerza, cuando no se haya producido voluntariamente.

La coerción, sin embargo, falla a veces, normalmente por el insuficiente desarrollo de la sociedad en la que la norma rige, lo cual no evita que su cumplimiento se considere siempre como obligatorio; así sucede en la sociedad internacional, cuyo Derecho no deja por ello de ser coactivo (pacta sunt servando), aunque no esté dotado de órganos supranacionales eficaces para imponer la observancia. Habrá que añadir, de todos modos, que la corriente actual tiende a la superación de la anticuada idea de la soberanía absoluta de los Estados, herencia de la época nacionalista, en aras de una mayor cooperación e interdependencia.

Como órganos o manifestaciones de estas ideas, de carácter cada vez más ejecutivo, podremos citar el Tribunal de La Haya, la Organización de las Naciones Unidas, los organismos bancarios internacionales, la OTAN y los organismos en que el movimiento europeísta se va concretando.

edificio tribunal de la la haya en holanda

El    Tribunal   de   Derecho   internacional   de La Haya, en Holanda, en el que se plantean
litigios  de  aquel   carácter.

Las fuentes del Derecho
Si éste es el modo de ser del Derecho, ¿cómo se produce? ¿Cómo brota la norma jurídica? En otras palabras, ¿cuáles son sus fuentes ?

Éstas son varias. En un orden temporal histórico, se puede decir que la primera pro ducción jurídica de los pueblos primivos obedeció al sentido innato de la juridicidad a esta serie de normas naturales que el humano puede conocer por sí solo, al meen sus rasgos fundamentales (Derecho moral).

La repetición inveterada de unos actos determinados llega a crear la conciencia social de su obligatoriedad; se instituye, de esta forma, lo que se denomina costumbre o uso,que es también fuente del Derecho.

Con el mayor grado de desarrollo social y con la progresiva separación de funciones y poderes, se llega, ya en épocas de la historia moderna, a la distinción nítida de dos potes tades, emanadas de la suprema autoridad po lítica: la legislativa y la judicial. Aquélla pro duce el Derecho mediante la promulgación de normas escritas (leyes, recopilaciones, códigos), que son de aplicación general; la segunda, directamente dirigida a la resolución de un conflicto jurídico concreto, es fuente del Derecho, en cuanto sus decisiones o sentencias pueden aplicarse a casos supuestos similares (jurisprudencia, precedentes).

También los estudios o comentarios de los juristas, o conocedores del Derecho, pueden contribuir en cierto modo a la producción jurídica, en cuanto aclaran, completan y coordinan las lagunas y formulaciones abstractas de la construcción legal; es lo que se denomina la doctrina. Constituye un factor importante en todo ordenamiento jurídico.

El Derecho contiene en sí todos los derechos y obligaciones del   hombre en  sociedad.El Derecho soviético, aunque dominado por las doctrinas de Marx y de Lenin, tiene mucho de común con los demás sistemas continentales del Derecho civil; la decisión judicial no es fuente del Derecho, sino que ha de interpretar y aplicar el ordenamiento jurídico vigente.

jueces del siglo xviii

Parte de el cuadro de Hogarth The Bench (El Tribunal) nos ofrece una visión satírica de tres jueces del siglo XVIII. La majestuosa imagen central es la del Primer Lord de los Tribunales,  Sir   John  Wilkes.

Sistemas jurídicos
El ordenamiento jurídico de cada nación ha sufrido, a lo largo de la Historia, una serie de vicisitudes que le ha obligado a pasar por diversas etapas que, en esencia, coinciden parcial o totalmente con las del predominio de cada una de las fuentes del Derecho enunciadas en los párrafos anteriores.

La historia del Derecho Romano, por ejemplo, es a este objeto altamente significativa. La ley de las Doce Tablas es el documento jurídico escrito más antiguo de Roma, pero es muy probable que recogiera unos usos sociales anteriores; de todos modos, la costumbre siguió regulando las relaciones jurídicas del pueblo, paralelamente, incluso, a disposiciones generales que, como las leyes comiciales de la época republicana, exigían la votación en asamblea popular o por plebiscito.

Las normas escritas son cada vez más usuales, sobre todo en la época imperial, con lo que el Derecho consuetudinario queda cada vez más relegado a segundo término. También, en este período, tienen gran importancia las interpretaciones y comentarios de los jurisconsultos o estudiosos del Derecho, y las decisiones o sentencias de los magistrados a los conflictos o litigios concretos, que los interesados les plantearan (como el rescriptum imperial), sin olvidar la progresiva influencia, de raíz iusnaturalista, del ius gentium y la llamada a la equitas para atenuar la rigidez del Derecho positivo.

Roma hizo gala de un criterio eminentemente práctico y agudo. Su construcción jurídica es nueva en la Historia y, en sus rasgos fundamentales, ha sido transmitida a la civilización occidental. En oposición a las culturas que le preceden, separa la norma jurídica de la norma religiosa, y esta idea laica del Derecho permite la evolución ágil y perfeccionista de su ordenamiento jurídico.

Los sistemas jurídicos vigentes en las naciones occidentales modernas han tomado de Roma, si no el contenido puesto al día, sí al menos la idea formal de lo jurídico. Todas han elaborado un ordenamiento al que han contribuido las fuentes de producción ya mencionadas. El mayor predominio de una determinada no implica la inexistencia de las demás, porque la vida del Derecho es una constante interacción hacia la homogeneidad y logicidad de todo el ordenamiento.

Por ello mismo, la prioridad que se atribuye en muchos países a una ley votada por un Parlamento no significa que sus normas generales tengan necesariamente que aniquilar la costumbre jurídica; muchas veces  la ley no es mas la ratificación de un uso preestablecido.

Una ley, contraria a los sentimientos populares, puede convertirse en ley muerta al prevalecer la costumbre extralegal; y es muy frecuente, por otro lado, que cuando una ley aparece anticuada respecto a las necesidades cambiantes, sea lentamente sustituida. en la práctica cotidiana, por una costumbre nueva, más adecuada a las realidades.

derecho romano

El Derecho Romano es el fundamento del sistema continental europeo; los romanos establecieron un orden jurídico altamente organizado, superior a todos los anteriores, que fue objeto de adaptaciones y compilaciones  a   partir de Justiniano.

Los códigos
De todos modos, es posible agrupar los sistemas jurídicos actuales en dos familias principales: la continental europea e ibero-americana y la familia anglosajona.

La primera, encuentra su principal fuente productora en la legislación, es decir, en la formulación de normas generales y abstractas por parte del órgano constitucionalmente competente: la legislación ha tomado, en ocasiones, la forma de Códigos en sus manifestaciones más avanzadas y homogéneas.

El Código: es un cuerpo articulado y lógicamente estructurado, a diferencia de la mera recopilación o compendio de leyes.

El Código de Napoleón, que unificó los diversos sistemas de leyes escritas y de costumbres en Francia, en su primer gran representante y, al mismo tiempo modelo de muchos posteriores.

La centralización impuesta por el moderno concepto del Estado ha sido también un factor que  ha contribuido a la actual preponderancia sistema legislativo. Éste alcanza su promulgación más categórica y absoluta en el campo  del  Derecho Penal con la famosa expresión rtullum crimen sine lege, es decir, existe delito sin que antes lo haya declarado tal la norma escrita y promulgada.

El juez, bajo este sistema, no es libre de dictar una resolución,  de acuerdo con las reglas de  la razón o del sentido jurídico que posea no que la ha de resolver aplicando la ley vigente: en otras palabras, ha de adaptar la ley general y abstracta al caso particular y concreto en que consista el litigio. No es una labor mecánica, porque nunca las reglas abstractas podrán prever toda la rica gama de las realidades prácticas. Por eso estos  sistemas imponen subsidiariamente la llamada a la costumbre general o local, a los principios generales del Derecho, al Derecho natural, a la recta razón y a las sentencias o jurisprudencia de los jueces jerárquicamente superiores.

Este es el Derecho, en líneas generales, que rige en casi todos los países de Europa continental y en los iberoamericanos; ha sido también aceptado, al menos en parte, en varios países del Medio y Lejano Oriente.

Frente al sistema anterior, la familia del Common Law, o anglosajona, da preponderancia a la sentencia judicial; sus características son el pragmatismo y la flexibilidad, basadas en las decisiones de los magistrados, transmitidas a través de los años.

El Derecho civil inglés es un Derecho elaborado por los jueces, cuya estructura está constituida por las reglas de los precedentes, formados como resultado de los principios y razonamientos que el juzgador aplica al conflicto que le ha sido planteado. Normalmente, los precedentes de los jueces o tribunales superiores son obligatorios para los casos similares que se ventilen ante los inferiores; sin embargo, el juez conserva su poder discrecional y está facultado para precisar y concretar sentencias anteriores que podrían parecer demasiado amplias, o poner en vigor y remozar reglas más antiguas.

El sistema anglosajón no desconoce, a pesar de todo, la importancia del Derecho legislado; hay que tener en cuenta que un Estado moderno no puede prescindir de reglas y procedimientos de Derecho público, que han de ser uniformes y de fácil conocimiento (Derecho administrativo).

Por otro lado, la labor de los Parlamentos y la tendencia socializadora requieren medios idóneos para hacer realidad una política, es decir, la facultad de dictar disposiciones generales en vez de entregarla a las manos de una futura y eventual consagración judicial. Estas leyes constituyen, en esencia, el statute law.

El sistema anglosajón está vigente en las islas Británicas, Estados Unidos de América del Norte y en la mayoría de los países de la Commonwealth.

Además de estos dos grupos, el mundo extraoccidental ofrece otros que siguen encerrando el Derecho dentro de la religión; son el Islam y el pueblo hindú.

La Ley del Islam es, en esencia, parte de la religión mahometana; no constituye una ciencia separada e independiente. El sharVa es un código de conducta que especifica los deberes y obligaciones (no los derechos) de los mahometanos, de acuerdo con sus creencias.

Este sistema jurídico rige, actualmente, para más de 400 millones de almas, en muchos de los países comprendidos entre Marruecos e Indonesia. Las fuentes del Derecho son el Corán, o libro sagrado islámico, la Sunna, o tradición del profeta Mahoma, el ijma o consenso de opinión de los estudios del Derecho, y el Kiya o sistema de analogía.

El derecho hindú es otro sistema tradicional, basado en principios religiosos respetados por creyentes de varios países del sur y sudeste asiáticos. La religión es el brahmanismo, que se apoya en los textos sagrados de los Srutis (entre 1500 y 600 a. de J. C.) y de los Sastras.

Mención especial, en este grupo, merece el sistema jurídico del reciente Estado de Israel, que, aunque muy avanzado en ciertos aspectos, sufre, sobre todo por efecto de la presión de sus grupos religiosos ortodoxos, una notable subordinación a las normas religiosas judaicas.

LECTURA COMPEMETARIA:
Dos ámbitos de difícil diferenciación

El Derecho Público esta compuesto por el conjunto de normas que regulan la actividad estatal y fijan los límites de la autoridad del Estado. Esta rama del derecho determina los órganos y su competencia, así como los procedimientos mediante los cuales se manifesta la actividad del Estado.

Mientras que en las relaciones sociales que regula el Derecho Público existe una subordinación de las personas al Estado, el Derecho Privado agrupa el ordenamiento jurídico que regula las relaciones entre los particulares, entre personas que se encuentran en un plano de igualdad jurídica.

No es posible, sin embargo, establecer un límite claro y absoluto entre aquello que pertenece al ámbito del Derecho Público y aquello que pertenece al ámbito del Derecho Privado. A lo largo de la historia del derecho se han esbozado, básicamente, tres posturas para establecer esta delimitación.

■ El primer criterio de clasificación aparece en el derecho romano; los términos «Derecho Público» y «Derecho Privado» provienen del latín publicus jus y privatum jus. El célebre jurisconsulto Ulpiano -que vivió entre los años 170 y 228- estableció la diferenciación según los «intereses en juego». El publicus jus era el que correspondía a la «cosa romana», mientras que el privatum jus concernía a los individuos.

