Vivir en los Polos

Vida del Hombre en el Desierto Vivir con Altas Temperaturas

LA VIDA EN CLIMAS EXTREMOS: EL DESIERTO

vida en condicones extremas

La vida en los desiertos Restos fósiles encontrados en el desierto del Sahara indican que hace más de 4.000 años, animales de hábitos acuáticos, como los hipopótamos y los elefantes, habitaban esas regiones. Estos hallazgos indican que estas regiones no fueron desiertos en otras épocas. En la actualidad, unos 30 millones de km2 de la superficie terrestre corresponden a zonas desérticas.

Además del desierto del Sahara y el de Kalahari, en África, existen grandes desiertos en regiones de vientos cálidos y secos muy alejados del mar, como en el Asia, o vecinos a cadenas montañosas que no permiten el paso de las nubes, como en el caso de la Puna argentina, vecina a los Andes.

La explotación de los recursos naturales del desierto —petróleo, metales y minerales— ha promovido un proceso de población y de desarrollo económico en estas regiones. Especialmente en el desierto arábigo, la explotación del petróleo permitió que algunos países crecieran industrialmente y levantaran ciudades en medio del desierto.

La preocupación del hombre del desierto sigue siendo el aprovisionamiento de agua. El agua de las ocasionales lluvias se canaliza para acercarla a los campos próximos. Se construyen embalses, como el del río Colorado en los Estados Unidos, El agua se transporta por canales subterráneos, tal como lo hacían los antiguos persas- Estos canales recogen el agua subterránea de las regiones montañosas y la transportan hasta tierras más bajas gracias a un suave declive del terreno.

En Israel, para aprovechar al máximo el agua de riego, se cubren las plantaciones con plástico transparente. El plástico protege los sembrados del calor excesivo y disminuye la evaporación del agua. De esta manera, se ha conseguido transformar un antiguo desierto en una floreciente zona de cultivo.

LOS TUAREG:

la vida en el desiertoSahara es el desierto más grande del mundo. A pesar las adversas condiciones, los tuareg se atreven a hallar las zonas menos áridas de este desierto. Deben llevar una vida nómada, trasladándose de un lugar a otro n el fin de proveer de pastos a sus rebaños y de agua para su gente y sus animales.

Construyen sus tiendas estacas de madera cubiertas con pieles de cabra. En un campamento, todos pertenecen a la misma familia. cada tienda viven el hombre con su mujer y sus hijos, aunque los hijos varones ya crecidos duermen al aire libre.

El gran problema en el desierto es conseguir agua. Las mujeres son las encargadas de partir, todas las mañanas, hacia los pozos de agua, distantes algunos kilómetros del campamento. Del mismo pozo se abastecen varios grupos de pobladores, de manera que es necesario esperar turno hasta el momento de poder sumergir los grandes bolsos de cuero con los que levantan hasta 40 litros de agua.

Las diferencias de temperatura en el desierto son muy marcadas. Durante el día, el termómetro puede llegar a los 50 °C, pero al atardecer desciende bruscamente a los 0 °C. Los tuareg se visten con largas túnicas que apenas los defienden del frío. Por las noches se cubren con mantas y beben mucho té para calentarse.

Para desplazase a través del desierto utilizan dromedarios. Estos animales resultan irremplazables en el desierto, ya que pueden recorrer hasta 50 kilómetros en un día y permanecer varios días sin tomar agua, con sólo alimentarse de comidas jugosas. Las hembras de los dromedarios dan leche, que sirve de alimento, y los excrementos se utilizan como combustible.

Los tuareg comercializan en el desierto. Venden la sal que recogen en las zonas en las que la evaporación del agua salobre deja la preciada sal corno residuo, y a cambio obtienen maíz, mijo y telas. La sal ayuda a retener el agua del cuerpo y a soportar el calor en mejores condiciones.

PARA SABER MAS…
EL HOMBRE Y EL DESIERTO:
Sólo el cuatro por ciento de la superficie de los desiertos, prescindiendo de los oasis, está habitada. Desde tiempo inmemorial, sobre todo en Asia y África, ha existido el hombre del desierto, por ejemplo, el beduino, en grupos tribales o familiares que arrastran una existencia miserable. Con una tienda de pieles por casa, y por todo capital algunas armas, pocas herramientas y un camello, unos asnos o quizás un caballo.

