Vida de Auguste Rodin

Biografia de Edouard Manet Artista Pintura Impresionista

Biografia de Eduard Manet Obras De Su Pintura Impresionista

Considerado como jefe de la escuela impresionista, Eduardo Manet encarna un momento de ruptura con las fórmulas convencionales del academicismo e incluso de los movimientos románticos y realistas.

En su afán de buscar los valores reales de la pintura, desencadena el formidable proceso de renovación — precedido por el período de inevitable crisis — que, a través de las vacilaciones y de los avatares más insospechados, habrá de conducir a la plasmación de un nuevo tipo pictórico.

Eduard Manet Artista

Manet fue, en el campo del arte, un revolucionario esencial, que buscó, primero en el estudio de los mejores clásicos, y luego en la composición al aire libre de las escenas de la vida corriente, la solución al estancamiento eventual de los valores pictóricos europeos.

Nació en París el 23 de enero cíe 1832. Después de estudiar en el Colegio Rollin, donde su pasión por el dibujo le hizo olvidar todas las demás asignaturas, se embarcó como grumete en el buque Guadalupe, que prestaba servicio en la línea del Brasil (1848).

A su regreso entró en el taller de Couture (1851), que frecuentó durante seis años, aunque sin sujetarse a las fórmulas de su maestro. Realmente, su escuela fue el Louvre y los principales museos de Europa; hizo frecuentes escapadas al extranjero, y visitó las pinacotecas de Cassel, Dresden, Munich y Viena, y los museos de Florencia, Roma y Venecia.

En la contemplación y estudio de las grandes obras de arte, Manet halló su extrema perfección técnica y esa capacidad de ennoblecer los temas más vulgares que le atrajo tantos partidarios.

En 1861, después de pasar largas temporadas en el Louvre trabajando los grandes maestros españoles, presentó en el Salón de aquel año el Guitarrero, cuadro que provocó bastantes críticas.

Pero la polémica y el revoloteo de pasiones se iniciaron en 1863 con motivo de la exposición en el «Salón de los Rechazados» del por tantos conceptos famoso Colación en la hierba.

Por esta época Manet había reunido alrededor suyo un grupo de artistas admiradores de su talento, así como algunos literatos, entre otros Zola, que en literatura encarnaba un movimiento análogo. En el Salón de 1865 causó de nuevo ia sensación del día con su Olimpia.

Esta obra le valió la exclusión del Salón del siguiente año. En 1867 reunió sus principales pinturas en una exposición hecha conjuntamente con Courbet. En ella había de exponer su Ejecución de Maximiliano, que tanto debe a Goya; pero el gobierno imperial se lo prohibió.

Poco antes de la guerra de 1870, Manet descubrió el valor de la pintura al aire libre. Durante la contienda francoprusiana sirvió en el ejército como fusilero. En la paz se convirtió en jefe del grupo de vanguardia constituido por Degas, Monet y Renoir.

Estos artistas inauguraron en 1874 el salón de los Impresionistas, que dio nombre a la escuela.

Respecto al arte oficial, unas veces fue admitido y otras rechazado en los Salones anuales, pero, por fin, el Estado reconoció sus muchos méritos concediéndole la cruz de la Legión de Honor (31 de diciembre de 1881).

En las obras de su última época, Manet adquirió una personalidad exclusiva en el campo de la historia del arte.

A este período pertenecen, entre muchas otras pinturas, Nana, La camarera de cerveza y el delicioso Bar del Folies Bergere (1882). Moría al año siguiente de pintar este cuadro, el 20 de abril de 1883, en París, a consecuencia de una amputación forzosa de la pierna.

ALGUNAS DE SU OBRAS:

OBRA DE MANET
Obra de Eduar Manet: «En El Conseratorio
obra de manet eduard
Obra Impresionista de Eduard Manet: «El Estudio Flotante»
Obra de Edurdo Manet
Obra Impresionista de Eduard Manet: »
El Bar del Folies Bergère «
Obra de Manet Impresionista
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«El Gran Canal de Venecia»
Obra de Eduard Manet
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«En el Café»
Obra Impresionista de Manet Eduard
Obra Impresionista de Eduard Manet:
«La Cubierta de Barco»
fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Teodosio I «El Grande»
Biografia de Hieron de Siracusa
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Biografia de Luis de Gongora y Argote

Biografia de Quinquela Martín Artista Plástico Argentino Vida y Obra

Biografia de Quinquela Martín
Artista Plástico Argentino

El 20 de Marzo de 1890 fue dejando en la Casa de Expósitos un niño que se suponía había nacido tres semanas antes, es por eso que el día de nacimiento de Benito ha sido consignado como el 1º de marzo. Fue bautizado con los nombres de Benito Juan y se le asignó el apellido Martín. Su primer nombre fue en razón de ser bautizado el día de San Benito Abad, el 21 de marzo. Casi ocho años después, el 16 de noviembre de 1897 es adoptado por el matrimonio formado por Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes vivían en la Boca del Riachuelo, donde vivió toda su vida el maestro.

Cursó tan solo los dos primeros grados de la primaria, y luego se dedicó a repartir el carbón que sus padres vendían a los vecinos del barrio.

Cuando cumplió 15 años su padre que descargaba carbón en el puerto, lo convocó a trabajar con él, pese a su físico poco adecuado para la tarea, pero su empeño y rapidez le hicieron ganar el apodo de «EL MOSQUITO».

Al poco tiempo, cuando cuenta 17 años, se inscribió en una academia para cursar dibujo y pintura, con le maestro italiano Alfredo Lázzari, quien fue su único maestro. Completó su formación autodidacta a través de lecturas en la biblioteca del Sindicato de Caldereros, y allí descubrió el libro «El Arte» del escultor francés, Auguste Rodin, que lo llevó a dedicar su vida a la creación artística.

Cuando cumple 20 años expone por primera vez sus trabajos en la Sociedad Ligure de Mutuo Socorro. En 1912 se le diagnostica un principio de tuberculosis y busca los purificadores aires de Córdoba para curar su enfermedad. Allí realiza una serie de paisajes acompañado al maestro Walter de Navazio. Retorna a los seis meses milagrosamente curado y convencido que debe reflejar, como decía Rodin, únicamente su vida y su ambiente, es decir pintar su aldea: La Boca del Riachuelo.

Miembro Honorario de la Universidad
El 14 de enero de 1972 se firmó en el Consejo Superior de la UBA la resolución por la cual se designaba a Benito Quinquela como miembro honorario de esa alta casa de estudios. En los considerandos de la resolución se expresa que el artista ha honrado y honra con su obra a la cultura argentina y al hombre de nuestro país, y que a ello se agrega «el ejemplo de toda una vida dedicada al arte, a la promoción de la cultura y a la misión de servicio por su generosidad para la comunidad y a través del fomento de la educación».

«Pero la resolución de la Universidad de Buenos Aires no es meramente eso, sino una expresión vocacional de reconocer públicamente, y sobre todo ante los jóvenes, lo que constituye un ejemplo capaz de alentar una meta. Cuando reciba usted el diploma y la medalla que lo acompaña, podrá apreciar todo esto y su aceptación será un bien para la Universidad».

Por último expresa: «Con el tiempo, maestro, la herrumbre cubrirá esa medalla produciendo el más antiguo de los pigmentos: ese mismo que crustifica los hierros de los barcos envejecidos o moribundos, que podrán desaparecer de la boca del Riachuelo, pero nunca de la imagen de sus cuadros».

LOS PRIMEROS AÑOS DE BENITO:

Al viejo Manuel [padre de Benito] lo que menos le gustaba era la decisión de su hijo de dedicarse intensamente a la actividad artística, porque estaba descuidando su trabajo en el puerto. Las discusiones eran constantes y tantos fueron los enfrentamientos entre Benito y su padre que un día, contra la voluntad de Justina, que apoyaba al joven en todos su proyectos, el joven pintor empacó sus bártulos y abandonó el hogar paterno. No fue Justina la única en lamentar ese alejamiento. El estómago de Benito también lo sufrió bastante. Aunque siguió trabajando en el puerto para ganarse el sustento, ya libre de la tiranía paterna dedicaba muchas más horas a la pintura que al carbón, y vivía de mate cocido y galletas marineras.

Tiempos vagabundos
La vida de Benito se convirtió casi en un vagabundeo. Vivió un tiempo en la Isla Maciel; allí frecuentó ladrones y malandras, entre los cuales se sentía perfectamente cómodo, según contaría años después.

En sus memorias dice que llegó a conocer una «academia del punguismo» con base en esa isla y que le ofrecieron formar parte de ella, pero no le interesó. En cambio, llenó varias telas con imágenes de la Isla Maciel y aprendió mucho de los punguistas; porque, además del arte del robo disimulado, cultivaban una serie de códigos de honor y hermandad que despertaron mucha admiración en el joven artista. Todas estas experiencias abrieron su mente y enriquecieron su pintura. Pasaron meses de errancia en los que Benito montó su taller en los lugares menos pensados, desde altillos hasta barcos (tuvo un estudio de pintura a bordo del «Hércules», un navío anclado que descansaba en el cementerio de embarcaciones de la Vuelta de Rocha). Sin embargo, este peregrinaje no duró mucho.

