Valentin Alsina

Biografía de Domingo French Vida Politica y Militar

Biografía de Domingo French – Vida Política y Militar

Nació en Buenos Aires, el 21 de noviembre de 1774, siendo sus padres D. Patricio French, natural de San Lúcar, acaudalado comerciante en el «barrio del alto» de esta ciudad, instalado con un comercio de harinas cercano a la Residencia — actual iglesia de San Telmo (en la esquina de la calle que en 1765 se llamaba Belén), y doña María Isabel de Urreaga, porteña; habiendo contraído enlace los progenitores del procer en la iglesia de ía Merced, el 25 de mayo de 1772.

Fueron sus abuelos paternos: D. Patricio French y doña Cristobalina de Alcalá; y los maternos: D. Domingo Urreaga y doña Bernardina de Abila. Fue bautizado el 23 de noviembre de 1774 con los nombres de Domingo María Cristóbal, siendo padrinos D. Isidro Balbastro y su esposa, doña Bernarda Dávila de Agüero.

Domingo French

Durante su juventud desempeñó en Buenos Aires el puesto de entregador de pliegos y cartas, por cuyo trabajo podía cobrar por cada entrega «medio real y lo mismo por dos». A pesar de sus pocos años desempeñó misiones de confianza en la Administración de Correos, como fue la de llevar cien mil pesos a Montevideo, por haberse negado a hacerlo un capitán de buque correo.

Se inició en la carrera de las armas en 1806, con motivo de la primera invasión inglesa, interviniendo en la Reconquista el 12 de agosto, correspondiéndole en primer término, según la expresión de Groussac, «la gloria inmarcesible de la jornada«. Por su comportación en aquella épica lucha fue agraciado el 8 de octubre del mismo año con el despacho de teniente del ier. escuadrón de «Húsares».

El 12 del mismo mes parte para la Colonia, a fin de notificar su cesantía al Virrey Marqués de Sobremonte, y por su infatigable celo en el servicio público obtuvo el 9 de abril de 1807 despachos de ayudante mayor con grado de capitán de su escuadrón.

Tomó parte en la memorable Defensa de esta Capital, del 2 al 6 de julio de 1807, y por su actuación, su Jefe, el comandante D. Martín Rodríguez, le encomendó la redacción del parte con el propósito de mandarlo a España, donde se hallaba Pueyrredón creador del cuerpo de «Húsares». French, por Real Orden expedida en Sevilla el 13 de enero de 1809, fue reconocido como teniente de aquel cuerpo.

El 29 de octubre del año 1807 fue promovido al grado de sargento mayor; pasando el 30 de septiembre de 1808 como capitán graduado de teniente coronel, al Regimiento de Infantería del Río de la Plata.

Desde la llegada del Virrey Cisneros, comenzó la ardua lucha de tendencias entre españoles y «criollos», figurando entre los cabecillas de estos últimos, D. Domingo French, el cual se caracterizó en todo momento como inspirado porta estandarte de la acción separatista, manifestando en toda ocasión una señalada preferencia por la constitución de un gobierno democrático para nuestra naciente patria .

Cisneros conoció mucho antes de los días de mayo la conmoción espiritual de los criollos dirigidos con temerario entusiasmo por French con su ya bien ganado prestigio militar, el que celebraba sus reuniones secretas en los domicilios de Rodríguez Peña, Orma y Vieytes con Viamonte, Guido, Beruti y otros.

Este fue el mismo grupo de patriotas que constituyó la «Sociedad Secreta», nervio del principio separatista llamado más tarde morenista. Su oposición al formal propósito de muchos otros encaminado a concederle el gobierno de estas tierras a la princesa Carlota, fue de una heroicidad digna de ser realzada.

Durante todo el invisible proceso que fueron preparando los acontecimientos memorables de los días de mayo, Domingo French tuvo una activísima participación: durante los días 22, 23 y 24 y el glorioso 25, está en todas partes. El mismo Virrey Cisneros protesta el día 21 por la intromisión de los «Manolos» dirigidos por French. En esa fecha se adhiere al voto de Saavedra, diciendo «que se tenga por activo y decisivo» .

hué el más fogoso agitador del pueblo de Buenos Aires: conduciendo la multitud de patriotas llegó a las puertas cerradas del Cabildo, a las que golpea con sus puños, mientras gritaba la frase inolvidable para todo argentino: el pueblo quiere saber de lo que se trata».

También en el primer documento de nuestra emancipación, o sea el Acta del 25 de Mayo de 1810, se destaca la personalidad de French con este sobresaliente y vigoroso detalle: su firma está precedida por esta manifestación de poder: «por mí y a nombre de seiscientos» .

En la mañana del glorioso 25 de Mayo de 1810, conjuntamente con Antonio Luis Beruti, se proveyeron en la tienda de «La Recova», de varias piezas de cintas blancas y celestes, con las cuales fabricaron lazos distintivos: que ambos patriotas se apresuraron a colocar en sus ropas; siendo su acción personal decisiva para resolver a los demás a adoptar aquel distintivo; como también lo fue para decidir las perplejidades del Cabildo .

Es oportuno hacer presente aquí cómo los colores de nuestra enseña patria, desde las invasiones inglesas, fueron fijándose en los uniformes militares de los cuerpos constituidos por nativos. Del general Manuel Belgrano fueron estas palabras: «siendo preciso enarbolar bandera, la mandé ha-«cer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional».

La preocupación dominante en los miembros de la Primera Junta fue la formación de un ejército, y con fecha 27 de junio nombró a French, coronel del Regimiento denominado «América» o «Estrella».

Le correspondió actuar en el trágico final de la resistencia armada que organizó en Córdoba el general y Liniers y sus compañeros de infortunio.

El coronel French, por su energía y lealtad, fue elegido para comandar el triste episodio de Cabeza del Tigre: exigencias ineludibles de la causa emancipadora hicieron necesaria la muerte del héroe de la Reconquista, y así lo comprendió French, al dar la orden de fuego a sus soldados, y cumplir el doloroso deber de descargar su pistola sobre la sien de Liniers; una documentación de origen fidedigno, aprovechada por Groussac en su ya famosa obra, es la aseveración del marqués de Sassenay, cuando narra la ejecución del ex-Virrey.

El párrafo pertinente, en su traducción literal del francés, dice: «Los fusiles se bajaron y French ordenó el fuego. Fue French el que le dio el último tiro descargándole su pistola sobre la frente; triste deber para un oficial que «había llenado de favores y que le debía sus grados militares y su situación política».

French fue, desde el primer momento, de tendencia exclusivamente libertadora . Representó la fuerza militar del grupo civil encabezado por Moreno.

Ya en enero de 1811, con su Regimiento «América» o «Estrella», tuvo la intención de derrocar la segunda Junta e impedir el ejercicio del mando absoluto de Saavedra; apoyando la rebelión. Cuando el movimiento del 5 y 6 de abril de aquel año, French fue separado del mando «a pedido del pueblo», dice un informe del Archivo General de la Nación. Fue confinado a Patagones con otros patriotas.

Con el cambio de gobierno y formación del Triunvirato, el 16 de noviembre de 1811 fue restituido en el mando militar de su regimiento. En abril del año siguiente, se hallaba en La Bajada del Paraná con su cuerpo, pasando al mes siguiente al Salto, y en septiembre al Paso de Vera, en la costa oriental.

Establecido el segundo sitio de Montevideo, el coronel French participó del mismo, mandando su Regimiento N.? 3, ocupando su puesto en la izquierda de la línea sitiadora.

En mayo de 1813 fue desprendido con su cuerpo, alguna caballería de milicias y dos piezas de campaña para expedicionar sobre una montonera que apareció en el Yaguarón, y que tenía su campo atrincherado en Quilombo. Dicha fuerza se componía de criminales y aventureros del Brasil y de la provincia Oriental. En el combate que se libró contra ellos, asaltando French sus atrincheramientos, fue herido el subteniente José María González Echeandía, jefe de las dos piezas de artillería de la división. Deshechos y perseguidos los aventureros, la columna regresó en el mes de julio a la línea sitiadora.

Se halló en la toma de Montevideo, el 23 de junio de 1814, mereciendo la medalla acordada por el Director Posadas a los vencedores. Actuó en la campaña oriental hasta el mes de octubre, en que regresó a Buenos Aires. El 3 de noviembre del mismo año se le extendieron despachos de coronel mayor graduado. Poco después, debido a rivalidades y apasionadas intrigas, el Director Posadas, su primo y cuñado, lo destierra «sin figura de juicio». Posteriormente, el Director Alvarez Thomas rehabilita a French en un documento honrosísimo para su persona, siendo repuesto en su jerarquía.

En aquella época el gobierno decidió reforzar el Ejército del Norte que mandaba el brigadier Rondeau, y al efecto, se organizó una división formada por los Regimientos Núms. 2 y 3 de Infantería y algunos refuerzos de artillería, cuyo comando fue confiado al general French; estando mandados aquellos cuerpos, el primero por el coronel Juan Bautista Bustos y el segundo por el propio French, sumando 1.067 plazas, y una batería de 6 piezas.

El 30 de agosto de 1815 proclamaba en inspirada alocución a las tropas en la Plaza Mayor. Al pasar por Lujan pidió se realizasen oficios religiosos, y durante su celebración, rindió devoto homenaje a la Virgen, depositando a sus pies las banderas de los regimientos, otra conquistada en Montevideo, y su espada. Al pasar por Santa Fe, sacó otros 400 hombres más, según afirma Cervera en su Historia de aquella Provincia. En el mes de octubre llegó a Tucumán.

Pero la hostilidad de Güemes retardó la incorporación de French al Ejército del Norte, que se hallaba en campaña en el Alto Perú: la buena fe y elevada inspiración de French contribuyeron a que no se produjesen conflictos . Por lo extensas no se reproducen las comunicaciones cambiadas entre el último y el primero. Una de French contiene el párrafo siguiente: «Compañero: Yo trabajo y no perdono sacrificio alguno por la libertad de «mi patria; obedezco a mi gobierno; respeto sus órdenes y todo mi afán es «por la unión de todas las Provincias de América y de todos los que soste-«nemos su sagrado sistema».

French, con prudencia, venció la resistencia de Güemes, incorporándose en Humahuaca, el 6 de enero de 1816, a las tropas derrotadas en Sipe-Sipe.

Cuando a mediados de aquel año, el Director Pueyrredón resolvió el relevo de Rondeau por el general Belgrano, siendo French uno de los más decididos partidarios del primero, junto con el coronel Pagóla (según afirma el general Paz en sus Memorias), pensó en ejecutar un movimiento sedicioso semejante al que se había producido en Jujuy el 8 de diciembre de 1814, robusteciendo la autoridad de Rondeau y rechazando a Alvear como general en jefe de aquel Ejército; pero esta vez los ánimos no estaban conformes con la nueva asonada, y el resultado fue que French y Pagóla, el coronel Rafael Hortiguera, el comandante Celestino Vidal y otros, marcharon a Buenos Aires.

El 4 de octubre de 1816 fue dado de baja de las listas del Ejército del Norte, pero el 1 7 del mes anterior había obtenido su licencia y absoluta separación del servicio.

Separado de la carrera de las armas, French tomó participación ardorosa con los opositores a la política directorial; pero juzgándola el Gobierno excesiva y peligrosa, el 3 de febrero de 1817, sin forma alguna de proceso, fueron arrestados: Manuel Moreno, Pedro José Agrelo, Feliciano A. Chiclana, Vicente Pasos Kanki, Domingo French, Eusebio Valdenegro, Manuel Vicente Pagóla y José Moldes, y deportados a los Estados Unidos, con la única excepción del último, que era diputado. Según las noticias que se conservan por tradición, el distanciamiento entre French y Pueyrredón era profundo y no respondía sólo a antagonismos políticos, sino que arraigaba en hablillas de la época.

Permaneció en los Estados Unidos casi dos años, pues en diciembre de 1818 se hallaba de regreso en Buenos Aires, y en una minuciosa relación de sus padecimientos que presentó al Gobierno el 31 de enero de 1822, existente en el Archivo General de la Nación, expresa que no murió de hambre en aquel país, gracias al apoyo que le prestaron varios compatriotas desterrados. El 21 de diciembre de 1818 fue puesto preso en el cuartel del 2.9 Tercio Cívico, desde donde, el 29 de enero de 1819 solicitó que lo mandaran a cualquier parte que fuera del agrado del Gobierno.

Finalmente, el Director Pueyrredón, el 15 de abril del último año, lo repuso en su jerarquía de coronel mayor, y el 23 del mismo mes se ordenó se le abonasen sus sueldos atrasados, declarándosele el de coronel en «clase de disperso», por todo el tiempo que permaneció alejado del servicio.

Revistó por el E. M. G. en Buenos Aires .todo el resto de 1819, y desde enero a abril de 1820, figura en Martín García; pero el 16 de marzo de este último año se le encargó el Despacho de Guerra con carácter interino. El 28 de junio del mismo año, un ejército porteño de 2.000 hombres, al mando del gobernador general Soler, del cual era Jefe de E. M. el gfneral French, fue completamente derrotado en la Cañada de la Cruz por uno de 1.500 montoneros e indios, a las órdenes de Estanislao López, Carlos de Alvear y José Miguel Carrera. French, que mandaba la tercera columna de ataque del ejército de Buenos Aires, se rindió dentro de la Cacada, que estaba vadeando con dificultad, al ser atacado por una fuerza rcemiga encabezada por el coronel chileno Benavente.

Puesto en libertad, French figuró en el Regimiento de Dragones hasta el 1º de octubre de 1820, en que se disolvió; cuerpo en el cual revistaba iesde el 21 de abril del mismo año.

El 16 de octubre del mismo año 1820, el gobernador general Rodríguez, le extendió a French el nombramiento de «Comandante GraL del Resguardo de mar y tierra«, pero renunció a este puesto, quedando sin efecto su designación. Continuó desde el 1º de noviembre en el E. M. G. hasta el 28 de febrero de 1822, en que fue reformado. French, el día 15 de aquel mismo mes, había pasado a revistar por el «Despacho de Guerra».

El general Domingo French falleció en Buenos Aires, el 4 de junio de 1825, y el día 13 del mismo mes, el gobernador Las Heras decretó honores fúnebres y dispuso la erección de un monumento a su memoria.

El 21 de noviembre de 1828, el gobernador Dorrego dio un decreto disponiendo que uno de los tres monumentos funerarios que se habían encargado a Europa, se destinase a conservar los restos mortales del general French.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Fitz Roy Roberto Marino Británico

Biografía de Fitz Roy Roberto Marino Británico

Marino británico. Nació en junio de 1805. Ingresó en la Marina Real en 1819. En 1828, conjuntamente con el capitán King, iniciaron con los buques hidrógrafos de S. M. Británica, «ADVENTURE» y «BEAGLE» su larga y penosa campaña de relevamienío de la costa de una gran parte de la América Meridional, especialmente en su parte austral; desde 1831 a 1836 recorrió las comarcas magallánicas y la obra de este insigne marino es gigantesca: hoy, con los enormes adelantos de la arquitectura naval con respecto a un siglo atrás, admiramos el esfuerzo magnífico realizado por el capitán Fitz Roy para efectuar su dilatado trabajo hidrográfico,, especialmente en la región comprendida entre Isla de los Estados archipiélago de la Tierra del Fuego y la zona Magallánica, donde tan bravíos son los elementos, siempre en pugna con el navegante.

Marino Britanioc Fitz Roy

Por su magnífica obra este esforzado luchador marítimo debía tener una estatua levantada en cada costa territorial de las naciones a las cuales favoreció con sus desvelos y afanes en incorparable trabajo, cuya precisión asombra a un siglo de distancia, al compulsarse entonces los elementos disponibles.

Fitz Roy representó en el parlamento al condado de Durham de 1841 a 1843 y poco después aceptó las funciones administrativas de gobernador de Nueva Zelanda, empleo que conservó hasta 1846. Presidente del Departamento Metereológico del Comité de Comercio de 1855, fue promovido a Contraalmirante de la Armada Real en 1857.

Su salud se hallaba seriamente alterada como resultado del intenso trabajo y de los sacrificios sin cuento que había sufrido; desoyó a los médicos que le indicaban reposo absoluto, con lo cual perdió totalmente sus fuerzas físicas e intelectuales. Este decaimiento físico se sumó a una gran postración moral consecuencia de los acontecimientos que acababan de producirse en América del Norte al terminarse la Guerra de Secesión, pues Fitz Roy era exaltado partidario de los estados confederados del Sud: tal llegó a ser su alteración nerviosa, que sufrió un ataque de locura y se degolló con una navaja de afeitar en 1865, esto es, poco después de la derrota definitiva de los Sudistas.

