El Ancho de EE.UU.

Nombre de las Placas Tectonicas Ubicacion y Teoria Resumen

Nombre de las Placas Tectónicas ,Ubicación y Teoría

La deriva continental: Desde la prehistoria, la búsqueda de minerales metálicos proporcionó a los mineros un amplio conocimiento empírico de la estructura de la corteza terrestre: la forma en que diferentes rocas se disponen en estratos una encima de otra, la posibilidad de que las vetas minerales se abran paso a través de los estratos, y así sucesivamente.

Pero el fundador de la geología como ciencia fue James Hutton, (imagen) que trabajó en Escocia durante la segunda mitad del siglo XVIII. Sus ideas fueron desarrolladas en el siglo XIX por otros precursores, como los geólogos británicos Charles Lyell y Archibald Geikie.

Sus investigaciones entraron en conflicto con las creencias más establecidas sobre la edad de la Tierra y las fuerzas que la habían modelado. Según la opinión predominante, la historia geológica sólo podía interpretarse como una sucesión de catástrofes, entre ellas, el diluvio universal en tiempos de Noé.

Durante los años 60, las ideas científicas sobre la corteza terrestre cambiaron espectacularmente al confirmarse ciertos vagos conceptos que se habían desarrollado durante los tres últimos siglos.

Desde que en 1620 el filósofo inglés Francis Bacon advirtiera que África y América del Sur parecen dos piezas de un enorme rompecabezas, muchos trabajaron sobre esta idea. El más influyente fue el meteorólogo alemán Alfred Wegener, quien en 1915 propuso la teoría de la «deriva continental», según la cual todos los continentes estuvieron unidos en algún momento del pasado. La idea encontró dos partidarios, durante los años 20 y 30, en el geólogo británico Arthur Holmes y el geólogo sudafricano Alexander du Toit.

La aceptación comenzó en 1960, cuando el geofísico norteamericano Harry Hess comprobó que ciertos descubrimientos hechos por oceanógrafos durante la década anterior se ajustaban perfectamente a la idea de la deriva continental.

Entre estos hallazgos figuraba el hecho de que la cordillera que discurre por el centro del océano Atlántico forma parte de un sistema montañoso que puede observarse en todos los océanos, así como el hallazgo de que la corteza terrestre debajo de los océanos es notablemente delgada.

Hess sugirió que las cordilleras oceánicas estaban situadas sobre corrientes de convección ascendentes en el manto y que el material que afloraba, empujado por estas corrientes, se solidificaba en la superficie para formar nueva corteza; esta nueva corteza, a su vez, se desplazaba lateralmente con respecto a la línea de actividad. Estas ideas indicaban que la corteza en las proximidades de las cordilleras era muy reciente y que sería más antigua cuanto más lejos se encontrara del sistema montañoso. Hess denominó a este concepto «expansión del lecho oceánico».

En 1963, los geólogos británicos Fred J. Vine y Drummond H. Matthews descubrieron que la corteza oceánica a ambos lados de la cordillera atlántica estaba magnetizada en bandas paralelas, presentando cada banda una polaridad opuesta a la de sus vecinas. En 1966, se sabía ya que la polaridad del campo magnético de la Tierra se ha invertido varias veces en el pasado reciente, por lo que se dedujo que cada parte nueva de la corteza, en el momento de su formación, asumía la polaridad magnética reinante en su época.

En 1967, el geofísico norteamericano Hugo Benioff observó que los hipocentros de los terremotos en una región sísmica están localizados sobre un plano inclinado que desciende por el borde del continente. El sismólogo japonés Kiyoo Wadati realizó la misma observación, pero el fenómeno recibe solamente el nombre de Benioff.

La «zona de Benioff» representa una zona antigua de la corteza en proceso de sumergirse en el manto terrestre y ser destruida. En esos puntos, el material fundido de la corteza se abre paso hacia la superficie y forma volcanes.

