Vivir Engañando

Experimento con Lombrices Planarias y Gusanos McConnell James

Experimento con Lombrices
Planarias y Gusanos

James V. McConnell (1925-1990)
Tras haber cautivado la atención de los científicos con sus experimentos con gusanos, James Vernon McConnell aumentó su reputación como profesor inconformista al emprender la edición de una revista que publicaba parodias de artículos científicos junto con informes auténticos sobre las investigaciones en curso.

Algunos consideraban más divertidas las investigaciones serias que los artículos voluntariamente jocosos de la revista de McConnell, a la que puso de nombre The Worm Runner’s Digest (Resúmenes del corredor de gusanos).

Los descubrimientos de McConnell sobre la naturaleza de la memoria los realizó en la Universidad de Michigan, donde ingresó en la facultad de psicología en 1956. Otros psicólogos experimentales hacían pasar ratones por laberintos para estudiar el modo de aprender y recordar de los animales, pero McConnell prefirió hacer «correr» una especie de lombriz llamada Planaria.

Las planarias pueden multiplicarse por escisión; es decir, que si corta en dos un gusano, la parte anterior sobrevive y regenera una nueva cola. Por su parte, la porción posterior sobrevive también y regenera una nueva cabeza, incluyendo el órgano que actúa de cerebro.

La especialidad de McConnell, en toda una serie de notables experimentos, consistió en cortar planarias. Anunció primero que estos gusanos sencillos eran capaces de aprender un reflejo condicionado, lo mismo que los perros en el experimento de Pavlov. Se ponía a un gusano sano en presencia de una fuerte iluminación seguida inmediatamente por una sacudida eléctrica. La sacudida obligaba al gusano a retorcerse.

Tras un número suficiente de tratamientos con luz y sacudidas, la mayoría de los gusanos se contraían, se levantaban o reaccionaban de cualquier modo con la simple exposición a la luz, sin sacudida consiguiente. Según la evaluación psicológica, cuanto más listo era el gusano menos intentos precisaba para dar la respuesta condicionada cada vez que tenía lugar el estímulo correcto: la luz brillante. El número de sacudidas necesarias para conseguir la respuesta a la luz sin sacudida medía el conocimiento que los gusanos tenían del significado de la luz.

Una planada completamente inocente necesitaba pasar por muchas sacudidas para aprender a retorcerse con la luz sola. Un gusano entrenado anteriormente necesitaba sólo unos intentos; McConnell decía que la memoria volvía rápidamente. Algunos gusanos nunca se acostumbraron.

Luego el Dr. McConnell aseguró que si cortaban algunos gusanos entrenados y éstos regeneraban nuevos cuerpos, los gusanos «nuevos» recordaban su entrenamiento y aprendían rápidamente a retorcerse ante una luz brillante. Esto parecía comprensible cuando se trataba de gusanos cuyos extremos capitales habían tomado parte en el entrenamiento con sacudidas, porque si existía algún tipo de memoria tenía que residir en la parte con más cerebro del gusano. Pero los nuevos gusanos —aquellos que únicamente tuvieron presentes s partes posteriores en el primer programa de entrenamiento— presentaban también las mismas memorias: ¿dónde estaba, pues, la sede la memoria?

McConnell cortó de nuevo los gusanos y dejó que las parle que no habían sufrido un entrenamiento condicionador regeneraran los extremos que faltaban. Se descubrió entonces que la nueva o cosecha de gusanos estaba ya condicionada a la luz brillante, aunque ninguna parte de su cuerpo había sufrido ningún «entrenamiento». Esto podía ser una prueba en favor de la herencia de un comportamiento aprendido, lo cual era del todo contrario a la biología respetable de los EE.UU., y además tenía implicaciones políticas, porque los biólogos rusos habían sostenido antes que este aprendizaje heredado era posible.

McConnell continuó adelante —quizás demasiado adelante Las planarias son caníbales: cortó a trozos algunos de los ejemplares «entrenados» y les dio a comer a un grupo inocente de gusanos que no habían sufrido nunca la serie de condicionamientos luz-sacudida. Tras este banquete, los gusanos no entrenados perdieron la inocencia.

El profesor McConnell informó que reaccionaban a la luz como si hubiesen recibido el condicionamiento habitual, retorciéndose ante la luz en espera de una sacudida eléctrica. Esta fue su conclusión: las planarias habían ingerido una memoria o una respuesta condicionada al comerse a sus hermanas mejor educadas.

Entre 1962 y 1969, unas cuantas revistas científicas y revistas de gran público dieron muestras de dificultades para tragar esta conclusión. Otros experimentadores empezaron a informar luego que no habían conseguido confirmar los resultados de McConnell, con lo que se iniciaron ajetreados experimentos con gusanos.

El Worm Runner’s Digest de McConnell atrajo tantas colaboraciones humorísticas que pudo publicar dos libros sobre ellas: The Worm Re-Turns (El gusano regresa) (1965) y Science, Sex and Saccred Cous (Ciencia, sexo y vacas sagradas) (1971). Ha publicado  libros de texto sobre psicología social y psicología general, pero su fama se debe a que no cree que sea necesaria la solemnidad para ser serio. McConnell nació en Oklahoma, fue a la universidad en Louisiana y Texas y vivió en  Arbor, Michigan.