El almirante Fitz Roy realizó importantes trabajos de carácter astronómico y sus teorías calificadas de utopía en su tiempo, recibieron más adelante consagración amplia, advirtiéndose en sus más fervorosos discípulos a sus más tenaces detractores.

Este insigne marino fue individuo de las sociedades británicas de Geografía, Astronomía, Etnología y Metereología, y aparte de sus trabajos de carácter astronómico ya citados, legó a la posteridad un «Tratado de Metereología» (1861, en 8°), la narración de este   viaje de descubrimientos realizados de 1827 a 1836 (Londres, 1839), interesantísima obra esta última, que fue redactada bajo su dirección, pero Fitz Roy escribió personalmente solamente el 29 volumen, deriéndose el primero a la pluma de su compañero de empeñosos trabajos y rrzobras, el capitán King.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Ver: Historias de la Patagonia

Biografía de Falcón Ramón Coronel Comisario Asesinado por Anarquistas

Biografía del Coronel Falcón Ramón

Nació en Buenos Aires el 30 de agosto de 1855, siendo sus padres D. Ángel Esteban Falcón y doña Paulina Jara. Se incorporó al Colegio Militar, el 19 de julio de 1870, en calidad de aspirante, siendo nombrado el 19 de octubre del mismo año cabo 29 en «comisión», y cabo 1°, el 19 de diciembre de igual año. El 19 de junio de 1871 fue ascendido a sargento 29, y el 19 de diciembre, a sargento 1º.

El 30 de junio de 1872 por su excelente comportación, fue promovido a sargento l9 «distinguido», perdiendo las ginetas, con otros clases, el 6 de mayo de 1873, por haber presentado una solicitud colectiva pidiendo marchar a la campaña de Entre Ríos contra López Jordán. Dos días después, por resolución del Ministerio, era repuesto en su jerarquía dentro del Colegio.

Comisario Coronel Falcon

Egresó como subteniente el 2 7 de octubre de 1873, y en premio a sus excepcionales cualidades, fue nombrado ayudante del Presidente Sarmiento, que se hallaba en campaña en Entre Ríos. De regreso a Buenos Aires, el 5 de septiembre de 1874, pasó a la P. M. A., hasta el 27 del mismo mes, en que fue designado ayudante del coronel Carlos Paz, destacado en Villa María.

Se halló el 5 de octubre en la rendición de Córdoba, cuando esta ciudad fuesitiada por el general Arredondo con las tropas sublevadas; pero habiendo capitulado el gobernador Rodríguez, el coronel Carlos Paz y el subteniente Falcón quedaron de hecho rendidos, hasta que lograron incorporarse al «Ejército del Norte», el día 17, el que se hallaba acampado en Río IV.

Se halló en la batalla de Santa Rosa, el 7 de diciembre de 1874, a las órdenes del coronel Paz, y muerto este Jefe, pasó al mando del general Roca hasta julio de 1875. Por su comportamiento en la acción, fue promovido a teniente 1º con fecha 11 de diciembre. Durante esta campaña, Falcón fue encargado por el comandante en jefe de levantar todos los planos de los campamentos y reconocimientos militares que se hacían, como también el de la batalla de Santa Rosa.

El 23 de julio de 1875 fue nombrado comandante de la la. compañía del 3º de Línea, de guarnición en Río IV, y el 1º de febrero del año siguiente, se hizo cargo de la de cazadores del mismo cuerpo, con el cual se halló en todas las operaciones de guerra que efectuó en la Frontera Sud de Córdoba los años 1876 y 77, y en este último, en la zona Sud de Buenos Aires, en Carhué y Fuerte General Belgrano.

El 13 de julio de 1877 pasó a comandar ía compañía de aspirantes de la Escuela Naval, embarcada en la cañonera «URUGUAY», bajo la dirección del teniente coronel D. Martín Guerrico. Con este buque, Falce’ hizo todos los viajes al Sur que se realizaron con fines de instrucción. El ! 5 de mayo de 1878 ascendió a capitán.
La «URUGUAY» formó división con el monitor «LOS ANDES» y la bombardera «CONSTITUCIÓN», bajo el mando superior del comodoro Enrique Py, marchando en 1878 a desalojar a la escuadra chilena que se había apoderado de aquel puerto, izando su bandera sobre él. Al llegar la división de Py, ya se habían retirado de Santa Cruz. Falcón se halló en este viaje, que duró desde el 13 de noviembre de aquel año hasta el 8 de enero de 1879, en que la ‘URUGUAY» inició el regreso desde aquel puerto, llegando a Buenos Aires el 14 del mismo mes.

Hizo la expedición al Desierto desde Patagones hasta la confluencia del Río Negro con el Neuquén, a órdenes del coronel Martín Guerrico, llegando a Choele-Choel, el 24 de mayo de 1879, lugar de cita ordenado por el Ministro de Guerra y Marina en campaña, general Julio A. Roca. Por su participación en esta campaña recibió la medalla de plata acordada por el Congreso dos años después. Arcendió a mayor el 1º de abril de 1880.

Producida la revolución de 1880, previo pedido de baja del Ejército y de la Dirección interina de la Escuela Naval, acantonada en Belgrano, donde se hallaba instalado el Gobierno Nacional, la que solicitó el 6 de junio de aquel año; pasó a la ciudad de Buenos Aires, a ofrecer sus servicios al Gobierno de la Provincia, que lo nombró jefe del regimiento de artillería que organizó con 24 piezas Krupp que poseía la defensa, y el que tomó parte en los combates de Barracas, Puente Alsina y Los Corrales, el 20 y 21 del mismo mes. Terminada la revolución, el 18 de julio fue dado de baja por el Gobierrio Nacional, situación en la que permaneció hasta el mes de julio de 1883, en que fue reincorporado.

Por decreto del 18 de enero de este mismo año, había sido nombrado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Comisario Inspector del Batallón «Guardia Cárceles», cargo que desempeñó con permiso del Ministerio de Marina hasta el 1de julio de 1887. El 23 de mayo de este mismo año había sido ascendido a teniente coronel, y pasado a la P. M. A., y en julio había sido nombrado Inspector de Milicias de la Provincia.

En octubre de 1888 fue enviado a Europa en comisión, permaneciendo hasta agosto del año siguiente, pasando en septiembre de 1889 a la P. M. A. en la Marina. El 26 de julio de 1890, habiendo estallado la revolución en el Parque, fue noticiado el comandante Falcón por el general Capdevila, que anticipadamente le había atribuido un mando de fuerzas policiales, cuya concentración debía operarse en la plaza Once de Septiembre.

Al salir Falcón de su casa, a las 4.30 de la mañana, fue tomado prisionero por los revolucionarios del Parque, que estaban emplazando artillería en la esquina de Viamonte y Talcahuano, lugar distante sólo 20 varas del domicilio de Falcón. Permaneció detenido en la guardia de los sublevados hasta que éstos fueron vencidos, no obstante haber hecho todo lo posible para obtener su libertad desde el primer momento .

Falcón continuó revistando en la Armada hasta el 6 de mayo de 1891, fecha en la cual el Presidente Pellegrini dictó un decreto reincorporándolo al ejército como teniente coronel de artillería, accediendo a una solicitud del interesado. El 17 de junio del mismo año pasó a la P. M. A. En este mismo año fue elegido senador de la Provincia de Buenos Aires, con fecha 1º de mayo, cargo que ejerció hasta 1894.

El 17 de octubre de 1893, pasó a revistar en la P. M. A. En julio de este último año había pedido su baja del Ejército por haberle querido obligar el Ministro de la Guerra, Dr. Del Valle, que negase sus servicios militares al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, en víspera de una revolución que estalló el 29 de julio, como es notorio, no obstante ser Falcón, senador con permiso otorgado por decreto del Gobierno Nacional.

Estallado el movimiento, el gobernador de Buenos Aires lo nombró comandante en jefe de las fuerzas, cargo que desempeñó hasta que el mismo Ministro Del Valle se apoderó del Gobierno unas horas después del combate de Ringuelet, el 8 de agosto del mismo año.

El 17 de octubre del mismo año fue reincorporado, pasando a la P. M. A., como queda dicho. Más tarde, con permiso del Ministerio de la Guerra, desempeñó nuevamente el cargo de senador provincial desde el 1º de mayo de 1894 hasta la misma fecha de 1898. El 1º de enero de 1894 pasó a la P. M. D.

Siempre revistando en la Plana Mayor como teniente coronel, el 1º de mayo de 1898 pasó a ocupar una banca de diputado por la provincia de Buenos Aires en el Congreso Nacional, la que ejerció hasta la misma fecha de 1902.

El 1º de mayo de 1902 pasó a servir a órdenes del Ministerio de Marina por haber sido especialmente pedido por el Ministro Betbeder, el que lo adscribió a la Dirección General del Servicio Militar hasta el 22 de julio de 1905, en que volvió al Ejército.

Durante el tiempo que sirvió en la Armada, tomó parte en la confección de un proyecto de reclutamiento especial para la marina, y en otro Reglamento de Disciplina, Honores y Saludos, y en otros trabajos de índole militar.

Tales servicios motivaron una conceptuosa nota del almirante Betbeder, el 23 de mayo de 1906, al Presidente del Tribunal de Clasificaciones, general Carlos O’Donnell.

El 22 de julio de 1905 fue nombrado jefe del Batallón 13º de Infantería de Línea, con asiento en Río IV, en el ejercicio del cual ascendió a coronel el 28 de julio de 1906. El día 30 fue nombrado para presidir un consejo de guerra en aquella misma ciudad, y el 11 de agosto del mismo año, pasó a comandar la 7a. zona de Brigada de la 4a. Región Militar, con asiento en Córdoba. Poco tiempo permaneció en este puesto, pues el 7 de septiembre de 1906 pasó a desempeñar las funciones de Jefe de Policía de la Capital. Desde el 1º de enero de 1907 revistó en la P. M. A.

Es bien notoria la notable habilidad con la cual ejerció el coronel Falcón el importante puesto que se le había confiado . Creó la Escuela de Policía y realizó numerosas mejoras en el servicio, así como también, persiguió tesoneramente a los maleantes y anarquistas. Esta fue la causa de su pérdida.

El domingo 14 de noviembre de 1909 había concurrido con su secretario Juan Alberto Lartigau, joven de 20 años, al Cementerio de la Recoleta, al entierro de D . Antonio Ballvé, gobernador de la Penitenciaría.

Terminada la ceremonia, se dirigió a su domicilio por la calle Callao, y al llegar a la Avenida Quintana, justo a las 12.15 horas del día mencionado, una bomba arrojada por un anarquista, hirió de muerte al Jefe de Policía y a su secretario, falleciendo ambos en el curso del mismo día.

El coronel Falcón era viudo de doña Juana Elizalde.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Fray Mamerto Esquiú Obispo Argentino

Biografía del Obispo Fray Mamerto Esquiú

Nació en Callesita, departamento de Piedra Blanca, provincia de Catamarca, el 11 de mayo de 1826, siendo sus padres D. Santiago Esquiú y doña María Nieves Medina; familia de escasa fortuna, que llevaban una existencia modesta, pero honrada y cristiana.

Esta última característica de su familia fué la causal determinante de su orientación en la vida: a los cinco años de edad vistió el hábito de la comunidad franciscana, entrando a los diez en el convento de aquella orden, establecido en el lugar de su nacimiento. Las primeras letras las aprendió en la escuela de doña Teresa Bravo; en San Francisco estudió latín con fray Ramón de la Quintana, y filosofía bajo la dirección de fray Wenceslao Achával.

Fray Mamerto Esquiu

Desde la iniciación de sus estudios, el niño Esquiú sobresalió entre sus cincuenta y tantos condiscípulos, de los cuales muchos se distinguieron en su vida por su inteligencia y su contracción a sus ocupaciones.

A los 17 años terminó su carrera teológica, cuyos cursos los dirigió fray León Pajón de la Zarpa, siendo designado para ejercer el honroso cargo de Secretario Provincial, ocupando este honorable puesto el Dr. Wenceslao Achával, que murió siendo Obispo de Cuyo.

Antes de cumplir la edad prescripta por los cánones para recibir las órdenes sagradas, fué consagrado por el Obispo Sarmiento, de la Diócesis de Cuyo, dispensándosele la edad que le faltaba llenar. Entró en el noviciado y profesando el 14 de julio de 1842, siendo ordenado el 18 de octubre de 1848.

En Catamarca fué Regente del Convento y profesor de diversos ramos de estudios y en la tribuna sagrada, múltiples veces, se reveló orador de alta escuela, que atraía inmenso auditorio, y producía admiración entre sus oyentes por sus palabras y sus ideas.

Con motivo de la jura de la Constitución de Catamarca, Esquiú predicó un clásico sermón alusivo al acto, que muy pronto recorrió toda la América, llevando la fama de su nombre; y el cual fué reproducido numerosas veces por la prensa nacional y extranjera, con manifestaciones honrosas para su autor, como jamás las recibió ningún sacerdote argentino.

Por aquella brillante pieza pronunciada el 9 de julio de 1853, y por la que pronunció el 28 de marzo del año siguiente, con motivo de la inauguración de las autoridades constitucionales; el Vice-Presidente de la Confederación, Dr. Salvador María del Carril dictó un decreto el 2 de mayo de 1854, disponiendo se hiciera una impresión de ambos discursos, los que debían remitirse «en número suficiente a todas las autoridades civiles y eclesiásticas de la Confederación.»

En 1861, el limo, señor Segura fué designado Obispo de Paraná, y manifestó entonces que no podía desempeñarían alto caigo si no lograba conseguir que el R. P. Mamerto Esquiú ocupase la secretaría. No tuvo más remedio el último que abandonar la comunidad de la orden donde había permanecido hasta entonces, y acompañar al Obispo en sus delicadas funciones; destacándose Esquiú por la rectitud de sus actos y la extensión de sus conocimientos.

Posteriormente regresó a Catamarca, para volver al convento donde había pasado sus años juveniles, y después de un tiempo concibió la idea de buscar asilo en otro convento de más estricta observancia, donde el tranquilo silencio del claustro le permitiera recogerse en el seno del estudio incesante, en su propio pensamiento, en la adoración de Dios.

Al enterarse los catamarqueños de aquella resolución, presididos por sus primeras autoridades civiles, se apresuraron a rogarle desistiera de su propósito, pero todo fué en vano, y Esquiú se dirigió por el camino solitario y escabroso de Bolivia a encerrarse en un convento de Tarija.

Allí permaneció ocho años, tiempo dedicado por completo a la penitencia y al estudio: su alma la consagraba enteramente a Dios, y robustecía y dilataba su fuerza intelectual para practicar el bien en el ejercicio de su sublime apostolado. Pero sus profundos conocimientos iban acrecentando su fama y elo era un obstáculo para que Esquiú pudiera permanecer completamente entregado a sus deberes religiosos y a sus estudios predilectos.

Instado por el Obispo de Sucre para que dictase una cátedra en el Seminario Conciliar de aquel pueblo, tuvo que abandonar el convento de Tanja para dedicarse de lleno a su nueva tarea. Gran parte de la juventud de aquella época aprovechó las ventajas que proporcionaba tan ilustrado maestro, el cual, durante su estada en Sucre, fué el más respetable consejero del Arzobispo, que oía su esclarecida opinión en todos los asuntos difíciles de alguna importancia.

Ocupó también la tribuna sagrada y dio varias conferencias en las Ferias Mayores, donde concurría el pueblo entero, y hasta las más altas autoridades de Bolivia, mereciendo particulares felicitaciones del Presidente de la República y de las personas más ilustres de aquel país.

Por aquel entonces ocurrió el fallecimiento del Arzobispo Escalada: en la terna presentada por el Congreso argentino para llenar la vacante, Esquiú ocupó el primer puesto, y el ilustre prelado respondió al Gobierno de su Patria pidiéndole que se le acordara un corto plazo para consultar con sus padres conventuales la resolución que debiera adoptar.

Muy luego, dirigió Esquiú su renuncia al elevado cargo para el cual había sido elegido, por medio de un documento nutrido de altas consideraciones, que fué especialmente publicado por la prensa argentina y chilena, acompañándole de honrosísimos conceptos. Tal renuncia afianzó en todos los espíritus su reputación de fraile humilde , aún en algunos que antes pensaban que la conducta de Esquiú era enteramente fingida.

El Presidente Sarmiento se vio obligado a nombrar al Obispo de Aulon, Dr. Federico Aneiros, que ocupaba el 2º. lugar en la terna; cuyo 3er. lugar había sido llenado por el Dr. Juan José Alvarez, deán de la catedral de Paraná.

Esquiú, para evitar una insistencia, se ausentó para el Perú, permaneciendo en Lima, para pasar a Guayaquil. Posteriormente se dirigió a Europa, donde pudo con su esclarecido talento, estudiar su civilización y apreciar debidamente la ley fecunda del progreso. El General de la orden, Fray Ber-nardino Aportu Romantino, lo presentó a Pio IX, que lo recibió con visibles muestras de placer sincero, manifestándole su pesar cuando no había aceptado el arzobispado de Buenos Aires.