Todos estos fenómenos se combinaron en un único concepto a fines de los años 60. La superficie de la Tierra consiste en varias placas, cada una de las cuales se crea continuamente a lo largo de una cordillera oceánica y se destruye continuamente en una zona de Benioff. El término «placa» fue acuñado por el geólogo norteamericano W. Jason Morgan y, en la actualidad, el concepto en su totalidad recibe el nombre de «tectónica de placas».

mapa tectonicas de placas

Sucesora de la teoría de la deriva continental, la teoría de la tectónica de placas, enunciada a principios de la década del ’70 por varios científicos, postula la existencia de placas litosféricas que se desplazan en forma más o menos independiente unas de otras sobre la blanda astenosfera. También explica la distribución global de los volcanes y de los terremotos.

La litosfera no es una capa continua y uniforme, sino que está dividida en grandes fragmentos o placas litosféricas. Estos fragmentos tienen cierta independencia unos de otros y se desplazan flotando sobre la astenosfera, en forma similar a como lo hacen los grandes bloques de hielo que flotan sobre el agua. Cada una de las placas está totalmente rodeada de otras, y sus formas y tamaños son variados e irregulares.

Existen ocho grandes placas litosféricas: la Pacífica, la Europa-africana, la Antártica, la Asiática, la Norteamericana, la Sudamericana, la Indoaustraliana y la de Nazca, y algunas placas menores, como la del Caribe, la Filipina, la de Cocos y la Arábiga.

1 Placa norteamericana2 Placa pacífica3 Placa de Nazca4 Placa sudamericana
5 Placa africana6 Placa arábiga7 Placa eurasiática8 Placa antártica
9 Placa indoaustraliana____ Convergente______ Divergente 
bordes tectonicos divergente

Bordes convergentes o destructivos. Dos placas con bordes comunes se acercan y colisionan. Una de las placas desciende y se Introduce debajo de la otra (subducción). Se produce este fenómeno cuando el borde de una placa oceánica, que es densa y delgada, choca contra una placa continental, menos densa y más gruesa: la primera se introduce por debajo de la segunda, se ablanda y se funde en el manto. Durante este proceso, se destruye litosfera oceánica. Esto ocurre, por ejemplo, con la placa de Nazca que choca y se introduce debajo de la placa Sudamericana.

bordes tectonicos divergente

Bordes divergentes o constructivos. Dos placas con bordes comunes se alejan o divergen y se forma entre ambas una brecha, a través de la cual asciende el material del magma. Éste se solidifica y se adhiere a los bordes de las placas oceánicas, proceso denominadoacreción, con lo cual se forma nueva litosfera oceánica. Esto ocurre, por ejemplo, con los bordes divergentes de la placa Sudamericana y la Africana.

bordes tectonicos frontera transformacion

Bordes transformantes. Los bordes comunes de dos placas se desplazan uno al lado del otro, lateralmente. En este caso, las placas no chocan ni se alejan: no se crea ni se destruye litosfera; sin embargo, este desplazamiento genera enormes fricciones que liberan energía en forma de terremotos. Uno de los ejemplos más conocidos de bordes transformantes es la falla de San Andrés, en California, producida por el desplazamiento lateral de la placa Pacífica y la Norteamericana.

 LOS BORDES DE PLACAS: BORDES DE LAS PLACAS
En las zonas en que están en contacto dos placas, es decir en sus bordes,,tienen lugar los principales fenómenos geológicos que modelan la superficie del globo. Según sean los movimientos relativos de dos placas en contacto, tenemos tres tipos de bordes.

Los bordes divergentes o constructivos corresponden a las dorsales oceánicas medias. En ellas se da un abundante vulcanísmo, que genera kilómetros cúbicos de basaltos, de composición muy uniforme. Y esta acumulación de basaltos, que presentan el aspecto de lavas almohadilladas por haberse vertido en el mar, forma la nueva corteza oceánica y hace que las dos placas adyacentes se muevan en sentidos opuestos. Al vulcanismo se le suma una actividad sísmica poco profunda.

Los bordes convergentes o destructivos corresponden a las zonas de subducción. Cuando dos placas que se desplazan en sentidos opuestos entran en contacto, una de las dos se hunde bajo la otra y va a destruirse en el manto.

La convergencia va acompañada de violentos fenómenos. Al hundirse, la placa inferior provoca rozamientos que se traducen en movimientos sísmicos. Provoca, también, la producción de magma, que alimenta volcanes de carácter frecuentemente explosivo.

Comprime y deforma fuertemente la placa superior, originando en ella un levantamiento que se convierte en cordillera. Si ambas placas son oceánicas, como en el Pacífico occidental, el levantamiento es un arco insular, erizado de múltiples volcanes, que emerge progresivamente.

Si una placa oceánica entra en contacto con otra continental, la placa oceánica se hunde por debajo de ésta y origina la formación de una imponente cordillera en el borde de la placa continental: es, por ejemplo, el caso de los Andes. Pero la prosecución del movimiento puede hacer que entren en contacto dos continentes y que, al colisionar ambas masas, el movimiento quede bloqueado: así ocurrió en el Himalaya.

Añadamos, por último, que en algunas zonas las placas en contacto se deslizan lateralmente una con respecto a otra. Son los bordes conservadores, así llamados porque en ellos no se da destrucción ni construcción. Dichos bordes quedan materializados por grandes fallas verticales, o fallas transformantes, a lo largo de las cuales se producen intensas fricciones que provocan violentos seísmos. La falla de San Andrés es un buen ejemplo.

Teoria de la Deriva Continental Movimiento de los Continentes

Teoría de la Deriva Continental
Movimiento de los Continentes-Colisión de Placas

En la década de 1920, el geofísico y meteorólogo alemán Alfred Lothar Wegener (1880-1930) afirmó que los continentes se desplazan sobre la superficie del globo y que, ¡nicialmente, habían estado unidos en el supercontinente Pangea, del cual se fueron separando de modo progresivo.

Si se recorta un mapamundi y se le quitan los océanos, se percibe, por ejemplo, que la costa oriental del continente americano calza en el contorno occidental de Europa y de África. Lo mismo ocurre con las demás partes del mundo, como si ellas fuesen las piezas de un enorme rompecabezas. Este hecho sugirió la hipótesis de que los continentes se formaron a partir de un único supercontinente que, en una determinada época geológica, se fracturó en varias partes.

Esa hipótesis ha encontrado en el fondo de los océanos una serie de pruebas en su favor. Una de ellas es la existencia, recientemente comprobada, de sistemas montañosos en el fondo de los mares. Estos cordones se encuentran localizados a una distancia uniforme de las áreas continentales, y constituyen una faja de separación entre ellos. Ese descubrimiento es apenas el primer paso hacia la resolución del gran problema: cuándo y por qué se separaron los continentes.

La oceanografía comprobó que el fondo de los mares se fue formando a medida que los continentes se apartaban. Ese movimiento, que aún persiste, se produce a una velocidad de alrededor de tres centímetros por año. Es así como, a principios de la era cristiana, América estaba unos 60 metros más cerca de Europa y de África de lo que se encuentra actualmente.

En Argentina surgió uno de los primeros grandes apoyos científicos a los argumentos de Wegener, a partir de los trabajos del geólogo Juan Keidel (1877-1954), quien encontró una gran semejanza entre los terrenos que afloran en las Sierras de la Ventana y los de las cercanías de la Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. En su trabajo descubrió una correlación exacta entre las formaciones marinas y continentales de ambas regiones, señal de su evolución conjunta antes de la formación del Océano Atlántico Sur.

La Deriva Continental:

Desde la prehistoria, la búsqueda de minerales metálicos proporcionó a los mineros un amplio conocimiento empírico de la estructura de la corteza terrestre: la forma en que diferentes  rocas se disponen en estratos una encima de otra, la posibilidad de que las vetas minerales se abran paso a través de los estratos, y así sucesivamente.

Teoria de la Deriva Continental Movimiento de los ContinentesPero el fundador de la geología como ciencia fue James Hutton, (imagen) que trabajó en Escocia durante la segunda mitad del siglo XVIII. Sus ideas fueron desarrolladas en el siglo XIX por otros precursores, como los geólogos británicos Charles Lyell y Archibald Geikie.

Sus investigaciones entraron en conflicto con las creencias más establecidas sobre la edad de la Tierra y las fuerzas que la habían modelado.