Los experimentos con gusanos demostraron que no se tiene todavía una comprensión adecuada de los procesos de aprendizaje y memoria, en función de los hechos precisos, químicos y psicológicos, que tienen lugar en ellos.

La propuesta modesta de McConnell de que el traspaso de memoria podía darse mediante el canibalismo, fue recibida, sin embargo, con desprecio, y los experimentadores propusieron rápidamente otras explicaciones para la conducta de los gusanos. Pero si se tiene en cuenta la naturaleza de la cuestión, la controversia en realidad no hizo nunca furor, chisporroteó un cierto tiempo y luego se calmó en una mezcla de risas y sutilezas estadísticas.

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Biografía de Bartram Botánico 

John Bartram (1739-1823)
John Bartram (1739-1823)
Linneo, padre de la botánica, llamó a John Bartram «el mayor botánico natural del mundo»; pero actualmente Bartram es poco conocido en su país.

Bartram fue, como Benjamín Franklin, su amigo y protector, un autodidacta. La leyenda dice que decidió convertirse en botánico avanzada edad, mientras araba los campos de su finca fuera de Filadelfia. Bartram, continúa diciendo la historia, se detuvo a descansar unos momentos bajo un gran roble y cogió una margarita que crecía en la base del árbol.

Fue arrancando los pétalos de la flor al abrirla empezó a maravillarse de los misteriosos procesos de la naturaleza. Tras este incidente estuvo varios días luchando contra la idea de dejar la agricultura y dedicar su vida a la ciencia, pero al final no pudo resistir más y partió hacia Filadelfia. Allí un librero le vendió un tratado de botánica en latín y una gramática latina para poder traducirlo.

Quizá la historia es apócrifa, aunque Bartram la contó a menudo, pero no hay duda que el buen labrador apenas sabía leer y escribir y desconocía cualquier idioma extranjero cuando tomó su decisión. Mientras iba aprendiendo por sí solo y leyendo en sus excursiones por el campo, su vista inteligente y su sentido de lo insólito le permitieron ganarse pronto la protección de algunos europeos, a los cuales proporcionaba ejemplares de plantas del Nuevo Mundo. No necesitó mucho tiempo para comprar otra finca cerca delSchuykül en Filadelfia, es decir más próxima a la capital intelectual de la época, y en ella recibió más tarde a Franklin y a Washington, entre otros notables norteamericanos.

Bartram es sin duda el primer botánico nacido en América y aunque su escaso dominio de la teoría le impidió convertirse en uno de los grandes científicos de la Historia, su determinación y energía le convirtieron realmente en el mayor de los botánicos «naturales». Ninguno de los corresponsales de Linneo proporcionó al gigante sueco tanta abundancia de material original. Bartram fue el primer americano que viajó por las Colonias buscando muestras que clasificar.

Sus viajes hicieron conocer al arbusto de especia y el sasafrás, las plantas insectívoras del sur, el tulipanero, el loto americano y el ciclamen americano, para citar sólo unos cuantos descubrimientos. Los mayores descubrimientos los hizo Bartram en su misterioso «gran valle»; al que llamaba «mi Cachemira».

Este valle deshabitado, de 300 Km. de largo, situado entre unas cordilleras, fue mantenido en secreto por el botánico y sólo él conocía los secretos que abundaban en sus precipicios cubiertos de flores. Actualmente sabemos que este valle es el Shenandoah.

El más sorprendente descubrimiento de Bartram fue el árbol de Franklin (Gordonia alatamaha), que todavía deja estupefactos a generaciones de botánicos. En el curso de una expedición de otoño a Georgia, encontró este árbol en plena floración, con una flores magníficas extrañamente semejantes a las de la camelia, una planta tropical y oriental.

Bartram se llevó el árbol a su jardín de Filadelfia, donde lo bautizó en honor de su amigo Benjamín Franklin. Pero por mucho que lo hayan intentado los científicos, no han podido hallar de nuevo el árbol de Franklin creciendo en la naturaleza. Los pocos Franklin que crecen en los jardines americanos proceden de esquejes tomados del árbol original que Bartram encontró hace más de dos siglos.

John Bartram recibió muchos honores en su época, aunque su genio es poco conocido hoy en día. El fundador delBritish Muscum le envió una copa de oro, una sociedad de Edimburgo le envió una medalla de oro. Bartram se escribió también con la reina Luisa de Suecia y con su hermano Federico el Grande. Alguien ha escrito sobre él:«consideraba la naturaleza como algo personal, un impacto directo sobre su vida, como el tiempo en la vida de un pájaro». S vida fue así de sencilla y grácil.»

John Bartram murió a los 78 años, pero su hijo William continuó sus pasos, asegurando nuevos lugares en la Historia para el apellido Bartram. Efectuó importantes descubrimientos, como la azalea flamante de las montañasBlue Ridge. Se dice que la muerte de Bartran se debió al terror que le inspiraba la aproximación del ejército británico: el anciano naturalista estaba convencido de que las tropas saquearían su jardín botánico, el primero de su clase en América. La casa y el jardín del maestro botánico pueden verse actualmente en Filadelfia formando parte del parque Fairmount.