Esta teoría ha sido blanco de críticas y objeciones. La línea de demarcación entre el interes público y el privado es imposible de trazar en tanto están unidos en forma indisoluble. Una política estatal orientada a proteger el medio ambiente (interés público), por ejemplo, se plasmará en un conjunto de normas que establezca obligaciones a los propietarios de industrias. Estas leyes, sin duda alguna, protegerán el interés de los particulares (interés privado), el derecho de cada uno de nosotros a gozar de un ambiente sano.

■ Un segundo criterio para deteminar el carácter público o privado del derecho se funda en la naturaleza de los sujetos que intervienen en la relación jurídica. Cuando el Estado es una de las partes de la relación, el derecho aplicable será público, mientras que el Derecho Privado sólo regulará las relaciones entre particulares.

Sin embargo, no es posible afirmar que toda relación en la que interviene el Estado pertenezca a la esfera del Derecho Público, ya que el Estado, como persona jurídica, realiza distintos actos jurídicos de indudable carácter privado, como cuando realiza una operación de compraventa con un particular.

■ Por último, existe la teoría que diferencia al Derecho Público del Derecho Privado por la naturaleza de las relaciones jurídicas. En este sentido, pertenecen al Derecho Público las relaciones jurídicas de subordinación, es decir, relaciones en las cuales ei Estado, en ejercicio de su poder público, fija los términos en los cuales desarrollará su actividad, mientras que los particulares se encuentran obligados a aceptarlos. En contraposición, la característica primordial del derecho privado es que vincula a las partes de manera tal que prima la coordinación entre ellas, es decir, las partes implicadas, en igualdad de condiciones, establecen los términos de la relación. Por ejemplo, cuando una persona vende una casa acuerda libremente con el interesado en comprarla el precio, la forma de pago, la fecha de escrituración, etcétera.

Se le ha criticado a esta teoría que, según sus concepciones, el Derecho Internacional -ámbito en el cual los Estados se relacionan en un plano de igualdad y coordinación, debería ser considerado como perteneciente al Derecho Privado, cuando nadie discute que forma parte del Derecho Público.

Fuente:
Educación Cívica 2 – Edit. Santillana – Casullo-Bordone-Hirschmann-Masquelet-Podetti-Rasnosky-Rubinich-Pujato-Tadei

Fuente Consultada:
La Llave del Saber Tomo II La Evolución Social Ediciones Cisplatina S.A.

 

Concepto de Populismo Politico Características

Concepto de Populismo Político
Sus Características

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Concepto de Populismo

Movimiento político heterogéneo caracterizado por su aversión a las élites económicas e intelectuales, por la denuncia de la corrupción política que supuestamente afecta al resto de actores políticos y por su constante apelación al pueblo entendido como un amplio sector interclasista al que castiga el Estado.

Bajo esta denominación pueden aparecer englobadas diversas ideologías políticas de carácter normalmente autoritario pues, al reclamar para sí la encarnación de los deseos mayoritarios, rechazan la necesidad de más intermediarios y deslegitimar por obstaculizador el pluralismo que representa el resto de la oposición.

Su aparición se liga a rápidos procesos de modernización que generan distinto grado de desarrollo entre diferentes núcleos, normalmente zonas urbanas frente a las rurales más atrasadas. Aunque una de sus más famosas manifestaciones, el peronismo argentino, tuvo un carácter industrial y urbano, es más usual que arraigue en el medio agrario, tal y como sucedió en el sur de Estados Unidos durante la génesis del Partido Demócrata El populismo puede generar tanto reacciones conservadoras como, lo que es propio de numerosos movimientos nacionalistas del Tercer Mundo, desarrollismos transformadores.

Existe incluso una derivación marxista del populismo, según la cual se sustituye la contradicción clasista por la dialéctica entre bloques de dominadores y dominados. También se usa el concepto peyorativamente para denominar un determinado estilo o un tipo de acción que apela directamente a los miedos y aspiraciones instintivas de las masas, en general, y de los agricultores o pequeños burgueses, en particular.

Los políticos populista que suelen apoyarse en el nacionalismo y un personalismo carismático, utilizan un discurso ambiguo o demagógico, y si las circunstancias institucionales lo permiten, tratan de legitimarse a través de métodos de consulta plebiscitaria.

Los Populismos Latinoamericanos

Desde la crisis de 1930 y luego de la Segunda Guerra Mundial, América Latina sufrió profundas transformaciones en los planos económico, social y político. Hacia mediados de los años ’30, en la mayoría de los países latinoamericanos se produjo un incremento generalizado de las exportaciones. En algunos el ritmo fue intenso y creciente, como en Brasil, México, Chile y Venezuela, y en otros hubo períodos de rápido crecimiento seguidos de agudas crisis, como en Argentina, Uruguay y Bolivia.

Hacia los años ’40, en un grupo de estos países —como resultado de la retracción mundial de las importaciones de bienes de consumo— se desarrolló un intenso proceso de sustitución de importaciones. El crecimiento industrial más importante tuvo lugar en la Argentina, México y Brasil. En los casos de Bolivia y Perú, por ejemplo, sus alcances fueron más limitados. El desarrollo industrial de este período se caracterizó por una destacada presencia del Estado, que actuó como impulsor de las actividades económicas.

Las políticas estatales encararon planes de nacionalizaciones —en particular de los recursos naturales considerados claves para el desarrollo de cada país—. Estos cambios fueron acompañados por transformaciones en la estructura social. Se consolidaron los sectores de la burguesía industrial y se amplió la masa de trabajadores urbanos. En México, Brasil y Argentina se desarrollaron procesos políticos de carácter populista, aunque en cada uno de estos países este proceso adquirió modalidades diferentes.

populismo en brasil

El presidente del Brasil Getulio Vargas—inició su primer mandato en 1930— fue el líder de un movimiento de tipo populista. Encabezó una revolución que puso fin al predominio de la oligarquía —los grandes plantadores y comerciantes— e intentó ampliar la base de participación política. En 1937 proclamó la constitución del Estado Novo. Impulsó un proceso de transformación económica de tipo industrialista y nacionalista —creó la empresa petrolera estatal PETROBRAS— y organizó desde el Estado estructuras sindicales oficialistas.
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Lázaro Cárdenas, líder populista mexicano. Asumió la presidencia de México en 1934. Llevó a cabo un programa nacionalista que buscaba establecer un fuerte control sobre la economía del país. Las claves de su política fueron la nacionalización del petróleo —se creó el monopolio estatal PEMEX—y la reforma agraria, consistente en repartir tierras entre la gran masa de campesinos pobres —de origen mayoritariamente indígena—. El movimiento cardenista contó con el apoyo del campesinado y de amplios sectores de la clase obrera, ya que durante el gobierno de Cárdenas aumentó de manera notable el número de trabajadores sindicalizados.

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Características:

Estos movimientos populistas se caracterizaron por crear una fuerte organización obrera, con el fin de que en alianza con la Burguesía Nacional industrialista, instalaran las bases de un desarrollo a través de la sustitución de importaciones.

Los ingredientes fundamentales de los populistas son la transferencia del ingreso en desmedro de los sectores rurales y en favor de los sectores urbanos, políticas nacionalizantes, una fuerte dosis de estatismo como apoyo a la Burguesía Industrial y al aglutinamiento en torno a un líder carismático.

Es innegable que estos movimientos lograron una transformación de la sociedad en los países donde se desarrollaron, pero en última instancia por factores diversos no lograron llegar a sus fines últimos. La consecuencia más marcada de la actuación populista es la desaparición de los sectores políticos dominantes, que configuraban la expresión de la burguesía terrateniente.

Para sintentizar lo anteriormente expuesto, diremos que Populismo, es un movimiento político basado en los sectores obreros urbanos e industriales nacionales, que por medio de la redistribución del ingreso, se propone lograr la transformación de las estructuras sociales y económicas de un país.

Las soluciones son a corto plazo, porque esta política no es eterna, sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

EL POPULISMO EN ARGENTINA:

En la Argentina —y en toda Latinoamérica— desde mediados de la década de 1940 las masas emergen de un modo inequívoco, en la sociedad y en la política. Esto se relaciona en parte con procesos de industrialización pero, sobre todo, con el acelerado crecimiento de algunas grandes ciudades, a las que se vuelcan sectores expulsados por la crisis rural y atraídos por la posibilidad, más o menos real, de obtener en las ciudades mejores empleos, mejores condiciones de vida.

Excluídas y marginadas del consumo, del prestigio y del poder, en un momento esas masas irrumpieron en forma brusca reclamando un lugar en la sociedad. En ese sentido, el 17 de octubre de 1945 fue un episodio de un simbolismo extremo.

¿Qué hacer con esas masas?. Hay una política posible para ellas —en la Argentina y en todo el mundo— que es la de lo que genéricamente podría denominarse el socialismo: colaborar con ellas, para que ellas mismas encuentren su propio destino, realicen su propia reivindicación. Se plantean aquí varios problemas tácticos y estratégicos: cuáles van a ser los medios, con velocidad se van a producir esos cambios, que sacrificios debe imponerse una generación en aras de las siguientes.

En cualquier caso, es un camino difícil. Naturalmente es posible la política inversa: excluir y marginar a las masas, explotarlas, reprimir los riesgos también son evidentes y consiten en una explosión incontenible.

El siglo XX elaboró una tercera opción desarrollada por el fascismo italiano y adecuada —modificándola sensiblemente— Latinoamérica: una política de masas descarte su autonomía y las utilice para tentar poderes ajenos. Esto es lo que s denominarse populismo.

Se apoya en primer lugar en el const de masas. Estos vastos contingentes, cientemente urbanizados, desean consumir, y ese consumo puede ser adecuado para el desarrollo de ciertos sectores imdustriales locales. Fomentarlo, mediante una política redistributiva de ingresos que sólo beneficia a las masas —las tranquiliza quizá— sino también a quienes producen para ellas.

¿Quién paga esto?. Generalmente los sectores productores tradicionalmente volcados a la exportación —nuestra oligarquía terrateniente, por ejemplo— cuyos ingresos son trasladados al sector industrial por intermedio del Estado, a través de retenciones a las exportaciones, cambio diferencial, etc.

Sobre todo, se apoya en una política de masas. Estas son movilizadas y politizadas intensamente, pero cuidando de tronchar todo amago de acción autónoma. La politización es encuadrada por el Estado, junto con un partido —o un movimiento— que se desarrolla adosado a él y que está indisolublemente unido a la figura de un líder ca-rismático, su surgimiento no es un mero azar: esa figura es cuidadosamente construida por los medios de comunicación de masas —la radio, la televisión— cuyo desarrollo es esencial para esta política populista. Ni Mussolini ni Perón habrían existido sin la radio.

También es construida mediante la práctica de una beneficencia directa. El Estado providente y benefactor —el clásico Welfare State de los capitalismos avanzados— se concentra en una persona, de cuya bondad y caridad parece depender esa beneficencia que, según es bien sabido, es hoy una función casi ineludible del Estado moderno.

Falta, finalmente, un buen enemigo, para aglutinar fuerzas. Tratándose de movimientos policlasistas, que procuran armonizar los intereses de sectores de propietarios y de trabajadores, este enemigo no puede ser, sin más, el patrón. Se recurre a figuras más ambiguas en cuanto a contenido real, pero de gran fuerza emocional: la oligarquía, la maléfica, proteica y omnipresente oligarquía, cien veces derrotada y cien veces renacida.

¿Es eterna esta política? Sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – El Populismo –

Gobiernos Populistas

Soberania Politica de un Estado Concepto de Ciencia Politica

Soberanía Política de un Estado

La soberanía es la capacidad de un Estado para ejercer el poder dentro de sus fronteras y proteger esas fronteras frente a amenazas de un enemigo externo. Los profundos cambios ocurridos durante este siglo plantean nuevos problemas con respecto a la conservación de la soberanía de los países. Un poder es soberano cuando no tiene ningún otro poder por encima de él.

En los Estados modernos, el concepto de soberanía está referido a la capacidad de una sociedad política de ejercer el poder dentro de sus fronteras y de proteger esas fronteras frente a amenazas de un enemigo externo. El concepto de soberanía no puede separarse de la noción de poder político, ya que el poder político se expresa jurídicamente en la soberanía.

La soberanía tiene dos facetas íntimamente relacionadas.

■  En su faceta interna, cuando se dice que un Estado es soberano, significa que tiene la capacidad y el derecho de ejercer la fuerza para lograr la paz dentro de los límites de su territorio.