Podría decirse que la ley familiar fue más fuerte que la ley de la calle; pero, en realidad, no fue el respeto al padre lo que indujo a Benito a retornar al hogar, sino la nostalgia de la caricia materna y los ruegos de Justina que no vivía en paz sin él. Fue ella quien le dio un sabio consejo: «Si no te gusta el carbón, búscate un empleo del gobierno».

Siguiendo la recomendación materna, Benito consiguió un trabajo como ordenanza en la Oficina de Muestras y Encomiendas de la Aduana, en la Dársena Sur, no tan lejos de su querido puerto. Allí desarrollaba funciones «fundamentales» para el buen desempeño de cualquier oficina, como limpiar las ventanas y cebar mate; pero lo importante era que le quedaba tiempo para pintar a gusto.

De todos modos no duró mucho como empleado estatal. Comenzaron a pedirle labores de mensajero, y debía andar de aquí para allá transportando caudales. Un día pensó lo que podría pasar si le robaban una encomienda —había aprendido bastante de punguismo— y presentó su renuncia indeclinable. Pero ese tiempo de poco trabajo y mucha pintura dio sus frutos. A los pocos meses el pintor del puerto participó por primera vez de una exposición. Se trató de una muestra colectiva de todos los alumnos del taller de Alfredo Lazzari, y tuvo lugar en la Sociedad Ligur de Socorro Mutuo de La Boca. Esta sociedad celebraba su aniversario número veinticinco, y qué mejor forma de conmemorar el nacimiento de una mutual boquense que con la exhibición de las creaciones de sus hijos, los artistas de La Boca.

Participaron Santiago Stagnaro, Arturo Maresca, Vicente Vento y Leónidas Magnolo, todos principiantes y aficionados. Para cada uno de ellos fue un evento bello y memorable, pero para Chinchella fue especial: se trataba de su debut. Expuso cinco obras: un óleo titulado Vista de Venecia, dos dibujos a pluma que formaban parte de su Estudio de cabezas y dos coloridos paisajes pintados con tempera. Las obras oran algo torpes, las manos del artista no habían adquierido ido aún la maestría que las caracterizaría mas adelante. Lamentablemente las mayor parte de estas primeras obras ed Quinquella se han perdido y es imposible recuperarlas.

padres de quinquella

UN TESTIMONIO DE LA ÉPOCA:
Un pintor en la lluvia

Una mañana opaca en que la lluvia estaba al caer, peregrinando por La Boca nos detuvimos a contemplar a un pintor que, sentado en la proa de un velero, indiferente al mercante ir y venir de un barco en descarga, pintaba. Es decir, aquello no era pintar, era un afiebrado arrojar colores y más colores sobre el cartón. En manos de nuestro hombre el pincel iba, venía, describía giros, volvía y revolvía con amplitud majestuosa y segura; a su paso, dejaba gruesas huellas que parecían desordenadas e incongruentes en un principio, pero que bien pronto adquirían forma y cierta concordancia inarmónica, grotesca casi, para formar enseguida un cuadro de una belleza sorprendente; insospechable en un rincón gris y sucio del Riachuelo.

Cuando hubo terminado su tarea, abordamos al raro pintor y fácilmente entablamos charla. Se trataba de un buen muchacho, dulce y humilde, que pinta de pura afición, como siente la pintura, instintivamente. Avanzando en nuestra conversación, no nos costó obtener que nos invitara a ir hasta su casa, una de esas modestas casas típicas de La Boca.

Allí nos contó su historia, triste como pocas. Quinquela Martín es huérfano, pero aun es inclusero: hijo del amor, como él mismo se llama. Adoptado a los cinco años por sus actuales padres, un matrimonio de sencillos hijos de Italia, su infancia fue dura. Hasta los veinte años fue descargador y repartidor de carbón. Aún recuerda riendo sus primeros pujos en el diseño, carbón en mano, y haciendo víctima de sus inclinaciones a cuanta pared halló a su paso. A los veintiún años sintió la necesidad de instruirse sólo, sin ayudas externas, empezó febrilmente a aprender, comenzando casi por las primeras letras. Con tanto ardor se inició en esa nueva fase de su vida, que su físico, hecho a las rudas tareas materiales, fue incapaz de resistir, y el bravo muchacho se enfermó. Pasó una temporada en Córdoba y San Luis y de regreso adoptó la resolución definitiva que habría de cambiar fundamentalmente su vida.

Atacó la pintura abandonándolo todo. Solo, sin apoyo moral ninguno; sin un maestro que guiara sus primeros pasos, se dedicó por entero a la pintura. Cruenta fue la lucha que sostuvo. […] Desde su iniciación, supo comprender que lo que convenía a su modo de ver la pintura era hacerse solo, sin aceptar las restricciones y las pautas que para los temperamentos fuertes significan las academias, los procedimientos de «receta» y las normas inmutables. Libre como el potro, que si nunca saboreó los sibaritismos del box mullido, jamás conoció la esclavitud del freno que al guiar anula e inferioriza; así se hizo este pintor, íntegro, sincero y fuerte.

J. Márchese ( Fray Mocho, 1918)

Fuente Consultada: Benito Quinquela El Maestro del Color Protagonistas de la Cultura Argentina – La Nación –

Conocer el Estilo de sus obras:

Libro Online Sobre Quinquela: Paradojas del Sur

Megalomano de la Historia Traidores de Guerra Vidas Curiosas

Megalómanos de la Historia
Traidores de Guerra

Mayor Vidkun Quisling
(Noruega, Segunda Guerra Mundial)

De los hombres y mujeres cuyos nombres se han convertido en sinónimo de traidor, sólo el de Vidkun Quisling ha otorgado su letra mayúscula al diccionario (en inglés quisling=traidor). Un traidor es universalmente un títere traicionero del enemigo y la palabra «quisling» es una de las más rápidamente adoptadas de las nuevas adiciones que se le han hecho a la lengua, y hasta inspiró el poco usado verbo «quisle», que significa «traicionar a su país».

El mayor Quisling (1887-1945) ganó su rango en el ejército noruego, habiendo servido como militar agregado en Rusia y Finlandia. Era un fascista ardiente y formó entonces el partido de la Unidad Nacional poco después que Hitler asumió el poder en 1933, pero nunca atrajo más que a unos pocos seguidores, ya que muchos noruegos lo consideraban mentalmente desequilibrado. Luego los nazis invadieron Noruega el 8 de abril de 1940 y el ridículo lunático de la derecha llegó al poder.

Quisling se había entrevistado con Hitler 3 días antes, confiándole información estratégica cuando el Führer le dijo que la ocupación era inminente. La mañana de la invasión fue a la radio controlada por los alemanes para revocar la orden del rey Haakon que decía que el ejército se tenía que movilizar en su totalidad. El rey y su ministerio escaparon a Inglaterra, y Quisling, que no tenía ninguna autoridad oficial, fue elegido Premier. La reacción pública lo obligó u dimitir una semana más tarde, pero Hitler insistía en que él sería repuesto el septiembre siguiente.

El mayor no tenía ningún talento administrativo y mostró a los alemanes estar en situaciones embarazosas en muchas ocasiones. Pero sorprendiendo terriblemente a toda la oposición, el ministro-presidente asumió el trono de Haakon y se lucía conducir en el automóvil a prueba de balas presentándose al lado de Hitler. Se rodeó de lujos, ocupó una villa de 46 habitaciones preparada para los ataques aéreos en una isla cerca de Oslo, cuyas paredes tenían colgadas pinturas sin precio del museo nacional, y comía en platos de oro.

Se convirtió en un paranoico de tal magnitud que 150 guardaespaldas lo acompañaban a toda hora y cada bocado de comida que comía era probado primero por una persona, pero esto no le evitó convertirse en uno de los grandes megalómanos de la historia. Se dio a sí mismo autoridad para dar legalidad a cualquier documento, editó estampillas con su rostro y ordenó colgar su retrato por todas partes.

Los noruegos lo despreciaron a él y también a su organización SS, el Hird, como no lo habían hecho nunca, y mucho antes que la guerra terminara su nombre era ya un sinónimo de títere traidor. Después de que los alemanes abandonaran Noruega, fue acusado de traición, robo y asesinato, especialmente por la muerte de 1.000 judíos a quienes había ordenado deportar y de 100 compatriotas más.

Como se le encontró culpable de todos los cargos, fue coñete do a morir en manos de un pelotón de fusilamiento el 24 de octubre de 1945, cambiando el país sus antiguas leyes en contra de la pena capital al efecto.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Personajes de la Historia Vida Excentricas Biografias de desconocidos

Personajes De Vida Excéntricas
Raras Biografias de Desconocidos

Charles Waterton (1782-1865).
Naturalista ingles y excéntrico

Uno de los realmente excéntricos clásicos ingleses, Charles Waterton, vivió una serie constante de aventuras raras, todas originadas en su dedicación al estudio de la naturaleza.

Charles nació de una de las más viejas familias del norte de Inglaterra. Sus padres eran ricos pero sin títulos. Educado como católico romano, en 1796 fue enviado alStonyhurst College, una escuela jesuíta donde desarrolló su talento en el campo de la historia natural. Terminó la escolaridad en 1800; cuatro años después decidió visitar algunas propiedades que su familia tenía en la Guayana Británica.

Después de manejar su hacienda en Sudamérica hasta 1812, Waterton se preparó para ir a regiones inexploradas de la jungla brasileña en busca del veneno que los indios usaban en las cerbatanas —vourali, o, como se llama ahora, curare—. Por alguna razón estaba convencido de que éste era el remedio para la hidrofobia.

Fue durante este viaje y los tres siguientes por la selva que Waterton vivió muchas de las hazañas que garantizaron su papel de completo excéntrico en la historia.

En 1825 publicó un relato de los cuatro viajes en un volumen titulado Vagabundeos —que ahora ocupa un lugar permanente en la literatura— donde detallaba los peligros extraordinarios que enfrentó con incansable y temerario coraje. Por ejemplo, cuando se le avisó que una pitón había sido descubierta en la vecindad de su choza, salió como un rayo con los pies descalzos para capturarla (nunca usaba zapatos o botas en la jungla).

Después que los nativos tuvieron éxito en sujetar la cabeza de la serpiente en el suelo, Waterton se arrojó sobre su cola en movimiento y, finalmente, apretó la boca del animal con sus tirantes. Volvieron a la choza y la depositaron en una bolsa grande; cerraron la abertura con una cuerda y la colocaron en un rincón para pasar la noche. «Durante toda la noche estuvo irritada e inquieta», escribió el vagabundo, pero aparentemente no sintió disgusto en compartir su cuarto con una pitón».

En otra ocasión, tratando de atrapar un cocodrilo, pasó por situaciones muy peligrosas que ponían en riesgo su vida para finalmente expresar: «Fue la primera y única vez que estuve sobre el lomo de un caimán».

En otro viaje por la jungla sudamericana, se interesó en que un murciélago chupara la sangre de la punta de su pie. Trajo uno a sus habitaciones y durmió adrede con un pie expuesto, pero a pesar de sus esfuerzos, sus deseos quedaron frustrados. El vampiro lo rechazó, y en su lugar hincó los dientes en el inmenso pie de un hindú que estaba durmiendo cerca.

Luego de la muerte de su padre en 1806, retornó a Inglaterra decidió convertir su posesión en refugio para cualquier clase de animales salvajes (especialmente pájaros) que quisieran vivir allí.

Trajo a un ex cazador para servir como guardián; se presume que debía conocer todas las mañas del oficio. No se permitían armas y tenía una barrera de 8 pies de alto construida a lo largo de 3 millas alrededor de la finca para evitar a cualquier persona o cosa que pretendiera apresar o devorar a sus protegidos.

Junto a su amor por los animales, Walton Hall satisfacía otra de sus pasiones: trepar. A pesar que había instalado un telescopio en una habitación de su residencia, su pasatiempo favorito era subir a los árboles para observar la vida salvaje tan cerca como fuera posible. Era usual, especialmente durante la estación en que se hacen los nidos, verlo trepar a lo alto con gran agilidad. Invitaba a sus huéspedes a hacerlo con él, y todavía a los 80 años escalaba.

Su vida familiar estaba lejos de ser común, como era de esperar. A pesar de ser rico, llevaba una existencia espartana, durmiendo en el piso de su habitación con un trozo ahuecado de roble como almohada. Todas las medianoches se levantaba e iba —con los pies desnudos, por supuesto— a su capilla privada a rezar. Después de dormir un rato, se levantaba a las 4 de la mañana para comenzar las labores del día.

Su trabajo consistía, en primer lugar, en una clase extraña de taxidermia. Desarrollaba un método para solidificar la piel de los animales, de tal manera que se veían como cuando estaban vivos, pero sin haber sido rellenados.
No contento con preservar lo que la naturaleza había creado en cuanto se refiere a animales, inventó algo de su propiedad: criaturas compuestas por partes de diferentes animales. Confundió a los profesores de historia natural con sus monstruos, a muchos de los cuales les puso nombres de protestantes eminentes. Su creación favorita (apodada el «Inclasificable») se asemejaba de manera pasmosa a un ser humano, pero era en verdad un mono aullador rojo de Sudamérica.

Cuando salía de su casa, a menudo se mostraba tan andrajoso que era confundido con un vagabundo. Tenía una especial afición por los pordioseros y mostraba con mucha frecuencia su extraordinaria generosidad para con ellos. Compraba botas nuevas a los que encontraba mal calzados y, en ciertas ocasiones, dio las que tenía puestas a algún alma desafortunada, retornando descalzo como en la jungla.

Se casó en 1829 con la nieta de una princesa guyana. Ella tenía 17 años, 30 menos que él, y después de su boda (la las 4 de la madrugada!), acompañó al terrateniente a París para estudiar disecación de pájaros. Ella murió un año después y él nunca más se volvió a casar. El resto de su vida lo dedicó a preservar la vida salvaje de Walton Hall y a las extrañas aventuras que tanto le gustaban.

Nunca estuvo seriamente enfermo y deslumbraba a los amigos que lo visitaban con sus proezas como trepador y con su destreza física general, buena todavía a su edad. A los 83 años, sin embargo, tropezó mientras arrastraba un leño pesado y se hirió seriamente. Murió poco después del accidente.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

JUEGO PERSONAJES DE LA HISTORIA

Historia de un Naufrago Robinson Crusoe Daniel Defoe Abandonado Isla

Historia de un Naúfrago Robinson Crusoe

Alexander Selkirk (1676-1720).
Náufrago.

Los libros parroquiales de la diminuta aldea pesquera de Largo, County Fife (Escocia), lo señalan comoAlexander Selcraig, un joven de mal genio, perpetuamente con problemas y en pugna con la comunidad. Era el hijo número 17 de la familia y su madre pensó que estaba destinado para un buen futuro. Pero para la época en que tenía 19 años, su principal logro fue ser echado a puntapiés de la ciudad por aporrear a sus rivales en la mitad del servicio religioso.

Se embarcó entonces en una nave alemana con destino a las Indias Occidentales. Retornó a Largo seis años más tarde y pronto estuvo de nuevo metido en problemas. Esta vez trató con dureza a su padre y a varios de sus hermanos en una reyerta familiar. Antes que hacer un acto de contrición público ante la iglesia, partió y se encontró con una banda de corsarios que buscaba galeones españoles cargados de oro, en los mares del Sur. Por esta época se hacía llamar Selkirk, no queriendo acarrear oprobio sobre el nombre de su familia al conectarlo con la piratería.

Su barco, el Cinco Puertos, dejó los muelles londinenses en septiembre de 1703. Él vería Inglaterra nuevamente, no así Cinco Puertos. El barco era viejo e iba atestado de gente. Hasta poco antes de levar anclas estuvo discutiendo con su superior inmediato,Lient Thomas Stradling.

Mientras se movían lentamente hacia la costa oriental de Sudamérica, el discutidor Selkirk surgió como líder de una facción disidente entre la tripulación. Circundaron luego el cabo y encontraron a los aborrecidos españoles lejos de la costa chilena.

El barco sobrevivió a las batallas, pero tuvo necesidad de ser reparado con emergencia. Momentáneamente anclaron en una faja de playa rocosa conocida por los cartógrafos como Más a Tierra, parte del archipiélago de Juan Fernández.

Cuando Stradling se preparaba para zarpar, Selkirk argumentó que el barco no estaba todavía en condiciones de navegar y que preferiría desembarcar en esa isla desierta, antes que continuar en un barco que hacía agua y además con un capitán ignorante. Stradling estaba contento. En el último momento, el temerario joven cambió de idea y chapoteó en las olas implorando ser subido nuevamente. Pero el capitán, burlándose de él, navegó mar adentro.

Sin embargo, la apreciación del joven había sido correcta: Cinco Puertos anduvo 1.000 millas siguiendo la costa y quedó varada en el Perú. La tripulación entera fue capturada por los españoles, torturada y encadenada.

Ya de vuelta en Más a Tierra, Selkirk estaba incansable. Hizo el inventario de sus pocas pertenencias y pasó su primera noche temblando en un árbol, temeroso de las bestias salvajes.

Los primeros ocho meses fueron los más duros. Cuando no estaba desesperado por comida o agua fresca, estaba atormentado por su retiro forzoso de la raza humana. Mientras no pudo apartar sus ojos del horizonte y buscar otra comida, tuvo que subsistir de tortugas y pescados hasta que se puso enfermo.

Lentamente se fue acostumbrando a su destino. Fabricó un recipiente para beber, con una cáscara de coco, y un cuchillo con un aro de acero. Se trasladó a una cueva, comenzó a marcar el paso de los días en el tronco de un árbol y cazó cabras salvajes que vagabundeaban en abundancia. Había también hordas de ratas que habían desembarcado de los barcos que pasaban. Le mordisqueaban los pies y frustraron sus esfuerzos por construir un aprovisionamiento de comida para más adelante. Entonces domesticó gatos, también abandonados por barcos, y pronto tuvo a la población de roedores bajo su control.

Cuando ya no pudo cazar cabras con su trabuco, aprendió a derribarlas con la agilidad de una pantera. Cosió pieles con un clavo viejo y algún tendón hasta que reemplazó sus harapos por un raro vestido de pieles.

Una Biblia había sido dejada dentro de su arcón de marinero. Leía en voz alta sus versículos para acrecentar su fe y para evitar la locura. También improvisaba pequeños bailes con sus gatos favoritos. A la larga, dominó el medio ambiente y lo transformó en su reino privado.

En enero de 1709, 4 años y 4 meses después de comenzado su exilio, llegó a su fin. Dos embarcaciones inglesas, teniendo a la vista Más a Tierra durante una tormenta, desembarcaron al ver sus señales de fuego. El capitán Woodes Rogers describió la criatura que encontraron como una bestia peluda vestida con pieles de cabra y «que se veía más salvaje que los propios animales». El hombre de ojos saltones «parecía hablar con palabras entrecortadas», observó Rogers, pero finalmente recuperó el habla humana y contó su historia.

Selkirk navegó con el capitán y sus hombres y más tarde se distinguió en una batalla contra los españoles. El antiguo proscrito fue hecho jefe de un barco capturado y se enriqueció con 800 libras esterlinas del botín. Esto ocurrió tres años antes de volver a Inglaterra.

Pronto se hizo célebre y fue entrevistado por numerosos periodistas: era una época en la que una buena historia del mar —especialmente una verdadera— resultaba sabrosa noticia. Al fin, su relato fue aprovechado por un autor de folletines llamado Daniel Defoe. El lo bautizó «Robinson Crusoe» y usó este tema para escribir la inmortal historia de la resistencia de un hombre frente a la adversidad. Hoy los historiadores recuerdan a Defoe como el padre de la novela moderna.

Concluyó por incorporarse a la Marina Real y marchó de nuevo al mar. En 1720, mientras su barco dejaba la costa de África cuando contrajo fiebre y murió. Fue arrojado al mar.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Automata Jugador de Ajedrez Historia El Turco Maelzel Automatico

Historia El Turco Maelzel
Autómata Jugador de Ajedrez

Johann Nepomuk Maelzel (1772-1838)
Empresario austríaco
El Autómata del Ajedrez «El Turco»

En su juventud, Maelzel fue conocido en ambas márgenes del Atlántico como inventor, director de espectáculos y charlatán extraordinario. Comenzó su vida profesional con modestia enseñando música en Viena en 1792, pero como este trabajo no le satisfacía pasaba sus horas libres construyendo estrafalarios aparatos musicales donde exponía sus talentos mecánicos y su pasión por lo absurdo. El más elaborado de ellos era elpanarmonicon: un conjunto de instrumentos de viento interconectados, a través de los cuales se soplaba con un fuelle. Las notas se controlaban por medio de un cilindro de bronce giratorio fijado con clavillos.

Automata Jugador de Ajedrez Historia El Turco Maelzel AutomaticoDespués de relacionarse comercialmente con Ludwig van Beethoven en un proyecto musical, utilizando unos de sus raros inventos, terminaron distanciados para siempre, pero el éxito lo consiguió mediante un un juego automático de ajedrez conocido como El Turco; aún hoy es más recordado por este invento que por su colaboración con Beethoven.(parece que el verdadero progenitor fue el barón Wolfgang von Kempelen, muerto en 1805, y Maelzel sacó, como un ave de rapiña, el juego de las manos de su hijo.)

Una noche recogió sus pertenencias, se deslizó secretamente fuera de Viena y finalmente tomó un pasaje en un barco con destino a América. Era el año 1825.

Hizo su primera representación en USA el 23 de abril de 1825, en el Hotel Nacional de Nueva York. Las dos apariciones diarias atraían a grandes multitudes, que debían permanecer de pie. Lo que veían cuando subía el telón era esto:

Un imponente y expresivo Turco —fabricado en madera, por supuesto— tocado con turbante, vestido y adornado con joyas. Estaba sentado derecho, detrás de una caja de madera de dos pies y medio de alto, cuya tapa tenía un tablero grabado.

Cuando la audiencia se había hartado del exterior de El Turco, Maelzel procedió a abrir una serie de puertas en la tapa de madera para exponer la mecánica de la máquina, una masa de ruedas dentadas, círculos, cilindros metálicos y piezas de unión de bronce que giraban zumbando.

Cerró las puertas después de hacer arrancar el aparato con una manivela y requirió un voluntario entre los espectadores para desafiar a El Turco. Varias personas levantaron la mano y uno se adelantó. El Turco eligió las blancas y jugó primero, como lo hacía siempre. Maelzel dio un golpe y las ruedas dentadas se pusieron ruidosamente en movimiento. El largo brazo de El Turco rechinó y se dirigió hacia el peón, haciendo el movimiento de apertura. Luego retornó a descansar encima de una almohada mientras su oponente se preparaba a responder. En media hora el juego había acabado y seguro que la máquina había ganado.

La audiencia estaba excitada, no podía ver lo que veía, era algo mágico, el Turco era único. Sin embargo, no sólo estaba constituido por una máquina. A pesar de que muchos se tragaron toda la representación completa, maravillados ante el milagro de una máquina jugadora de ajedrez, pocos supieron que el impresionante aparato que Maelzel había ostentado con desenvoltura ante ellos, era manejado por un joven y ágil asistente que estaba oculto adentro.

La estructura interna del cajón permitía al asistente moverse de un compartimiento al otro bastante rápido sobre una serie de patines y tablas cuando Maelzel abría las puertas. Como las abría sólo una por vez, no era del todo difícil escapar a la inspección.

Durante las primeras presentaciones en Nueva York, era una jovencita quien hacía este trabajo. Una pequeña y bastante atractiva parisina a la que se vio forzado a aceptar hasta que W. Schlumberger, un jugador de ajedrez que había conocido en París, pudiese llegar adonde él estaba. La mujer era una neófita en ese campo, pero un curso rápido sobre la estrategia y la técnica la capacitó para ganar muchas jugadas. A pesar de eso, pensó nervioso que el riesgo de perder era muy grande y anunció, a mitad de camino de su contrato en Nueva York, que El Turco no jugaría más partidos contra sus retadores. Tomaba demasiado tiempo, dijo, y aquellos que en el público no eran muy entendidos en el juego podían perder interés. En cambio, se prestaría para jugadas finales.

Para esto, Maelzel hizo memorizar a su asistente un largo repertorio de situaciones finales de juego, así como todos los movimientos posibles que podía desarrollar —una hazaña en sí misma— asegurándose siempre el primer movimiento. Mientras tanto esperaba ansioso el arribo de Schlumberger.

Tenía buena razón para estar nervioso porque una docena de jugadores competentes de ajedrez esperaba para disputar con él juegos completos, ya que la consideraban como la única prueba real de su capacidad.
Cuando Maelzel dijo que el juego completo no era una provechosa atracción, ellos dijeron que estarían gustosos de jugar en privado. Los evitó lo mejor que pudo, ofreciendo excusas pobres y haciéndose prácticamente inaccesible mientras esperaba al francés que lo iba a salvar.

En una gira a través de Baltimore en mayo de 1827, se conoció la verdad: dos niños que estaban espiando desde una puerta en la sala de espectáculos descubrieron a Schlumberger, que emergía del cajón después de la representación. El estafador negó en forma terminante las acusaciones que salieron al día siguiente en la primera página de Baltimore Gamite, pero ubicó a El Turco en un depósito y dejó pasar el verano esperando que la historia fuera olvidada.

Al mismo tiempo aparecieron algunos aparatos similares que pueden haber sido inferiores al original pero que, de cualquier modo, borraron la afirmación de que era único. Maelzel intentó comprar alguno, como la Jugadora de ajedrez americana promovida por el empresario John Scudder. A otras las desacreditó públicamente acusándolas de ser imitaciones débiles.

En los primeros años de 1830, Maelzel dominaba el circuito Nueva York, Boston, Filadelfia, Baltimore y Richmond. Todavía atraía público, pero los críticos, incluido el gran lógico Edgar Alian Poe, estaban tratando de descubrir públicamente los defectos de El Turco.

Las aspiraciones del inventor dieron su último suspiro en 1837. Una popular revista francesa, Pittores que, trajo la historia de la falsa maquinaria y explicaba cómo sus movimientos eran dirigidos por un experto en ajedrez astutamente escondido adentro. En consecuencia la concurrencia al teatro decayó en forma violenta.

Marchó con su show a otra parte, al medio este, a Nueva Orleans y luego a La Habana, donde causó sensación. Desgraciadamente, un contrato de retorno en Nueva York y Filadelfia le produjo un desastre financiero y el showman retornó a La Habana y pidió prestados fondos, esperando devolverlos con los espectáculos que daría.

De su última visita allí dedujo que los amistosos cubanos no habían leído todavía de su estafa o si lo habían hecho no se preocupaban. Pero su segunda aventura en Cuba fracasó miserablemente: por un lado el público no respondió; por otro, Schlumberger contrajo la fiebre amarilla y murió.

Muy deprimido y sin dinero, Maelzel partió a Filadelfia el 14 de julio de 1838 a bordo del Otis, Bebía continuamente botellas de clarete barato encerrado en su camarote para olvidar sus penas. Fue encontrado muerto en su litera una semana más tarde.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Emperador Romano que compro el trono Vida de Raros Personajes Historia

Emperador Romano que Compró el Trono

Didius Julianus (132-193)
El emperador romano de los 66 días

En el 193 d.C. el emperador romano Pertinax fue asesinado por la Guardia Pretoriana.  Era un mandatario honesto y a la vez grosero, que había hecho sufrir a sus hombres un gobierno riguroso, acarreando de esta forma su muerte. Lo que siguió después queda como uno de los más increíbles episodios en los anales de la historia.

emperador romano Pertinax

Con el trono vacío ahora los pretorianos debían encontrar a alguien para reemplazar al emperador asesinado. El cetro fue ofrecido a varios senadores pero lo rechazaron porque temían que el trono se convirtiera en algo candente. Pertinax había sido popular y el populacho estaba furioso por el asesinato. Un soldado desconocido tuvo una idea: sugirió que la guardia podía dar el cargo al ciudadano romano que más pagara por él; en seguida propusieron una subasta pública.