Después se dirigió a Jerusalén, donde Esquiú pasó algún tiempo visitando los lugares que oyeron el primer acento de la palabra evangélica, y orando sobre los sagrados sitios regados por la sangre de Jesucristo. Pensaba permanecer allí un largo tiempo, pero el General de la orden dispuso su regreso a la República Argentina: Esquiú resolvió fijar su residencia en Catamarca.

A su paso por Santa Fé se demoró en el convento de San Lorenzo con el fin de tomar ejercicios espirituales, y apenas llegó a Catamarca, se hizo cargo de una cátedra de enseñanza.

Al fallecer el Obispo de Córdoba, Dr. Alvarez. Esquiú fué designado en primer término en la teína del Senado argentino para reemplazar a aquel, y el Presidente de la República lo obligó para desempeñar aquella elevada dignidad.

Apenas recibió la comunicación de su nombramiento, Esquiú envió su renuncia, pero el Gobierno no la aceptó y la Diócesis de Córdoba permaneció vacante. En estas circunstancias vino a Buenos Aires el Delegado Apostólico Monseñor Di Pietro Orfarini y después de residir algunos días en esta ciudad, llamó al padre Esquiú.Después de algunas conferencias entre ambos prelados, le ordenó en nombre de León XIII que aceptara el Obispado de Córdoba.

Debió acatar el mandato supremo y algunos meses después, cuando llegaron las bulas pontificias que le acreditaban su nuevo carácter, venía una carta del Pontífice felicitándolo por el honor que había merecido, y asegurándole que sus talentos y virtudes le hacían abrigar la convicción de que desempeñaría honrosamente su cometido en la iglesia de que iba a ser jefe.

Consagrado en Buenos Aires en diciembre de 1880, pronto tomó posesión de su Diócesis. Aquel año, con motivo de la declaración de la Capital de la República, pronunció un discurso en la Catedral de esta ciudad, concurriendo a escucharlo todo lo más notable de Buenos Aires.

Viajando desde Córdoba, el obispo Esquiú murió casi repentinamente, el 10 de enero de 1883, a su regreso de su visita canónica a la provincia de La Rioja, en el lugar llamado Suncho, perteneciente a la jurisdicción de Catamarca, hoy estación Esquiú, del ferrocarril Recreo de Chumbicha. En «El Ambato» y en «El Cruzado» aparecieron numerosos artículos de su pluma sabia y elocuente.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografia Dr. Vicente Anastasio de Echevarría

Biografía Dr. Vicente Anastasio de Echevarría

Abogado y benemérito patriota de la independencia. Nació en la Capilla del Rosario de los Arroyos, hoy ciudad del Rosario, el 28 de enero de 1768, vastago de una familia distinguida, siendo sus padres Fermín de Echevarría, natural de Álava, y doña Tomasa de Acevedo, vecina de la Capilla del Rosario; cuya posición económica desahogada permitió que Echevarría cursase sus primeros estudios en el Colegio de San Carlos, de Buenos Aires, y continuase posteriormente sus estudios secundarios en la Universidad de Chuquisaca, donde se laureó de Doctor en derecho, habiéndose graduado previamente de bachiller el 18 de enero de 1790.

anastasio ecegverria

Su prestigio, revelado desde su juventud, hizo que en 1807 y 1808, fuera designado por el Virrey Liniers, su asesor primado; el desempeño de este puesto, permitió a Echevarría poner a Belgrano, que era su amigo íntimo, en contacto con Liniers, para inducir a éste a que resistiera la influencia española, desconociendo la autoridad de Cisneros, que acababa de ser nombrado Virrey en su lugar.

Echevarría prosiguió sus funciones de asesor hasta el movimiento emancipador de Mayo. Incorporado decididamente a las filas revolucionarias, asistió a la asamblea en el histórico Cabildo ,y bien pronto hizo que su ilustración mereciese la confianza del nuevo gobierno, que le confió diversos cargos, tal como el de conjuez, en 1810, y después, juntamente con Belgrano, en su expedición al Paraguay, en calidad de enviado diplomático, concurriendo con tal motivo, a la sanción del primer tratado con aquel país (1811 ), conociendo allí al tirano Gaspar Francia, que lo distinguió con la mayor cordialidad.

Más tarde fue miembro de la comisión de justicia y consejero del Estado, y como tal, receptor de las llaves de la ciudadela de Montevideo. Hombre activo y emprendedor, fue uno de los primeros argentinos que contribuyó a fomentar la naciente marina de guerra argentina, contribuyendo con sus caudales para armar en corso el «HALCÓN», con el cual Bouchard realizó su famosa expedición hasta las costas ecuatorianas, donde capturó con Brown, la fragata española «LA CONSECUENCIA», en el puerto del Callao.

Echevarría, en 1817, al regresar Bouchard de sus andanzas por el Pacífico, resolv ó con el célebre corsario armar la fragata de referencia, la cual llevó desde entonces el nombre de «LA ARGENTINA», conduciendo a su bordo 38 cañones y 450 tripulantes, buque con el cual el capitán Bouchard llenaría de admiración al mundo con sus magníficos hechos, capturando muchas presas a los españoles y haciendo flamear el pabellón argentino por primera vez en los más alejados puntos del globo.

En el año 1820 desempeñó Echevarría el cargo de secretario de guerra y después designado emisario por el cabildo de Buenos Aires , para tratar con el general Francisco Ramírez, después de la batalla de Cepeda; también fue proclamado Representante el 16 de febrero del mismo, y tuvo una parte descollante en el Cabildo abierto de julio de aquel año, y en muchos de los otros sucesos que se produjeron en el mismo, tan fecundo en desaciertos para la buena marcha de los intereses de este país. Al disolverse el Congreso en Agosto de 1827, Echevarría fue elegido diputado para la Legislatura de Buenos Aires que se reunió de nuevo con aquel motivo.

Fue diputado por Buenos Aires en la Convención que se reunió en Santa Fe en 1828, para sancionar el tratado de paz con el Imperio del Brasil, siendo designado presidente de la misma.

El Dr. Echevarría dejó de figurar activamente en los negocios del Estaco desde que Rosas subió al poder, retirándose a la vida privada, cargado ce años y de servicios.

El 20 de agosto de 1857 fallecía en el retiro de su quinta, situada en los alrededores de Buenos Aires, después de haber sido por varios años catedrático de jurisprudencia. Su deceso se producía justamente el día que desembarcaron en Buenos Aires los restos del más grande de los hombres civiles de la República Argentina, el ilustre ciudadano D. Bernardino Rivadavia.

Los restos del Dr. Echevarría fueron trasladados a su ciudad natal el lº de septiembre de 1828, conducidos por el cañonero «PARANÁ», siendo sepultados en uno de los muros de la catedral del Rosario, donde hoy reposan.

El Dr. Vicente Anastasio de Echevarría Acevedo fue casado con doña María Antonia de Echevarría y Ramos.

En el decreto de ascensos expedidos por Real Orden fechada en Madrid el 9 de febrero de 1808, con motivo de las invasiones inglesas, se lee:

«Así mismo ha concedido S. M. el empleo de Comisario de Guerra del Ejército a D. Vicente Echevarría, en consideración a haber desempeñado este encargo con la mayor exactitud para atender en los gastos de artillería y haber proporcionado con su crédito crecidas sumas».

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Deheza Román Antonio General del Ejército

Biografía de Deheza Román Antonio – General del Ejército

Nació en la ciudad de Córdoba el 29 de abril de 1791, siendo sus padres D. Enrique Deheza y doña María Trinidad Millán y de la Hoz. En el año 1810 el joven Deheza desempeñaba ya una comisión importante que le confiara el Cabildo de aquella Capital, y que fue la de conducir pliegos a la división que mandaba el general Antonio González Balcarce, en momentos en que se aproximaba el ejército del general Ortiz de Ocampo, gesto tanto más digno de tenerse en consideración si se piensa que era la primera vez que se lanzaba a través del enemigo y del desierto, para servir a su Patria.

general ramon deheza

El 3 de diciembre de 1810 se incorporó como subteniente al batallón de Nacionales de Córdoba, y el 12 de enero de 1811, con el mismo grado, al Regimiento Granaderos de Infantería, donde el 10 de marzo de 1813 era teniente de dicho cuerpo; el 30 de diciembre de este mismo año era reconocido como teniente IV de las Compañías sueltas de Línea, formando parte del Cuerpo Auxiliar de las Provincias Unidas, denominado batallón de «Auxiliares de Chile», con cuyos primeros grupos había partido Deheza de su ciudad natal el 15 de junio de 1813, con dirección a Mendoza, donde completada la fuerza, atravesaron la Cordillera bajo el comando efectivo del sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras, pero estando a las órdenes del coronel Marcos Balcarce.

Los patriotas chilenos se hallaban en aquel entonces amenazados por la invasión de un poderoso ejército realista, procedente del Perú: en Cucha-Cucha, el 22 de febrero de 1814, el teniente Deheza recibió su bautismo de fuego, siendo promovido a teniente 1º por el calor demostrado en el contraataque que decidió la suerte de aquella acción tan reñida, en la cual los Auxiliares tuvieron rol descollante; recibiendo también el escudo celeste y blanco, bordado con hilo de plata, acordado a los vencedores.

En el combate del Membrillar, el 20 de marzo del mismo año, Deheza hizo una salida de las trincheras y rechazó a la bayoneta una columna enemiga que se aproximaba a forzarlas. Se halló en el incendio de una parte del Parque del Ejército sobre el Achigüeno, en marzo del mismo año, contribuyendo con su energía a conservar el orden en la tropa.

En el paso del Maule que defendían los enemigos, el día 2 del mes siguiente, llenó su puesto, forzándolo con energía y entusiasmo; al mismo tiempo que sostuvo el ataque de los adversarios, en Tres Montes, el 4 de abril. Para forzar el paso del río Claros, de que se habían apoderado los enemigos, fue destinado con todo su cuerpo, lo que ejecutó con la prontitud y sangre fría que siempre reveló en todas las acciones de guerra.

Se halló en el combate de la Hacienda de Quecherenguas, el 8 de abril, donde se condujo con bizarría; mereciendo por tan distinguido comportamiento ser propuesto para el grado de capitán de la la. compañía de los Auxiliares el 11 de mayo de 1814, cuyos despachos le fueron extendidos por la Junta de Chile el 3 de junio del mismo año.

Después del desastre de Rancagua, el 2 de octubre de aquel año, cuando los restos del ejército chileno derrotado huían a través de las fragosidades del macizo andino, en demanda del hospitalario suelo argentino, le cupo al valiente capitán Deheza la misión honrosa de proteger, colocado con su compañía en la extrema retaguardia, la retirada de los vencidos, y por cierto que cumplió esta misión tan honrosa como peligrosa, con toda decisión y valor: «y últimamente, dice el general Las Heras en un informe del 25 de julio de 1850, al retirarse la División de este país (se refiere a los Auxiliares), en el año 1814, después de haberse apoderado Osorio de él, se batió en la Cordillera con una división enemiga de doble fuerza que la suya, para proteger la emigración que pasaba la Cordillera».

Sobre la base de los «Auxiliares de Chile», el teniente coronel Las Heras recibió encargo del general San Martín de organizar el regimiento 11 de Infantería, del cual formó parte Deheza como capitán de la 4a. compañía desde el 24 de diciembre de 1814; cuerpo que fue uno de los componentes del Ejército de los Andes.

Formando parte de la columna del coronel Las Heras, el capitán Deheza rompió la marcha de Mendoza el 19 de enero de 1817, para atravesar la Cordillera por el paso de Uspallata y en los primeros días del mes siguiente asistió a los encuentros de los Potrerillos y de la Guardia Vieja.

En la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero, el capitán Deheza se contó entre los más valerosos. Inmediatamente el general vencedor destacó una división de las tres armas, compuesta por 1.000 hombres, al mando de Las Heras, para operar contra los realistas en el Sur de Chile; Deheza formó parte de ella, y consagró su reputación de soldado valiente y arrojado en el combate de Curapaligüe, el 4 de abril; en el del Cerro del Gavilán, el 5 de mayo; y en la toma de los fuertes de Arauco, el 26 de este último mes.

En la segunda de las acciones nombradas, Deheza con la 4a. compañía  de los Andes, apoyada por el escuadrón de Granaderos a Caballo que mandaba el sargento mayor Manuel Medina, consiguió desalojar a los realistas hasta las faldas del Cerro de Chepe, de donde no les permitieron descender, y mediante el envío de nuevas fuerzas sobre aquel punto, se logró la decisión del combate. En el terrible asalto a la plaza fortificada de Talcahuano, en la madrugada del 6 de diciembre de 1817.

Deheza formó parte de la columna principal de ataque, bajo las órdenes del intrépido coronel Las Heras, la cual llegó hasta las murallas de la fortaleza: pero el fracaso del plan operativo en otros puntos, obligó a retroceder a todas las fuerzas atacantes, no sin que los laureles de la gloria coronasen las armas de aquel bravo Coronel, que jugó el rol preponderante en la operación, audaz y arriesgada, en la que perdió cerca de 500 hombres entre muertos y heridos, pertenecientes a su columna de ataque.

Reorganizado el Ejército Unido en Chimbarongo, el 12 de marzo de 1818, el capitán Deheza formó parte del mismo, bajo las órdenes de Las Heras, siendo el 11 de Infantería uno de los cuerpos de la División mandada por el general Hilarión de la Quintana. En la acción sorpresiva de Cancha Rayada, Deheza jugó un rol destacado en medio de la dispersión de los patriotas, concurriendo en apoyo del puesto avanzado de su regimiento, logrando su objetivo; y en la retirada mantuvo inquebrantable la disciplina de la tropa puesta a sus inmediatas órdenes.

El 5 de abril, en los llanos de Maipú, perteneció al ala derecha patriota, mandando su compañía, con la cual se batió bizarramente, por lo cual el general San Martín lo propuso para el grado de sargento mayor, cuyos despachos le fueron extendidos por el Supremo Director Pueyrredón el 13 de mayo de 1818, pero con antigüedad del 15 de abril de igual año.

El 12 de abril de 1820 le fue conferida la efectividad de su jerarquía, en el 11 de infantería; y en 20 de agosto del mismo año se embarcó en Valparaíso formando parte del Ejército Libertador del Perú; desembarcando en la playa de Pisco, el 8 de septiembre, y el 11  de este mismo mes, el 11 de los Andes se ponía en marcha para tomar parte en la campaña a la Sierra, a las órdenes del general Juan Antonio Alvarez de Arenales.

El 6 de octubre ocupaban la ciudad de lea, por abandono que hizo de la misma el marqués de Quimper, y después se apoderaban de ais ciudades de Huamanga, Jauja y Tarma. Finalmente, el 6 de diciembre de 1820, en el Cerro de Pasco, Arenales destruía las fuerzas del brigadier O’Reilly, y en el parte, refiriéndose a Deheza, el General vencedor expresa: «a su brillante comportamiento en la «batalla de Pasco se debió la victoria».

En ella, el caballo que montaba Deheza recibió una herida de lanza y otra de bayoneta, y por su bizarría, este último fue premiado con la medalla de oro acordada por el general San Martín y con los galones de teniente coronel otorgados «sobre el campo de batalla».

Posteriormente se halló en el sitio del Callao desde julio a septiembre de 1821, bajo las órdenes del general Las Heras. Concurrió a la defensa de Lima, el 3 de septiembre del mismo año, cuando la invasión de Canterac, participando en la persecución de éste hasta el 25 de igual mes, asistiendo también a la ocupación del Callao, al rendir los castillejos el general La Mar, el 21 del mismo mes y año.

El 8 de octubre de 1821 fue ascendido a coronel graduado y el 12 de enero del año siguiente le fueotorgada por el Protector del Perú la «Orden del Sol».

Retirado el insigne general San Martín de la escena político-militar, en septiembre de 1822, el coronel Deheza tomó parte en la famosa campaña a Puertos Intermedios a las órdenes del general Alvarado, batiéndose con su acostumbrado denuedo en las desgraciadas batallas de Torata y Moquehua (19 y 21 de enero de 1823), donde las fuerzas expedicionarias sufrieron pérdidas inmensas, ya que en ambas acciones tuvieron alrededor de 2200 bajas sobre un total de 3800 hombres que constituían el ejército de Alvarado al abrir la campaña.

Los menguados restos de las valientes tropas patriotas pudieron embarcarse sin mayores tropiezos en el puerto de lio, con destino al Callao, gracias a las repetidas cargas del glorioso coronel D. Juan Lavalle, con sus famosos Granaderos a Caballo, frenando la persecución enemiga.