■ En su faceta externa significa que un Estado tiene la capacidad de convocar a los ciudadanos para defender su territorio frente a posibles invasiones extemas.

Concepto de Soberanía:

Categoría central en la teoría clásica del Estado que supone la existencia de un poder final e ilimitado que rige, en consecuencia, la comunidad política. El principio de soberanía ha sido adaptado a las democracias actuales para que exprese el momento político fundante en el que los ciudadanos, sin ninguna autoridad previa ni superior a ellos, permiten a los poderes públicos que ejerzan como tales.

Sus primeros teorizadores, Bodin y Hobbes, la definieron como la suprema potestas, «el poder absoluto y perpetuo de una república» que se manifiesta en la función de promulgar leyes, de anular costumbres, de declarar la guerra y de negociar la paz.

Para Hobbes, la soberanía nace a partir de un pacto ficticio por el que el poder de la sociedad, inicialmente en manos de los individuos, se enajena en favor del Leviathan (Estado) que queda personificado en un soberano que legisla, juzga, nombra funcionarios, recompensa y castiga. Para Rousseau, también dentro de las teorías pactistas aunque sin intención justificadora del absolutismo, la soberanía se equipara a la suma de las voluntades individuales.

Es esta nueva concepción la que permite un artificio filosófico político por el que el principio legitimador del Antiguo Régimen desaparece y se reconoce la soberanía en manos de Los integrantes de la nación. No obstante, ésta se entiende de forma abstracta y expresa su voluntad por medio de un cuerpo electoral restringido a las clases burguesas.

El desarrollo del liberalismo hizo plantear pronto la [imitación de la soberanía nacional a los propietarios. Estos se opusieron a la extensión del número de sus depositarios alegando que así se pervertiría la idea de representación conjunta de los sentimientos e intereses colectivos de un país, incluyendo las generaciones pasadas y futuras, que no exigía la participación efectiva de todos los habitantes en cualquier momento determinado.

Las corrientes democratizadoras del siglo XIX reclamaron sin embargo el sufragio universal y la nueva definición de soberanía resultante pasó a considerar como fuente y origen de todo poder estatal a la generalidad del pueblo y no a una selección específica de éste.

Así, en Las democracias contemporáneas, el hecho de que la soberanía sea popular otorga al Estado la legitimidad sobre la que basa su actuacion. Pero el principio no sirve sólo para regir internamente la comunidad, sino que tiene una proyección frente al exterior que en el pasado se expresaba a través de la guerra o la paz y hoy se plasma, sobre todo, en la prohibición de injerencias extranjeras en los asuntos propios.

La soberanía es entonces un concepto jurídico político propio de las relaciones internacionales y supone la independencia del Estado como único sujeto con poder de decisión autónoma en el ámbito de sus competencias. El conjunto de estados soberanos guardan así relaciones recíprocas de igualdad formal en un contexto anárquico, al no existir autoridades supranacionales.

De hecho, la única regulación globalmente aceptada de la política internacional es precisamente la soberanía, lo que hace que ninguna obligación se pueda imputar a un Estado sin su previo consentimiento. No obstante, la soberanía como principio integrador determinante y elemento nuclear del ordenamiento internacional queda matizada por la existencia de organizaciones internacionales que adquieren el ejercicio de ciertas competencias.

Aunque también en esos casos el Estado suele controlar el proceso de toma de decisiones (gracias a la unanimidad, el consenso o el derecho de veto) y previamente ha permitido que la gestión se atribuya a este actor, lo cierto es que su existencia limita la libertad absoluta estatal. Más aún, la existencia de un núcleo de ius cogens imperativo e inderogable contrasta con el principio general de que las normas internacionales deben estar voluntariamente consentidas.

Foros como la ONU podrían convertirse en autoridades externas que produzcan normas de aceptación obligatoria, aun sin el consentimiento estatal, pero este desarrollo del llamado derecho de injerencia está aún muy condicionado. Sólo las organizaciones que pretenden la integración supranacional en ciertos ámbitos, como la Unión Europea, representan un ejemplo relativamente ambicioso de desafío a la idea de soberanía en su acepción clásica.

Claro que, con independencia de las proclamaciones jurídicas, las relaciones políticas internacionales sí que demuestran con toda su crudeza las verdaderas Limitaciones de la soberanía. Las diferencias de capacidad económica y militar, la interdependencia comercial o el acceso privilegiado de ciertas potencias a los recursos naturales son fenómenos que muestran la ficción ideológica de la idea.

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Por ejemplo, el área de explotación de pozos petroleros en el mar de un país.
La explotación de los recursos naturales dentro del territorio nacional es parte fundamental del ejercicio de la soberanía de un país.

ALGO MAS PARA COMPLETAR…

En quién reside la soberanía: Al ocuparnos de la soberanía conviene recordar en quién reside la soberanía. El problema lo hallamos desde el comienzo de nuestra historia política, cuando los hispanoamericanos iniciaron el proceso de la revolución por la independencia. Mientras que por esos años en algunas monarquías europeas se sostenía que el poder le había sido dado por Dios a la persona del monarca, en España, durante el siglo XVI, la escuela jurídico-política inspirada en el jesuíta Francisco Suárez (1548-1617) sostuvo que Dios no le concede al monarca la autoridad en forma directa sino por intermedio del pueblo: la soberanía es dada por Dios al pueblo y es éste quien la delega en sus representantes.

Estas ideas fueron enseñadas en las universidades hispanoamericanas y ofrecieron ocasión a los patriotas para afirmar, ante la caducidad del gobierno Español debido a la invasión de la península por Napoleón, que el pueblo debía reasumir la soberanía para designar un nuevo gobierno.

Surge entonces la teoría de la representación, según la cual el que gobierna lo hace en nombre del pueblo, que aunque sigue siendo soberano, ha dejado de ser gobernante.

Esta transferencia o delegación no hace al Estado absoluto. Este, por el contrario, es limitado, es decir, se halla condicionado por la naturaleza del hombre y por las facultades propias de que dispone.

La soberanía política: La soberanía política es la que hemos caracterizado inicialmente como soberanía interna, o sea, la facultad que posee el que gobierna de movilizar eficazmente la actividad de los miembros de la sociedad y de rechazar en el ejercicio de su misión propia toda ingerencia de los demás Estados.

En las formas dictatoriales, absolutistas o marxistas, la soberanía es absorbida por el Estado o por la persona que ejerce el poder; y esa absorción es tal, que no queda a los ciudadanos la posibilidad de restarle facultades, ni de enjuiciar o criticar.

En las concepciones democráticas representantivas los ciudadanos transfieren a sus representantes el poder.suficiente para gobernar el cuerpo político o sociedad política, pero no delegan todos sus derechos y se reservan el ejercicio de controlar a sus representantes.

Por ello en las democracias representativas no existe una soberanía absoluta. El poder de que goza es limitado, pero suficiente para cumplir su misión.

Soberanía e independencia
El concepto de soberanía externa no es absoluto, pues si un Estado fuera absoluto se impondría a otros, lo que no ocurre en el orden internacional, ya que se trata de relaciones de igualdad entre los Estados. Es decir, los Estados son iguales entre sí.

Lo que se designa por soberanía externa es el poder de determinarse libremente en la conducción de la política exterior. Esta determinación posee el nombre de independencia. Cualquier estado tiene el derecho, en nombre de la independencia, de rechazar cualquier intervención extranjera en su política interior y exterior.

Sin embargo, como los Estados son miembros de una sociedad mucho mayor de naturaleza mundial, se comprende que ningún ejercicio de los derechos de soberanía e independencia Duede ser absoluto. Los derechos están limitados por los derechos iguales de los demás Estados.

Pararegularel bien general mundial se hace natural laexistenciadeuna sociedad política mundial que logre la armonía, la colaboración y la paz, que son bienes supremos y base de los demás bienes.

El primer intento realizado en ese orden fue el Pacto de la Sociedad de las Naciones (1919), que subsistió hasta 1939, siendo seguido por la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (UN), nacida en 1945. La presencia de esa sociedad y de otros organismos mundiales pone en evidencia que la autolimitación de las soberanías nacionales tiene por objeto la búsqueda del bien común mundial.

Sin embargo, esa sociedad política mundial no puede ni tiene facultades para atentar, destruir o disminuir el derecho a la independencia.

Soberanía Territorial y el Control de las Fronteras

LECTURA COMPLEMENTARIA:
Concepto de Sobernía

«El concepto moderno de soberanía tiene su lógica interna y, conjuntamente, su fuerza aplastante: en efecto, ha logrado unificar procesos históricos, como la formación del Estado moderno, y ha permitido la elaboración conceptual de toda una teoría del Estado. Sin embargo, en la historia también se han dado procesos históricos y realizaciones institucionales diversas de difícil comprensión si se parte del rigor de este concepto político jurídico, que corre el riesgo de hacerse científica y políticamente embarazoso. Puntualizaremos ahora solamente dos: uno en plano jurídico y otro en el plano político; por un lado, el constitucionalismo […] y por el otro, el pluralismo, los cuales están en contra, de nuevos y diversos modos, de exigencias satisfechas por la sociedad política medieval.

Si concebimos la historia moderna no como una victoria del Estado absoluto sino como victoria del constitucionalismo, entonces notaremos que el elemento de continuidad de esta lucha está justamente en su adversario: la soberanía. Las distintas técnicas del constitucionalismo están, en realidad, todas dirigidas a combatir con el Estado mixto y la separación de los poderes, toda concentración y unificación del poder, a dividirlo en un equilibrio balanceado de órganos. […] Benjamín Constant […] quiere suprimir de sus sistema el concepto de soberanía, o redimensionarlo, porque en él ve la expresión de un poder absoluto y, en cuanto tal, arbitrario: nadie, ni el rey ni la asamblea, puede arrogarse la soberanía, y ni siquiera la universalidad de los ciudadanos puede disponer soberanamente de la existencia de los ciudadanos. Soberanía y constitucionalismo siempre han sido entendidos como términos antitéticos, y la victoria del segundo se logró con las constituciones escritas, cuyas normas son jerárquicamente superiores a las leyes ordinarias y hechas eficaces por cortes judiciales adecuadas. De tal manera fue posible garantizar ¡os derechos de los ciudadanos por los viejos y por los nuevos soberanos. […]

Pero el verdadero adversario de la soberanía es la teoría pluralista […] [en tanto demuestra que] no existe la unidad del Estado, con el monopolio de decisiones autónomas, porque de hecho, el individuo vive en asociaciones y grupos distintos, capaces de imponer sus propias opciones. En realidad en la sociedad existe una pluralidad de grupos en competencia o en conflicto para condicionar el poder político, y precisamente esta pluralidad impide que haya una sola autoridad, omnicompetente y omni-comprensiva, y el proceso de desición política es el resultado de toda una serie de mediaciones. En esta división de poder, en esta poliarquía, no hay un verdadero soberano […].»

NICOLA Matteucci. Diccionario de política. Siglo xxi, México, 1994.

Fuente Consultada:
Educación Cívica Juan Carlos Zuretti-Nestor Tomas Auza Editorial Itinerarium S.A.

CONCEPTOS DE ciencias politicas

El Gobierno de una Nacion Resumen, Concepto y Formas de Gobernar

Concepto: Gobierno de una Nación
Formas de Gobierno

¿QUE ES UN GOBIERNO?: Gobierno es el conjunto de autoridades y funcionarios que dirigen una sociedad o un grupo humano. Así hablamos del gobierno de la Nación, del gobierno provincial, del gobierno municipal, del gobierno de una empresa, del gobierno de una escuela, etc.

Toda sociedad humana, para cumplir sus fines requiere una organización, una conducción, una administración. La coincidencia de las voluntades, la composición de los intereses, la armonía de los esfuerzos, no surgen espontáneamente.

Incluso una familia necesita para su buen funcionamiento «un jefe de familia» que es su conductor y principal responsable. Un club de fútbol necesita una comisión y un presidente. No hay sociedad estable sin gobierno y autoridad.

La existencia de la autoridad es imprescindible para el buen funcionamiento de toda sociedad. Es un hecho comprobado por la experiencia de que si falla la autoridad la sociedad se desquicia, surge el desorden y la anarquía.

También la sociedad política necesita un gobierno, que sea el responsable de la armonía de las voluntades, de la consecución de los fines comunes, de la paz y justicia, de la protección de los derechos y libertades, de la composición de los conflictos.

Existen muy diversos tipos de sociedades políticas y múltiples formas de concebir y organizar el poder. Pero no existen, ni han existido, sociedades sin gobierno.

El objeto y la función del gobierno es lograr el bien común de la sociedad.

Aristóteles clasificaba a los gobiernos en tres formas legítimas y en tres formas corrompidas.

Las tres formas legítimas se caracterizan por buscar el bien común; las tres deformaciones, o formas corruptas, por buscar el bien particular o privado.

Formas legítimas:
monarquía: gobierna uno para provecho de todos;
aristocracia: gobierna un grupo para provecho de todos;
democracia: gobierna la muchedumbre para provecho de todos.

Formas corruptas:
tiranía: gobierna uno para provecho de sí mismo;
oligarquía: gobierna un grupo para provecho propio.
demagogia: gobierna la muchedumbre para provecho propio, con olvido del bien de la comunidad y de los otros grupos.

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LAS FUNCIONES DEL PODER – SU ARMONÍA Y COORDINACIÓN

Tres son por naturaleza las funciones fundamentales que requiere la organización y gobierno de una comunidad:

1. establecer las normas estables que regulan el ejercicio de los derechos y deberes, establecen la competencia de magistrados y funcionarios, regulan los distintos géneros de actividad social, etc., es decir, dictar leyes o legislar. Esta es la función legislativa;

2. poner en ejecución lo que mandan las leyes, velar por el orden social, administrar el estado, conducir el conjunto de la vida y la actividad social. Esta es la función ejecutiva;

3. ser arbitro en los conflictos que se suscitan, juzgar y sancionar a los que han transgredido las leyes, velar porque la justicia y el orden jurídico tengan vigencia real en la vida de la sociedad. Esta es la función judicial.

Estas funciones pueden estar reunidas o separadas en uno o distintos órganos o personas. El padre de familia las reúne en sí mismo en la sociedad familiar. El mismo da las normas, las ejecuta, administra su familia y sanciona a sus hijos cuando es menester.

En la mayor parte de las sociedades políticas, incluso en las primitivas, estas funciones no suelen estar concentradas en una misma persona. En muchas organizaciones tribales el jefe de tribu ejerce la función ejecutiva y administra justicia. Pero un consejo de ancianos es el que dicta las normas, toma las decisiones de más importancia, y se reserva los casos criminales de mayor trascendencia.

Fue característica de las monarquías absolutas el concentrar en manos del monarca las tres funciones en instancia suprema. El rey dictaba leyes, administraba el estado y actuaba como supremo juez. La concentración del poder en una mano es lo que constituye el poder dictatorial.

El poder dictatorial puede ser bien o mal empleado, pero por naturaleza es incontrolable y se presta a abusos, a convertirse en poder absoluto o arbitrario.

En los siglos XVII y XVIII, época del «derecho divino» de los reyes, era común la concentración de las tres funciones en manos del monarca. Es la época de las monarquías absolutas.

Las modernas teorías y movimientos democráticos surgen en oposición a este poder absoluto. Uno de sus postulados será el rechazo del poder incontrolable. De aquí su insistencia en que las tres funciones estén en manos y órganos distintos.

El objeto fundamental de la separación de funciones es prevenir los abusos, procurando el equilibrio y mutuo control entre los órganos.

Fue Montesquieu, pensador político francés del siglo XVIII, teórico del moderno constitucionalismo, quien en su obra El espíritu de las leyes, llamó la atención sobre la importancia que tiene la separación de funciones (él las llamaba «poderes», término que por mucho tiempo mantuvo la teoría política), para la limitación del poder y la salvaguarda de la libertad.

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CONCEPTO Ó DEFINICIÓN: Concepto de uso frecuente y poco preciso que designa, en la terminología política, tanto los mecanismos a través de los que se lleva a cabo la dirección pública de la colectividad social, como el aparato que hace aquélla posible.

El gobierno, por tanto, adquiere significados concretos diversos que pueden aludir a la forma de organización global en un Estado (o régimen político); a la acción misma de elaboración de las políticas públicas (o gobernación); o a la organización institucional donde reside la autoridad formal del Estado.

En esta última acepción estática y concreta, el término no sólo se aplica para nombrar al conjunto de los poderes públicos tradicionales —legislativo, judicial y ejecutivo— sino que también sirve como sinónimo del último. De hecho, y especialmente fuera del mundo anglosajón, con gobierno se designa específicamente a la cima política que, junto a la subordinada administración, conforma el poder ejecutivo.

Circunscribiendo así la noción a la de más restringido alcance, el gobierno es una institución política de existencia universal, a diferencia de los parlamentos o los tribunales, por lo que se identifica asiduamente con el poder estatal en sentido estricto.

En las democracias actuales, su protagonismo en la orientación de las políticas puede depender de la forma de nombramiento, que varía entre los presidencialismos, donde un poderoso jefe de gobierno directa y popularmente elegido se rodea de colaboradores, y los sistemas parlamentarios.

En estos últimos son las asambleas las que nombran y controlan al gobierno, de forma que éste depende de la capacidad de liderazgo de quien lo dirige (el primer ministro), de la cohesión del equipo designado y de la fuerza que tenga el partido o coalición que lo respalda.

Estos factores, junto a otras variables constitucionales y administrativas, hacen que los gobiernos resulten fragmentados (si cada ministro disfruta de autonomía sobre su departamento y no existe coordinación); monocráticos (si existen relaciones jerárquicas de uno o varios miembros sobre otros); o colegiados (cuando la toma de las decisiones más importantes se realiza de forma colectiva).

En todo caso estos rasgos no son excluyentes y, de hecho, es común que la pauta real de funcionamiento de un gobierno se segmente entre el papel protagonista desempeña en ciertos ámbitos el primer ministro o el responsable de hacienda y la responsabilidad más directa de los demás miembros en sus correspondientes sectores.

Además de los mencionados dominios reservados y del margen que los ministerios individuales tienen en los impulsos iniciales y la implementación, la dirección política y la coordinación se alcanza, al menos teóricamente, en la sede colegiada.

Que Es La Geopolitica? Territorio y Politica de los Estados

¿Qué es la Geopolítica? Territorio y Política de los Estados

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Geopolítica Escuela politológica nacida durante el período de entreguerras con la finalidad de analizar las relaciones que pueden establecerse entre el territorio y la política. A pesar de que con anterioridad a su aparición ya existían ciertos estudios que querían vincular las formas de gobierno existentes con determinadas configuraciones geográficas, lo cierto es que sólo aspira a la articulación científica desde 1916, cuando Rudolf Kjellen usa el término y describe al Estado como un organismo vivo.

Partiendo de la consideración organicista del Estado, llegaba a la conclusión de que todos los estados intentaban asegurar su territorio y su expansión. La geopolítica aparece así como el proceso o la dinámica política de afianzamiento y expansión territorial de los estados. De aquí el interés por cultivar esta perspectiva en naciones continentales que, como Alemania, quedan en el centro de un amplio espacio y sólo están separadas de los vecinos que las rodean por fronteras artificiales o inciertas.

Así surge en La Mittleuropa germánica la denominada teoría del Lebensraum o espacio vital que, formulada por Haushofer, habría de servir de argumentación teórica al expansionismo nazi. Pese a que, durante la guerra fría, la geopolítica siguió llamando la atención de los estrategas militares, la corriente ya no puede identificarse necesariamente con la recreación de fronteras naturales y la utilización de la agresión bélica como método de consolidación de las mismas. De hecho, el concepto es hoy usado con connotaciones estrictamente analíticas en estudios descriptivos y explicativos, desarrollados por geógrafos y teóricos de Las relaciones internacionales.

Concepto de Estado Nacional

Concepto de Estado Nacional

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Estado Concepto central de la ciencia política que designa la forma de organización jurídico-política por antonomasia, nacida en Europa en el siglo XVI y que ha sido adoptada posteriormente de manera universal.

Teorizado por Maquiavelo, surge en paralelo a la idea de soberanía y etimológicamente supone la plasmación estática de ésta. Es decir, representa la formalización de una autoridad permanente y pública que domina, por el interés general, un espacio territorial cerrado y a las personas que en él viven.

Frente al continuado y anárquico cambio social, el Estado supone la obediencia o la relación de dominación de unos hombres sobre otros que pone fin a la supuesta guerra civil. En definitiva, y en palabras de Weber, es la asociación que, dentro de unas fronteras espaciales, reclama para sí el monopolio de la violencia física legítima. El Estado es, al mismo tiempo, una comunidad política estable que agrupa una población en interacción social; e institución jerárquica fundada sobre impuestos y leyes que regulan a ese grupo humano.

En ese último sentido el concepto se enfrenta al de sociedad civil y se acerca a la noción amplia de gobierno como aparato en el que residen los poderes públicos, que se plasman en ejército, burocracia o diplomacia exterior.

No obstante, la idea de Estado es más amplia ya que incluye la definición de los intereses permanentes de la organización y no se limita, como el gobierno, a la dirección del proceso político presente.

Existen muy diferentes concepciones de lo que representa el Estado, tanto en la historia como en la actualidad, que normalmente se reflejan en doctrinas prescriptivas sobre el papel que debería jugar en el futuro.

Con independencia de las formas políticas pre-estatales (polis clásicas, imperios antiguos y reinos medievales), el Estado moderno surgió con la teoría absolutista* que pretendía justificar monarquías fuertes para evitar que la competición feudal o religiosa arruinara a Europa.

Posteriormente, cuando dicha función estaba asegurada pero el Antiguo Régimen y el mercantilismo proteccionista perjudicaban los intereses de la burguesía ascendente, las revoluciones liberales aportaron un nuevo diseño de Estado como mero guardián, mínimamente implicado en la regulación de la actividad social y respetuoso con el libre comercio y ciertos derechos individuales.

De ahí que la teoría marxista concibiera al aparato estatal como simple expresión instrumental de la clase dominante que era necesario eliminar.

No obstante, el socialismo posterior considera la posibilidad de utilizarlo estratégicamente y convertirlo en el garante supremo de la eliminación de desigualdades. Pero mientras los totalitarismos comunistas conciben un utópico futuro sin Estado, que les acerca al anarquismo autogestionario.

La socialdemocracia niega la conveniencia de su desaparición y basa su programa en una combinación entre respeto a la libertad y afirmación de un fuerte Estado del bienestar que intervenga activamente en la producción.

De hecho, la síntesis entre Estado social y liberal de derecho constituye actualmente el paradigma normativo de las democracias económicamente más avanzadas.

No obstante, y aunque se reserva así en éstas un importante papel al Estado (que aumenta en los regímenes autoritarios o en los países subdesarrollados, ya que es necesario contar respectivamente con un aparato represivo o una agencia de crecimiento), parece existir cierta encrucijada que plantea una crisis del modelo.

Los estados han de compartir la gestión de las competencias materiales con otros ámbitos públicos territoriales, como regiones u organizaciones supranacionales, y, además, el empuje de la doctrina y las recetas neoliberales ha hecho reducir su dirigismo en la economía de forma que, en los últimos años, se ha asistido a una desregulación de los mercados.

Sin embargo, y aunque para algunos politólogos tal escenario anima a considerar el Estado como un actor más de una realidad pluralista, la existencia misma de estos desafíos ha hecho que vuelva el interés por él y revigorizado el enfoque institucionalista, que sí admite la posibilidad de su autonomía.

En cualquier caso, las relaciones internacionales y la mayor parte de las investigaciones politológicas empíricas continúan considerando al Estado como el elemento configurador sobre el que descansa la disciplina. Esta, caracterizada por el estudio del poder público, no ha identificado aún ningún otro modelo de dominación tan efectivo que, sobre una esfera de acción exclusiva y excluyente, ejerza funciones tan generales y básicas.

Aunque varían enormemente en poder, todo el planeta está hoy homogéneamente organizado en formas estatales, no existe autoridad que los cree y, aunque el acelerado proceso de interdependencia supone la creación de organizaciones como la Unión Europea, incluso en esos ámbitos son ellos quienes determinan la esfera respectiva de acción.

