Gobierno de Bernardino Rivadavia

La Educacion Argentina Amadeo Jacquec Juana Paula Manso Ideas Educativas

LA EDUCACIÓN EN LA PRIMERA ETAPA DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL

En el período que sigue a la caída de Rosas se va afianzando cada vez más en el espíritu colectivo la idea de la instrucción pública como un deber y una necesidad ineludible del Estado. En la educación de las masas, decían los hombres más representativos de la época, radica el progreso futuro de la República. La escuela es el órgano forjador de la nacionalidad, el factor fundamental para la reorganización del país.

Tal era la idea inspiradora de la obra educacional que antecedió a la verdadera acción unificada, llevada recién a término en la presidencia de Sarmiento. Entre 1853 y 1860 se dictaron las constituciones provinciales, que siguiendo las huellas del vencedor de Caseros, fueron estableciendo los principios de la instrucción popular. «La salvación de la patria se exteriorizaba en un hecho: abrir escuelas, educar, instruir. No hubo autoridad provincial ni central que no consagrara este principio en sus mensajes leídos ante las nacientes legislaturas. Y cuando llegó la ‘hora de la cimentación de las instituciones, la impulsión dada hizo entrar la administración escolar en un cauce que preparaba los rumbos normales y definitivos».

La Constitución de 1853 dejó librada a las provincias la organización de la enseñanza. De manera que todo el movimiento educacional posterior a Caseros y anterior a 1870, si bien generalizado a todo el país, no fue sino el producto de la obra aislada y exclusiva de las provincias, sin que obedeciera a la intervención directa del gobierno de la Confederación primero, o de la Nación después. Faltó, en consecuencia, un criterio orgánico que unificara la enseñanza. No obstante, en estos primeros años de la organización nacional, dos centros irradiaron su influencia renovadora hacia  la República: Buenos Aires, bajo el impulso extraordinario de Sarmiento, y Entre Ríos, sede del gobierno del General Urquiza, donde la acción oficial difundió notablemente la instrucción pública.

El gobierno de Mitre encaró el problema educacional del país en toda su complejidad, aunque vio obstaculizada su acción por la gravedad de la situación política y las dificultades económicas. Empero, la administración de Mitre hizo sentir regularmente el apoyo efectivo de la Nación subvencionando la instrucción pública en las provincias, y marcó el punto de partida de la organización de la enseñanza secundaria en toda la República con la creación del Colegio nacional.

La preocupación pedagógica de la época se tradujo en una intensa difusión de obras europeas. La pedagogía francesa y la española influyeron especialmente, mediante los libros o la acción personal de los hombres que llegaron al país y se dedicaron a la enseñanza. En 1855 el Canónigo Piñero publicó un libro titulado Principios de Educación.

Se inició además el período de una didáctica sistematizada. Aparecieron las primeras revistas que revelan interés por el mejoramiento de la faz didáctica de la escuela primaria: Anales de la Educación Común, El Auxiliar Nemónico de las Escuelas y La Escuela Primaria.

El Gobernador Saavedra creó en Buenos Aires, con la fundación de la Escuela Normal de 1865, el primer centro de ensayo de sistematización didáctica. Esta institución, que tuvo como Director a Marcos Sastre y como vice a Enrique de Santa Olalla, no prosperó, siendo suprimida seis años después de su creación.

Amadeo Jacques: La figura del ilustre profesor francés Amadeo Jacques (1813-1865) está vinculada, por su actuación personal y por sus doctrinas pedagógicas, a la obra educacional de la presidencia de Mitre. La obra fecunda de Amadeo Jacques ha gravitado en la evolución cultural de nuestro país, desempeñando un papel de singular importancia en la organización y orientación de nuestra enseñanza secundaria.

En su célebre Memoria, Jacques planea la organización de la enseñanza primaria, secundaria y superior. Destaca la insuficiencia de la educación primaria de la época, afirmando que mientras ésta no alcance un nivel superior, faltará a los colegios su base indispensable.

Este hecho le lleva a sugerir la necesidad de subsanar esa insuficiencia, por lo menos temporariamente, mediante la creación en los Colegios Nacionales de una clase elemental superior, que fuese una transición entre la escuela primaria y la enseñanza secundaria. El objeto de esta clase especial sería el de familiarizar de antemano al niño, por la vista y el oído, con los objetos de sus estudios posteriores. Su fin «no sería enseñar algo, sino preparar a aprenderlo todo».

En lo que se refiere a la enseñanza secundaria, Jacques defiende su función formativa y general. No preparará al niño que ha salido de la escuela elemental para una determinada carrera u oficio especial. Por encima de todas las enseñanzas especiales es preciso que exista una enseñanza general que cultive todo el entendimiento y abra al espíritu todos los horizontes de la actividad humana. Afirma que la enseñanza impartida en el Colegio es llamada con acierto preparatoria, pero que no debe ser una preparación para tal o cual carrera sino para todos los trabajos de la vida.

«El Colegio comprendería, pues, con la instrucción necesaria a todo el mundo, las instrucciones especiales que encaminan a todos los oficios, pero las comprenderá unidas y fuertemente vinculadas entre sí, mientras que el sistema de las escuelas especiales rompe al contrario su unidad y las dispersa. No formará hombres especiales, pero sí hombres listos y aptos para todo, que sepan a los dieciocho años de su edad elegir con conocimiento de causa la carrera a la cual se sientan más inclinados…» (1).

Reconoce la necesidad de las especialidades, pero afirma que para que tengan toda su eficacia es preciso que se fundamenten en una instrucción general completa. Por tal motivo, argumenta en contra de la tendencia a reclamar, siguiendo el ejemplo de Francia, la especialización de la enseñanza secundaria, bifurcando los estudios generales. «No imitemos -dice a la Europa en sus desaciertos mismos y aun cuando acierta, cuidemos de que las circunstancias, en medio de las cuales nosotros vivimos, son diferentes y requieren distintas medidas.»

(1) El texto de la Memoria que citamos figura en Antecedentes sobre enseñanza secundaria y normal en la República Argentina. Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Bs. As., 1903.

Juana Paula Manso (1819-1875): Juana Manso, la mujer de quien Sarmiento dijera que «fue la única en su sexo que ha comprendido que bajo el humilde empleo del maestro está el sacerdocio de la libertad y de la civilización», fue una Maestra ejemplar y una defensora infatigable de los derechos de la mujer argentina.

Sus ideas pedagógicas, expuestas desde los Anales de la educación común, la presentan como una cultora de los métodos y sistemas norteamericanos, que la vinculan con las ideas de Pestalozzi y Froebel, las que trató de aplicar adaptándolas a la realidad argentina.

En la senda trazada por Sarmiento, a quien no sólo siguió de cerca sino que en algunos casos también se le anticipó, Juana Manso luchó sin tregua por desterrar nuestra enseñanza verbalista y dogmática. Combatió la disciplina rígida, y llevada por su ternura hacia los niños propició la creación de jardines de infantes. Consciente de la misión que cumple la mujer en la sociedad moderna, demandó para ella una educación que la preparase para enfrentarse con la vida desde cualquier posición o estado civil.

Ante la opinión que le merecía la situación de las escuelas primarias de esa época, de las que dice que «lejos de enseñar alguna cosa pervierten el alma, embrutecen el espíritu y debilitan el cuerpo» y a las que considera «la más dolorosa de las realidades», Juana Manso propició la formación de un magisterio especializado para difundir la enseñanza con toda la dignidad y altura que esta noble misión exige.

Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.