Deheza recibió la efectividad de coronel el 15 de septiembre de 1822 y revistó en el glorioso cuerpo en que se había formado, 11 de los Andes, hasta el 24 de junio de 1823, fecha en que dejó de pertenecer al mismo y al ejército de los Andes que mandaba el general Cirilo Correa, por haberse embarcado en el Callao con el ejército del general Sucre para la campaña de Arica, el 20 de julio.

Tocaron en la travesía en el puerto de Chala, donde había desembarcado el general Miller con una división patriota, entrevistándose en aquel punto ambos Generales. Finalmente, el ejército de Sucre desembarcó en Quilca, avanzando el 28 de agosto al valle de Vitor y entrando el día 30 en la ciudad de Arequipa, de la que se retiró el coronel realista Ramírez, que la guarnecía, con 600 infantes y 200 jinetes, no sin haber sostenido un fuerte tiroteo con la partida patriota avanzada, al mando del bizarro comandante argentino D. Manuel Isidoro Suárez.

El 3 de octubre, el general Sucre fue a Moquehua, a tener una entrevista con el general Santa Cruz que había sostenido contra los realistas la batalla de ezpita, y con Gamarra, regresando el primero a Arequipa el día 8 del mismo mes y al siguiente, salió con su ejército de esta ciudad, ante la aproximación de Carratalá con 3000 hombres, en dirección al puerto de Quilca, donde Sucre iba a esperar la expedición que debía llegar a Chile al mando del general Pinto, y no habiendo aparecido ésta, se dirigieron al puerto de Pisco, a donde llegaron y supieron que la división chilena había desembarcado en Arica, y que habiendo sido informada de haberse dado a la vela para abajo, el ejército de Sucre, degollaron 400 caballos y regresaron para Chile.

Ante esta noticia, los generales Sucre, Lara y Alvarado, Jefe del E. M. este último, se embarcaron en Quilca y se dieron a la vela para el Callao. (Cuando el ejército del primero salió de Arequipa, sus habitantes le arrojaban agua callente desde balcones y ventanas, en medio de repiques de campanas).

Deheza hizo la campaña de la Sierra con Bolívar , y en 1824, después de la pérdida del Callao, a causa de la sublevación encabezada por los sargentos Moyano y Oliva, el Libertador lo nombró comandante general de las provincias de Huasco, Chiri y Canta, con facultades para levantar todas las fuerzas posibles y hostilizar a los españoles que ocupaban a Lima, cargo aquél que ejerció hasta que se abrió la campaña en mayo de 1824, intervalo en el cual se halló en algunos encuentros parciales con los realistas.

Deheza asistió a la batalla de Junín, el 6 de agosto de aquel año, por la que recibió un escudo encarnado bordado de hilo de oro; participando, igualmente en la jornada de Ayacucho, el 9 de diciembre, que terminó con el poderío español en América, y por la que fue condecorado con la medalla discernida por Bolívar. Deheza mandó la reserva de la izquierda patriota en Ayacucho.

El 10 de febrero de 1825 fue nombrado por Bolívar jefe de E. M. del Ejército Libertador, que hizo la campaña al Alto Peiú, acompañándolo el 10 de abril en su marcha hasta Arequipa y el Cuzco, donde permaneció hasta el 6 de agosto del mismo año, en que fue nombrado Prefecto interino del Departamento de Guanuco, permaneciendo en dicho cargo hasta enero de 1826, en que fue relevado por el Ministro del Interior, coronel Delgado.

Regresó a la República Argentina, donde el 31 de agosto del mismo año se hallaba incorporado a sus fuerzas y el 19 de noviembre de 1826 fue confirmado en el cargo de 29 Jefe de E. M. del Ejército Republicano y comandante de la Mesa General, cargos en los que había sido puesto en posesión por Orden General de aquél de 28 de octubre de igual año.

Asistió a lá batalla de Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827, recibiendo el escudo y cordón de oro sancionados por el Congreso para los vencedores. Hizo la segunda campaña al Río Grande y se halló en el combate de Camacuá, el 23 de abril de igual año. Por su actuación en la jornada de Ituzaingó mereció el honor de figurar en el parte de la misma. El 9 de agosto de 1828 recién le fueron rivalidados los despachos de coronel de infantería que había obtenido en el Perú.

El 12 de abril de 1828 fue destinado al 29 de Cazadores, cargo del cual recién se recibió el 28 de octubre del mismo año, por haberse hallado ausente, enfermo en Buenos Aires. Regresó con la 2a. División del Ejército, el 19 de enero de 1829. Revistó en la P. M. del Ejército del 19 de marzo al 19 de abril del mismo año.

En el carácter de Jefe de E. M., acompañó al general Paz en su campaña al interior, en marzo del mismo año, y junto con el coronel Hilarión Plaza, acompañaron a aquel ilustre soldado en la entrevista que tuvo el 17 de abril, en la Hacienda de San Roque, con el general Juan Bautista Bustos. Se halló en la batalla de este nombre el día 22 del mismo mes.

En las acciones de la Tablada, el 22 de junio y en la madrugada del día siguiente, se batió con denuedo, teniendo a su cargo en la primera, el centro de las fuerzas del general Paz. Contra esta parte del dispositivo enemigo, Quiroga lanzó sus jinetes con toda decisión, pero sin lograr quebrantar su capacidad de resistencia.

Deheza capturó gran cantidad de prisioneros en la persecución, y había resuelto pasarlos por las armas a todos, para vengarse de las atrocidades cometidas por Quiroga en la toma de la capital, en las que resultaron víctimas personas de la familia del coronel Deheza: éste cedió en sus propósitos al ruego de varias personas, fusilando sólo a la quinta parte de los prisioneros.

Hizo la campaña contra las montoneras alzadas en la provincia de Córdoba, asistiendo, igualmente, a la famosa expedición de la Sierra, el 19 de enero de 1830, en la cual el general Paz mediante una habilísima maniobra, logró apoderarse de una gran parte de los rebeldes que pululaban en la misma.

En la segunda campaña contra Quiroga intervino con su acostumbrada bizarría, participando en la batalla de Oncativo, el 25 de febrero de aquel año. Posteriormente fue enviado por el general Paz para que se posesionase de la provincia de Santiago del Estero, lo que verificó el 7 de septiembre de 1830, sin dificultad alguna; siendo electo gobernador por la Legislatura el 15 de octubre.

Nombró su ministro general a D. Amancio Alcorta, actuando como secretario el Dr. Savid. Se contrajo a la organización de la provincia, dictando para ello resoluciones importantes y tratando de reparar el desorden en que se encontraba con la precipitada fuga del gobernador Ibarra. Terminados estos trabajos, Deheza salió a campaña en busca de su contendor, dejando a cargo del gobierno al coronel Francisco Gama.

Después de una constante persecución a los coroneles Francisco Ibarra y Pablo Latorre, que giraban con su ejército hacia la costa del Salado, Deheza dividió sus fuerzas en dos secciones, una de las cuales fue mandada por el gobernador de Tucumán, general D. Francisco Javier López, para obrar en la misma costa del Salado; y la otra, al mando del comandante Juan Balmaceda, con el sargento mayor Wenceslao Paunero, fue enviada adelante, fuerte de 200 hombres, y después de una tenaz persecución a un grupo enemigo, consiguió darle alcance en el Pueblito de Loreto, dispersándolo.

Los coroneles Ibarra y Latorre huyeron precipitadamente a Santa Fe, acompañados de los hombres que le eran más adictos. . .

Posteriormente, a comienzos de 1831, fuerzas pertenecientes al gobernador Deheza mandadas por el comandante D. Tomás Castillo, fueron derrotadas entre la Posta de los Miranda y los Ardiles, encuentro en el cual el que no quedó muerto quedó prisionero.

El 19 de mayo de 1831, el general Paz como «Jefe del Supremo Poder Militar de las Nueve Provincias», extendió a Deheza despachos de coronel mayor.

Este último, cuando tuvo noticia de la captura del primero el 10 del mismo mes, se puso en marcha y al día siguiente por la tarde se incorporó con la división santiagueña.

Al reunirse en Junta de Guerra los principales jefes del ejército para nombrar el General que debía comandarlos en reemplazo de Paz, resultó elegido Lamadrid, quien nombró Jefe de E. M. al general Deheza, pero éste descontento, renunció y se retiró con su División.

Resolvió abandonar el país, previendo las desgraciadas circunstancias en que iban a encontrarse sus compañeros de causa, pues no tenía ninguna confianza en la capacidad del general Lamadrid. Deheza se estableció al principio en Ocloca, Bolivia, en los últimos meses de 1831, pasando posteriormente al Perú.

Cuando el general Paz organizaba el ejército contra Rosas en Corrientes, en 1845, Deheza ofreció sus servicios, que fueron aceptados, siendo nombrado Jefe de E. M. del mismo a pocos días de su incorporación, la que tuvo lugar el 17 de septiembre de aquel año, habiendo realizado su regreso del Perú a través del Brasil.

Hizo la campaña de enero – marzo de 1846 con motivo de la invasión a Corrientes por el general Urquiza; pero la prisión del general Juan Madariaga en Laguna Limpia el 4 de febrero de aquel año, tuvo consecuencias funestas para aquel ejército: Paz prosiguió su retirada hasta Ibajay, donde su enemigo no se atrevió a atacarlo, iniciando una veloz retirada, abandonando Corrientes al finalizar el mes de febrero, pero aprovechó tener en sus manos al hermano del gobernador de aquella provincia, para deshacer por medio de la intriga el hermoso ejército que había organizado el general Paz.

Disueltas aquellas fuerzas a comienzos de abril, los jefes de otras provincias adictos al Comandante en Jefe debieron emigrar al Paraguay o al Brasil, como sucedió con el general Deheza. Cuando se disolvió el Ejército Aliado, el general Solano López, nombró a Deheza Jefe del E. M. del ejército paraguayo y después 29 jefe del mismo, hasta que regresaron aquellas fuerzas a Asunción.

Posteriormente, después de la caída de Rosas se retiró a la vida privada, obteniendo permiso del Gobierno Argentino para residir en Chile, país donde permaneció hasta su fallecimiento, el que tuvo lugar en Valparaíso el 30 deagosto de 1872. Desde el 7 de enero de 1869 revistó en la lista de «Guerreros de la Independencia».

El valiente general Deheza se halló en su larga carrera militar en 17 acciones de guerra principales, siendo uno de los pocos guerreros argentinos que le ha cabido el insigne honor de hallarse en casi todos los hechos de armas librados desde 1814 hasta 182 7. Por su participación en tantas campañas y combates, lucía sobre su pecho doce condecoraciones: 2 escudos, 8 medallas y 2 cordones de honor.

Entre las segundas, se encontraba la medalla de oro con brillantes otorgada por San Martín a los jefes del Ejército Libertador del Perú después de la toma de Lima; y la Orden del Sol, de la que fue fundador, le fue conferida con el título de «Honorable».

La primera comisión en el servicio público que desempeñó Deheza, y que se ha mencionado la comienzo: en 1810, al aproximarse a Córdoba el Ejército Auxiliar, enviado para conducir pliegos del Cabildo al general Antonio González Balcarce, lo que verificó en Oncativo, a las 2 de la tarde del mismo día de su salida; era tanto más delicada para el joven Deheza por la circunstancia de hallarse el general Liniers viviendo frente a su casa paterna, pronto en aquellos momentos para retirarse para el Norte.

El general Gerónimo Espejo, en informe de 17 de diciembre de 1868, sobre servicios de Deheza, dice: «. . .y se halló en la batalla de Ituzaingó, y con esto se llena el cuadro de informe, siendo el último de los servicios que prestó a la Patria tan meritorio veterano, y cuyo pecho, si se hallara presente, se vería adornado con doce condecoraciones: dos escudos, ocho medallas y dos cordones de honor».

Deheza fue casado con Carmen Velazco Alcalde, peruana; matrimonio del cual sólo nació un hijo, Eleodoro, que murió soltero.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografía de Salvador María del Carril Vida y Obra Política

Biografía de Salvador María del Carril

Nació en San Juan el 5 de agosto de de 1798, siendo sus padres D. Pedro Vázquez del Carril, comerciante, y doña Clara de la Roza; pertenecientes ambos a familias distinguidas de la época colonial. Recibió esmerada educación, graduándose en derecho civil y canónico como bachiller, el 4 de julio de 1816, y de doctor, el 15 del mismo mes y año, en la Universidad de San Carlos, de Córdoba, donde fue alumno aventajadísimo del doctor Gregorio Funes.

salvador del carril

En 1817 pasó a Buenos Aires a incorporarse a la academia teórico-práctica de jurisprudencia, en la que logró el título de abogado, desempeñando por breve tiempo en 1819, antes de regresar a San Juan, el puesto de oficial del Ministerio de Hacienda.

Al llegar a su ciudad natal, el Dr. del Carril fue despachado cerca del gobernador – intendente de Cuyo, formando parte de una comisión que integraban, su padre, D. Pedro Vázquez del Carril, y don Rudecindo Rojo; la que iba con el encargo ostensible de arreglar algunos asuntos municipales puramente administrativos, pero que en el fondo tenía por objeto combinar un plan que asegurase la tranquilidad de San Juan contra un movimiento subversivo que se urdía allí para deponer del mando al teniente-gobernador Dr. José Ignacio de la Roza; y también para tratar de evitar la propagación de la anarquía que ya había invadido varias provincias. Gracias a las medidas que se tomaron, se conjuró momentáneamente el plan revolucionario. Al regresar a San Juan, del Carril fue nombrado administrador de la Aduana.

Ejercía tal puesto cuando tuvo lugar la sublevación del 19 de Cazadores, actuando como intermediario de una transacción amistosa entre el gobierno de Mendoza y los sublevados.

Miembro del Cabildo en 1821, a su iniciativa se reemplazó esta corporación por una Junta Representativa del pueblo. En 1822 el gobernador, general Pérez de Urdinenea, le nombró ministro secretario en substitución al Dr. Francisco Narciso Laprida, siendo del Carril el alma del tratado que se ajustó a mediados de agosto de aquel año en San Miguel de las Lagunas, a instigación de Buenos Aires, para restablecer la antigua provincia de Cuyo, el que se malogró por la facción opositora de Mendoza. Contribuyó en la represión del movimiento subversivo que se produjo en San Juan, a fines del mismo mes de agosto contra Urdinenea, en el que apareció complicado su antecesor José Antonio Sánchez.

Cuando Urdinenea renunció a su elevada investidura, fue reemplazado el 10 de enero de 1823 por del Carril, que nombró su ministro general a D. José Rudecindo Rojo. Nombrado interinamente, fue elegido en propiedad el 12 de marzo de 1824, siendo reelegido el 18 de enero de 1825. renunciando a su cargo el 12 de septiembre de este m’smo año.

Durante su administración inició el primer censo agrícola de San Juan; fundó la Sociedad de Beneficencia, el 18 de febrero de 1823; estableció y reglamentó el maestrazgo de artesanos; fundó la primera imprenta y creó la primera publicación periódica; arregló y publicó el primer Registro Oficial; instauró la reforma religiosa sobre casas monásticas, secularización de regulares, desvinculación de bienes de manos muertas, abolición de derechos bautismales; y también ejecutó muchas obras de impontancia para el ornato de la población, tales como construcción de puentes, ratificación de calles, etc., etc.

En el orden judicial dio a este poder una organización conveniente, reglamentando sus funciones, de manera a hacer la justicia más rápida y barata, garantizando los derechos de los litigantes; hizo otro tanto con el Poder Legislativo, para cuya formación creó los Tribunales electorales, dictando una ley de elecciones y restringiendo el sufragio a una edad y estado que ponía al votante a cubierto de la coacción y del cohecho, y como resumen a tanta reforma de importancia, dictó la célebre Carta de Mayo, que puede considerarse la primera Constitución de la Provincia.

Esta fue sancionada el 23 y promulgada el 25 de julio de 1825. Eran las altas horas de la noche del 26 de este mismo mes, cuando fue reciamente despertado por un grupo de individuos que se habían sublevado la guarnición de San Juan, los que se apoderaron de la persona del gobernador venciendo la enérgica actitud de grupos armados dirigidos por los oficiales de milicias D. Pedro Regalado Cortínez, D. Manuel Gregorio Garramuño y D. Javier Ángulo.

Los rebeldes dominaron la situación. Pero el gobernador de Mendoza tan pronto tuvo noticia de lo acaecido, dirigió por expreso, ganando horas, un pliego al Gobierno Nacional, participándole del atentado ocurrido y pidiendo autorización para restablecer el orden por la fuerza de las armas. Entretanto, el Dr. del Carril se mantenía en su casa en calidad de detenido.

Esta revolución había sido dirigida principalmente por los hermanos de Oro. Finalmente, del Carril logró que se le permitiera salir de la provincia dirigiéndose a Mendoza, y al llegar a esta ciudad encontró muy adelantados los preparativos de la expedición que se iba a realizar contra los revolucionarios sanjuaninos.

