Valor Humano: Autodominio

Tradición Patriotica Formación del Patrimonio Cultural Nacional

La Tradición Patriótica Argentina
Formación de Nuestro Patrimonio Cultural

El amor a la patria se manifiesta como se manifiesta todo amor: en palabras y en obras, en los modos de pensar, de sentir, y de actuar. La patria es comunidad humana, armonía espiritual, continuidad histórica.

El amor a la patria se manifiesta fundamentalmente:

1. en la preocupación por lograr una comunidad presente más justa, más armónica, más integrada, más próspera, más fiel a su pasado.
2. en el aprecio y cultivo de nuestra tradición histórica y cultural, en la búsqueda de las raíces de nuestra nacionalidad;
3. en la preocupación por el destino y la grandeza futura de la patria, en el empeño en ofrecer a las futuras generaciones, junto al patrimonio tradicional, las mejores condiciones de vida.

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LA TRADICIÓN PATRIÓTICA

La patria está en los Andes y en la pampa, en las quebradas jujeñas y en la Patagonia bravia, en los ríos de nuestro litoral y en los algarrobales santiagueños. Está también en el vuelo del cóndor y en el grito del chajá, en las mieses y rebaños. Está en todo lo que es nuestro, en todo lo que encuentra resonancia en nuestro ser de argentinos.

Pero la patria está ante todo en la comunidad humana y cultural, en lo que nos une a nuestros conciudadanos y nos acerca a las generaciones que nos precedieron, en lo que nos liga en una misma misión y destino con las generaciones que vendrán. La patria es unidad espiritual y continuidad histórica.

Una nación no surge espontáneamente. Es el resultado de un largo proceso histórico y de asimilación cultural.

Muchas generaciones, en su medio geográfico y en sus circunstancias históricas, con su trabajo y su esfuerzo, luchando por sus ideales, crearon la comunidad argentina, con sus instituciones y cultura, sus costumbres y tradiciones, sus virtudes propias, su peculiar estilo de vida, sus modos de sentir y de y de actuar.

Construyeron el patrimonio cultural de la patria, que nosotros recibimos.

A la formación y configuración de nuestra nacionalidad contribuyeron fundamentalmente:

1. los conquistadores y colonizadores españoles que trajeron a este nuevo mundo su fe, su cultura, sus instituciones, su heroísmo, su personalismo y su indómito espíritu de libertad;

2. los diversos grupos indígenas que lucharon contra el conquistador, sucumbieron ante su superioridad, y en buena parte terminaron en mestizaje racial y cultural;

3. los hombres que lucharon por darnos una nación libre e independiente y guiaron los primeros pasos de la patria imprimiéndole un espíritu y una dirección;

4. los caudillos, hombres de uno y otro bando, que se enfrentaron sangrientamente en defensa de sus ideales hasta darnos una organización;

5. los inmigrantes que en forma masiva se incorporaron a nuestra comunidad aportando su cultura, su trabajo, su espíritu de iniciativa, y quisieron que ésta fuese la patria de sus hijos.

Todos ellos contribuyeron a crear nuestra patria y nuestro modo de ser argentino. Confluyeron aportes culturales de muy diversos orígenes. No todos fueron positivos o de fácil asimilación. Existieron tensiones, conflictos, luchas. Un largo proceso histórico y social los fue dcantando y depurando.

Así surgió la actual comunidad argentina. De nuestros mayores recibimos un legado, cultura, instituciones, creencias, usos, costumbres, arte, música, técnica, un modo de sentir, de expresarnos, de vivir y de ser. Todo esto está contenido en nuestra tradición y constituye el «alma de la patria».
Como cada individuo tiene su propia personalidad, cada pueblo tiene su propio modo de ser, su idiosincrasia, sus virtudes propias, su estilo característico.

«Serás lo que debas ser, o si no, no serás nada«, decía el General San Martín. La máxima vale tanto para los individuos, como para los pueblos. Los pueblos, como los hombres, deben ser mejores cada día, pero no pueden aspirar a ser distintos. Cada uno debe fidelidad a sí mismo, a su propio ser. Sin ello se incapacita para cumplir su misión.

Los pueblos que no se interesan por conocer su historia, por imitar el ejemplo de sus grandes hombres y cultivar sus tradiciones, renuncian a cumplir sus cometidos históricos.

El amor a la patria incluye el cuidado y cultivo de las tradiciones, el amor a todo lo nuestro, el interesarse por nuestra historia, nuestras costumbres, nuestras luchas, nuestras dificultades, nuestros hombres.

El patrimonio cultural y tradicional recibido debemos trasmitirlo íntegro, enriquecido y desarrollado, a las generaciones de argentinos que vendrán después de nosotros.

Adaptar nuestro modo de ser tradicional a las profundas transformaciones sociales, industriales, técnicas, económicas, culturales propias de las sociedades modernas, conservando entero el modo de ser argentino, el «espíritu de la patria», es tarea y responsabilidad de la presente generación.

SOLIDARIDAD DE LAS GENERACIONES SUCESIVAS

La patria es continuidad histórica. Las generaciones se van sucediendo y todas contribuyen a la tarea común, se integran en la vida y en la marcha de la comunidad argentina.

Existe un vínculo, no por indescriptible menos real, que liga en forma indisoluble a los argentinos de hoy, con los argentinos de ayer y los argentinos de mañana. Formamos parte de una comunidad que perdura en el tiempo, más allá de nuestras vidas.

Somos usufructuarios del trabajo, del esfuerzo, de las luchas y sufrimientos, de la capacidad creadora y organizadora de los antepasados.

Los padres de la patria y los hombres de generaciones anteriores que forjaron nuestro país eran hombres como nosotros. Tenían egoísmos, pasiones, intereses; sabían del cansancio y del desfallecimiento. Pero también sabían de abnegación y trabajo, de lucha por los ideales y de superación personal, de renunciamientos y heroísmos. Así construyeron la patria.

Muchos sucumbieron en las luchas, sin ver la patria con que soñaron. A ellos nos liga la gratitud y la responsabilidad. Somos responsables de que su esfuerzo y sacrificio fructifiquen, que sus anhelos y esperanzas se realicen, que nuestro país sea la patria con que ellos soñaron.
La gratitud y la justicia nos crean para con ellos un deber irrenunciable: construir la comunidad, lograr su organización más ajustada; acercarnos cada vez más a la unidad de los espíritus.

En las generaciones pasadas y en ejemplo de los grandes hombres debemos buscar lo que une y perdura, lo que construye y permanece, la comunidad de sus aspiraciones e ideales que estaba en lo profundo de sus luchas y enfrentamientos. La abnegación y generosidad con que sirvieron a sus ideas y al país, aun desde posiciones encontradas, es su contribución más grande al ser nacional.

Someter a los proceres de la patria al juicio parcial o sectario, no esforzarnos en comprender las circunstancias sociales e históricas en que se movían, juzgar los problemas de ayer con criterios de hoy, además de una injusticia, es destruir las raíces mismas de la nacionalidad.

Para con las generaciones futuras tenemos el deber de entregarles aumentado el patrimonio que recibimos. La cultura y la tradición deben ser desarrolladas, enriquecidas con nuevos aportes, adaptadas a las circunstancias históricas y trasmitidas a los que vendrán.

La solidaridad para con ellos nos crea la obligación de prepararles los medios materiales, técnicos y culturales, que necesitarán para enfrentar con éxito la época que les tocará vivir. Las modernas ciencias sociales y económicas nos permiten conocer en parte cuales serán sus necesidades y posibilidades en los distintos órdenes de la actividad humana. El futuro de la patria y la solidaridad humana impone a la presente generación esfuerzo y sacrificio por la generación venidera.

Todos aspiramos a tener una patria grande espiritual y materialmente, en que los argentinos estemos integrados en una recia unidad espiritual, en que la solidaridad social sea real y eficiente, en que compartamos aspiraciones, objetivos e intereses, en que el orden se conjugue con la justicia y la libertad, en que ocupemos el lugar que nos corresponde entre las naciones.

Tal vez no veamos una patria como soñamos. Pero nos acercamos a ella y la preparamos. La verán otras generaciones de argentinos. A construirla habremos contribuido todos.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

El Optimismo Humano Ser Optimista en la Vida Definicion Valores

EL OPTIMISMO COMO VALOR HUMANO

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Optimismo: Una persona optimista, se caracteriza por poseer ciertas cualidades que hacen a este valor, tales como el entusiasmo, el dinamismo, el emprendimiento ante determinadas circunstancias y por sobre todas las cosas, siempre vive de los hechos, es decir con los pies bien en el suelo.

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«El optimismo no consiste en ver el mundo mejor de lo que es, pero tampoco peor.»

Este valor nos permite confiar en nuestras capacidades y posibilidades, enfrentando con perseverancia y estado anímico muy positivo ante cualquier dificultad que se nos presente en el camino. Nos ayuda, a descubrir lo bueno de las personas que nos rodean y a aceptar todo tipo de favores que nos ofrezcan de corazón.

El optimismo, nos permite encontrar soluciones, ventajas y posibilidades ante los inconvenientes surgidos. La diferencia de su valor opuesto, el pesimismo, es que la primera nos insiste en apreciar todas las cosas, lograr que nuestras actitudes cambien.

Sin embargo, cabe aclarar que no siempre la consecuencia lógica del optimismo es el éxito. Sino que a veces podemos equivocarnos y lograr los resultados esperados. Esto nos da ha entender que el optimismo es una actitud de recomenzar permanentemente sobre nuestras acciones, decisiones, hechos y vivencias; para ver en que fallamos y comprenderlos para en un futuro inmediato, superarnos y lograr los objetivos tan deseados.

Las personas que poseen este valor, no se creen los conocedores de los recursos necesarios para triunfar ante cualquier circunstancia, sino que saben buscar ayuda como una alternativa para mejorar, o en el mejor de los casos alcanzar sus objetivos propuestos. Esto no desacredita nuestro esfuerzo personal, sino que nos hace más sinceros en nuestras iniciativas.

El optimista refuerza y alimenta su perseverancia. Es una persona que se detiene a pensar en todas las posibilidades, luego las piensa y toma la que considera pertinente para esa ocasión. Esto evita que nos engañemos ante una falsa realidad que nos asegura una vida más fácil y placentera.

En todas las instancias de nuestra vida deben ser optimistas. Por ejemplo, ante las demás personas podemos lograr una mejor relación, ya que nos predispondremos ante ellos de una manera positiva. Reconoceremos en el momento adecuado el aliento que el otro necesite, la motivación o solamente la presencia que el necesite.
Cada persona tiene algo bueno, cualidades y aptitudes y por ende defectos. En estos últimos podemos ayudarlos a superarlos o hacerles ver en que se equivocan. El optimismo, es el valor justo que nos ayuda a reconocerlos. Por eso dejemos ayudar, no nos encerremos en nosotros mismos después de los fracasos.

Entonces nos preguntamos, ¿Cómo hacemos para alcanzar esa actitud optimista? Y la respuesta es simple: “solamente hace falta disposición entusiasta y positiva”.
Por ello, siempre analiza las situaciones desde esta perspectiva y veras que las cosas pueden llegar a solucionarse mas rápido de lo que esperabas.

Nunca critiques o te quejes de alguna persona, sino que esfuérzate y sugiérele opciones y soluciones, que muchas veces el enceguecido no la ve. Si so honesto y justo, descubrirás en esa persona cualidades y capacidades que no creías de su existencia.

En cambio, si es a ti el que no te salen las cosas, sincérate contigo mismo y pide ayuda en otras personas, logrando así una posible solución de manera más rápida. De igual manera, analiza las decisiones, pues muchas veces la ligereza no lleva al camino de la imprudencia y no al del optimismo.

Por lo tanto, una persona optimista es aquella que siempre ha encontrado en la desdicha incitaciones para superarse, ya que podemos lograr un aprendizaje positivo de nuestros errores y equivocaciones. Seres personas productivas y emprendedoras en la medida que nos esforcemos y manifestemos de manera alegre, el valor del optimismo.

MANERA PERSONAL DE VIVIR EL OPTIMISMO

1

Confío razonablemente en mis propias capacidades, cualidades y posibilidades de tal manera que aprovecho muchas de ellas.

(El optimismo se basa en la confianza. La persona desconfiada, en cualquier sentido de la palabra, tiende a no aprovechar sus posibilidades. No ve más que las limitaciones).

2

Confío razonablemente en los demás. Habitualmente descubro lo positivo que hay en ellos.

(Es posible ser optimista respecto a uno mismo pero no respecto a los demás. Siempre se puede descubrir algo positivo en las personas con quienes nos relacionamos).

3

Confío en Dios de tal manera que, aunque no entiendo qué sentido tiene algún acontecimiento a nivel humano, habitualmente comprendo que todo es para bien.

(Surgen en la vida de la mayoría de las personas situaciones en que no sería razonable seguir siendo optimista a nivel humano. Por ejemplo, al morir un niño, una enfermedad grave, una desgracia económica. Únicamente la fe sobrenatural permite descubrir algo bueno en ellas).

4

En situaciones difíciles, hago un esfuerzo para buscar soluciones positivas, intentando superar la tendencia de quejarme.

(Es fácil ser optimista en situaciones positivas. En cambio, cuando las cosas van mal es posible que uno pase a quejarse y lamentarse o a acusar a otros de ser responsables de la situación).

5

En cualquier situación busco lo positivo en primer lugar.

(No se trata de falsificar la realidad, pero sí de saber buscar lo positivo en primer lugar. Es un hábito que se puede desarrollar).

6

Soy realista y habitualmente sé enfrentarme con las dificultades deportivamente.

(Aunque uno intente descubrir lo positivo, objetivamente puede haber muchos problemas. El optimismo lleva a la persona a enfrentarse con ellos deportivamente).

7

Distingo entre lo que es aprovechable y lo que no lo es, y así llego a optimizar lo primero.

