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Vida y Obra Literaria de Florencio Sanchez Escritor Uruguayo

Vida y Obra Literaria de Florencio Sanchez Escritor Uruguayo

Es el más grande dramaturgo rioplatense del período realista, y uno de los mayores de toda Hispanoamérica.

Su Vida. Nacido en Montevideo (1875) de hogar humilde, realizó sus estudios primarios en Minas, adonde se habían trasladado sus padres (1882). En un diario local se inició como escritor, bajo seudónimo, con diversos artículos y otros tanteos literarios (1890).

En los años siguientes cambió de empleos, intervino en una revolución política, y realizó dos viajes temporarios a Buenos

Aires. Esta fue su época de extremista, que le dejó como saldo una amarga decepción.

Regresó nuevamente a Buenos Aires (1898), trabajó como periodista en Rosario, pero abandonó el cargo y la ciudad para evitar implicancias políticas.

En Buenos Aires (1900) se entregó a la bohemia literaria de entonces, cultivó la amistad de importantes figuras literarias del momento, colaboró en diversas publicaciones, y se inició en el teatro.

Estrenó con éxito su obra M’hijo el dotor (1903), en el Teatro Coliseo, y a partir de entonces, y en el término de seis años, escribió veinte obras dramáticas.

El mismo año de M’hijo el dotor se casó. Se fue a vivir a Banfield (1905), en busca de quietud y tranquilidad y ese año estrenó Barranca abajo con singular aplauso de público y el reconocimiento de la prensa.

Se sucedieron entonces sus dramas, escritos entre el torbellino de su existencia agitada y una neurastenia que lo agobiaba: La Gringa (1904), En familia (1905), Los muertos (1905), Los derechos de la salud (1907) y Nuestros hijos (1907).

Comisionado por el gobierno del Uruguay «para informar sobre la concurrencia de la República a la exposición artística de Roma», salió rumbo al viejo continente (1909), donde entre gestiones con empresarios teatrales y viajes, y los embates de una tuberculosis implacable, falleció en un hospital de Milán (1910).

La obra de Florencio Sánchez. La obra dramática de Florencio Sánchez, ha sido clasificada por la crítica en dos grupos: comedias, saínetes y cuadros de calidad rápida (Moneda falsa, Canillita y otras

); y obras mayores, de tema rural (M’hijo el dotor; La Gringa; Barranca abajo) y de tema urbano (En familia; Nuestros hijos; Los muertos; Los derechos de la salud).

Fue un escritor de creación rápida, casi febril, y desordenada, que llegó a componer algunas de sus piezas en 35 ó 40 días.

No se atuvo a normas académicas, pues su cultura era débil y, por otra parte, su temperamento individualista no se lo permitía.

Escribía sobre los hechos que le entregaba la observación diaria de la vida, y nunca sobre asuntos leídos o investigados con erudición.

El contenido de su teatro se caracteriza por la simpatía hacia los humildes, aunque sin desprecio por los pudientes; poco contenido de ideas; una ética relativista e individualista; un enfrentamiento con los prejuicios establecidos y las normas convencionales de la sociedad; una filosofía fatalista ante la existencia humana, que casi siempre presenta teñida de dolor.

La crítica ha tratado en vano de encontrar influencias o imitaciones en su obra, pero no han podido ser demostradas: Ibsen, Hauptman, Sudermann, Strindberg, etc.

El punto de contacto con estos y otros autores europeos contemporáneos está en la presentación de psicologias conflictuales, el rechazo de las conveniencias sociales, y la prédica en favor de los humildes, los desvalidos y los marginados. Pero no alcanzó la fuerza dramática ni tuvo tampoco el dominio de la técnica escénica de ellos.

Estéticamente, no participó del teatro de tipo gauchesco tradicional, y aun lo repudió.

Creía que el teatro tampoco era el lugar apropiado para la expresión de hechos bárbaros o físicamente ampulosos, sino que debía respetarse el escenario y montar obras de mayor factura artística, y lengua más cuidada, aunque verídica.

La mejor parte de su teatro es la serie de dramas rurales y de la vida urbana.

En ellas su arte es de concepción simple y clara: reflejar directa y honradamente los conflictos, desarrollarlos con naturalidad, en su ambiente real, sin exageraciones ni artificiosidad, y a través de un lenguaje fiel.

La acción es intensa y marcha con decisión hacia el desenlace. No se pierde en discursos ni diálogos idealizados, ni tampoco en acciones paralelas o digresiones que enturbien la trama central o compliquen la situación dramática.

Tampoco hay lugar para el análisis psicológico: los personajes tienen, claro está, su psicología, pero ella se comprende más a través de su actuación que a través de parlamentos o confesiones.

Por eso se ha dicho que Sánchez no analizaba ni profundizaba sus caracteres sino que los mostraba, los pintaba.

«Barranca abajo«. Éste es uno de los mejores dramas de Sánchez, junto con M’hijo el dotor y La Gringa.

Zoilo, un viejo gaucho aquerenciado en su lugar se ve de pronto sin su campo, su hacienda y su rancho, por maniobras de unos especuladores de la ciudad.

A esta desgracia se le suman otras: su hija Prudencia engaña al joven Jacinto haciendo el amor desvergonzadamente a Juan Luis: su hermana Rudecinda colabora en esta patraña con su comadre Martiniana y anda en amores con el comisario del pueblo; su esposa Dolores, mujer sin carácter, no ha sabido imponer la educación necesaria en el hogar; por último Robustiana, muchacha enferma, muere al poco tiempo por causa de los disgustos que ha tenido que soportar.

Cansadas estas mujeres de la vida miserable que han venido llevando, huyen un dia a la estancia de Juan Luis ayudadas por Martiniana, al tiempo que queda en el rancho solamente el cadáver del viejo Zoilo que se ha ahorcado.

No hay en esta otra, como tampoco en las demás de Sánchez, grandes caracteres o tipos literarios permanentes.

Pero el viejo Zoilo es una de las figuras mejor logradas en todo el teatro de Sánchez. No hay gran pasión en los personajes ni en el drama, el cual es presentado por el autor con una suerte de imparcialidad, para que el público se conmueva y tome partido frente a la mera observación del conflicto.

Aunque los hechos son en sí mismos inmorales, el autor no se complace en escenas deshonestas ni en diálogos escabrosos; adopta más bien la posición de un expositor amoralista, que plantea el caso con la máxima economía de recursos, y deja las conclusiones para el espectador.

Pero sus simpatías están con don Zoilo, la única víctima de tantas injusticias e iniquidades.

Consecuente con su técnica de dramaturgo, no declama por boca de los personajes en defensa del viejo. Lo deja allí, con su tormento, sin agregar nada más.

Quizás esto tenga su explicación en una modalidad psicológica de Sánchez, de quien ha dicho un crítico que gustaba de las intimidades, pero que era reservado con las suyas.

No revela psicología profunda, ni exquisiteces técnicas. La acción se presenta descarnada, rumbo a las consecuencias inevitables de la situación planteada.

No puede inferirse una filosofía de la vida de ella, ni siquiera tampoco la tesis de que lo nuevo se sobrepone a lo viejo, los jóvenes a sus padres, la ciudad al campo, porque razonamientos de esta naturaleza escapaban a la intención del dramaturgo.

OBRAS Y EDICIONES: Teatro completo. Buenos Aires, El Ateneo, 1931. Con prólogo de Vicente Martínez Cuitiño.

Fuente Consultada:Literatura Española, Hipanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete, Editorial: PLus Ultra

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