La H. Legislatura de Mendoza autorizó al P. E. para que interviniera en aquellos sucesos y entonces se dio todo impulso a los aprontes militares, tomando la dirección de las fuerzas el teniente coronel D. José Aldao. Del Carril marchó con los expedicionarios que lo iban a restablecer en el poder.

El 9 de septiembre de 1825, por la mañana, fue completamente batida y dispersada la fuerza revolucionaria en el lugar llamado de «Las Leñas», a inmediaciones del Pocito, muriendo gloriosamente en la acción el valiente sargento mayor D. Pedro Regalado Cortínez, comandante de la guarnición de San Juan, cuando derrocaron a del Carril los revolucionarios.

Repuesto del Carril en el Gobierno, hizo renuncia de él, el 12 de septiembre, siendo elegido en su reemplazo D. José Navarro. Durante su mandato, del Carril había enviado el 19 de marzo de 1824, a su apoderado oficial, su hermano José María del Carril, a Buenos Aires, para que el Gobierno Nacional le entregase la cantidad de 4 a 6.000 pesos en moneda de cobre del cuño corriente en la provincia de Buenos Aires, a fin de adoptarla en San Juan, aumentando así el medio circulante, lo que fue aceptado por el gobierno porteño. Durante su administración se fundaron las villas de «San Salvador de Angaco», «Pocito», «Mogna» y «Valle Fértil»; y se publicaron los siguientes periódicos: «El amigo del Orden», político, literario; y el «Defensor de la Carta de Mayo».

Del Carril fue electo Diputado Nacional el 19 de febrero de 1826, al Congreso General que se congregó en Buenos Aires. Pocos días después, el 8 de febrero, al asumir la primera magistratura del Estado el insigne estadista D. Bernardino Rivadavia, designaba al Dr. del Carril como su colaborador en el ramo de Hacienda. Este era el provinciano llamado a colaborar en el Gobierno, lo que sirvió para evitar que se proclamase que éste era de un «unitarismo» intransigente y enemigo de las Provincias.

No pudo Rivadavia dar a éstas una mayor prenda de paz, que llamar al ilustre sanjuanino para el Ministerio de Hacienda, que tan distinguida actuación le había cabido en el ejercicio de! gobierno de su provincia natal. Sin embargo, nada pudo evitar la tempestad que empezó a diseñarse en el horizonte desde el día en que se tocaron las rentas provinciales que servían para alimentar el gobierno de sus caudillos.

La labor del ministro del Carril fue dura, en medio de las estrecheces que debía soportar el país frente a la guerra exterior y al estado anárquico de las provincias pero este hombre superior se comportó a la altura de su ya cimentado prestigio y de sus incomparables cualidades de estadista. Desempeñó la cartera hasta el 27 de junio de 1827, día en el cual el eminente Presidente que gobernaba los destinos de la Patria debió resignar el alto honor que le habían conferido sus conciudadanos, impotente para contener la terrible anarquía que devoraba a la Nación.

Debió apartarse momentáneamente del escenario político durante el gobierno de Dorrego y cuando éste fue derrocado por el general Lavalle, el l9 de diciembre de 1828, fue el Dr. del Carril uno de los que con mayor vehemencia aconsejaron al Héroe de Río Bamba, la eliminación del gobernante depuesto. Este gran error fue cometido y con él se indicó el camino para las terribles represalias que sufrieron los unitarios cuando sus enemigos volvieron al poder. Del Carril fue nuevamente Ministro de Hacienda durante el gobierno de Lavalle y a la caída de éste debió emigrar al Estado Oriental, donde permaneció largos años, luchando con la suerte.

Se estableció en Mercedes, ejerciendo el comercio, cooperando en la tentativa de Lavalle en Entre Ríos en 1831. Oribe lo deportó en 1836 junto con Agüero, Juan Cruz Várela y otros y se estableció en Santa Catalina, regresando dos años después. Cuando se organizó la Legión Libertadora, que el general Lavalle condujo a la Isla de Martín García el 2 de julio de 1839, del Carril se incorporó a ella a comienzos de septiembre, marchando a la provincia de Entre Ríos.

Desempeñó el cargo de intendente del Ejército Libertador y se halló en toda la desgraciada campaña que realizó éste, asistiendo a los combates del Yeruá, el 22 de septiembre de 1839; Don Cristóbal y Sauce Grande, el 10 de abril y el 16 de julio de 1840; se halló en el pasaje del ejército por Punta Gorda, a la provincia de Buenos Aires, y en el avance ulterior hasta Merlo y repliegue hacia el Norte. Se encontró en el asalto y toma de Santa Fe, el 29 de septiembre del mismo año y en la sangrienta batalla del Quebracho Herrado, el 28 de noviembre de 1840.

En toda esta campaña prestó su hábil concurso para asegurar los abastecimientos del Ejército Libertador. La derrota definitiva de Lavalle en los campos de Monte Grande o Famaillá, el 19 de septiembre de 1841, impuso al Dr. del Carril nuevamente la emigración, viviendo el resto de la dictadura rosista fuera del país.

Vivió en el Brasil largos años y regresó a la Patria después de Caseros. Fue diputado por San Juan al Congreso General Constituyente desde el 9 de febrero al 7 de octubre de 1853, en que fue nombrado Ministro del Interior. En 1853 integró con el general Urquiza la fórmula presidencial de este mismo año, en calidad de Vice, cargo que ejerció desde el 5 de marzo de 1854 al 60; y en el que puso al servicio de la Confederación toda su capacidad y todo su patriotismo.

Acompañó al Presidente Urquiza en circunstancias que dirigía el sitio de Buenos Aires, en el primer semestre de 1853, siendo notables las cartas que dirigió del Carril, al general Paz y al Dr. Vélez Sársfield, ambos dirigentes de los porteños en esta lucha civil. Tales cartas se encuentran en el archivo del general Paz y ellas revelan la inteligencia superior de su autor. Del Carril, como diputado por San Juan, formó parte del Congreso General Constituyente del 53 reunido en la ciudad de Santa Fe.

Terminada la vicepresidencia de la Confederación, el Dr. del Carril fue más adelante designado Ministro de la Suprema Corte de Justicia y el 11 de julio de 1870, su comprovinciano, el Presidente Sarmiento, lo elevó a la presidencia de aquel alto Tribunal, siendo el segundo que ejercía tan elevado cargo, habiendo reemplazado al Dr. Francisco de las Carreras, por haber fallecido.

El Dr. Salvador María del Carril permaneció en la Suprema Corte de Justicia desde el 18 de octubre de 1862, en que fué nombrado Ministro por el Presidente Mitre, hasta mediados de 1877, en que lo reemplazó el Dr. José Barros Pazos, porteño, que también había integrado el alto Tribunal desde su creación, en la fecha arriba indicada, conjuntamente con de las Carreras, del Carril, Valentín Alsina y Francisco Delgado. En la última fecha citada, el Dr. del Carril se acogió a los beneficios de una bien merecida jubilación.

Cuando el Presidente Nicolás Avellaneda lanzó la patriótica idea de invitar a los argentinos a contribuir financieramente para la repatriación de los restos del invicto general San Martín, la gloria más pura de la América del Sud, proclama expedida el 5 de abril de 1877, el Dr. del Carril respondió como el mejor para el cumplimiento de tan patriótica iniciativa y el 7 del mismo mes escribió a Avellaneda la carta que sigue, reveladora del patriotismo de este admirable sanjuanino:

«Tengo el honor de avisarle que he recibido su proclama al pueblo argentino, fechada el día del aniversario de la célebre batalla de Maipú, invitándolo a adherirse al pensamiento sublime y patriótico de volver a su Patria los restos venerados del finado brigadier general D. José de San Martín, salvador de la independencia de la América del Sur.

Empezando por el hecho, pues que hay un deber atrasado por treinta años que cumplir y que pesa sobre nuestra conciencia, abriré la colecta con la siguiente suscripción:

Salvador María del Carril (padre) $ 5.000; Benigno del Carril $ 3.000; Salvador María del Carril (hijo) $ 2.000; Víctor del Carril $ 2.000; Justo del Carril $ 1.000; Pedro del Carril $ 1.000; e Ignacio del Carril $ 1.000.»

Así constará que para mí y para mis hijos la memoria del general San Martín ha sido siempre un culto doméstico. No es extraño, pues, que en medio de las dificultades que atravesamos hayamos encontrado un óbolo «para contribuir a realizar el pensamiento patriótico y altamente moralizador de V. E., de volver a la Patria los restos del ilustre General olvidados «en suelo extranjero».

El Dr. del Carril falleció en Buenos Aires el 10 de enero de 1883.

Había contraído matrimonio en la ciudad de Mercedes, Estado Oriental, el 28 de septiembre de 1831, con doña Tiburcia Domínguez, argentina, nacida el 17 de abril de 1814, hija de D. Andrés Domínguez Duran, de Tuy, en Galicia, y de Juana de Insúa. La viuda del Dr. Del Carril falleció el 20 de septiembre de 1898.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

Biografia de Feliciano Chiclana Abogado

Biografía Feliciano Chiclana

Nació en Buenos Aires el 9 de junio de 1761. Estudió en su ciudad natal, terminando su carrera de doctor en jurisprudencia en la Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile, donde se graduó en 1783. De regreso al país, ejerció la abogacía y desempeñó el cargo de asesor del Cabildo, a principios del siglo XIX.

En 1803 presentó al Rey un proyecto por el cual proponía atraer a los indios, entablando intercambio comercial con ellos, dándoles facilidades de trabajo y ocupándolos en forma permanente.

feliciano chiclana

Ejercía este cargo, cuando se produjeron las invasiones inglesas, actuando Chiclana con valor en la Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto de 1806, lo que le valió el grado de capitán de Patricios, el 8 de octubre de 1806, confirmado por Real Orden de 13 de enero de 1809, expedida por la Junta de Sevilla.

Tomó parte en la heroica defensa de la Capital contra los invasores comandados por el general Whitelocke, en las cálidas jornadas del 5 y 6 de julio de 1807.

En la asonada preparada por los miembros del Cabildo contra el Virrey Liniers, el 1º de enero de 1809, la actitud de Chiclana fue realmente arrojada: al frente de un grupo de patriotas concurrió al Fuerte en apoyo de la autoridad virreinal, desconocida por los complotados; y arrebatando de manos del escribano público del Cabildo, la renuncia que Liniers suscribiera en un momento de debilidad moral, Chiclana la despedazó en presencia de los circunstantes.

Su valerosa actuación en la emergencia le valió ser graduado teniente coronel de Patricios, con fecha 23 de marzo de 1809. Fue miembro de la junta secreta de patriotas, confabulados gloriosamente con el patriótico propósito de dar la independencia a estas colonias; Chiclana participó de sus trabajos, de sus desvelos, fatigas y angustias, tuvo la infinita satisfacción de ver realizados sus ideales en la jornada memorable del 25 de mayo de 1810, con la deposición del Virrey Cisneros y la exaltación de sus compañeros de causa.

El 14 de junio de 1810, la Primera Junta se apresuró a nombrarlo Auditor del Ejército Auxiliar, ascendiéndolo a coronel de ejército efectivo, el 15 de julio siguiente.

En agosto fue nombrado Gobernador Intendente interino de Salta, cargo que ejerció hasta el 24 de diciembre del mismo año, en que fue designado para análogo puesto en la de Potosí (nombramiento éste expedido el 3 de diciembre de 1810).

De regreso en Buenos Aires, a consecuencia de intrigas partidistas, Chiclana fue elegido popularmente el 23 de septiembre de ese año, 1811, para formar parte del primer Triunvirato, completado por Juan José Paso y Manuel de Sarratea, en cuyo desempeño cooperó en el sofocamiento de la conspiración encabezada por Di Martín de Alzaga, en la que Chiclana procedió con la debida y necesaria energía.

La revolución del 8 de octubre de 1812 puso término al mandato de Chiclana, el cual el 13 de noviembre del mismo año, volvió a ser nombrado Gobernador Intendente de Salta, puesto que desempeñó hasta octubre del año siguiente. Observados sus procedimientos un tanto arbitrarios, Chiclana presentó su renuncia, la que fue aceptada por el Gobierno, el cual designó para reemplazarlo al coronel Francisco Fernández de la Cruz, que se recibió de su cargo el 26 de octubre de 1813.

La verdadera causa del retiro de Chiclana de la gobernación de Salta fue motivada por no haberse sabido granjear las simpatías del pueblo salteño; lejos de eso, se enajenó la benevolencia de los habitantes por su mal entendido entusiasmo por la causa de la Patria. Sin embargo, la Superioridad hizo justicia a la pureza y buena intención que guiaron sus actos.

El 9 de diciembre de 1814 el Supremo Director Posadas designó al coronel Chiclana «Comisionado Extraordinario para provisión de Víveres y cabalgaduras para el Ejército Auxiliar del Perú», cargo que retuvo un tiempo, regresando a Buenos Aires en 1816.

Posteriormente, debido a la oposición que hizo con toda intransigencia al Director Pueyrredón, fue desterrado por éste en 1817, trasladándose a Estados Unidos, donde se estableció en la ciudad de Baltimore, regresando después al Río de la Plata, pero quedando un año en Montevideo.

Pero hostigado por la miseria, en mayo de 1818 llegó a Buenos Aires sin licencia del Gobierno. En esta emergencia, el día 18 de aquel mes, su esposa doña Micaela Alcaraz, solicitó un asilo para su esposo en algún punto de las Provincias Unidas.

Desterrado en el mes de Julio a Mendoza, se enfermó en el viaje al llegar a la posta de Pavón en compañía del capitán de Húsares D. José Caparroz, el teniente coronel del mismo cuerpo D. Hilarión Guerrero y el teniente coronel retirado Marcelino Balbastro, que marchaban con Chiclana para la ciudad de Mendoza.

Desde el Arroyo Pavón, el 29 de agosto el último solicitó quedar en aquellas cercanías por su «achacoso estado», lo que fue concedido el 10 de septiembre por el Director Pueyrredón, accediendo al libre regreso a esta Capital, restituyéndolo al seno de su familia, lo que se comunicó al jefe del punto, coronel Hortiguera, para su cumplimiento.

El 19 de abril de 1819 fue repuesto en su empleo de coronel. Su último servicio fue una incursión que realizó a las pampas, desde el 23 de octubre hasta fines de diciembre de 1819, para negociar la paz con los indios Ranqueles, a los que entregó las gratificaciones y hasta su propia espada, comisión que desempeñó a satisfacción del Gobierno.

El 28 de febrero de 1822, obtuvo su reforma militar en su clase de coronel, después de haber revistado en el E. M. de Plaza desde el año anterior en su clase de coronel de infantería .

En sus negociaciones con los indios, Chiclana llegó, el 27 de noviembre a Manuel Maeu, distante 120 a 200 leguas al WSW de Buenos Aires, feudo del cacique Lienand, donde conferenció con los caciques ranqueles reunidos con tal objeto.

Falleció en Buenos Aires el 17 de septiembre de 1826. El 19 de enero de 1830 el Gobierno Nacional dictó un decreto disponiendo la erección de monumentos en el Cementerio del Norte para guardar los restos del coronel Dr. Chiclana y general Cornelio Saavedra.

Chiclana fue un patriota de carácter audaz, turbulento, y su figura se destaca como hombre de lucha y de consejo, cualidades que se evidenciaron cuando formó parte del Primer Triunvirato.

Fuente Consultada:
Yabén, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Biografía de Domingo Cullen Gobernador de Santa Fe

Biografía de Domingo Cullen

Nació en Lanzarote, Tenerife, en las Islas Canarias, en la penúltima década del siglo XVIII, siendo hijo del cónsul inglés establecido en aquella ciudad. Huérfano de temprana edad, vino a América, estableciéndose en el ramo comercial en la ciudad de Montevideo, tomando parte inmediatamente en pro de la causa patriota, poniéndose al habla con sus dirigentes.

Desde el interior de la plaza, sitiada a la sazón por las fuerzas independientes, y valiéndose de botellas que confiaba a las corrientes de las aguas, ponía en conocimiento de los sitiadores los movimientos de las tropas reales. Cuando se rindió el general Vigodet, el 23 de junio de 1814, Cullen, en recompensa fué nombrado contador de la Aduana, pero poco después renunció a tal puesto y se trasladó a la ciudad de Santa Fe, fijando definitivamente su residencia en aquella provincia.

domingo cullen

D. Domingo Cullen contrajo relaciones con D. Estanislao López, del cual bien pronto llegó a ser su consejero privado y a cuyos planes se asoció resueltamente. Desde aquel momento Cullen empezó a jugar un rol prominente en la provincia de Santa Fe: hombre de carácter y de consejo, con una razón despejada y un talento especial para la intriga política, llegó a ejercer sobre el caudillo santafecino una influencia preponderante.

El general Paz en sus «Memorias» afirma que Cullen era intrigante, falso, y que lejos de disimular la influencia que ejercía sobre Estanislao López, declaraba sin rodeos que tenía absoluta dirección en los negocios políticos de la provincia.

Como agente de López cerca de Rosas, firmó el 18 de octubre de 1829 un tratado de amistad y alianza entre los gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe, con el fin de resistir a las agresiones de las demás provincias y también con el fin de contener los desmanes de los salvajes. Esta fue la preparación al tratado que se firmó más tarde entre las cuatro provincias litorales, el 4 de enero de 1831, llamado del Cuadrilátero conocido como el pacto federal, que fue la primera base orgánica que se dio al sistema de gobierno así llamado, en la República Argentina, pacto en el cual D. Domingo Cullen firmó en representación de López. Según afirma el general Ferré en sus «Memorias», Cullen era el que inclinaba al caudillo santafecino a no ser condescendiente con Rosas.

Cullen fue Ministro General del gobernador López y en varias ocasiones ejerció el mando gubernativo por delegación del titular, cuando debió salir a campaña o cuando se ausentó de la sede del mando por razones de carácter político.

En el desempeño del primer cargo de la provincia, promovió, según afirman documentos de la época, los intereses del pueblo con una consagración y patriotismo que no eran comunes en aquella época: organizó la hacienda pública; estableció un colegio de ciencias morales, cuya dirección se encomendó a D. Francisco Solano Cabrera, más tarde hecho asesinar por el Dictador Rosas; restituyó a la provincia sus antiguas líneas fronterizas; realizó acuerdos de paz con los salvajes, estableciendo algunas reducciones; dio impulso a la educación primaria, y, finalmente, regularizó el mecanismo político y administrativo de la provincia.

Varios historiadores y la lectura de los documentos atingentes, acusan a Cullen de haber combinado con los hermanos Reinafé el asesinato del general Juan Facundo Quiroga, con la anuencia, por supuesto, de Estanislao López. Esta aseveración parece bien fundamentamentada y Saldías dá aquella maquinación como segura. El general Paz que se encontraba preso en Santa Fe en aquella época, afirma que las relaciones de López con los Reinafé eran íntimas; «que el coronel Francisco Reinafé estuvo en Santa Fe un mes antes de la muerte de Quiroga, habitando en la propia casa de López y empleando muchos días en conferencias misteriosas con éste».

Es evidente que con relación al fin del caudillo riojano fué muy significativa la frase empleada por López en carta datada el 26 de julio de 1831, dirigida desde Córdoba a su amigo Rosas, con motivó de la elección de gobernador de dicha provincia y cuyo tenor es como sigue: «Esto indica que el general Quiroga aspira a levantar su persona sobre todos los poderes de la nación, y eso no le ha de ser muy fácil conseguirlo; «PARA VERLO ESTA EL TIEMPO».

Esta es la sentencia de muerte del Tigre de los Llanos, decretada por López y ejecutada por los Reinafé.

Cullen reemplazó a López en el gobierno una parte del año 1833, mientras el titular expedicionó contra los indios del Chaco. Desde el 12 de marzo hasta diciembre de 1835, en que el gobernador abandonó los negocios públicos en busca del restablecimiento de su salud; en el año siguiente, en el mes de julio, en que López salió a asaltar una toldería de indios que se aproximaba a la ciudad de Santa Fe; y finalmente, desde enero a abril de 1837, cuando el caudillo santafecino se trasladó a Buenos Aires en busca de una cura a su enfermedad.

Poco después el Ministro Cullen era enviado por López para que tratase con Rosas un arreglo con el almirante francés que bloqueaba con su escuadra todos los puertos del litoral, interrumpiendo, por consiguiente, el comercio con los pueblos del interior por los afluentes del Plata. Cullen se trasladó a Buenos Aires, pero encontrando en Rosas una resistencia insuperable para lograr el objetivo de su misión, cumplimentando las órdenes de López, se trasladó a la escuadra bloqueadora, y se entendió directamente con el jefe de ella, con el fin de que facilitara el comercio de los pueblos que estaban en paz con Francia.

Esta comisión iba a serle fatal a Cullen, pues Rosas nunca se la perdonó, por haberla considerado, de buena o de mala fe, como iniciada por el mismo comisionado, y no como emanada de López, cuyo fin estaba próximo, pues poco después, el 15 de junio de 1 838, moría en Santa Fe. Cullen se hallaba aún ausente por la comisión que se acaba de referir, y al fallecer el titular, fue nombrado gobernador interino.

Al regresar a Santa Fe, dio cuenta a la Cámara de Representantes del cumplimiento de la misión que le encomendara el extinto Gobernador, y en vista del resultado obtenido en su misión y el deseo manifestado por los jefes y oficiales veteranos de milicias, la Legislatura lo nombró titular. Su elección fue resistida por el comandante Juan Pablo López, hermano de D. Estanislao; por el gobernador de Entre Ríos, general Echagüe, que aspiraba aquel puesto para su hermano José María; por el pueblo, que argüía su calidad de extranjero, y por Rosas, por la razón antedicha.

Cullen huyó dos días antes del encuentro que tuvo lugar el 2 de octubre de 1838 entre sus partidarios y las fuerzas de Juan Pablo López, el cual, el día 14 ocupó la suprema magistratura de la Provincia. Una de las razones que más determinaron la guerra a Cullen, fueron las comunicaciones cambiadas entre éste y el gobernador de Corrientes, Genaro Berón de Astrada, en pugna con el poder central.

Cullen había huido a Santiago del Estero, en busca del apoyo de su íntimo amigo el gobernador Ibarra, el cual lo recibió con satisfacción. Pero desde allí, el ex-gobernador santafecino agitó los espíritus en Córdoba, con el fin de provocar una revolución contra el gobernador Manuel López, hechura de Rosas. Este exigió de Ibarra la entrega inmediata de Cullen, que también había tendido redes subversivas a Catamarca.

La exigencia de Rosas iba acompañada de la amenaza de una invasión si no entregaba al confidente de López, el cual al saber esto, manifestó sus intenciones de refugiarse en Bolivia, pero Ibarra se opuso decididamente, garantiéndole que nadie lo sacaría de su provincia.

No obstante esto, una noche hizo prendei a Cullen en su cama y lo entregó a una partida para conducirlo a Buenos Aires. Sabedor Rosas de esto, despachó a su edecán, el coronel Pedro Ramos, para que saliese en busca del prisionero, con la orden de ejecutarlo, como lo cumplió el mencionado jefe, en la «Posta de Vergara» sobre la orilla del Arroyo del Medio, el día 22 de junio de 1839, sepultándose sus restos en el lugar mismo de la ejecución.

Di. Domingo Cullen era casado con doña Joaquina Rodríguez del Fresno, matrimonio del cual nacieron dos varones, José y Ricardo, y una mujer, Gerónima Cullen.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto R. Yaben – Tomo II – Editorial «Metrópolis»

El General Federico Rauch en la Frontera Contra Los Aborígenes

EL GENERAL FEDERICO RAUCH

El 6 de febrero de 1826 el Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en razón de las dificultades internas y principalmente las externas, surgidas por la guerra con el Imperio del Brasil, creó un Poder Ejecutivo nacional. Al día siguiente designó presidente a don Bernardino Rivadavia. A pesar de los múltiples problemas que tuvo que atender, éste se preocupó también por reforzar la frontera contra los indios.

Federico Rauch

La paz que se había firmado en el gobierno anterior no satisfacía a todos los indios, y en 1826 más de setecientos pampas enemigos tomaron por asalto los pueblos de Salto, Arrecifes y Dolores, retirándose con numerosos cautivos y gran cantidad de animales.

Poco después otro malón cayó sobre el paraje denominado Toldos Viejos, no lejos del pueblo de Dolores, y tras encarnizado combate dieron muerte a casi todos los componentes de la guardia que defendía esa zona.

En conocimiento de estos desmanes Rivadavia se propuso tomar enérgicas medidas, y en un memorable mensaje expresó: «La paz que se ha hecho y que se procura conservar a costa de grandes sacrificios no es una garantía suficiente a la que pueda librarse la riqueza de nuestros campos y la vida de nuestros laboriosos habitantes. Sólo el poder de la fuerza puede imponer paz a estas hordas y obligarlas a respetar nuestra propiedad y nuestros derechos».

Con el propósito de castigar a los indios por sus frecuentes malones, Rivadavia decidió organizar una expedición, que puso a las órdenes del coronel Federico Rauch.

Este bravo y hábil oficial dirigió una feliz campaña en la región de la Sierra de la Ventana desde octubre de 1826 hasta enero de 1827, y a principios de ese año en la laguna de Epecuén.

Durante la presidencia de Rivadavia no sólo se llevaron a cabo las expediciones punitivas dirigidas por el coronel Rauch, sino que se planeó un avance de la frontera, que permitió a los blancos ocupar extensas zonas en la provincia de Buenos Aires. Teniendo en cuenta las observaciones hechas por las comisiones nombradas durante el gobierno de Gregorio Las Heras, Bernardino Rivadavia dictó un decreto el 27 de septiembre de 1826.

En el mismo establecía que con la mayor premura posible se fundarían tres fuertes principales: el primero en la laguna de Curalafquén, el segundo en la de Cruz de Guerra y el tercero en la del Potroso. El decreto disponía, además, que acordara con los hacendados la forma de conducir a los vecinos y también que se completaran los cuatro regimientos de caballería para aumentar la seguridad de las poblaciones.

El fuerte de la laguna del Potroso cubría las guardias de Rojas, Salto y Lujan; el de Cruz de Guerra amparaba los territorios guardados antes por los fortines de Navarro, Lobos, Monte y Ranchos; y el de Curalafquén protegía la zona comprendida entre Chascomús, Dolores y el fuerte Independencia, de Tandil. Estos baluartes tenían por objeto proteger a los pobladores de las incursiones de los indios y ganar territorios para la civilización.

Las dificultades económicas de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en lucha con el Imperio del Brasil, no permitieron la construcción inmediata de los fuertes proyectados. El 5 de mayo de 1827 Rivadavia dictó un nuevo decreto disponiendo que los reductos serían levantados en la primavera siguiente. En el mismo presentaba también un plan que tendía a consolidar las poblaciones y a extender los núcieos urbanos.

El artículo primero de este decreto disponía que toda persona que se radicara en los nuevos pueblos fundados al amparo de los fuertes recibiría un solar en recompensa. También se expresaba que si deseaba dedicarse a la agricultura se le entregaría en enfiteusis una chacra, y el que se trasladara al lugar con doscientas cabezas de ganado recibiría una estancia.

Este decreto, el primero dictado después de 1810, estatuía medidas legales para fundar nuevos pueblos. Por el mismo se trazaba un plan orgánico tendiente a establecer a la población de manera definitiva en cada lugar de la campaña. Rivadavia no pudo cumplir sus propósitos, pues debido a serias dificultades externas e internas renunció el 27 de junio de 1827.

Explica Felipe Pigna, en «Los Mitos de la Argentina 2«:

24 de febrero de 1827, el efímero presidente Rivadavia se hizo tiempo para emitir un oficio que decía:

Deseando presentar al Sr. Coronel D. Federico Rauch una expresión especial del aprecio que hace de sus distinguidos y relevantes servicios, le envía una espada en memoria del honor con que ha sado la suya sosteniendo la causa pública; ella, desgraciadamente, no corresponde por su calidad al objeto a que se le destina, pero las circunstancias en que se halla el país han hecho ineficaces las más vivas diligencias de encontrar una mejor, quedando por igual motivo sin ejecución por ahora el designio de acompañarla con un par de pistolas, que le serán presentadas tan luego como puedan adquirirse de la clase que se desea.

El coronel Rauch devolvía los elogios con partes militares como éste, mucho menos lírico que el versito de Várela: «Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles».

Pronto le llegaría su turno al «espanto del desierto». El 28 de marzo de 1829, en el combate de Las Vizcacheras, Rauch fue derrotado y degollado por el ranquel Arbolito. Al morir Rauch, los 30.000 kilómetros cuadrados de pampas que poseía Buenos Aires se habían transformado en más de 100.000. Se entiende por qué hay una ciudad en la provincia de Buenos Aires que aún lleva su nombre.

Del otro lado de la historia, un grupo de jóvenes músicos que hacen una excelente fusión entre rock y folklore han bautizado a su banda con el nombre de «Arbolito» en recuerdo de aquel bravo guerrero ranquel.

En diciembre de aquel año 29 asumió la gobernación de Buenos Aires don Juan Manuel de Rosas….

Biografía de Adolfo Alsina Historia Politica

Biografía de Adolfo Alsina

Nació en Buenos Aires, el 14 de enero de 1829, siendo ssu padres el doctor Valentín Alsina y doña Antonia Maza. Su familia fue una de las primeras en sufrir las persecuciones rosistas, por lo que debió emigrar a Montevideo el 5 de septiembre de 1835.

«Recuerdo — decía el doctor Alsina tocando este incidente memorable de la vida pública de su ilustre padre —, que una noche llevándome mi madre de la mano, al pasar por la quinta de Guido, se encontraban allí dos hombres en completo estado de ebriedad, y uno de ellos, así que pasamos, le dijo a su compañero: «Mira che que marido lleva la vieja . . . Apenas oí estas palabras me desprendí de las manos de mi madre y me incliné a recoger una piedra para tirarles: mi madre tomándome violentamente del brazo, me dijo estas palabras: ¿Qué vas a hacer? … no ves que peligra la vida de tu padre a quien trato de salvar!

Las palabras de mi madre me impresionaron de tal manera que le seguí sin oponer resistencia. A pocas cuadras de ahí entramos a una taberna donde estaba el capitán del «SARANDI» . Aún cuando yo entonces tenía seis años, conservo tan vivo el recuerdo de la actitud y las palabras de mi madre, que me parece verla y oiría, cuando se toca este incidente.»

adolfo alsina

El doctor Adolfo Alsina, a cuya Infatigable actividad y energía Indeclinable se debió un notable avance de la civilización en el corazón del desierto.

Cuando era un adolescente y poco después de haber completado su educación en el Colegio Nacional que había transportado el venerable maestro Peña, expatriado también, Adolfo Alsina fue dedicado por su padre al trabajo que fortalece el cuerpo y el espíritu y dá el sustento diario: obtuvo un modesto empleo en una barraca, en la cual aprovechaba los momentos de descanso para dedicarse a la lectura de libros, escogidos en general por su inteligente progenitor.

Vivió aquellos nueve años de la defensa de Montevideo respirando atmósfera de fuego, saturada por el olor de la pólvora de los cañones que tronaban cotidianamente, en defensa de las libertades públicas del Río de la Plata, cruelmente holladas por el Dictador Argentino y sus sanguinarios tenientes.

Al caer aquel en los campos de Caseros, la familia de Alsina apresuró su regreso a Buenos Aires, a donde llegú el 8 de febrero de 1852. Adolfo fue empleado en el Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisorio, pero la actitud de Urquiza para con los porteños, pronto le enajenó la voluntad de éstos, entre los que se contaba el joven expatriado, el cual no obstante su condición de estar al servicio del Gobierno, abrió en las columnas de la «Nueva Época» una briosa campaña contra el general Urquiza, el cual por intermedio del doctor Vicente Fidel López, a cargo interinamente de la cartera de Relaciones Exteriores, le hizo saber que cambiara de actitud pues de lo contrario podría serle funesto su procedimiento.

La contestación del joven Alsina apareció al día siguiente en un violentísimo artículo contra el Gobierno, a consecuencia del cual fue separado de su cargo, el 20 de junio de 1852.

Alsina continuó su propaganda con mayor entusiasmo preparando la conspiración que debía estallar en la forma de la revolución del 11 de septiembre de aquel año. En unión con numerosos otros compañeros formaron una asociación que denominaron «San Juan», en los conciliábulos de la cual se decretó la muerte del general Urquiza, creyendo sinceramente aquellos jóvenes que con la desaparición del vencedor de Caseros quedarían salvadas todas las dificultades políticas.

Sorteados los componentes de la asociación, recayó la designación para dar muerte a Urquiza en el general Manuel Hornos, Adriano Rossi y Adolfo Alsina. El primero de éstos sintió flaquear su ánimo, valiente como el de ninguno, ante la criminal empresa que el destino había puesto en sus manos, y reveló al doctor Valentín Alsina el secreto para que hiciese valer su autoridad paterna con el fin de hacer desistir a Adolfo del intento que habría arrojado infamia a su nombre y una mancha a la revolución que se estaba generando. Ante la intervención de su padre, desistió de su plan funesto.

En cambio, tomó activa participación en el movimiento del 11 de septiembre, que separó a Buenos Aires del resto de la Confederación, siendo uno de sus primeros y más entusiastas sostenedores. Pocos días después el general José María Paz, que había llegado a Buenos Aires casi inmediatamente de producido el movimiento revolucionario, por simple coincidencia, fue enviado con la famosa misión ante los gobernadores de las provincias del interior, acompañándolo el joven Alsina en calidad de secretario: es sabido que el ilustre General no pudo pasar más allá de San Nicolás a causa de las advertencias inamistosas del gobierno de Santa Fé, que se opuso categóricamente al tránsito del emisario por su territorio.

Alsina se enroló en la ciudad arriba nombrada como simple soldado de la 1a. compañía del 1er. Regimiento de G. N. que comandaba D. Juan Andrés del Campo, antiguo veterano del Ejército Libertador; cuerpo con el cual bajó a Buenos Aires para reforzar la guarnición, tomando puestos entre los defensores, en el extremo derecho de la línea de fortificaciones, en la barranca del Retiro, a las órdenes del coronel Emilio Conesa. Comportóse durante el sitio con valor sereno e hidalguía, características de su personalidad que empezaba ya a destacarse.

Terminado el sitio, por la disolución del ejército de Urquiza, el 13 de julio de 1853, Alsina fue nombrado secretario de la Cámara de Diputados de la provincia. Prosiguió sus estudios de jurisconsulto, que terminó en 1854, recibiéndose de abogado.

Su participación en el bando político de los «pandilleros» (unitarios), bautizados así por el partido que encabezaba D. Nicolás Calvo, en el que militaban los federales, que a su vez recibieron el mote de «chupandines», fue importante, y a su esfuerzo personal se debió en gran parte el triunfo de los primeros en las elecciones de 185 7, que llevaron al sillón de Gobierno del Estado de Buenos Aires, a su augusto padre, por segunda vez.

En la campaña del año 1859, tuvo a su cargo el 1er. batallón del Regimiento N°. 4 de G. N.. en substitución del comandante Ramón M. Muñoz, que renunció y se batió con tanto denuedo en el campo de batalla de Cepeda, el 23 de Octubre de aquel año, que mereció una mención especial del general Mitre en el parte de la acción.

Participó en la retirada del ejército porteño sobre San Nicolás, embarcándose en la escuadra de Buenos Aires, la que sostuvo un violento combate con la confederada, el día 24 al caer la tarde, después del cual las fuerzas de Mitre siguieron aguas abajo el Paraná, rumbo a Buenos Aires. Alsina, con su batallón, se preparó para la defensa de la ciudad cuando se aproximó el ejército de Urquiza, situación que obligó a su padre a renunciar el gobierno de la Provincia para facilitar el advenimiento de los dos bandos rivales.

Firmados los tratados del 11 de noviembre, por los cuales se reincorporaba la provincia de Buenos Aires al resto de la Confederación, el Dr. Adolfo Alsina como su padre, fue designado miembro de la convención ad hoc que debía resolver sobre las reformas propuestas a la Constitución del 53. Poco después fue elegido diputado al Congreso de Paraná; pero rechazados los diputados porteños en el seno de aquella asamblea nacional con pretextos fútiles, debieron regresar a Buenos Aires.

Nuevamente estalló la guerra entre este Estado y la Confederación Argentina y Alsina al frente ahora de una brigada compuesta de dos batallones, combatió con su acostumbrada bizarría en los campos de Pavón, el 17 de septiembre de 1861, salvando que el parque cayera en manos del enemigo. Después de la batalla, el general Mitre lanzó una orden General, acordando honores y recompensas a los jefes que habían actuado en primera línea, lo que hirió la susceptibilidad de muchos de los que habían estado en la reserva.

Alsina, que formaba parte de ésta durante la acción, pidió su separación del ejército, produciéndose con tal motivo un cambio de cartas entre Alsina y el general Mitre, que revelan el patriotismo y pundonor del primero y la nobleza militar y ciudadana del segundo. Concluida la campaña, regresó a Buenos Aires, siendo elegido en 1862 diputado por esta provincia al Congreso Nacional.

Con motivo del proyecto de federalización de la ciudad de Buenos Aires lanzado en el seno de la Cámara, Adolfo Alsina pronunció un brillante discurso contra el mismo, pieza oratoria que ha sido reputada como la mejor de su vida parlamentaria pues formó época en aquellos luminosos debates en que intervinieron Rawson, Elizalde, Mármol, Gorostiaga y otros oradores de reconocida capacidad. La defensa que hizo de Buenos Aires fue la señal de su rompimiento con el general Mitre y sus amigos, naciendo entonces de este cisma, los partidos nacionalista y autonomista cuya fogosa rivalidad produjo resultados tan fecundos para el progreso del país.

Sintiéndose enfermo en 1865, solicitó y obtuvo del Congreso una licencia para ausentarse a Europa. A su regreso, fue elegido el 2 de mayo de 1866, gobernador de la provincia de Buenos Aires, prestando al día siguiente el juramento de ley, designando a los doctores Mariano Várela y Nicolás Avellaneda para acompañarla en los ministerios de Hacienda y de Gobierno, respectivamente.

Una de sus primeras medidas, fue el separar las funciones de juez de paz de las de comandante de campaña, hasta entonces unidas; fijó el valor del papel moneda al tipo de 25 pesos por un peso fuerte; promulgó en julio de 1867, la ley que declara ser suficiente título la posesión de 40 años sin interrupción, para los terrenos del municipio de la ciudad y de los ejidos de los pueblos de campaña; la ley que subdividía el territorio del partido de Necochea en dos, denominando al nuevo, Juárez, en honor del Presidente de Méjico. Dispuso la fundación de los pueblos de Olavarría, el 25 de noviembre de 1867, en el paraje conocido por punta del arroyo Tapalqué, partido del Azul; y la del de Brandsen, el 17 de enero de 1868, a inmediaciones del Quequén Salado.

Fundó escuelas en Mercedes, Chascomús, Chivilcoy, San Nicolás de los Arroyos y el Vecino, ordenando la construcción de edificios para escuelas en Azul, Dolores, Saladillo, Ranchos y las Flores.

El partido de Arenales pasó a llamarse Ayacucho, en homenaje a la gran batalla que dio por tierra con el poder español en América. También se votaron leyes para la construcción de un edificio para el banco de la provincia. Empezó la gran obra de las aguas corrientes de Buenos Aires; inauguró el ferrocarril a Chivilcoy; reprimió la criminalidad en la campaña castigando con mano fuerte a los malhechores e hizo cuanto estuvo a su alcance por el bienestar de la provincia.

Poco antes de terminar su administración, sus ministros Várela y Avellaneda renunciaron a raíz de la actitud del doctor Alsina que destituyó a don Eduardo Wilde de la dirección del «Boletín Oficial», que apreció de traidor la actitud del gobernador en un artículo que llevaba su firma.

Tal fue la estimación que se captó el doctor Alsina entre sus conciudadanos por su laboriosa y honrada administración de dos años en la provincia de Buenos Aires, que siendo aún gobernador fue elegido para integrar con Sarmiento, la fórmula pesidencial que salió triunfante en las elecciones de 1868, correspondiéndole a su ilustre padre, en su carácter de Presidente del Senado, de proclamar la fórmula que había triunfado en los comicios.

En sus seis años de vice-presidente de la República, el doctor Adolfo Alsina mantuvo a la mayor altura el carácter que revestía, acrecentando el número de simpatías que sus actos anteriores le habían conquistado, en tal forma que. en 1873, sus partidarios proclamaron su candidatura para la presidencia del país. Pero frente a su nombre se irguió el general Mitre y la lucha trabada entre ambos bandos políticos fue una de las más ardorosas de que guardan memoria nuestros anales. Finalmente, Alsina sintindose débil ante su poderoso adversario, entregó seis elementos a la candidatura Avellaneda que se robusteció con los nuevos adherentes que fueron bautizados por sus adversarios con el mote de «contramarcados».

El partido autonomista se lanzó a la revolución, declarando que buscaba por la fuerza de las armas los derechos que se le desconocían o que les arrebataba el oficialismo. Elevado al Poder Supremo, el doctor Nicolás Avellaneda designó a Alsina Ministro de Guerra y Marina, el 12 de octubre de 1874 y en tal carácter le tocó reprimir con férrea mano la revolución que se había encendido en varios puntos del país, la que quedó definitivamente vencida en las batallas de la Verde y de Santa Rosa, que fueron completamente favorables a las fuerzas del Gobierno.

Vencida la revolución, cierto es que no se fusiló a nadie, pero los consejos de guerra especiales decretaron la pena de muerte para los dos generales derrotados en las acciones precedentemente citadas: Bartolomé Mitre y José Miguel Arredondo, los que finalmente fueron indultados. El plan de campaña contra los revolucionarios fue obra del propio Alsina, que dirigió virtualmente las operaciones militares que condujeron al triunfo definitivo de la legalidad.

Restablecido el orden, un solo partido podía concurrir a las elecciones y en tales circunstancias fue aclamado candidato a gobernador el dector Alsina. quien declinó el honor en atención a que deseaba mantenerse en el Ministerio nacional que ocupaba para aprovechar la influencia política que el mismo le proporcionaba y desde el cual proyectaba llevar adelante su amplio plan de conquista del Desierto que le ha valido un puesto de primera línea en la gratitud nacional. Por esta causa, fue elegido don Carlos Casares para reemplazar al coronel Alvaro Barros, en el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Alsina se dedicó desde ese momento, con verdadero ahinco, al problema de las fronteras y a la preparación de los medios conducentes a la ejecución de su magno propósito. Todo lo sacrificó a esta empresa digna de su carácter y de su inquebrantable voluntad, y puede afirmarse que las fatigas extraordinarias que le ocasionó esta tarea lo condujeron al sepulcro .

Personalmente dirigió la primera campaña que dio por resultado inmediato la ocupación permanente de Carhué, el 23 de abril de 1876, a la que siguieron la de ítalo, Guaminí, Puán, Trenque-Lauquén, etc., dejando establecida la línea de defensa más avanzada que había de proteger en el futuro la provincia de Buenos Aires de los desmanes de los salvajes. A fines de mayo del mismo año, Alsina regresó a la Capital, justamente satisfecho del resultado logrado en aquellas operaciones, y decidido más que nunca a llevar adelante su obra civilizadora.

Entretanto, el malestar político se había agravado considerablemente: era inminente una nueva revolución, más poderosa que la anterior, que amenazaba trastornar el orden de cosas establecido. Alsina vio claro a su alrededor, comprendiendo que el Gobierno estaba divorciado de la opinión y que hasta se sentía la inseguridad con respecto al ejército: en esta situación, el gobernador Casares le dio la clave para la resolución del grave problema mediante la conciliación de los partidos políticos. Para hacerla efectiva, debió el general Mitre sofocar el movimiento próximo a estallar, contra la voluntad de sus partidarios, dando así el más noble ejemplo de civismo que pueda encontrarse .

El supremo esfuerzo que el bienestar de la Patria exigía de sus hijos fue realizado, y aquellos patriotas separados por rivalidades políticas, se dieron sendos abrazos al pie de la estatua de Belgrano, en la plaza de la Victoria, en el día memorable: 7 de octubre de 1877.

Después de conjurar tan noblemente la crisis que amenazaba a la Nación, Alsina se entregó de lleno, nuevamente a su obra predilecta: las fronteras. Este era un problema que le atraía con irresistible fuerza; que le dominaba y le absorbía por completo. Acababa de asegurar la primera línea defensiva, pero proyectaba proseguir su tarea arrojando a las tribus bárbaras al sur  de los ríos Negro, Limay y Neuquén.

Y con este objetivo en vista, Alsina se puso en marcha para el Azul, el 29 de octubre de 1877, obteniendo a los pocos días los frutos de sus preocupaciones, con los triunfos sobre los caciques Namuncurá, Catriel, Pincén y otros, que eran un verdadero azote de la civilización y que solo fueron reducidos por la fuerza de las armas y después de cruentos sacrificios.

cacique pincen y su familia

El cacique Pincén y su familia. Foto tomada cuando fue traído prisionero a Buenos Aires.

Pero la enfermedad que había de tronchar su preciosa existencia, le atacó fuertemente en el curso de esta campaña, imponiéndole el abandono de la frontera, teatro de sus triunfos y su inmediato regreso a Buenos Aires, en busca de alivio a sus males.

Pero desgraciadamente todo fue inútil, pues el 29 de diciembre de 1877, a las 18 horas 57 minutos expiraba, estando rodeado su lecho de muerte por los señores Luis V. Várela, Cosme Beccar, Manuel Aráuz, Juan Francisco Vivot, Jacinto Aráuz, Eduardo O’Gorman, Enrique Sánchez y el antiguo criado de la familia de Alsina, Eugenio Abat, además de sus familiares.

Sus últimos pensamiento fueron dedicados a las operaciones militares que había ordenado contra los salvajes, pues en la fiebre de su delirio nombró continuamente a los jefes que comandaban los cuerpos del ejército entregados a la obra civilizadora: Levalle, Maldonado, Freiré, Vintter, García, etc.

Su muerte constituyó un duelo nacional, no dejando el pueblo demostración por hacer en su honor y los gobiernos nacional y provincial le decretaron honores militares y civiles extraordinarios. El pueblo en masa concurrió a sus exequias, calculándose no menos de 60.000 ciudadanos en el acompañamiento fúnebre.

En el Cementerio de la Recoleta hicieron oir su voz los primeros oradores de la República: el Presidente Avellaneda y el general Mitre, tuvieron conceptos notables para el ilustre muerto. Les siguieron en el uso de la palabra: Antonio Cambaceres, Miguel Navarro Viola, Mariano Várela, Manuel Augusto Montes de Oca, Manuel Aráuz, general Julio de Vedia, Ignacio López Suárez, Enrique Sánchez y Héctor F. Varela.

Correspondió al general don Julio A. Roca dar término a la magnífica empresa de conquistar el Desierto y arrojar defintivamente a los indios de nuestras fronteras, cerrando así uno de los capítulos más emocionantes de la Historia Nacional, desde la llegada de los españoles a esta parte del Continente Americano.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Biografía de Valentin Alsina Obra de Gobierno en Bs.As.

Biografía de Valentín Alsina
Gobernador de Buenos Aires

Nació en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1802, siendo hijo de D. Juan de Alsina, natural de Cataluña, Agrimensor general del Virreinato y maestro de náutica; y doña María Pastora Ruano, natural de Andalucía. Su padre, D. Juan de Alsina, murió de un balazo en la memorable Defensa de Buenos Aires, el 5 de julio de 1807.

Valentín Alsina inició sus estudios en la Universidad de Córdoba, donde tuvo por maestro al Deán Funes, pasando después a Buenos Aires, doctorándose juntamente con D. Marcelo Gamboa, el defensor de los Reinafé en el célebre proceso; y D. Eduardo Lahitte. La tesis que presentara Alsina para graduarse de abogado, verso sobre la pena de muerte.

Valentin Alsina

Desde su iniciación en la carrera jurídica se entregó a la vida pública. De ideas netamente, liberales, puso su pluma al servicio de aquellas durante los años 1825, 26 y 27, en las columnas de «El Nacional» y de «El Mensajero Argentino» en las que destacó su bien nutrido saber.

Tuvo participación activa en la revolución del 19 de diciembre de 1828, encabezada por el general Lavalle, en cuyo gobierno provisorio formó parte, subscribiendo todos los decretos, órdenes, etc. del mismo hasta el día 3 de aquel mes en que el doctor José Miguel Díaz Vélez se hizo cargo del despacho como secretario general. En 1829 ocupó la dirección de la Biblioteca Pública de la Capital, en cuyo puesto demostró celo y contracción recomendables, así como también conocimientos administrativos poco comunes. Organizó el archivo de la misma e impulsó tal útil institución.

En julio del mismo año apareció electo diputado por primera vez, a la Legislatura de la Provincia, haciendo entonces, con tal motivo, su profesión de fe política conjuntamente con otros correligionarios en una publicación aparecida en las columnas de «La Gaceta Mercantil» del 1º de agosto de aquel año.

Entregado al ejercicio de su carrera de abogado, en 1831 fue nombrado defensor del coronel Paulino Rojas, encausado judicialmente por uxoricidio en la persona de su esposa, doña Buenaventura Fierro, en Bahía Blanca. Alsina se abocó la defensa del acusado y obtuvo su libertad, probando la inculpabilidad de aquel en el crimen que se le imputaba.

Refiriéndose a estos trabajos suyos, el doctor Alsina dice en una autobiografía:

«En 1831 trabajé la famosa defensa del coronel Rojas, publicada a principios del siguiente año. Aquel jefe distinguido de la independencia, condenado a destierro en primera instancia, había sido condenado a muerte por la Cámara de Justicia. Fue en esas circunstancias casi desesperadas, en súplica, que me encargué de su defensa, la cual tuve que hacer con gran precipitación.

La notabilidad del acusado; el suceso de que se le acusaba; la circunstancia nunca vista de revocarse una sentencia criminal, no para disminuir la pena, sino al contrario, para aumentarla hasta la pérdida de la vida; la consideración de que, por lo mismo, debía presumirse que los jueces habían meditado mucho el negocio y procedido en virtud de convicciones inalterables y la casi imposibilidad, por consiguiente, de lograr que ese mismo tribunal variase en ellas, y confesase implícitamente que se había pronunciado con injusticia o irreflexión, todo esto incitó el interés del público de un modo extraordinaria. El éxito de aquella defensa sobrepasó todos los cálculos y levantó muy alto mi crédito profesional.

Entre tanto, yo hice gratis y con mucho gusto todo ese trabajo. Tengo delante la carta que me dirigió el agradecido Rojas y mi respuesta, publicadas ambas por él: Encargado usted señor, (decía aquél entre otras cosas), o más bien, destinado por el cielo para proteger mi inocencia, era menester que abriese Vd. el templo de la justicia, y que, rodeando mi causa y mis derechos de una inmensa luz, mostrara al tribunal las leyes que me garantían y el laberinto en que se ocultaba la justificación de mis descargos.

La constancia de un corazón vigorizado por el espíritu de la verdad, y el poder irresistible de una elocuencia inspirada por el saber y la justicia, derribaron los obstáculos que se oponían a mi salvación; y desenmarañando las incoherencia de un proceso intrincado, me presentaron a unos jueces legales, y al inexorable tribunal de la opinión pública, desnudo de las notas que aniquilaban mi reputación, y que habían amargado hasta los últimos instantes de mi vida… Y de que modo podré descargarme de la deuda perpetua de reconocimiento, en que me ha constituido el esfuerzo magnánimo y desinteresado de Vd. ? Nada habría que bastase a dejar satisfecho el sentimiento de gratitud de que estoy animado.

Pero nada poseo, sino la espada, que empleé por tantos años en la defensa de la libertad e independencia de América, y que tengo que conservar para legarla sin infamia a mi querida hija. Nada me queda, señor, que ofrecer a Vd. sino ese Diploma ¡monumento de honor!, con que el gobierno del Perú premió mis servicios, incorporándome a la republicana Orden del Sol y asignándome una pensión vitalicia… Si el valor de ese título puede aumentarlo un candido y sincero ‘voto de un ilimitado agradecimiento, recíbalo Vd. también, igualmente, con el afecto que merece el autor de mi nueva existencia civil.

Recibí también, le respondía yo (entre otras cosas), un diploma que en 1822 le otorgó en premio el gobierno peruano, para el goce de una pensión de quinientos pesos anuales por vida, y que Vd. se sirve pasarme  en compensación de un servicio. Es mi deber agradecer esta afectuosa consideración de un desgraciado, pero también es el de rehusarla, como lo hago sin la menor violencia.

Lo único que me fuera sensible, sería el que Vd. equivocase los motivos de esta repulsa, señor don Paulino: No cuento, ni he contado en mi vida con otro patrimonio, capital, renta o ingreso, que el escaso producto de mi trabajo personal y diario, y siempre gravitaron sobre mí obligaciones muy sagradas que llenar. Sin embargo de esto, cuando las circunstancias lamentables — que conozco perfectamente — del hombre que me encomendó su vida, exigen que ese trabajo sea gratuito y generoso, no debo consentir recompensas ruinosas para él, que disminuirían quizá la importancia que aquél se merezca. No lo extrañará Vd. desde que sabe que en este asunto, nada, nada suena a interés de mi parte, desde que sabe que en este concepto me encargué de su defensa; y desde que sabe también que la eminente profesión a que tengo el honor de pertenecer, es esencialmente benefactora.

Devuelvo, pues, el diploma. Consérvelo Vd., señor don Paulino. El es un documento ilustre de su gloria, él le representa un recurso de subsistencia, tanto más necesario a Vd. que ningún otro posee, cuanto más incierto es hoy su destino futuro. Consérvelo Vd. amigo mío: tiene Vd. una hija; esfuércese en sobreponerse a su suerte; el poder invencible del tiempo debilitará gradualmente las dolorosas impresiones de lo pasado; y entretanto, yo viviré satisfecho, si he tenido la fortuna de fijar la gratitud de un hombre de honor, y si hay en la tierra dos seres que en algún modo me sean deudores de su sosiego…»

Noble respuesta del ilustre abogado a su cliente que se desprendía de tan querido tesoro como era aquel que consagraba su fama de guerrero valeroso y que, además, le proporcionaba una parte de la subsistencia. La defensa del coronel Rojas consagró el prestigio del doctor Alsina, el cual desde entonces gozó de la más alta reputación entre sus compatriotas.

En 1833 tuvo a su cargo la defensa de los Yáñez, padre e hijo, chilenos, que acusados de un crimen odioso y capital, tenían por adversarios a una familia respetable y de muchas relaciones. En cambio, los Yáñez eran hombres del campo: el doctor Alsina puso en plena luz su inocencia y la defensa también fue gratis, como la del coronel Rojas.

El doctor Alsina fue designado por el Gobierno, el 2 1 de diciembre de 1833, miembro de la junta de ciudadanos teólogos, canonistas y juristas, para emitir opinión acerca de 1 4 proposiciones en que el gobierno consignó la base de sus procedimientos en los negocios de provisión de obispados, etc.

Al año siguiente desempeñó en la Universidad la cátedra de derecho natural y de gentes, renunciándola a fines de aquel año y cediendo patrióticamente sus sueldos devengados a favor del establecimiento.

Elevado Rosas al poder supremo dictatorial, Alsina de inmediato se vio perseguido por sus sicarios, y puesto preso, fue transportado al pontón SARANDI, desde Paraná por el gobernador de Entre Ríos, general Echagüe, con una barra de grillos.

En aquella prisión flotante, Alsina debió permanecer a la expectativa de una suerte adversa, «si las circunstancias y la nobleza de un hombre, dice el doctor Servando García en la biografía de aquél publicada en el Diccionario Biográfico Nacional no hubieran venido en su ayuda: ¡fugó!

Veamos cómo: Había sido nombrado comandante del pontón en reemplazo de Ferreyra, don Enrique Sinclair, nombramiento que obtuvo por la influencia amistosa de la familia del coronel Pueyrredón (preso también) con José María Rojas, Ministro de Hacienda de Rosas, y a petar de cierta prevención del tirano contra el agraciado.

El mayor Sinclair conservaba gratitud por un servicio importante que en otro tiempo le hi-ciera Pueyrredón, estaba algo relacionado con el doctor Alsina y mucho más con el Dr. Maza, que se interesaba vivamente por su yerno. De común acuerdo resolvieron la fuga. Esta se efectuó a las ocho de la noche del 5 de septiembre de 1935 .

Embarcados en una lancha, el coronel desarmó al centinela que para no infundir sospechas a la guarnición del SARANDI, había hecho bajar Sinclair. Enseguida quedó resuelto tomar rumbo a la Colonia. Los cuatro marineros de la embarcación se mantuvieron en una actitud pacífica y obediente. Antes de todo esto, la joven esposa de Alsina, doña Antonia Maza, había salido en coche de la casa-quinta de su padre, cubierta la cabeza con un gorro y embozada en una capa de éste, objetos que él le puso en el instante de partir.

La acompañaba el inglés don Ricardo Haines, que le fuera a buscar expresamente por su íntima amistad con Sin-clair, que los esperaba en la playa. Allí subió la señora en la embarcación salvadora para ir en busca de los presos. Llevaba oculto bajo la capa un tier-no niño: su hijo Adolfo, cuya respiración dificultosa le arrancó una exclamación…

La señora doña Antonia compartió noblemente los riesgos de la evasión. El doctor Alsina pasó después a Montevideo, refugio heroico de los emigrados argentinos y foco incesante de conspiraciones contra Rotas, donde por su patriotismo e inteligencia le cupo una parte importante en la dirección de los sucesos como miembro de la Comisión Argentina, cuyo principal propósito era derrocar la tiranía impuesta al país en los albores de su emancipación política.»

Desde el comienzo de la campaña del Ejército Libertador a las órdenes del general Lavalle, el doctor Alsina dudó del éxito de aquella empresa, cuyo esbozo original fue para iniciarla en la provincia de Buenos Aires y no en la de Entre Ríos, como al fin lo hizo. El doctor Alsina bien claramente le expresó su punto de vista al coronel Pueyrredón en carta fechada en Montevideo, el 1 5 de agosto de 1839. La derrota del Ejército Libertador confirmó el sano juicio del doctor Alsina.

Cuando el general Oribe estableció el asedio de la plaza de Montevideo, el 16 de febrero de 1843, el doctor Alsina tomó un fusil y se alistó entre los componentes de la «Legión Argentina» que mandó el coronel Gelly y Obes, pero evidentemente, su puesto no estaba en las filas de los defensores de la ciudad heroica, sino en la prensa, para alimentar el odio contra el Dictador Argentino.

Colaboró en los diarios que aparecían en la capital uruguaya, especialmente en «El Comercio del Plata» y cuando el 20 de marzo de 1848 el insigne Florencio Várela caía bajo el puñal de Cabrera, emisario del general sitiador, Alsina valientemente ocupó el puesto del muerto y con ánimo sereno desafió la ira de los enemigos, esgrimiendo briosamente su pluma y desde las columnas del periódico de referencia, prosiguió la tarea que había sido la causa del asesinato de su antecesor.

En este puesto actuó sin desmayar un momento, hasta que la victoria de Caseros le abrió las puertas de su ciudad natal, a la que llegó el 8 de febrero de 1852. Don Vicente López y Planes, designado gobernador de Buenos Aires, dio a Alsina el ministerio de Gobierno, que desempeñó con la inteligencia y contracción que le caracterizaba y en el que dio pruebas brillantes de su capacidad para administrar los negocios públicos.

Su obra ministerial estuvo principalmente orientada para borrar en lo posible la acción del período dictatorial que había ensangrentado por espacio de casi cuatro lustros, el suelo de la República Argentina: Alsina trató de restituir los bienes confiscados por Rosas, a sus dueños; reinstaló la Sociedad de Beneficencia; erigió en Facultad la Escuela de Medicina, que separó de la Universidad; y prestó interés especial y protección a la instrucción pública, tan obstaculizada en el período rosista.

Pero la actitud del general Urquiza después del Acuerdo de San Nicolás, colocó a Alsina frente a aquel, que asumió el gobierno de Buenos Aires ilegalmente, cuando renunció don Vicente López: Urquiza ordenó la prisión y destierro de varios políticos, entre ellos el doctor Alsina.

La revolución del 11 de septiembre contó al doctor Alsina entre sus principales organizadores. «En el Fuerte —dice don José Luis Bustamante—, se reunían otros ciudadanos notables, entre ellos, el Dr. Valentín Alsina, que con gran abnegación y tino dirigía todas las combinaciones, jugando su cabeza en los importantes resultados que buscaba para la libertad de su Patria, desafiando el poder irascible y vengativo del general Urquiza. Allí se arreglaron y concertaron las medidas que instantáneamente debían adoptarse para asegurar el éxito del movimiento; y las opiniones del Dr. Alsina daban a aquellas el aplomo y acierto que se necesitaba en momentos tan graves y decisivos.»

Producida la revolución el 11 de septiembre, el gobernador Pinto designó a Alsina ministro de Gobierno e Instrucción Pública. El 30 de octubre del mismo año fue elegido gobernador propietario de Buenos Aires, recibiéndose del cargo el día 31, designando su Ministro de Guerra y Marina al general José María Flores, nombrando además, comandantes militares de departamentos de la provincia, a los coroneles Hilario Lagos y Cayetano Laprida, los que se levantaban en armas el 19 de diciembre, con el apoyo de Urquiza.

En una proclama del primero, declaraba al Dr. Alsina obstáculo para la tranquilidad pública, invitando a sus compañeros para derrocarlo y para proclamar por jefe al general Flores. Alsina, con el objeto de evitar la guerra civil, presentó su renuncia, la que fue aceptada por la Legislatura el 6 de diciembre, siendo designado en su reemplazo, interinamente, el general Pinto.

En 1853 desempeñó sucesivamente los puestos de vocal y presidente de la Cámara de Justicia. En abril de 1854 y en mayo del año siguiente, fue elegido senador, cargo que no ocupó. En 1855, el Dr. Pastor Obligado, al ser elegido gobernador, designó a Alsina para el ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores, en reemplazo de don Irineo Pórtela, que renunció, desempeñando el cargo hasta mayo de 1856, en que dimitió.

El 3 de mayo de 185 7, después de reñidísimas elecciones, fue nombrado 2º gobernador constitucional de la provincia de Buenos Aires, recibiéndose del puesto dos días después: designó sus ministros a don Norberto de la Riestra, Bartolomé Mitre y José Matías Zapiola. Desde el 4 de noviembre hasta el 21 de diciembre de 185 7 debió salir a. campaña, quedando a cargo del P. E. el presidente del Senado, don Felipe Llavallol.

En 1859 se produjo el estado de guerra entre Buenos Aires y la Confederación y la batalla de Cepeda derrocó al Dr. Alsina, al cual sus amigos le significaron la conveniencia de abandonar el puesto, cediendo a las exigencias del general Urquiza a fin de poder abrir negociaciones con este último, cuyas fuerzas estaban en los suburbios de la Capital: Alsina renunció el 8 de noviembre, y tres días después se ajustaba el pacto de unión, bajo la mediación del gobierno paraguayo, por el cual se convenía la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación, previo examen de la Constitución Nacional de 19 de mayo de 1853, por medio de una convención provincial, en la cual formó parte el Dr. Alsina.

Elevado al gobierno de Buenos Aires el general Mitre, éste nombró ministro al Dr. Alsina, el que se excusó de aceptarlo. En 1861 fue elegido senador por Buenos Aires al Congreso del Paraná, pero la ruptura de relaciones entre la Confederación y los porteños, dejó sin efecto el nombramiento, siendo Alsina designado entonces asesor de Gobierno, puesto que había desempeñado ya con brillo y reconocida competencia.

Después de la batalla de Pavón, fue elegido para ocupar una banca en el congreso que debía reunirse en Buenos Aires. En diciembre de 1862, por acuerdo de gobierno, se encomendó a Alsina la redacción de un proyecto de Código Rural, trabajo que ejecutó satisfactoriamente, después de un prolijo estudio de la materia, compulsando los antecedentes propios y las obras extranjeras al respecto. Sometido el proyecto a la Legislatura, fue aprobado con ligeras variantes.

Su último cargo público fue el nombramiento de senador, en noviembre de 1867, designándosele poco después, Presidente de H. Senado; y en tal carácter, tocóle presidir el 16 de junio de 1 868 la asamblea general que proclamaba electos presidente y vice-presidente de la Nación, a los ciudadanos don Domingo Faustino Sarmiento y don Adolfo Alsina, su hijo único.

Después de anunciar a la asamblea el resultado de la elección y proclamar presidente a Sarmiento, el Dr. Alsina se sintió tan conmovido que cedió el cargo al vice presidente del Alto Cuerpo, Dr. Elias, para que proclamase la elección de su hijo. Después de verificado este requisito, el doctor Alsina tomó la palabra para cerrar la sesión, haciendo votos para que el pueblo de la Nación apoyase en masa al nuevo gobierno que se aclamaba, conceptuando que sin el auxilio popular no hay gobernante que pueda labrar la felicidad de sus conciudadanos.

En sus últimas palabras manifestó la probabilidad de que él no volvería a presenciar otra elección presidencial, como en efecto sucedió, pues falleció en Buenos Aires, el 6 de septiembre de 1 869, cubriéndose de luto el país con la desaparición de tan esclarecido ciudadano. En el sepelio hablaron Sarmiento, Mitre, el gobernador de Buenos Aires y otros personajes.

El 5 de abril de 1875 se inauguró en la Recoleta su monumento sepulcral, frente a la tumba de Florencio Várela; y en el acto de su inauguración, hicieron oir su voz armoniosa, el presidente Avellaneda, el gobernador de la provincia y varios otros oradores, haciendo resaltar la figura consular del Dr. Valentín Alsina. Este último formó su hogar con doña Antonia Maza, hija del Dr. Manuel Vicente Maza.

Un hermano de Alsina, Dr. Juan José Alsina, actuó como agente de la «Comisión Argentina» de Montevideo ante el gobernador Ferré, en 1842, y cuando el Ejército Unido que mandaba Fructuoso Rivera, sufrió la terrible derrota del Arroyo Grande, el 6 de diciembre de aquel año, el día 14, el Dr. Alsina se embarcaba con Ferré, rumbo a la emigración que les imponía aquel desastre.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”