El Vino Tetra Brik: La Calidad del Vino Envasado en Cajas de Cartón



El Vino Tetra Brik – Envasado en Cajas de Cartón

Ahora que entendemos una de las causas del mal de la «bebida dulce», pongamos nuestra mirada en el vino de cajita de cartón.

¿Por qué no existen los concursos de cata con vino de cartón?. ¿Cuál es el problema?. ¿Es feo el envase?. ¿No conserva bien al vino?. ¿O lo malo es el vino que lleva adentro?.

En el mundo se producen vinos envasados en cartón casi tanto como en botellas.

En la Argentina, quinto elaborador mundial de vinos, la mitad de la producción (a veces más, a veces menos) se envasa en tetraedro de cartón, una parte de ella se exporta a Europa y la otra se consume fronteras adentro —para más datos sobre el consumo local del tetra se puede recorrer la zona del Rosedal en la ciudad de Buenos Aires luego del día del estudiante (21 de septiembre) y contar una a una las cajitas de cartón: de los casi treinta mil envases de bebidas descartados en el día, aproximadamente la mitad serán cajitas de vino en tetrabrick.

Que el vino en cajita esté asociado a la baja calidad y a la baja cultura, la pobreza y el alcoholismo, cuando no a la pendencia, tiene razones sociales y culturales, como por ejemplo, una de orden simbólica: que no es un buen atuendo para vestir al vino, eso primero.

Sin embargo, su estigma principal radica no tanto en la cajita, sino en lo que tiene adentro, que puede ser, ciertamente, bastante malo.

Y si no, ahí está el caso del envase Tetra Brick®, creado hace más de cincuenta años por el fundador de Tetra Pack, el sueco Rubén Rausing, que fue reconocido como el recipiente más eficaz para proteger el equilibrio bioquímico de cualquier alimento, y no sólo del vino, de la luz, el aire y todos los microorganismos que nos circundan.

Además, se transporta con facilidad, no se rompe y ni se le pica el corcho, porque no tiene.

Esquema  de un Envase Tetra Brick

partes de un envase tetrabrik

El problema del vino en cartón es entonces el problema del vino que se le pone adentro.

Hasta hace muy poco en la Argentina se utilizaron uvas de baja calidad (bajo contenido de azúcares, alta acidez), de viñedos productivamente mal administrados (que dan mayor cantidad de fruta, pero con menor potencial para hacer buenos vinos), uvas que llegan a la bodega quizás enfermas por algún hongo traicionero (como el Aspergillus o el Penicillium, o también el Botrytis cinérea, aunque este último es considerado en algunas regiones del mundo como agente de la «podredumbre noble», lo cual otorga a ciertos vinos gran distinción), lastimadas por un bicho, el granizo o la helada, picadas por los pájaros.

Al ser una uva de baja alcurnia (porque siempre vivió en la pobreza enológica o porque un golpe de clima la sacó del altar), el proceso de vinificación del vino envasado en cartón es menos cuidadoso, más rápido y sencillo: al mosto no se lo deja macerar demasiado, ni se le anda controlando la temperatura todo el tiempo, se arranca la fermentación lo más rápido posible y ni siquiera se completa del todo, porque deberá ser envasado en menos de una semana; el resultado es un vino con azúcares residuales, de ahí su dulzor, que encanta tanto a las abuelas más experimentadas como a los adolescentes que recién se inician.

Y ya sabemos: a más dulce, más sulfuroso.

Es cierto:

al vino en cajita no se lo mima desde su nacimiento ni se lo trata como al llamado, hasta no hace mucho tiempo, vino fino, y mucho menos como al gran vino, ese que todavía tiene el privilegio de reposar más de seis meses en un barril de madera.

El vino en cajita es al gran vino lo que la comida chatarra a las sorprendentes y rebuscadas recetas de los sibaritas de siempre. Pero cada vez menos.

En efecto, en Europa y en los Estados Unidos (y, poquito a poco, en la Argentina) hay muy buenos vinos de cartón, con el impulso de nuevos diseños de envases, aunque con la misma tecnología de sellado aséptico.

Por estos tiempos, una prestigiosa bodega francesa lanzó en Bélgica una nueva marca de vinos en cajitas de cartón de un cuarto litro, con una pajita especial diseñada para producir en nuestras bocas, según los argumentos de venta, una sensación similar a la de beber en una copa.

Que para beber vino es mejor una copa o vaso de cristal, o en su defecto de vidrio, y aun una calavera humana sin la tapa de los sesos, antes que una pajita que sobresale de un envase de cartón, eso es seguro.

Sin embargo, no deberíamos denostar al vino en cartón, vino con todas las letras, por su mal distinguida vestimenta, por su simple y primitivo proceso de fermentación, porque haya sido maltratado desde su nacimiento o porque un imponderable lo haya dañado irreversiblemente.

Después de todo, dentro de muy poco (como ya sucede en Europa y en los Estados Unidos) muchos de nosotros podremos elegir concienzudamente, entre todas las alternativas, qué vino queremos, hecho de la manera que sea.

Pero eso sí: con un etiquetado que contenga la información clara y detallada sobre el contenido, sin que tengamos que conformarnos solamente con los datos del tenor alcohólico.

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Fuente Consultada: El Barman Científico de Facundo Di Genova – Editorial Siglo XXI Editores

FABRICACIÓN DE VINOS : VINO ENVASADO EN CAJAS DE CARTÓN

historia del vino

Enlace Externo:Envases Tetrabrik: ¿de qué están hechos y como se reciclarlos?

La Historia del Mundo en Imágenes


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