(El falso optimismo o un exceso de optimismo llevaría a la persona a intentar aprovechar lo que no se puede, a simular, a engañarse o a engañar a los demás).

8

En general, consigo enfrentarme con la vida con un positivo sentido del humor.

(EL buen humor permite asumir la responsabilidad de la propia vida sin sentirse abatido o desgraciado).

Fuente Consultada: La Educación de Virtudes Humanas y su Evaluación David Isaacs

La Voluntad Base del Exito de los Proyectos de Vida

LA VOLUNTAD COMO VALOR HUMANO

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La Voluntad Humana

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Los seres humanos poseen una capacidad que los mueve a realizar cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades o contratiempos de las mismas.

Todas nuestras acciones se orientan por aquellas situaciones o cosas que aparecen como buenas ante nosotros, desde las actividades recreativas hasta el empeño por mejorar en nuestro trabajo, sacar adelante a la familia y ser cada vez más productivos y eficientes.

En relación a esta cuestión, podemos decir que nuestra voluntad opera principalmente en dos sentidos:

– De manera espontánea cuando nos sentimos motivados y convencidos a realizar algo, como salir a pasear con alguien, empezar con un pasatiempo, organizar una reunión, asistir al entrenamiento…

– De forma consciente, cada vez que debemos esforzarnos a realizar las cosas: terminar el informe a pesar del cansancio, estudiar la materia que no nos gusta o dificulta, recoger las cosas que están fuera de su lugar, levantarnos a pesar de la falta de sueño, etc.

Todo esto representa la forma más pura del ejercicio de la voluntad, porque llegamos a la decisión de actuar contando con los inconvenientes.

En lo cotidiano, algunas actividades que iniciamos con gusto, al poco tiempo se convierten en un reto o un desafío poco deseable. De esta manera, nos enfrentamos con una disyuntiva: abandonar o continuar con estas actividades.

Con relativa facilidad podemos dejarnos llevar por el gusto dejando de hacer cosas importantes; esto se aprecia fácilmente cuando vemos a un joven que dedica horas y horas a practicar un deporte, cultivar una afición o a salir con sus amigos, por supuesto, abandonando su estudio; en los muchos arreglos del hogar o en la oficina que tienen varios días o semanas esperando atención: el desperfecto en el contacto de luz; el pasto crecido; ordenar el archivero, los cajones del escritorio, o los objetos y papeles sobre el mismo…

Claramente, nuestra intención no es suficiente, como tampoco el saber lo que debemos hacer. La voluntad sólo se manifiesta «haciendo». No por nada se ha dicho que «obras son amores y no buenas razones».

La falta de voluntad, puede evidenciarse cuando retrasamos el inicio de una labor; cuando priorizamos aquellas actividades que son más fáciles en lugar de las importantes y urgentes, o siempre que esperamos a tener el ánimo suficiente para actuar. La falta de voluntad posee varios síntomas, ninguno de nosotros escapa al influjo de la pereza o la comodidad, dos enemigos que obstruyen nuestras acciones.

Al respecto, podríamos realizar una comparación entre nuestra voluntad y los músculos de nuestro cuerpo, estos últimos se hacen más débiles en la medida que dejan de moverse. Con nuestra voluntad sucede lo mismo, cada situación requiere un esfuerzo, una magnífica oportunidad para robustecerla, de otra manera, se adormece y se traduce en falta de carácter, irresponsabilidad, pereza, inconstancia…

En este sentido, vivimos rodeados de personas ejemplares: aquel padre de familia que cada día se levanta a la misma hora para acudir a su trabajo; la repetición de las labores domésticas de la madre; el empresario que llega antes y se va después que todos sus empleados; quienes dedican un poco más de tiempo a su trabajo y así no dejar pendientes; el deportista que practica horas extras… Cada uno de ellos no sólo asume su responsabilidad, sino que lucha diariamente por cumplir y perfeccionar su quehacer cotidiano, lo que distingue a estas personas es la continuidad y la perseverancia, es decir, su voluntad está capacitada para hacer grandes esfuerzos por períodos de tiempo más largos.

Por otra parte, esta decisión debe ser realista e inmediata, y en algunos casos programada, no sirve de nada postergarla: esperar hasta “el lunes”, “el próximo mes” o el «inicio de año», estos objetivos o buenos propósitos suelen retrasarse para cuando estemos dispuestos o se presenten circunstancias más favorables.

Por lo general, se presentan como ejemplos de este valor, modelos que personifican una fuerza de voluntad a toda prueba frente a condiciones severamente adversas (digamos en la televisión o el cine), sin embargo, la voluntad se fortalece en las pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana, normalmente en todo aquello que nos cuesta trabajo, pero al mismo tiempo consideramos poco importante.

Por eso, conviene reflexionar detenidamente en cuatro aspectos que nos ayudarán a conseguir una voluntad firme:

– Control de nuestros gustos personales: Levántate a la hora prevista y sin retrasos (por eso siempre tienes prisa, te pones de mal humor y llegas tarde); come menos golosinas o deja de estar probando cosas todo el día; piensa en una actividad concreta para el fin de semana, y así no estar en estado de reposo todo el tiempo; tus obligaciones y responsabilidades no son obstáculo para las relaciones sociales, organiza tu tiempo para poder cumplir con todo; haz lo que debes hacer sin detenerte a pensar si es de tu gusto y agrado.

– Perfección de nuestras labores cotidianas: Establece una agenda de trabajo por prioridades, esto te permite terminar a tiempo lo que empezaste; revisa todo lo que hagas y corrige los errores; guarda o acomoda las cosas cuando hayas terminado de usarlas; si te sobra tiempo dedícalo a avanzar otras tareas.

– Aprendizaje de cosas nuevas: Infórmate, estudia y pon en práctica las nuevas técnicas y medios que hay para desempeñar mejor tu trabajo; inscríbete a un curso de idiomas; aprende a hacer reparaciones domésticas; desarrolla con seriedad una afición: como aprender a tocar algún instrumento como la guitarra, aprender a pintar, hacer teatro, etc.

– Hacer algo por los demás: En casa siempre hay algo que hacer: disponer la mesa, limpiar y acomodar los objetos, ir a comprar víveres, cuidar a los hijos (o los hermanos, según sea el caso), recoger nuestras prendas, etc.; evita poner pretextos de cansancio, falta de tiempo u ocupaciones ficticias para evitar colaborar; haz lo necesario para llegar puntual a tus compromisos, así respetas el tiempo de los demás. En todos los lugares que frecuentas se presentan muchas oportunidades, ¡decídete!

Es necesario tener en cuenta, que una voluntad férrea se convierte a la vez en escudo y arma para protegernos de ciertas situaciones, miles de personas han caído en la dependencia y en la aniquilación de su dignidad. En este sentido, la voluntad es el motor de los demás valores, no sólo para adquirirlos sino para perfeccionarlos, ningún valor puede cultivarse por sí solo si no hacemos un esfuerzo, pues todo requiere pequeños y grandes sacrificios realizados con constancia.

Las Virtudes Civiles Valores Morales Para la Vida en Democracia

VIRTUDES CÍVICAS NECESARIAS PARA LA VIDA EN DEMOCRACIA

LISTA DE VIRTUDES CIVILES:

1- Austeridad

2- Veracidad

3- Lealtad

4-Tolerancia

5-Espíritud de Trabajo

6-Perseverancia

7- Fraternidad

8-Patriotismo

9-Abnegación

La historia nos enseña que los grandes imperios se derrumbaron, más que por la acción de sus enemigos externos, por la corrupción de sus propios ciudadanos.

La grandeza y permanencia de un pueblo reside más en el espíritu y virtud de sus miembros, que en su organización, sus instituciones jurídicas o sus riquezas económicas.

Ningún régimen político puede realizar el bien común si sus miembros han perdido el sentido de la virtud, de la lealtad, del espíritu de solidaridad y de trabajo.

Mucho menos la democracia que tiene por base la participación libre, responsable, activa y consciente de todos los ciudadanos en la vida comunitaria.

Ver: Concepto de Republica, La Diferencia con Democracia

VIRTUDES PUBLICAS Y PRIVADAS

En la democracia, como sistema de vida y como forma política, es la persona humana fundamento, sujeto y fin de la vida social. Dignidad y libertad de la persona son sus valores cardinales.

Aspira a una convivencia que ayude a todos a desarrollar sus personas.No puede existir democracia donde los hombres han perdido el sentido de responsabilidad y el afán de la propia superación.

La democracia reclama virtud.

El hombre tiene una dimensión individual y otra social. Es uno mismo el sujeto de la vida pública y privada. Las virtudes públicas y las privadas están íntimamente ligadas.

La democracia se da donde hay un pueblo mental y moralmente maduro.

Requiere hombres que obren por criterios propios, ejerciendo su libertad con responsabilidad, urgidos más por su propia conciencia y sentido del deber, que por las obligaciones que crean las leyes o el temor al castigo.

La Naturaleza Humana

Para mejor entender la importancia que para un régimen tiene la virtud de sus miembros comenzaremos por dar una noción realista de lo que es el hombre y su naturaleza.

La sociedad es para el hombre, para ayudarlo a vivir y realizar su destino. Para saber lo que debe ser y hacer la sociedad es menester saber lo que es el hombre.

Los sistemas liberales y totalitarios se equivocan y producen desastrosas consecuencias sociales porque parten de un concepto erróneo de la naturaleza humana.

Si observamos nuestra propia experiencia, las conductas ajenas y lo que nos enseña la historia, la psicología, la filosofía y la teología, encontramos que en todo hombre, también en cada uno de nosotros, existen:

1. Tendencias hacia el mal;
2. tendencias hacia el bien;
3. exigencia de nuestra conciencia de que en las conductas y actitudes el bien prevalezca sobre el mal.

Todos experimentamos tendencias hacia el mal. Nuestro egoísmo es expresión evidente de esta inclinación. Buscamos nuestros propios intereses, gustos y comodidades.

Hacemos a los otros hombres instrumentos de nuestras propias ambiciones. Nuestros instintos no se sujetan espontáneamente a la razón y a la justicia.

Simultáneamente todos experimentamos tendencias hacia el bien. No podemos ver sufrir al prójimo sin sentirnos conmovidos y manifestar nuestra solidaridad.

La injusticia nos indigna. Una obligación interna nos urge a cumplir nuestros deberes, a ser generosos y leales con los demás, a sacrificarnos por ayudarlos, a superar nuestros egoísmos y pasiones.

Y sentimos también la urgencia de que en nuestra conducta y en nuestros actos el bien prevalezca sobre el mal.

Cuando en nuestra conducta ha prevalecido el egoísmo todos experimentamos que nuestra dignidad y valer personal han disminuido. Por lo contrario, si ha prevalecido la solidaridad con los otros, experimentamos que nuestro valer ha crecido.

En cada hombre se da la coexistencia del bien y del mal. No existe hombre absolutamente bueno, ni absolutamente malo.

No hay hombre, héroe, ni santo, que pueda controlar totalmente su egoísmo y en cuya conducta no se encuentren deficiencias. Tampoco hay hombre tan absolutamente malo que haya perdido totalmente el sentimiento del bien y de la solidaridad.

Esta es la realidad del hombre. El porqué de la existencia del mal es un misterio que permanece inexplicado.

Para el cristianismo es consecuencia del pecado original.La explicación cristiana es una explicación de fe. Como tal está en un orden supra-racional.

De todos modos el hecho existe: en el hombre se da una tensión entre el bien y el mal.

Y el problema de todo hombre es hacer que en su vida y en su conducta las tendencias hacia el bien, la responsabilidad y la solidaridad controlen y superen a su propio egoísmo.

Y el objeto de la sociedad, además de la satisfacción de las necesidades vitales, es lograr un ordenamiento de la convivencia tal que favorezca en los hombres el desarrollo de sus buenas tendencias y les ayude a dominar sus propios egoísmos.

Virtud y democracia

La sociedad, a través de sus instituciones, sus leyes, sus actividades y su gobierno, no puede limitarse a impedir que el mal uso de la libertad por parte de algunos de sus miembros dañe la libertad e intereses de los otros. Debe proporcionar a todos los medios de subvenir a sus necesidades y desarrollar en ellos el sentido de responsabilidad y solidaridad.

Toda concepción política que no parte de un concepto objetivo de lo que es la naturaleza humana falla en su propia base y es incapaz de montar un sistema de convivencia ordenado y fecundo.

El liberalismo individualista olvida la existencia de malas tendencias en el hombre y cree que el orden social surgirá espontáneo por el desarrollo de la sola libertad.

Consecuentemente disminuye las funciones de la autoridad. En la práctica conduce a injusticias sociales y opresión de los débiles.

Los sistemas totalitarios, a la inversa, parecen olvidar las tendencias hacia el bien que existen en el hombre y su capacidad de usar responsablemente de la libertad. Procuran crear el orden mediante la fuerza. Disminuyen el ámbito de la libertad y acrecientan el del poder.

La concepción democrático-personalista reconoce al hombre como es:

1. Porque lo sabe capaz de bondad y responsabilidad crea el más amplio campo posible para el ejercicio de su iniciativa y responsabilidad en todos los órdenes;

2. porque sabe que en el hombre existen malas tendencias y egoísmos, estatuye un sistema de autoridad y de leyes que ayuden al hombre a reprimir sus pasiones y sanciona a los que atentan contra los derechos de los demás.

Es clásica la fórmula de la democracia personalista: tanta libertad como sea posible; tanta autoridad como sea necesaria.

La libertad es el supuesto del sistema democrático. Y la virtud, la capacidad de continua superación propia, es el requisito de la libertad auténtica.

La participación activa requiere responsabilidad. La libertad sin responsabilidad es licencia y conduce al caos.

Más que otros sistemas la democracia necesita crear espíritu de responsabilidad. Necesita que en sus miembros estén arraigadas las virtudes públicas y privadas.

Es propio del hombre libre, decía Aristóteles, «ser ley para sí mismo»; obrar por sentido del honor y no por coacción externa. Es propio del esclavo obrar por temor. La virtud es la actitud propia del hombre libre.

El significado esencial de virtud lo precisa su etimología. «Virtus» en latín significa valor, fuerza, ánimo, fortaleza, valentía. Suele definirse la virtud como la conducta reiterada o hábito de obrar siempre el bien y evitar el mal. La expresión es exacta y significa la fortaleza que requiere una conducta fiel a esta norma.

La democracia no puede subsistir si en los ciudadanos, gobernantes y gobernados, no se da una alta estima de la libertad, un constante afán de superación y de preocupación por los intereses y problemas comunes.

La democracia no dura donde no hay virtud. Otros regímenes pueden subsistir por la responsabilidad y patriotismo de una minoría. La democracia requiere virtud y responsabilidad en todo el pueblo. Un pueblo sin virtud se convierte en masa y es presa de los demagogos o de los tiranos.

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Virtudes públicas y privadas. Austeridad, veracidad, lealtad, tolerancia, espíritu de trabajo, perseverancia, fraternidad, patriotismo, abnegación, etc.
Las fuerzas morales. – Su valor prevalente. • El materialismo.
Los vicios • individuales y sus efectos sociales. • Formas de mentira, de deslealtad, de intolerancia, de egoísmo, etc. – Carencia de patriotismo.

GANDHI: VIRTUDES CIVICAS NECESARIAS PARA  LA DEMOCRACIA

peligros a la virtud segun gandhi

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I. – Virtudes públicas y privadas

A. – Las virtudes
Virtud es la disposición habitual del espíritu para obrar el bien.
Se dice «disposición habitual», porque la virtud supone estabilidad y continuidad en el bien obrar. No es virtuoso aquel que ejecuta uno que otro acto bueno.
«Un acto de virtud —dice Aristóteles— no constituye la virtud, del mismo modo que una golondrina no hace verano. Tocando la cítara es como uno se hace tocador de cítara; haciendo con frecuencia buenas acciones es como se adquiere una disposición constante al bien. Á la virtud le son indispensables el número, la continuidad, la repetición.»
*La virtud lleva en sí bondad. Pertenece a la esencia de la virtud el que se refiera solamente al bien.

Como se adquiere la virtud
La virtud se adquiere por la repetición de actos moralmente buenos.
Para adquirir el hábito, los actos buenos deben repetirse con cierta frecuencia.
Cada acto realizado, deja como una huella en el espíritu, cierta facilidad para ejecutar el acto subsiguiente. Aunque algunas personas nacen con mayor disposición que otras para practicar determinadas virtudes, es regla general que las virtudes morales se adquieren y se consolidan por el esfuerzo personal y la repetición de actos moralmente buenos.

El hombre se perfecciona por el ejercicio de las virtudes; por eso las virtudes son muy importantes en la vida del hombre y de la sociedad.

Importancia de la Virtud
La sociedad será tanto más perfecta y gozará de mayores bienes cuanto más virtuosos sean los miembros que la integran. Las virtudes son verdaderas fuerzas psíquicas, que inclinan constantemente la voluntad a obrar bien.
Al hombre virtuoso le resulta más fácil, agradable, espontáneo y, a veces, casi necesario realizar el bien. Esta facilidad no disminuye sus méritos; antes bien, los aumenta, porque su bondad es voluntaria.
En la vida intelectual, no es perfecto aquel que anda fluctuando entre incertidumbres y titubeos, sino el que actúa con seguridad por tener bien asimilada y radicada la ciencia. Así también en la vida moral no es perfecto aquel que lucha con las dificultades de los principiantes —aunque haya realizado algunos actos buenos—, sino aquel que ha logrado una disposición constante para obrar el bien.
Se comprenderá, entonces, la importancia de adquirir desde niños la costumbre de proceder rectamente, y de ir consolidándola.


B. – Influencias ambientales
El hombre es un ser sociable: nace en la sociedad familiar y posee la tendencia a vivir en sociedad. Normalmente la vida del hombre, desde su nacimiento hasta su muerte, transcurre en sociedad con sus semejantes.
Los ambientes que ejercen mayor influencia en la adquisición de las virtudes son: el hogar, la escuela, los colegios y universidades y la sociedad civil.

El Hogar
El primer ambiente para la formación de hábitos virtuosos, es el hogar.
La influencia del hogar es decisiva en la vida del niño: la formación o deformación hogareña deja una señal indeleble en el alma del hombre.
La elevación moral del pueblo, requiere que sean morales los hogares.
Indudablemente la madre es la principal educadora de la humanidad. Con verdad se ha dicho que los grandes hombres se han formado sobre las rodillas de la madre.
También el padre, los hermanos y cuantos componen una familia, ejercen ascendiente poderoso sobre la formación moral de los niños.

Es sobremanera importante preservar y defender de malignas influencias a las familias.
Es terrible el resentimiento que acumulan los niños y jóvenes abandonados, y los hijos de padres divorciados o, a menudo, de padres tan solo separados. Estos problemas familiares repercuten perniciosamente en los niños.
La juventud argentina debe reflexionar seriamente acerca de la grave responsabilidad que asume cuando se dispone a formar una familia, y sobre la necesidad que tiene de ir consolidando las virtudes que requiere la gran misión de la paternidad y la maternidad.

La Escuela
Después del hogar, corresponde a la escuela primaria una gran misión moralizadora.
Para cumplir la delicada misión que se le confía, la escuela no puede reducirse a transmitir conocimientos, sino que debe inculcar verdaderos principios morales, orientadores de la vida.

La escuela es una extensión de la familia: no por nada se la llama «segundo hogar».

La escuela debe, entonces, completar lo que falta a la acción familiar, suplir las deficiencias, pero nunca neutralizar el influjo familiar si es bueno y, mucho menos, torcer esa orientación, como hacen los regímenes totalitarios. De ahí la necesidad d-e que la familia tenga libertad para elegir el tipo de educación que desea para sus hijos. Por eso, en una democracia, la escuela, nacional, provincial o municipal; pública o privada, que es para todos: ricos y pobres, argentinos y extranjeros, debe desenvolverse con libertad.

El monopolio estatal, característico de los regímenes totalitarios, resulta fatal para la cultura y el progreso del país. Alemania hitlerista, Italia fascista y actualmente, por nombrar algunos, Cuba, Rusia y todos los países sometidos por la dictadura roja comunista, son tristes ejemplos del mal que produce el monopolio .estatal.
La democracia no soporta que se tiranice a las inteligencias. El germen de autonomía que lleva en su seno, exige una amplia libertad de enseñanza.
Felizmente, la Argentina se ha renovado en este aspecto, y ha comenzado a alinearse con las grandes democracias, que no pueden ser tales sin el ejercicio sincero de esa libertad fundamental.

Colegios y Universidades
Los institutos de enseñanza secundaria: colegios nacionales; liceos de señoritas; escuelas de comercio, industriales y normales; liceos militares y navales, etc., deben continuar y perfeccionar la acción formativa y moralizadora.
Sería de desear que se estableciera la obligatoriedad de la enseñanza media, al menos en su primer ciclo, para que todo el pueblo tuviera acceso a la cultura y se pudiera consolidar la virtud de tantos niños, víctimas de la perniciosa influencia de la calle.
La democracia exige necesariamente un pueblo culto. Toca a los institutos superiores y a las universidades la delicada misión de formar la clase dirigente: hombres y mujeres que orienten el pensamiento y los sentimientos colectivos. Es indispensable que todos aquellos que han recibido una cultura superior, y una formación intelectual y moral más esmerada, sean como los modelos en los cuales la gran masa de la población se refleje.
Por ser el Parlamento el centro de gravedad de una democracia normalmente constituida, es imprescindible que sus componentes tengan elevación moral, conocimiento de los problemas nacionales y capacidad intelectual. Para todo pueblo organizado democráticamente, estas condiciones son cuestión de prosperidad o decadencia, de salud o perpetua enfermedad, de vida o muerte.

Otras Influencias
También corresponde al ambiente extrafamiliar y extraescolar una misión educadora.
De poco valdría la acción de los factores de educación antes mencionados, si la pertinaz acción de otras influencias fuese negativa, y los destruyese o neutralizase.
Diarios, revistas, espectáculos, radio, cine, televisión, bibliotecas, partidos políticos, centros de cultura…, todos los elementos formadores del ambiente social deben contribuir a elevar la cultura popular, y a procurar que florezcan y arraiguen las virtudes ciudadanas.

C. – Sede de las virtudes
Las virtudes radican en la facultad del hombre llamada voluntad.
Era opinión de Sócrates y Platón, antiguos filósofos, que la virtud residía en la inteligencia, y que se obtenía la virtud por la ciencia. De modo que la instrucción hacía al hombre bueno. Según esa teoría, todo aquel que obra el mal, lo hace porque no lo conoce como a verdadero mal: si lo conociera, no lo cometería. De ahí que la educación deberá consistir en ilustrar la inteligencia del hombre acerca de lo que es su bien. Y eso conocimiento, esa ciencia, lo luirá bueno; es decir, le dará una inclinación estable para lo bueno. En una palabra, lo hará virtuoso.

Es verdad que la iluminación de la mente acerca del verdadero bien y del verdadero mal, y la representación al vivo del ideal, tienen suma importancia, por su eficacia para mover al hombre hacia el bien; y por consiguiente, deben ocupar un lugar de preeminencia en la educación. Pero eso no es suficiente. Se olvida que el hombre es libre, y por lo tanto, a pesar de conocer el bien, puede elegir lo malo. ¡Cuántas veces conoce con toda claridad su deber, y sin embargo, la fuerza de la pasión, el atractivo del placer, lo arrastran a obrar el mal!

No falta el conocimiento de la inteligencia: falta la fuerza de la voluntad.

El no tener en cuenta ese importante aspecto, hace que mucha gente sencilla se haga cruces cuando se entera de que alguna persona inteligente, que ha realizado estudios y que hasta posee títulos profesionales, ha cometido fechorías. No llega a comprender cómo puede suceder eso. Es que confunden ciencia con virtud; iluminación de la mente con formación de la voluntad. Sin embargo, hace muchísimos años lo había puesto en claro el poeta latino Ovidio, en aquellos famosos versos:

Veo lo mejor y lo apruebo,
y, sin embargo, hago lo peor…

Además, la experiencia personal de cada uno confirmará lo dicho. ¡Cuántas veces deberá reconocer haberse comportado como dice Ovidio! ¡Cuántas veces se falta al cumplimiento de las más elementales obligaciones, a pesar de conocer claramente el propio deber, y hasta, quizá, después de haberlo ponderado!…

D. – Las virtudes y la democracia
La forma democrática de gobierno impone altas exigencias, que interesan a la madurez moral de cada persona. Porque en la democracia, la vida se desenvuelve en ambiente de gran libertad; todos están llamados a ejercer las funciones públicas, y todos tienen cierta participación en el gobierno, por lo menos, cuando eligen a quienes deben regir la cosa pública. Este ambiente de amplia libertad exige severo autocontrol. La participación en las funciones públicas exige que se esté dispuesto a promover el interés general y no el propio provecho particular.

Para proceder así se necesita poseer un no pequeño grado de virtud. Cuando no hay virtud, el ejercicio del sufragio puede transformarse en una compraventa de votos, y los dineros públicos, en un recurso para comprar las conciencias. Las virtudes que reclama la democracia, no son solo las virtudes públicas, sino también las privadas. Las virtudes privadas se reflejan en la vida pública. El hombre es uno: tiene una sola conciencia; y la moral también es una.

La honestidad de su vida privada debe ser también su norma en la vida pública.
Y viceversa, la rectitud de conducta que muestra en la vida pública, debe observarla en la vida privada. Hay virtudes que son más propias de la vida privada, mientras otras lo son más de la vida pública. Y hay otras que son a la vez privadas y públicas; por ejemplo, la veracidad.

E. – Principales virtudes que interesan a la democracia
Las principales virtudes ciudadanas que interesan a la democracia, son las siguientes: austeridad, veracidad, lealtad, tolerancia, espíritu de trabajo, perseverancia, fraternidad, abnegación y patriotismo.
Todas ellas derivan de las cuatro virtudes morales denominadas cardinales, por ser como los cuatro quicios sobre los cuales gira toda la vida moral: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

VIRTUDES CARDINALES
Prudencia: Prudencia es la virtud que lleva a juzgar, según conciencia, qué se debe hacer o evitar en determinadas circunstancias.
La prudencia es la virtud moderadora de todas las otras: regula la acción, y evita que se caiga en excesos perjudiciales. El hombre juzga y discierne lo que, en cada caso particular, es más a propósito para conseguir lo que se propone. Para obrar con prudencia se requiere: deliberar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien. De la prudencia deriva la tolerancia.

Justicia: Justicia es la virtud que inclina a dar a cada uno lo suyo. La justicia pone orden y produce la paz tanto en la vida individual como en la social. «Porque, según A. Tanquerey, respeta los derechos de cada uno, hace que reine la honradez en los negocios, contiene el fraude, defiende los derechos de los pequeños y de los humildes, refrena las rapiñas y las injusticias de los poderosos, y pone orden en la sociedad. Sin ella vendría la anarquía, la lucha entre los intereses opuestos, la opresión de los débiles por los fuertes, el triunfo del mar. De la justicia derivan la veracidad, la lealtad, la fraternidad y el patriotismo.»

Fortaleza: Fortaleza es la virtud que lleva a un comportamiento racional frente al peligro, para no dejarse arrastrar ni por el temor, ni por la audacia.
El que es moralmente fuerte, sabe resistir al temor, que pretende apartarlo del cumplimiento del deber, y es también capaz de frenar los impulsos de la audacia, que lo incita a arremeter contra el mal cuando no es necesario. De la fortaleza derivan el espíritu de trabajo (laboriosidad) y la perseverancia.