Los hombres del desierto sólo han podido dedicarse a tres empresas. Han sido ganaderos, conductores de caravanas o bien ladrones. Todos ellos han considerado, pues, el desierto como un lugar de paso y su meta ha sido el oasis, donde hay agua, sombra y una temperatura soportable. Pero el oasis no fue nunca lugar adecuado para establecer un cultivo agrícola, una industria o un trabajo sedentario.

El oasis ha sido siempre un albergue, un lugar de reposo, para hacer acopio de nuevas energías o bien para preparar un largo viaje. El hombre del desierto ha sido en todo momento de la historia un hombre desarraigado, silencioso, extremadamente austero, leal a la tierra seca donde vive, hospitalario, a veces cruel, pero dispuesto a todos los sacrificios porque no hay vida más dura que la del desierto.

En el Sahara, ya se atraviese una «hamada» o meseta, ya un «erg» o llanura, puede andarse durante días enteros sin avistar el menor rastro de vegetación, ni un árbol, ni un edificio que rompa la tediosa monotonía de las dunas y las arenas.
Los nómadas del desierto han ejercido un papel muy importante en la política, desde los tiempos che Mahoma, cuando contribuyeron a que las tribuí dispersas adoptaran la fe del Profeta. En la actualidad, tanto en Irán, Irak, Egipto, como en Marruecos, suelen ser siempre las tribus semisalvajes, indómitas, valerosas y fieles a sus jefes nativos, las que han inclinado la balanza de las decisiones políticas en un sentido determinado.

Es posible vivir en las orillas del desierto o bien en los oasis, islas de vegetación, de tierra acogedora. perdidas en la inmensa soledad, pero solamente los nómadas, conductores de caravanas o pastores de rebaños, han podido hacer del desierto su patria. puesto que en él pasan la mayor parte de su vida aunque no se detengan jamás en su constante peregrinar.

El oasis es un vestigio de otros tiempos en los que el agua y la vegetación eran abundantes. Como un mar cuyas aguas se retiran y va dejando charcos en el lugar que ocupó, así el oasis suele ser un recuerdo, un núcleo de vida alrededor de un pozo, de un pequeño lago o de un río. Allí crecen los árboles, la vegetación atenúa el calor del sol y permite alimentar a los animales y a los hombres que en él buscan refugio.

Muchas veces se ha hablado de inundar el Sahara, cuyo nivel, en grandes extensiones, es inferior al del mar Mediterráneo para convertirlo en un oasis inmenso.

Egipto sería un desierto si el Nilo no lo convirtiera, siquiera en parte, en un espléndido oasis. Ya los antiguos egipcios intentaron regular las crecidas del Nilo y guardar parte del agua como reserva para afrontar los tiempos de sequía. En 1902 se levantó la presa de Assuán, bajo dirección británica, una obra de ingeniería de grandes proporciones que hoy se intenta modernizar y ampliar. La transformación de la presa de Assuán permitiría regular el suministro de aguas y ampliar la extensión de los oasis del valle del Nilo.

Grandes obras de irrigación de desiertos se han emprendido en Norteamérica, especialmente en los ríos Grande, Columbia y Colorado. Numerosas presas escalonadas como las de Hoover, Imperial y Parker en este río, la de Coolidge en el Río Grande y el Grand Coulee en el Columbia han transformado lo que antes eran zonas desérticas en prósperos valles donde las huertas y los naranjales se extienden hasta perderse de vista.

Fuente Consultada:
Enciclopedia CONSULTORA Tomo I El Hombre en el Desierto
Ciencias Biológicas de Santillana

Efectos de la presion en el fondo de mar Vivir en el Fondo del Mar

EL EFECTO DE LA PRESIÓN DEL MAR EN LAS PROFUNDIDADES

El peso del aire nos pasa inadvertido porque, como cualquier otro fluido, el aire ejerce su presión en todas direcciones. La sangre en nuestras venas, el aire en nuestros pulmones, los fluidos de nuestros cuerpos están a presión atmosférica. Ejercen una presión hacia afuera igual a la que la atmósfera ejerce hacia adentro.

Es decir, estamos en equilibrio con nuestro ambiente. Si nos sumergimos en agua, la presión externa crece rápidamente con la profundidad y no puede ser equiparada desde adentro sin dañar nuestros tejidos.

Por esta razón, un hombre sin protección alguna tiene limitada su inmersión, aunque esté equipado con un tanque de oxígeno. Por otro lado, existen formas de vida adaptadas a los más profundos abismos del océano, donde la presión hidrostática es de más de 1.000 atmósferas.

Esos seres están balanceados con su entorno y se mueven con la misma indiferencia con que nosotros “buceamos” en el océano del aire.

Cuando el buzo se sumerge sin protección rígida, debe respirar aire a la misma presión que la del entorno. El tanque de aire comprimido que carga en la espalda tiene un regulador que permlle que el aire inhalado cumpla con este requisito.

Desde que se ha empezado a utilizar el aire comprimido se sabe que la exposición a grandes presiones puede dañar o matar; gradualmente se ha comenzado a entender los mecanismos subyacentes en tales afecciones.

A fines del siglo XIX comenzaron a usarse unas cabinas especiales presurizadas durante la construcción de los cimientos de los puentes, bajo agua. Cuando los obreros eran sometidos a descompresión, desarrollaban una serie de afecciones que iban desde dolores en las articulaciones, entumecimientos, parálisis, hasta incluso la muerte.

En este siglo, el grupo de riesgo se ha extendido a buzos, obreros en cabinas pilotos de aviones volando a grandes alturas y astronautas. Cuando un buzo novato retiene el aire mientras sube muy ligero, puede sufrir embolia gaseosa. Se produce porque la presión del entorno disminuye rápidamente, entonces el gas sin escape de los pulmones se expande.

El pulmón se rasga y el aire escapa a la sangre.

Por los circuitos arteriales las burbujas pueden llegar al cerebro y provocar parálisis o muerte. La enfermedad de la descompresión propiamente dicha es la consecuencia de formación de burbujas en los tejidos. El gas que lo provoca (nitrógeno, por lo general) entra al cuerpo por los pulmones en una inmersión, y la alta presión hace que se disuelva en la sangre.

La circulación lo lleva hasta los capilares donde se difunde en los tejidos. Esta difusión es más rápida en la médula espinal y en el cerebro (porque están más irrigados), yen los músculos calientes y activos.

Una manera de prevenir la enfermedad consiste en un ascenso lento, a razón de 9 metros por minuto, o con paradas de seguridad regulares. Otra, es la aspiración de mayor concentración de oxígeno; se venden tubos con aire con una concentración de 32% de oxígeno (en lugar del 21% normal).

Los buzos aficionados pueden bucear hasta una profundidad de 39 metros con un tubo de aire comprimido común y sin necesitar de una descompresión por etapas mientras suben. Pero son muchos los buzos que mejorando su equipo, y aumentando el riesgo, prefieren incursionar en lo más profundo para poder encontrarse con restos de naufragios, túneles y oscuras cavernas, entre otras maravillas.

Últimamente se han experimentado diferentes mezclas de gases para evitar que las altas presiones resulten nocivas para el organismo. En 1993, una inmersión simulada (en una cabina presurizada especial) alcanzó el récord de 701 metros de profundidad. Estas experiencias límite requieren de siete días de compresión progresiva y de treinta días de descompresión.

El conocimiento de la fisiología de la enfermedad puede incorporarse a modelos matemáticos que indican probabilísticamente los riesgos de las inmersiones acuáticas. Para desarrollar dichos modelos se ha recogido información de cientos de inmersiones por medio de computadoras que llevan los buzos entre su equipo.

Estas computadoras registran la profundidad de manera precisa y continuamente actualizas cálculos de nitrógeno en los tejidos, transfiriendo la información a computadoras en la superficie.

El desafío de las próximas décadas es el perfeccionamiento de los modelos para que extiendan su cobertura y minimicen los riesgos. Ya se ha pagado bastante caro la información de cómo el cuerpo del hombre responde a las fuerzas para las que no está diseñado cuando traspasa sus limites hacia el espacio exterior o hacia las profundidades oceánicas.

