Monte Atlas

Cordillera del Atlas en Africa Geografía Historia de Marrueco y Túnez

Ubicación de las Montañas Atlas de África

En el noroeste de África se encuentran las montañas del Atlas, que se componen de hecho de varias cadenas más pequeñas. Estas montañas han desempeñado un papel histórico muy importante si se piensa en la lucha de Abd-el-Kader contra los franceses y de Abd-el-Krim contra  España y  Francia.

Las montañas del Atlas son el hábitat tradicional de los bereberes. Ciertas áreas del sistema montañoso, principalmente las costeras, eran conocidas por los europeos de la antigüedad, pero la exploración sistemática de las distintas sierras no comenzó hasta la segunda mitad del siglo XIX.

En el noroeste del continente africano se alzan las montañas que forman la cadena del Atlas. Ésta se dirige de este a oeste a partir de la costa tunecina y a través de Argelia hasta Marruecos; tiene aproximadamente una longitud de 2.300 kilómetros.

El macizo del Atlas se compone de varias cadenas más pequeñas que son fácilmente identificables. La parte más alta, que pertenece al plegamiento alpino y por lo tanto data de la época terciaria, se encuentra en Marruecos. En el norte de este país esta cadena montañosa, que del otro lado del estrecho de Gibraltar se prolonga por la Sierra Nevada, recibe el nombre de montañas del Rif. Éstas alcanzan una altura de 2.500 m y están separadas del Atlas Medio por la depresión de Taza.

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El Atlas Medio tiene cimas que alcanzan elevaciones como el Yebel Tubal, de 4.165 m. Las montañas del Rif, el Atlas Medio y el Gran Atlas forman un auténtico semicírculo cuya abertura está dirigida hacia el océano Atlántico.

La zona situada en el interior de este semicírculo está en gran parte ocupada por una meseta que recibe este mismo nombre: La Meseta. Aquí se encuentran ciudades importantes como Marraquech, Mequínez y Fez.

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Este sistema montañoso africano, cruza Túnez en dirección suroeste-noreste con alturas entre los 610 y los 1.520 metros. Los fértiles valles y mesetas se entremezclan con las montañas en esta región tunecina.

Más hacia el interior, y por fuera de las tres cadenas citadas, se encuentra otra: el Anti-Atlas, cuyos picos más altos sobrepasan también los 2.000 m. Geológicamente, el Anti-Atlas pertenece a un período más antiguo que las otras cadenas que componen el macizo del Atlas.

Las montañas del Atlas siempre han desempeñado un importante papel en el plano histórico. Para los romanos constituían las fronteras del mundo conocido en África occidental.

En el curso de los siglos XIX y XX se revelaron como excelentes posiciones defensivas naturales. Ayudaron a los argelinos y marroquíes a oponerse al imperialismo colonial.

En el siglo pasado, Abd-el-Kader (1807-1883) fue en Argelia uno de los grandes héroes de esta feroz oposición a la implantación de un régimen colonial. Sostenido por varias tribus de la región de Oran, fue el jefe de la guerra santa empeñada contra los invasores franceses. Abd-el-Kader fue también  ayudado  por  el  sultán  de Marruecos. Aunque había ganado varias batallas como la de Tremecén, fue primordialmente un maestro en el arte de la guerrilla.

Después del Tratado de Tafna firmado con los franceses en 1837, Abd-el-Kader tuvo que declararse vencido; las fuerzas francesas eran netamente superiores, y de otra parte, los marroquíes habían tenido que renunciar a ayudarle. Abd-el-Kader depuso las armas en diciembre de 1847. Murió en 1883 lejos de Argelia, en Damasco. Tuvo, no obstante, oportunidad de mostrar la grandeza de su alma al tomar en 1860, en ocasión de las persecuciones religiosas, la defensa de los cristianos.

El ejemplo de Abd-el-Kader no fue olvidado en modo alguno por los argelinos. Después de la segunda guerra mundial utilizaron de nuevo sus métodos de combate. Los miembros del Frente de Liberación Nacional (F.L.N.) se atrincheraron en las montañas y emprendieron otra vez el hostigamiento de los franceses. En esta ocasión lograron llevar el combate a buen fin.

Las montañas del Atlas también han desempeñado un importante cometido en la historia de Marruecos, sobre todo en lo que respecta a las montañas del Rif. Esta cadena montañosa que parece emerger del mar se extiende en una longitud de aproximadamente trescientos cincuenta kilómetros, con una anchura de cincuenta. Es una de las posiciones defensivas más importantes de África.

Los romanos jamás consiguieron someter completamente a esta región. Desde la Antigüedad los rífenos han conservado su sello de individualismo. Son bereberes, pero, al contrario que sus compatriotas, jamás fueron arabizados salvo en el plano religioso, pues son también discípulos del Islam.

Frente a los españoles, que aparentemente sometieron la región del Rif, los bereberes conservaron su independencia; siempre han dado pruebas de un profundo particularismo. Se entienden en su dialecto, el tarrifít, y la radio marroquí difundía emisiones en esta lengua.

Desde el punto de vista militar, se pusieron en el año 1921 como un solo hombre al mando de Abd-el-Krim en la bahía de Agadir. Los combates se desencadenaron con toda su violencia en 1925 y duraron alrededor de dos años. Abd-el-Krim fue forzado a someterse a Francia y exiliado a la isla de Reunión. Sin embargo, su espíritu de resistencia iba a terminar por triunfar.

El 8 de abril de 1956, el sultán de Marruecos, Mohamed ben Yusef, firmó con España un tratado en el que se reconocía la independencia del Rif. Un acuerdo semejante había sido signado con Francia un mes antes. Esto, a pesar de que el régimen francés había con anterioridad enviado a importantes personajes marroquíes como El Glaui, el influyente bajá de Marraquech.

Está claro, pues, que las montañas del Atlas han tenido un importante papel en la historia de los países del Magreb, no tanto como frontera natural cuanto como foco de resistencia contra las ocupaciones y dominaciones extranjeras.

Estas regiones montañosas, totalmente aisladas hasta hace algunos años, están habitadas por gente cuya forma de vida viene influido precisamente por este aislamiento.

Tanto es así que destaca en ellos un bajo nivel de espíritu colectivo, en contraste con otras regiones que se integran mejor en el engranaje estatal. Estos pueblos montañeses guardan celosamente sus libertades y siempre están dispuestos a coger las armas cuando piensan que su honor o sus intereses han sido traicionados. Por esta razón, estos pueblos continúan siendo candidatos revolucionarios con los cuales es necesario contar.

Por otra parte, estas regiones tienen un indudable encanto, lo que explica la atracción turística que ejercen. Su folklore es de insospechada riqueza; por ejemplo, en la localidad de Imilchil, situada en el Gran Atlas, se celebra todos los años, en setiembre, el llamado mercado de los novios. Todos los candidatos al matrimonio se dan cita allí y se disponen a la búsqueda de un o una consorte.

El turismo se ha incrementado en el curso de los últimos años, debido a que se ha construido una excelente red de carreteras. Actualmente el Rif cuenta con una magnífica vía que la cruza de este a oeste y que posee abundantes ramificaciones.

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