Templanza: Templanza es la virtud que inclina a un comportamiento racional frente al placer.
La templanza tiene por objeto moderar toda clase de placer sensible, pero especialmente el que va unido con las dos principales funciones de la vida orgánica: el comer y el beber, que conservan la vida del individuo, y los actos que tienen por fin la conservación de la especie.
Como el placer es seductor y arrastra fácilmente más allá de los justos límites, la templanza asegura el imperio de la razón sobre la pasión. De la templanza derivan la austeridad y la abnegación.

Las virtudes en particular
A. – Austeridad
Sinónimos de austeridad son moderación, severidad y temperancia.

¿Que es la austeridad? La austeridad es aquella virtud por la cual el hombre prescinde de lo superfluo, y es siempre moderado en el uso de las cosas; más, todavía: es un tanto mesurado, aun en el uso de las cosas necesarias.

La austeridad excluye el lujo, el boato, la ostentación y el despilfarro. El hombre austero es sobrio en su persona y en su comportamiento. No hace ostentación de trajes lujosos ni de alhajas; viste con sencillez. No se excede en palabras, ni en gestos, ni en los manjares, ni en su tren de vida.

Esto puede ser realizado con naturalidad y sencillez, sin faltar al decoro de su persona ni a sus obligaciones sociales, y sin adoptar poses de misántropo ni actitudes excéntricas. El hombre austero está animado por un gran ideal de limpieza moral y de elevación de espíritu.

La austeridad puede ejercitarse, no solo en la vida privada, sino también en la vida pública. Interesa mucho a la democracia la austeridad en la vida pública. El funcionario austero cuida de los bienes de la nación mejor que si fueran propios. No se deja llevar por seducciones, halagos o ventajas que lo aparten del cumplimiento de su deber. Evita el despilfarro en los gastos públicos; no distrae dinero en propaganda innecesaria, ni en ostentación y exhibicionismo inútiles…
«La administración pública del Estado debe necesariamente desenvolverse con una prudencia y sobriedad tan grandes, que sirva de ejemplo a todos los ciudadanos…»
San Martín y Belgrano constituyen dos grandes ejemplos de austeridad.

B. – Veracidad
La veracidad es la disposición habitual de las personas a decir la verdad. Se opone a la mentira, a la falsedad y al engaño. Se puede ser veraz aun cuando se digan errores, siempre que haya conformidad de lo que se dice con lo que se piensa.

«La veracidad es uno de los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes. Los hombres son seres inteligentes, y la inteligencia tiene derecho a la verdad. «Propagar el error a sabiendas, es corromper la inteligencia ajena, y rebajar la dignidad del que escucha. «El hombre que no es veraz —o que no es digno de crédito, por su hipocresía y simulación—, priva a los demás y se priva a sí mismo de uno de los goces más intensos de la vida: la posesión de la ciencia y de la verdad.

«Además, abusa de la palabra.
«El instrumento o vehículo natural del pensamiento es la palabra, que ha sido dada al hombre para que pueda hacer partícipes a los demás de su propia vida interior, y recibir en justa reciprocidad las ideas o sentimientos de sus semejantes.» Cuando los gobernantes .hablan al pueblo con veracidad se conquistan su estima, su confianza y su adhesión. La democracia exige veracidad a los gobernantes.

C. – Lealtad
Lealtad es aquella virtud por la cual una persona se mantiene fiel en las relaciones con los demás, y en el desempeño de su oficio o cargo.

Hombre leal es aquel que observa las leyes de la fidelidad,’ del honor y de la hombría de bien. Es leal consigo mismo aquel que obra de acuerdo con sus propias convicciones. La lealtad lleva a no traicionar a los demás, a respetar la palabra dada, y al cumplimiento de las obligaciones y compromisos, a la fidelidad recíproca de los esposos. En la vida social y pública se jura fidelidad a la bandera, a la Constitución y a las instituciones republicanas. Los militares juran lealtad a la bandera, a la autoridad, a las fuerzas armadas.

Los funcionarios juran desempeñar con fidelidad sus cargos. De modo particular, los jueces, encargados de administrar justicia, juran hacerlo con toda lealtad.

El Presidente y el Vicepresidente, al tomar posesión de sus cargos, juran ante Dios y los Santos Evangelios «desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo», y «observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina».

D. – Tolerancia
Tolerancia, en sentido estricto, significa permisión de un mal para evitar males peores.
Tolerar es lo mismo que sobrellevar o soportar con paciencia más o menos benévola, una cosa desagradable, dolorosa, injusta, infamante, que por lo mismo se desaprueba y aborrece. Así, por ejemplo, se toleran los agravios de un ebrio, para evitar un homicidio.

El concepto de tolerancia supone siempre la idea de un mal que se soporta. Por eso se dice que se toleran en el prójimo el vicio, la deshonra, la ignorancia y el error. El bien se acepta, el mal se tolera. Tolerar lo bueno, tolerar la virtud, son expresiones erróneas.

Tolerancia, en un sentido más amplio, indica el deber, tanto de la autoridad pública como de los particulares, de respetar las conciencias y el libre albedrío en tanto sus manifestaciones externas no choquen con derechos ciertos y con normas esenciales de la vida civil. Este respeto se funda en la dignidad de las conciencias, que no pueden ser forzadas.

El deber de la tolerancia se extiende a las relaciones interpersonales: también el que se halla en error, de buena o mala fe, debe ser respetado en su persona, no porque el error o él mal puedan ostentar derechos, sino por la dignidad de la conciencia y del libre albedrío del hombre. Esta tolerancia se manifiesta en el respeto de las opiniones ajenas, y en la exclusión de todo procedimiento injurioso para defender las propias ideas o combatir las ajenas. Pero la tolerancia no es ilimitada: tiene su límite preciso; nunca debe llegar a la convivencia con el error o el mal. Una cosa es tolerar y otra aceptar y aprobar.

E. – Espíritu de trabajo
El espíritu de trabajo se llama laboriosidad. Es la virtud que inclina a realizar con decisión y entusiasmo los trabajos que se emprenden.

El hombre está sujeto a la ley del trabajo. Unos la cumplen con gusto; otros, a regañadientes, y otros huyen de todo trabajo.

Estos últimos son los perezosos, los poltrones, los haraganes, parásitos de la sociedad, que viven a costa del esfuerzo ajeno. La democracia necesita que los ciudadanos tengan mucho espíritu de trabajo.

Desde niño, cada uno debe adquirir esta virtud que se llama laboriosidad. La laboriosidad se manifiesta en el estudiante por el amor al estudio. El estudiante que no se aplica, que no realiza esfuerzos para ahondar en los estudios, no cumple con su deber. Desgraciadamente, desde hace unos cuantos años ha habido en la Argentina un notable retroceso en el espíritu de trabajo.

La productividad ha disminuido, y el nivel de los estudios ha descendido en todos los niveles de la enseñanza. Los destrozos que no se reparan, las obras que se construyen con desesperante lentitud, la irresponsabilidad en el cargo y en la labor que se ejecuta, hablan a las claras de esa dejadez e indolencia que está en los antípodas de la laboriosidad. Países como Italia y Alemania, que han sufrido los horrores de una guerra espantosa, se han recuperado en pocos años, merced al espíritu de trabajo de sus hijos. La Argentina, que se ha visto libre de semejante flagelo, y que debería nadar en la prosperidad y la abundancia, no logra aún salir del estado de postración en que se encuentra Falta espíritu de trabajo y de sacrificio.

Piénsese que el totalitarismo comunista impone al pueblo el trabajo obligatorio y controlado en condiciones desfavorables.

F. Perseverancia
Una manifestación de la fortaleza se halla en la virtud de la perseverancia. La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y resoluciones.

Nada más perjudicial que la inconstancia, que impide toda acción seria en provecho propio y en provecho de la comunidad. Desgraciadamente, la inconstancia es un mal muy generalizado. Muchos conciben hermosos proyectos y generosas resoluciones; pero pocos son los que perseveran hasta verlos cumplidos. Muchos son los que comienzan una obra, pocos los que perseveran hasta el fin.

¡Cuántos jóvenes inician estudios secundarios o universitarios, y qué pocos son los que tienen la perseverancia de llevarlos a feliz término!
La perseverancia supone fortaleza para superar los obstáculos y vencer las dificultades que se presentan.
Toda actividad, para que sea eficaz, exige perseverancia: firmeza para continuar hasta el fin en el camino emprendido, en la obra comenzada.

Conspira contra la perseverancia el tedio que se apodera de quienes no ponen entusiasmo y decisión en lo que emprenden, o se dejan vencer por el ansia de novedades.

G. – Fraternidad
¿Que es fraternidad? Fraternidad es la virtud por la cual los hombres se aman entre sí, y se consideran como hermanos, pues son miembros de la gran familia humana.

El fundamento de esta virtud no está en la simpatía ni en la afabilidad, y mucho menos en el interés. Arranca de una razón más profunda de la filiación de todos los hombres respecto de Dios.

La primera manifestación de la fraternidad es la benevolencia: querer bien y desearle el bien al prójimo; y la segunda es la beneficencia: ayudar al prójimo en todas sus necesidades.

Si se practicara más la virtud de la fraternidad, habría más paz y menos guerras.
La fraternidad lleva a «pensar bien de todos, hablar bien de todos y hacer el bien siempre y a todos».

H. Patriotismo
Patriotismo es el amor a la propia patria. Es un sentimiento que brota natural y espontáneamente del corazón humano. Y es al mismo tiempo un deber.

Regímenes totalitarios, como el fascismo y el nazismo, exaltaron exageradamente este sentimiento, hasta tornarlo exclusivo y belicoso, y transformarlo en odio a las otras patrias. El totalitarismo comunista en la actualidad azuza los nacionalismos. Pero en general combatió el patriotismo como si fuera algo ilegítimo, y le opuso el internacionalismo, el cosmopolitismo, el humanitarismo, etcétera.

El patriotismo es un afecto muy legítimo, que conduce no solo a la defensa de la propia patria, sino también a realizar grandes obras y sacrificios por su desarrollo. El amor a la patria es un amor de preferencia pero no excluyente.

I. Abnegación
Etimológicamente, abnegación proviene del latín abnegatio. que significa renuncia, negación de sí misino.
Abnegación es la virtud por la cual una persona está dispuesta al sacrificio espontáneo de su voluntad, intereses y deseos, y aun de su propia vida, en beneficio de otro.

La abnegación supone caridad, desinterés y altruismo. Todo ser humano debe estar provisto de una mayor o menor dosis de abnegación, porque la vida es una continua abnegación, y siempre se sacrifican algunos bienes para alcanzar otros.

La vida en sociedad obliga a realizar una serie de renuncias: de los propios gustos e inclinaciones, de ciertas comodidades, de los propios puntos de vista…

Las «fuerzas morales». Su valor prevalente
Como la vida social es dinámica, actúan en ella varias fuerzas.

Fuerza significa vigor, robustez, resistencia. Fuerza significa también, poder de influir en la marcha del país,
o facultad de mover a la acción.

Existen en la sociedad las denominadas fuerzas vivas. Las fuerzas vivas son todas aquellas que trabajan por el bienestar del país: comerciales, políticas, industriales, económicas, religiosas, culturales, sindicales, científicas, artísticas, técnicas; armadas: ejército, marina, aeronáutica, etc.

Su poder o influjo radica en la gravitación que ejercen en el ordenamiento o marcha de la nación.
Esa gravitación se debe a su potencial económico, científico, técnico, de masas o de armamentos, etc. Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales.

Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.
Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento He que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad.

Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, so halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos do crisis sociales o institucionales.

Son precisamente las fuerzas morales las que logran superar las crisis y encauzar a la nación.
Las fuerzas morales suponen desapego de las cosas terrenas, sentido de la responsabilidad, voluntad de aceptar las restricciones, espíritu de sacrificio personal, aprecio de los más altos valores humanos, comprensión de la personalidad espiritual, idea de servicio, reconocimiento de la fraternidad que debe reinar entre los hombres —sin acepción de razas o nacionalidades— y amor al prójimo; cosas, todas ellas, que no puede proporcionarlas ninguna filosofía utilitaria y materialista.

Una Gran Potencia Moral: Todas esas razones mueven a mencionar entre la primera fuerza moral, a la Iglesia.
Hasta los mismos enemigos reconocen que la Iglesia es la mayor potencia moral.

Quienes intentan promover una conducta ética y altruista vaciándola de su sentido religioso, se ven condenados al fracaso, pues le quitan todo fundamento racional y lógico. Solo una religión sobrenatural puede promover una renovación profunda del espíritu humano, y ser generadora de fuerzas que ejerzan en el más alto grado su redentora influencia social. Esto explica el prestigio creciente de la Iglesia, que aparece como la fuerza moral de mayor gravitación en el mundo.

Su palabra es escuchada con respeto e interés. Sus últimas encíclicas: «Mater et Magistra» (Madre y Maestra), «Pacem in terris» (Paz en la tierra) y «Populorum progressio» (Desarrollo de los pueblos), han alcanzado resonancia mundial. Ha superado ya la Iglesia, esta última época en que se la miraba con desdén. (1)

La fuerza poderosa de la Iglesia radica en la naturaleza de su institución, en su doctrina, en su moral y en su acción. Su doctrina es una explicación concluyente de la realidad: ilumina los problemas humanos, nacionales y universales, da un sentido espiritual y sobrenatural a la vida del hombre sobre la tierra.
Su moral orienta acertadamente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso, lo quo está permitido de lo que no está.

Su acción se extiende a todas las ramas de la actividad humana: religiosa, científica, cultural, técnica, social, etc.; pero sobre todo se ocupa con renovado ardor en elevar sobrenaturalmente a los espíritus; en velar con especial cuidado, como Madre y Maestra, por la felicidad temporal de sus hijos -que lo son todos los hombres de la tierra-, para conducirlos venturosamente a sus destinos eternos.