Según la opinión predominante, la historia geológica sólo podía interpretarse como una sucesión de catástrofes, entre ellas, el diluvio universal en tiempos de Noé.

Sin embargo los nuevos geólogos eran partidarios del «uniformisrmo» que establecían que la historia de la corteza terrestre podía explicarse sencillamente por la acción continua y sumamente prolongada de las fuerzas corrientes de la naturaleza.

Aunque sólo fuera por las dificultades que planteaban los viajes, los primeros geólogos solían restringir sus estudios a las pequeñas zonas que tenían a su alcance, pero algunos estaban dispuestos a pensar a escala planetaria.

A partir de 1600, cuando los mapas del mundo comenzaron a ser más exactos, los geógrafos advirtieron que la costa occidental de África podía encajar con la costa oriental de América como dos piezas de un gigantesco rompecabezas. Este hecho sugería, de manera muy general, que en una época muy remota los dos continentes atlánticos habían estado unidos y que desde entonces se habían ido separando.

Esta hipótesis fue formulada de forma más concreta por el científico francés A. Snider-Pellegrini en 1858; medio siglo más tarde, H.B. Baker presentó su teoría según la cual hace 200 millones de años todos los continentes habían ocupado el sitio de la Antártida y desde entonces se habían separado. F.B. Taylor, un geólogo norteamericano especialmente interesado en la región de los Grandes Lagos, formuló independientemente una teoría similar en 1910.

La teoría de la deriva continental fue formulada concretamente por primera vez por Alfred Wegener, que aparece en la fotografía (abajo), en 1912. Su idea básica era que una masa continental original (Pangea) se había fragmentado y que a lo largo de las eras geológicas se había Ido separando hasta formar los actuales continentes.

Así pues, en la primera década de este siglo, la idea de que incluso los continentes, lejos de permanecer fijos e inmóviles, podían moverse en el curso de vastos períodos de tiempo no era completamente nueva. La persona más estrechamente vinculada a la teoría de la deriva continental (o del desplazamiento continental, como la denominó al principio) fue el meteorólogo alemán Alfred Wegener. (imagen)

Al considerar la teoría por primera vez, se sintió inclinado a descartarla; pero reavivaron su interés las pruebas paleontológicas de que en un pasado remoto debió existir algún puente terrestre que uniera Africa con Brasil, del mismo modo que Gran Bretaña estaba unida al continente hace 20.000 años, a través del canal de la Mancha, y Asia con América del Norte, a través del estrecho de Bering.

Pero éstos eran ejemplos de puentes relativamente cortos. En cambio, el caso del vasto océano Atlántico hizo que Wegener considerara más seriamente la teoría de la deriva continental y, a partir de 1912, se dedicó a desarrollarla.

Postuló entonces la existencia original de un supercontinente, Pangea, que comenzó a separarse durante la era pérmica, hace más de 200 millones de años. América se desplazó hacia el oeste, alejándose de la masa continental eurasiática, y entre los dos continentes se formó el Atlántico.

Australia se desplazó hacia el norte y la India se alejó de Africa. Más adelante, durante el cuaternario (hace 2 millones de años), Groenlandia se separó de Noruega. Algunos archipiélagos importantes, como los de Japón y las Filipinas, se identificaron como fragmentos dejados atrás por estas colosales separaciones.

El conjunto de la teoría proporcionaba una explicación satisfactoria de la distribución actual de las masas de tierra firme o continentales, pero era preciso encontrar el mecanismo que provocaba estos desplazamientos.

A este respecto, Wegener supuso que las masas continentales flotaban sobre algún tipo de magma plástico, como el que mana de las grandes profundidades durante las erupciones volcánicas, y señaló que la constante rotación de la Tierra determinaría una deriva hacia el oeste.

Los mapas de Wegener  muestran la disposición de los continentes durante los períodos carbonífero, eoceno y cuaternario (hace 300, 45 y 2 millones de años, respectivamente). Los terremotos constituyen pruebas de la inestabilidad de la corteza terrestre. El catastrófico sismo de San Francisco, en 1906, se produjo porque la ciudad se encuentra sobre la falla de San Andrees, tal como señaló Wegener.

Wegener se adentró además por otras dos líneas de estudio: Como meteorólogo, estaba interesado en la historia del clima, y pudo comprobar que los cambios climáticos confirmaban sus ideas. La segunda línea resultó menos satisfactoria. Una vez aceptada la idea de que la deriva continental se había producido, no había razones plausibles para suponer que fuera a detenerse.

En consecuencia, trató de demostrarla mediante la determinación exacta, a largos intervalos, de las distancias entre los puntos de diferentes continentes, utilizando métodos astronómicos muy precisos y calculando la duración de las transmisiones por radio. Sus resultados fueron negativos, pero le fue posible argumentar que el ritmo de la deriva era demasiado lento para ser detectado con los métodos relativamente bastos disponibles en la época.

Pero no es sorprendente que no obtuviera los resultados deseados si es cierto que la separación entre Africa y América ha progresado regularmente desde la era pérmica. te ser así, la velocidad media no sería superior a 1 metro en 30 años.

Sin embargo, a fines del siglo XX, el uso del rayo láser y de los satélites artificiales ha permitido medir con notable precisión el ritmo de la deriva continental, confirmando así la teoría de Wegener.

Mohorovicic y la estructura de la Tierra

El 8 de octubre de 1909, se produjo un intenso terremoto a 40 km. al sur de Zagreb, en Croacia (que entonces formaba parte del imperio Austrohúngaro). Otro terremoto ocurrido previamente en Zagreb había determinado la instalación de un sismógrafo en el observatorio meteorológico de la ciudad, dirigido por Andrija Mohorovicic. En su calidad de director del observatorio, Mohorovicic recibió de todas las estaciones de Europa los registros del terremoto de 1909. Después de analizarlos detalladamente, realizó un interesante descubrimiento. Como esperaba, los registros reflejaban dos tipos de ondas: de compresión (P), en las que las partículas oscilan a lo largo de la línea de propagación, y de distorsión (S), en las que el movimiento se produce en ángulo recto con respecto a la línea de propagación.

Luego advirtió que había en realidad dos tipos de ondas P. A escasa distancia del epicentro, la primera onda en llegar se desplaza a una velocidad de 5,5 a 6,5 km. por segundo. A una distancia de unos 170 km., esta onda es superada por una segunda onda, que se desplaza a 8,1 km/s.

Más allá de este punto, hasta los 800 km., es posible detectar las dos ondas, pero luego las más lentas se desvanecen. Mohorovicic interpretó este fenómeno como la prueba de que las ondas más lentas se desplazan directamente hacia el sismógrafo, mientras que las más veloces son refractadas a una profundidad de unos 50 km. En su honor, la capa refractora recibió el nombre de discontinuidad de Mohorovicic, o Moho. Investigaciones posteriores demostraron que la profundidad del

Moho (el límite entre la corteza terrestre y el manto superior) varía entre 30 y 50 km.

■   Hace doscientos millones de años todos los continentes estaban unidos. Esta formación denominada después «Pangea» dio origen a la «teoría de la deriva continental» elaborada en 1912 por el climatólogo Alfred Wegener.

■   La teoría cobró auge hace unos veinte años y los científicos siguen investigando por qué se produce la separación de los continentes que forma en el medio de la fractura un océano cada vez mayor.

■    Dos corrientes explican la causa de la ruptura de los continentes: una sostiene que la fragmentación empieza en la litosfera y la otra que el proceso se Inicia en el manto.

■   En un futuro Inmediato, de acuerdo con la teoría de las placas tectónicas, la India continuará ñundiéndose bajo el Tíbet y, si el movimiento de la placa no se detiene, dentro de diez millones de años, Katmandú que hoy sólo tiene 1324 metros de altura, será la cima de un nuevo Himalaya.

CONFIRMACIÓN DE LA TEORÍA: Varios son los descubrimientos confirman la validez de la teoría de la deriva de los continentes. Uno de ellos es el de la dirección según la cual se orientan las «cordilleras» de los fondos marinos. Las cadenas montañosas del Atlántico, por ejemplo, se encuentran exactamente en medio de la separación existente entre los bloques Europa-África y América del Norte-América del Sur. Por esa razón, se las ha llamado cadenas mesoatlánticas.

Los oceanógrafos descubrieron que esas montañas sumergidas son, en gran parte, volcanes submarinos que arrojan lava continuamente, desde hace más de cien millones de años. Mientras los continentes se iban apartando gradualmente, por esos volcanes salía magma proveniente del interior de la Tierra, material que iba a llenar el espacio abierto.

De hecho, la lava lanzada por esos volcanes se esparció por igual a ambos lados de la cordillera. Esto se ha podido averiguar gracias a que, cuando la lava sale de un volcán y se solidifica, «graba» en la roca que forma la dirección del campo magnético terrestre existente en ese momento: las partículas del óxido de hierro presente en las rocas permanecen magnetizadas con la misma orientación que la que tenía el campo magnético terrestre en el momento de la formación de la roca.

Esto se debe a una ley física, según la cual una masa ferromagnética, al ser enfriada en presencia de un campo magnético hasta que alcance su punto de Curie —temperatura por encima de la cual una sustancia no se muestra magnetizada—, se magnetiza con características que dependen de las del campo magnético reinante. Los científicos comprobaron que esas características no se alteran con el correr del tiempo y que a través de ellas se puede conocer el «camino» recorrido por los polos magnéticos.

Una vez que se develó el misterio que rodeaba a la alternancia de la magnetización, los científicos comprendieron que las montañas submarinas se habían formado sucesivamente, adquiriendo una magnetización acorde con el campo magnético terrestre existente en el momento preciso en que cristalizaron. Esos conocimientos permitieron determinar aproximadamente las edades de las rocas submarinas.

Es así como hoy se sabe con certeza que ellas son más recientes en las regiones próximas a las costas continentales que en el centro de las cordilleras. Hacia esta área se dirigen las corrientes de calor provenientes del centro de la Tierra: en el interior de las cordilleras submarinas continuos desbordes basálticos modifican la corteza terrestre, la que se agrieta constantemente bajo la acción de las corrientes de convexión.

cordillera dorsal mesoatlántica

Desde Islandia hasta América del Sur, el Océano Atlántico es recorrido por una cadena submarina de montañas (representada por la faja coloreada), llamada dorsal mesoatlántica. Ella está formada por montañas volcánicas que arrojan lava continuamente hacia los dos lados, desde hace más de cien millones de años.

PARA SABER MAS…

Al considerar la teoría por primera vez, se sintió inclinado a descartarla; pero reavivaron su interés las pruebas paleontológicas de que en un pasado remoto debió existir algún puente terrestre que uniera África con Brasil, del mismo modo que Gran Bretaña estaba unida al continente hace 20.000 años, a través del canal de la Mancha, y Asia con América del Norte, a través del estrecho de Bering. Pero éstos eran ejemplos de puentes relativamente cortos. En cambio, el caso del vasto océano Atlántico hizo que Wegener considerara más seriamente la teoría de la deriva continental y, a partir de 1912, se dedicó a desarrollarla.

Postuló entonces la existencia original de un supercontinente, Pangea, que comenzó a separarse durante la era pérmica, hace más de 200 millones de años. América se desplazó hacia el oeste, alejándose de la masa continental eurasiática, y entre los dos continentes se formó el Atlántico. Australia se desplazó hacia el norte y la India se alejó de África. Más adelante, durante el cuaternario (hace 2 millones de años), Groenlandia se separó de Noruega. Algunos archipiélagos importantes, como los de Japón y las Filipinas, se identificaron como fragmentos dejados atrás por estas colosales separaciones.

El conjunto de la teoría proporcionaba una explicación satisfactoria de la distribución actual de las masas de tierra firme o continentales, pero era preciso encontrar el mecanismo que provocaba estos desplazamientos. A este respecto, Wegener supuso que las masas continentales flotaban sobre algún tipo de magma plástico, como el que mana de las grandes profundidades durante las erupciones volcánicas, y señaló que la constante rotación de la Tierra determinaría una deriva hacia el oeste.

Wegener se adentró además por otras dos líneas de estudio. Como meteorólogo, estaba interesado en la historia del clima, y pudo comprobar que los cambios climáticos confirmaban sus ideas. La segunda línea resultó menos satisfactoria. Una vez aceptada la idea de que la deriva continental se había producido, no había razones plausibles para suponer que fuera a detenerse. En consecuencia, trató de demostrarla mediante la determinación exacta, a largos intervalos, de las distancias entre los puntos de diferentes continentes, utilizando métodos astronómicos muy precisos y calculando la duración de las transmisiones por radio. Sus resultados fueron negativos, pero le fue posible argumentar que el ritmo de la deriva era demasiado lento para ser detectado con los métodos relativamente bastos disponibles en la época.

Pero no es sorprendente que no obtuviera los resultados deseados si es cierto que la separación entre África y América ha progresado regularmente desde la era pérmica. De ser así, la velocidad media no sería superior a 1 metro en 30 años. Sin embargo, a fines del siglo XX, el uso del rayo láser y de los satélites artificiales ha permitido medir con notable precisión el ritmo de la deriva continental, confirmando así la teoría de Wegener.

La Colisión
Desde hace 50 millones de años, la masa terrestre de la India presiona sobre China con una terrible fuerza que ha dado origen a las altas montañas del Himalaya y ha elevado a una altitud de 4.500 metros los plegamientos de arenisca rojiza que estuvieron en un tiempo a orillas del Tethys, un océano hoy desaparecido. Esta arenisca, ubicada en las cimas de las altas montañas opera como los dinosaurios en la teoría de la deriva continental, ya que contiene numerosos fósiles de plantas y animales.

Por ejemplo, se han encontrado troncos de una clase de árboles originarios de las tierras bajas tropicales. Hay también indicios de un mar que inundaba el territorio, gracias a restos de ofiolita, una roca que se encuentra en las profundidades marinas. ¿Cómo un mar, animales y plantas pudieron llegar a una altura de 6.000 metros? El proceso parece ser el inverso. Fue la Tierra la que se elevó.

Según la teoría, a finales del mesozoico comenzó a abrirse el Océano Indico y el Tethys se redujo paulatinamente de sus 5.000 kilómetros de anchura. Como la superficie de la Tierra permanece constante, el nacimiento y desarrollo de un nuevo océano conduce irremisiblemente a la desaparición y la muerte de otro. La gran isla de la India, comparable en extensión a la Australia actual, se fue acercando a Asia, y al mismo tiempo se alejaba de África y de la Antártida. Por aquella época se abrió el Atlántico: Sudamérica se distanció de África y Norteamérica de Europa.

Después, hace unos 80 millones de años, la India comenzó a desplazarse hacia el norte a una gran velocidad comparativa, más de diez metros por siglo, hasta que, 30 millones de años después y de manera abrupta, la velocidad descendió a sólo cinco metros por siglo.

A partir de ese momento, el subcon-tinente indio empuja, presionando desde el sur a manera de palanca, a la masa principal de China contra el Océano Pacífico y la aplasta hacia afuera.

El choque trae varias consecuencias: por un lado, la India se hunde lentamente y presiona en dirección a un ascenso de las montañas tibetanas. La teoría de las placas tectónicas establece que las masas de roca magmática suelen formarse donde una placa se ha desrizado oblicuamente debajo de otra y se ha fundido, como en este caso. Las gigantescas cámaras de magma empujan la corteza de la placa superior. Una parte del magma brota a manera de erupciones volcánicas.

El proceso de fusión con la formación de nuevo magma, se mantiene a través de la subducción: el deslizamiento de las placas (en este caso del territorio hindú) en sentido descendente. Pero por el otro y como consecuencia del hundimiento, su superficie se reduce considerablemente, hasta su posible desaparición dentro de cientos de millones de años. En el futuro inmediato, la India continuará hundiéndose bajo el Tíbet y las escamas seguirán depositándose en la parte frontal de las montañas. Si el movimiento de la placa no se detiene de improviso, dentro de diez millones de años, Katmandú, que hoy sólo tiene 1.324 metros de altura, podrá coronar la cima de un nuevo Himalaya.