Seres humanos en el espacio, vivir con ingravidez Efectos Ingravidez

HUMANOS EN EL ESPACIO-VIVIR CON INGRAVIDEZ

vida en condicones extremas

La confirmación de que el hombre puede vivir y trabajar lejos de la Tierra se obtuvo ya con los primeros vuelos espaciales de los años sesenta. ¿Pero cuánto tiempo se puede vivir en condiciones de ingravidez sin que el organismo sufra daños irreversibles? Esta pregunta permanece todavía sin respuesta.

Puede un ser humano vivir y trabajar en el espacio? La respuesta, clara y simple, la dieron ya los primeros vuelos espaciales y es indudablemente «sí».

Los primeros vuelos Soyuz y Mercury, en efecto, demostraron que el hombre puede moverse libremente por el espacio realizando maniobras muy complejas. Luego, con la misión estadounidense Skylab y las rusas Salyut y MIR, se comprobó que el hombre puede vivir en el espacio durante meses y años.

Las actuales misiones espaciales, y más aún las futuras, continúan necesitando al hombre para descubrir los grandes misterios del universo. Pero ¿cuánto tiempo puede permanecer el hombre en el espacio sin que su organismo sufra daños? Y después de largos períodos de ingravidez, ¿podrá el hombre regresar a la Tierra y vivir en ella normalmente?.

Estas preguntas no han recibido todavía una respuesta, ya que son necesarios largos y complejos experimentos para comprender cómo se comporta el organismo humano en el espacio. Tal será el objeto de las investigaciones de muchos vuelos espaciales.

Seres humanos en el espacio: El espacio es un lugar muy hostil para el ser humano. La falta de aire y de presión atmosférica puede matar a una persona en cuestión de segundos. Las temperaturas son impresionantes: cerca del cero absoluto a la sombra de un planeta, y de varios cientos de grados bajo la acción solar directa. Al no existir protección atmosférica, las radiaciones cósmicas pueden resultar mortales.

Los avances científicos y tecnológicos logrados en las últimas décadas han permitido desarrollar una gran cantidad de elementos que protegen al ser humano durante los vuelos más allá de la atmósfera. Biólogos, médicos, físicos, ingenieros y meteorólogos trabajaron y trabajan en forma permanente para mejorar la calidad de vida de los astronautas y evitar riesgos durante la permanencia en el espacio.

Aunque siempre se supuso que la gravedad es necesaria para el desarrollo normal de la vida humana, los efectos producidos por la ingravidez fueron mucho más nocivos que los esperados. Osteoporosis, atrofia muscular con fuertes incidencias en el sistema cardiovascular, disminución del número de glóbulos rojos en sangre, entre otras alteraciones, obligaron a los especialistas a diseñar actividades para las tripulaciones. Asimismo, las estaciones espaciales permanentes incluyen reemplazos periódicos de sus tripulantes, con el objeto de evitar someterlos a situaciones de ingravidez prolongadas en exceso.

La ausencia de la fuerza de gravedad, cuya magnitud está relacionada con la masa de los cuerpos, implica una situación atípica que produce infinidad de trastornos en el organismo de los astronautas.

Veamos algunos de ellos:

Irrigación sanguínea. Por la gravedad, los fluidos se ven atraídos hacia las piernas y se reparten correctamente por todo el organismo. En el espacio, en cambio, la sangre que debería irrigar las extremidades inferiores se redistribuye en la cabeza y en el tórax y provoca, al inicio del vuelo, la característica hinchazón del rostro de los astronautas. Se produce una respuesta del organismo a la redistribución de líquidos. Para adaptarse a la nueva situación, se elimina agua, con la consiguiente disminución del volumen corporal.

Una vez de regreso, tiene lugar la situación inversa; en consecuencia, al disminuir la irrigación en la parte superior del cuerpo, los astronautas pueden sufrir mareos y desmayos. 

Músculos. En el espacio carece de sentido la relación peso-masa. Una balanza resultaría completamente inútil a bordo de una nave espacial. Se puede apreciar si una persona es corpulenta o delgada, pero es imposible establecer su peso.

Como los astronautas flotan dentro de la nave, a la larga se produce la atrofia muscular. Con el fin de contrarrestar este efecto, los tripulantes deben realizar diariamente ejercicios y vestir trajes espaciales con fuertes elásticos en la zona de las articulaciones, para forzar los movimientos.

Equilibrio. Durante los primeros días de viaje, cerca de la mitad de la tripulación sufre del “mal del espacio”, que se manifiesta con vómitos, dolores de cabeza y sudoración. Éstos son los efectos de la confusión que provoca la ingravidez sobre el sistema vestibular, el órgano del equilibrio ubicado en el oído interno.

Alimentación. Al contrario de lo que se podría pensar, los astronautas necesitan muchas calorías diarias, ya que consumen muchísima energía al realizar las cosas más simples. Pero además de incluir gran cantidad de calorías, la dieta espacial está balanceada en forma diferente de la terrestre. Por ejemplo, es fundamental que contenga un alto porcentaje de calcio, ya que este elemento que forma los huesos se pierde progresivamente en el espacio. Lo mismo sucede con los glóbulos rojos de la sangre, lo cual se contrarresta parcialmente con una alimentación rica en hierro.

La mecánica de comer y beber también es diferente. Los alimentos tienen que ser introducidos en la boca con mucho cuidado; una vez allí, la ingravidez ya no importa. Beber puede resultar más complicado. No se puede servir las bebidas en vasos, porque la tensión superficial de los líquidos hace que permanezcan dentro de su envase y, si se los agitara, flotarían como globos. De cualquier modo, todo se soluciona utilizando una pajita.

 Otros problemas fisiológicos importantes, que deben tenerse en cuenta en la colonización espacial, tienen que ver con el reabastecimiento de oxígeno y de otros nutrientes que, de alguna forma, deben conservar durante meses o años en la nave espacial (una solución serían los cultivos hidropónicos a partir de excreciones humanas o métodos electroquímicos); con los peligros de la radiación, y, finalmente, con el calor o el frío, así como con la presión barométrica, que puede producir la descompresión espacial.

Peso e ingravidez. Digámoslo así: Una cosa es la fuerza peso (P), y otra es la sensación de peso.

La fuerza de atracción que ejerce la Tierra sobre la nave y sus tripulantes, el peso, proporciona la fuerza centrípeta necesaria para mantenerlos en movimiento orbital.

Al no existir una fuerza que los sostenga, los astronautas no tienen sensación de peso y se encuentran en un estado de ingravidez aparente, exactamente igual que la que se experimenta en una caída libre (como si se encontraran en el interior de un ascensor que se está cayendo).

Ejercicio y reposo
Los astronautas permanecen inmóviles gran parte del tiempo. En las astronaves más grandes, como la Skylab estadounidense y la Salyut soviética, el problema es menor pues los astronautas tienen espacio suficiente para moverse y para ejercitar sus músculos.

Ausente la gravedad, el cuerpo flota en la cabina, y cada movimiento exige muy poco esfuerzo, lo que ahorra energías, pero al mismo tiempo impide hacer los ejercicios físicos indispensables. Uno de los equipos creados para resolver este problema, para ejercitar los brazos, es similar a los extensores de resortes. Los astronautas utilizan también bicicletas eléctricas, que exigen un esfuerzo comparable al que hace un ciclista en la Tierra.

Además de la actividad, es necesario garantizar el reposo. Para descansar, el astronauta se cubre los ojos con una máscara, con lo que evita la molestia de la luz, natural o artificial.

Durante el vuelo, se transmiten a la Tierra informaciones sobre las condiciones físicas de los astronautas; el médico analiza los datos y les indica el tratamiento.

Si la excitación provocada por el vuelo le impide dormir, el astronauta puede utilizar somníferos. La astronave cuenta con una farmacia bien equipada para cualquier emergencia y para las indisposiciones más comunes.

Los astronautas son adiestrados para cumplir turnos de reposo breves y largos, según las necesidades del vuelo.

Un sueño que se hace realidad

Con la tenaz intención de habitar el espacio, los soviéticos y, más tarde los norteamericanos, construyeron naves diseñadas especialmente para permanecer largos períodos en órbita terrestre, mientras las tripulaciones se iban renovando en forma periódica. Las primeras estaciones espaciales fueron la soviética Salyut 1 (lanzada el 19 de abril de 1971) y la estadounidense Skylab (lanzada el 25 de mayo de 1973).