(1) «Gracias a Dios, se pueden juzgar ya pasados los tiempos en los cuales el llamamiento a los principios múrales y evangélicos para la vida de los Estados y los pueblos, era desdeñosamente despreciado como pretensión irreal. Los acontecimientos de estos años de guerra se han encargado de refutar, en la forma más dura que jamás hubiera podido pensarse, a los propagadores de semejantes doctrinas. El desdén que estos manifiestan contra aquel pretendido irrealismo, se ha convertido en una espantosa realidad: brutalidad, injusticia, destrucción, aniquilamiento…
«Si el porvenir ha de pertenecer a la democracia, uña parte esencial en su realización deberá corresponder a la religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra del Redentor y continuadora de su misión salvadora. La Iglesia de hecho enseña y defiende la verdad, y comunica las fuerzas sobrenaturales de la gracia para realizar el orden establecido por Dios de los seres y de los fines, ultimo fundamento y norma directriz de toda democracia» (Pío XII).

Los vicios individuales y sus efectos sociales
A. Los vicios
Vicio es una disposición habitual de la voluntad a obrar mal. Así como un acto bueno no constituye la virtud, tampoco un acto malo constituye el vicio. Se requiere repetición. El que se embriagó una vez, no por eso es alcoholista, ni tampoco es vicioso.

El vicio se contrae por la repetición de actos reñidos con la moral, actos malos o reprobables.
El vicio es malo por oponerse al recto orden de la razón. Nadie se torna vicioso de improviso, su relajamiento se produce gradualmente, pues, por lo general, el vicio en sus comienzos es poca cosa; pero no se ha do olvidar que un  inmenso toma su origen de una chispa. El primero a quien daña el vicio, es aquel que lo posee.

Dice Boecio (3) que así como la languidez es una enfermedad del cuerpo, así el vicio es una enfermedad del alma, y que la peor enfermedad de los hombres es la de entregarse a los vicios.

Todos los vicios son malos. Pero los más perniciosos, más fáciles de contraer y más difíciles de desarraigar, son: el alcoholismo, la lujuria, el tabaquismo y la toxicomanía. Los vicios no quedan circunscriptos al individuo, sino que repercuten en los demás: tienen efectos sociales. Baste nombrar los enfermos mentales, por ser hijos de alcoholistas, o los débiles constitucionales, por descender de padres tarados por los vicios.

El alcoholismo, la toxicomanía, el juego, la vagancia, la lujuria, el robo, el crimen, son vicios que repercuten en la sociedad, y son causa de perturbación y degeneraciones sociales.

B. – Formas de mentira
Mentira es una expresión contraria al pensamiento.
Por expresión debe entenderse, no solo la palabra hablada, sino también la escrita y los actos y gestos. Con la mentira se pervierte la finalidad de estos medios de manifestar el pensamiento.

La clasificación más común de la mentira es la siguiente:
Mentira oficiosa es la que se dice en utilidad propia o ajena, para evitar algún mal. La gravedad dependerá del daño que cause a terceros.

Mentira perniciosa es la que se dice con intención de causar daño a otro.

Mentira jocosa es la que se dice por diversión, para animar la conversación. No reviste mayor importancia, cuando los oyentes advierten la falsedad de lo que se dice, y, además, no ofende a nadie.

No es exagerado afirmar que se vive en un mundo de mentiras. Miente el comerciante en sus negocios, engañando, adulterando mercaderías; miente el demagogo embaucando a las masas con falsas doctrinas e irrealizables promesas; mientras el estadista y el funcionario; miente el hombre en su vida privada y en sus relaciones sociales… Las más graves son las mentiras de los gobernantes. Los Estados totalitarios tienen organizada la mentira, por medio de la propaganda, la falsificación de la historia, la deformación de los hechos en las noticias, comunicados, partes oficiales …

Una de las formas más cínicas de mentir, es la que emplea el comunismo, que no tiene empacho en afirmar y presentar como ciertas las cosas más inverosímiles y más opuestas a la verdad.

Es que el comunismo parte de este principio: es bueno y lícito todo lo que favorece al comunismo; es malo todo lo que se le opone.

Las mentiras, las torturas, los crímenes, el terrorismo, si favorecen, al comunismo, son cosas buenas. No hay Estado más imperialista, armamentista y provocador de revoluciones y hasta de guerras, que la Rusia Soviética; y, no obstante, tiene el cinismo de proclamarse campeón de la paz y del antimperialismo.

C. – De deslealtad

Deslealtad es la negación de la lealtad, la falta de fidelidad y exactitud en el cumplimiento
de los propios deberes y compromisos
.

Los individuos son desleales a la sociedad, cuando burlan las leyes o no cumplen los compromisos contraídos con sus semejantes.

Una muy grave deslealtad, es la traición a la patria. Se puede traicionar a la patria cuando se revelan secretos concernientes a su seguridad, cuando se toman las armas contra ella, o cuando se pasa a las filas enemigas y se les presta ayuda o socorro.

Los gobernantes cometen deslealtad para con el pueblo, cuando no cumplen con fidelidad los deberes del cargo que ocupan. Ejemplos de deslealtad son la malversación dé los caudales públicos, el enriquecimiento ilícito con los dineros del Estado, el dejarse sobornar con dádivas o dinero, etc.

D. – De intolerancia
Como la misma palabra lo indica, intolerancia significa falta de tolerancia.

Intolerancia es la falta de respeto y tío consideración hacia las opiniones o conducta ajena porque o no coinciden con las propias o las contrarían.

Hay una intolerancia doctrinaria que debe ser admitida porque es una necesidad de la naturaleza: es la intolerancia de la verdad y de los principios.
Quien está seguro de poseer la verdad, es —y debe serlo— intolerante con el error.
Así el maestro no puede aceptar, por tolerancia, que el alumno afirme que cinco más cinco son doce; que el ángulo agudo es mayor que el recto; que el general Belgrano nació en Bogotá, cruzó los Andes y libertó a Bolivia… Los examinadores son intolerantes con los errores que los malos alumnos dicen en sus exámenes; es intolerante el médico, cuando prescribe las medicinas que deben devolver la salud; son intolerantes los jueces, cuando condenan a ladrones, depravados y criminales…

No se trata aquí de esa intolerancia doctrinaria —que nadie razonablemente puede dejar de admitir, y que nunca debe ser agresiva—, sino de la intolerancia con las personas. La intolerancia puede existir en las personas particulares, en los grupos y en las personas investidas de autoridad.

Las personas particulares son intolerantes cuando adoptan una actitud de intransigencia, no en los principios, sino en el comportamiento, en el trato, de lo cual resulta difícil la convivencia.

Hay quienes no soportan nada: opiniones opuestas a la suya, inconvenientes, actitudes molestas… Cualquier cosa los irrita, y les hace perder el autodominio.

Pretenden que todo el mundo piense como ellos, y que todas las cosas se hagan según sus indicaciones. Se creen infalibles en sus juicios.

Les falta comprensión y amplitud de miras por su intolerancia. Tales personas hacen muy difícil y penosa la convivencia. La intolerancia se manifiesta también en los grupos, sea entre diversas clases sociales, como entre asociaciones o partidos políticos antagónicos.

Por la intolerancia de clase, los grupos que se consideran superiores desprecian a los otros, y no admiten nada de bueno en ellos; las clases consideradas inferiores suelen’ atribuir todos los vicios y defectos a las superiores, y no toleran nada de lo que juzgan ofensivo. Se prodigan insultos recíprocos, y anidan odios y resentimientos.

La intolerancia de grupo ha hecho que partidos de fútbol denominados «amistosos», degenerasen en poco menos que batallas campales.

La intolerancia entre los partidos políticos puede llegar a tener consecuencias gravísimas: persecuciones, torturas, vejámenes, venganzas y hasta crímenes.
Cuando la intolerancia es ejercida por personas investidas de autoridad, resulta terrible. Ejemplos elocuentes pueden verse en el terror de la Revolución Francesa, las tremendas represiones y purgas comunistas, las persecuciones de los regímenes totalitarios…

E. – De egoísmo

Etimológicamente, egoísmo proviene de ego, que quiere decir yo. Egoísmo significa el amor exagerado de sí mismo. El egoísmo es lo opuesto al altruismo. El egoísta piensa solo en sí. Su lema es, en los hechos: «Primero yo, después yo y siempre yo».

Expresión de egoísmo es el «individualismo», sistema que pone al individuo, al propio yo, a la propia persona, como centro y eje de toda la vida social.

Puede afirmarse que la mayoría de los males que aquejan a la humanidad, provienen del egoísmo, de esa falta de generosidad que impide pensar en los demás y buscar el bien común.

Una crítica seria que se formula a la Revolución s Francesa, es el haber acentuado en el mundo ese individualismo egoísta que tantas injusticias y tantos males ha traído a la sociedad.

F. Carencia de patriotismo

La carencia de patriotismo es una de las consecuencias del egoísmo.

El patriotismo supone generosidad, olvido de sí mismo, renuncia a las ventajas particulares en favor del bien común. El egoísta piensa y se preocupa de sí mismo, y se desentiende de todo lo demás. De ahí resulta esa apatía e indiferencia por todo lo que interesa a la patria.

En una democracia, la falta de patriotismo lleva a consecuencias funestas: los ciudadanos, en lugar de elegir a los mejores para los cargos públicos, son capaces de sufragar a veces por los ineptos: los problemas públicos no son solucionados de la forma más conveniente para la patria —lo que redundaría en bien de todos—, sino, teniendo en vista los propios intereses particulares.

LOS VALORES HUMANOS

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

El Perdon Perdonar a mis semejantes Aprender a Perdonar

EL PERDÓN  COMO VALOR HUMANO

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Cuando alguien nos hace daño, la primera reacción que tenemos es enfadarnos o devolverle el dolor que nos ha provocado.

A veces, nuestra propia rabia o tristeza nos ciegan y actuamos así, sin darnos cuenta de que esta actitud no lleva a ningún lado.

Si en el mundo cada vez que alguien llevara a cabo una mala acción, por equivocación o por maldad, alguien le pagara con la misma moneda… ¡pronto viviríamos inmersos en un infierno! Esperando una zancadilla o una puñalada de cualquier compañero de trabajo, hermano o vecino.

Ver: Testimonios Reales de Vida Sobre el Perdón

El Perdón: Existen momentos en que la amistad o la convivencia se fracturan por diversas causas, las peleas y las rupturas, originan sentimientos negativos como la envidia, el rencor, el odio y el deseo de venganza.

En estas situaciones, las personas pierden la tranquilidad y la paz interior, y al hacerlo, los que están a su alrededor sufren las consecuencias de su mal humor y la falta de comprensión.

De esta manera, debemos saber que los resentimientos nos impiden vivir plenamente, quizás un acto que provenga del corazón puede cambiar nuestras vidas y la de aquellos que nos rodean.

Así, es necesario pasar por alto los detalles pequeños que nos incomodan, para alcanzar la alegría en el trato cotidiano en la familia, la escuela o la oficina.

Es más, debemos evitar que estos sentimientos de rencor nos invadan, por el contrario, es necesario perdonar a quienes nos han ofendido, como un acto voluntario de grandeza, disculpando interiormente las faltas que han cometido otros.

En ciertos momentos, podemos sentirnos heridos por acciones o actitudes de los demás, pero también existen ocasiones en que nos sentimos lastimados sin una razón concreta, por nimiedades que lastiman nuestro amor propio.

Debemos tener cuidado porque la imaginación o el egoísmo pueden convertirse en causa de nuestros resentimientos:

♥ Cuando interpretamos de manera negativa la mirada o la sonrisa de los demás.

Cuando nos molestamos por el tono de voz de una respuesta que recibimos, que resulta a nuestro juicio, indiferente o molesta.

Cuando el favor que otros nos hacen no se condice con nuestras expectativas.

Cuando se le otorga una encomienda a una persona que consideramos de una “categoría menor”, para la cual nos considerábamos más aptos, entonces consideramos esta designación injusta.

Queda claro que al ser susceptibles, creamos un problema en nuestro interior, y tal vez juzgamos a quienes no tenían la intención de lastimarnos. Debemos tener en cuenta, que hay conductas y pautas de acción, que al ponerlas en práctica, construimos herramientas para saber perdonar:

♥ Evitar «interpretar» las actitudes.

No debemos realizar juicios sin antes preguntarnos el “por qué” nos sentimos agredidos o lastimados (de esta forma encontraremos la causa: imaginación, susceptibilidad, egoísmo).

Si ese malentendido se originó en nuestro interior solamente, no hay que seguir lastimándonos con pensamientos negativos como “no hay que perdonar”. Porque nos lamentamos cuando descubrimos que no había motivo de disgusto… entonces, nosotros debemos pedir perdón.

Ahora bien, si efectivamente hubo una causa real o no tenemos claro qué ocurrió, debemos considerar lo siguiente:

Estar dispuestos para aclarar o arreglar la situación.

♥ Buscar la manera de llegar a un acuerdo.

♥ Buscar el momento adecuado para plantear la situación, hacerlo con calma y tranquilidad, sobre todo de nuestra parte.

Al escuchar hacerlo con paciencia, buscando entender los motivos que hubo. Dar a conocer nuestras razones y llegar a un acuerdo.

♥ Olvidar el incidente, como si nada hubiera pasado.

El perdón fortalece al corazón, porque le otorga mayor capacidad de amar, si perdonamos con prontitud y sinceramente, podemos comprender faltas de los demás, ayudando para que las corrijan. Puede llegar a ocurrir, que los sentimientos negativos (resentimiento, rencor, odio o venganza) pueden ser mutuos debido a un malentendido.

En este sentido, encontramos a familias que están sumergidas en un torbellino de odios injustificados: “Nosotros no perdonamos porque los otros no perdonan”.

En este caso, es necesario romper ese círculo vicioso comprendiendo que «Amor saca amor».

Debemos entender que una actitud valiente de perdón y humildad, obtiene lo que la venganza y el odio nunca pueden: lograr reestablecer la armonía.

También debemos tener en claro que una sociedad, una familia o un individuo lleno de resentimientos impiden el desarrollo hacia una esfera más alta.

Perdonar resulta mucho más sencillo de lo que parece, todo está en buscar la manera de lograr y mantener una convivencia sana, de la importancia que le damos a los demás como personas y de no dejarnos llevar por aquellos sentimientos negativos.

Quizá la más difícil, consiste en perdonar a otro que te ha hecho mucho daño.

Yo sé que, moralmente, casi todo el mundo ha sido tratado alguna vez de forma injusta o que ha sido cruelmente herido por otra persona en algún momento de su vida, hasta tal punto que el perdón parece algo imposible de conceder.

Sin embargo, albergar resentimientos y fantasías de venganza lo único que hace es atraparte en el victimismo. Sólo a través del perdón puedes borrar la injusticia y comenzar de nuevo.

A sus cuarenta y cinco años de edad, una mujer llamada Margo fue abandonada por su marido. Después de doce años de matrimonio, él vació la cuenta bancaria común, la caja de seguridad y se fue con otra mujer.

Además de estar emocionalmente destrozada, Margo estaba aterrorizada, ya que no tenía ninguna profesión ni medios para subsistir. Sentía hacia su marido un odio terrible, un sentimiento que jamás hubiera sospechado que podría albergar.

A Margo le costó tres años organizar de nuevo su vida.

e pidió dinero prestado a su hermana para retomar sus estudios y sacar el título de corredora de bolsa, después de lo cual abrió su propio negocio.

Aunque todavía se siente triste por la pérdida de su marido, ha dejado de cargar con el intenso odio que había alimentado durante tanto tiempo.

Al final, Margo fue capaz de perdonar a su marido cuando cambió su papel de víctima y vio los hechos desde una perspectiva más amplia.

Supo desviar el foco de su ira y centrarse en su desarrollo personal aprovechando la situación que le ofrecía el destino.

Con la perspectiva que da el tiempo, ha podido, finalmente, ver su abandono como una valiosa experiencia.

Después de todo, sin esa aparente tragedia tal vez nunca hubiera llegado a descubrir su propio poder y por lo tanto no hubiese logrado aprender a perdonar a alguien que la había hecho sufrir tanto.

Así pues, aquí están otra vez las cuatro clases de perdón y el modo de ponerlo en práctica:

1. Perdónate a ti mismo por tus faltas leves: compadécete de ti mismo por hacer todo lo que está a tu alcance con los recursos de que dispones en ese momento, haz lo que puedas y libérate de la situación.

2. Perdona los pequeños errores del otro: identifícate con esa persona para que puedas comprender su comportamiento; muestra y libera tu compasión.

3. Perdona tus faltas graves: acepta tus errores, enmiéndate lo mejor que puedas y después busca en tu corazón tu propia absolución.

4. Perdona las faltas graves del otro: da rienda suelta a tu dolor y tu ira para que puedas liberarte de ellos. Después considera la situación como una parte necesaria del camino hacia tu madurez espiritual.

«No existe familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de unos a otros. Nos decepcionamos los unos a los otros. Por lo tanto, no existe un matrimonio saludable ni familia saludable sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y sobrevivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en un escenario de conflictos y un bastión de agravios. Sin el perdón la familia se enferma.

El perdón es la esterilización del alma, la limpieza de la mente y la liberación del corazón. Quien no perdona no tiene paz del alma ni comunión con Dios.
El dolor es un veneno que intoxica y mata. Guardar una herida del corazón es un gesto autodestructivo. Es autoflagia. Quien no perdona enferma físicamente, emocionalmente y espiritualmente.

Es por eso que la familia tiene que ser un lugar de vida y no de muerte; territorio de curación y no de enfermedad; etapa de perdón y no de culpa. El perdón trae alegría donde un dolor produjo tristeza; y curación, donde el dolor ha causado enfermedad».

PARA SABER MAS…

Fred Luskin es consejero, psicólogo de la salud y director del Proyecto del Perdón de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos.

En su guía Perdona es sanar, que recoge casos y estudios de ese programa, Luskin explica que las aflicciones sin solucionar son como aviones que vuelan días y semanas sin parar ni aterrizar, congestionando recursos que se pueden necesitar en caso de emergencia.

«Los aviones del rencor se convierten en fuente de estrés, y frecuentemente el resultado es un choque», afirma Luskin.

«Perdonar es la tranquilidad que se siente cuando aterrizan los aviones».

El especialista aclara que el perdón no es aceptar la crueldad, olvidar que algo doloroso ha sucedido ni excusar el mal comportamiento.

Tampoco implica la reconciliación con el ofensor. «El perdón es para usted y no para quien lo ofendió», dice Luskin. «Se aprende a perdonar como se aprende a patear una pelota.

Mi investigación sobre el perdón demuestra que las personas reservan su capacidad para molestarse pero la usan sabiamente. No desperdician su valiosa energía atrapados en furia y dolor por cosas sobre las que nada pueden hacer.

Al perdonar, reconocemos que nada se puede hacer por el pasado, pero permite liberarnos de él. Perdonar ayuda a bajar los aviones para hacerles los ajustes necesarios».

Según Luskin, el perdón sirve para descansar y no implica que el ofensor «se saldrá con la suya» ni aceptar algo injusto.

Significa, en cambio, no sufrir eternamente por esa ofensa o agresión.
Sin embargo, ¿que pasa si esta última fue demasiado grave?

La lección de Kim
Foto Nena Quemada Kim Phuc Guerra de Vietnam Gas Napalm Simbolo HorrorEra la guerra de Vietnam, exactamente el 8 de noviembre de 1972.

La familia de Kim Phuc intentó guarecerse en una pagoda cercana al escuchar el ruido de los aviones estadounidenses.

Pero el refugio no fue suficiente contra las bombas de napalm que caían del cielo, y el lugar comenzó a incendiarse.

Un corresponsal de la agencia de noticias Associated Press, Nick Ut, sacó en ese momento la foto famosa y triste que recorrió el mundo.

Allí estaba Kim, de nueve años, desnuda y llorando en un grito, con gran parte de su cuerpo cubierto de quemaduras de tercer grado.

A pesar de eso, Kim sobrevivió.

Tuvo que someterse a 17 cirugías y luego de años de ser utilizada como símbolo de la resistencia por su país, pidió asilo en Canadá.

Pero lo destacable en su historia es que Kim perdonó al capitán John Plummer, el oficial que ordenó tirar las bombas sobre su pueblo.

En El don de arder, Kim cuenta a la periodista Ima Sanchís que al encontrarse con el militar en un evento no lo insultó, sino que lo abrazó: «La guerra hace que todos seamos víctimas.

Yo, como niña, fui una víctima, pero él, que hacía su trabajo como soldado, también lo fue. Yo tengo dolores físicos, pero él tiene dolores emocionales, que son peores que los míos».

Kim ha capitalizado sus viejas heridas en una forma positiva. En la actualidad, viaja por el mundo pidiendo por la paz, y es presidenta de la Fundación Kim Internacional, organización dedicada a dar asistencia a víctimas de conflictos armados.

Pero ¿cuál es el secreto para actuar con esa entereza?

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AMPLIACIÓN DEL TEMA: El perdón nos permite romper ese ciclo de negatividad, violencia y agresividad.

Perdonar es pasar por alto los errores que los otros cometen: no significa que no te sientas herido o que sus acciones no sean tan malas.

Tal vez durante un tiempo seguirás sintiendo dolor cuando te acuerdes de ese momento o incidente.

Es normal porque todo aquello que nos afecta tiene un proceso de duelo hasta que es superado.

Enfréntate a tus sentimientos para dejarlos fluir.

Si has perdonado, serás capaz de dar una segunda oportunidad y no echar en cara lo que ha sucedido.

Borrón y cuenta nueva: no castigas a esa persona, aunque se lo merezca, ni te castigas a ti.

¿Imaginas el poder liberador que tiene el perdón? Incluso para el ofendido. Arrastrar de por vida en nuestro corazón y mente todos los insultos que nos han dicho, las veces que nos han ninguneado, los juguetes que nos han roto o las mentiras que nos han contado… ¡puede ser una carga muy pesada!.

¿No es mejor dejar espacio en nuestro espíritu para los buenos recuerdos o los sentimientos positivos? El perdón nos ayuda a hacer limpieza, a quitar esas telarañas del alma.

Esta virtud te permite mantenerte alejado de manchas como las que provocan la venganza, el odio, el rencor… que nunca son buenos acompañantes. Sin embargo, es cierto que a veces nos enfrentamos a personas que, una y otra vez, nos hieren.

No es por error: saben perfectamente que nos provocan dolor y no quieren arrepentirse.

Perdonarles es simplemente darles una segunda oportunidad para que te fastidien. ¿Qué puedes hacer entonces? Evitarlos.

Procura no darles la ocasión de hacerte daño.

Igual de importante que saber perdonar es…  ¡saber pedir perdón!

Algunas veces te equivocas; otras, incumples con tu palabra o hieres a alguien a conciencia. Recapacita sobre tus acciones. Admite el error que has cometido. No seas orgulloso ni testarudo.

Da tu brazo a torcer cuando veas que te has equivocado: acércate a quien ofendiste y pídele perdón.

No creas que pedir perdón es de cobardes. ¡Más bien al contrario! A veces, se necesita mucho valor para acercarse hasta el amigo o compañero que está dolido contigo.

Sin duda, hacerlo te liberará y eliminará ese sentimiento de opresión que sientes.

Debemos explicar a nuestros hijos que hay muchas maneras de decir lo siento. Además de con palabras, pueden hacerlo con gestos: acercándose hasta el papá y dándole un beso tras romper su cenicero favorito o ayudando a su hermana pequeña a hacer los deberes tras haberle gritado.

También es importante saber perdonarnos a nosotros mismos. Somos imperfectos, cometemos errores.

Es importante saberlo y conocer cuáles son nuestros defectos.

Pero no nos castiguemos más de lo necesario. Si no paramos de lamentarnos podríamos ser incapaces de mejorar. Ya hemos dicho que el perdón es conceder una segunda oportunidad: aprovechemos las que nos conceden para intentar mejorar.

Lo importante no es no caer, sino saber levantarse. Cada vez que nos disculpan, es una invitación que nos hacen a mejorar, a cambiar, a enmendarnos. Recordemos que Dios siempre perdona y nos da una nueva oportunidad.

EN LA RELIGIÓN:

Arrepentimiento y perdón son virtudes reconocidas por todas las religiones y preceden a la reconciliación.

Arrepentirse no borra la culpa aunque permita recomponer la relación que estropeamos con los otros: sólo Dios puede borrar los efectos de nuestras malas acciones de nuestros corazones.

En algunas religiones, es necesario pedir perdón cara a cara a quien se ha ofendido.

En otras, como en el catolicismo, un sacerdote mediante un sacramento, perdona al pecador sin que sea obligatorio que pida perdón cara a cara.

En el cristianismo, los fieles deben perdonar como consecuencia del perdón de Dios. En la cruz, Jesús dijo: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» al referirse a los que le estaban matando. Jesús dijo a Pedro que debían perdonar 70 veces 7 Es decir, siempre.

En el judaismo, el día del Yom Kippur está dedicado a perdonar y pedir perdón.

Algo parecido para los musulmanes en el Ramadán: los musulmanes deben hacer actos de caridad y perdón. El Corán asegura que «la mejor obra de un hombre es perdonary olvidar».

Ver Todos Los Valores Humanos

Fuente Consultada:
Revista Selecciones Febrero 2009
Dios Explicado a Mi Hijo María Rosa Sastre y Ángeles Doñate

La Compasión Humana Vivir en Sociedad Respeto a Nuestros Semejantes

LA COMPASIÓN HUMANA

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Por lo general, la capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás se pierde progresivamente, parecería ser que la compasión sólo se tiene por momentos aleatorios.

En este sentido, recuperar esa sensibilidad requiere acciones inmediatas para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.

compasion humanaLa compasión supone una manera de sentir y compartir, participando de los tropiezos materiales, personales y espirituales que atraviesan los demás, con el interés y la decisión de emprender acciones que les faciliten y los ayuden a superar estos problemas.

Los problemas y las desgracias suceden a diario: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes. La compasión, en estos casos tan lamentables, nos lleva a realizar campañas, colectas o prestar servicios para ayudar en las labores humanitarias.

Sin embargo, no debemos confundir compasión con lástima, ya que no son lo mismo. En este sentido, podemos observar las desgracia muchas veces como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar que sería de nosotros en esa situación, sin hacer nada, en todo caso, pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia.

Por otra parte, la indiferencia envuelve paulatinamente a los seres humanos, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados, todo parece marchar bien.

Este desinterés por los demás, se solidifica y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar.

No obstante, aquellas personas que nos rodean necesitan de esa compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio. Podemos descubrir este valor en diversos momentos y circunstancias de nuestra vida, quizás resulten pequeños, pero cada uno contribuye a elevar de forma significativa nuestra calidad humana:

– Realizar una visita a un amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad: más que lamentar su estado, debemos estar pendientes de su recuperación, visitarlo a diario, llevando alegría y generando un clima agradable.

 – Si somos padres, debemos tener una reacción comprensiva ante las faltas de nuestros hijos, ya sean por inmadurez, descuido o una travesura deliberada. Reprender, animar y confiar en la promesa de ser la última vez que ocurra…

– Si somos profesores, debemos ser conscientes de la edad y las circunstancias particulares de nuestros alumnos, corrigiendo sin enojo pero con firmeza la indisciplina, y a su vez, poniendo todos los recursos que se encuentran a nuestro alcance para ayudar a ese joven con las dificultades en el estudio.

– Toda persona en la oficina que roba tiempo a sus ocupaciones para explicar, enseñar y hacer entender a sus compañeros las particularidades de su labor, conocedor de su necesidad de trabajo y de la importancia del trabajo en conjunto.

Viviendo a través de la compasión reafirmamos otros valores: como la generosidad y el servicio por poner a disposición de los demás el tiempo y recursos personales; la sencillez porque no se hace distinción entre las personas por su condición; solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios; comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.

Aunque la compasión nace como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, debemos crear conciencia y encaminar nuestros esfuerzos a cultivar este valor tan lleno de oportunidades para nuestra mejora personal:

 – Evita criticar y juzgar las faltas y errores ajenos. Procura comprender que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actúen equivocadamente. En consecuencia, no permitas que los demás «se las arreglen como puedan» y haz lo necesario para ayudarles.

– Observa quienes a tu alrededor padecen una necesidad o sufren contratiempos, determina cómo puedes ayudar y ejecuta tus propósitos.

 – Centra tu atención en las personas, en sus necesidades y carencias, sin discriminarlas por su posición o el grado de efecto que les tengas.

 – Rechaza la tentación de hacer notar tu participación o esperar cualquier forma de retribución, lo cual sería soberbia e interés.

– Visita centros para la atención de enfermos, ancianos o discapacitados con el firme propósito de llevar medicamentos, alegría, conversación, y de vez en cuando una golosina. Aprenderás que la compasión te llevará a ser útil de verdad.

 La compasión enriquece porque va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, centrándose en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, la indolencia y el egoísmo.

La compasión es el acto de abrir tu corazón. Vivir en un estado de compasión significa acercarse al mundo sin obstáculos emocionales y con la capacidad intacta de poder conectar con los demás. La compasión es el pegamento emocional que te mantiene arraigado en la universalidad de la experiencia humana, en la medida que te conecta con tu esencia y con la de quienes te rodean.

Sin embargo, no todos caminamos siempre con el corazón abierto de par en par. Si lo hiciéramos así, acabaríamos abrumados y emocionalmente heridos. Si yo mantuviera esa disposición de corazón mientras veo los telediarios cada noche, lo más seguro es que no podría recuperarme de los arrebatadores sentimientos de impotencia y desesperanza suscitados por todas esas trágicas historias que aparecen en ellos. A veces es necesario mantener bien altas tus barreras emocionales para protegerte.

La clave para aprender la lección de la compasión consiste en percatarse de que eres tú quien tienes el control para levantar o bajar esas barreras que marcan las distancias entre tú y los demás. Puedes optar por suprimirlas cuando quieras conectar con el corazón de otro ser humano o puedes limitar el acceso de los otros a tu corazón cuando lo necesites, emitiendo valoraciones que te distancien de aquello que estás juzgando.

Los juicios no siempre son negativos. Tus juicios son lo que evita que te muevas por la realidad como si tuvieras una membrana abierta, expuesta a cualquier información con la que entres en contacto. A veces sirven para ayudarte a decidir qué creencias y pensamientos incorporas del mundo exterior para ayudarte a discernir lo que, para ti, es verdadero. Sin la capacidad de discernir, te verías bombardeado por cientos de ideas antagónicas sobre las que no tendrías ningún poder discriminatorio.

Fuente Consultada: El Juego de la Vida Cherie Carter Scott

La Autoestima es la clave de la felicidad? Falta Causa de fracasos?

¿La Autoestima es la Clave de la Felicidad? Causa de Fracasos

Hasta que punto la buena o mala opinión que uno tiene de sí mismo es culpable del fracaso escolar, la delincuencia o las adicciones?

El bienestar emocional de Marta Gómez, de 31 años, depende casi por completo de cómo se siente respecto de su apariencia física.

autoestimaA pesar de que es delgada y atractiva, está profundamente influenciada por los cánones de belleza que aparecen en los medios de comunicación, y se impone criterios estéticos extremadamente exigentes —e inalcanzables— cuando se mira en el espejo.

Marta está convencida de que cualquier descuido en su imagen corporal, como unos kilos de más o una mancha en la piel, puede socavar irreversiblemente sus relaciones sociales y laborales.

Enrique Castell, un economista de 35 años, es un perfeccionista absoluto, debido al sentimiento de incompetencia que lo persiguió durante toda su vida.

En el trabajo, planifica con meticulosidad las tareas que emprende, para evitar cualquier error.

Es incapaz de delegar tareas en sus compañeros y, cuando no le queda otra alternativa que hacerlo, el control se vuelve asfixiante: supervisa todo el proceso para asegurarse de que se hace de acuerdo con su plan, y cualquier crítica del subordinado desata su ira, ya que es percibida como un ataque personal o un desafío a su autoridad.

Castell sólo se siente satisfecho consigo mismo silos resultados están al mismo nivel que su ideal de perfección.

Cada vez que algo no sale como estaba planeado en la oficina, situación que ocurre con relativa frecuencia, aflora su trauma de incapacidad.

Además, el temor al fracaso hace que eluda los desafíos en los que hay que asumir riesgos, lo que abona su obsesiva sensación de incompetencia.

autoestimaÁlvaro encuentra comprensión en su banda Álvaro tiene 16 años y repitió el Polimodal. Está desmotivado; sus padres nunca lo felicitan por sus logros y siempre lo comparan con sus otros dos hermanos más aplicados y responsables.

Además, Alvarito, como lo llaman en su casa, es sensible, tímido y desgarbado, lo que lo convierte en el blanco de agresiones físicas y bromas pesadas por parte de sus compañeros.

Pero en los últimos tiempos, la situación cambió.

Conoció a una banda de chicos también frustrados. Bebe alcohol, fuma marihuana y participa en violentas peleas para ser aceptado. Dentro del grupo, se siente seguro y con un estatus que nunca alcanzaría fuera de él.

Marta, Enrique y Álvaro tienen básicamente un mismo problema psicológico que los hace infelices: están atormentados por la idea de que sus defectos, reales o no, los convierten en personas menos valiosas.

Sin duda alguna, su nivel de autoestima está por el piso. ¿Pero qué es la autoestima? ¿De qué manera influye en nuestras vidas? ¿Nacemos con ella o la adquirimos? ¿Puede debilitarse? Y si es así, ¿es posible reforzarla?

Los psicólogos coinciden en subrayar que la autoestima es, ante todo, un producto de las experiencias vividas en la niñez y la adolescencia. “De forma sencilla, puede definirse como la percepción equilibrada de nuestros puntos fuertes y débiles, esto es, el reconocimiento objetivo de uno mismo, aceptando lo bueno y lo malo de nuestra personalidad”, dice el psicólogo español Enrique García Huete.

LA AUTOESTIMA SE LESIONA EN LA ADOLESCENCIA:

La Mayor parte de los psicólogos coinciden en afirmar que la autoestima es en parte un producto de la experiencia vividas en la adolescencia y que en la edad adulta zozobra. Algunos de los factores que pueden influir en forma perniciosa en la imagen que amamos de nosotros mismos son los siguientes:

El afecto condicionado: “Te quiero ¡Te aceptamos en el grupo si…”

La sobreprotección paterna, sobre todo cuando está dirigida a cubrir una debilidad o incapacidad del hijo que la recibe.

Ser receptor habitual de amenazas y abusos.

Ser el blanco de la crítica excesiva, la humillación y el ridículo.

Crecer en una familia con baja autoestima.

Crecer en una familia muy exigente.

Esperar de uno mismo logros inalcanzables.

Ser alentado para estar siempre pendiente de lo que puedan pensar los demás de uno mismo.

Ser comparado con los hermanos, amigos o personas de la misma edad que se destacan por algo: “Deberías aprender de Fulanito, que…”

La exclusión de un grupo por no adecuarse a él por cualquier motivo.

La imposición paterna de actividades, como la participación en deportes competitivos o el aprendizaje de un instrumento musical, no compatibles con el talento o los deseos del niño.

Hay que tener mucho amor propio

autoestima, valor humanoLa autoestima sólo se entiende si se consideran dos elementos psíquicos: por una parte, el auto concepto o conciencia que cada persona tiene acerca de sí misma, es decir, cuáles son los rasgos de su identidad, cualidades y características más significativas, para bien o ara mal, de su manera de ser; por otra, el amor propio, un sentimiento tan fundamental como legítimo de aprecio hacia nuestra propia persona que sirve de acicate para relacionarnos socialmente y fijarnos metas en la vida. La imagen que construimos acerca de quiénes somos o cuál va a ser nuestra identidad, la elaboramos mediante la conducta que desarrollamos.

Por otra parte, cuando la interpretación que efectuamos de nuestra persona o que percibimos que los demás hacen de nosotros aparece distorsionada, la autoestima corre el riesgo de desmoronarse.

“La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, sufrirá una cierta disminución de la autoestima.

El espectro abarca desde aquellos cuya creencia en sí mismos sólo flaquea ante graves presiones o profundas crisis existenciales hasta quienes dudan de si en todo momento y en toda circunstancia. Son escasos los individuos cuya autoestima es tan sólida que pueden resistir todos los embates imaginables”, asegura el escritor John Caunt en su libro Eleve su autoestima.

Una persona de éxito escondida detrás de una mascara

De hecho, más de uno se sorprendería al comprobar que gente considerada exitosa y segura de sí misma se siente en realidad un fraude, un fracaso o no suficientemente valiosa.

No le sobra razón a Caunt cuando advierte que muy pocos son inmunes a este daño, pero aquellos que tienen una imagen negativa de sí profundamente arraigada poseen antenas más sensibles y son menos aptos para defenderse de los golpes de la vida.”

Además, los individuos con la autoestima herida son un blanco fácil para quienes intentan contrarrestar sus propios sentimientos de inferioridad controlando a los demás.

“Una baja autoestima o una percepción errónea de sí mismo conduce inexorablemente a miedos, inseguridades, temores, frustración e incluso, según el grado, aislamiento”, comenta García Huete.

La situación contraria es igualmente válida. “La persona con la autoestima sobrevalorada —agrega este psicólogo— es incapaz de hacer una atribución interna del fracaso: la falla siempre está en los demás o tal vez en mala suerte”.

La ventaja de que sea equilibrada

Como no podía ser de otra manera, el equilibrio está en el medio. La autoestima armoniza permite conocernos y aceptarnos tal como somos, consolidar y nutrir nuestra imagen interna mantener la motivación ante las adversidades y afrontar nuevos desafíos y aspiraciones.

Nadie niega el hecho de que autoestima desempeña un papel nada despreciable en la salud psíquica.

De ahí, el interés de los psicólogos por preservarla y potenciarla, sobre todo en una sociedad como la nuestra marcada por estrés, la competitividad, la presión laboral, la crisis de valor éticos y unos estereotipos social inalcanzables para la mayor parte de la gente.

Ahora bien, si u idea sólida de nosotros mismos fuente de tantos beneficios, cabe preguntarse lo siguiente: ¿la baja autoestima conlleva a trastorno psicológicos individuales y, por ende, sociales?

Fuente de todos los males de la sociedad

Durante bastante tiempo, un considerable grupo de expertos argumentó que es posible mejorar la condición humana con el refuerzo de la autoestima.

Partiendo de esta premisa, el gobernador de California, George Deukmejian, puso en marcha en 1987 un programa estatal con el objetivo de elevar la autoestima de todo el Estado.

Su impulsor, el entonces miembro de la cámara regional John Vasconcellos, defendía la tesis de que con el estímulo de la autoestima de los jóvenes se alejaba el fantasma de la drogadicción, la delincuencia, los embarazos no deseados y el fracaso escolar, entre otros males de la sociedad.

Tres años después, se hizo público un informe titulado La importancia social de la autoestima que consideraba que ésta era la vacuna que remediaría todos los males de la sociedad moderna.

De categoría psicológica a derecho adquirido

Aunque el informe tenía poca solidez científica, sus conclusiones se tomaron como ciertas y alentó la aparición de una corriente de pensamiento en esta dirección.

Por ejemplo, David Long explicaba en su libro La anatomía del terrorismo (1990) que la escasa autoestima era la piedra angular de todos los actos terroristas, y Gloria Steinem publicó en 1992 Revolución desde adentro: el libro de la autoestima, que se convirtió en la Biblia del movimiento feminista.

Paralelamente, las autoridades educativas lanzaron programas destinados a elevar y cimentar la autoestima de los chicos y los empresarios recibían la consigna de que la clave del éxito radicaba en elevar la autovaloración del personal.

Hoy, en cambio, la autoestima no es considerada la solución a todos los males.

En efecto, los estudios más recientes señalan que el refuerzo de la autoestima sí aumenta claramente la perseverancia para afrontar un traspié o un fracaso, y favorece las relaciones sociales y el establecimiento de nuevas amistades.

“Las personas con una buena imagen de sí mismas seguramente inicien sin especial dificultad conversaciones con desconocidos, mientras que los faltos de autoestima rehúyan tomar esta iniciativa, quizá por miedo al rechazo”, dice García Huete.

En cuanto al éxito en el amor, la cuestión no está tan clara. En 2002, la psicóloga Sandra L. Murray y sus colegas de la Universidad de Buffalo, en Nueva York, descubrieron que los faltos de autoestima desconfían de las manifestaciones afectuosas de su pareja y temen constantemente ser rechazados.

Pero esto no demuestra que sean más propensos a romper una relación.

Más bien sucede lo opuesto: quienes tienen una elevada opinión de sí mismos son más proclives a resolver los conflictos amorosos abandonando a la pareja y buscando otra nueva.

La autoestima no alienta al estudiante a esforzarse más

Desde no hace mucho, se sabe también que un deficiente sentimiento de aceptación y aprecio de uno mismo constituye un factor de riesgo en relación con los trastornos alimentarios, sobre todo en el caso de la bulimia, según algunos investigadores.