Significado de la Division de Poderes en un Sistema Democrático

Significado de la División de Poderes en un Sistema Democrático

Los riesgos que conlleva un ejercicio ilimitado de poder o su ausencia total han sido constatados repetidas veces a lo largo de la historia. Ya en el siglo IV a.C, Aristóteles expuso en su Política la necesidad de diferenciar tres esferas de actividad dentro del estado —la elaboración de normas, la ejecución de las mismas y la administración de justicia—, convirtiéndose así en el precedente más antiguo de la moderna división entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

División de poderes

Principio de organización política por el que las distintas tareas de la autoridad pública deben desarrollarse por órganos separados. La división tradicional se ha basado en la existencia de tres poderes que se justifican por necesidades funcionales y de mutuo control.

Además, en los sistemas democráticos se concibe como un complemento a la regla de la mayoría ya que gracias a él se protegen mejor las libertades individuales. Aristóteles, en la consideración de las diversas actividades que se tienen que desarrollar en el ejercicio del gobierno, habló en su momento de legislación, ejecución y administración de la justicia.

Sin embargo, quienes realmente aparecen como formuladores de la teoría de la división de poderes son Locke y Montesquieu. Ambos parten de la necesidad de que las decisiones no deben concentrarse, por lo que los órganos del poder han de autocontrolarse a través de un sistema de contrapesos y equilibrios (checks and balances).

La primera división que efectúan separa el poder entre la corona y las demás corporaciones y, a su vez, dentro de éstas distinguen los poderes legislativo, ejecutivo y federativo; aunque Montesquieu sustituye el último término, que Locke relacionaba con los asuntos exteriores, por el judicial.

La defensa de la división de poderes se convierte a partir de ambas aportaciones en objeto principal del constitucionalismo liberal, que encuentra así un modelo institucional opuesto al absolutista. Además, esta fragmentación incluye la organización del legislativo en un parlamento bicameral ; la división del ejecutivo entre gobierno y burocracia; y en algunos casos, una adicional división territorial del Estado. Todo ello, junto con la existencia de unos derechos fundamentales, pasa a ser un requisito imprescindible para evitar la arbitrariedad del poder público y, por tanto, conseguir garantías para la autonomía individual de la acción.

Los dos más significativos ejemplos de la aplicación pionera de la división de poderes fueron las constituciones post-revolucionarias norteamericana y francesa. En los dos casos, el legislativo gozó en principio de primacía sobre el resto de los poderes y se dotó de independencia rigurosa al poder judicial.

En Francia la limitación de la acción del ejecutivo, al tener que observar el principio de legalidad, suponía que el parlamento dominado por la burguesía podía controlar al gobierno emanado del rey.

En Estados Unidos, por el contrario, el propio jefe del Estado era elegido democráticamente y la cuestión tenía más que ver con la distribución de responsabilidades que, siguiendo el diseño de Madison, quedaban parcialmente solapadas a través de la posibilidad excepcional de que el Congreso destituyera al presidente, de que éste vetase ciertas leyes, y de que los jueces pudieran reinterpretarlas.

Posteriormente, se asiste a un desplazamiento del protagonismo hacia el ejecutivo como consecuencia primordial de la expansión de tareas del Estado y la evidencia de que sólo el gobierno y la administración son capaces de absorberlas.

A pesar de esta tendencia, la respectiva y diferente legitimidad democrática del ejecutivo y el legislativo que es propia del presidencialismo norteamericano, hace mantener la independencia entre poderes. Por su parte, en el constitucionalismo inspirado por Francia e Inglaterra, la dirección del ejecutivo por la corona fue reemplazada por una designación parlamentaria del gobierno y, de esta forma, los poderes ejecutivo y legislativo pasaban más bien a ser interdependientes y derivados de la misma mayoría.

LA DIVISIÓN DE PODERES EN LA DEMOCRACIA

Así, en el parlamentarismo europeo, la división de poderes sólo se garantiza para el poder judicial, mientras que el poder legislativo, especialmente en los casos de estabilidad gubernamental, puede resultar paradójicamente más marginado del proceso decisorio que en el presidencialismo. Frente a los riesgos que con lleva esta concentración de poder, puede apelarse a las ventajas de una mayor coherencia en la elaboración de las políticas y, consiguientemente, una responsabilidad democrática más directa.

Después de Montesquieu, el concepto de separación de poderes se convirtió en una de las principales doctrinas del vigente derecho constitucional. Casi todas las constituciones modernas, desde la de los Estados Unidos de América, promulgada en Filadelfia en 1787, pasando por la declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano de agosto de 1789, hasta las constituciones de los nuevos estados de Asia y África, establecen la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

La división funcional entre las ramas del gobierno, sin embargo, no es matemáticamente precisa. En el estado constitucional moderno, el principio de compartimentación más que el de separación de poderes es el que predomina; el poder se controla porque está compartimentado o distribuido entre las diferentes divisiones del gobierno, de tal manera que cada una de ellas está sujeta al control recíproco de la otra y todas se ven forzadas a cooperar en el ejercicio del poder político.

Únicamente cuando un estado se apoya en el derecho se da la división de poderes. Las funciones encomendadas a los tres poderes no difieren sensiblemente de las previstas por Montesquieu, y en síntesis son las siguientes: el poder legislativo hace la ley, o más exactamente una de sus partes, la ley escrita.

El ejecutivo (que abarca no sólo al gobierno, sino a la larga lista de funcionarios públicos, es decir, la administración, la policía, las fuerzas armadas, etc.), lleva a cabo la ley aplicándola y obligando a su cumplimiento. El poder judicial interpreta la ley y, además en la práctica, ayuda a crear derecho en el caso del derecho consuetudinario o jurisprudencial.

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Fuente Consultada:
Conceptos Fundamentales de Ciencia Política – Ciencias Sociales Alianza Editorial
Enciclopedia HISPÁNICA Tomo 12

Concepto de los Derechos Fundamentales Resumen

Resumen Concepto de los Derechos Fundamentales

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Concepto de Derechos Fundamentales:

En contraste con la idea absolutista de soberanía, que concedía a la autoridad pública un poder ilimitado de intromisión en la esfera privada del ciudadano, las revoluciones liberales acotaron una serie de ámbitos de privacidad donde el individuo no podía ser molestado. Nacieron así los derechos fundamentales como la síntesis que resulta de combinar las dos tradiciones filosóficas humanistas y cosmopolitas del siglo XVIII: el ilusnaturalismo y el racionalismo ilustrado.

Aunque los catálogos decimonónicos reconocían las libertades más básicas como la de expresión, la de asociación o la ideológica y religiosa, se vincularon también a los intereses económicos de la burguesía e incluyeron la garantía de protección de la propiedad o el libre movimiento. Posteriormente, el desarrollo democrático ha subrayado la importancia de estos derechos y ha incluido mecanismos eficaces de defensa jurisdiccional de los mismos.

Así, la inicial técnica consistente en plasmarlos en declaraciones no vinculantes (Virgina en 1776 o Francia en 1789) fue depurada en el constitucionalismo posterior que positivó nuevos derechos, como el de huelga o sindicación, y dotó a todos de más eficaces garantías. Hoy, en la medida en que los derechos fundamentales estén ampliamente reconocidos y protegidos, se puede hablar de que un determinado sistema político constituye un Estado de Derecho.

Los derechos fundamentales, reconocidos a la población en general, suelen distinguirse de los derechos políticos, que se relacionan con la participación en los asuntos públicos de la nación y se restringen a los ciudadanos.

A partir del período de entreguerras se ha llegado también a reconocer, como valores dignos de protección, una serie de aspiraciones al bienestar económico y cultural, pero estos derechos sociales merecen menores defensas que las tradicionales libertades que se vinculan al individuo. Y es que aunque en muchas democracias se reconoce que los poderes públicos deben evitar las injustas desigualdades, sigue considerándose más exigible que éstos no cometan arbitrariedades.

Así, incluso hoy existen movimientos politizados, como el que reivindica en Norteamérica los civil rights, que pretenden ampliar los catálogos o denunciar amenazas persistentes y discriminaciones sobre los ya reconocidos. Aunque es frecuente utilizar indistintamente las expresiones derechos fundamentales y derechos humanos, existe una diferente significación en función del ámbito en el que se empleen.

Así, los primeros se refieren a los derechos jurídicamente vinculantes a nivel interno, mientras que los últimos designan los derechos supuestamente naturales positivados en tratados internacionales.

Por tanto, los derechos fundamentales, al quedar recogidos en las constituciones nacionales, suelen disfrutar de un mayor grado de concreción y garantía efectiva a pesar del consenso expresado sobre los segundos en la ONU a través de la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y el Pacto convencional de 1966.

Aunque en el mundo democrático se violan ocasionalmente, es en los regímenes dictatoriales donde se produce una sistemática falta de consideración a los mismos. El relativismo cultural ha llegado incluso a justificar esta situación, apelando al origen occidental de estos derechos y el supuesto etnocentrismo que supone el pretenderlos universales.

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Objetivos de Constitucion de un Estado Origen y Evolución

Objetivos de la Constitución de un Estado

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Constitución de un Estado:

Conjunto de reglas fundamentales por Las que se rige un Estado y que, allí donde supera el mero carácter programático, se convierte en la fuente primaria del ordenamiento jurídico. Es decir, su contenido es de obligado cumplimiento por todos, incluyendo a los poderes públicos ulteriores, por lo que el conjunto de la legislación subordinada ha de estar informada por su espíritu. Aunque en principio también debe existir ajuste fiel a su letra, los intérpretes constitucionales suelen orientarse a garantizar el respeto a la finalidad de sus enunciados básicos.

Se consigue así la pervivencia y la adaptación de textos muy antiguos a nuevas situaciones, si bien la resistencia a realizar reformas puede llevar a mutaciones que traicionan la idea original. La constitución es un instrumento básico de la ideología democrática liberal, ya que el gobierno sometido a ella tiene constricciones y contrapesos institucionales que limitan su poder y la posibilidad de que corneta arbitrariedades contra los individuos.

De hecho, proclamando y protegiendo los derechos fundamentales se pone en el mismo plano a la autoridad y a los gobernados. Estos textos básicos, por tanto, cumplen una doble función que, tradicionalmente, se ha denominado dogmática y orgánica. Mientras la primera alude a la proclamación de los principios primordiales del régimen político instaurado y a la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, la función orgánica se refleja en la articulación efectiva de la división de poderes.

Las constituciones han ido evolucionado a lo largo de la historia desde su primera expresión liberal censataria, a finales del siglo XVIII, que sólo aspiraba a la supresión del absolutismo del monarca, la introducción de un parlamento en la estructura de gobierno y el reconocimiento de unos derechos mínimos para quienes eran considerados ciudadanos. Más adelante,

La restauración del Antiguo Régimen obligó a compromisos entre la tradición y las recientes conquistas de la burguesía, que se expresaron a través de cartas otorgadas. Por eso, en realidad, el constitucionalismo democrático nace durante la segunda parte del siglo XIX cuando se consolida el parlamentarismo, se extiende el sufragio universal y comienzan a reconocerse derechos políticos y sindicales.

Durante el siglo XX, el progreso es aún mayor y, a partir del principio de soberanía popular, se acude a la inclusión de derechos sociales y, a menudo, la supresión de las cámaras aristocráticas o la sustitución de las monarquías por repúblicas. Hoy todas las democracias son constitucionales aunque, al menos, existen dos formas de concebir el papel de las normas básicas en la vida política.

Así, aquellos modelos consociacionales preocupados por preservar los derechos de las minorías, tratan de blindar el sistema contra posibles excesos autoritarios futuros y conceden gran importancia al respeto de un detallado pacto constitucional que, normalmente, está asegurado por un tribunal independiente.

Más orientativos y cortos resultan los textos fundamentales, que a veces ni siquiera están escritos, en las democracias basadas sobre el principio de la mayoría. En estos casos no se considera legitimo que el parlamento del momento esté sometido a la rigidez del pasado o al activismo judicial de un órgano no elegido.

ALGO MAS…La constitución escrita más antigua e influyente del mundo es la de Estados Unidos de América, En su origen consistía en un preámbulo y siete artículos, fue esbozada en 1787, firmada en septiembre de ese año y entró formalmente en vigor el 21 de junio de 1788, cuando fue ratificada, como exigía su propio Artículo Vil, por nueve de los trece Estados que existían en la época.