En junio de 1998, comenzó la concreción del proyecto más espectacular de la historia espacial: la Estación Internacional Alfa (más conocida como la ISS, International Space Station). “La ISS representa el mayor proyecto tecnológico internacional de toda la historia pacífica de este planeta”, señaló con entusiasmo Daniel Goldin, director de la NASA. Y no es para menos: 16 países aportan sus recursos y su experiencia científica para realizar un sueño que costará 18.000 millones de dólares.

La construcción en el espacio de la ISS demandará 44 lanzamientos de cohetes europeos, rusos y estadounidenses, que pondrán en órbita una plataforma que pesará unas 500 toneladas. Tendrá alrededor de 110 m de largo y 90 m de ancho. El espacio presurizado para vivir y trabajar adentro de la estación será equivalente a dos cabinas de un avión 747. La estación orbitará a una “altura” media de 350 kilómetros, inclinada respecto del ecuador unos 50 grados.

Los catorce astronautas que han sido seleccionados para montar la estación espacial, que estaría concluida en el año 2005, realizan en la actualidad un riguroso entrenamiento para efectuar la complicada tarea. Desde enero de 1999, una tripulación “internacional”, integrada por tres personas, vive a bordo de la ISS, simbolizando de esta forma la presencia permanente de seres humanos en el espacio.

  “Durante siete horas y 55 minutos Tamara Jernigán y Daniel Barry salieron a caminar Mas alla de lo prolongado1 no fue un paseo común porque ambos son astronautas del Discovery y la caminata fue realizada a 386 mil metros de altura.

El objetivo fue colocar dos pequeñas grúas en la Estación Espacial Internacional, a la que está acoplado el Discovery desde el sábado pasado. Jernigán y Barry se encontraron apoyados por otros cinco compañeros, tres norteamericanos, un canadiense y un ruso, desde el interior de la nave.

La misión STS-96 es el primer vuelo dirigido a la construcción de la estación espacial científica que se concluirá en el 2005.

Durante la caminata ocurrieron algunos problemitas, como demorar una hora más de lo calculado en desensamblar una de las grúas, atornillada demasiado firmemente al costado del Discovery. Aunque no hubo consecuencias negativas, una cadena suelta pasó “volando” por delante de la cabina del piloto. Tras el montaje de las grúas, la tripulación tenía previsto pisar por primera vez el interior de la Estación Espacial”

La ingravidez es una experiencia que puede causar molestias al organismo humano.
Pero superado el primer impacto, también se producen situaciones muy divertidas.

Una Agenda Muy Especial:

Concebida como un verdadero laboratorio, el programa de la ISS propone investigaciones muy interesantes y novedosas, que se han agrupado según las siguientes áreas: Micro gravedad, Ciencias de la vida, Ciencias de la Tierra, Ciencias del espacio, Desarrollo de productos y Biotecnología. 

Microgravedad

La ISS ofrecerá una oportunidad única para estudiar y controlar procesos de ingravidez, verificar las teorías existentes e, incluso, formular otras nuevas. Observar cómo se forman las estructuras atómicas o moleculares en distintos materiales, cómo se comportan los fluidos o cómo se altera la combustión en un medio ingrávido, son sólo algunos de los temas de esta nutrida agenda.

 Ciencias de la vida

Fundamentalmente, el programa pone especial énfasis en estudiar los problemas asociados con permanecer períodos prolongados en ingravidez y comprender los efectos que provoca la gravedad en la evolución, desarrollo, morfología y funcionamiento de los seres vivos. El programa de estudio involucra a animales (incluyendo seres humanos), plantas, tejidos, microorganismos y células.

 Ciencias de la Tierra

El itinerario de la estación espacial permitirá observar el 75% de la superficie terrestre, donde habita el 95% de la población mundial. Convirtiéndose en una verdadera “ventana al mundo”, la ISS podrá predecir cambios climáticos, orientar políticas que mejoren el uso de la vegetación y la tierra, ubicar fuentes minerales o de alimentos, y controlar la “salud” del aire y los océanos, entre otras cosas. Según los especialistas, “permitirá mejorar la calidad de vida de todos los humanos y de las futuras generaciones”.

 Ciencias del espacio

Los investigadores esperan incrementar sus conocimientos del Sistema Solar y valorar sus efectos actuales y futuros sobre nuestro planeta.

