Las Normas de Trabajo

El Desempleo en el Mundo Causas de la Falta de Trabajo

El Desempleo en el Mundo
Causas de la Falta de Trabajo

Probablemente, los datos sobre el porcentaje de desempleo son las estadísticas más conocidas y difundidas. El hecho de que este factor varíe de forma significativa es clara evidencia de que la plena utilización de los recursos de la economía no se produce de forma automática.

Los cambios en los gustos de los consumidores de un determinado producto, las fluctuaciones del comercio nacional e internacional, las innovaciones constantes en los procesos de producción y en los propios productos son las causas fundamentales de las alteraciones en la oferta de trabajo y producen con frecuencia situaciones de desempleo estructural en determinados sectores de la población.

Existen aproximadamente 160 millones de desempleados en el mundo, cifra que arroja la OIT. Por lo tanto, cada 100 trabajadores de todo el mundo, seis están totalmente desempleados.  Además, 16 no pueden ganar lo suficiente para que su familia no esté por debajo de la línea de pobreza.

Esta problemática se agrava si consideramos la subocupación horaria en tanto esta cifra asciende a mil millones.

Sin embargo, las situaciones de desempleo estructural en determinados sectores de la población son consecuencia de las alteraciones en las ofertas de trabajo, propios de las fluctuaciones que evidencia en estos tiempos el comercio tanto nacional como el internacional, además debemos agregarles los cambios en los gustos de los consumidores, que provoca el éxito de un determinado producto o no y sin lugar a dudas, lo importante son las innovaciones constantes en los procesos de producción, que disminuye y transforma la mano de obra humana.

Esto puede explicarse desde dos cuestiones fundamentales, una de ellas es desde el punto de vista de la economía y el segundo desde el rol de los individuos en este círculo. Por ejemplo, no todas las personas consumimos, lo que producimos, lo que evidencia que necesitaríamos más mercados, más consumo, para tener más producción y además más puestos de trabajo (calificado o no, según lo que se requiera).

Y por el otro lado, esa oferta de bienes y consumo por parte de la sociedad esta en intima relación con las economías internacional y nacional.  En ocasiones, quien juega un papel fundamental aquí son las comunicaciones, quien genera desequilibrios en el mercado de bienes y factores.

En la actualidad, el desempleo es un grave problema en casi todo el mundo. Ya que tanto los trabajadores calificados (aquellos que poseen estudios), como los de calificación media o baja, encuentran dificultades a la hora de conseguir un empleo.  Los primeros, la mayoría de veces, no son contratados por tener una calificación mayor a la necesaria para el puesto de trabajo ofrecido.

Sin embargo, la oferta de trabajadores de baja calificación es tan grande, que obviamente se cubre rápidamente. La consecuencia de esta sobreoferta de trabajo, regula la baja de los salarios por parte de las empresas.

Pero, nos tenemos que detener en definir el desempleo. Este visto desde la perspectiva económica, se entiende cuando uno de los recursos productivos, ya sea tierra, trabajo o capital, no esta siendo explotado al máximo de su capacidad potencial, determinado además por los recursos ociosos.  En otras palabras, cualquiera de esos recursos nombrados esta desempleado en su totalidad. Pero sin lugar a dudas, el término desempleo siempre se atribuye cuando el factor trabajo es el que esta afectado.

Cabe aclarar que cuando hablamos de esta problemática, siempre hacemos hincapié en aquellas personas desempleadas pero que demuestran una búsqueda activa de empleo. Sin embargo, otra cuestión que preocupa es el de la subocupación horaria: es decir, personas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y están dispuestas a trabajar más horas.

El efecto que causa el desempleo es de carácter negativo. Por ejemplo, esta problemática causas diversas consecuencias en una sociedad, el la economía y obviamente en relación a ambas, a dicha sociedad en la que se encuentra formando parte, entre otros.

La falta de trabajo y el desempleo han ampliado la cantidad de personas y familias que viven en la precariedad ya que sufrieron una disminución en su capacidad adquisitiva. Otros provocaron el aumento de actividades económicas informales o marginales, que se caracterizan por condiciones de trabajo precarias e inestables realizadas fuera de leyes y de reglamentaciones vigentes (venta ambulante y callejera).

Otra consecuencia, es generalmente la depresión, frustración, que sienten estas personas cuando esta problemática se acentúa en el tiempo viendo que no pueden hacer nada al respecto. Esto se vincula a otro efecto, que muchas veces no se cuantifica por se de índole político social, como lo es el consumo de drogas, la delincuencia, el malestar social, en aumento de la población marginada, entre otras.

Frente a todo lo mencionado anteriormente, el estado muchas veces lanza respuestas frente a la desocupación, ensayando numerosas políticas y programas sociales en el mundo.  Los que mayores éxitos tuvieron son los países desarrollados,  como los europeos, que ofrecen mejores oportunidades a las personas que no tiene trabajo ya que brindan un seguro de desempleo de alta cobertura y un ingreso importante.  Esto no es así en muchos otros, ya los costes financieros para el estado son cuantiosos y genera un déficit público.