Su preocupación más general, manifestada en el breve preámbulo, es «garantizar los beneficios de la libertad», una aspiración que refleja el hecho de que la guerra en que Estados Unidos se había enfrentado a los ejércitos de Jorge III, un «tirano … incapaz de ser el gobernante de un pueblo libre», había acabado sólo cinco años antes. La preservación de la libertad se logrará sobre todo limitando el poder del gobierno, y esto se plantea en los tres primeros artículos mediante la famosa separación de poderes: el poder legislativo se confiere al Congreso (Artículo I), el poder
ejecutivo a la presidencia (Artículo II) y el judicial reside en los tribunales (Artículo III).

El resto de la Constitución comprende 27 enmiendas, cada una de las cuales tuvo que ser aprobada según las fórmulas establecidas en el Artículo V. Entre ellas, las diez primeras forman en conjunto la Carta de Derechos y fueron adoptadas a la vez el 15 de diciembre de 1791.

La Primera Enmienda protege diversas libertades, incluidas las de religión, expresión, reunión y de prensa, y la Quinta garantiza el derecho de los testigos a guardar silencio si su testimonio puede proporcionar pruebas contra ellos. De las demás enmiendas, son especialmente notables la Décimo tercera, que abóle la esclavitud (1865), la Décimo cuarta, que garantiza protección igual bajo la ley, la Décimo quinta, que establece el derecho a voto independientemente de la raza (1870), y la Décimo novena, que permite el sufragio femenino (1920).

Fuente Consultada:
50 Cosas Que Hay Que Saber de Política Ben Dupré
Conceptos Fundamentales de Ciencia Política – Ciencias Sociales Alianza Editorial
Enciclopedia HISPÁNICA Tomo 12

La Sociedad y Su Organización Social Objetivos y Caracteristicas

La Sociedad y Organización Social
Objetivos, Tipos y Características

Concepto de sociedad: Cuando un grupo de hombres de negocios se unen entre sí para instalar una fábrica de galletitas, constituyen una sociedad: sociedad industrial; los científicos que se unen para ayudarse mutuamente en sus estudios e investigaciones, forman una sociedad: sociedad científica; varios hombres reunidos para estimularse al cumplimiento de sus deberes religiosos y promover su propio perfeccionamiento espiritual forman una sociedad religiosa. Existen sociedades de todas clases, desde la sociedad familiar y estatal, hasta la sociedad protectora de animales.

Ver También: Formas Injustas de Organización Social

1. Qué se entiende por sociedad: Sociedad es la unión moral y estable de personas que cooperan para buscar un bien común por medios adecuados, sociedad.

a) Sociedad: Supone pluralidad de miembros; no se concibe la sociedad de uno consigo mismo.

b) Unión moral: Moral se opone a físico. El vínculo de unión no puede ser físico, sino, moral, es decir, algo que una las inteligencias y las voluntades. El fin que se propone la sociedad, es cabalmente, ese vínculo moral que une a todos sus miembros.

c) Estable: La unión de voluntades debe ser duradera. No se puede llamar verdadera sociedad a una reunión transitoria de personas para lograr un fin momentáneo, como sería remover un obstáculo, o recibir a un personaje, etc.

d) Para buscar un bien común: El objetivo que se desea alcanzar socialmente es el fin de la sociedad. Toda sociedad debe tener alguna finalidad. No es posible suponer una sociedad que no se proponga nada. La finalidad debe consistir en algo bueno, de lo contrario la sociedad se transforma en una asociación ilícita. Debe tener un carácter social o comunitario: para todos en conjunto y para cada uno en particular. De ahí que toda sociedad debe buscar un «bien común». Según sea la finalidad, así será el carácter de la sociedad: artística, religiosa, mutual, deportiva, etc.

e) Por medios adecuados: Los integrantes de la sociedad deben usar recursos convenientes y proporcionados para lograr el fin que se han propuesto.
Para alcanzar su finalidad de sanar al enfermo, el médico emplea medios aptos para su propósito: medicinas, régimen alimenticio, etc.

Los miembros de la sociedad establecen los medios aptos de que se valdrán para alcanzar el ideal propuesto, y todos los asociados deberán cooperar usando los medios adecuados para obtener el «bien común».

De los elementos que componen cualquier sociedad son los más importantes, por ser constitutivos, los siguientes:

• Pluralidad de miembros.
• Unión moral.
• Estabilidad.
• Finalidad.
• Medios comunes, adecuados.

El hombre es un ser sociable por naturaleza: nace con la ten dencia a vivir en sociedad.

Su estado natural de indigencia y de incapacidad para lias tarse a sí mismo y la tendencia a compartir sus estados aní micos (pensamientos, deseos, alegrías, tristezas, temores, etc.), lo impulsan a la vida en sociedad.

Esa inclinación a vivir en sociedad se denomina sociabilidad. Es una tendencia innata.

Siempre ha existido en el hombre la sociabilidad. El mismo lenguaje lo está indicando: si lo aprendió de olios fue preciso que alguien se lo enseñara y si lo inventó fue indudablemente para comunicarse con los demás nombres.

2. Sociabilidad humana:

más de nacer el hombre en el seno de una pequeña sociedad: la familia, y en otra mayor: la nación, y, generalmente también en una sociedad religiosa; siéntese inclinado a integrar simultáneamente varias sociedades: constituir su propia familia y participar en sociedades religiosas, deportivas, profesionales, asistenciales, etc.

Clases de Sociedad: Las sociedades pueden clasificarse en: a) naturales o necesarias y b) voluntarias o libres.

a) Naturales (necesarias): Son las exigidas por las mismas leyes de la naturaleza, p. ej. la familia.
b) Voluntarias (o libres): Son las surgidas por la libre iniciativa del hombre; son fruto de la voluntad humana; p. ej. una sociedad deportiva.

Las principales sociedades son:

Sociedad doméstica o familia, ordenada a la propagación material y moral de la especie humana.

Sociedad civil, o el conjunto de las familias y de los hombres destinada a proporcionar el máximo de seguridad y de prosperidad a las familias e individuos: pueblo, nación.

Sociedad religiosa, cuya finalidad es el perfeccionamiento espiritual de los hombres y llevarlos a la obtención de su felicidad ultraterrena: Iglesia.

Sociedad Civil:

Término con el que se hace alusión a instituciones sociales tales como los mercados o las asociaciones voluntarias, que ocupan una posición intermedia entre el Estado y la familia. Es decir, sociedad civil seria, en general, la esfera pública que está fuera, de forma plena o mitigada, del control directo por parte del aparato de gobierno.

Los teóricos del concepto suelen ligar su desarrollo al progreso económico y democrático de una determinada comunidad política, pero es difícil establecer la relación causal que une ambos fenómenos. Desde una perspectiva liberal, se subraya la relevancia del florecimiento del capitalismo en un territorio como premisa para que crezca una sociedad civil, vertebrada sobre el respeto a la libertad, que supuestamente garantiza la consolidación democrática.

Por su parte, las concepciones comunitaristas relativizan la importancia del elemento mercantil e individualista y apuntan ala existencia de un régimen político no autoritario o a tradiciones sociales participativas como factores que alientan la aparición de organizaciones voluntarias que elevan la atildad de la democracia.

Ambos puntos de vista, en todo caso, coinciden en señalar las ventajas de la autonomía de una sociedad pluralista con respecto al Estado, y de ahí que pretendan limitar el protagonismo de éste.

La respuesta de la teoría del Estado se ha basado en subrayar el carácter intrínsecamente egoísta de la sociedad civil, en palabras de Hegel, o el resultado injusto al que conduce el utilitarismo liberal por pretender, según Ketsen, la felicidad del mayor número posible de individuos renunciando a la felicidad de los individuos menos afortunados, que sólo un Estado fuerte y racionalista podría garantizar.

Un análisis histórico comparado muestra, no obstante, que las relaciones entre Estado y sociedad civil no suelen ser de suma cero sino que, dependiendo de la configuración interna del Estado (infraestructural o policial) y su posición en el sistema internacional (proyección comercial o bélica), la interacción puede ser mutuamente positiva o negativa.

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL:

Organización es la conveniente disposición de las partes que componen un todo.

Un reloj es un todo, es decir, un mecanismo destinado a se ñalar las horas. Cada rueda, resorte, engranaje, etc., que lo forman es una parte de ese todo. Para que el reloj cumpla su misión se requiere que en ese mecanismo haya organización: que cada pieza ocupe su lugar, que exista trabazón y coordi nación entre todas las partes de modo que el mecanismo pue da funcionar regularmente.

El mundo físico presenta admirables ejemplos de organización: la actividad de las varias partes del átomo y de la molécula, estrictamente subordinadas entre sí y al conjunto por la ener gía. La complejidad y regularidad con que el viviente se man tiene, se defiende, se repara. La organización se refleja de manera curiosa en las maravillas del instinto animal, en la asociación de las abejas y de las hormigas, del castor, etc.

Organización social es la ordenada disposición de los ciernen tos que forman una sociedad.

Existe organización en el pequeño grupo social que es la la milia: el padre es el jefe, la gobierna y trabaja para ganar el sustento para los suyos; la madre comparte con el padre el gobierno de la casa, se ocupa de los quehaceres domésticos y del cuidado do los niños; los hijos obedecen las directivas de sus padres, cumplen sus deberes de estudiantes y realizan los trabajos que se les encomiendan.

Las familias y los individuos en particular se reúnen para alcanzar bienes que no lograrían individualmente, dando origen a una sociedad mayor y más compleja: la sociedad civil.

3. Necesidad de la organización social.
La organización social es absolutamente necesaria para que reine el orden y para que cada miembro de la comunidad pueda alcanzar su finalidad.
Cualquier sociedad, desde la más simple hasta la más compleja, para funcionar eficientemente necesitan organización. No solo las sociedades, toda actividad para ser fructífera * debe estar organizada. La ausencia de organización genera desorden, caos y anarquía.Siendo tan necesaria la organización social, no puede dejar de existir, en la sociedad mayor, el Estado, que es una sociedad tan compleja.Precisamente la expresión «organización social» se refiere principalmente, a la organización de la vida en la sociedad política o Estado.De esto se tratará en el punto siguiente: formas de organización social.

4. Elementos.
Toda organización social requiere dos elementos: autoridades que gobiernen y leyes que regulen los deberes y derechos. En la organización simple de la familia, los padres son las autoridades que gobiernan; sus disposiciones y órdenes, vendrían a ser las leyes que regulan la vida en el hogar. No se concibe ninguna sociedad sin esos dos elementos: autoridades y leyes.

Un cuadro de fútbol tiene su capitán y debe observar un reglamento del juego. Cualquier asociación, club, gremio, compañía, tiene su comisión directiva y sus estatutos o reglamento. Si en cualquier sociedad se necesita una autoridad que dirija la actividad de los miembros para alcanzar la finalidad que se propone, con mayor motivo es necesaria la autoridad en la sociedad política o Estado.

La autoridad, o gobierno, es un elemento primordial al Estado, sin El no podría existir.

El Estado es una sociedad muy compleja. Existen en las personas que la componen muchos puntos de vista, muchos egoísmos e intereses particulares que harían imposible alcanzar el bien común sin una autoridad que establezca por medio de leyes lo que debe hacerse. Se requiere también que la autoridad exija el cumplimiento de esas leyes.

El Estado sin autoridad cae en la anarquía y en el caos. Las leyes ordenan, la vida en la sociedad: establecen los deberes y derechos; determinan los procedimientoes que se deben seguir y las penas que se deben aplicar en caso de no ser observadas.La autoridad estatal no es absoluta. Está limitada por los derechos de la persona humana, de la familia, y de otras sociedades libres; por la constitución y leyes de la nación y por la ley natural y divina.

5. No se opone a la libertad.
La organización social no es contraria a la libertad individual, sino reguladora de esa libertad. Nadie puede pretender una libertad absoluta: sería irracional e ilógico. Diversamente con lo que ocurre en algunos salvajes, el hombre civilizado impone restricciones a su libertad según normas dictadas por el decoro, la moral y la urbanidad.

El deber de respetar la libertad ajena restringe la libertad individual. La misma vida social exige normas de conducta que hagan posible la convivencia. Si cada miembro de la sociedad quisiera actuar caprichosa y arbitrariamente se viviría en el desorden y en la anarquía.
La regulación del tránsito facilita la circulación, la no regula ción la entorpece; la organización social facilita el desarrollo de las actividades personales, de las sociedades menores y de todo el cuerpo social.

6. Respeto de la persona humana.
La organización social no puede ser mecánica, hasta reducir a las personas a meros engranajes de un gran mecanismo que es el Estado, como ocurre en los regímenes totalitarios. Los miembros de la sociedad no son piezas de una máquina. son seres humanos con una dignidad personal que no puede ser atropellada. Deben respetarse las libertades individuales y la de los diversos grupos, armonizando los intereses y de rechos particulares con los intereses y derechos del cuerpo social.

7. En caso de conflicto.
Se debe procurar que las actividades individuales y de los grupos sociales menores se desenvuelvan sin tropiezo pero sin oponerse al bienestar general. En caso de un conflicto entre un bien particular y un bien general, prevalece el bien general porque es un principio umversalmente admitido que lo particular cede ante el bien común.

Ejemplo: El enfermo atacado de enfermedad contagiosa, a quien se le impide el impreso al país, no puede alegar los perjuicios que le ocasiona esa medida sanitaria: el bien de todos, el peligro de inficionarse con la enfermedad, prevalece sobre el bien particular.

FORMAS DE ORGANIZACIÓN SOCIAL:

Las formas de organización social son diversas. Dependen de la diversidad de países, costumbres, épocas; del diverso grado de civilización, etcétera.
La historia de la humanidad presenta múltiples tipos de organización social. Las antiguas, basadas generalmente en el concepto de la desigualdad de los hombres; las modernas, partiendo del punto de vista de que todos los hombres son iguales. Cuando se habla de igualdad, debe entenderse igualdad jurídica.

1.Qué es la igualdad jurídica: Igualdad jurídica significa que todos los hombres son iguales ante la ley: tienen los mismos derechos, los mismos deberes e idénticas posibilidades.
El artículo 1° de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…» y el artículo 7º «Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley.» La igualdad jurídica se basa en la igualdad de naturaleza.

2. Igualdad de naturaleza: Debe reconocerse al cristianismo el mérito de la enunciación y difusión del principio sagrado de que todos los hombres son iguales por naturaleza. Consiste esa igualdad en que teniendo la misma naturaleza humana están todos los hombres revestidos de la misma eminente dignidad de hijos de Dios.

3. Igualdad jurídica no es igualación social: No debe confundirse igualdad de naturaleza con igualdad jurídica ni con igualación social.

Igualdad de naturaleza: Todos los hombres, por el solo hecho de serlo, tienen la misma dignidad.
Igualdad jurídica: Todos los hombres son iguales ante la ley.
Igualación social: Todos los hombres deben ser iguales, sin distinción de fortuna, cargos, etc.

La pretendida igualación social que sueñan algunos ilusos es imposible.

Los hombres son desiguales en muchos aspectos; por ejemplo, en salud, fuerza física, inteligencia, laboriosidad, virtudes, etc. Aun en el supuesto caso, que en determinado momento se llegara a una igualación económica general, al poco tiempo se rompería el equilibrio: los de espíritu de trabajo y de ahorro aventajarían a los otros abandonados a la pereza y el despilfarro.

Siempre existirán desigualdades entre los hombres: habrá hombres de inteligencia aguda y otros de escaso ingenio; genios de la música, pintura y escultura y otros que son artistas mediocres; habrá mentalidades creadoras y otras organizadoras; unas especulativas y otras prácticas, etc.; pero, frente a la ley todos serán considerados iguales y tendrán las mismas posibilidades para desarrollar sus aptitudes.

4. Tipos de organización.
Pero, aun admitiendo como presupuesto la igualdad jurídica de todos los hombres, se han dado diversos tipos de organización:

a) Liberalismo: El individualismo o liberalismo, llamado así porque considera como fundamento y fin de todas las leyes al individuo y porque exalta exageradamente la libertad individual, organiza el Estado teniendo como base y fin al indi viduo y su libertad. Considera al Estado como una aglome ración de individuos sin lazos sociales de intereses ni de tradiciones familiares.No tiene en cuenta los núcleos familiares ni organismos intermedios.

Reduce la sociedad a dos elementos: un gobierno frente a una multitud atomizada de ciudadanos, todos iguales como tantas unidades aritméticas.
La función del Estado es meramente negativa: asegurar una libertad igual a todos los ciudadanos y defenderlos contra lo que pueda menoscabar esa libertad. Pero no debe entróme terse en asuntos sociales o económicos. La libertad solucio nará todos los problemas.

Ese crudo liberalismo llegó a su apogeo en el mundo entre los años 1850 y 1890, y causó grandes males sociales principalmente entre las clases más humildes. Llevó a la concentra ción de grandes riquezas en pocas manos y sumió en la pobre za a grandes multitudes. En la actualidad ya nadie lo sostiene, a no ser en sus formas más mitigadas.

b) Totalitarismo: El totalitarismo exalta al Estado y deprime a la persona. En la organización social considera al Estado como un absoluto  delante del cual persona y grupos sociales son lo relativo reduce el individuo a un engranaje de un gran mecanismo que es el Estado.

Pretende que los derechos y libertades individuales estén sometidos o anulados en favor del Estado. La forma más cruda de organización social totalitaria está representada actualmente por los regímenes comunistas.

5. Formas de Gobierno:  En cuanto a la organización del gobierno de la sociedad política, tres son las formas fundamentales y clásicas, ya enunciadas en la antigüedad por el filósofo Aristóteles: monarquía, aristocracia y democracia.

Se las llama formas simples; las mixtas son las que resultan de la combinación de las simples.

a) Monarquía: Es la organización política en la que una persona con el título de rey, emperador o príncipe ejerce el poder mientras dure su vida.

b) Aristocracia: Es la organización que pone el gobierno en manos de varias personas que, o por nacimiento, ciencia, profesión o riqueza constituyen una clase privilegiada.

c) Democracia: Es la organización por la que gobierna el pueblo. Se tiene en cuenta sobre todo la libertad e igualdad de los hombres, para darles a todos alguna participación en el poder.

Coordinación de esfuerzos individuales para el logro del bien general:

«La finalidad de toda organización social es el acrecentamiento más grande posible, para cada uno, de los bienes del cuerpo, o del espíritu y de la familia».

Para alcanzar ese bienestar general que redundará en beneficio de todos y cada uno se requiere la cooperación y la coordinación de los esfuerzos individuales. «La unión hace la fuerza», dice un conocido refrán. Cooperar es un deber correlativo al concepto de sociedad. En toda asociación sus miembros deben actuar para la obtención del bien social común.

Con el esfuerzo individual aislado resulta difícil, por no decir imposible, remediar las necesidades e incrementar la prosperidad pública.

Lo que no puede uno solo, lo pueden muchos. Pero no es suficiente sumar los esfuerzos individuales, es necesario coordinarlos para que no resulten ineficaces.

Ejemplo: En una diligencia tirada por ocho caballos, es indispensable que la fuerza de cada uno, no se oponga.a la de los otros, sino que esté unida y coordinada con las demás en una misma dirección, y así logran trasladar el pesado carruaje. Las fuerzas se suman y se ordenan y el esfuerzo queda repartido entre todos.

Fuente Consultada: Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Clientelismo Politico Conceptos Defincion Administracion Soberania

CONCEPTOS DE CIENCIA POLÍTICA: EL CLIENTELISMO

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Clientelismo político Situación de relación mutua entre Los agentes del Estado y ciertos grupos o personas que, a cambio de apoyo político a aquéllos, aceptan el trato privilegiado que se les ofrece. Son muchas sus posibles manifestaciones y no existe un modelo absolutamente claro que permita diferenciarlo de otros comportamientos similares tales como el nepotismo, el caciquismo o, en general, la corrupción política.

Los precedentes se remontan a la sociedad romana, cuando la clientela identificaba una relación de dependencia económica y política entre sujetos de estatus diverso, que llevaba aparejada la protección jurídica y social de los intereses del cliente a cambio de, entre otras posibilidades, la defensa armada que éste hacia del denominado patronos. Hoy han desaparecido las situaciones similares al servilismo romano y medieval, pero siguen existiendo comportamientos de clientelismo y patronazgo más o menos personalizado y afectivo entre actores de recursos políticos desiguales que obtienen ventajas reciprocas.

Transacciones de este tipo son comunes en los procesos electorales y en diferentes instituciones como los partidos, los parlamentos o los aparatos administrativos.

La contraprestación al apoyo político recibido suele manifestarse en recompensas cuantificables en dinero o cierto poder en la organización a través de la designación para algún cargo público.

Concepto de Ciudadania Conceptos de Ciencia Politica Administracion

Concepto de Ciudadanía – Ciencia Política

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Ciudadanía Condición del individuo como miembro de una comunidad política a la que está jurídicamente vinculado por el mero hecho de la pertenencia. Frente a La supuesta universalidad de los derechos fundamentales, la ciudadanía da acceso al disfrute de Los derechos políticos y económicos reconocidos por la colectividad estatal a La que se adscribe el ciudadano.

Recíprocamente, no obstante, la relación entre ciudadano y Estado también implica que el primero debe cumplir con una serie de deberes morales hacia la comunidad. Esas obligaciones se concretan, según sea la concepción conservadora, liberal o socialista, subrayando respectivamente la defensa de la patria, el civismo individual o la solidaridad redistributiva.

A pesar de que, al menos en el ámbito de la Unión Europea, existe una potencial extensión supranacional de los contenidos de la ciudadanía, lo cierto es que este concepto se solapa normalmente con el de nacionalidad. No fue así en su origen clásico, cuando apareció vinculada a otros espacios como la ciudad griega o el Imperio romano y, a la vez, Limitada a ciertos habitantes.

En el primer caso, frente a la gran masa de esclavos que poblaban la polis, el ciudadano era el único individuo capacitado para desarrollar una actividad política gracias a su condición familiar o económica.

En la antigua Roma, por su parte, similares motivos de nacimiento o de propiedad limitaban la ciudadanía a los individuos que gozaban de la denominada tijo nomino, consistente en el praefornen, el nornen y el cognomen. Coincidiendo con las revoluciones liberales y la creación de estados-nación, el concepto adquiere sus características modernas en contraposición a las ideas de súbdito, que es propia del absolutismo, y de extranjero.

La progresiva extensión de los derechos juridico-políticos reconocidos al ciudadano comenzó entonces, a partir de una definición muy restringida de quién conformaba la nación y tenia, pues, derecho al sufragio. Desaparecido el criterio aristocrático, la limitación censataria por razones económicas y de género fue eliminándose progresivamente durante el siglo XX y, además, se reforzó la concepción de la ciudadanía como titulo para acceder a muchas prestaciones económicas y sociales que son propias del Estado del bienestar.

La Argentina es un país de inmigración. Ello está previsto en la Constitución Nacional que estableció el sistema de «ciudadanía natural» o de la «ley del suelo»: el que nace en nuestra tierra es argentino, independientemente de la nacionalidad de sus padres.

Sobre la superioridad de este sistema ha escrito Carlos Pellegrini:

«… No puede existir para un hombre más familia ni más hogar que el medio en que ha nacido y se ha criado, indudablemente se sentirá ligado al hogar de sus abuelos por vínculos de consideración y de respeto profundo; pero todas las raíces de sus sentimientos íntimos lo atan al hogar y a la familia en que ha nacido, cuya savia se ha apropiado y donde ha recibido las primeras impresiones, que modelaron su espíritu e imprimieron los rasgos característicos de su propia personalidad.

Este mismo hecho se produce con respecto a la nacionalidad y a la patria. Es inútil querer inculcar al niño el principio, y al hombre más tarde, que su patria no es aquélla en que ha nacido, en que se ha desarrollado, en la que se ha hecho hombre después, sino otra patria lejana, a la que nunca ha visto ni conocido.

La diferencia de origen entre los hijos de inmigrantes de distintas nacionalidades desaparece desde la infancia, en virtud de la comunidad de vida en la escuela o en el taller, en el trabajo o en la recreación; por otra parte, en la primera edad es cuando se modela el espíritu, ‘bajo la influencia del medio, y cuando se desarrolla ese sentimiento de apego al suelo, de unión, de solidaridad, de recuerdos, que se manifestará más tarde en ardiente patriotismo.

