Vasco Da Gama

Los Marinos Portugueses Historia de sus Viajes y Exploraciones

Los Navegantes Portugueses
Historia de sus Viajes

Gracias a sus conocimientos científicos, a principios del siglo XV Enrique el Navegante asentó las bases de un vasto imperio colonial. La primera etapa fue la conquista de Ceuta. En 1487, Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza, y en 1498 Vasco de Gama desembarcó en Calicut, en la costa de Malabar (India). En el siglo XVI, Albuquerque fundó en las Indias una verdadera red de factorías comerciales

Enrique el NaveganteUna vez establecido el equilibrio político con Castilla, Portugal pudo pensar en extender su territorio y proseguir las campañas contra los moros en África del Norte. Al principio, en Portugal la técnica marítima estaba muy poco desarrollada, y a mediados del siglo XIV se mandó llamar a un genovés, Lancelotto Malocelli, que se posesionó de una isla del archipiélago de las Canarias, a la que dio el nombre de Lanzarote. (imagen: Enrique El Navegante)

No obstante, el genial inspirador y artífice de los descubrimientos fue Enrique el Navegante (1394-1460), cuarto hijo del rey Juan I. Perseverante y reflexivo, poseía una cultura general muy extensa y era profundamente creyente. Fue filósofo, cosmólogo y geógrafo, y su espíritu se había formado en los autores clásicos y de su época. Creador de un plan ambicioso, llamado más tarde Plan de la India, Enrique el Navegante pensó llegar a Oriente para convertir al catolicismo las poblaciones de las Indias y de Extremo Oriente.

Los viajes de Marco Polo en el siglo xin habían revelado al mundo occidental la existencia de un vasto continente más allá de las fronteras conocidas. Pero además de las preocupaciones religiosas, le guiaba también el interés de servir a la grandeza y gloria de Portugal.

Extendiendo el catolicismo hasta el mar Rojo, Enrique el Navegante no sólo pensaba limitar la influencia del Islam, sino cortar las vías comerciales de comunicación de los musulmanes con Oriente, destruyendo de este modo la base misma de su poderío. Al propio tiempo, Enrique el Navegante pretendía crear un extenso imperio portugués que, por la estructura de su economía y su poder en Oriente, pudiera conseguir incalculables riquezas.

El 25 de julio de 1415 partió a la conquista de Ceuta, puerta de entrada de África, en una expedición dirigida por su padre er. 1417. Ceuta cayó en poder de los portugueses, que, de este modo, iniciaron un período que duraría dos siglos, durante el cual la bandera portuguesa ondeó en todos los continentes.

A su regreso de Ceuta, Enrique el Navegante se dedicó por entero a la realización de sus planes. Se estableció en Sagre, el sagrado promontorio de los romanos, cerca del cabo de San Vicente, y se rodeó de un equipo de navegantes, astrónomos y geógrafos de todas las razas. En este observatorio y escuela de cosmografía trabajaban negros, judíos y árabes.

A Enrique el Navegante se le puede comparar con un capitán que, de pie en la pasarela de su barco, se dispone a partir a la conquista de los horizontes más lejanos.

Además, se habían cumplido las condiciones necesarias para un éxito completo. Enrique disponía de todos los medios científicos de la época y contaba con excelentes instrumentos. Quería realizar milagros y los hizo.

La conquista de Ceuta había sido una gloriosa victoria, pero para Enrique el Navegante abrió la perspectiva de un enlace marítimo con Guinea. En efecto, había visto comerciantes de Tombuctú (Sudán) que le mostraron sus mercancías, y por este motivo las expediciones se emprendieron en dirección al sur.

Tres jóvenes caballeros llegaron i Porto-Santo, Madera y luego a Las Azores (1448). Pero la ambición del príncipe no se sentía satisfecha. Quería explorar de modo sistemático toda la costa occidental de África y descubrir así la ruta marítima hacia la India. En 1434, los portugueses doblaron el misterioso cabo Bojador y en 1446 llegaron a Cabo Verde. El país parecía menos desértico, lo que invitaba a los portugueses a seguir hacia el este.

Enrique el Navegante murió en 1460, cuando sus compatriotas creían estar a punto de lograr sus objetivos. Hacia 1472 habían explorado las costas de África occidental y construido fuertes destinados a proteger su comercio en el golfo de Guinea, donde se podía conseguir gran cantidad de esclavos, caña de azúcar y oro.

En 1485, Diego Cao descubrió la desembocadura del Congo. Bartolomé Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza en 1487. Vasco de Gama coronó la obra de sus predecesores: en 1497 salió de Belem, cerca de Lisboa, con cuatro buques y 160 hombres de tripulación (entre los que figuraban diez condenados a muerte), aprovechó la experiencia de Díaz y dobló el cabo de Buena Esperanza para seguir la ruta hacia el norte.

En Zanzíbar consiguió un piloto árabe y, ayudado por el viento del sudoeste, navegó por el tcéano índico durante veintitrés fias. El 18 de mayo de 1498, Vasco de Gama desembarcó en Calicut, hoy Cozhicode, en la costa de Malabar. Vasco de Gama había salido de Belem diez meses y diez días antes…

El período comprendido entre 1498 y 1580 se dedicó a la construcción del imperio colonial portugués. A principios del siglo XVI se multiplicaron los descubrimientos. En 1500, Cabral, en ruta hacia la India, descubrió inesperadamente la costa sudamericana a la altura de Brasil, y Corte Real desembarcó en la península del Labrador.

Pero los principales descubrimientos se hicieron en la ruta de las Indias y Extremo Oriente, y los portugueses desembarcaron sucesivamente en las islas de Ascensión (1501), Santa Elena (1502), Madagascar (1506) y Mauricio (1505). Asimismo intentaron instalarse en las costas de la India, a fin de eliminar a los árabes y egipcios del comercio de las especias. Albuquerque, que fue gobernador de la India de 1505 a 1515, es la figura más importante de esta expansión comercial.

Ormuz y Malaca, a uno y otro lados del océano índico, fueron las posiciones clave del poderío portugués. Se establecieron factorías en las Molucas, Ceilán, Macao y China, y se iniciaron las relaciones comerciales con Japón. En el siglo xvi Portugal poseía un vasto imperio colonial.

Como provincias de ultramar, Portugal conserva hoy los territorios y dependencias siguientes: Angola, Mozambique, Guinea, Macao, y las islas de Timor, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – Los Navegantes Lusitanos

El Tratado de Tordesillas España y Portugal Causas y Objetivos

OBJETIVOS DEL TRATADO DE TORDESILLAS: España y Portugal se reparten el nuevo mundo

Inmediatamente después del regreso de Colón, en 1493, los Reyes Católicos adoptaron las medidas necesarias para asegurar-se todos los derechos sobre los territorios descubiertos, y por descubrir, gracias al intrépido genovés.

Acudieron al Papa Alejandro VI, que, por ser español de nacimiento, estaba en buenas disposiciones con relación a ellos, y el mismo año obtuvieron una bula que otorgaba a España todos los territorios situados a cien leguas al oeste de las Azores y de las islas de Cabo Verde, obteniendo con ello una magnífica victoria diplomática.

No habían contado con los portugueses. El rey Juan II elevó su correspondiente protesta que señaló el comienzo de unas prolongadas negociaciones entre ambos países hasta que por fin pudieron llegar a un compromiso.

En 1494, por el célebre tratado de Tordesillas, Juan reconocía los derechos de España sobre los países de Occidente, aunque trasladando la línea de demarcación desde 100 a 374 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, reconociéndose como pertenecientes a la esfera de influencia de Portugal las tierras y mares situados al este de dicha línea.

Ello representaba una diferencia trascendental: más tarde pudo advertirse que aquella cláusula concedía a los portugueses derechos sobre ciertas comarcas del continente americano, el Brasil, en primer lugar.

Se conoce como Tratado de Tordesillas el compromiso suscrito en Tordesillas (actualmente en la provincia de Valladolid, en el noroeste de España) el 7 de junio de 1494 entre Isabel y Fernando, reyes de Castilla y Aragón, y Juan II rey de Portugal, en virtud del cual se establecían un reparto de las zonas de conquista y anexión del nuevo mundo mediante una línea divisoria del Océano Atlántico y de los territorios adyacentes.

Concertados los acuerdos con España, los portugueses comenzaron a explorar la parte del mundo que les había sido asignada.

Equiparon una expedición que debía dirigirse hacía el este, tras las huellas de Bartolomé Días, y alcanzar su objetivo máximo, la India. Con todo, Juan II no pudo asistir a la realización de sus grandiosos proyectos.

Murió en 1495, dejando el trono a Manuel I, a quien la Historia califica con el sobrenombre de Afortunado, porque durante su reinado Portugal obtuvo sus mayores triunfos como potencia colonial.

PARA SABER MAS….

El reconocimiento de la legitimidad de los Borbones de hecho, en los Tratados firmados en la ciudad de Utrech (Holanda, 1713), además de realizar numerosas concesiones territoriales -como Terranova y Arcadia, en América del Norte a los ingleses, y Colonia del Sacramento a Portugal dejó en manos de los británicos gran parte de la explotación económica del territorio colonial.

Con la autorización para enviar un navío anual exento de impuestos a la feria de Portobello, lograron ingresar legalmente en el circuito Hedy Caribe con la posibilidad de competir en inmejorables condiciones con las manufacturas españolas. Pero el bocado más preciado lo constituía la obtención del monopolio de! tráfico esclavista durante 30 años, incluyendo el codiciado puerto de Buenos Aires.

A la compañía que se le otorgara el asiento se le debería asignar «un paraje cómodo en el Río de la Plata (sin pagar derechos ni tributos algunos por ellos la compañía, durante el tiempo del sobredicho asiento…) y teniendo también cuidado de que los territorios que se le dieren sean aptos y capaces para labrar y pastar ganados para la manutención de los empleados en la compañía y de sus negros (…); y también para que los navíos de la compañía puedan llegarse a tierra y estar resguardados de todo peligro…» A decir verdad, aun cuando la trata era en sí misma un excelente negocio, no desaprovecharon la oportunidad para asegurarse las condiciones más propicias para continuar con el contrabando

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Crimberg

Historia de los Mapas Portulanos Primeros Mapas del Mundo Antiguo

Historia de los Mapas Portulanos Primeros Mapas del Mundo Antiguo

El hombre, dotado de razón e inteligencia, se ha propuesto comprender algo del mundo en que vive y de su lugar en el universo. Un estudio de las ideas sostenidas por las antiguas civilizaciones muestra que los hombres de .aquellos tiempos intentaron resolver el misterio del origen y estructura del mundo.

Sin embargo, durante muchos siglos, la humanidad tuvo nociones muy equivocadas con respecto a la verdadera naturaleza de la Tierra y de su lugar en el universo. Se pensaba que la Tierra era el único mundo y que todos los cuerpos celestes, el Sol, la Luna y las estrellas, no eran más que sus satélites.

Las primeras representaciones de la Tierra eran completamente inexactas. Sólo fue posible representar la verdadera forma de la Tierra cuando los exploradores y geógrafos probaron y concluyeron, sin lugar a dudas, que ésta era una esfera, y cuando lograron suficiente información como para dibujar mapas exactos.

Las civilizaciones de Oriente Próximo,responsables del desarrollo de la escritura, fueron quiene consiguieron verdaderos logros en la confección de planos y mapas. Los babilonios, en especial, lograron notables adelantos en matemáticas y astronomía, así como en las representaciones espaciales.

Ya en el II milenio aparecen tablillas con planos de edificios, de propiedades y de asentamientos humanos; algunas son sólo esbozos, pero otras están cuidadosamente trazadas a escala.

También Egipto alcanzó un nivel semejante de solvencia y sofisticación en la cartografía desde el Imperio antiguo en adelante, ya se tratara de representaciones hechas en papiros o en los relieves funerarios, que incluían bosquejos del Más Allá, donde se marcaban las propiedades y las rutas de mar y tierra.

antiguo mapa del mundo

Mapamundi babilónico trazado en una tableta de arcilla que data de 600 a. C, aproximadamente, donde se muestran las relaciones de las regiones conocidas con las que están más allá del océano.

Los mapas en China: Los orígenes de los mapas chinos son dudosos, y no sólo porque han sobrevivido pocos de ellos.

Pero está demostrado que hacia el siglo II a. C. ya existía el concepto de escala y se habían creado instrumentos para dibujar mapas, como reglas graduadas, escuadras, plomadas, compases para trazar círculos y tubos de observación.

Además, todos los tipos de mapas eran muy valorados por los miembros de la élite intelectual, que a menudo eran enviados a zonas que no conocían con responsabilidades administrativas y militares; de hecho, algunos de los primeros mapas que han sobrevivido provienen de tumbas de altos funcionarios.

mapa antiguo de egipto

Mapa egipcio dibujado hacia 1160 a. C. para una expedición al desierto occidental en busca de materiales para la construcción. Los diferentes colores señalan los distintos tipos de roca.

Los mapas romanos: Naturalmente, se trazaban mapas locales a gran escala o planos de fincas, y se exhibían ante el público por motivos legales y fiscales.

La práctica era común en el Egipto griego (o ptolemaico) y en las ciudades romanas. Los agrimensores romanos llegaron a formar una corporación profesional establecida, cuyos vastos trabajos se reflejan en planos de mármol que han llegado hasta nosotros, y que corresponden a la ciudad de Arausio (Orange, en Francia), y en muchas regiones mediterráneas, hasta el día de hoy es perceptible la división de la zona en cuadricula.

Pero en cambio, tenemos muchos menos datos sobre el trabajo que los agrimensores romanos realizaban en las ciudades, aunque sabemos que por lo común usaban escala de 1:240.

groma romana para topografia antigua
Un groma reconstruido a partir de la piezas de metal halladas en Pompeya. Era el instrumento más importante de los agrimensores, y con él lograban establecer líneas rectas con una exactitud sorprendente.

uso de la groma en roma antigua


He aquí, mas abajo, un mapa medieval. La graciosa explicación en verso es de un autor florentino del siglo XV. Observándolo es imposible no maravillarse ante una representación tan caprichosa y esquemática de nuestra Tierra.

«Una «T» dentro de una «O» muestra el dibujo —cómo en tres partes fue dividido el mundo— y la superior es el reino mayor —que abarca casi la mitad del redondel— llamada Asia; el trazo recto es señal —que divide el tercer nombre del segundo:— ÁFRICA, digo, de EUROPA; el mar —Mediterráneo en medio de ellos aparece

Los únicos elementos exactos de la misma son las posiciones relativas de los tres continentes: Asia al este de Europa y África al sur (nótese que en el mapa el este ha sido colocado arriba); y atribuir al Asia una superficie mayor que las otras dos partes. El resto es pura imaginación de su autor.

mapa antiguo forma T

La Tierra, tal como se la representaba en el Medievo: se le atribuía la
forma de «T» y «O» que caracteriza a este mapa.

Observemos ahora este mapa, hecho en una época mucho más antigua que el precedente. Se trata de un mapa de la época de Anaximandro de Mileto. Representa la imagen que se tenía de la Tierra seis siglos antes de Jesucristo.

mapa antiguo del mundo anaximandro de mileto

La Tierra tal como estaba representada en la antigüedad: este mapa pertenece a! siglo VI antes de Jesucristo.


La Tierra aparece como un gran cuenco; en los bordes corre el océano, que era considerado infranqueable.

En el centro se hallan las tierras habitadas, entre las cuales, a través de las Columnas de Hércules (el actual estrecho de Gibraltar) penetra el mar Mediterráneo.

En este mapa, la posición de los continentes y los contornos de las costas son mucho más parecidos a los reales que en el diseñado 1.200 años después.

Las indicaciones de los golfos, de las islas, de las penínsulas y de los ríos son más numerosas, y se acercan más a la realidad de sus respectivas ubicaciones.

Este breve catálogo de viajes realizado por hombres de la Edad Antigua es suficiente para explicar cómo, en ese tiempo, existieron libros de Geografía y mapas geográficos que sorprenden por la vastedad de la zona conocida y su riqueza en detalles.

Esos hombres, por razones comerciales o deseo de conquista, estaban en constante movimiento a través de las vías terrestres y marítimas. Y no tardaron en convencerse de la esfericidad de la Tierra.

El más grande de los geógrafos y cartógrafos de la antigüedad fue Tolomeo, que vivió en Alejandría en el siglo II después de Cristo.

Él ideó la teoría que ubicaba a la Tierra en el centro de todo el universo; teoría llamada geocéntrica (del griego: «gué«, tierra). Convencido también él de la redondez de la Tierra, aplicó en sus mapas un perfeccionado sistema de meridianos y paralelos.

Desgraciadamente, sus preciosas obras desaparecieron durante las destrucciones que siguieron a la caída del Imperio Romano y por más de un milenio se consideraron perdidas.

EL MÁS ANTIGUO MAPA DE CAMINOS

Poco importaba al espíritu práctico de los romanos la teoría geocéntrica y otros problemas tolomeicos, que no podían ser de inmediata aplicación.

En cambio pensaron que podía ser de gran utilidad, para organizar racionalmente las comunicaciones del Imperio, disponer de un mapa completo de caminos, con indicación de las distancias entre las ciudades y poblaciones grandes y pequeñas.

mapa antiguo de los caminos de roma

Compilaron, por tanto, un gran mapa de 6,28 m. de longitud, pero de sólo 34 cm. de ancho, para comodidad de su traslado.

Dado lo extraño de sus dimensiones, es indudable que no tuvieron en cuenta la conformación y proporciones de las diversas tierras, a las que dieron una forma muy alargada.

Pero en el mapa estaban trazados en rojo todos los caminos estratégicos del Imperio. Se trataba, en resumen, de un verdadero mapa de caminos, como los que en la actualidad usan los turistas y automovilistas.

Se sabe que Julio César ordenó el trazado de un mapa de caminos de todo el Imperio, obra completada hacia el año 7 de nuestra era, durante el reinado de Augusto. Siglos más tarde se descubrió uno de estos mapas, destinados a describir todas las carreteras de los territorios imperiales.

LOS MAPAS DE LA ÉPOCA MEDIEVAL

Después de la caída de Roma no hubo, por mucho tiempo, una gran potencia militar interesada en efectuar conquistas de tierras lejanas.

Por otra parte, faltando una administración civil eficiente, viajar se volvió peligroso y cansador, a causa del bandidaje y del mal estado de los caminos.

Los viajes se hicieron muy raros, y los conocimientos geográficos ya en poder de los hombres antiguos, fueron olvidados.

Durante varios siglos, los mapas fueron más una compilación de elementos fantásticos que un documento de cosas reales.

En ellos aparecían imágenes sacadas de los mitos griegos y de las leyendas de santos, dibujos de ciudades, de castillos y de santuarios. Los mares aparecían poblados por monstruos. Había largas explicaciones sobre la población y el territorio.

mapa del mundo en la edad media

Ese carácter tiene el famoso mapa de San Isidoro de Sevilla, publicado en 630, donde e resumían los conocimientos geográficos de la época.

Los arares, con sus numerosos viajes y preocupaciones geográficas, aportaron valiosos datos a la Cartografía; baste citar los nombres Masudi (915), Al Biruni (1038) y, sobre todo, Abul Feda 1331-1370).

Los navegantes del Mediterráneo usaban, antes de las Cruzadas, mapas de notable exactitud, hechos por cartógrafos genoveses y catalanes.

PORTULANOS: LOS MARAVILLOSOS MAPAS DEL RENACIMIENTO

Sólo después del año 1300 comenzó a aparecer un nuevo tipo de mapa, mejor dicho, de «carta marina», pues estaba destinada a servir exclusivamente a los navegantes.

El mérito corresponde, principalmente, a los navegantes de las ciudades del Mediterráneo, que a medida que prolongaban el radio de su comercio llegaban a puertos cada vez más lejanos, y exploraban las costas, dibujando cuidadosamente los contornos.

Estos mapas, llamados «portulanos», tenían indicados, exclusivamente, los nombres de las ciudades costeras.

portulano español del renacimiento

Parte de un «portulano», mapa característico del Renacimiento. Estos mapas eran dibujados sobre pergaminos, a veces del tamaño de toda la piel de un animal.

En ellos no figuraban nunca los nombres de las ciudades del interior; eran, en consecuencia, mapas exclusivamente para navegantes.

Los primeros de estos hermosos mapas fueron hechos por el genovés Pedro Vesconte, a principios del siglo XIV. Su construcción se basaba en un trazado de líneas rectas que seguían las direcciones de la rosa de los vientos. Sobre ellas se medían las distancias de los distintos puntos de la costa.

Se da el nombre de «portulano» al mapa náutico medieval, llamado también carta de marear o de compás, y, de hecho, constituye un mapa dibujado sobre pergamino en el que están anotados los rumbos y distancias que el navegante necesitaba conocer para conducir la nave.

El origen del portulano se remonta a finales del siglo XIII y, en cierto modo, es la representación gráfica de las guías de navegación manuscritas que los antiguos griegos designaban como «periplos», los cuales, en época muy posterior, recibieron también el nombre de portulanos y hoy son denominados derroteros.

Sin embargo, a pesar de la evolución lógica desde la narración escrita hasta la representación gráfica, el paso concreto de una a otra suscita muchos interrogantes.

Esto se debe principalmente a que los primeros portulanos presentan ya, en comparación con los demás monumentos cartográficos de la época, una notable novedad: la exactitud.

Efectivamente, tanto la Carta pisana (de hacia 1275), el primer portulano que se conoce, propiedad de la Biblioteca Nacional de París, como los que le siguieron destacan por la perfección de los mares Mediterráneo y Negro muy superior a la del mapamundi Tabula rogeriana, elaborado por el-Edrisi en 1154, e incluso a los de Abul Hasán Alí ibn-Musa ¡bn-Said Al-Andalusí (1209-1 274), incomparablemente mejores que los mapas monásticos de la época.

Al parecer, la aportación árabe al nacimiento del portulano es indudable, tanto por la existencia de los dos autores citados, como por el hecho de que dos de los principales centros de producción de tales mapas fueron Sicilia y Mallorca, concretamente las ciudades de Mesina y Palma, islas arrebatadas poco antes al Islam: la primera en 1901, por los normandos, y la segunda en 1229, por Jaime I el Conquistador, rey de Aragón.

Sin embargo, estas coincidencias no permiten olvidar que el primer portulano que se conserva es la Carta pisaría (que algunos consideran ce origen genovés) y que tanto Génove como Venecia, entre otras ciudades italianas, fueron también centros de producción de mapas náuticos.

Sea cual fuere el verdadero origen de portulano, lo cierto es que este tipo de cartas náuticas tuvieron gran difusión entre los siglos XIV y XV, para lueg: entrar en decadencia a causa de la aparición de la cartografía impresa, de precio más asequible; de todos modos aquellos mapas subsistieron haste mediados del siglo XVII.

LAS FELICES CONSECUENCIAS DE UN ERROR

Así estaban las cosas, cuando en 1413 reaparecen en escena las antiguas obras de Tolomeo. Sus viejos mapas fueron descubiertos en Constantinopla e inmediatamente llevados a Occidente.

Precisamente pocos decenios después fue inventada la imprenta, y los mapas de Tolomeo, más completos y exactos que los de esa época, fueron reproducidos en muchos ejemplares.

Pero, entre otras inexactitudes, los mapas de Tolomeo contenían un error que tuvo importantes consecuencias: al diseñarlos, el gran geógrafo había dado, como medida de la circunferencia terrestre, una cifra demasiado baja.

Un ilustre predecesor suyo, Eratóstenes de Cirene, había también calculado esta dimensión, dando una cifra aproximada a la verdadera… pero Tolomeo debió considerarla demasiado elevada.

La Tierra resultó así, en sus mapas, más pequeña de lo que en realidad era. La costa oriental de Asia no estaba muy alejada de la de España. ¡Era una verdadera tontería no tratar de unirla por este camino!.

Y he ahí a Colón que zarpa de España en dirección a Occidente, confiado en desembarcar bien pronto en las costas de Asia. ¡En realidad, en sus mapas no había sitio para un continente nuevo!

El error de Colón, a lo que parece, fue fomentado por diversos indicios, recogidos algunos durante su prolongada estancia en las islas Canarias. Algunos de ellos parecían confirmar la idea de la existencia, por lo menos, de territorios insulares en dirección oeste del archipiélago canario.

primer mapa con las tierra de colon

El primer mapa en el cual aparece la tierra descubierta por Colón. Fue hecho por el italiano Contarini en 1506. Evidentemente, también el creyó que la costa tocada por el Almirante era la extremidad oriental de Asia. Este mapa, igualmente, está inspirado en los de Tolomeo.

LAS SOLUCIONES DE UN PROBLEMA . . . IRRESOLUBLE

Después de Colón, Magallanes logró una nueva y tangible confirmación de la redondez de la Tierra.

Desde ese momento, la Cartografía se empeñó en resolver un único y grave problema: cuál sería la mejor forma de representar sobre un plano la superficie esférica de la Tierra.

Una solución perfecta es evidentemente imposible: las formas o las superficies de los continentes, en las regiones polares o en las ecuatoriales, resultan inevitablemente alteradas.

Decenas y decenas de distintas soluciones fueron ideadas en cuatro siglos de estudios cartográficos.

El mapa que goza de mayores preferencias de los navegantes es el que confeccionó el flamenco Gerardo Kremer, llamado Mercator.

Este mapa permite trazar, por medio de una simple línea recta, la ruta que un barco debe seguir para llegar a un determinado punto de la Tierra, teniendo una dirección constante con respecto a la aguja de la brújula.

COMO SE HACEN LOS MAPAS:

El hacer mapas y particularmente las dificultades de representar el globo sobre una superficie plana, son el objeto de una materia sumamente interesante, pero muy complicada.

Trazar mapas con precisión es una tarea compleja, que se vincula con detallados conocimientos matemáticos, especialmente la realización de los contornos de tierras y mares, que en la realidad están en una esfera y tienen que ser representados en la superficie plana del papel. Muchos métodos, denominados proyecciones, se usan para esto; cada uno de ellos tiene sus ventajas y desventajas.

El método que se emplee dependerá de la posición de la región que va a ser llevada al mapa, y así se conseguirá la mayor exactitud posible y sin deformaciones.

La falta de espacio nos impide mencionar aquí todos los métodos que existen, pero explicaremos brevemente el principio en que se basan las proyecciones más importantes.

Consideremos primeramente el principio de las proyecciones cilindricas; hay varias, entre ellas, la proyección de Lambert.

En la lámina de abajo, se ve el globo que incluye a América y algunos de los meridianos.

Al lado, aparece el mismo globo, pero rodeado de un trozo de papel transparente en forma de cilindro.

El tercer dibujo muestra cómo los meridianos aparecen en el cilindro como líneas rectas; las figuras de abajo explican qué sucede cuando el cilindro de papel es cortado y desenrollado.

Se verá, por ejemplo, que América no se representa correctamente; sus contornos están algo deformados. Éste es el defecto de todas las proyecciones de este tipo.

mapas antiguos

La proyección de Mercator, que es seudocilíndrica, hace aparecer a Groenlandia mucho más grande de lo que es en la realidad, casi tan grande como África.

En la siguiente ilustración veremos el principio en que se basan las proyecciones cónicas. Éstas se usan especialmente para los mapas de países situados a altas latitudes, tales como los del norte de Europa, Asia y América septentrional.

Se muestra el globo, y en la inferior izquierda se señalan en él los países escandinavos, Suecia y Noruega, rodeados por una línea roja.

Si imaginamos un cono cuya base es parte del paralelo que pasa por la base del área señalada, el vértice del mismo coincide con el de la Tierra.

El área que debe ser llevada al mapa aparece en el cono como se ve en la ilustración central superior; pero cuando el cono es extendido, la zona toma la forma que se muestra en el dibujo central de abajo.

mapas

Esta proyección es útil para los mapas de áreas pequeñas, particularmente de las regiones cercanas a los polos. Las zonas situadas entre las líneas que indican los paralelos, no están exageradas como sucedería si este método se aplicara a regiones cercanas al ecuador.

Primeras Regiones Exploradas del Mundo

Historia de la Exploraciones Expediciones de Amundsen,Peary,Beebe

GRANDES EXPLORADORES DE LA HISTORIA

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GRANDES EXPLORACIONES DEL SIGLO XX
Hillary Escala el Monte Everest
Peary Conquista el Polo Norte
Beebe Se Sumerge En El Océano Atlántico
Roald Admunsen Llega al Polo Sur

DESTACADAS EXPLORACIONES DE LA HISTORIA

ABRIÉNDOSE PASOS ENTRE LOS OCÉANOS
En cierto sentido, no es incorrecto decir que la proyección de Mercator se hizo demasiado popular. Muchos de nosotros, aun hoy, tenemos nuestro primer contacto con la geografía al observar un mapa de Mercator. Cuelga de una pared en el aula, y algunos de los conocimientos que reporta nos acompañan a lo largo de nuestra vida.

Cerca de los polos, el sistema de Mercator exagera notablemente las distancias. Así, por ejemplo, muchos de nosotros no podemos superar la impresión de que la costa norte de Asia es casi el doble de larga de E. a O., que la costa sur, cuando en realidad la costa norte es más corta.

De la misma manera, tenernos una idea exagerada sobre las distancias que separan las tierras noroccidentales de Europa de las costas nororientales de América.

En realidad, Islandia está sólo a unos 1.300 km. de Noruega; Groenlandia, a menos de 1.100 km. de Islandia; y la parte más aproximada de América, sólo a unos 1.200 km. de Groenlandia.

Fue justamente a través de este camino —Noruega a Islandia, Islandia a Groenlandia, y de ésta a América—, que los primeros marinos europeos entraron en contacto con el Nuevo Mundo, casi 500 años antes del histórico viaje de Colón.

Los vikingos de Noruega comenzaron a colonizar primero a Islandia, hacia la segunda mitad del siglo IX. Hay historias, en las que podemos creer fácilmente, que relatan viajes realizados por los vikingos: yendo hacia el norte, divisaron las costas de Groenlandia. Sabemos que, en el año 982, Eric el Rojo partió de Islandia y estableció una pequeña colonia europea en Groenlandia. Poco tiempo después, su hijo Leif hizo otro gran viaje hacia el oeste, y alcanzó el continente americano.

Durante los 300 años posteriores, muchas otras expediciones de vikingos siguieron la misma ruta; pero lo cierto es que ninguno de los que en
ellas tomaron parte se dio cuenta de que habían hallado una nueva masa continental que se extendía desde el Ártico hasta las más altas latitudes del hemisferio sur.

Por largos años, el resto de Europa occidental ignoró las grandes proezas de los vikingos. En realidad, se los consideró por muchos siglos como invasores y piratas semibárbaros. Sólo en los últimos tiempos, los historiadores han comenzado a considerarlos como navegantes diestros y temerarios.

Pero esto no quita a Cristóbal Colón y a los valientes marinos que lo siguieron, el mérito de haber atravesado el Atlántico, el more tene-brarum de los romanos, por el norte, por el centro y por el sur. Amplias extensiones sin ningún palmo de tierra para avizorar, salvo unas pocas islas esparcidas entre grandes distancias; y tampoco puede olvidarse la hazaña de hombres como Magallanes, primero en cruzar el ancho océano Pacífico, ni la de Vasco de Gama, el primero que cruzó el océano Indico desde el sur de África hasta la India.

En la parte inferior de la lámina, a la izquierda, aparece una de las carabelas de Colón, la Santa María, barco pequeño y lento, en el cual mucha gente de hoy apenas se atrevería a cruzar el angosto canal de Panamá.

Las zonas marcadas con color celeste en el mapa adjunto, muestran las grandes extensiones oceánicas que los marinos europeos habían llegado a conocer a mediados del siglo XVI.

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA:
De todas las vastas extensiones que se fueron descubriendo desde la época de Colón, ninguna motivó tanto interés como América.

Cuando Colón concibió por primera vez la idea de navegar siempre hacia el oeste, dando la vuelta al mundo para llegar a las Islas de las Especias, en Oriente, tuvo que superar muchos prejuicios y severas objeciones.

Hemos visto que, durante aquella época, mucha gente sostenía ideas más primitivas sobre la forma de la Tierra que las sustentadas por fenicios y griegos antiguos.

Creían que nuestro planeta era chato y que Colón corría un grave riesgo de volcar sus barcos si se aventuraba muy lejos, pues llegaría al borde mismo de la Tierra.

Otros, aunque convencidos ya de la redondez de la misma, dudaban de la posibilidad del viaje que Colón proponía. ¿Qué seguridad había para que una flota en el mar abierto pudiera encontrar suficiente agua fresca para sus necesidades? Aun si llegaban a las Islas de las Especias, ¿estarían los tripulantes en condiciones apropiadas para hacer el tremendo viaje de vuelta con la preciosa carga?

Hoy es fácil sonreír ante estas dudas; pero entonces eran muy reales. Lo notable no es que Colón haya encontrado tantos inconvenientes, sino que pudiera convencer a Fernando e Isabel, reyes de España, para que respaldaran la empresa. El mismo Colón no poseía mayor información acerca del océano que se proponía cruzar. Estaba seguro de que la Tierra era redonda; pero tomaba por exacta la estimación de Ptolomeo sobre la medida de su circunferencia, demasiado pequeña.

Fue probablemente por esta razón que, cuando Colón divisó tierra después de la travesía del Atlántico, estaba seguro de que había ido lo suficientemente lejos como para haber alcanzado las costas de Asia. La extraordinaria aventura fue coronada el 12 de octubre de 1492 con el descubrimiento de la isla Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas. Colón la bautizó con el nombre de San Salvador. También descubrió en este primer viaje las islas de Cuba (Juana), Haití (La Española) y otras.

En un segundo viaje, con una flota de 17 navios, descubrió —de 1493 a 1496—, las Pequeñas Antillas, Puerto Rico y Jamaica. En una tercera travesía, con seis navios, llegó a la desembocadura del río Orinoco; posteriormente realizó un cuarto y último viaje.

Hasta su muerte, y a pesar de haber hecho tantos viajes a través del Atlántico, no pudo convencerse de que había descubierto un nuevo continente. La certidumbre de que se trataba de un descubrimiento pertenece verosímilmente a Américo Vespucio, quien viajó en 1501 a lo largo de las costas septentrionales de América del Sur. Vespucio rechazó la idea de que esas costas formaran parte del continente asiático y exclamó: «Colón estaba equivocado, éste es un Nuevo Mundo».

Así adquirió gran celebridad por sus viajes, que relató en cartas y escritos, eclipsando con su fama al verdadero descubridor del continente. El alemán Waldseemüller publicó algunos de esos escritos en una Cosmografía y acotó que las nuevas tierras descubiertas por Américo (sic), bien podían llamarse «tierras de Américo o América», incurriendo en un error injusto.

Algunos artistas de la época de Vespucio trataron de representar todo el encanto y el misterio de los viajes a «través del Atlántico, tal como se muestra en la lámina superior. A la izquierda de la misma se aprecia un testimonio en piedra dejado por los vikingos, que conocieron las costas de América mucho antes de que Colón realizara su viaje. La lámina de abajo muestra la impresión de un artista moderno sobre la realidad de aquellos viajes oceánicos.

En 1520, Magallanes, el gran marino portugués, navegó hacia el extremo sur de América y encontró un paso que comunicaba con el océano Pacífico, entre el continente y la isla de Tierra del Fuego: era el estrecho que hoy lleva su nombre. Con este nuevo acontecimiento pudo ser posible la ubicación de América en el mapa.

Al mundo de Ptolomeo, que constaba solamente de Europa, Asia y África, se le agregaba ahora un nuevo continente.

DESCUBRIMIENTO DEL OCÉANO PACÍFICO

BALBOA. Al audaz extremeño Vasco Núñez de Balboa (1475-1517) se debe el descubrimiento del Océano BALBOAPacífico, que él bautizó con el nombre de Mar del Sur. Había nacido en Jerez de los Caballeros, de familia hidalga, pero muy pobre. En su juventud sirvió como criado en la casa de D. Pedro Portocarrero, señor de Moguer.

Al emprender Rodrigo de Bastidas su expedición comercial a Tierra Firme, se alistó entre los que siguieron al ilustre comerciante e intervino en numerosas exploraciones. Por su valor, robustez, gentileza y arrogante porte, era admirado por españoles e indígenas.

Al frente de una expedición compuesta de 190 hombres, partió de Santa María de la Antigua para hallar «la otra mar», de la que un indio amigo le había hablado. Remontó el río San Juan (Nicaragua), sufriendo las molestias de los vampiros («murciélagos grandes como tórtolas que allí había y que mordían cruelmente en cuanto se dormían».)

Regresaron de nuevo al punto de partida, y el día 1 de septiembre de 1513 salían de Darién para realizar la travesía del istmo. En lucha incesante con los naturales del país, tuvieron que salvar de continuo montes y ciénagas, escalando las alturas de la cordillera de los Andes. Por fin, los españoles de Balboa «llegaron a las cumbres de las más altas sierras de donde la mar se parecía».

Iniciaron el descenso y llegaron a las playas del Océano Pacífico el día 25 de septiembre de 1513. Balboa, vestido con su armadura, y con todo el ceremonial del caso, penetró en sus aguas, tomando posesión de todo el litoral «de Norte a Sur» en nombre de Castilla. Después se envió a la metrópoli una relación del descubrimiento, pues «el almirante don Cristóbal Colón, no había encontrado el Asia, sino que había descubierto un Nuevo Mundo».

PRIMERA VUELTA AL MUNDO. Conocido este hecho, se imponía el descubrimiento de un paso marítimo MAGALLANESpara llegar a Asia. Las exploraciones para descubrir «el paso del Norte» se iniciaron en tiempos de Colón; los hermanos Gaspar y Miguel Corterreal llegaron hasta la península del Labrador (tierra laborada). El paso del Sur tenía más partidarios debido al hecho de que las costas del Brasil retroceden hacia el Suroeste. Fueron recorridas por Pinzón y Solís.

Más tarde, Fernando de Magallanes (1480-1521), que conocía las Indias Orientales, ofreció al emperador Carlos I de España llegar a las Molucas siguiendo la ruta de Solís. El día 5 de agosto de 1519 salieron de Sevilla 5 buques y 239 hombres.

Llegados al puerto de San Julián (Patagonia) continuaron viaje hacia el Sur y prosiguieron la exploración de la costa, entrando y saliendo por los laberintos y canales.

Por fin penetraron en uno cuyas dos orillas estaban formadas por espantosos precipicios. Sortearon los escollos y capearon las fuertes marejadas producidas por el choque de los dos océanos, hasta que consiguieron salir a la otra parte del canal, frente al que se abría un espléndido océano al que encontraron en completa calma, por lo que fue bautizado con el nombre de Océano Pacífico.

La travesía del paso del Sur, que ha recibido el nombre de estrecho de Magallanes, había durado treinta y ocho días. Continuando su navegación hacia el Noroeste, llegaron a las Marianas e Islas Filipinas y allí, en una refriega con los indígenas, Magallanes cayó mortalmente herido.EL CANO

Juan Sebastián Elcano (1486-1526), marino natural de Guipúzcoa, con el Victoria, único buque que quedaba hábil para la navegación, prosiguió el viaje cruzando mares desconocidos y atravesó en magnífico derrotero todo el Océano índico, con la certeza de que navegaba en dirección a la patria. Bordeó África del Sur por el cabo de Buena Esperanza y llegó, por fin, a España. Desembarcó en Sevilla el día 8 de septiembre de 1522, a los tres años de abandonar las costas españolas.

Los dieciocho hombres que regresaron, tras recorrer 14.000 leguas de mar, habían comprobado prácticamente la teoría colombina de la esfericidad de nuestro Globo.

William Clark (1770-1838) y Meriwether Lewis (1774-1809). Más conocidos como Lewis y Clark, estos camaradas cruzaron Norteamérica buscando lo que muchos marinos no habían logrado encontrar: una ruta marítima septentrional entre los dos océanos. Lewis y Clark, respaldados por el gobierno de Estados Unidos, deseaban hallar un camino definido por los ríos, con una porción terrestre practicable en la divisoria continental.

Nadie se imaginaba cuan elevadas, empinadas y extensas eran las montañas Rocosas. La idea que tenían los norteamericanos de entonces sobre las montañas estaba basada en los Apalaches. Se suponía que la expedición de Lewis y Clark debía llegar a las cabeceras del río Missouri, y transportar las canoas y los suministros por tierra hasta las cabeceras de otro río que fluyera hacia el oeste, que los llevaría hasta el Pacífico. En caso de ser practicable, esta ruta hubiera significado una bendición para los comerciantes estadounidenses, que deseaban establecer un puesto de comercio sobre la costa occidental, a pesar de que Estados Unidos no reclamaba en ese tiempo ningún territorio sobre el Pacífico.

El presidente Thomas Jefferson escogió en 1804 a Lewis, su secretario privado, para dirigir la expedición. Lewis contrató a Clark, y juntos dirigieron el grupo que remontó el río Missouri en canoa, a caballo y a pie, hasta penetrar en las montañas Rocosas, donde el cruce montañoso hacia el río Columbia les pareció demasiado largo y difícil para propósitos comerciales.

Viajaron por el Columbia aguas abajo hasta el Pacífico, pasaron el invierno en Oregón y luego regresaron. Sus observaciones sobre las tierras, la gente, las plantas y la vida salvaje eran de incalculable valor, aunque Lewis nunca publicó sus diarios de viaje.

Lewis fue elegido en 1807 gobernador del territorio de Louisiana. Singularmente perturbado, se suicidó mientras viajaba por Tennesse. Clark ocupó numerosos cargos gubernamentales y negoció varios tratados con las tribus indígenas.Uno de los últimos grandes aventureros, el explorador noruego

Roald Amundsen consiguió vencer a los hielos de la Antártida, conquistando por primera vez el polo sur. Sin embargo, su espíritu valeroso y la fidelidad hacia su amigo y compañero Umberto Nobile lo hicieron encontrar la muerte en las aguas heladas del Ártico.

Roald Amundsen, nacido en Borge el 16 de julio de 1872, hijo de un armador, abandonó los estudios de medicina a los 21 años para embarcarse por primera vez. En 1897 formó parte de la expedición belga al círculo polar antartico, y entre 1903 y 1906, con una embarcación de su propiedad, la «Gjóa», y una tripulación de seis hombres, atravesó los mares helados del norte del continente americano desde la bahía de Baffin hasta el estrecho de Bering. Durante los dos años que duró esta aventura, Amundsen realizó estudios acerca del desplazamiento del polo magnético.

En 1909 se propuso conquistar el polo norte, pero, al adelantársele Robert Peary, dirigió su expedición a la Antártida. Partiendo de un campamento base situado en el borde de la tierra de Eduardo VII, alcanzó el polo sur, junto con cuatro compañeros, el 14 de diciembre de 1911, sólo 34 días antes de que lo consiguiera la expedición de Robert Falcon Scott.

Posteriormente, Amundsen prosiguió sus exploraciones aventureras y, tras varios intentos fallidos, el 11 de mayo de 1926 sobrevoló el polo norte desde Spitsbergen —posterior Svalbard—, al norte de Noruega, hasta Alas-ka, a bordo de un dirigible, el «Norge», junto con el explorador estadounidense Lincoln Ellsworth y el ingeniero aeronáutico italiano Umberto Nobile. Dos años después, hacia el 18 de junio de 1928, al acudir en auxilio de Nobile, el avión en que viajaba, el «Latham», desapareció en el océano Glacial Ártico. (fuente consultada: Enciclopedia HISPÁNICA Entrada Amundsen Roald)

La Expansion Portuguesa Enrique de Portugal -El Navegante- Siglo XVI

La Expansión Marítima Portuguesa De Enrique de Portugal -El Navegante-

El siglo XV estaba destinado a ser el siglo ibérico por excelencia. Los distintos reinos en que se dividía la península eran ya importantes dentro del concierto europeo, pues sobre una superficie de unos 600.000 Km². existían, prácticamente, sólo cuatro Estados: Castilla, Portugal, Aragón y Navarra.

Castilla el más extenso, desde el siglo anterior, incluía a León y comprendía a Galicia, Asturias y parte de la costa levantina, y estaba arrebatando nuevos territorios a los musulmanes. Aragón se uniría en ese mismo siglo con el reino de Castilla.

De los cuatro Estados, Portugal, si bien no el más extenso, era, por cierto, el menos afectado por la lucha contra los musulmanes y, además, era el más vitalmente vinculado al mar. Así lo determinaba su condición de país relativamente estrecho y dotado de un extenso litoral. Estaba destinado a adelantarse a todos en la navegación atlántica.

En la segunda década, el infante don Enrique el Navegante echó en Sagres las bases para una amplia formación marinera. De esa escuela salieron los navegantes que abrieron el mundo a los europeos, solucionando, de paso, el problema creado por el monopolio de todo el comercio con Oriente, hasta entonces en manos tanto de comerciantes como de soberanos musulmanes del Asia.

Enrique el Navegante

El príncipe de Portugal, conocido como Enrique El Navegante,  supo patrocinar la marcha y la conquista de los portugueses sobre los mares del mundo. Allí, en la que se llamó Villa do Infante, Enrique tuvo el cuartel general de las expediciones matítimas por el litoral africano en busca del camino a la India.

Rodeado de un estado mayor de pilotos, cosmógrafos y astrónomos, procedentes de todos los países de Europa, e incluso de África y Asia, Enrique dirigió la gran aventura de su nación, aventura que había de inmortalizar su nombre y legar a Portugal — a sus navegantes y a sus conquistadores — laureles inmarcesibles de gloria y poderío.

Heredero del valor de su padre, Juan I de Avís, el fundador de esta dinastía en Portugal, y de las brillantes condiciones de la casa ducal de los Lancásters ingleses por parte de su madre, Felipa, hija de Juan de Gante, Enrique, nacido en Oporto el 4 de marzo de 1394, fue un príncipe dotado de brillantes condiciones morales, intelectuales y físicas.

Cuando aun no había cumplido veinte años demostró su bravura sin par en la conquista de Ceuta (1415), en cuya acción distinguióse tanto que fué armado caballero.

Poco después recibía el ducado de Viseo y el señorío de Covilham, y en 1419 el gobierno del reino del Algarve, provincia abierta a los mares y a la acción misionera de la Cruzada.

Este nombramiento le permitió la realización de los proyectos que alimentaba desde la época de la expedición marroquí. Enrique se proponía trasponer las misteriosas aguas del Atlántico tropical para llegar a la tierra de oro y marfil de los negros de la Guinea, al país fabuloso del Preste Juan y, si era posible, a la India, centro del comercio de las especias, la preciosa mercancía que era objeto de general demanda en los mercados europeos.

LA SITUACIÓN EUROPEA DE LA ÉPOCA:
EUROPA AMENAZADA

La situación del comercio europeo era muy extraña: había asumido una importancia considerable el tráfico con Oriente, muchos de cuyos productos tenían un extenso mercado en Europa; pero los precios eran fijados, no ya por los productores, lo cual hubiera sido admisible, sino por unos intermediarios cuya única intervención en el trafico se limitaba a no impedir el paso de las mercaderías; los funcionarios y reyezuelos de los Estados del Cercano Oriente.

Ello había originado, por una parte, una elevación desmesurada del precio de los productos asiáticos (fundamentalmente, las famosas especias y sedas) sin que los comerciantes productores asiáticos percibieran beneficio alguno; por otra parte, algunos productos manufacturados europeos, objeto también del comercio, debían venderse a precios bajísimos, pues los intermediarios los fijaban arbitrariamente.

Esta situación insólita había llevado a una disminución del poder adquisitivo de todas las monedas europeas.

Con todo, hasta ese momento los comerciantes genoveses y venecianos, por ejemplo, habían participado en los beneficios de los bajaes y reyes del Cercano Oriente, y se limitaban a embolsar la diferencia que les dejaban, y participaban, de vez en cuando, en los conflictos entre los gobernantes, con vistas a lograr alguna ventaja.

Sin embargo, últimamente las conquistas de los otomanos amenazaban con una dominación política más estable y severa. Este estado de cosas se agravó a mediados del siglo, cuando los turcos tomaron a Constantinopla.

Estas cuestiones preocupaban a todos los europeos, pero ningún Estado se hallaba en condiciones de emprender una acción contra los islamitas.

Un importante Estado europeo, Castilla, hacía ya siglos que estaba combatiendo, y con éxito constante, contra los musulmanes de España. Europa, mientras tanto, retrocedía en bloque, frente al avance de los turcos musulmanes del Cercano Oriente.

Uno de los pueblos ibéricos, Portugal, asumió la tarea de procurar una solución para el problema que afectaba a todos los europeos: arrebatar a los musulmanes el dominio de la economía continental. En su famosa escuela de Sagres se constituyó una verdadera academia naval. Cartógrafos, marinos, geógrafos, se formaban allí, con vistas a solucionar importantes problemas.

Por ejemplo, ¿África podría ser circunnavegada? ¿Las tierras del trópico serían efectivamente desiertas? ¿Se podría llegar a la fabulosa India?. Los navegantes portugueses surgidos de tal escuela intentaron responder a todas estas cuestiones, fundamentales para la vida y el porvenir europeo.

La acción del príncipe Enrique y la expansión portuguesa: En tanto Castilla y Aragón enfrentaban Enrique el Naveganteel problema de la reconquista, Portugal y Andalucía iniciaron la expansión.

En el siglo XV la isla Madeira y parte de las Canarias estaban ocupadas por colonos portugueses y españoles, respectivamente.

A fines de siglo, Madeira producía caña de azúcar y vid en cantidad suficiente para exportar.

Nació en Oporto el 4 de marzo de 1394, tercer hijo del rey João I de Portugal (1385-1433) y de Felipa de Lancaster, hermana de Enrique IV de Inglaterra. Fue educado en la literatura, la política y la guerra. Con algo más de 20 años (1415) toma parte en la conquista de Ceuta, empresa en la que participaron más de cincuenta mil portugueses y unas 200 naves. A partir de entonces parece que surgió en el Infante la idea de acometer la exploración de de las costas africanas.

Portugal, con extensas costas sobre el océano, buenos puertos, una considerable población pesquera y una clase comercial que se había emancipado bastante del feudalismo, estaba en condiciones de comerciar productos costosos.

Los italianos defendían sus derechos y, en consecuencia, Portugal y el oeste de España buscaron nuevas fuentes comerciales. Conocían muy bien el Atlántico, desde Islandia a África del Norte.

El príncipe Enrique de Portugal (1394-1460) fue el que inició un plan sistemático de exploración. La penetración en África se inició en 1415 con la toma de Ceuta (Marruecos), que era punto clave del estrecho y camino hacia la región del oro.

Portugal estaba atravesando una grave crisis económica. Conquistada Ceuta, no se lograron las ventajas económicas esperadas y el fracaso engendró nuevas expediciones.

Zurara, cronista contemporáneo, enumera las razones que impulsaron al príncipe Enrique a organizar estos viajes. Sostiene que primero fue el deseo de saber qué había más allá del cabo Bojador, rodeado por Gil de Eannes en 1434.

Diego Gómez, quien descubrió en 1456 la desembocadura de los ríos Geba y Casamance, en sus relatos de viajes, decía que el príncipe deseaba encontrar los países de donde provenía el oro que llegaba a Marruecos por las rutas del desierto para comerciar con ellos.

Zurara coincide en ese punto, pero agrega que los exploradores esperaban encontrar pueblos cristianos mas allá del país de los moros. Además, se deseaba averiguar hasta dónde llegaba el poderío árabe y buscar alianzas con cuanto príncipe cristiano pudiera hallarse.

En 1460 los portugueses llegaron a la altura de Sierra Leona buscando oro, esclavos, marfil, caballos y la conexión con la India Gangética qúe pensaban encontrar hacia el sur, siguiendo la concepción geográfica de Fray Mauro, o cruzando Africa, si se seguía la teoría de Ptolomeo.

Muerto el príncipe Enrique, su sucesor, Alfonso V, tuvo más interés en tomar Tánger. Igualmente, las expediciones hacia el sur continuaron; en 1475 estalló la guerra entre Portugal y Castilla por la determinación de la nobleza castellana de excluir del trono a Juana (la Beltraneja), proponiendo en su lugar a Isabel. Alfonso V se casó con Juana y reclamó el trono de Castilla.

Como consecuencia, hubo encarnizadas luchas que se extendieron a Guinea. La zona fue escenario de anormalidades y fricciones que Castilla castigó.

Portugal replicó con el hundimiento de barcos y muerte para la tripulación capturada en la zona que consideraba como propia. La corona portuguesa reclamaba el monopolio comercial basándose en la prioridad del descubrimiento y en las Bulas papales de 1454 y 1456 que otorgaron exclusivamente al príncipe Enrique y a la Orden de Cristo el derecho y el deber de convertir a los indígenas de esa región.

La lucha terminó con el Tratado de Alcaçovas-Toledo de 1479, por el cual Portugal se reservó el derecho de ruta hacia el sur de Guinea y todos los archipiélagos, salvo Canarias y Santa Cruz de Mar Pequeña.

Castilla podía anexionar ‘otras islas de Canarias’, si las hallaba hacía el oeste.

En forma clara se nota que Portugal se desinteresó por la ruta hacia el poniente. Bartolomé Diaz, experto navegante, descubrió en 1487 el Cabo de Buena Esperanza, aunque el extremo sur del continente corresponde al de las Agujas; más al este Supo sortear el peligro de las corrientes marinas y abrir el camino al Asia.

La expedición de Vasco da Gama, que partió en 1497, sorteó el Cabo de Buena Esperanza, hizo varias escalas en la costa oriental de Africa y llegó a Calicut en 1498. Inmediatamente negoció con el rey local para adquirir especias. Reunió cierta cantidad de pimienta y canela.

Con ese cargamento regresó a su país. Arribó a Lisboa en Setiembre de 1498. Así se cumplieron los objetivos que Portugal se había propuesto. En tanto, Castilla se proyectó hacia el Atlántico con el apoyo de marinos andaluces.

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