Y la revisión de varios trabajos psicológicos permite establecer una coherente relación entre la imagen de uno mismo y la felicidad: los individuos con un buen grado de autoestima confiesan ser más felices que los demás y tienen menor riesgo de caer en una depresión.

Por otro lado, los estudios modernos cuestionan la creencia de que una autoestima elevada prevenga el fracaso escolar. No existen indicios que avalen la idea de que aliente a los estudiantes a esforzarse más.

Otro tanto ocurre con el abuso del alcohol y las drogas, donde los trabajos publicados hasta la fecha resultan ambiguos y nada concluyentes.

Mientras que unos no indican ninguna relación causal entre la baja autoestima y el alcoholismo y la drogadicción en jóvenes, otros estudios advierten una ilación entre la autoestima desmesurada y el consumo abusivo de alcohol, así como entre el uso ilícito de drogas y la baja autoestima.

Por último, las conductas agresivas y la violencia tampoco pueden ser relacionadas, como se creía, a un déficit de autoestima. Contra lo que cabria esperar, algunos investigadores observaron que los que cometen ciertas agresiones pueden tener una opinión bastante buena de sí mismos.

COMO DESARROLLAR LA AUTOESTIMA
1 Conózcase: interesante para usted, sólo así podrá ser interesante para los demás.
2 Aprenda a reírse de Ud. mismo y aceptar los aspectos humorísticos de la vida y de los demás.
3 Adquiera Flexibilidad para poder responder a los desafíos, y no limitarse a los extremos del éxito y el fracaso.
4 Acepte sus miedos e inseguridades
5 Reconozca sus errores, pues no debe estar atado a una imagen de perfección.
6 Incorpore una actitud de apertura hacia nuevas ideas, experiencias y posibilidades.
7 Decida tener tiempo para tareas humanas esenciales, tales como jugar, leer, poner en orden las ideas, tener amigos, amar.
8 Desarrolle un orgullo de pertenencia, la comunidad de origen y el lugar de trabajo no deben verse como fuente de identidad prepotente, sino como raíz valorada y fuente de legítimo orgullo.
9 Permítase pensar más allá de las creencias y los valores convencionales, La auténtica autoestima se basa en la adopción de juicios y conductas que surgen de la propia conciencia de lo que es apropiado decir o hacer.

Es Ud. Una Persona Asertiva?

No es ningún secreto una de las facetas más importantes de nuestra vida son las relaciones sociales. Prácticamente en todas las cosas que realizamos existe un componente de interacción con los demás, ya sea en el ambiente familiar, en el lugar de trabajo y estudios o en los ratos de ocio, que determina en gran medida la consecución o no de la felicidad.

Una de las habilidades sociales fundamentales para interaccionar correctamente con los demás es la asertividad. Se trata de un concepto que ha sido tergiversado por ciertos libros de autoayuda y cursos orientados a cómo cosechar el éxito estando por encima de los demás,

no dejándose apabullar y erigiéndose como un líder nato. Según los psicólogos, la asertividad es una conducta bien distinta a esto. La psicóloga Olga Castanyer la define de esta forma en su libro La asertividad: “Es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”. El estilo asertivo se halla a medio camino entre el pasivo o sumiso, que es incapaz de defender sus derechos e intereses personales, y el agresivo, que los salvaguarda en exceso sin tener en cuenta los de los demás.

“El que una relación nos resulte satisfactoria -dice Castanyer— depende de que nos sintamos valorados y respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos una sene de habilidades para responder correctamente y una serie de convicciones o esquemas mentales que nos hagan sentir bien con nosotros mismos.”

Las personas que tienen o aprenden este talento son llamadas asertivas y, sin duda alguna, tiene mucho que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos.

“La asertividad hay que situarla muy cerca, como una habilidad que está estrechamente ligada al respeto y el cariño por uno mismo y, por ende, a los demás”, comenta Castanyer en su libro.

 

Fuente Consultada: Revista Muy Interesante Enrique Coperías
Testo enlazado: Psicoactiva.com

El Autodomio Control de nuestros impulsos Saber controlarnos a tiempo

El Autodomio: Control de Nuestros Impulsos Saber Controlarnos a Tiempo

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E! autodominio, o sea el gobierno que cada uno debe ejercer sobre sí mismo, es el primer paso en la formación del carácter.  Ese autodominio debe ejercerse:
• para contener los propios impulsos;
• para no ser arrastrado por el ambiente, muchas veces atractivo pero dañino.

Con la educación del carácter debe lograrse que las mujeres y los hombres

• sean severos pero mansos;’
• sean fuertes sin ser crueles y no confundan carácter con «mal carácter»;
• sean honestos hasta en las intenciones;
• sean alegres pero no frivolos;
• gusten de lo que tienen que hacer y no busquen hacer sólo lo que les gusta;
• sean medidos en la crítica, generosos en la alabanza y prudentes en la condena;
• conozcan el valor de la abnegación, de la solidaridad y de brindarse a sí mismos;
• valoren la templanza y la austeridad;
• sepan ser valientes pero no imprudentes;
• sepan obedecer tanto como mandar;
• disfruten de sus derechos después de haber cumplido con sus obligaciones.

La formación del criterio: El criterio es el buen sentido que se tiene para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo; ayuda a juzgar rectamente a las personas a darse cuenta de las situaciones y muchas veces ayuda a comprender lo que parece incomprensible.

El criterio se forma en la observación de los acontecimientos diarios; esta observación debe hacerse con imparcialidad y con deseos de aprender.

El criterio debe tener siempre como base:
• lo justo,
• lo recto,
• lo bello,
• lo verdadero.

Así se podrá tener criterio:
• Para distinguir una obra de arte de la que no lo es.
• Para juzgar un régimen político.
• Para elegir amigos o la persona con la que se formará el propio hogar.
• Para decidir sobre la propia profesión.

VALORES HUMANOS: EL AUTODOMINIO

Es una actitud que nos estimula a cambiar positivamente nuestra personalidad. Esto se debe a que uno puede controlar los impulsos de nuestro carácter y la tendencia a la comodidad mediante la voluntad.

De esta manera y serenamente seremos capaces de confrontar los contratiempos y a comprender de una manera más paciente las relaciones personales.

 Siempre que se realizan acciones totalmente inadecuadas, es justamente porque esa fuerza interior no existe.

Nuestro estado de ánimo, resulta en una convivencia poco grata, que finaliza siempre en el impedimento de nuestros propósitos buscados.

 autodominioAhora bien, ¿de dónde proviene ese poder de autodominio?.

Diríamos que son valores que se forman diariamente a través de su práctica y obviamente en el esfuerzo que uno ponga para descubrir su personalidad y dentro de ella, aquellos rasgos poco favorables.

A tal punto que las costumbres y hábitos que poseemos, hacen que este valor brille por su ausencia, nuestra tarea en autoanalizarnos para ver cual de ellos nos determinan e impiden vivir a pleno el autodominio.

Las formas de reacción ante determinadas circunstancias y los distintos aspectos de nuestra personalidad, es reconocida a través del autodominio.

Por ello, nuestras prácticas deben ser siempre desde una perspectiva positiva.

Estos cambios no son sencillos, ya que involucran los diferentes ámbitos de nuestra vida (laboral, económica, familia, pareja, entre otras), por ende requieren atención y esfuerzo para prever nuestras reacciones.

Ojo, que hay cosas muy pequeñas que también constituyen una manera excelente y oportuna para practicar el autodominio.

Y ello esta vinculado a las costumbres más radicadas en nosotros, es decir nuestros gustos y comodidades personales.

A partir de aquí, podríamos comenzar a fortalecer este valor, mediante la capacidad de privaciones agradables para sobrellevar situaciones no placenteras.

 ¿Cómo podemos advertir que carecemos de ese valor, o estamos frente a personas que no lo ejercitan?.

Simplemente, vemos que algunas personas quieren ser el centro de atención en cuanto lugar se les ocurra, o absorber conversaciones y demostrar constantemente sus logros.

Si en cambio, son personas que actuamos con sencillez  y no hablamos de más, es porque poseemos el valor del autodominio.

Sin embargo, uno puede preguntarse ¿cuáles son los beneficios de este valor?.

La respuesta es positiva y variada, por ejemplo en la familia el autodominio es indispensable, ya que nos permite poseer una sana convivencia, tolerar fricciones del día a día, entendernos más a través de la comprensión, serenidad, cariño y responsabilidad ante nuestros seres.

 Además, nos impulsa a ser discretos y maduros, ante situaciones que son incongruentes con nuestra forma de pensar.

Ello, recuerda evitará que las demás personas nos critiquen y difamen por no actuar con autodominio.

 Todos nuestros hábitos pueden perfeccionarse, a través de su práctica y del esfuerzo.

En su inicio y desarrollo, deberemos aprender a escuchar más, no sobresalir delante de las personas por malos hábitos, modales o falta de educación, entre otras.

Impide dar consejos no solicitados e imprudentes en cuestiones que a lo mejor no pertenece a tu vida relacional.

Es por ello, que evites las actitudes que te enojan para cuidar tus relaciones personales.

Siempre reflexiona las situaciones del día a día que te afligen, te generan pereza o impiden que logres cumplir con tus responsabilidades.

Para luego pensar alguna actitud correcta a llevar a cabo y lograr formar en ti, este valor denominado autodominio, y observarás que luego lo podrás efectivizar en cualquier escenario de tu vida cotidiana.

Sentirás la tranquilidad del deber cumplido y en el momento oportuno.

Ya que aprendimos a controlarnos internamente, viviendo una genuina alegría, ya que los contratiempos no forjarán estos nuevos valores.

Por ende, todo esto nos ayudará a poseer relaciones personales gratificantes, debido a la franqueza y sutileza en el trato.

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LA ALEGRIA COMO VALOR HUMANO

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LA ALEGRÍA

alegria, valor humanoSe puede definir a la alegría como algo simple cuya fuente más grande y profunda es el amor.

Sin embargo, no es tan sencilla como parece. La alegría es un gozo del espíritu.

Nosotros somos seres que experimentamos diferentes sensaciones, el dolor, el sufrimiento, pero también las emociones opuestas a estas, el bienestar y la felicidad.

La alegría es un gozo opuesto al dolor, ya que la primera proviene del interior.

Es decir, desde el centro de nuestra mente, de nuestra alma. Todo ello se manifiesta con un bienestar, una paz reflejada en todo nuestro cuerpo. Por ejemplo, sonreímos, tarareamos, silbamos y por sobre todas las cosas nos volvemos más afectuosos.

Tal es así, que este estado suele contagiar a quienes nos rodean.

Decidir como afrontar con nuestro espíritu las cosas que nos rodean, es la actitud por la cual surge la alegría.

Es decir, no dejarse afectar por las cosas que los rodean y decir que su paz sea mayor que las cosas externas, por lo que esta alegría podríamos decir proviene de adentro.

Como mencionábamos anteriormente, su fuente tradicional, intensa y grandiosa es el amor, especialmente en pareja. Cabría preguntarnos ¿por qué?, es muy simple.

El amor rejuvenece y es una fuente espontánea y profunda de alegría. Por lo tanto, ese amor es el principal combustible para estar alegres.

Nuestra alegría es algo que lo pensamos muy poco, sin embargo surge en aquellos momentos de manera espontánea y por diversos motivos.

Por lo que dejamos que la vida siga su marcha, sin ser conscientes de que la alegría se construye, por lo que siempre la buscamos.

Tomar con poca seriedad nuestras obligaciones y compromisos para vivir tranquilos y por ende estar alegres, no es la solución más adecuada.

Tal es así, que aquella persona que busca evitar la realidad, gana una alegría forzada, es decir, vive inmerso en la comodidad y en la búsqueda de placer, lo cual tiene una corta duración.

Entonces, para vivir el valor de la alegría, debemos ver lo bueno que hacemos con voluntad, esfuerzo, energía y cariño. Desde el trabajo que realizas, por mas que sea el mismo todos los días, ya que el beneficia a otras personas, a tu familia, pero también lo hace a ti.

Por otra parte, la satisfacción de proporcionar educación, alimentos y cuidados a tu familia; hace que sientas gusto por su júbilo.

El tener amigos y vivir en armonía con la sociedad; mantener buenas relaciones con tus vecinos, ser aceptado por tu educación y respeto demostrado ante los demás, el cuidado del medio ambiente y la participación en iniciativas de ayuda a los más necesitados; son motivos de gozo y satisfacción interior.

Ayudar con todos  nuestros medios y posibilidades a nuestro alcance, sin interés alguno y por el simple hecho de sólo querer hacerlo, da la sensación de que el valor de la alegría está totalmente distanciado del egoísmo.

Y esto es así, ya que todas las personas están primero que la nuestra.

La sensación del deber cumplido, cada vez que realizamos algo bueno, con sacrificio o no, y con desprendimiento de nuestra persona y de nuestras cosas, nos excede de paz interior, y eso es alegría.

Por lo tanto, todo lo que apreciamos y valoramos en la vida, se debe al esfuerzo que pusimos para lograrlo y alcanzarlo, entonces su consecuencia más inmediata serán los beneficios que obtendremos de ese desempeño.

Ahora, algo importante a no olvidar, es que un motivo suficiente de alegría y de fiel agradecimiento, es el poseer vida.

Y sin lugar a dudas, que por más circunstancias adversas que se nos presenten, siempre sacaremos de nosotros algo positivo y de provecho para ayudar a los demás.

Y por último, acordate de que todas las personas somos capaces de dispersar desde lo más adentro de nuestro ser: alegría.

Simplemente con una sonrisa o con actitudes serenas de tu persona, exteriorizaras este goce, lo cual es propio de una persona que sabe apreciar y valorar todo lo que existe a su alrededor.

La capacidad de experimentarla se aprende, se cultiva, y por ende,  se incrementa.

Ver: La Coherencia Como Valor Humano