Luchando “codo a codo” con las novelas de ciencia-ficción, la SS será la primera estación diseñada para que los tripulantes participen en las tareas de mantenimiento y operación de los sistemas. “La naturaleza dinámica del espacio demanda que seamos capaces de responder rápidamente —señalaron los diseñadores—. Los tripulantes estarán en condiciones de observar, filmar, caracterizar y valorar el impacto de los eventos cósmicos, en el preciso momento en que ocurren.” 

Desarrollo de productos

Los especialistas señalan que las condiciones de ingravidez y ultra-vacío del espacio permitirán desarrollar productos “más perfectos” que los que se pueden desarrollar en las condiciones terrestres. Muchas empresas “de punta” confían (léase aportan grandes sumas de dinero) en que las investigaciones que se realizarán a bordo de la SS posibilitarán el acceso a nuevas tecnologías y mercados no explotados hasta el presente.

 Biotecnología

La Biotecnología es la aplicación de la Ingeniería y la Tecnología a las Ciencias de la vida. La SS se propone investigar en dos áreas fundamentales: la estructura y funcionamiento de las proteínas y el cultivo de células y tejidos. Los científicos aspiran a que sus estudios contribuyan al desarrollo de medicamentos más efectivos y, por lo tanto, a mejorar la calidad de vida. A más largo plazo, consideran que el espacio será un medio ideal para “fabricar” tejidos y órganos útiles para trasplantes en humanos.

Un sueño que se hace realidad

Con la tenaz intención de habitar el espacio, los soviéticos y, más tarde los norteamericanos, construyeron naves diseñadas especialmente para permanecer largos períodos en órbita terrestre, mientras las tripulaciones se iban renovando en forma periódica. Las primeras estaciones espaciales fueron la soviética Salyut 1 (lanzada el 19 de abril de 1971) y la estadounidense Skylab (lanzada el 25 de mayo de 1973).

En junio de 1998, comenzó la concreción del proyecto más espectacular de la historia espacial: la Estación Internacional Alfa (más conocida como la ISS, International Space Station). “La ISS representa el mayor proyecto tecnológico internacional de toda la historia pacífica de este planeta”, señaló con entusiasmo Daniel Goldin, director de la NASA. Y no es para menos: 16 países aportan sus recursos y su experiencia científica para realizar un sueño que costará 18.000 millones de dólares.

La construcción en el espacio de la ISS demandará 44 lanzamientos de cohetes europeos, rusos y estadounidenses, que pondrán en órbita una plataforma que pesará unas 500 toneladas. Tendrá alrededor de 110 m de largo y 90 m de ancho. El espacio presurizado para vivir y trabajar adentro de la estación será equivalente a dos cabinas de un avión 747. La estación orbitará a una “altura” media de 350 kilómetros, inclinada respecto del ecuador unos 50 grados.

Los catorce astronautas que han sido seleccionados para montar la estación espacial, que estaría concluida en el año 2005, realizan en la actualidad un riguroso entrenamiento para efectuar la complicada tarea. Desde enero de 1999, una tripulación “internacional”, integrada por tres personas, vive a bordo de la ISS, simbolizando de esta forma la presencia permanente de seres humanos en el espacio.

 “Durante siete horas y 55 minutos Tamara Jernigán y Daniel Barry salieron a caminar Mas al/a de lo prolongado1 no fue un paseo común porque ambos son astronautas del Discovery y la caminata fue realizada a 386 mil metros de altura.

El objetivo fue colocar dos pequeñas grúas en la Estación Espacial Internacional, a la que está acoplado el Discovery desde el sábado pasado. Jernigán y Barry se encontraron apoyados por otros cinco compañeros, tres norteamericanos, un canadiense y un ruso, desde el interior de la nave. La misión STS-96 es el primer vuelo dirigido a la construcción de la estación espacial científica que se concluirá en el 2005.

Durante la caminata ocurrieron algunos problemitas, como demorar una hora más de lo calculado en desensamblar una de las grúas, atornillada demasiado firmemente al costado del Discovery. Aunque no hubo consecuencias negativas, una cadena suelta pasó “volando” por delante de la cabina del piloto. Tras el montaje de las grúas, la tripulación tenía previsto pisar por primera vez el interior de la Estación Espacial”