La unidad de la lengua favorece forzosamente esta fusión y explica el hecho, demostrado ya por los Estados Unidos, de que los descendientes de inmigrantes de diversas razas, de lenguas, de religión, de hábitos y de costumbres distintas, pueden amalgamarse de una manera tan completa que no son ya más que una masa popular perfectamente homogénea.

… Como los azares de la vida, en el curso de los siglos, dispersan a la raza primitiva por toda la tierra, ésta ha estado creando bajo la influencia del medio nuevos tipos, que, con el andar del tiempo, se han encontrado y se han mezclado para formar, a su vez, nuevos cruzamientos de sangre, que, en realidad, no son más que modalidades de una misma raza primitiva.

Este mismo fenómeno está repitiéndose en la República Argentina, como en todas las repúblicas americanas, y este sentimiento espontáneo y enérgico llama la atención a cada momento, ante la altivez, el orgullo con que una criatura nacida en este país, ya sea hijo de español, de francés, de italiano o de alemán, afirma, cuando se le interroga, que su patria es la República Argentina.

Esta República reúne, pues, todas las condiciones requeridas para ‘legar a ser con el tiempo una de las más grandes naciones del globo. Su territorio es inmenso y fértil (tiene una superficie igual a la de Europa entera, menos Rusia); puede dar cómoda hospitalidad a cien millones de hombres; posee todos los climas y, por consiguiente, todos los productos, desde las zonas tropicales hasta los de las regiones polares. Sus ríos y sus montes están entre los más considerables de la tierra. Tiene por frontera marítima el Océano, que la pone en contacto fácil con el mundo entero…».

Burocracia Estatal Conceptos de Ciencia Politica Administracion

CONCEPTOS DE CIENCIA POLÍTICA: BUROCRACIA ESTATAL

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Burocracia Término que ha trascendido su significado literal, gobierno de los funcionados, para referirse a muy diversos fenómenos. Usado impropiamente como sinónimo de administración* o de todo tipo de organización compleja, tiene una connotación peyorativa en el lenguaje cotidiano que alude a la administración lenta e ineficaz. Sin embargo, según Max Weber, el modelo burocrático es aquel tipo ideal donde se maximiza la eficiencia de la organización gracias a que existen reglas generales y abstractas, procedimientos estandarizados, división racional del trabajo, despersonalización y jerarquía.

Sus miembros gozan de continuidad al haber sido reclutados por mérito y capacidad a partir de concursos competitivos. El modelo burocrático es así el más legitimo y el que más se ha generalizado, aunque no está exento de ineficiencias como las que surgen al exacerbarse la preocupación por el estricto seguimiento de los controles procedimentales centrados en la literalidad de la ley. Para la ciencia de la administración la burocracia también puede ser un concepto neutral que engloba, limitándose quizás a la élite de los mismos, a los funcionarios públicos. Al referirse a quienes dirigen la gestión pública por su cualificación técnica y no por la elección popular, los estudios sobre la burocracia se acercan a la etimología de la palabra, como poder en Los despachos.

Es decir, se trata de analizar hasta qué punto el burócrata, en teoría mero ejecutor neutral y profesional de las decisiones políticas, influye en las mismas a través del asesoramiento o la discrecionalidad en la implementación. No obstante, también merece ser analizado el fenómeno contrario de politización de la burocracia, por medio de relevos generalizados entre los funcionarios que quedan asi reducidos a mero botín electoral (spoilssystem).

El modelo clásico de separación entre política y administración puede servir para las decisiones excepcionales, electorales o criticas, pero no en las mícrodecisiones rutinarias donde la burocracia suele ser autónoma o, al menos, interactiva con el parlamento y gobierno.

Así surge su habitual alianza, en los llamados pollcy networks, con los poderes públicos y los particulares interesados en un determinado sector de la gestión política. Además, como advierten Niskanen y otros autores neoliberales, la burocracia trata de influir en el aumento del tamaño de la propia administración pública. Esta orientación al crecimiento es propia de un actor egoísta racional, pues así los altos cargos consiguen un mayor protagonismo.

En el libro de Ben Dupré: 50 cosas que hay que saber sobre política explica la burocracia, respecto de la función pública:

«La función pública es el motor que mueve el Estado moderno. Desde los altos funcionarios que asesoran a los sucesivos ministros y supervisan la puesta en práctica de la política del gobierno al más humilde oficinista en un despacho de Hacienda, los funcionarios del Estado —el inmenso grupo de empleados que están a cargo de la Administración pública— son la sangre vital que transporta el oxígeno de la vida pública.

En todos los países del mundo, la función pública es la burocracia más numerosa y consumada y, como tal, atrae el tipo de críticas que se dirigen invariablemente a toda organización burocratizada. La caricatura típica del funcionario es implacable y nada halagadora: un legalista quisquilloso, aletargado y egoísta que oculta su propia incompetencia bajo montañas de papeleo fabricado, con derroche e innecesariamente, a costa del erario público.

La paradoja es que son los mismos rasgos que nutren el estereotipo popular los que convierten a la función pública en un elemento esencial del Estado moderno: sus defectos son también sus virtudes. Lo cierto es que estos difamados servidores del Estado son indispensables, y hay pocos aspectos de nuestras vidas que, de faltar ellos, no se sumirían en el caos.

La función pública como burocracia: Por estructura y organización, una función pública moderna es en esencia burocrática: una jerarquía en la que la cadena de mando es muy clara, la división de tareas y responsabilidades está bien definida, y las decisiones se toman partiendo de normas y reglamentos explícitos y supuestamente objetivos. Las potestades concedidas a los funcionarios están limitadas le-galmente y se ejercen en virtud del cargo que ocupa la persona. Dada la naturaleza de su trabajo, los funcionarios no suelen ser muy apreciados, pero mientras su autoridad sea reconocida por aquellos sobre la que se ejerce (los ciudadanos) como imparcial y razonable, se les respeta y desempeñan un papel importante en el establecimiento de la legitimidad popular del Estado democrático.»

El Anarquismo Politico Conceptos de Ciencia Politica Administracion

El Anarquísmo – Conceptos de Ciencia Política

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Anarquismo Doctrina fundamentada en el concepto de anarquía como ausencia de autoridad o de gobierno. No hay una única concepción anarquista pues cuenta con muy diversos teóricos (Proudhon, Bakunin, Kropotkin), pero si existen unos mínimos rasgos comunes. El deseo de abolir el Estado, el método autogestionario, las visiones utópicas, la libertad como meta individual y el rechazo a la religión y a las materializaciones occidentales, son algunas de sus señas de identidad.

El anarquismo originario entronca con el pensamiento socialista por el deseo compartido de abolición de la propiedad privada, principio inspirador del egoísmo humano y, por tanto, factor decisivo en la explotación de una clase por otra. Sin embargo, el anarquismo no comparte con el marxismo la utilización del Estado como instrumento de intermediación en el camino hacia una sociedad justa y opta, en cambio, por la formación de órdenes colectivos de convivencia y por el apoyo mutuo como mejor organización de la producción.

La libertad de los anarquistas se consigue cuando la igualdad de los individuos, y la solidaridad entre ellos, se consiguen sin imposiciones externas artificiales. Aunque la idea de anarquismo ha sido usada por la llamada derecha libertaria para designar su hostilidad al Estado intervencionista, el concepto implica connotaciones colectivizadoras que, obviamente, no comparten los neoliberales.

Aristocracia Concepto que tiene su origen en la clasificación aristotélica de las formas de gobierno y que designa aquélla en que el ejercicio del poderse realiza por los mejores, los aristoi, que no actúan para satisfacer el beneficio propio, como sucedía con la oligarquía, sino en interés de toda la comunidad. Al considerar Aristóteles que la propiedad servia como indicio para determinar sus miembros, el término se asoció desde un principio a las clases más pudientes.

ALGO MAS…
Los anarquistan comparten una profunda desconfianza por la autoridad. Cuestionan que nadie puede ejercer el control o poder sobre otro, y su objetivo esliberación de todas las formas de coerción y control. Creen que el poder institucionalizado, encarnado en la maquinaria opresiva del Estado, se ejerce en provecho de aquellos que lo poseen y sirve para explotar a los demás.

El tipo de libertad anhelada por los anarquistas fue sucintamente expresado por la militante estadounidense Emma Goldman, en 1910: «representa la liberación de la mente humana del dominio de la religión; la liberación del cuerpo humano del domino de la propiedad; la liberación de las trabas y restricciones que impone el gobierno».

La justificación de la afirmación anarquista de que el Estado es ilegítimo y no tiene derecho a esperar la obediencia de sus ciudadanos es que tal exigencia es una violación de la autonomía individual. Las personas son razonables y capaces de gestionar sus asuntos juntas de una manera productiva y pacífica, sin la amenaza de la coerción del Estado.

Dándole la vuelta a la conocida aseveración de que se necesita el poder del Estado para poner freno a los instintos violentos y egoístas de la gente, el anarquista afirma que las personas son naturalmente buenas y que esta bondad humana innata es subvertida y corrompida por la injusticia inherente a las estructuras jerárquicas de poder del Estado. La anarquía, por tanto, no conduce al caos, sino a una especie de orden natural y espontáneo.»

1793 Se publica «Investigación» acerca de la justicia política, de William Godwin

1840 Pierre-Joseph Proudhon declara «la propiedad es un robo».

1845 Se publica El Único y su Propiedad , de Max Stimer

1876 Muere Mijaíl Bakunin

1936-1937 Los anarquistas emprenden una revolución libertaria en España coincidiendo con el inicio de la guerra civil. Será aplastada por comunistas y franquistas

Década de 1960 Resurgimiento de la acción directa anarquista contra el orden establecido.

Fuente Consultada:
50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Política Ben Dupré

Concepto de Administracion Publica

Concepto de Administración Pública

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Administración

Organización de recursos materiales, económicos y humanos a través de la cual un poder lleva a cabo su actuación. El término es aplicable a cualquier entramado de grandes dimensiones que necesite de apoyo logístico pero, en el lenguaje común, es sinónimo de administración pública. Ésta consiste en la estructura del poder ejecutivo subordinada al gobierno, que tiene la misión de coordinar e implementar las políticas públicas.

Aunque en la práctica la administración no se limita a la mera gestión neutral de lo decidido por el gobierno y el parlamento, existe una distinción conceptual y formal que limita el ámbito de la política a dichas instancias, como órganos con supuesto margen para incluir preferencias ideológicas y cálculos de oportunidad en sus decisiones.

A partir del siglo pasado se ha ido desarrollando en las sociedades avanzadas una compleja y eficaz organización administrativa que, según el modelo weberiano, debería contar con una burocracia racionalizada funcionar según los principios normalizados de coordinación, desconcentración y jerarquía.

Este último es el que, paradójicamente, permite hacer compatible la estructura y el funcionamiento administrativos con la democracia, ya que la responsabilidad última de la gestión pública recae en los jefes superiores de cada departamento, o ministros, y éstos si pueden ser controlados por el parlamento.

Además, la ciencia de la administración pretende hacer a ésta más eficiente y cercana con nuevas técnicas que, aunque mantengan los rasgos clásicos imprescindibles como es el procedimiento reglado o el control judicial, reduzcan las rigideces del derecho público y se orienten al ciudadano como cliente o usuario.

En la administración pública se distingue, en primer lugar, entre el sector militar y aquél que no tiene por finalidad la defensa del Estado. Dentro de este último pueden diferenciarse, a su vez, niveles verticales que, según sea la ordenación del territorio, dan lugar a las administraciones central, local y, en los países descentralizados, la regional. Además, en cada uno de estos niveles es preciso distinguir los órganos centrales del sector periférico, que opera en sub ámbitos territoriales.

Por último, se diferencia la administración general de la institucional, integrada por organismos autónomos y otras agencias ejecutivas con personalidad jurídica propia a los que se asigna el ejercicio de funciones especificas en determinados servicios públicos, como sanidad, seguridad social o comunicaciones.

La desregulación ha llevado incluso a desligar ciertos órganos de la supervisión gubernamental (los llamados guangos) que se encargan de gestionar ciertas materias, como la política monetaria o la bolsa, con la consiguiente legitimidad técnica y el riesgo de que se dificulte la occountobilit y política.