Esta extraordinaria noticia llegó a oídos de Didius Julianus, de 61 años, el más rico senador de Roma, mientras estaba cenando con su mujer Marilina Scantilla y su hija Didia Clara. Este milanés de nacimiento, caracterizado por Edward Gibbon como «un viejo vanidoso», había hecho su fortuna en la marina mercante. Y ahora, después de haber sido convencido por su familia de que el manto púrpura debía guardarse en su guardarropa, se apuraba hacia el campo donde los soldados esperaban con impaciencia las ofertas.

Junto a. él, el otro postor era Sulpicianus, suegro del asesinado. Didius hizo la primera oferta, Sulpicianus respondió inmediatamente, y en seguida el remate se hizo intenso, pero finalmente Julianus hizo la propuesta vencedora e inició con sus locas exigencias. El Senado, lleno de amargura e intimidado por la proximidad de los pretorianos, fue aceptando sus órdenes.

Sin embargo, si bien Didius Julianus estaba sufriendo con estos pensamientos en la noche oscura, no sabía que su destino había sido ya decidido. Un grupo de rebeldes romanos había despachado mensajeros a las unidades de combate de las legiones romanas que estaban en los rincones más alejados del imperio, en Bretaña, Siria, Pan-nonia y Dalmacia. Los poderosos generales recibieron la noticia del infamante remate, pero sólo uno, Septimus Severus, un cruel y guapo abogado, decidió actuar. En su campamento de Pannonia ofreció a sus soldados una prima equivalente a 2.000 dólares a cada uno si abandonaban sus puestos en el Danubio (cerca de la actual Viena) y marchaban inmediatamente a Roma.

Julianus se enteró, por los informes diarios de los mensajeros, del cruce de los Alpes y de la rápida marcha de esta tropa furiosa, y entonces los asuntos locales dejaron de interesarle. Rechazó la proposición de una estatua de oro de él mismo y se conformó en cambio con una hecha en bronce. Eligió a su yerno gobernador de Roma y emitió la orden de masacrar al vacilante Senado, pero luego la revocó. Se mostraba agitado y preocupado.

Esperaba que otras ciudades romanas resistieran a Severus, pero no lo hicieron. Gastó febrilmente dinero en nuevas fortificaciones y preparó a su infeliz guardia. Intentó adiestrar elefantes para defenderse esperando aterrorizar a las tropas del norte, pero los animales, previamente usados para desfiles, eran demasiado flojos y había muy pocos conductores suficientemente expertos como para permanecer sentados en ellos.

Llegó al colmo cuando mandó secretamente asesinos para matar a Severus. Fue imposible, ya que el general marchaba con una guardia personal de 600 hombres.

En su desesperación, mandó a Severus un mensajero para ofrecerle la mitad del imperio o para matarlo si rechazaba la oferta. Pero éste le respondió que prefería más tenerlo como enemigo que como colega y ejecutó al mensajero con prontitud.

Sin saber ya qué hacer, mandó un grupo de sacerdotes y vestales para detenerlo. Él fracaso de éste su último intento lo sumergió en sacrificios y ritos mágicos.

La marcha de 800 millas hecha por Severus era como para suscitar admiración militar. Iba montado a la cabeza de sus hombres, cubierto totalmente por un peto y hacía en muy raras ocasiones una pausa para comer o descansar, empujando, en cambio, a sus guerreros 20 millas por día.

Llegaron a Roma en el 40.° día de su viaje, el 2 de junio de 193 después de C., y violaron la tradición al entrar en la capital con sus ropas de combate.

Encontraron a Didius Julianus temblando en su palacio. Una docena de soldados lo condujo a los baños de sus aposentos para descabezarlo, mientras gritaba: «¿Qué daño he hecho? ¿He obligado a alguien a morir?».
Había comprado un imperio por 66 días, pero resultó una mala inversión.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Extraños Personajes de la Historia Vida de un enano en la corte real

Extraños Personajes de la Historia

Sir Jeffrey Hudson (1619-1682)
Galante enano inglés

Jeffrey Hudson, que tenía apenas 19 pulgadas de alto a los 30 años, fue uno de los hombres más notables de su tiempo, así como uno de los más pequeños. Ganó fama en el siglo XVII como confidente de la realeza, soldado de fortuna y prisionero político. Cuando murió en 1682 a los 63 años, era tan conocido en toda Inglaterra por su política radical como por su estatura.

Jeffrey Hudson,

Jeffrey Hudson

Se puede decir que la pequeñez irrumpió en su familia cuando él nació, ya que sus padres eran de estatura normal, así como sus hermanos y hermanas. Vino al mundo en Oakham, Rutlandshire, en 1619. Cierta vez, unos vecinos bromistas robaron el gato de una vieja, llamado Rutterkin, lo mataron y desollaron y vistieron al niño con el pellejo. Esa tarde, justo después que la viuda sin sospechar nada había servido la merienda a algunos invitados, el niño salió lentamente de su escondite y entró en la sala. Una de las mujeres le preguntó si Rutterkin quería un bocado.

«Rutterkin se sirve solo, cuando tiene hambre», contestó Jeffrey locuazmente. Las damas se sobrecogieron de pánico y gritaron en forma histérica a la dueña de la casa. Toda la fiesta se sumergió en el alboroto. Solía ser blanco de este tipo de bromas cuando era joven.

Su padre era empleado del duque de Buckingham y cuando el niño tuvo 8 años, lo presentó al duque y a la duquesa, que lo incorporaron a la casa. Era tratado con gran honor y atendido por sirvientes.

Cuando Carlos I de Inglaterra y la reina Enriqueta María vinieron a visitar el estado ducal en Burleugh-on-the-Hill, Jeffrey los sorprendió y los entretuvo, después de emerger como un polluelo de un pastel frío que fue servido durante la cena. Esta presentación había sido una obra del cerebro de la divertida duquesa, que ofreció al enano como regalo a la reina.

María estaba deleitada y apabullada por el presente, y lo aceptó a su servicio con entusiasmo. Ya en el palacio real, fue mimado continuamente y participaba con frecuencia en los entretenimientos de la corte. En uno de ellos, Williams, el gigante de 7 pies de alto, sacó un inmenso pan de un bolsillo y a Jeffrey del otro. Luego pretendió comer a los dos juntos como si fueran un emparedado.

A pesar de los favores reales de que gozaba, las necesidades de la vida diaria le creaban problemas por su baja estatura y hasta en algunas oportunidades su vida peligró. Una vez, mientras lavaba su cara y manos estuvo cerca de caer en el lavabo. En otra ocasión, un viento fuerte lo hubiera arrastrado a la muerte en las aguas del Támesis si no se hubiera cogido a un arbusto.

Pero su pequenez no quedaba sin recompensa porque, como escribía un periodista del momento, las damas de la corte estaban verdaderamente encariñadas con el niño enano: «Podía poner los cuernos a los esposos sin provocar sus celos, y engañar a las madres de las doncellas sin que nadie supiera que tenían un galán.»

En 1630, cuando contaba sólo 11 años, fue despachado por la reina a Francia para traer una comadrona desde allí. La reina francesa, María de Médici, quedó muy impresionada por la madurez, la clase y la mundanidad de este niño precoz en grado sumo, otorgándole importantes regalos a él y a su hija, reina de Inglaterra.

En el camino de regreso a casa, su barco fue capturado por los piratas y se lo llevaron cautivo. Después de un breve encierro, escapó y retornó a su tierra enteramente sorprendido de encontrar que no había perdido ningún favor en la corte o entre la masa, a pesar de la demora para completar su misión.

Jeffrey fue siempre leal a Enriqueta María, defendiéndola de sus enemigos políticos y acompañándola a París cuando se expatrió a sí misma en 1644. En la capital francesa se entreveró en una disputa con un tal Crofts, hermano más joven de un lord inglés, en defensa de su reina, y lo desafió a batirse en duelo.

Su enemigo aceptó y el enano apareció en el sitio señalado armado hasta los dientes pero con un revólver de juguete. El inglés se mostró furioso ante el insulto y volvió a desafiarlo a un duelo con armas verdaderas. Debajo de la sombra de un árbol, no lejos del palacio del duque de Nevers donde la reina estaba alojada, Jeffrey hirió de muerte a su enemigo.

El duelo, y en particular cuando terminaba fatalmente, estaba considerado fuera de la ley en Francia; por lo tanto, fue hecho prisionero. Sin embargo, una carta convincente enviada a las autoridades por Enriqueta María lo puso en libertad y en viaje de retorno a Inglaterra, desterrado para siempre de Francia.

Los detalles sobre sus últimos 38 años de vida son vagos y están oscurecidos por suposiciones y rumores. Durante la guerra civil inglesa sirvió con distinción en la Caballería del Rey como capitán de los guardias.
En 1649 fue apresado por los piratas turcos y vendido como esclavo, maltratado y ultrajado. Durante este cautiverio, misteriosamente duplicó su altura y llegó a 3 pies y 9 pulgadas. Al fin fue rescatado y retornó una vez más a Inglaterra, donde vivió como protegido del duque de Buckingham.

Ganó notoriedad cuando fue arrestado en 1679 por estar implicado en el complot papista de Tito Oates y por eso fue encerrado en Gate House, en Westminster, durante 3 años; puesto en libertad en 1682, murió poco después a los 63 años.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina Rey Calos IV

Manuel Godoy Ministro Español Amante de la Reina

Don Manuel de Godoy (1767-1851)
Favorito Real en España
Debido a su habilidad con el sexo opuesto, a pesar de ser un gran inepto como estadista, llegó a manejar los mas serios asuntos políticos españoles, al conseguir el agrado y preferencia de la reina María Luisa de Parma.

ministro manuel godoy

Era un joven musculoso con una imagen llamativa, cuando fue asignado a la Guardia Real con solo 17 años. Era alto y extraordinariamente apuesto, con una piel entre cremosa y rosada y ojos oscuros y almendrados.

Pronto se vio envuelto en una docena de relaciones galantes con damas de la corte. En un determinado momento fue avistado por María Luisa de Parma, una notable sensualista, que era también la esposa del futuro rey de España.

La mujer era evidentemente muy poco atractiva, tenía ojos brillantes, piel cetrina y una boca amargada y dura, llena de dientes postizos. Era 16 años mayor que Godoy. Su apariencia, sin embargo, no le había impedido tener un impresionante número de amantes, incluso antes de encontrar a este joven. Después, a pesar de que él fue el amor de su vida, también gozó de las atenciones de otros.

Todos en la corte española, conocían hasta los detalles más lujuriosos de esta relación. Claro, todos excepto su marido. Su esposa estaba ya bajo el fuerte hechizo de Godoy, en la época en que aquél asumió el trono como Carlos IV.

Con la venia de la reina, el joven oficial era ascendido un rango por mes, hasta que a los 21 años se convirtió en jefe de todas las fuerzas armadas españolas. Carlos IV no tenía dotes de mando. Creció pensando en que nunca iba a tener que gobernar, pero cuando su hermano mayor fue eliminado de la sucesión, porque era imbécil, la corona cayó por descuido en él, que sólo era medio imbécil. No solamente nunca sospechó la relación existente entre su mujer y Godoy, sino que le gustaba tanto el buen mozo y joven caballero como a ella.

Don Manuel era atrevido y se convirtió en hombre de confianza de la familia, un grupo de cretinos reales cuyos cuerpos hinchado» se conservan en los devastadores retratos de Goya.

A los 25 años fue hecho Primer Ministro y se enemistó rápidamente con Luis XVI de Francia. Pero luego, cuando cayó la Bastilla, buscó apaciguar a la nueva República Francesa y negoció el retorno de los Borbones. Sugirió la restauración de la monarquía e instaurar una república en la isla de Santo Domingo; los revolucionarios, como respuesta, cortaron la cabeza de Luis XVI.

Excitado por el tratamiento que se le había dado al rey, un Borbón, España marchó a la guerra para tratar de suprimir el radicalismo francés de una vez por todas. Sin embargo, en pocos mesen, las tropas francesas habían cruzado los Pirineos y Godoy pidió con rapidez la paz procurando complacer a Napoleón y esperando aliarse con sus enemigos anteriores. Sus esfuerzos dieron lugar a 12 años de guerra con Inglaterra y la aniquilación del poder naval español en Trafalgar.

Mientras tanto, el caballero había conseguido una amante estable y una esposa, además de conservar sus amores con la reina. Ahora el Primer Ministro era «un hombre grande, robusto y grueso, con una piel de color rojo subido y un aspecto pesado, adormecido y sensual», según lo describe un observador.

En 1801 colaboró con Napoleón en la invasión a Portugal y, mientras él permanecía deleitándose aún con el sometimiento de su vecino, los franceses entraron en España y forzaron la abdicación de Carlos IV.

Godoy estuvo a punto de ser aniquilado por una muchedumbre encolerizada; luego fue citado en Bayona junto con Carlos y María Luisa por Napoleón, quien los recibió amablemente y los mandó al exilio. Se retiraron entonces a Roma, llevando consigo el séquito de Godoy: su esposa, su amante y los niños.

Mientras las guerras napoleónicas ardían y nuevas cabezas coronadas entraban y salían de España, el pequeño y despreciable grupo prolongó sus años en Italia. En 1819, Carlos y María Luisa murieron. Godoy quedó solo, ya que el cortejo que lo acompañaba lo abandonó. Muchos años después, el nuevo monarca de España, la reina Isabel —que era casi con certeza la nieta de Godoy— le restituyó algunos de sus títulos. Pero aún era un hombre sin patria.

Encorvado y con una barba gris, se trasladó a París, donde fue visto en sus últimos años jugando con niños en Las Tullerías. Murió a los 84 años, completamente olvidado, en una tierra extraña.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

Vidas Curiosas y Extrañas Personajes de la Historia Raros Insolitos

Vidas Curiosas y Extrañas
Cinque, Un Personaje de la Historia

Cinque (1813?-1880)
Un amotinado africano

Cinque era hijo de un minero en lo que es ahora la República de Sierra Leona, en la costa oriental de África. Lo llamaban Sing-Gbe, en la lengua de la tribu. Sin embargo, la prensa lo apodó «Cinque» y así permanece en la historia.

En la primavera de 1839 fue apresado por unos tratantes de esclavos, que lo vendieron a un comerciante portugués para ser embarcado a Cuba. En este primer viaje no tuvo oportunidad de escapar, ya que los esclavos estaban encadenados pierna con pierna en las estrechas cubiertas del Tecora. Gastó todas sus fuerzas y su coraje para poder sobrevivir los 3 meses de viaje, rodeado por hombres, mujeres y niños que morían atados a sus cadenas. Los captores los alimentaban a la fuerza como a gansos para ser vendidos en el mercado, azotándolos para someterlos y frotándoles vinagre y pólvora en sus heridas para prevenir las infecciones.

Al atracar en La Habana, Cinque y 52 hombres más fueron comprados por dos cubanos llamados José Ruiz y Pedro Móntez a menos de 10 dólares por persona. Marcharon sin cadenas ahora, hacia otro puerto cubano ubicado más en el este y fueron cargados a bordo de la goleta Amistad. Pero nunca llegaron a destino porque Cinque convenció a sus compañeros para que se amotinaran. Ellos deben haber estado muy impresionados por su líder que, de acuerdo a las palabras de un periódico contemporáneo, parecía un personaje bastante heroico.

«Tiene 5 pies y 8 pulgadas de altura, de 25 a 26 años, una figura erecta, está bien constituido y es muy activo», escribió el periodista más tarde. «Se dice que puede vencer hasta a dos hombres juntos. Para ser un negro africano tiene un semblante inusualmente inteligente y revela una tranquilidad y una decisión poco común, con una serenidad que caracteriza al coraje verdadero… Mientras espera ser ejecutado manifiesta, sin embargo, una sangre fría, digna de un estoico bajo circunstancias similares.»

Su palabra fue también inspiradora para su banda porque, según el abolicionista Lewis Tappan, él era «un orador naturalmente poderoso y nacido para sacudir las mentes de sus compañeros». De cualquier modo, en la cuarta noche de viaje, los otros esclavos lo siguieron a la cubierta donde toda la tripulación, menos el timonel, estaba durmiendo.

Cogieron los cuchillos de los marineros que tenían 2 pies de largo y rápidamente se hicieron cargo de la situación. Cinque mató al capitán y al cruel cocinero, pero ningún otro sufrió daño alguno. Pusieron a la tripulación en botes y los echaron al mar; sólo Móntez y Ruiz fueron retenidos para que guiaran la goleta de vuelta a África.

El capitán Cinque asumió el mando de la nave y usaba una tabaquera con una cuerda alrededor de su cuello como insignia de su rango. Su tripulación se vistió con las ropas encontradas a bordo.

Ordenaron a través de señas a Móntez y a Ruiz que navegaran hacia el sureste, hacia Sierra Leona y que se fueran turnando en el timón. Pero sus antiguos amos los engañaron y fueron moviendo el barco un poco hacia el norte o al oeste cada noche. Después de 50 días, la Amistad terminó en las aguas de Nueva York.

Los amotinados desembarcaron y compraron provisiones con el oro que encontraron a bordo, sirviéndoles de traductor un esclavo que había aprendido unas pocas palabras del idioma inglés en África. Pero pronto un bergantín americano de vigilancia costera divisó el barco y «su casco y costados… cubiertos de musgo, mientras sus aparejos y sus velas presentaban el aspecto del Barco Fantasma después de una travesía fabulosa».

Cuando los americanos subieron a bordo, Cinque se zambulló en el agua evadiendo, de esta forma, a sus perseguidores por más de una hora. Finalmente lo apresaron y la Amistad fue devuelta al oficial de justicia en Nuevo Londres, donde los amotinados fueron acusados de asesinos y piratas.

Allí se realizó uno de los más sensacionales juicios del siglo. La Corte decidió que los hombres no eran ni súbditos ni esclavos españoles y que debían «ser declarados libres y se les debía levantar la custodia de la Corte y dejar partir sin retraso».

Luego Cinque y sus hombres recorrieron el norte del país recolectando dinero para pagar su viaje de regreso. El viaje fue un gran suceso en cuanto a las finanzas y a los comentarios que acarreó. Un periodista del New York. Sun escribía sobre Cinque: «Sus ojos pueden revelar su pensamiento, desde el desacato tranquilo de un jefe altanero a la gran resolución que debe ser sostenida a través del martirio… Muchos hombres blancos podrían haber tomado una lección de dignidad y de paciencia de este africano».

Se juntó dinero más que suficiente como para permitir al grupo de negros alquilar el bergantín Gentlemen y navegar hacia Sierra Leona. Fue el 2 de diciembre de 1841.

Más tarde el líder se convirtió en intérprete de una misión cristiana en su tierra, pero nunca se arrepintió de su comportamiento a bordo de k Amistad. Una vez le preguntaron si no habría orado por el capitán y el cocinero, en lugar de matarlos, en el caso en que tuviera que hacerlo de nuevo. «Sí —contestó—, hubiera rezado por ellos y también los hubiera matado.»

Murió en 1880, de casi 67 años.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito Tomo 3 Wallace – Wallechinsky

El Humanismo Filosofia e Ideas del Humanismo Características

El Humanismo: Características
Filosofía e Ideas del Humanismo

Durante el período comprendido entre 1350 y 1550, en Italia nació una nueva tendencia espiritual, que se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas: el humanismo. Este nuevo movimiento ideológico se extendió a los demás países europeos, pero con más de un siglo de retraso (de 1450 a 1600).

Los intelectuales italianos revelaron a Europa la experiencia histórica de sus antepasados y de la civilización greco-romana. El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana. Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional.

Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

En sintesis podemos decir que el Humanismo comienza siendo en el Renacimiento, una aproximación al hombre y una postura de rechazo al teocentrismo medieval. En el Renacimiento vemos como se descubre al hombre en todas sus dimensiones: su anatomía desde el punto de vista científico y al cuerpo humano como interés estético. El Humanismo del Renacimiento debe ser visto comoun interés primordial por el hombre y todos su quehaceres.

EL HUMANISNO: La primera característica del humanismo es que el individuo tendió a liberarse de la dogmática, del ideal religioso de la Edad Media. En segundo lugar, se manifestó un retorno a la literatura clásica griega y romana. Los antiguos textos ya no se consideraron «paganos» y, por lo tanto, «prohibidos», sino que se inició su estudio desde el punto de vista filológico, histórico y estético. Por último, su tercera característica fue el florecimiento de una especie de culto al individuo. El hombre adquiere conciencia de su valor, de su propio «yo». 

Los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre cabal, libre y progresista.

Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo. Se crearon, con  tal objeto, nuevas escuelas en que se desterraban el trivium y el cuadrivium, bases de la enseñanza medieval, y se remplazaban por el estudio de los idiomas y las letras clásicas.

Se consideraban estas disciplinas como medios para obtener el desarrollo completo—físico y espiritual, estético y religioso—del hombre y liberarlo de los prejuicios de la época medieval. Así fue como nacieron los primeros programas de esa etapa de la educación que hoy se llama secundaria o humanista. Pero la atención hacia los objetivos fue disminuyendo y la enseñanza de los idiomas clásicos se convirtió en preponderante y exclusiva. La Ratio Studiorum de los jesuitas acentuó la tendencia.

En el siglo XIX el mayor desarrollo de la técnica y las ciencias disputó a las humanidades su capacidad de formar íntegramente al hombre. En Alemania se fundaron institutos de segunda enseñanza en que el griego y el latín se remplazaron por asignaturas científicas, * y en la mayor parte de los países occidentales se realizaron transacciones semejantes entre los estudios clásicos y los modernos.

La «educación nueva» del siglo XX restó importancia a la disputa entre clásicos y modernos al introducir el concepto de que son las manifestaciones de la vida en su totalidad y en todas sus fases las que pueden formar en su pluralidad infinita al ser humano.

De aquí la amplitud considerable que actualmente han alcanzado las «humanidades» modernas.

El humanismo se caracteriza, sobre todo, por la importancia que concede a la libertad y dignidad del individuo. Al mismo tiempo nace un nuevo interés por la Antigüedad clásica y se inicia la liberación de la influencia religiosa de la Edad Media. Erasmo, de Rotterdam, es el príncipe de los humanistas. La imprenta favoreció de modo eficaz la difusión del pensamiento humanista, que no tardó en consagrar el progreso del arte y el pensamiento en  Occidente.

Mirar hacia el pasado para comprender el present:

Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos XV y XVI, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.

Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotografía se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y el Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“…Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.»

El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

LA IMPRENTA: El humanismo está estrechamente vinculado al invento de la imprenta. Ya desde principios del siglo xv se buscaba el medio de multiplicar los manuscritos de un modo más rápido.

El invento de los tipos movibles permitió que se realizara este proyecto. Este nuevo descubrimiento fue hecho simultáneamente por varios técnicos. Pero el primero en instalar un taller (en Maguncia, en 1450) fue Juan Gutenberg. Poco tiempo después se imprimió la primera Biblia. Al mismo tiempo, los impresores reemplazaron el pergamino, demasiado caro, por papel. Esto también favoreció la difusión de los textos. El arte de la imprenta se extendió rápidamente.

imprenta y humanismo

Gracias a este invento que, sin duda, es uno de los más importantes de la historia, el pensamiento humanista se difundió entre la población selecta. A pesar de que gozó del favor de los soberanos, nunca llegó a las clases inferiores de la sociedad. Los primeros impresores fueron, a menudo, sabios y escritores. Entre los más famosos citaremos a los Aldos, en Venecia; Froben, amigo de Erasmo, en Suiza; R. Estienne, en París; Elzevir en Leyden y Plantin en Amberes.

PARA SABER MAS SOBRE EL HUMANISMO….

Petrarca, el gran poeta italiano (1304-1374), y Boccaccio, autor del Decamerón (1313-1375), ya personificaban esta tendencia que no tardaría en propagarse, con distinta fortuna, por toda Europa occidental.

El humanismo se desarrolló en primer lugar en Florencia. Pretendía formar al hombre y perfeccionarlo, y para ello se inspiró en el ideal de la Antigüedad, el humanitas, es decir, lo humano en general. La invasión del imperio bizantino por los turcos y la caída de Constantinopla en 1453 fueron causa de que muchos sabios y literatos marchasen a Italia. Gracias a ellos se estableció un contacto más íntimo con el pensamiento y la literatura de la Grecia antigua. En Florencia se fundó una academia platónica según el modelo del filósofo griego Platón, apoyada por el cardenal Bessarión, famoso helenista.

Marcelo Ficino, uno de los principales conocedores florentinos de Platón, y Pico de la Mirándola, autor de un tratado sobre la dignidad humana, fueron miembros de esta academia.

En su obra, Pico de la Mirándola ensalza el libre albedrío. El individuo es libre de escoger el bien o el mal. El hombre consciente de su dignidad se sitúa en el centro de la historia, en cuyo curso influye por sus actos. He aquí un concepto puramente individualista que rompe con el colectivismo o sentido comunitario de la Edad Media. Junto a estos famosos humanistas italianos debemos citar también a Leonardo Bruni, traductor de Platón y Aristóteles, y a un crítico de historia, Lorenzo Valla.

En Italia, el humanismo fue un movimiento exclusivamente filológico y literario que se dedicó al estudio de la Antigüedad. Al norte de los Alpes, además de la literatura griega y romana, se estudiaron los textos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

Los principales representantes del humanismo fueron J. Reuchlin en Alemania, J. Lefévre d’Etaples en Francia y el filósofo, psicólogo y educador Juan Luis Vives (1492-1540) en España, en cuyos escritos, como dice Julián Marías, anticipó lo que había de ser buena parte del pensamiento europeo de los siglos XVI y XVII.

De Inglaterra citaremos a Johan Colet, que en sus escritos denunció los abusos cometidos por la Iglesia, y especialmente a Tomás Moro (1478-1535). En su Utopía, Moro describe una sociedad humana ideal para poder atacar mejor a las situaciones políticas de su tiempo.

Pero es indudable que el príncipe de los humanistas fue Didier Erasmo, de Rotterdam (1461-1536). Renombrado filólogo, se dedicó, sobre todo, al estudio de los textos sagrados. Condenaba la escolástica y defendía la libertad cristiana. En su Elogio de la locura dio libre curso a su espíritu de la burla. Satiriza los conceptos supersticiosos, la ciencia imaginaria de los teólogos, la política del papa y el espíritu mundano que había invadido a la Iglesia. Su obra alcanzó enorme éxito, lo que demuestra que el espíritu humanista no fue atributo exclusivo de unos cuantos filósofos y escritores. Aún hoy se cita frecuentemente como una obra maestra sin igual.

A partir de este momento, se formaron círculos muy amplios en los que se empezó a estudiar, traducir y comentar a los autores antiguos y la Biblia. La atención se centró en el latín, el griego y también el hebreo. Para fomentar el estudio de estas lenguas, en 1516 se fundó el «Colegio de las tres lenguas», no en la Sorbona, que se negó a aceptar la nueva ciencia, sino en la universidad de Lovaina.

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Creadora de la Danza Moderna Isadora Duncan Historia de su Vida

Creadora de la Danza Moderna Isadora Duncan

Isadora Duncan
Precursora indiscutida de la danza moderna, Isadora Duncan deslumbre con su arte a los públicos más exigentes de su época. Sin embargo, prisionera de un destino azaroso, vio alternarse en su vida los éxitos, las penurias y el amor, al cual se entregó desesperadamente, con la misma fuerza vital y expresiva que desplegaba apenas ponía su cuerpo en movimiento.Creadora de la Danza Moderna Isadora Duncan

Nací a orilla del mar y he advertido que todos los grandes acontecimientos de mi vida han ocurrido junto al mar», fue la enigmática frase con que Isadora Duncan procuró alguna vez explicar los avatares de su trayectoria vital. Era una época en que todo lo que proviniese de ella motivaba comentarios entre un público cautivado por la creatividad de su cuerpo en movimiento.

Es que, dueña de una riqueza expresiva admirable, Isadora estaba conmoviendo una disciplina encadenada a las restricciones técnicas. Apelando a la inspiración que brotaba espontáneamente de su cuerpo en una búsqueda constante de la naturalidad, «la bailarina de los pies descalzos»»abrió nuevos rumbos en el mundo de la danza.

Su vida abunda en signos y presagios como la de los héroes trágicos griegos. Nacida en San Francisco (California) el 27 de mayo de 1878, confiesa que aprendió a bailar en el seno de su madre, «probablemente por efecto de las ostras y el champagne, el alimento de Afrodita», único que la señora Duncan, presa de una grave crisis espiritual, podía tomar en esa época. El padre, que era poeta entre otras cosas, y que escribiría un poema profetice sobre el destino artístico de la criatura, abandonó a la familia cuando Isadora era niña de pecho.

A los seis años la pequeña, cuya vocación se hacía más evidente cada día, enseñaba a bailar a los niños del barrio percibiendo por ello pequeñas sumas. La familia Duncan era bastante especial: la madre daba lecciones de piano; los hijos varones, Agustín y Raymond, se inclinaban por el teatro, y la otra mujer, Elizabeth, ayudaba a Isadora en sus clases de danza. En busca de mejores perspectivas artísticas, la familia se trasladó a Chicago, donde Isadora, ya adolescente, actúa en el Roof Carden haciendo concesiones a las exigencias empresarias por primera y última vez en su vida.

Pasaron luego a Nueva York, y allí interviene en las pantomimas de Jane May, con tal éxito que muchas señoras de la alta sociedad la contratan para que baile en sus salones. Después de dos años de esta experiencia, Isadora organiza una colecta entre sus no muy pródigas benefactoras y parte con los suyos para Londres en un pequeño barco que transporta ganado.

Una dama neoyorquina, en cuya casa ha bailado, le abre las puertas de la aristocracia inglesa. Envuelta en breves túnicas transparentes y con los pies desnudos calzados en graciosas sandalias, seduce a la familia real y a los artistas ilustres, pero al día siguiente no tiene qué comer. Los directores de teatro son insensibles a las ideas renovadoras. Los Duncan parten rumbo a París.

EL DESCUBRIMIENTO DEL AMOR
Todos los talentos están a los pies de esa californiana de ojos grises, de leves cabellos castaños rojizos y nariz respingada, de irresistible encanto. Aun el genial Rodin, ya viejo, ha querido apresar a la huidiza ninfa. Isadora se arrepiente años después de no haberle entregado su virginidad. Quien «debía transformarla en bacante desenfrenada», en cambio, fue el actor húngaro Osear Bérégy, a quien conoce en Budapest durante una exitosa gira. Pero Bérégy solo piensa en su propia carrera y comienza para la artista triunfante el conflicto entre el amor y la vocación, que la acompañaría hasta su muerte. Se separan.

En 1902 los Duncan cumplen el más obsesivo de sus sueños: viajan a Grecia. Besan el suelo al llegar. Compran una colina (Kopanos) para construir un templo de la danza y permanecer allí eternamente. Pero la construcción del templo resulta muy costosa. La «bailarina de los pies desnudos» inicia una gira por Europa para hacer frente a su empresa: Viena, Munich, Berlín, Bayreuth.

En 1905 viaja a San Petersburgo y a Moscú, donde la aplaude el gran Stanislavsky. Ambos comprueban que sus ideas-y métodos concuerdan asombrosa^ mente. Parecido asombro la invade ese mismo año en Berlín, cuando conoce al hermoso y violento Cordón Craig, uno de los más geniales innovadores del teatro moderno. Isadora ha fundado allí una escuela, junto con su madre y su hermana. Raymond, que la ha apoyado siempre en todos sus proyectos, está en Kopanos. Entre el coreógrafo Craig y la bella Isadora, brota el amor, como una llamarada, en la primera entrevista.

Pero Craig, celoso de todo, trata de imponer su propia obra relegando a Isadora. El enfrentamiento continúa aún cuando nace Deirdre, la hijita de ambos. Ella encuentra un remedio: un joven elegante y despreocupado. Lo lleva consigo por el norte y el sur de Rusia y también por el Caucase.

Ya es más que famosa, y solo la idea fija de formar un conjunto de bailarinas extraordinarias motiva sus apremios económicos. Parte sola a Estados Unidos y regresa enriquecida, después de seis meses, en 1909. No obstante, mientras actúa en París en la sala Gaité-Lyrique, piensa que necesita encontrar un millonario. Casi por telepatía se presenta en el teatro Singer, el rey de las máquinas de coser, y le ofrece solventar los gastos de la escuela y trasladarla a una villa que posee en la Riviera. Por primera vez el amor y la fortuna han llegado juntos. Hace otra tournée por los Estados Unidos, y poco después de su regreso, el 1° de mayo, nace su segundo hijo, Patrick.

En noviembre de 1912, durante una fiesta, Singer encuentra a su amada y al dramaturgo francés Henri Bataille en actitud comprometedora. Echa a sus invitados, apostrofa a «esa mujer» y se marcha jurando no volver.

DOLOR Y ESCÁNDALOS
En enero de 1913, durante una gira por Rusia, Isadora comienza atener alucinaciones. El médico recomienda un descanso en Versalles. El 26 de abril de ese año, Singer, que acaba de regresar de Egipto, quiere ver a los niños e invita a todos a almorzar en París. Es un reencuentro feliz. Pero en el viaje de regreso, el coche que lleva a Deirdre, a Patrick y a la niñera a Versalles, se precipita en el Sena y mueren los tres. Isadora pierde la fuerza y la voluntad de vivir. Inicia un peregrinaje desolado de país en país.

Viaja a Nueva York con algunas discípulas; después a Italia, Suiza, Grecia, Brasil, Argentina (1916), Uruguay, Cuba y otra vez a su país natal. Varios amores efímeros atraviesan su complicado itinerario. Admirada en todas partes, no deja de producir escándalos en las calles y los hoteles, sobre todo cuando ha bebido demasiado.
En 1920 viaja a Atenas con un grupo de alumnas y el pianista Walter Rummel, de quien se ha enamorado, dispuesta a continuar su templo griego. El «arcángel» del piano vive un gran romance con una de las bellas discípulas. Isadora ahoga sus celos en los vinos generosos de Grecia, hasta que los trastornos políticos ponen punto final a esta otra experiencia dolorosa.

En 1921 recibe en París un cable del gobierno soviético que la invita a Rusia y le ofrece apoyo oficial para su proyecto de escuela. A su llegada nadie va a esperarla. No tiene contrato, el gobierno carece de recursos y nadie piensa en la danza. Pero encuentra el amor encarnado en un poeta extraordinario, de cabeza de ángel y mirada dura: Sergio Esenin. Olvidando sus viejos prejuicios, Isadora se casa con él para viajar por el mundo sin molestias. Recorren Europa y Estados Unidos.

El poeta ruso tiene raptos de humor sombrío, borracheras coléricas y’devastadoras, y amenaza a veces con matar a su mujer. En febrero de 1923 vuelven a París y luego regresa a la URSS. Allí emprende una gira desastrosa que dura casi dos años, alojándose en hoteles miserables, durmiendo a veces en un banco de plaza, enfrentando a empresarios que no pagan y a un público que no tiene dinero ni comprende sus danzas.

Envejecida, desalentada, retorna a París. El 27 de diciembre de 1925 Esenin se suicida, abriéndose las venas, en un hotel de Leningrado y escribe con su propia sangre su último poema. Unos editores norteamericanos envían a Isadora un adelanto para que escriba sus memorias. Será ese libro que se llamará Mi vida donde reúne sus recuerdos hasta 1921. Alquila un estudio en Niza, pero vive en un hotel, con una fiel amiga, Marie Desti.

Conoce de vista en un restaurante de Niza a un joven llamado Falchetto, que quiere venderle su automóvil Bugatti. Un amor súbito la inflama nuevamente. El 14 de septiembre de 1927, el joven va a buscarla a su hotel. Isadora está rejuvenecida y radiante. Lleva alrededor del cuello una bufanda roja de largos flecos. «¡Adiós, voy a la gloria!», le grita a Marie, mientras se sienta en el automóvil. Cien metros más allá el auto se detiene. Los flecos del chal se han enroscado en una de las ruedas. Isadora Duncan ha llegado a la inmortalidad con el cuello quebrado y la cabeza inclinada hacia un costado.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia