Viajar en Ferrocarriles Argentinos

Edificio Palacio Barolo en Buenos Aires Historia Arquitectura Ubicacion

Edificio Palacio Barolo en Buenos Aires: Historia, Arquitectura y Ubicación

Edificio Barolo en Buenos Aires

Ubicación: Av. De Mayo 1370 e Hipólito Yrigoyen 1371. Monserrat.

El Palacio Barolo fue el edificio porteño más alto hasta la construcción del Kavanagh, en 1935. Sus cien metros de altura culminan en el faro giratorio de 300.000 bujías que lo hacía visible desde Uruguay y que el 14 de setiembre de 1923 transmitió con sus luces el resultado de la pelea de boxeo Firpo-Dempsey.

Respecto a la historia de este edificio, la periodista María Seoane, en su libro «Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad (1900-2003)» nos cuenta:

[Hay]…dos hechos que tienen que ver con fiestas nacionales: el primero es el establecimiento del Día de la Raza como fecha patria en 1917 —el 12 de octubre— por presión de la élite española en Buenos Aires; el segundo es que una de las fiestas más importantes de Buenos Aires hasta 1900 era la del 20 de septiembre, llamada irónicamente «la pascua italiana».

Los inmigrantes italianos festejaban en esta fecha la unidad de Italia, ocurrida cuando las tropas piamontesas tomaron Roma el 20 de setiembre de 1870, obligando al Papa a recluirse en Castelgandolfo.

En todas las ciudades argentinas con fuerte presencia italiana, como Buenos Aires o Rosario, se celebraba esta fiesta popular, anticlerical y garibaldina. También, por esos años, dos italianos soñaron con traer las cenizas de Dante Alighieri a Buenos Aires y para eso construyeron un edificio-santuario en la Avenida de Mayo: el Palacio Barolo, que tomó el nombre del inmigrante e industrial Luis Barolo, tiene 22 pisos, cien metros de altura (como los cien cantos de la Divina Comedia) y hasta 1935 fue el edificio más alto de la ciudad.

Construido por otro italiano, el arquitecto Mario Palanti, que era además pintor y escultor, combina referencias al gótico veneciano con la arquitectura religiosa de la India. Cuentan que Palanti convenció a Barolo de la inminencia de una nueva guerra europea y de la necesidad de resguardar las cenizas del Dante, que descansaban en Ravena. El edificio está colmado de referencias al poeta y al poema. Su división general es en tres partes: Infierno, Purgatorio y Cielo.

La planta baja es el Infierno, los primeros catorce pisos el Purgatorio y los siguientes son el Paraíso; el faro representa a Dios. Las nueve bóvedas de acceso representan pasos de iniciación (nueve son las jerarquías infernales). La mayoría de los cantos del poema del Dante tienen once o veintidós estrofas: los pisos del edificio están divididos en once módulos, veintidós módulos de oficina por bloque. La cúpula se inspira en un templo hindú, dedicado a la religión tantra, y representa la unión entre Dante y Beatriz Portinari. Los entendidos dicen también que éste es el mayor ejemplo local de la «arquitectura esotérica» de principios del siglo XX.

El Palacio Barolo se inauguró en 1923 y fue bendecido por el nuncio Giovanni Beda Cardinale. A la inauguración asistió el entonces embajador de Italia en la Argentina. No llegó a asistir su mentor, el hombre Barolo, muerto poco antes.

La receptividad de la sociedad argentina a las migraciones en las primeras décadas del siglo XX estuvo estrechamente ligada al hecho de, que el período de expansión económica que atravesaba el país hacía que la gran mayoría de los inmigrantes consiguiera trabajo. De hecho, el trabajo se les ofrecía.

Y el gran agente de la movilidad social fue la educación pública. Gracias a ella, los hijos de los inmigrantes podían aspirar a un trabajo más calificado que el que habían tenido sus padres. Tal la movilidad social de la Argentina en aquella época.

Fuente Consultada:
«Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad (1900-2003)»  María Seoane

Primer Tranvía Electrico de Buenos Aires Historia

Información obtenida de una nota del diario «La Nación»

«Aquel que dijo que «el mundo marcha» reconocería, si volviese a la vida, que en los días que alcanzamos, de admirables progresos de todo género, sería más apropiado decir que «el mundo vuela».

Nos referimos a la introducción en Buenos Aires del sistema eléctrico de tranvías en sustitución del de sangre, o fuerza animal, existente hasta ahora, cuyo acto inicial ha llevado a cabo el ingeniero electricista norteamericano, Sr. Carlos Bright, conocido ya entre nosotros por otras valiosas empresas del ramo, que funcionan en el día regularmente.

Saben ya los lectores de LA NACIÓN en qué consiste dicho primer acto de la reforma de que se trata la construcción del «Tranvía eléctrico de Buenos Aires», cuya línea una vez terminada recorrerá el trayecto siguiente: punto de partida, esquina de Piedras y Paseo de Julio; siguiendo por ésta, el Retiro, la Recoleta y Centro América hasta tomar el bulevar Las Heras, por el cual continuará hasta los portones del Parque 3 de Febrero. Por esta vía, en su prolongación, buscará luego la dirección de Belgrano, pasando por la avenida Vértiz, frente al Hipódromo Argentino y el Tiro Federal; y llegado al término fijado por ahora al trayecto, recorrerá una buena parte de la población de Belgrano.

Lo hecho hasta ahora es solamente un trozo de línea, entre Canning y Palermo, por Las Heras, a guisa de ensayo tranquilizador de los ánimos municipales, sobre los cuales no ejerció suficiente influencia el hecho de estar tan generalizado en el mundo el sistema en cuestión, para librarlos de desconfianzas y temores.

A pedido, pues, de la honorable corporación se hizo el tal trozo de línea, largo como de un kilómetro. En tres meses prometió Mr. Bright, ¡yankee al fin! Tener todo listo para la demostración práctica y antes de los noventa días, como buen yankee, anunció que estaba pronto. Nada faltaba para mostrar, en pequeño, lo que será en grande la instalación, completa en todas sus partes.

tranvia electrico de bs.as.

Pero si la municipalidad tenía sus dudas, Bright y los suyos sabían perfectamente de dónde venían a dónde iban y qué era lo que tenían entre manos, por lo que dudaron un instante del éxito.

Solamente los interesados directa o indirectamente en el asunto, conocían su mar-,cha rápida y segura, teniéndolo al público casi olvidado y, sin embargo, al mismo tiempo que avanzaba por entre los barriales de Las Heras los rieles y los alambres de Bright, rumbo a los verdes prados de Palermo, se resolvía prácticamente la larga y trascendental cuestión del establecimiento de los tranvías eléctricos en todas las direcciones del municipio.

Ya a Flores le tarda ver llegar los lindos coches de la línea que hacia allí se encamina; la vieja empresa del tranvía a Belgrano, que no sabía, por lo general, de mejoras de ninguna clase, se electriza, ante el poderoso rival que de improviso ha surgido a su lado, potente y luminoso, al punto de que la impacienta no poder reemplazar inmediatamente sus caballos; y así, todos y por todas partes, veteranos, del oficio y nuevos en él, como si súbitamente se hubiera hecho la luz, relegando al pasado lo que hasta ayer se tenía por lo mejor.

Es que, efectivamente, se había hecho la luz, y ya no era cuestión lo que lo fue por tanto tiempo entre nosotros, mientras en todo el mundo, siguiendo el movimiento norteamericano, se extendía una red de tranvías del nuevo sistema.

Las causas de esta rápida propagación son varias: mayor economía del sostenimiento y, por consiguiente, de los pasajes; marcha tan rápida como se quiere, según las exigencias del uso; aumente del tamaño y consiguientemente de la comodidad de los vehículos; aseo de los mismos y del trayecto que recorren; profusión de la mejor luz conocida; reducción del transporte, para las clases trabajadoras, a menos de la mitad de los precios que actualmente se pagan; facilidad en detener la marcha casi instantáneamente: riesgos de accidentes, iguales o menores que con la tracción de sangre; suavidad de movimiento; supresión de los sacudimientos bruscos, en los arranques y paradas, y del temible «completo» calefacción o refrescamiento de la atmósfera, en el interior del vehículo, según las estaciones, por medio de aparatos eléctricos.

Los coches de la clase traída por la empresa del Tranvía Eléctrico de Buenos Aires, tienen un motor de 23 caballos anexo a cada eje, cuyo poder combinado es más que suficiente para cualquier exigencia del servicio regular.

El sistema es conocido con el nombre inglés de Trolley, derivado del de la rueda ó roldana del extremo superior de la percha destinada a establecer la comunicación entre el hilo conductor de la corriente eléctrica y los motores del fondo del vehículo.

En cuanto a los postes destinados a sostener el alambre conductor, la experiencia ha demostrado que la colocación en el centro es la mejor para las avenidas y calles anchas y el de doble fila, a los lados de la vía, con alambre de suspensión, al que más bien consulta las conveniencias generales en las calles angostas.

Así, siendo unánime el reconocimiento de la superioridad de la tracción eléctrica. unos opinan que el Trolley no sería práctica en calles como las de Buenos Aires, generalmente angostas, no precisamente por lo peligrosos, sino por lo incómodo y de mal efecto estético.

Por nuestra parte, deseando que siga tan provechosa discusión, deseamos más todavía que siga el establecimiento de tranvías eléctricos, cualquiera que sean sus aparatos o mecanismo especiales, mientras no obstaculicen el tránsito o comprometan la seguridad pública.

Porque la verdad sea dicha; Buenos Aires que ha estado siempre atento a los progresos del mundo y dispuesto a adoptarlos permitiéndolo las circunstancias, ha dado algo remiso en esto de la locomoción eléctrica, olvidando que «la ciudad de los tranvías», como se le ha llamado, estaba obligada por tan merecido como honroso título, a ser de las primera de América en implantar la reforma.

Habiendo los inspectores municipales informado favorablemente, y confirmado este informe por la observación personal del intendente, se ha autorizado a la empresa Bright para hacer andar los coches en el trayecto inaugurado, cobrando diez centavos por pasaje, más para evitar la aglomeración de gente que por otro interés. También han sido autorizados los trabajos de prolongación, esperando el Sr. Bright tener lista la línea desde Paseo de Julio y Piedad hasta el Hipódromo Argentino y el Tiro Federal, para octubre próximo.»

Fuente Consultada: El Diario Intimo de un País – La Nación

Historia de la sociologia? Resumen de su Origen y Conceptos Basicos

Historia de la Sociología
Resumen de su Origen y Explicación de los Conceptos Básicos

Entre todas las ciencias sociales, la sociología es la más joven: nació algunos años antes de comenzar nuestro siglo. Si bien es cierto que la preocupación por los fenómenos sociales siempre estuvo presente en la historia de las ideas del hombre, nunca se constituyó en una «ciencia»; es decir, no definió su campo de investigación (objeto) o el modo a través del cual habría que conocerlo (método) hasta fines del siglo XIX.

A partir de entonces, la sociología se desarrolló con increíble rapidez: la Revolución Industrial, surgida en Europa y en los Estados Unidos, hacía de cada fábrica y de cada conglomerado urbano una fuente inagotable de problemas sociales.

Era un período de progreso y de optimismo científico, en cuyo transcurso se formularon las principales corrientes del pensamiento sociológico, encabezadas por Auguste Comte, Herbert Spencer, Emile Durkheim, Vilfredo Pareto y otros. Se reclamaba para la recién nacida sociología un status semejante al de las ciencias naturales (química, física, biología).

Los precursores de esta disciplina creían que los fenómenos sociales debían de estar regidos por leyes «naturales e invariables», cuyo descubrimiento debía ser el objetivo de la investigación sociológica. Algunos de ellos —como Durkheim— llegaban incluso a hablar de la existencia de patrones sociales regulares y autónomos, como si se tratase de fenómenos de la naturaleza (comparables con las leyes de la electricidad), e introdujeron métodos de análisis cuantitativos para estudiarlos.

Comte fue el primero que presentó los hechos sociales como objeto de una ciencia, positiva en la metodología y basada en la observación empírica del fenómeno social, que se desarrolla al compás del desarrollo general del espíritu humano. La misma orientación positivista poseen los estudios de H. Spenser, É. Durkheim —uno de los fundadores de la moderna sociología, a la que dio carácter científico—, que define el hecho social por su exterioridad respecto a las conciencias individuales (conciencia colectiva), y los funcionalistas R. Merton y T. Parsons. Frente al positivismo, autores como W. Pareto, T. Mannheim o M. Weber, elaboraron teorías subjetivistas. Este último, al analizar las diferencias entre ciencias humanas y naturales respetó la singularidad del fenómeno humano. El marxismo aportó una interpretación distinta, llamada dialéctica, al afirmar que el modo de producción de la vida material, la existencia social del hombre, condicionan su conciencia (materialismo histórico), teoría asumida por Lenin, Luxemburg, Gramsci, etc.

Una ciencia social:

En realidad, toda esa euforia y todas esas ansias de lograr que la sociología fuera reconocida como una ciencia legítima encubrían una profunda desconfianza de parte de los propios investigadores frente a cualquier observación no comprobada por el método experimental, como, por ejemplo, en el caso de las reacciones químicas.

Por otra parte, el hecho de dotar a la investigación sociológica con una metodología común a las ciencias «consagradas» puede favorecer la obtención de resultados y facilitar las operaciones, pero no la pone a salvo de las interpretaciones personales del investigador ni confiere a la sociología la tan ansiada neutralidad.

Primero, porque no existen ciencias «neutras»: todas las formas de conocimiento son un producto del intelecto de seres humanos que viven en una determinada época y dentro de una determinada sociedad, con sus valores y aspiraciones característicos. En los tiempos de Galileo, por ejemplo, la ciencia oficial sostenía que el Sol giraba en torno de la Tierra. Cuando dicho científico probó lo contrario, las autoridades científicas repudiaron el descubrimiento, porque éste afectaba las bases del orden social establecido.

Si un conocimiento tan «neutro» como lo es la física choca con ciertos prejuicios (o incluso con valores aceptados de buena fe), ¿qué no se debe esperar de las ciencias humanas, en las que el hombre es, al mismo tiempo, investigador y objeto de estudio? ¿Cómo puede escapar un sociólogo de la red de valores que integran su personalidad, cuando intenta analizar un fenómeno cualquiera?.

Tomemos como ejemplo el prejuicio racial: el investigador puede abrigar o no ese prejuicio, o bien ser o no víctima de él, no hay una quinta posibilidad. Dicho en otras palabras, el científico participa necesariamente en el fenómeno que estudia, y en cualquier caso tiene una opinión formada sobre el asunto (opinión que no es científica). Antes de investigar el fenómeno, ya ha formulado un juicio de valor al respecto, influido por sus propias vivencias.

Esto no invalida en absoluto el conocimiento sociológico, pues éste puede esclarecer una serie de comportamientos irracionales y nocivos para la comunidad, como lo es el racismo, por ejemplo. No cabe duda que el prejuicio creado en torno del color de la piel está lejos de haber sido erradicado, pero la sociología es capaz de probar que las ideas que lo sustentan son falsas. Varias investigaciones sociológicas han demostrado que los prejuicios nacen de tensiones sociales no resueltas y que se los enmascara con argumentos de orden biológico.

A pesar de los inmensos obstáculos con que se enfrenta continuamente, la sociología ha obtenido finalmente su lugar dentro del llamado «mundo de las ciencias», principalmente porque logró obtener conocimientos acumulativos: cuenta con una serie de hipótesis comprobadas que propician el desarrollo de otras tesis. Tal es el caso de las investigaciones acerca de la influencia de los medios de comunicación de masa en el comportamiento del público, y de las motivaciones de los consumidores, en las cuales se basan las técnicas de la publicidad.

El conjunto de conocimientos adquiridos por la sociología revela una faceta de la realidad, pero al mismo tiempo se mantiene abierto para recibir informaciones que permitan dar validez o rechazar las nuevas hipótesis que surjan. el objeto de la sociología Para que una disciplina tenga razón de ser debe investigar la realidad desde un ángulo tal que jamás haya sido abordado por otras ramas del saber.

Un genetista y un físico pueden investigar un mismo fenómeno, pero cada uno de ellos sacará conclusiones diferentes. En las ciencias sociales ocurre lo mismo: economía, política, historia, antropología y sociología son disciplinas que estudian la sociedad, de la cual cada una investiga un sector e intenta explicarlo.

El trabajo del sociólogo consiste en esclarecer cómo y por qué las sociedades se organizan, se mantienen en funcionamiento y se transforman, y al mismo tiempo buscan las causas de esos hechos. En síntesis, la sociología se preocupa por descubrir cómo se estructuran las relaciones sociales.

Se trata de una tarea difícil. La sociedad abarca una gran variedad de fenómenos interrelacionados, que se hallan en constante cambio. Para darse una idea, baste con recordar las alteraciones que experimentaron en los últimos años los conceptos de moral, los sistemas educativos, la estructuración de los partidos políticos, la organización de los gremios, etcétera.

Frente a esta variedad, la sociología ha tenido que especializarse en varias ramas. La sociología general, por ejemplo, se ocupa de los grandes problemas metodológicos y estudia la dinámica de los fenómenos sociales: qué es lo que caracteriza a la sociedad, la acción, la relación y la organización social; la socialización; los tipos de sociedades; las relaciones existentes entre la sociología y las demás ciencias, etcétera.

Dentro del marco de la sociología general, los autores definen las líneas básicas que seguirán en sus investigaciones. Una vez elegido el método, el científico se especializa en el tema de su interés. Hay tantas especialidades como fenómenos y problemas sociales; o sea, todas las formas de comportamiento que tengan un significado grupal.

medios de comunicacion

Los medios de comunicación de masa modelan los patrones sociales y los vuelven deseables para la mayoría de
la población. El lujo, la comodidad y la posesión de objetos significan bienestar, prestigio y felicidad.

Una gran contribución:

La sociología se nutre de las informaciones obtenidas por otras ciencias afines. La historia, la política, la economía y la psicología son indispensables a los investigadores, al igual que la estadística, la cual permite medir la frecuencia, en un grupo humano, del fenómeno estudiado.

El sociólogo Theodor Adorno, por ejemplo, realizó una investigación sobre el autoritarismo en los Estados Unidos, cuyos resultados fueron compilados en el libro La personalidad autoritaria, obra de cerca de mil páginas. El científico partió de la hipótesis que sostiene que las convicciones políticas, sociales y económicas de un individuo forman un patrón coherente, como si estuviesen ligadas por una «mentalidad» o «espíritu». Ese patrón expresaría tendencias latentes en su personalidad. Adorno trataba de detectar los factores sociales y psicológicos que volvían al individuo potencialmente fascista; es decir, sensible a lo antidemocrático.

Con ese objetivo, Adorno y su equipo utilizaron tres métodos básicos: cuestionarios distribuidos entre un cierto número de individuos, con preguntas formuladas a partir de la hipótesis fundamental (la existencia de un patrón de personalidad autoritaria) ; entrevistas individuales, a nivel más profundo, con personas manifiestamente autoritarias; después, con los resultados obtenidos en las dos primeras etapas, se formaron grupos para discutir el problema (grupos integrados por individuos total o parcialmente autoritarios) .

Con los datos logrados mediante la combinación de los tres métodos, Adorno formuló un cuestionario general, respondido por un gran número de personas. Este trabajo, además de confirmar la hipótesis inicial, reveló que la personalidad autoritaria se forja en individuos que recibieron una educación rígida e inflexible, ya sea por pertenecer a familias extremadamente disciplinadas y puritanas o poco afectivas, o bien por haberse educado en escuelas con características semejantes. Tal conclusión resultó muy novedosa en esa época (década de 1940), porque hasta entonces solamente el psicoanálisis había tratado los problemas de carencia afectiva, tomando en consideración sus consecuencias sociales.

violencia
La violencia política generalizada y la tendencia a la burocratización del trabajo son fenómenos típicos de nuestra época. Por esa razón, son estudiados con interés por los sociólogos.

…los precursores de la Sociología

La Sociología nació en medio de las grandes transformaciones económicas, políticas y sociales que dieron lugar al mundo moderno tal como hoy lo conocemos. Frente a esas transformaciones, los fundadores de esta ciencia se preguntaron: ¿en qué se diferencian las sociedades del pasado de las del presente?, ¿cómo y por qué cambia una sociedad?, ¿qué factores crean divisiones o mantienen unida a la sociedad?

Para responder estas preguntas, Karl Marx (1818-1883) se interesó por la economía porque, comprendiendo cómo cambia la producción de los bienes en una sociedad a lo largo de la historia, podría comprender las diferencias entre las sociedades pasadas y presentes, por qué se producen las desigualdades y los conflictos sociales.

Para Max Weber (1864-1920), si bien la economía es importante para explicar estas cuestiones, las ideas vigentes en una sociedad también explicaban cómo y por qué cambian las sociedades a lo largo del tiempo. Por ejemplo, las ideas religiosas tenían una fuerte influencia en el modo en que una sociedad organizaba su vida y el trabajo.

Por su parte, a Emite Durkheim (1868-1917) le preocupaba analizar qué mecanismos producían las divisiones o uniones en una sociedad, es decir, qué hace que ios miembros de una sociedad cooperen unos con otros. Para él, en las sociedades más primitivas los seres humanos se encuentran unidos por lazos comunitarios, mucho más fuertes que en la sociedad industrial.

Esto significa que la comunidad en que vivían era determinante en su vida. Eso lo llevó a pensar que, para explicar la conducta humana, no basta con analizar a los individuos aisladamente porque la sociedad tiene influencia en las acciones y pensamientos de las personas.

Es decir, la sociedad es más que la suma de los individuos que la componen, tiene una existencia propia que se manifiesta en las normas, valores o creencias que se imponen a los individuos que forman parte de ella.

Fuente Consultada: Sociedad en Red EGB 9 A-Z Editora

Ver:Costumbres y forma de vida sociedad argentina

Los Edificios Mas Famosos de Buenos Aires Primeros Rascacielos

EDIFICIOS ALTOS MAS FAMOSOS DE BUENOS AIRES
LA ERA DE LOS RASCACIELOS

Los RASCACIELOS son edificios de gran altura. Su nombre tiene un evidente contenido metafórico, pues alude a la bíblica Torre de Babel, el sueño de una arquitectura que vinculara a la Tierra con el Cielo. También objetos similares pueden ser nombrados con otras palabras: arañanubes, edificios altos, torres o edificios de perímetro libre, pero en casi todos estos casos la designación pierde la alusión mítica de la palabra.

En Argentina, si bien las primeras edificaciones en altura datan de la última década del siglo XIX, el concepto de rascacielo propiamente dicho comenzó a ser aplicado, bajo la gravitación de los modelos norteamericanos, recién a principios del siglo XX. El momento de apogeo de los rascacielos en la Argentina se dio desde mediados de los años veinte hasta la primera mitad de la década del treinta.

La expansión de la economía y de la industria de la construcción de finales de los años veinte tuvo uno de sus más claros reflejos en las edificaciones en altura que comienzan a ganar la ciudad de Buenos Aires, entre las cuales el Pasaje Barolo de Mario Palanti es ejemplo emblemático. La contracción que impone la crisis de 1929 favorece asimismo este tipo de programa que, encarado desde un nuevo punto de vista, permite una concentración de inversiones.

El edificio Kavanagh, del estudio Sánchez, Lagos y de la Torre, encarna esta situación acabadamente. Su apelación a la tecnología avanzada del hormigón armado y el hecho de que no fuera, como los ejemplos norteamericanos a los que refiere, un edificio de oficinas sino una monumental casa de departamentos son rasgos característicos de la producción argentina de esta tipología, cuyo interés comienza a decaer ya desde finales de los años treinta, aunque ocasionalmente vuelva a presentarse como objeto de reflexión.

Las dimensiones y características de los rascacielos son relativas a las condiciones concretas delentorno y al imaginario del momento histórico en que se edifican. Sin embargo, no todos los edificios altos pueden ser considerados rascacielos, puesto que la designación se popularizó a partir de la expansión de este tipo de edificios en Chicago durante la segunda mitad del siglo XIX.

Motivos religiosos o prácticos (necesidad de otear el horizonte o realizar observaciones) determinaron anteriormente la existencia de construcciones destinadas a ganar altura. Las pirámides, egipcias o americanas, tenían este fin; así como en China fueron frecuentes las Guan y las pagodas, o grandes palacios como el Budala en Lasa (13 pisos; 1645) o el Da Hong Tai en Cheng De (13 pisos; 1771).

En los Estados Unidos, los rascacielos pioneros no fueron construcciones esbeltas, y ni siquiera de perímetro libre: el Jayne Granite (1849) de fohnston y Walter, en Filadelfia, construido entre medianeras, tenía planta baja y siete pisos; el Western Union (1873) de Post en New York, en esquina, tenía planta baja y ocho pisos; el Leiter (1879), de Le Barón Jenney, en Chicago tenía planta baja y seis pisos. ¿Qué los definía como tales? Su mayor altura relativa en primer lugar, pero además la preocupación porliberar la planta de estructura portante, el interés por obtener el mayor tamaño en las aberturas de fachada, el empleo de circulaciones verticales mecánicas y su destino de oficinas de empresas comerciales.

En la Argentina los edificios altos comenzaron a construirse en la última década del siglo XIX. Según el censo municipal de 1904, en Buenos Aires había 60 casas de 4 pisos, 40 de 5 y 38 de 6. En 1909 el parque se había duplicado: 146 casas de 4 pisos, 92 de 5 y 68 de 6. De las ciudades del interior, Rosario se destacaba con unas 30 casas de tres pisos en 1906; solo un 1% de construcciones de dos pisos se contaban en Tucumán en 1913; en Córdoba y las restantes capitales provinciales ningún edificio sobrepasaba las dos plantas.

Fuente Consultada: Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades
De Liernur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando. Editorial

Primer asombro: 14 pisos en 1915: Buenos Aires figura entre las cinco o seis más grandes ciudades del mundo. Imposible hablar en detalle de lo que tiene y la caracteriza. Su pujanza es incontrastable. Ninguna otra ciudad se transforma tan rápidamente como ella, fenómeno que ha llamado la atención de propios y extraños.

Ha ensanchado sus angostas calles convirtiéndolas en espléndidas avenidas, como Corrientes, la Broadway porteña, la calle de la noche, la que nunca pega sus ojos, la de los cines monumentales, los teatros; la Belgrano, al Sur, Córdoba al Norte y la más elegante y resplandeciente de todas, Santa Fe, la inmensa y lujosa artería norteña; Cabildo y la General Paz, la avenida jardín del límite, que se une a la magnífica avenida Costanera, donde la ciudad que sueña con el mar, se mira ufana en el leonado espejo del Plata.

Buenos Aires ha completado su crecimiento horizontal y se ha dado de lleno a su crecimiento vertical. La ciudad busca el cielo, sin perder su hermosura. Quien no sale del centro, creerá que no es bella, pero si la recorre íntegra, podrá notar que Buenos Aires es la ciudad más arbolada del mundo. No menos de cinco millones de árboles adornan sus calles, avenidas, parques y paseos. Pero cambia constantemente.

La ciudad debe contarse desde 1936, obra del doctor Mariano de Vedia y Mitre , cuando la apertura de la avenida 9 de Julio, la más ancha del mundo. La más ancha, con su obelisco conmemorado del IV centenario, así como Rivadavia es la más larga, pues se pierde en la pampa enhebrando pueblos en más de 25 kilómetros.

En su crecimiento vertical, miles de edificios le dan la fisonomía de monumental. Y unos cuantos son ya la expresión de la era de los rascacielos.

El primero fue la Galería Güemes, en Florida, con 14 pisos y 87 metros de altura, inaugurado en 1915; le siguió el Pasaje Barolo, en Avenida de Mayo, con 18 pisos y 89 metros; la Torre Bencich, en Arroyo, entre Esmeralda y Suipacha, con 20 pisos y 80 metros de altura; el Comega, en Corrientes y Leandro N. Alem, con 21 pisos y 88 metros; el del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, en avenida 9 de Julio, con 25 pisos y 90 metros, en cuya terraza se instaló la antena de una emisora de televisión; el Saficó, en avenida Corrientes, con 26 pisos y 100 metros; el Kavanagh, el más famoso rascacielo porteño, en plaza San Martín, el primer rascacielo del mundo que tuvo aire acondicionado: 30 pisos y 120 metros.


Galería Güemes, en Florida, con 14 pisos y
87 metros de altura, inaugurado en 1915.

 


Pasaje Barolo, en Avenida de Mayo,
con 18 pisos y 89 metros.

 


Torre Bencich, en Arroyo, entre Esmeralda y Suipacha,
con 20 pisos y 80 metros de altura.

 


Comega, en Corrientes y Leandro N. Alem,
con 21 pisos y 88 metros.

 


Ministerio de Obras Públicas de la Nación, en avenida 9 de Julio,
con 25 pisos y 9c metros.

 


Saficó, en avenida Corrientes, con 26 pisos y 100 metros.

 


Kavanagh, el más famoso rascacielo porteño, en plaza San Martín,
el primer rascacielo del mundo que tuvo aire acondicionado: 30 pisos y 120 metros.

