Sociedad Politica

La Sociedad Política Características y Concepto

La Sociedad Política Características y Concepto

La sociedad política: Nuestra naturaleza humana nos impone vivir en sociedad. Sin la sociedad no podemos sobrevivir; mucho menos desarrollar nuestra persona. La vida y la actividad de los hombres se desarrollan en múltiples grupos. Pertenecemos a una familia, a una ciudad, a una provincia; concurrimos a una escuela, colegio o centro educacional; formamos parte de un grupo artístico, cultural o deportivo; trabajamos en un taller, en una empresa o en una oficina; integramos un sindicato o un grupo profesional.

Cada uno de estos grupos satisface determinadas necesidades o desarrolla aspectos de nuestra persona. El grupo de trabajo, nuestras necesidades económicas; el grupo educacional, nuestras necesidades de formación, etc.

En cada grupo se da una jerarquía: hay quien manda y quien obedece. En la familia manda el padre; en el colegio, el rector; en él club, el presidente. Quien está al frente de ellos es el responsable de su buen funcionamiento. Si el grupo no es bien mandado no cumple sus finalidades. Ningún grupo humano puede funcionar bien si no es conducido con capacidad.

Existe otro grupo humano, mayor y más universal: la sociedad como tal. Una sociedad global en la cual todos los otros grupos se ordenan, integran y jerarquizan. En él tienden a compaginarse los intereses y las necesidades de todos. Esta sociedad, para nosotros la República Argentina, es lo que se llama sociedad política.

Las otras sociedades menores y todas las actividades (económicas, asistenciales, educacionales, administrativas, recreativas, etc.) se coordinan en ella y le están sujetas. De su conjunto debe resultar para todos los hombres la seguridad y la justicia, la satisfacción de sus necesidades y el desarrollo de sus personas. Por esto los filósofos clásicos la llamaban «sociedad perfecta».

La sociedad política tiene leyes que regulan la convivencia y gobernantes que administran y conducen. Si los gobernantes no son aptos y honrados se multiplican las injusticias, las necesidades de muchos quedan sin cubrir, se multiplican las tensiones sociales.

El concepto de sociedad política perfecta es relativo y resulta condicionado a través de la historia y en distintos lugares del mundo, por el nivel cultural de los grupos humanos. En las comunidades primitivas la familia y luego el «clan» (conjunto de familias con un antepasado común) constituyen la sociedad política perfecta. Para los antiguos griegos, la «polis» (ciudad-estado) era su sociedad perfecta.

A medida que mejora el nivel cultural medio las necesidades de la comunidad aumentan (los caníbales no tenían necesidad de servicios sanitarios), y consecuentemente se amplía el ámbito de esa sociedad.

En la Edad Media el señor feudal atiende a todas las necesidades de sus vasallos y el feudo es la sociedad perfecta. Por distintas circunstancias, inclusive algunas de naturaleza política y militar, los señores feudales se vuelven incapaces de satisfacer hasta sus propias necesidades, empiezan a unirse y se forman los reinos, origen de la mayor parte de los estados modernos que constituyen nuevas sociedades perfectas.

La tendencia hacia la ampliación del ámbito de las sociedades perfectas parece continuar y a la vez que surgen organizaciones políticas internacionales (Naciones Unidas, Estados Americanos) se van formando comunidades de naciones con el objeto de satisfacer nuevas necesidades (Comunidad Económica Europea, Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, etc.).

El Poder Supremo

Entre la sociedad política y las otras sociedades existe una diferencia fundamental: el poder de la sociedad política es supremo y las demás sociedades, de una u otra forma, le quedan sometidas.

El estado dicta leyes sobre economía, educación, sobre sindicatos, sobre empresas, sobre asistencia médica y social, sobre actividades deportivas, etc., etc. Tales leyes regulan el funcionamiento de las otras sociedades. Incluso dicta leyes sobre problemas familiares.

Si un padre no cumple con sus obligaciones esenciales puede intervenir la justicia; si una empresa no cumple sus compromisos o contratos, se puede acudir a la autoridad competente. Cosa semejante sucede si el presidente de un club, o si el director de un colegio faltan a sus obligaciones. El poder que ejercen sus autoridades siempre está, en alguna forma, subordinado.

No sucede lo mismo con la autoridad estatal. Si una ley ha sido aprobada debo obligatoriamente cumplirla; si la estimo injusta, sólo me queda acudir al mismo Congreso que la dictó pidiendo que la derogue o modifique. Si el Presidente dicta un decreto, no me queda sino acatarlo; si un juez dicta una sentencia, su cumplimiento es obligatorio.

Este poder supremo es lo que se ha llamado soberanía. El término proviene de soberano, «el que está sobre todos», apelativo que se daba a los monarcas. Podemos definir soberanía como «el poder de autodeterminación que tiene un pueblo, en virtud del cual se organiza, dicta sus propias leyes y regula su vida y actividad sin dependencia de otros estados o potestades humanas».

En la época de las monarquías absolutas fue Juan Bodino quien usó el término para significar el poder absoluto de los monarcas. Según sus teorías el rey podía disponer a su arbitrio del poder. A nadie debía dar cuenta de sus actos, sino a Dios y a su conciencia. Es lo que expresaba Luis XIV al decir: «el estado soy yo». Entendía soberanía como poder absoluto.

El poder absoluto de los reyes así concebido, la revolución francesa lo atribuyó a la nación. Para algunos soberanía es el poder absoluto e ilimitado de la nación, que es la que crea los derechos y en último término estatuye lo que está bien y lo que está mal. Fue Rousseau quien fundamentó esta teoría.
Para nosotros, soberanía tiene otro sentido. Soberano es el poder supremo, que no está sujeto a otra potestad terrestre. Lo cual no significa que sea absoluto, ni ilimitado.

Cuando decimos que la Argentina es un país soberano queremos decir que tiene derecho a autodeterminar sus leyes y sus instituciones, a conducir su propia vida sin sujetarse a otro poder superior y extraño.

No queremos decir que tal poder sea ilimitado. No existe poder terrestre que lo sea. Incluso el poder supremo, para que sus resoluciones sean legítimas y válidas, debe respetar la ley natural, los derechos humanos y los derechos de los otros pueblos.

En la actualidad casi todas las naciones tienen su poder supremo limitado por sus compromisos con otros pueblos y con los organismos internacionales.

Cuando hablamos de «soberanía popular», lo que queremos decir es que en la democracia el poder supremo, en última instancia, reside en la comunidad. De ella deriva el poder de los gobernantes.

Teorías de la Soberanía

El problema de la justificación del poder ha preocupado siempre a los hombres.

Se han elaborado diversas teorías.

Las dividiremos en teocráticas y democráticas.

Las teocráticas concebían al poder como concedido directamente por Dios a los gobernantes. Las principales son:
1) la de la naturaleza divina de los gobernantes. Estos son dioses, o participan de la divinidad. Por ejemplo, los faraones en Egipto, los Incas, en Perú.
2) de la investidura divina, que afirma que los gobernantes son designados por el mismo Dios.
3) de la investidura providencial. Los hombres designan a los gobernantes, pero el poder les viene de Dios. Los católicos creemos que el poder del Papa proviene directamente de Dios, aunque su designación sea obra de hombres. Cosa semejante sostiene esta teoría respecto al poder político.

Las democráticas sostienen que el poder supremo proviene del pueblo.

Las principales son:

1) de la soberanía fraccionada, cuyo autor es Rousseau. Como los hombres somos iguales nos reunimos mediante un «pacto» para formar la sociedad. Cada uno tiene una parte de la soberanía, con la suma de las cuales se forma el poder supremo.

2) de la soberanía nacional, que atribuye a la nación un ser real, distinto de los miembros que la constituyen, la cual es considerada como única poseedora de la soberanía. Ninguna fracción o grupo tiene derecho a gobernar. Gobiernan los designados por la nación.

Fue la teoría de la Revolución Francesa, producto de una circunstancia histórica: los revolucionarios habían destituido y guillotinado al rey, que hasta entonces detentaba el poder soberano. No podían invocar la soberanía del pueblo, porque si hubiesen convocado a elecciones, el pueblo, que en su mayor parte era monárquico, hubiese votado por la restauración de la monarquía. Entonces inventaron el concepto de nación como ser con realidad propia y a él atribuyeron la soberanía ilimitada.

3) de la soberanía proletaria, originada en la concepción mar-xista de la lucha de clases. Afirma que la soberanía reside en la clase proletaria, la más numerosa y positiva. Es ella la que tiene derecho a gobernar, por medio de sus elementos más conscientes que son los miembros del partido comunista.

Esta teoría ha conducido al poder absoluto y dictatorial del partido y del gobierno en los países comunistas, como etapa de transición a una sociedad ideal donde no haya oprimidos por el Estado que para el marxismo es una creación capitalista. Cada una de estas teorías ha servido para justificar el poder supremo en distintas sociedades y pueblos.

El concepto de soberanía es un concepto abstracto, usado en diversos sentidos, y por lo tanto equívoco. Por eso más que hablar de poder soberano, hablaremos de poder supremo.

esquema soberanias

La justificación del poder

esquema sociedad politica

El problema real en toda sociedad es la justificación del poder supremo y la determinación de sus fines y sus límites.

Vamos a exponer los fundamentos de la concepción cristiana del poder. Según ella el poder viene de Dios y viene del pueblo a la vez.

El poder viene de Dios:

— la naturaleza obliga al hombre a vivir en sociedad.
— la sociedad, para cumplir sus fines necesita un poder que la coordine y dirija. Sin autoridad la sociedad se convierte en caos y la convivencia es imposible.
— es Dios, autor de la naturaleza, quien ha puesto estas exigencias y hecho necesaria la autoridad. El poder no existe por capricho humano, sino por designio de Dios.
— no es Dios quien designa los gobernantes, ni establece las formas del poder. Esto es obra de los hombres. Pero los fines esenciales del poder, sus límites y modos fundamentales están dados por la naturaleza, es decir, por Dios.

El poder viene del pueblo:

— nadie entre los hombres tiene por naturaleza propia poder sobre otros hombres. Todos somos esencialmente iguales.
— el poder pertenece al pueblo, a la comunidad. Es ella quien establece las formas de gobierno y designa las autoridades. Si el presidente tiene derecho al poder es porque la comunidad lo ha designado. Si el rey tiene derecho al trono es porque el pueblo ha aceptado este sistema.
— cada pueblo crea a través de la historia y de sus instituciones, sus formas propias de organizar el poder y de designar a los gobernantes. Pero los fines esenciales del poder, que es la búsqueda del bien común, no varían.
— ningún pueblo está por naturaleza sometido al dominio de otro. Tiene derecho a crear sus formas políticas y conducir sus destinos con independencia de todo otro poder terrestre. Por esto decimos que es soberano, o que el poder supremo pertenece al pueblo.
— del pueblo, por lo tanto, reciben su poder los gobernantes. Ante él son responsables, no sólo ante Dios y su conciencia.
— ningún poder terrestre es absoluto o ilimitado. Todo poder, incluso el poder del pueblo, está sujeto al orden moral.

Tal concepción nos da los principios para interpretar con exactitud la naturaleza y los alcances de la soberanía. La democracia tiene la ventaja sobre otras formas de gobierno de que hace explícitos y conscientes estos principios.

 

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe