Teoría de la Evolución Temas Sobre Astronomía

Fundacion del Observatorio Astronomico de Cordoba Historia y Primeros Trabajos

Historia de la Fundación del Observatorio Astronómico de Córdoba y Objetivos y Trabajos Científicos

Los estudios astronómicos se inician en la Argentina bajo la presidencia de Sarmiento, que facilita al astrónomo estadounidense Benjamín A. Gould la instalación de un observatorio astronómico en Córdoba.

Gould llegó a la Argentina en 1870, y al año siguiente, merced al apoyo oficial, que le proveyó del instrumental y edificios necesarios, pudo inaugurar, el 24 de octubre de 1871, con la presencia de Sarmiento y de su ministro Avellaneda, el primer Observatorio Astronómico Argentino.

Astronomo Gould Benjamin
Astronomo Gould Benjamin A.

La obra desarrollada por su organizador y primer director es de gran importancia; en 1879 da a luz la primera publicación, titulada Uranometría Argentina, acompañada de un atlas donde están catalogadas cerca de ocho mil estrellas de la región austral observables a simple vista.

Este trabajo provocó el agrado de sus colegas internacionales y contribuyó a subsanar las deficiencias de los catálogos australes, como lo atestiguó el astrónomo alemán Müller, director del Observatorio Astronómico de Potsdam (Berlín).

Observatorio de Cordoba
Vista del Observatorio de Córdoba

HISTORIA DE SU CREACIÓN Y OBJETIVOS

Fundación del Observatorio de Córdoba. — Durante su permanencia en Washington, como embajador de la República Argentina, Sarmiento entró en relación con el astrónomo norteamericano Benjamín Apthorp Gould.

Presidencia de Domingo Sarmiento
Presidencia de Domingo Faustino Sarmiento

Figura descollante en el mundo científico, habíase iniciado en el estudio de la astronomía junto a grandes astrónomos europeos, como Peters, Struve y Argelander. De regreso a su patria estuvo al frente del Observatorio de Dudley, en Albany, y en 1851 inició la publicación, que sostuvo a sus expensas, del Astronomical Journal.

Incitado por Argelander, proyectó la realización de una expedición a nuestro país para explorar el cielo austral y completar, con la determinación de la posición y brillo de todas las estrellas de nuestro cielo, el catálogo que, con respecto al hemisferio boreal, había iniciado el célebre astrónomo de Boon.

El estudio de su proyecto lo convenció de que la ciudad de Córdoba ofrecía las mayores ventajas para instalar una estación astronómica, debido a su posición geográfica, la pureza de su atmósfera, su clima y el hecho de estar libre de temblores. Por eso preguntó a Sarmiento sobre la acogida que los gobernantes de nuestro país harían a la expedición y sobre la posibilidad de contar con alguna cooperación.

Sarmiento, que acariciaba el proyecto de fundar en nuestro país un observatorio astronómico, acogió con entusiasmo el proyecto de Gould y propuso al gobierno la adquisición del mejor instrumental existente para establecerlo. Mas la situación internacional del país, en ese momento en guerra con el Paraguay, no permitió que el gobierno nacional, ejercido por Mitre, llevara a término la proyectada creación.

Cuando Sarmiento ascendió a la Presidencia de la Nación obtuvo que el Congreso aprobara, en 1869, la creación de un observatorio astronómico. Y el 29 de diciembre de 1869 dictó el decreto confiando su dirección a Gould. Este acto tuvo repercusión en el exterior.

Como informara al Poder Legislativo el ministro Avellaneda: «El presidente Grant felicitó calurosamente al Ministro argentino en Washington por el nombramiento de Mr. Gould, y la primera corporación científica de Estados Unidos, la Academia de Ciencias, se reunió en sesión solemne para declarar que la República y el Gobierno Argentino enaltecían su nombre con este hecho, que contribuiría a los adelantos de la más importante entre las ciencias naturales».

En el acto inaugural del Observatorio Astronómico de Córdoba, Sarmiento expuso su pensamiento sobre la importancia de las ciencias naturales en el desarrollo de la nación. Respondiendo a los que criticaban la creación, por considerarla anticipada o superflua, expresó que ella, como contribución al progreso y al movimiento de las ciencias naturales, era una necesidad si queríamos mantener el rango de nación y de pueblo civilizado.

«Los que hallan inoportuno un observatorio astronómico —expresó— nos aconsejan lo que Rosas practicaba, lo que Felipe II legó a sus sucesores, y nos separa por fin de la especie humana, en todos los progresos realizados mediante el estudio de las ciencias naturales, desde el Renacimiento hasta nuestros días, en el resto de la Europa y en los Estados Unidos, que con Franklin y Jefferson contribuyeron desde su origen a los progresos de la física y la geología, y en sus aplicaciones a las necesidades de la vida, con Morse y Agassiz, se han adelantado a veces en la marcha general».

Por eso, para que nuestro país fuera en verdad un pueblo nuevo, debíamos resumir los progresos de las ciencias y las artes y generalizarlos entre nuestros conciudadanos. En este sentido, la instalación del observatorio era ya un paso en el camino de hacer del nuestro un pueblo nuevo.

Nicolás Avellaneda, por su parte, destacó que la creación del observatorio, «dotado con los instrumentos más perfectos que el ingenio humano haya puesto al servicio de la ciencia que explora las profundidades de los cielos», respondía a una necesidad del mundo científico e implicaba que nuestro pueblo empezaba a marchar en las vías de la civilización más elevada.

El impulso creador de Sarmiento y la obra cumplida por el astrónomo norteamericano llevaron al Observatorio de Córdoba a ocupar, al cabo de pocos años, un lugar de privilegio entre las instituciones análogas del mundo.

Labor del astrónomo Gould. — El astrónomo Gould, en el discurso que pronunció en el acto inaugural del Observatorio, bosquejó en forma precisa la obra que proyectaba realizar.

«Los deberes de un observatorio público —aclaró— consisten en la prosecución de investigaciones regulares y sistemáticas, en contraposición a las indagaciones accidentales que exigen menos organización y pueden ser ejecutadas por personas provistas de instrumentos y aparatos menos costosos.

Tal es, por ejemplo, la pesquisa de cometas, que apareecn de improviso y son descubiertos, por lo regular, por medio de un examen especial, el cual es incompatible con la ejecución de un sistema regular de observaciones.

El tiempo dedicado a semejantes pesquisas es bien empleado siempre que pueda disponerse de él sin perjuicio de investigaciones más importantes, y puede conducir a resultados de valor para la astronomía, pero no sería de desear que un observatorio bien provisto con instrumentos delicados y preciosos descuidara aquellas observaciones, de las que está seguro de sacar provecho, e invirtiera sus fuerzas en investigaciones cuyo éxito es relativamente incierto y menos importante, aunque sus resultados hieran a la vez más vivamente la atención y sean más ricamente premiados con los aplausos del público».

Este programa, cumplido fielmente por el joven astrónomo norteamericano que estuvo catorce años a su frente, explica la repercusión que tuvo en el mundo científico la labor realizada por el Observatorio Astronómico de Córdoba.

La exploración del cielo austral fue la tarea a que se dedicó en primer lugar el Observatorio. Este trabajo se inició antes de la inauguración de la institución, pues desde su arribo a Córdoba, en 1870, Gould y sus ayudantes se dedicaron a determinar las magnitudes y posición aproximada de las estrellas visibles a simple vista.

Fruto de este trabajo fue la Uranometria argentina, catálogo de más de siete mil estrellas fijas, comprendidas dentro de cien grados del polo austral. Esta obra, que se publicó en 1879, provocó la admiración de los contemporáneos.

Gustavo Müller, famoso astrónomo alemán que estaba al frente del Observatorio de Potsdam, expresó que los trabajos de Gould habían extendido de golpe el conocimiento, hasta entonces deficiente, del cielo austral.

Por eso afirmaba: «El nombre de Gould figurará por siempre en letras de oro en la historia de la astronomía, y la labor de este hombre infati gable, de capacidad casi sobrehumana, llenará de admiración a las generaciones venideras, incitándolas a la emulación».

En realidad, además de su importancia para el conocimiento del cielo austral, la Uranometría es valiosa por la exactitud que poseen las magnitudes registradas. Esto se debió al método seguido por el astrónomo norteamericano que las estimó con una aproximación de un décimo.

A esta publicación siguió el Catálogo de las zonas estelares, editado en 1884, y las aplicaciones del método fotográfico, realizadas por Gould, para determinar la posición de las estrellas.

Al renunciar Gould la dirección del Observatorio y regresar a su patria, le sucedió uno de sus ayudantes, Juan M. Thome (1843-1908), quien continuó la labor de su jefe y publicó un catálogo monumental titulado Zonas de exploración.

La posibilidad de que en el Observatorio se formaran en las tareas astronómicas ingenieros argentinos, que había sido una aspiración de Sarmiento, lamentablemente no pudo realizarse, porque el plan de trabajos científicos absorbió por completo a Gould.

El Observatorio de La Plata. — El ofrecimiento efectuado por el marino francés E. Perrin, de observar el paso de Venus por el disco del sol, decidió al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en 1882, a adquirir en la casa de Gautier, de París, un telescopio refractor.

Observatorio de La Plata
Observatorio de La Plata

De aquí surgió la idea de organizar en la capital de la provincia un observatorio astronómico. Para ello se completó el instrumental con la adquisición de un círculo meridiano y otros aparatos auxiliares, y en 1883 se decidió inaugurar el observatorio, confiando su dirección a Francisco Beuf, que en ese entonces era director de la Escuela Naval.

Durante quince años la actividad científica del Observatorio de La Plata fue casi nula, pese a que continuas compras llegaron a dotarlo de instrumentos valiosos. Pero esos instrumentos fueron deteriorándose por falta de uso y de personal capacitado para su conservación.

El ingeniero Virgilio Raffinetti que lo dirigió desde 1899, no logró emprender ningún trabajo de verdadera importancia científica.

De ahí que hasta finalizar el siglo la única exteriorización de actividad del Observatorio de La Plata se concretara a la publicación de su «Anuario», que se limitó a la inclusión de datos de interés general, especialmente de carácter metereoló-gico, pero de escaso valor científico.

Fuente Consultada:
Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra
Historia de la Cultura Argentina Parte II de Francisco Arriola Editorial Stella