Tipos de desempleo: Pueden darse diferentes situaciones por las que una persona no este empleada, esto estará totalmente relacionado con la naturaleza de dichos factores. A saber:

Desempleo friccional: Nosotros los individuos, nos movilizamos de un puesto de trabajo a otro, y en muchos casos vinculados a áreas geográficas alejadas de donde residimos habitualmente.  Esto se llama movimiento pendular. Por lo general, este movimiento es por decisión propia del trabajador y en menor medida haber sido el resultado forzado de abandonar su puesto de trabajo y lograr encontrar otro, convirtiéndose esta persona, en un desempleado involuntario.

Estos movimientos son, en muchos casos, inevitables; es lo que se conoce como desempleo friccional. Sin embargo, el mínimo tiempo en que tarden estas personas en encontrar un nuevo puesto de trabajo, será el grado de alcance que tuvo esta problemática. Mejorar la flexibilidad del mercado laboral en términos de movilidad y facilitar información para el proceso de búsqueda de trabajo a través de agencias—públicas o privadas, es una posible alternativa y ayuda para las personas que padecen esta situación.

Desempleo estacional: Una parte importante del empleo tiene carácter estacional. Algunos puestos laborales están disponibles sólo en algunas épocas del año —por ejemplo, en el turismo o en la agricultura—. El desempleo estacional puede reducirse con la promoción de actividades económicas complementarías y con una reorientación de la demanda fuera de estas etapas estacionales tradicionales.

Desempleo estructural: La demanda de trabajo está condicionada por la de bienes y servicios. Ésta puede verse afectada por diversos factores: cambios en los gustos o en las pautas del comercio internacional, transformaciones referidas a la innovación de producción y productos, etc. Si el factor trabajo fuera completamente flexible y se adaptase a estas variaciones, los cambios en la demanda de bienes y servicios representarían tan sólo el movimiento de un tipo de trabajo a otro y no habría desempleo estructural. Pero el trabajo no es perfectamente flexible y adaptable, ya que aparecen problemas por la rapidez con que se producen los cambios estructurales.

Pueden utilizarse dos estrategias distintas para reducir el desempleo estructural. La primera consistiría en intentar evitar, o por lo menos ralentizar, los cambios de la economía que lo provocan; la segunda, en aceptar la transformación económica que acompaña al crecimiento y adoptar estrategias diseñadas para flexibilizar y hacer que la economía se adapte más fácilmente a tales cambios, por ejemplo, políticas de formación y reinserción ocupacional.

Oferta de trabajo: Cuanto mayor sea la población, mayor será la oferta de trabajo —siempre por parte de los trabajadores—. Por otro lado, aunque el volumen de población no varíe, puede registrarse un incremento de la oferta de trabajo, al aumentar la proporción de individuos en búsqueda activa de empleo. Es decir, sube la tasa de actividad.

Las causas del desempleo: Hay enfoques teóricos muy diversos y una multiplicidad de medidas aplicables. Pueden destacarse tres puntos de vista principales: la visión neoclásica; la keynesiana y la estructural.

La teoría neoclásica del desempleo parte de la función decreciente de la demanda de trabajo y de una función creciente de la oferta de trabajo. El supuesto básico de este modelo es que tanto los salarios monetarios como los precios son completamente flexibles. De esta forma, siempre será posible alcanzar el equilibrio convencional en el mercado.

En esencia, las causas neoclásicas del desempleo son las siguientes: en el mercado no hay un modelo de competencia perfecta, y eso puede afectar a la oferta y demanda de trabajo; asimismo, hay que mencionar la existencia de expectativas que llevan a los trabajadores a demandar salarios reales por encima de los de equilibrio.

Para solucionar estos problemas hay que garantizar una mayor flexibilidad sobre los salarios reales y la perfecta competitividad del mercado. Con el objetivo de estimular el aumento del empleo, esta teoría plantea diversas medidas: aquellas que faciliten la obtención de beneficio por las empresas, las que disminuyan las tensiones sobre los costes de las mismas, sobre todo los costes salariales, y las que aumenten la productividad de las empresas.

Según la teoría keynesiana, las causas del desempleo —y su remedio— no se encuentran en el mercado de trabajo, sino en el mercado de bienes y servicios. Es así porque la cantidad de trabajo demandada por las empresas está condicionada por el volumen de la producción de bienes y servicios que esperan realizar las mismas en el mercado. A mayor demanda, mayor producción y mayor empleo.

El desempleo se origina por insuficiencias en la demanda agregada efectiva. Cuando no hay gasto agregado suficiente, las empresas disminuyen el nivel de empleo utilizado. Esta interpretación no ha sabido dar una respuesta a la existencia simultánea de desempleo e inflación en una economía; es lo que se conoce con el término de «estanflación ».

Malinvaud resume el problema del desempleo considerando las dos interpretaciones anteriores: el desempleo actual puede estar originado por tensiones al alza en los salarios reales en el mercado de trabajo, y por una insuficiencia de la demanda agregada. A la hora de solucionar el desempleo, hay un conjunto de medidas que actúan sobre los dos enfoques.

Por ejemplo, impulsar la demanda agregada vía inversión productiva —formación bruta de capital—. Junto al impulso en la demanda, esta medida supone alcanzar una mayor productividad, que implica una disminución en los costes del factor trabajo sin que tenga que afectar a los salarios reales.

Según las teorías microeconómicas del desempleo, no pueden considerarse explicaciones generales del mercado de trabajo. Lo que se intenta hacer es analizar algunas características concretas del problema del desempleo. Para ello se utiliza una aproximación microeconómica, que observa la alta segmentación del mercado laboral y el difícil acceso de los desempleados a los distintos puestos de trabajo.

Estos planteamientos se conocen como teorías de búsqueda de empleo. Otro problema analizado es cómo inciden los distintos tipos de contrataciones —temporales, fijas, etc. — dentro del problema del desempleo.

Las teorías estructurales comprenden un conjunto de hipótesis que tratan de explicar las causas del desempleo a través de factores como la propia naturaleza del sistema capitalista.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe – Wikipedia –

Biografia James Watt Historia de la Maquina a Vapor

Biografía James Watt
Historia de la Máquina a Vapor

BIOGRAFÍA DE JAMES WATT: Nacido en Greenock, Escocia, fue discípulo de Joseph Black en la Universidad de Glasgow; construyó y patentó en 1769, a partir de una máquina atmosférica de Thomas Newcomen (1633-1729) y Savery de 1712, el primer motor a vapor con cámara de condensación externa de uso practico, iniciando su fabricación en 1772 en una sociedad con John Roebuck y luego en 1774 con Matthew Boulton, y siempre con cilindros verticales y movimiento alternativo para bombear agua.

El primer uso fue desagotar minas inundadas, con lo que aumentó y se abarató la producción de carbón, mejorando la calidad de vida de toda la población, y luego para riego.

James watt

Después de un siglo de tentativas para dominar la fuerza expansiva del vapor y aplicarla a la industria humana, en las que se ilustraron Papin, Savery y Newcomen, el escocés Jaime Watt logró triunfar en tan importante propósito y construir la primera máquina de vapor realmente dicha, pues las de sus precursores eran más bien máquinas atmosféricas.

Los tiempos estaban maduros, y a la máquina de vapor hubiera podido ir vinculado otro nombre que el de Watt.

Sin embargo, fue este escocés quien, con su habilidad mecánica, su pericia matemática, su fertilidad cerebral y su tenacidad a toda prueba, abrió a la industria un camino hasta entonces desconocido.

En consecuencia, Watt figura a la base de la revolución industrial del siglo XIX, la cual había de producir tan sensibles efectos en los hechos históricos de los tiempos más próximos a nosotros.

En 1781 desarrolló su segunda versión, de doble efecto; agregándose la corredera de apertura y cierre de válvulas en 1782, y la mejora del mecanismo biela-manivela para convertir movimiento rectilíneo alternativo en rotatorio en 1783, con lo que la máquina adquirió niveles de practicidad y confiabilidad que la hicieron servir de base motriz para máquinas textiles (Richard Arkwright) y otros dispositivos mas avanzados.

La de Newcomen no había tenido difusión por tener muy bajo rendimiento.

El especial significado que tiene este desarrollo, es que nunca el hombre había contado con una máquina que le suministrara energía en forma confiable, sin recurrir a su propia fuerza ni a la de los animales.

Hacia 1800 la máquina  a vapor ya era un producto comercial, y la firma Watt & Boulton tenía, por patentes y por su habilidad comercial, casi el monopolio en toda Europa.

Lo novedoso de la  máquina de Watt es que presentaba  dos importantes mejoras: el condensador y el cierre de la parte alta del cilindro, que permitían introducir vapor a baja presión por encima del pistón (la innovación vino a sustituir el empleo de la presión atmosférica, y aumentó considerablemente el trabajo del pistón en la carrera de descenso).

Al igual que ocurre con la mayor parte de los nuevos proyectos, el inventor tuvo que subsanar algunas deficiencias, pero el resultado fue un aumento de rendimiento considerable (una de las primeras máquinas de Boulton & Watt, por ejemplo, funcionaría sólo con una de las dos calderas que alimentaban a la de Newcomen).

Las mejoras realizadas por Watt continuaron; prácticamente en cada nueva máquina aparecía algún detalle innovador, alguno de ellos con buenos resultados y reproducidos en unidades posteriores.

En 1777 construyó una máquina de vapor a mayor presión, el cual, al expandirse, movía el pistón. Funcionó bien, pero Watt prefirió las de baja presión, y dejó a otros la posibilidad de desarrollar las máquinas de expansión.

El precio era fijado según la cantidad de caballos que podía reemplazar, de donde salió luego el término horsepower.

El constante perfeccionamiento de estos motores, dio lugar a que en 1807 Robert Fulton y en 1814 George Stephenson presentaran los primeros barcos y locomotoras, iniciando la era de las máquinas a vapor móviles en barcos y ferrocarriles, dando lugar a los mayores emprendimientos comerciales del siglo XIX.

En 1882 se designa con el nombre de Watt a la unidad de potencia, equivalente a un Joule/seg o a una corriente de un Ampere pasando por una resistencia de un Ohm.  El Kwatt = 1000 watt, también equivale a 102 kgm/seg = 1,36 CV = 1,34 HP

Finalmente, George Stephenson hizo practicable la locomoción a vapor por su Roeket, que alcanzó la excepcional velocidad de 31 millas por hora en la línea de Manchester a Liverpool (1830).

Watt tras retirarse. Watt trabajó en el taller del desván de su casa de Heathfield, en Birmingham, donde se interesó, entre otras cosas, por la construcción de máquinas para la reproducción de esculturas.

Un Poco de Historia….
Máquina de vapor de Newcomen:

El uso del coque en la metalurgia del hierro  acrecentó la demanda de carbón, pues de él se obtenía el coque, y eso imponía la necesidad de algún dispositivo para bombear el agua de las minas.

«El amigo del minero», de Savery, resultaba escasamente eficaz y demasiado peligroso.

En 1712, un ingeniero inglés, Thomas Newcomen (1663-1729), ideó una nueva máquina de vapor.

No dependía de este último para formar un vacío que succionara el agua, y luego utilizara el vapor a elevada presión para sacar aquélla al exterior.

El ingenio de Newcomen  empleaba el vapor a baja presión para impulsar un pistón.

Esto significaba que los pistones no tenían que ajustar tan perfectamente como cuando se usaba el vapor a alta presión, y por tanto la maquina resultaba menos peligrosa.

Las máquinas de Newcomen alcanzaron gran popularidad, pero continuaban siendo lamentablemente ineficaces.

La mayor parte del calor generado por el combustible servía para calentar el depósito hasta que el agua alcanzaba el punto de ebullición, desprendía vapor e impulsaba el pistón.

Entonces el depósito se enfriaba, a fin de devolver el pistón a su posición primitiva.

Después, el depósito debía llenarse de nuevo con agua y calentarse otra vez para lograr otro avance del pistón. (ver animación del funcionamiento de la maquina)

EL VAPOR DE AGUA: La fuerza expansiva del agua llevada a ebullición  (vapor) no pudo no pudo utilizarse como fuente de energía hasta finales del siglo XVIII, cuando los principales científicos en los que se basa la tecnología del vapor ya estaban asentados.

Los estudios de Christian Huygens y los experimentos de Otto von Guericke darán a conocer las propiedades del vacío y de la presión atmosférica.

Surgirán entonces los primeros intentos de aprovechamiento de la fuerza del vapor.

Uno de ellos fue el «digestor de huesos» de Denis Papin, precursor de las modernas ollas a presión, que consistía en una caldera que se cerraba herméticamente tras cubrir de agua los alimentos que contenía.

Una vez puesta al fuego, el agua se calentaba más allá del punto de ebullición convirtiéndose en vapor, con lo cual los alimentos se cocían mucho más rápidamente.

Hasta llegar a la máquina de Watt, la tecnología del vapor evolucionará rápidamente y sus efectos se dejarán sentir en casi todos los aspectos de la civilización del siglo XIX.

Podemos considerar una última fuente de energía, de origen químico, íntimamente ligada a la producción del vapor: la combustión del carbón, que hasta la revolución industrial se había utilizado de manera aislada, y que se convertirá en el auténtico motor de la nueva maquinaria, al ser empleado para la producción de vapor en grandes cantidades.

A través del tiempo el hombre ha tenido que esforzarse en transformar la energía que le rodea en energía útil para su trabajo: la fuerza de los animales se ha utilizado para aliviar las tareas del campo, la fuerza de los ríos y de los saltos de agua se ha convertido en energía mecánica al poner en movimiento una rueda que, con su fuerza, puede moler el grano o trasladar el agua de un nivel a otro.

Los molinos han convertido la fuerza del viento en energía mecánica capaz de bombear agua.

Finalmente, la energía desprendida por el carbón en el proceso de la combustión se ha invertido en la formación de vapor, y el vapor, a su vez, ha utilizado su fuerza expansiva para mover barcos o ferrocarriles.

La expansión de la minería y de la industria siderúrgica, dos piezas fundamentales de la revolución industrial, recibió un enorme impulso gracias a la invención y fabricación de las máquinas de vapor.

Uno de los problemas clásicos de la mineria era el drenaje o extracción del agua de las minas, resuelto con norias y diversos sistemas de bombeo.

La siderurgia empleaba también la energía hidráulica para mover los fuelles. Pero las ruedas hidráulicas tenían el inconveniente de que las industrias debían situarse cerca de los ríos. La máquina de vapor resolvió el problema de la energía.

LA MÁQUINA DE VAPOR

A menudo se desconoce que la tecnología del vapor tiene uno de sus inicios en España, en una fecha muy anterior al desarrollo de las máquinas inglesas.

En 1606 Jerónimo de Ayanz patenta y posiblemente ensaya sus máquinas en Valladolid, máquinas que además tienen ya una finalidad industrial.

El inventor español se adelanta así a Savery y a Newcomen, con su máquina para el desagüe de las minas.

La máquina funciona de tal manera que el agua que se quiere elevar desde el interior de la mina es conducida a un depósito, que a su vez está conectado mediante una tubería a una caldera que produce vapor.

Cuando se enciende la caldera y empieza a generar vapor, éste obliga al agua del depósito a elevarse, a través de otra tubería que comunica con el exterior, y que puede ser tan alta como lo permita la presión de la caldera.

Con la instalación de un segundo depósito se consigue que la máquina bombee agua continuamente, ya que cuando el vapor está acabando de desalojar el agua de un de empezarse de nuevo el proceso.

Nuestro autor había previsto utilizar sus ingenios para elevar el agua de los pozos en las casas y para obtener chorros decorativos en las fuentes de los jardines.

Sus máquinas posiblemente se utilizaron en las minas de Guadalcanal, pero tras su muerte ninguno de sus herederos se interesó en explotar sus invenciones y los tempranos descubrimientos de Ayanz se perdieron en la apática sociedad del XVII español.

Savery y Newcomen: Habrá que esperar hasta 1698 para encontrar algo parecido a la patente de Ayanz de 1606. En este año, Thomas Savery, inventor inglés con espíritu industrial, patenta una máquina para sacar agua de las minas.

Su invento fue conocida como «el amigo del minero» y se comercializó con bastante rapidez, a pesar de la relativa frecuencia con que reventaban las calderas y las tuberías.

Su diseño era muy parecido al prototipo de Ayanz con sus dos depósitos, incorporando además un recipiente con agua fría, que servía para refrigerar el depósito, una vez vaciado por la acción del vapor, facilitando así la condensación del vapor y creando el vacío necesario para que el depósito volviera a llenarse con agua de la mina.

Thomas Newcomen se interesó por la mecanización de las bombas de extracción de las minas y, a pesar de ser contemporáneo de Savery, su trabajo se basó en un principio completamente diferente: no se trataba de utilizar la fuerza expansiva del vapor como elemento de empuje para desalojar el agua de las minas, sino de crear un vacío conseguido mediante la condensación del vapor.

El vapor en este caso sólo es un agente intermediario, y la fuente de energía es la presión del aire.

Por este motivo la máquina de Newcomen se denomina «máquina de vapor atmosférica».

El dispositivo de Newcomen constaba de un cilindro con un pistón conectado con una caldera en su parte inferior. El vapor obtenido por la caldera entraba en el cilindro haciendo subir el pistón.

Una vez lleno el cilindro de vapor, se cerraba el grifo del vapor y se refrigeraba el cilindro con el agua fría de un depósito adyacente, haciendo que el vapor se condensase y creando el vacío en el cilindro, con lo cual el pistón bajaba bruscamente a causa de la presión atmosférica.

El pistón con su movimiento ascendente y descendente permitía así el bombeo del agua.

James Watt El siguiente paso lo daría James Watt, estudiando un modelo de maquina de Newcomen.

Observó que el vapor perdía calor al hacer que el cilindro se enfriara con agua y para evitarlo propuso condensar el vapor en un cilindro separado (un condensador), que colocaría junto al cilindro impulsor.

Watt construyó un modelo de su máquina, que funcione perfectamente, y en 1769 obtuvo su patente.

Entró en contacto con el industrial Matthew Boulton, que pensó en la aplicación que podría tener la nueva máquina en la industria; en 1775 ambos formaban una compañía, cuya factoría fue la primera en fabricar motores a escala industrial.

En 1784, James Watt inventa la biela y el cigüeñal para transformar el vaivén de un pistón en un movimiento circular con la capacidad de hacer girar una rueda, permitiendo asi el movimiento. 

El coche a vapor es el medio de transporte ideal durante la primera parte del siglo XIX cuando se crea la línea Londres-Birmingham facilitando este invento al común de la gente.

Betancourt fue un ingeniero canario que siguió muy de cerca la evolución de la máquina de vapor y que aportó además una innovación muy significativa, con su máquina de doble efecto, que, además de la caída del pistón, aprovechaba su subida para la producción de trabajo.

Más importante que esto fue su papel en la difusión por Europa de la maquina de vapor, o, como fue llamada en su época, «máquina filosofal», máxima realización de la nueva ciencia del vapor.

esquema maquina a vapor

Estos son los componentes principales de un motor típico de vapor de doble acción de Watt, como el construido hacia 1790.

El vapor de una caldera es introducido alternativamente a cada lado del émbolo, para que el motor sea de doble acción: tanto el movimiento ascendente como el descendente están impulsados por vapor.

Después de pasar a través del cilindro, el vapor es condensado en agua, que es extraída a través de una bomba de aire.

Mientras se condensa el vapor, se crea un vacío parcial en la parte del cilindro donde se mueve el émbolo. Así, aunque la presión del vapor en los motores de Watt no sobrepasa la atmósfera y medía, la diferencia relativa de presión dentro del cilindro aumenta la potencia efectiva del motor.

LA ECLOSIÓN DEL MAQUINISMO

Desde mediados del siglo XVIII, la máquina fue usurpando cada vez mayor número de funciones al hombre, multiplicando enormemente la producción y propiciando importantísimos cambios en las condiciones de trabajo y en el marco de las relaciones laborales imperantes.

La aplicación del vapor Las máquinas de vapor de Savery y de Newcomen se aplicaron principalmente al bombeo de agua tanto para abastecer ciudades y ruedas hidráulicas —algunas de las cuales movieron los primeros ingenios textiles—, como, sobre todo, para achicar agua de las minas.

No obstante, tales máquinas no eran capaces de producir movimiento rotatorio, lo que explica, entre otras cosas, el enorme éxito de la máquina de Watt-Boulton, que rápidamente se utilizó en la siderurgia, sobre todo para mover los fuelles de fundición de los altos hornos (desde 1766) y para suministrar energía motriz a otras maquinarias, como un molino harinero (1785).

Las primeras máquinas-herramientas aparecieron en 1783, cuando se aplicó en los talleres Wilkinson una de las máquinas de vapor para mover un martillo de forja y en 1784 se usó para elevar unas carretillas con mineral en una mina, que se deslizaban por unos railes metálicos.

También se utilizó para accionar una laminadora para hierro y pronto se realizaron los primeros experimentos para aplicar el vapor a la navegación fluvial (1815) y marítima (1833) y al transporte terrestre, para el que G. Stephenson puso a punto la locomotora entre 1814 y 1830, abriendo la era del ferrocarril, a la que seguirá la del automóvil desde el descubrimiento del motor de explosión (1863).

Máquinas para hilar y tejer En la industria textil y, en concreto, en el algodón, también se fueron aplicando máquinas cada vez más automatizadas y rápidas, en un afán por responder a las exigencias impuestas por la libre competencia y por la presión para dominar el mercado.

Tras las introducción de la lanzadera volante de J. Kay (1733), los primeros inventos se concentraron en los hiladores mecánicos, lo cual es lógico, pues los hiladores seguían hilando a rueca o torno y no alcanzaban a satisfacer la demanda de materia prima de los tejedores.

En 1769, un pequeño comerciante, R. Arkwright, patentó un telar hidráulico muy adecuado, que fabricaba un hilo fuerte y resistente. Al año siguiente, el carpintero e hilador, J. Hargreaves hizo lo propio con su spinning-jenny de husos múltiples, que fue mejorada inmediatamente después por Haley y resultaba muy apropiada para los hilos de entramado.

En 1774, S. Crompton perfeccionó ambos inventos con su mule, que obtenía un hilo de extremada finura y resistencia, y el propio Arkwright, en 1785, consiguió una cardadora continua y totalmente mecánica.

Tales innovaciones permitieron la aparición de la manufactura de tejidos hechos totalmente a base de algodón, mucho más baratos y de más fácil lavado que los habituales en la época.

Además, la introducción de la máquina de Boulton y Watt para mover la maquinaria de las grandes manufacturas algodoneras planteó la necesidad de contar con tejedores mecánicos capaces de absorber la enorme cantidad de producción de hilos.

Los primeros ensayos —debidos al predicador E. Cartwright en 1791— no fueron satisfactorios y la siguiente máquina, inventada por J. M. Jacquard en 1801, se aplicó, primero, a la seda y en 1830 al estambre. R. Roberts, por su parte, consiguió en 1823 lo que podríamos denominar el primer telar normalizado, pronto perfeccionado y adaptado para la fabricación de tejidos de fantasía.

A partir de entonces, el maquinismo se desarrolló enormemente, no sólo con nuevos inventos, sino también difundiéndose por el mundo desarrollado, a ritmos distintos según los países.

La impresión a gran tirada La necesidad de información aumentó de forma paralela al desarrollo técnico y económico, y la comunicación escrita sólo pudo responder a estas nuevas exigencias mediante la mecanización de los procesos tipográficos.

En 1811, F. Koenig introdujo la impresora cilíndrica o de rodillo, movida por energía mecánica y, en 1814, una versión perfeccionada comenzó a imprimir The Times, produciendo 1.100 hojas por hora. Esta impresora aprovechó la innovación de L. N. Robert (1798), que permitía fabricar papel en rollo.

A finales del siglo XIX, se consiguió el papel de celulosa de madera (C. F. Dahl y B.J. Tilghman, con lo que se pudo satisfacer la enorme demanda de papel exigida por una impresión cada vez más rápida y de mayor tirada, sobre todo desde que se aplicaron las máquinas de fundido de tipos en serie: la linotipia (O. Mergenthaler, 1883-86), la monotipia (1885) y la tipografía (1890), que dominaron el mercado hasta la llegada de la fotocomposición en 1970.

Pero aún mayores fueron los progresos en el campo de la ilustración mecánica al aplicar los nuevos inventos conseguidos en la fotografía y en la química: el fotograbado (K. Klic, 1879) y la fotocromía (O. Fussli).

Además, a lo largo del siglo XX, el desarrollo de los sistemas fotográficos y de reproducción rápida y la posterior aplicación de la informática a los procesos de impresión han revolucionado el mundo de la comunicación escrita. Todos los procesos descritos alcanzaron progresos inusitados según se fueron introduciendo nuevas fuentes de energía —electricidad y derivados del petróleo sobretodo—, alas que se aplicaron máquinas cada vez más adecuadas y eficaces.

La era del vapor
Se puede decir que la era del vapor se inició con la máquina rotativa de Watt en 1781. En 1782 una máquina de Watt accionaba el martillo de un yunque.

En 1784 se usó como arrolladora de cuerdas en las minas de carbón. En 1785 hacía funcionar un molino harinero.

En 1787 comenzó a hilar algodón. Por el año 1810 funcionaban alrededor de 500 máquinas Watt en las hilanderías de algodón.

En el lapso de una generación hizo dar vueltas las paletas de los barcos, propulsó las ruedas de hierro de las locomotoras, trilló el maíz sin pérdida, dragó ríos, desaguó pantanos, dio movimiento a fábricas de papel, cristalerías, alfarerías y aserraderos.

Este cambio fue maravilloso. La Inglaterra de 1790 no se diferenciaba del antiguo Imperio Romano. Tenía el mismo sistema postal, las mismas carreteras,  el mismo arado con una yunta de bueyes, los mismos artesanos que hacían zapatos, rega o muebles.

Más aún, un barco romano de remos pudo alcanzar a un velero inglés. Desde hacía varios siglos, la población inglesa, que era de cinco millones de habitantes, se mantenía estacionaria.

De pronto, una generación después, Inglaterra tenía una población de once millones. Ruedas mecánicas tejían su tela. Las ciudades de Birmingham y Manchester, ubicadas cerca de las minas de carbón, prosperaban como ciudades textiles. La vida cobró nueva animación.

De una nación labradora, Inglaterra había pasado a ser la primera nación industrial del mundo.

La curiosa expansión del vapor quedaba por fin atrapada en la máquina de vapor de Watt cual gigante de energía dominado y obligado a ser amigo de la humanidad.

Había nacido el Hombre Mecánico.

CRONOLOGÍA DEL USO DE LA MÁQUINA A VAPOR Y OTROS ADELANTOS

1765: Máquina de vapor de Watt.
1798: Primera máquina de estampado en hierro de Stanhope.
1802: Primer barco de vapor de Symington.
1803: Máquina para hacer papel de los hermanos Fourdrinier.
1804: Primera locomotora de vapor de Trevithick.
1807: Barco a vapor de Fulton y Livingstone.
1814: Locomotora de uso comercial de Stephenson.
1816: «Celerífero» de Niepce. Precursor de la bicicleta.
1818: Introducción del hierro en la construcción de buques en astilleros ingleses.
1821 -31: Motor y generador eléctricos de Faraday, Wheatstone y otros.
1822: Primera máquina de componer tipos de Church.
1834: Cosechadora automática de MacCormick.
1836: Hélice, perfeccionada por Stevens.
1837: Arado de acero de Deere.
1839: Motor rotatorio para buques de Jacobi.
1842: Sistema helicoidal para impulsión del vapor de Phillips.
1846: Máquina de coser de Howe.
1851: Locomotora eléctrica de Page.
1856: Método Bessemer para la fabricación de aceros.
1868: Máquina de escribir de Sholes.
1874: Máquina de triple expansión de Kirk.
1876: Máquina de combustión interna de Otto.
1877: Fuerza hidroeléctrica en las Cataratas del Niágara por experiencias de Nicolás Tesla.
1878: Dínamo bipolar de Edison.
1884: Turbina de vapor múltiple de Parsons.
1886: Motor a nafta de Daimler.
1894: Primer automóvil accionado a nafta, de Panhard.
1895: Motor de explosión de Rodolfo Diesel.

Fuente Consultada: La Evolución de las Ideas – Un Poco de Ciencia Para Todo El Mundo – Wikipedia – El Libro de los Descubrimientos

Primer Empresario Textil Revolucion Industrial Robert Peel

Sir Robert Peel, modelo de los primeros empresarios de la industria textil: El más importante de los primeros industriales del algodón fue sir Robert Peel (1750-1830), que cuando murió dejó una fortuna de casi un millón y medio de libras —una cantidad de dinero muy elevada para aquellos tiempos— y un hijo a punto de ser nombrado primer ministro. Los Peel eran una familia de campesinos yeomen de condición media que, como muchos otros campesinos del Lancashire, combinaron la agricultura con la producción textil doméstica desde mediados del siglo XVII.

El padre de sir Robert (1723-1795) aún vivía de la venta de los productos del campo, y no fue a vivir a la ciudad de Blackbum hasta el año 1750, fecha en que todavía no había abandonado totalmente los trabajos agrícolas. Tenía algunos conocimientos no técnicos y un cierto ingenio para los proyectos sencillos y para la invención (o, como minino, un buen sentido para saber valorar los inventos de otros hombres, como el de su paisanoJames Heargreaves, tejedor, carpintero e inventor de la spinningjenny).

Además también tenía tierras, de un valor aproximado de 2.000 a 4.000 libras esterlinas, que hipotecó a principios de la década de 1760 para construir una empresa de estampado de indianas con su cuñado Haworth y un tal Yates, que fue quien aportó el capital, con los ahorros acumulados gracias a los negocios familiares como posaderos en el Black Bull.

La familia tenía experiencia: algunos de sus miembros ya trabajaban en el ramo del textil, y el futuro del negocio de estampado de indianas, que hasta entonces había sido una especialidad londinense, parecía excelente. Y, ciertamente, así fue. Tres años más tarde (durante toda la década de los sesenta) la necesidad de algodón para estampar fue tan grande que la firma tuvo que dedicarse a fabricar los tejidos, hecho que, como observó un historiador local, «es una buena prueba de la facilidad con que se ganaban dineros en aquellos tiempos».

Los negocios prosperaron y se dividieron: los Peel se quedaron en Blackbum y los otros dos socios se trasladaron a Bury, donde en el año 1772 se les asoció el futuro sir Robert con el apoyo inicial, todavía muy modesto, de su padre. Pero el joven Peel no necesitaba demasiado esta ayuda. Empresario de notable energía, sir Robert no tuvo dificultades para obtener capital adicional, asociándose con algunos prohombres locales, que deseaban invertir en la creciente industria o que, sencillamente, tenían ganas de contribuir económicamente en las nuevas ciudades y en los sectores de actividad industrial. La empresa, con sólo la sección de estampados, obtuvo beneficios tan rápidamente, sobre las 70.000 libras anuales durante períodos muy largos, que no necesitó nunca más capital. Hacia la mitad de la década de 1780 ya era un negocio muy suculento, dispuesto a adoptar cualquiera de las innovaciones que iban surgiendo, como por ejemplo la máquina de vapor.

Hacia 1790— a la edad de cuarenta años y cuando sólo hacía dieciocho que se había iniciado en los negocios  Robert Peel era ya «pequeño barón», miembro del Parlamento y reconocido representante de una nueva clase: los industriales. Peel era diferente de otros esforzados empresarios del Lancashire, incluyendo algunos de sus socios, porque no se durmió en la opulencia —cosa que podía haber hecho perfectamente hacia 1785—, sino que se lanzó a empresas cada vez más audaces como, por ejemplo, ser dirigente industrial.

Cualquier miembro de la clase media industrial del Lancashire dotado de un talento modesto y de suficiente energía comercial para entrar en el negocio del algodón difícilmente habría esperado hacer dinero con tanta rapidez [..]. Entre los lluviosos campos y pueblos del Lancashire surgió así, con una notable rapidez y facilidad, un nuevo sistema industrial basado en una nueva tecnología, si bien, como hemos visto antes, surgió por una combinación de la nueva y la antigua.

Aquella prevaleció sobre ésta. Las hipotecas rurales y los ahorros de los posaderos fueron sustituidos por el capital acumulado en la industria, los inventivos constructores de telares por los ingenieros, los telares manuales por los mecánicos y la combinación de unos pocos establecimientos mecanizados con una masa de trabajadores dependientes por un proletariado fabril. En las décadas posteriores a las guerras napoleónicas los viejos elementos de la nueva industrialización fueron retrocediendo gradualmente y la industria moderna pasó a ser, de conquista de una minoría pionera, a la norma de vida del Lancashire.

El número de telares mecánicos de Inglaterra pasó de 2.400 en 1813 a 55.000 en 1829, 85.000 en 1833 y 224.000 en 1850, mientras que el número de tejedores manuales, que llegó a alcanzar un máximo de 250.000 en 1820, disminuyó hasta unos 100.000 en 1840 y a poco más de 50.000 a mediados del decenio de 1850. A pesar de esto, sería insensato menospreciar el carácter todavía relativamente primitivo de esta segunda fase de transformación y la herencia de arcaísmo que dejaba atrás.

Fuente Consultada: HOBSBAWM, E. J.: Industria e imperio