Y luego vinieron la torre de una Cooperativa en Rivadavia 5126, con sus 22 pisos y 70 metros de altura, conteniendo 230 departamentos; otro edificio, en Víamonte y Leandro N. Alem, de 41 pisos y más de 180 metros de alto, el más grande del mundo en cemente armado; las torres de Santa Fe y Suipacha; de Florida y Paraguay; de Cerrito y Viamonte; de Cerrito y Posadas; la República, de ENTel, en Maipú y Corrientes, y muchos otros testimonios de un crecimiento que tuvo como pioneros de la arquitectura más ambiciosa también en el complejo del Centro Cultural General San Martín, construido en varias etapas a partir de 1953 y otras iniciativas que se convirtieron en obras llamativas, como las de los edificios de Correos y ENTel, a medida que fue desarrollándose audazmente el diseño y el rediseño arquitectónico que se adueñó durante un amplio ciclo, de la zona bancaria, últimamente conocido como «microcentro».

De esa forma una vieja y clásica tienda cedió sus bases para la sede central del Banco de la Ciudad, en Florida y Sarmiento, a una cuadra de donde surgió también el nuevo edificio de otro Banco, No debe desestimarse tampoco la casa matriz del Banco de Londres y América del Sud, objeto de la admiración de paseantes y turistas; ni las obras de Catalinas Norte, imponentes en su futurismo; el Conurban, (foto abajo)  que unifica hormigón, cristal y ladrillo a la vista para resaltar su imponencia; la sede de la Unión Industrial Argentina (UIA), una gran caja de vidrio con grandes volúmenes de hormigón «jugando» con espacios llenos y vacíos; o el señorío de un hotel en Retiro y de otras torres que tienen, también, como fondo, el anchuroso río color de león. Igualmente, la proliferación de esos monstruos decemento invadió los barrios con complejos elevados, algunos de varios cuerpos, destinados a viviendas en propiedad horizontal.

Belgrano, por ejemplo, los adoptó, adquiriendo una personalidad distinta. Otros conjuntos habitacionales como los de Acoyte y Yerbal y los monobloques que eligieron la zona del remozado parque Almirante Brown, cerca del autódromo municipal —otra obra de proyección universal—, o los aledaños de la avenida Dellepiane, sin perjuicio de orillar la avenida General Paz y hasta adentrarse en los barrios céntricos de la metrópoli.

Otros rascacielos abren sus ventanas como ávidos ojos que miran hacia la ciudad del futuro, pero que no olvidan a los cíclopes del progreso, como el Palacio Barolo, despectivamente señalado entonces como «un gallinero de lujo», para convertirse pronto en motivo de orgullo para los porteños cuando descubrieron que tenían el edificio más alto de Sudamérica.

O como el de la Galería Güemes, que se sumó como base para una carrera edilicia que se tradujo, cuando la mole de don Luis Barolo cumplía apenas 10 años, en colosos —como ya dijimos— de la estatura del Kavanagh, que costó 5 millones de pesos y en su construcción se emplearon 1.600 kilómetros de varillas de acero, 90 kilómetros de cañerías, 1.300.000 ladrillos comunes, 600.000 huecos, 50.000 refractarios y 20.000 prensados. Su habilitación fue un acontecimiento para 1935 y 20 años después ya la ciudad mostraba elevados picos y una perspectiva de progreso y modernismo.

Y desde aquella inquieta jornada en que se impuso el cambio de mano, de izquierda a derecha, en la circulación vehicular, mucho pavimento se agregó en las calles para mejorar el tránsito de automóviles, colectivos —el invento porteño por excelencia que, con leves toques, mantiene su vigencia imperecedera—, ómnibus y trolebuses, y mientras el tranvía se obstinaba en subsistir, observando a su alrededor la paulatina pero implacable erradicación de la tracción a sangre. El tranvía!.

Toda una entidad, primero tirado por caballos e institucionalizado con el legendario mayoral y después con el trole y los 11 puntos del Lacroze, o los 9 del Anglo. Su aparición fue por el 1870 y su supresión, casi un siglo después, en 1962.

Poco a poco había venido siendo desplazado por el «hermano» de mayores dimensiones, menores gastos y mejor maniobrabilidad, accionado por un chofer al volante y generación de corriente a través de un doble cable aéreo. El trolebús había aparecido a comienzos de la década del 50 y cuando el tranvía fue retirado de la jungla de acero, quedaron por años los testigos de su paso, sus largos zapatos —las vías—, inconfundibles por su surco, para evitar descarrilamientos, en las que millares de pelotas de goma y hasta de cuero rebotaron antojadizamente, desconcertando al piberío y a los muchachotes que se trenzaban en los «picados» de barrio.

Fuente Consultada:
75° Aniversario de LA RAZÓN Historia Viva
El Diario Intimo de un País – La Nación.