Robo a Judio de los Bienes Para la SS en Campos de Concentracion



Robo de Bienes Judíos Para la SS en Campos de Concentración

Son diez los encargados de llevar los libros, de enumerar y de catalogar el oro y las joyas. Los otros compañeros del servicio de la Effektenkammer, el economato, se ocupan del vestuario y de otros objetos recuperados a los prisioneros y deportados: desde lienzos y libros hasta «souvenirs» de la familia, fotos, diplomas… (imagen: Himmler)

En resumen, un prodigioso almacén de trajes nuevos y de ropa interior y de toda clase de trapos. También, ¿cómo no?, tienen a su cuidado los archivos de la documentación perteneciente a cada uno de los prisioneros que tuvieron la desgracia de pasar el enorme portal de Sachsenbausen. El lugar de trabajo se halla al lado de una ventana desde donde se contempla gran parte del campo de reunión de los prisioneros. Basta abrir la puerta para ver la totalidad de esta enorme plaza. Es una especie de ágora: la mayor parte de la jornada transcurre en ella y los acontecimientos más importantes tienen en ella su eco: concentración de los detenidos, castigos a la vista de todos, transporte de muertos, el paseo del domingo por la tarde y los ahorcamientos de la noche.

El Appelplatz, la plaza del llamamiento, es una necrópolis de vivos. De la mañana a la noche se puede ver un grupo de cien a doscientos hombres, en filas de a cinco, dando vueltas a la plaza a paso de marcha. Cargados de sacos, estos desgraciados cantan una y otra vez: «Weit, weit ist der Weg ms fieimatland, so weit, so weit…» («Lejos, muy lejos queda mi país natal, tan lejos, tan lejos…»)

Y siempre la misma canción. A todas horas se oye esta letanía monótona que, cuando pasan cerca de la ventana, parece que se hincha, para ir desvaneciéndose poco a poco, a medida que de alejan. Y así, cada diez minutos. Es el comando de castigo. Si la canción no suena con la fuerza suficiente, los SS lanzan siempre la misma amenaza: «Cantad todos y fuerte, porque, de lo contrario, en vez de cincuenta vueltas a la explanada, daréis sesenta!».

La procesión de los castigados tiene también su utilidad, aunque ustedes crean que no, para la economía de la guerra. El campo es el centro de experimentación del calzado militar, donde se comprueba la resistencia de los cueros alemanes: naturales o sintéticos. Para ello, los desdichados paseantes son obligados a pasarse el día dando vueltas a la plaza de reunión, al tiempo que moldean las botas militares con que se calzarán los soldados de Hitler. Como ya se verá, en el campo también se aprovechan las sustancias orgánicas extraídas de los cadáveres, sustancias que los investigadores utilizan para medir las cualidades biológicas de la raza nórdica.

Se llegó a saber que en el campo de concentración fue constituida una colección de cráneos de diferentes tipos humanos que se enviaban a los institutos y a las escuelas especializadas en cuestiones raciales. Al mismo tiempo que se recupera el oro, se pasa a los libros la relación de las dentaduras postizas. Ya hay almacenadas en un cuarto de la enfermería más de treinta mil coronas, puentes y dientes de porcelana.

De cuando en cuando, los contramaestres cuya dentadura es deficiente pueden escoger la que más les guste de este montón que hay de reserva. Los dentistas del campo no quieren saber nada de terapéutica dentaria, sólo se limitan a extraer las piezas. La falta de vitaminas hace estragos en las encías, pero nadie se preocupa de acudir al médico. Sin dientes, calvo, esquelético, qué más da; lo que de verdad importa es salir, salir de este infierno: es el único pensamiento, la obsesión de cada uno de estos desdichados.

Después de haber trabajado como condenados descargando cemento, al encontrarse en esta barraca propia con un centenar de compañeros, todos ocupados en trabajos de oficina, entre secretarios, contables, mecanógrafos, estos afortunados tienen la impresión de ser empleados de banca. Siendo el campo una simple administración de bienes del Reich, una finca de explotación más confiada a la Organización SS, el derecho sobre la vida y la muerte está en manos del Cuartel General de Himmler, cuyos representantes en los campos son los jefes de laPoütische Abteitung. Ellos controlan las ejecuciones, ordenan los traslados, llevan a cabo los interrogatorios, comunican los objetos de valor que es preciso preparar cuando un alemán debe ser liberado, lo cual es bastante raro.

Antes de verlo con los propios ojos, jamás se hubiera imaginado uno la BItektettammer de Sachseitausen y la Inspección de los Campos como la mayor bolsa de divisas y de oro y que estuviera regentada por elReichsfübrer SS. No vamos a hacer aquí un inventario de los cientos de miles de prendas de vestir y de calzados, de las maletas y cajas llenas de ropa interior procedentes de todas las regiones de Alemania y de países al otro lado de las fronteras del Reich, sobre todo de Polonia y de Rusia, en donde una población de más de doscientos millones de hombres fue condenada al despojo de todo lo que le pertenecía.

Durante la batalla de Moscú, cuando (Goebbels -imagen- lanzó un llamamiento a la población invitándola a entregar a los soldados que estaban en el frente las prendas de lana y abrigos que tuviesen, el depósito de Sachsenhausen vio incrementadas sus existencias con un convoy de treinta vagones de ropa: jerseis, bufandas, calcetines, ropa interior y una ingente cantidad de abrigos y pieles.



Si todas las futuras víctimas de este gangsterismo generalizado respondieron al llamamiento de Goebbels entregando todo su dinero, su oro y sus divisas, así como toda la ropa que tenían en buen estado, fue porque se dejaron llevar por las promesas de los SS, quienes, en el momento de su detención, les aconsejaron, dándoselas de buenas personas: «Como ustedes van a quedar bajo nuestra protección durante largo tiempo, ¿para qué guardar y dejar aquí abandonados vuestros bienes? Entréguennos todo lo que poseen, sin dejar nada; nosotros cuidaremos de ello.»

El procedimiento de confiscación es el mismo en todas partes, en Francia, en Holanda, en Bélgica, en los Balcanes, en Europa Central, en Polonia o en los países bálticos. Las poblaciones «trasladadas» cargaban con sus sacos y maletas para estar seguras de que, en su «nuevo país«, podrían al menos subsistir hasta que la situación cambiara.

Con los polacos y judíos que residen en territorios integrados en el Reich emplean un método distinto. Estos tendrán que ceder su morada a los colonos alemanes, a cuyo poder pasará todo lo que en ella se encuentre, incluídos muebles y hasta la ropa interior. El secuestro es efectuado por el Comisariado de recuperación de la nación alemana (el Reichskommissariat für dic Festigung des deutschen Volkstums, R.K.F.D.V.), cuyo jefe es Himmler. Sus directrices precisan: cada polaco puede llevar consigo una maleta, un traje completo y una manta. No podrá llevar acciones, ni divisas, ni cuenta bancaria ni objetos de valor (oro, platino, etc., a excepción de la alianza). Es, sin embargo, tolerado que los «trasladados», recuperen en sus compañeros los objetos de primera necesidad que puedan hacerles falta. En cuanto a los «transferidos», de Hungría, éstos deben llevárselo todo consigo a fin de evitar el pillaje de sus bienes a manos de sus compatriotas que se quedan.

Esta avalancha de oro, de divisas y de ropa de buena calidad era una crecida constante del río opulento de las SS. La industria ya no tenía necesidad de trabajar para atender a sus necesidades: así podía dedicarse exclusivamente a la fabricación de uniformes y de armamento. En principio, todo lo que entra en Sachsenhausen: ropa, maletas y su contenido, es rigurosamente contabilizado. Después, una vez hecho el inventario de todo ello, lo toma a su cargo la Administración de los Bienes de los Deportados. Como se ve, todo impecablemente organizado.

El almacenaje y control del calzado y vestuario es cosa de otros: los prisioneros encargados del almacén. Lo hacen metiendo cada lote individual en un saco de papel (con frecuencia queda demasiado justo, porque es prodigioso ver lo que un refugiado, posiblemente apremiado por el tiempo y por las amenazas de los SS, puede meter en una simple maleta).

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